viernes, 7 de enero de 2022
Presidencia kazaja: Francotiradores con fusiles especiales actuaron junto con los delincuentes durante los disturbios [Habrá que condenar la violencia venga de donde venga aunque sea de los francotiradores, sus promotores y de quienes los financian]
Presidencia kazaja:
Francotiradores con fusiles especiales actuaron junto con los delincuentes
durante los disturbios:
DIARIO OCTUBRE
/ enero 7, 2022
Francotiradores
con fusiles especiales habrían actuado junto con los “terroristas” durante los
disturbios en Kazajistán, afirmó este viernes el primer jefe adjunto de la
Administración Presidencial kazaja, Daurén Abáev, informa TASS.
El alto
funcionario precisó que los delincuentes armados habrían utilizado sus propios
medios de comunicación para coordinar sus acciones. “Los invasores actuaron de
manera profesional, sobre todo se apoderaron y destruyeron los edificios
administrativos de la ciudad [Almatý], las oficinas de canales de televisión.
Hubo varios intentos de salir en directo en la televisión nacional”, agregó.
FUENTE: actualidad.rt.com
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La economía en 2022, más nubes que claros. La economía en 2022, más nubes que claros. [El profesor Juan Torres López es uno de los escasísimos intelectuales o científicos sociales honestos que hoy tiene España, y a resultas de esa honestidad intelectual suya llega a conclusiones lógicas. El conocimiento (conclusión lógica de Torres López) precede a la acción. Y esto siempre es inexorablemente así. Pero el paso del conocimiento a la acción no constituye un acto mecánico que se produzca de forma automática sino que es un proceso humano que tiene que ser generado socialmente, construido políticamente. Este aspecto del paso del conocimiento a la acción no se contempla en el artículo de Torres López que se transcribe más abajo por la sencilla razón de que él no plantea erradicación alguna del modo de producción capitalista para ser sustituido por un nuevo modo de producción. Él describe una situación que desde el punto de vista formal-académico y desde su punto de vista merece pocas o ninguna crítica. Cosa distinta es cuando se abandona la formalidad académica oficial y se adentra uno en el terreno científico marxista, el que como cualquier otro aspecto humano no está ni puede estar exento de cuestiones ideológicas (formas de ver e interpretar la realidad). Los que propugnan el mantenimiento del capitalismo bajo alguna de sus innumerables formas, deliberadamente o no, explícitamente o no se sitúan a favor de los intereses de una exigua minoría, la capitalista, es decir, en la esfera ide0lógica del capitalismo frente a los intereses de la inmensa mayoría de la población que representa el trabajo, mientras que la postura radical y contraria, la que adopta el punto de vista favorable a los intereses del trabajo que constituye la inmensa mayoría de la sociedad la representa el marxismo, que por ser ciencia no parte de ninguna suposición imaginada sino de hechos materiales que pueden ser contrastados, y así, en la crisis capitalista de 2008 no ve una crisis que como todas las anteriores en la historia del capitalismo pueda ser superada, como puede ser comprobado empíricamente (con datos) desde entonces a hoy, situación que afianza y corroboran todas las prospecciones capitalistas de futuro que existen, sino la culminación del máximo grado de desarrollo y progreso social que puede llegar el modo de producción capitalista, marcando de esta manera el principio (2008) del proceso historíco de su desaparición como modo de producción histórico dominante para ser sustituido por un nuevo modo de producción histórico más desarrollado y perfecto: el socialismo, que es lo que propugnamos los marxistas (cuando lo propugnemos en la práctica)]
La economía en 2022, más nubes
que claros
Rebelion
05/01/2022
Fuentes: Ganas
de escribir
La mayoría de los economistas y organismos internacionales creyeron que
2022 sería el año de la definitiva normalización de la economía internacional
tras la pandemia, después de una recuperación que se presumía potente y sin
grandes obstáculos en el que está a punto de finalizar.
A la vista de
cómo han ido evolucionando las circunstancias, todo hace indicar que estaban
bastante equivocados y que 2022 puede ser otro año lleno de sobresaltos y
dificultades económicas.
