domingo, 4 de septiembre de 2022

La inminente ruptura mundial

 

Publicada originalmente en la revista alemana ViER, en esta entrevista el economista estadounidense Michael Hudson efectúa un análisis esencial para comprender los acontecimientos de esta época "grande y terrible". La entrevista fue realizada por Tilo Gräser.


La inminente ruptura mundial


Michael Hudson

El Viejo Topo

4 septiembre, 2022 



Prof. Hudson, su nuevo libro «The Fate of Civilisation» está en la calle. Usted habla de un conflicto ideológico y material entre países financiados y desindustrializados como Estados Unidos contra las economías mixtas de China y Rusia. ¿En qué consiste este conflicto y por qué el mundo se encuentra actualmente en un determinado «punto de fractura», como afirma su libro?

La actual brecha global está dividiendo al mundo entre dos filosofías económicas diferentes: en el Occidente de los Estados Unidos y la OTAN, el capitalismo financiero está desindustrializando las economías y ha desplazado la industria manufacturera hacia el liderazgo euroasiático, principalmente China, India y otros países asiáticos, junto con Rusia, que suministra las materias primas básicas y las armas.

Estos países son una extensión básica del capitalismo industrial que evoluciona hacia el socialismo, es decir, una economía mixta con una fuerte inversión gubernamental en infraestructuras para proporcionar educación, sanidad, transporte y otras necesidades básicas, tratándolas como servicios públicos con servicios subvencionados o gratuitos para estas necesidades.

Sin embargo, en el Occidente neoliberal de Estados Unidos y la OTAN, esta infraestructura básica se privatiza como un monopolio natural que extrae rentas.

El resultado es que el Occidente de EE.UU. y la OTAN ha seguido siendo una economía de alto coste, con un gasto en vivienda, educación y sanidad cada vez más financiado por la deuda, dejando cada vez menos ingresos personales y empresariales para invertir en nuevos medios de producción (formación de capital).

Esto plantea un problema existencial para el capitalismo financiero occidental: ¿cómo puede mantener el nivel de vida frente a la desindustrialización, la deflación de la deuda y la búsqueda de rentas financiarizadas que empobrecen al 99% para enriquecer al 1%?

El primer objetivo de Estados Unidos es disuadir a Europa y Japón de buscar un futuro más próspero en el estrechamiento de los lazos comerciales y de inversión con Eurasia y la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Para mantener a Europa y Japón como economías satélite, los diplomáticos estadounidenses insisten en un nuevo Muro de Berlín económico de sanciones para bloquear el comercio entre el Este y el Oeste.

Durante muchas décadas, la diplomacia estadounidense se ha inmiscuido en la política interna europea y japonesa patrocinando a funcionarios pro-neoliberales para dirigir gobiernos. Estos funcionarios sienten que su destino (e incluso su fortuna política personal) está estrechamente ligado al liderazgo de Estados Unidos. Mientras tanto, la política europea se ha convertido básicamente en una política de la OTAN dirigida por Estados Unidos.

El problema es cómo mantener al Sur global –América Latina, África y muchos países asiáticos– en la órbita de Estados Unidos y la OTAN. Las sanciones contra Rusia tienen el efecto de dañar la balanza comercial de estos países, aumentando drásticamente los precios del petróleo, el gas y los productos alimenticios (así como muchos metales) que tienen que importar. Mientras tanto, la subida de los tipos de interés en Estados Unidos está atrayendo el ahorro financiero y el crédito bancario hacia los valores denominados en dólares. Esto ha elevado el tipo de cambio del dólar, haciendo mucho más difícil para los países de la OCS y del Sur Global el servicio de su deuda en dólares que vence este año.

Esto impone una elección a estos países: o quedarse sin energía y alimentos para pagar a los acreedores extranjeros –anteponiendo así los intereses financieros internacionales a su supervivencia económica interna– o entrar en suspensión de pagos, como ocurrió en los años 80 después de que México anunciara en 1982 que no podía pagar a los tenedores de bonos extranjeros.

¿Cómo ve la actual guerra/operación militar especial en Ucrania? ¿Qué consecuencias económicas prevé?

Rusia ha asegurado el este de Ucrania de habla rusa y la costa sur del Mar Negro. La OTAN seguirá «pinchando al oso» con continuos sabotajes y nuevos ataques, principalmente de cazas polacos.

Los países de la OTAN se han deshecho de sus armas viejas y obsoletas en Ucrania y ahora tienen que gastar inmensas sumas para modernizar su material militar. La salida de pagos hacia el complejo militar-industrial estadounidense presionará a la baja al euro y a la libra esterlina, todo ello sumado a sus crecientes déficits energético y alimentario. Por lo tanto, el euro y la libra se dirigen hacia la paridad con el dólar estadounidense. Esto supone un fuerte aumento de la inflación de los precios en Europa.

He leído y escuchado información contradictoria sobre las nuevas sanciones. Algunos expertos, tanto del Este como del Oeste, creen que perjudicará enormemente a la economía nacional de la Federación Rusa. Otros expertos tienden a creer que serán contraproducentes o que tendrán un enorme efecto boomerang en los países occidentales.

La política de Estados Unidos es luchar contra China, con la esperanza de separar las regiones occidentales uigures y dividir China en estados más pequeños. Para ello, es necesario eliminar el apoyo militar y de materias primas de Rusia a China y, en su momento, dividirla en una serie de estados más pequeños (las grandes ciudades occidentales, el norte de Siberia, un flanco sur, etc.).

Las sanciones se impusieron con la esperanza de que las condiciones de vida de los rusos fueran tan desagradables que les impulsaran a cambiar de régimen. El ataque de la OTAN a Ucrania fue diseñado para agotar militarmente a Rusia, haciendo que los cuerpos de los ucranianos se quedaran sin el suministro de balas y bombas de Rusia, dando sus vidas simplemente para absorber las armas rusas.

El efecto ha sido aumentar el apoyo ruso a Putin, justo lo contrario de lo que se pretendía. Existe una creciente desilusión con Occidente, después de haber visto lo que los chicos de Harvard hicieron a Rusia cuando Estados Unidos apoyó a Yeltsin para crear una clase cleptocrática nacional que pretendía «sacar provecho» de sus privatizaciones vendiendo acciones de petróleo, níquel y servicios públicos a Occidente, para luego estimular los ataques militares desde Georgia y Chechenia. La opinión generalizada es que Rusia está dando un giro a largo plazo hacia el este en lugar de hacia el oeste.

El efecto de las sanciones estadounidenses y de la oposición militar a Rusia ha sido, pues, la imposición de un telón de acero político y económico que ha obligado a Europa a depender de Estados Unidos, al tiempo que ha empujado a Rusia a unirse a China en lugar de separarla. Mientras tanto, el coste de las sanciones europeas contra el petróleo y los alimentos rusos -en beneficio de los proveedores de GNL y los exportadores agrícolas estadounidenses- amenaza con crear una oposición europea a largo plazo a la estrategia global unipolar de Estados Unidos. Es probable que se desarrolle un nuevo movimiento «Ami go home».

