sábado, 22 de octubre de 2022

Concluye XX Congreso del Partido Comunista Chino: Ratifican rumbo pro desarrollo, equidad y coexistencia pacífica internacional

 

Concluye XX Congreso del Partido Comunista Chino: Ratifican rumbo pro desarrollo, equidad y coexistencia pacífica internacional

 

Diario octubre / octubre 22, 2022

 

István Ojeda Bello*.— Al concluir la sesión plenaria del XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) se ratificó la línea de la organización política gobernante pro desarrollo económico con mayor equidad y la coexistencia pacífica en el plano internacional.

 

“Debemos tener claras las aspiraciones fundacionales y misiones del PCCh; que el país es el pueblo y el pueblo es el país; y tener bien presente lo que es primordial para el Estado”, expresó su secretario general Xi Jinping, tras la ceremonia en la cual se presentaron los integrantes plenos y suplentes del Comité Central y de la Comisión Central de Control Disciplinario.

En total son 376 los miembros del XX Comité Central (205 plenos y 171 suplentes) quienes resultaron electos luego de una sesión plenaria iniciada el pasado 16 de octubre. Mientras que 133, son los militantes que conforman la XX Comisión Central de Inspección Disciplinaria. Los primeros, luego de reunirse este sábado nombrarán a su Buró Político y dentro de este a su Comité Permanente, nombres que se darán a conocer este domingo.

Tras una semana de sesiones, los casi 2 300 delegados ratificaron que en el plano programático la guía del Partido continuará siendo el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping sobre la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo; unido a la implementación íntegra del pensamiento de Xi Jinping.

Tras encomiar los éxitos alcanzado por el país en la última década, especialmente en el combate a la pobreza y en el fortalecimiento del liderazgo de la organización política a lo interno y de China en los foros internacionales; el cónclave planteó en sus conclusiones que “desde ahora, la tarea central del PCCh es unir y conducir al pueblo de las diversas etnias del país en la materialización del propósito de construir un país poderoso socialista y moderno”. Dicha aspiración, dijo, deberá concretarse en dos fases: hasta 2035, con la modernización socialista; y desde 2035 hasta mediados del siglo, transformando a China en un “país socialista moderno, próspero, democrático, civilizado, armonioso y bello”. El próximo lustro, afirmaron, será crucial en ese empeño.

Foto: Cortesía del autor.

 

En el plano económico, el XX Congreso reiteró que Beijing persevera en “la economía de mercado socialista como rumbo de la reforma y en la apertura al exterior de alto nivel”; destacando que lo hará con una configuración de desarrollo protagonizada por la circulación nacional en promoción mutua con el exterior; aseguró que el gigante asiático continuará vigorizando sus áreas rurales. En el plano del ejercicio de gobierno, enfatizó el apego al estado de derecho, “perfeccionando el sistema jurídico socialista con peculiaridades chinas”.

“El mejor ordenamiento institucional para mantener en Hong Kong y Macao una prosperidad y una estabilidad duraderas tras su retorno, se debe fortalecer con firmeza a largo plazo”, expuso con respecto a ambas zonas administrativas especiales. En lo tendiente a la provincia de Taiwán recalcó que bajo similares principios de “Un país, dos sistemas”, y de “Una sola China”; el Partido continuará trabajando por la reunificación, luchando resueltamente contra la independencia de la isla y llevando “con firmeza el poder rector y la iniciativa en las relaciones entre las dos orillas del estrecho de Taiwán”.  Advirtió que, si el PCCh quiere contar con el apoyo del pueblo y consolidar su rol gobernante deberá perseverar en su “disciplinamiento integral y riguroso”.

En la arena internacional, los participantes en la cita más importante de los comunistas chinos, manifestaron su conformidad que con su país sea firme en la “aplicación de una política exterior independiente y de paz”, edificada sobre la base de la coexistencia pacífica y los beneficios mutuos.

Tras la revisión de los estatutos del PCCh, el XX Congreso acordó, entre otros, incluir en los mismos los aportes del pensamiento de Xi Jinping al socialismo con peculiaridades chinas y el propósito de materializar gradualmente la prosperidad de todo el pueblo chino, mediante un concepto de desarrollo innovador y ecológicamente sustentable. También quedaron asentadas como tales sus ideas sobre la construcción política del Ejército Popular de Liberación, su fortalecimiento y constante modernización. “Los cuadros dirigentes del Partido en sus diferentes niveles deberán luchar contra la mentalidad de los privilegios”, concluyó.

Foto: Cortesía del autor.

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István Ojeda Bello

Graduado de Periodismo. Labora en el Periódico 26 de Las Tunas. Ganador del Premio Nacional Juan Gualberto Gómez de Periodismo Digital en 2018 y 2019.

FUENTE: cubadebate.cu

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Más allá del jardín

 

Más allá del jardín

 

Andrea Zhok

El Viejo Topo

22 octubre, 2022 

 

El jefe de la política exterior de la UE, Josep Borrell, explicó en una entrevista cómo en Europa se da «la mejor combinación de libertad política, prosperidad económica y cohesión social que la humanidad ha sido capaz de construir: las tres cosas juntas», y pasó a comparar a Europa con «un jardín» y al resto del mundo con una «selva que podría invadir el jardín». Por ello, los europeos deben «adentrarse en la jungla», deben «implicarse mucho más en el resto del mundo». Si no, el resto del mundo nos invadirá».

Este discurso, en su contundencia ideológica, revela mucho más sobre las circunstancias en las que nos encontramos que cualquier sutil análisis geopolítico. Por supuesto, habrá estrategas que operen entre bastidores y examinen la realidad con frío realismo en términos de mero poder, económico y militar, pero toda época, toda civilización, siempre se apoya en alguna visión fundamental, a la que se adhiere la mayoría, que opera fuera de la «sala de control».

Las palabras de Borrell nos recuerdan los extremos de esta visión dirigente, que está en el fondo del actual conflicto mundial híbrido (ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, pero de forma híbrida por ahora, en la que los componentes económico y de manipulación cognitiva son al menos tan importantes como el militar).

