miércoles, 15 de septiembre de 2021

Iglesia S.A. [Que sus lo vengo diciendo: que sus améis los unos a los otros como yo os he amado. Que si sus zumban un zoquetazo de campeonato en una ceja poned la otra hasta que sus la machaquen del todo, que para eso Dios que está en los cielos sus dio dos cejas. Que me hagáis caso que ya me estáis hartando. Que le deis a Dios lo que le queráis dar, pero el patrimonio robado al Estado al Estado lo debéis devolver y, por vuestro bien sus lo digo, no sus acerquéis más a mí, porque como agarre a uno le retuerzo el pescuezo y vamos a tener lío. Que así se escriba y así se haga, etcétera, etcétera.]

 

Iglesia S.A.

 

Por Josemari Esparza Zabalegi

Rebelion / España 

Fuentes: Naiz

15/09/2021

 

El monumental escándalo de las inmatriculaciones de la Iglesia, propiciadas por el PP y blindadas por el PSOE, va para largo. No estamos en Francia o Alemania. Ni siquiera en Portugal, donde es impensable lo ocurrido aquí. Las inmatriculaciones son producto «made in Spain», porque la esencia de su Iglesia responde al Estado retrógrado, oscurantista y corrupto que –salvo breves primaveras republicanas– le ha permitido hacer cuanto quiere a lo largo de la historia.

Conste que cuando en 2007 unos pocos iniciamos esta causa, teníamos tantos frentes abiertos para pelear que la Iglesia (española, precisemos), era la mosca que menos nos picaba. Unos éramos ateos, pero no clerófagos; otros creyentes, cándidos hasta para creer que la heredera de Jesús no podía hacer tal sinvergüenzada. Incluso los había meros ciudadanos conscientes que, una vez denunciado el escándalo, pensaban que las instituciones democráticas actuarían en consecuencia y desharían el entuerto. Tonto de mí, yo hasta esperaba que, ante la protesta popular, incluso de amplios sectores católicos, la jerarquía se avendría a negociar, por no escandalizar a su rebaño con tantos pecados y malaventuranzas. Por puro marketing, vamos.

Pasados los años, hemos reconocido nuestro error. La avaricia de la cúpula eclesial es mayor de lo que nadie podía imaginar. La distancia entre lo que hace y predica, galáctica. El afán de poder y de acumular, su única razón de ser. Un vistazo al reciente libro “Iglesia S.A.”, de Ángel Munárriz, demolerá las dudas que queden.

Alguien definió a la Iglesia como una empresa con productos a la venta: Dios, perdón, salvación; su logotipo la cruz; oficinas centrales en el Vaticano; consejo de administración en el colegio cardenalicio; delegaciones en todo el mundo y una clientela fidelizada que ellos mismo llaman «rebaño». Su objetivo, la propia Iglesia: permanecer, crecer, acumular.

En suma, sacrificar principios y valores en el altar del más prosaico economicismo. «No hay punto de la Iglesia donde se rasque sin que aparezca, bajo la piadosa cáscara, el color del dinero», nos dice Munárriz.

Además, es una empresa en rescate permanente: sus ingresos están privatizados; sus gastos, socializados. Según Europa Laica, la Iglesia española se lleva al año 11.000 millones del Estado, a través de IRPF, exenciones de impuestos; conservación de sus edificios; sueldo de profesores de religión; conciertos educativos; subvenciones; sueldo de sus capellanes… Y siguen quejándose.

Ningún gobierno ha dejado de engrosar sus arcas y prebendas. A lo acumulado durante el franquismo, Felipe González añadió el invento de la cruz en el IRPF. Aznar mejoró el sistema y además cambió la Ley Hipotecaria para que pudiera inmatricular a mansalva. Y cuando la Unión Europea obligó a España a acabar con la escandalosa exención del IVA, llegó Zapatero con un privilegio aún mayor, aumentando un 33% la asignación del IRPF. La Iglesia siempre gana.

«Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del clero», decía el artículo 26 de la última constitución republicana. Respondieron con una Cruzada de Liberación.

Pero el escándalo de las inmatriculaciones, ese burdo sistema de acumulación patrimonial, solo tiene parangón con los antiguos sistemas de saqueo. La Inquisición fue el gran invento para hacerse con las propiedades de los que hacían ceniza en los autos de fe. De paso, la imagen infernal de los que ardían activaba la venta de indulgencias, aquellas txartelas que posibilitaban estar un rato menos de eternidad socarrándote en el purgatorio, otro invento diabólico, otrora dogma de fe, del que ahora nadie habla porque ha dejado de ser rentable.

Las indulgencias provocaron la división de la Iglesia, pero la pasta era lo primero. Trajeron como producto derivado la venta de reliquias, otro gran negocio hasta tiempos recientes. Los pueblos las compraban; la Iglesia las autentificaba; los peregrinos las adoraban y se llevaban a buen precio un zacuto de indulgencias. Están documentados hasta diecisiete brazos de San Andrés; trece de San Esteban, doce de San Felipe; gotas de leche de María; pañales del Niño Jesús; mechones del pelo de Cristo; plumas del arcángel San Gabriel; estornudos del Espíritu Santo; suspiros de San José; veintiún clavos de la cruz y 850 espinas de la corona. En la iglesia de Reims estaba el «santo prepucio de Cristo», como nuevo, es de suponer. En la iglesia de San Martín de Lucca se veneraba «el santo cordón umbilical» del niño Jesús; en Tréveris el peine de la Virgen; en Extremadura había pedazos de la túnica de Cristo; pelos de su barba; astillas de su cuna; gotas de su sangre. Dedos de santos a cestañadas: solo de San Juan Bautista se cuentan sesenta y de Santa Juliana hay cuarenta cabezas, todas ellas auténticas. Y no se rían, siquiera por respeto a quienes arrojaron al fuego por no creerlo. Las reliquias, como todos sabemos, producían no pocos milagros, que derivaban en centros de peregrinación. Puestos a inventarse cosas, la Iglesia inventó hasta el turismo.

Las inmatriculaciones ha sido el último intento acaparador, con el mismo descaro, la misma trapacería, la misma intención saqueadora de siempre. Ya no recurren a la guerra santa; desaparecieron los Estados Pontificios y la Inquisición; borraron de las liturgias el infierno y el purgatorio… Hasta cambiaron el Padrenuestro, trocando «deudas» por «ofensas» en el «perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores», lo cual no es lo mismo.

En lo único que la Iglesia mantiene una coherencia absoluta es en su pasión enfermiza por los bienes terrenales, para bochorno de los verdaderos cristianos, que haylos. Con esos pecadores profesionales nos enfrentamos quienes luchamos por la recuperación de los bienes arrebatados a nuestros pueblos.

Josemari Esparza Zabalegi es editor.

