viernes, 14 de enero de 2022
jueves, 13 de enero de 2022
Nuevos documentos revelan presiones de Aznar al CNI para imputar el 11M a ETA. [¿Pero no eran empresas de seguridad privada de Mayor Oreja o de sus familiares, dirigente pura raza patria del PP, de la más prístina estirpe del cristianismo de a rogar por Dios, las encargadas de velar por los cargos públicos amenazados por ETA en el País Vasco, cuyos gastos corrían al 50% con dinerales del gobierno vasco y el otro 50% con otros dinerales del gobierno central, según acuerdo del presidente de gobierno de la época, José María Aznar, Josmari para los amigos, y el entonces presidente del gobierno vasco Arzalluz, cuyo Azalluz acuso públicamente a Mayor Oreja de haberse enriquecido mediante la custodia y guarda de los políticos vascos amenazados por ETA, querellándose el sepulcro blanqueado de Mayor Oreja contra Arzalluz por tamaña verdad, querella que perdió, porque Dios que es justo y todo lo ve y todo lo sabe así lo quiso mediante las correspondientes sentencias de los jueces pertinentes que le sirvieron de brazo ejecutor? Y a ver si ahora me va a salir un respondón diciendo que Dios no lo puede todo porque me lo enderezo rápidamente dándole el santo y seña y a ellos la Legión mediante aviso militarmente cifrado (que aquí no te puedes fiar ni de tu padre) a los jefes de VOX de que rojo a la vista para que me le pongan cuarto y mitad de dura querella también por la vía rápida, que no estamos aquí para tontadas, que yo cuando me pongo me pongo. Y lo que me temía, hombre. Pues no resulta que ahora se me ha ido el santo al cielo y no sé que viva gritar. Pero bueno, me da igual. A mí no me achica nadie: ¡¡¡Viva!!!]
Nuevos documentos revelan presiones de Aznar al CNI para imputar el 11M a ETA
Rebelion / España
12/01/2022
Fuentes: Naiz [Foto: Protestas en las sedes del PP
por los atentados del 11M (RTVE)]
Un documento que ha hecho público el
exministro José Bono confirma que el Gobierno de José María Aznar presionó a
los servicios de inteligencia para que mantuvieran la tesis de que ETA había
sido la autora de los atentados registrados en Madrid el 11 de marzo de 2004.
José Bono, que fue ministro de Defensa
desde abril de 2004 hasta diciembre de 2006 –cuando pasó a ser presidente del
Congreso de los Diputados–, ha decidido legar su archivo documental a la
Fundación Pablo Iglesias, que lo ha puesto a disposición del público a partir
de este lunes. Uno de esos documentos, que ha difundido la Cadena Ser, es
una nota remitida a Bono por Alberto Sáiz, que acababa de ser nombrado director
del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) tras las elecciones del 14 de marzo
de 2004 que llevaron a La Moncloa a José Luis Rodríguez Zapatero.
En esta nota, que adjuntamos a este
artículo, Sáiz hace referencia a los atentados registrados en Madrid el 11 de
marzo de aquel año. Más concretamente, se dirige a Bono para confirmarle por
escrito, «tal y como me pides», «lo esencial sobre el 11M» que le había
comentado su predecesor al frente del CNI, Jorge Dezcallar, al hacer el relevo
en el cargo.
«Me pidieron desde Moncloa que dijera que
ETA era la autora del atentado y yo lo hice pero con la cautela de añadir ‘con
toda probabilidad’», comentó Dezcallar, según relata Sáiz.
El máximo responsable de los servicios de
inteligencia cuando ocurrieron los ataques del 11M consideraba que mantener esa
tesis «fue un error» y, aludiendo al Gobierno de José María Aznar, añadió que
«ellos lo alargaron hasta el día de las elecciones, cuando ya tenían en su
poder la furgoneta, la cinta del Corán y habían detenido a tres árabes».
Dezcallar se refería a las pruebas y
detenciones que habían practicado ya las fuerzas y cuerpos de seguridad que
echaban por tierra la tesis de la autoría de ETA. Una información que, según
dijo a Sáiz, al CNI le fue llegando «con retraso».
Confirma
el relato que hizo Dezcallar en 2015
Dezcallar fue el primer civil en dirigir
el Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid, que durante su mandato
pasó a denoninarse CNI) y fue desginado para el cargo en 2001 por el entonces
presidente español, José María Aznar.
En una entrevista publicada por ‘El
Periódico’ en octubre de 2015, el propio Dezcallar ya apuntó en la misma
dirección que se recoge en la nota difundida ahora por Bono: «Aznar me pidió
desmentir que el CNI no seguía la pista de ETA».
No obstante, asumió que, aunque su
«instinto» le decía que se trataba de «un ataque islamista», en su primera
conversación telefónica con Aznar le comentó: «Presidente, creo que es ETA». En
la segunda, aquel 11 de marzo, fue menos claro: ««No me preguntes porque la
investigación la lleva la Policía y estoy fuera de juego». Y en la tercera
expresó su cambio de opinión: «Este asunto huele a islamista que apesta».
En esta entrevista, Dezcallar aseguró que
entre el 11 y el 16 de marzo no fue convocado a ninguna reunión. No obstante,
precisó que logró que el ministro de Interior, Ángel Acebes, le recibiera el
sábado día 13, a las cuatro de la tarde, y que este no le contó nada de las
detenciones de los presuntos yihadistas.
Y completó el relato de aquellas horas
previas a la jornada electoral explicando que, cuando llegó a su despacho, el
portavoz de la Moncloa, Alfredo Timermans, le dijo que Aznar quería que saliera
en TVE para desmentir a la SER, que para entonces había informado de que el CNI
había abandonado la pista de ETA. Dezcallar se negó, hizo «un comunicado que no
gustó a nadie» y por la noche tuvo «una tensa charla con Aznar».
Nota del director
de CNI sobre el 11 M
La subida de los precios de las materias primas. Una visión marxista de la cuestión.
La subida de los precios de
las materias primas. Una visión marxista de la cuestión.
DIARIO OCTUBRE
/ enero 13, 2022
Kike Parra.— La escalada generalizada de precios, y en concreto
de las materias primas y la energía en el mundo, (la madera un 120 %, la piedra
más de un 60 %, el cobre aproximadamente 60 %, el PVC y otros materiales
plásticos un 47 %, el aluminio un 41 %, etc..) está poniendo en jaque la
recuperación económica sobre la que la burguesía había puesto todas sus
esperanzas post-pandémicas
Lamentablemente
la situación sanitaria aún no se ha solventado, sino todo lo contrario y la
“recuperación”, está mostrando nuevos escollos que la economía vulgar, tal y
como Marx la acuñó, no ha sido capaz de prever, y ni tan siquiera de explicar
correctamente.
Las corrientes
económicas hegemónicas, monetaristas y keynesianas concluyen a posteriori que
la crisis energética, los problemas en la cadena de suministro y el aumento de
la demanda, gracias al ahorro acumulado, han tensionado las leyes de la oferta
y la demanda y que la escasez relativa de las materias primas ha alzado los
precios y como consecuencia, también los productos de consumo, para cuya
fabricación son extraídos de la madre naturaleza.
La explicación,
pareciera correcta, pero incurre en errores de base, y sobre todo, es incapaz
de prever el futuro inmediato.