Borrell nos recuerda, sin quererlo, cómo Occidente ha construido su autoconciencia durante los dos últimos siglos de una forma «progresista» (compartida, por supuesto, incluso por los que se autodenominan «conservadores» en política), una forma en la que el mundo «avanza», y los individuos y los pueblos se distinguen en «avanzados» y «atrasados».

Nosotros, los occidentales, como avanzados y progresistas, podemos a nuestros ojos legitimar fundamentalmente cualquier abuso y cualquier prevaricación contra los atrasados, ya que el progreso funciona como dispositivo de justificación moral. El progresismo occidental es, de hecho, una forma de racismo cultural, extraordinariamente arrogante y agresivo, que recubre la primitiva «ley del más fuerte» con adornos ideológicos del más alto barniz moral (derechos humanos, derechos civiles, etc.).

Todo el aparato intelectual y propagandístico orgánico a esta visión produce justificaciones ad hoc para todas las violencias y abusos, adoptando sistemáticamente un doble rasero admirable y sofismas hiperbólicos (del Congo Belga a Wounded Knee, de la Shoah a Hiroshima, de Vietnam a Irak, etc., es un libro de horrores salpicado de apelaciones al progreso). En el fondo de todo esto hay un supuesto sólido como una roca, lo único verdaderamente estable e inflexible: nuestro sentido de superioridad. Cada una de las interminables pruebas del carácter agresivo, depredador y deshumanizador de la civilización occidental contemporánea son leídas automáticamente por el aparato como errores del camino, accidentes inescindibles, daños colaterales en el proceso hacia más, mejor, progreso.

Nosotros, los Eloi, vivimos en el jardín, los otros, los Morlocks, en la selva

Es interesante recordar cómo todo el fundamento histórico de este sentimiento de superioridad se basa exclusivamente en la superioridad tecnológica, militar y luego industrial, que ha madurado plenamente en los dos últimos siglos. Es con la revolución industrial y la capacidad de producir en masa grandes cantidades de armas mortíferas cuando la sensación de superioridad y avance se hace plenamente convincente.

Ciertamente, no es en el plano espiritual, ni en el de la armonía de las formas de vida, ni en el de la felicidad, ni en el del refinamiento artístico, ni en ningún otro en el que Occidente ha madurado su autoconciencia de superioridad, nada más que la fuerza apoyada tecnológicamente. Es decir, que no desarrollamos nada comparable a las técnicas de cuerpo y mente que podemos encontrar en la cultura india, china, japonesa, etc., pero nosotros teníamos ametralladoras, ellos no.

De hecho, lo único que nutre y permite un estándar de «progreso» es la acumulación de poder tecnológico. Si la poesía japonesa o la alemana es mejor, «más avanzada», es una cuestión que ninguna persona en su sano juicio debatiría seriamente, pero que la tecnología alemana era superior a finales del siglo XIX era demostrable sobre el terreno, y esto, por ejemplo, impulsó a Japón (a pesar de una gran resistencia) a adaptarse a los estándares europeos.

Occidente es, por tanto, la fuerza histórica que empujó al mundo en la dirección de una competencia interminable e ilimitada, ya que creó un campo de juego en el que no había piedad para los que quedaban «atrás». Occidente indujo al planeta a una «carrera armamentística» sistemática, en el sentido bélico o económico, sobre la base de su visión progresista del avance subyugante.

Al mismo tiempo, desde el principio y con creciente intensidad, Occidente (que no coincide con la cultura europea, o más bien con las culturas) se mostró entrando en crisis recurrentes de autofagia, desestabilización y autodestrucción. Los años que preceden a la Primera Guerra Mundial son culturalmente fascinantes para el estudioso, porque constituyen una extraordinaria e insistente elaboración del tema de la desesperación, la decadencia y el nihilismo (exactamente en paralelo con el simultáneo auge de la alabanza positivista del progreso, la iluminación eléctrica, las nuevas «comodidades»). Las dos guerras mundiales -los acontecimientos más destructivos registrados en la historia de la humanidad hasta la fecha- no hicieron más que retrasar las manecillas del reloj de la historia medio dial: y en la década de los ochenta empezó a surgir la misma dinámica que un siglo antes.

Hoy y desde hace tiempo en el «jardín» occidental, la percepción de precariedad y falta de futuro es generalizada; estamos en la segunda generación que nace y crece en una condición de crisis perenne, de total desorientación, desarraigo, licuación de relaciones, afectos, identidades, e incapacidad de identificarse con cualquier proceso supraindividual, sea histórico o trascendente.

Esta condición de degradación social y antropológica se camufla ideológicamente convirtiendo cada herida en un alarde, cada cicatriz en un adorno: la inestabilidad es «dinamismo», el desarraigo es «libertad», la ruptura de la identidad es alegre «fluidez», etc. El dolor de vivir en las generaciones más jóvenes, aquellas tradicionalmente más dispuestas a la contestación y la protesta, se mantiene bajo control con la disponibilidad de un mercado cada vez mayor de entretenimiento estandarizado, funcional para desviar la mente de cualquier forma duradera de autoconciencia o conciencia general. Lo que antes era ginebra de las destilerías clandestinas para el trabajador de la revolución industrial, ahora se ofrece en forma de entretenimiento doméstico desde diversas pantallas. Esto también es un progreso: así la mano de obra dura más tiempo.

Al situarnos en una posición superior y avanzada, esta visión nos permite deslegitimar de entrada toda queja, ya que por definición, aunque nosotros en primera clase tuviéramos problemas, imagínense todos los demás desgraciados, en otros lugares o tiempos. Así que deja de quejarte y vuelve a trabajar.

Esta concepción global, en la que nos sumergimos hasta una profundidad casi insondable, representa una burbuja más allá de la cual somos incapaces de imaginar que pueda existir ningún mundo que merezca la pena ser habitado (sólo existe la oscuridad de la «jungla»). Es por ello que cuando, por primera vez en dos siglos, aparece en el horizonte la sombra de competidores no fáciles de someter, el reto, para los imbuidos de esta visión, se convierte en algo absoluto, en algo existencial. No podemos ceder porque ceder significaría abrir el camino a una relativización de nuestra mirada, y sólo eso abriría las compuertas del descontento reprimido, del malestar que arde bajo las cenizas, de la desesperación tras mil signos iluminados.

