domingo, 30 de enero de 2022
El credo de la no violencia
Tal día como hoy de 1948
Gandhi murió asesinado. Einstein escribió que había sido el único estadista que
representaba en la esfera de la política aquella concepción superior de las
relaciones humanas a que debemos aspirar con todas nuestras fuerzas.
El credo de la no violencia
El Viejo Topo
30 enero, 2022
El credo de la
no violencia se basa en asumir que, en su esencia, la naturaleza humana es una
sola y por lo tanto responde infaliblemente a los avances del amor… Para su
éxito, la táctica no violenta no depende de la buena voluntad de los
dictadores, pues el resistente no violento depende de la infalible asistencia
de Dios que lo sustenta a través de las dificultades que, de otro modo, serían
insuperables.
Con un
entrenamiento apropiado y técnica adecuada, la no violencia puede ser
practicada por masas humanas.
En la no
violencia, las masas humanas tienen un arma que le permite a un niño, a una
mujer e inclusive a un hombre decrépito, resistir exitosamente al gobierno más
poderoso. Si tu espíritu es fuerte, la simple carencia de fortaleza física deja
de ser una desventaja.
Nada justifica
la violencia.
Para alcanzar
una victoria, no acepto el más mínimo acto de violencia… A pesar de mi simpatía
y admiración por la nobleza de algunas causas, estoy completamente en contra de
que se las defienda por métodos violentos. En consecuencia, no existe ningún
acuerdo posible entre la escuela de la violencia y mis concepciones.
La primera
condición de la no violencia es la justicia expandida a todo territorio de la
vida. Quizás es esperar demasiado de la naturaleza humana. Sin embargo, no creo
que sea así. Nadie debería dogmatizar sobre la capacidad de la naturaleza
humana para la degradación o la exaltación.
La historia
enseña que nos vemos agobiados por los males que sufren los vencidos cuando son
oprimidos brutalmente, aun con las mejores intenciones, cuando se encuentran
bajo el fardo de la miseria.
A la dignidad
humana se la preserva mejor no mediante el desarrollo de la capacidad para
manejar la destrucción, sino por el rehusarse a la represalia. Es posible
entrenar a millones en las oscuras artes de la violencia, lo cual viene a ser
la ley de la bestia. Resulta más factible capacitarlos en las artes claras de
la no violencia, que es la ley del hombre regenerado.
La ley del
hombre regenerado.
La no violencia
actúa de manera altamente misteriosa. Frecuentemente, en los términos de la no
violencia, los actos de un hombre se resisten a todo análisis. También resulta
frecuente que sus actos tengan la apariencia de violentos, a pesar de ser él
totalmente no violento en el sentido más elevado de la palabra; su postura se
verá confirmada tarde o temprano.
El primer
principio de la acción no violenta consiste en no cooperar con cualquier cosa
que sea humillante.
La única virtud
que procuro reivindicar es la verdad y la no violencia. No pretendo asumir
ningún poder sobrehumano. No sabría qué hacer con él. Soy de carne y hueso como
el más pequeño de mis semejantes; débil y falible como cualquier hombre. Los
servicios que practico están muy lejos de ser perfectos; pero hasta ahora, Dios
ha querido bendecirlos, pese a sus deficiencias.
Incapacidad
para odiar
La no
violencia, que es una cualidad del corazón, no puede surgir mediante una
apelación al cerebro.
Me considero
incapaz de odiar a nadie. Hace más de cuarenta años que, gracias a la oración y
a un prolongado trabajo sobre mí mismo, no he sentido odio hacia nadie.
Advierto perfectamente que es una confesión presuntuosa, pero la hago con plena
humildad. Al mal sí lo odio con todas mis energías. Siento horror por el
régimen que los británicos han establecido en la India. Odio la manera
despiadada con que se explota a nuestro país… Pero no siento ningún odio por
los ingleses que nos oprimen, ni por los hindúes que no tienen piedad con sus
hermanos. Procuro reformarlos con la ayuda de todos los medios que el amor pone
a mi disposición.
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La OTAN como religión
La OTAN como religión
Por Alfred de
Zayas
Rebelion
29/01/2022
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
La controversia
entre Estados Unidos, la OTAN, Ucrania y Rusia no es totalmente nueva. Ya vimos
la posibilidad de que se produjeran graves problemas en 2014, cuando Estos
Unidos y los Estados europeos interfirieron en los asuntos internos de Ucrania
y de forma encubierta o abierta contribuyeron al golpe de Estado contra el
presidente elegido democráticamente de Ucrania, porque no jugaba el juego que
Occidente le había asignado. Por supuesto, nuestros medios de comunicación
aplaudieron el golpe como una “revolución de colores” con todos los oropeles de
democracia.
Tal como
señalan muchos profesores de derecho internacional y de relaciones
internacionales, entre los que se incluyen Richard Falk, John Mearsheimer,
Stephen Kinzer y Francis Boyle, la crisis de 2021/22 es una continuación lógica
de las políticas expansionistas que ha seguido la OTAN desde la desaparición de
la Unión Soviética. Esta estrategia de la OTAN lleva a la práctica la
pretensión de Estados Unidos de tener la “misión” de exportar su modelo
socioeconómico a otros países, con independencia de las preferencias de Estados
soberanos o la autodeterminación de los pueblos.
Aunque los
relatos de Estados Unidos y de la OTAN han demostrado ser inexactos y muchas
veces deliberadamente falsos, el hecho es que la mayoría de los ciudadanos del
mundo occidental cree de forma acrítica lo que se les dice. La “prensa de
calidad”, como New York Times, Washington Post, The Times, Le Monde, El País, Neue Zürcher
Zeitung y FAZ, es una eficaz caja de resonancia de las
opiniones de Washington y apoya con entusiasmo la ofensiva de relaciones
públicas y de propaganda geopolítica. Creo que se puede afirmar sin miedo a
equivocarse que la única guerra que ha ganado la OTAN es la guerra de la
información. Unos medios de comunicación corporativos dóciles y cómplices han
logrado persuadir a millones de personas en Estados Unidos y Europa de que los
tóxicos relatos de los Ministerios de Asuntos Exteriores son realmente verdad.
Creemos en el mito de la “Primavera Árabe” y del “EuroMaidan”, pero nunca oímos
hablar del derecho de autodeterminación de los pueblos, incluidos los rusos de
Donetsk y Lugansk, ni de lo que se podría llamar “Primavera Crimea”.
A menudo me
pregunto cómo es posible esto cuando sabemos que Estados Unidos mintió
deliberadamente en el caso de conflictos anteriores para hacer que un agresión
pareciera una “defensa”. Se nos mintió respecto al incidente del “Golfo de
Tonkin” y a las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. Hay muchas
pruebas de que la CIA y el M15 han organizado acontecimientos de “falsa
bandera” en Oriente Próximo y otros lugares. ¿Por qué estas masas de personas instruidas
no toman cierta distancia y se hacen más preguntas? Me atrevo a formular la
hipótesis de que la mejor manera de entender el fenómeno de la OTAN es
entenderlo como una religión laica. De este modo se nos permite creer sus
relatos inverosímiles, porque podemos aceptar que son ciertos por una cuestión
de fe.