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Descubrimiento de gas natural en Mozambique: más tragedias que esperanzas económicas. [Yo de medio ambiente, tres cuartos de ambiente y ambiente entero, lo mismo que de muchas otras cosas sé poco, poquito, tirando a nada, de modo que no me hagan mucho caso, pero por lo que escucho y sobre todo por lo que leo, porque escuchar la verdad es que procuro escuchar poco, el mundo no rula bien. Creo que hay parados que no van a encontrar trabajo en su vida, corrupción a tuti, pero que a tuti plem, incluso que hay guerras y otras preparadas, hambre hay por un tubo, falta de agua potable, los montes, que cuando un monte se quema algo suyo se quema, señor conde, arden con una facilidad pasmosa, sin contar a las bandas de criminales que echan a la gente de sus casas y sus tierras para meter candela a bosques inmensos…, en fin, ya digo, que el mundo parece que no carbura a favor de la inmensa mayoría de su población, y esto es lo que me lleva a hacerles la siguiente pregunta a ver si por un casual o por hache o por be ustedes están más puestos en este barullo y me la pudieran responder, por el amor de Dios, una limosnita. ¿Cómo se podrá arreglar la situación de Mozambique aplicando una política medioambiental integral con su desarrollo sostenible, sustentable, sostenido, por sostener y demás, educación para el desarrollo sostenible y toda la pesca?, porque Mozambique si no estoy yo malinterpretando la cosa forma parte de la madre naturaleza Tierra, no? Que Dios se lo pague. Y es más, que lo bendiga.]

 

En Mozambique el hallazgo de un enorme yacimiento de gas natural en su costa norte, explotado por las mayores empresas energéticas del mundo, ha conllevado la corrupción y la insurgencia yihadista.


Descubrimiento de gas natural en Mozambique: más tragedias que esperanzas económicas

Vijay Prashad

El Viejo Topo

15 septiembre, 2021

 

El 18 de febrero de 2010, Anadarko Moçambique, una filial de Anadarko Petroleum (comprada por Occidental Petroleum en 2019), ​descubrió un enorme yacimiento de gas natural en la cuenca de Rovuma, frente a la costa del norte de Mozambique. Durante los años siguientes, algunas de las mayores empresas energéticas del mundo se acercaron a la provincia de Cabo Delgado, en donde se encuentra la cuenca. Entre estas empresas, se encontraban corporaciones como la francesa TotalEnergies SE (que compró el proyecto de Anadarko), la estadounidense ExxonMobil y la italiana ENI, que colaboró con la China National Petroleum Corporation para la “exploración y producción de petróleo y gas”.

Los descomunales proyectos de Gas Natural Licuado (GNL) de estas empresas tienen (según el Standard Bank Mozambique) un valor potencial de 120.000 millones de dólares. TotalEnergies SE y ExxonMobil controlan las concesiones más lucrativas. Esta valoración se produce al mismo tiempo que Mozambique ocupa el puesto 145 – entre 155 países – en el Índice de Desarrollo relativo al Género (según el Informe de Desarrollo Humano 2009), y el puesto 172 – entre 182 países – según el Índice de Desarrollo Humano. El inmenso hallazgo del yacimiento de gas natural y estos proyectos de GNL debían estar destinados a beneficiar económica y socialmente a un Mozambique empobrecido.

En 2014, el ministro de Finanzas mozambiqueño, Manuel Chang, declaró que los ingresos obtenidos de este enorme hallazgo de gas natural permitirían al Gobierno de Mozambique “invertir en energía, turismo e infraestructura. Los corredores de Nacala, Beira y Maputo, que fomentarán una mayor comunicación regional, se están desarrollando para ofrecer oportunidades únicas. La agricultura está en la base de nuestro desarrollo, y la pesca también es muy importante, ya que tenemos un litoral de 2.700 kilómetros”.

Chang dijo ser consciente de los peligros que supone una afluencia masiva de ingresos como consecuencia del descubrimiento (un problema llamado la enfermedad holandesa). “Vamos a utilizar los ingresos de los recursos minerales para diversificar y reducir la desigualdad”, dijo. “Estamos invirtiendo mucho en educación y sanidad, porque entendemos que sin una población cualificada y sana no puede haber crecimiento”.

A primera vista, Mozambique parecía destinado a un futuro brillante. El hallazgo de gas natural ayudaría a generar dinero para su Gobierno, cuyos funcionarios parecían lo suficientemente inteligentes como para evitar la “maldición” de los recursos. Pero todo se fue desviando. Dos tragedias atravesaron Mozambique: un levantamiento arrasó con el norte, la misma región de la bonanza del gas natural, y un escándalo de corrupción paralizó al Gobierno, con la detención de Chang en Sudáfrica en 2018.

Criminales de cuello verde

En 2017, militantes armados tomaron el control de amplios sectores de la provincia mozambiqueña de Cabo Delgado. Operaban bajo la bandera de al-Shabaab (los jóvenes). Estos jóvenes, que formaban parte de al-Shabaab, procedían de Cabo Delgado, Nampula y Niassa. Todas estas provincias vieron aumentar sus niveles de pobreza tras el hallazgo de gas natural (en Niassa, el índice de pobreza se duplicó entre 2008 y 2014). Al mismo tiempo, el Estado actuaba con violencia extrema contra la población (empobrecida) de estas provincias; por ejemplo, en 2014 la Unidad de Intervención Rápida de Mozambique (Força de Intervenção Rápida) arremetió violentamente contra personas desesperadas que intentaban ganarse la vida en los campos de rubí de la segunda ciudad más grande de Cabo Delgado, Montepuez.

Bonomade Machude Omar, líder de Al Shabaab, nació en Palma, se crió en las escuelas gubernamentales e islámicas de Mocímboa da Praia y se entrenó en las fuerzas militares de Mozambique, todo esto, antes de reunir a varios jóvenes para que le apoyaran contra la extrema pobreza que se vivía en las provincias del norte del país. Omar dirigió primero este levantamiento contra la pobreza en las provincias mozambiqueñas ricas en gas natural, bajo la bandera de Al Shabaab y, más tarde – de forma intempestiva –, bajo la del Estado Islámico.

Por ello, el Departamento de Estado de Estados Unidos lo ha definido como terrorista, y los militares de Ruanda y de la Comunidad de Desarrollo de África Austral, que incluye tropas de Botsuana, Lesoto, Sudáfrica, Angola y Tanzania, están operando ahora junto al ejército de Mozambique en Cabo Delgado. Se encargan del trabajo sucio para ExxonMobil y TotalEnergies SE.

Criminales de cuello blanco

Mientras tanto, en un salón de Maputo, la capital de Mozambique, ha comenzado un juicio. 19 hombres han sido “acusados de chantaje, falsificación, malversación y lavado de dinero”. Se les señala por un escándalo de corrupción de 2.000 millones de dólares de “deuda oculta”. Entre 2013 y 2014, estos hombres crearon tres empresas para aprovechar el descubrimiento de gas natural. ProIndicus se creó en enero de 2013 para proporcionar seguridad a las multinacionales energéticas; Ematum, constituida en agosto de 2013, se creó con el pretexto de ser una empresa de pesca de atún, que trabajaría en las costas del norte; MAM, constituida en mayo de 2014, iba a proporcionar servicios de astillero para las multinacionales energéticas. Cada una de estas empresas era copropiedad del servicio de inteligencia de Mozambique, conocido como Serviço de Informações e Segurança do Estado (SISE). Ninguna de ellas existía más allá de los papeles; el director general de las tres empresas era António Carlos do Rosário, un alto funcionario del SISE.

