domingo, 8 de agosto de 2021
Hiroshima. [El ser humano por sus características mediante el trabajo (no el cuento de chistes) se apropia de la naturaleza a la que transforma para adaptarla a sus necesidades, a las intrínsecamente naturales que tiene todo ser humano sin excepción, y a las que no son naturales pero que a fuerza de ejercitarlas diariamente llega a considerarlas como naturales (el amor al dinero como amor de los amores, por ejemplo) cuando no las son. Estas las tiene unos seres humanos pero no otros. No es pues el ser humano, en general y en abstracto (como se está haciendo creer) el que destruye ni la naturaleza ni el medio ambiente, tres cuartos de ambiente y ambiente entero, sino algunos seres humanos concretos que se puede materializar en la exigua minoría de personas (hombres y mujeres) que representan a los grandes capitales. Hoy el enemigo de la naturaleza, o sea, el enemigo del género humano, son los representantes (los representantes y las representantas, para que no se diga que soy un tío pasado de moda y que no manejo el lenguaje chupi moderno) de los grandes capitales que, si los pintamos de verde y los denominamos como nos venga en ganas, el enemigo del género humano siguen siendo (con eco por aquí y eco por allá) los representantes de los grandes capitales pintados de verde, aunque se llamen como quieran llamar y se vistan como se quieran vestir, que yo me voy bajando del guindo y empiezo a entender todo esto, oiga. Ahora sólo falta que me desguinde del todo, colegui.]
El 8 de agosto de 1945, cuando la prensa internacional parecía alegrarse por la destrucción de la ciudad de Hiroshima con un arma nueva, el escritor Albert Camus firmó este editorial en el periódico Combat… Para leer y que quede en la memoria.
Hiroshima
El Viejo Topo
8 agosto, 2021
El mundo es lo
que es, es decir poca cosa. Lo sabe cada uno desde ayer gracias al fabuloso
concierto que la radio, los diarios y las agencias de información acaban de
desatar con respecto a la bomba atómica. Nos dicen, efectivamente, en medio de
un montón de comentarios entusiastas que “cualquier ciudad de mediana
importancia puede ser arrasada por una bomba del tamaño de una pelota de
futbol”. Periódicos estadounidenses, ingleses y franceses se explayan en
disertaciones elegantes sobre el futuro, el pasado, los inventores, el costo,
la vocación pacífica y los efectos bélicos, las consecuencias políticas y hasta
el carácter independiente de la bomba atómica. Vamos a resumirnos en una frase:
la civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo. Habrá
que elegir, en un futuro más o menos cercano, entre el suicidio colectivo o la
utilización inteligente de las conquistas científicas.
Mientras tanto,
está permitido pensar que hay una cierta indecencia en celebrar así un
descubrimiento, que primero se pone al servicio de la ira de destrucción más
increíble de que haya sido prueba el hombre en siglos. Que en un mundo librado
a todos los destrozos de la violencia, incapaz de ningún control, indiferente a
la justicia y a la simple felicidad de los hombres, la ciencia se consagre al
asesinato organizado, nadie sin duda podrá siquiera asombrarse, a menos que
sostenga un idealismo impenitente.
Los
descubrimientos deben registrarse, comentarse por lo que son, anunciarse al
mundo para que el hombre tenga una idea precisa de su destino. Pero abordar
estas revelaciones espantosas con una literatura pintoresca o humorística,
resulta insoportable.
Ya no era fácil
respirar en un mundo torturado. Ahora se nos propone una nueva angustia, que
tiene todas las chances de ser definitiva. Se le ofrece a la humanidad sin duda
la última oportunidad. Y esto quizás bajo el pretexto de una edición especial.
Pero debería ser con toda seguridad tema de ciertas reflexiones y de mucho
silencio.
Por lo demás,
hay otras razones para recibir con reserva la novela de anticipación que nos
proponen los periódicos. Cuando vemos al redactor diplomático de la Agencia
Reuter anunciar que este invento deja caducos los tratados e incluso las
decisiones de Potsdam, destacar que da lo mismo que los rusos estén en Koenigsberg
o Turquía en los Dardanelos, no puede uno evitar de adjudicar a este bello
concierto intenciones bastante extranjeras al desinterés científico.
Que nos
escuchen bien. Si los japoneses capitulan después de la destrucción de
Hiroshima y a causa de la intimidación, nos vamos a alegrar. Pero rechazamos
aprovecharnos de una noticia tan grave para otra cosa que no sea la decisión de
abogar más enérgicamente aún por una verdadera sociedad internacional, donde
las grandes potencias no tengan derechos superiores a las naciones más pequeñas
o medianas, donde la guerra, el flagelo que se ha convertido en definitivo por
el solo efecto de la inteligencia humana, ya no dependa de los apetitos o de
las doctrinas de tal o cual Estado.
Ante las
perspectivas aterradoras que se abren a la humanidad, percibimos aún mejor que
la paz es la única batalla que vale la pena librar. Ya no se trata de un ruego,
sino de una orden que debe alzarse de los pueblos a los gobiernos, la orden de
elegir definitivamente entre el infierno y la razón.
Editorial de
Combat, 8 de agosto de 1945.
Original francés del editorial: https://www.humanite.fr/albert-camus-sur-hiroshima-leditorial-de-combat-du-8-aout-1945-580990
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La burbuja del fútbol se acerca a su explosión? [O sea, que la recibe Trompetiño, parándola con el pecho en campo contrario a la altura de medios, regatea a Miniño pasándola a Zumpiño que se interna por la banda derecha. Este sin dejar que el esférico toque la hierba la pone al punto de penalti, donde aparece Ojiño, que saltando entre los dos centrales, cabecea marcando perfectamente los tiempos (¡un, dos!), y, … Y lo que digo yo, que este próximo melocotonazo de reventón seguro de los grandes capitales metidos a meter goles como única posibilidad ya que tienen para asegurar la tasa de ganancia g´ que les permita seguir creciendo al ritmo y nivel que necesitan los capitales invertidos, se explica perfectamente bien (sin necesidad de entender de fútbol) acudiendo a la fórmula de Marx: g´ = p´ / o + 1, con la que se demuestra y explica que el modo de producción capitalista al llegar a un determinado grado de desarrollo, por las propias contradicciones que crea el sólito, se paraliza y de elemento de progreso social que fue se convierte en elemento de regreso social, poniendo en evidencia la necesidad histórica de su extinción como modo de producción histórico dominante para tener que ser sustituido por razones históricas (no porque yo lo diga) por el socialismo (no confundamos la velocidad con el tocino, he escrito socialismo y no PSOE. ¿Usted no se ha enterado de la crisis de 2008? ¿Usted no ha visto como las condiciones de vida de cada vez más gente ha venido empeorando paulatinamente desde entonces? ¿Usted no ve todos los elementos que están apuntando a que ese empeoramiento generalizado de las condiciones de vida tiende a intensificarse y a ampliarse cada vez a más gente? Si usted no ha visto todo esto no se preocupe que no es sordo: es cosa de Santa Lucía. Si la formulita de Marx se contextualiza y se le sitúa en 2008 a esta parte, verá que ya no hace falta ningún Trompiño que meta goles y que el pedo no va a venir por el fallo de ningún portero, sino por vía modo de producción capitalista. Por supuesto querido, por supuesto, Esto es más complejo de como yo lo estoy exponiendo, porque para empezar hay que desguindarse (conjugando el verbo desguinde: tú te desguindas; él se desguinda y, por supuesto, el primero que se tiene que desguindar soy yo. O sea, bajar del guindo, perder los miedos y ensartenarse, o sea, que los trabajadores cojamos la sartén por el mango. ¿Y eso cómo se hace? Hombre, no se me impaciente ni eche a correr tan deprisa, que se trate de eso. Se trata de empezar a discutir eso entre los trabajadores antes, y para impedir que salte la chispa del pedo que prenda la nube de pedorretas que me están preparando los jefes de USA, Europa, Rusia, China y otros. Lo que yo le diga, que tenemos que empezar por el desguinde. ]
La burbuja del fútbol se
acerca a su explosión?
INSURGENTE.ORG
VARIOS
Malas noticias para Javier Tebas y LaLiga que han visto como en las últimas
horas todos sus planes se van desvaneciendo como un castillo de naipes. Los
operadores quieren pagar menos por los derechos audiovisuales
de una competición que cada vez tiene menos estrellas después la salida de
Lionel Messi. Además, el Real Madrid acaba de anunciar que interpondrá una
querella criminal contra Tebas por estafa después del acuerdo que pretende
hipotecar los derechos los clubes durante 50 años con un fondo de inversión.
