sábado, 10 de febrero de 2024

Los agricultores y la población trabajadora contra la Unión Europea

 


Los agricultores y la población trabajadora contra la Unión Europea


Por Juan Viera Benítez

El Viejo Topo

9 de febrero de 2024 /

 

El encarecimiento de los alimentos está empobreciendo y actuando como un verdugo que tortura y sacrifica a las clases sociales más débiles. Muchas de las familias que cobran el IMV o las rentas mínimas con los ingresos que perciben tienen prohibido el acceso a ciertos alimentos producidos en el campo. Los agricultores se arruinan con los precios de lo que producen. Los intermediarios, los monopolios, las entidades bancarias y las grandes superficies se enriquecen con beneficios millonarios. Los datos estadísticos así lo corroboran: aumentan las familias en exclusión social, las rentas agrarias disminuyen y los beneficios de los bancos son multimillonarios.

Todo esto pone de manifiesto que dentro de los límites de las sociedades capitalistas se agudizan los problemas que sufren las capas trabajadoras que poco a poco se rebelan contra un sistema que los explota y oprime. En este caso concreto son los agricultores de los países europeos los que no han podido aguantar más y saltan a la calle expresando su ira y su rabia contra las políticas que les hunden. Nacen en la Unión Europea y las aplican los gobiernos al pie de la letra, como normas escritas en piedra.

Las decisiones que emanan de las instituciones de la Unión Europea tienen como grandes objetivos beneficiar al gran capital materializado en las multinacionales, las grandes entidades bancarias y financieras, las grandes superficies y los grandes latifundistas. Las normas concretas que fijan estas directivas comunitarias están devastando el campo y con ello la depauperación y la soberanía alimentaria de nuestros pueblos.

El sometimiento al imperialismo está presente en las decisiones que permiten a Ucrania, ya en manos de los grandes fondos de inversión americanos, vender libremente en Europa arruinando a las economías más débiles, además de los muchos acuerdos de libre comercio con grandes agrupaciones comerciales, como Mercosur u otras entidades supranacionales o países más o menos desarrollados económicamente.

En todo caso, se trata de facilitar el comercio de productos y servicios con la particularidad de que lo que se nos divulga como libre intercambio es muy favorable a los países del Norte de Europa. Así, una figura de esta reciprocidad comercial con algunos de los terceros países menos desarrollados económicamente es la de que a cambio de comprar productos que se originan en los países más ricos e industrializados del continente europeo se les permite relativa libertad para vender sus producciones agrarias en Europa. Lo curioso de todo esto es que los productos agrícolas y ganaderos que vienen de terceros países están producidos por grandes compañías europeas y americanas que se mueven con plena libertad en Marruecos o en países de otros continentes en donde los costes de producción son más baratos y con menos controles fitosanitarios que en Europa. Este sistema de compra venta está en crisis como estamos viendo en toda Europa con la rebelión de los agricultores europeos.

La Ley tendencial capitalista de la concentración y centralización de capital adquiere en la agricultura un grado de desarrollo tal que no tiene que envidiar lo que está sucediendo con las grandes concentraciones de entidades bancarias e industriales.

Este estado de cosas se ve propiciado por las políticas de ayudas y subvenciones provenientes de Bruselas que lucran a los dueños de extensas propiedades de tierras y se recortan o eliminan a quienes tienen un número pequeño de hectáreas. Hay que señalar el rechazo campesino a unas reglas medioambientales contenidas en la agenda 2030 que difícilmente pueden cumplir, alejándolos de algunas ayudas concretas.

En definitiva, el saqueo y la rapiña, permitido y favorecido por las instituciones nacionales y europeas, que llevan a cabo quienes tienen en sus manos el dinero, las semillas, los abonos, los fertilizantes, está arruinando a los pequeños y medianos agricultores que cada vez con más frecuencia se ven obligados a abandonar el campo y vender sus tierras a los fondos de inversión o a grandes propietarios agrícolas.

Hay una repulsa general en el sector a la burocracia que les obliga a un amplio e intenso papeleo que los hace dependientes de agencias y gestorías privadas para la realización de los trámites administrativos necesarios para acceder a estas subvenciones europeas y a la hora de establecer o modificar cultivos en sus tierras. En ocasiones, no entienden las preferencias poco racionales establecidas en estas normativas medioambientales que se justifican oficialmente por el cambio climático.

La Ley de la Cadena Alimentaria fue una herramienta que no ha tenido la eficacia prevista por el gobierno y que a fin de cuenta se interpreta más como un artilugio creado por el Poder Político para salir del paso y acallar el movimiento social iniciado hace unos años. En resumen, este conjunto de instrumentos políticos creados en las sociedades capitalistas, divulgados y ampliamente publicitados como soportes de las rentas agrarias no solucionan verdaderamente los problemas y pretenden periodos cortos de estabilidad y paz social para el gobierno establecido.

La única manera de acabar con la ruina y el saqueo a la que están sometidos los productores agrícolas y lograr una verdadera soberanía alimentaria al servicio del pueblo es romper con el capitalismo y sus normas. El estado está organizado para prestar servicio y administrar los intereses de las burguesías regionales y nacionales cuyos intereses son muy diferentes a los que tienen los agricultores.  Para romper estas estructuras dominantes los campesinos se tienen que organizar al margen de las asociaciones agrarias y entidades políticas que están demostrando que son pilares que contribuyen a la estabilidad de un sistema económico y social regulado por el gran capital condensado y personalizado en las grandes corporaciones económicas y financieras, y cuyos dirigentes se mueven como peces en el agua al socaire de las grandes burguesías agrarias y monopolios industriales.

La lucha de los agricultores además de extender y propagar sus reclamaciones al conjunto de la sociedad, para mejorar su efectividad deben conseguir la intervención directa y el control de las disposiciones, mandatos y preceptos que se toman en los entes políticos territoriales y les afectan tanto en aspectos administrativos como productivos. Para ello, los campesinos se tienen que organizar de modo independiente eligiendo a sus representantes, trabajando y en colaboración con otras capas sociales para organizar y planificar la producción de los alimentos en base a las necesidades de la sociedad. En todo esto es fundamental que desarrollen su propia capacidad organizativa rompiendo con las estructuras que los quieren manipular y controlar, eligiendo a sus representantes en los pueblos, en las provincias, en las naciones y en Europa. La lucha es antifascista, internacionalista y antiimperialista.

