domingo, 14 de abril de 2024

El Caso von der Leyen

 

Geoestrategia, revista del Instituto Español de Geopolítica, ha publicado este texto que cuando se escribe esto, 10 de abril, extrañamente ha tenido muy poca repercusión en los medios españoles. Al parecer, lucrarse con la epidemia ha sido algo normal.

TOPOEXPRESS


El Caso von der Leyen


EL VIEJO TOPO

14 abril, 2024



por Geoestrategia

El cabildero belga Frederic Baldan presentó una denuncia penal contra la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, por “usurpación de funciones y de título”, “destrucción de documentos públicos”, “actuación en favor de intereses ilegales” y “corrupción”. Hungría y Polonia se sumaron después a esa denuncia, presentada por Baldan el pasado 5 de abril. Pero, por iniciativa del nuevo primer ministro polaco, Donald Tusk, el gobierno de Polonia retiró su apoyo a la denuncia.

Hungría y Polonia son actualmente objeto de demandas iniciadas por el gigante farmacéutico Pfizer, que acusa a esos dos países de no haber pagado lotes de “vacunas” contra el Covid-19 que la Comisión Europea –presidida por la señora Ursula von der Leyen– había adquirido a nombre de ambos Estados. El 3 de abril de 2023, el tribunal de Bruselas ya había emitido una primera decisión provisional y ahora debe pronunciarse sobre el fondo del caso.

El cabildero belga Frederic Baldan mantiene estrechos vínculos con la asociación Bonsde Sens, del profesor Christian Perronne y de Xavier Azalbert (propietario y director del sitio web informativo FranceSoir). La Comisión Europea retiró a Baldan su acreditación como cabildero sólo horas después que Baldan ofreciera una conferencia de prensa junto a la hoy fallecida eurodiputada francesa Michèle Rivasi, ex directora de Greenpeace France y conocida por su lucha contra las grandes transnacionales farmacéuticas y por su denuncia sobre los efectos nefastos de las llamadas “vacunas” anticovid a base de ARN mensajero.

  • La denuncia penal contra la señora von der Leyen se centra en el contrato de 20.000 millones de euros –potencialmente de 35.000 millones– mediante el cual la Unión Europea compró a Pfizer ingentes cantidades de supuestas “vacunas” anticovid a nombre de los países miembros de la UE.
  • La denuncia se basa en un intercambio de SMS, revelado por el New York Times, entre la presidente de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, y el principal responsable de Pfizer, Albert Bourla.
  • El contenido de esos SMS parece ser particularmente “sensible”. El periodista Alexander Fanta, del sitio web Netzpolitik.org, trató inútilmente de obtener una copia de esos mensajes, las gestiones en ese sentido de la Defensora del Pueblo Europeo, Emily O’Reilly, tampoco han tenido resultados y el New York Times finalmente presentó contra la señora Ursula von der Leyen una denuncia basada en los artículos 41 y 42 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, artículos que reconocen el derecho de acceso a los documentos del Parlamento Europeo, del Consejo Europeo y de la Comisión Europea.
  • Una circular impone a las fiscalías nacionales de los países miembros de la Unión Europea la obligación de notificar a la Fiscalía Europea los temas sobre los que esta última instancia pudiese ser competente. Sin embargo, un año después, la Fiscalía Europea sigue sin haber dado respuesta a la notificación que le fue presentada en ese sentido por la fiscalía de Bélgica y los textos no imponen ningún plazo para que responda.

La Fiscalía Europea no es un órgano de la Unión Europea sino una estructura de cooperación reforzada reconocida sólo por 22 Estados miembros de la UE. Hungría y Polonia no la reconocen. La fiscal general europea, la rumana Laura Codruta Kovesi, fue designada por la Comisión Europea después de una negociación con el Parlamento Europeo.

  • Heiko von der Leyen, el esposo de la presidente de la Comisión Europea, se convirtió súbitamente en administrador de Orgenesis, firma que ha tenido un papel central en campaña de vacunación contra el Covid-19 en los países de la Unión Europea. Pero Orgenesis y Pfizer tienen el mismo accionista principal. En 2022, la Comisión Europea asignó a Orgenesis 320 millones de euros en subvenciones. Cuando se reveló la existencia de esas subvenciones europeas a Orgenesis, el esposo de la señora von der Leyen renunció al cargo que ocupaba en esa firma.

Todo este asunto reviste particular importancia ahora que la señora Ursula von der Leyen aspira a obtener un segundo mandato como presidente de la Comisión Europea.

Recordemos que desde principios de 2021, la Comisión Europea ha celebrado en nombre de la UE una serie de contratos sobre el suministro de más de 3.000 millones de dosis de vacunas COVID con seis fabricantes occidentales hasta 2024. El primer contrato se adjudicó a Pfizer.

Ursula von der Leyen negoció los parámetros de este contrato con la dirección de la empresa directamente por SMS, incluso antes de que hubieran concluido los ensayos clínicos de la vacuna. A pesar del clamor público, la Comisión Europea se ha negado a dar a conocer el contenido de la correspondencia, alegando que «se perdió accidentalmente».