El
Presidente de LaLiga tenía un plan perfecto, vender los derechos de la
competición por 50 años al fondo CVC por 2700 millones, cantidad que Real
Madrid y F.C Barcelona consideran irrisoria teniendo en cuenta que los clubes
estiman que el fondo podría llegar a ganar hasta 20.000 millones con este
acuerdo. El problema es que a pesar de que el acuerdo está aprobado ya por
unanimidad por la Comisión Delegada, el fondo radicado en Luxemburgo ha
confirmado que no firmará sin el apoyo de los grandes. Otros clubes como el
Athletic de Bilbao con sus cuentas saneadas tampoco ven con buenos ojos la
venta de los derechos de LaLiga al fondo de inversión.
El
impacto de la salida de Messi
Contra todo pronóstico el astro argentino no seguirá en el F.C Barcelona precisamente por el «Fair Play» financiero impuesto por Teba0s a los clubes y eso implica que LaLiga sigue perdiendo valor. El Presidente Joan Laporta fue muy crítico con el organismo asegurando que no ven ese acuerdo y que no están dispuestos a hipotecar el futuro de la entidad durante medio siglo. Inmediatamente después Tebas contestó en redes sociales asegurando que la operación de CVC, no hipoteca los derechos durante 50 años, lo que hace es que los mismos tengan más valor para todos los clubes puedan HIPOTECAR a sus BANCOS y resolver la gran deuda.
La realidad es que la gestión económica de la mayoría de los clubes de
fútbol ha sido calamitosa y la pandemia ha terminado de tensionar la tesorería
de prácticamente todos los equipos de fútbol. Para que el negocio no se vaya al
traste, Tebas pretende inyectar todo el capital de CVC a los equipos cediendo
el 10% de los derechos de las competiciones durante 50 años. Un acuerdo que le
llevará a los tribunales tras la querella que prepara el Real
Madrid por administración desleal y estafa.
Jaume
Roures entra en escena
El fundador de Mediapro y amigo personal de Tebas también ha aparecido en los medios asegurando que la inscripción de Messi estaba hecha y que «algo ha pasado«. El dueño de la productora catalana quiere llevar el debate al ámbito deportivo asegurando que la salida de Leo tiene que ver con la planificación de la plantilla y no con los problemas financieros del club. Sea como fuere, LaLiga y los clubes tienen un problema económico grave y precisamente el proyecto de la «SúperLiga» impulsada por Real Madrid, F.C Barcelona y otros clubes punteros en Europa era la puntilla para Tebas que ve como poco a poco la competición nacional va perdiendo fuelle frente a otras ligas europeas.
Sin Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos o Messi, LaLiga vale menos.
Además, los abonados a plataformas de televisión de pago que tienen LaLiga
incluida cada vez ven menos partidos. Con este panorama, fuentes
del sector aseguran que los operadores quieren pagar menos en las próximas
subastas lo cual agravaría aún más la situación de los clubes. En la actualidad
Telefónica paga 980 millones por temporada hasta la 2021-2022. Además,
las telecos también ven con recelo la posibilidad de que
Amazon entre en escena y pueda también ofrecer partidos de fútbol en
España.
Difícil situación para LaLiga que pensaba que tenía resuelto el problema
económico de los clubes dando entrada a un fondo de inversión y que en apenas
unos días ha visto como los dos grandes se han puesto en contra y que el mejor
jugador del mundo ha puesto rumbo hacia otra liga europea restando
valor a la Liga española. De momento el organismo ha comenzado a regar los
medios de comunicación afines con publicidad para tratar de acallar las
críticas. También acaban de estrenar un videoclip cantado por el artista
colombiano Camilo que está empezando a aparecer en todas las televisiones y que
tiene como objetivo poner en valor la competición que está a punto de empezar
con menos estrellas que nunca.
https://www.adslzone.net/noticias/streaming-tv/laliga-pierde-valor-tebas-problemas/
sábado, 7 de agosto de 2021
Dos años de sequía ponen en jaque la cuenca más importante del cono sur. El Paraná se queda sin agua. [Ahí lo tienen: que se ha tirado de la cuna el niño chiquitillo de Pablo Iglesias (que es un pinta como ya les he hecho saber en más de una ocasión, que se ha echado al medio ambiente el muy bandido y que le ha quitado el tapón de desagüe al río Paraná, total, que nos estamos quedando sin agua -los arroceros de mi pueblo, Isla Mayor, y otros del bajo Guadalquivir, también, ¿qué cosas, verdad?-) y el primo de Rajoy sin enterarse todavía si mañana lloverá, no lloverá o dejará de llover en Sevilla. Cosas de la ecosimpleza mental que vivimos que pasan. Y lo que es todavía guatipedi mucho malo, maño, que los trabajadores (los trabajadores universitarios también, que de esto no se libra ni Dios, que no es ni trabajador ni universitario, pero bueno, para cuando lo sea, más vale que sobre que no que falte) que nos hemos subido al guindo y no hay forma de desguindarse, es más, cada día que pasa estamos más enguindados y sin desguindamiento no hay peces, majo. Pero alma cándida, ¿qué esperas que los peces se suban gateando al guindo para que tú los cojas desde el sofá? ¿Pero eso cuándo se ha visto, hijo mío? Contra esta chuiquillada del hijo pequeño de Pablo Iglesias que nos está dejando sin agua, y desde el guindo, siempre encima del guindo, nosotros sin dejar el guindo, qu´es mucho gueno, macho, podemos echar mano del ecolatón de pintura verde orgánica (o sea, mierda pura) y, cosa que se menee, ¡zaca!, brochazo y tente tieso o, también, desde banqueta de regular tamaño empezar a dar saltitos para alcanzar el cielo (ya lo advierto, empezar a dar saltitos desde una banqueta de regular tamaño el talegazo contra el suelo es seguro, y en cayendo de cabeza, ¡adiós Madrid que te quedas sin gente!) o, bien, liarnos a dar cabezazos contra el canto de una esquina hasta morir encantados (¿O qué otra cosa esperas más que la muerte por encantamiento si echas a darte cabezazos contra el canto de una esquina?), pero como no empecemos (que no llevamos camino de empezar) a comprender que el deterioro del medioambiente, tres cuartos de ambiente y ambiente entero no parte del “hombre” (para chistes, mejores chistes, por favor) sino de la forma de producción capitalista, y todo lo que me digas aparte de esto, en confianza, me entra por una oreja y me sale por la otra, tal cual, como lo estás leyendo, y por tanto, no hay que sustituir al “hombre” sino al modo de producción capitalista, y conste que lo entiendo, que lo mismo que digo una cosa digo la otra, que yo soy un hombre muy entendible: que como esto de sustituir al capitalismo está escrito en chino, pero no en chino mandarín o mandarán, que estos al fin y al cabo se pueden llegar a entender, sino en chino enrevesado total, pues que normal que no se entienda. Información para la busca, captura y reposición del niño chico de Pablo iglesias a su casa: salió cantando la canción de al Paraná voy con tal de joder la marrana, y cuando fue visto por última vez llevaba pañales contra meos y otras aguas mayores color morado y en una esquinita el dibujo a mano de una supuesta bandera republicana. Cualquier información al respecto será debidamente gratificada por el Maestro armero que de esto sabe un guevo. Fin del mensaje que ya no se puede decir más porque con esto hay que andar con cuatro ojos.]
Dos años de sequía ponen en jaque la cuenca más importante del cono sur
El Paraná se queda sin agua
Rebelión
07/08/2021
Fuentes: Mongabay [Imagen: El Paraná a su paso bajo el Puente de la Amistad, entre
Foz de Iguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay). En abril de 2020, la
sequía ya dejaba ver sus efectos en toda la cuenca. Foto: O Globo.]
Desde 2019, las aguas de la cuenca del Paraná-Plata
viven un ciclo de descenso que ya es el más prolongado de la historia.
Las variaciones climáticas y las actividades humanas
-deforestación, actividad agropecuaria, infraestructuras, dragado- explican la situación.
Nadie aventura las consecuencias a largo plazo.
No
llueve. Y si llueve, lo hace con tanta timidez que no alcanza para compensar
una espera que comenzó en junio de 2019 y dos años después se ha convertido en
una preocupación mayúscula. La cuenca de los ríos Paraná-Plata padece
desde entonces una sequía con efectos que se evidencian a primera vista y
consecuencias que nadie se atreve a predecir.