El ejemplo más claro, es lo ocurrido días atrás en Bruselas. Mientras los agricultores protestaban en la puerta del parlamento europeo, se celebraba la última cumbre en Bruselas en la que se acordó conceder 50.000 millones de euros para continuar la guerra de Ucrania contra Rusia. La UE no tiene vergüenza en destinar miles de millones para las matanzas humanas mientras desprecia las reclamaciones y mire para otro lado ante la ruina del mundo agrícola.

La presidenta del Ejecutivo comunitario, la burócrata URSULA VON DER LEYEN dijo que los agricultores merecen ser escuchados, pero en vez de ello la sede del Parlamento Europeo fue rodeado de barreras anti tractores. El único que salió a recibirlos fue el presidente de Hungría VICTOR ORBAN, al que la diplomacia y los medios de comunicación occidentales tachan de ser un dictador.

En Francia, el gobierno pide levantar las sanciones contra Rusia en el gas y el petróleo. Pero la UE prepara un nuevo plan de sanciones que creará más dificultades y un empobrecimiento en los países europeos.  La UE no quiere dar solución a las reclamaciones de los agricultores que se centran en cuestiones que tienen que ver con la inflación, el alza en los precios energéticos y de fertilizantes que se han encarecido enormemente con las sanciones económicas a Rusia, actuando como un boomerang contra los países de la UE. Por este motivo los agricultores con el resto de la población trabajadora tenemos que unirnos y trabajar por otras instituciones, tenemos que luchar por otra sociedad en donde la justicia y la solidaridad sea la directiva mundial a seguir.

Imagen de portada:  Agricultura 7 .  Public Domain Pictures | Detalles de la licencia

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El sueño americano: Alemania fuera del euro. [Los trabajadores europeos con amigos como el capital dominante USA, ¿para qué necesitamos enemigos?, si ya estamos sobradamente cumplidos. Lo que nos hace falta es despertar]

 

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) propondrá un referéndum sobre la salida de Alemania del euro (Dexit). Tras el Brexit, la hipotética salida de los alemanes de la eurozona conduciría en la práctica a la balcanización de Europa.


El sueño americano: Alemania fuera del euro


Vicenzo Maddaloni

El Viejo Topo

10 febrero, 2024 



Como señala Joel Kotkin en la revista Forbes, durante décadas «los países del norte (Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Países Bajos, Finlandia y Reino Unido) han compensado las bajísimas tasas de fertilidad y la caída de la demanda interna con la llegada de inmigrantes y la creación de economías altamente productivas orientadas a la exportación». Siguiendo así la doctrina del Schuldenbremse (freno a la deuda) que Alemania introdujo en su Constitución en 2009 con el objetivo imperativo de que «cada generación pague sus propios gastos y no consuma los impuestos que sus hijos pagarán en forma de deuda».

Alemania lograría sucesivos superávits económicos en los últimos cinco años porque los tipos de interés cero o negativos del BCE exigían menos dinero para pagar la deuda pública y le permitieron acumular reservas para hacer frente a la crisis social COVID-19 con un impulso masivo de la inversión estimado en 20.000 millones de euros para reactivar la economía.

Sin embargo, según un análisis del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), Alemania está actualmente lastrada por la guerra de Ucrania y el corte total del suministro de gas ruso, que ya han provocado una contracción de unos 100.000 millones de euros (2,5% del PIB). Los efectos secundarios de esta contracción serán la entrada de la economía en recesión y el aumento de la tasa de desempleo, junto con una inflación galopante y la liquidación de los excedentes comerciales.

El atasco de las locomotoras alemanas

Así, según euronews.com , la locomotora alemana se hundiría en el cuarto trimestre de 2023 (crecimiento negativo del PIB del 0,3 %) debido al aumento de los precios de la energía, la reducción de la producción industrial por la debilidad de la demanda europea, el estancamiento del consumo interno y la pérdida de competitividad frente al resto del mundo, lo que provocaría una fuerte caída de las exportaciones del 1,2 % en 2023.

Por otro lado, la subida de los tipos de interés por parte del BCE al 4,5%, combinada con una inflación galopante del 5,9% en 2023, se tradujo en un estancamiento de los salarios reales en Alemania, ajustes fiscales y recortes de las subvenciones agrícolas que pondrían en peligro el campo alemán y el resto del mundo. Más sindicatos en pie de guerra.

Charles Dumas (Lombard Street Research Londres), sostiene que «una vuelta al caro marco alemán comprimiría los beneficios, aumentaría la productividad y elevaría los ingresos reales de los consumidores, porque en lugar de prestar los excedentes de ahorro a los países periféricos, los alemanes podrían disfrutar de mejores niveles de vida en casa. «.

Según un reciente informe de la UE, 7,5 millones de alemanes trabajan en empleos con bajos ingresos (minijobs) y, según la ONG Paritätischer Gesamtverband, el porcentaje de personas en riesgo de pobreza en Alemania es del 14% (16,6% de la población).

Esto, unido a la elevada tasa de inmigrantes en Alemania (casi el 20%), provocará una exacerbación de los sentimientos xenófobos en la sociedad alemana (especialmente entre los alemanes del Este), debido a la reducción de la oferta de mano de obra, la consiguiente competencia feroz por los puestos de trabajo y la transformación de muchos distritos suburbanos en auténticos guetos de inmigrantes, por lo que cabe esperar un espectacular ascenso de los grupos de extrema derecha en las próximas elecciones de 2025.

¿Después del Brexit vendrá el Dexit?

