domingo, 3 de abril de 2022

Rusia y Ucrania en un mundo nuevo

 

Rusia y Ucrania en un mundo nuevo

 

Por José Natanson

Rebelion

02/04/2022 

 

Fuentes: Le Monde diplomatique


Ubicadas en el corazón de Cupertino, la zona de Silicon Valley que alberga la sede de Apple, Monta Vista High y Lynbrook High son dos de las mejores escuelas públicas de Estados Unidos. Históricamente, el alumnado estaba conformado principalmente por hijos de la elite WASP (White Anglo-Saxon Protestant) que domina los puestos gerenciales de las compañías de alta tecnología de California.

Sin embargo, en los últimos años se viene registrando una huida de los niños blancos de ambas escuelas, a punto tal que hoy representan apenas un tercio de la matrícula. La causa, que se repite en establecimientos públicos de primer nivel de ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Nueva Jersey, es simple: los estudiantes asiáticos de segunda generación, sobre todo hijos de chinos e indios, los superan. Sintiéndose desplazados, los padres de los chicos blancos prefieren sacar a sus hijos de estas escuelas bien reputadas y trasladarlos a otras, a menudo lejos de sus casas, lo que a veces obliga a mudanzas no deseadas. El argumento es que resultan excesivamente competitivas, sobre todo en materias como ciencias y matemática. “Exigen demasiado a los chicos”, se quejaba una madre que había decidido cambiar a su hijo de escuela, y que defendía la idea de que los chicos también tienen que practicar deportes, salir con amigos, divertirse (1).

Esta estrategia familiar de preservación de la supremacía blanca en el orden social y económico no es nueva. En su libro The Chosen: The Hidden History of Admission and Exclusion at Harvard, Yale, and Princeton (Los elegidos: la historia oculta de la admisión y exclusión en Harvard, Yale y Princeton), el sociólogo Jerome Karabel investigó los documentos de ingreso a las universidades de la Ivy League y mostró que, en los años 50, cuando otra “minoría exitosa”, en ese caso la judía, amenazaba con disputar el predominio WASP, el sistema de admisión fue modificado para incluir entrevistas con los aspirantes, que promediaban el mérito académico con una serie de criterios confusos que aludían al compañerismo, el liderazgo y la masculinidad, en los que por supuesto los judíos salían perdiendo (2). Igual que ahora con los asiáticos, cuando la elite blanca empezaba a perder decidía cambiar las reglas.

La tendencia funciona como metáfora del sistema económico mundial, sistema al que Estados Unidos, consciente de que ya no le sirve, se dedica a desmantelar pieza por pieza. Aunque las primeras insinuaciones habían comenzado durante la presidencia de Barack Obama, fue Donald Trump quien mejor entendió que el mundo que Washington había creado desde los 90 había dejado de resultar funcional a sus intereses y que había llegado el momento de modificarlo de raíz. Contribuyeron a ello transformaciones activadas por la técnica, como el hecho de que Estados Unidos pasara en pocos años de ser un importador a un exportador neto de hidrocarburos, reduciendo su dependencia energética y permitiéndole retirarse de zonas en otra época cruciales para su supervivencia, como Medio Oriente. Pero lo central fue un cambio en la orientación estratégica: la gran contribución de Trump, su aporte definitivo a la política estadounidense del siglo XXI, fue ubicar a China como el gran contendiente de Estados Unidos, y convencer al establishment, incluyendo al demócrata, de que el futuro del país depende de su capacidad para contener al nuevo adversario en ascenso. Y si esto implica enterrar definitivamente el sueño noventista de un mundo organizado en torno al libre comercio y la democracia, entonces adelante.

Así, Estados Unidos renegoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado por Bill Clinton en el cenit del impulso aperturista, por el T-MEC; abandonó las negociaciones por el Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), estableció aranceles al acero y al aluminio, forzó a las empresas estadounidenses a repatriar inversiones e inició una guerra comercial con China que aún no ha concluido.

En el camino, dos eventos de alcance global aceleraron el proceso des-globalizador.

El primero es la pandemia. Al apagar la economía mundial casi de un día para el otro, la pandemia interrumpió los flujos comerciales, puso en jaque los modelos de gestión just-in-time y enloqueció las cadenas de suministros, que se dislocaron para siempre. Y, más importante aun, demostró con la fuerza de los hechos consumados que en el siglo XXI la soberanía no pasa solo por los tanques y los misiles sino también por el control de los recursos y una industria nacional que garantice cierta autosuficiencia.

Estados Unidos, por ejemplo, importa dos tercios de los principios activos a partir de los cuales produce sus medicamentos de empresas chinas, es decir de empresas sobre las cuales el Estado de su principal rival estratégico ejerce algún tipo de control. En los momentos más duros del Covid, Argentina no sufrió la falta de respiradores que atormentó a otros países de América Latina simplemente porque disponía de dos fábricas especializadas dentro de sus fronteras (se trata de una tecnología del siglo XX, es decir de la época en que la industria nacional todavía brillaba). En suma, la pandemia demostró que una industria nacional potente, al igual que un complejo de ciencia y tecnología dinámico, constituyen herramientas decisivas para enfrentar los desafíos de un mundo en permanente transformación. Y obliga a revisar viejas ideas: las economías abiertas y globalizadas sufrieron el shock de la crisis en mayor medida que aquellas más protegidas y volcadas al mercado interno (3).

El segundo evento que profundiza el efecto desglobalizador es la guerra de Ucrania. En el corto plazo, porque se redujo el comercio internacional con estos países, que no son menores. Rusia es la principal potencia energética de Europa, alberga algunas de las minas metalíferas más importantes del planeta y es un gran exportador de alimentos (el primer exportador de trigo del mundo, por ejemplo). Ucrania también es un gran productor de alimentos; por su territorio, además, pasan los gasoductos y oleoductos que abastecen a Europa. Si en el corto plazo la guerra acelera el proceso de disolución de los mercados mundiales, la decisión de miles de empresas occidentales de desinvertir en Rusia y las sanciones impuestas por Occidente tienden a desconectar progresivamente al país de la economía global: algunos bancos rusos fueron excluidos de la SWIFT, el rublo ha sido desterrado de las transacciones internacionales y la última Batman no pudo ser estrenada en Rusia por decisión de la Warner.