El Paraná, eje central de una cuenca que cubre casi tres millones de kilómetros cuadrados, se encuentra en un estado que asombra a quienes viven a sus orillas y alarma a los científicos. De punta a punta de su trayecto —3940 kilómetros que nacen en las sierras del sureste brasileño y desembocan en la Argentina a las puertas de la ciudad de Buenos Aires, luego de bañar también las tierras de Paraguay—, el nivel de las aguas muestran un descenso pocas veces visto con anterioridad. “En cuanto a los tiempos de duración, es la bajante (el descenso) más importante que se tenga registro”, señala Gustavo D’Alessandro, presidente del Consejo Hídrico Federal argentino. “La de 1944 fue la más marcada, porque se llegó a medir -0,80 metros de altura en el puerto de Barranqueras, en Chaco, pero si la situación se mantiene, en octubre podríamos superarla y llegar a -1,35 metros”, dice D’Alessandro, sin ocultar la cifra que con la sola mención produce escalofríos.
Dueño
de un caudal medio de 16 000 metros cúbicos por segundo en tiempos normales
(actualmente no supera los 7000), la dinámica del Paraná posee una variabilidad
natural que origina ciclos de sequías e inundaciones que pueden ser anuales
pero también abarcar décadas enteras. A grandes rasgos, se considera que la
primera mitad del siglo XX fue un período de lluvias escasas, al contrario de
lo que ocurrió en la segunda mitad. La gran diferencia es que las condiciones
se han modificado de una manera tan radical en los últimos cien años y con
ellas, es muy posible que la capacidad de recuperación del río también
sea distinta.
Si
bien no existe un consenso unánime sobre el origen de la situación actual, los
científicos coinciden en alertar que el futuro será sombrío si no se modifican
conductas de fondo relacionadas con el tratamiento del río y las tierras de
toda la cuenca.
La Niña y las actividades humanas
Juan
Burós es ingeniero civil y subgerente del área de Sistemas de Información y
Alerta Hidrológico en el Instituto Nacional del Agua (INA). Desde hace 38 años recorre y conoce
cada sector del río: “En 1944 la vulnerabilidad era menor, porque alrededor del
Paraná vivía mucho menos gente. Desde entonces hasta ahora hubo cambios
notorios: hoy la economía argentina depende del Paraná mucho más que
hace 78 años. El corrimiento (ampliación) de la frontera agrícola ha
sido muy marcado, y este cambio de uso del suelo potencia los extremos de
bajantes y crecidas”, explica.
Las causas que están provocando la situación actual es un tema de discusión latente entre la comunidad científica que estudia el fenómeno. “Son muchas cuestiones de distintas magnitudes que se van sumando”, indica Cecilia Reeves, bióloga integrante del área Humedales para la Vida en Taller Ecologista, una organización socioambiental con sede en Rosario, la ciudad de mayor tamaño a orillas del río. “La bajante llega porque hay menos lluvias en toda la cuenca, desde Brasil hasta el Río de la Plata, un fenómeno climatológico derivado del evento La Niña que se declaró en agosto de 2020”, sostiene Reeves, pero agrega: “Los que estudian el cambio climático dicen que esto es parte de ese cambio; otros aseguran que no. Es cierto que el grado creciente de deforestación y los incendios en la Amazonía hacen que la selva transpire menos y no se formen los llamados ‘ríos voladores‘ que originan lluvias, pero tampoco se puede trazar una línea directa de causa-efecto en relación a la bajante”.
Como
muestra del disenso, Burós relativiza la trascendencia que pueda tener La Niña,
un fenómeno con epicentro en el océano Pacífico que reduce la humedad del aire
y, por ende, la cantidad de lluvias en el continente: “Cuando se declaró
oficialmente La Niña nosotros ya llevábamos cinco meses de bajante. En nuestra
región esos fenómenos pegan si son intensos. Ahora son flojos o tibios y las
perspectivas futuras indican neutralidad o una Niña suave. Entiendo que los
forzantes (causas) locales tienen aquí más importancia que los globales”, sostiene.
Por
eso Gustavo D’Alessandro hace hincapié en las mano del hombre, “que sin duda ha
estado empeorando la situación”. El Paraná es desde hace muchos años un cauce
multifragmentado por las represas (solo en territorio brasileño hay 20) y
la intervención humana a través de obras de infraestructura o el dragado
permanente para facilitar el tráfico fluvial. “Para construir el puente
Rosario-Victoria hubo que crear terraplenes y modificar el curso del río”,
recuerda Cecilia Reeves, “ese tipo de acciones que alteran la tipología del
sistema lo dejan más vulnerable ante nuevas actividades. El valle de inundación
queda más expuesto y toda su estructura biótica sufre las consecuencias”.
Ya sea que incidan más unas razones que otras, el resultado es una alteración del clima que no solo está provocando el actual descenso en los niveles de la cuenca y ha puesto en estado de alerta a los países implicados —la escasa humedad del suelo aumenta de manera notable el peligro de incendios desde el Mato Grosso y el Pantanal de Brasil y Paraguay hasta el Delta argentino—, sino que augura más complicaciones en el futuro. “La variabilidad climática está muy potenciada respecto a décadas anteriores (…) y lo que cabe esperar son cambios cada vez más bruscos. Tenemos que acostumbrarnos y estar preparados a enfrentar los dos extremos porque nos van a jaquear de manera permanente”, subraya Juan Borús sin dejar lugar a dudas.
Armar
posibles escenarios climáticos e hidrológicos es la tarea cotidiana de Inés
Camilloni, doctora en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires. Sus
investigaciones le permiten confirmar el diagnóstico sobre la radicalización
climática, aunque con un añadido interesante: “Si bien los caudales mínimos
tenderán a ser más mínimos y los máximos, más máximos, la estimación indica que
la intensidad de las bajantes podría aumentar de un 10 a un 15 por
ciento, mientras que la de las crecientes lo haría en solo un 5 por
ciento”, puntualiza en su análisis.
Agua, energía y economía en alerta
Guillermo
Lanfranco es gerente de comunicación de Aguas Santafesinas, la
empresa encargada de potabilizar el líquido que se extrae del Paraná y algunos
de sus afluentes, y conoce de primera mano una de las consecuencias más
notables que pueden padecer los habitantes de las riberas si este descenso se
acentúa en los próximos meses. “Hoy las bombas de succión trabajan forzadas,
con mucha presión mecánica para mantener la oferta necesaria, pero si el nivel
del río disminuye todavía más es posible que debamos ajustarla. Nunca habíamos
vivido una situación así”, dice con claridad en el documental Bajo Río, realizado
por la Universidad de Rosario, en el que aprovecha para pedir que la población
empiece a moderar el uso para prevenir futuros faltantes.
La
luz presenta también sus propios problemas. Si bien en los últimos días de
julio los responsables de la central eléctrica de Itaipú, ubicada en el límite
de Paraguay y Brasil a pocos kilómetros de la triple frontera con Argentina,
garantizaron la provisión de energía pese a que el nivel del embalse se
encuentra por debajo de sus límites históricos, nadie puede afirmar que la
situación pueda alterarse dentro de unos meses si la primavera no trae las
anheladas lluvias. “Las represas de la cuenca alta están funcionando al 35% de
su capacidad, y la de Yaciretá (más al sur, entre Paraguay y Argentina), en
torno a un 50%. Si no llueve podríamos tener inconvenientes con la
provisión de electricidad”, alerta Gustavo D’Alessandro.
La
caída en los niveles de la cuenca, por otra parte, ya está perjudicando la
economía. El 85 por ciento de las exportaciones argentinas salen en grandes
barcos desde los puertos del Paraná Inferior, por donde también se marchan el
73 por ciento de las exportaciones paraguayas y el 20 por ciento de las
bolivianas. La Bolsa de Comercio de Rosario estima en 315 millones de
dólares las pérdidas generadas por la situación entre marzo y agosto de este
año, que se suman a los 240 millones acumulados en 2020. El motivo es que
los buques deben reducir la carga en sus bodegas en cantidades que oscilan
entre las 6 000 y las 10 000 toneladas para evitar encallarse. Por supuesto,
los pescadores artesanales también se cuentan entre las “víctimas”. Las
autoridades han impuesto vedas de captura que en algunos sitios ya son totales
y complican la subsistencia de las familias que basan sus ingresos en esta
actividad.
Las cosas incluso empeoran a medida que se asciende rumbo al norte. “El puerto de Barranqueras está sin operar porque las barcazas no pueden ingresar”, informa D’Alessandro. Por allí llegan los hidrocarburos que abastecen a cuatro provincias del noreste argentino, que ahora deben ser transportados en camiones, lo cual encarece el traslado, disminuye la cantidad y aumenta los tiempos de viaje.