La superioridad
analítica del marxismo nos da una explicación más cierta a la subida de los
precios.
Autores como G.
Carchedi y Michael Roberts, tomando como base la teoría del valor, proponen una
teoría marxista de la inflación y sitúan entre otros factores, que los precios
suben o bajan en relación a la masa de valor (capital variable y del
plusvalor), es decir; tanto de los salarios como de las ganancias
empresariales, algo que crece muy lentamente desde los años 80. Desde entonces,
se viene produciendo un incremento modesto de los precios gracias a la
implementación de políticas monetarias, incrementando su oferta.
La consecuencia
de la baja rentabilidad ha sido que las inversiones empresariales se han ido
marchando hacia posiciones especulativas en lugar de la esfera productiva. Ya
no salen a cuenta las cada vez más altas inversiones en comparación con lo que
se recoge.
Y es aquí, en
la falta de oferta donde está el actual problema de la subida de precios y no
en el incremento de la demanda, cosa difícil de entender ante una clase obrera
empobrecida que debe esforzarse en la compra de alimentos y electricidad
encarecidos.
Marx señalaría
que el tiempo de trabajo social necesario en la producción de materias primas,
tras la reanudación productiva, después del parón por la pandemia, es inferior
al requerido y que por lo tanto, los precios suben, distorsionando así,
temporalmente, la ley del valor-trabajo. (Algo que la economía “oficial” formula
como la ley de la oferta y la demanda)
Volviendo a
tirar de marxismo, esta situación de subidas y altos precios, se alargará hasta
que los capitales fluyan, atraídos por la alta rentabilidad temporal, hacia la
extracción y fabricación de materias primas, llegando a la perecuación de los
beneficios. Esto va a tardar un tiempo, por lo que los precios seguirán
subiendo.
La escasez de
determinados productos, sobre todo los relacionados con la energía, el cambio
hacia las renovables y el abandono de las “energías clásicas”, las reservas
estratégicas de los países productores ante los conflictos generados por las
pugnas interimperialistas, también están incidiendo sobre el incremento de
precios.
Los expertos
hablan de un posible periodo de estancamiento a la vez que inflacionario
(estanflación) y las medidas que se pueden poner en marcha, (políticas sobre
los intereses) junto con el nivel de gasto, puede llevarnos en un futuro
próximo a una nueva crisis del sector financiero y por lógica a una agudización
de la crisis estructural del capitalismo.
Son las
contradicciones insalvables del capitalismo que se exacerban con el paso del
tiempo.
FUENTE: unidadylucha.es
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Eveline
Tal día
como hoy en 1941 moría en Zúrich el gran escritor irlandés James Joyce. Uno de
los principales artífices de la profunda renovación de las técnicas narrativas
a inicios del s. XX, lo recordamos con este cuento incluido en Dublineses.
Eveline
El Viejo Topo
13 enero, 2022
Sentada ante la
ventana, miraba cómo la noche invadía la avenida. Su cabeza se apoyaba contra
las cortinas de la ventana, y tenía en la nariz el olor de la polvorienta
cretona. Estaba cansada.
Pasaba poca
gente: el hombre de la última casa pasó rumbo a su hogar, oyó el repiqueteo de
sus pasos en el pavimento de hormigón y luego los oyó crujir sobre el sendero
de grava que se extendía frente a las nuevas casas rojas. Antes había allí un
campo, en el que ellos acostumbraban jugar con otros niños. Después, un hombre
de Belfast compró el campo y construyó casas en él: casas de ladrillos
brillantes y techos relucientes, y no pequeñas y oscuras como las otras. Los
niños de la avenida solían jugar juntos en aquel campo; los Devine, los Water,
los Dunn, el pequeño lisiado Keogh, ella, sus hermanos y hermanas. Sin embargo,
Ernest jamás jugaba: era demasiado grande. Su padre solía echarlos del campo
con su bastón de ciruelo silvestre; pero por lo general el pequeño Keogh era
quien montaba guardia y avisaba cuando el padre se acercaba. Pese a todo,
parecían haber sido bastante felices en aquella época. Su padre no era tan malo
entonces, y, además, su madre vivía. Hacía mucho tiempo de aquello. Ella, sus
hermanos y hermanas se habían transformado en adultos; la madre había muerto.
Tizzie Dunn había muerto también, y los Water regresaron a Inglaterra. Todo
cambia. Ahora ella se aprestaba a irse también, a dejar su hogar.
¡Su hogar! Miró
a su alrededor, repasando todos los objetos familiares que durante tantos años
había limpiado de polvo una vez por semana, mientras se preguntaba de dónde
provendría tanto polvo. Tal vez no volvería a ver todos aquellos objetos
familiares, de los cuales jamás hubiera supuesto verse separada. Y sin embargo,
en todos aquellos años, nunca había averiguado el nombre del sacerdote cuya
foto amarillenta colgaba de la pared, sobre el viejo armonio roto, y junto al
grabado en colores de las promesas hechas a la beata Margaret Mary Alacoque. El
sacerdote había sido compañero de colegio de su padre. Cada vez que éste
mostraba la fotografía a su visitante, agregaba de paso:
-En la
actualidad está en Melbourne.
Ella había
consentido en partir, en dejar su hogar. ¿Era prudente? Trató de sopesar todas
las implicaciones de la pregunta. De una u otra forma, en su hogar tenía techo
y comida, y la gente a quien había conocido durante toda su existencia. Por
supuesto que tenía que trabajar mucho, tanto en la casa como en su empleo. ¿Qué
dirían de ella en la tienda, cuando supieran que se había ido con un hombre?
Pensarían tal vez que era una tonta, y su lugar sería cubierto por medio de un
anuncio. La señorita Gavan se alegraría. Siempre le había tenido un poco de
tirria y lo había demostrado en especial cuando alguien escuchaba.
-Señorita Hill,
¿no ve que estas damas están esperando?
-Muéstrese
despierta, señorita Hill, por favor.
No lloraría
mucho por tener que dejar la tienda.
Pero en su
nuevo hogar, en un país lejano y desconocido, no sería así. Luego se casaría;
ella, Eveline. Entonces la gente la miraría con respeto. No sería tratada como
lo había sido su madre. Aún ahora, y aunque ya tenía más de 19 años, a veces se
sentía en peligro ante la violencia de su padre. Ella sabía que eso era lo que
le había producido palpitaciones. Mientras fueron niños, su padre nunca la
maltrató, como acostumbraba a hacerlo con Harry y Ernest, porque era una niña;
pero después había comenzado a amenazarla y a decir que se ocupaba de ella sólo
por el recuerdo de su madre. Y en el presente ella no tenía quién la
protegiera: Ernest había muerto, y Harry, que se dedicaba a decorar iglesias,
estaba casi siempre en algún punto distante del país. Además, las invariables
disputas por dinero de los sábados por la noche comenzaban a fastidiarla sobre
manera. Ella siempre aportaba todas sus entradas -siete chelines- y Harry
enviaba sin falta lo que podía; el problema era obtener algo de su padre. Éste
la acusaba de malgastar el dinero, decía que no tenía cabeza y que no le daría
el dinero que había ganado con dificultad para que ella lo tirara por las
calles; y muchas otras cosas, porque generalmente él se portaba muy mal los
sábados por la noche. Terminaba por darle el dinero y preguntarle si no pensaba
hacer las compras para el almuerzo del domingo. Entonces ella debía salir
corriendo para hacer las compras, mientras sujetaba con fuerza su bolso negro
abriéndose paso entre la multitud, para luego regresar a casa tarde y agobiada
bajo su carga de provisiones. Le había dado mucho trabajo atender la casa y
hacer que los dos niños que habían sido dejados a su cuidado fueran a la
escuela regularmente y comieran con la misma regularidad. Era un trabajo pesado
-una vida dura-, pero ahora que estaba a punto de partir no le parecía ésa una
vida del todo indeseable.