Para Europa, sin embargo, el daño ya está hecho y es probable que ni Rusia ni China confíen en que los funcionarios del gobierno europeo puedan resistir la corrupción y la presión personal de la injerencia estadounidense.

Aquí en Alemania, estoy escuchando al nuevo ministro de Economía, Robert Habeck, del Partido Verde, hablar de activar la «emergencia del gas» federal y pedir recursos a los Emiratos (este «acuerdo» parece que ya ha fracasado, dicen las noticias). Vemos el fin del North Stream II y la enorme dependencia de Berlín y Bruselas de los recursos rusos. ¿Cómo acabará todo esto?

De hecho, los funcionarios estadounidenses han pedido a Alemania que se suicide económicamente y provoque una depresión, un aumento de los precios al consumidor y un descenso del nivel de vida. Las empresas químicas alemanas ya han empezado a cerrar la producción de fertilizantes, ya que Alemania ha aceptado sanciones comerciales y financieras que le impiden comprar gas ruso (la materia prima de la mayoría de los fertilizantes). Y las empresas automovilísticas alemanas están sufriendo recortes en el suministro.

Estas carencias económicas europeas suponen una gran ventaja para Estados Unidos, que obtiene enormes beneficios con el petróleo más caro (que controlan en gran medida las empresas estadounidenses, seguidas de las británicas y francesas). El suministro de armas que Europa ha dado a Ucrania es también una bendición para el complejo militar-industrial estadounidense, cuyos beneficios aumentan.

Pero EE.UU. no está reciclando estas ganancias económicas hacia Europa, que parece ser la gran perdedora.

Los productores de petróleo árabes ya han rechazado las exigencias de Estados Unidos de cobrar menos por su petróleo. Se espera que sean los primeros en beneficiarse del ataque de la OTAN en el campo de batalla por delegación de Ucrania.

Parece poco probable que Alemania se limite a devolver a Rusia el Nord Stream 2 y las filiales de Gazprom que han estado comerciando con Alemania. La confianza se ha roto. Y Rusia teme aceptar pagos de los bancos europeos tras el robo de 300.000 millones de dólares de sus reservas de divisas. Europa ya no es económicamente segura para Rusia.

La cuestión es cuándo dejará Rusia de abastecer a Europa.

Parece que Europa se está convirtiendo en un apéndice de la economía estadounidense, soportando de hecho la carga fiscal de la Guerra Fría 2.0 de Estados Unidos, sin ninguna representación política en este país. La salida lógica sería que Europa se uniera políticamente a Estados Unidos, renunciando a sus gobiernos pero consiguiendo al menos unos cuantos europeos en el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos.


¿Qué papel juegan a) la nueva guerra fría y b) el capitalismo financiero neoliberal en la actual guerra entre Rusia y Ucrania?

La guerra de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania es la primera batalla de lo que parece un intento de 20 años de aislar a la zona del dólar de Occidente de Eurasia y del Sur global. Los políticos estadounidenses prometen mantener la guerra en Ucrania indefinidamente, esperando que se convierta en el «nuevo Afganistán» de Rusia. Pero esta táctica parece que ahora amenaza con convertirse en el Afganistán de Estados Unidos. Se trata de una guerra por delegación, cuyo efecto es el de poner fin a la dependencia de Europa de Estados Unidos como oligarquía clientelar, con el euro como moneda satélite del dólar.

La diplomacia estadounidense ha intentado dejar a Rusia fuera de juego de tres maneras principales. En primer lugar, aislándola financieramente al excluirla del sistema de compensación bancaria SWIFT. Rusia respondió cambiando sin problemas al sistema de compensación bancaria de China.

La segunda táctica fue confiscar los depósitos rusos en los bancos estadounidenses y los valores financieros de Estados Unidos. Rusia respondió recogiendo a bajo precio las inversiones estadounidenses y europeas en Rusia, mientras Occidente se deshacía de ellas.

La tercera táctica consistía en impedir que los miembros de la OTAN comerciaran con Rusia. El efecto fue que las importaciones rusas desde Occidente disminuyeron, mientras que las exportaciones de petróleo, gas y alimentos aumentaron. Esto ha aumentado el tipo de cambio del rublo, en lugar de perjudicarlo. Mientras las sanciones bloquean las importaciones rusas desde Occidente, el Presidente Putin ha anunciado que su gobierno invertirá mucho en la sustitución de importaciones. El efecto será una pérdida permanente de mercados rusos para los proveedores y exportadores europeos.

Mientras tanto, los aranceles de Trump contra las exportaciones europeas a EE.UU. siguen vigentes, dejando a la industria europea con oportunidades comerciales cada vez menores. Puede que el Banco Central Europeo siga comprando acciones y bonos europeos para proteger la riqueza del 1%, pero lo más importante es que recortará el gasto social interno para cumplir el límite de déficit presupuestario del 3% que la eurozona se ha impuesto a sí misma.

Por tanto, a medio y largo plazo, las sanciones de Estados Unidos y la OTAN se dirigen principalmente contra Europa. Y los europeos no parecen darse cuenta de que son las primeras víctimas de esta nueva guerra económica de Estados Unidos por el dominio energético, alimentario y financiero.

En Alemania, la paralización del proyecto energético Nord Stream II sigue siendo un gran problema político. En su reciente artículo en línea «El dólar devora al euro», usted escribió: «Ahora está claro que la escalada de la nueva guerra fría de hoy se planeó hace más de un año. El plan de Estados Unidos para bloquear el Nord Stream 2 formaba en realidad parte de su estrategia para impedir que Europa Occidental («la OTAN») buscara la prosperidad mediante el comercio y la inversión mutuos con China y Rusia». ¿Puede explicar esto a nuestros lectores?

Lo que usted llama el «bloqueo del Nord Stream 2» es en realidad una política para favorecer los productos estadounidenses. Estados Unidos ha convencido a Europa para que no compre en el mercado al precio más bajo, sino que pague hasta siete veces más por el gas de los proveedores estadounidenses de LGN y gaste 5.000 millones de dólares en la ampliación de la capacidad portuaria, que no estará disponible hasta dentro de un año.

Esto amenaza con un interregno muy incómodo para Alemania y otros países europeos que siguen los dictados de Estados Unidos. En esencia, los parlamentos nacionales están ahora al servicio de la OTAN, cuyas políticas se gestionan desde Washington.

Un precio que pagará Europa, como ya se ha mencionado, es la caída del tipo de cambio frente al dólar estadounidense. Es probable que los inversores europeos trasladen sus ahorros e inversiones de Europa a EE.UU. para maximizar las ganancias de capital y simplemente evitar la caída de los precios de sus acciones y bonos medidos en dólares.

Prof. Hudson, echemos un vistazo a los nuevos acontecimientos en Alemania. En mayo, el Parlamento alemán – Bundestag – aprobó una nueva ley: Los legisladores alemanes aprobaron la posibilidad de expropiar empresas energéticas. Esto podría permitir al gobierno de Berlín poner a las empresas energéticas bajo tutela si ya no son capaces de cumplir con sus obligaciones y si la seguridad del suministro está en riesgo. Según REUTERS, la ley renovada ­–que aún debe ser aprobada por la Cámara Alta del Parlamento– podría aplicarse por primera vez si no se encuentra una solución sobre la propiedad de la refinería de petróleo PCK Refinery en Schwedt/Oder (Alemania Oriental), que es propiedad de la empresa estatal rusa Rosneft.

