domingo, 1 de mayo de 2022

De espaldas al Maquiavelo republicano. Ascenso y declive de Podemos

 

Andrés de Francisco, autor de La mirada republicana y de Visconti y la decadencia, y Francisco Herreros, autor de La ideología y la práctica. La diferencia de valores entre izquierda y derecha, publican ahora Podemos. Izquierda y “nueva política”, texto en el que analizan el vertiginoso ascenso de dicha formación política y su declive.


De espaldas al Maquiavelo republicano. Ascenso y declive de Podemos

 

Salvador López Arnal

El Viejo Topo

1 mayo 2022



Andrés de Francisco, autor de La mirada republicana y de Visconti y la decadencia, y Francisco Herreros, autor de La ideología y la práctica. La diferencia de valores entre izquierda y derecha, publican ahora Podemos. Izquierda y “nueva política”, texto en el que analizan el vertiginoso ascenso de dicha formación política y su declive.


 

¿Vuestro análisis de Podemos incorpora también Unidos / Unidas Podemos? ¿Y los grupos que no son Podemos propiamente (por ejemplo, En Comú Podem) pero que forman parte de su grupo parlamentario?

—Sí, los incorpora, pero de una manera muy tangencial, en su calidad de compañeros de viaje, y mientras lo han sido. Nos centramos en Podemos, que ha sido el verdadero acontecimiento en la izquierda de este país nuestro.

 

Cuando habláis de izquierda, ¿a qué izquierda hacéis referencia? ¿Cuándo puede decirse que una formación política es una organización de izquierdas?

—Nos referimos a una izquierda plural, sin duda. Pero al poner el foco en Podemos, estamos refiriéndonos básicamente al espacio político a la izquierda del PSOE. Una organización de izquierda, dentro de las coordenadas del parlamentarismo presente, debería ser internamente democrática, respetar y hacer respetar la batería de instrumentos de dispersión, control y no acumulabilidad del poder heredados de la tradición republicana, y buscar el mejor equilibrio posible entre la libertad (real) de los ciudadanos, la equidad (más que la igualdad), y la solidaridad (o fraternidad). Debería apostar por un estado (socialmente) fuerte, pero (administrativamente) muy austero y racionalizado (sin clientelismos, redundancias, sinecuras, etc.), y exigir a los gobiernos no solo transparencia sino que rindan cuentas de verdad.

 

Entrecomilláis la expresión “nueva política”. ¿En qué consistiría, hablando propiamente, una nueva política? ¿No cabe hablar de “nueva política” al referirse a Podemos?

—Bueno, esta es una pregunta que intentamos responder en la segunda parte del libro. En Podemos ha habido innovaciones –sobre todo en la estrategia de comunicación– pero ha habido también muchas continuidades con la vieja política. En cualquier caso, su promesa de renovación radical de la política –por ejemplo, en el sentido en que la defendió Ortega en su día– ha quedado muy lejos de cumplirse.

 

Usáis en numerosas ocasiones el término democracia. Un ejemplo: “La democracia es necesariamente contrapoder ciudadano: control, disputabilidad y participación activa del demos… responsividad y accountabiliy”. ¿Es eso la democracia para vosotros? ¿Son democracias las que llamamos democracias liberales?

—En un sentido profundo, la democracia es –como la definiera Aristóteles– el gobierno de los muchos pobres libres. Es decir, un régimen político en el que el mundo del trabajo –los aporoi– tiene la hegemonía política y el control del Estado. Pero en este libro nos movemos en las coordenadas del gobierno representativo. Y aquí hay dos grandes vertientes, una más oligárquica o elitista (contramayoritaria) y otra más democrática y popular. Ahora bien, una vez que se admite la separación entre representantes y representados, entre ambos hay una relación de agente-principal. El principal (los representados, la ciudadanía) debe poder participar, controlar, alzar la voz y disputar determinadas decisiones de sus gobiernos. El agente (representantes y gobiernos) tiene un poder delegado que ha de responder, estar controlado y rendir cuentas. Sin esta doble relación, no se puede hablar de democracia en un gobierno representativo. Y en un plano más sustantivo, será tanto más democrático cuanto más responda a los intereses y necesidades de los grupos más desfavorecidos, de las clases más vulnerables, esto es, de los aporoi.

 

Respecto a la democracia liberal…

—Respecto de la democracia liberal hay que tener en cuenta una cosa: las páginas más brillantes –más heroicas– que la izquierda ha escrito en la historia son las de su lucha antifascista. Y esa lucha se hacía en nombre de los derechos, de la legalidad constitucional, del imperio de la ley. Cuando la gran burguesía decimonónica abdica del liberalismo y abraza el bonapartismo, primero, y el nacionalismo belicista, después, es la socialdemocracia la que recoge el testigo de la defensa de la paz y los derechos. Lo explica muy bien Arthur Rosenberg en su clásico Democracia y socialismo. Invariablemente, donde se han destruido democracias liberales han surgido regímenes totalitarios, a derecha e izquierda, en la mayoría de los casos, criminales. Para nosotros, una sociedad emancipada es inconcebible sin derechos de libertad personal. Lo que la izquierda debería hacer es profundizar esas democracias liberales en un sentido republicano-democrático serio.

 

Señaláis en la presentación que queréis ser lo más objetivos posible, sin olvidar vuestra propia perspectiva republicano-democrática. ¿No hay aquí una cierta inconsistencia?

—Sin marcos conceptuales es imposible fijar la mirada, orientar el análisis, hacer las preguntas, organizar la crítica. A partir de ahí, hemos sido respetuosos con los hechos. Y no nos hemos dejado llevar por nuestras propias hipótesis, buscando artificiosamente la confirmación de la realidad. De hecho, hemos rectificado muchas cosas y ajustado otras tantas. No ha sido un libro fácil de escribir. Ni es un libro para hacer amigos.

 

¿Qué otros aspectos forman parte de las líneas básicas de esa perspectiva republicano-democrática que hacéis vuestra?

—Aparte de lo ya dicho… Primero, la laicidad del Estado. En este sentido, la Iglesia sigue siendo en España un poder con muchas incrustaciones y privilegios en la esfera pública. Tenemos todavía una asignatura republicana pendiente ahí. Segundo, está la gran cuestión de la propiedad, que desgraciadamente se suele olvidar. La idea republicana de la suficiencia material, como base de la ciudadanía, está ligada a la propiedad. Una estrategia republicano-democrática debería avanzar en el sentido de la copropiedad y cogestión empresarial y en el sentido de la desmercantilización de determinados bienes cívico-constituyentes como la vivienda y, por supuesto, de servicios como la sanidad y la educación.

 

Unas de vuestras principales conclusiones es que la cultura política de Podemos, más allá de su vindicación de la III República española, está muy alejada de la tradición republicana. ¿Por qué?

