miércoles, 8 de mayo de 2024
Patronal, salarios e ilusiones financieras
A nadie le gusta pagar
impuestos, pero nadie ¬–o casi nadie– se pregunta de dónde sale el dinero para
pagar la educación de nuestros hijos o los médicos de nuestros abuelos. La
patronal ha hecho una propuesta, que más que propuesta es una simplona ocurrencia.
A nadie le gusta pagar impuestos, pero nadie ¬–o casi nadie– se pregunta de
dónde sale el dinero para pagar la educación de nuestros hijos o los médicos de
nuestros abuelos. La patronal ha hecho una propuesta, que más que propuesta es
una simplona ocurrencia.
Patronal, salarios e ilusiones financieras
El Viejo Topo
8 mayo, 2024
Hace unas semanas
levantó bastante polvareda la propuesta del señor Antonio Garamendi de que los
trabajadores percibieran no sólo el que se denomina salario neto, sino también
el importe de la retención de IRPF y todas las cotizaciones sociales, tanto las
correspondientes al trabajador como las que se pagan por cuenta de la empresa,
para que luego fuese el mismo trabajador quien se encargara de efectuar los
ingresos en el Tesoro Público. El objetivo sería, dijo, que los trabajadores
adquiriesen conciencia del coste real de su salario.
El verdadero
propósito de la sugerencia se encuadra dentro del persistente ataque a los
sistemas tributarios que venimos presenciando de unos años a esta parte, dentro
de una guerra más general de derribo de los restos del Estado social. Ni siquiera
creo que se proponga en serio. Es improbable que la patronal ignore que la
ejecución técnica de suprimir las retenciones fiscales en la fuente ocasionaría
tal elevación de costes de gestión y menoscabaría de tal modo la eficiencia del
sistema, que llevaría al Estado a la quiebra, lo que en nada aprovecharía a las
empresas, desde luego.
Se están
invirtiendo millones en campañas mediáticas y publicitarias que presentan los
impuestos como una losa asfixiante para la ciudadanía. El deterioro creciente de
los servicios públicos desde luego les ayuda, y la izquierda y el movimiento
obrero deberían entender que o son capaces de reconstruir un robusto tejido de
servicios comunitarios esenciales o estarán derrotados. Lo mismo cabría decir
de la erosión de la progresividad. No se puede pedir que la gente desembolse
cerca del 30 por ciento de sus ingresos de manera permanente si el retorno que
viene del sector público se reduce a modestas transferencias para evitar que
los muy pobres mueran de hambre y a alguna que otra regulación o subvención de
precios, en tanto la sanidad, la educación o los transportes públicos se caen
literalmente a pedazos, o mientras resulta bien visible la facilidad con que
las grandes fortunas eluden el fisco.
Pero habría, a
mi juicio, otras dos lecturas de la idea sobre las que quizá ni su autor haya
reparado.
Para empezar,
la propuesta patronal solamente es concebible, de manera tácita o explícita, si
se parte de la noción marxista de salario. Concretamente, de aquella que se
expone en la sección sexta del libro primero de El Capital. El
presidente de la CEOE habló de la totalidad de los costes salariales y, unos
días después, un análisis de abierto apoyo a la iniciativa firmado por Ricardo
T. Lucas para Expansión llevaba por título “El Estado no
quiere que el trabajador sepa todo lo que se queda de su sueldo” (Expansión,
15/04/2024). Afirmación que carecería de sentido si se refiriese en exclusiva
al que se tiene por salario bruto (lo que percibe el trabajador más la
retención de IRPF y su cotización social). Primero porque todas las cantidades
retenidas e ingresadas en el Tesoro por cuenta del trabajador se consignan en
su nómina. Segundo, porque el mismo Garamendi incluye en la propuesta las que
se consideran cotizaciones por cuenta de la empresa.
Así pues, todo
es salario, que de esta forma vendría a definirse, de acuerdo con Karl Marx,
como el nombre especial dado al precio de la fuerza de trabajo que usual, y
erróneamente, se llama precio del trabajo. Cuando un empresario contrata a un
trabajador por el salario mínimo sabe que ha de pagar en torno a 1.700 euros
mensuales, (el que se tiene por salario en sentido estricto más el tercio
aproximado de cotizaciones sociales empresariales). Al empresario le da lo
mismo entregar todo el dinero al trabajador que una parte al trabajador y otra
a Hacienda, a la Seguridad Social o a una mutualidad. Para él todo es precio,
para él todo es salario. En otras palabras, es parte del capital que destina a
comprar la disposición temporal de la capacidad de trabajo de sus empleados,
denominada por Marx capital variable, por contraposición al capital constante,
porque tras el proceso de producción reproduce su equivalente y un excedente
por encima de él al que se conoce como plusvalía.
Entendido esto
así, la diferencia entre cotización empresarial y cotización del trabajador
supone en gran medida una ficción jurídica sin contenido económico y la
totalidad del coste de las pensiones resultaría estar financiándose con una
parte del salario de los trabajadores. Aún más, cada rebaja de las cotizaciones
empresariales supondría una rebaja encubierta y fraudulenta de salarios, salvo
que los ingresos del trabajador se incrementaran en el importe exacto de la
rebaja. ¿O el señor Garamendi quiere, caso de que se entregara todo el coste
laboral al trabajador, que las rebajas de cotizaciones sociales menguaran sus
ingresos? Uno ha de ser coherente con lo que propone.
Si no
soportáramos al parásito del Estado, le vendría a decir la patronal a los
trabajadores, ambos nos beneficiaríamos: vosotros cobraríais salarios más altos
y nosotros incrementaríamos nuestros beneficios. No dice, naturalmente, que se
reducirían los fondos destinados a la educación y la sanidad que de otra manera
los trabajadores no podrían permitirse, o directamente al pago de pensiones que
garantizan una vejez digna; ni que el aumento del beneficio empresarial se
detraería de esa pérdida de derechos de los trabajadores sin que éstos ni mucho
menos recuperasen en forma de salario líquido cuanto en salud y educación
perdieran.
Y hay aún otra
derivación importante.
La propuesta
presume que la forma en que se recaudan algunos impuestos oculta al
contribuyente la carga fiscal que soporta. Y esto es cierto como hecho general.
Lo denunció hace más de un siglo el economista italiano Amilcare Puviani en su
obra Teoría de la ilusión financiera, de la que en 1972 el
Instituto de Estudios Fiscales sacó a la luz la única edición en castellano que
conozco.
Pero el señor
Garamendi se equivoca al apuntar a los tributos en los que esto sucede; ni el
IRPF ni las cotizaciones sociales adolecen de opacidad alguna; serán más o
menos justos, escasos o excesivos, pero diáfanos: representan un porcentaje de
nuestros ingresos. Lo contrario sucede con los impuestos indirectos. Y no ya
porque para la inmensa mayoría de nuestras compras cotidianas no se nos expida
factura. Aunque dispusiéramos de factura de todos nuestros gastos, ¿quién sabe
qué porcentaje de sus ingresos mensuales representa el IVA de la totalidad de
sus compras?