Esto, a su vez, afecta al dólar. Las sanciones contra Rusia incluyeron la inmovilización de 300.000 millones de dólares de reservas depositados en el extranjero, como en su momento ocurrió con Irán, Siria y Afganistán, que desde el regreso del Talibán al poder busca recuperar 9.400 millones de dólares depositados en la Reserva Federal de Estados Unidos, y con Venezuela, que aún no pudo repatriar el oro retenido en el Banco Central de Inglaterra. El efecto paradójico es que esto está produciendo una revisión de las estrategias de acumulación de reservas y resguardo de valor de los países no occidentales que profundiza la tendencia a la des-dolarización de la economía global: la participación del dólar en las transacciones internacionales pasó del 60,2% al 46,7% entre 2014 y 2020 (4).

Como señaló Ignacio Ramonet (5), una de las consecuencias de este nuevo escenario es la creciente dependencia de Rusia respecto de China, que adquiere una capacidad hegemónica sobre ese país. No deja de resultar significativo que Putin ordenara la invasión a Ucrania después de una reunión con Xi Jinping y una vez que finalizaron los Juegos Olímpicos de Invierno, la gran apuesta de propaganda china para la era pos-Covid.
Mientras Rusia se recuesta cada vez más en China, el bando occidental avanza en una novedosa unidad, que permitió coordinar en tiempo récord las sanciones y revitalizar la OTAN superando las diferencias entre las posiciones más duras de los países anglosajones y las más contemporizadoras de Francia y Alemania. Incluso Turquía, atlantista semidíscola que venía coqueteando con Moscú, participó del envío de armas a Ucrania y cerró el paso del Bósforo y de los Dardanelos a los barcos de guerra rusos. Significativamente, los líderes europeos cercanos a Putin, de la ultraderechista francesa Marine Le Pen al primer ministro húngaro Viktor Orbán, se alinearon con la estrategia occidental. También significativamente, casi ningún país no occidental se sumó a las sanciones contra Rusia.

La imagen de dos bloques enfrentados –el marco comprensible de una nueva Guerra Fría– resulta tentadora; pero es engañosa. Que el orden liberal nacido de la caía del Muro de Berlín se esté desintegrando no significa que vaya a ser reemplazado por un conflicto como el del siglo pasado. A diferencia de lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las economías de las órbitas americana y soviética funcionaban en paralelo, hoy la interdependencia de China (y en general de Asia) con el mundo occidental es total. De hecho, los principales socios comerciales de China son justamente sus adversarios geopolíticos: Japón, Estados Unidos, la Unión Europea y… Taiwán. En una mirada general, China es hoy el primer socio comercial del 70% de los países del mundo (6): sancionarla, aislarla o desengancharla es sencillamente imposible.

Pero esto no quiere decir que no haya un trasfondo político-ideológico detrás de la guerra en Ucrania y del conflicto más general entre China y Estados Unidos. En un contexto de declive de la hegemonía estadounidense, asistimos a un regreso de ideas y categorías –nacionalismo y nación, religión y pueblo, guerra cultural y valores– que la ilusión de un orden liberal eterno parecía haber superado. La misma escritura de este editorial me lleva a recurrir a palabras, como “occidental”, que antes no utilizaba. Son ejemplos de este nuevo clima de época el hinduismo anti-musulmán de Narendra Modi, el giro islamista de Recep Tayyip Erdogan, coronado con la reconversión de Santa Sofía en mezquita, la impronta evangélica de la derecha bolsonarista y de las extremas derechas centroamericanas, y el nacionalismo blanco, también de fuerte apelación religiosa, de Donald Trump, que ve en Putin más un aliado para su guerra contra el multiculturalismo que un enemigo, a punto tal que Tucker Carlson, presentador estrella de Fox News, sigue defendiendo a Rusia en el noticiero de mayor rating de la televisión norteamericana.

Como escribió el periodista Jeremy Cliffe en The New Statesman (7), es necesario poner a la guerra en el contexto de un regreso del nacionalismo del viejo estilo y de la idea de Samuel Huntington de un choque de civilizaciones. Recordemos que uno de los ejes del conflicto entre Ucrania y Rusia fue la ley, que comenzó a aplicarse poco después de la llegada de Volodimir Zelenski al poder, que prohíbe utilizar el ruso en los documentos oficiales, la industria del espectáculo y la vía pública (8). Cuestionada por la Comisión de Venecia del Consejo Europeo, la norma establece la obligatoriedad de que en los medios de comunicación impresos en ruso publiquen la traducción al ucraniano… pero no obliga a hacer lo mismo si el idioma original es inglés o francés. La inesperada resistencia ofrecida por el Ejército ucraniano a las tropas rusas es una reacción nacionalista, que profundiza el proceso de construcción de una ucraniedad en clave anti-rusa que había comenzado con la Revolución Naranja y el Euromaidán.

Recapitulemos antes de concluir.

La pandemia y la guerra en Ucrania pusieron fin a la etapa de globalización abierta en los 90. Toda una era se está desmoronando delante de nuestros ojos, una situación en muchos aspectos similar a la de 1914, cuando otro conflicto armado, el que empezó con el asesinato del archiduque Francisco Fernando, terminó con la etapa de la primera globalización. Obsesionado con la lengua, la religión y los territorios, Putin parece por momentos un líder de otro siglo. La pregunta es si eso lo convierte en un cavernícola trasnochado o en alguien que entendió hacia dónde sopla el viento.

Notas:

1. Richard Keiser, “Temor blanco en Estados Unidos”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 2020.
2. Houghton Mifflin, 2005.
3. http://www.bbc.com/mundo/noticias-53156788
4. https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39201/dolar-suicidio-sanciones-rusia-reservas.htm
5. http://www.eldiplo.org/notas-web/una-nueva-edad-geopolitica/
6. https://twitter.com/danyscht/status/1416806909127139330
7. https://www.newstatesman.com/international-politics/geopolitics/2022/03/putins-war-risks-a-clash-of-civilisations-the-west-must-not-fall-into-his-trap
8. http://www.swissinfo.ch/spa/ucrania-idioma_entran-en-vigor-en-ucrania-reglas-que-priorizan-el-ucraniano-sobre-el-ruso/46793294

Fuente: https://www.eldiplo.org/274-la-nueva-amenaza-nuclear/rusia-y-ucrania-en-un-mundo-nuevo/

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Líneas rojas: ¿De Ucrania a Taiwán?

 

Europa padece ahora una nueva guerra en su territorio. Una lección amarga. Debiéramos prepararnos desde ya para evitar que esta crisis tenga un “segundo tiempo” en Asia, quizá en un lustro, dicen los jefes militares del Pentágono.