PFIZERGATE

El asunto fue manejado anteriormente por los fiscales belgas, informa Politico. Aún no se han presentado cargos oficiales contra Von der Leyen;

Las fuerzas de seguridad están examinando hechos sobre abuso de poder, eliminación de mensajes SMS incriminatorios, corrupción y conflictos de intereses.

Recordamos que en 2021 se inició una investigación sobre la celebración de un contrato entre la UE y la empresa estadounidense Pfizer por 71.000 millones de euros para la compra de una vacuna contra el coronavirus.

Ursula von der Leyen firmó un contrato con la dirección de la empresa antes de que finalizaran los ensayos clínicos con esta vacuna.

Las autoridades judiciales belgas abrieron una investigación a principios de 2023 y acusaron a la jefa de la Comisión Europea de corrupción porque negoció la compra de vacunas en correspondencia privada con el jefe de Pfizer y luego “borró accidentalmente” la correspondencia.

 

Fuente: Geoestrategia.es

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Canciones de la Guerra Civil Española / Rolando Alarcón / Album Completo

Himno de Riego cantado (coros, instrumentos y ritmos populares de España)

ALERTA MÁXIMA: IRÁN ATACA A ISRAEL | GUERRA TOTAL EN UCRANIA

sábado, 13 de abril de 2024

TODO ES GEOPOLÍTICA: Alarma mundial por ataque inminente de Irán a Israe...

IRÁN MUEVE SUS MISILES: ISRAEL CONTRA LAS CUERDAS | EEUU A LA DEFENSIVA

El ofrecimiento de Maó como puerto OTAN despierta el rechazo entre la población. [Una población española más expuesta al riesgo de muerte y destrucción que lleva parejo la guerra, aunque yo sea más chulo que un ocho con mi Novio de la Muerte, eso sí. Que la soberanía Nacional reside en el cha, cha chá de ahí viene el Negro Zumbón de allá por tierras lejanas del moro de la morería al ritmo de las maracas del tanto por cien más medio saco de bombas, ni inteligentes ni tontitas, de las normales, está fuera de dudas y no merece la pena meterse en ese charco ahora. Por lo tanto, trabajador (que yo con la gente importante no me hablo), si quieres la paz, jate tontadas, y prepárate para sacar a España de la OTAN y meter en el Código Penal un artículo chispeante (que eche chispas) y que diga bien clarito que es un criminal nato o una criminala nata todo aquel/aquella, aunque sea Margarita Robles, que se ande jugueteando con la vida y los bienes de cualquier trabajador en el crimen de la guerra para gloria y mayor fortuna y engorde de los capitales de las garrapatas jefas, jefes, del gran capital]

 


El ofrecimiento de Maó como puerto OTAN despierta el rechazo entre la población

 

Por Mireia Balasch

Rebelion / España

13/04/2024 

Fuentes: El Salto

La confirmación de este puerto como enclave permanente para la flota militar internacional reactiva la plataforma Menorca per la Pau.

La noticia cayó como un jarro de agua fría el pasado 29 de marzo, viernes santo, cuando El País desvelaba que el puerto de Maó (Menorca) será la tercera base naval de la OTAN en España, después de Cartagena (Región de Murcia) y Rota (Cádiz). Ni el Gobierno autonómico ni el Consell de Menorca sabían nada al respecto y la sorpresa fue unánime. La oposición civil, sin embargo, no se hizo esperar y, en tiempo récord, se reactivó la plataforma Menorca per la Pau, organizándose una concentración en la capital menorquina para el domingo 7 de abril a la que acudieron más de medio millar de personas. No obstante, con las horas, crece el número de entidades que se adhieren al movimiento pacifista y ecologistas y partidos de izquierda también intentarán frenar el proyecto, que, de llevarse a cabo, tendrá implicaciones ambientales, turísticas y, sobre todo, sociales.

El puerto de Maó ha sido, desde hace décadas, un enclave codiciado por la Alianza Atlántica debido a su posición geográfica: a menos de 400 kilómetros de Argelia, por el sur, y de la costa francesa, por el norte. Miquel Camps, portavoz del GOB, la principal asociación ecologista de Menorca, recuerda que “en los años 80 había una importantísima presencia militar en la zona, con cuarteles en Es Castell, Sant Isidre y s’Esplanada”. Se abandonaron y la entidad ha pedido en diversas ocasiones que se les dé un uso civil, “pero el Ministerio de Defensa siempre se ha negado”, señala Camps. Actualmente, las instalaciones se encuentran en un estado deficiente.

La organización considera dañino para el medio ambiente que el tránsito de embarcaciones de la OTAN se incremente en la isla. Afectaría directamente a la fauna marina: “Los barcos de guerra utilizan unos sónars de intensas ondas que son perjudiciales, sobre todo, para los cetáceos. Se desorientan y estrellan contra la costa”. En el norte de Menorca hay un corredor protegido para estas especies. Como señala Camps, “si las embarcaciones de la OTAN acceden de manera permanente a Maó, la zona de operatividad de los cetáceos dejará de ser segura y los compromisos adquiridos para preservar su hábitat, papel mojado”.