Iba a ensayar
otra vida; Frank era muy bueno; viril y generoso. Ella se iría con él en el
barco de la noche, para ser su mujer y para vivir juntos en Buenos Aires, donde
él tenía un hogar que aguardaba. Recordaba muy bien la primera vez que lo había
visto; había alquilado una habitación en una casa de la calle principal; y ella
solía hacer frecuentes visitas a la familia que vivía allí. Parecía que
hubieran transcurrido sólo pocas semanas. Él estaba en la puerta de la verja,
con su gorra de visera echada sobre la nuca, y el pelo le caía sobre el rostro
bronceado. Así se conocieron. Él acostumbraba encontrarla a la salida de la
tienda todas las tardes, y la acompañaba hasta su casa. La llevó a ver La Niña
Bohemia, y ella se sintió endiosada al sentarse junto a él en las butacas más
caras del teatro. Él tenía gran afición por la música y cantaba bastante bien.
La gente sabía que estaban en relaciones y, cuando él cantaba la canción de la
muchacha que ama a un marino, ella se sentía siempre agradablemente confusa.
Él, en broma, la llamaba “Poppens” (amapola). Al principio, para ella resultó
emocionante tener un amigo, y luego él comenzó a gustarle. Conocía relatos de
países distantes. había comenzado como grumete por una libra mensual en un
barco de la Altan Lines que iba al Canadá. Le nombró los barcos en los que
había trabajado y enumeró las diversas compañías. Había navegado a través del estrecho
de Magallanes, y relató anécdotas de los terribles indios patagones; tuvo
suerte en Buenos Aires, dijo, y sólo había vuelto a su patria para pasar las
vacaciones. Naturalmente, el padre de ella se enteró, y le prohibió,
terminantemente, continuar tales relaciones.
-Conozco a esos
marineros… -dijo.
Un día, su
padre discutió con Frank, y después de eso ella tuvo que encontrarse en secreto
con su enamorado.
La tarde se
oscurecía en la avenida. La blancura de las dos cartas que tenía sobre el
regazo se iba desvaneciendo. Una de las cartas era para Harry. Su padre había
envejecido últimamente, según había notado; la extrañaría. A veces se portaba
muy bien. No hacía mucho, una vez que ella debió permanecer en cama durante un
día, él le había leído en voz alta una historia de fantasmas y le había
preparado tostadas sobre el fuego. Otro día, cuando su madre aún vivía, fueron
a merendar a la colina de Howth. Recordaba a su padre poniéndose el sombrero de
la madre para hacer reír a los niños.
El tiempo
transcurría, pero ella continuaba sentada junto a la ventana con la cabeza
apoyada en la cortina, aspirando el olor de la polvorienta cretona. Lejos, en
la avenida, podía oír un organillo callejero. Conocía la melodía. Era extraño
que justo esa noche volviera para recordarle la promesa hecha a su madre: la de
atender la casa mientras pudiera. Recordó la última noche de enfermedad de su
madre; estaba en el cerrado y oscuro cuarto situado del otro lado del
vestíbulo, y había oído afuera una melancólica canción italiana. Dieron al
organillo seis peniques para que se alejara. Recordó la exclamación de su
padre, cuando volvió al cuarto de la enferma.
-¡Malditos
italianos! ¡Ni siquiera aquí nos dejan en paz!
Mientras
meditaba, la lastimosa visión de la vida de su madre trazaba una huella en la
esencia misma de su propio ser; aquella vida de sacrificios intrascendentes que
desembocó en la locura final. Se estremeció mientras oía otra vez la voz de su
madre repitiendo una y otra vez, con estúpida insistencia, las voces irlandesas:
-¡Derevaun
Seraun! ¡Derevaun Seraun!
Se puso de pie
con súbito impulso de terror. ¡Escapar, debía escapar! Frank la salvaría. Él le
daría vida, tal vez amor también. Pero deseaba vivir. ¿Por qué había de ser
desgraciada? Tenía derecho a ser feliz. Frank la tomaría en sus brazos, la
estrecharía en sus brazos. La salvaría.
***
Estaba en medio
de la movediza multitud, en el muelle del North Wall. Él la tenía de la mano, y
ella sabía que él le hablaba, que le decía con insistencia algo acerca del
pasaje. El muelle estaba lleno de soldados con mochilas pardas. A través de las
abiertas puertas de los galpones, entrevió la masa negra del barco, inmóvil
junto al muelle y con los ojos de buey iluminados. No respondió. Sentía sus
mejillas pálidas y frías y, desde un abismo de angustia, rogaba a Dios que la
guiara, que le señalara su deber. El barco lanzó una larga pitada fúnebre en la
niebla. Si se iba, mañana estaría en el mar, con Frank, rumbo a Buenos Aires.
Sus pasajes habían sido reservados. ¿Podía volverse atrás, después de todo lo
que Frank había hecho por ella? La angustia le produjo náuseas, y siguió
moviendo los labios en silenciosa y ferviente plegaria. Sonó una campana, que
le estremeció el corazón. Sintió que él la tomaba de la mano.
-¡Ven!
Todos los mares
del mundo se agitaron alrededor de su corazón. Él la conducía hacia ellos, la
ahogaría. Se tomó con ambas manos de la verja de hierro.
-¡Ven!
¡No! ¡No! ¡No!
Imposible. Sus manos se aferraron al hierro, frenéticamente. Desde el medio de
los mares que agitaban su corazón, lanzó un grito de angustia.
-¡Eveline!
¡Evy!
Él se precipitó
detrás de la barrera y le gritó que lo siguiera. La gente le chilló para que él
continuara caminando, pero Frank seguía llamándola. Ella volvió su pálida cara
hacia él, pasiva, como animal desamparado. Sus ojos no le dieron ningún signo de
amor, ni de adiós, ni de reconocimiento.
Este cuento es uno de los quince relatos de James Joyce que forman parte de
su libro Dublineses, escrito en 1906 y que no consiguió
editor para su publicación hasta 1914.
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miércoles, 12 de enero de 2022
Ucrania: tiempo de espera
Quedan pocas
opciones y el tiempo se agota. Los contactos entre los presidentes y las
delegaciones de Rusia y Estados Unidos se intensifican. ¿Qué papel juega la
crisis de Ucrania y qué salidas ofrece? Mientras, los preparativos militares se
acentúan.