Como era de
esperar desde el momento en que los países ricos acumularon vacunas dejando sin
ellas a los más pobres, la pandemia no se acaba. Los sucesivos brotes han
supuesto sobresaltos continuos que frenan la actividad económica y aumentan la
vulnerabilidad, no solo económica sino también social y política en casi todos
los países. Mientras no cambie la estrategia global de vacunación, no habrá
recuperación definitiva posible. Las variantes del virus seguirán brotando y
las economías volverán a resentirse por la incertidumbre, tensiones y frenazos
que ya hemos visto que produce la Covid-19.
Lejos de
resolverse en 2022, los desajustes entre oferta y demanda se agudizarán en
todas las economías, por tres sencillas razones. Porque no son, como se dice,
simplemente coyunturales o producidos por la pandemia sino que venían de antes;
porque prácticamente no están recibiendo ningún tipo de respuesta por parte de
los gobiernos, mientras que las grandes corporaciones refuerzan los
comportamientos que produjeron el problema; y, finalmente, porque se trata de
desajustes que se autoalimentan, al provocar incertidumbres y costes que
obligan a modificar constantemente las previsiones y expectativas y dificultan
la consolidación de estrategias a medio y largo plazo, y porque incentivan
-como mecanismo de defensa- la concentración empresarial que desarticula los
mercados.
Lo que está
ocurriendo, en realidad, es que la globalización de los últimos cuarenta años
hace aguas y nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato: China cambia su
modelo y estrategia para garantizar su autonomía y Estados Unidos trata de
consolidar y reforzar su dominio imperial cuando se debilita su hegemonía
económica; mientras que el Reino Unido, Japón, la Unión Europea o Rusia tratan
de no verse arrastrados por el vendaval. Todo parece indicar que 2022 puede ser
el inicio definitivo de una nueva etapa de guerra fría, uno de cuyos efectos
será inevitablemente la creciente tensión geopolítica que perturbará y
debilitará cada día más a las economías de todo el mundo.
La industria
mundial se encuentra en crisis desde antes de la pandemia; los sistema
logísticos y de aprovisionamiento se estaban empezando a reestructurar cuando
los confinamientos y sus secuelas los han envuelto en un auténtico caos; los
mercados de materias primas siguen siendo coto de la especulación, exacerbada
cuando la situación se hace, como ahora, más inestable; los precios de la
energía se disparan a causa del agotamiento secular de la oferta, de los
conflictos políticos y del gran poder concedido a los oligopolios que dominan
la producción y distribución; y el cambio climático, las catástrofes y las
amenazas de shocks sistémicos cada vez más presentes y graves, obligarán a
asumir costes extraordinarios, se quiera o no, para paliar sus efectos.
Por todas esas
razones, los precios no se van a moderar en 2022 y eso va a suponer otra fuente
añadida de dificultades económicas. No se va a detener su crecimiento, en
primer lugar, porque no va a desaparecer el conflicto de intereses y la
asimetría de poder en los mercados que está produciendo su subida en medio de
los desajustes y tensiones de todo tipo que acabo de mencionar; en segundo
lugar, porque los bancos centrales no tienen instrumentos para combatir el tipo
de inflación que se está disparando; y, finalmente, porque una vez abierta la
espoleta y creadas expectativas de inflación, al no haberse combatido de raíz,
las subidas de precios se autoalimentan sin remedio. Cuando los precios
industriales están subiendo en algunos países en torno al 35%, es una quimera
pensar que la subida podrá detenerse en unos pocos meses, como nos quieren
hacer creer los desnortados responsables de los bancos centrales.
Por otro lado,
es muy difícil que las economías mejoren sustancialmente en el próximo año
cuando ni los gobiernos, ni los bancos centrales que aplican las políticas, ni
los economistas de la corriente mayoritaria que las inspiran o proporcionan
doctrina, tienen claro qué se debe hacer, ni por qué están haciendo lo que
hacen.
A las políticas
fiscal y monetaria de nuestro tiempo se les puede decir lo de la copla: ni
contigo ni sin ti, tienen mis males remedio. Como ha escrito hace unos
días Robert
Skildesky, la política monetaria funciona en teoría, pero no en la
práctica, y la política fiscal funciona en la práctica, pero no en teoría.
El resultado es la improvisación, choques entre unas y otras y respuestas
puramente cortoplacistas, aunque con un doble efecto seguro: aumento de la
deuda en favor de la banca y la mayor concentración de riqueza en pocas manos
de la historia.