La mayor parte de las pruebas disponibles utilizadas para este caso proceden de las acusaciones en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Nueva York, ya que los bancos neoyorquinos ofrecieron sus servicios para los sobornos que anclaron los acuerdos. Las tres empresas papeleras – controladas por altos funcionarios del gobierno de Mozambique – obtuvieron préstamos por valor de 2.000 millones de dólares de Credit Suisse y VTB Capital (denominados Investment Bank 1 y 2 en las acusaciones). Los préstamos, que representan el 13% del PIB de Mozambique, fueron tramitados por consultorías (Palomar) y sociedades de cartera (Privinvest) y en ellos participaron personas de diversas nacionalidades (Mozambique, Emiratos Árabes Unidos, Líbano, Nueva Zelanda, Reino Unido y Bulgaria) implicadas en el escándalo de la “deuda oculta”.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) suspendió los préstamos a Mozambique en abril de 2016, justo después de que se conociera el escándalo de la deuda oculta. La economía de Mozambique se contrajo cuando los donantes internacionales se unieron al FMI para cortar las infusiones de capital, lo que llevó a que el metical, la moneda de Mozambique, se hundiera en un tercio de su valor. En 2019, Mozambique se esforzó por renegociar su deuda, luchando por evitar el embargo de los futuros ingresos de los campos de gas por parte de los ricos tenedores de bonos.

No hay ejércitos que se apresuren a lidiar con este escándalo, ya que Manuel Chang está sentado en Sudáfrica luchando contra la extradición a los Estados Unidos, mientras António Carlos do Rosário, Gregorio Leao y Cipriano Sisinio Mutota – todos ex funcionarios del SISE – se sientan en una sala de audiencias en Maputo. Junto a ellos se encuentra en el banquillo de los acusados Ndambi Guebuza, hijo del ex presidente mozambiqueño Armando Guebuza. Es poco probable que impliquen al sistema.

Por ejemplo, el ex presidente Armando Guebuza no se enfrenta a ninguna acusación, ni tampoco su ministro de Defensa ni el actual presidente, Filipe Nyusi. Tampoco lo está uno de los hombres más ricos de Francia, Iskandar Safa, que está demandando a Mozambique por su dinero después de que su socio – Jean Boustani – fuera absuelto por un tribunal estadounidense por reparos de jurisdicción. Los bancos, Crédit Suisse o VTB Capital, tampoco están siendo procesados en los tribunales.

Una tragedia – un levantamiento contra la pobreza que ha tomado por conveniencia el manto del Estado Islámico – se enfrenta a toda la ira de los ejércitos africanos. Mientras tanto, otra tragedia – el robo criminal de miles de millones de dólares a un país pobre – se está resolviendo en los tribunales y en la trastienda. Omar es el villano del día, mientras que Chang, Carlos do Rosário y sus asociados se enfrentarán al acoso y a cortas penas de cárcel.

Los verdaderos ladrones, mientras tanto, se sentarán en el Cavalli Club de Dubai y disfrutarán de sus filetes de Wagyu de grado superior – de 700 dólares –, mientras sonríen y planean sus próximos negocios.

Fuente: Globetrotter.

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martes, 14 de septiembre de 2021

El oligopolio de las empresas eléctricas, joya de la corona del capitalismo español. [Paisano, que los niños no vienen de París. A algunos con unos menos los fabrica el Espíritu Santo con la monjita Brígida en un convento de Ávila, lo que yo te diga. Ni las cosas caen del cielo, y que además, los trabajadores somos gente de orden y no necesitamos ni tenemos por qué quitarle nada a nadie. Eso de que le queremos quitar a los ricos no sé qué son cosas que dice el Herrera Carlos, locutor de ustedes de la Cadena Cope para estar bien informados o el Federico Jiménez Losantos, que es tan pinta como el anterior, para meter cizaña, que nosotros lo único que queremos es que los ricos no nos quiten lo que es nuestro, o sea, verbigracia: la riqueza la crea el trabajo, ¿no?, pues la riqueza para el trabajador. Las eléctricas son producto del trabajo, pues aquí paz y allá gloria: las eléctricas tiene que estar para satisfacer las necesidades sociales de toda la población. Punto. ¿Ven? Y ahora no empecemos joder la manta. ¿Difícil? Hombre, si nos ponemos en este plan, anda que no es difícil el cultivo del arroz, pues señor mío, en mi pueblo, Isla Mayor, se cultivan miles de hectáreas. Pues anda que no es difícil fabricar un automóvil, pues en Zaragoza se fabrican miles todos los días. Pues anda que no es difícil construir una casa y que no se caiga, y aunque no se lo crean, hay cientos de miles de casas construidas por todas partes. Pues anda que no es difícil limpiar la habitación de un hospital como Dios manda, Y anda que no es difícil esto y lo otro… Y, ahora viene lo gracioso: todo lo dicho y esto y lo otro lo hacen los trabajadores, ¿qué, cómo se le ha quedado el cuerpo? Y vuelta la burra al trigo: ¿Y esto cómo se hace? Que me sé yo cómo se esto. Son ustedes los que se tiene que empezar a reunir con los más cercanos para ver cómo se hace para decírmelo a mí para que yo pueda también empezar a hacerlo]

 

El oligopolio de las empresas eléctricas, joya de la corona del capitalismo español

El modelo eléctrico español: la historia de un oligopolio y un régimen político a su servicio.



KAOSENLARED

En las últimas semanas a raíz de la subida histórica de la factura de la luz, se ha puesto encima de la mesa cuál es el papel de uno de los sectores empresariales más importantes del Estado español: las eléctricas. Llama la atención que incluso Nadia Calviño (la ministra más neoliberal del Gobierno) ha tenido que admitir que las eléctricas están teniendo “excesivos beneficios”.

Este hecho refleja la enorme influencia de estas empresas, sin embargo su poder no ha caído del cielo y Calviño parece omitir que el modelo de impunidad del que gozan y que les permite conseguir esos «excesivos beneficios» ha sido construido minuciosamente y en cuya construcción, el PSOE ha supuesto un capítulo importante. Sin figuras como Felipe González o Aznar no se entiende el actual mercado energético español.

Se trata sin duda de compañías que forman parte del núcleo duro del capitalismo español y que muestran cómo el Régimen del 78, sus instituciones y distintos partidos están al servicio de un puñado de capitalistas.

 

Un mercado repartido entre los amigos del dictador

En el caso de la patronal de las eléctricas y el actual modelo del mercado eléctrico tiene su origen en el franquismo y en su política de entrega de sectores estratégicos de la economía a los empresarios afines a la dictadura. A pesar de sus tendencias intervencionistas, Franco mostró enorme respeto por los intereses económicos privados, especialmente con los de algunas figuras que habían contribuido significativamente a financiar el golpe que inició la Guerra Civil.

De esta manera el papel del régimen franquista fue clave para que Juan March, empresario que financió notoriamente al ejército sublevado, se hiciera con el control de Fecsa (Fuerzas Eléctricas de Cataluña S.A.), grupo que con los años será parte importante de la actual Endesa.