—Sí, en efecto. Creemos que su cultura política debe más al populismo de factura neoperonista que a la rica tradición republicana, que es muy exigente con los gobiernos y también con las ciudadanías. Su concepción de la política (su idea de los liderazgos carismáticos, de la representación, de la política como puro conflicto amigo/enemigo y como mecánica de fuerzas y poder) debe mucho a Carl Schmitt, por más que Schmitt les haya llegado filtrado de varias maneras.

Pero tampoco somos republicanos dogmáticos. Para empezar, hay muchos republicanismos, y la tradición republicana ha sintetizado muchas influencias y factores a lo largo de su historia. Lo que sí creemos es que hay un núcleo de ideas e instrumentos para pensar y articular buenos gobiernos y buenas ciudadanías, un núcleo que habría que intentar recuperar. Ese núcleo se articula en torno a dos dicotomías fundamentales: republicanismo vs. despotismo, y virtud vs. corrupción. Todo un mundo.

 

¿No os centráis en exceso, en muchos pasajes de vuestro estudio, en la figura de Pablo Iglesias? Podemos no solo ha sido Pablo Iglesias.

—Hablamos de otras muchísimas cosas. Pero la importancia que damos en el libro a Pablo Iglesias está en proporción directa a la indiscutible centralidad de su figura en el fenómeno Podemos. Fíjate: ha dimitido del gobierno y parece que sigue marcando la agenda de Podemos en la distancia. Tan solo necesita un micrófono. Y da bastante pena ver, por ejemplo, a las ministras Ione Belarra o Irene Montero repetir como papagayos consignas que Iglesias lanza desde un programa en streaming o desde una tertulia. La mediocridad de la actual dirección de Podemos es verdaderamente preocupante. Parece que quieren confirmar la teoría weberiana de la rutinización del carisma.

 

Insisto en este punto. Sois muy críticos con la figura política de Iglesias. ¿No hay, disculpad mi pregunta, una cierta animadversión política por vuestra parte? Habláis de él en términos de líder carismático, de gran personalismo político… Criticáis, incluso, que usara frac y pajarita en la gala de los Goya de febrero de 2016, o que haya usado un lenguaje verbal coloquial en algunas intervenciones parlamentarias. ¿Ese hiperliderazgo no es también moneda corriente en muchos partidos españoles (y europeos y usamericanos): Felipe González, Jordi Pujol, Macron, Boris Johnson, Obama…?

—Bueno. Pablo Iglesias es un personaje muy interesante. Y tiene muchos méritos que resaltamos en el libro. Sobre todo, su audacia. Es inteligente también y ha sabido aprovechar muy bien muchas ocasiones. Digamos que es un político de raza. Y, desde luego, es el alma mater de un proyecto político que sacudió el tablero electoral español. Sin Pablo Iglesias no habría habido Podemos. Ahora bien, sí, hay muchas cosas que no nos gustan de él y otras tantas en las que estamos en desacuerdo con él. Y lo criticamos en consecuencia.

Por cierto, no criticamos que llevara frac (eso nos da igual) sino su justificación, y las críticas a su lenguaje hay que ponerlas en el contexto de la argumentación del libro. Si no, parecen exageradas o impertinentes. En cualquier caso, ni una ni otra son las críticas esenciales, sino –digamos– dos comentarios en passant en el libro. Pero animadversión personal, en absoluto, aunque a veces nos haya exasperado.

Con respecto a los otros hiperliderazgos que comentas, hay una diferencia: ninguno de ellos creó un partido a su medida. Estaban ya creados. Y todos ellos eran partidos con mayor vertebración interna y con más contrapesos. Podemos es organizativamente una cáscara vacía, con una concepción meramente plebiscitaria de la relación entre sus líderes y sus “militantes”. El PSOE va camino de ser lo mismo.

 

Según vuestro análisis, Podemos es una formación populista. ¿Qué tipo de populismo encarna Podemos? ¿Qué hay de malo en el populismo?

—Todo esto hay de malo: la falsa retórica, la adulación del pueblo, las falsas soluciones, el oportunismo electoralista, el cortoplacismo, el voluntarismo sin freno de la inteligencia, el no valorar las posibles consecuencias perversas de una determinada acción política, el discurso de brocha gorda, la movilización de emociones identitarias, el caudillismo y los liderazgos carismáticos y su relación con un pueblo indiferenciado, la amplificación irresponsable de expectativas. En algunos sentidos, el suyo es un populismo de izquierdas, con retórica anti-elitista y medidas en favor de algunos grupos más desfavorecidos (no todos); en otros, no nos lo parece en absoluto. Por ejemplo, su apoyo al independentismo catalán blanquea el carácter pequeño burgués (de clases medias) y a menudo conservador del nacional-secesionismo. Su feminismo tiene ribetes incluso reaccionarios como, por ejemplo, cuando ataca o relaja el principio –tan republicano– de presunción de inocencia.

 

Sorprende o puede sorprender algunas de vuestras consideraciones. Discurso propiamente anticapitalista, afirmáis, nunca tuvieron; de hecho, señaláis, para Pablo Iglesias el capitalismo es “irreformable”. ¿No hay en Unidas Podemos fuerzas que se declaran abiertamente anticapitalistas como el PCE o IU?

—Insistimos en que nuestro foco era Podemos. Y ahí están las palabras de su líder. Por otro lado, las empresas del IBEX siguen tan contentas con el gobierno de coalición. Han tenido récords de beneficios y esperan recibir la parte del león de los fondos de recuperación europeos. Es el pequeño capitalismo el que seguramente esté sufriendo más, las pequeñas empresas, los autónomos con algún trabajador a cargo. Salen muy endeudados de la crisis del coronavirus, y les están apretando mucho las tuercas: subidas del SMI, subida de las cotizaciones, subidas programadas de la seguridad social, subida de los precios de la energía.

 

Comentáis largo y tendido las luces y sombras de Podemos. ¿Más luces que sombras, más sombras que luces? ¿Nos dais un ejemplo de sombra y otro de luz?

—En general, su apuesta por lo público nos parece bien orientada, aunque hay que tener en cuenta que la economía española es una economía asistida y tiene desequilibrios muy preocupantes. Sombras, muchas, y las desarrollamos en el libro. Por resaltar una, sobre la que ya hemos hablado: su alianza estratégica con el nacional-secesionismo. Este nos parece un error básico y de bulto. La izquierda española debería haberle plantado cara desde el principio y no jugar a aprendices de brujo con algo tan delicado. La ministra Montero, por ejemplo, habla de Cataluña y País Vasco como si ya fueran naciones independientes.

 

Señaláis en la tercera parte del ensayo el trasfondo ideológico que a vuestro entender es el que arroja mayor luz sobre la esencia política de Podemos. Habláis de la raíz smittiana de los fundamentos ideológicos de Podemos, incluso de su concepción iliberal de la democracia. ¿No ubicáis a la formación en coordenadas muy conservadoras, incluso reaccionarias?