Quienes
gobiernan las economías lo están haciendo con instrumentos cuyo manual de
funcionamiento desconocen o que responde a modelos, situaciones o problemas
anteriores, y sería otro auténtico milagro que así se pueda disponer de
respuestas y estrategias que garanticen estabilidad, ni siquiera a corto plazo,
y la seguridad o certidumbre que precisa la vida económica para desenvolverse
sin caídas constantes.
A todo ello
cabe unir el viejo problema de la vulnerabilidad extrema del sistema financiero
internacional, cada vez más concentrado y expuesto a niveles de riesgo
sistémico extraordinarios que trasvasan al aparato productivo, a las empresas y
los hogares en forma de sobrecostes, endeudamiento innecesario y falta de
asistencia financiera. Un proceso que no sólo no se frena sino que se permite,
se financia e incluso se incentiva y que será otro lastre que impedirá la
recuperación económica generalizada en 2022.
No se piense
que hago un análisis pesimista. Sucede que el mundo es pésimo, como decía José
Saramago, de cuyo nacimiento, por cierto, hará un siglo en noviembre del año
que empieza.
Es pésimo porque
ni aprendemos ni parece que estemos dispuesto a hacerlo.
Por si no lo
teníamos claro, la pandemia ha puesto sobre la mesa que la vida en el planeta
es frágil, que alterar las leyes naturales tiene consecuencias trágicas y que
ni los mercados ni el afán de lucro como único objetivo de la actividad
económica pueden proporcionar soluciones adecuadas a los problemas
verdaderamente graves de la humanidad.
Hemos podido
comprobar fehacientemente que la cooperación, la solidaridad y la salvaguarda
prioritaria del interés común no son una mera opción moral sino la estrategia
más pragmática para la supervivencia. Se ha demostrado que la intervención del
Estado, el conocimiento compartido y la financiación adecuada de los servicios
públicos esenciales son la única forma de garantizar el bienestar humano y
también la eficiencia o incluso la propia vida de las empresas y el capital
privado.
Y estamos
comprobando con la sexta ola del coronavirus que no actuar conforme a esos
principios vuelve a hacernos frágiles y a exponernos a nuevos riesgos.
Pero ni
siquiera tener esas evidencias delante de nuestros ojos nos ha servido para
hacer bien las cosas.
Seguimos
dejando las manos libres a quienes siembran el desorden; es verdad que los
gobiernos y las grandes instituciones utilizan mayor munición, incluso negando
sus propias doctrinas previas, como he dicho, pero no dejan de empujar a las
economías por el mismo carril que destroza el planeta y multiplica la
desigualdad. Se permite que las instituciones que deben defendernos se degraden
y -¡seamos claros de una vez!- se fomenta el uso de la mentira y la
confrontación civil como un instrumento más para consolidar el poder económico
y financiero que domina el mundo.
Puesto que las
cosas nunca son completamente blancas o negras, tendremos tendencias económicas
contrarias y complejas en 2022, pues ni todos los gobiernos son iguales ni
todos los sujetos o grupos sociales con más o menos poder económico se mueven
en la misma dirección, o tienen el mismo interés. Pero me temo que la degradación
paulatina, la inestabilidad, el desconcierto y el agravamiento de los problemas
es lo que más probablemente puede ocurrir cuando no cambian los principios ni
el encuadre general en que se mueve la economía.
Fuente: https://juantorreslopez.com/la-economia-en-2022-mas-nubes-que-claros/
jueves, 6 de enero de 2022
La CIA en la recolonización encubierta de África
La CIA en la
recolonización encubierta de África
Diario
octubre / enero 6, 2022
En
1958, un año después de independizarse del dominio colonial, Ghana acogió una
conferencia de dirigentes africanos, la primera reunión de este tipo en el
continente. Por invitación del recién elegido primer ministro de Ghana, Kwame
Nkrumah, que aparece en la foto de portada, asistieron más de 300 dirigentes de
28 territorios africanos, entre ellos Lumumba, del todavía Congo belga, y
Frantz Fanon, que entonces vivía en la Argelia francesa. Fue una época de
potencial ilimitado para un grupo de personas decididas a trazar un nuevo rumbo
para sus tierras. Pero el anfitrión quiere que sus invitados no olviden los
peligros que les acechan. “No olvidemos tampoco que el colonialismo y el
imperialismo pueden seguir llegando a nosotros de otra forma, no necesariamente
desde Europa”.