Otro de los empresarios beneficiados, y que también fue amigo personal del dictador y promovió la adquisición por parte de la familia Franco del polémico Pazo de Meirás, fue Pedro Barrie. Este personaje se hizo con el negocio eléctrico en el noroeste de la península a través de Fenosa.

Al sur también la lealtad al Régimen fue recompensada. En Andalucía se le otorgó el monopolio del mercado eléctrico a los Benjumea a través de la empresa “Compañía sevillana de Electricidad”. Esta familia tuvo una fuerte vinculación y colaboración con uno de los generales más sanguinarios del bando sublevado, Queipo de Llanos. Organizaron con mano de hierro y represión la retaguardia en Andalucía durante los momentos álgidos de la Guerra Civil para que el llamado “carnicero de Sevilla” tuviera las manos libres para desempeñar su papel en el frente.

A pesar del modelo autocrático, Franco no apostó por la nacionalización de este sector estratégico, sino por una cierta liberalización. Y no solo se dió la liberalización, sino el nulo control del Estado sobre los precios de la electricidad. Al mismo tiempo que el Instituto Nacional de Industria fundaba Empresa Nacional de Electricidad, SA, (Endesa), se daba margen a las grandes eléctricas para que esquivasen el control de tarifas que el Estado les imponía para combatir la subida de los precios y empezaban a mostrar altos beneficios. Muestra de ello fue la creación de Unesa (Unidad Eléctrica, SA), en 1944, a propuesta de José María de Oriol Urquijo. Unesa era una empresa privada que agrupaba capital de las grandes eléctricas y cuya función era coordinar la producción y distribución a nivel estatal, una auténtica autorregulación. Una función que en otros países como Francia, Inglaterra o Italia recaía en el propio Estado.

Esta autorregulación generaba enormes beneficios y convirtió a la industria eléctrica en un mercado muy interesante para la banca. Así, los grandes bancos se lanzaron a la caza de las eléctricas y Banco Vizcaya, Banco Bilbao, Banco de Santander, Banco Central y el Urquijo fueron los mayores inversores de las eléctricas en este periodo. De esta manera los grandes banqueros de la época pasaron a formar parte de los accionistas con más peso en las principales compañías de electricidad. Fue así como los lazos entre las eléctricas, el capital financiero y el Régimen se estrecharon formando un bloque compacto.

La ayuda de Franco a los magnates ibéricos fue más allá de sentar las bases para que hagan y deshagan a su antojo; el dictador también se encargó de “expropiar” a las empresas internacionales que tenían capital en la industria eléctrica española desde el siglo XIX para beneficiar a los empresarios autóctonos. Es el caso de la Barcelona Traction Light and Power, una empresa de capital internacional que poseía la red de suministro en gran parte de Catalunya. Juan March trató de comprarla sin éxito hasta que finalmente un tribunal la declaró en quiebra a pesar de que sus cuentas estaban en orden y el Estado obligó a subastarla. El resultado de la subasta fue previsible: Juan March logró adquirir la compañía a precio de saldo. Se podría decir que Franco nacionalizó algunas eléctricas y las “socializó” entre unos pocos capitalistas.

Coexistiendo con estas empresas privadas se desarrolló Endesa. Al tratarse de una empresa pública desde sus inicios tuvo como uno de sus objetivos extender la red de distribución y fortalecer técnicamente el suministro diversificando los modos de producción. Esto la convirtió en una empresa pública “rentable” algo que como veremos más adelante será generosamente regalado en “democracia” a los capitalistas.

 

La privatización completa de la electricidad: de González a Aznar

El modelo eléctrico español es definido por un evidente oligopolio de unas pocas empresas que controlan la producción y la distribución y que tiene su origen en el reparto que se hizo del mercado entre los empresarios amigos de Franco.
Este oligopolio está conformado por cinco grandes compañías: Endesa, Iberdrola, Naturgy, EDP y Repsol. Estas multinacionales controlan más del 90 % del mercado eléctrico. Tan solo las tres más grandes, Endesa, Iberdrola y Naturgy acaparan el 85 % de usuarios.

La llegada de la “democracia” no hizo más que acelerar la liberalización de este sector y aumentar la capacidad de controlar a su antojo los precios, el suministro y el mercado en general por parte de estos gigantes de la energía.

Un hito en este proceso fue la privatización de la mayor empresa pública, Endesa. Es habitual ver como los dos grandes partidos del régimen, PP y PSOE, se cruzan acusaciones sobre quién fue realmente el responsable de que no exista una compañía pública en el sector y por qué se perdió la que había. Y aunque las dos formaciones políticas estuvieron involucradas, lo cierto es que fue el PSOE quien dio inicio a la salida a bolsa de Endesa.

El 16 de abril de 1988 el Gobierno de Felípe González inició la primera fase de la privatización de Endesa sacando a bolsa el 20,35% de las acciones de la empresa pública, y estableció que ese porcentaje podría llegar como máximo al 25%. Pero entregar un cuarto de la empresa les pareció poco a los socialistas y años después, en 1994, Felípe González en su segunda legislatura volvió a sacar a bolsa parte de las acciones propiedad del Estado. En concreto un 8,7% de ellas.

Con un discurso marcado por la demagogia, el Gobierno de González decía en ese momento que con esto se avanzaba en la “modernización del sector”. Esta decisión provocó que el Estado perdiese progresivamente el control de la principal empresa pública de electricidad.

Cuando llegó Aznar a la presidencia recibió una empresa semipública y una herencia privatizadora que por supuesto no iba a desaprovechar. Así, en 1997, poco tiempo después de ganar las elecciones privatizó un 35% más de las acciones quedando ahora en manos del Estado poco más del 40% de la compañía, una minoría. Solo será el pistoletazo de salida de la Era Aznar, este gobierno lanzará una y otra vez ofertas públicas de acciones de Endesa hasta quedar totalmente en manos privadas. Diez años después, será la multinacional italiana Enel la que pase a controlar el 70% de las acciones. Paradójicamente esta empresa tiene una historia similar a Endesa. Se trata de una empresa creada por el Estado Italiano en la década de los 60 y que en los 90 fue igualmente privatizada, pero en este caso, el Estado vecino aún se mantiene como el principal accionista con un 25,5% de participación. Hoy Enel es una gran multinacional.

La expansión internacional de estas empresas energéticas, y en concreto de las españolas, fue un fenómeno que se dio en la década de los 90 y que sólo pudo darse tras las privatizaciones de los 80 y 90, momento en el que acumularon un importante volumen de capital para expandirse. En su mayoría el lugar elegido fue Latinoamérica en donde las reformas neoliberales en esos años, derivadas de la aplicación del consenso de Washington, les ofrecía «oportunidades» a precio de saldo. Así Repsol, Endesa o Gas Natural «compraron» empresas públicas o privadas con el apoyo de las instituciones financieras y los planes aplicados por el imperialismo.

Llegados a este punto, y habiendo visto la generosidad del Régimen hacia la burguesía, no podemos pasar por alto el tema de las puertas giratorias. El Régimen del 78 y en especial su sistema de partidos está estrechamente vinculado con el oligopolio energético, prueba de ello es que tres expresidentes; más de 20 ministros (a partes iguales entre el PSOE y el PP); y una larga lista de secretarios de Estado pasaron directamente de diseñar el actual mercado eléctrico a cobrar sueldos millonarios de estas mismas empresas.