Según una encuesta realizada por TNS-Emnid para el semanario Focus, el 26% de los alemanes se plantearía apoyar a un partido que quisiera sacar a Alemania del Euro, así lo afirma la estrella emergente del firmamento político alemán, «Alternativa para Alemania» («AfD»), formada inicialmente por académicos y empresarios, pero que se ha radicalizado y ha adoptado postulados claramente xenófobos, como la posible expulsión de millones de ciudadanos extranjeros, se plantea proponer un referéndum sobre la salida de Alemania del Euro (Dexit).

La hipotética salida de Alemania del euro significaría el principio del fin de la eurozona y la gestación de una nueva cartografía económica europea que supondría la vuelta al estancamiento de los compartimentos económicos y el triunfo de Estados Unidos en la balcanización de Europa.

Fuente: The Berlin89

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El malestar europeo del campo evidencia las incoherencias del neoliberalismo verde

 

El malestar europeo del campo evidencia las incoherencias del neoliberalismo verde

 

Por Enric Bonet

Rebelion

09/02/2024



Fuentes: El salto


Desde Polonia hasta España, pasando por Alemania y Francia, la oleada de protestas de agricultores refleja la dificultad de llevar a cabo una transición ecológica del sector con los postulados económicos actuales.

El fantasma de una revuelta campesina planea sobre Europa. Los agricultores han multiplicado en las últimas semanas las tractoradas, cortes de carretera y otras acciones de contestación en numerosos países del Viejo Continente. Alemania, Francia, Polonia, Países Bajos, Rumania, Italia… Es larga la lista de los Estados donde se ha producido este tipo de movilizaciones, que también tienen lugar en los últimos días en España. Aunque las protestas de los sindicatos agropecuarios resultan un clásico, sorprende la rápida propagación por Europa. Un efecto de bola de nieve que evidencia la dimensión estructural del malestar del campo.

“Se trata de un movimiento social de envergadura que no habíamos visto desde la crisis lechera de 2009. Entonces, ya hubo grandes movilizaciones”, recuerda Edouard Lynch, historiador del mundo agrícola y profesor en la Universidad Lumière-Lyon 2, en declaraciones a El Salto. Desde los grandes medios y buena parte de la clase política —desde el centro hasta la ultraderecha—, se ha impuesto una interpretación parcial e interesada: se trata de un pulso entre un pulso entre los agricultores y los ecologistas. “Me parece muy simplista decir que todo esto se debe a las normas medioambientales”, asegura el economista Maxime Combes. Más que un rechazo de la transición verde del sector primario, esta indignación es el fruto de las incoherencias del neoliberalismo verde.

En realidad, el sector primario europeo sufre una crisis capitalista de manual. Los agricultores y ganaderos están muriendo de éxito. La industrialización y la modernización durante la segunda mitad del siglo XX aumentaron la productividad del campo y convirtieron a Europa en una potencia agrícola que exportaba sus excedentes. Pero desde principios de este siglo ese modelo se encuentra estancado. Y buena parte de los campesinos europeos viven atrapados en esta lógica productivista: intentan invertir en maquinaria más moderna sin lograr incrementos significativos de productividad, pero sí que aumentan sus deudas y emisiones de dióxido de carbono.

La PAC se rige por criterios productivistas y poco sociales

A eso se le suman las incongruencias de las políticas públicas en el Viejo Continente. El sector recibe una gran cantidad de ayudas, sobre todo, los 41.400 millones de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea. No obstante, estas subvenciones se distribuyen de manera desigual y con una lógica (basada en la cantidad de hectáreas) en las antípodas de la justicia social, además de resultar insuficientes para impulsar una transición verde del sector. En 2020, el 0,5% de las explotaciones europeas más grandes recibieron el 16,6% de los fondos de la PAC, con ayudas individuales superiores a los 100.000 euros, mientras que el 75% de los pequeños y medios percibieron apenas el 15%, con menos de 5.000 euros cada uno.

En 2001 se pagaba a los productores 0,25 euros por un litro de leche, mientras que en 2022 había bajado a 0,24. El precio del litro envasado en los supermercados ha subido de 0,53 a 0,83

Pese a las considerables cantidades de dinero público que recibe, el sector primario destaca por su desregulación. El intervencionismo en los precios y excedentes establecido cuando se creó la PAC en 1962 siguiendo criterios keynesianos —esa medida se inspiró en el New Deal del estadounidense Franklin Delano Roosevelt— ha ido desapareciendo durante las últimas décadas de hegemonía neoliberal. Además, se han suprimido los aranceles sobre los alimentos extranjeros con la firma de acuerdos de libre comercio.

Esta liberalización ha perjudicado a los productores en beneficio de las empresas alimentarias y la gran distribución. Tampoco los consumidores han salido especialmente beneficiados. El ejemplo del precio de la leche en Francia resulta cristalino. En 2001 se pagaba a los productores 0,25 euros por un litro, mientras que en 2022 había bajado a 0,24. Durante las dos últimas décadas, en cambio, el precio del litro envasado en los supermercados ha subido de 0,53 a 0,83. Los márgenes de la industria agroalimentaria se han incrementado un 64% y los de la gran distribución, un 188%, según un estudio reciente de la Fundación para la Naturaleza y el Hombre.

“Hace falta dinero público” para la transformación ecológica

El modelo agrícola europeo se asienta sobre unos cimientos tan frágiles como contradictorios. Sus incongruencias dificultan la posibilidad de llevar a cabo una ambiciosa transición verde, a pesar de las promesas en ese sentido de los Gobiernos y la Comisión Europea. “Los Estados no asumen que, si quieren llevar a cabo la transformación ecológica, hace falta invertir más dinero público”, sostiene Lynch, quien recuerda que “la modernización agrícola a partir de la década de los sesenta se llevó a cabo con grandes inversiones nacionales y europeas”.