Por supuesto,
la OTAN no es precisamente una religión de las Bienaventuranzas y del Sermón de
la Montaña (Matías V, 3-10), excepto por una Bienaventuranza típicamente
occidental: Beati
Possidetis, esto es, bienaventurados quienes poseen y
ocupan. Lo que es mío, es mío; lo que es tuyo es negociable. Lo que ocupo lo he
robado con todas las de la ley. Si consideramos la OTAN como una religión,
podemos entender mejor determinados acontecimiento políticos en Europa y
Oriente Próximo, Ucrania, Yugoslavia, Libia, Siria e Irak.
El credo de la
OTAN es un tanto calvinista, un credo por y para los “elegidos”. Y, por
definición, nosotros, Occidente, somos los “elegidos”, lo que significa “los
buenos”. Solo nosotros nos salvaremos. Todo esto se puede aceptar por una
cuestión de fe. Como cualquier religión, la religión de la OTAN tiene sus
propios dogmas y su propio vocabulario. En el vocabulario de la OTAN una
“revolución de colores” es un golpe de Estado, democracia es sinónimo de
capitalismo, intervención humanitaria implica “cambio de régimen”, “imperio de
la ley” significa NUESTRAS normas, el “Satán número uno” es Putin y el Satán
número dos es Xi Jinping.
¿Podemos creer
en la religión de la OTAN? Desde luego. Como escribió el filósofo
romano-cartaginés Tertuliano en el siglo III d.C., credo quia absurdum: lo creo porque es absurdo. Y lo que es peor que el absurdo común y
corriente, exige mentir constantemente al pueblo estadounidense, al mundo, a la
ONU.
¿Ejemplos? El
montaje propagandístico de las armas de destrucción masiva en 2003 no fue una
simple “pia fraus” o mentira piadosa. Estuvo bien organizado y hubo muchos artífices. Lo
triste es que un millón de personas iraquíes lo pagaron con sus vidas y su país
quedó devastado. Como estadounidense, tanto yo como muchas otras personas
gritamos “no en nuestro nombre”, pero ¿quién nos escuchó? El entonces
Secretario General de la ONU Kofi Annan afirmó muchas veces que la invasión era
contraria a la Carta de la ONU y cuando los periodistas le instaron a ser más
preciso, afirmó que la invasión era “una guerra ilegal”. Peor que meramente una
guerra ilegal era la violación más grave de los Principios de Nuremberg desde
los juicios de Nuremberg, una auténtica revuelta contra el derecho
internacional. No solo Estados Unidos sino también la llamada “Coalición de
Voluntarios”, 43 Estados aparentemente comprometidos con la Carta de la ONU y
con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, atacaron
deliberadamente el estado de derecho internacional.
Se podría
pensar que después de que te hayan mentido en cuestiones de vida o muerte,
habría un sano escepticismo, un cierto grado de precaución; es de supone que
las personas racionales pensarían “¿no hemos oído este tipo de propaganda
antes?”. Pero no, si la OTAN es realmente una religión, aceptamos a priori sus
dictámenes por una cuestión de fe. No ponemos en duda a [el actual secretario
general de la OTAN] Jens Stoltenberg. Parece que existe un acuerdo tácito de
que mentir en asuntos de Estado es “honorable” y que cuestionarlo es
“antipatriótico”, de nuevo el principio maquiavélico de que el supuesto buen
fin justifica los malos medios.
La apostasía es
uno de los problemas de cualquier religión. Ocurre a menudo cuando los líderes
de una religión mienten descaradamente a los fieles. Cuando las personas
pierden la fe en los dirigentes actuales, buscan otra cosa en la que creer, por
ejemplo, la historia, la herencia, la tradición. Me atrevo a considerarme un
patriota estadounidense y un apóstata de la religión de la OTAN, porque rechazo
la idea de “apoyo a mi país actúe bien o mal” (1). Quiero que mi país actúe
correctamente y haga justicia, y que cuando el país vaya por el camino
equivocado, quiero que vuelva a los ideales de la Constitución, de nuestra
Declaración de Independencia, del discurso de Gettysburg (2), algo en lo que
todavía puedo creer.
La OTAN se ha
convertido en la religión perfecta para los matones y los belicistas, al igual
que otras ideologías expansivas del pasado. En el fondo los romanos estaban
orgullosos de sus legiones, los granaderos franceses morían gustosamente por
las glorias de Napoleón, miles de soldados aplaudieron las campañas de
bombardeo sobre Vietnam, Laos y Camboya.
Considero que
la OTAN está dentro de la tradición del matón del pueblo. Pero la mayoría de
los estadounidense no pueden saltar sobre sus propias sombras. La mayoría de
los estadounidenses carece emocionalmente de la temeridad de rechazar a
nuestros dirigentes, quizá porque la OTAN afirma ser una fuerza positiva para
la democracia y los derechos humanos. Yo preguntaría a las víctimas de los
drones y del uranio empobrecido en Afganistán, Irak, Siria y Yugoslavia qué
opinan del historial de la OTAN.
Muchas
religiones son solipsistas, autocomplacientes, se basan en la premisa de que
ella y solo ella posee la verdad y de que el demonio amenaza esa verdad. La
OTAN es una clásica religión solipsista, autosuficiente, interesada, basada en
la premisa de que la OTAN es por definición la Fuerza buena. Un solipsista es
incapaz de reflexionar sobre sí mismo, es incapaz de autocrítica, es incapaz de
ver a los demás como a sí mismo, con fortalezas y debilidades, y posiblemente
con algunas verdades también.
La OTAN se basa
en el dogma de la “excepcionalidad” que Estados Unidos ha practicado durante
más de dos siglos. Según la doctrina de la “excepcionalidad”, Estados Unidos y
la OTAN están por encima del derecho internacional e incluso del derecho
natural. “Excepcionalidad” es otra forma de expresar el dicho latino “quod licet Jovi, non licet bovi”: lo que Júpiter puede hacer no está permitido al común de los mortales.
Nosotros somos los “bovi”, los bovinos.
Por otra parte,
en Occidente estamos tan acostumbrados a nuestra “cultura del engaño” que reaccionamos
sorprendidos cuando otro país simplemente no acepta que le hemos engañado. Esta
cultura del engaño se ha convertido en algo tan natural para nosotros que ni
siquiera nos damos cuenta cuando engañamos a otro. Es una forma de
comportamiento depredador que la civilización todavía no ha logrado erradicar.