Los peces, la fauna más afectada
Con
todo, nada resulta más peligroso que el daño ambiental que ya está produciendo
este descenso significativo en la cuenca. La fauna ictícola es la que recibe el
impacto directo. “Las especies adaptadas al humedal ven alterado su medio y se
ven obligadas a migrar o buscarse la vida de otra manera. Los peces
pierden las áreas donde desovan y en otros casos los huevos y alevines (crías
de peces) quedan expuestos a depredadores. En el largo plazo, esto
reducirá las poblaciones”, resume la bióloga Cecilia Reeves. “Desde 2015 no hay
una gran inundación que genere el estímulo y el espacio de cría de peces que
después mantenga la población hasta el siguiente ciclo de lluvias. Si el estado
actual continúa, el grupo de peces más extraído vivirá una situación
crítica”, abunda Andrés Sciara, docente e investigador de la Universidad de
Rosario, en el ya citado documental Bajo Río.
El sábalo (Prochilodus lineatus), la tararira (Hoplias malabaricus), el dorado (Salminus brasiliensis), la boga (Leporinus obtusidens) o el pacú(Piaractus mesopotamicus) son esas especies que están en riesgo y a los que en algunos sectores del río se intenta proteger con la veda de su pesca.
Si
algo falta para acercarse a un escenario de catástrofe que algunos científicos
temen que pueda ser irreversible, el Gobierno argentino se plantea
aumentar el calado (profundidad que alcanza la parte sumergida de una
embarcación) y ensanchar la Hidrovía, el canal navegable del Paraná. El
objetivo es facilitar la entrada de buques con mayor capacidad de carga y que
puedan hacerlo con doble vía de circulación. El fin último, por supuesto, es
aumentar las posibilidades para exportar granos y otras mercancías, lo cual
sería además un estímulo para potenciar la expansión de la frontera
agropecuaria, tanto en Argentina como en Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil.
“Si se concreta, es de sentido común pensar que habrá un impacto directo en la fauna y en los márgenes del río”, razona Juan Borús. “En algún momento el agua volverá”, dice convencida Reeves, “pero la gran pregunta es saber qué haremos mientras tanto con la inversión inmobiliaria, los endicamientos (formación artificial de diques en los cauces de un río) para la explotación agroganadera o el dragado del cauce. Todo esto es muy importante para la recuperación. El valle de inundación es parte del río y si no lo cuidamos habrá problemas. Esta bajante deja muy en evidencia la interdependencia entre las sociedades y los sistemas que habitamos”, agrega.
Las
lluvias que suelen ser de unos 1800 milímetros de agua al año en el área
brasileña han disminuido a menos de la mitad. Lo mismo ocurre en las zonas de
las provincias argentinas de Misiones y Corrientes acostumbradas a recibir
hasta 2400 milímetros. El CEMADEN, Centro de Monitoreo y Alerta de Desastres
Naturales de Brasil, dice que no puede anticipar cuándo comenzará ni cómo será
la temporada de lluvias que de norte a sur alimentan todo el sistema. Las
autoridades se limitan a idear parches para sortear la contingencia sin mirar
mucho más allá. No llueve. El agua del bravío Paraná va desapareciendo un poco
más cada día y hoy por hoy nadie es capaz de asegurar que volverá a ser lo que
era.
Fuente: https://es.mongabay.com/2021/08/parana-el-plata-cuenca-rios-sequia-argentina-brasil-paraguay/
Federico Engels, por Lenin
Federico Engels, por Lenin
DIARIO OCTUBRE / 31.07.2021
Marx y Engels
fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus reivindicaciones
surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la burguesía, crea
inevitablemente y organiza al proletariado. Demostraron que la humanidad se
verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien
intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la
lucha de clase del proletariado organizado.
Marx y Engels
fueron los primeros en dejar sentado en sus obras científicas que el socialismo
no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable
del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad contemporánea.
Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la
sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras.
Y esto ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de
clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social
caótica. Los intereses del proletariado exigen que estas bases sean destruidas,
por lo que la lucha de clase consciente de los obreros organizados debe ser
dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.
Estos conceptos
de Marx y de Engels los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en
lucha por su emancipación. Pero cuando los dos amigos, en la década de 1840,
participaban en la literatura socialista y en los movimientos sociales de aquel
tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había
muchos hombres con talento y otros sin talento, muchos honrados y otros
deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha
contra la autocracia de los monarcas, de la policía y del clero, no percibían
el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del
proletariado.
Estos hombres
ni siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social
independiente. Por otra parte, ha habido muchos soñadores, algunas veces
geniales, que creían que bastaba tan sólo convencer a los gobernantes y a las
clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que
resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general.
Soñaban con un
socialismo que triunfara sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de
aquella época y, en general, los amigos de la clase obrera no veían en el
proletariado más que una llaga y contemplaban con horror cómo, a la par que
crecía la industria, crecía también esta llaga. Por eso todos ellos pensaban en
el modo de detener el desarrollo de la industria y del proletariado, de parar
«el carro de la historia».
Contrariamente
al temor general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban
todas sus esperanzas en el continuo crecimiento numérico de éste. Cuantos más
proletarios haya tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria y tanto
más próximo y posible será el socialismo. De expresar en pocas palabras los
méritos de Marx y Engels ante la clase obrera, podría decirse que enseñaron a
la clase obrera a tener conocimiento y conciencia de sí misma y sustituyeron
los ensueños por la ciencia.
He aquí por qué
el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos por todo obrero; he aquí el
motivo de que insertemos en nuestra recopilación, que, como todo lo que
editamos, tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros
rusos, un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los
dos grandes maestros del proletariado contemporáneo.
Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de
Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, Engels, por motivos familiares, se
vio obligado, antes de terminar el liceo, a colocarse como dependiente en una
casa de comercio de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su
capacitación científica y política. Siendo todavía alumno del liceo, Engels llegó
a odiar la autocracia y la arbitrariedad de los funcionarios gubernamentales.
El estudio de la filosofía lo llevó aún más lejos. En aquella época, en la
filosofía alemana predominaba la doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo
partidario.
A pesar de que
el propio Hegel era admirador del Estado autocrático prusiano, a cuyo servicio
se hallaba en calidad de profesor de la Universidad de Berlín, la doctrina de
Hegel era revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y en los derechos
de ésta y la tesis fundamental de la filosofía hegeliana, según la cual en el
mundo transcurre un proceso constante de cambio y desarrollo, indujeron a los
discípulos del profesor berlinés que no querían resignarse a la realidad a la
idea de que también la lucha contra la realidad, la lucha contra la injusticia
existente y el mal reinante tiene sus raíces en la ley universal del desarrollo
perpetuo.
Si todo en el mundo se desarrolla, si unas instituciones sustituyen a otras,
¿por qué han de perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o del zar
ruso, el enriquecimiento de una minoría insignificante a expensas de la enorme
mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo? La filosofía de Hegel
hablaba del desarrollo del espíritu y de las ideas: era una filosofía idealista.
Del desarrollo
del espíritu deducía el desarrollo de la naturaleza, el del hombre y el de las
relaciones entre los hombres, el de las relaciones sociales. Marx y Engels,
conservando la idea de Hegel del perpetuo proceso de desarrollo, rechazaron su
preconcebida concepción idealista; analizando la vida real, vieron que no es el
desarrollo del espíritu lo que explica el desarrollo de la naturaleza, sino, a
la inversa, que el espíritu tiene su explicación en la naturaleza, en la
materia. Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels eran
materialistas.
Enfocando el
mundo y la humanidad desde el punto de vista materialista, vieron que, lo mismo
que todos los fenómenos de la naturaleza tienen por base causas materiales, así
también el desarrollo de la sociedad humana está condicionado por el desarrollo
de las fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de las
fuerzas productivas dependen las relaciones en que se colocan los hombres entre
sí en el proceso de producción de los objetos indispensables para la
satisfacción de las necesidades humanas. Y en dichas relaciones está la clave
que permite explicar todos los fenómenos de la vida social, los anhelos del
hombre, sus ideas y sus leyes.
El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se basan en la propiedad privada; pero vemos ahora también cómo este mismo desarrollo de las fuerzas productivas despoja de la propiedad a la mayoría de los hombres para concentrarla en manos de una insignificante minoría; destruye la propiedad, base del régimen social contemporáneo, y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad contemporánea está interesada en la realización del socialismo e inculcar a esta fuerza la conciencia de sus intereses y de su misión histórica.
Esta fuerza es el proletariado. Engels lo conoció en Inglaterra, en el centro
de la industria inglesa, en Manchester, adonde se trasladó en 1842, como
empleado de una firma comercial de la que su padre era uno de los accionistas.
Allí Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que
anduvo por los barrios inmundos en los que se albergaban los obreros y comprobó
con sus propios ojos la miseria y las calamidades que los azotaban.
No
conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó todo lo que se había
escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió
minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como
resultado de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La
situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba en qué
consiste el mérito principal de Engels como autor de dicho libro.