Ucrania: tiempo de espera
El Viejo Topo
11 enero, 2022
Quedan pocas
opciones y el tiempo se agota. Los contactos entre los presidentes ruso y
estadounidense se intensifican. Es tal la gravedad de la situación que han
tenido lugar dos conversaciones directas en un mes y se anuncian otras para
enero. En este momento un error de cálculo puede precipitar los
acontecimientos. La OTAN tiene acantonados en las fronteras rusas en un primer
escalón, no menos de 13000 efectivos, 200 tanques, más de 400 vehículos
blindados y 30 aviones (12 españoles), sin contar los soldados y material
propios de cada país. Las provocaciones aéreas, marítimas y terrestres de la
OTAN se intensifican; los vuelos de reconocimiento se doblaron en 2021 respecto
a 2020, el número de maniobras militares sin previo aviso por parte de la
organización Atlántica aumentaron significativamente (en 2021 se realizaron más
de 30). El presupuesto militar se incrementa. La OTAN dispuso en el ejercicio
económico del 2021 un total de 1,174 billones de dólares, unas 18 veces mayor
que el presupuesto militar ruso.
En el campo
diplomático la arrogancia occidental sustituye al sentido común. Las
iniciativas políticas lanzadas por Moscú son rechazadas como sucedió en 2020
cuando se propuso una iniciativa para contener la tensión militar en la zona.
La OTAN respondió rompiendo toda comunicación formal con el Kremlin a nivel de
representación diplomática. La última propuesta de Putin el 15 de diciembre un
Acuerdo (auténtico Tratado de paz) para obtener garantías de que Ucrania no
albergará armas nucleares y que la OTAN se retirará a una profundidad
estratégica de 500 Km no ha sido contestada hasta este momento. La única
manifestación se produjo a través de “La voz de América” altavoz de la
propaganda estadounidense que señaló: “numerosos expertos están preocupados por esta maniobra de Rusia, que
quiere explotar el fracaso de la negociación como pretexto para invadir Ucrania”. Por otra parte el senador republicano Roger Wicker, (cercano en su
momento a Obama y a Biden en la actualidad) miembro de la Comisión de Servicios
Armados del Senado señaló en una entrevista televisiva el 8 de diciembre: “Ustedes
saben que nosotros no excluimos la acción nuclear en primer uso”. Mientras
la OTAN en su conjunto espera órdenes. El gobierno español también calla
obediente, esperando.
La situación
política en Occidente, y esto es especialmente grave, es caótica. La nave
carece de timón y de timonel. EEUU tiene un grave problema de liderazgo; a la
lucha entre sectores de la administración Biden por imponer sus criterios se le
une la indigencia intelectual de los dirigentes de la OTAN que amenazan a Moscú
con desplegar armas nucleares en su frontera, como si esto fuera un juego. Todo
ello sumado a la aparición de nuevos personajes deseosos de dejar una impronta
en la historia. El inefable Josep Borrell reivindica negociaciones directas
entre la UE y Moscú al margen de la OTAN. El que dice ser ministro de
exteriores de la UE no ignora que un agravamiento de la situación
político-militar pondría a la UE de rodillas ya que necesita ese 30% de gas
proveniente de Rusia. El colapso de los puertos y la falta de barcos metaneros
suficientes hace imposible el aprovisionamiento vía EEUU.
El viejo Marx,
siempre tan joven, elevó casi al rango de ley histórica que la decadencia de
los Imperios va asociada a una gran guerra. El Imperio estadounidense decae y
es por ello que la tensión militar se incrementa. Las derrotas cosechadas a lo
largo de varias décadas en Medio Oriente cuyo colofón fue la derrota en
Afganistán, muestran claramente las dificultades cada vez más insalvables del
Imperio para mantener su hegemonía. El costo de las aventuras militares impacta
cada vez en una situación social explosiva, donde la iniquidad social se ha ido
agravando en la misma medida que crece el presupuesto militar. La enorme
mortandad provocada por la epidemia, los miles de fallecidos provocados por las
sobredosis de opiáceos son otro, uno más, de los síntomas de una sociedad rota.
Las imágenes de la toma del Capitolio por una turba de fanáticos de extrema
derecha, hace un año, señala la gravedad de la situación social. Voces como la
del expresidente Jimmy Carter alertan del peligro de enfrentamiento
civil, en declaraciones al The New York Times afirmaba: “(…) Nuestra
gran nación ahora se tambalea al borde de un abismo cada vez mayor». Las
clases dirigentes pretenden ocultar la fractura social galvanizando a la
población tras la bandera. Todo ello oculta la lucha sorda de las élites
dirigentes. Se pretenden ocultar los problemas sociales con el recurso de la
“niebla de guerra”. Desde hace décadas se ha formateado la población Occidental
en la creencia del peligro ruso, de tanto escuchar el mismo sonsonete al final
acabamos dándolo por hecho.
El conflicto
ucraniano no nace en 2014 con la “Revolución del Maidan”; su origen se remonta
a la propia desarticulación de la Unión Soviética tras el tratado de Belavezha
(8 de diciembre de 1991). Posteriormente al desmembramiento de la antigua URSS;
Occidente no cumplió ninguno de los acuerdos, se reinterpretaron, especialmente
la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas. Entre las décadas de 1980 y
1990 la OTAN realizó cinco oleadas expansivas. Las revoluciones de colores en
las antiguas repúblicas ex-soviéticas situaron en el poder a dirigentes
fuertemente dependientes de EEUU y la UE. Occidente promovió la guerra en
Yugoslavia, un aliado clave de Rusia en los Balcanes, para imponer
posteriormente el golpe de Estado en Ucrania disfrazándolo de Revolución
democrática.
Esta
experiencia es la que enarbolan ahora Putin y Lavrov para exigir a EEUU
garantías por escrito y vinculantes internacionalmente de que la política de
cerco y estrangulamiento hacia Rusia no continuará. Fue el núcleo de la
conversación entre Biden y Putin hace pocos días. Al final el encuentro virtual
fue un intercambio de advertencias.
Rusia no
representa un peligro ideológico para Occidente. Pero sin embargo su
desarticulación como Estado es un objetivo largamente perseguido por
Washington. La década iniciada por Putin permitió que el país recuperara sus
grandes recursos naturales, que estuvieron a punto de ser mal vendidos a Occidente,
fue un enorme contratiempo para el Imperio. El control sobre esas riquezas
habría permitido a EEUU mantener su poder unilateral durante otro siglo.
Limitando el crecimiento chino como rival económico y político. En este momento
Rusia está siendo cercada y se la empuja contra las cuerdas. El intento de
golpe de Estado fallido en Bielorrusia, promovido desde occidente, como el
actual en Kazajstán persigue un claro objetivo, aislar y dificultar la conexión
económica y de recursos desde Rusia hacia China. La nueva revolución de los
colores en la ex-república soviética está perfectamente coordinada con la
crisis ucraniana, nada sucede al azar.
La crisis de
Ucrania es también un programa de marketing de armamentos al por mayor. Gran
parte de los senadores republicanos o demócratas norteamericanos y no pocos
políticos europeos, los que abogan por un incremento de la tensión, hace tiempo
que extendieron la mano esperando los cheques de los vendedores de armas. Unos
y otros solo ven el negocio a corto plazo, no tienen en cuenta la gravedad de
la situación y aún menos las consecuencias de la escalada.