Impulsadas entonces para modernizar el sector, las ayudas públicas se han convertido en un medio de supervivencia para una profesión tan desigual como precarizada. El ingreso medio neto de los agricultores en Francia resulta inferior al salario mínimo. Un 18% de ellos viven por debajo del umbral de la pobreza, un porcentaje claramente superior al 13% del conjunto de los activos. “Excepto los grandes viticultores y productores de cereales, una parte significativa del mundo campesino no logra vivir de su trabajo”, explica Combes, buen conocedor del sector primario y miembro del AITEC, sobre la situación de la agricultura francesa que no resulta muy diferente a la de otros países europeos.

“Cuando llego a final de mes, no me queda ningún ingreso neto. Vivo gracias al salario de mi mujer”, reconocía Yves, de 58 años, un agricultor de trigo ecológico entrevistado por El Salto en Agen, una pequeña de localidad del suroeste de Francia donde los cortes de carretera y acciones diarias empezaron desde el 22 de enero. “Dieron ayudas para que hiciéramos agricultura ecológica, pero ahora la oferta resulta superior a la demanda”, lamentaba. La crisis de la comida biológica ejemplifica los límites del neoliberalismo verde. La elevada inflación de los últimos años ha menoscabado la venta de estos alimentos más caros. En el caso de Francia, su parte del mercado ha caído al 6%, el mismo porcentaje que en Estados Unidos.

“El mensaje que están dando a los agricultores es que sobre todo no deben convertirse a los cultivos ecológicos, puesto que, si lo hacen, tendrán grandes problemas”, advierte Aurélie Catallo, una especialista en políticas agrícolas europeas. Los dirigentes “se han olvidado de impulsar una evolución simultánea de la oferta y la demanda” de los alimentos bio, añade esta experta del IDDRI, un laboratorio de ideas de París. Recuerda el caso de una ley aprobada en 2022 en Francia que estableció un mínimo de 20% de comida de ese tipo en las cantinas estatales (escuelas, hospitales, administración…), un objetivo que, de momento, ha resultado imposible de cumplir.

Las concesiones hechas a los dos principales sindicatos agropecuarios han dejado la agricultura ecológica como la gran sacrificada

Según Catallo, “el hecho de que la PAC continúe repartiéndose en función de las hectáreas impone la lógica del productivismo, pero no se puede efectuar una transición agroecológica produciendo el máximo posible. No se dice a los campesinos que ya no estamos en la década de los setenta y que el desafío ahora es una alimentación más sana y que respete el medioambiente”. Unos objetivos que, de momento, se encuentran lejos de la realidad. El sector primario emite el 20% de las emisiones de CO2 en Francia, mientras que España tiene el triste privilegio de encabezar el podio de los países que utilizan más pesticidas en el Viejo Continente.

Antes neoliberal que verde

A pesar de que el actual malestar del campo refleja las incoherencias del neoliberalismo verde y la dificultad de llevar a cabo una transición ecológica si persiste el problema de la baja remuneración de los campesinos, la primera reacción de la clase dirigente ante estas protestas del campo ha resultado previsible: si deben elegir entre lo neoliberal y lo verde, se quedan con lo primero.

“Vamos a hacer que rimen el clima con el crecimiento”, aseguró la semana pasada el primer ministro francés, Gabriel Attal, durante su discurso de política general. Pese a su juventud —con 34 años es el responsable del Gobierno más joven en la historia de la Quinta República—, Attal ha aportado una respuesta a la rabia del campo que supone un viaje al pasado. Las concesiones hechas a los dos principales sindicatos agropecuarios —defensores incondicionales de la agricultura industrial a diferencia de otras organizaciones, como la Confédération Paysanne, que continúan con las protestas— han dejado la agricultura ecológica como la gran sacrificada.

El marco discursivo anhelado por la ultraderecha, el campo contra la ecología, no solo ha sido aceptado por una parte de los sindicatos agrícolas, sino también por los partidos y medios mainstream

Primero, el Gobierno de Emmanuel Macron y Attal renunció a una supresión progresiva de la subvención fiscal del diésel rural. Luego, suspendió la aplicación de un plan para reducir el uso de pesticidas, impulsado en 2008 por el conservador Nicolas Sarkozy y que había dado muy pocos resultados hasta ahora. También consiguió que la Comisión Europea derogara el 4% de tierras en barbecho como uno de los pocos criterios medioambientales en la repartición de la PAC. Con menos concesiones que en Francia, el Ejecutivo alemán de Olaf Scholz también ha cedido a las reivindicaciones productivistas de los principales sindicatos agrícolas. En Alemania, la subvención del combustible rural no se aplicará este año, sino de manera progresiva.

“El gran problema es el Green Deal (Pacto Verde de la UE) y su visión claramente basada en el decrecimiento, ya que esto hará que bajemos nuestra producción en un momento en que las importaciones no paran de aumentar”, afirmó a finales de enero el presidente de la FNSEA —principal organización agrícola en Francia—, Arnaud Rousseau, conocido por poseer más de 700 hectáreas y cuyos intereses se encuentran a las antípodas de los pequeños y medianos campesinos. El marco discursivo anhelado por la ultraderecha, el campo contra la ecología, no solo ha sido aceptado por una parte de los sindicatos agrícolas, sino también por los partidos y medios mainstream.

El rechazo a Mercosur, ¿una posición electoralista?

Esto ha venido acompañado por ciertas dosis de un nacionalismo banal —desde la defensa por parte de Pedro Sánchez del “imbatible” tomate español hasta la promesa de Attal de impulsar una ley sobre la “soberanía alimentaria”— para responder a la indignación rural. Aunque poner un freno al comercio mundial y priorizar la producción de proximidad resulta una opción defendida tanto por los sindicatos agrícolas de derechas e izquierdas, las declaraciones de las últimas semanas corren el riesgo de quedarse en meras palabras.

“De ninguna manera, Francia aceptará este tratado”, afirmó la semana pasada Attal refiriéndose al acuerdo de libre comercio que la Unión Europea negocia con Mercosur (principales países de América Latina). Pese a esta contundencia discursiva, las ONG temen que se trate de una posición de cara a la galería, sobre todo con la mirada puesta en las elecciones europeas del 9 de junio, en que la ultraderecha amenaza con sacar un rédito electoral a la rabia del campo.