Si la propuesta
del señor Garamendi se aplicara al IVA y, en lugar de sernos repercutida la
cuota del tributo por el peluquero o por el ferretero, Hacienda anotara todas y
cada una de nuestras compras y nos cobrara el total de IVA a final de mes,
saltaría a la vista que no sólo no es un tributo progresivo, sino que ni
siquiera es proporcional. Su impacto es radicalmente regresivo. Un ejemplo
extremo lo probará. Una persona que gane 1.000 euros al mes precisará de sus
ingresos íntegros sencillamente para sobrevivir. Si supusiéramos un tipo único
de IVA del 21% para simplificar el supuesto, estaría aportando al fisco más del
17% de todo lo que gana. Otra persona que ganase un millón mensual, no llevaría
mal tren de vida si gastara 50.000 euros al mes. Ésta pagaría por IVA poco más
del 0,8% de sus ingresos (el 17,35% de sus 50.000 euros de consumo). Así pues,
ganando mil veces más que el primero y consumiendo 50 veces más pagará 20 veces
menos impuesto. A lo que habrá que añadir que, dado que el IRPF privilegia las rentas
de capital sobre las de trabajo, también tributará mucho menos por el
rendimiento adicional que obtenga de su ahorro.
En esto
consiste la ilusión financiera. Hemos admitido todos pacíficamente que el
sistema tributario es más o menos progresivo, o al menos proporcional, porque
en conjunto hay un peso similar de impuestos directos e indirectos, porque el
tributo directo que más ingresos públicos aporta es también el más progresivo y
porque tomamos a los indirectos por tributos aproximadamente proporcionales.
Pero lo son sólo respecto a su base, que es la renta consumida, no respecto a
la renta ganada, que es la que de verdad refleja nuestra capacidad económica.
Se trata de una
ficción que conviene a la clase dominante y que articula el Estado, según nos
avisó Puviani tan temprano como en 1903.
De lo que
podríamos deducir que sí cabría aliviar la carga fiscal de la clase trabajadora
y de las capas más modestas de la población sin, además, reducir los fondos
destinados a bienes y servicios públicos. Bastaría con la nivelación completa
en tributación directa de rentas de capital y de trabajo, la rebaja sustancial
de impuestos indirectos y un aumento equivalente de los directos, amén de un
gran incremento en la tributación de grandes patrimonios y rentas.
Si el señor
Garamendi está dispuesto, ¿por qué no?
Fuente: elDiario.es
martes, 7 de mayo de 2024
No hay dos sin tres
Miembros de COESPE,
Eduardo Luque y Ramón Franquesa –su portavoz– nos advierten del chantaje al que
quiere someternos la UE sobre las pensiones. Una pesadilla que regresa aunque
nunca se haya demostrado seriamente que el futuro de las pensiones esté en peligro.
No hay dos sin tres
Eduardo Luque, Ramon
Franquesa
El Viejo Topo
7 mayo, 2024
Porque no hay dos sin tres: Bruselas ataca de nuevo.
Lo había
validado la propia Comisión Europea; lo habían refrendado el Fondo Monetario
Internacional y la propia OCDE. La reforma que habían introducido José Luis
Escrivá y Pedro Sánchez aprobada en marzo del 2023 solucionaría durante
décadas, eso querían que creyéramos, el problema de las pensiones en nuestro
país. Rememorando a Cervantes sería como aplicar el bálsamo de Fierabrás al
“problema de las pensiones”.
Bruselas dio
por buenos los cambios introducidos: entre ellos, la subida anual del IPC, o el
nuevo mecanismo de solidaridad intergeneracional (MEI) cuyo objetivo era nutrir
el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Una vez más vemos como las
instituciones europeas se desdicen. Y, como los malos augures que preguntaban
al César qué convenía que dijeran los sacrificios, los nuevos adivinos,
revestidos de una aparente cientificidad matemática, pronostican nuevas
calamidades.
Sólo hace 12
meses que avalaron los anteriores informes; las medidas aún no han hecho
efecto, pero ya se pretenden modificar. Paradójicamente los datos
macroeconómicos de la economía española son buenos: en números de trabajadores
dados de alta en la s/s, en ingresos por cotizaciones y en niveles de
crecimiento del PIB….
La propuesta de
la Comisión Europea en el informe de envejecimiento 2024 (Ageing Report)
sorprende a propios y extraños. Los analistas del BBVA, nada proclives a ideas
socializantes, señalan una grave carencia en el estudio. Bruselas no ha
contemplado los ingresos adicionales que establece la reforma de Escrivá: el Mecanismo
de Equidad intergeneracional (MEI), el incremento de ingresos derivado de
la introducción de la cuota de solidaridad para los salarios más altos, la
subida de la base máxima de cotización, ni la reducción de los gastos impropios
a la que se ha comprometido el gobierno…
Todo apunta a
que las reformas propuestas adolecen del rigor que se les debería suponer.
¿Cómo es posible que los datos que eran buenos hace pocos meses ahora no lo
sean?
No nos
equivoquemos; las instituciones europeas están en pie de guerra contra sus
ciudadanos. Necesitan cada vez nuevas fuentes de ingresos. Es necesario
sostener los altísimos niveles de corrupción, que salpican a las más altas
instituciones de la Unión como la Comisión Europea (la compra de las vacunas
toca de lleno a la propia Ursula von der Leyen) y, especialmente, mantener viva
la guerra en Ucrania.
Vivimos una
auténtica ofensiva de las instituciones europeas cuyo objetivo no es otro que
introducir recortes sociales para financiar sus actuales y futuros
conflictos. El ejército y el rearme europeo es ya un gigantesco pozo sin fondo
donde caen sin control alguno los impuestos de los trabajadores y pensionistas
europeos.
Es un asalto
coordinado. Primero fue el Banco Mundial allá por 1994 quien en sus informes
dio el pistoletazo de salida para la privatización de las pensiones públicas.
El Fondo monetario Internacional tomó el relevo a continuación llegando a
pronosticar, no menos de siete veces en los últimos 15 años, la quiebra de
las pensiones, Por último, y más recientemente, ha sido la OCDE quien criticó
al ejecutivo porque la hucha de las pensiones estaba casi vacía. Olvidó
intencionadamente su papel: fue esta organización internacional la que validó y
aplaudió (en época de Rajoy) el uso impropio del Fondo de Reserva.
Ahora, en el
nuevo informe sobre envejecimiento que ha presentado la Comisión Europea
se afirma lo contrario de lo que se anunció hace tan solo 12 meses.
Mientras, se
negociaba la privatización de las pensiones que aprobó el Parlamento español el
año pasado; Bruselas bendecía la operación como una solución al denominado
”problema de las pensiones”.
En realidad, y
tal como habíamos denunciado, no era sino un primer paso para una reforma mucho
más amplia y mucho más profunda de todo el sistema público de pensiones. El
objetivo de la Unión Europea es reducir su cuantía, un objetivo que va mucho
más allá de la mera privatización.