Líneas rojas: ¿De Ucrania a Taiwán?


Xulio Ríos

El Viejo Topo

3 abril, 2022 



En las semanas previas a la invasión rusa de Ucrania, se especuló mucho sobre la concatenación de esta crisis con la existente en el Estrecho de Taiwán. Los paralelismos no han pasado desapercibidos. En Asia, las tensiones entre Beijing y Taipéi han estado escalando desde 2016 con muestras crecientes de exhibición de músculo castrense, con implicaciones no solo de China sino también de EEUU. No pocos se han apresurado a dar la alarma de que Taiwán “podría ser el siguiente”. Sin embargo, a día de hoy, no hay caso. China, que enaltece la estabilidad sobre cualquier otra variable, no imitará a Rusia. En primer lugar, por un doble sentido de oportunidad y capacidad: no está preparada para una acción de similar envergadura; segundo, porque la apuesta por la reunificación pacífica aun prima sobre la opción de la fuerza, ciertamente nunca descartada.

Tras la invasión, el escenario es otro. China rechaza la violación de la integridad territorial de un país soberano como Ucrania, aunque “comprende” la reacción rusa ante el desafío del expansionismo militar de la OTAN. En consecuencia, China, como ocurrió en 2014 con Crimea, no se avendrá a reconocer los nuevos territorios segregados de Ucrania porque ello podría, en caso de crisis, abrir la espita en cascada del reconocimiento de la “independencia” de Taiwán. En Taipéi se condenó sin paliativos la violación de la soberanía ucraniana, calificándola de cambio del statu quo y se sumará a las sanciones, incluyendo el cese de la exportación de microchips.

La empatía china con el Kremlin viene suscitada por la interiorización de un compartido sentimiento de acoso, es decir, la convicción de que Occidente está dispuesto a todo para preservar una hegemonía sobre la que planea el reto emergente chino, con el sorpasso económico al alcance de la mano. A Beijing no se le escapa que Rusia no es rival para Washington y que la hipotética gran batalla está por librarse. Pero de igual forma que la OTAN no renuncia a expandirse más y más en el escenario europeo, la opción de reflotar el QUAD (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) o de construir el AUKUS (Australia, Estados Unidos y Reino Unido) responden a la misma idea, la de contener a China combinando diversas opciones (económica, comercial, tecnológica, militar…).

China es consciente de que una guerra en Europa es una pésima noticia. En modo alguno compensa que EEUU pueda distraerse con esta crisis porque el peso, abrumadoramente, recaerá sobre un continente ahora atado más en corto a Washington y más dependiente de la Alianza Atlántica, una realidad que quisiera ablandar para que pueda afianzarse como contrapeso. Ante los hechos consumados, Beijing calibra el alcance de las sanciones anunciadas y probablemente mitigará cuando pueda sus efectos en relación a Moscú. De hecho, sus aduanas ya se han abierto sin restricciones para las importaciones de trigo ruso. Si ante la hipótesis de la exclusión del sistema de pago Swift llevan tiempo trabajando codo con codo en el diseño de mecanismos alternativos, también al dólar en sus transacciones a fin de reducir vulnerabilidades, el grueso del comercio bilateral, poco diversificado, seguirá girando en torno a la energía. China, por tanto, nadará y guardará la ropa echando mano de los malabarismos necesarios.

Pero el “modelo Ucrania” y su supeditación al “contexto histórico” en detrimento  de la soberanía democrática puede reproducirse en Taiwán en pocos años. China ha dicho que la reunificación es una línea roja, es decir, un “interés central”. Y los vientos no soplan a su favor. No es solo el poder político en Taipéi el beligerante con su proyecto, muy desacreditado tras la crisis de Hong Kong en 2019; es la sociedad taiwanesa la que se aleja más y más. Washington, por su parte, agujerea un día sí y otro también la política de una sola China que rubricó en el Comunicado de Shanghái hace ahora 50 años. Por tanto, en poco tiempo podemos hallarnos ante una tesitura de gravedad similar.

Europa padece ahora una nueva guerra en su territorio. Una lección amarga. Debiéramos prepararnos desde ya para evitar que esta crisis tenga un “segundo tiempo” en Asia, quizá en un lustro, dicen los jefes militares del Pentágono. Putin ha dado un primer paso. Los internautas chinos también advierten que, al igual que Ucrania,  Taiwán será abandonado por Estados Unidos y Occidente cuando China pueda  destruir fácilmente la infraestructura defensiva de Taipéi. Cuestión de horas ya, según algunos expertos, también taiwaneses.

Pero Xi Jinping, a la espera de ser renovado en el XX Congreso del PCCh de otoño próximo, también prioriza la estabilidad, lo cual sugiere la posibilidad de un cierto ajuste estratégico que apueste por el apaciguamiento de las tensiones.

Europa debe tender puentes y capitalizar esa indispensable misión reguladora esencial en la definición de ese orden internacional del siglo XXI que está al acecho. Urge asegurar que los temores en el Pacífico se resuelvan apelando a la disposición preferente de medidas de confianza estratégica. Ucrania representa un test para todos. No dejemos a China más opción que profundizar su “comprensión” con Moscú.

Publicado en el Observatorio de la Política China.

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¿China se lo piensa mejor? [El capital es el capital. Punto. Y la función del capital es hacer crecer los capitales invertidos mediante la explotación del trabajo asalariado. Otro punto. Y esto para los trabajadores a niveles mayoritarios no parece estar claro del todo, y por esta razón, entre algunas otras, así nos va. Por otra parte tampoco parece que lo tengamos muy claro que en la guerra de Ucrania es una guerra entre los capitales que dominan la OTAN y los capitales que dominan la Federación Rusa, en la que Ucrania (por la situación geográfica que tiene) pone el terreno y la mayoría de los muertos y heridos, o sea, que aparte de la repugnante campaña de propaganda que se está realizando, en la guerra de Ucrania no se ventila nada que tenga que ver con la ideología de izquierdas y derechas. A los trabajadores europeos, sin planteamientos ideológicos previos (izquierda o derecha), con las matizaciones que habría que hacer y teniendo en cuentas las complejidades objetivas de cómo está el mundo en este momento, nos convendría más tener como aliado a la Federación Rusa que al capital USA.]

 

¿China se lo piensa mejor?