Los
agentes que Nkrumah temía ya estaban presentes. Poco después de comenzar el
acto, la policía ghanesa detuvo a un periodista que se había escondido en una
de las salas de conferencias cuando, al parecer, intentaba grabar una sesión a
puerta cerrada. Como se descubrió más tarde, el periodista trabajaba en
realidad para una organización de fachada de la CIA, una de las varias
organizaciones representadas en el evento.
La
académica británica Susan Williams pasó años documentando estos y otros
ejemplos de operaciones encubiertas de Estados Unidos en los primeros años de
la independencia africana. El libro resultante, “Malicia blanca: la CIA y la
recolonización encubierta de África” (*), es quizá la investigación más
exhaustiva realizada hasta la fecha sobre la participación de la CIA en África
a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. En más de quinientas
páginas, Williams rebate las mentiras, los engaños y los alegatos de inocencia
de la CIA y otras agencias estadounidenses para revelar un gobierno que nunca
dejó que su incapacidad para comprender las motivaciones de los dirigentes
africanos le impidiera intervenir, a menudo con violencia, para socavarlos o
derrocarlos.
Aunque
aparecen algunos otros países africanos, “Malicia blanca” trata esencialmente
de dos países que preocupaban a la CIA en aquella época: Ghana y la actual
República Democrática del Congo. El atractivo de Ghana para la agencia se
basaba simplemente en su lugar en la historia. Al ser la primera nación
africana en obtener la independencia, en 1957, y el hogar de Nrukmah -el
defensor de la autodeterminación africana más respetado de la época-, el país
era inevitablemente una fuente de intriga. El Congo se liberó de sus ataduras
coloniales poco después, en 1960. Por su tamaño, su posición cerca de los
bastiones de la dominación blanca en el sur de África y sus reservas de uranio
de alta calidad en la mina de Shinkolobwe, en la provincia de Katanga, el país
se convirtió rápidamente en el siguiente foco de interés -e injerencia- de la
CIA en África.
“Este
es un punto de inflexión en la historia de África”, dijo Nkrumah a la Asamblea
Nacional de Ghana durante una visita del Primer Ministro congoleño Lumumba,
pocas semanas después de que comenzara la autonomía del Congo. “Si permitimos
que la independencia del Congo se vea comprometida de alguna manera por las
fuerzas imperialistas y capitalistas, estaremos exponiendo la soberanía e
independencia de toda África a un grave riesgo”.
Nkrumah
comprendía muy bien la amenaza y las personas que estaban detrás de ella. Sólo
unos meses después de su discurso, Lumumba fue
asesinado por un pelotón de fusilamiento belga y congoleño, abriendo la puerta
a décadas de tiranía prooccidental en el país.
El asesinato de
Lumumba se recuerda ahora como uno de los puntos más bajos
de los primeros años de la independencia africana, pero la falta de
documentación ha permitido a los investigadores partidistas restar importancia
al papel de la CIA. Esta falta de responsabilidad ha permitido que la Agencia
aparezca sin culpa, al tiempo que ha reforzado una visión fatalista de la
historia africana, como si el asesinato de un funcionario electo fuera sólo
otra cosa terrible que “le ocurrió” a un pueblo que no estaba en absoluto
preparado para afrontar el reto de la independencia.
Pero,
como muestra Williams, la CIA fue de hecho uno de los principales artífices del
complot. Pocos días después de la visita de Lumumba a Ghana, Larry Devlin,
jefe de la agencia en el Congo, advirtió a sus superiores de un vago complot de
toma de posesión en el que participaban soviéticos, ghaneses, guineanos y el
Partido Comunista local. Es “difícil determinar los principales factores de
influencia”, dijo. A pesar de la total falta de pruebas, estaba seguro de que
el “período decisivo” en el que el Congo se alinearía con la Unión Soviética no
estaba “muy lejos”. Poco después, Eisenhower ordenó verbalmente a la
CIA que asesinara a Lumumba.
Al
final, los agentes de la CIA no dirigieron el pelotón de fusilamiento para
matar a Lumumba.
Pero como deja claro Williams, esta distinción es menor si se tiene en cuenta
todo lo que hizo la agencia para ayudar al asesinato. Tras inventar y difundir
la falsa trama de una toma de poder prosoviética, la CIA explotó su multitud de
fuentes en Katanga para proporcionar información a los enemigos de Lumumba, haciendo posible su captura.