El informe de
Bruselas sobre envejecimiento insiste en que los desequilibrios financieros
obligarán a nuestro país a realizar nuevos ajustes a partir del año 2026, unos
12.000 millones de euros/año (prácticamente una paga de los jubilados
actuales). En este momento, según las cuentas de este organismo europeo, la
nómina mensual de pensiones en nuestro país alcanza unos 13.000 millones por 14
pagas. De nuevo la justificación es la necesaria disminución del déficit
público; Bruselas nos obligaría a que el gasto en pensiones no sobrepasase el
13,3% del PIB.
Según esos
cálculos el costo de las pensiones en relación al PIB ascendería, si no se
introducen sus medidas, al 17,3% del PIB en 2050. Para descender en el 2070
¡¡¡dentro de 46 años!!! al 16,7%. Curiosos técnicos estos que son incapaces de
acertar con la inflación en el trimestre inmediato, pero que, tras “sesudos”
análisis, saben cuál será el peso de las pensiones en el PIB dentro de casi
medio siglo.
Basándose en
esos cálculos, al superar la frontera del 15% tal como señala la propia ley de
Escrivá, se dispararía un sistema automático de recortes (unas 8 décimas) para
alcanzar el citado 13,3% del PIB.
La Comisión
Europea pretende de forma progresiva varios objetivos: la reducción de la Tasa
de Prestación (porcentaje de la pensión media sobre el salario medio)
que habría de bajar del 64% en 2022 al 51% en 2070. También se busca aumentar sustancialmente
la Tasa de Dependencia (porcentaje
de mayores de
65 años sobre la población en edad de trabajar) lo que equivale a un aumento de
los años de trabajo en 4,8 años. Las jubilaciones, en ese momento y
con esa propuesta, superarían los 70 años. También se propone no
indexar las pensiones al IPC anual con la consiguiente pérdida de
poder adquisitivo, y por último se busca la reducción de la Tasa de
sustitución (porcentaje entre el último salario recibido y la primera
pensión, que actualmente hemos conseguido que se mantenga muy por encima del
80%)
la Comisión
Europea sostiene –no puede ser de otra forma– que los responsables son los
pensionistas por haber impuesto la retirada del factor de sostenibilidad
aprobado por el PP y conseguir ligar, aunque con ligeras pérdidas de poder
adquisitivo, las pensiones al incremento del IPC.
La comisión (no
olvidemos que está controlada por el PP europeo) considera inconcebible que las
pensiones subieran en el 2022 un 8,5%. Las instituciones europeas con su miope
vista suspiraban por el 0,25% Impuesto por Rajoy.
Atados como
estamos a la rueda de los fondos Nex generation, Bruselas vuelve a
chantajearnos. Si queremos recibir el cuarto pago, unos 10.000 millones de
euros del Plan de Recuperación y Resiliencia, debemos introducir ajustes que
recorten el gasto en pensiones. Este paquete se llevaría al Consejo de
Ministros el 20 de mayo.
El Ejecutivo
obedecerá las órdenes provenientes de Bruselas y es por ello que la ministra
Sáez envío en el mes de abril un documento a los agentes sociales en el que ya
se proponen ideas nuevas sobre «un nuevo marco regulador de la compatibilidad
de trabajo y pensión”.
Las reacciones
de Bruselas muestran que la lucha pensionista ha conseguido algunas victorias,
que aunque parciales, cuestionan los planes de los grandes grupos de poder
financieros. Desde COESPE sabemos que no ha sido poco lo conseguido porque el
enemigo es enorme. Vamos a seguir perseverando porque nuestras acciones
muestran que es posible conquistar victorias, aunque sean pequeñas.
Con nuestras
fuerzas y a pesar de la oposición de las grandes burocracias sindicales y
algunos partidos políticos a los que molestamos, estamos metiendo miedo, son
ellos los que han de demostrar la validez de sus argumentos porque nosotros les
estamos ganando el relato.
Feijóo o el hooliganismo en política
Feijóo o el hooliganismo en
política
Por Agustín Moreno
Rebelion / España
07/05/2024
Fuentes: eldiario.es
El problema sigue estando ahí. Unas derechas muy ultras a las que se les
llena la boca de con la palabra “democracia” cuando no tienen el poder, porque
consideran que la democracia son ellos. Intentan derribar al Gobierno de España
con una campaña de deslegitimación continua, plagada de bulos y bárbaros
ataques
A Sánchez el
partido se le estaba yendo de las manos por la agresividad del equipo
contrario, cuando decidió pedir tiempo muerto. Algunos llegaron a pensar que
tiraba la toalla y se acababa el partido, pero no. Se trataba de detenerlo y
poner en evidencia el juego sucio del rival. Era una manera de dar la vuelta a
la situación y tener el balón. Pero ganar tiempo no sirve de nada sin agrupar
las propias fuerzas, tensionar a la hinchada para que anime y recuperar la
iniciativa.
El dilema era
seguir aguantando la brutal ofensiva del contrario o plantarle cara con una
nueva estrategia. Tenía claro que las únicas batallas que se pierden son
las que no se dan. El objetivo era rechazar el peligroso juego e intentar
garantizar que los árbitros no sean parciales. La afición al baloncesto del
presidente del Gobierno le ha debido inspirar este movimiento de parar para
recuperar el balón, maniobra que puede ser discutible para algunos pero que ha
puesto a la derecha a la defensiva. Ya lo hizo tras el 28 de mayo y le
funcionó, pero ahora o hay un cambio de estrategia o no servirá de mucho.
Pero el
problema sigue estando ahí. Unas derechas muy ultras a las que se les llena la
boca de con la palabra “democracia” cuando no tienen el poder, porque
consideran que la democracia son ellos. Intentan derribar al Gobierno de España
con una campaña de deslegitimación continua, plagada de bulos y bárbaros
ataques. Son incapaces de reconocer ningún logro ni siquiera en la marcha de la
economía: no les importa que crezca el empleo y su estabilidad o que España
adelante a la eurozona en la recuperación del PIB tras la pandemia. Siguen con
su matraca de que este es el peor Gobierno de la historia de España, aunque se
sitúen a la derecha de la realidad y del sentido común. Con ellos, no estamos
en democracia, estamos en demagogia y urgencia.
Este ataque se
resume en la imagen de un Núñez Feijóo acusando a Pedro Sánchez de ser como
Franco y a su gobierno legítimo una dictadura. Menos mal que llegaba para
modernizar al PP. No basta decir que le marcan el paso Aznar, Ayuso y Abascal,
que se precipitaron a opinar antes que él sobre la decisión de Sánchez de
continuar. Feijóo se encuentra cómodo en la hipérbole y parece que MAR le
asesora. Practica un hooliganismo político que es muy peligroso cuando mucha
gente, colocada en condiciones de supervivencia por el sistema, está entre el
miedo y la ira.