 

Por Xulio Ríos

Rebelion

 02/04/2022 



Fuentes: Ctxt

La polémica en torno a la estrategia a seguir en la guerra ruso-ucraniana revela que no todo es monocorde en la cúpula del Gobierno

Esta semana, los ministros de Exteriores chino y ruso, Wang Yi y Serguei Lavrov respectivamente, se reunieron en suelo chino por segunda vez en lo que va de año. En la ocasión, Wang reiteró que “no hay techo para oponerse a la hegemonía”, si bien su relación bilateral se basa en la “no alianza, no confrontación y no atacar a ningún tercero”. Wang también abogó por impulsar la relación “a un nivel superior”, en línea con el consenso forjado por los dos jefes de Estado respectivos, Vladímir Putin y Xi Jinping. En las relaciones Beijing-Moscú, hay una impronta personal muy destacada de ambos y, en lo que viene al caso, de Xi. 

Semanas atrás, en la clausura de las sesiones parlamentarias anuales, el primer ministro Li Keqiang daba curso a un mensaje mucho más modulado, instando a la cooperación y a evitar un enfrentamiento con EEUU, enfatizando que las diferencias “pueden y deben superarse”. Para Li, la principal prioridad de la política exterior china debiera ser recomponer la relación con EEUU. Y eso, a día de hoy, también pasa por Ucrania.

La melodía conciliadora de Li daría a entender que la “alianza sin límites” con Rusia nunca debe ser impedimento para la concreción de alguna forma de coexistencia con EEUU. Con seguridad, Li tiene en mente ciertos datos. Por ejemplo, que para Beijing, las relaciones económicas con Estados Unidos y Europa son más importantes que las de Rusia. La preferencia contable, que es también una exigencia estratégica ineludible, resulta contundente a pesar de los importantes contratos de gas y petróleo (el nuevo gasoducto Rusia-China a través de Mongolia, concluido a principios de marzo, tiene una capacidad anual de 50.000 millones de metros cúbicos, equivalente al North-Stream 25) o de las compras de cereales a Moscú.

Otras cifras confirmarían dicho aserto. Entre 2015 y 2020, la inversión china en Rusia al margen de los hidrocarburos cayó de casi 3.000 millones de dólares a solo 500 millones. Al mismo tiempo, y a pesar de un grave descenso debido a la reiterada aprobación de leyes destinadas a frenarlas, en Europa siguen acercándose a los 10.000 millones de euros, es decir, 20 veces más.

Con Estados Unidos, donde las empresas chinas invirtieron 38.000 millones de dólares en 2020, la diferencia es aún más sustancial. Si nos fijamos en el comercio, punto fuerte indiscutible de China, las diferencias muestran, más allá de las apariencias, una irresistible atracción por el mercado estadounidense. En 2021, el comercio entre Estados Unidos y China ascendió a casi 700.000 millones de dólares, mientras que el comercio con Rusia, a pesar de un rápido aumento desde 2020, se limita a 140.000 millones de dólares anuales, la mayor parte de los cuales consiste en las citadas importaciones chinas de gas y petróleo. El déficit para la Casa Blanca, por cierto, asciende a 350.000 millones de dólares a pesar de varios años ya de guerra comercial, impuesta, dicen, para recortarlo.

La posición habitualmente expresada por Wang Yi o también por su inmediato superior, Yang Jiechi, es de clara y abierta oposición a EEUU y de rechazo de la influencia occidental, muy en línea con el presidente Xi. Por el contrario, la de Li Keqiang sugiere evitar el cara a cara con EEUU para así reducir el riesgo de represalias que puedan poner en peligro la consecución de los objetivos de desarrollo, de los que debe responder en primera instancia como principal responsable. De ahí, quizá, la obsesión por evitar un escenario que pueda desembocar en una grave ruptura con Occidente. 

En esa misma línea cabe destacar el pronunciamiento del actual embajador en Washington, Qing Gang, apelando a la prudencia y a guardar cierta distancia, sugiriendo alejarse rotundamente de cualquier esquema que conduzca a una confrontación directa con la OTAN o la UE. Todo ello, entiéndase bien, sin alterar el discurso formal de amistad con Rusia. En el centro de las preocupaciones, evitar que las relaciones con Occidente se deterioren aún más a causa de su posición ante la invasión rusa de Ucrania. El portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu, asegura, por ejemplo, que China y EEUU “pueden y necesitan cooperar para poner fin al conflicto entre Rusia y Ucrania a pesar de sus diferentes enfoques”.

¿Solo matices o discrepancias?

A medida que la guerra perdure en el tiempo y que las sanciones occidentales puedan hacer mella sustancial en el entramado económico ruso, el ejercicio de ponderación sobre la fidelidad a la “relación de nuevo tipo” con Moscú y el cálculo sobre el impacto en sus relaciones con EEUU, puede acentuarse en Zhonnanghai, la sede del poder chino. 

A la cumbre de Roma entre el consejero de Seguridad de la Casa Blanca, Jack Sullivan, y el exministro de Exteriores chino Yang Jiechi, y el posterior encuentro virtual de Xi con Biden se suma ahora la cumbre China-UE del 1 de abril. Beijing dispondrá entonces de un mejor y completo retrato de una situación marcada por la proliferación de amenazantes advertencias sobre una hipotética ayuda china para que Moscú pueda sortear las sanciones occidentales. 

De entrada, los tres gigantes energéticos chinos –Sinopec, China National Petroleum Corp y China National Offshore Oil Corp–, tras evaluar el coste de las posibles sanciones occidentales sobre sus multimillonarias inversiones, han decidido esperar a mejor ocasión para tomar decisiones sobre nuevas inversiones. Así se lo reclamaron desde el ministerio correspondiente, a recaudo de Li Keqiang.

A dicho síntoma se ha sumado cierto debate interno que ha trascendido. Hu Wei, profesor del Instituto de Estudios Marxistas de la Escuela del Partido Comunista de Shanghái, presidente de la Asociación de Investigación de Políticas Públicas de Shanghái pero, sobre todo, vicepresidente del Centro de Investigación de Políticas Públicas del Consejo de Estado (del entorno del primer ministro Li), en un artículo publicado en inglés el 5 de marzo por el US-China Perception Monitor revela que las operaciones contra Ucrania han generado una gran controversia en China, con partidarios y opositores (de la guerra) divididos en dos campos diametralmente opuestos”.

