lunes, 29 de mayo de 2023

Capitalistas de todos los países: ¡uníos!

 

La emergencia climática es tan evidente que el lavado de cara empresarial ya no es rentable para las grandes corporaciones, que se arriesgan a perder grandes oportunidades de negocio si no se la toman en serio.


Capitalistas de todos los países: ¡uníos!


Pere Rusiñol

El Viejo Topo

29 mayo, 2023 

 


Durante muchos años, la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de las empresas fue, en el mejor de los casos, el equivalente a una maría para el currículum, a la que nadie se tomaba en serio, cuando no directamente una farsa en manos del departamento de marketing para el lavado de cara.

Eran las reglas del capitalismo neoliberal, que emergió triunfante en la década de 1980 con el sostén académico del premio Nobel Milton Friedman, que moldeó el Chile del dictador Augusto Pinochet como gran expositor internacional de sus recetas, construidas a partir de un dogma nuclear, según el cual el único propósito de una empresa es generar beneficios para el accionista. Y listo.

Es decir: poco importa si se contamina el planeta, si maltrata a los trabajadores, si ahoga a los proveedores o si destruye el tejido social de una comunidad. Lo único que realmente importa es generar beneficios. Y de ellos, una pequeña parte podía destinarse a la RSC, ya sea como inversión de marketing –una mejor reputación puede ayudar a aumentar los beneficios– o como acción caritativa, en coherencia de la tradición de los poderosos a lo largo de toda la historia.

El paradigma neoliberal sigue estando muy presente en nuestras vidas, sobre todo porque aún está instalado en el pensamiento de muchos economistas, directivos y empresarios vinculados al poder. Sin embargo, la sucesión de crisis, la ineficiencia social –y hasta económica– de la enorme desigualdad inherente al modelo y, sobre todo, la evidencia de la emergencia climática, han provocado la reacción incluso en algunas de las elites globales del capitalismo, que en los últimos años han abjurado, al menos formalmente, del dogma de Friedman.

El propósito y los indicadores ESG

El caso más significativo del giro es el de la Business Roundtable, el gran lobby de directivos de EEUU, que en 2019 proclamó públicamente su adhesión a una visión mucho más sofisticada, que gira alrededor de este propósito: una empresa no puede medirse solo por sus beneficios, sino que debe tener también un impacto positivo en la sociedad y en el conjunto de actores con quienes interactúa, más allá de los intereses pecuniarios de los accionistas: los trabajadores, los proveedores, la comunidad, el planeta…

En este nuevo esquema, la RSC ya no puede ser como una seta aislada aparte, sino que debe estar integrada en el centro del modelo de negocio de la compañía, con los objetivos perfectamente alineados a este propósito y a los indicadores ESG (Environmental, Social, Governance, por sus siglas en inglés de medioambientales, sociales y de gobernanza), que se han impuesto como estándares de medición.

Obviamente, mucha gente acogió con gran escepticismo el supuesto giro conceptual, y hasta con choteo, teniendo en cuenta que el jefe de la Business Roundtable que abjuró del dogma era nada menos que Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, el banco más señalado en el mundo como gran financiador de las energías sucias, según el informe anual de referencia internacional, Banking on climate chaos: 434.000 millones de dólares desde 2016 invertidos o prestados a proyectos de energías fósiles, como el petróleo o el carbón.

Una vez más, el supuesto giro conceptual de las elites del capitalismo parecía dirigirse sobre todo hacia el lavado de cara en sus múltiples variantes, y muy sustancialmente el medioambiental, y de ahí el éxito popular de términos como greenwashing o socialwashing: puro marketing y lavado de cara.

Nos toman por tontos, vaya.

Y sin embargo, la conciencia social, sobre todo respecto a la situación de emergencia climática, se ha extendido tanto que toda esta estrategia meramente marketiniana empieza ya a no ser rentable para las corporaciones, que se ven forzadas a adentrarse a este nuevo paradigma del propósito aunque sea a regañadientes y para cumplir con sus expectativas de beneficios.

Una gran fusión truncada 

No es solo que los grandes inversores institucionales –desde el fondo soberano noruego hasta BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo– van incorporando los criterios ESG en sus decisiones, y que hasta la mayor petrolera del planeta, la estadounidense ExxonMobil, uno de los símbolos de la arrogancia depredadora y negacionista de las grandes corporaciones, empieza a transitar hacia el nuevo marco tras sufrir un auténtico revolcón en la junta de accionistas de 2021, como ha explicado el Financial Times. Va incluso más allá: quedarse solo en el lavado de cara ya pone en riesgo hasta la posibilidad misma de rematar operaciones multimillonarias.

Acaba de suceder en EEUU. Lo nunca visto: La compañía canadiense de materias primas Teck Resources rechaza fusionarse con el gigante Glencore, en una operación que iba a movilizar la friolera de 23.000 millones de dólares, alegando divergencias significativas en relación a las políticas ESG. Como ha explicado The Wall Street Journallos analistas y los directivos coinciden en que se trata de una operación financiera y empresarial muy justificada en los términos tradicionales. Sin embargo, se ha abortado ante las visiones antagónicas con respecto a la ESG, sobre todo con respecto al carbón y a las energías contaminantes: Glencore retrasa la verdadera transición energética hasta 2050, mientras que Teck Resources considera imperativo acelerarla inmediatamente.

¿De verdad puede seguir considerando que las siglas ESG son una maría? No tomárselas en serio ya puede hacer perder mucho dinero.

Todo indica que la presión en favor de los criterios ESG va a aumentar y no porque las élites del capitalismo global hayan tenido una epifanía tras caerse del caballo, sino por la propia necesidad para mantener el negocio ante el empuje de la opinión pública mundial y sobre todo de las generaciones más jóvenes, que tragan menos con el lavado de cara, tienen muy incorporado el paradigma del propósito y son muy reticentes a incorporarse a corporaciones mal alineadas con su visión del mundo y poco respetuosas con los criterios ESG.

La necesidad de “atracción del talento”, uno de los mantras del management capitalista tradicional, que servía para justificar cualquier cosa, también empieza pues a volverse en contra de la visión neoliberal de Friedman: el lavado de cara empresarial puede ser altamente perjudicial para los intereses de las empresas. Según la macroencuesta anual de Deloitte sobre la generación millennial, con 23.000 encuestados en 46 países, la mitad de entre ellos dice haber rechazado ya algún trabajo o promoción interna porque la empresa no se alinea con sus valores, especialmente en la lucha contra el cambio climático.

También registra cada año el fenómeno el macrosondeo de referencia del capitalismo globalizado, el Edelman Trust Global Report, con 32.000 encuestados de 28 países, entre ellos España: en la edición de este año, una mayoría abrumadora exige que sus empresas se adhieran al paradigma del propósito: el 82% reclama un alineamiento con el combate contra el cambio climático, un 78% reclama que el impacto de la corporación sea positivo para el conjunto de la comunidad, un 77%, que contribuya a poner freno a la brecha salarial y con ello a la desigualdad.