Hay que
preguntarse por qué es tan difícil que haya en España una derecha moderna y
europea. Para ello hay que bucear en las raíces franquistas y en el modelo de
transición. Es muy interesante para encontrar las claves, estudiar el análisis
comparativo de la construcción de la democracia en España y Portugal que hace
Robert Fishman en su obra “Práctica democrática e inclusión” (Ediciones
Catarata, 2021).
Lo cierto es
que parece que vivimos el coleteo del “atado y bien atado”: a medida que pasa
el tiempo, en vez de disolverse el franquismo bajo el desarrollo de la
modernidad social, ocurre lo contrario, aparece cada vez más como elemento que
constituye el núcleo de una derecha que se reproduce a sí misma. Hasta la ONU
se acaba de pronunciar sobre la agenda negacionista de PP Vox atacando la
memoria democrática en las CCAA. Lo dijo gráficamente Rafael Chirbes
antes de morir: “es como si hubiesen tenido el cadáver del dictador en
el fondo de la charca y se hubieran decidido a cortar la cuerda para que
saliera a flote, trayéndonos toda su pestilencia”
Mantener el
Gobierno por mantenerlo no tiene demasiado sentido. El único, evitar que tome
el poder la derecha y haga un destrozo con los logros sociales, pero eso no es
suficiente. A pesar de la complejidad de los apoyos parlamentarios, se trata de
desarrollar un programa avanzado de regeneración democrática y de reformas
sociales para la modernización del país. La tarea principal que tiene el actual
Gobierno de coalición y sus socios de la investidura es ir en serio.
Ello pasa por
la derogación de la ley Mordaza para fortalecer los derechos y libertades de la
ciudadanía, la renovación sin más demoras del Consejo General del Poder
Judicial para garantizar la Constitución y la independencia judicial, y medidas
para combatir la intoxicación con bulos y mentiras. Por una estrategia decidida
de reconquista de lo público y de mejora de la sanidad y la educación, políticas
medioambientales y de lucha por la descarbonización, un nuevo modelo económico
que fortalezca la industria y sea sostenible, una política fiscal con mucha
mayor progresividad fiscal que grave a la banca y grandes capitales, avances en
la laicidad del estado y supresión de todo tipo de privilegios.
Un tema clave
es dotar a la ciudadanía de espíritu crítico, como vacuna frente a la
manipulación mediática y política. Eso pasa por una educación pública
universal, plural, laica y democrática y cuestionar la doble red privada
sostenida con fondos públicos que juega un papel segregador y adoctrinador.
Además de la
desestabilización del Gobierno, el segundo objetivo que las derechas ultras
persiguen, es provocar desafección política y alejamiento ciudadano con una
tensión y un ruido insoportable. Esto es muy viejo. Ya nos advertía hace un
siglo de estas estrategias, Antonio Machado, que decía: “Haced política,
porque si no la hacéis, alguien la hará por vosotros y probablemente contra
vosotros”.
Hay que
explicar de nuevo la relación entre la política y las cosas de comer, es decir,
sobre lo que realmente importa. Por ejemplo, si una persona es operada de
corazón o de cadera, vive o anda no gracias a la ciencia sino a la política;
porque, aunque la técnica quirúrgica esté muy desarrollada, si no tiene dinero
quizá no se la apliquen, a no ser que la política decida que hay sanidad
universal para todos. Esta es la grandeza práctica de la política que no se
puede perder.
La desconfianza
hacia la política es una característica de los momentos de derrota y la peor
derrota es la pérdida de la esperanza. Es peligroso pasar de política. Hannah
Arendt se preguntaba si la política tiene aún sentido y concluía que el
totalitarismo era la desaparición de la política. Fin de la política, fin de la
historia. Por ello, no se puede dejar ni la política ni la calle en manos de la
derecha.
Es preocupante
lo que está pasando y convendría que todos hiciéramos un esfuerzo por
reconducir la situación. En mi breve paso de dos años por la política
institucional, cuando me despedí en la Asamblea de Madrid hacía la siguiente
recomendación a sus señorías: “Guarden siempre un tono de respeto y
de escucha. No olvidemos que la democracia no es otra cosa que la capacidad de
diálogo civilizado. Los modos y la ética deben ser parte fundamental de la
democracia y de la política, porque la política sin ética es simple politiqueo
y un club de cínicos. Y porque las instituciones sin respeto se convierten en
una cesta de cangrejos que aleja a la ciudadanía de la política y erosiona la
democracia”.
lunes, 6 de mayo de 2024
Hablar sobre Palestina
Las élites del Norte
global tratan de amordazar las voces que defienden al pueblo palestino ante el
genocidio israelí. Influyen en los medios, y reprimen a los que se manifiestan.
Alemania y Estados Unidos están a la cabeza de la represión.
Hablar sobre Palestina
El Viejo Topo
6 mayo, 2024
LAS ÉLITES DEL
NORTE GLOBAL TIENEN DE HABLAR SOBRE PALESTINA
Las bombas
israelíes siguen cayendo sobre Gaza, asesinando civiles palestinos a mansalva.
Al Jazeera publicó un reportaje sobre la destrucción de 24
hospitales en Gaza, cada uno de ellos bombardeado sin piedad por el ejército
israelí. La mitad de las 35.000 personas asesinadas por Israel eran niños y
niñas, y sus cadáveres se acumulan en las saturadas morgues y mezquitas de
Gaza. El ex secretario general adjunto de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos, Andrew Gilmour, declaró a Newsnight de
la BBC que el pueblo palestino está sufriendo un “castigo
colectivo” y que lo que estamos viendo en Gaza es “probablemente la tasa de
asesinatos más alta de cualquier ejército, desde el genocidio ruandés de 1994”.
Mientras tanto, en la sección palestina de Cisjordania, Human Rights
Watch muestra que el ejército israelí ha
participado en el desplazamiento de palestinos de 20 comunidades y ha
desarraigado al menos siete comunidades desde octubre de 2023. Estos son hechos
probados.
Sin embargo,
estos hechos – según un memorando filtrado – no pueden ser
mencionados en el “periódico oficial” de los Estados Unidos, el New
York Times. Se pidió a los periodistas de este diario que evitaran los
términos “genocidio”, “limpieza étnica” y “territorio ocupado”. De hecho, en
los últimos seis meses, los periódicos y programas de televisión de los Estados
Unidos han escrito generalmente sobre la violencia genocida utilizando la voz
pasiva: cayeron bombas, murió gente. Incluso en las redes sociales, donde el
terreno suele estar menos controlado, el hacha cayó sobre frases clave; por
ejemplo, a pesar de su constante apología de la libertad de
expresión, Elon Musk dijo que términos como “descolonización”
y frases como “del río al mar” estarían
prohibidas en X.
Silencio en los
campus universitarios
En la
Universidad del Sur de California (USC), Asna Tabassum, una estadounidense de
origen sudasiático, iba a pronunciar un discurso en el campus ante 65.000
personas, como valedictorian de la promoción de 2024. Por estar involucrada en
las discusiones en torno a la guerra israelí contra los palestinos, Tabassum
fue blanco de activistas proisraelíes que afirmaron sentirse amenazados.