Parece que Europa y Estados Unidos confiscarán las inversiones rusas en sus países y venderán (o harán que Rusia confisque) las inversiones de los países de la OTAN en Rusia. Esto significa un desprendimiento de la economía rusa de Occidente y un estrechamiento de los lazos con China, que parece ser la próxima economía sancionada por la OTAN al convertirse ésta en una Organización del Tratado del Pacífico Oriental que implicará a Europa en la confrontación del Mar de China.

Me sorprendería que Rusia reanudara la venta de petróleo y gas a Europa sin que se le reembolse lo que Europa (y también Estados Unidos) ha confiscado. Esta demanda ayudaría a Europa a presionar a Estados Unidos para que devuelva los 300.000 millones de dólares de reservas extranjeras que se ha apoderado.

Pero incluso después de un acuerdo de restitución e indemnización, es poco probable que se reanude el comercio. Ha habido un cambio de fase, un cambio de conciencia sobre cómo el mundo se está dividiendo bajo los ataques diplomáticos de Estados Unidos tanto a aliados como a adversarios.

Mi pregunta sería: el socialismo es un tema importante en su nuevo libro. ¿Qué opina de las medidas «socialistas» que está tomando ahora un país capitalista como Alemania?

Hace un siglo, se pensaba que la «etapa final» del capitalismo industrial era el socialismo. Había diferentes tipos de socialismo: el socialismo de Estado, el socialismo marxiano, el socialismo cristiano, el socialismo anarquista, el socialismo libertario. Pero lo que ocurrió después de la Primera Guerra Mundial fue la antítesis del socialismo. Era el capitalismo financiero y el capitalismo financiero militarizado.

El denominador común de todos los movimientos socialistas, desde la derecha hasta la izquierda del espectro político, fue el refuerzo del gasto público en infraestructuras. La transición al socialismo fue impulsada (en EE.UU. y Alemania) por el propio capitalismo industrial, que trató de minimizar el coste de la vida (y, por tanto, el salario básico) y el coste de los negocios mediante la inversión estatal en infraestructuras básicas, cuyos servicios debían proporcionarse gratuitamente, o al menos a precios subvencionados.

Este objetivo habría evitado que los servicios básicos se convirtieran en oportunidades de rentas monopolísticas. La antítesis era la doctrina Thatcher-neoliberal de la privatización. Los gobiernos cedieron los servicios públicos a los inversores privados. Las empresas se compraron a crédito, añadiendo intereses y otros gastos financieros a los beneficios y pagos a la dirección. El resultado fue convertir a la Europa y América neoliberales en economías de alto coste, incapaces de competir en precios de producción con los países que persiguen políticas socialistas en lugar del neoliberalismo financiarizado.

Este contraste entre sistemas económicos es la clave para entender la actual división mundial.

Sobre todo, el petróleo y el gas rusos son el centro de atención en este momento. Moscú sólo exige el pago en rublos y amplía su campo de compradores con China, India o Arabia Saudí. Pero parece que los compradores occidentales pueden seguir pagando en euros o dólares. ¿Cuál es su opinión sobre esta guerra de recursos en curso? El rublo parece ser el ganador.

Sin duda, el rublo está subiendo. Pero eso no convierte a Rusia en un «ganador» si su economía se ve perturbada por las sanciones que bloquean las importaciones necesarias para el buen funcionamiento de sus cadenas de suministro.

Rusia tendrá éxito si es capaz de organizar un programa de sustitución de importaciones industriales y recrear la infraestructura pública para reemplazar la que fue privatizada bajo la dirección de Estados Unidos por los Harvard Boys en la década de 1990.

¿Vemos el fin del petrodólar y el surgimiento de una nueva arquitectura financiera en Oriente, acompañada del fortalecimiento de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS)?

Seguirá habiendo petrodólares, pero también una serie de bloques monetarios a medida que el mundo desdolarice sus acuerdos internacionales de comercio e inversión. A finales de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, declaró que Arabia Saudí y Argentina quieren unirse a los BRICS. Como ha señalado recientemente Pepe Escobar, el BRICS+ podría ampliarse para incluir al MERCOSUR y a la Comunidad Sudafricana de Desarrollo (SADC).

Estos acuerdos probablemente requerirán una alternativa no estadounidense al FMI para crear crédito y proporcionar un vehículo para las reservas oficiales de divisas para los países no pertenecientes a la OTAN. El FMI seguirá sobreviviendo para imponer la austeridad a los países satélites de Estados Unidos mientras subvenciona la fuga de capitales de los países del Sur Global y crea DEG para financiar el gasto militar de Estados Unidos en el extranjero.

El verano de 2022 será una prueba, ya que los países del Sur global sufrirán una crisis de la balanza de pagos debido al aumento de los déficits de petróleo y alimentos y al mayor coste en moneda nacional de mantener la deuda denominada en dólares. El FMI puede ofrecerles nuevos DEG para pagar a los tenedores de bonos en dólares para mantener la ilusión de solvencia. Pero los países de la OCS pueden ofrecer petróleo y alimentos, SI los países garantizan el reembolso del crédito repudiando sus deudas en dólares con Occidente.

Esta diplomacia financiera promete introducir «tiempos interesantes».

En su reciente entrevista con Michael Welch («¿Crisis accidental?») hace un análisis específico de los actuales acontecimientos en Ucrania/Rusia: «La guerra no es contra Rusia. La guerra no es contra Ucrania. La guerra es contra Europa y Alemania». ¿Podría ampliar este punto?

Como he explicado antes, las sanciones comerciales y financieras de Estados Unidos están obligando a Alemania a depender de las exportaciones de GNL de Estados Unidos y de la compra de armamento militar estadounidense para convertir a la OTAN en una autoridad de gobierno europea de facto.

El efecto es destruir cualquier esperanza europea de ganancias mutuas en el comercio y la inversión con Rusia. Europa se está convirtiendo en un socio menor (muy menor) en sus nuevas relaciones comerciales y de inversión con los Estados Unidos, cada vez más proteccionistas y nacionalistas.

El verdadero problema de Estados Unidos parece ser éste: «La única manera de mantener la prosperidad si no se puede crear en casa es obtenerla del exterior». ¿Cuál es la estrategia de Washington?

Mi libro Super Imperialism explicó cómo, en los últimos 50 años, desde que Estados Unidos abandonó el oro en agosto de 1971, el estándar de los bonos del Tesoro de Estados Unidos le ha dado un paseo gratis a costa del extranjero. Los bancos centrales extranjeros blanquearon la entrada de dólares del déficit de la balanza de pagos estadounidense en préstamos al Tesoro de Estados Unidos, es decir, en la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos para mantener sus ahorros. Este acuerdo permitió a Estados Unidos realizar gastos militares en el extranjero para sus casi 800 bases militares en Eurasia sin tener que depreciar el dólar ni gravar a sus ciudadanos. El coste fue asumido por los países cuyos bancos centrales habían acumulado préstamos en dólares al Tesoro estadounidense.