—Bueno, Schmitt no era un conservador. Era un reaccionario. En Podemos lo que hay es una amalgama de ideas (e ideologemas) y planteamientos (a menudo muy superficiales), que apuntan en direcciones diversas. Pero la raíz schmittiana existe y damos buena cuenta de ella en el libro.

 

Al hacer un balance de la participación de Unidas Podemos en el gobierno de coalición, ¿no deberíamos tener en cuenta que es un gobierno minoritario que se ve obligado a negociar siempre con otras fuerzas, heterogéneas y muy poco dadas a pensar en términos generales, centradas en sus propios intereses territoriales?

—Como todos. Incluso los gobiernos con mayorías absolutas se ven obligados a negociar. Afortunadamente vivimos en sociedades plurales y heterogéneas.

 

Permitidme que insista. ¿Por qué Podemos y Unidas Podemos se han manifestado tan poco críticos al nacional-secesionismo catalán? ¿Por convicción o por una política (necesaria) de alianzas? Pablo Iglesias ha llegado incluso a elogiar la figura política de Carles Puigdemont, la consistencia de sus ideas con su práctica.

—Como ya hemos dicho, la alianza estratégica con la izquierda nacional-secesionista es un error. No solo estratégico sino también desde una ética de los principios y las convicciones. Estratégicamente es un error porque les condena a quedar atrapados entre un PSOE no nacionalista y una izquierda independentista, a la que solo pueden servir como mero instrumento a nivel nacional, un papel poco honroso.

En cuanto a los principios, entendemos que la izquierda debería intentar un proyecto amplio y solidario para ciudadanos igualmente libres; y no enredarse en cuestiones identitarias que tanto alejan a la izquierda de sus raíces cosmopolitas ilustradas. La izquierda debería combatir el nacionalismo, no alimentarlo. Debería buscar la fraternidad entre ciudadanos, no dividirlos. La nueva polaridad que busca Pablo Iglesias entre la plurinacionalidad y la derecha no tiene más sentido que el de darle oxígeno a VOX para que siga creciendo. Y no descartamos que ese sea su verdadero propósito, puramente tacticista.

 

Comentáis que Podemos ha sacado el análisis de clase de su concepción de lo social, que no son marxistas, que carecen por completo de una concepción materialista de la historia. Sin embargo, Unidas Podemos sigue hablando de clases trabajadoras, de hacer políticas que favorezcan la situación económica, social, de las gentes trabajadoras. Yolanda Díaz sería un ejemplo.

—Creemos que –objetivamente– no han rebasado el estrecho horizonte del social-liberalismo, como el mismo Iglesias adelantaba cuando decía que su horizonte reformista era el de la democracia cristiana de treinta años atrás. Esto lo desarrollamos in extenso en el libro. Han contenido algo la desigualdad, pero no la polarización. Con ellos en el gobierno, ha aumentado la pobreza extrema y el riesgo de pobreza. En los ayuntamientos del cambio han perdido voto obrero porque, al menos en Madrid, se olvidaron de los barrios obreros cuando gobernaron. La política lingüística catalana tiene un claro sesgo de clase. No hace mucho, Ada Colau les decía a los que quieren que sus hijos estudien en castellano en un 25% –que son las clases obreras catalanas– que se paguen un colegio privado. ¡Menuda política de clase! Yolanda Díaz, es cierto, tiene una mentalidad más sindicalista.

 

Hablando de Yolanda Díaz. Hacéis un balance muy documentado de los avances y límites de la reciente reforma laboral. Dada la situación actual –nuestra pertenencia a la UE, la fuerza real de los sindicatos, las debilidades parlamentarias del gobierno…–, ¿era posible una reforma laboral más avanzada? Más aún, y disculpad mi descortesía: ¿qué hubierais votado vosotros si hubierais sido diputados?

—En términos realistas (teniendo en cuenta todas esas consideraciones que tú apuntas, y otras), creemos que es una buena reforma. Para empezar, es fruto del consenso, cosa muy republicana, por cierto. En segundo lugar, avanza en una dirección correcta: la disminución de la precariedad laboral potenciando los contratos indefinidos. Pero hay que tener muy presente el trade-off entre calidad y cantidad de empleo (al menos del menos cualificado) en la economía española del empleo. Y todavía no sabemos cómo va a afectar en este sentido la reforma laboral al mercado de trabajo. No hay que descartar que aumenten los contratos indefinidos y disminuya la masa salarial (por número de horas contratadas), es decir, que haya más contratos indefinidos pero a tiempo parcial. Otra duda que tenemos se refiere a la desaparición total de los contratos por obra y servicio. Por ejemplo, puede tener efectos negativos en la investigación académica, y en otros sectores que no hacían un uso fraudulento de esos contratos.

Sí, habríamos votado favorablemente. Es un tema muy complicado, y siempre se pueden hacer ajustes según se vayan viendo sus efectos.

 

Sostenéis que la defensa de Podemos del Estado del bienestar es eminentemente defensiva. ¿Qué hay de malo en defender el estado de bienestar cuando acaso en determinados momentos, no se puede aspirar a mucho más?

—No hay nada de malo, pero a la hora de hacer un diagnóstico, conviene saber qué tipo de defensa se hace, y qué modelo de Estado de bienestar sigue vigente en España. Aplicamos la tipología de Sping-Andersen y sale lo que sale.

El problema para nosotros sigue siendo la sostenibilidad, teniendo en cuenta, por ejemplo, que la seguridad social acumula una deuda milmillonaria.

 

Sostenéis, en la segunda parte del libro, que existe un plano más profundo de pensamiento político en Podemos relacionado con la concepción de la política como antagonismo y poder, pura y descarnada Machtpolitik. ¿Acaso no es eso la política real? ¿No podría afirmase lo mismo del pensamiento político de todas o de casi todas las formaciones políticas en activo y con incidencia real?

—Es eso, y otras muchas cosas. También hay convicciones, principios y ética en la política. No se entenderían los movimientos sociales sin aspiración a la justicia, sin lucha por el derecho. Por eso hay en la política una tensión permanente entre el ser y el deber ser, entre el principio de realidad y el principio del deseo, entre los juicios de hecho y los juicios de valor.

 

¿Dónde observáis el desprecio por la técnica y el conocimiento experto en la formación? De hecho, muchos de sus cuadros y dirigentes son ‘expertos’: economistas, politólogos, sociólogos.

—En sus propias declaraciones. Para ellos, la política es más el ámbito de la voluntad, en un sentido muy schmittiano (también de la voluntad de poder). Las cuestiones técnicas (el cómo, la sostenibilidad, las posibles consecuencias no deseadas, las condiciones de factibilidad) parecen secundarias. La tensión entre el ministro Escrivá y el vicepresidente Iglesias era de ese tenor. Solo hay un ámbito en el que sí unen técnica y política explícitamente: donde la política se convierte en mercadotecnia. Esto lo tienen muy pensado. Si en algo son expertos es en técnicas de comunicación.