Basándose en este sentimiento de peligro (la universidad se negó a revelar su fuente) la USC
decidió cancelar su discurso. En una respuesta reflexiva, Tabassum –que se
especializó en ingeniería biomédica e historia (con una especialización en
resistencia al genocidio)– instó a sus compañeros y compañeras “a pensar con
originalidad, a trabajar por un mundo en el que los gritos de igualdad y
dignidad humana no se manipulen para convertirlos en expresiones de odio. Nos
retó a responder a la incomodidad ideológica con diálogo y aprendizaje, no con
fanatismo y censura”. Tabassum tiene 21 años. El preboste de la USC que canceló
su discurso, Andrew Guzman, tiene 56 años. Sus razones para anularla son menos
maduras que su llamado al diálogo.
Estudiantes
universitarios de todos los Estados Unidos han intentado desesperadamente
concientizar sobre lo que está ocurriendo en Gaza y han tratado de conseguir
que sus campus se desliguen de empresas con inversiones en Israel y en los
Territorios Palestinos Ocupados. Las primeras protestas fueron toleradas, pero
luego los políticos estadounidenses se involucraron con audiencias en el
Congreso y comentarios temerarios acerca de que
estos estudiantes estaban siendo financiados por chinos y rusos. Los
administradores universitarios, temerosos de sus donantes y de la presión
política, cedieron y comenzaron a censurar a los estudiantes de un extremo del
país (Universidad de Columbia) al otro (Pomona College). Los presidentes
universitarios invitaron a los departamentos de
policía locales a sus campus, les permitieron arrestar a los estudiantes y los
suspendieron de sus universidades. Pero el ambiente es innegable. Los
sindicatos estudiantiles de todo el país –desde Rutgers hasta Davis– votaron para obligar a sus
administraciones a desinvertir en Israel.
¿Qué es
repugnante?
El 12 de abril
de 2024, la policía de Berlín clausuró una conferencia sobre Palestina que
reunía a personas de toda Alemania para escuchar a diversos oradores, quienes
venían de otras partes de Europa y de Palestina. En el aeropuerto, la policía
detuvo y luego deportó al médico británico-palestino Ghassan Abu Sitta, que
había trabajado como voluntario en Gaza y había sido testigo directo de la guerra genocida.
El ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis iba a pronunciar un discurso
en la conferencia. No sólo se le impidió dar ese discurso, sino que también se
le impuso un betätigungsverbot –o
prohibición de cualquier actividad política en Alemania (prohibición de entrada
en Alemania y prohibición de hacer un acto en línea). Esto, dijo Varoufakis, es esencialmente la
“sentencia de muerte de las perspectivas de la democracia en la República
Federal de Alemania”.
Unos días antes
de la conferencia de Berlín, la profesora Jodi Dean publicó un ensayo en el blog Verso titulado
“Palestina habla por todos”. El ensayo se basa en la simple, e inobjetable,
idea de que los pueblos oprimidos tienen derecho a luchar por su emancipación.
Esta es la base de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos, también
citada con frecuencia por Varoufakis. Al día siguiente de la clausura de la
conferencia sobre Palestina en Berlín, el empleador de Jodi Dean, el presidente
Mark Gearan de Hobart and William Smith Colleges en los Estados Unidos, publicó
un comunicado en el que anunciaba que la
profesora Dean no podía impartir el resto de sus clases este semestre. Gearan
escribió que no sólo estaba en “completo desacuerdo” con Dean, sino que también
encontraba sus comentarios “repugnantes”. Es interesante que, desde octubre,
Gearan sólo haya hecho una declaración pública condenando a
Hamás, pero nada sobre la horrenda violencia genocida contra los palestinos.
¿Qué escribió
Jodi Dean que fuera tan “repugnante”? Gearan se centró en la palabra
“estimulante”, que Dean utilizó para describir su reacción ante los parapentes
que sobrepasaron la valla de ocupación israelí que rodea Gaza. En realidad,
Dean no celebró los atentados del 7 de octubre, sino que se limitó a utilizar
los parapentes como metáfora para considerar la política de esperanza y
liberación desde un punto de vista palestino (citando el último poema de Refaat
Alareer, asesinado por Israel el 6 de diciembre de 2023, con su meditación
sobre las cometas para resaltar la idea de elevarse por encima de la opresión).
Gearan no quería un diálogo sobre la ocupación ni sobre el genocidio. Al igual
que los directores y editores del New York Times, al igual que el
Gobierno alemán y al igual que otros presidentes de universidades
estadounidenses, Gearan quería restringir la conversación. El alegato de Tabassum
a favor del “diálogo y el aprendizaje” fue amordazado. Demasiado asustadas para
hablar realmente de Palestina, personas como Gearan prefieren “el fanatismo y
la censura”.
Fuente: Globetrotter
Olvidos que hablan
La huelga general del 94 y las Marchas de la Dignidad
Olvidos que hablan
REBELION / ESPAÑA
03/05/2024
Fuentes: Rebelión
“Lo que asusta a los capitalistas es la historia de los obreros, no la
política de las izquierdas. A la primera la enviaron con los demonios del
infierno, a la segunda la recibieron en los palacios de gobierno. Y a los
capitalistas hay que darles miedo”
Mario Tronti
El Primero de
Mayo es la “Pascua Obrera”, la fiesta de los olvidados y omitidas de todo el
mundo, el día en el que se renueva la promesa de una sociedad sin clases, sin
explotadores ni explotados. Es una fecha arrancada a los poderosos, “tal vez la
única mella indiscutible que un movimiento secular ha hecho en un calendario
cristiano o en cualquier otro calendario oficial”, afirmaba el historiador
inglés Eric Hobsbawn. Y es también un día de memoria, de combate contra la gran
máquina del olvido, que pretende arrinconar la esperanza de otro mundo y nos
invita permanentemente a adherirnos al candoroso y universal imaginario de la
clase media.
“La clase
obrera ha sido derrotada no sólo porque el trabajo productivo ha perdido su
centralidad, sino porque toda una historia ha sido primero empequeñecida, luego
demonizada y finalmente liquidada”. Es Mario Tronti, uno de los grandes
filósofos militantes que puso en pie el obrerismo en Italia en la década de los
sesenta y setenta, quien nos alerta sobre la importancia de defender y rescatar
la historia de la clase obrera, una historia marcada por el estrecho vínculo
entre identidad y conflicto. El poder, con su legión de olvidadores y
olvidadizos, en las academias, en los grandes medios de comunicación e incluso
en los aparatos sindicales y políticos de la izquierda, se encarga de ir
borrando las huellas de la autonomía de clase, el rastro de las luchas del
mundo del trabajo.