Aunque Macron ya había expresado en 2019 su rechazo al tratado con Mercosur, este se siguió negociando. El Gobierno francés había dado en 2021 señales de que terminaría aceptándolo. “La UE está encerrada en unas contradicciones enormes y está dispuesta a perjudicar la agricultura para favorecer las exportaciones industriales y de servicios”, critica Combes, quien menciona otros tratados de libre comercio (Chile, Kenia o Nueva Zelanda) adoptados recientemente. “Todo esto provoca el sentimiento de que se está sacrificando la agricultura”, concluye.

Enric Bonet @EnricQuart

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viernes, 9 de febrero de 2024

Agricultores en Euskadi, Andalucía y Castilla y León apuntan certeros, y se concentran contra uno de los causantes de su precaria situación actual: Mercadona

 

 

Agricultores en Euskadi, Andalucía y Castilla y León apuntan certeros, y se concentran contra uno de los causantes de su precaria situación actual: Mercadona

TERCERAINFORMACION / 09.02.2024

  • Los alimentos se encarecen hasta un 875% desde su venta en origen -en el campo- hasta que llegan al supermercado. 
  • Ajenos a las falacias sobre la «Agenda 2030 de la ONU», u otras conspiraciones sin fundamento… que tratan de desviar la atención sobre las causas y causantes de los problemas en el campo, agricultores y ganaderos de la comarca de Antequera (Málaga) han vuelto a concentrarse en los aledaños del centro logístico de Mercadona (que concentra el 25% de la distribución alimentaria en España), en el polígono industrial, como hicieran en la noche del miércoles. También hicieron lo propio el martes frente al centro logístico de esta empresa en Jundiz (Vitoria), o en Villadangos (León).

Trabajadores del campo bloquean el centro logístico de Mercadona en Antequera

Andalucía

En el centro logístico de Mercadona en Antequera -una de las mayores plataformas de distribución de alimentos de Andalucía- los agricultores movilizados han recibido la visita de los antidisturbios, que han intentado dispersarlo mediante botes de humo. Antequera fue este miércoles el epicentro de las protestas de agricultores andaluces en la noche del miércoles al jueves donde hubo cargas de la Policía Nacional contra los manifestantes.

Los agricultores piden igualdad en las formas de producir y poder seguir trabajando y viviendo en el campo para abastecer de los alimentos a la población. Señalan el abuso de las grandes comercializadoras de alimentos, con márgenes de beneficio que multiplican por varios cientos o por mil los precios de los productos en origen. Consideran que no están respaldados por las autoridades y no tienen los mismos requisitos que otros países exportadores a la Unión Europea.

Los tractores se unieron a las concentraciones de agricultores a pie, y durante la noche del miércoles la Policía Nacional recibió la orden de abrir el paso bloqueado en la zona del centro logístico de Mercadona en Antequera, utilizando pelotas de goma y gases para dispersar a la concentración.

Los agricultores movilizados lograron el corte temporal de la A-92 a su llegada a Antequera y en en la autovía A-45 donde camiones aguardaban poder entrar y salir del lugar, provocando retenciones de varios kilómetros. El jueves amaneció en calma.

Euskadi

El martes, 400 tractores tomaron las carreteras de Álava en una movilización histórica. El sindicato UAGA tomó la senda de las protestas del sector agrario en Europa reclamando las mismas condiciones para la importación que para los cultivos de la UE. Varias columnas de tractores llegaron a Vitoria-Gasteiz provocando atascos importantes, para bloquear finalmente el acceso de camiones y trabajadores al centro logístico de Mercadona en Jundiz (Vitoria). Allí se concentraron más de 400 tractores y cientos de agricultores y ganaderos.

Nuevamente, la Ertzaintza se desplegó y finalmente los agricultores abandonaron el lugar.

El sector agrario de Álava denuncia las complicadas condiciones que les generan las normativas de la Unión Europea. «La gente está muy cansada por que los rendimientos en el sector son cada vez más bajos», explica Jon Morada, vicepresidente de UAGA.

Estas son algunas de las reivindicaciones de UAGA:

·         Flexibilización y simplificación de la actual PAC (Política Agrícola Común). La excesiva burocracia supone unos costes inasumibles para los agricultores y ganaderos profesionales. No cumplen los objetivos en materia medioambiental.

·         La modificación y ampliación de la Ley de la Cadena Alimentaria para prohibir las prácticas desleales para que los precios de los agricultores cubran los costes de producción. Asimismo, la AICA (Agencia de Información y Control Alimentario) debería de aplicar sanciones económicas más acordes a la infracción sometida y que se amplíen sus recursos de control.

·         Frenar la especulación y la compra de tierra por parte de agentes de fuera del sector agrario y de fondos e inversión. Se debe impedir la instalación de energías renovables en terrenos agrarios.

·         Facilitar, mediante mecanismos voluntarios, el acceso a la tierra a las personas jóvenes y nuevos agricultores, así como a quienes tienen una base territorial inferior a la media de su sector productor.

·         El cese inmediato de las negociaciones de los acuerdos de libre comercio, como Mercosur. No se puede permitir la entrada de productos de terceros países que no cumplan con las mismas exigencias que tenemos los productores europeos.

·         Exigen a Gobierno Vasco y Diputación recuperar un departamento propio de Agricultura y Ganadería. Y, por supuesto, no fomentar macroproyectos que vayan en contra de los modelos de agricultura familiar.

·         Que la sociedad los oiga y se conciencie de que el sector primario es imprescindible. Producen sus alimentos, cuidan  del entorno rural, montes y espacios naturales. Sin sector primario nuestros pueblos se mueren.

Castilla y León

Grupos de tractores bien organizados bloquearon durante la madrugada del pasado lunes el acceso al centro logístico de Mercadona del polígono de Villadangos (León). Los transportistas no consiguieron acceder al centro de distribución y aparcaron su camiones. La protesta fue totalmente pacífica y los manifestantes continuaron toda la noche imposibilitando el abastecimiento de mercancías. 