Ojo: y hasta el 52% considera que “el capitalismo tal y como existe hoy hace más daño que bien al mundo”.

Capitalistas de todos los países: ¡uníos al paradigma del propósito! O se acabará el negocio.

Fuente: eldiario.es.

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La extrema derecha supera el millón y medio de votos (Tranquilo majete en tu sillón…)

 

La extrema derecha supera el millón y medio de votos (Tranquilo majete en tu sillón…)

 

INSURGENTE.ORG / 29.05.2023

 


 No parece que la receta de buenos discursos en las instituciones, ruedas de prensa con frases recurrentes, ni políticas que la socialdemocracia llama «sociales», estén dando resultados a la hora de frenar al fascismo. Muy por el contrario, la impunidad con la que se mueven les está llevando a unos resultados más que buenos en lo electoral. Hace unas horas superaron el 1.600.000 votos, están presentes en todos los parlamentos regionales y se aprestan a decidir cientos de ayuntamientos en favor del PP. El fascismo anda suelto, crecido y, por triste experiencia histórica, sabemos cómo termina esta debacle. ¿Será hora de buscar soluciones al margen de las instituciones?

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Elecciones 28M. Arrasa el PP, caen casi todos los feudos del PSOE y el mapa queda muy azul

 


Elecciones 28M. Arrasa el PP, caen casi todos los feudos del PSOE y el mapa queda muy azul


Redacción / Kaosenlared

 29 de mayo de 2023 / Por 

El Partido Popular (PP) ha obtenido victorias en 30 de las 52 capitales de provincia en las elecciones municipales celebradas el pasado domingo 28 de mayo. En un cambio significativo, el PP ha arrebatado 14 capitales al Partido Socialista (PSOE), alterando el mapa político en regiones donde el PSOE solía tener una hegemonía prácticamente total, como Andalucía, Aragón, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha.

Con un recuento superior al 95%, el PP ha ganado cerca de quince capitales que anteriormente estaban en manos del PSOE: Logroño, Segovia, Huesca, Zaragoza y Teruel; Castelló, Palma, Huelva, Sevilla y Granada; Albacete y Ciudad Real; Cáceres y Badajoz. Además, también gobernará en Cádiz y Valencia, donde previamente las mayorías correspondían a las coaliciones Adelante y Compromís, respectivamente.

Estas 16 nuevas plazas se suman a las 24 que el PP ya tenía, lo que significa que durante los próximos cuatro años tendrán el control en casi la mitad de las provincias españolas.

Además, el 28 de mayo también ha habido cambios políticos en el País Vasco, Cataluña y Galicia. El Ayuntamiento de Vitoria ha pasado del Partido Nacionalista Vasco (PNV) a Bildu; el de Lleida, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) al Partido Socialista de Cataluña (PSC); y el de Barcelona, de ERC a la candidatura de Junts per Catalunya de Xavier Trías. Por otro lado, el controvertido Gonzalo Pérez Jácome seguirá siendo alcalde de Ourense con su partido Democracia Ourensana, pero esta vez como la fuerza más votada, superando al PP.

Si se observa a nivel autonómico, el poder municipal demostrado por el PP es aún más notable, ya que ha obtenido alcaldías en provincias que hasta ahora estaban bajo control del PSOE. Este es el caso de Extremadura, donde Cáceres y Badajoz han pasado a manos del PP, al igual que Huesca, Zaragoza y Teruel, las tres provincias de Aragón, que también cambiarán de un presidente autonómico del PSOE a otro del PP, mediante un pacto con Vox. Lo mismo ocurre en la Comunidad Valenciana, donde el PP gobernará las tres capitales y el actual presidente socialista Ximo Puig dejará su puesto al popular Carlos Mazón, gracias a un acuerdo con Vox. Baleares y su capital, Palma de Mallorca, también han seguido el mismo camino, pasando del PSOE al PP.

En Andalucía, donde el PP ya gobernaba en Córdoba, Málaga y Almería, ahora sumará Cádiz, que ha pasado a manos de los populares tras el mandato de José María González, conocido como Kichi, quien comenzó siendo alcalde por Podemos y luego se unió a Adelante. También en Granada y Sevilla, dos de las principales plazas en las que el PSOE esperaba mantener el control, el PP ha obtenido la victoria. La única capital andaluza que queda en manos de los socialistas es Jaén.

En cuanto a Castilla-La Mancha, mientras se mantenía la incertidumbre sobre si Emiliano García-Page conseguiría revalidar la mayoría absoluta para continuar siendo presidente autonómico, el escrutinio ya había revelado que el PP gobernará en dos de las cinco capitales de provincia, Ciudad Real y Albacete, en lugar del PSOE.

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domingo, 28 de mayo de 2023

La ecología política de la pobreza

 

Una primera versión de este texto se publicó en El País, 9/6/1990 Se reproduce aquí la versión publicada en Discursos para insumisos discretos. El lector verá que transcurridos 32 años, las cosas han avanzado, más allá de la verborrea, muy poco. Poquísimo.




Francisco Fernández Buey

El Viejo Topo

28 mayo, 2023 

 


A la memoria de Chico Mendes


Cuando el mercado universal civilizado quería un país que hasta entonces había escapado de sus garras, pronto encontraba un pretexto, por leve que fuese, para lanzarse sobre él: la abolición de una esclavitud diferente de la comercial y menos cruel, la introducción de una religión en la que no creían sus mismos patrocinadores, la liberación de algún malvado o de algún loco homicida al cual sus mismas tropelías le habían ocasionado molestias entre los indígenas del país «bárbaro», todo, en suma, era bueno para lograr el objetivo […] Creaban en aquel pueblo «nuevas necesidades» para subvenir a las cuales (para obtener de los nuevos amos el derecho de vivir, mejor dicho) aquellos desgraciados habían de someterse a la esclavitud de un duro trabajo, único modo de poder adquirir los inútiles objetos de la civilización.


WILLIAM MORRIS, Noticias de ninguna parte (1891).

 

La percepción de los problemas ecológicos del Tercer Mundo ha cambiado de forma sensible en estos últimos años. No sólo ha cambiado en algunos de los países pobres directamente afectados por la crisis ecológica, países en los que han ido implantándose fuertes movimientos de protesta, sino también entre los expertos de las organizaciones internacionales y entre los activistas del movimiento ecologista europeo o norteamericano.