Por la paz

“Bases no, ni aquí ni en ningún sitio” es uno de los lemas que se corearon en la manifestación que el pasado domingo tuvo lugar en las calles del centro de Maó. Fueron más de 500 personas en una ciudad con menos de 30.000 residentes. “Si la convocáramos la semana que viene, sabemos que seríamos muchas más, porque en solo tres días se han triplicado las entidades integrantes de este movimiento”, explica Ramon Carreras, miembro de Menorca per la Pau. “El anuncio nos sobrecogió en medio de las vacaciones y creemos que ha sido un éxito que en menos de una semana hayamos sido capaces de articular esta acción”, añade.

El colectivo rechaza la posibilidad que el puerto de la capital isleña se convierta en una base de acceso directo de embarcaciones militares por diversas razones. “El belicismo no soluciona los conflictos internacionales”, defiende Carreras, “además de ser un acelerador del cambio climático y una fuerza destructora del territorio”. Avanza que uno los objetivos de Menorca per la Pau será coordinarse con los movimientos pacifistas de Cartagena y Rota para hacer un frente común. En última instancia, considera que “la amenaza de convertir Maó en la tercera base naval española de la OTAN significaría que seríamos también un objetivo militar, lo que comporta problemas muy graves”.

En este sentido también se ha pronunciado el GOB. “Somos reserva de la biosfera, un ejemplo de la convivencia entre las personas y la naturaleza. El militarismo no entra en este binomio, no pueden unirse de ninguna manera”, dice Miquel Camps.

Escalada militarista

Una de las personas que sí se esperaba leer esta noticia es Gabriela Serra, del Centre Delàs d’Estudis per la Pau. La investigadora ha coordinado, entre otros, el informe La OTAN, construyendo inseguridad global. Está convencida del aumento del militarismo en la sociedad y, por encima de todo, en la manera de pensar. “Desde la pandemia ha habido un auge del discurso de la seguridad, de la guerra como herramienta necesaria, del lenguaje bélico”, explica. “El coronavirus era el enemigo y todo lo que se hacía o leíamos era basándonos en esta dicotomía del uno contra el otro. Que la OTAN tenga una base naval más en España forma parte de este proyecto belicista a medio y largo plazo”.

Serra incide en el hecho que los valores militares de jerarquía, valentía y honor están al alza: “Han ido penetrando en la mentalidad de las personas poco a poco y se van consolidando”. También cree que “vamos hacia un gran conflicto armado, aunque no lo queramos ver, y por esta razón también se vuelve a hablar de implantar el servicio militar obligatorio, como han hecho Suecia y Noruega”. Llegados a este punto, la investigadora recuerda que en 2001 “se suspendió la mili con un decreto”. Asegura que instaurarla “es tan fácil como aprobar otro decreto”.

Opacidad

Hasta el momento, la llegada de embarcaciones de guerra al puerto de Maó ha sido escasa y poco pública. “Nos hemos enterado a toro pasado”, lamenta Ramon Carreras, “y lo mismo hemos vivido con la noticia del acceso directo de los barcos de la OTAN, que pueden atracar sin pedir ningún permiso más que a Defensa”. A pesar de ello, considera muy positivo que la fragata Navarra, que tenía que fondear en la isla el lunes 8 de abril, no lo hiciera. “Desde Menorca per la Pau creemos que la presión popular ha sido clave para que este barco de guerra no llegara a la costa balear y seguiremos muy atentamente lo que pase en la bahía”.

Según el artículo que ha desatado la polémica, el Ejecutivo central ofreció Maó como puerto con autorización diplomática permanente a la Alianza Atlántica en abril de 2023. El Govern Balear, a través de la presidenta Marga Prohens, ha declarado que no tenía constancia de ello. Por su parte, Margarita Robles, ministra de Defensa, manifestó un día después que Maó será solo puerto puntual de escala para las flotas permanentes de la OTAN. A pesar de ello, muchos menorquines no se han creído sus palabras y se han puesto ya manos a la obra para impedirlo.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/otan/ecologistas-pacifistas-rechazan-mao-base-naval-otan

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Alemania, víctima colateral

 

El declive de la UE derivado de la guerra en Ucrania es ya algo evidente y que nadie discute. Alemania, antaño líder de la economía europea, está pagando cara su supeditación a la hegemonía USA. Y nada parece indicar que las cosas vayan a irle mejor mañana.


Alemania, víctima colateral


Michael Hudson

El Viejo Topo

13 abril, 2024 

 


Según lo publicado en el Berliner Zeitung. el desmantelamiento de la industria alemana desde 2022 es un daño colateral en la guerra geopolítica de Estados Unidos para aislar a China, Rusia y los países cuya creciente prosperidad y autosuficiencia se considera un desafío inaceptable a la hegemonía estadounidense.