Es cierto que
también con anterioridad a Engels -fueron muchos los que describieron los
padecimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudar a éste-, pero
Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no sólo constituye una clase
que sufre, sino que precisamente la miserable situación económica en que se
encuentra lo impulsa inconteniblemente hacia adelante y lo obliga a luchar por
su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo.
El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los
trabajadores a la conciencia de que no les queda otra salida que el socialismo.
Por otra parte
el socialismo tan sólo se transformará en una fuerza cuando se convierta en el
objetivo de la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas
fundamentales de la obra de Engels sobre la situación de la clase obrera en
Inglaterra, ideas aceptadas ahora por todo el proletariado que piensa y lucha,
pero que entonces eran completamente nuevas.
Estas ideas fueron
expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de los cuadros más auténticos
y patéticos en los que se mostraban las calamidades del proletariado inglés.
Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la
burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron
a citar la obra de Engels como el cuadro que mejor representaba la situación
del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después
apareció una descripción tan brillante y veraz de las calamidades sufridas por
la clase obrera.
Engels se hizo
socialista estando ya en Inglaterra. En la ciudad de Manchester se puso en
contacto con los militantes del movimiento obrero inglés existente en aquel
entonces y empezó a colaborar en las publicaciones socialistas inglesas. En
1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció a Marx, con quien ya
mantenía correspondencia. Estando en París, Marx, bajo la influencia de los
socialistas franceses y de la vida en Francia, también se hizo socialista. En
la capital de Francia los dos amigos escribieron juntos su obra La sagrada
familia o crítica de la crítica crítica. Esta obra, escrita en su mayor parte
por Marx y que apareció un año antes de La situación de la clase obrera en
Inglaterra, contiene las bases del socialismo revolucionario-materialista,
cuyas ideas principales hemos expuesto más arriba. La sagrada familia es un
nombre burlón dado a los filósofos hermanos Bauer y a sus secuaces.
Estos señores
predicaban una crítica que estaba por encima de toda realidad, por encima de
los partidos y de la política, que negaba toda actuación práctica y sólo
contemplaba «críticamente» el mundo circundante y los sucesos que ocurrían en
él. Los señores Bauer calificaban desdeñosamente al proletariado de masa
carente de sentido crítico. Marx y Engels se enfrentaron enérgicamente con esta
tendencia absurda y nociva.
En nombre de la
verdadera personalidad humana, la del obrero, pisoteado por las clases
dominantes y por el Estado, Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la
lucha por un orden social, mejor. Y veían, naturalmente, que la fuerza capaz de
librar esta lucha, en la que estaba interesada, era el proletariado. Ya antes
de la aparición de La sagrada familia, Engels había publicado en la revista
Anales franco-alemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio crítico sobre la
economía política, en el que analizaba desde el punto de vista socialista los
fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como consecuencia
inevitable de la dominación de la propiedad privada. Su relación con Engels
contribuyó sin duda a que Marx se decidiera a ocuparse del estudio de la
economía política, ciencia en la que sus obras produjeron toda una revolución.
Desde 1845 a
1847 Engels vivió en Bruselas y en París, alternando los estudios científicos
con las actividades prácticas entre los obreros alemanes residentes en dichas
ciudades. Allí Engels y Marx se relacionaron con una asociación clandestina
alemana, la «Liga de los Comunistas», que les encargó que expusiesen los
principios fundamentales del socialismo elaborado por ellos. Así surgió el
famoso Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que vio la luz en el
año 1848. Este pequeño libro vale por tomos enteros: su espíritu da vida y
movimiento, hasta hoy día, a todo el proletariado organizado y combatiente del
mundo civilizado.
La revolución
de 1848, que estalló primero en Francia y se extendió después a otros países de
la Europa Occidental, permitió a Marx y a Engels regresar a su patria. Allí, en
la Prusia renana, asumieron la dirección de la Nueva Gaceta del Rin, periódico
democrático que aparecía en la ciudad de Colonia. Los dos amigos constituían el
alma de todas las tendencias democráticas revolucionarias de la Prusia renana.
Ellos defendieron hasta la última posibilidad los intereses del pueblo y de la
libertad contra las fuerzas reaccionarias. Como es sabido, las fuerzas
reaccionarias vencieron, la Nueva Gaceta del Rin fue suspendida, y Marx, que
mientras se hallaba en la emigración había sido privado de los derechos de
súbdito prusiano, fue expulsado del país; en cuanto a Engels, después de
participar en la insurrección armada del pueblo y combatir en tres batallas en
pro de la libertad, huyó a Londres, a través de Suiza, una vez derrotados los
insurgentes.
A Londres vino
a establecerse también Marx. Engels no tardó en colocarse de nuevo en la misma
casa de comercio de Manchester, de la que había sido empleado en la década de
1840, Y más tarde se hizo socio suyo, Hasta 1870, Engels vivió en Manchester y
Marx, en Londres, lo que no fue óbice para que siguieran en el más íntimo
contacto espiritual, manteniendo correspondencia casi a diario.
En esta
correspondencia los dos amigos intercambiaban sus ideas y conocimientos,
continuando la elaboración en común de la doctrina del socialismo científico.
En 1870, Engels se trasladó a Londres y hasta 1883, año en que murió Marx,
continuaron su vida intelectual conjunta, una vida llena de intensísimo
trabajo. Su resultado fue, por parte de Marx, El Capital, la obra más grande
sobre economía política de nuestro siglo, y, por parte de Engels, toda una
serie de obras grandes y pequeñas.
Marx trabajó en
el análisis de los complejos fenómenos de la economía capitalista. Engels, en
sus trabajos, escritos en un lenguaje muy ameno, muchas veces en forma de
polémica, enfocó los problemas científicos más generales y los diversos
fenómenos del pasado y del presente en el sentido de la concepción materialista
de la historia y de la doctrina económica de Marx.
De estos trabajos
de Engels citaremos: la obra polémica contra Dühring (en ella el autor analiza
los problemas más importantes de la filosofía, de las ciencias naturales y de
la sociología); El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado
(traducida al ruso y editada en Petersburgo, 3a ed. de 1895); Ludwig Feuerbach
(traducción al ruso y notas de J. Plejánov, Ginebra, 1892); un artículo sobre
la política exterior del gobierno ruso (traducido al ruso y publicado en
Sotsial-Demokrat, núms. 1 y 2, en Ginebra), sus magníficos artículos sobre el
problema de la vivienda y, finalmente, dos artículos, pequeños pero muy
valiosos, sobre el desarrollo económico de Rusia (Federico Engels sobre Rusia,
traducido al ruso por V. Zasúlich, Ginebra, 1894).
Marx murió sin
haber logrado dar definitivo remate a su grandiosa obra sobre el capital. Sin
embargo, esta obra estaba terminada en borrador, y Engels, después de la muerte
de su amigo, emprendió la difícil tarea de redactar y editar los tomos segundo
y tercero de El Capital. En 1885 editó el segundo y en 1894 el tercer tomo (el
cuarto tomo ya no alcanzó a redactarlo). Estos dos tomos le exigieron muchísimo
trabajo. El socialdemócrata austríaco Adler observó con razón que, con la
edición del segundo y tercer tomos de El Capital, Engels erigió a su genial
amigo un monumento majestuoso en el que, involuntariamente, había grabado
también con trazos indelebles su propio nombre. En efecto, dichos tomos de El
Capital son obra de ambos, de Marx y de Engels. Las leyendas de la antigüedad
nos demuestran diversos ejemplos de emocionante amistad.
El proletariado
europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue creada por dos sabios y
luchadores cuyas relaciones mutuas superan a todas las emocionantes leyendas
antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels siempre, y en general con
toda justicia, se posponía a Marx. «Al lado de Marx -escribió en una ocasión a
un viejo amigo suyo- me correspondió el papel de segundo violín”. Su cariño
hacia Marx mientras éste vivió y su veneración a la memoria del amigo muerto
fueron infinitos.
Engels, el luchador austero y pensador profundo, era hombre de una gran
ternura. Después del movimiento de 1848-49, Marx y Engels, en el exilio, no se
dedicaron únicamente a la labor científica. Marx creó en 1864 la «Asociación
Internacional de los Trabajadores», que dirigió durante todo un decenio.
También Engels
participó activamente en sus tareas. La actividad de esta «Asociación
Internacional» que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de
todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento
obrero. Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la
década de 1870, el papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase
obrera no cesó.
Por el contrario,
puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento
obrero seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba
desarrollándose sin cesar. Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió
siendo el consejero y dirigente de los socialistas europeos.