Cuando en 1972 se reunió en Estocolmo, con carácter informativo y consultivo, la primera conferencia mundial sobre los problemas medioambientales, la opinión más generalizada tendía a establecer una correlación muy directa entre los distintos tipos de contaminación y los excesos del desarrollo industrial en los países ricos. Eran los tiempos de los primeros gritos de alarma, el momento en que el primer informe del Club de Roma llamaba la atención acerca de los límites al crecimiento como consecuencia del agotamiento de algunos de los recursos no renovables básicos para la continuación del modo de vida más extendido en los países altamente industrializados.

El descubrimiento de que la naturaleza ponía límites al crecimiento económico indiscriminado y la idea de que, por tanto, la civilización expansiva del industrialismo tenía los años contados, independientemente de si éstos iban a ser más o menos, fue una desagradable sorpresa para mucha gente, sobre todo para aquellas personas que entonces empezaban a recoger los frutos de una época de vacas gordas en lo económico. Por eso los primeros manifiestos ecologistas fueron recibidos con escepticismo o con indignación por los trabajadores, por los que se ganaban el pan con sus manos y, en general, por los pobres del mundo. Las llamadas a la austeridad, que aquellos manifiestos hacían derivar razonablemente del descubrimiento de la crisis ecológica, les parecían a muchos trabajadores de los países industrializados una maniobra del adversario de clase para recortar las mejoras arrancadas por los sindicatos en la década de los sesenta; y a los desheredados del Tercer Mundo, para los que la naturaleza seguía siendo en casi todas partes algo hostil con lo que había que luchar, el ecologismo de la austeridad y de la autocontención del que hablaban los antiguos colonizadores tenía que parecerles un sarcasmo.

Y así fue en realidad. Dirigentes y dirigidos de los países del Tercer Mundo reaccionaron con acritud frente a las recomendaciones que se hicieron en Estocolmo. «El principal problema ecológico de los países pobres», declaró entonces Indira Gandhi, «es el hambre». El presidente de México en aquellas fechas, Luis Echevarría, y los gobernantes de países en vías de industrializarse protestaron solemnemente ante la pretendida universalización de medidas correctoras que perjudicaban a los últimos llegados a una situación económica relativamente estable (eran los tiempos en que se decía en México que la Virgen de Guadalupe se había aparecido a los mexicanos en forma de petróleo). Otros fueron más duros, más radicales: denunciaron el punto de vista ecologista como un intento de hacer recaer sobre los parias la responsabilidad por problemas que habían creado los hartos, los explotadores del primer mundo.

Este punto de vista crítico del primer ecologismo institucional que llegaba del Norte tenía a su favor, por supuesto, la intención moral. Pero no sólo eso. En 1972 la mayoría de los casos particulares de contaminación seriamente estudiados, por no decir casi todos, hablaban de ciudades, ríos, lagos y mares interiores ubicados en el mundo de los ricos. Problemas globales (como la posibilidad de un colapso planetario por modificaciones climáticas o como las consecuencias que para todo el mundo puede tener el agotamiento de recursos no renovables básicos) aparte, casi todos los ejemplos entonces aducidos por los expertos y divulgados por los medios de comunicación de masas procedían de las grandes potencias industriales. Por contaminación se entendía en aquellas fechas el smog de Los Ángeles o de Tokio, el horrible aspecto que había adquirido el Támesis a su paso por Londres, los efectos de la química biocida en el lago Eire, las lluvias ácidas producidas en la cuenca del Ruhr o la transformación en mar muerto del mar turístico por excelencia. Poco se sabía –y aún menos se escribía entonces– de los desastres ecológicos que estaban produciéndose en los países pobres.

Tanto es así que todavía en 1980 era habitual en muchos países del Tercer Mundo asistir a una paradoja trágica: la izquierda tradicional criticando en nombre de altísimos principios morales y políticos a los primeros ecologistas sensibles mexicanos, peruanos o argentinos, con la consideración de que éstos estaban introduciendo en Latinoamérica un problema ajeno, de otro mundo, que hacía perder de vista a las pobres gentes la verdadera dimensión de sus necesidades; les criticaba sin darse cuenta de que la contaminación atmosférica en Ciudad de México estaba superando ya a la de Los Ángeles, ignorando la pérdida de miles de hectáreas de vegetación en Perú por acción de las explotaciones mineras y las refinerías, o que Argentina había entrado ya en el club de los países defensores de la energía nuclear. Sólo el desconocimiento de la interrelación que existe entre los problemas demográficos, ecológicos y económicos puede explicar aquel enorme equívoco. Pero, en cualquier caso, el ejemplo sirve para poner de manifiesto una vez más que ante las cosas nuevas no basta con la buena voluntad, hace falta también conocimiento.

Ahora, 10 años más tarde, no hay ninguna duda de que los problemas ecológicos –y aun las catástrofes ecológicas– afectan sobre todo a los países pobres, a los cuales habrá que dejar de llamar Tercer Mundo puesto que, mientras tanto, ya no hay en la práctica segundo mundo. El slogan que salió de las primeras reuniones internacionales de Estocolmo, Un solo mundo, tiene todavía más vigencia si cabe con la crisis del sistema que componían los países del Pacto de Varsovia. Vivimos en un solo mundo, sí. Pero cada vez más dividido en dos, horizontalmente y verticalmente. Como consecuencia de ello el mapa de las crisis y de los peligros desde el punto de vista ecológico se ha modificado, los principales riesgos han ido desplazándose hacia las regiones más desfavorecidas y hacia los países más pobres mientras que en Japón, EE UU y la CEE crece ya una floreciente industria de productos anticontaminantes nacida al calor de las protestas ecologistas de hace 20 años. Es más: en el norte económico prácticamente todos los partidos políticos se han hecho ecologistas de puertas adentro, para dentro de casa, mientras compiten entre sí con tanta hipocresía como cinismo a la hora de transferir a los otros –a los países pobres o a las regiones pobres del propio país– lo que eufemísticamente suele llamarse los costos del progreso. O sea, hablando en plata: los residuos radiactivos, las basuras que nadie quiere, las instalaciones industriales potencialmente más peligrosas o las nuevas tecnologías cuyos efectos negativos están todavía por experimentar.

Hubo un tiempo en el que los economistas defensores del modo capitalista de producir y de vivir argumentaban que este sistema es el mejor de los posibles (en épocas de vacas gordas, naturalmente) porque permite hacer crecer una maravillosa tarta cuyos restos, en última instancia, aprovechan a todos, incluidos los parias explotados y desempleados. Pero no es nada seguro que la imagen se adecue al presente. Pues éstos son tiempos de negocios ecológicos y de reciclaje de todo lo divino y lo humano, y en ellos los restos de la tarta ni siquiera son ya pastel: son residuos, basura. Esto es lo que caracteriza al capitalismo de la época de la especulación y de la ecología política: el resto de la tarta para pobres suele ser diseño por fuera y basura por dentro. Se transfiere a la periferia del imperio, a los márgenes, todo aquello que encuentra dificultades para ser implantado o vendido en el centro de negocios del mismo. Eso es lo que hicieron las transnacionales norteamericanas con los principales elementos de las centrales nucleares a partir del accidente de Harrisburg. Y por esta transferencia de industrias peligrosas para el hombre y para el medio ambiente se explican cosas como las desastrosas consecuencias del accidente provocado por la Union Carbide en Bhopal. Por no hablar de los contradictorios efectos en los países pobres de la denominada revolución verde, pensada, también ella, a partir de conceptos acuñados en los países ricos y con técnicas inespecíficas.