Por eso es un momento especialmente peligroso: Occidente, sacando toda su resistencia psicológica residual de su imagen de superioridad, no está en condiciones culturales de imaginar una forma de vida diferente para sí mismo. Por ello, las oligarquías, que sólo perciben los beneficios de la forma de vida occidental, están dispuestas a sacrificar hasta el último plebeyo para no ceder terreno, para no dejar que crezca ninguna vegetación espontánea dentro del «jardín».

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Belgas piden actuar contra bancos que rechazan transferencias a Cuba

 

Belgas piden actuar contra bancos que rechazan transferencias a Cuba

 

DIARIO OCTUBRE / octubre 21, 2022

 

La Coordinadora belga por el Fin del Bloqueo contra Cuba instó hoy a presionar al Gobierno para que actúe ante la negativa de bancos a aceptar transferencias hacia la isla por temor a sanciones estadounidenses.

En un comunicado, la plataforma pidió a ciudadanos y organizaciones en Bélgica escribirle al ministro de Finanzas, Vincent Van Peteghem, para que responda a lo que calificó de una infracción de la libre circulación de capitales.

 

La campaña incluye un sitio web en el que los interesados pueden aportar sus datos y el malestar por la situación imperante.

Nuevos incidentes prueban que los bancos ING y BNP-Paribas-Fortis continúan rechazando transferencias de dinero a Cuba, denunció.

A finales del año pasado, la Coordinadora realizó protestas frente a sucursales de esas instituciones en las ciudades de Gante y Lieja, donde también repudió el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la nación antillana y su alcance extraterritorial.

De acuerdo con el movimiento integrado por más de 40 organizaciones, el ministro Van Peteghem no hace lo suficiente para frenar esta conducta y hacer cumplir las leyes nacionales y europeas.

Al respecto, recordó que la Autoridad Bancaria Europea (ABE) concluyó en enero de este año que algunas entidades del sector no aplican adecuadamente las directivas generales para prevenir el blanqueo de capitales y el apoyo al terrorismo, lo cual se traduce en un abuso de la política de “atenuación de riesgos”.

Ese es el argumento que se esgrime para negarse a efectuar transferencias dirigidas a Cuba, advirtió.

Asimismo, subrayó que este comportamiento a la hora de aplicar los lineamientos motivó al Banco Nacional Belga a enviar el 1 de febrero de 2022 una nueva circular sobre la “atenuación de riesgos”.

La Coordinadora belga por el Fin del Bloqueo contra Cuba destacó que a principios de este mes, los parlamentarios Vicky Reynaert y Marco Van Hees preguntaron sobre el tema al ministro de Finanzas, quien fue evasivo.

Van Hees le recordó que una ley belga del 2 de mayo del 2019 prevé multas de entre 10 mil euros y un 10 por ciento de las operaciones anuales a entidades como los bancos si violan la misma.

De igual manera, puso a Van Peteghem un ejemplo concreto del cierre de una cuenta por el banco BNP-Paribas-Fortis a una organización solidaria con Cuba, amplió la plataforma, que preguntó ¿Por qué el ministro no sanciona a los bancos que quebrantan la legislación”.

En su comunicado, consideró además que el titular de Finanzas “se esconde detrás del Banco Nacional Belga, que debe establecer las infracciones, pero no ataca las violaciones de los bancos».

FUENTE: prensa-latina.cu

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Política exterior de China promueve la paz y el desarrollo mutuo

 

Política exterior de China promueve la paz y el desarrollo mutuo

TERCERAINFORMACION / 21.10.2022

Desde el año 2012 China avanzó en un modelo diplomático, que según la cancillería incrementó de 172 a 181 el número de países que tienen relaciones con Beijing.


La iniciativa de La Franja y La Ruta impulsada por el presidente Xi Jinping, es otro factor que contribuye a estrechar los lazos de amistad entre China y la comunidad internacional.


Durante el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) las autoridades del gigante asiático explicaron que a través de la cooperación internacional y la defensa del multilateralismo, Beijing aspira a mantener la paz mundial, promover el desarrollo común, e impulsar la construcción de una comunidad de destino para la humanidad.

Al respecto el Viceministro de Relaciones Exteriores de China Ma Zhaoxu, indicó que apuestan por “la construcción de una comunidad de destino para la humanidad, defendemos firmemente la equidad y la justicia internacionales, defendemos y practicamos el multilateralismo genuino, nos oponemos claramente a todo hegemonismo y política de poder”.

Desde el año 2012 China avanzó en el diseño de un modelo diplomático de múltiples niveles y tridimensional, que según datos de la cancillería incrementó de 172 a 181 en número de países que tienen relaciones diplomáticas con Beijing, mientras las alianzas con otros Estados u organizaciones regionales del mundo pasó de 41 a 113.

El alto funcionario chino también recordó que en la última década firmaron 19 acuerdos de libre comercio con 26 países y regiones, para promover la implementación de la Asociación Económica Integral Regional. 

La iniciativa de La Franja y La Ruta puesta en marcha por el presidente Xi Jinping bajo el principio del desarrollo y el beneficio mutuo, es otro factor que contribuye a estrechar los lazos de amistad entre China y la comunidad internacional.

De acuerdo al Vicecanciller Ma “la construcción conjunta de La Franja y la Ruta ha atraído la participación activa de 149 países y 32 organizaciones internacionales, y una gran cantidad de proyectos emblemáticos como el Ferrocarril China-Laos y el ferrocarril de alta velocidad Yakarta-Bandung”.

Al mismo tiempo expresó que se consolidó y estrechó el apoyo estratégico hacia los países vecinos, así como la cooperación con las naciones en vía desarrollo en medio de la pandemia de Covid- 19. 