Los mercaderes
ven en la crisis ucraniana una ventana de oportunidad para colocar sus armas:
Finlandia ha anunciado la compra de 64 aviones de combate F-35A a Lockheed
Martin (8400 millones de euros) o Raytheon Technologies. Estos aviones tienen
capacidad nuclear y se posicionaran a 200 km de San Petersburgo. Polonia ha
comprado en los últimos días cerca más de 200 vehículos blindados de segunda
mano de EEUU, las repúblicas Bálticas, en especial Lituania ha firmado la
compra por 125 millones de dólares de una partida de misiles anticarro javelin,
(una parte importante de ese material será transferido con toda seguridad a la
propia Ucrania). Se proporcionan armas prohibidas a las brigadas neonazis que
proliferan en el seno de las tropas ucranianas. Ucrania se rearma con
créditos de EEUU (2400 millones) y Reino Unido (200 millones). EEUU aumenta su
presupuesto militar en un 5%, España con, “el gobierno más progresista de la
historia” invierte en nuevos submarinos (el presupuesto inicial de la serie era
de 1800 millones, el costo final superará los 4000 millones), adquiere decenas
de cazas Eurofighter por valor de más de 2000 millones y también gastaremos
otros 1800 en modernizar nuestros Helicópteros Apache. La excusa: la defensa de
la Islas Canarias: la realidad: aviones y helicópteros que irán al escenario
ucraniano. Posiblemente se estacionarán en Bulgaria, que conjuntamente con los
situados en Rumanía y Lituana nos coloca en el epicentro del conflicto militar
si este estalla. Las obligaciones impuestas por el ex-presidente Trump a la
OTAN han incrementado el presupuesto militar en más de 2% respecto al PIB hasta
2014. Nuestro gobierno de coalición obedece. Ni una sola voz se ha alzado en el
Consejo de Ministros sobre esta escalada tan peligrosa.
El 11 de
diciembre el presidente Biden, en lugar de desescalar, informó sobre su
intención de desplegar más tropas en Bulgaria, Hungría, Letonia, Lituania,
Polonia, Rumania, Eslovaquia, la República Checa y Estonia. La excusa defender
a estos países de la amenaza rusa. Moscú arguye que sus maniobras se realizan
dentro de su territorio y responden a la necesidad de la autodefensa. Rusia ha
advertido que pisar las líneas rojas en Ucrania y Georgia implicarían unas
consecuencias “nefastas”. En un mundo con líderes políticos medianamente
inteligentes, esas declaraciones, proviniendo de una potencia nuclear, deberían
tomarse muy en serio. En cambio el Secretario General de la OTAN presumía que
estaban entrenando a las tropas ucranianas y proporcionando armamento
sofisticado. Occidente es un mundo de arrogancia presidido por inteligencias
limitadas. La OTAN desdeña que Rusia tenga intereses legítimos de Seguridad
Nacional, aunque EEUU durante 200 años y gracias a la doctrina Monroe ha
considerado a Latinoamérica su patio trasero.
A diferencia de
otras épocas, en las universidades occidentales, existían pensadores
independientes que no estaban financiados por el conglomerado militar. Hoy la
privatización de los sistemas de enseñanza eleva al estrellato a meros
Rusofóbos pagados por el conglomerado militar estadounidense. Uno de estos
personajes es el Asesor de seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan quien
informa día sí y día también que las agencias de inteligencia creen que
Putin está “considerando” la invasión de Ucrania. La mentira repetida desde
2014 ha hecho que el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU sea incapaz de nada
más que repetir la propaganda de los medios.
Mientras las sociedades
occidentales agobiadas por pandemias y restricciones no se dan cuenta de que el
dedo oculta la luna. El 16 de noviembre se producía un hecho significativo:
Rusia presentaba en la ONU un documento titulado: “Combatir la
glorificación del nazismo, neonazismo y otras prácticas que contribuyen a
exacerbar las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial,
xenofobia y formas conexas de intolerancia” la votación, obtuvo el
apoyo de 130 países, 49 naciones se abstuvieron (entre ellos España), mientras
que EE.UU. y Ucrania votaron en contra. La misma idea de Washington apoyando al
nazismo nos da idea de la bajeza moral que están alcanzando las relaciones
internacionales.
Los
preparativos militares se acentúan. El Kremlin ha puesto en servicio las fuerzas
estratégicas de misiles nucleares, se está cerrando la ruta del mar del norte
mientras los regimientos de interferencia electrónica se optimizan para dejar
ciegos a los radares norteamericanos (el ejército ruso tiene una reconocida
ventaja en este campo), la paciencia del Kremlin tiene también un límite y si
continúan las provocaciones en el Mar Negro no es descartable que Rusia lo
cierre.
El 30 de
diciembre, Vladimir Putin conversó nuevamente con Joseph Biden. La
videoconferencia retomó la conversación del 7 de diciembre; ¿cómo proporcionar
a Rusia las garantías jurídicas que pide? El hecho más significativo es el
acuerdo para continuar las negociaciones en Ginebra el 9 y 10 de enero y más
tarde con la OTAN el 12 y finalmente con la OSCE el 13. El acuerdo de los dos
presidentes es supervisar personalmente estas vías de negociación especialmente
las bilaterales con el objetivo de alcanzar resultados rápidamente. Queremos
pensar que se abre un ventanuco al acuerdo.
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Sobre la reconstrucción de la izquierda
Transcripción
de la conferencia dada por Manolo Monereo en Barcelona el 19 de octubre de 2021
en la cervecería Abirradero. Un marco informal para una charla de alcance, en
la que el conferenciante efectúa un análisis y formula una propuesta.
Sobre la reconstrucción de la izquierda
El Viejo Topo
10 enero, 2022
Quisiera
empezar con un pequeño prólogo en torno a dos frases; una, atribuida
indistintamente a Jameson o a Zizek, dice que “es más fácil imaginar el fin del
mundo que el del capitalismo”. Una frase que refleja una inmensa derrota. No
hay posibilidad de emprender ningún proyecto de reconstrucción de la izquierda
sin partir de que la gran cultura obrera organizada, la que construyó el
socialismo, el comunismo y el anarquismo, ha sido derrotada en la configuración
de un imaginario alternativo, de un proyecto alternativo de sociedad. Hasta el
punto de que puedo imaginar el fin del mundo, pero ya no mantiene su vigencia
una famosa segunda frase: “socialismo o barbarie”. Porque ha desaparecido el
socialismo y hay muchísima barbarie sobre nosotros. Por tanto, cuando hablemos
de la reconstrucción de la izquierda y sus inmensos problemas hay que partir de
esta realidad, sin lo cual no entenderíamos lo que está pasando.
Y hay un
segundo asunto en el que me ha hecho pensar un libro reciente de Luciano
Canfora, La metamorfosis, que aborda un problema importante para la
izquierda europea: vivimos en un continente en el que somos revolucionarios sin
revolución. Vivimos en un mundo (y esto ya lo decía Hobsbawn) en el que no hay
condiciones revolucionarias. ¿Cómo ser revolucionario en condiciones no
revolucionarias? Lo diré de otro modo: si atendemos a lo que decía Lenin sobre
las condiciones de la revolución, ¿cuántas veces ha habido condiciones para la
revolución en Europa en este último siglo? Desde 1917, si lo pensamos bien,
solo dos, 1917 y 1945. Siendo optimistas, digamos que también en el 68. Aunque
sobre eso tengo una opinión muy firme en contra. Pero admitamos que también el
68 fue un momento de revolución. Lo diré de otra manera: son tres momentos
revolucionarios en un siglo. Ha habido otros intentos, pero sin que se hayan
dado condiciones para que tuvieran éxito esas revoluciones.