Ayudaron a llevarlo a la prisión de Katanga, donde estuvo recluido antes de su
ejecución. Williams incluso cita unas líneas de un informe de gastos de la CIA
recientemente desclasificado para demostrar que Devlin,
el jefe de la estación, ordenó a uno de sus agentes que visitara la prisión
poco antes de que se dispararan las balas.
Cuando
Nkrumah se enteró del asesinato de Lumumba,
lo sintió “de una manera muy vívida y personal”, según June Milne, su asistente
de investigación británica. Pero por muy horrible que fuera la noticia para él,
el estadista ghanés no se sorprendió.
White
Malice es un triunfo de la investigación de archivos, y sus mejores momentos
son cuando Williams deja hablar a los actores de ambos bandos. Aunque los
libros sobre la independencia de África suelen presentar a Nkrumah y a sus
compañeros como paranoicos y desesperadamente idealistas, al leer sus palabras
junto a una montaña de pruebas de las fechorías de la CIA, uno comprende que el
miedo y el idealismo eran respuestas totalmente pragmáticas a las amenazas de
la época. La visión de Nkrumah sobre la unidad africana no era la quimera de un
político ingenuo e inexperto; era una respuesta necesaria a un esfuerzo
concertado para dividir y debilitar el continente.
En
el propio país de Nkrumah, el gobierno estadounidense no parece haber llevado a
cabo una política de asesinatos directos. Pero sí actuó de otras maneras para
socavar al dirigente ghanés, justificando a menudo sus estratagemas con el
mismo tipo de racionalizaciones paternalistas que los británicos habían
utilizado antes. Estos esfuerzos culminaron en 1964, cuando los especialistas
en África Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos enviaron un
memorando a G. Mennen Williams, jefe del Departamento de Estado de Estados
Unidos. Mennen Williams, jefe de asuntos africanos del departamento, titulado
“Propuesta de programa de acción para Ghana”. El memorándum establecía que
Estados Unidos debía iniciar “esfuerzos intensos” que incluyeran “guerra
psicológica y otros medios para disminuir el apoyo a Nkrumah en Ghana y
fomentar la creencia entre el pueblo ghanés de que el bienestar y la
independencia de su país requieren su destitución”. En otro expediente de ese
año, un funcionario de la Oficina de Relaciones de la Commonwealth británica menciona
un plan, aparentemente aprobado en los niveles más altos del Servicio Exterior,
para “ataques a Nkrumah secretos y no atribuibles”.
El
nivel de coordinación entre los gobiernos de dentro y fuera de Estados Unidos
puede haber escandalizado a Nkrumah, quien, hasta el final de su vida, estaba
al menos dispuesto a creer que la CIA era una agencia deshonesta, que no rendía
cuentas a nadie, ni siquiera a los presidentes estadounidenses.
“Malicia
blanca” deja pocas dudas, si es que las hay, de que la CIA hizo un gran daño a
África en los primeros días de su independencia. Pero mientras Williams
presenta numerosos casos en los que la CIA y otras agencias socavaron gobiernos
africanos, a menudo de forma violenta, la estrategia más amplia de la CIA en
África -aparte de negar uranio y aliados a la Unión Soviética- sigue siendo
opaca. Lo que llamamos “colonización”, tal y como la practican Gran Bretaña,
Francia, Bélgica y otros países, implica una vasta maquinaria de explotación
-escuelas para formar a los niños en la lengua de los amos, ferrocarriles para
agotar los recursos del interior-, todo ello mantenido por un ejército de
funcionarios.
Pero
incluso en el Congo, la presencia de la CIA era relativamente pequeña. Los
enormes presupuestos y la libertad para hacer casi todo lo que quisiera en
nombre de la lucha contra el comunismo le dieron una influencia desmesurada en
la historia de África, pero sus cifras nunca rivalizaron con las burocracias
coloniales a las que debía sustituir.
Williams
muestra cómo la CIA conspiró con empresarios que se beneficiaban de los
gobiernos africanos prooccidentales en el Congo y Ghana. Pero lejos de ser una
práctica sistemática de extracción, los planes de la agencia para África
parecen a menudo llenos de contradicciones.