Algunos olvidos llaman la atención especialmente. La amnesia es tan desmañada, tan burda, que los hechos silenciados nos interpelan aún más y nos reclaman que recuperemos su recuerdo. Es el caso de dos acontecimientos muy importantes para la clase obrera en España que, sin embargo, parece que han sido condenados al ostracismo. Resulta muy revelador que en un ecosistema mediático y político tan fetichista de las efemérides y en especial de aquellas asociadas a aniversarios con cifras redondas, sin embargo, tanto la huelga general del 27 de enero de 1994 como las Marchas de la Dignidad que colapsaron Madrid el 22 de marzo en 2014, hayan pasado desapercibidas casi por completo. En el primer caso se trata de la huelga general secundada por el mayor número de trabajadores desde la recuperación de la democracia; incluso, según las propias fuentes oficiales, más que en la huelga del 14 de diciembre de 1988. Y por lo que se refiere a las Marchas de la Dignidad la movilización iniciada por 8 columnas desde todos los rincones del país fue capaz de juntar a más de un millón y medio de personas, representando el punto más alto del ciclo de intensas protestas que viviera España entre 2011 y 2015, al calor del seísmo que abrió el 15M.
Evoquemos
aunque sea de forma somera ambos acontecimientos, rastreemos su genealogía y su
significado, evitemos que nos roben incluso la historia de la que hemos sido
partícipes o testigos, alimentemos las luchas del presente con su aliento
generoso. Articular históricamente el pasado, ya lo advirtió Walter Benjamin,
“significa apoderarse de un recuerdo tal como este relumbra en un instante de
peligro”.
La huelga general del 94, una victoria transformada en derrota
La huelga no contará con el golpe de efecto del fundido a negro en TVE, como sí ocurriera en 1988, en el mítico 14D, pero sí gozará de un enorme respaldo. Una encuesta del propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), vinculado al gobierno, reconocerá que el 67’3% por 100 de los trabajadores participaron en la huelga. El 27 de enero los centros y polígonos industriales de toda España pararán de forma prácticamente unánime y también lo hará de forma muy elevada el sector de transporte de pasajeros y mercancías. Como ha subrayado el historiador Gonzalo Wilhelmi la participación tanto en la huelga como en las manifestaciones al cierre de la jornada serán masivas: 250.000 trabajadores recorrerán las calles de Madrid, otros tantos en Barcelona, 125.000 en Vigo, 20.000 en Murcia… Y todo ello a pesar de enfrentarse a la activa oposición del gobierno y de la patronal, a casi todo el arco parlamentario -exceptuando a Izquierda Unida- y a la campaña de estigmatización en los medios de comunicación. La jornada se saldará con un importante número de detenidos, muy superior a huelgas anteriores. En Burgos, el militante de UGT Lucinio Núñez, de 42 años, fallecerá al ser atropellado cuando formaba parte de un piquete. Nicolás Redondo, el histórico dirigente de la central socialista, que asiste al funeral, declara: “conviene aclarar cuanto antes lo ocurrido, para determinar si la muerte fue un accidente o si obedeció a la satanización de los piquetes informativos por parte del Gobierno y de la patronal CEOE, y al tratamiento despiadado que han dado algunos medios de comunicación a la jornada de huelga. Es intolerable que en un país que se dice democrático se pueda criminalizar a los piquetes».
En 1994 se
producirá “la última gran huelga obrera con trascendencia real” durante el
periodo democrático, en palabras de Sergio Gálvez. La huelga responde a la
reforma laboral más profunda que llevará a cabo el gobierno de Felipe González.
Entre las medidas lesivas para la clase trabajadora que recoge la reforma se
incluyen algunas de tanto calado como la legalización de las Empresas de
Trabajo Temporal (ETT), la institucionalización de los contratos basura (por
ejemplo, un nuevo contrato de aprendizaje para jóvenes de hasta 28 años, sin
derecho a baja por enfermedad ni a prestación por desempleo), más facilidades a
los empresarios para poder ampliar la jornada máxima de 9 a 12 horas o para
poder imponer la movilidad geográfica o funcional, la minoración del precio de
las horas extra o la reducción de la indemnización por despido… Se trata en
definitiva de toda una batería de nuevas normas que ahondan en la política
neoliberal que el PSOE viene desplegando desde los años ochenta y que la
adhesión al Tratado de Maastricht en 1992 no ha hecho sino reforzar.
Es “una cultura
impropia de la izquierda”, señalará Nicolás Redondo refiriéndose al anterior
atropello, el decretazo de 1992, que endurecía las condiciones para acceder al
subsidio de desempleo y reducía su cuantía. La reforma laboral del 94 es, como
indica también el dirigente de CCOO Agustín Moreno, “mucho más que un conjunto
de leyes, es un modelo social que se aleja del concepto de Estado democrático y
social (…) Miseria despojada de esperanza, que diría Paul Eluard”. El gobierno
de Felipe González ha asumido con entusiasmo el neoliberalismo. Modernización,
competitividad y flexibilidad son las palabras preferidas que entonarán los
ministros de Economía, Boyer, Solchaga o Pedro Solbes; eufemismos amables que
encubren la apuesta decidida la sociedad insolidaria, el darwinismo social y la
desregulación laboral que representa esta modalidad de turbocapitalismo.
En junio de
1993 el PSOE había perdido por primera vez la mayoría absoluta, podía elegir
entre aliarse con Izquierda Unida o con Convergencia i Unió. Pero para González
no hay duda posible, se trata de ahondar el camino elegido y para ello la
compañía natural es la burguesía catalana que representa como nadie Jordi
Pujol. Un camino que exige además “desarticular cualquier vestigio de resistencia
colectiva que pueda dificultar que el capital se mueva a su antojo”.
El gobierno
desoyó por completo el clamor de la huelga general. Había que liquidar el poder
sindical, que había fortalecido sus posiciones tras la unidad trenzada entre
UGT y CCOO en los últimos años. “Es cierto, como el Gobierno dice, que la
sociedad exige otro tipo de sindicalismo”, editorializará el periódico ABC por
entonces, mostrando a las claras la sintonía de los sectores de la derecha
conservadora con los objetivos de la dirección del PSOE.
Tras la huelga
general del 27 de enero la presión política quiebra a los sindicatos
mayoritarios. Agustín Moreno lo recordará así: “La huelga fue un éxito. El
error fue que no tuvo continuidad y que los convenios no podían parar una
reforma de ley. Aquello provocó una profunda división en CCOO.Aprovechando las
divisiones por estrategia en los sindicatos, hubo una auténtica operación desde
el poder económico y político para desmontar el poder real y el prestigio de
los sindicatos. En UGT, liquidaron a la dirección que encabezaba Nicolás
Redondo con la excusa de la cooperativa PSV. CCOO culminó en su VI Congreso de
enero de 1996, con la defenestración de Marcelino Camacho y la marginación y
persecución del «sector crítico».