Para prepararse para lo que promete ser una lucha larga y costosa, los estrategas estadounidenses tomaron una medida preventiva en 2022 para alejar a Europa de sus relaciones comerciales y de inversión con Rusia. De hecho, pidieron a Alemania que se suicidara industrialmente y se convirtiera en dependiente de Estados Unidos. Eso convirtió a Alemania en el primer y más inmediato objetivo de la Nueva Guerra Fría de Estados Unidos.

Al asumir el cargo en enero de 2021, Joe Biden y los servicios de seguridad nacional declararon que China era el enemigo número uno de Estados Unidos y consideraban su éxito económico una amenaza existencial a la hegemonía estadounidense. Para evitar la inversión europea en China, mientras construía su propia defensa militar, el equipo de Biden buscó encerrar a Europa en la órbita económica de Estados Unidos como parte de una campaña para aislar a la República Popular China y a sus partidarios, con la esperanza que esto perturbaría sus economías. creando presión para que los países abandonaran la creación de un nuevo orden económico multipolar.Esta estrategia requirió sanciones comerciales europeas contra Rusia y medidas similares para bloquear el comercio con China a fin de evitar que Europa fuera arrastrada a la emergente esfera de prosperidad mutua centrada en China.

Para prepararse para la guerra entre Estados Unidos y China, los estrategas estadounidenses intentaron bloquear la capacidad de China de recibir apoyo militar ruso. El plan era drenar el poder militar de Rusia armando a Ucrania y arrastrar a Rusia a una lucha sangrienta que podría provocar un cambio de régimen. La esperanza poco realista era que los votantes resentirían la guerra, como sucedió con la guerra en Afganistán que había contribuido al fin de la Unión Soviética.

En este caso, podrían reemplazar a Putin por líderes oligárquicos locales dispuestos a aplicar políticas neoliberales pro-estadounidenses similares a las del régimen de Yeltsin. El efecto ha sido todo el contrario. Los votantes rusos han hecho lo que haría cualquier población atacada: se han unido en torno a Putin. Y las sanciones occidentales han obligado a Rusia y China a volverse más autosuficientes.

Este plan estadounidense para una Nueva Guerra Fría global tenía un problema. La economía alemana disfrutaba de prosperidad exportando productos industriales a Rusia e invirtiendo en el mercado postsoviético, mientras importaba gas ruso y otras materias primas a precios internacionales relativamente bajos. Es axiomático que, en condiciones normales, la diplomacia internacional responde al interés nacional. El problema para los guerreros estadounidenses era cómo persuadir a los líderes alemanes para que tomaran la decisión antieconómica de abandonar su rentable comercio con Rusia.

La solución fue fomentar la guerra con Rusia en Ucrania e incitar a la rusofobia para justificar la imposición de una amplia gama de sanciones que bloquearan el comercio europeo con Rusia.El resultado ha sido encerrar a Alemania, Francia y otros países en una relación de dependencia de Estados Unidos.

Los estadounidenses utilizan las sanciones comerciales y financieras patrocinadas por la OTAN con un doble lenguaje orwelliano; mientras Europa se ha “liberado” de la dependencia del gas ruso, los países de la UE se han vista obligados a importar gas natural licuado (GNL) estadounidense a precios tres o cuatro veces superiores. Al despojarse de su vínculos comerciales con Rusia los alemanes no tienen otra alternativa que trasladar algunas de sus principales empresas industriales a Estados Unidos (incluso a China) para obtener el gas necesario para producir manufacturas y productos químicos.Unirse a la guerra en Ucrania también ha llevado a Europa a agotar sus reservas militares. Ahora se la está presionando para que recurra a proveedores estadounidenses para rearmarse, con equipos que no han funcionado bien en Ucrania.

Los funcionarios estadounidenses están promoviendo la fantasía de que Rusia puede invadir Europa occidental. El propósito no es sólo rearmar a Europa con armas estadounidenses sino que Rusia se agote a medida que aumente su gasto militar en respuesta al millonario presupuesto de la OTAN. En Occidente se ha impuesto la negativa a ver la política de Rusia como defensiva, una defensa contra la amenaza de la OTAN que ahora está planificando cómo intensificar los ataques para apoderarse de la base naval rusa de Crimea, en pos del sueño de dividir Rusia.

La realidad es que Rusia ha decidido girar hacia el Este como política a largo plazo. La economía mundial se está fracturando en dos sistemas opuestos que dejan a los alemanes atrapados en el medio, ya que su gobierno ha decidido encerrar a la nación en el sistema unipolar estadounidense. El precio de esta decisión de la élite alemana será mantener una hegemonía centrada en Estados Unidos y sufrir indefectiblemente una depresión industrial. Lo que los estadounidenses llaman “dependencia” de Rusia ha sido reemplazada por una dependencia de proveedores estadounidenses más caros, mientras que Alemania ha perdido los mercados rusos y asiáticos.

El costo de esta elección es enorme. Esta acabando con el empleo y la producción industriales alemanes, que ha sido durante mucho tiempo un importante respaldo para el tipo de cambio de la eurozona. Si esto sigue así el futuro de la UE parece dirigirse a una tendencia descendente irremediable. Hasta ahora, el perdedor en la Nueva Guerra Fría de Estados Unidos han sido Alemania y el resto de Europa.