Pero,
honestamente, ¿acaso la OTAN no es también un reflejo del imperialismo del
siglo XXI, muy cercano al neocolonialismo? La OTAN no solo provoca y amenaza a
los rivales geopolíticos, sino que en realidad saquea y explota a sus propios
Estados miembros, no por la seguridad de esos, sino a beneficio del complejo
militaro-industrial. A todo el mundo le debería parecer obvio, aunque no lo es
en absoluto, que la seguridad de Europa radica en el diálogo y el compromiso,
en comprender los puntos de vista de todos los seres humanos que viven en el
continente. La seguridad nunca fue idéntica a la carrera de armamento y al
ruido de sables.
Según el relato
dominante, los crímenes cometidos por la OTAN en los últimos 73 años no son
crímenes, sino lamentables errores. No solo como jurista, sino también como
historiador reconozco que puede que estemos perdiendo la batalla por la verdad.
Es bastante probable que dentro de treinta, cincuenta, ochenta años la propaganda
de la OTAN se imponga como la verdad histórica aceptada, sólidamente
consolidada y repetida en los libros de historia. En parte se debe a que la
mayoría de los historiadores, al igual que los abogados, son plumas de
alquiler. Olviden la ilusión de que a medida que pasa el tiempo aumenta la
objetividad histórica. Bien al contrario, todos los bulos que los testigos
presenciales pueden desmontar hoy se acaban convirtiendo en el relato histórico
aceptado una vez que han muerto todos los expertos y ya no pueden cuestionar
ese relato. Olviden los documentos desclasificados que contradicen el relato,
porque la experiencia nos enseña que solo muy raras veces pueden acabar con una
mentira política bien arraigada. En efecto, la mentira política no morirá hasta
que haya dejado de ser útil políticamente.
Por desgracia,
muchas personas en Estados Unidos y Europa siguen asumiendo el relato de la
OTAN, quizá porque es fácil y reconfortante pensar que nosotros somos “los
buenos” y que los “graves peligros” que hay “fuera de aquí” hacen que la OTAN
sea necesaria para nuestra superviviencia. Como escribió Julio César en
su De bello
civile, “quae volumus,
ea credimus libenter”, esto es, creemos lo que queremos creer; dicho
de otro modo, “mundus vult decepi”, es decir, en realidad el mundo
quiere ser engañado
Objetivamente,
la expansión de la OTAN y las constantes provocaciones a Rusia fue y es un
peligroso error geopolítico, una traición a la confianza que le debemos al
pueblo ruso y, lo que es peor, una traición a la esperanza de paz que comparte
la gran mayoría de la humanidad. En 1989-1991 tuvimos la oportunidad y la
responsabilidad de garantizar la paz del mundo. La arrogancia y la megalomanía
mataron esa esperanza. El complejo militaro-industrial-financiero se basa en la
guerra perpetua para seguir haciendo miles de millones de beneficios. 1989
podría haber marcado el comino de una era de aplicación de la Carta de las
Naciones Unidas, de respeto del derecho internacional, de convertir las
economías que dan prioridad a lo militar en economías de seguridad de los seres
humanos y de servicios para ellos, de recorte de los inútiles presupuestos
militares y de orientar los fondos liberados a erradicar la pobreza, la malaria
y las pandemias, y de dedicar más fondos a la investigación y a desarrollar el
sector sanitario, a mejorar hospitales e infraestructuras, a luchar contra el
cambio climático, al mantenimiento de carreteras y puentes …
¿Quién es
responsable de esta enorme traición al mundo? El difunto presidente George H.W.
Bush y la difunta primera ministra británica Margaret Thatcher, junto con sus
sucesores y todos sus asesores neoconservadores y defensores del
“excepcionalismo”, además de los think tanks y los expertos que les alentaron.
¿Cómo fue
posible esta traición? Solo por medio de la desinformación y la propaganda.
Solo con la complicidad de los medios corporativos, que aplaudieron las ideas
del “final de la historia” y del “ganador se queda con todo” de Fukuyama.
Durante un tiempo la OTAN se deleitó con la ilusión de ser la única potencia
hegemónica. ¿Cuánto duró esta quimera de un mundo unipolar? ¿Y cuántas
atrocidades cometió la OTAN para imponer su hegemonía al mundo, cuántos
crímenes contra la humanidad se cometieron en nombre de la “democracia” y de
los “valores europeos”?
Los medios
corporativos siguieron dócilmente el juego al declarar a Rusia y China nuestros
enemigos jurados. Cualquier discusión razonable con los rusos y los chinos era
y es condenada como “[política de] apaciguamiento”. Pero ¿no deberíamos
mirarnos al espejo y reconocer que los únicos que deberíamos “apaciguarnos”
somos nosotros? En efecto, tenemos que calmarnos y dejar de agredir a todos los
demás: tenemos que parar las ofensivas tanto militares como informativas.
Si hay un país
al que le importa muy poco el estado de derecho internacional (que también se
conoce como el “orden internacional basado en normas” de Blinken) es, por
desgracia, mi país, Estados Unidos de América.
Algunos de los
tratados que Estados Unidos no ha ratificado son la Convención de Viena sobre
el Derecho de los Tratados, el Estatuto de la Corte Penal Internacional, la
Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el Acuerdo de
Cielos Abiertos, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena sobre
Relaciones Diplomáticas, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena
sobre Relaciones Consulares, la Convención sobre los Derechos del Niño de las
Naciones Unidas, la Convención sobre los Trabajadores Migrantes, la Convención
sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales…
Finalmente
comprendemos que ni Huntington ni Fukuyama acertaron respecto al siglo XXI,
quien acertó fue Orwell.
Alfred de Zayas es profesor en la Geneva School of Diplomacy y desempeñó el cargo de
Experto Independiente de la ONU para la Promoción de un Orden Internacional
Democrático y Equitativo 2012-2018.
Notas de la
traductora:
(1) En el
original “my country right or wrong”, una expresión de patrioterismo atribuida
a un militar estadounidense del siglo XIX, Stephen Decatur.
(2) El discurso
de Gettysburg es el discurso más famoso de Lincoln. Lo pronunció en la ciudad
de Gettysburg el 19 de noviembre de 1863, cuatro meses y medio después de la
Batalla de Gettysburg de la guerra civil estadounidense. Invocando los
principios de igualdad de los hombres consagrados en la Declaración de
Independencia, Lincoln redefinió la guerra civil como un nuevo nacimiento de la
libertad para Estados Unidos y su ciudadanía.
Fuente: https://www.counterpunch.org/2022/01/24/nato-as-religion/
sábado, 29 de enero de 2022
Nadie peleará por Ucrania
La
retórica no cede. Los medios prosiguen su campaña. De nuevo el fantasma de las
armas de destrucción masiva nos acompaña. No habrá una 'invasión rusa' de
Ucrania. De nuevo la espera. No nos dejemos engañar por los gritos y las voces.
Nadie peleará por Ucrania
El Viejo Topo
29 enero, 2022
La retórica cambia.
Se mezcla la amenaza para consumo interno y la desescalada. EEUU no irá mucho
más lejos. Europa intenta mediar, tienen como base de partida la aplicación de
los acuerdos de Minsk ll, en el formato de Normandia, esperando que EEUU se
implique en esta negociación. Los garantes serán esta vez Francia y Alemania.