A él acudían en
busca de consejos y directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a
pesar de las persecuciones gubernamentales, iban constante y rápidamente en
aumento, como los representantes de países atrasados, por ejemplo, españoles,
rumanos, rusos, que se veían en el trance de meditar y medir con toda cautela
sus primeros pasos. Todos ellos aprovechaban el riquísimo tesoro de
conocimientos y experiencias del viejo Engels.
Marx y Engels,
que conocían la lengua rusa y leían libros en ruso, se interesaban vivamente
por Rusia, seguían con simpatía el movimiento revolucionario de nuestro país y
mantenían relaciones con revolucionarios rusos. Ambos eran ya demócratas antes
de hacerse socialistas y tenían profundamente arraigado el sentimiento
democrático de odio a la arbitrariedad política.
Este
sentimiento político innato, a la par que la profunda comprensión teórica del
nexo existente entre la arbitrariedad política y la opresión económica, así
como su riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y Engels fueran
extraordinariamente sensibles precisamente en el sentido político.
Por lo mismo,
la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el
poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios
probados la simpatía más viva. Y a la inversa, era natural que el intento de
volver la espalda a la tarea inmediata y más importante de los socialistas
rusos -la conquista de la libertad política-, en aras de supuestas ventajas
económicas, les pareciese sospechoso e incluso fuese considerado por ellos como
una traición a la gran causa de la revolución social. «La emancipación del
proletariado debe ser obra del proletariado mismo», nos enseñaron siempre Marx
y Engels. Y para luchar por su emancipación económica, el proletariado debe
conquistar ciertos derechos políticos.
Además, Marx y
Engels vieron con toda claridad que la revolución política en Rusia tendría
también una enorme importancia para el movimiento obrero de la Europa
Occidental.
La Rusia
autocrática ha sido siempre el baluarte de toda la reacción europea. La
situación internacional extraordinariamente ventajosa en que colocó a Rusia la
guerra de 1870, que sembró por largo tiempo la discordia entre Alemania y
Francia, naturalmente, no hizo más que aumentar la importancia de la Rusia
autocrática como fuerza reaccionaria.
Únicamente una Rusia libre, que no tuviese necesidad de oprimir a los polacos,
finlandeses, alemanes, armenios y otros pueblos pequeños, ni de azuzar
continuamente una contra otra a Francia y Alemania, daría a la Europa
contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del peso de las guerras,
debilitaría a todos los elementos reaccionarios de Europa y aumentaría las
fuerzas de la clase obrera europea.
Por lo mismo,
Engels, teniendo también en cuenta los intereses del movimiento obrero del
Occidente, abogó calurosamente por la implantación de la libertad política en
Rusia.
Los revolucionarios rusos han perdido en su persona al mejor de sus amigos.
¡Memoria eterna
a Federico Engels, gran luchador y maestro del proletariado!
___________________________
Fuente: Selección de textos, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir
I. Lenin, Volumen 1, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972, pág. 57.
FUENTE: periodicolibertad.org
viernes, 6 de agosto de 2021
O lo uno, o lo otro: Rosa Luxemburg y el internacionalismo
O lo uno, o lo otro: Rosa Luxemburg y el internacionalismo
La paz mundial
no puede garantizarse con planes tan utópicos o básicamente reaccionarios como
los tribunales de arbitraje internacionales compuestos por diplomáticos
capitalistas, tratados de desarme…, federaciones
europeas, uniones aduaneras centroeuropeas, Estados nacionales
tampón y cosas por el estilo. El imperialismo, el militarismo y las
guerras no desaparecerán ni se condenarán mientras se mantenga intacta la
dominación de las clases capitalistas
Kaosenlared
5 Ago, 2021
En muchos momentos de su larga
historia, el movimiento obrero ha tenido que optar: o bien apoyar el
nacionalismo, la defensa nacional y la guerra, o bien luchar
por el internacionalismo: Proletarios de todos los países, ¡uníos! Esta
elección trascendental ha determinado el curso de la historia en muchos
momentos decisivos.
Pocas figuras del movimiento
socialista han estado tan comprometidas con el programa internacionalista como
Rosa Luxemburg. Era judía, polaca y alemana, pero su única matria fue
la Internacional Socialista. Es cierto, sin embargo, que este internacionalismo
radical le llevó a adoptar posiciones cuestionables sobre la cuestión nacional.
Por ejemplo, con respecto a Polonia, su país natal, no solo se opuso al
llamamiento a la independencia nacional polaca, planteado por los socialpatriotas del
Partido Socialista Polaco de Józef Piłsudski, sino que también rechazó el apoyo
de los bolcheviques al derecho de autodeterminación de Polonia (incluido el
derecho a separarse de Rusia).
Hasta 1914 basó sus puntos de
vista en argumentos economicistas: dado que la economía polaca ya
estaba integrada en la rusa, la independencia de Polonia era una reivindicación
puramente utópica, compartida únicamente por sectores aristocráticos
reaccionarios o pequeñoburgueses. Asimismo concibió las naciones como fenómenos
fundamentalmente culturales, proponiendo por ello la autonomía
cultural como solución a las demandas nacionales. Su enfoque adolece
precisamente de la dimensión política de la cuestión nacional,
resaltada en los escritos de Vladimir Lenin sobre la cuestión: el derecho
democrático de autodeterminación.
Sin embargo, en un artículo,
al menos, abordó la cuestión de una manera mucho más abierta y dialéctica: la
introducción de 1905 a la recopilación La cuestión polaca y el
movimiento socialista. En este ensayo establece una cuidadosa
distinción entre el derecho legítimo de toda nación a la independencia ‒“que se desprende de los principios elementales del
socialismo”‒ y la deseabilidad de esta independencia
para Polonia, que ella niega. Insiste asimismo en que la opresión nacional es
“la opresión más insoportable por su barbaridad” y solo puede provocar
“hostilidad y rebelión”/1. No obstante, algunos años después, en su cuaderno de
notas de 1918 sobre la Revolución Rusa ‒que contiene críticas muy válidas a las restricciones a la
democracia y la libertad por parte de los bolcheviques‒, vuelve a rechazar toda referencia al derecho de
autodeterminación de las naciones, tachándola de “fraseología pequeñoburguesa
vacía”/2.
La mayoría de comentarios
sobre el internacionalismo de Rosa Luxemburg ‒incluidos algunos escritos del autor de estas líneas‒ abordan principalmente, y a veces exclusivamente, sus tesis
cuestionables sobre los derechos nacionales. Lo que se echa en falta en este
terreno, sin embargo, es el lado positivo de su punto de
vista: su destacada contribución a la concepción marxista del internacionalismo
proletario y su rechazo obstinado de cualquier concesión a las ideologías
nacionalistas y chovinistas. En las páginas siguientes trataré de resumir
brevemente esta contribución.
Georg Lukács, en su capítulo
sobre “El marxismo de Rosa Luxemburg” de Historia y conciencia de
clase (1923), alega que la categoría dialéctica de totalidad es “la
verdadera portadora del principio revolucionario en la ciencia”/3. Para él, los
escritos de Luxemburg, especialmente La acumulación de capital (1913),
eran buenos ejemplos de este enfoque dialéctico. Pero cabe decir lo mismo de su
internacionalismo: ella analizaba, comentaba y juzgaba todas las cuestiones
sociales y políticas desde el punto de vista de la totalidad, es decir, desde
la perspectiva de los intereses del movimiento obrero internacional. Esta
totalidad dialéctica no era una abstracción, un universalismo vacío, o un
conglomerado de seres indiferenciados; en efecto, Luxemburg sabía muy bien que
el proletariado internacional era una pluralidad humana compuesta de gente que
tenía sus propias culturas, lenguas e historias; sus condiciones de vida y de
trabajo también eran muy distintas. En La acumulación de capital hay
una larga descripción del trabajo forzoso en las minas y plantaciones de
Sudáfrica: nada equivalente podía encontrarse en fábricas alemanas. Pero esta
diversidad, dice, no debería ser un obstáculo a la acción común. En otras
palabras, para ella, al igual que para Marx y Engels, el internacionalismo
significaba Proletarier aller Länder, vereinigt euch!, la unidad de
la clase trabajadora de todos los países contra su enemigo común: el sistema
capitalista, el imperialismo, las guerras imperialistas.
Por eso Luxemburg rechazó,
poco después de su traslado a Alemania y su adhesión a las filas del Partido
Socialdemócrata (SPD), toda concesión al militarismo, a los créditos de guerra,
a las expediciones navales, etcétera. Mientras que el ala derecha
socialdemócrata ‒incluidos Wolfgang Heine y Max Schippel‒ eran propensos a negociar acuerdos con el gobierno del
káiser sobre estas cuestiones, ella denunció abiertamente tales capitulaciones,
supuestamente justificadas por la “necesidad de crear puestos de trabajo”. El
historiador Peter Nettl, en su biografía ‒útil, aunque limitada‒ de Luxemburg, se equivoca totalmente cuando considera que su
oposición internacionalista a tales concesiones era un “ejercicio fútil y
formal”, basado en la creencia de que el desempleo es un estímulo necesario
para la lucha de clases/4.