Pero todavía estamos esperando leer un papel producido internamente que muestre el grado de pericia exigible al nivel de la acción de gobierno. La pobreza intelectual de Podemos es sobrecogedora. Las buenas cabezas que al principio los acompañaron, hace tiempo que se echaron a un lado y, al final, Podemos ha quedado muy empobrecido.

 

¿Existe continuidad en la composición social de los votantes de Podemos (o de Unidos/das Podemos) a lo largo de los años? ¿Qué clases de ciudadanos les han apoyado a lo largo de los años?

—Hay, efectivamente, una cierta continuidad en el voto a Podemos, entre las elecciones generales de 2016, en las que alcanzaron su mayor éxito electoral hasta el momento, y las últimas de 2019. Sus votantes eran, en uno y otro año, más bien jóvenes, más hombres que mujeres y con un nivel educativo relativamente alto. Por supuesto, a medida que el voto a Podemos ha ido cayendo, la ventaja que tenía en estos perfiles con respecto a otros partidos se ha reducido. En línea con otros trabajos ya publicados sobre este tema, proponemos en el libro (y aportamos evidencia al respecto) que una posible explicación del voto a Podemos es la privación relativa de una parte del electorado, votantes jóvenes con relativamente alto nivel educativo cuyas expectativas no se corresponden con su estatus ocupacional.

 

Con las siguientes palabras abrís la segunda parte del libro: “En sus comienzos, sin duda, Podemos acertó en muchas cosas, mostró audacia y determinación, pero sobre todo supo expresar como nadie la indignación y la rabia de mucha gente común ante la crisis económica, política y sobre todo moral, que sufrió este país a partir de la Gran Recesión”. ¿No habría que reconocer la importancia de la irrupción de Podemos aunque fuera solamente por eso que indicáis? Ese haber que señaláis también está en el haber de Pablo Iglesias, siempre figura destacada de la formación.

—Sí, y lo reconocemos explícitamente en el libro. Pero no es menos cierto que dilapidaron ese capital emocional y político que el 15M puso en sus manos. Y lo dilapidaron muy rápidamente.

 

Os cito de nuevo: “Podemos se apropió el estado de ánimo del movimiento 15M y lo convirtió en discurso político con una clara columna vertebral: la necesidad de regeneración”. ¿Se apropió o más bien supo interpretar, a diferencia de otras formaciones (PSOE, IU, ICV), el “estado de ánimo” del 15M? ¿De qué regeneración hablaban?

—Creemos que más bien se lo apropió. En 2011 ellos estaban en otras batallas más ligadas a Latinoamérica. El 15M fue un movimiento espontáneo de la sociedad civil. Eso sí, Podemos leyó bien la situación, sacó las consecuencias políticas y dio un paso al frente. La determinación, la audacia y la fuerza de Pablo Iglesias fueron decisivas y admirables en aquellos momentos iniciales. Y logró trasladar un discurso ilusionante de regeneración moral y política de la vida española. Lo que no sabíamos –aunque algunos lo sospechamos desde el principio– es que se iniciaba un ciclo gatopardiano de reproducción social con cambios más aparentes que reales.

 

Comentáis, críticamente, que Podemos nunca se ha tomado en serio la propuesta de la “renta básica de ciudadanía” y que acabó conformándose con su sustituto social-liberal, el “ingreso mínimo vital”. En vuestra opinión, ¿existen condiciones en nuestro país para implantar hoy la renta básica? ¿No puede leerse la posición que han mantenido como prudencia, nunca como un abandono?

—Sobre la renta básica (RB) se lleva discutiendo al menos cinco décadas y todavía no hay acuerdo sobre el concepto. Hay dos cuestiones claves que permiten una delimitación semántica: la universalidad/incondicionalidad y la cuantía. La RB que propusieron en su día Van Parijs y Van der Veen era incondicional, universal y lo suficientemente generosa como para liberar a los ciudadanos de la necesidad de trabajar. Si tocas la universalidad o haces que la renta sea condicional, la RB ya es otra cosa distinta. Es una renta focal condicionada. Y si bajas de un determinado umbral económico, la RB tendría efectos muy distintos que seguramente la harían indeseable.

Pues bien, el ingreso mínimo (IMV) en España no es RB en absoluto. Y, por cierto, de muy escasa cuantía y muy, muy, muy condicionado.

No creemos que España esté en condiciones de implantar una RB universal, incondicional y suficientemente generosa. Es más, tenemos dudas serias sobre su factibilidad en economías capitalistas de mercado, por muy avanzadas que estén.

 

También señaláis que Podemos, a diferencia de Mas País, tampoco ha destacado por hacer especial hincapié en la nueva economía verde y por fijar una imagen particularmente ecologista. Solo muy recientemente, a lo largo del 2021, y seguramente para cerrarle el paso a Mas País, está intentando reforzar Unidas Podemos ese perfil ecologista. ¿No sois aquí muy mal pensados al pensar que la rectificación de Unidas Podemos es para cerrar el paso a otra formación y no por convencimiento propio?

—Quizá su concienciación ecológica era muy intensa y muy genuina, pero desde luego la tuvieron muy silenciada hasta la irrupción de Más País. No hemos visto mucho pensamiento ecologista en Podemos, la verdad. Y el rastro ecosocialista de la tradicional izquierda ecologista ha quedado difuminado.

 

La nueva formación política que podría encabezar Yolanda Díaz, ¿puede representar algo nuevo? ¿Una rectificación clara de la línea seguida hasta ahora por Unidas Podemos?

—Yolanda tiene otro talante, sin duda, pero tampoco anda sobrada de ideas, y no sabemos realmente cuál es su proyecto político. Por ahora solo ha soltado vaguedades. Pero sería bueno que defendiera un verdadero proyecto federal –simétrico– para toda España, sin concesiones a los partidos secesionistas, con un Estado con mayor capacidad de vertebración nacional y con más lealtad territorial.

 

Calificáis de posmoderno el feminismo defendido por Unidas Podemos. ¿Por qué posmoderno? ¿No os parece razonable y de izquierdas la libre autodeterminación de género y sexo para los mayores de 16 años sin informe médico previo y sin necesidad de consentimiento paternal?

—Hoy sabemos que hay mucha falsa disforia de género en adolescentes, sobre todo entre las chicas. Hay que estar muy seguros antes de iniciar una transición que puede ser irreversible. Por eso es tan importante un diagnóstico médico pluridisciplinar riguroso. AMANDA (Asociación de Madres de Adolescentes y Niñas con Disforia Acelerada) es una fuente de información muy útil a este respecto.

¿Por qué posmoderno su feminismo? El suyo es un feminismo que va más allá del igualitarismo del feminismo moderno, rompe el esquema esencialmente binario de aquél, rehúye de todo componente biológico y, en este sentido, apuesta por la autoconstrucción identitaria fluida e irrestricta del yo. Más que la igualdad entre hombres y mujeres, su horizonte normativo es el del derecho de autoidentidad personal, en un sentido libertario radical. Por otro lado, es un feminismo que diluye la escisión de clase en la escisión de género.