Los dos grandes países europeos no quieren la guerra, ni pequeña ni grande. El
último ejemplo lo dio Alemania cuando prometió a Ucrania una ayuda militar
consistente en ¡¡¡5000 cascos!!! para las tropas.
A pesar de eso,
los medios prosiguen su campaña. Se trata de demonizar al adversario. Putin ya
no es líder de un gobierno sino de un régimen, como lo fue Saddam Hussein,
Fidel, Chávez o Gadafi. Los medios insisten: Rusia es una dictadura, no una democracia
modélica como la norteamericana, donde se asalta el Capitolio y sus presidentes
mienten llevando al país de una guerra a otra. Rusia no es democrática como
Reino Unido cuyo premier Tony Blair colaboró activamente en el genocidio iraquí
o como el actual que ha hecho de la falsedad su carta de presentación.
Es una especie
de dejà-vu de la época de Irak o de Libia. Los medios agitan de nuevo los
fantasmas: supuestos ejércitos invasores acechan mientras la democracia
norteamericana nos salva. Saben que la población occidental tiene una memoria
corta. La denominada izquierda ya no ejerce de contrapeso intelectual como lo
fue en la época del NO a la guerra; hoy se impone una visión tacticista de las
relaciones internacionales. Se marcha al paso que indican los medios de
comunicación puesto que el fin último es no disentir excesivamente por si eso
tiene un coste electoral. Criticamos el envío de barcos de guerra en esta
ocasión, pero olvidamos que el conflicto surgió hace mucho y se ha callado. Nos
oponemos a la guerra pero permitimos que la OTAN se reúna en Madrid la próxima
primavera. Las contradicciones se acumulan. El Imperio aprendió que el
movimiento por la paz era un movimiento peligroso y, utilizando sus peones,
acabó anulándolo; hoy, como gran parte de la izquierda, está sumido en
contradicciones tan intensas como paralizantes.
Bruselas
cometió un enorme error en 2014 cuando se produjo el golpe de Estado impulsado
por EEUU. La victoria de las fuerzas de extrema derecha y grupos fascistas hizo
estallar el país y propició, paralelamente, la resistencia popular al golpe en
la capital y en provincias. La aparición de las repúblicas independientes tiene
ahí su origen. Occidente pensó que Moscú era muy débil, que era la misma de
cuando se produjo el desmembramiento de Yugoslavia. No advirtieron que eran
otros tiempos. Ucrania vive desde entonces en una situación de guerra civil,
con un alto el fuego precario que tiene como base los acuerdos de Minsk. Todo
está paralizado hasta este momento.
Produce
escalofríos escuchar tanto el presidente Biden como su Secretario de Estado
Blinken. Mantienen una retórica belicista sin pruebas que sustenten sus
palabras y, lo que es peor, sin objetivos definidos. Cada día suben un grado.
Gritan porque de esta forma podrán presentarse como “duros”. Rusia obviamente
no atacará Ucrania, no lo necesita. Biden querrá presentarse como vencedor
diciendo que su actitud firme preservó al mundo de una nueva agresión de Putin.
Es la única forma que tienen de ganar algo en este maremágnum que ellos mismos
han creado. Tanto Lavrov como Putin lo han dicho por activa y por pasiva: Rusia
no atacará Ucrania excepto en caso de una provocación directa.
Detrás, en la
sombra, se ocultan las grandes compañías de armamento o gas que financian las
campañas de los políticos norteamericanos. No es casual que el hijo de Biden,
Hunter Biden, haya tenido importantes negocios gasísticos en el país que, tras
la construcción del Nord Stream 2, puede llegar a perder. No es tampoco fruto
del azar que Victoria Nuland subsecretaria de Estado con Blinken haya estado
desde hace años influyendo en la política exterior de EEUU. Sus relaciones
familiares y profesionales le permiten relacionarse estrechamente con grandes
fundaciones financiadas por las empresas armamentísticas. En 2019 esta mujer
era un elemento clave del Center for a New American Security,
uno de los Thinks Tanks del pensamiento Neoconservador de EEUU, muy querido,
por otra parte, por el ex presidente Obama. Este centro del pensamiento
ultra-conservador está financiado, entre otras muchas, por empresas como la
Northrop Grumman Aeroespace Systems, la Open Society Foundations de George
Soros, la Lockheed Martin Corporations o la principal empresa vendedora de
armas del mundo la BAE Systems.
Estos son
algunos de los protagonistas de la política norteamericana. Resultado: un
autobús conducido por un mono borracho. El 19 de este mes, Biden anunciaba con
aires de fatalidad que Rusia invadiría Ucrania; incluso mencionó que una
“incursión menor» podría ser asumible. Blinken, un auténtico ignorante de las
relaciones internacionales, anunciaba, una vez más, el peligro de los
ejercicios militares entre Bielorrusia y Moscú. Ignoraba (y nadie se lo
recordó) que, según los acuerdos firmados en Viena en 2011 por la OSCE,
no es obligatorio informar las maniobras militares cuando el número de
efectivos sea inferior a 10.000 como es este caso. Todo da igual; en la clase
dirigente norteamericana se ha instalado desde hace mucho una auténtica
histeria rusofóbica como la definía el ministro ruso de exteriores Lavrov.
Mientras, Rusia
hace una demostración de fuerza y saca músculo militar, se realizan ejercicios
militares simultáneos en la frontera con los países Bálticos, en el Mar de
Barents, Mar Negro, Mar de Omán, Crimea, se movilizan sus novísimos misiles
hipersónicos y establece lazos más estrechos con Bielorrusia que ha accedido a
proporcionar a la aviación una base aérea a 40km de la frontera ucraniana. En
Siria los cazabombarderos rusos comienzan a patrullar las fronteras impidiendo
que la aviación israelí ataque la base de Lakatia, mientras se redoblan los
bombardeos contra los terroristas pro-turcos. Pronto las tropas norteamericanas
que ocupan ilegalmente el norte de Siria y roban el petróleo del país se verán
mucho más presionadas.
Evidentemente
nadie en el despacho oval ha sido capaz de responder a una pregunta elemental:
¿por qué Rusia querría invadir Ucrania si tiene el control de Crimea? Esta
pregunta sí que flota en las cancillerías europeas pero no en la española. La
ministra de defensa y el ministro de exteriores, henchidos los dos de ardor
guerrero, ponían a nuestro país al servicio de los intereses de EEUU y
directamente en el punto de mira de los misiles rusos en caso de una escalada.