Lo que los alemanes se están preguntando ahora mismo: ¿Valdrá la pena el vasallaje económico a Estados Unidos? ¿Valdrá la pena perder los mercados mundiales de más rápido crecimiento de los países emergentes por este vasallaje económico?

Fuente: Observatorio de la crisis.

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"Israel y Ucrania están marcando un punto de inflexión en la hegemonía d...

viernes, 12 de abril de 2024

Parar a los Strangelove

 

¿Hay algún Strangelove en el horizonte? Si atendemos a las declaraciones de algún político o algún militar de lengua fácil, podría decirse que sí. Las consecuencias serían terribles para todos. Mantener cerrada la caja de Pandora puede no ser tarea fácil.


Parar a los Strangelove


Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

12 abril, 2024 



Como se ha dicho varias veces en estas páginas, un grave problema para el Occidente colectivo, y en particular para la parte de él que se cobija a la sombra de la OTAN, es esa especie de autismo que lo caracteriza, a la barrera de incomunicabilidad que se erige constantemente entre el pensamiento (diplomático y estratégico) de la dirección y la realidad actual. Y hay un aspecto en particular que es significativamente problemático, la incapacidad de comprender las razones del enemigo. Desgraciadamente, la acción propagandística, que desde el principio se ha centrado en la deshumanización del enemigo, ha creado una especie de efecto boomerang, por el que las propias elites políticas occidentales se han convertido en víctimas, perdiendo de vista un aspecto fundamental.

Se trata incluso de un mecanismo mental clásico, en su previsibilidad: dado que hay que negar in nuce que el enemigo pueda tener razones, se acaba por desconocerlas y, en consecuencia, por no comprender el cómo y el porqué de sus acciones presentes y futuras.

En concreto, negarse a considerar el enfoque ruso ante el conflicto que lo enfrenta a Occidente se traduce en la incapacidad de evaluar y predecir correctamente cuáles podrían ser los próximos pasos. De hecho, no es casualidad que estas valoraciones oscilen constantemente entre extremos opuestos, que ven a Rusia ahora como una horda bárbara ansiosa por atacarnos, ahora como un país al borde del colapso.

La realidad, sin embargo, nos dice que las decisiones de Moscú responden a una lógica muy clara y precisa, que a su vez se remonta claramente a lo que los rusos consideran sus propios intereses estratégicos.

En particular, toda la historia del conflicto ucraniano, a partir de 2014, nos dice algunas cosas extremadamente significativas y obvias. A lo largo de estos años, Moscú se ha mostrado muy reticente a aventurarse en un conflicto que imaginaba mucho más desafiante –sobre todo desde el punto de vista geopolítico– que los vividos anteriormente contra la insurrección islamista en Chechenia y con Georgia. Pero, al mismo tiempo, cuando creyó que el nivel de amenaza percibido estaba a punto de superar un umbral peligroso, no dudó en intervenir militarmente.

Y esto nos dice dos cosas muy importantes. En primer lugar, que la cuestión fundamental no es qué piensa y/o quiere la OTAN, sino cómo se perciben sus acciones en Moscú. Y la segunda es que cuando la percepción supera un umbral de alarma, Moscú está lista para atacar primero.

Ahora bien, si consideramos desde esta perspectiva toda la agitación bélica que recorre Europa, y que no se compone sólo de charlas sino también de hechos concretos, debemos darnos cuenta de que –desde el punto de vista ruso– no es posible evitar tomárselo en serio. Y que, en consecuencia, es muy probable que si este estado de ánimo agresivo no disminuye, si por el contrario se traduce cada vez más en acciones selectivas, se llegue a un punto en el que la percepción de la amenaza sea tal que sugiera que el choque es inevitable. Y por lo tanto, lógicamente, Rusia se verá obligada a atacar antes de que las capacidades de la OTAN alcancen un umbral crítico, suficiente para preocuparla. En resumen, si Moscú se convenciera de que los países europeos realmente se están preparando para una guerra, no esperará hasta que estén realmente preparados para una guerra y atacará.

En este punto, también es necesario subrayar la importancia de la percepción en el ámbito occidental y particularmente en el europeo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se ha visto envuelto en numerosas guerras, prácticamente todas ellas –a excepción de Corea– absolutamente asimétricas, llevadas a cabo proyectando sus fuerzas armadas a miles de kilómetros de distancia y sobre todo siendo siempre el sujeto atacante. Por tanto, el lanzamiento de la Operación Especial Militar Rusa en febrero de 2022 produjo una conmoción, porque por primera vez en casi ochenta años se produjo una situación exactamente contraria: la guerra vuelve a Europa, es una guerra simétrica y no somos nosotros quienes atacamos sino que somos atacados. Esto, repito, es la percepción de Europa occidental. A ese primer shock se sumó luego otro, cuando los líderes europeos se dieron cuenta de que Estados Unidos, después de haber desencadenado y avivado el conflicto, están a punto de retirarse, trasladando la carga a los aliados del viejo continente. Y es más, ciertamente no gastarían demasiado para defenderlos, en caso de que el conflicto se extendiera. En ese momento, entró en acción lo que yo llamo el síndrome de Hannibal[1], que los sumió en el pánico y los hundió en una loca carrera armamentista[2].