 

¿Podemos ha sido una organización propiamente democrática en su funcionamiento interno? El “todo el poder para los círculos”, ¿fue un cuento?

—Explicamos en el libro cómo, en realidad, Podemos no ha destacado frente a los partidos de la “vieja política” por su democracia interna. En todo momento, la cúpula dirigente ha controlado la agenda y ha escapado a todo control por parte de los militantes. Los círculos nunca han representado una forma de control de la dirección por parte de la base, ni siquiera en los momentos iniciales de Podemos, y en la actualidad su existencia es más bien fantasmal. Las herramientas de participación online, las consultas a la militancia (sin posibilidad de que los militantes controlen el momento en que se convocan o el tema de la consulta), no han servido sino para ratificar y legitimar las decisiones adoptadas por la cúpula del partido; en realidad, parecen más bien una forma de demostrar que los líderes tienen tanto poder que son capaces de hacer que la militancia ratifique lo que ellos quieran, por extravagante que sea (pensemos en la consulta sobre el chalet de Galapagar). Es difícil no pensar que todas las proclamas sobre la democracia interna, sobre el líder como “humilde portavoz” de la militancia, no eran sino retórica electoral, una forma más de intentar diferenciar el “nuevo partido” de la “vieja política”, pero sin contenido real.

 

Vuelvo a citaros: “pensamos que El Príncipe ofrece una interesante clave de interpretación de muchas de las acciones de Pablo Iglesias, de su modus operandi, y posiblemente del modo en que se entendía a sí mismo como actor político”. ¿Podéis ilustrar esta afirmación? ¿Dónde queda en su interpretación el Maquiavelo más republicano?

—Esta es la parte del libro que más directamente busca una interpretación del modo de ser y hacer política de Pablo Iglesias. A nosotros mismos nos ha sorprendido la mucha luz que arroja El príncipe al proyectarlo sobre el modus operandi de Iglesias. Es como si Pablo Iglesias se hubiera apropiado la gramática parda del maquiavelismo y a la vez se hubiera olvidado del Maquiavelo más republicano que también late en El príncipe, el del último capítulo del libro, en el que Maquiavelo piensa en Italia más que en Florencia, y pide un príncipe que no solo piense en mantenerse en el poder, sino que aspire a redimir Italia del sometimiento a potencias extranjeras, y de las humillaciones sufridas. Pero mejor leer esa última parte del libro.

 

En vuestra opinión, el Pablo Iglesias que abandonaba la política y el partido el 4 de mayo de 2021 era un personaje derrotado, en buena medida, por él mismo, aunque también traicionado por unos cuantos que tanto le debían. ¿Quiénes le traicionaron?

—Seremos escuetos en esta respuesta. La falta de lealtad de Íñigo Errejón hacia Pablo Iglesias ha sido de proporciones shakespearianas. Por el contrario, no sabríamos decir a quién ha traicionado Pablo Iglesias en esta aventura política. Podrá haberse aprovechado de gente, podrá haber sido oportunista, a menudo hipócrita. Pero desleal hacia los suyos, de eso no tenemos registro nosotros.

 

¿Por qué muchas formaciones de izquierda caen una y otra vez en las mismas o muy parecidas aguas turbulentas?

—Buena pregunta. Una posible razón entre muchas es el autoengaño. Deberían ser más realistas con respecto a la naturaleza humana, y no pensar que ellos están hechos de otra madera más noble. Al final padecen las mismas fuerzas corrosivas: la ambición de poder, el oportunismo, la codicia muchas veces, las vanidades heridas, la falta de coraje. Si en el republicanismo hay algo interesante es precisamente el arsenal de instrumentos para prevenir y corregir determinadas tendencias que, por estar en la naturaleza humana, amenazan con corromper el espíritu cívico que debería gobernar “la cosa pública”. A esto añadiríamos una segunda posible razón: la izquierda es propensa a una retórica maximalista que no tarda en darse de bruces contra la realidad, y entonces pasa lo de siempre: que hay que hacerse un experto jinete para cabalgar contradicciones.

La izquierda tendría que ser más sobria, más cerebral, más paciente y más realista. Y construir desde abajo, con cimientos.

Fuente: Artículo publicado en el número 412 – Mayo de 2022 de El Viejo Topo.

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La ola de calor en India alcanza temperaturas de 46 grados centígrados

 


La ola de calor en India alcanza temperaturas de 46 grados centígrados

  • La intensa ola de calor en la India disparó los termómetros a más de 46 grados centígrados en varias partes del país, mientras la demanda de energía alcanzó máximos históricos de 204,65 gigavatios.

Un repartidor en bicicleta en Nueva Delhi trata de sofocar el calor con agua / PL

 

TERCERA INFORMACION / 30.04.2022


El distrito de Banda, en el este de Uttar Pradesh, registró 47,4 grados centígrados para abril y muchos lugares también marcaron temperaturas récords para el mes. Allahabad, Jhansi y Lucknow, igualmente en Uttar Pradesh, tuvieron 46,8 grados, 46,2 y 45,1 respectivamente. Gurugram, en Haryana, y Satna, en Madhya Pradesh, midieron sus respectivos máximos del mes, con 45,9 y 45,3.

El observatorio del Complejo Deportivo de Delhi reportó 46,4 grados centígrados, Ganganagar, de Rajastán, alcanzó 46,4, Nowgong de Madhya Pradesh 46,2 y Chandrapur de Maharashtra 46,4.

Nueva Delhi sufrió su segundo mes de abril más caluroso en 72 años, con una temperatura máxima media mensual de 40,2 grados centígrados.

El noroeste de la India registra temperaturas más altas de lo normal desde la última semana de marzo y los expertos lo atribuyen a la ausencia de lluvias ligeras y tormentas periódicas, típicas de esta época del año, debido a la ausencia de perturbaciones occidentales activas.

El IMD emitió una alerta «naranja» del código de cuatro colores advirtiendo a la población de estar preparado para este sábado.

Para el domingo, los expertos pronostican un cielo parcialmente nublado, lluvia ligera y una tormenta de polvo con vientos de hasta 50 kilómetros por hora, que podrían aliviar temporalmente el intenso calor.

Las olas de calor impactan la salud, la agricultura y la disponibilidad de agua y aunque los muertos por esta causa en la India disminuyeron a lo largo de los años, el bienestar físico y mental de las personas es afectado por las temperaturas extremas. En las regiones del Himalaya uno de los principales efectos es la aceleración del deshielo de los glaciares, la principal fuente de agua para millones de personas.

Impacto del cambio climático

Rajendra Jenamani, científico del Centro Nacional de Predicción Meteorológica del IMD, dijo que el cambio climático influye en la gravedad y duración del tiempo extremo en India, lo cual puede ser en forma de olas de calor, aumento de la fuerza de los ciclones y las lluvias.