Horas después de las altisonantes proclamas los dos ministros tuvieron que
bajar el tono; Francia y Alemania no se mostraban tan belicosos. En un nuevo
cambio de guión, Pedro Sánchez se comprometía, aunque de forma retórica, con la
defensa territorial de Ucrania. La pregunta que flota en el aire y que nadie
parece hacerse en el Parlamento es: ¿Por qué hemos de defender a un país que no
es miembro de la OTAN? Pedro Sánchez quiere hacer méritos frente a Biden, como
en el caso de Afganistán. EEUU, que ya sabemos no tiene aliados sino intereses,
ni invitó a Pedro Sánchez ni lo informó. Al gobierno progresista se le acaban
los argumentos; mientras las ministra de defensa y el propio presidente
justificaban el envío de barcos y aviones de guerra porque éramos socios
“leales de la OTAN” (vuelvo a insistir: Ucrania no es miembro aún de la OTAN)
Croacia (que sí es socia) advertía que ni un solo soldado suyo participaría, ni
una base militar en su territorio sería usada en un conflicto con Rusia. Este
pequeño país nos da lecciones. El gobierno de coalición hace el papel de tonto
útil. Aunque, siempre hay grados y la UE nos supera: ha demostrado su falta de
relevancia. Josep Borrell ha ejecutado el papel del perro que aúlla a la luna,
es el ujier de las grandes naciones que controlan la Unión. La «unidad» europea
es sólo una entelequia.
Tras las
conversaciones con Lavrov esta semana, la gira de Blinken por algunas capitales
europeas no ha suscitado tantas adhesiones como se esperaba. Ucrania no cuenta
en esta ecuación, es un autentico estado fallido, sin recursos naturales puesto
que todos han sido malvendidos, con una sociedad fracturada en manos de una
oligarquía mafiosa, donde prosperan los sectores nazis con representación
parlamentaria. Sus presidentes, el anterior y el actual, son investigados o
perseguidos por la justicia. La lucha por el poder se agudiza, Zelensky anuncia
golpes de estado inexistentes, Poroshenko evade la justicia que no se atreve a
encarcelarlo.
Si nos
fijásemos únicamente en las proclamas de los líderes occidentales estaríamos
frente a una situación dantesca. Los aliados de Ucrania se aprestan a apoyar
militarmente al país pero ¡¡de qué forma!! Hace pocos días ex oficiales
ucranianos criticaban en la prensa que el material militar vendido por el Reino
Unido (varios cientos de misiles antitanques y otro material) con créditos de
Londres caducaba este mismo año. Alguien en Ucrania y Londres se ha hecho de
oro con esa operación. Estas armas tan sofisticadas y sobretodo tan caras son
hoy mismo obsoletas. EEUU y Reino Unido ya han anunciado que no entrarán en
guerra por Ucrania. Incluso el Secretario del Consejo Nacional de Seguridad y
Defensa de Ucrania aseguraba a la BBC: “las tropas rusas no están aumentando
en la frontera como se está demostrando” se reconoce que no hay peligro
de invasión. Macron en la cuerda floja (se acerca la primera vuelta electoral)
ha descubierto que un conflicto con Rusia podría acarrear gravísimos problemas
económicos al país en un momento de debilidad política. Alemania por otra parte
ve que el corte del gas ruso provocaría una enorme escasez que el gas licuado
norteamericano no podrá solventar. Las reservas de gas de este país según
anunciaba el Ministro de Economía durarían para unos 17,7 días contando que no
se recibía gas desde el 21 de diciembre. En el conjunto de la Unión las
reservas superan escasamente el 40%. El canciller bávaro, uno de los landers
más ricos del país, abogaba abiertamente por un acuerdo pacífico; la ministra
de Exteriores alemana Annalena Baerbock ha recibido un duro tirón de orejas de
la gran industria para que modere sus declaraciones rusofóbicas. Tanto Francia
como Alemania saben que la expulsión de los bancos rusos del sistema SWIF
generarían enormes problemas a la economía europea y que las sanciones, como
reconoce el propio ministro de economía galo, no tendrían especiales
implicaciones negativas para Moscú: hace muchos años que EEUU viene sancionando
a Rusia. Este país, como protección, ha desarrollado su propia plataforma de
intercambios bancarios especialmente con China e Irán. El martes pasado los
diarios alemanes, citando fuentes del gobierno federal, informaban que los
países de la UE no estaban considerando separar a los bancos rusos del sistema
de pagos global. Occidente no apretará ese botón nuclear financiero. Alemania y
Francia no ignoran que el retraso en la puesta en marcha del Nord Stream 2
queda compensado con el incremento extraordinario de los precios del gas. La
economía rusa ajusta su presupuesto con un precio del petróleo a 40$ el barril;
durante todo el año pasado no bajó nunca de los 70$.
Boris Johnson
en horas muy, pero que muy bajas, intenta recrear en la sociedad inglesa, la
imagen de la potencia que ya no es. Hace proclamas, grita por los pasillos
esperando que las voces tapen los ecos de su nefasta gestión política con el
Brexit y la Pandemia. En Reino Unido solo hay delirios de grandeza. Las
capacidades militares del país no asustan a nadie y menos a los militares rusos
que saben de sus enormes debilidades.
Lavrov prorrogó
el tiempo de respuesta exigido a EEUU en una semana porque sabe que la posición
de los países europeos es determinante. La dimisión del jefe de la armada
alemana revela que la defensa militar de Ucrania no está contemplada en los
planes del ejército. Por otra parte Berlín ha prohibido que vuelos cargados de
armas procedentes del Reino Unido con destino Kiev, sobrevuelen territorio
alemán. Igualmente impide que armamento pesado fabricado en la RDA y vendido a
Lituania sea transferido a la frontera ucraniana. Hace meses que Francia y Alemania
están sumamente intranquilas por el desarrollo de la situación. Hay un
escepticismo generalizado, cada vez mayor, respecto a la administración Biden.
EEUU sin un apoyo europeo decidido difícilmente podrá llevar la escalada mucho
más allá.
Ya es evidente
que se producirá una alianza estratégica entre China y Rusia. Están por
confirmar los rumores de un acuerdo de protección mutua de estos dos
países firmado en el marco de los juegos olímpicos de Pekín. Es el mayor error
que ha podido cometer la presidencia de EEUU tanto la republicana como la
demócrata. Mientras Irán mira atentamente esta relación, se fortalecen sus
relaciones con Pekín y Moscú, la visita del primer ministro iraní a Rusia
pretende crear un nuevo eje político-económico en Oriente Medio fuera del
control de EEUU y sus aliados regionales. Las maniobras militares que realizan
los tres países en cuestión tienen ese objetivo.
Blinken
finalmente se ha comprometido a entregar un documento como respuesta a los
planteamientos de Lavrov. Nadie en este momento sabe si esa respuesta será
satisfactoria, aunque con toda seguridad veremos una nueva colección de gritos
histéricos que no hará cambiar la situación. EEUU quiere ganar un poco de
tiempo extra para presionar aún más a sus socios europeos y mantener un poco
más la tensión. Biden necesita aparecer como hombre fuerte si quiere aspirar a
un segundo mandato. Un cambio de gobierno en Ucrania podría allanar las cosas.