Para Luxemburg, el
internacionalismo no se limitaba, como pensaban tantos otros
socialistas de su época, a los países europeos. Desde muy temprano, antes que
la mayoría de los demás líderes socialistas, se opuso activamente a las
políticas coloniales de los Estados imperiales europeos, y no ocultó sus
simpatías por las luchas de los pueblos coloniales. Esto incluía, por supuesto,
las guerras coloniales de Alemania en África, como la represión brutal de la
revuelta del pueblo herero en África del Sudoeste (1904). En un discurso
público de junio de 1911, explicó: “Los hereros son un pueblo negro que vive
desde hace siglos en su tierra… Su crimen fue resistirse a los
esclavistas blancos… y defender su tierra (Heimat) contra los invasores
extranjeros… En esta guerra, las armas alemanas también se cubrieron de gloria…
Mataron a los hombres, y las mujeres y menores… fueron empujadas al desierto
ardiente/5.
En un escrito de 1902, Martinique,
denuncia los crímenes del colonialismo occidental en las Antillas, Madagascar,
Filipinas y, sobre todo, en China, donde Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania
“se unieron en una gran liga de naciones” para asesinar y saquear el país. No
olvida el imperialismo estadounidense, recordando cómo el “Senado de la caña de
azúcar” en Washington envió “un cañón detrás de otro, un buque de guerra detrás
de otro, millones y millones de dólares de oro, a Cuba para sembrar muerte y
devastación”/6.
Al tiempo que condenaba las
pretensiones imperialistas alemanas en el Norte de África ‒el llamado incidente de Marruecos en 1911, cuando Alemania
envió buques de guerra a Agadir‒, calificó el colonialismo francés en Argelia de intento
brutal de imponer la propiedad privada burguesa contra el antiguo comunismo
clánico de las tribus árabes/7. En sus lecciones de economía política en la
escuela de formación del SPD en 1907-1908, destacaba la conexión entre el
comunismo moderno de las masas proletarias de los países capitalistas avanzados
y los “antiguos vestigios comunistas que ofrecen una férrea resistencia en los
países coloniales al avance” de la dominación imperial “hambrienta de
beneficios”/8. Y en su ensayo económico más importante, La acumulación
de capital (1913), explica que la acumulación capitalista a escala
global no solo es una fase temprana, sino un proceso permanente de expropiación
violenta:
La acumulación de capital,
vista como proceso histórico, emplea la fuerza como arma permanente, no solo en
su génesis, sino continuamente hasta el día de hoy. Desde el punto de vista de
las sociedades primitivas implicadas, es una cuestión de vida o muerte; para
ellas no cabe ninguna actitud que no sea de oposición y lucha hasta el final…
De ahí que la permanente ocupación de las colonias por los militares, las
revueltas indígenas y las expediciones punitivas sean el pan de cada día para
cualquier régimen colonial/9.
Eran muy pocos los socialistas
que en aquel entonces no solo denunciaban las expediciones coloniales, sino que
también justificaban la resistencia de los pueblos colonizados y sus
luchas. Esta actitud revela la naturaleza verdaderamente universal del
internacionalismo de Luxemburg, por mucho que, por supuesto, su atención se
centrara en Europa.
Luxemburg vio muy claramente
el creciente peligro de una guerra europea y nunca dejó de denunciar los
preparativos bélicos del gobierno imperial alemán. El 13 de septiembre de 1913
concluyó una charla que daba en Bockenheim, una ciudad próxima a Fráncfort, con
una solemne declaración internacionalista: “Si piensan que vamos a blandir las
armas asesinas contra nuestros hermanos franceses y de otros países,
gritaremos: ‘¡No lo haremos jamás!’” De inmediato la fiscalía la acusó de
“promover públicamente el incumplimiento de la ley”. En el juicio, que tuvo
lugar en febrero de 1914, Luxemburg pronunció un valiente discurso, atacando el
militarismo y la política belicista y citando una resolución de la Conferencia
de Bruselas de 1868 de la Primera Internacional: en caso de guerra, la clase
trabajadora debe declarar una huelga general. El discurso se imprimió en la
prensa socialista y pasó a ser un texto clásico de la literatura antiguerra. La
condenaron a un año de cárcel, pero las autoridades no se atrevieron a
detenerla hasta después del comienzo de la guerra, en 1915/10.
Mientras que muchos otros
socialistas y marxistas en Europa apoyaban a sus propios gobiernos en agosto de
1914, al comienzo de la primera guerra mundial, en nombre de la defensa
de la patria, Luxemburg trató inmediatamente de organizar la oposición
a la guerra imperialista. Sus escritos durante estos cruciales primeros meses
no hacen ninguna concesión a la agresiva ideología patriótica oficial,
al tiempo que desarrollan argumentos cada vez más críticos contra la miserable
traición a los principios del internacionalismo proletario por parte de la
dirección del SPD.
Para explicar lo que su
biógrafo califica de “odio creciente” hacia la política del SPD, Nettl apunta a
un “potente elemento personal”: “la eterna impaciencia y frustración, nunca
superada, de emigrantes como Rosa Luxemburg con los pesados alemanes oficiales”.
Lamentablemente, esta explicación personal no es muy útil,
puesto que, como reconoce el propio Nettl, la oposición a la guerra en el seno
del SPD no se limitaba a emigrantes extranjeros, sino que
incluía a varias figuras genuinamente alemanas, entre ellas a Karl Liebknecht,
Franz Mehring y Clara Zetkin/11.
De hecho, el motivo de la
indignación de Luxemburg ante la capitulación socialpatriótica de agosto de
1914 no era la impaciencia de la emigrante, sino el compromiso de
por vida con el internacionalismo. Encarcelada varias veces por su propaganda
antimilitarista y antinacionalista, resumió su punto de vista, coherente con
sus principios, en un ensayo de 1916 titulado Entweder-oder (O
lo uno, o lo otro), publicado por la Liga Espartaco en forma de panfleto
clandestino: “La patria del proletariado, cuya defensa prima sobre todo lo
demás, es la Internacional Socialista.” Pasó la hora de las medias tintas y las
vacilaciones: ahora tocaba elegir lo uno o lo otro. “O bien la
traición abierta y desvergonzada a la Internacional…, o bien tomar en serio a
la Internacional, de manera que se convierta… en un bastión del proletariado
socialista mundial y de la paz en el mundo/12.”
Dado que la Segunda
Internacional había sucumbido bajo el impacto de lo que Luxemburg calificó
de socialchovinismo ‒sustituyendo el lema Proletarios de todos los países,
¡uníos! por la propuesta Proletarios de todos los países,
¡cortaros el cuello unos a otros!‒, lanzó el llamamiento a constituir una nueva Internacional. En
su propuesta, donde esbozó los principios básicos de esta futura Internacional,
afirmó lo siguiente: “No puede haber socialismo al margen de la solidaridad
internacional del proletariado y no puede haber socialismo sin lucha de clases.
El proletariado socialista no puede renunciar a la lucha de clases ni a la
solidaridad internacional, tanto en la paz como en la guerra, sin cometer
suicidio/13.” Esta era, por supuesto, una respuesta al argumento hipócrita del
influyente teórico Karl Kautsky de que la Internacional era un instrumento para
tiempos de paz, pero por desgracia inadecuado para afrontar una situación de
guerra, una idea que le sirvió de justificación del apoyo a la defensa
nacional de Alemania en 1914.
Entweder-oder incluye una declaración personal en forma de
confesión emotiva de los valores éticos y políticos más queridos de Luxemburg:
“La fraternidad internacional de la clase trabajadora es para mí lo más
eminente y sagrado que hay en la Tierra, es la estrella que me guía, mi ideal,
mi patria; ¡prefiero morir antes que renunciar a este ideal!/14”
Luxemburg resultó ser
profética con sus advertencias contra los males del imperialismo, del
nacionalismo y del militarismo. Una profeta no es alguien que predice milagrosamente
el futuro, sino alguien que, como Amós e Isaías, advierte a la gente de la
catástrofe que se avecina a menos que se actúe colectivamente
para prevenirla. Entre otros pronósticos, advirtió de que siempre habrá nuevas
guerras mientras sigan existiendo el imperialismo y el capitalismo:
La paz mundial no puede
garantizarse con planes tan utópicos o básicamente reaccionarios como los
tribunales de arbitraje internacionales compuestos por diplomáticos
capitalistas, tratados de desarme…, federaciones europeas, uniones
aduaneras centroeuropeas, Estados nacionales tampón y
cosas por el estilo. El imperialismo, el militarismo y las guerras no
desaparecerán ni se condenarán mientras se mantenga intacta la dominación de
las clases capitalistas/15.