Todo esto no quiere decir, naturalmente, que el hambre haya dejado de ser el principal problema ecológico de los países pobres. El hambre, la carencia de alimentos, la desnutrición y la falta de proteínas en una alimentación precaria continúan siendo los grandes males que afectan en primer término a dos tercios de la humanidad. Hoy sabemos, sin embargo, que la escasez de alimentos, que mata a tantos y tantos niños en el mundo actual, es uno de los varios elementos que, al combinarse, contribuyen a cerrar el círculo infernal en que viven los países pobres. Otros son el rápido incremento de las poblaciones, la sobrepoblación relativa y la emigración hacia zonas centrales, factores que hacen de algunas de las principales ciudades. del Tercer Mundo megalópolis en las que se juntan la miseria material del suburbio, la insalubridad y la falta de higiene con el agobio, la miseria psíquica y el ambiente contaminado de las urbes industriales de Occidente. La división internacional del trabajo impuesta por las grandes empresas transnacionales acelera la fusión apresurada de los males del atraso y del subdesarrollo con los males del industrialismo sin poso, o lo que es lo mismo, sin apenas resistencia cultural.

La Amazonia se está convirtiendo en estos años en el centro de experimentación de este cruce tremendo entre el primer capitalismo salvaje y los intereses de las compañías transnacionales. Hasta hace poco la Amazonia había perdido ya medio millón de kilómetros cuadrados de selva (una extensión equivalente a la de la península Ibérica). Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, en estos últimos años han sido incendiados 120.000 kilómetros cuadrados de bosque (algo así como las dos Castillas juntas). Cada cinco segundos se quema allí un trozo de selva equivalente a un campo de fútbol. Detrás de este expolio ecológico de consecuencias imprevisibles (pero, en cualquier caso, planetarias) hay un montón de intereses económicos en pugna. Operan en Brasil empresas norteamericanas como la Union Carbide, la Massey Ferguson, la Ford, la Crysler; japonesas, como la Mitsubishi, la Toshiba, la Sony, la Suzuki; alemanas, como la Volkswagen y la Bosch; italianas, como la Feruzzi, la Fiat y la Pirelli, etcétera. Junto a ellas, y compitiendo con ellas, empresas nacionales a cuya voracidad biocida se opuso el año pasado nada menos que el Banco Mundial negando créditos prometidos y aduciendo para ello el interés ecológico de la humanidad.

El debate que aquella medida provocó en Brasil –¿pueden los representantes del capitalismo mundial negar a los empresarios brasileños fondos para hacer lo mismo que en las décadas anteriores hicieron sus antecesores en Europa y los Estados Unidos de Norteamérica?, ¿pueden moralmente hacerlo aduciendo la conciencia ecológica de la especie humana?– tiene todos los elementos para ser considerado como el gran debate económico-ecológico de la década. Sobre todo si se tiene en cuenta que Brasil y su selva son en el mundo de hoy un símbolo y un indicio. El 60% de lo que queda de las selvas tropicales del planeta está repartido entre cinco países que se cuentan a su vez entre los más endeudados del mundo: Indonesia, Zaire, Perú, Colombia y, desde luego, Brasil. No es casual, por tanto, que el nombre de Brasil fuera elegido hace unos años como título para una inquietante reflexión actualizada acerca de la contrautopía de Orwell.

Brasil es el futuro, se decía hace 30 años. Y así es, en efecto. Sólo que hace 30 años se pensaba en el aprovechamiento autóctono de grandes recursos naturales. Casi todos los países que entonces eran exportadores de materias primas se han convertido, mientras tanto, en importadores de productos agrícolas y en deudores de las grandes potencias industriales y de los grandes Estados, que les Incitan a cambiar la ecología por la deuda. En medio quedan las culturas indígenas del Amazonas y los proletarios de las ciudades, que, ahora sí, empiezan a saber relacionar los problemas ecológicos con los económico-sociales. Por esto Brasil es un ejemplo. La batalla de Brasil decidirá muchas cosas importantes para este asunto nada marginal que es el de los problemas ecológicos del Tercer Mundo.

Fuente: El País.

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sábado, 27 de mayo de 2023

El gobierno andaluz (PP) concede a su cantante José Manuel Soto una subvención de 275.000 euros

 

El gobierno andaluz (PP) concede a su cantante José Manuel Soto una subvención de 275.000 euros

 


INSURGENTE.ORG

 


 El Parlamento de Andalucíam con mayoría absoluta del PP, ha concedido una ayuda de la administración andaluza por un importe de 275.000 euros a una fundación del cantante José Manuel Soto con tan sólo un año de existencia.

La oposición quiere saber qué subvenciones había recibido por parte del Gobierno andaluz la fundación ‘Destino Rocío’, constituida en marzo de 2022.

La respuesta fue ofrecida en su momento por la consejería de la Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa que dirige Antonio Sanz, señaló que se trata de «un contrato menor por importe de 14.762 euros, IVA incluido, para el diseño técnico del proyecto ‘Camino del Rocío'». Sin embargo, la consejería de Presidencia también mencionó una subvención para dicha fundación por parte del Parlamento de Andalucía por valor de 275.000 euros para los gastos de funcionamiento.

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Un hombre con parálisis vuelve a caminar gracias a una interfaz activada por sus pensamientos

 

Un hombre con parálisis vuelve a caminar gracias a una interfaz activada por sus pensamientos


TERCERAINFORMACION / 25.05.2023

 

  • El holandés Gert-Jan Oskam, que sufrió hace más de una década una lesión medular a causa de un accidente, ha recuperado el control natural de sus piernas paralizadas con la ayuda de un ‘puente digital’. Este sistema restablece la comunicación entre el cerebro y la médula espinal y transforma el pensamiento en acción con inteligencia artificial. El avance ha estado liderado por investigadores suizos.


Gert-Jan Oskam, que hace más de una década sufrió la parálisis de sus piernas tras un accidente, ha vuelto a caminar gracias a la nueva interfaz cerebro-ordenador. / CHUV/Gilles Weber

 

El neurocientífico Grégoire Courtine, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), junto a la neurocirujana Jocelyne Bloch, del Centro hospitalario Universitario de Vaud de la EPFL (ambos en Suiza), llevan años investigando para que personas con la médula espinal dañada vuelvan a andar. En 2018, lograron que tres hombres paralizados desde hacía varios años consiguieran ese objetivo, tras introducirles implantes electrónicos en la médula espinal.