El fenómeno de las puertas giratorias fue muy cuestionado en el 15M y a partir de entonces, este método se mantuvo, pero ahora los partidos burgueses tratan de disimular más poniendo en los consejos de administración a figuras de segunda o tercera fila y esperando un tiempo más prudente desde el final del cargo. Quedaba así atrás la época en la que pudo darse la llamativa situación en que los dos principales responsables de la privatización y presidentes del gobierno, González y Aznar terminarían recibiendo sueldos millonarios de las eléctricas. Felipe González llegó a cobrar cerca de medio millón de euros de Gas Natural en cuatro años. Todo un despropósito.

No puede haber mayor muestra de lo que Marx ya definió cuando la electricidad aún no llegaba a las ciudades, que “el gobierno del Estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa”.

 

Un modelo hecho “a dedo” para el control de unos pocos capitalistas

Pero la privatización no ha sido el único regalo que han hecho los gobiernos a las eléctricas. También han tomado una serie de medidas que son las que han determinado un modelo de negocio que blinda por encima de todo los beneficios de estas empresas.

En 1997 bajo el Gobierno de Aznar, a la vez que se inicia la venta total de Endesa también se legisla para que el precio de la luz fuese determinado en una subasta, dando lugar al llamado mercado mayorista o “pool”, en donde se vende y compra energía para cada una de las horas del día siguiente. Como son las grandes eléctricas las que producen y distribuyen la electricidad tienen un control absoluto de estas subastas y por tanto son capaces de manipular a su antojo el precio de la luz. Con los años tanto los gobiernos del PSOE como los del PP han ido dando paulatinamente mayor margen de maniobra a las grandes empresas en este mercado.

Cinco años más tarde, en 2002, el ministro de economía de ese momento, Rodrigo Rato, decidió fijar el precio de la luz por ley, para supuestamente paliar la inflación. Sin embargo esto se ha terminado convirtiendo en un regalo envenenado para los usuarios, ya que como contrapartida el ministro-banquero establecía el denominado “déficit tarifario”. Con esto el Estado contrae una deuda con las empresas por no recibir el precio real de la electricidad y por tanto la Administración Pública iba acumulando una deuda con las eléctricas que sería cobrada con intereses.

Es decir, el gobierno del PP dejaba decidir a las eléctricas el precio de la luz que todos consumimos y al mismo tiempo le terminaba pagando intereses por una deuda que a todas luces es ilegítima, porque se da en base a unos costes sobre la energía que determinan estas multinacionales y que en todos estos años se han negado a mostrar de forma transparente cuánto auténticamente les cuesta producir la electricidad. Desde luego se trata de un negocio redondo para el oligopolio eléctrico.

Dos de las últimas medidas polémicas que también han encarecido el precio de la luz y beneficiado a las empresas han sido el impuesto al sol y los llamados “beneficios caídos del cielo”. La primera penaliza el autoconsumo de quien quiera instalar paneles fotovoltaicos, y en los hechos otorga el control de la energía solar a las grandes eléctricas. Y la segunda supone un regalo en toda regla por el cual los consumidores terminan pagando los costes de emisión de CO2 a estas empresas. Costes que en la mayoría de ocasiones ni siquiera las empresas han de asumir pero sí los reciben como beneficios. Esto se debe a que en el «pool» del mercado energético el precio de la luz es determinado por el coste de producción de la tecnología más cara. Esta tecnología suele ser la que utiliza el Gas Natural para generar electricidad, a la cual se aplican los impuestos por emisión de CO2 que encarecen aún más su precio. Este tipo de producción eléctrica termina imponiendo el precio general de la luz y de toda la producción eléctrica -desde la generada con energía eólica, hidráulica o solar- así las empresas venden todas sus energías al mismo precio (el marcado por la producción con Gas Natural que incorpora impuestos por emisión de CO2).

Otra de las polémicas del último periodo se desató con las primeras noticias sobre el reparto de los fondos europeos. Una parte muy importante de los mal llamados «fondos para la recuperación» irán destinados a modo de transferencia directa para empresas del IBEX35, varias de ellas grandes eléctricas. Muchas de las cuales hoy son grandes contaminantes que ya han diseñado distintos planes millonarios para participar del reparto de los fondos bajo la etiqueta de «eficiencia energética» o «transición ecológica». Endesa por ejemplo ha presentado 110 proyectos por un valor de 19 mil millones.

 

Un sector estratégico

Nos encontramos por tanto ante un sector de la economía estratégico con unas multinacionales fortísimas y una vinculación orgánica con las principales instituciones y partidos del Régimen del 78. Al igual que la banca o las constructoras son empresas para las cuales se tiene una política de Estado que blinda sus intereses y beneficios.

Estos privilegios no son anecdóticos sino que forman parte esencial del funcionamiento de esta democracia para ricos. Romper con la dictadura de las eléctricas, para obtener una producción y distribución racional con precios razonables y al servicio de la mayoría social significa enfrentarse al actual régimen político.

Es por esto que los planteamientos de formaciones políticas como Unidas Podemos se muestran totalmente impotentes, dando muestra una vez más de su adaptación al Régimen y a los poderosos. Durante la campaña electoral el partido morado hizo del combate contra las eléctricas y la bajada de la factura de la luz una de sus principales banderas. Pablo Iglesias llegó a afirmar que «disparar la factura de la luz solo demuestra la codicia de las eléctricas. Si el Gobierno lo consiente, será cómplice».

Sin embargo, como hemos podido ver cuando han llegado al Gobierno ha sido precisamente eso lo que ha sucedido, incluso con subidas nunca antes vistas. Lo único que han alcanzado a proponer tímidamente los ministros de Unidas Podemos es la creación de una empresa pública en el sector. Pero esta medida, que Unidas Podemos propone de cara a la galería sin ninguna intención de llevarla a cabo realmente, es planteada de manera absolutamente limitada. Incluso reconocen que no tendría ningún efecto sobre la factura de la luz y que habría que esperar a que expiren las concesiones de las plantas hidroeléctricas en manos privadas, algunas de ellas con duración de más de 30 años.

El oligopolio de las eléctricas, que es capaz de hacerse oír con fuerza en los principales medios de comunicación, ha logrado sembrar la idea que estas subidas de la luz son fruto de los azares del mercado y que poco se puede hacer. El Gobierno también contribuye a difundir este mensaje, dando a entender que se trata de una cuestión complicada y “sin soluciones simples y a corto plazo”. Esto es una manera de decir que no piensan hacer nada significativo y mucho menos si va en contra de los intereses de los dueños de las eléctricas.