UPA ha denunciado que los agricultores pierden dinero con cada cosecha y son los supermercados quienes disparan los precios de los alimentos. Los intermediarios pagan el kilo de limón a 15 céntimos (20 céntimos por debajo del coste de producción) y los supermercados lo venden hasta en 1,89 euros/kg. 

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Llega la caída final de Occidente

 

En su último libro, Emmanuel Todd diagnostica La derrota de Occidente. En su ensayo La caída final, publicado en 1976, el autor predijo con exactitud el colapso de la Unión Soviética. Alexandre Devecchio (Le Figaro) conversa con Todd sobre esta segunda profecía.


Llega la caída final de Occidente


Emmanuel Todd

El Viejo Topo

9 febrero, 2024  


Según usted, este libro tiene como punto de partida la entrevista que concedió a Le Figaro hace exactamente un año, titulada «La Tercera Guerra Mundial ha comenzado«. Ahora constata usted la derrota de Occidente. Pero la guerra no ha terminado…

La guerra no ha terminado, pero Occidente ha salido de la ilusión de una posible victoria ucraniana. Todavía no estaba claro para todos cuando escribía, pero hoy, tras el fracaso de la contraofensiva de este verano y la constatación de la incapacidad de Estados Unidos y otros países de la OTAN para suministrar a Ucrania armas suficientes, el Pentágono estaría de acuerdo conmigo.

Mi observación sobre la derrota de Occidente se basa en tres factores.

En primer lugar, la deficiencia industrial de Estados Unidos con la revelación del carácter ficticio del PIB estadounidense. En mi libro, desmonto este PIB y muestro las causas profundas del declive industrial: la insuficiencia de la enseñanza de la ingeniería y, más en general, el descenso del nivel educativo desde 1965 en Estados Unidos.

Más profundamente, la desaparición del protestantismo estadounidense es el segundo factor de la caída de Occidente.

Mi libro es básicamente una continuación de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber. Él pensaba con razón, en vísperas de la guerra de 1914, que el ascenso de Occidente era en el fondo el del mundo protestante: Inglaterra, Estados Unidos, Alemania unificada por Prusia, Escandinavia. Francia tuvo la suerte de estar geográficamente unida al grupo de cabeza. El protestantismo había producido un alto nivel de educación, sin precedentes en la historia de la humanidad, la alfabetización universal, porque exigía que cada creyente pudiera leer las Sagradas Escrituras por sí mismo. Además, el miedo a la condenación, la necesidad de sentirse elegido por Dios indujo una ética del trabajo, una fuerte moral individual y colectiva. Con, en el lado negativo, algunos de los peores racismos que jamás hayan existido –antinegro en Estados Unidos o antijudío en Alemania– porque, con sus elegidos y condenados, el protestantismo renunció a la igualdad católica de los hombres. La ventaja educativa y la ética del trabajo produjeron una considerable ventaja económica e industrial.

Hoy, simétricamente, el reciente hundimiento del protestantismo ha desencadenado una decadencia intelectual, una desaparición de la ética del trabajo y una codicia masiva (nombre oficial: neoliberalismo): el auge se convierte en la caída de Occidente. Este análisis del elemento religioso no denota en mí ninguna nostalgia ni deploraciones moralistas: es una constatación histórica. Por otra parte, el racismo asociado al protestantismo también está desapareciendo y Estados Unidos ha tenido su primer presidente negro, Obama. No podemos sino alegrarnos de ello.

—¿Y cuál es el tercer factor?

El tercer factor de la derrota occidental es la preferencia del resto del mundo por Rusia. Descubrió discretos aliados económicos en todas partes. Un nuevo poder blando ruso conservador (anti-LGTB) funcionó a pleno rendimiento cuando quedó claro que Rusia podía resistir el choque económico. De hecho, nuestra modernidad cultural parece bastante insana al mundo exterior: una observación hecha por un antropólogo, no por un moralista retro. Y además, como vivimos del trabajo mal pagado de hombres, mujeres y niños del antiguo Tercer Mundo, nuestra moralidad no es creíble.

En este libro, el último que he publicado, quiero huir de la emoción permanente y del juicio moral que nos rodea y ofrecer un análisis desapasionado de la situación geopolítica. Advertencia: se acerca una salida intelectual: en mi libro, me intereso por las causas profundas y duraderas de la guerra de Ucrania, lloro el fallecimiento de mi padre espiritual en historia, Emmanuel Le Roy Ladurie, y lo confieso todo: ¡no soy un agente del Kremlin, soy el último representante de la escuela histórica francesa de los Annales!

—¿Podemos hablar realmente de guerra mundial? ¿Y ha ganado realmente Rusia? Estamos, en todo caso, en una forma de estancamiento….

—Los estadounidenses buscarán efectivamente un punto muerto que les permita enmascarar su derrota. Los rusos no lo aceptarán. Son conscientes no sólo de su inmediata superioridad industrial y militar, sino también de su futura debilidad demográfica. Sin duda, Putin quiere alcanzar sus objetivos bélicos ahorrando hombres y tomándose su tiempo. Quiere preservar lo que ha ganado en la estabilización de la sociedad rusa. No quiere remilitarizar Rusia y se preocupa por continuar su desarrollo económico. Pero también sabe que llegan clases demográficamente vacías y que el reclutamiento militar será más difícil en los próximos años (¿tres, cuatro, cinco?). Por lo tanto, los rusos deben acabar con Ucrania y la OTAN ahora, sin permitirles ninguna pausa. No nos hagamos ilusiones. El esfuerzo ruso se intensificará.

La negativa occidental a pensar en la estrategia rusa en su lógica, sus razones, sus puntos fuertes, sus limitaciones, ha conducido a una ceguera general. Las palabras flotan en la niebla. Militarmente, lo peor está por llegar para los ucranianos y Occidente. Rusia quiere probablemente recuperar el 40% del territorio ucraniano y lograr un régimen neutralizado en Kiev. Y en nuestras pantallas de televisión, justo cuando Putin afirma que Odessa es una ciudad rusa, seguimos oyendo que el frente se está estabilizando…

—Para demostrar el declive de Occidente, insisten en el indicador de la mortalidad infantil… ¿En qué es revelador este indicador?