Ahora, un equipo, a cuyo frente están ambos investigadores, ha desarrollado una tecnología inalámbrica que ha permitido volver a caminar a Gert-Jan Oskam, un hombre holandés 40 años que, hace más de una década, sufrió la parálisis de sus piernas por daño medular tras un accidente de bicicleta.

“Hemos creado un ‘puente digital’ entre el cerebro y la médula espinal, mediante una interfaz cerebro-ordenador [BCI], que transforma el pensamiento en acción con algoritmos de inteligencia artificial”, destaca Courtine, líder del estudio publicado en Nature.

El paciente toma el control

Los autores explican que esta tecnología permitió al paciente recuperar el control natural del movimiento de sus piernas paralizadas. Además, después de varias sesiones de rehabilitación con la BCI, el equipo cuantificó notables mejoras en sus percepciones sensoriales y habilidades motoras y que se mantuvieron incluso cuando el dispositivo estaba desconectado.

En este sentido, Andrea Gálvez Solano, investigadora de la EPFL y primera firmante del trabajo, comenta a SINC que “la novedad de la BCI es que el paciente puede controlar la estimulación —y por tanto los movimientos— directamente a través de sus pensamientos”.

Según Gálvez, “esto significa que es capaz de dar pasos más largos o cortos, caminar sobre diferentes superficies e incluso subir escaleras, adaptándose a los entornos de la vida cotidiana. Es probable que la activación simultánea de las neuronas por encima y por debajo de la lesión, que permite la interfaz, junto con sesiones de rehabilitación específicas, favorezca la recuperación neurológica y mejore el cuadro clínico del paciente, subraya.

Para establecer el puente digital, se necesitaron dos tipos de implantes electrónicos. Bloch lo explica: “Hemos implantado electrodos, desarrollados por el centro de investigación público francés CEA, sobre la región del cerebro que controla el movimiento de las piernas. Estos dispositivos permiten descodificar las señales eléctricas que genera el cerebro cuando pensamos en caminar. También “colocamos un neuroestimulador conectado a una guía de electrodos sobre la región de la médula espinal encargada de las extremidades inferiores”.

Por su parte, Guillaume Charvet, responsable del programa BCI en el CEA, comenta que “gracias al uso de algoritmos de inteligencia artificial adaptativa, las intenciones de movimiento del paciente se descodifican en tiempo real a partir de registros cerebrales”.

A continuación, “estas intenciones se convierten en secuencias de estimulación eléctrica de la médula espinal, que a su vez activan los músculos de las piernas para lograr el movimiento deseado. Este puente digital funciona de forma inalámbrica, lo que permite al paciente desplazarse de forma autónoma”, subraya el experto.

Otras posibles aplicaciones

Oskam cuenta que, después de doce años, ha recuperado la agradable sensación de poder compartir una cerveza de pie en un bar con sus amigos: «Este simple placer representa un cambio significativo en mi vida», comenta satisfecho.

Hasta el momento, el sistema BCI solo se ha probado con él. Sin embargo, según Gálvez,“en el futuro, podría utilizarse una estrategia parecida para restablecer las funciones del brazo y la mano. Y también podría aplicarse a otros problemas neurológicos, como la parálisis debida a un ictus».

La empresa ONWARD Medical, junto con el CEA y la EPFL, ha recibido apoyo de la Comisión Europea a través de su Consejo Europeo de Innovación para desarrollar una versión comercial del puente digital, con el objetivo de que la tecnología esté disponible en todo el mundo.

Referencia:

G. Courtine et al.“Walking naturally after spinal cord injury using a brain–spine interface”. Nature (mayo, 2023)

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Un grupo de la UE liderado por Polonia insta en secreto a Zelensky a detener el conflicto

 

Aquí se recogen sucintamente unas declaraciones del Premio Pulitzer que desveló cómo y quién realizó la voladura de los oleoductos Nord Stream. Y lo que dice es, a estas alturas, bastante sorprendente.


Un grupo de la UE liderado por Polonia insta en secreto a Zelensky a detener el conflicto

 

Seymour Hersh

El Viejo Topo

27 mayo, 2023 

 


Un grupo de estados europeos encabezados por Polonia están pidiendo en secreto al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky que detenga el conflicto. Así lo afirmó el miércoles un periodista estadounidense, el ganador del Premio Pulitzer Seymour Hersh, quien publicó un mensaje correspondiente en su sitio web .

Este grupo está dirigido por Polonia, y llama en secreto a Zelensky a encontrar una manera de poner fin al conflicto, «incluso si esto requiere hacer renuncias», escribió, y señaló que este grupo incluye a los países bálticos y de Europa del Este, en en particular Hungría, Letonia, Lituania y Estonia. Según Hersh, el presidente ucraniano no está de acuerdo con esto y empieza a perder el apoyo de sus vecinos.

Como señala Hersh, una de las principales razones por las que los países europeos quieren el fin del conflicto son «los más de cinco millones de ucranianos» que fueron aceptados por los países vecinos. “La crisis regional de refugiados no se resolverá hasta que no se llegue a un acuerdo de paz”, señala el periodista.

Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, desde el 24 de febrero del año pasado hasta el 2 de mayo de este año, 20.922.328 personas llegaron desde Ucrania a los países vecinos. Al mismo tiempo, 12.272.076 personas cruzaron la frontera en sentido contrario. Rusia recibió a la mayoría de estos refugiados.

Anteriormente, Hersh afirmó que, según sus fuentes, Ucrania se encuentra en una situación difícil y que la duración del conflicto depende solo de cuántos compatriotas Zelensky esté dispuesto a sacrificar. También agregó que el conflicto continúa porque el presidente estadounidense, Joe Biden, “decidió ganar en Ucrania”.

El 8 de febrero, Hersh, quien se especializa en periodismo de investigación, en su artículo, citando una fuente, dijo que los artefactos explosivos debajo de los gasoductos rusos fueron colocados en junio de 2022 al amparo de los ejercicios Baltops por buzos de la Marina de los EE. UU. con el apoyo de especialistas noruegos. Según Hersh, Biden tomó la decisión de proceder con la operación después de nueve meses de conversaciones con funcionarios de seguridad nacional de la administración.

Fuente: News Front.

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viernes, 26 de mayo de 2023

Salvar al soldado Assange, luchador por la verdad

 

Se ha publicado en Italia un libro de Nils Melzer que narra con detalle la villanía que los vengativos poderes de Occidente están cometiendo contra el hombre que ha denunciado sus crímenes: Julian Assange.