La posibilidad de una gran guerra convencional en territorio europeo, por tanto, no es ciencia ficción ni una hipótesis remota y, sin embargo, es probable que muchos actores en escena no la quieran realmente.

De hecho, estamos en un plano inclinado, que a su vez se vuelve cada vez más inclinado cuanto más avanzamos. Y es precisamente la inconsciencia con la que actúan las elites europeas el mayor motivo de preocupación hoy en día. Dado que, independientemente de las intenciones reales y de la plena conciencia, el escenario que se desarrolla contempla al menos concretamente esta posibilidad, puede ser un ejercicio útil tratar de pensar cómo se desarrollaría este conflicto, cuáles son los problemas con los que se encontraría la OTAN y, por tanto, qué resultados son previsibles.

Desde el punto de vista de la OTAN y la UE, los problemas a afrontar, en la perspectiva de un conflicto con Rusia, son numerosos, de diversa naturaleza y algunos simplemente insuperables.

Para empezar, por muchos esfuerzos de coordinación que se realicen, estamos hablando de 27/32 países diferentes, con diferentes fuerzas armadas, diferentes intereses estratégicos, diferentes fuerzas políticas, económicas e industriales. Esta fragmentación no es algo que pueda resolverse a corto plazo, mucho menos a la fuerza, y a falta de un liderazgo fuerte (el que Macron quisiera obtener para Francia, pero que ni él ni su país son capaces de ejercer) cada intento de homogeneización sólo puede pasar por un proceso de mediación, lento e inestable por naturaleza.

La transición a una economía de guerra, más allá del fácil entusiasmo con el que los líderes europeos se llenan la boca al respecto, es algo extremadamente complejo, que requiere mucho tiempo y considerables inversiones. Además, desarrollar un sistema industrial capaz de soportar las necesidades bélicas de un conflicto simétrico y de muy alto consumo requiere tanto una gran disponibilidad de energía como una adaptación infraestructural (redes de comunicación y sistemas de transporte, ante todo). Todas las cosas a las que los países europeos tienen poco acceso. Y a lo que no es fácil, ni rápido, encontrar una solución.

Otro aspecto fundamental, que muchas veces se olvida, es que la guerra tiene mucho que ver con la geografía. Rusia, a diferencia de Europa ­–y lo ha demostrado varias veces a lo largo de la historia– posee algo extremadamente relevante: una profundidad estratégica. Es decir, puede retirarse, ceder territorio al enemigo que avanza, sin correr el riesgo de quedarse sin más espacio hacia el que retirarse, consumiendo al mismo tiempo las fuerzas contrarias y alargando constantemente sus líneas logísticas y de suministro. Por el contrario, para los europeos cualquier retirada del frente significa el probable colapso de uno o más países. Además, en realidad Europa sólo tiene una gran barrera natural hacia el este, a saber, la cadena de los Cárpatos, que protege sin embargo el oeste de Rumanía y Hungría, pero que puede ser salvada tanto por el norte (a lo largo de la carretera Lviv-Varsovia-Berlín) como por el sur (a lo largo del eje Chisinau-Bucarest-Sofía).

Pero evidentemente los mayores problemas son los relacionados con el instrumento militar. Los ejércitos europeos son pequeños, están mal armados y prácticamente carecen de experiencia en combate. Esto es consecuencia de una doble estratificación, determinada a partir del final de la Guerra Fría, es decir, por un lado, la orientación hacia guerras cortas, asimétricas o largas pero de contraguerrilla, y siempre proyectadas a miles de kilómetros de distancia, y por el otro, la delegación al ejército estadounidense en relación con la protección máxima y de nivel superior.

El apoyo a Kiev durante los últimos dos años también ha revelado otros problemas, estructuralmente presentes en los ejércitos europeos. In primis, la escasez de municiones, que en el conflicto ucraniano ha demostrado ser un factor central y que obviamente tiene que ver directamente no sólo con las existencias, sino también con la producción industrial. Y en segundo lugar, pero no tanto, que los sistemas de armas occidentales –especialmente en el sector de los MBT y los tanques blindados– están en gran medida sobrevalorados y cuando se prueban con fuego se revelan pesados, delicados y de poca eficacia en combate.

El hecho de que los ejércitos occidentales se hayan centrado en gran medida en una (presunta) superioridad tecnológica ha mostrado todos los límites de tal enfoque, ya que la mayoría de los sistemas de armas utilizados son extremadamente caros, producidos en cantidades limitadas y con plazos de entrega medio-largos, sujetos a desgaste y que requieren mantenimiento especializado continuo. Y es más, ni siquiera son capaces de asegurar una ventaja decisiva en el campo de batalla.