Esto
es especialmente cierto tras el asesinato de Lumumba;
un exceso de secretismo sigue impidiendo un recuento completo. Pero los
documentos que han sido arrancados de las manos de la Agencia detallan una
multitud de operaciones aéreas de la CIA en el Congo, en las que participaron
aviones propiedad de empresas de fachada de la CIA y pilotos que eran a su vez
personal de la CIA. Durante un periodo de agitación, la agencia parecía estar
en todas partes del país a la vez. “Pero”, escribe Williams, “es una situación
confusa en la que la CIA parece haber estado en varios caballos a la vez yendo
en diferentes direcciones”. La agencia “apoyó la guerra de [el presidente
secesionista de Katangan, Moses] Tshombé contra la ONU; apoyó la misión de la
ONU en el Congo; y apoyó la fuerza aérea congoleña, el brazo aéreo del gobierno
de Leopoldville”.
Por
contradictorios que parezcan estos esfuerzos, todos ellos, escribe Williams,
“contribuyeron al objetivo de mantener todo el Congo bajo la influencia
estadounidense y proteger la mina de Shinkolobwe de cualquier incursión
soviética”.
Incluso
si estos planes contradictorios compartieran un objetivo común, no es
descabellado preguntarse si debemos considerarlos como colonialismo —neo o no—
o más bien como la respuesta esquizofrénica de una agencia ebria de poder. En
“Malicia blanca”, la capacidad de la CIA para cometer asesinatos y sembrar la
discordia se pone de manifiesto. Sin embargo, su capacidad para gobernar lo es
menos.
(*)
https://www.publicaffairsbooks.com/titles/susan-williams/white-malice/9781541768284/
FUENTE: mpr21.info
China firma un acuerdo con la Celac: ¿cuáles son los puntos clave?
China firma un acuerdo con la Celac: ¿cuáles son los puntos clave?
(La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política. Incluye a los treinta y tres (33) países de América Latina y el Caribe. Surge con el compromiso de avanzar en el proceso gradual de integración de la región, haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad política, económica, social y cultural de los 600 millones de habitantes de América Latina y el Caribe.)
Diario octubre
/ enero 5, 2022
Pekín y los
Estados miembro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)
acordaron el mes pasado adoptar el Plan de Acción Conjunto China-Celac para la
Cooperación en Áreas Clave (2022-2024), según un comunicado publicado en la
página web del Ministerio de Asuntos Exteriores del país asiático.
El documento,
dividido en siete apartados, aborda la cooperación política y de seguridad.
Ambas partes se comprometen a fortalecer los contactos y reuniones de alto
nivel entre sus líderes y representantes, destacando que en 2024 se podría
celebrar una cumbre del Foro China-Celac.
También han
decidido trabajar juntos para facilitar la implementación de la resolución 1540
de la ONU con el fin de “avanzar de manera efectiva en el desarme y la no
proliferación de armas de destrucción masiva”. Asimismo, buscarán luchar contra
todas las formas de terrorismo y manifestaciones de delincuencia organizada
transnacional, incluido el tráficio ilícito de armas, el lavado de dinero y la
ciberdelincuencia.
Cooperación
económica y 5G
Por otro lado,
Pekín y la Celac pretenden fortalecer los intercambios entre las entidades de
promoción comercial y de inversiones y las asociaciones comerciales, así como
promover la cooperación pragmática entre empresas.
China buscará
brindar un “apoyo clave” a proyectos estratégicos que beneficien el desarrollo
económico y social sostenible de dichas naciones, sobre todo el de los pequeños
Estados insulares en desarrollo, Estados bajos litorales y países del istmo
centroamericano.
Las partes
aspiran ampliar la cooperación agrícola bilateral y multilateral, fortalecer
los intercambios científicos, tecnológicos y académicos, y mejorar los
intercambios y la cooperación en el uso civil pacífico de la energía y la
tecnología nucleares para promover el desarrollo económico y el bienestar de
las personas, así como para enfrentar los retos que presenta el cambio
climático.
En este
sentido, Pekín y la Celac han acordado incrementar la cooperación en
infraestructura digital, equipos de telecomunicaciones, 5G, big data,
computación en la nube, inteligencia artificial, Internet de las cosas,
ciudades inteligentes, entre otras cuestiones, además de explorar la
construcción de laboratorios conjuntos.
Campo
aeroespacial y desarrollo sostenible
Por otro lado,
se comprometen a fortalecer los intercambios y la cooperación en el campo
aeroespacial, la aviación civil, las políticas públicas en la industria
energética y sus recursos, el turismo, el transporte y la protección ambiental.