Relaciones de China con otros polos de poder

Los líderes políticos que participan en el XX Congreso Nacional del PCCh enfatizaron que China promueve el establecimiento de una asociación estratégica integral de coordinación con Rusia en la nueva era.

En lo referente a las potencias occidentales los dirigentes alegaron que las relaciones con la Unión Europea deben regirse bajo cuatro aspectos la paz, el crecimiento, la reforma y la civilización, además reiteraron su llamado para que el respeto mutuo impere en las relaciones con Estados Unidos.

Tras reiterar la disposición de China de establecer vínculos de amistad con todo el mundo, el Vicecanciller Ma alertó desde el XX Congreso Nacional del PCCh, que las potencias occidentales promueven la confrontación.

“Hay algunas fuerzas en el mundo que se están moviendo en contra de la tendencia de la historia, manteniendo una mentalidad de guerra fría (…) están ansiosos por pelear una nueva guerra fría, trazar líneas ideológicas e incitar a la confrontación”.

El alto funcionario advirtió que un mundo dividido no sirve a los intereses de nadie, paralelamente ratificó el apego de su país a la defensa del sistema internacional con las Naciones Unidas en su centro, el orden internacional basado en el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales basadas en los principios de la Carta de la ONU.

Soberanía sobre Taiwán y Hong Kong

Salvaguardar la soberanía nacional y la seguridad son dos tareas calificadas como sagradas por el PCCh y la diplomacia china, es en este contexto que el Vicecanciller Ma Zhaoxu aseveró que no aceptarán injerencia extranjera en los asuntos internos de la nación.

“Nos opusimos firmemente a cualquier comportamiento de independencia de Taiwán, neutralizamos la injerencia de fuerzas externas y consolidamos el consenso de la comunidad internacional a la política de un país dos sistemas”.

En cuanto a Hong Kong Ma precisó que se tomaron medidas para garantizar la seguridad de los ciudadanos frente a acciones desestabilizadoras.

“Ayudamos a la implementación de la Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong y contrarrestamos con precisión las sanciones irrazonables impuestas por los Estados Unidos y occidente”.

El alto funcionario de la misma forma criticó los intentos de las potencias occidentales de atacar a China, alentando la versión de la presunta violación de los derechos humanos de la etnia uigur en la provincia de Xinjiang.

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Sanidad pública o barbarie. [Manifestación, Madrid, España]]

 

Sanidad pública o barbarie

 

INSURGENTE.ORG / 21 octubre 2022

 


Es esencial la defensa de la sanidad publica. Aunque resulta paradójico  el por que algunas organizaciones convocantes, no exigen la derogación de las leyes que permiten la privatización, externalización, subcontratación..,  de la sanidad publica y todos sus servicios, que es su causa principal;  cuando además hay una ILP presentada en ese sentido, y las fuerzas políticas en el gobierno se comprometieron a derogarlas.

Organizaciones sindicales, profesionales, vecinales y colectivos sociales de Madrid han convocado una manifestación el sábado 22 de octubre en defensa de la Sanidad Pública. El recorrido será entre Neptuno y Sevilla y comenzará a las 18 horas. La manifestación se produce antes de las anunciadas huelgas de los profesionales sanitarios en Servicios de Urgencias de atención primaria (SUAP), Servicios de Atención Rural (SAR) que comenzará a partir del 25 de octubre. O la huelga indefinida de los trabajadores de Urgencias del Hospital Infanta Sofía de Sanse que comenzará el 28 de octubre.

Entre las principales reivindicaciones, están que la Consejería de Sanidad realice un estudio de la situación en que se encuentra el sistema de salud público, donde se informe sobre los tiempos medios de espera y se asigne una financiación adeudada.

También apostar claramente por la Atención Primaria dotándola de recursos y medios, se acabe con las privatizaciones y externalizaciones de los servicios. Y que se mejore las condiciones laborales del personal, poniendo fin a la temporalidad laboral.

También se reclamará que se mantengan en funcionamiento todos los Servicios de Urgencia de Atención Primaria (SUAP), Servicios de Atención Rural (SAR) y las Unidades de Atención Domiciliaria (UAD). También que se aumente de manera significativa el número de camas hospitalarias.

Además se pide que se elabore una nueva Ley de Ordenación Sanitaria, y que se incremente la coordinación entre las Consejerías competentes para mejorar la atención sociosanitaria en las residencias de mayores.

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viernes, 21 de octubre de 2022

COESPE: “No permitiremos que arruinéis el sistema de pensiones y los derechos públicos”

 



COESPE: “No permitiremos que arruinéis el sistema de pensiones y los derechos públicos”

 

Publicado el 21 de octubre de 2022 / Por Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE)

 

Kaosenlared

 

Tras el éxito obtenido en la gran manifestación del sábado 15 octubre, con la participación de más de 50 mil pensionistas y trabajadores y trabajadoras y estudiantes, los poderes económicos y sus representantes de la banca y la política se han lanzado a la ofensiva con la intención de que la movilización no continue, introduciendo elementos de catastrofismo en el debate mediático, anunciando una vez más, la calamidad social en el supuesto de que las reivindicaciones del movimiento pensionista sean tenidas en cuenta.

Anuncian como un mantra, que de no recortarse y toparse salarios y pensiones, ello provocara la agudización de la crisis.

No hablan del aumento del gasto militar derivado de una crisis bélica, que nada han hecho para evitar ni reconducir, tampoco la Unión Europea, ni el gobierno. Por el contrario, el gobierno se ha metido en este momento en un conflicto con Argelia, renunciando a la defensa del Sahara, ahora bajo presión de los EEUU.

No hablan del compromiso en endeudarse con la financiación de los fondos next generation destinados a las grandes empresas europeas, que va aumentar la enorme deuda pública que ya se multiplico por el rescate bancario de la crisis anterior.