El sindicalismo
de clase, que había sido la punta de lanza en la lucha antifranquista, que
había arrancado importantes mejoras en el Estado del Bienestar y había
constituido el principal núcleo de resistencia a las políticas neoliberales,
era cooptado de forma progresiva por el poder. El historiador Sergio Gálvez da
cuenta de la envergadura de la transformación: “El VI Congreso Confederal de
CCOO en 1996 no sólo se llevó por delante la presidencia honorífica de
Marcelino Camacho, sino que sobre todo apostó por un nuevo sindicalismo de
servicios rompiendo toda una trayectoria histórica. Cambió el país, cambiaron
los sindicatos. Los hechos, en adelante, hablan por sí solos”. Las direcciones
sindicales acabarán imponiendo la “estrategia del sosiego”, subordinándose de
forma creciente a los últimos gobiernos de González y a sus necesidades
electorales. Paco Fernández Buey, que formará parte de la Plataforma por los
Derechos Sociales, que se crea meses después de la huelga, retratará así el
giro: “Hay quien ha elegido como estrategia dar voces diciendo que viene el
ogro para asustar a los de abajo y pactar con los de arriba el disfraz que debe
ponerse al ogro ya existente. Porque el ogro lo tenemos ya aquí. Hace tiempo
que ha venido”.
Las Marchas de la Dignidad: sólo el pueblo salva al pueblo
Sorprende y
mucho que el treinta aniversario de la huelga general del 94 haya pasado casi
de incógnito pero resulta todavía más llamativo que, como el coronel de la
novela de García Márquez, las Marchas de la Dignidad tampoco hayan tenido hasta
la fecha quienes le escriban. Se han conmemorado los 10 años de la creación de
Podemos y el 16 de junio el movimiento republicano saldrá a la calle para
denunciar el décimo aniversario de Felipe VI pero, sin embargo, el recuerdo de
las Marchas de la Dignidad permanece casi clandestino.
Aunque pueda parecer paradójico las razones de la ocultación mediática y política quizás estén relacionadas precisamente con la excepcionalidad del acontecimiento, con la singularidad de la convocatoria y de quienes la promovieron, con la alianza y formas de unidad que fueron capaces de poner en pie y con el programa que dibujaron; en definitiva, con la cantidad inmensa de energía social y política que el movimiento y la movilización que se levantó entre el verano de 2013 y el 22 de Marzo de 2014 consiguieron galvanizar.
Las Marchas
nacían al margen del PSOE y de los dos grandes sindicatos, de CCOO y de UGT. El
movimiento no lo promovía ningún grupo de intelectuales ni de audaces
profesores universitarios. Ni contaba tampoco con grandes medios de
comunicación que lo mimasen o amparasen. No surgía en ninguna sede
institucional o partidaria, sino en la calle monda y lironda. Bebía en primer
lugar, por supuesto, del impulso de las plazas, de la indignación del 15M, pero
también de otras luchas anteriores y, sobre todo, posteriores a esa fecha
emblemática.
Los arquitectos
del prodigio eran los y las de abajo, los más jodidos, las más precarias. Los
jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), entrando a las grandes
superficies comerciales a por carros de comida, poniendo el cuerpo, jugándose
multas y talego, demostrando que la política de verdad está siempre donde menos
se la espera. Las desahuciadas y desahuciados de la Plataforma de Afectados por
las Hipotecas (PAH), humilladas por el crimen de la dación en pago, estafados
por bancos e inmobiliarias, recorriendo el camino desde el espejismo del
individualismo propietario a la ocupación colectiva de viviendas. Las valientes
mujeres de la Corrala Utopía en Sevilla o de la Corrala Solidaridad en
Almendralejo, las miles de personas que daban el paso de recuperar los pisos
vacíos de la SAREB y de los bancos ladrones, que habían sido rescatados con
dinero público. Los Yayoflautas, enfrentándose a los planes de saqueo de las
pensiones y pasando el testigo de dignidad a los más jóvenes. Los trabajadores
en huelga indefinida de Coca-Cola en Fuenlabrada o de Panrico, en Barcelona,
plantando cara a las multinacionales, a sus matones y a sus planes de
deslocalización. El barrio de Gamonal en Burgos que, dos meses antes de las
Marchas de la Dignidad, se enfrentó derrochando coraje a los planes
urbanísticos de los corruptos. Los interinos de las Mareas Verde y Blanca,
defendiendo la educación y la sanidad públicas, desbordando el corporativismo y
los límites del sindicalismo de concertación. Las marchas de los mineros de Asturias,
de León y Teruel, denunciando la subcontratación, la precariedad y el
clientelismo, abriendo el camino a Madrid con su ejemplo. Los barrenderos de
Madrid, las Kelllys de Benidorm y las trabajadoras de ayuda a domicilio de
Oviedo. Los marineros de la Central Unitaria de Traballadores (CUT) de Galiza,
los ferroviarios de la CGT, los maestros de la Intersindical, los trabajadores
de Telefónica de las COBAS y los del Metro de Solidaridad Obrera. El Centro
Social Rey Heredia de Córdoba, el Eko de Carabanchel, La Casika de Móstoles, el
Patio Maravillas y tantos otros centros autogestionados en todo el país. La
parroquia de San Carlos Borromeo en Entrevías o la de Suerte Saavedra en
Badajoz dando también cobertura a las asambleas del movimiento. La Coordinadora
de Parados del Baix Llobregat reivindicando la renta garantizada y denunciando
la pobreza energética. Los parados de Valladolid, reventándole el Congreso al
Partido Popular y sufriendo el maltrato de los antidisturbios. Los Campamentos
Dignidad de Extremadura, arraigando en la puerta de las oficinas de empleo y en
las barriadas más machacadas, entrando en los parlamentos y en la televisión
para denunciar el paro y la miseria.
Será ahí, en esos espacios y comunidades de lucha y en tantos otros similares, donde nacerían las Marchas de la Dignidad. Sí, también estaban en el impulso inicial las organizaciones de la izquierda y del sindicalismo alternativo, y ATTAC o el Frente Cívico, aportando experiencia, infraestructura y sabiduría organizativa, pero las Marchas nunca perderían el carácter de movimiento social. Esa será la primera gran anomalía. La clase obrera entraba en la escena. El movimiento popular caminaba ahora en gran medida sobre sus pies. “Ese es el movimiento plural, multiforme y vario que expresa la voluntad del cambio. Todo ello confluyó el 22 de marzo de 2014 en Madrid. Allí se plasmó la fuerza que, más organizada y cohesionada, puede a producir el cambio (…) Esta gente en el fondo, no sé si lo saben, pero están planteando una ruptura. No sé si se dan cuenta de que ellos son ya el proceso constituyente”. Julio Anguita veía en las Marchas de la Dignidad la posible plasmación de un contrapoder ciudadano que abriera un proceso constituyente.