Pero la solución es relativamente sencilla, es necesario expropiar sin indemnización a las grandes empresas que tienen el control del mercado energético y ponerlas bajo el control democrático de trabajadores y usuarios. La complejidad de la que se ha dotado el sistema eléctrico no es para hacerlo más racional, sino para justificar por múltiples vías cómo el Estado garantiza los beneficios de estas multinacionales.
¿Por qué son las eléctricas las que determinan el precio de la luz mediante una subasta? ¿Por qué hay que pagarles a las empresas los gastos de emisión de CO2 cuando generan electricidad que no genera estos gases? ¿Por qué hay que pagar una deuda que es ilegítima a empresas con millones de beneficios cada año? ¿Por qué el sol y la energía que genera es propiedad de Endesa, Iberdrola y Naturgy? ¿Por qué en otros países de la zona, también con criterios capitalistas, la electricidad es significativamente más barata?

Son preguntas, que más allá de cuestiones técnicas, no son difíciles de responder, y todas tienen la misma respuesta: para garantizar los beneficios exorbitantes del oligopolio energético.

La única complejidad que sí admitimos, es que para conseguir recuperar estas empresas bajo control obrero es necesario desarrollar un combate frontal no solo contra estas empresas sino contra el Estado que sostiene su modelo de negocio. Por tanto se trata de una lucha en la que se debe implicar a amplios sectores de las clases populares.

La vinculación íntima de las eléctricas con la dictadura en su momento, y ahora con los principales partidos políticos, tiene que ver con que se trata de un sector clave de la economía. Los trabajadores y el movimiento obrero en particular tienen que abordar esta cuestión de la misma manera que lo hace la burguesía. Siendo conscientes que no solo es un sector estratégico para el lucro de un puñado de millonarios y para el funcionamiento de la economía capitalista, sino que también para poder golpear de manera más contundente a nuestros enemigos de clase.

La importancia de estos sectores en los embates de la lucha de clases la hemos podido observar en las llamadas “huelgas Robin Hood” de los trabajadores de las eléctricas francesas. En las que al mismo tiempo que se movilizaban en contra de la privatización del sector se solidarizaban con trabajadores de otras empresas cortando el suministro a aquellas que despedían a su plantilla. También reconectaban el servicio a aquellas personas sin recursos. Esto provocaba una enorme simpatía y solidaridad obrera y fortalecía los múltiples conflictos sindicales.

También es el caso de la heroica resistencia de quienes se movilizaron en contra del golpe de Estado en Bolivia en el 2019. Con un enorme instinto de clase los manifestantes se jugaron a bloquear la estratégica planta de Senkata, que suministraba hidrocarburos a La Paz, la capital boliviana.

Estos ejemplos son los que realmente muestran cual es el único camino posible de quebrar la voracidad implacable con la que las empresas eléctricas se lucran a costa de nuestro empobrecimiento. Pensar los vínculos estrechos entre este sector y el Régimen de conjunto y su importancia estratégica a la hora de luchar contra ellos es una tarea que tenemos que abordar los revolucionarios. Con este artículo tratamos humildemente aportar al respecto.

 

Fuente: Izquierda Diario

 

En las últimas semanas a raíz de la subida histórica de la factura de la luz, se ha puesto encima de la mesa cuál es el papel de uno de los sectores empresariales más importantes del Estado español: las eléctricas. Llama la atención que incluso Nadia Calviño (la ministra más neoliberal del Gobierno) ha tenido que admitir que las eléctricas están teniendo “excesivos beneficios”.

Este hecho refleja la enorme influencia de estas empresas, sin embargo su poder no ha caído del cielo y Calviño parece omitir que el modelo de impunidad del que gozan y que les permite conseguir esos «excesivos beneficios» ha sido construido minuciosamente y en cuya construcción, el PSOE ha supuesto un capítulo importante. Sin figuras como Felipe González o Aznar no se entiende el actual mercado energético español.

Se trata sin duda de compañías que forman parte del núcleo duro del capitalismo español y que muestran cómo el Régimen del 78, sus instituciones y distintos partidos están al servicio de un puñado de capitalistas.

 

Un mercado repartido entre los amigos del dictador

En el caso de la patronal de las eléctricas y el actual modelo del mercado eléctrico tiene su origen en el franquismo y en su política de entrega de sectores estratégicos de la economía a los empresarios afines a la dictadura. A pesar de sus tendencias intervencionistas, Franco mostró enorme respeto por los intereses económicos privados, especialmente con los de algunas figuras que habían contribuido significativamente a financiar el golpe que inició la Guerra Civil.

De esta manera el papel del régimen franquista fue clave para que Juan March, empresario que financió notoriamente al ejército sublevado, se hiciera con el control de Fecsa (Fuerzas Eléctricas de Cataluña S.A.), grupo que con los años será parte importante de la actual Endesa.

Otro de los empresarios beneficiados, y que también fue amigo personal del dictador y promovió la adquisición por parte de la familia Franco del polémico Pazo de Meirás, fue Pedro Barrie. Este personaje se hizo con el negocio eléctrico en el noroeste de la península a través de Fenosa.

Al sur también la lealtad al Régimen fue recompensada. En Andalucía se le otorgó el monopolio del mercado eléctrico a los Benjumea a través de la empresa “Compañía sevillana de Electricidad”. Esta familia tuvo una fuerte vinculación y colaboración con uno de los generales más sanguinarios del bando sublevado, Queipo de Llanos. Organizaron con mano de hierro y represión la retaguardia en Andalucía durante los momentos álgidos de la Guerra Civil para que el llamado “carnicero de Sevilla” tuviera las manos libres para desempeñar su papel en el frente.

A pesar del modelo autocrático, Franco no apostó por la nacionalización de este sector estratégico, sino por una cierta liberalización. Y no solo se dió la liberalización, sino el nulo control del Estado sobre los precios de la electricidad. Al mismo tiempo que el Instituto Nacional de Industria fundaba Empresa Nacional de Electricidad, SA, (Endesa), se daba margen a las grandes eléctricas para que esquivasen el control de tarifas que el Estado les imponía para combatir la subida de los precios y empezaban a mostrar altos beneficios. Muestra de ello fue la creación de Unesa (Unidad Eléctrica, SA), en 1944, a propuesta de José María de Oriol Urquijo. Unesa era una empresa privada que agrupaba capital de las grandes eléctricas y cuya función era coordinar la producción y distribución a nivel estatal, una auténtica autorregulación. Una función que en otros países como Francia, Inglaterra o Italia recaía en el propio Estado.

Esta autorregulación generaba enormes beneficios y convirtió a la industria eléctrica en un mercado muy interesante para la banca. Así, los grandes bancos se lanzaron a la caza de las eléctricas y Banco Vizcaya, Banco Bilbao, Banco de Santander, Banco Central y el Urquijo fueron los mayores inversores de las eléctricas en este periodo. De esta manera los grandes banqueros de la época pasaron a formar parte de los accionistas con más peso en las principales compañías de electricidad. Fue así como los lazos entre las eléctricas, el capital financiero y el Régimen se estrecharon formando un bloque compacto.

La ayuda de Franco a los magnates ibéricos fue más allá de sentar las bases para que hagan y deshagan a su antojo; el dictador también se encargó de “expropiar” a las empresas internacionales que tenían capital en la industria eléctrica española desde el siglo XIX para beneficiar a los empresarios autóctonos. Es el caso de la Barcelona Traction Light and Power, una empresa de capital internacional que poseía la red de suministro en gran parte de Catalunya. Juan March trató de comprarla sin éxito hasta que finalmente un tribunal la declaró en quiebra a pesar de que sus cuentas estaban en orden y el Estado obligó a subastarla. El resultado de la subasta fue previsible: Juan March logró adquirir la compañía a precio de saldo. Se podría decir que Franco nacionalizó algunas eléctricas y las “socializó” entre unos pocos capitalistas.