No hablan de que las recetas hacia la privatización de las pensiones públicas que quieren introducir a través de la negociación colectiva, como se está demostrando en distintos países europeos, son un fracaso, porque ceden a los fondos buitres un salario diferido que jamás se recuperará y además suponen descapitalizar el modelo público de reparto, causando un grave daño a la Seguridad Social

Culpabilizan una vez más al colectivo pensionista y a los trabajadores y trabajadoras, la mayoría de este país y del conjunto de Europa de sus crisis, intentando aplicar políticas de ajustes y de recortes de derechos y libertades públicas a la mayoría, al tiempo que sus beneficios económicos y políticos se disparan de manera grosera en las grandes corporaciones del IBEX35.

EL Gobierno debe tener en cuenta nuestras demandas. Los recortes y las reformas en el SPP, deben ser revocados. Mantener la pérdida del poder adquisitivo de pensiones públicas y salarios, contribuye a la paralización económica y a que la mayoría de la ciudadanía cargue con los efectos de las crisis que no hemos provocado.

Exigimos la subida de pensiones con IPC real, cerrar la brecha de género, aumentar las pensiones mínimas y no contribuyas a niveles del salario mínimo, aproximándolas a la media europea que les permita una vida digna.

Exigiremos y lucharemos por la defensa de un escudo social de mínimos, tal como establece la Carta Social Europea, que evite la exclusión social de las personas que están por debajo del nivel de pobreza, sobre todo mujeres y pensiones no contributivas en situación de pobreza severa.

La auditoría pública acordada en el parlamento, a través de la ley, debe ser realizada con todas las garantías. Es una demanda y exigencia legal y democrática, su resultado permitiría conocer las cuantías desviadas a gastos impropios, y así exigir su reposición en la caja de la Seguridad social.

Debido a esta situación, nuestra acción unitaria inmediata, será la entrega de las miles de firmas a los grupos parlamentarios junto con una carta conminándolos a dialogar con nosotros y avanzar en el debate presupuestario hacia estos objetivos. Queremos luces y taquigráficos ante una cuestión que nos afecta directamente, y que no puede resolverse de espaldas a la ciudadanía.

En este escenario COESPE con el conjunto de movimiento pensionista va a proseguir la movilización y la información con una acción en todos los pueblos del estado el DÍA 19 DE NOVIEMBRE, que será la continuidad de este 15 octubre.

En el proceso de su convocatoria invitaremos y estableceremos alianzas con todas las organizaciones sociales y sindicales de la sociedad que compartan estos objetivos para conseguir una nueva y más extensa jornada de protesta en defensa de los derechos y servicios públicos. En ella vamos a seguir exigiendo desde cada una de nuestras plataformas a los poderes públicos medidas que protejan a la mayoría, una distribución equitativa de la riqueza a través de acciones políticas y fiscales que garanticen el estado social y de derecho, y que den contenido a la democracia y a las aspiraciones de la mayoría de la población.

Que nadie dude que nuestra movilización va a continuar y ampliarse.

El 19 DE NOVIEMBRE vestiremos las calles dignidad.

GOBIERNE QUIEN GOBIERNE LOS DERECHOS Y LAS PENSIONES PUBLICAS SE DEFIENDEN

COESPE
19 octubre 2022

Imagen de portada: Twitter Oficial de COESPE – https://twitter.com/CoespeOficial/status/1581761363835092992

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Jugar con fuego en Ucrania

 

Esta es una guerra que ni Rusia ni EEUU pueden ganar, salvo que adquiera una dimensión que lleve a la aniquilación de una parte y a una gran destrucción en la otra. Un escenario dramático, ante el que no se alzan con vigor demasiadas voces que reclamen la paz.


Jugar con fuego en Ucrania

 

John J. Mearsheimer

El Viejo Topo

21 octubre, 2022 

 


Los riesgos subestimados de una escalada catastrófica

Los responsables occidentales parecen haber llegado a un consenso sobre la guerra en Ucrania: el conflicto se resolverá en un prolongado estancamiento y, finalmente, una Rusia debilitada aceptará un acuerdo de paz favorable tanto para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN como para Ucrania. Aunque los líderes institucionales reconocen que tanto Washington como Moscú podrían escalar para obtener una ventaja o evitar la derrota, dan por sentado que se puede evitar una escalada catastrófica. Pocos imaginan que las fuerzas estadounidenses acabarán participando directamente en los combates, o que Rusia se atreverá a emplear armas nucleares.

Washington y sus aliados son demasiado fáciles y arrogantes. Aunque se puede evitar una escalada desastrosa, la capacidad de los contendientes para gestionar este peligro está lejos de ser segura. El riesgo es sustancialmente mayor de lo que sugiere el sentido común. Y dado que las consecuencias de la escalada podrían incluir una guerra importante en Europa, y quizás incluso la aniquilación nuclear, hay buenas razones para estar seriamente preocupados.

Para entender la dinámica de la escalada en Ucrania, empecemos por los objetivos de cada uno de los contendientes. Desde el comienzo de la guerra, tanto Moscú como Washington han ampliado sus ambiciones de forma significativa, y ambos están ahora fuertemente comprometidos con la victoria en la guerra y la consecución de formidables objetivos políticos. En consecuencia, cada parte tiene poderosos incentivos para encontrar formas de prevalecer y, lo que es más importante, para evitar perder. En la práctica, esto significa que EE.UU. podría entrar en combate si desea desesperadamente ganar o evitar que Ucrania pierda, mientras que Rusia podría utilizar armas nucleares si desea desesperadamente ganar, o si teme una derrota inminente, un escenario probable si el ejército estadounidense entra en guerra.

Además, dada la determinación de cada parte de alcanzar sus propios objetivos, hay pocas posibilidades de alcanzar un compromiso significativo. El pensamiento maximalista que ahora prevalece tanto en Washington como en Moscú da a cada bando razones adicionales para ganar en el campo de batalla, para poder dictar los términos de una eventual paz. De hecho, la ausencia de una posible solución diplomática da a ambas partes un incentivo adicional para la escalada. Lo que se encuentra en los peldaños superiores de la escalera podría ser algo verdaderamente catastrófico: un nivel de muerte y destrucción superior al de la Segunda Guerra Mundial.