La vuelta del ex -presidente Poroshenko (que no fue detenido cuando entró en el
país) y que enfrenta acusaciones de traición por comprar carbón a las
repúblicas independizadas, será una variante a considerar. Por otro lado la
aplicación de los acuerdos de Minsk que implicaría una gran autonomía para las
Repúblicas Independizadas y el control definitivo y reconocido de Crimea como
parte de Rusia es otra de las posibilidades si se le suma el compromiso de
mantener el “estatus quo” actual de Ucrania y Georgia frente a la OTAN.
No habrá una
‘invasión rusa’ de Ucrania, no es necesario. En caso de que Donbass sea
atacado veremos una guerra en la distancia. Por otra parte, Washington sólo
consigue con estas reacciones histéricas que Moscú se aproxime aún más a China,
Irán, Cuba, Nicaragua o Venezuela. La posibilidad de instalar bases para los submarinos
rusos en patrullaje continuo frente a las costas norteamericanas es cada vez
más plausible aunque llevará un tiempo. De nuevo la espera. Los encuentros se
suceden. No nos dejemos engañar por los gritos y las voces.
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Razones para no participar en la guerra de OTAN. [Ahora bien, que no somos nosotros nadie para quitarle el gusto por la guerra a nadie. Si por un casual de estos que tiene la vida, al grito ardoroso del guerrero macizo como Dios manda de: ¡Que estamos aquí y que hemos venido a escupite, a jodete y a matate!, las 1.400 familias españolas que representan el 0,0035% de la población, mismamente española, que controlan más de 80% de toda la riqueza nacional, en formación bandidesca, bandidamente hablando, como requiere el caso, quieren ir a la guerra a emprendela (que no es a emprenderla, que es a emprendela) con sus pares de la parte enemiga que sean bien idos. Pero eso sí, oiga, que la vida está muy cara, siempre y cuando los gastos del guerreo, banderolas y hostias benditas (porque a mi que no me jodan, que un cura bendiciendo esto no puede faltar) corran por su cuenta y, por supuesto, con la poliza de seguros correspondiente para cubrir los daños materiales (propios y ajenos) que pueda causar]
Razones
para no participar en la guerra de OTAN
Por José Luis
Carretero Miramar / kaosenlared
Hoy el mundo se
estremece por la posibilidad de un enfrentamiento armado entre Rusia y la OTAN.
Putin ha desplegado gran parte de su ejército en sus fronteras con Ucrania, y
los países occidentales amenazan con sanciones y envían instructores militares
y armamento al gobierno ucraniano.
El origen de esta
situación es bastante simple: tras el desastre de la retirada de Afganistán, la
capacidad de disuasión militar del Imperio norteamericano ha quedado en
entredicho, lo que puede acabar generando un progresivo cambio de alianzas
entre los países del Sur global y una creciente oleada de desobediencia por
parte de los Estados que se oponen al imperialismo. Además, esto sucede en un
contexto de conflicto por la hegemonía global entre los Estados Unidos y la nueva
potencia emergente, la República Popular China, que se ha expresado hasta el
momento en guerras comerciales y vetos impuestos a las tecnológicas del país
asiático, pero que puede adoptar formas más “calientes” en el futuro, ante la
pretensión de independencia de la isla de Taiwán y ante las reclamaciones
territoriales en el mar del Sur de China, un espacio estratégico para las
nuevas vías comerciales que pretende utilizar la República Popular para sus
exportaciones.
En este escenario,
Rusia es un actor importante. La pretensión norteamericana de aislar y
encajonar a Rusia, armando e introduciendo en la OTAN a sus vecinos, nace de la
imposibilidad del Imperio de controlar al gobierno ruso, ocupado por una
facción política nacionalista y tremendamente pragmática, capaz de buscar todas
las alianzas que sean necesarias para mantener su independencia. Tras la década
de brutal colapso inducido por la caída de la URSS y la apertura a los fondos
globales de capitales (en la que la esperanza de vida de los ciudadanos rusos
se desplomó en más de una década), la alianza política construida entorno a
Vladimir Putin ha conseguido reconstruir la economía nacional y una trama de
servicios públicos lo suficientemente eficiente para se pudiese reiniciar la
vida cotidiana de los ciudadanos. Además, ha afirmado la soberanía nacional y
ha actuado con una agenda internacional independiente que le aproxima cada vez
más a China. Se trata de una clase dirigente profundamente conservadora, e
inequívocamente capitalista, pero que no está dispuesta a subordinarse a un
poder imperial que ha demostrado, una y otra vez, que no pretende otra cosa que
la aniquilación de Rusia como nación y su desmembramiento en una miríada
impotente de repúblicas tercermundistas.
La clase dirigente
norteamericana, por otra parte, está utilizando esta crisis para tratar de
solventar algunas de sus más agudas contradicciones internas. En primer lugar,
ya lo hemos dicho, Estados Unidos pretende dar la imagen de “un golpe en la
mesa”, para acallar la inquietud provocada por su incapacidad manifiesta para
solucionar militarmente las guerras en las que se ha metido en las últimas
décadas (Libia, Siria, Afganistán). Tras el inicio de su declive económico, los
norteamericanos han dedicado las últimas décadas a presentarse como “el
gendarme del mundo”, la única fuerza capaz de mantener el orden liberal y la
seguridad de las infraestructuras necesarias para la globalización. El cuerpo
de marines, de hecho, es lo único que garantiza la preeminencia del dólar en la
economía mundial, y la razón principal por la que Estados Unidos se puede
permitir tener la deuda pública más abultada del globo. Si el cuerpo de marines
deja de dar miedo, el Imperio entero estaría en cuestión.
A eso debemos sumarle
cuestiones internas norteamericanas más prosaicas: Biden no ha podido poner en
marcha sus planes neokeynesianos de gasto público social, por su debilidad en
las cámaras parlamentarias y, por tanto, poco tiene que ofrecer al pueblo para
una reelección futura. Su popularidad se ha desplomado en los últimos meses,
mientras avanza la posibilidad de una vuelta de Trump al calor de una derrota
de los demócratas en las próximas elecciones de medio mandato. Estados Unidos
necesita dar un golpe en la mesa. Biden necesita dar un golpe en la mesa. ¿Qué
mejor manera de dar un golpe en la mesa que conseguir “obligar” públicamente a
Rusia a no hacer algo que, en todo caso, probablemente inicialmente ni siquiera
tenía la intención de hacer?