Fue al observar el aumento de la mortalidad infantil en Rusia entre 1970 y 1974, y el hecho de que los soviéticos dejaran de publicar estadísticas al respecto, cuando deduje que el régimen no tenía futuro en mi libro La caída final (1976). Se trata, pues, de una vara de medir que ha demostrado su eficacia. En este aspecto, Estados Unidos va por detrás de todos los países occidentales. Los más avanzados son los países escandinavos y Japón, pero Rusia también está por delante. Francia está mejor que Rusia, pero estamos sintiendo los primeros signos de un aumento. Y, en cualquier caso, estamos por detrás de Bielorrusia. Esto significa simplemente que lo que se nos dice de Rusia es a menudo falso: se presenta como un país en declive, haciendo hincapié en sus aspectos autoritarios, pero no vemos que esté en una fase de rápida reestructuración. La caída fue violenta, el rebote es asombroso.

Esto se puede explicar, pero significa en primer lugar que tenemos que aceptar una realidad diferente de la que transmiten nuestros medios de comunicación. Rusia es ciertamente una democracia autoritaria (que no protege a sus minorías) con una ideología conservadora, pero su sociedad se mueve, se hace muy tecnológica con cada vez más elementos que funcionan perfectamente. Decir esta realidad me define como un historiador serio y no como un Putinófilo. Cualquier putinófilo responsable tendría que tomarle la medida a su adversario. Insisto constantemente en que Rusia tiene, absolutamente igual que este Occidente creído decadente, un problema demográfico. La legislación anti-LGTB rusa, aunque probablemente seduzca al resto del mundo, no lleva a los rusos a tener más hijos que el resto de nosotros. Rusia no escapa a la crisis general de la modernidad. No existe un contramodelo ruso.

Crear un horizonte social con la idea de que un hombre puede realmente convertirse en mujer y una mujer en hombre es afirmar algo biológicamente imposible, es negar la realidad del mundo, es afirmar lo falso.

Sin embargo, no es imposible que la hostilidad general de Occidente estructure y arme el sistema ruso, desencadenando un patriotismo aglutinador. Las sanciones han permitido al régimen ruso lanzar una política de sustitución proteccionista a gran escala, que nunca habría podido imponer a los rusos por sí solos, y que dará a su economía una ventaja considerable sobre la de la UE. La guerra ha reforzado su solidez social, pero también tienen una crisis individualista, siendo los restos de una estructura familiar comunitaria sólo un elemento atenuante. El individualismo que muta plenamente en narcisismo sólo se desarrolló en los países donde reinaba la familia nuclear, especialmente en el mundo angloamericano. Atrevámonos con un neologismo: Rusia es una sociedad de individualismo marcado, como Japón o Alemania.

Mi libro ofrece una descripción de la estabilidad rusa, luego, moviéndonos hacia el oeste, analiza el enigma de una sociedad ucraniana en decadencia que ha encontrado sentido en la guerra, después pasa al carácter paradójico de la nueva rusofobia de las antiguas democracias populares, luego a la crisis de la UE y, por último, a la crisis de los países anglosajones y escandinavos. Este movimiento hacia el oeste nos lleva por etapas al corazón de la inestabilidad mundial. Es una zambullida en un agujero negro. El protestantismo angloamericano ha llegado a un estadio cero de la religión, más allá del estadio zombi, y produce este agujero negro. En Estados Unidos, a principios del tercer milenio, el miedo al vacío se convierte en deificación de la nada, en nihilismo.

—¿No es demasiado halagador hablar de democracia autoritaria en Rusia?

—Hay que salir de la oposición entre democracia liberal y autocracia loca. Las primeras son más bien oligarquías liberales, con una élite desconectada de la población: a nadie fuera de los medios de comunicación le importa la remodelación del Palais Matignon. Por el contrario, otro concepto debe sustituir a los de autocracia o neoestalinismo. En Rusia, la mayoría de la población apoya al régimen, pero las minorías –ya sean homosexuales, étnicas u oligarcas– no están protegidas: se trata de una democracia autoritaria, alimentada por los restos del temperamento comunista ruso que había producido el comunismo. El término «autoritario» tiene para mí tanto peso como el término «democracia».

—Por su crítica a la decadencia de las «oligarquías liberales», podría pensarse que envidia el segundo modelo…

—En absoluto. Soy antropólogo: a fuerza de estudiar la diversidad de las estructuras familiares y los temperamentos políticos, he aceptado la diversidad del mundo. Pero soy occidental, y nunca he aspirado a ser otra cosa. Mi familia materna había huido a Estados Unidos durante la guerra, me formé en investigación en Inglaterra, donde descubrí lo francés que soy y nada más. ¿Por qué quieren deportarme a Rusia? Puedo percibir este tipo de acusación como una amenaza a mi ciudadanía francesa, tanto más cuanto que, pido disculpas, nacido en el medio intelectual, formo parte, en un sentido modesto y no financiero, de la oligarquía: antes que yo, mi abuelo había publicado antes de la guerra en la editorial Gallimard.

—Vincula la decadencia de Occidente a la desaparición de la religión -en particular del protestantismo- y data esta desaparición a partir de las leyes sobre el matrimonio homosexual…

—No he expresado ninguna opinión personal sobre esta cuestión social. Sólo estoy aquí como sociólogo de la religión, muy contento de disponer de un indicador preciso para situar en el tiempo la transición de la religión de un estado zombi a un estado cero. En mis libros anteriores, introduje el concepto de estado zombi de la religión: la fe ha desaparecido pero persisten las costumbres, los valores y las capacidades de acción colectiva heredadas de la religión, a menudo traducidas a un lenguaje ideológico: nacional, socialista o comunista. Pero la religión alcanza un estado cero (nuevo concepto) a principios de este tercer milenio, que capto a través de tres indicadores –siempre busco indicadores estadísticos para evaluar tanto los fenómenos morales como los sociales: soy admirador de Durkheim, el fundador de la sociología cuantitativa, incluso más que de Weber.