Las olas de calor impactan en la salud, la agricultura y la disponibilidad de agua y aunque el número de muertos por olas de calor en la India disminuyó a lo largo de los años, el bienestar físico y mental de las personas es afectado por las temperaturas extremas.

En las regiones del Himalaya uno de los principales efectos es la aceleración del deshielo de los glaciares, que son la principal fuente de agua para millones de personas.

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sábado, 30 de abril de 2022

La inflación, estúpidos, la inflación

 

Los últimos treinta años nos han enseñado las peligrosas consecuencias que tiene para la economía española dentro de la Unión Monetaria mantener un importante diferencial de inflación con otros países europeos. Como vuelve a ocurrir ahora.


La inflación, estúpidos, la inflación

 

Juan Francisco Martín Seco

El Viejo Topo

30 abril, 2022 

 


Hace quince días terminaba mi artículo semanal haciendo referencia a la inflación y a cómo esta se ha disparado en los últimos meses, y sobre todo -y esto es lo más peligroso- a la diferencia que se está produciendo frente a otros países europeos. En marzo, según Eurostat, el índice de precios armonizados en España fue del 9,8%, 2,3 puntos por encima de la media europea. Solo Lituania, Estonia, Letonia y los Países Bajos han acusado una tasa de inflación superior. Sin embargo, países como Francia, Italia, Portugal, Alemania, etc., que son los más significativos para España, presentan subidas de precios bastante más reducidas que la de nuestro país.

Si nos remontamos en el tiempo comprobaremos que ha habido una constante en la economía española, la inflación ha venido siendo superior a la de otros países. La devaluación de la moneda ha tenido que ser frecuente. Era la forma de retornar a una situación de equilibrio en el comercio exterior, que había quedado dañado por la pérdida de competitividad al encarecerse los productos nacionales frente a los extranjeros. Bien es verdad que durante toda la etapa franquista e incluso posteriormente hasta 1986, fecha en la que entramos en la Unión Europea, el Gobierno contaba con la ayuda de medidas proteccionistas, capacidad de poner contingentes y aranceles a las importaciones y subvenciones, y bonificaciones a las exportaciones.

Para un país, mantener un diferencial de inflación con otros países competidores es siempre un problema, pero este se va agudizando a medida que el Gobierno pierde mecanismos de ajuste. En régimen de libre cambio las dificultades aumentan. A su vez, en un sistema de tipos de cambio fijo, el hecho de que el Ejecutivo cuente con medidas de control de cambios no le libra de la devaluación de la moneda, pero sí podrá retrasarla hasta el momento que considere más oportuno. La cosa cambia si hay libre circulación de capitales. En el extremo se sitúa la pertenencia a una unión monetaria, situación en la que no cabe la devaluación de la moneda. En este caso la diferencia en la tasa de inflación, y la consiguiente pérdida de competitividad, introduce a la economía en una encrucijada escabrosa, de difícil salida y en todo caso con resultados sociales muy negativos.

Es curiosa la postura de los políticos españoles. La gran mayoría estuvieron a favor en su día de la Unión Monetaria, y continúan defendiéndola, pero después pretende actuar como si no existiese y no quieren ver que pertenecer a ella modifica sustancialmente determinadas situaciones o problemas, y sobre todo las posibles soluciones. El dato de inflación de marzo es en sí mismo malo, pero su gravedad se hace mucho mayor al ser bastante superior que el de nuestros posibles competidores y además estar en la Moneda Única.

Es cierto que la diferencia de precios entre los Estados hasta estos momentos no es grande, pero no es menos cierto que, teniendo su origen en una misma causa, la subida del coste de la energía, no hay ninguna razón para estas divergencias. Es más, considerando que la dependencia energética de España con Rusia es de las menores, no tendría por qué ser el país más castigado. Las señales de alarma deberían haber sonado ya, y con fuerza. Sin embargo, no ha sido así, ni el Gobierno parece darle demasiada importancia. Por eso quizás sea muy conveniente echar la vista atrás y analizar las dos últimas ocasiones en que el diferencial de inflación fue lo suficientemente grande como para crear graves dificultades a la economía española.

La primera de estas dos veces sucedió al principio de los años noventa. Aún no existía el euro, pero los países se disponían a crearlo. Entre los criterios de convergencia establecidos por el Tratado de Maastricht y que tenían como finalidad esta preparación, se encontraba mantener fijo el tipo de cambio dentro del Sistema Monetario Europeo (SME), con una pequeña fluctuación del 2,5% hacia arriba y hacia abajo. En el fondo era un ensayo de la futura Unión Monetaria. Es bien conocido cómo el ensayo terminó en un fracaso estrepitoso. Después de un tiempo, la divergencia en la evolución de los precios en los distintos Estados originó que los tipos de cambio reales no coincidiesen con los nominales, lo que lanzó a los mercados a especular contra algunas de las divisas, especulación que ni todos los países juntos lograron sofocar. De manera que se vieron en la obligación de ampliar las bandas de fluctuación al +-10%, lo que era dejar las monedas casi en libre flotación en la práctica.

España se integró en el SME en 1989, al mismo tiempo que se adoptaba la libre circulación de capitales. Hubo quienes mantuvieron que nos incorporamos a un tipo de cambio más alto que el que correspondía. El caso es que, en 1992, cuando estallaron las turbulencias y los ataques de los mercados, la economía española se encontraba en una situación particularmente crítica. La cotización en marcos de la peseta era la misma que en 1987. Pero desde ese año los precios habían crecido en España 22 puntos más que en Alemania, es decir, el país había perdido competitividad vía precios en un 22%. Esa menor competitividad se trasladó de inmediato a la balanza de pagos. El déficit por cuenta corriente ascendió al 3,7%, lo suficientemente alto para que los inversores pensasen que el tipo de cambio de la peseta no era el adecuado, forzando cuatro devaluaciones, tres con Solchaga y una con Solbes (de 1992 a 1995).

Hay quien se preguntará por qué cuatro devaluaciones. La respuesta es sencilla, pero un poco indignante. La razón se encuentra en la cerrazón de un gobierno empeñado en tener un tipo de cambio más alto del que le correspondía y en pretender forzar a los mercados a aceptarlo. Estos no se conformaron hasta que creyeron que la cotización de la peseta era la apropiada. Al final se logró el equilibrio y la economía remontó la crisis, pero eso no significa que no quedase huella. La pérdida de competitividad durante estos años provocó un alto coste en la actividad económica. Aun cuando la competitividad se recobró por las cuatro devaluaciones, el daño estructural estaba hecho y habría de arrastrarse hacia el futuro.