Coexistiendo con estas empresas privadas se desarrolló Endesa. Al tratarse de una empresa pública desde sus inicios tuvo como uno de sus objetivos extender la red de distribución y fortalecer técnicamente el suministro diversificando los modos de producción. Esto la convirtió en una empresa pública “rentable” algo que como veremos más adelante será generosamente regalado en “democracia” a los capitalistas.

 

La privatización completa de la electricidad: de González a Aznar

El modelo eléctrico español es definido por un evidente oligopolio de unas pocas empresas que controlan la producción y la distribución y que tiene su origen en el reparto que se hizo del mercado entre los empresarios amigos de Franco.
Este oligopolio está conformado por cinco grandes compañías: Endesa, Iberdrola, Naturgy, EDP y Repsol. Estas multinacionales controlan más del 90 % del mercado eléctrico. Tan solo las tres más grandes, Endesa, Iberdrola y Naturgy acaparan el 85 % de usuarios.

La llegada de la “democracia” no hizo más que acelerar la liberalización de este sector y aumentar la capacidad de controlar a su antojo los precios, el suministro y el mercado en general por parte de estos gigantes de la energía.

Un hito en este proceso fue la privatización de la mayor empresa pública, Endesa. Es habitual ver como los dos grandes partidos del régimen, PP y PSOE, se cruzan acusaciones sobre quién fue realmente el responsable de que no exista una compañía pública en el sector y por qué se perdió la que había. Y aunque las dos formaciones políticas estuvieron involucradas, lo cierto es que fue el PSOE quien dio inicio a la salida a bolsa de Endesa.

El 16 de abril de 1988 el Gobierno de Felípe González inició la primera fase de la privatización de Endesa sacando a bolsa el 20,35% de las acciones de la empresa pública, y estableció que ese porcentaje podría llegar como máximo al 25%. Pero entregar un cuarto de la empresa les pareció poco a los socialistas y años después, en 1994, Felípe González en su segunda legislatura volvió a sacar a bolsa parte de las acciones propiedad del Estado. En concreto un 8,7% de ellas.

Con un discurso marcado por la demagogia, el Gobierno de González decía en ese momento que con esto se avanzaba en la “modernización del sector”. Esta decisión provocó que el Estado perdiese progresivamente el control de la principal empresa pública de electricidad.

Cuando llegó Aznar a la presidencia recibió una empresa semipública y una herencia privatizadora que por supuesto no iba a desaprovechar. Así, en 1997, poco tiempo después de ganar las elecciones privatizó un 35% más de las acciones quedando ahora en manos del Estado poco más del 40% de la compañía, una minoría. Solo será el pistoletazo de salida de la Era Aznar, este gobierno lanzará una y otra vez ofertas públicas de acciones de Endesa hasta quedar totalmente en manos privadas. Diez años después, será la multinacional italiana Enel la que pase a controlar el 70% de las acciones. Paradójicamente esta empresa tiene una historia similar a Endesa. Se trata de una empresa creada por el Estado Italiano en la década de los 60 y que en los 90 fue igualmente privatizada, pero en este caso, el Estado vecino aún se mantiene como el principal accionista con un 25,5% de participación. Hoy Enel es una gran multinacional.

La expansión internacional de estas empresas energéticas, y en concreto de las españolas, fue un fenómeno que se dio en la década de los 90 y que sólo pudo darse tras las privatizaciones de los 80 y 90, momento en el que acumularon un importante volumen de capital para expandirse. En su mayoría el lugar elegido fue Latinoamérica en donde las reformas neoliberales en esos años, derivadas de la aplicación del consenso de Washington, les ofrecía «oportunidades» a precio de saldo. Así Repsol, Endesa o Gas Natural «compraron» empresas públicas o privadas con el apoyo de las instituciones financieras y los planes aplicados por el imperialismo.

Llegados a este punto, y habiendo visto la generosidad del Régimen hacia la burguesía, no podemos pasar por alto el tema de las puertas giratorias. El Régimen del 78 y en especial su sistema de partidos está estrechamente vinculado con el oligopolio energético, prueba de ello es que tres expresidentes; más de 20 ministros (a partes iguales entre el PSOE y el PP); y una larga lista de secretarios de Estado pasaron directamente de diseñar el actual mercado eléctrico a cobrar sueldos millonarios de estas mismas empresas.

El fenómeno de las puertas giratorias fue muy cuestionado en el 15M y a partir de entonces, este método se mantuvo, pero ahora los partidos burgueses tratan de disimular más poniendo en los consejos de administración a figuras de segunda o tercera fila y esperando un tiempo más prudente desde el final del cargo. Quedaba así atrás la época en la que pudo darse la llamativa situación en que los dos principales responsables de la privatización y presidentes del gobierno, González y Aznar terminarían recibiendo sueldos millonarios de las eléctricas. Felipe González llegó a cobrar cerca de medio millón de euros de Gas Natural en cuatro años. Todo un despropósito.

No puede haber mayor muestra de lo que Marx ya definió cuando la electricidad aún no llegaba a las ciudades, que “el gobierno del Estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa”.

 

Un modelo hecho “a dedo” para el control de unos pocos capitalistas

Pero la privatización no ha sido el único regalo que han hecho los gobiernos a las eléctricas. También han tomado una serie de medidas que son las que han determinado un modelo de negocio que blinda por encima de todo los beneficios de estas empresas.

En 1997 bajo el Gobierno de Aznar, a la vez que se inicia la venta total de Endesa también se legisla para que el precio de la luz fuese determinado en una subasta, dando lugar al llamado mercado mayorista o “pool”, en donde se vende y compra energía para cada una de las horas del día siguiente. Como son las grandes eléctricas las que producen y distribuyen la electricidad tienen un control absoluto de estas subastas y por tanto son capaces de manipular a su antojo el precio de la luz. Con los años tanto los gobiernos del PSOE como los del PP han ido dando paulatinamente mayor margen de maniobra a las grandes empresas en este mercado.

Cinco años más tarde, en 2002, el ministro de economía de ese momento, Rodrigo Rato, decidió fijar el precio de la luz por ley, para supuestamente paliar la inflación. Sin embargo esto se ha terminado convirtiendo en un regalo envenenado para los usuarios, ya que como contrapartida el ministro-banquero establecía el denominado “déficit tarifario”. Con esto el Estado contrae una deuda con las empresas por no recibir el precio real de la electricidad y por tanto la Administración Pública iba acumulando una deuda con las eléctricas que sería cobrada con intereses.

Es decir, el gobierno del PP dejaba decidir a las eléctricas el precio de la luz que todos consumimos y al mismo tiempo le terminaba pagando intereses por una deuda que a todas luces es ilegítima, porque se da en base a unos costes sobre la energía que determinan estas multinacionales y que en todos estos años se han negado a mostrar de forma transparente cuánto auténticamente les cuesta producir la electricidad. Desde luego se trata de un negocio redondo para el oligopolio eléctrico.