Calificó el nacionalismo de
enemigo mortal de la clase obrera y del movimiento socialista y de caldo de
cultivo del militarismo y la guerra. “La tarea inmediata del socialismo”,
escribió en 1916, “será la liberación intelectual del proletariado de la
dominación burguesa que se expresa en la influencia de la ideología
nacionalista/16.” En el Fragmento sobre la guerra, la cuestión nacional
y la revolución (1918) se lamenta del súbito ascenso de movimientos
nacionalistas durante el último año de la guerra: “en el Brocken nacionalista
se celebra hoy la noche de Walpurgis” (en referencia a la
fiesta de las brujas de la mitología germánica). Estos movimientos son de
naturaleza muy diversa, pues algunos son la expresión de clases burguesas menos
desarrolladas (como en los Balcanes), mientras que otros, como el nacionalismo
italiano, son puramente imperiales-coloniales. Esta “explosión mundial actual
de nacionalismos” abarca una colorida variedad de intereses particulares, pero
les une un interés común que se deriva de la situación histórica excepcional
creada por Octubre de 1917: luchar contra la revolución proletaria mundial/17.
Lo que ella entendía por nacionalismo no
era, desde luego, la cultura nacional, o la identidad nacional de distintos
pueblos, sino la ideología que hace de La Nación el valor
político supremo, al que debe supeditarse todo lo demás (“Deutschland über
alles”).
Sus advertencias fueron proféticas,
en la medida en que algunos de los peores crímenes del siglo xx ‒de la primera a la segunda guerra mundial (Auschwitz,
Hiroshima) y después‒ se cometieron en nombre del nacionalismo, de la hegemonía
nacional, de la defensa nacional, del espacio vital para la
nación, etc. El propio estalinismo es producto de una degeneración
nacionalista del Estado soviético, expresada en el lema del socialismo
en un solo país. Se pueden criticar algunas de las posiciones de Luxemburg
en relación con las reivindicaciones nacionales, pero lo cierto es que percibió
los peligros de la política del Estado nacional: conflictos
territoriales, limpieza étnica, opresión de las minorías. Por
supuesto, no pudo predecir genocidios.
Hoy, la cuestión del
internacionalismo ha vuelto a adquirir protagonismo. La globalización del
capital ha impuesto su poder a escala planetaria hasta un grado que no tiene
precedentes en la historia, favoreciendo unos niveles obscenos de desigualdad y
provocando consecuencias catastróficas para el medio ambiente (cambio
climático). A través de sus instituciones –FMI, Banco Mundial, OMC, G-8– ha
logrado crear un bloque unido de las clases capitalistas dominantes en torno al
neoliberalismo y la desregulación. Las clases subalternas van a la zaga, están
fragmentadas y dispersas y carecen de formas eficientes de organización
internacional.
El principal signo de
esperanza es el nuevo movimiento internacional por la justicia global, que
siembra las simientes de una nueva cultura internacionalista. La convergencia
de socialistas, sindicalistas, feministas, ecologistas, gentes trabajadoras y
campesinas, comunidades indígenas, redes de acción directa en la lucha común
contra la globalización empresarial, es decir, capitalista, constituye un paso
adelante importante. El legado de Rosa Luxemburg no puede dar todas las
respuestas, pero sí sugerir algunas lecciones importantes para este movimiento:
- I) El
enemigo no es la globalización, ni simplemente el neoliberalismo,
sino el propio sistema capitalista mundial.
- II)
Mientras prevalezca este sistema habrá nuevas guerras, nuevas
intervenciones imperialistas, nuevas purgas étnicas.
III) La alternativa a la
hegemonía capitalista global no es la soberanía nacional, la
defensa de lo nacional frente a lo global. Es globalizar, o sea,
internacionalizar, la resistencia.
- IV) El
sistema capitalista incuba el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, así
como formas fascistas o semifascistas, que suponen un peligro mortal para
la democracia y el socialismo.
- V) La
alternativa a los imperios no es una forma regulada, humanizada,
de capitalismo, sino una nueva civilización mundial socialista y
democrática.
El internacionalismo de Rosa
Luxemburg es particularmente relevante en el siglo xxi para una cuestión que en
su época era prácticamente desconocida: la crisis ecológica. El cambio
climático no conoce fronteras nacionales, es una cuestión global que solo puede
abordarse a escala internacional. Esto lo comprendió bien una improbable
heredera de Luxemburg, la joven Greta Thunberg, que llamó a una exitosa huelga
escolar global que movilizó a millones de jóvenes en todo el mundo.
El cambio climático representa
la mayor amenaza para la vida en la historia de la humanidad. Algunos
gobiernos burgueses (Trump, Bolsonaro) niegan el cambio climático y, en nombre
del interés nacional, promueven enérgicamente los combustibles
fósiles; otros (Europa, EE UU bajo Biden y Canadá) pretenden adoptar
algunas medidas para reducir sus emisiones de carbono, pero sin ningún
resultado efectivo. Todos están comprometidos con las reglas del mercado y de
la acumulación de capital, actuando en función de las necesidades de la competitividad de
sus economías nacionales.
Para parafrasear un conocido
pasaje de Walter Benjamin: o bien activamos los frenos de emergencia
revolucionarios para parar el tren de la civilización industrial capitalista
moderna, o bien este proseguirá su carrera suicida al abismo, la catástrofe
ecológica. En esto también pasó la hora de las medidas tintas. O lo uno, o lo
otro, entweder-oder.
Verano de 2021
https://newpol.org/issue_post/either-or-rosa-luxemburg-and-internationalism/
Traducción: viento sur
* Michael Löwy es director de investigación (emérito) del
Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y profesor de la École
des hautes études en sciences sociales.
/1 Rosa Luxemburg, Internationalismus und
Klassenkampf. Die polnischen Schriften, Jürgen Hentze, ed. (Berlín:
Luchterhand, 1971), 192, 217.
/2 Rosa Luxemburg, Die Russische
Revolution (Fráncfort: Europäische Verlaganstalt, [1918] 1963), 60.
/3 Georg Lukács, Geschichte und Klassenbewusstsein.
Studien über marxistische
Dialektik (Berlín: Malik Verlag, 1923), 39.
/4 Peter Nettl, Rosa Luxemburg, Vol. 1
(Londres: Oxford University Press, 1966), 296-297.
/5 Rosa Luxemburg,
“Unser Kampf um die Macht”, en Gesammelte Werke, Vol. 2 (Berlín:
Dietz Verlag, [1911] 1972), 537. La guerra de exterminio de Alemania contra el
pueblo herero se considera ahora en general el primer genocidio del siglo xx.
/6 Rosa Luxemburg, “Martinique”, en Reflections
and Writings, Paul Le Blanc, ed. (Humanity Books, 1999), 125-126.
/7 Rosa Luxemburg, The Accumulation of
Capital (Londres: Routledge, [1913] 1951), 384.
/8 Rosa Luxemburg, “Introduction to Political Economy”,
en The Complete Works of Rosa Luxemburg, Vol. 1, Economic Writings
I, Peter Hudis, ed. (Londres y Nueva York: Verso, [1907–1908] 2014), 163.
/9 Luxemburg, The Accumulation of Capital,
371.
/10 J.P. Nettl, Rosa Luxemburg, ed.
abreviada (Londres: Oxford University Press, 1969), 321-322; Rosa Luxemburg,
“Militarismus, Krieg und Arbeiterklasse. Rede vor der Frankfurter Strafkammer” (24 de
febrero de 1914), en Ausgewählte Reden und Schriften, Vol. 2
(Berlín: Dietz Verlag, 1955), 499.
/11 Nettl, Rosa
Luxemburg, ed. abreviada, 373.
/12 Rosa Luxemburg, “Entweder-Oder”, Ausgewählte
Schriften, Vol. 2 (Berlín: Dietz Verlag, [1916] 1951), 550, 543.
/13 Rosa Luxemburg, “Either-Or”, en Selected
Political Writings, Robert Looker, ed., W.D. Graf, trad. (Londres: Jonathan
Cape, 1972), 225
/14 Luxemburg, Entweder-Oder, 542.
/15 R. Luxemburg, Either-Or, 224.
/16 R. Luxemburg, Either-Or, 226.
/17 R. Luxemburg, “Fragment über Krieg, Nationale Frage
und Revolution” (1918), en Die Russiche Revolution, 82, 85.
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vientosur.info/o-lo-uno-o-lo-otro-rosa-luxemburg-y-el-internacionalismo/
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