Aim High

Inicialmente, Estados Unidos y sus aliados apoyaron a Ucrania para evitar una victoria rusa y negociar desde una posición favorable el fin de los combates. Pero en cuanto el ejército ucraniano empezó a golpear a las fuerzas rusas, especialmente en los alrededores de Kiev, la administración Biden cambió de rumbo y se comprometió a ayudar a Ucrania a ganar la guerra contra Rusia. También trató de dañar gravemente la economía rusa imponiendo sanciones sin precedentes. En abril, el secretario de Defensa, Lloyd Austin, explicó los objetivos de Estados Unidos: «Queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto de que ya no pueda hacer el tipo de cosas que hizo al invadir Ucrania. En esencia, Estados Unidos ha anunciado su intención de eliminar a Rusia de las filas de las grandes potencias.

Lo más importante es que Estados Unidos ha comprometido su reputación con el resultado del conflicto. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó la guerra de Rusia en Ucrania de «genocidio» y acusó al presidente ruso, Vladimir Putin, de ser un «criminal de guerra» que debería enfrentarse a un «juicio por crímenes de guerra«. Estas proclamas presidenciales hacen difícil imaginar que Washington se eche atrás; si Rusia se impusiera en Ucrania, la posición de Estados Unidos en el mundo sufriría un duro golpe.

Las ambiciones rusas también se han ampliado. En contra de la creencia popular en Occidente, Moscú no invadió Ucrania para conquistarla e integrarla en una Gran Rusia. Se trataba principalmente de evitar que Ucrania se convirtiera en un baluarte occidental en la frontera rusa. Putin y sus asesores estaban especialmente preocupados por la entrada de Ucrania en la OTAN. El Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, aclaró sucintamente este punto a mediados de enero, al decir en una conferencia de prensa: «la clave de todo es garantizar que la OTAN no se expanda hacia el este«. Para los dirigentes rusos, la perspectiva de que Ucrania entre en la OTAN es, como dijo el propio Putin antes de la invasión, «una amenaza directa para la seguridad rusa«, una amenaza que sólo podría eliminarse entrando en guerra y convirtiendo a Ucrania en un Estado neutral o fallido.

Con este fin, los objetivos territoriales de Rusia se han ampliado aparentemente de forma considerable desde el comienzo de la guerra. Hasta la víspera de la invasión, Rusia se había comprometido a aplicar el acuerdo de Minsk II, que habría mantenido el Donbass como parte de Ucrania. Sin embargo, en el transcurso de la guerra, Rusia se apoderó de vastas zonas de territorio en el este y el sur de Ucrania, anexionándose todo o la mayor parte de ese territorio, lo que convertiría efectivamente lo que queda de Ucrania en un Estado disfuncional de partido único.

Para Rusia, la amenaza es hoy aún mayor que antes de la guerra, sobre todo porque la administración Biden está ahora decidida a recuperar las ganancias territoriales rusas y a socavar permanentemente el poderío ruso. Para empeorar aún más las cosas para Moscú, Finlandia y Suecia se incorporan a la OTAN, y Ucrania está mejor armada y más aliada con Occidente. Moscú no puede permitirse perder en Ucrania y utilizará todos los medios disponibles para evitar la derrota. Putin parece confiar en que Rusia acabará imponiéndose a Ucrania y a sus partidarios occidentales. «Hoy sentimos que quieren derrotarnos en el campo de batalla«, dijo a principios de julio. «¿Qué podemos decir? Deja que lo intenten. Los objetivos de la operación militar especial serán alcanzados. No hay duda de ello«.

Ucrania, por su parte, tiene los mismos objetivos que la administración Biden. Los ucranianos están decididos a recuperar el territorio perdido ante Rusia, incluida Crimea, y una Rusia más débil es sin duda una amenaza menor para Ucrania. Además, confían en que pueden ganar, como dejó claro el ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, a mediados de julio, cuando dijo: «Rusia puede ser derrotada definitivamente y Ucrania ya ha demostrado cómo«. Su homólogo estadounidense parece estar de acuerdo. “Nuestra ayuda está marcando realmente la diferencia sobre el terreno«, dijo Austin en un discurso a finales de julio. «Rusia cree que puede aguantar más que Ucrania y nosotros. Pero esto es sólo el último de la serie de errores de cálculo de Rusia«.

En esencia, Kiev, Washington y Moscú están totalmente comprometidos a ganar a costa de su oponente, lo que deja poco espacio para el compromiso. Probablemente, ni Ucrania ni Estados Unidos aceptarían una Ucrania neutral; de hecho, Ucrania está cada día más vinculada a Occidente. Tampoco es probable que Rusia devuelva todo o incluso la mayor parte del territorio que ha arrebatado a Ucrania, sobre todo porque las animosidades que han alimentado el conflicto en el Donbass entre los separatistas prorrusos y el gobierno ucraniano durante los últimos ocho años son ahora más intensas que nunca.

Estos intereses contrapuestos explican por qué muchos observadores creen que no se llegará a un acuerdo negociado a corto plazo y, por tanto, predicen un sangriento estancamiento. En esto tienen razón. Pero los observadores están subestimando el potencial de escalada catastrófica que implica una guerra prolongada en Ucrania.

Hay tres vías básicas de escalada intrínsecas a la conducción de la guerra: uno o ambos bandos escalan deliberadamente para ganar, uno o ambos bandos escalan deliberadamente para evitar la derrota, o la lucha se intensifica no por elección deliberada sino involuntariamente. Cualquiera de los tres caminos podría empujar a los Estados Unidos directamente a la guerra, o empujar a Rusia a usar armas nucleares, o tal vez conducir a ambos.