Las partes
también han acordado intensificar el diálogo sobre políticas en salud pública,
profundizar la solidaridad y la cooperación en lo que respecta a la pandemia
del covid-19, erradicar la pobreza, promover el aprendizaje mutuo sobre las
civilizaciones de China y los Estados que conforman la Celac y preservar la
diversidad cultural.
Por último, el
país asiático y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños aseguran
que desean implementar de manera activa la Agenda 2030 para el desarrollo
sostenible con el objetivo de lograr un “desarrollo global más sólido, más
verde y equilibrado, a fin de no dejar a nadie atrás”.
FUENTE: RT / CubaSí
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miércoles, 5 de enero de 2022
La desertificación está dejando la Tierra estéril, pero hay una solución que todavía está a nuestro alcance
La
desertificación está dejando la Tierra estéril, pero hay una solución que todavía
está a nuestro alcance
Rebelion
05/01/2022
Fuentes: The Guardian [Imagen: En España aproximadamente un quinto de toda la tierra está en alto riesgo de desertificación. Fotografía: David Ramos/GettyImages]
Traducido por Eva Calleja
La
expansión de las tierras áridas está dejando a países enteros enfrentados a la
hambruna. Es hora de cambiar la manera en la que pensamos sobre la agricultura.
Este verano las olas de calor sin precedentes y los
dramáticos incendios en el sur de Europa y en el oeste norteamericano fueron duros
recordatorios de que la crisis climática está aquí. Pero mientras el
mundo se calienta, también hay una crisis más silenciosa y menos conocida
desarrollándose bajo nuestros pies. La desertificación, durante mucho
tiempo vista como una crisis que principalmente afecta a las naciones en desarrollo,
está llegando también a Europa y Norteamérica, a medida que las sequias cada
vez extremas tuestan los suelos ya degradados por las prácticas agrícolas y de
pastoreo convencionales.
En España, por ejemplo, aproximadamente
un quinto de toda la tierra está ahora en alto riesgo de
desertificación, como también lo está la tierra agrícola en Italia, Grecia y el oeste de Norteamérica.
La desertificación es un proceso que
convierte las tierras fértiles en tierras áridas debido a la interacción
entre los efectos de la actividad humana y los extremos climáticos.
La degradación del suelo es la disminución de su
capacidad para mantener cultivos y ganado, ya sea por la erosión de su capa
superficial fértil o por la pérdida de su capacidad de retener el agua, materia
orgánica rica en nutrientes y la vida que lo mantiene. Las praderas semiáridas
como el Sahel y las llanuras del oeste de Norteamérica son las más vulnerables
debido a que la perdida de la vegetación nativa resistente a las sequias puede
desencadenar una degradación rápida del suelo y una pérdida de
productividad agrícola.
Sin embargo, un clima cambiante no es la
única causa detrás de la desertificación.
Cómo tratamos la tierra, cómo cultivamos y pastoreamos, también importa. Los
suelos sanos y llenos de vida retienen mejor la humedad que cae sobre los
campos agrícolas.
La desertificación es un problema
creciente. Una auditoria de la UE de 2018 encontró que, solo en Europa, un área
dos veces la superficie de Portugal había entrado en un alto riesgo de desertificación en la década
anterior. En décadas recientes 13 estados de la EU se declararon afectados debido a que
la región mediterránea experimentó una expansión significativa de las tierras áridas (regiones con baja
pluviometría). Se estima que la degradación del suelo cuesta decenas de miles de millones de euros
al año en la UE, y sin embargo, la manera en la que los agricultores tratan el
suelo sigue prácticamente sin regular en ambos lados del Atlántico en lo que se
refiere a la salud del suelo.
La amenaza de desertificación y de la
degradación del suelo aumentará a medida que progresa la crisis
climática. Un informe de 2018 encontró que la
degradación de la tierra ya afecta al bienestar de al menos 3.2 miles de
millones de personas, más de un tercio de la humanidad. Entre 1982 y 2015 las
prácticas insostenibles de uso de la tierra ya desertificaron
un 6% de las tierras áridas del mundo. Globalmente, se
estima que el área de tierras áridas aumente en un 23% este siglo.