En este escenario
complejo e inestable, que certifica el final de una época en el ámbito de las
relaciones internacionales, hay cuatro grandes arcos de razones para oponerse a
la intervención española en una hipotética guerra con Rusia:
Primero: la razón
nacional y patriótica. Intervenir en esta guerra va contra nuestros intereses
como Nación. No tenemos nada que ganar en Ucrania. Entrar en guerra nos hace
más dependientes de la OTAN y del amo imperial. Implica renunciar a todo
proyecto de autonomía y soberanía estratégica, tanto para España, como para la
Unión Europea. Implica una crisis absoluta de nuestra economía, basada en el
turismo, y por tanto en la paz. Implica una brutal subida de los precios de la
energía, ya que compramos casi el 10 % del gas natural de uso en nuestro país a
Rusia. Y todo ello, al tiempo que la OTAN no protege Ceuta y Melilla. La
posibilidad de una Unión Europea viable como potencia global en el mundo de las
próximas décadas, corre pareja con la afirmación de su independencia y su
capacidad de conseguir una voz propia, acompañada de las necesarias estructuras
para que esa voz sea escuchada con respeto. El seguidismo del Imperio lleva a
la guerra en Europa, y a la subordinación sin remedio de los intereses
nacionales y europeos a la cadena de mando militar de la Alianza Atlántica,
firmemente hegemonizada por una potencia no europea.
Segundo: la razón
proletaria. Debemos recordar que la guerra responde siempre a los intereses de
las clases dominantes. Miles de jóvenes obreros, de uno y otro lado, serán
enviados al matadero para defender los negocios de las transnacionales y los
oligarcas, de uno y otro lado. A eso sólo se puede responder con el
internacionalismo proletario. Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.
Tercero: la razón del
humanismo liberal. El liberalismo nació para defender el ideal de la Paz
Perpetua. La razón ilustrada sabe que el Derecho y la Democracia son lo primero
que se abandona en las guerras. Ya empezamos a ver en los medios de
comunicación mainstream como los discursos se unifican y los disensos se
silencian, luego llegarán los estados de excepción y los límites a la protesta.
Un estado de guerra es un estado de no-Derecho. Los Derechos Humanos son hijos
del diálogo. La guerra es el crimen fundamental contra la Humanidad.
Cuarto: la razón
religiosa. Las principales religiones coinciden en una cosa: la guerra es un
pecado contra la obra de Dios. La marca de Caín es la marca del dolor. La
salvación parte de comprender que los seres humanos somos hermanos. y debemos
amarnos mutuamente. El fratricidio y el odio entre hermanos es uno de los
errores fundamentales que impiden que la bienaventuranza nos ilumine. No hay
excusas para una matanza.
Contra este arco de
razones, sólo hay dos que fundamenten, en los corazones de las clases
dominantes, la guerra en ciernes:
DINERO Y PODER
Sólo nos resta decir
una cosa: resulta cuando menos sorprendente el silencio atronador de nuestro
pueblo sobre este asunto. Putin no es más autocrático que Sadam Hussein. Biden
no es menos “halcón”, en política exterior, que Bush. El hecho de que el pueblo
español no se ha lanzado a la calle, como en tiempos de la guerra de Irak,
hasta la fecha, contra la guerra, pone manifiesto hasta que punto ha cambiado
la izquierda española. Hasta que punto se ha desarmado ideológica y
organizativamente. Pone manifiesto la profundidad de la crisis de la izquierda,
que ya hemos analizado en otros escritos.
El PSOE no le va a
ahorrar a Unidas Podemos ninguna humillación, ningún mal trago: el gobierno
será el gobierno de la guerra, si es necesario, el gobierno que mantenga lo
esencial de la reforma laboral de 2012, el gobierno que apruebe un Ingreso
Mínimo Vital inaplicable…El precio de ser gobierno con el PSOE es desmantelar
todo lo que haya sobrevivido a su izquierda.
La clase obrera no
tiene nada que ganar con esta guerra. Pero sí mucho que perder. Oponerse a la
guerra de la OTAN es oponerse a la barbarie.
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Respeto a nuestra América
El 28 de enero de 1853
nacía en La Habana el destacado precursor del modernismo literario
hispanoamericano y líder de la independencia de Cuba José Martí. Lo recordamos
con este artículo de 1883 en el que ya apunta el concepto de Nuestra América.
Respeto a nuestra América
El Viejo Topo
28 enero, 2022
Nótase con gozo
por cuantos estudian la prensa norte americana, el creciente respeto que, sólo
con haber empezado a revelar su intención de vivir en acuerdo con las grandezas
del tiempo, consiguen ya inspirar a este pueblo de hechos y tamaños de países
que, acaso no le servían ha poco más que para ocasión de mostrar desdenes y
burlas.
Ya no se halla
muy frecuentemente en los diarios aquella alusión impertinente, y sólo en
apariencia merecida, a nuestros cambios súbitos de gobierno y guerras, que era
antes lugar común de todo articulo sobre nuestros países; sino noticias de
contratos, entusiastas relaciones de nuestras riquezas, tributos de respeto a
nuestros hacendistas y estadistas, y un tono general y afectuoso, mezclado aún
de sorpresa y descreimiento.
No bien
desocupada apenas la América Latina de las contiendas que libran en su seno el
espíritu joven y el antiguo, ya porque aquél entienda que vale más esperar a
que el Sol nuevo funda y pulverice las venenosas ruinas, que gastar las fuerzas
neciamente en lo que al cabo ha de hacer el sol, ya que cedan los enconados
hombres de antaño, amigos de casas solariegas y privilegios patriarcales, al
noble decoro y generosa influencia que trae consigo el ejercicio reposado de la
Libertad,–se ve adelantar, como cortejo de gente joven que saliese adolorida y
sonriente de enfermedad grave, al séquito de pueblos que nacieron armados del
pomo de la espada de Bolívar.
Vense en todos
ellos señales comunes. Es una de ellas el espontáneo reconocimiento de los
méritos sólidos y silenciosos de los hombres de la paz, empresarios osados,
hacendados innovadores, creadores de ferro-carriles, ajustadores de tratados,
movedores de fuerzas, constructores, creadores. Los hombres de armas van a
menos, y los de agricultura, comercio y hacienda a más.–En tierras donde antes
no esperaban los brillantes y desocupados mozos, sino matrimonio rico o
revolución vencedora que los pusieran, como a estatua sobre pedestal, sobre la
vida,–ahora se ve a los mozos ideando empresas, sirviendo comercios, zurciendo
cambios, abogando por intereses de vías férreas, trabajando contentos y
orgullosos por campos y por minas. Los que antes pesaban sobre su país,
dormidos sobre él, ahora llevan a su país en sus hombros.
No hubiera más
que esta razón, que con júbilo notamos a una en casi todas nuestras tierras, y
ya serían dignas del creciente respeto de que hoy tomamos nota.
Y esto es
justo. Lo que acontece en la América Española no puede verse como un hecho
aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de
una vez con brío en este magnifico concierto de pueblos triunfantes y
trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el cielo–y viles los
ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se
esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres
coronados de astros.
Y astros los
coronan: la estima de sí propios, el dominio de su razón, el goce de sus
derechos, el conocimiento de la tierra de que viven.–Ciencia y libertad son
llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los hombres a
torrentes, enamorados del mundo venidero. Diríase que al venir a tierra tantas
coronas de cabezas de reyes, las cogieron los hombres en sus manos, y se han
ceñido a las sienes sus fragmentos.
La América. Nueva York, agosto, de 1883.