Además, la sofisticación de los armamentos tiene un impacto negativo en otro de los aspectos problemáticos con los que tienen que lidiar las fuerzas armadas europeas. En efecto, la necesidad de desplegar un mayor número de militares no es sólo un problema de modificación de los sistemas de reclutamiento, sino también y sobre todo de formación. El uso de herramientas tecnológicamente sofisticadas presupone no sólo un mayor tiempo para aprender a utilizarlas, sino también una cantidad suficiente de instructores competentes y lugares para la formación. Lo cual, evidentemente, no se trata simplemente, por ejemplo, de conducir un carro o de utilizar un arma de fuego. La parte más compleja es la gestión del combate, por lo tanto la capacidad de utilizar sistemas de armas en condiciones de coordinación multinivel, entre diferentes unidades y con diferentes roles, etc. Todo ello extremadamente difícil de simular y a lo que incluso las maniobras periódicas de la OTAN sólo pueden responder de forma limitada; tanto porque se trata evidentemente de desfiles que se desarrollan en un contexto completamente desprovisto de los elementos de imprevisibilidad y peligro real que toda batalla conlleva, como porque todavía afectan a un número limitado de efectivos.

Por tanto, un aumento del personal militar europeo, a corto y medio plazo, no tendría un impacto significativo en las capacidades de combate. Obviamente sin considerar el factor psicológico, que en una guerra de desgaste de alta intensidad alcanza niveles considerables de estrés, especialmente para los reclutas que no están culturalmente preparados para la perspectiva de la guerra.

Según algunas estimaciones, para enfrentarse a Rusia, la OTAN debería desplegar al menos 300.000 hombres en las fronteras orientales. De ellos, se supone que al menos un tercio son soldados estadounidenses, pero esto dependerá en gran medida del resultado de las próximas elecciones presidenciales estadounidenses y de lo que de ellas se derive. En cualquier caso, se trata de un frente muy largo, que va desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro, aunque presumiblemente el grueso del mismo se concentraría en Polonia. Prácticamente ninguno de estos hombres tendría experiencia de combate en una guerra simétrica y con intenso fuego; sólo unas pocas decenas de miles podían presumir de experiencia en combate contra bandas guerrilleras.

Contra ellos, Rusia presumiblemente desplegaría no menos de 2 millones de hombres, de los cuales prácticamente la mitad fueron entrenados en el campo ucraniano.

Además, la disparidad en las capacidades de combate (como lo demuestra claramente el conflicto ucraniano) se refleja inmediatamente en la cantidad de pérdidas y la dificultad de reponerlas. Los ejércitos europeos pronto se encontrarían desplegando principalmente carne de cañón.

Y además, los ejércitos de la OTAN están estructurados en función de conflictos rápidos y de gran movilidad, aunque es razonable pensar que este posible conflicto tendría las mismas características que el que se libra en Ucrania, sólo que a una escala mucho mayor. Y esto, inevitablemente, aumentaría las dificultades para las fuerzas estructuradas sobre un modelo radicalmente diferente al que tendrán que afrontar.

Las fuerzas armadas de la OTAN probablemente sólo tengan una ventaja en lo que respecta a la aviación, ya que pueden disponer de un mayor número de aviones, especialmente de cuarta y quinta generación. Obviamente, la cuestión es si esta superioridad es suficiente o no para asegurar, si no exactamente el dominio del aire, al menos una capacidad de ataque eficaz. Las fuerzas armadas rusas ciertamente tienen excelentes sistemas antiaéreos y antimisiles, pero es probable que no sean estos los que marquen la diferencia, sino más bien el sector en el que el dominio ruso es bastante claro: los misiles y las bombas.

De hecho, la aviación de la OTAN, mucho más que superar las defensas rusas, debería preocuparse por poder despegar. Dado que la superioridad occidental es bien conocida, es razonable pensar que los rusos lanzarían primero una andanada de misiles hipersónicos contra las principales bases aéreas de la OTAN, que alcanzarían el objetivo en apenas unos minutos[3].

El sector de los misiles es sin duda uno de aquellos en los que Moscú podría aprovecharse más fácilmente para asegurarse una ventaja estratégica. Además de ser utilizable para paralizar la aviación occidental, de hecho, también podría usarse para atacar con precisión otros objetivos: rutas de comunicación, fábricas y depósitos de armas, centros de mando…

Además, Rusia puede presumir ahora de una sólida experiencia en el uso de drones de todo tipo, tanto para observación como de ataque, así como en el desarrollo de sistemas de contraste para este tipo de sistemas de armas, desde interferencias electrónicas hasta drones antidrones, pasando por las pequeñas unidades móviles recientemente creadas para interceptar y matar.

Según las evaluaciones de varios expertos militares, las fuerzas armadas de la OTAN tendrían presumiblemente (y basándose exclusivamente en su potencia de fuego) una posibilidad de resistencia de unos dos o tres meses. Es razonable pensar en un período más largo, digamos al menos seis meses, antes de poder estabilizar la fuente. Pero, obviamente, en ese punto la línea de batalla estaría dentro de los países europeos, con todo lo que esto implica tanto a nivel militar como moral y psicológico. Con toda probabilidad, los países bálticos serían ocupados, al igual que Moldavia, partes de Rumania y Polonia –incluida Varsovia. El nivel de devastación en la retaguardia sería impresionante y la supervivencia de las poblaciones estaría en gran riesgo.