La segunda
singularidad del movimiento será su ductilidad y radicalidad programática. Las
Marchas se dotarán de un programa sencillo y al tiempo ambicioso. Elevarse por
encima de los estrechos horizontes del pan cotidiano, pero sin levitar nunca
del pan cotidiano, decíamos en los Campamentos Dignidad. Pan cotidiano y
horizonte, en ese vínculo se jugaría también la unidad de este movimiento de
ruptura. La Asamblea del 18 de septiembre de 2013 caracteriza a la criatura que
está naciendo como “marchas contra el paro, la precariedad, los recortes y la
represión”. Los puntos que unirán al primer programa serán muy sencillos. La
reivindicación del trabajo con derechos y la Renta Básica, la derogación de las
reformas laborales de 2010 y 2012. La defensa de los servicios públicos, de la
educación y la sanidad, el rechazo frontal a los recortes sociales, el derecho
a la vivienda y la prohibición de los desahucios. Y ligado a todo ello el
rechazo a la deuda ilegítima, a las políticas austericidas de la Troika y al
engranaje del Régimen del 78. La denuncia de la corrupción y la exigencia de dimisión
del gobierno figurarán también entre las primeras demandas. Pan, trabajo, techo
y dignidad, ese será el lema que exprese en lenguaje llano la vocación de
llegar a la mayoría de la población.
Pero junto al
quiénes y al qué también adquiere una importancia fundamental el cómo, las
nuevas formas de unidad que caracterizarán el despliegue del movimiento. Para
empezar la convocatoria se plantea con muchos meses de antelación, para que dé
tiempo a llegar al último rincón y colectivo social. Bola de nieve, acumulación
sostenida de fuerzas, extensión territorial de la propuesta. Las marchas son en
sí mismas una herramienta de solidaridad, unidad y de movilización allí por
donde pasan. La solidaridad se aprende practicándola, organizando juntos la
recepción de las marchas, las comidas o los espacios de alojamiento,
aprovechando ese piquete móvil para acciones concretas de apoyo a la PAH o a
los grupos que lo necesiten. Ocho columnas avanzarán hacia Madrid durante
quince días en un clima de efervescencia popular.
Tras el
aldabonazo del 15M, las Marchas de la Dignidad constituirán sin duda el segundo
gran momento del ciclo de luchas que se levantará en España entre 2011 y 2015.
Representarán una extraordinaria herramienta de alfabetización política y
empoderamiento y esbozarán una alianza social de enorme calado. Los poderes
tendrán plena conciencia de ello, de la potencia antagonista que supone esa
tupida red de movimientos y por ello se aplicarán a reventarla. El 22 de Marzo,
cuando la Solfónica aún toca en el escenario, un enorme dispositivo de la
Policía Nacional arremeterá contra la multitud en la plaza de Colón, justo a
tiempo de que esas imágenes entren en el Telediario. Según datos oficiales,
como consecuencia de las cargas policiales e incidentes posteriores a la
manifestación recibirán asistencia 67 policías y 34 manifestantes. Además se
producirán 24 detenciones. El estigma de la violencia empezará a utilizarse
contra las Marchas esa misma noche. Y la represión contra el movimiento popular
se adensará en los meses sucesivos. Alfon, Andrés Bódalo, Raquel Tenías, los
sindicalistas de Airbus, el Centro Social Can Vies, serán algunas de las
víctimas de esta estrategia estatal coercitiva.
Dos meses
después de las Marchas de la Dignidad, el 25 de mayo, se celebran elecciones
europeas. El PP y el PSOE sufren una gran descalabro. Izquierda Unida crece
tímidamente y Podemos irrumpe con fuerza. El temblor que han supuesto las
Marchas de la Dignidad junto con el resultado electoral acrecientan el pánico
de las élites, que maniobran con rapidez y destreza. El 2 de junio Juan Carlos
I, cuya imagen se ha deteriorado rápidamente a causa de sus correrías
cinegéticas y de diversos casos de corrupción, abdica y es relevado al frente
de la Corona. En los años sucesivos los poderes de la oligarquía actuarán con
determinación para conjurar los peligros, combinando la iniciativa política
(creación de Ciudadanos, atemperamiento de las condiciones económicas impuestas
por la Troika) y la represiva (la ley mordaza).
Las Marchas de
la Dignidad sufrirán el nuevo escenario marcado por la centralidad de la lucha
electoral. “El asalto institucional” se convertirá en el objetivo de las nuevas
formaciones políticas. Pero la apuesta institucional mostrará rápidamente sus
limitaciones. El electoralismo programático se impone sin reservas: la renta
básica universal o el rechazo a la deuda ilegítima desaparecen de los programas
políticos. Y, al tiempo que se produce un trasvase de cuadros desde los
movimientos sociales a los partidos, se abre camino un discurso que menosprecia
el papel transformador de los movimientos sociales y da por terminado el ciclo
de la movilización social. En agosto de 2015, en una entrevista para la revista
Encrucijadas, Íñigo Errejón lo expresará con nitidez: “Yo creo que cuando nace
Podemos (enero de 2014) el ciclo de protesta estaba en reflujo, pero el único
contra ejemplo que conozco son las Marchas de la Dignidad, que movilizan en
Madrid a cientos de miles de personas el 22 de marzo de 2014, a dos meses de
las elecciones europeas. En mi opinión es más bien el último coletazo del ciclo
de acción colectiva abierto en el 15M”.
El
electoralismo, la primacía de una concepción que limita la democracia a un
proceso de selección de élites, el sustitucionismo e incluso la burda instrumentalización
partidaria de los movimientos sociales irán debilitando a las Marchas de la
Dignidad, así como a otros muchos y colectivos nacidos en la última década. A
ello contribuirán también, claro está, los errores propios, la falta de
iniciativa, la burocratización o las dinámicas endogámicas.
“Recuperar
la riqueza de la presencia pasada, para salir de un presente pobre”, señala
Mario Tronti. Este escrito quiere ser una humilde contribución en la
recuperación de dos momentos fundamentales en la historia reciente de la clase
obrera de nuestro país. Recuperar la memoria de las huelgas generales para
salir del “esto es lo que hay”, de la resignación que cada día siembran en
nosotros. Recuperar la huelga del 94 para enfrentarnos al prestamismo laboral y
a las ETTs que se extienden hoy incluso en las fábricas de fruta de
Extremadura, como una cuña que divide a las trabajadoras nativas y a las
extranjeras. Para poner en pie un sindicalismo asambleario, combativo, que
aspire a una sociedad alternativa al capitalismo.
Recuperar las
Marchas de la Dignidad para recordar que la política más noble se construye en
la calle, codo con codo con los iguales. Para salir del clasemedianismo y de la
política como delegación permanente. Para recordar que somos ciudadanos y
militantes, no espectadores ni hoolligans. Para romper el cerco del cinismo y
el pesimismo. Para acabar con la desmovilización, que tan bien le viene a los
poderosos. Para volver a plantearnos, con más lucidez y con más coraje, un
proceso constituyente y un horizonte republicano.
Y recuperar
también la memoria de las luchas del movimiento obrero contra las guerras, la
huelga general de 2003 contra la guerra de Irak, por ejemplo, para plantearnos
algo similar, exigiendo el fin del genocidio contra el pueblo palestino.
Recuperar las
luchas del pasado. El olvido, como sabía Benedetti, está lleno de memoria.