Fuente: Portal José Martí.
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viernes, 28 de enero de 2022
Carta abierta del MINH de Puerto Rico al Rey de España, Felipe VI, ante su visita a la isla
Carta abierta
del MINH de Puerto Rico al Rey de España, Felipe VI, ante su visita a la isla
Diario octubre / enero 28, 2022
Final del formulario
Señor Rey de España, Felipe VI:
Su llegada a Puerto Rico, motivada según la información oficial por la invitación que le fuera hecha a usted por el alcalde de San Juan, señor Miguel Romero, resulta altamente impertinente, precisamente por la razón ofrecida para concertar esa visita, es decir, la conmemoración del 500.º aniversario de la fundación de la ciudad de San Juan.
Usted
mismo se ha encargado, en sus expresiones públicas, de confirmar el verdadero
propósito de su viaje a Puerto Rico: razones comerciales y financieras. No con
Puerto Rico sino con Estados Unidos, con cuyo gobierno tuvo que coordinarse
este viaje pues, usted lo sabe bien, la condición colonial de Puerto Rico le
impide decidir quién entra o quién sale del país, le prohíbe llegar a acuerdos
comerciales internacionales, no puede recibir oficialmente jefes de Estado ni
cuenta con personalidad jurídica internacional para esos y otros asuntos.
De
forma, señor Rey, que los quinientos años de la ciudad de San Juan son
realmente una excusa conveniente para acercarse a sus socios admirados, los
mismos que derrotaron a sus antecesores reales hace 123 años en la Guerra
Hispano-Cubano-Americana, como consecuencia de lo cual le entregaron Cuba y
Puerto Rico a EEUU, en calidad de botín de guerra.
Puerto
Rico era la primera colonia española con la que se topaban los barcos
provenientes de la Península hacia América – vacíos – y la última con la que se
conectaban en la ruta hacia Madrid, cargados de toda la riqueza saqueada a
nuestros pueblos.
No
es casualidad que, además de imponernos el castellano y el cristianismo como
lengua y religión de conquista, nos dejaron una ciudad amurallada y dos fuertes
militares, no escuelas, universidades, hospitales o centros culturales.
La
ciudad de San Juan fue edificada por los conquistadores que estaban bajo las
órdenes de sus antecesores imperiales, con el propósito de establecer un
enclave colonial dirigido a garantizar la seguridad de las embarcaciones y
personas que participaban en el saqueo de América. Fueron las manos y las vidas
de miles de esclavos, indígenas y trabajadores pobres los que levantaron esta
ciudad. Es el pueblo nuestro el que, con gran valor y patriotismo, ha forjado a
Puerto Rico, a contrapelo de los designios imperiales de Madrid y Washington.
Son
ellos y ellas quienes merecen el homenaje, no el descendiente de una monarquía
depredadora y mezquina.
Para
colmo de la desvergüenza, señor Rey, usted anuncia la intención de premiar con
sendas condecoraciones al gobernador colonial-anexionista Pedro Pierluisi y al
alcalde colonial-anexionista de San Juan. Ambos representan la negación de
Puerto Rico como nación caribeña y latinoamericana. Ambos aspiran a que Puerto
Rico desaparezca como sociedad antillana y se convierta en un apéndice de EEUU.
A semejantes sujetos está premiando usted, señor Rey, todo por haber servido de
facilitadores en sus gestiones comerciales y financieras con Washington.
En
otras circunstancias usted podría ser bienvenido en nuestra Patria. Pero llegar
desde el anacronismo monárquico que usted representa, a esta tierra que más de
medio milenio después todavía lucha por su derecho inalienable a la
autodeterminación e independencia, a validar con su presencia y sus expresiones
el anacronismo colonial, el anexionismo y a rendir pleitesías al Gobierno de
Estados Unidos, es definitivamente inadmisible.
Usted,
señor Rey, no es bienvenido en Puerto Rico.
Comité Nacional del
Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)
Ángel Rodríguez León, Julio A. Muriente Pérez
Co-Presidentes
23 de enero de 2022
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Las principales características del método dialéctico
Las principales
características del método dialéctico
DIARIO OCTUBRE / enero 27, 2022
El método de análisis marxista es el materialismo dialéctico, un método que parte de la existencia del mundo material al margen de la conciencia humana, entendiendo todo aquello que ocurre en la realidad, todos sus fenómenos, en su interconexión y en proceso constante de cambio.
La
dialéctica presenta una serie de rasgos principales:
1. La dialéctica entiende los objetos y fenómenos como
elementos vinculados unos a otros, relacionados y condicionados entre sí.
Entender esos fenómenos de forma aislada, como departamentos estancos nos
dificulta entenderlos. Los fenómenos se ven afectados por su contexto, por todo
aquello que lo rodea en el espacio y tiempo. Aplicado al ámbito social, esto
supone que entender un movimiento o estructura social es imposible sin estudiar
las condiciones en las que ha surgido y desarrollado.
2. La dialéctica entiende la realidad en constante cambio
y movimiento. No hay fenómenos u objetos inmutables, sino que están en
constante transformación. Aplicado a la sociedad, esto nos lleva a entender
cualquier régimen social, cualquier idea sobre la forma de organización social
como temporal, cambiante y propia de su tiempo, lejos de poder ser entendidas
como algo eterno e inmutable. Lo que hoy está en plena vigencia, mañana estará
obsoleto y será sustituido por lo nuevo.
3. La dialéctica concibe el cambio en los fenómenos y
objetos como fruto de la acumulación de pequeños cambios cuantitativos, que
tomados en conjunto dan lugar a saltos de calidad, cambios profundos y
acelerados que transforman esos fenómenos en algo sustancialmente diferente. En
el ámbito social, se dan momentos históricos de transformación acelerada y
radical de las sociedades, dando lugar a nuevas formas sociales
cualitativamente diferentes: las revoluciones.
4. La dialéctica entiende que el proceso de cambio es
impulsado por fuerzas contradictorias que conviven internamente en el fenómeno
u objeto. La confrontación entre ambas tendencias es lo que impulsa el cambio.
Socialmente, entendemos que las sociedades están trufadas de contradicciones,
una de las cuales es la fundamental en cada momento histórico (que no la
única); el desarrollo de esas contradicciones sociales es lo que entendemos
como lucha de clases.
Al
contrario que otros filósofos anteriores -especialmente Hegel- Marx y Engels
entendieron la dialéctica de un modo materialista, es decir, partiendo de la
naturaleza como algo material y tangible, que posee una existencia
independiente de nuestro pensamiento. Todo lo existente es materia en
movimiento, sometida a constante cambio según las leyes dialécticas. Una
realidad material que es cada vez más cognoscible gracias al desarrollo
científico y tecnológico, con el criterio de práctica como elemento último de
la verdad: en última instancia, contrastar nuestras proposiciones con la propia
realidad es lo que nos permite demostrar la veracidad de nuestros postulados
teóricos.
FUENTE: unidadylucha.es
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