Salvar al soldado Assange, luchador por la verdad


Carlo Formenti

El Viejo Topo

26 mayo, 2023 

 


«El proceso de Julian Assange, historia de una persecución» (editorial Fazi) llama menos la atención por su larga, detallada y documentada relación de los increíbles abusos sufridos por el periodista de Wikileaks por parte de diversos gobiernos occidentales (estos hechos ya eran conocidos por cualquiera dispuesto a tomar nota), que por la «confesión» del autor Nils Melzer (Relator Especial de la ONU sobre la tortura, profesor de Derecho Internacional Humanitario en Ginebra y director del Comité Internacional de la Cruz Roja). Tras admitir que al principio se mostró reticente a implicarse en el caso Assange, ya que «aún tenía grabados en la mente los titulares de los grandes periódicos que había absorbido casi inconscientemente durante los últimos años», para darse cuenta después de hasta qué punto su percepción había sido distorsionada por los prejuicios, Melzer declara que, tras chocar durante años con el muro de silencio levantado por las cancillerías de los países implicados, debe reconocer que ha pasado de ser un garante del sistema occidental de derechos humanos a un «disidente dentro del sistema».

Merece la pena citar algunas frases que muestran hasta dónde ha llegado la indignación de Melzer ante el comportamiento de los poderosos: «El caso Assange es la historia de un hombre perseguido por haber hecho públicos los sucios secretos de los poderosos, revelando crímenes de guerra, torturas y sobornos. Es la historia de la arbitrariedad judicial deliberada en las democracias occidentales, que en cambio prefieren presentarse como Estados modelo en materia de defensa de los derechos humanos. Es la historia de la connivencia entre los servicios secretos y las autoridades estatales, practicada a espaldas de la opinión pública y de los parlamentos nacionales»; «los intereses que persiguen los gobiernos son siempre políticos, su prioridad nunca es promover los derechos humanos, que, cuando se incluyen en la agenda política oficial, son sólo un medio para alcanzar otros objetivos, como denigrar a otros Estados o justificar intervenciones militares». En cuanto a las garantías que la separación de poderes debe ofrecer al ciudadano frente a posibles abusos de los distintos poderes del Estado, Melzer escribe que «las distancias entre los tres poderes del Estado son siempre menores que las que separan a la población de las autoridades de las tres esferas. Los funcionarios del Estado se conocen, van a comer juntos, intercambian información, se consultan informalmente y evitan apuñalarse por la espalda», una descripción eficaz del proceso de conversión de las democracias en oligarquías. En resumen. tras recopilar diez mil páginas de documentos judiciales, correspondencia y otros medios probatorios, Melzer se ve abocado a reconocer «el fracaso sistémico de nuestras instituciones democráticas bajo los principios del Estado de Derecho».

Pasemos a analizar los elementos que más han inspirado este pesado juicio. Para ayudarnos a comprender la excepcionalidad del caso Assange, sostiene Melzer, puede contribuir una comparación con el de Snowden. Snowden es un ciudadano estadounidense y estaba vinculado a su Gobierno por un contrato, por lo que, al haber recogido por iniciativa propia y hecho público el material que demuestra que EE.UU. (con la complicidad de británicos, canadienses, australianos y neozelandeses) espía sistemáticamente a los jefes de Estado de otros países occidentales, las acusaciones de espionaje y «traición» que se le imputan están justificadas. Por otra parte, Assange no era ciudadano estadounidense y se limitó a recibir y publicar material que otros le habían proporcionado (es decir, no hizo nada más que su trabajo como periodista). ¿Por qué entonces tanta furia?

Porque el contenido obsceno de la película de 18 minutos que mostraba a soldados estadounidenses ametrallando a civiles indefensos desde su helicóptero sobre Bagdad, bromeando sobre ello y ensalzando su hazaña, no debería haberse hecho público; estaba destinado a desaparecer en el agujero negro de los secretos de Estado (igual que deberían haber desaparecido los Papeles del Pentágono y las fotos de torturas en el campo de prisioneros de Abu Ghraib). Porque para el gobierno estadounidense, «traidores a la patria son quienes revelan los crímenes de guerra y no los criminales de guerra y sus superiores; e irresponsables son los periodistas que los dan a conocer y no las autoridades que los niegan amparándose en el secreto». Así que Assange tenía que pagar a toda costa, tenía que ser castigado de forma tan ejemplar que todos sus colegas no tuvieran ningún deseo de imitarle.

Pero el caso Snowden es instructivo por otra razón: porque ha puesto de manifiesto la rendición de todos los gobiernos occidentales ante el gobernante de las barras y estrellas. Ningún dirigente europeo ha ido más allá de tímidas protestas, inmediatamente sofocadas, al ser espiado por el ojo del amo. No debe extrañar, por tanto, que todos los gobiernos implicados en el caso Assange se hayan plegado a las exigencias estadounidenses de cooperar en el castigo del infractor de lesa majestad, aun a costa de hacer estragos en sus principios y valores institucionales.

Así lo ha hecho Suecia (cuyo total servilismo a Washington ya había salido a la luz en 2001, cuando dos solicitantes de asilo egipcios debidamente registrados fueron detenidos por el servicio secreto y entregados a la CIA, para ser trasladados a Egipto y torturados como presuntos terroristas). Melzer demuestra cómo la justicia sueca siempre ha sido consciente de que no tenía elementos suficientes para probar la acusación de violación contra Assange (una acusación construida arteramente para «manchar» la imagen del periodista y neutralizar la simpatía pública hacia él). Prueba de ello es que el caso se ha cerrado y reabierto varias veces, con el único objetivo de prolongar ese efecto disuasorio en la opinión pública. Al fin y al cabo, la solución ideal para la fiscalía sueca era mandar todo a prescribir, para evitar que el acusado pudiera demostrar su inocencia: «El plan no es detener e interrogar a Assange, sino crear y perpetuar la narrativa pública de un fugitivo culpable de delitos sexuales, mientras se le niega la oportunidad de defenderse».

Si Assange pidió asilo político en la embajada ecuatoriana fue porque sabía que Suecia no dudaría en entregarlo a Estados Unidos, donde le espera un destino aún peor que el de su delatora Chelsea Manning, sometida desde hace tiempo a torturas (desde primera hora de la mañana hasta las ocho de la tarde no podía dormir, tumbarse, apoyarse en la pared ni hacer ejercicio, sólo podía levantarse de la cama y caminar en círculos en una minúscula celda) que, en su caso, durarían toda la vida, ya que podría ser condenado a 175 años.