Las cuatro devaluaciones, no obstante, crearon el equilibrio necesario para que Aznar se adentrase en un periodo de bonanza que sirvió de pórtico a nuestro ingreso en la Unión Monetaria en 1999. Durante los años que siguieron, tanto Aznar como Zapatero se vanagloriaron de la buena marcha de la economía, pero era una falsa prosperidad basada en el desequilibrio y en el crédito. En 2008 apareció su verdadera faz. Desde la constitución de la Unión Monetaria en 1999 hasta el 2008 los precios se incrementaron en la Eurozona un 22%, pero en los distintos países miembros siguieron una tendencia desigual. Mientras que en Alemania crecían un 17,42%, en España, Grecia, Irlanda y Portugal lo hicieron en un 34,28%, 35,55%, 35,72%, 30,33%, respectivamente. Era la trastienda de la crisis en Europa.

Concretamente, los precios de los productos españoles se encarecieron con respecto a los alemanes en un 17%, con la consiguiente pérdida de competitividad, y el incremento del déficit en el sector exterior. Este fue aumentando a lo largo de todos esos años hasta que en 2007 se produce un máximo, la balanza por cuenta corriente alcanzó un saldo negativo del 9,8%, cuyo correlato fue un fuerte endeudamiento en el extranjero. El crecimiento en este periodo fue en buena parte a crédito. Los acreedores extranjeros concedieron los préstamos hasta extremos poco prudentes basándose en que la moneda era la misma y por lo tanto no existía riesgo de cambio.

Como ocurre siempre en estos casos, todo resulta muy bonito hasta que estalla, surge el miedo, el capital huye y todos pretenden recuperar los préstamos, la crisis aparece y la economía se hunde. Pero en esta ocasión, a diferencia del año 1992, no fue posible recurrir a la devaluación de la moneda, ya que estábamos en la Unión Monetaria. La salida se hizo mucho más difícil. El problema no fue exclusivo de España; de hecho, países como Portugal, Grecia e Italia, de una manera u otra, sufrieron parecidos apuros.

No es preciso relatar las dificultades de todo tipo que todos estos países tuvieron que padecer. Son de sobra conocidas. La economía española, en concreto, para remontar la crisis, corregir los altos niveles de desempleo y recobrar la perdida de la competitividad, al no poder devaluar se vio sometida a una depreciación interna de precios y salarios con muy graves costes laborales y sociales. Cinco o seis años duró el ajuste hasta que la economía comenzó a recobrarse. De hecho, aún la recuperación no era completa cuando tuvimos que enfrentarnos con la crisis de la pandemia, crisis que no tiene nada que ver con las dos anteriores. Su causa no es económica, sino sanitaria, con sus consecuentes decisiones administrativas.

La crisis del 2008 pasó, pero eso no quiere decir que no dejase su huella y sus efectos negativos. Concretamente, el alto nivel de endeudamiento público. En el 2007 el sector público tuvo un superávit del 1,9%, y el stock de deuda pública alcanzaba un moderado 36% del PIB. Si el enorme crecimiento de la deuda en manos extranjeras estuvo en el origen de la crisis, no fue la pública, sino el endeudamiento privado, a pesar de que nadie le hubiese hablado de él a Zapatero, de lo que se quejó amargamente con posteridad. Durante la crisis, el sector público se vio en la tesitura de tener que asumir parte de ese endeudamiento privado insolvente, con lo que al final de la recesión el stock de deuda pública superó el 90% del PIB. No solo es esta carga la que se ha trasladado al futuro, sino que las dos crisis citadas, las de 1992 y 2007, han tenido mucho que ver en la configuración de nuestro actual sistema productivo, en nuestra tasa crónica de mayor desempleo y en la baja productividad actual.

Las equivocaciones pueden cometerse, pero repetirlas resulta mucho menos disculpable. Los últimos treinta años nos han enseñado las negativas consecuencias, cercanas a la catástrofe que tiene para nuestra economía dentro de la Unión Monetaria mantener un importante diferencial de inflación con otros países europeos. No sé si la sociedad española podría soportar otra crisis como la del 2007, tanto más cuanto que nos sorprendería en condiciones mucho peores que las de entonces. Una deuda pública que es del 123% del PIB, en lugar del 36%, y que deja un sector público agónico para cualquier alegría, una productividad negativa, una tasa de paro mucho mayor que entonces y un balance del BCE suficientemente engordado, para que se despierten las presiones de los halcones del Norte. En fin, alguien, ahora, tendría que gritar: “La inflación, estúpidos, la inflación”.

Artículo publicado originalmente en Contrapunto.

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Auditoría pública de las cuentas de la Seguridad Social, una exigencia democrática irrenunciable

 

Auditoría pública de las cuentas de la Seguridad Social, una exigencia democrática irrenunciable

 

Por Juan Miguel Fernández Ruiz | 29/04/2022 | España

Fuentes: Rebelión



Los pensionistas, para determinar la magnitud del saqueo perpetrado por los diferentes gobiernos a las cotizaciones sociales y fundamentar su restitución o compensación a la caja única de la Seguridad Social exigen al gobierno una auditoria a las cuentas de la Seguridad Social cargo del Tribunal de Cuentas.

Esta exigencia ha tomado forma de acción parlamentaria por parte de Salvador y Duch, Jordi (GR)Errejón Galván, Íñigo (GPlu)Ruiz de Pinedo Undiano, Iñaki (GEI Bildu)Baldoví Roda, Joan (GPlu)Pita Cárdenes, María del Carmen (GCUP-EC-GC) y Botran Pahissa, Albert (GMx), que presentaron el 16 de febrero una solicitud a la Comisión Mixta para las relaciones con el Tribunal de Cuentas para que se le encargue la realización de las auditoria.

EL MINISTRO ESCRIVÁ INCUMPLE LOS PLAZOS FIJADOS POR LA LEY.

En la Ley 21/2021 aprobada el 28 de diciembre con entrada en vigor el 1 de enero de 2022, ley con la que el Sr. Escrivá da el primer golpe a la Seguridad Social. En su disposición adicional sexta relativa al informe de auditoria sobre la financiación de los gastos de naturaleza contributiva y no contributiva de la Seguridad Social, recoge lo siguiente:

En el plazo máximo de un mes desde la aprobación de esta ley, el Gobierno encargará la elaboración de un informe de auditoría relativo a los ingresos provenientes de cotizaciones sociales y a los gastos de naturaleza contributiva y no contributiva de la Seguridad Social…

Dicho informe, que será realizado en un plazo máximo de seis meses (..), comprenderá la cuantificación de dichos conceptos y su financiación durante el período comprendido entre los años 1967 y 2019, ambos incluidos.”

Escrivá incumple el plazo establecido de un mes para encargar el informe. Olvidó que las autoridades no solo están obligadas a que los demás cumplan la ley, sino que también están obligadas a cumplirlas ellas mismas. El ministro debería saber que el incumplimiento de la lay es inexcusable y muchos más, si cabe, si se es ministro de un gobierno.

MULTITUDINARIO APOYO A LAS PETICIONES DE LOS PENSIONISTAS.