Pero ahora que se ha vuelto peligroso para los países mantener depósitos bancarios o bonos gubernamentales denominados en dólares o inversiones si «amenazan» con defender sus intereses económicos o si sus políticas divergen de las dictadas por los diplomáticos estadounidenses, ¿cómo puede Estados Unidos seguir teniendo vía libre?

De hecho, ¿cómo puede importar materiales básicos de Rusia para llenar partes de su cadena de suministro industrial y económica que han sido interrumpidas por las sanciones?

Este es el reto de la política exterior estadounidense. De un modo u otro, pretende gravar a Europa y convertir a otros países en satélites económicos. La explotación puede no ser tan flagrante como el acaparamiento por parte de Estados Unidos de las reservas oficiales venezolanas, afganas y rusas. Es probable que se trate de reducir la autosuficiencia exterior para obligar a otros países a depender económicamente de EE.UU., de modo que éste pueda amenazar con sanciones perturbadoras si intentan anteponer sus propios intereses nacionales a lo que los diplomáticos estadounidenses quieren que hagan.

¿Cómo afectará esto a la balanza de pagos de Europa Occidental (Alemania / Francia / Italia) y, por tanto, al tipo de cambio del euro frente al dólar? ¿Y por qué cree que la Unión Europea va camino de convertirse en un nuevo «Panamá, Puerto Rico y Liberia»?

El euro ya es una moneda satélite de Estados Unidos. Sus países miembros son incapaces de incurrir en déficits presupuestarios internos para hacer frente a la inminente depresión inflacionaria resultante de las sanciones auspiciadas por Estados Unidos y la consiguiente ruptura mundial.

La dependencia militar está resultando ser la clave. Se trata de un «reparto de costes» para la Guerra Fría 2.0 patrocinada por Estados Unidos. Este reparto de costes es lo que ha llevado a los diplomáticos estadounidenses a darse cuenta de que deben controlar la política interna europea para evitar que personas y empresas actúen en su propio interés. Su presión económica es un «daño colateral» de la actual Nueva Guerra Fría.

A mediados de marzo, un filósofo suizo escribió un ensayo crítico para el periódico socialista alemán «Neues Deutschland», antiguo órgano informativo del gobierno de la RDA. Tove Soiland criticó a la izquierda internacional por su actual comportamiento respecto a la crisis ucraniana y la gestión de los Covid. En su opinión, la izquierda está demasiado a favor de los gobiernos/estados autoritarios, copiando así los métodos de los partidos de derecha tradicionales. ¿Comparte esta opinión? ¿O es demasiado duro? ¿Cómo respondería a esta pregunta, especialmente en relación con la tesis de su nuevo libro: «… la vía alternativa es un capitalismo industrial de economía mixta que conduce al socialismo…».

El Departamento de Estado y el «poderoso altavoz» de la CIA se centraron en conseguir el control de los partidos socialdemócratas y laboristas europeos, prediciendo que la gran amenaza para el capitalismo financiero centrado en Estados Unidos sería el socialismo. Esto incluyó a los partidos «verdes», hasta el punto de que su afirmación de oponerse al calentamiento global resultó hipócrita a la luz de la enorme huella de carbono y la contaminación de la guerra militar de la OTAN en Ucrania y los ejercicios aéreos y navales relacionados. No se puede estar a favor del medio ambiente y de la guerra al mismo tiempo.

Esto ha hecho que los partidos nacionalistas de derecha estén menos influenciados por la interferencia política de Estados Unidos. De ahí viene la oposición a la OTAN, como en Francia y Hungría.

Y en los propios Estados Unidos, los únicos votos en contra de la nueva contribución de 30.000 millones de dólares al gasto militar contra Rusia fueron los de los republicanos. Todo el «equipo de izquierdas» del Partido Demócrata votó a favor del gasto de guerra.

Los partidos socialdemócratas son básicamente partidos burgueses cuyos partidarios esperan unirse a la clase rentista, o al menos convertirse en inversores en acciones y bonos en miniatura. El resultado es que el neoliberalismo ha sido liderado por Tony Blair en Gran Bretaña y sus homólogos en otros países. En El destino de la civilización hablo de esta alineación política.

Los propagandistas estadounidenses llaman «autocráticos» a los gobiernos que mantienen los monopolios naturales como servicios públicos. Ser «democrático» significa dejar que las corporaciones estadounidenses controlen estas alturas de mando, estando «libres» de la regulación gubernamental y de los impuestos al capital financiero. Así, «izquierda» y «derecha», «democracia» y «autocracia» se han convertido en un vocabulario de doble lenguaje orwelliano patrocinado por la oligarquía estadounidense (que eufemiza como «democracia»).

¿Podría la guerra de Ucrania ser un hito para mostrar un nuevo mapa geopolítico del mundo? ¿O es que el Nuevo Orden Mundial neoliberal está en alza? ¿Cómo lo ves?

Como expliqué en la pregunta 1, el mundo se está dividiendo en dos partes. El conflicto no es sólo nacional, Occidente contra Oriente, sino que es un conflicto de sistemas económicos: el capitalismo financiero depredador contra el socialismo industrial que busca la autosuficiencia en Eurasia y la OCS.

Los países no alineados no pudieron «ir solos» en la década de 1970 porque carecían de la masa crítica para producir alimentos, energía y materias primas por sí mismos. Pero ahora que Estados Unidos ha desindustrializado su economía y ha externalizado la producción a Asia, estos países tienen la oportunidad de no seguir dependiendo de la diplomacia del dólar estadounidense.

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La Unión Europea es cómplice en el plan de ‎Estados Unidos para sumir Europa en el caos

 

La Unión Europea es cómplice en el plan de ‎Estados Unidos para sumir Europa en el caos

 

DIARIO OCTUBRE / septiembre 4, 2022

 

Los dirigentes de la Unión Europea ocultan deliberadamente a sus conciudadanos la ‎verdadera razón del alza de los precios del gas. Están entregando a Ucrania armamento ‎que el régimen de Kiev utiliza para poner en peligro la seguridad de una central nuclear ‎‎–la más grande de Europa.


Josep Borrel, un claro ejemplo de la certeza de aquella frase: La socialdemocracia es la pata izquierda del fascismo.


Manlio Dinucci.— Josep Borrell, el Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, nó solo anuncia restricciones al otorgamiento de visas europeas a los ciudadanos rusos –asestando así un nuevo golpe demoledor al sector turístico europeo. En una reunión de los ministros de Defensa de la Unión Europea, Borrell declaró:

«Los países de la Unión Europea discutieron sobre la hipótesis de una misión para entrenar las fuerzas ucranianas ya antes de la guerra. Ahora, es el momento de actuar.»

Con el envío de armamento y el entrenamiento a las tropas de Kiev, la Unión Europea ‎se convierte en una potencia beligerante contra Rusia, junto a la OTAN. ‎

Al mismo tiempo, la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reafirma que ‎hay que: ‎

«poner fin a nuestra dependencia de los sucios combustibles fósiles rusos.»