Para Hu Wei, “esta operación militar es un error irreversible”, enfatizando que “China no puede estar atada a Putin y debe cortar sus lazos cuanto antes” porque “hay pocas esperanzas de victoria y las sanciones occidentales han alcanzado un nivel sin precedentes”. En consecuencia, Beijing debería desprenderse de esta carga lo antes posible y acercarse a las posiciones occidentales. Tales afirmaciones suponen un claro desentendimiento de la política seguida hasta ahora, conducida por el Ministerio de Relaciones Exteriores en línea con las instrucciones del propio presidente chino. Hu Wei cree que China debe evitar quedar aislada pues en ese caso, más temprano que tarde, deberá enfrentarse a las sanciones que le impondrían Estados Unidos, pero también la Unión Europea, Japón, Australia y otros países.

Persistir en la vía actual solo añadiría justificaciones para la política occidental de cerco y contención de China, algo en curso ya desde hace años, no solo a consecuencia de la guerra en Ucrania. Por el contrario, un giro en esta cuestión podría desarmar el objetivo de EEUU de sancionar a China y enfrentarse a ella de forma coordinada con sus aliados en la región y en el mundo. Asimismo, de posicionarse más claramente, ganaría el aplauso de buena parte de la comunidad internacional y le permitiría mejorar la relación con Occidente, cuestión de importancia vital para moderar las tensiones. 

En el contexto del XX Congreso del PCCh, previsto para otoño, este debate abre una profunda discusión que puede afectar no solo a la estrategia china a propósito de Rusia en la guerra y más allá, sino a la propia posición general de Xi, que internamente podría ser cuestionado en su infalibilidad de lograr estas divergencias cierto apoyo en el aparato del Partido. 

¿Dos caras de la misma moneda o discrepancias sustanciales? Sabido es que Xi Jinping y Li Keqiang, si bien comparten aspectos sustanciales como la preservación de la hegemonía sistémica del PCCh, divergen en otros aspectos, especialmente en materia de modelo económico. Li, próximo a Hu Jintao y su vivero de la Liga de la Juventud, fue el principal promotor durante su mandato como viceprimer ministro (2008-2012) del documento “China 2030”, elaborado en colaboración con el Banco Mundial. Su esencia era la apuesta por promover una nueva ola de reformas liberales con especial afectación a las empresas estatales, al papel del mercado y del sector privado, etc. La política seguida por el gobierno chino a partir de 2012 no ha sido esa, sino más bien la contraria, en línea con la reafirmación de los postulados marxistas de preferencia de Xi en el contexto de un rechazo más amplio de las influencias liberales occidentales.

Hace unas semanas, Li dejó entrever que el año próximo abandonará el cargo. Se ignora si dejará también el Comité Permanente del Buró Político, órgano clave donde, al no haber cumplido aún los 68 años de rigor, podría seguir de generalizarse la supresión del límite de los dos mandatos consecutivos. Si bien Xi Jinping opta a un tercer mandato presidencial a pesar de haber superado los 69 años, la polémica en torno a la estrategia a seguir en la guerra ruso-ucraniana (que revela también que no todo es tan monocorde internamente) puede acabar afectando al retrato final de la cúpula del poder chino a partir del próximo congreso.

Fuente: https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39294/Xulio-Rios-china-guerra-comercio-exportaciones-importaciones-invasion-Ucrania-Estados-Unidos-Rusia.htm

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CC.OO y UGT asisten al Congreso del PP

 

CC.OO y UGT asisten al Congreso del PP

 

INSURGENTE.ORG / 2 abril 2022

 

Gran despliegue medático para venerar a Feijóo como nuevo líder del PP. El Régimen del 78 necesita dos columnas para sujetarlo y ahí están el PP y el PSOE para servir a la patria. Por eso, los elogios al nuevo máximo dirigente del PP (ellos se hace llamar de centro derecha). El 98% de los asistentes lo votaron, pero esa casi unanimidad no se llama «a la búlgara» en sus medios, sino «gran apoyo». Entre los asistentes para confirmar que también hay nuevo cadáver político en la figura de Pablo Casado (sigue el camino de Albert Rivera), la presencia de los empresarios de la CEOE y de una delegación de los dos sindicatos del sistema: CC.OO y UGT. Faltaría más.

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(España) CJC: Sobre la aprobación de la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional

 

CJC: Sobre la aprobación de la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional

 

DIARIO OCTUBRE / marzo 28, 2022

 


El Senado aprobó el pasado 23 de Marzo la nueva Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional con una amplísima mayoría que, pese a que no nos tengan acostumbrados a este tipo de resultados, no extraña tanto cuando se conoce el contenido de la ley y su función. De hecho, podría incluso haber salido adelante sin ningún voto en contra si no fuese por la decisión última del Partido Popular, quienes exigían todavía más apoyo a la educación concertada y votaron en contra a modo de castigo pese a estar de acuerdo con las principales medidas de la ley.

No extraña tanto este acuerdo general si se conoce la ley, pues esta configura una parte fundamental de la reforma integral del sistema educativo español, reforma que no puede comprenderse aislada de los fenómenos y cambios en el mundo laboral. La Ley de FP es un paso esencial en la modernización del capitalismo español pues favorece la adaptación de la mano de obra futura y presente a las necesidades productivas actuales del capitalismo español, en completa consonancia con las líneas maestras propuestas por la Unión Europea.

Por un lado, se convierte toda la FP en Dual, distinguiendo entre General y Avanzada, llegando esta última a tener hasta el 50% de las horas en empresas. Por otro lado, da mayor “flexibilidad” para los itinerarios académicos, profundizando en la formación modular, lo  que permite adaptar los itinerarios formativos a la demanda de fuerza de trabajo específica del tejido productivo del territorio.

En otras palabras: la ley ofrece mano de obra casi gratuita a las empresas en forma de estudiantes en prácticas que ocupen el puesto de un trabajador, presionando las condiciones de estos a la baja, teniendo las empresas rotaciones constantes de estudiantes y una menor necesidad de contratar personal. Mientras tanto, profundiza en la hiperespecialización y la tecnificación educativa, acotando los conocimientos a las necesidades específicas que requiere la patronal.