Dos de las últimas medidas polémicas que también han encarecido el precio de la luz y beneficiado a las empresas han sido el impuesto al sol y los llamados “beneficios caídos del cielo”. La primera penaliza el autoconsumo de quien quiera instalar paneles fotovoltaicos, y en los hechos otorga el control de la energía solar a las grandes eléctricas. Y la segunda supone un regalo en toda regla por el cual los consumidores terminan pagando los costes de emisión de CO2 a estas empresas. Costes que en la mayoría de ocasiones ni siquiera las empresas han de asumir pero sí los reciben como beneficios. Esto se debe a que en el «pool» del mercado energético el precio de la luz es determinado por el coste de producción de la tecnología más cara. Esta tecnología suele ser la que utiliza el Gas Natural para generar electricidad, a la cual se aplican los impuestos por emisión de CO2 que encarecen aún más su precio. Este tipo de producción eléctrica termina imponiendo el precio general de la luz y de toda la producción eléctrica -desde la generada con energía eólica, hidráulica o solar- así las empresas venden todas sus energías al mismo precio (el marcado por la producción con Gas Natural que incorpora impuestos por emisión de CO2).

Otra de las polémicas del último periodo se desató con las primeras noticias sobre el reparto de los fondos europeos. Una parte muy importante de los mal llamados «fondos para la recuperación» irán destinados a modo de transferencia directa para empresas del IBEX35, varias de ellas grandes eléctricas. Muchas de las cuales hoy son grandes contaminantes que ya han diseñado distintos planes millonarios para participar del reparto de los fondos bajo la etiqueta de «eficiencia energética» o «transición ecológica». Endesa por ejemplo ha presentado 110 proyectos por un valor de 19 mil millones.

 

Un sector estratégico

Nos encontramos por tanto ante un sector de la economía estratégico con unas multinacionales fortísimas y una vinculación orgánica con las principales instituciones y partidos del Régimen del 78. Al igual que la banca o las constructoras son empresas para las cuales se tiene una política de Estado que blinda sus intereses y beneficios.

Estos privilegios no son anecdóticos sino que forman parte esencial del funcionamiento de esta democracia para ricos. Romper con la dictadura de las eléctricas, para obtener una producción y distribución racional con precios razonables y al servicio de la mayoría social significa enfrentarse al actual régimen político.

Es por esto que los planteamientos de formaciones políticas como Unidas Podemos se muestran totalmente impotentes, dando muestra una vez más de su adaptación al Régimen y a los poderosos. Durante la campaña electoral el partido morado hizo del combate contra las eléctricas y la bajada de la factura de la luz una de sus principales banderas. Pablo Iglesias llegó a afirmar que «disparar la factura de la luz solo demuestra la codicia de las eléctricas. Si el Gobierno lo consiente, será cómplice».

Sin embargo, como hemos podido ver cuando han llegado al Gobierno ha sido precisamente eso lo que ha sucedido, incluso con subidas nunca antes vistas. Lo único que han alcanzado a proponer tímidamente los ministros de Unidas Podemos es la creación de una empresa pública en el sector. Pero esta medida, que Unidas Podemos propone de cara a la galería sin ninguna intención de llevarla a cabo realmente, es planteada de manera absolutamente limitada. Incluso reconocen que no tendría ningún efecto sobre la factura de la luz y que habría que esperar a que expiren las concesiones de las plantas hidroeléctricas en manos privadas, algunas de ellas con duración de más de 30 años.

El oligopolio de las eléctricas, que es capaz de hacerse oír con fuerza en los principales medios de comunicación, ha logrado sembrar la idea que estas subidas de la luz son fruto de los azares del mercado y que poco se puede hacer. El Gobierno también contribuye a difundir este mensaje, dando a entender que se trata de una cuestión complicada y “sin soluciones simples y a corto plazo”. Esto es una manera de decir que no piensan hacer nada significativo y mucho menos si va en contra de los intereses de los dueños de las eléctricas.

Pero la solución es relativamente sencilla, es necesario expropiar sin indemnización a las grandes empresas que tienen el control del mercado energético y ponerlas bajo el control democrático de trabajadores y usuarios. La complejidad de la que se ha dotado el sistema eléctrico no es para hacerlo más racional, sino para justificar por múltiples vías cómo el Estado garantiza los beneficios de estas multinacionales.
¿Por qué son las eléctricas las que determinan el precio de la luz mediante una subasta? ¿Por qué hay que pagarles a las empresas los gastos de emisión de CO2 cuando generan electricidad que no genera estos gases? ¿Por qué hay que pagar una deuda que es ilegítima a empresas con millones de beneficios cada año? ¿Por qué el sol y la energía que genera es propiedad de Endesa, Iberdrola y Naturgy? ¿Por qué en otros países de la zona, también con criterios capitalistas, la electricidad es significativamente más barata?

Son preguntas, que más allá de cuestiones técnicas, no son difíciles de responder, y todas tienen la misma respuesta: para garantizar los beneficios exorbitantes del oligopolio energético.

La única complejidad que sí admitimos, es que para conseguir recuperar estas empresas bajo control obrero es necesario desarrollar un combate frontal no solo contra estas empresas sino contra el Estado que sostiene su modelo de negocio. Por tanto se trata de una lucha en la que se debe implicar a amplios sectores de las clases populares.

La vinculación íntima de las eléctricas con la dictadura en su momento, y ahora con los principales partidos políticos, tiene que ver con que se trata de un sector clave de la economía. Los trabajadores y el movimiento obrero en particular tienen que abordar esta cuestión de la misma manera que lo hace la burguesía. Siendo conscientes que no solo es un sector estratégico para el lucro de un puñado de millonarios y para el funcionamiento de la economía capitalista, sino que también para poder golpear de manera más contundente a nuestros enemigos de clase.

La importancia de estos sectores en los embates de la lucha de clases la hemos podido observar en las llamadas “huelgas Robin Hood” de los trabajadores de las eléctricas francesas. En las que al mismo tiempo que se movilizaban en contra de la privatización del sector se solidarizaban con trabajadores de otras empresas cortando el suministro a aquellas que despedían a su plantilla. También reconectaban el servicio a aquellas personas sin recursos. Esto provocaba una enorme simpatía y solidaridad obrera y fortalecía los múltiples conflictos sindicales.

También es el caso de la heroica resistencia de quienes se movilizaron en contra del golpe de Estado en Bolivia en el 2019. Con un enorme instinto de clase los manifestantes se jugaron a bloquear la estratégica planta de Senkata, que suministraba hidrocarburos a La Paz, la capital boliviana.

Estos ejemplos son los que realmente muestran cual es el único camino posible de quebrar la voracidad implacable con la que las empresas eléctricas se lucran a costa de nuestro empobrecimiento. Pensar los vínculos estrechos entre este sector y el Régimen de conjunto y su importancia estratégica a la hora de luchar contra ellos es una tarea que tenemos que abordar los revolucionarios. Con este artículo tratamos humildemente aportar al respecto.

Fuente: Izquierda Diario

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