En el estado zombi, la gente ya no va a misa, pero sigue bautizando a sus hijos; hoy, la desaparición del bautismo es evidente, estado cero conseguido. En el estado zombi, la gente seguía enterrando a los muertos, obedeciendo todavía el rechazo de la Iglesia a la cremación; hoy, la difusión masiva de la cremación se convierte en la práctica más generalizada, práctica y económica, estado cero alcanzado. Por último, el matrimonio civil de la época zombi tenía todas las características del antiguo matrimonio religioso: un hombre, una mujer, hijos que criar. Con el matrimonio entre personas del mismo sexo, que no tiene sentido para la religión, salimos del estado zombi y, gracias a las leyes de matrimonio para todos, se puede fechar el nuevo estado cero de la religión.

—Con el tiempo, ¿no se ha vuelto un poco reaccionario?

—»Me crió una abuela que me dijo que, sexualmente, todos los gustos están en la naturaleza, y yo soy leal a mis antepasados. Así que, LGB, bienvenido. En cuanto a T, la cuestión trans, es otra cosa. Por supuesto, hay que proteger a las personas afectadas. Pero la fijación de las clases medias occidentales en esta cuestión ultraminoritaria plantea una cuestión sociológica e histórica. Establecer como horizonte social la idea de que un hombre puede realmente convertirse en mujer y una mujer en hombre es afirmar algo biológicamente imposible, es negar la realidad del mundo, es afirmar lo falso.

La ideología trans es, pues, en mi opinión, una de las banderas de este nihilismo que define hoy a Occidente, de este afán de destrucción, no sólo de las cosas y de los hombres, sino de la realidad misma. Pero, de nuevo, no estoy en absoluto abrumado aquí por la indignación, por la emoción. Esta ideología existe y tengo que integrarla en un modelo histórico. En la era del metaverso, no sé si mi apego a la realidad me convierte en un reaccionario.

Fuente: https://www.lefigaro.fr/vox/monde/emmanuel-todd-nous-assistons-a-la-chute-finale-de-l-occident-20240112

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jueves, 8 de febrero de 2024

Londres, la OTAN y Ucrania

 

Según el diario moscovita, Londres ha elaborado un plan para introducir un contingente de la OTAN en el margen derecho del Dnieper y en la frontera con Bielorrusia para “liberar” a parte del ejército ucraniano y reforzar así el frente.


Londres, la OTAN y Ucrania


El Viejo Topo / 8 febrero, 2024



Diario Pradva

El plan británico para estacionar tropas de la OTAN en Ucrania

La agencia RIA Novosti informó que a Gran Bretaña se le ocurrió la idea de transferir en secreto grandes fuerzas de la OTAN altamente maniobrables a Ucrania para ocupar posiciones en la margen derecha del Dnieper y en la frontera con Bielorrusia.

Una “fuente conocedora” informó que en esto podrían estar involucradas tropas de Finlandia, Suecia, Rumanía y Polonia. Con esta maniobra “liberarán” fuerzas del ejército ucraniano, que Kiev trasladará a la zona del Distrito Militar del Norte. Esto, según los autores del plan, creará una ventaja para los ucranianos, lo que obligará a Moscú a iniciar negociaciones en condiciones favorables para Kiev. También la acción propone:

  • establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre el territorio controlado por las autoridades de Kiev,
  • ataques a Transnistria,
  • ataques a instalaciones de infraestructura estratégica en las regiones del norte de Rusia.

Se espera que la preparación de este escenario, por parte de Gran Bretaña, esté completa en mayo de 2024. El plan se pondrá en práctica «ante un debilitamiento significativo de las Fuerzas Armadas de Ucrania» y el avance del ejército ruso en el territorio ucraniano, señaló la fuente.

Por qué esto no es noticia

El 15 de diciembre, el ex embajador de Ucrania en Gran Bretaña, Vadim Prystaiko, anunció exactamente estos mismos planes.

Algunos países están considerando enviar sus fuerzas militares a Ucrania y el Reino Unido es el primero en esa lista», dijo. Según Prystaiko, Gran Bretaña enviará tropas a Ucrania en caso de un “desarrollo catastrófico de la guerra”.

También el ex jefe de la OTAN, Anders Rasmussen, en julio pasado declaró que “Estados miembros ‘individuales’ de la OTAN pueden considerar estacionar tropas en Ucrania si otros miembros, o la alianza en su conjunto, no brinda a Kiev garantías de seguridad significativas”. Nombró a Polonia como uno de estos países.

La Fuerza Expedicionaria de la OTAN ya está preparada

Polonia fue el país que visitó el reciente 31 de enero el ministro británico de Asuntos Europeos, Leo Docherty. Y es en Polonia donde las tropas británicas están estacionadas como parte de un grupo de batalla multinacional de la OTAN. En la frontera con la Federación Rusa hay ocho grupos de este tipo, se trata de una fuerza expedicionaria preparada y bien coordinada.

En Polonia, el Reino Unido está trabajando con Croacia y Rumanía. Docherty visitó el escuadrón, en la base Bemowo Piske en Orzysze, que cuenta con 150 soldados británicos.

La hora está cerca

El plan puede llevarse a cabo, ya que la “autoridad” de Estados Unidos y de la OTAN en el mundo depende del resultado del conflicto militar en Ucrania. Además, Occidente ya ha adquirido activos allí, principalmente ricas tierras cultivables. Toda la ayuda a Kiev llega en forma de préstamos y debería reembolsarse.

Mientras Ucrania se queda sin soldados, y ante el inminente desastre de las tropas de Kiev, la OTAN parece haber decidido que la única manera de “cambiar las reglas del juego” es enfrentarse directamente con Rusia. Hasta ahora la organización atlántica han proporcionado al ejército ucraniano armas, inteligencia, logística y estructuras de mando.

Fuente: Observatorio de la Crisis.

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