América entra en escena

En cuanto la administración Biden llegó a la conclusión de que se podía vencer a Rusia en Ucrania, envió más armas, y más potentes, a Kiev. Occidente comenzó a aumentar la capacidad ofensiva de Ucrania enviando armas como el sistema de misiles de lanzamiento múltiple HIMARS, así como armas «defensivas» como el misil antitanque Javelin. Con el tiempo, tanto la letalidad como la cantidad de las armas aumentaron. Hay que tener en cuenta que en marzo Washington vetó un plan para transferir cazas MiG-29 polacos a Ucrania alegando que esto podría llevar a una escalada, pero en julio no puso objeciones cuando Eslovaquia anunció que estaba considerando enviar los mismos aviones a Kiev. Estados Unidos también está estudiando la posibilidad de entregar sus F-15 y F-16 a Ucrania.

Estados Unidos y sus aliados también entrenan al ejército ucraniano y le proporcionan información vital que utiliza para destruir objetivos rusos clave. Además, como informa el New York Times, Occidente tiene «una red clandestina de comandos y espías» sobre el terreno dentro de Ucrania. Puede que Washington no participe directamente en los combates, pero está profundamente implicado en la guerra. Y hoy está a un paso de que los soldados estadounidenses aprieten el gatillo y los pilotos estadounidenses pulsen el botón de disparo.

El ejército estadounidense podría participar en los combates de varias maneras. Consideremos una situación en la que la guerra se prolonga durante un año o más y no hay una solución diplomática a la vista ni un camino plausible hacia una victoria ucraniana. Al mismo tiempo, Washington está desesperado por poner fin a la guerra, tal vez porque necesita centrarse en contener a China o porque los costes económicos de apoyar a Ucrania están causando problemas políticos en casa y en Europa. En tales circunstancias, los responsables políticos de Estados Unidos tendrían todas las razones para considerar la adopción de medidas más arriesgadas, como la imposición de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania o el envío de pequeños contingentes de fuerzas terrestres estadounidenses, para ayudar a Ucrania a derrotar a Rusia.

Un escenario más probable para la intervención de EE.UU. ocurriría si el ejército ucraniano comenzara a colapsar, y Rusia pareciera destinada a lograr una victoria decisiva. En ese caso, dado el profundo compromiso de la administración Biden de evitar este resultado, Estados Unidos podría intentar invertir la tendencia implicándose directamente en los combates. Es fácil imaginar a los funcionarios estadounidenses convencidos de que la credibilidad de su país está en juego, y persuadidos de que un uso limitado de la fuerza podría salvar a Ucrania sin inducir a Putin a utilizar armas nucleares. O bien, una Ucrania desesperada podría lanzar ataques a gran escala contra ciudades rusas, con la esperanza de que esa escalada provoque una respuesta rusa masiva que acabe obligando a Estados Unidos a unirse a la lucha.

El último escenario para la implicación estadounidense supone una escalada no intencionada: involuntariamente, Washington se puede ver arrastrado a la guerra por un acontecimiento imprevisto que se le va de las manos. Tal vez los aviones de combate estadounidenses y rusos, que ya han entrado en estrecho contacto sobre el Mar Báltico, colisionen accidentalmente. Un incidente de este tipo podría fácilmente escalar, dados los altos niveles de miedo de ambas partes, la falta de comunicación y la demonización mutua.

O tal vez Lituania bloquee el paso de las mercancías sancionadas que atraviesan su territorio en su camino desde Rusia a Kaliningrado, el enclave ruso separado del resto del país. Lituania lo hizo a mediados de junio, pero se echó atrás a mediados de julio después de que Moscú dejara claro que estaba contemplando «medidas severas» para poner fin a lo que consideraba un bloqueo ilegal. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores lituano se resistió a levantar el bloqueo. Dado que Lituania es miembro de la OTAN, es casi seguro que Estados Unidos acudirá en su defensa si Rusia ataca el país.

O tal vez Rusia destruya un edificio en Kiev, o un lugar de entrenamiento en algún lugar de Ucrania, y mate involuntariamente a un número considerable de estadounidenses, por ejemplo, cooperantes, agentes de inteligencia o asesores militares. El gobierno de Biden, ante el levantamiento de la opinión pública, puede decidir que debe tomar represalias y ataca objetivos rusos, lo que da lugar a una serie de represalias entre ambas partes.

Por último, existe la posibilidad de que los combates en el sur de Ucrania dañen la central nuclear de Zaporizhzhya, controlada por Rusia, la mayor de Europa, hasta el punto de emitir radiación en la región, lo que llevaría a Rusia a responder de forma proporcional. Dmitry Medvedev, ex presidente y primer ministro ruso, dio una respuesta ominosa a esta posibilidad, diciendo en agosto: «No olviden que también hay emplazamientos nucleares en la Unión Europea. Y los accidentes también son posibles allí«. Si Rusia atacara un reactor nuclear europeo, Estados Unidos entraría en guerra casi con toda seguridad.

Por supuesto, Moscú también podría instigar la escalada. No se puede excluir la posibilidad de que Rusia, en un intento desesperado por detener el flujo de ayuda militar occidental a Ucrania, golpee a los países por los que pasa la mayor parte: Polonia o Rumanía, ambos miembros de la OTAN. También existe la posibilidad de que Rusia lance un ciberataque masivo contra uno o varios países europeos que ayuden a Ucrania, causando graves daños a sus infraestructuras críticas. Un ataque de este tipo podría llevar a Estados Unidos a lanzar un ciberataque de represalia contra Rusia. Si el ciberataque tiene éxito, Moscú podría responder militarmente; si fracasa, Washington podría decidir que la única forma de castigar a Rusia es golpearla directamente. Estos escenarios parecen inverosímiles, pero no son imposibles. Y son sólo algunos de los muchos caminos por los que lo que ahora es una guerra local podría convertirse en algo mucho más grande y peligroso.

Transición al conflicto nuclear

Aunque el ejército ruso ha causado enormes daños en Ucrania, Moscú se ha mostrado hasta ahora reacio a intensificar sus esfuerzos para ganar la guerra. De hecho, muchos rusos le han acusado de no dirigir la guerra con más vigor. Putin reconoció estas críticas, pero hizo saber que, en caso de ser necesario, iniciaría una escalada del compromiso ruso. «Todavía no hemos empezado a ponernos serios«, dijo en julio, sugiriendo que Rusia podría hacer más si la situación militar se deterioraba: y lo haría.