Aunque un conflicto europeo que termine con una nueva derrota de la OTAN sonaría como una señal de alarma roja, para Estados Unidos todavía es muy poco probable que decidan salir al campo ellos mismos. De hecho, a diferencia de las dos guerras mundiales anteriores, en primer lugar, el enemigo ahora tiene un poderoso arsenal nuclear, con el que fácilmente podría causar un daño terrible a los propios EE.UU., y en segundo lugar, en este caso ya no sería una guerra dirigida a la expansión imperial, sino de una parte del conflicto más amplio en el que Washington se encuentra luchando para defenderla.

Como ya se dijo en el pasado, Estados Unidos sin Europa es sólo una gran isla, pero en el contexto geoestratégico en el que estamos pensando también es un peón prescindible. Por las mismas razones, es prácticamente imposible que Francia o Gran Bretaña (los únicos países europeos de la OTAN que las poseen) utilicen armas nucleares con fines defensivos. En ese caso, de hecho, ni siquiera se trataría de destrucción mutua asegurada, sino de la destrucción total de Europa.

Un conflicto convencional de esta escala, sin embargo, representaría una seria amenaza para una serie de bases absolutamente estratégicas para Estados Unidos, cuya relevancia va mucho más allá del teatro europeo. En particular, la de Ramstein en Alemania, y las de Sigonella y Niscemi. Es razonable pensar, por tanto, desde el momento en que se vislumbra una situación de tipo ucraniano (importantes pérdidas territoriales, dificultades de resistencia, fragilidad del equilibrio político interno…) que Washington maniobraría para congelar la situación antes de que esta ponga en riesgo los nudos más importantes de su red militar global.

Evidentemente, incluso independientemente de las pérdidas humanas y materiales, el grave riesgo de un posible conflicto de este tipo conduciría no sólo a la humillación de Europa, sino a su caída en una condición aún más acentuada de dependencia-sometimiento. Significaría destruir durante décadas cualquier posibilidad derecuperación, moral y política ante todo, pero no sólo. Por este motivo, es importante comprender plenamente cómo una tercera gran guerra en suelo europeo tendría consecuencias terribles para generaciones y, por tanto, es necesario hacer todo lo posible para evitarla. Impedir que los Strangeloves jueguen con fuego, antes de que el juego se salga de control y no sea demasiado tarde.

Strangelove es el nombre de un personaje de la película de Stanley Kubrick, de 1964, titulada “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (en España, “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú”; en Hispanoamérica, “Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”. Convencido de que los comunistas están

contaminando los Estados Unidos, un general ordena, en un acceso de locura, un ataque aéreo nuclear sorpresa contra la Unión Soviética. Su ayudante, el capitán Mandrake, trata de encontrar la fórmula para impedir el bombardeo. Por su parte, el Presidente de los EE.UU. se pone en contacto con Moscú para convencer al gobierno soviético de que el ataque no es más que un estúpido error. Mientras tanto, el asesor del Presidente, un antiguo científico nazi, el doctor Strangelove, confirma la existencia de la “Máquina del Juicio Final”, un dispositivo de represalia soviético capaz de acabar con la humanidad para siempre.

Notas

[1] Durante la Segunda Guerra Púnica, los ejércitos cartagineses de Aníbal, tras cruzar los Alpes, penetraron en la península italiana, provocando allí guerra y destrucción durante dieciséis años. Esto fue percibido por Roma como la mayor amenaza que jamás haya ocurrido, y el resultado fue un deseo de aniquilación hacia la potencia rival (Cartago fue luego arrasada) y un profundo replanteamiento del ejército romano.

[2] Como ya se ha examinado más detalladamente (ver “Desmentir la profecía”, Giubbe Rosse News en https://giubberossenews.it/2024/02/16/smentire-la-profezia/), el aumento del belicismo europeo, aunque probablemente no corresponda a un deseo real de hacer la guerra a Rusia, sino más bien a mostrarse dispuesto disuadir a Moscú, en realidad corre el riesgo de tener el efecto contrario, es decir, aparecer como una amenaza desde el punto de vista ruso y, en consecuencia, ser tomado en serio.

[3] Los misiles hipersónicos son prácticamente ininterceptables. Viajan a una velocidad de unas 9 veces la del sonido, es decir, más de 10.000 kilómetros por hora. La posible maniobra de interceptación implica que el radar detecte el misil y transmita sus coordenadas al sistema antiaéreo (Patriot), luego el sistema Patriot tarda de cinco a siete minutos en entrar en funcionamiento. Un misil Zircon recorre aproximadamente 1.000 km en ese período de tiempo. Uno de los principales requisitos para la interceptación es la presencia de un campo de radar continuo, que permita detectar el objetivo desde el principio hasta el final del vuelo. Pero un radar siempre activo significa convertirlo en un objetivo identificado y localizado, que puede ser atacado con drones o bombas planeadoras.

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