El joven
Lukács, que fue el primero en escribir un libro serio sobre Lenin intentando
calibrar su pensamiento, hablaba de Lenin y la “actualidad de la revolución”.
Pero la actualidad de la revolución de Lenin dura exactamente de 1917 a 1922,
ahí se acabó, y vino la actualidad de la contrarrevolución. Nos quedó el pobre
Gramsci dándole vueltas a por qué habíamos sido derrotados. Tiene importancia
partir de ese dato porque toda la cultura de la III Internacional se centraba
en luchar por una revolución que se consideraba inminente. En el 1922 llegó
Mussolini al poder, y de ahí en adelante la historia de Europa es la de una
contrarrevolución vencedora contra una insurrección proletaria que ha sido
derrotada.
Voy a intentar
ahora hacer lo que en los viejos tiempos se llamaba un análisis de fase e
intentar definir la fase en la que estamos, siempre con la idea de que esta
charla es una intervención abierta que tiene que ser continuada.
El primer hecho
fundamental de esta etapa, lo que marcará los próximos 20 o 30 años, es la gran
transición geopolítica que estamos viviendo. A mí me asombra que la izquierda
no preste atención a este asunto, sobre todo la izquierda española. Por primera
vez en mucho tiempo estamos delante de una sucesión en la hegemonía, donde el
poder omnímodo de EE.UU. está siendo puesto en cuestión por una potencia
emergente, por un nuevo bloque histórico-social emergente encabezado por China,
país en el que se ha producido el hecho histórico-social más importante de la
modernidad: la revolución china y sus consecuencias. Nunca en la historia de la
Humanidad un país había sacado de la pobreza en cuarenta años a 800 millones de
personas, nunca. Un hecho que ha sucedido ante nuestros ojos y del que no nos
atrevemos a hablar, porque ha sido una potencia “autoritaria” la que ha
“cometido el error” de sacar a 800 millones de la pobreza. Estamos hablando de
800 millones de chinos que son los que van a encabezar la insurrección de
Oriente y la derrota de Occidente. Este hecho fundamental va a desarrollarse
frente a una enorme ofensiva de EE.UU., nación que no aceptará jamás, jamás, ser
desposeída de su poder. Y llegará a la guerra. No tengo ninguna duda de esa
posibilidad. Ese es para mí el gran momento histórico-social que estamos
viviendo. Todo lo demás acaba por ser secundario.
Por primera vez
tras la caída de la URSS una potencia desafía al imperio estadounidense, en el
marco de una alianza más amplia, y lo cuestiona. Pero con una diferencia: esa
potencia tiene una capacidad económica que nunca tuvo Rusia. China le disputa
la economía a EEUU, cosa que nunca pudo hacer la URSS. En alianza militar con
Rusia, eso supone un poder enorme. El gran problema será (Graham Allison,
académico, ligado a los órganos de inteligencia norteamericanos lo ha explicado
muy bien) si al final de esta historia caeremos en la trampa de Tucídides o no;
en otras palabras, si tenemos la guerra a la vuelta de la esquina. Por lo
pronto estamos inmersos en una gran revolución tecnológica que también se está
aplicando en el terreno militar, y con un incremento sustancial de todos los
presupuestos militares ante el hecho de que EEUU ya ha empezado a desplegar una
guerra híbrida contra Rusia y China. En esto no hay diferencias entre Biden y
Trump: cada día se parece más el “compañero” Biden al “fascista” Donald Trump.
Y digo lo de compañero porque aparentemente la izquierda está enamorada de
Biden, este “gigante” de la democracia americana.
El segundo dato
clave de la fase actual es la crisis de la globalización capitalista. No
entraré mucho en esto ahora. Recientemente Juan Torres escribió un artículo muy
certero explicando algo que no se quiere que advirtamos: que esta crisis post
pandémica no ha hecho más que empezar; resueltos los problemas de la demanda,
empezamos a tener problemas muy serios de la oferta. Y tenemos ya un problema
energético, por no hablar del alimentario. Lo que hay detrás y que no se ve es
que se están rompiendo las cadenas de valor de la economía mundial. La
economía-mundo se fue articulando con la fábrica-mundo sita en China, y eso
creó unas cadenas de valor donde se fueron integrando los procesos productivos
fragmentariamente articulados que luego se unificaban en las casas matrices de
las grandes empresas. Se está produciendo la ruptura porque el mundo se está
dividiendo geopolíticamente y se están configurando diversas regiones-mundo en
función del futuro. Se rompe la globalización.
La tercera pata
de la actual crisis es el agravamiento de la situación ecológica del planeta:
esa crisis ya no tiene vuelta de hoja. Los recursos se van a convertir en los
grandes objetivos geopolíticos en esta fase. Que una potencia como Alemania,
aliada de EEUU., que debido a su consumo energético se vea obligada a llegar a
un acuerdo con Rusia que implica cambios geopolíticos que afectan a Ucrania,
Polonia, Chequia, Hungría, tiene que ver con estos graves problemas ecológicos.
Todo el mundo sueña con energías alternativas, pero ni tenemos energías
alternativas ni cambiamos de modo de producción. Nos encontramos con que China
ha puesto en pie toda la industria del carbón, que estaba intentando cerrar,
para dar respuesta a esta crisis energética que estamos viviendo.
La cuarta
cuestión es la más decisiva. Tiene que ver con Oriente y Occidente. Tuve un
maestro, Aníbal Quijano, padre del pensamiento descolonial, que decía que con
el “descubrimiento” de América se produjo la unificación del planeta en torno a
Occidente. Fue la llegada de la unificación del sistema económico que llamamos
capitalismo, la modernidad y el triunfo del racismo. Esos tres elementos
enseñoreaban un mundo en el que Occidente era el mundo y sus valores y cultura,
las del mundo. Eso se ha terminado. Dramáticamente, porque Oriente, las densas
culturas de India, de China, de Laos… emergen. A ese período, el que acaba, un
joven chino, un chino culto lo llama hoy “de la humillación”, porque fue el
período en el que el Imperio Medio fue fustigado por Occidente (guerras del
opio, colonialismo…). Una humillación que sigue viva. Hoy, Oriente reaparece. Y
cuando hablamos de una transición del mundo unipolar a multipolar, que es lo
que estamos viviendo, en ella habrá un elemento que será civilizatorio, de
cultura política. Occidente tendrá que vérselas por primera vez con
civilizaciones que no van a aceptar sus valores, que van a disputarle la
hegemonía de esos valores. Si el viejo Spengler levantara la cabeza, vería que
la decadencia de Occidente ya ha llegado. Todavía no sabemos qué consecuencias
va a tener para nuestro mundo la presencia de otro mundo que crece y se
desarrolla. Y para 2040 China ya no será la primera potencia demográfica, lo
será la India, porque China ya está en plena transición demográfica.