La mayor flexibilidad y el sistema dual delinean, junto el resto de leyes educativas y las transformaciones en el ámbito laboral, una pauta de vida característica para los jóvenes trabajadores enormemente beneficiosa para que los capitalistas remonten su tasa de ganancia. La carestía de la vida refuerza la necesidad de empleo y el paro juvenil crónico presiona en la línea de aumentar nuestra cualificación de manera permanente para tener mayores posibilidades de contratación y permanencia. La temporalidad y la parcialidad imbrican así con un sistema educativo cada vez más flexible que garantiza que compaginemos y alternemos entre el trabajo, el estudio, las prácticas y el paro mientras los capitalistas solo obtienen de esto beneficios: mano de obra gratuita o semi gratuita, trabajo a demanda, beneficios directos a través del sistema educativo, etc.

Con estas medidas se entiende mejor el amplio apoyo recibido, que no se limita al Congreso de los Diputados, pues también la patronal se ha mostrado muy favorable a una ley que contiene para ellos: “reivindicaciones históricamente necesarias del sector” . Mientras tanto, el Gobierno la vende como el antídoto ante el desempleo juvenil y los medios de comunicación se hacen eco de este remedio mágico, poniendo en valor que no ha sacado a la comunidad educativa a la calle.

Poco les importa que esto sea por la discreción con la que se haya tramitado la ley o por los fuertes condicionantes de la pandemia. Lo que sí está claro es que se está iniciando un nuevo ciclo de protestas estudiantiles, que ya empezó a finales del curso pasado y volvió a la calle el pasado 24 de Marzo contra los ataques a las enseñanzas universitarias. Estas movilizaciones y muestras de descontento, que van en aumento, poco tardarán en sumar al conjunto del estudiantado. Porque lo que esta claro es que nuestra formación es para ellos un negocio, y para que esto cambie es tan urgente como necesario pasar de la indiferencia y la apatía a la lucha y la organización.

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sábado, 2 de abril de 2022

2 de abril, Madrid: manifestación contra las reformas laborales y de pensiones, los recortes y la carestía de la vida

 


2 de abril, Madrid: manifestación contra las reformas laborales y de pensiones, los recortes y la carestía de la vida

 

Por Redacción Kaosenlared / 02.04.2022


La Coordinadora General de Pensionistas de Madrid, junto a varios movimientos sociales (entre los que se encuentran la Coordinadora de la Vivienda, la Marea de Residencias, el Sindicatos de inquilinos…) y varios sindicatos combativos (entre ellos CGT, Sindicato de Estudiantes y las organizaciones agrupadas en el Bloque Combativo y de Clase) han convocado una manifestación para el sábado 2 de Abril. La manifestación arrancará a las 12 horas de la Plaza de Callao y tiene previsto recorrer la Gran Vía y concluir ante el Congreso de los Diputados.

La convocatoria se hace con los lemas ‘La reformas nos roban, los recortes nos matan’ y ‘contra la carestía de la vida’.

El el manifiesto unitario de convocatoria se hace un llamamiento a movilizarse en  defensa de todos los servicios públicos ( Sanidad, Educación, Pensiones, Transporte, Vivienda… ), contra las reformas laborales y de pensiones y contra los pactos de Rentas cuyo objetivo final es descargar la crisis, acentuada por la guerra,  en los trabajadores y pensionistas.

Texto íntegro del Manifiesto

¡¡ CONTRA LAS REFORMAS LABORALES Y DE PENSIONES!!
¡¡CONTRA LA CARESTÍA DE VIDA!!

El rosario de reformas y decretos leyes llevados a cabo en pensiones, derechos sociales y vivienda por el Gobierno, amenaza un deterioro continuo de las condiciones de vida de jóvenes, trabajadores y pensionistas.

Los días 29 y 30 del pasado diciembre aparecieron en el BOE la Ley 21/2021 y el Real Decreto-Ley 32/2021 en materia de pensiones y derechos laborales respectivamente. Estas reformas suponen recortes pactados con los agentes sociales (CEOE, CEPYME, CCOOO Y UGT) que nos llevan a consolidar la pérdida de derechos de los trabajadores, arrebatados en las reformas laborales del 2010 y 2012 y a los sistemas de privatización de pensiones.

El 1/2/22 el Gobierno presenta el proyecto de ley de vivienda; previamente han sido rechazadas las propuestas de colectivos sociales (PAH) en defensa de una vivienda digna. Las mentiras tienen las patas muy cortas y los incumplimientos electorales se suceden.

Ante esta situación, la Coordinadora General de Pensionistas, los Sindicatos Combativos, y los Movimientos Sociales que apoyan la movilización del 2 de abril, denunciamos:

  • Que no estamos ante una derogación de las reformas laborales de la etapa de los gobiernos del PSOE y PP de 2010 Y 2012, como se prometió. Estamos ante una nueva reforma laboral, la tercera en diez años. La reforma del Gobierno ha consolidado los elementos más regresivos y nefastos de las reformas anteriormente citadas, pese a que se ha demostrado que han sido las causantes de que la precariedad laboral se haya convertido en sistémica, provocando con ello el deterioro de las condiciones de vida para la mayoría social del país. Se mantienen las indemnizaciones por despido reducidas en la reforma del 2012, la flexibilidad laboral, la precariedad mediante contratos, las empresas pueden modificar condiciones de trabajo, solo el 14% de los trabajadores está incluido en convenios…
  • Que la nueva Ley de pensiones pactada con CCOO y UGT dejará una vez más en el olvido la subida de las pensiones mínimas y otras reivindicaciones básicas del movimiento pensionista; aumenta la edad de jubilación, no revalorizará las pensiones con arreglo al IPC real, como decían, provocando en pleno ciclo inflacionista incontrolado una pérdida de poder adquisitivo de pensiones y salarios nunca visto.

El Gobierno pretende una nueva vuelta de tuerca en la pérdida de derechos.

Aprovechando la pandemia y la nueva situación de guerra en Ucrania, se pretende llevar a cabo una segunda parte de reforma de pensiones este semestre, amenazando a trabajadores y pensionistas con generalizar el período de cómputo a toda la vida laboral y de retrasar aún más la edad de jubilación. A esto hay que añadir el plan de privatización de las pensiones públicas: Macrofondos, planes de empresa (PPEs, EPSVs…), sin olvidar mochilas austríacas sobre las espaldas de las nuevas generaciones. Los gestores de dichas privatizaciones vendrían a ser los mismos “agentes sociales” que firman las reformas: jueces y parte.

El deterioro de los servicios públicos, sanidad (recortes y cierres de centros de atención primaria), educación (leyes maestras que aumentan la discriminación y el deterioro del sistema público educativo), así como los continuos recortes de la ley de dependencia, la situación de abandono y muerte sufrida por nuestros mayores en las residencias y la decisión de fiscalía de dar carpetazo a estos hechos intolerables, exigen la unidad de acción y movilizaciones unitarias de rechazo de todos los colectivos sociales.