La señora Von der Leyen también anuncia que la Unión Europea ha decidido mantener el rumbo ‎que está provocando en Europa una crisis económica devastadora, crisis que se debe al hecho ‎que el precio de la energía se ha disparado de 15 euros el megawatt/hora a más de 300 euros. ‎

La verdadera causa del alza no es que Rusia se niegue a abastecernos de gas sino que la Bolsa de ‎Ámsterdam –la institución donde se decide el precio del gas en Europa– es propiedad de una firma ‎financiera estadounidense, que es la que realmente decide el precio basándose en una serie de ‎mecanismos especulativos y políticos. ‎

Por ejemplo, ENI, la empresa italiana de explotación y comercialización de los hidrocarburos, ‎compra el gas ruso a bajo precio, pero lo revende a precios altos, siguiendo la cotización de ‎Ámsterdam. Una verdadera estafa que perjudica a los italianos, y esa estafa se comete con la ‎complicidad del gobierno encabezado por el primer ministro italiano Mario Draghi. ‎

El peligro que se cierne sobre Europa es cada día mayor debido a la enorme cantidad de ‎armamento que la OTAN y la Unión Europea están enviando a Ucrania. Washington anunció que ‎aportará armamento por valor de 3 000 millones de dólares adicionales, como parte de un ‎‎«paquete de asistencia» de 40 000 millones aprobado por el Congreso de Estados Unidos. ‎

Un reportaje de CBS (estadounidense) demuestra que la mayor parte de todo ese armamento ‎va a parar al mercado clandestino de armas y acaba en manos de organizaciones terroristas y ‎criminales. ‎

Otro grave peligro viene del hecho que las fuerzas ucranianas, entrenadas y dirigidas de hecho por ‎la OTAN, están utilizando los cañones y misiles que la OTAN y la Unión Europea les entregan para ‎disparar contra la central nuclear de Zaporiyia, actualmente bajo control ruso. Con ello Italia ‎queda expuesta al gravísimo peligro de una catástrofe nuclear. ‎

Breve presentación de la revista de prensa internacional Grandangolo del viernes 2 de ‎septiembre de 2022 a las 20:30 horas en el canal italiano Byoblu

FUENTE: voltairenet.org

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El Gobierno de EE.UU. y empresas de redes sociales se coordinan para censurar la libertad de expresión, afirman dos fiscales generales.

 

El Gobierno de EE.UU. y empresas de redes sociales se coordinan para censurar la libertad de expresión, afirman dos fiscales generales

 

DIARIOCTUBRE / septiembre 3, 2022

 

Compañías como Meta, YouTube y Twitter habrían limitado la libertad de expresión sobre temas como el covid-19 en sus respectivas plataformas.

https://unsplash.com/


Los fiscales generales de Misuri y Luisiana, Eric Schmitt y Jeff Landry, respectivamente, afirman que el Gobierno de EE.UU. y las empresas de redes sociales se coordinan para censurar y limitar la libertad de expresión, según un comunicado publicado este jueves en la página web de Schmitt.

 

El texto indica que las fiscalías de ambos estados del país norteamericano presentaron el pasado mes de mayo una “demanda histórica”, con el fin de exponer cómo presuntamente altos funcionarios de la Administración Biden se confabulan con las redes sociales para censurar la libre expresión en dichas plataformas en relación con una serie de temas, incluido el covid-19.

Dos meses después ganaron el caso y un tribunal exigió al Ejecutivo que entregara los mensajes cursados entre los funcionarios denunciados y las compañías de ese sector. “Ya hemos recibido una serie de documentos que prueban claramente que el gobierno federal tiene una relación incestuosa con las empresas de redes sociales y se coordina claramente con ellas para censurar la libertad de expresión”, aseveró el fiscal general de Misuri.

Asimismo, dijo que todavía no han terminado con su investigación porque el Departamento de Justicia “se esconde” detrás del privilegio ejecutivo y se ha negado a entregar cierta información, motivo por el que este miércoles solicitaron a la corte que obligue al mencionado departamento a suministrarla.

“Llega a los niveles más altos”

“Meta [organización calificada como extremista en Rusia], por ejemplo, ha revelado que al menos 32 funcionarios federales, incluidos altos funcionarios de la FDA [Administración de Alimentos y Medicamentos], la Comisión de Asistencia Electoral de EE.UU. y la Casa Blanca, se han comunicado con Meta en relación con la moderación de contenidos en sus plataformas”, continuó, detallando que YouTube y Twitter actuaron de forma parecida.

En este sentido, señaló que según la documentación proporcionada hasta ahora, esta “empresa de censura es extremadamente amplia”, ya que también implica a funcionarios del FBI, el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro, entre otras instancias oficiales, “y llega a los niveles más altos del gobierno de EE.UU.”.

“Se desconoce el alcance total de la colusión de los funcionarios federales con las empresas de redes sociales sobre la censura, hasta que el Departamento de Justicia proporcione más mensajes requeridos por Misuri y Luisiana”, concluye el comunicado.

Reproductor de vídeo

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FUENTE: actualidad.rt.com

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sábado, 3 de septiembre de 2022

¿Votaría Usted por Hitler?

 

Autor desconocido (DP)

Con el fin de exterminar a todos los judíos de Polonia y la URSS, el Tercer Reich organizó las unidades Einsatzgruppen. En esta imagen vemos a un miembro del Einsatzgruppe D justo en el momento de matar a un hombre arrodillado delante de una fosa común en Vinnitsa, la actual Ucrania, en 1941.

FUENTE: https://www.jotdown.es/

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¿Votaría Usted por Hitler?


Por Rubén Kotler | 22/02/2010 | Argentina

Fuentes: Rebelión

El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detención y Torturas, la ex Jefatura de Policía de Tucumán, en el corazón del Noroeste Argentino. Los primeros tres días de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se […]

El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detención y Torturas, la ex Jefatura de Policía de Tucumán, en el corazón del Noroeste Argentino. Los primeros tres días de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se calcula que el proceso abierto a siete represores de la última dictadura militar por el secuestro y posterior desaparición de 22 personas, podría extenderse hasta el mes de junio o julio. Lo que sigue entonces es una reflexión sobre qué se está juzgando habida cuenta de la avanzada edad de la mayoría de los imputados y ante una sociedad que mayoritariamente parece querer dar vuelta la página de la historia. La pregunta que disparará el presente artículo tiene que ver con la expresión de deseo, que parecen tener ciertos sectores ultra conservadores, que no se juzgue a los represores, alegando, entre otros motivos, su «aparente delicado estado de salud» y su «avanzada edad».