Así pues, el
tema central es que Occidente está perdiendo su centralidad en la
economía-mundo y que el poder se está desplazando a Oriente, y también las
posibilidades de guerra. El reciente tratado Aukus (Australia, Gran Bretaña y
Estados Unidos), al que se va a unir un estado subalterno, Japón, militarmente
ocupado, y también Corea del Sur, es muy significativo, y la escasa capacidad
política, económica y militar de la Unión Europea ha sido puesta en evidencia.
Para entender el mapa del mundo: por el estrecho de Taiwán y Malaca pasa hoy el
80% de todo el petróleo que consume China y el 60% del valor del comercio
mundial. La economía-mundo se está articulando en esa zona. Y con un rearme
sistemático y de grandes dimensiones. EE.UU, sorprendido ante el éxito del
misil hipersónico chino, se está dando cuenta de que la alianza Rusia-China
está generando un intercambio de artefactos militares de gran importancia y de
última generación. Estamos ante una aceleración de la competencia entre grandes
países, que van a luchar hasta el final, y creo que la posibilidad de la guerra
es muy clara, bien directa, bien a través de potencias intermedias. En la
trastienda de esa guerra hay otra guerra cibernética, conflictos híbridos, el
empleo de inteligencia artificial en la industria militar. Estamos muy cerca de
un conflicto general que a su vez va a llevar a un cambio en el eje de las
civilizaciones que dirigen el mundo. Un cambio como nunca habíamos visto antes.
Oriente se va a liberar y le va a disputar a Occidente la hegemonía. China,
Pakistán, Indonesia –que es el país islámico de mayor tamaño del mundo– querrán
también jugar un papel en ese mundo que se avecina. Un mundo que contempla el
agravamiento de los problemas ecológicos y sociales.
¿Y Europa,
dónde está? No se la espera. No quiero entrar demasiado en el
planteamiento de la UE, con su idea de “autonomía estratégica” que,
supuestamente, culminará con una reunión de la OTAN en Madrid (con la idea de
acordar cómo acorralar a Rusia y derrotar a China y reflexionar sobre cuál es
el papel de Europa en esa alianza con EE.UU.). Aunque no se hable demasiado en
los medios de comunicación, este es para Europa el tema más importante en este
momento. ¿Qué es lo que no ha definido Europa aún? ¿Estamos en un mundo
multipolar? ¿Defendemos un mundo multipolar? Hasta ahora Europa ha sido el gran
aliado de EEUU, ha defendido un mundo unipolar, una defensa que ha durado 20
años, lo cual no es mucho en términos históricos. Pero Europa, en este momento,
es incapaz de actuar como un sujeto político autónomo a nivel internacional y
defender un modelo propio; sigue comportándose como aliado militar subalterno
de EE.UU. que se lo está pagando con un enorme desprecio. “Ustedes enfréntese
con Rusia, y con eso ya cumplen; de Asia, me encargo yo” parece haberle dicho
Biden a los europeos. Antes ya se lo había dicho el fascista Trump.
¿Dónde está el
problema? Cuando hablo de España, no hablo como de un país soberano. Para mí,
España es un país de democracia limitada, cuyos intereses fundamentales los
define la UE. La UE y la OTAN son dos caras de un mismo proyecto global de
clase, y eso tiene consecuencias para nuestra democracia. Una parte fundamental
de nuestra soberanía está definida por Europa y España lo acepta encantada.
También lo hace el pueblo español, que parece haber asumido que es más
preferible ser aliado subalterno de Alemania que un país democrático y libre en
un mundo como este. Las élites han asumido que no hay más mundo que el que supone
la UE que, por cierto, les resuelve muchos problemas que ningún gobierno
español podría resolver si la soberanía residiese en el pueblo español.
Lo que diré a
continuación me acarreará críticas y estúpidamente el calificativo de
“rojopardo”: se nos dice que el problema de España es una lucha entre
democracia y autoritarismo (es la línea oficial de la izquierda española), pero
yo no estoy de acuerdo con esa idea. Creo que eso oculta la verdad: que estamos
transitando hacia un régimen no democrático, hacia una plutocracia. Y son las
élites las que lo están haciendo. ¿Eso quiere decir que ya no hay que luchar
contra el fascismo? Pues claro que hay que luchar. ¿Quiere decir que no hay que
luchar por las libertades? Claro que hay que luchar. Ahora bien, pensar que
esta democracia va a generar el consenso, el imaginario de una lucha contra los
poderes establecidos es no entender lo que está pasando. La UE, cada vez más,
se convierte en el poder que determina el gobierno de los Estados miembros, y a
su vez, la democracia y los derechos se están restringiendo en estos Estados
individualmente considerados. La UE es una superestructura que decide por
nosotros porque está hecha para que decida por nosotros.
Yo no considero
que el ordenamiento jurídico europeo esté por encima del ordenamiento jurídico
de los Estados aunque sea Polonia quien lo diga. ¿Por qué? Porque entonces
habríamos cambiado de Estado y de régimen sin enterarnos. Y para cambiar
nuestra Constitución sería necesario un proceso constituyente, habría que dar
la voz al pueblo (que es justamente lo que intenta evitar la UE, que la
democracia llegue a los Estados).
¿Cuál es la
situación de la izquierda en este momento? El orden de mi exposición ha tenido
un propósito: demostrar la insuficiencia de esta izquierda para entender los
fenómenos que estamos tratando. Es la crítica de fondo que se puede hacer a la
izquierda: no tenemos ni conocimiento, ni capacidad, ni cuadros, ni cultura
para entenderlos. Esto ya ha ocurrido en la historia del movimiento obrero.
Pero hay una época, que es la más fructífera del marxismo en su historia, que
va de 1870 a 1914: en esos años hubo un cambio de etapa del capitalismo que,
creo, es de menos calado que el que ahora tenemos por delante. Y ahí
aparecieron todas las grandes espadas: Kautsky, Lenin, Rosa, Bujarin…
Todos aparecieron en el debate sobre qué era eso del imperialismo. El marxismo
estuvo atento, el cambio de naturaleza del capitalismo no puede ser dejado solo
a las elites dominantes, y el marxismo transformó la teoría en política, y de
ahí trabajó en la perspectiva revolucionaria. Ese fue el gran debate que no
hemos tenido ahora. Por lo tanto, hablar de la izquierda, sí, pero partiendo de
su debilidad ideológica, política, orgánica y estratégica. Debilidad que se esconde
muchas veces tras sus resultados electorales. Pero si algo nos demuestra Italia
es que la izquierda puede desaparecer. Y yo no estoy de acuerdo con que
desaparezca la izquierda en España. La que hay es la que nos toca, con sus
debilidades y problemas. Pero hay que saber que no está a la altura de las
circunstancias. ¿Qué relación deberíamos tener con esta izquierda? Debemos
romper con la esquizofrenia con la que vivimos nuestra relación con ella.
Unidas Podemos, guste más o guste menos, es la izquierda alternativa más fuerte
en Europa. Es una paradoja que sea tan débil pero también tan fuerte. La gran
peculiaridad de España (y de Portugal y en parte de Grecia), que ya no tienen
Italia ni Francia, y que se ha visto que es poco consistente en Alemania, es
que el clivaje, la contraposición entre izquierda y derecha sigue siendo un
elemento importante. En otros sitios ya no. En las próximas elecciones
francesas, la elección se dirimirá entre tres derechas. En muchos países la
izquierda ya no cuenta para casi nada. El gran problema, que tiene que ver con
lo que pretende discutir El Viejo Topo –y pretendemos discutir
nosotros– es qué relación mantener con la izquierda hoy en el Gobierno y qué
hacemos los que no nos sentimos parte de esa izquierda. Un problema que se
puede agudizar con el tiempo.