Pero el régimen, aunque claustrofóbico, que sufrió en una embajada asediada por la policía británica, lista para abalanzarse sobre él en cuanto saliera, se convirtió en una pesadilla cuando Lenin Moreno llegó al poder en Quito. Este tránsfuga (que cubre de infamia el nombre que le puso algún padre despistado) había sido elegido para continuar las políticas antiliberales de Correa, pero se vendió rápidamente a Estados Unidos, que para abrir el cerco puso, entre otras condiciones, la entrega de Assange. A partir de marzo de 2018, todos los empleados de la embajada que mantenían buenas relaciones con Assange son por tanto apartados y, mientras el secretario de Estado británico Alan Duncan escribe sin pudor que «la principal misión del nuevo embajador Romero es ahora sacar a Assange de la embajada», comienza una auténtica persecución: Assange está cada vez más aislado del mundo, se le niega el teléfono e Internet, se le restringe el derecho a recibir visitas privadas salvo de médicos y abogados, se graba escrupulosamente todo lo más íntimo que pueda ser utilizado en su contra; se alimentan las habladurías mediáticas en su contra para lanzar una nueva narrativa sucia, calumniarle y desacreditarle (llegarán incluso a quitarle el kit de afeitado, para que cuando salga parezca un vagabundo callejero).

En cuanto al Gobierno británico, baste citar lo que dijo el citado Duncan ante la Cámara de los Comunes: «es hora de que ese miserable gusanillo salga de la embajada y se entregue a la justicia británica». Y efectivamente, el 11 de abril de 2019 cuando, en la culminación de una serie de acontecimientos planificados y coordinados con mucha antelación entre Ecuador, Reino Unido y Estados Unidos, Assange salió de la embajada fue inmediatamente detenido y comenzó su reclusión, en condiciones de aislamiento y vigilancia dignas de un peligroso criminal que Melzer describe en el libro, a la espera de que se resuelva el procedimiento de extradición. Y cuando sea extraditado, escribe Melzer, su juicio tendrá lugar en el Tribunal de Espionaje de Alejandría, donde los procedimientos se celebran a puerta cerrada, sin prensa ni público, basándose en pruebas a las que Assange y su abogado no tienen acceso «por razones de seguridad». Gracias en parte a los esfuerzos de Melzer, de la esposa y de los amigos de Assange, así como de algunas minorías políticas occidentales y de los pocos órganos de prensa que conservan un residuo de autonomía y dignidad, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Reporteros sin Fronteras y otras asociaciones se esfuerzan ahora por evitar esta conclusión.

Concluyo observando que Melzer, a quien van todos mis respetos por su compromiso con la justicia y por haberse dado cuenta de que su papel de garante de los derechos humanos se reducía a actuar como hoja de parra de un sistema democrático liberal que va camino de emular a los regímenes fascistas de entreguerras (preparándose para desencadenar la tercera), sin embargo, no da el último paso, a saber, comprender que no se trata de una degeneración a partir de un modelo ideal original, sino de la lógica intrínseca al sistema en cuestión, razón por la cual se declara un «disidente interno» del mismo. Al fin y al cabo, «nadie es perfecto», como reza la frase final de la película «Some Like It Hot».

Fuente: https://avanti.it/

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jueves, 25 de mayo de 2023

La espera en la Atención Primaria sigue creciendo en todos los territorios del Estado

 


La espera en la Atención Primaria sigue creciendo en todos los territorios del Estado


Publicado el 25 de mayo de 2023 / Por Coordinadora Antiprivatizacion de la Sanidad-Estatal

 

kaosenlared

 

La espera para una consulta en Atención Primaria se duplica en cuatro años

Una docena de gobiernos autonómicos tratarán de revalidar su gestión el 28M mientras el 22,9% de los ciudadanos afirma que la crisis de la sanidad les afecta personalmente y se multiplican por tres aquellos que creen que el sistema “está tan mal que se necesitaría rehacerlo”

La población española está preocupada por la sanidad. Los profesionales llevan lustros advirtiendo de las carencias de un sistema que se vio desbordado por la pandemia. Listas de espera, agendas saturadas, trabajadores quemados y un trasvase hacia la privada son el trasfondo de uno de los datos que arroja el último barómetro del CIS, publicado hace unos días: al 22,9% de los encuestados le afecta “personalmente” la crisis de la sanidad. No es una cifra menor. Si se extrapola al conjunto de la ciudadanía, el total se acerca a los 11 millones de individuos.

A cinco días de las elecciones, es evidente que la sanidad, o los intentos por sacarla de la conversación, están en la agenda de los partidos. Del resultado que arrojen las urnas el domingo saldrán los gobiernos que gestionarán durante los próximos cuatro años el sistema en una docena de comunidades autónomas, en las que vive la mitad de la población. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el pasado sábado una inversión de 580 millones de euros en atención primaria, incluidos en un paquete de 1.000 millones en los Presupuestos Generales del Estado.

El mismo día, la presidenta de la Comunidad de Madrid, y también candidata simbólica en las municipales de Bilbao, acudía a un acto en Euskadi para avivar el recuerdo de ETA y pedir la ilegalización de Bildu, contra el criterio del presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Pese a que la sanidad ha sido donde Isabel Díaz Ayuso ha encontrado mayor oposición, todas las encuestas la acercan a la mayoría absoluta en la Asamblea.

“Para que los votantes decidan su voto en función a un tema, es importante que tengan claro cómo un candidato distinto va a generar una dinámica distinta. La izquierda ha hecho esfuerzos en ese sentido y hay votantes que lo tienen claro, pero es posible que no haya sabido mandar el mensaje de que van a aplicar una política sanitaria muy distinta y que algunos electores no acaben de percibir que la sanidad va a depender de su voto”, explica la doctora en Ciencias Políticas y experta en comportamiento electoral Berta Barbet.

Un punto de inflexión

Los últimos cuatro años, que marcan una legislatura completa, han supuesto un punto de inflexión para el Sistema Nacional de Salud. “En 2019, el conjunto del sistema sanitario todavía no se había recuperado de los recortes de la crisis anterior, estaba debilitado y la pandemia lo desbordó totalmente, con una sanidad pública que se mantenía sobre el esfuerzo de los trabajadores sanitarios”, explica el portavoz de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), Marciano Sánchez Bayle.

Con las consecuencias de la crisis sanitaria aún coleando, los profesionales sanitarios encendieron la mecha de las reivindicaciones que venían arrastrando desde hacía años en varias comunidades autónomas. La gasolina para esas reclamaciones la pusieron los ciudadanos de Madrid, que salieron a la calle en dos multitudinarias manifestaciones en el último año. El 13 de noviembre de 2022, cientos de miles de personas se movilizaron para defender una sanidad pública de calidad en la Comunidad. El germen fue el deterioro evidente de la Atención Primaria, que erosiona toda la estructura del sistema. La protesta se replicó en febrero.

Como puede verse en el siguiente gráfico, elaborado por elDiario.es con datos de los barómetros sanitarios de 2018 –previo a las últimas elecciones autonómicas de peso similar y municipales– y de 2022, la accesibilidad a ese primer escalón asistencial se ha deteriorado gravemente en estos cuatro años. De media, los ciudadanos aseguran que la espera es hoy el doble que hace una legislatura.