La semana que precedió al inicio del juicio se especuló que éste, podría retrasarse una vez más debido a las complicaciones de salud que aparentemente (siempre, en apariencias) sufría el represor Luciano Benjamín Ménendez. La humanidad de los represores siempre se antepone a la necesidad de las víctimas de conseguir, aunque sea un mínimo y con más de 30 años de atraso, la justicia por los crímenes cometidos por el Terrorismo estatal. Las expresiones de la calle y de ciertos foros cibernéticos son idénticas: han pasado muchos años y mejor mirar los problemas que tenemos hoy; dejen de «torturar» a los abuelitos que además están enfermos; que ya han tenido su merecido; que hay que gastar el dinero de los juicios en los problemas actuales. El listado es grande, hay quienes incluso se animan, desfachatadamente a más: son los héroes de la patria, dejen de juzgarles, merecen reconocimiento por haber limpiado este país de marxistas. Esta añoranza por la mano dura y la vuelta del ejército se expresa en determinados sectores políticos argentinos. Y no hablamos, para el caso tucumano, de los hijos de Bussi, quienes además buscan asesoramiento en materia «de seguridad» en Colombia. Hablo a nivel nacional, cómo determinados personajes piden la vuelta del servicio militar obligatorio, mandan a sus policías a las calles con aparatos capaces de picanear, piden pena de muerte y se regocijan de ver cómo en otros países el verde oliva se impone sobre la población civil. Es así como a los Bussi hay que sumarle el ex presidente Duhalde, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri; todos éstos como expresión de importantes sectores sociales que paradójicamente llaman a olvidar el pasado y dar vuelta la página de la historia sin revisión, ni juicio ni castigo, y sin embargo, viven añorando la vuelta de los tiempos oscuros en la que los uniformados, que ahora están siendo juzgados, eran los dueños de la vida y la muerte de los ciudadanos argentinos. Esto que afirmamos aquí es perfectamente aplicable a países hermanos como Chile, donde ya hemos podido escuchar a los seguidores del presidente electo Piñera vivar a Pinochet.

Los dictadores quieren ser como Pinochet

Y claro, es que los generales argentinos emulan a un Pinochet que tienen como ejemplo. Todos recordamos la pantomima del dictador chileno al bajar del avión que lo regresaba a su país desde Inglaterra, donde por algunos meses estuvo preso. Al pisar la pista del avión el dictador se levantó de la silla como si de un milagro se tratara y comenzó a caminar. Comparemos lo sucedido en Tucumán al comenzar el juicio y cualquier similitud con la realidad antes descripta es veraz. Bussi: el dictador alegaba y alega un empeoramiento en su estado de salud y una incapacidad para recordar determinados hechos. Yo he podido presenciar las exposiciones del genocida y ver su firme actitud incluso al increpar a los abogados querellantes y lejos de verle con la salud deteriorada el otrora general de las desapariciones de personas, se encuentra en perfecto estado, no le tiembla el pulso, lo mínimo que uno podría esperar de quien toma todo tipo de medicamento y al no sentirse bien representado por sus abogados defensores, él mismo «interroga» a los testigos, saltando incluso las órdenes de los jueces, quienes desde el estrado le piden moderación. El altercado con la abogada Mirta Mántaras es solo un ejemplo y demuestra una vez más que Bussi no solo no ha cambiado las formas, sino que sigue conservando intacto su espíritu autoritario, aquel que le llevó a comandar la provincia y asesinar a opositores políticos, o ya en «democracia» (valen las comillas) cuando recibió en casa de gobierno a funcionarios con un revólver en su escritorio.

En el caso de Menéndez también habría que destacar que el represor no solo alega problemas de salud sino que desconoce a la justicia civil que lo juzga. Menéndez no ha perdido su «calidad» de militar estructurado, cuadrado, que solo responde en términos militares, recibiendo y dando órdenes. Es el único de los acusados en el juicio de la ex Jefatura de Policía que pidió estar aislado de la sala, siguiendo las instancias del debate en un cubículo de dos por dos acompañado de sus abogados defensores. Si no hubiera tenido la posibilidad de ver a Menéndez en persona, conversando tranquilamente con su defensor, pensaría que al genocida efectivamente le queda poco hilo en el carrete, sin embargo ni la supuesta neumonía ni la actuación de su salida del tribunal por una supuesta descompensación son creíbles. Aquí, la escuela de teatro pinochetista ha sido muy efectiva y los «generales» argentinos han aprendido de su maestro en el don de la actuación. Enferman cuando quieren, pero no les tiembla la voz para amedrentar, incluso dentro de la sala del juzgado, ni le tiemblan las manos para señalar con sus índices, a los que ellos consideran «el enemigo».

Los delitos de lesa humanidad no prescriben

Es cierto que han pasado más de 30 años desde que los últimos militares que asaltaron el poder en Argentina dieran comienzo al Plan sistemático de exterminio. Es cierto que algunos de los degenerales que llevaron a cabo el «genocidio» están viejos y enfermos, algunos incluso más cerca de la muerte. Es cierto que algunos cobardes manifiestan su propia cobardía de enfrentar a un tribunal civil llorando. Pero no es menos cierto que los delitos cometidos por el Estado terrorista no prescriben, así hayan pasado 40 años o más, el ejemplo de Nüremberg debe primar.

 Muchos pueden preguntarse qué sentido tiene el juzgar a estos tipos cuando están en el epílogo de sus vidas. La respuesta es simple: estos juicios y los que deberían juzgar a los cuadros medios e inferiores, deben ser «aleccionadores», deben servir de basamento moral y ético para establecer cuál es el límite dentro del cual un ser humano cualquiera y en especial aquellos que ejercen el poder del Estado, pueden actuar. Decía Marx que la historia se repetía una vez como tragedia y luego como farsa. Por un lado ya hemos tenido en la historia argentina momentos de tragedias y de farsas. Por otro debemos comprender que la actual crisis que se abate sobre el país, es una crisis cuyos orígenes hay que buscarlos en el modelo económico y social que vino a implementar a sangre y fuego los dictadores que ahora se sientan en el banquillo de los acusados: el capitalismo en su fase más salvaje.

Mirta Mántaras lo explicó con solvencia durante su testificación. El golpe del ’76 estuvo perfectamente planificado y el proyecto de su ejecución fue controlado y avalado por el mismísimo Departamento de Estado en Estados Unidos. Ese modelo impuesto a sangre y fuego, de manera ilegal e ilegítima, creando miles y miles de excluidos e indigentes que viven en la miseria más absoluta, es el que hoy prima en nuestro país. Porque todo tiene un origen y las políticas criminales de los genocidas tuvieron su corolario en la crisis estructural que vive desde entonces Argentina. De Alfonsín a la fecha, los presidentes elegidos en las urnas no hicieron otra cosa que cumplir a pie juntillas el plan económico y social impuesto en aquellos oscuros años 70. Una generación entera fue desaparecida entonces, otras generaciones han sido postergadas tras el retiro a los cuarteles de los dictadores. Si no comprendemos esta ecuación entonces seguiremos postrados en la crisis eterna creyendo que lo sucedido durante el genocidio nada tiene que ver con nosotros.