Ya se prevé que el aumento de temperatura
reducirá las cosechas de cultivos básicos como el trigo, el arroz, el maíz y la
soja en un 3-7% por cada 1ºC de aumento. En el
estado de Washington, por ejemplo, este año las cosechas de trigo han
disminuido a la mitad debido a una sequía
devastadora. Madagascar se enfrenta ahora a una hambruna provocada
por el cambio climático.
Pero no son solo las sequias las que
provocan el problema. Las prácticas agrícolas que degradan el suelo reducen la
resiliencia de los cultivos debido a que el empeoramiento de las condiciones
afecta las cosechas. Las tierras áridas son particularmente sensibles a la
degradación por el laboreo y
el sobrepastoreo. Si continua, la degradación del suelo aumentará
aún más la amenaza a la producción agrícola en regiones de las que la humanidad
depende para alimentarse.
Mirando atrás en la
historia, es claro que la desertificación y la degradación del suelo
no son problemas nuevos. Desde la llegada de la agricultura, la humanidad
ha degradado hasta un tercio de
la tierra potencialmente cultivable del mundo. Este patrón refleja tanto
una larga historia de erosión provocada por el arado, como la adopción más
reciente de prácticas agrícolas modernas que agotan la materia orgánica y
perturban los ecosistemas del suelo. Desafortunadamente, estamos
repitiendo el problema a escala global.
Las prácticas ahora convencionales de
cultivo y pastoreo que degradan el suelo dejan a los agricultores de todo el
mundo cada vez más dependientes de grandes cantidades de fertilizantes y
plaguicidas químicos. El declive de la salud del suelo debido al agotamiento
dela materia orgánica y de la vida del suelo es un problema crítico cada vez
más reconocido.
Según un informe de la
EU de 2015 vamos camino de degradar otra tercera parte de la
tierra cultivable global en el curso de este siglo. Estamos dejando la
tierra más frágil y a nuestros cultivos más vulnerables al mismo tiempo que el
cambio climático está creando presiones medioambientales sin precedentes.
Para combatir y revertir la creciente
amenaza de desertificación y degradación de los suelos necesitamos reducir las
emisiones de carbono y cambiar la manera en la que cultivamos. No tenemos
que reaprender lecciones de las sociedades pasadas que degradaron sus
suelos. Pero para evitar su suerte necesitamos reorientar nuestra
agricultura en torno a prácticas de cultivo y pastoreo que regeneren la salud
del suelo.
Hace varios años, visité y escribí sobre
granjas y ranchos de todo el mundo que habían restaurado la fertilidad de
tierras antes degradadas. Vi como la agricultura y el pastoreo
regenerativo basado en prácticas de creación de suelos pueden
revertir su degradación, reconstruir la salud del suelo y hacer que
las granjas sean más resilientes ante fenómenos meteorológicos extremos,
mientras que se mantienen buenas cosechas. Pero se necesita reemplazar
las prácticas agrícolas convencionales que dependen de un laboreo intensivo y
del uso masivo de fertilizantes químicos por prácticas que priorizan la salud
del suelo.
Además de los intensos esfuerzos para
reducir las emisiones de carbono derivadas de los combustibles fósiles,
necesitamos un impulso global sostenido para reconstruir la salud de los suelos
agrícolas del mundo. Afortunadamente, esto último puede ayudar con
lo primero. Las prácticas agrícolas que crean suelos sanos convierten el
dióxido de carbono capturado de la atmosfera en materia orgánica para el suelo.
Mientras que el potencial de los suelos para secuestrar carbono sigue siendo intensamente
debatido, incluso las estimaciones más prudentes ayudarían
a ralentizar el cambio climático.
El suelo es el cimiento de la vida en la
Tierra. A medida que nos enfrentamos a un siglo con condiciones meteorológicas
cada vez más volátiles y con una población en aumento, lo necesitamos en
sus mejores condiciones para sustentarnos. La humanidad debe tomarse en serio
nuestra responsabilidad colectiva intergeneracional para conservar la salud y
la fertilidad de nuestra tierra, sin importar donde vivamos.
David
R. Montgomery es profesor de geomorfología en la Universidad de Washington, y
autor de Tierra: La erosión de la civilizaciones (Dirt: TheErosion of
Civilizations ) y Cultivando una revolución: Devolver la salud a nuestros
suelos (Gorwing a Revolution:Bringingoursoil back tolife).