El proyecto de ley de vivienda es decepcionante: abandona la dación en pago, la obligación para los fondos de inversión de dar alquileres sociales a familias vulnerables, la prohibición de cortes de suministros básicos. Suspender los desahucios de 2 a 4 meses no garantiza vivienda a familias vulnerables, dado que la Comunidad de Madrid no dispone de parque público de vivienda. La inexistencia de vivienda pública es inadmisible.

Rechazamos las guerras impuestas por razones económicas donde los trabajadores no tenemos nada que ganar y sí mucho que perder. Es inadmisible que se planteen nuevos recortes sociales y empobrecimiento de la mayoría social con Pactos de Rentas y se promueva por parte del Gobierno aumentar los gastos militares en los futuros PGE. Exigimos que la producción de bienes y servicios a la sociedad esté en consonancia con el mantenimiento del medio ambiente y la conservación de nuestro planeta como fuente de vida.

Por todo ello, las organizaciones y entidades pensionistas, Sindicatos Combativos, Mareas por la Sanidad, Educación, Residencias, por el derecho a la vivienda, y por los derechos de la mayoría social y población trabajadora, constituidos en un Frente de Rechazo contra las reformas, llamamos a esta primera manifestación (a la que daremos continuidad periódicamente), el día 2 de abril desde la Plaza de Callao al Congreso, con un objetivo, poner fin a las reformas y recortes que sufre la ciudadanía.

¡NOS JUGAMOS EL FUTURO!
¡LA LUCHA ES EL ÚNICO CAMINO!
¡LAS REFORMAS NOS ROBAN, LOS RECORTES NOS MATAN!
¡2 DE ABRIL TOD@S AL CONGRESO!

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Ángeles caídos

 

Las subidas de los precios de las materias primas, los alimentos y la energía se están reflejando en los precios de las tiendas y en las tarifas de los servicios públicos en las principales economías. ¿Qué puede ocurrir con muchos empleos y empresas?


Ángeles caídos


Michael Roberts

El Viejo Topo

2 abril, 2022 

 


En varias notas anteriores, he resaltado lo que se denominan empresas ‘zombie’ (empresas cuyas ganancias regulares ni siquiera cubren el coste del servicio de sus deudas pendientes) y, parafraseando al ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, deben depender de la amabilidad de sus acreedores”. Un estudio de la OCDE encontró que tales zombis suponen una parte enorme de la economía. En los nueve países europeos que estudiaron, la proporción del stock de capital privado total ‘hundido’ en empresas zombi oscila entre el 5 y el 20 por ciento. La sugerencia es que tales empresas acaparan el capital y saturan el mercado para las nuevas empresas, dificultan la expansión de las empresas más prometedoras y frenan la reasignación de mano de obra y capital a empresas más productivas y de más rápido crecimiento.

La OCDE concluye que «la prevalencia y los recursos invertidos en empresas zombi han aumentado desde mediados de la década de 2000, lo cual es significativo dado que las recesiones suelen brindar oportunidades para la reestructuración y la asignación de recursos para mejorar la productividad» y que «una mayor proporción de capital de la industria hundido en empresas zombis tiende a dificultar el crecimiento, medido en términos de inversión y empleo, para la típica empresa no zombi”. En general, “un aumento del 3,5 % en la proporción de empresas zombis, aproximadamente equivalente al observado entre 2005 y 2013 de media en los nueve países de la OCDE de la muestra, está asociado con una disminución del 1,2 % de la productividad laboral en todas las industrias”.

El BCE también elaboró un informe sobre empresas zombis y descubrió que (cueste lo que cueste) «las industrias con una prevalencia de empresas zombis sufrieron significativamente por la mala asignación de crédito, lo que ralentizó la recuperación económica».

Estos son informes algo antiguos, pero la incidencia de empresas zombis no ha retrocedido desde 2017, al contrario. Desde la Gran Recesión de 2009-2009, no ha habido una limpieza de «madera muerta» empresarial. De hecho, las llamadas empresas zombis estaban creciendo en número antes de que llegara la crisis de la pandemia de COVID. Y durante esta depresión, todas las empresas zombis recibieron apoyo vital gracias a la generosidad fiscal y monetaria de los gobiernos de las economías capitalistas avanzadas.  Aquí está la estimación del Banco de Pagos Internacionales (BIS).

Ahora, en un nuevo estudio, los economistas del BIS han discernido una nueva categoría de empresas vulnerables en las principales economías, a las que han designado como «ángeles caídos». Estas son empresas que han acumulado grandes deudas a tasas de interés muy bajas (basadas en la inyección de crédito por parte de los bancos centrales en sus programas de ‘flexibilización cuantitativa’). Estas empresas utilizaron crédito barato no para invertir en capital productivo sino para financiar adquisiciones de riesgo y aumentar su participación de mercado. Emitieron bonos para hacerlo. Entre 2008 y 2020, el volumen de los bonos en circulación con calificación BBB (bonos de menor grado) se han más que triplicado en tamaño hasta los 3.5 billones de dólares, lo que representa el 55% de toda la deuda con grado de inversión, frente al 33% en 2008. Pero la rentabilidad de las empresas con calificación BBB no se mantuvo a la altura de su mayor endeudamiento (véase el cuadrol de la derecha en el gráfico siguiente).

Los posibles ‘ángeles caídos’ son empresas que están a punto de perder su estatus crediticio de ‘grado de inversión’ porque han acumulado más deuda de la que pueden gestionar. Por lo tanto, son vulnerables a ‘rebajas’ de su calificación crediticia, lo que aumentaría considerablemente los costes del servicio de la deuda. De hecho, estos posibles ángeles caídos han podido obtener financiación más barata que incluso sus contrapartes más seguras. El BIS estima que el subsidio crediticio acumulado para los posibles ángeles caídos ascendió a 307 mil millones de dólares entre 2009 y 2019.