De Hitler a Bussi, pasando por Pinochet

Conviene recordarlo una vez más. Un día después de las elecciones presidenciales chilenas, los seguidores del presidente electo, Piñera, vivaban a Pinochet y le ofrendaban el triunfo electoral al dictador fallecido. Entre estas manifestaciones y los comentarios que uno puede leer en los periódicos locales de Tucumán, vivando a los genocidas y dándoles fuerza en momentos en que se desarrolla el juicio por los delitos de lesa humanidad, uno reflexiona sobre qué hemos aprendido de nuestra historia. En todo caso estas expresiones son el fiel reflejo del valor que «las democracias occidentales» pueden tener y lo poco que valen ciertos valores morales y éticos, lo poco que importa el pasado y en todo caso una justificación de los medios a costa de determinados fines. Sin embargo creo que parte de la población que viva a los Bussi, a los Menéndez o a los Pinochet, desconoce el horror de los Centros Clandestinos de Detención, no comprende que el Arsenal Miguel de Azcuénaga pudo haber sido el Auschwitz tucumano, como lo expresan algunos abogados defensores de los DDHH, como Laura Figueroa. A una población convencida del valor de las dictaduras y los genocidios difícilmente pueda uno tratar de explicarle lo sucedido. Sin embargo, estimo, que gran parte de los apoyos que reciben los dictadores hoy, tienen que ver con el desconocimiento de la historia reciente de nuestros países. Creo que más allá del fascismo residual que queda en nuestras sociedades existe un núcleo importante de población que ignora la magnitud de los genocidios latinoamericanos. A éstos últimos uno debería hacerle la siguiente pregunta: ¿Votaría Usted por Hitler?

Es que tampoco imaginan un Hitler anciano, actuando para las cámaras de TV, haciéndose pasar por enfermo, con cara de abuelito que da de comer a las palomas un domingo en la tarde en la Plaza de Mayo. Y no lo imaginan porque esa imagen no existe. La vejez entonces puede generar efectos contrarios, sobre todo cuando iconográficamente se la muestra con los achaques propios del paso del tiempo. Y esto fue lo que he discutido con algunos militantes tucumanos acerca de una muestra fotográfica que mostraba imágenes del primer juicio a los dictadores llevado a cabo en 2008. En la muestra las fotos «más conmovedoras» no parecían ser la de los familiares de las víctimas con sus fotos en la mano, sino la imagen de Bussi con un tubo de oxígeno postrado en una silla de rueda, foto que «enternece» a quien no sabe que detrás de ese «viejito lloroso» se esconde el Hitler tucumano. Aquel que en nombre de la civilización occidental y cristiana asesinaba a los detenidos políticos a punta de pistola en los campos de concentración a su cargo. Bussi es Hitler, solo que nuestro Hitler criollo ha envejecido y a quienes desconocen la historia causa piedad. En eso reside la propaganda que los hijos del general apuestan.

Veamos lo que dice su hijo mayor, José Luis Bussi: «Antonio Bussi es un hombre de 84 años; dio lonjas de su vida por los tucumanos y tiene las ñañas de cualquier persona a esa edad». Acto seguido el hijo de B. recalcó que su padre es un preso político. Habría que explicarle a Bussi (H) que su padre es un preso VIP y que presos políticos eran los detenidos desaparecidos que fueron secuestrados ilegalmente sin garantías algunas, garantías de las que goza su padre cuando incluso, al momento de declarar, puede evadir «el banco de los acusados». ¿Qué clase de preso político cumple condena en un Country? ¿Los desaparecidos por su padre? La respuesta es obvia.

Insistimos entonces en confundir la imagen de Hitler con la de Bussi, de la misma manera que la podríamos confundir con la de Menéndez, la de Videla y con la de tantos genocidas que en la fecha están siendo juzgados en los tribunales. Lejos de toda piedad, si Hitler viviera y lo encontráramos en una plaza dando de comer a las palomas, no dudaríamos ni un instante en exigir a Nüremberg que siente en el banco de los acusados al genocida. Detrás de los 84 años de Bussi, y amén de los triunfos electorales, existe una necesidad moral y ética de juzgar y sentenciar al criminal. En lo personal, y aún cuando verdaderamente Bussi o Menéndez estuvieran enfermos, cuestión que insisto, me generan dudas, no sentiría la mínima piedad por ellos. No son venerables ancianos: SON genocidas. Y esto es lo que hay que explicarle a esa sociedad que lo ignora. El hecho que haya ganado todas las contiendas electorales en las que participó no le condona los crímenes de lesa humanidad cometidos. En este sentido no estoy de acuerdo con aquello que los pueblos no se equivocan y ante la ignorancia que conduce a votar por un genocida, el papel de los historiadores y educadores por explicar quién es quién y qué hizo cada actor social es importante. Insisto en la pregunta sobre las opciones electorales de un Hitler. Y vuelvo una vez más a recalcar la necesidad de explicar a nuestras sociedades la historia y darles a conocer sin miedos ni prejuicios lo sucedido. Aunque nos vaya la vida en esto. Pues la dignidad de las generaciones futuras y la construcción de otro modelo social justo y equitativo solo puede erigirse sobre los basamentos de los dos principios que las organizaciones de derechos humanos han levantado como bandera históricamente: la Verdad y la Justicia. De lo contrario volveremos a repetir nuestra historia como tragedia una vez más y nos lamentaremos de no haber juzgado, por lo menos, a los máximos responsables del genocidio.

Blog del autor: www.rubenkotler.com.ar

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La crisis ucraniana, el proyecto euroasiático y el paso grand écart de Putin


Tal día como hoy de 1931 nacía en El Cairo uno de los intelectuales marxistas más brillantes de la izquierda contemporánea: Samir Amin. Este fragmento, perteneciente al título Rusia en la larga duración, publicado por El Viejo Topo en 2015, se anticipa a lo que hoy sucede.


La crisis ucraniana, el proyecto euroasiático y el paso grand écart de Putin

 

 


Samir Amin

El Viejo Topo

3 septiembre, 2022 

 

La crisis ucraniana en curso funciona como un indicador del balance actual de la historia de Rusia (y de Ucrania, por supuesto). Arroja plena luz sobre la índole de las oligarquías que se han adueñado de los poderes establecidos, el lugar de la nomenklatura de los países de la ex Unión Soviética y sobre sus salvajes opciones capitalistas (que Alexandre Buzgalin califica como «capitalismo de Jurassik Park»). Revela sus ambiciones y las limitaciones de lo que dichas opciones pudieran hacer en ese sentido, su aceptado sometimiento al estatus de correa de transmisión de la dominación mundializada del capital financiero del imperialismo colectivo de la tríada, pero también –en lo que respecta a Rusia– la posibilidad que ellas tienen de emprender otra vía acercándose a países emergentes (Rusia pertenece al grupo de los BRICS). La crisis ucraniana, por tanto, revela que las condiciones necesarias para garantizar su eventual éxito en esta vía están lejos de reunirse. Pero también revela –como es obvio– las verdaderas ambiciones de los poderes dominantes de la tríada imperialista, tales como los medios poco escrupulosos que emplean para lograr sus objetivos, que van desde la manipulación de pueblos ociosos hasta la práctica del terror a cargo de milicias fascistas. El conflicto ucraniano, por consiguiente, se inscribe en el marco más amplio de ese que opone, por un lado, la estrategia desplegada por Washington y sus aliados europeos subalternos y, por otro, las aspiraciones –aunque confusas– de los pueblos, de las naciones, y con certeza de los Estados de las periferias contemporáneas –Rusia y los demás países de la ex Unión Soviética, al igual que todos esos países de Asia, de África y de la América Latina. En mis conclusiones volveré a tocar esta apertura mundializada de las interrogantes planteadas por las crisis actuales en Rusia y en Ucrania.