En apoyo de la auditoría, además de los parlamentarios que encabezan la petición en el Congreso, los pensionistas recabaron más de 300.000 firmas individuales, centenares de apoyos de Ayuntamientos en sesiones plenarias, de asociaciones de vecinos, de artistas, periodistas e intelectuales, de diferentes partidos y organizaciones políticas. A favor de la auditoría a las cuentas de la Seguridad Social se pronunciaron también congresos sectoriales de CC.OO, el 15 Congreso de la Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT y el 43 Congreso Confederal de la UGT.

Una manifestación convocada por todas las asociaciones y plataformas de pensionistas a la que asistieron 30.000 personas, que contó con la participación de numerosos agrupaciones sindicales y organizaciones políticas invitadas, llenó las calles de Madrid el 26 de octubre.

Frente a los mensajes catastrofistas de la falta de recursos para las pensiones de las futuras generaciones, hoy trabajadores activos, ha surgido la necesidad de responder a la pregunta que miles de trabajadore se hacen:¿dónde fueron a parar nuestras cotizaciones sociales? La propaganda desplegada por los interesados en los fondos privados de pensiones advirtiendo de la quiebra de la Seguridad Social y la necesidad urgente que anunciaban de nuevos recortes, rebajando el gasto el pensiones, se ha demostrado que son una sarta de mentiras.

La AIREF, el Banco de España, la Unión Europea, los representantes del capital financiero e incluso los congresos de algunos partidos de izquierdas, han pretendido justificar las reformas en la existencia de déficits estructurales del régimen de reparto de nuestra Seguridad Social. Y ese argumentario se ha demostrado que es falso. Y esta convicción es la que nutre las movilizaciones presentes y futuras de los pensionistas. Que los mismos que propagan la incapacidad financiera para atender las pensiones contributivas se nieguen a que se auditen las cuentas de la Seguridad Social solo demuestra que no desean que pierdan fuerza sus previsiones catastrofistas, y que, muy al contrario, pueda demostrarse que los recursos existen pero desviados a usos impropios. Temen que la auditoria pueda poner de manifiesto la innecesaridad de los recortes.

¿DÉFICIT ESTRUCTURAL DE LA SEGURIDAD SOCIAL O SAQUEO ESTRUCTURAL Y SISTEMÁTICO DE LAS COTIZACIONES SOCIALES?

Hoy es una evidencia que los distintos gobiernos anteriores utilizaron las cotizaciones sociales para financiar gastos que no eran propios del sistema de reparto, y al tiempo se constata que los cuantiosos excedentes del sistema de reparto nunca aparecieron.

Una propuesta presentada por el Secretario General de CCOO el 28 de noviembre de 2016 en el Pacto de Toledo explica:

Las cotizaciones han servido en el pasado para suplir la insuficiencia impositiva y sostener la sanidad y otras políticas públicas, por la vía de las transferencias al Estado de los superávits del sistema de Seguridad Social que durante décadas no se destinaron a dotar al fondo de reserva. Aunque solo sirva como ejercicio didáctico, pues ninguna deuda ha generado, si esta utilización de las cotizaciones sociales para fines adicionales al del pago de las pensiones se hubiera acumulado, hoy se dispondría de un Fondo de Reserva de 519.104 millones de euros, y no habría problema para financiar el aumento del gasto en pensiones”.

Un trabajo de Economistas frente a la Crisis, en un periodo similar al de CCOO, capitaliza el valor del desvío anual de cotizaciones de la Seguridad Social a la Administración Central del Estado en más de 800.000 millones de euros.

Se trata de unas prácticas que van contra el patrimonio de la Seguridad Social, pues las cotizaciones sociales no pueden destinarse a fines distintos de los reconocidos en la ley. El propio Escrivá reconoció que solo el último ejercicio cerrado, las cotizaciones utilizadas para financiar los llamados gastos impropios superaban 22.000 millones de euros anuales.

Estos elementos han derribado la letanía interesada que pregonaba la teoría de los déficits estructurales de la Seguridad Social, que solo eran falsos déficits.

LOS GOBIERNOS NO ATIENDEN LAS RECOMENDACIONES DEL TRIBUNAL DE CUENTAS.

Una reciente auditoria del Tribunal de Cuentas cuantifica los gastos no contributivos soportados por la Seguridad Social en un importe estimado en 103.690 millones de euros, para una periodo y conceptos delimitados, cuya financiación debió correr a cargo del Estado y no de las cotizaciones sociales.

Pero ha sido en el análisis de los préstamos a la Seguridad Social donde hace más tiempo el Tribunal destapó irregularidades centrándose en la financiación de los falsos déficits, que generó una deuda de la Seguridad Social que llega en la actualidad a los 100.000 millones de euros.

El Tribunal de Cuentas el 26 de noviembre de 1998 con la firma de su presidente

PROPONE a las Cortes Generales que se requiera al gobierno para que adopte las medidas que sean necesarias para que la Cuenta General del Estado y las de las Entidades que la conforman se ajusten plenamente a la legislación aplicable”

En el Informe del Ministerio Fiscal al Pleno del Tribunal de Cuentas se dice que la contrapartida de los préstamos “no aparece registrada en la contabilidad del Estado”, y por eso:

Estima el Tribunal que corresponde al Estado ajustar sus cuentas para solucionar la indicada discrepancia, a través de la condonación de los préstamos ahora examinados, lo que equivaldría en el fondo a la concesión de una transferencia, carácter que, a su juicio, deberían haber tenido desde un principio estas aportaciones estatales.

En general, y en relación con las deudas de la Seguridad Social derivadas de los préstamos recibidos por la Administración, entiende el Tribunal que debería abandonarse la financiación a través de préstamos”.

Todas estas propuestas y consideraciones se han ido reiterando en casi todos los informes del Tribunal de Cuentas. No se ha atendido por los sucesivos gobiernos y la falsa deuda que han generado los préstamos en las cuentas de la Seguridad Social sirven de un sólido argumento para que todos los que quieren reducir las prestaciones y dejar espacio a los fondos de pensiones, agiten la propaganda de que nuestro régimen de reparto no tiene un futuro sostenible desde un punto de vista financiero.

La política de recortes de las pensiones y de endurecimiento de las condiciones de acceso a la pensión se justifican en los falsos déficits y préstamos necesarios para cubrir el saqueo a las cotizaciones sociales del sistema. La manipulación contable produce un efecto distorsionador de las cuentas públicas, principalmente porque reduce el déficit del Estado y, lo traslada a la Seguridad Social, donde figura como déficit. Constituyendo así una aparente justificación de la necesidad de las reformas.

Cuantificar mediante la auditoria pública los gastos impropios asumidos por la Seguridad Social, restituir a la caja única los recursos necesarios para reponer el fondo de reserva y anular la falsa deuda con el Estado que luce en las cuentas de la Seguridad Social, tal como desde hace decenios recomiendan las fiscalizaciones de las cuentas públicas, constituyen una exigencia democrática irrenunciable.

Juan Miguel Fernández. Profesor honorifico de la Universidad Complutense, Portavoz de CorpenMadrid.COESPE.

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