El aumento sostenido de la deuda de las empresas no financieras durante los últimos 10 años la ha convertido en la categoría de deuda privada mayor en la actualidad, equivalente al 82% del PIB en 2020. El último ciclo crediticio ha estado impulsado en su totalidad por la deuda de las empresas no financieras, que aumentó de 10 billones de dólares en 2008 a 17 billones de dólares en 2020. El aumento de la deuda de las empresas no financieras ha sido impulsado principalmente por los bonos corporativos, y las acciones en circulación aumentaron de alrededor de 3 billones de dólares en 2009 a alrededor de 6 billones de dólares en 2020. Este aumento, a su vez, está impulsado casi en su totalidad por bonos emitidos por firmas con calificación BBB, los ‘ángeles caídos’ potenciales, el segmento con la calificación más baja del mercado de bonos de grado de inversión. Este segmento se ha triplicado en tamaño de alrededor de $0,7 billones en 2009 a más de $2 billones en 2018 y representa alrededor del 52 % de todos los bonos IG en circulación, frente al 33 %. Desde el 2009, el volumen de bonos que acumula se ha triplicado de manera asombrosa hasta 1,5 billones de dólares en 2018. En ese mismo período, la deuda empresarial más segura aumentó solo de 0,2 a 0,5 billones de dólares.

¿Por qué es importante esto? Importa que las tasas de interés de la deuda corporativa aumenten drásticamente al mismo tiempo que la rentabilidad de estas empresas cae. Eso crearía las condiciones para que las quiebras y los impagos de deuda repercutieran en todo el sector empresarial y provocaran la caída del mercado financiero y una recesión económica. La identificación de ángeles caídos y empresas zombis revela que el riesgo ahora es mucho más alto de lo que se pensaba antes.

El aumento de la deuda no será suficiente para provocar una recesión; también requiere la caída de la rentabilidad del capital invertido. En un artículo reciente, los economistas argentinos Grana y Aquina muestran que 1) estas empresas zombis han aumentado en número desde la década de 1980 y 2) la causa no es el coste creciente o el tamaño de su deuda, sino que estas empresas tienen tasas de ganancia provenientes de la producción mucho más bajas, obligándolas a pedir prestado más. Así que los zombis y los ángeles caídos tienen una causa marxista, no minskyana.

Y mientras revisamos el estado actual de las principales economías en medio del conflicto entre Rusia y Ucrania, las condiciones para este derrumbe corporativo aumentan significativamente. En primer lugar, se está acelerando la inflación. Los precios mundiales de las materias primas alcanzaron el nivel más alto desde 2008 esta semana, ya que la crisis de Ucrania intensificó las preocupaciones sobre el suministro mundial de materias primas. West Texas Intermediate, el índice de referencia del petróleo estadounidense, subió hasta 115 dólares el barril, un nivel que alcanzó por última vez hace 14 años.

El trigo, el maíz y el girasol están en peligro en Rusia y Ucrania. Además, el aumento de los precios del gas natural está haciendo prohibitivo el coste de producir amoníaco, mientras que las exportaciones de potasa de Rusia y Bielorrusia (que en conjunto representan un tercio del producto comercializado a nivel mundial) están en riesgo. Ambos son ingredientes esenciales para los fertilizantes. Esto podría afectar significativamente a la agricultura en general este año e incluso el próximo.


Las subidas de los precios de las materias primas, los alimentos y la energía se están reflejando en los precios de las tiendas y en las tarifas de los servicios públicos en las principales economías.

Antes de la crisis de Ucrania, los bancos centrales hablaban con dureza sobre el aumento de las tasas de interés. No tenían otra opción, a pesar de que el riesgo de deuda de las empresas vulnerables estaba aumentando. Tenían que controlar la inflación. Como resultado, la curva de rendimiento de los bonos del gobierno de EEUU se ha aplanado. La diferencia entre los rendimientos de los bonos a 2 y 10 años es ahora inferior a 0,3 puntos porcentuales. Como he señalado antes, una curva de rendimiento plana o ‘invertida’ (donde las tasas de interés son más altas en los bonos a 2 años que en los bonos a 10 años) generalmente indica una crisis inminente. Eso se debe a que los inversionistas en bonos comienzan a comprar bonos con vencimientos más largos mientras que los bancos centrales aumentan las tasas. Una curva de rendimiento negativa o invertida ha presagiado una crisis (áreas sombreadas) en varias ocasiones.


La Fed y otros bancos centrales se encuentran ante un gran dilema. Por que la otra hoja de la tijera afecta a las principales economías capitalistas: desacelerando el crecimiento e incluso anunciando una recesión. Varias previsiones del impacto de la invasión rusa de Ucrania calculan que la economía mundial perderá alrededor de 1% pt del crecimiento del PIB real esperado este año y el próximo.


Incluso la economía de EEUU, la de mejor resultados de las economías del G7 durante la crisis de la pandemia de COVID, parece que se frenará, a pesar de la supuesta recuperación del empleo hacia el «pleno empleo». La estimación del PIB de la Fed de Atlanta para este trimestre es de cero crecimiento del PIB real.


Y otro índice ‘principal’ de la actividad económica estadounidense, el ECLI también pronostica un crecimiento cero.

Mucho se ha hablado de las sólidas cifras de empleo en los EEUU a medida que los trabajadores vuelven a trabajar tras el fin de las restricciones por la pandemia de COVID. Pero ahora hay 3,5 millones de puestos de trabajo menos en comparación con la cantidad que habría sin la crisis de la pandemia. Lo que pasa es que muchos trabajadores han dejado un segundo empleo o se han convertido en autónomos (lo que siempre paga menos que un empleo a tiempo completo).

Las ganancias corporativas a nivel mundial aumentaron considerablemente durante 2021 después de ser enormemente negativas en 2020. Pero el ritmo de recuperación de las ganancias está disminuyendo y las ganancias globales todavía están un 3% por debajo del nivel alcanzado a fines de 2019 antes de la pandemia.

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Como comentó el FMI antes de que estallara la crisis de Ucrania: “Las empresas entraron en la crisis de COVID-19 con un récord de deudas que acumularon después de la crisis financiera mundial cuando las tasas de interés eran bajas. La deuda corporativa se situó en 83 billones de dólares, equivalente al 98 por ciento del producto interno bruto mundial, a fines de 2020. Las economías avanzadas y China representaron el 90 por ciento del aumento de 8,9 billones de dólares en 2020. Ahora que los bancos centrales están aumentando las tasas de interés para controlar la inflación, los costes del servicio de la deuda de las empresas aumentarán. Las vulnerabilidades corporativas quedarán expuestas a medida que los gobiernos reduzcan el apoyo fiscal que brindaron a las empresas afectadas en el punto álgido de la crisis”.

Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.

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