Por comunidades, ninguna ha sido capaz de reducir la espera, pero algunas han desbaratado la lista más que otras. Andalucía, Canarias, Comunitat Valenciana y Madrid han sumado más de cinco días a lo que ya se esperaba en 2018. En el caso de Catalunya, donde también ha habido paros en los últimos meses, la tardanza para ser atendido en el médico de familia aumentó hasta los 11,6 días de media. En general, es habitual que las medias las engorden los barrios donde el nivel socioeconómico de la población es más bajo, frente a aquellos donde son accesibles otros sistemas, explicaba la secretaria técnica de Atención Primaria de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, Ana Giménez, en este reportaje.

Más allá de la media, en la tabla que se muestra a continuación puede consultarse, comunidad a comunidad, el porcentaje de población que era atendido en 2018 desde que solicitaba una cita con su médico de familia hasta que finalmente era visto, en comparación con lo que se indicaba en 2022. Si hace cinco años el 29,4% era atendido en los dos primeros días y el 56% en los tres primeros, esta cifra ha caído al 26,4%. Al contrario, la parte alta del gráfico se oscurece porque si un 6% de los pacientes tardaba antes 11 días o más en acceder a una consulta, hoy son el 23,6%.

La dinámica en este sentido se repite en todas las comunidades, y todas están lejos del compromiso adquirido con el Ministerio de Sanidad en el Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria, aprobado en abril de 2019, de “garantizar que la demanda de atención no urgente se atienda en menos de 48 horas” en el corto plazo. Las que más se acercan son Navarra, Asturias y Euskadi, cuyas Primarias atienden en los tres primeros días a la mitad de la gente que lo necesita. En concreto, al 56,7%, al 55% y al 47,3%, respectivamente.

Precisamente, estas comunidades son, junto a Extremadura, las que más dinero han presupuestado para sanidad en 2023, según los datos de la FADSP. Son las únicas que superan los 2.000 euros por habitante, elevan la media nacional de 1.809 euros por ciudadano y entierran en la tabla a Madrid (1.446 euros), Catalunya (1.456) y Murcia (1.535). Con la excepción de Euskadi y Catalunya, que no celebran comicios autonómicos este domingo, en las comunidades que más invierten esperan revalidar gobiernos socialistas, mientras que las que destinan menos dinero a la salud hacen lo propio con gobiernos del Partido Popular.

Invertir más o menos en sanidad, explica Sánchez Bayle, es “una decisión política de los gobiernos o las asambleas de cada comunidad y su mayor preocupación por el sistema sanitario público”. “En el caso de Madrid está claro que, desde la época de (la presidenta Esperanza) Aguirre hay un interés por desmantelar y descapitalizar el sistema sanitario público para favorecer al sector privado. No se puede decir que no haya tenido éxito, porque es la comunidad con mayor porcentaje de población con un seguro privado”, indica el doctor.

En Madrid es donde los ciudadanos más dinero se gastan directamente de su propio bolsillo en sanidad privada. Cada madrileño destinó en 2022, de media, 936 euros a seguros privados, seguidos de los 816 euros en Catalunya y los 813 en La Rioja, según los datos del informe Sanidad privada, aportando valor 2023, de la Fundación IDIS, que aglutina al sector.

No solo eso: indirectamente, a través de impuestos, la Comunidad que preside Isabel Díaz Ayuso, también es la que más financia a la privada mediante conciertos, junto a Catalunya, con amplia tradición en esta fórmula. Según el informe Los servicios sanitarios de la CCAA, supusieron el 11,7% y el 23,9% del gasto presupuestado. Pero una cosa es el presupuesto y otra el gasto. El Servicio Madrileño de Salud presentó el pasado viernes las cuentas anuales de 2022, que muestran un incremento interanual del 82% en conciertos y contratos con empresas vinculadas a la sanidad, según denuncia Comisiones Obreras.

El presidente de la Organización Médica Colegial, Tomás Cobo, alerta de que “el aumento de seguros privados puede llevar a una sanidad pública pobre para pobres”. En una reciente entrevista con elDiario.es, señalaba que el sistema público de salud tenía tres quiebras: la de atención primaria que muestran las cifras; la de la cobertura pública, que tiene su reflejo en el aumento del aseguramiento; y la precariedad laboral del personal sanitario, que ha salido a la calle en Madrid, Andalucía, Extremadura, Catalunya, Cantabria, Valencia, Murcia, Navarra, Asturias o Euskadi, donde se han celebrado dos jornadas de huelga los días 18 y 19 de mayo.

Listas de espera para el especialista

El barómetro del CIS también pregunta por el tiempo de espera para ser atendido con un especialista. En este caso, ha habido un cambio en la forma de agrupar los respuestas que impide ver con claridad las diferencias: en 2018 se diferenciaba a aquellos que decían haber tardado hasta 3, 4, 5 y 6 meses y más de medio año; en 2022 metía en el mismo grupo a los que tardaban más de tres meses, por lo que no se puede valorar si se reducen o no las esperas de los tramos más altos.

Pese a todo, hay datos llamativos, como el aumento medio del 25,3% al 37,7% que afirma que esperó más de tres meses para ver a un especialista. O el de La Rioja, que pasó del 17,6% al 51,7%. Es junto a Extremadura, Castilla-La Mancha y Canarias donde la mitad de los pacientes que necesitan una de estas visitas espera más de un trimestre para ser atendido.

Los datos utilizados en esta información muestran las respuestas que los ciudadanos dan al CIS. Los que facilitan las comunidades autónomas, que son los oficiales, no siempre muestran la realidad detrás de los números. Primero, porque las esperas son acumulativas. Pero, sobre todo, porque cada consejería utiliza sus propios criterios, cuando no trampas, para empezar a contar. En su último informe anual, de 2022, el Defensor del Pueblo hacía notar un incremento “notable” de las quejas recibidas por los retrasos para ser atendido “en consultas externas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas”

La OCDE también ha alertado de otros puntos débiles del sistema sanitario español, como las camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes, muy por debajo en España de la media europea. Si en el conjunto de la UE esta se encuentra en las cinco plazas por millar de ciudadanos, en España apenas llegaba a tres en 2020.

Con estos ingredientes, no es raro que la percepción que la población tiene de la sanidad haya empeorado en los últimos cuatro años. Ya solo cree que el sistema público “en general, funciona bastante bien” el 14% de la población. En ninguna comunidad le otorga ese estatus más gente ahora que en 2018. Al otro extremo, se han triplicado las personas que responden que el sistema “está tan mal que se necesitaría rehacerlo”.

Como muestra el siguiente gráfico, la peor valoración ha subido 10 puntos o más en una decena de comunidades: Andalucía, Aragón, Canarias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid, Murcia, Euskadi y La Rioja.

 

David Noriega / Ana Ordaz / Victòria Oliveres

Fuente: El Diario

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