Es un hecho que los Estados Unidos y Europa organizaron en Kiev, en marzo de 2014, un verdadero putsch «euro-nazi». La retórica del coro mediático occidental que se regodea con promesas de democracia es pura y simplemente una falsedad. Las potencias de la tríada no han promovido la democracia en ninguna parte. Por el contrario, han apoyado siempre a los adversarios más encarnizados de la democracia, fascistas incluidos, rebautizados como «nacionalistas». En la ex Yugoslavia, los europeos han apoyado a los nostálgicos del fascismo croata, reexpedidos de su exilio canadiense; en Kosovo dieron el poder a las mafias de la droga y de la prostitución; en los países árabes siguen apoyando el Islam político más reaccionario, financiado este por las nuevas repúblicas democráticas en que se habrían convertido la Arabia Saudita y Qatar, si se cree en las falacias de los medios de comunicación occidentales. La intervención militar en Irak y en Libia ha destruido estos países, sin promover en ellos la menor promesa de democracia. En Siria, el apoyo militar de las potencias de la tríada a los «islamistas», directamente o por intermedio de la Arabia Saudita y Qatar, no promete nada mejor.

El poder autoproclamado de Kiev tomó la precaución de darse una apariencia de legitimidad por medio de elecciones. Los candidatos a esas elecciones incluso tomaron la precaución de no asumir los nombres de las milicias fascistas que les llevaron al poder. Ello permitió a los medios de comunicación occidentales presentarlos como ¡«nacionalistas demócratas»! De hecho se trataba de una farsa electoral, aquí como en otras partes (en el mundo árabe, por ejemplo). La represión brutal de todas las resistencias al proyecto de la junta –prohibición de los partidos calificados de «pro-rusos», control sobre los medios de comunicación, masacre de los opositores, como en Odesa (¡la justicia controlada por las milicias absteniéndose de perseguir a los criminales para ensañarse con las familias de las víctimas!)– no ha sido objeto de ningún comentario por el coro mediático de la tríada. Estos medios de comunicación atribuyen la responsabilidad del drama ucraniano solo a las desmesuradas ambiciones expansionistas de Putin, acusado de haber violado la independencia de las naciones (mediante la anexión de Crimea y el apoyo a los separatistas del Estado ucraniano). Curiosa acusación proveniente de los que han violado sin titubear la independencia de Serbia, de Irak, de Siria y persisten en extender ese intento a otros.

El obstáculo con que choca el poder de Kiev no es solo de una naturaleza «étnica» que opondría a los rusoparlantes y a los de habla ucraniana. Ciertamente las fronteras de las repúblicas de la ex URSS habían sido voluntariamente diseñadas por el poder soviético, dando la mejor parte a los nacionalistas no rusos en un espíritu de ruptura con el chovinismo de la Gran Rusia. El ejemplo de Crimea, que nunca había sido ucraniana, es prueba de ello. Donetsk y Odesa tampoco habían sido nunca «étnicamente» ucranianas. Al igual que las fronteras de las repúblicas yugoslavas, estas jamás fueron diseñadas para convertirse en las fronteras de Estados secesionistas. Putin no es probablemente un héroe de las causas democráticas, pero aquí no hace más que apoyar a todos los que rechazan en Ucrania la colonización euro-alemana que Bruselas quiere imponer tal como lo ha hecho en Europa oriental, en Grecia y en Chipre. Y no son solo los «rusoparlantes» de Ucrania quienes podrían rechazar el proyecto de los europeos, a pesar de que los poderes despóticos ejercidos por la junta de Kiev no permitan expresar esta oposición al proyecto euro-alemán.

Rusia está en busca de un lugar en el sistema mundial de nuestros días y del mañana. Rusia está ya cercada por las fuerzas de la OTAN. La amenaza no es un resultado de las alucinaciones de Putin. Es real y ha surgido a causa de la violación por los Estados Unidos y Europa de su compromiso de no integrar en la OTAN a la Europa oriental, en particular a los Estados bálticos. En la actualidad la amenaza consiste en integrar a su vez a Ucrania en esta organización bélica. ¡No obstante, debería saberse que las promesas no cumplidas constituyen el pan diario de las políticas del imperialismo (desde 1492)! Era preciso, pues, ser muy ingenuo para creer en la palabra de Washington y de Bruselas. Esta ingenuidad se manifestó de nuevo cuando Rusia y China se abstuvieron de utilizar su derecho al veto en el Consejo de Seguridad para quitar toda legitimidad a la agresión contra Libia. Pero parece que Moscú y Beijing por fin han aprendido la lección de sus meteduras de pata. En respuesta al proyecto expansionista de los Estados Unidos y de la Europa alemana, Putin parece haber apoyado el proyecto de construcción de una vasta alianza de los pueblos de la ex URSS.

Este proyecto es ya conocido con el nombre de alianza de los pueblos «euroasiáticos». No se trata de un invento artificial reciente. En el capítulo primero de este libro yo señalaba que esta idea respondía, desde hace siglos, a la búsqueda por Rusia de la definición de su lugar en el mundo. Y no veo por qué se le negaría ese derecho a los rusos y a los demás pueblos de la ex URSS.

El combate emprendido por Moscú contra el orden imperialista, en Ucrania y en otras partes, solo podrá triunfar si cuenta con el firme apoyo de los pueblos involucrados. Este apoyo solo será posible si Rusia se libera del yugo neoliberal que, aquí, como en otras partes, está en el origen del desastre social. Putin lleva a cabo hasta ahora el peligroso ejercicio de abrise de piernas, asociando, por un lado, la continuación de su desastrosa política interna y, por otro, la defensa de los legítimos intereses de una Rusia independiente.

Abandonar el neoliberalismo y salir de la mundialización financiera son en adelante necesarios y posibles. Esta exigencia no se refiere solo a la Rusia de hoy, es también válida para los BRICS y para todos los países del gran Sur, tal como diré en mis conclusiones. Sin embargo, actualmente hay segmentos de la clase política que gobierna a Moscú que están dispuestos a adherirse a un capitalismo de Estado, capaz, a su vez, de abrir la vía para un eventual avance hacia la socialización democrática de su gestión.

Pero si la fracción compradore de las clases dirigentes rusas –beneficiarias exclusivas del neoliberalismo– es la que prevalece, entonces las «sanciones» con que Europa amenaza a Rusia podrían dar sus frutos; los compradore están siempre dispuestos a capitular para preservar su parte en el producto del saqueo de sus países. Rusia no podría entonces rechazar su colonización por el imperialismo de la tríada. Y perderá, mientras espera, la batalla en Ucrania.

Fragmento del capítulo 6 de Rusia en la larga duración.

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