Hay unas
reflexiones que pueden darnos algunas pistas; me refiero a las Conversaciones
con Lukács, que se editaron en España en el 69. Dijo Lukács algo así como
que él no veía un movimiento socialista potente en la época (y ahí estaban el
gran PCI, el PCF, la URSS…), y que lo que tocaba hacer era un trabajo
democrático y de lucha contra la manipulación. Tengo ahora la convicción de que
deberíamos hacer dos cosas: apoyar en lo positivo a las izquierdas existentes y
crear un espacio propio no electoral, no institucional. La crisis del
socialismo, de la cultura alternativa al capitalismo, no se va a superar en
tres días, será un trabajo de generaciones. Hay que hacer política al día con
lo que hay disponible pero ir más allá creando un tipo de formación política
que no sea un partido, pero que actúe para hacer varias cosas: recoger la
memoria de lo que fuimos, crear cuadros, analizar la realidad con ciencia y con
conciencia, y actuar políticamente en los ámbitos que podamos. No quedarnos
solo en el estudio de la realidad. Esta izquierda tiene una gran debilidad que
los gritos de “socialdemocracia, socialdemocracia” de Pedro Sánchez no
consiguen eliminar, mientras que la operación Yolanda Díaz está
todavía en proceso. Por lo pronto no hay ni una sola idea, lo que tiene mérito.
Eso de “oír” me encanta, pero no creo que salgan de ahí demasiadas ideas;
porque las ideas en política se organizan, no se escuchan.
Así que, por un
lado, el desafío es enorme. Por otro, debilidades manifiestas. Debilidades que
obligarán a un cierto litigio entre la izquierda existente y la izquierda que
todavía no existe y que ha de ir más allá, ha de prepararse organizadamente y
definir proyectos que hoy no están encima de la mesa. Hace falta un núcleo
de reflexión, estudio y acción, articulado en una federación que se plantee
en serio algunas cosas fundamentales que la izquierda no hace y tengo la
impresión que no piensa hacer. En primer lugar, no basta con hablar de
socialismo y de república, hay que incluir en la agenda política el socialismo
como perspectiva. Hoy es obvio que no lo está, y los partidos existentes no lo
van a hacer. Tampoco les interesa hacerlo y hay quien incluso lo desprecia
públicamente. De modo que lo primero es organizarse para armar un proyecto
alternativo de sociedad, sabiendo que somos minoría, pero sin desconectarse de
la política real.
Segunda
cuestión, una defensa intransigente de la soberanía popular y del Estado
nacional. Intransigente. Combinado siempre con el internacionalismo, como no
podía ser de otra forma. Por decirlo de una manera clara y contundente:
renunciar a España y regalársela a la derecha es un error histórico que ya
estamos pagando. Hay que disputar España en el imaginario social y no dar la
partida por perdida. Si perdemos, perdemos la conexión con nuestro país y no
tenemos otro. Un tema decisivo, ¿qué tiempos son estos en que uno tiene que defender
lo evidente? Yo lo aprendí en el PCE, y lo aprendimos de las mejores
experiencias de la Internacional Comunista. Una clase obrera no puede ser clase
dirigente de un país si no es capaz de encabezar un proyecto nacional. Tal y
como hizo el PCE en la República.
Tercera
cuestión de fondo, luchar en serio por la República. No como consigna
electoral, no como identidad. No quiero tener solo identidad republicana,
quiero un proceso constituyente para la República, emprender una batalla por la
República. La idea de poder constituyente es una idea central de la modernidad,
pero también de las clases trabajadoras y del pueblo, que es lo que se quiere
evitar. Estamos en un proceso de cambio de régimen sin que se modifique la
Constitución. La idea de la República como autogobierno, como soberanía popular
tiene una enorme importancia.
En cuarto
lugar, hay que ir más allá del Estado Social que hemos conocido. Porque hemos
visto una cosa importante, que es reversible. Hacen falta nuevas reformas que
permitan ir hacia una democracia económica como vía a una nueva lógica para el
socialismo. Un nuevo concepto de democracia que haga irreversibles los derechos
y libertades públicas, pero específicamente el gobierno democrático de las
mayorías.
La izquierda en
el Gobierno tiene una idea que comparten Pedro Sánchez y UP: hipótesis liberal
y europeísmo fuerte, similar a la mayoría de los gobiernos de la UE. Todo lo
fían a la idea de que, una vez pasada la pandemia, la UE no volverá a las
políticas de austeridad y que ya se ha consolidado un nuevo paradigma.
El último mes, España se endeudó en 36.000 millones de euros y recibió de la UE
9.000 millones. Esa es la diferencia, esa es la realidad. ¿Dónde van a ir los
fondos de recuperación? ¿Van a ir a las pequeñas y medianas empresas? ¿A los
ayuntamientos? ¿A la España vaciada? No, van a ir a las grandes empresas. ¿Y no
es tonto fortalecer a los que impiden la democratización de España, hacen
campañas permanentes contra Pablo Iglesias y contra Unidas Podemos? Alimentar a
la bestia que pretende devorar a las izquierdas y a las clases populares no
parece que vaya a ser el mejor camino. Ya sabemos que la parte gruesa de los
36.000 millones que nos van a llegar irá a reforzar a los grandes oligopolios
de la energía y el transporte bajo el pretexto de la transición energética.
Tenemos un dilema difícil de resolver: o somos capaces de democratizar la
economía y poner límites a la oligarquía que nos gobierna o la democracia
española seguirá en un proceso de involución. Bastará con que aprieten las
tuercas un poquito en Bruselas o que lleguen las derechas al Gobierno para
darnos cuentas de que estamos viviendo en una situación política delicada. Así
que daré una mala noticia y una buena. La mala, la izquierda por la que muchos
de nosotros luchamos, no va a venir; hay que partir de la que existe,
comparable a la que hay en Europa. La buena noticia, como siempre, es que el
cambio depende de nosotros, de nuestro compromiso y capacidad de acción. Unos
jóvenes airados en 1848 nos dijeron dos cosas importantes en un manifiesto: que
los comunistas se distinguían de los demás partidos en que no formaban un
partido aparte del partido del proletariado y que en cada lucha cotidiana no
olvidan el objetivo final del socialismo.
Por eso, cuando
he hablado de federación, de un conjunto de asociaciones autogestionadas con
objetivos de reflexión, memoria, estudio y acción, estoy hablando de encontrar
una salida política que nos permita, por un lado, hacer política y ayudar en
cuestiones concretas (por ejemplo, al movimiento de los pensionistas) y de la
necesidad de autoorganizarnos en un proyecto alternativo de vida y de sociedad.
Y hacerlo con modestia, pero con coraje y dignidad moral para no rendirse en
este mundo que tenemos y ante el que viene. Memoria, análisis, cuadros y acción
política, es lo que necesitamos. No es poco. Pero es imprescindible.