¿Qué pasa con la forma terminal de escalada? Hay tres circunstancias en las que Putin podría utilizar armas nucleares. La primera, si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN entraran en guerra. Este hecho no sólo cambiaría en gran medida el equilibrio de las fuerzas militares en detrimento de Rusia, aumentando en gran medida la probabilidad de su derrota, sino que para Rusia también significaría luchar en su propia puerta contra una gran potencia, en una guerra que podría extenderse fácilmente al territorio ruso. Los líderes rusos sentirían sin duda que su supervivencia está en peligro, lo que les daría un poderoso incentivo para utilizar las armas nucleares para salvar el día. Como mínimo, considerarían la posibilidad de realizar lanzamientos nucleares de demostración para convencer a Occidente de que retroceda. Es imposible saber de antemano si esa medida pondría fin a la guerra o la llevaría a una escalada de la que perderían el control.

En su discurso del 24 de febrero anunciando la invasión, Putin dio a entender claramente que desplegaría armas nucleares si Estados Unidos y sus aliados entraban en la guerra. Dirigiéndose a «aquellos que puedan tener la tentación de interferir», dijo, «deben saber que Rusia responderá inmediatamente y que habrá consecuencias que nunca habéis visto en toda vuestra historia«. Su advertencia no se le escapó a Avril Haines, Directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, quien predijo en mayo que Putin podría utilizar armas nucleares si la OTAN «interviene o está a punto de intervenir«, en gran parte porque esto «contribuiría obviamente a la percepción de que está a punto de perder la guerra en Ucrania«.

En el segundo escenario nuclear, Ucrania invierte la suerte en el campo de batalla sola, sin la participación directa de Estados Unidos. Si las fuerzas ucranianas estuvieran a punto de derrotar al ejército ruso y recuperar el territorio perdido de su país, no hay duda de que Moscú podría ver fácilmente este resultado como una amenaza existencial que exigiera una respuesta nuclear. Al fin y al cabo, Putin y sus asesores estaban lo suficientemente alarmados por el creciente alineamiento de Kiev con Occidente como para decidir deliberadamente atacar a Ucrania, a pesar de las claras advertencias de Estados Unidos y sus aliados sobre las graves consecuencias que sufriría Rusia. A diferencia del primer escenario, Moscú desplegaría armas nucleares no en el contexto de una guerra con Estados Unidos, sino contra Ucrania. Lo haría con poco temor a las represalias nucleares, ya que Kiev no tiene armas nucleares, y porque Washington no tendría interés en iniciar una guerra nuclear. La ausencia de una amenaza clara de represalias facilitaría que Putin contemplara el uso de la energía nuclear.

En el tercer escenario, la guerra desemboca en un prolongado estancamiento que no tiene solución diplomática y resulta extremadamente costoso para Moscú. Desesperado por terminar el conflicto en términos favorables, Putin puede buscar la escalada nuclear para ganar. Al igual que en el escenario anterior, en el que se intensifica para evitar la derrota, una represalia nuclear estadounidense sería muy poco probable. En ambos escenarios, es probable que Rusia utilice armas nucleares tácticas contra un pequeño conjunto de objetivos militares, al menos inicialmente. Podría golpear países y ciudades en ataques posteriores, si fuera necesario. Obtener una ventaja militar sería uno de los objetivos de la estrategia, pero el más importante sería asestar un golpe capaz de cambiar las tornas: asestar un golpe tan temible a Occidente que Estados Unidos y sus aliados se movilizaran rápidamente para poner fin al conflicto en términos favorables a Moscú. No es de extrañar que William Burns, el director de la CIA, comentara en abril: «Ninguno de nosotros puede tomarse a la ligera la amenaza que supone un posible recurso a las armas nucleares tácticas o de bajo rendimiento«.

Cortejando la catástrofe

Se puede admitir que, aunque uno de estos escenarios catastróficos podría ocurrir en teoría, las posibilidades de que realmente ocurra son mínimas, por lo que no habría que preocuparse. Después de todo, los líderes de ambos bandos tienen poderosos incentivos para mantener a los estadounidenses fuera de la guerra, y para evitar incluso un uso nuclear limitado; por no hablar de una guerra nuclear abierta.

Ojalá se pudiera ser tan optimista. En realidad, la visión convencional subestima enormemente los peligros de la escalada en Ucrania. En primer lugar, las guerras tienden a tener una lógica propia, lo que hace difícil predecir su curso. Los que dicen saber con certeza qué camino tomará la guerra en Ucrania se equivocan. La dinámica de la escalada bélica es tan difícil de predecir como de controlar, lo que debería ser una advertencia para quienes confían en que los acontecimientos en Ucrania pueden ser gestionados. Además, como reconocía el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, el nacionalismo favorece que las guerras modernas degeneren en su forma más extrema, sobre todo cuando hay mucho en juego para ambos bandos. Esto no quiere decir que las guerras no puedan limitarse, sino que limitarlas no es fácil. Por último, dado el asombroso coste de una guerra nuclear entre grandes potencias, incluso una pequeña posibilidad de que se produzca debería hacer que todo el mundo pensara largo y tendido sobre la dirección que podría tomar este conflicto.

Esta peligrosa situación crea un poderoso incentivo para encontrar una solución diplomática a la guerra. Pero, por desgracia, no se vislumbra una solución política, ya que ambas partes están firmemente comprometidas con objetivos bélicos que hacen casi imposible el compromiso. El gobierno de Biden debería haber trabajado con Rusia para resolver la crisis ucraniana antes del estallido de la guerra en febrero. A estas alturas ya es demasiado tarde para llegar a un acuerdo. Rusia, Ucrania y Occidente están atrapados en una situación terrible sin una salida evidente. Sólo cabe esperar que los líderes de ambos bandos manejen la guerra de forma que se evite una escalada catastrófica. Sin embargo, para las decenas de millones de personas cuyas vidas están en juego, esto es un escaso consuelo.

Fuente: Foreign Affairs, 17 de agosto de 2022.

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