miércoles, 14 de abril de 2021

Apuestan por mujeres más reales y menos estereotipadas en los medios de comunicación

 

Apuestan por mujeres más reales y menos estereotipadas en los medios de comunicación

 

Por Sara Más / Cuba

Rebelión

Fuentes: SEMlac

14/04/2021 

Profesionales del periodismo, la comunicación y personas vinculadas a proyectos agrícolas en diferentes zonas del país se pronunciaron por llevar a los medios de comunicación imágenes más reales y menos estereotipadas de las mujeres.

Contar sus historias desde buenas prácticas comunicativas, que ahonden en sus realidades, éxitos, obstáculos y aspiraciones fueron algunas de sus propuestas, hechas durante el foro virtual «Representación mediática de las mujeres cubanas vinculadas a la producción de alimentos», realizado el pasado 9 de abril mediante un grupo de WhatsApp.

El espacio fue convocado desde la campaña Soy todas, del proyecto Acelerar la producción sostenible de alimentos en municipios cubanos (Prosam), coordinado por el Instituto de Suelos del Ministerio de la Agricultura, con apoyo del gobierno de Canadá y las ONGs Care y Oxfam en Cuba.

Ese proyecto trabaja para incrementar la producción agrícola sostenible para mujeres y hombres en cinco municipios urbanos y suburbanos de la nación caribeña: Artemisa en la provincia del mismo nombre, Guanabacoa en La Habana y Güines, Bejucal y Madruga en Mayabeque.

Para la periodista Dixie Edith Trinquete, lograr el cambio deseado en la representación de las mujeres vinculadas a la producción de alimentos necesita no solo mostrar su protagonismo en esas labores, sino también variar la forma en que los medios se acercan a sus historias, las preguntas que les hacen y las imágenes que construyen.

En un escenario mediático donde conviven buenas y malas prácticas, la especialista en género y comunicación reiteró la necesidad de que profesionales y equipos técnicos de los medios se preparen y entrenen para poder romper con visiones sesgadas, discriminatorias y sexistas.

A ello se refirió también Dainerys Mesa Padrón, de la revista Alma Mater. «El trabajo de los medios es en equipo. De nada vale trabajar, capacitar o sensibilizar a periodistas, cuando quienes grafican, realizan vídeo o sonido no están en la misma sintonía», argumentó.

Por su parte, Loliet Fernández, punto focal de género en la oficina de la FAO en Cuba, puntualizó que «cuando hablamos de mujeres, sobre todo las rurales, aunque ellas están en el centro de nuestra plática, hay que reconocer que viven en un medio con el resto de la familia y que las responsabilidades deben ser compartidas para que ellas puedan salir adelante».

«Necesitamos reflejar los matices del crecimiento de estas mujeres en ese entorno, cómo se convirtieron en exitosas por su trabajo o cuánto aportan al desarrollo del país», agregó Danielle Laurencio, periodista de la Agencia Cubana de Noticias en la oriental provincia de Las Tunas, a 650 kilómetros de la capital.

«Las estructuras de dirección o las fuentes de información pueden o no estar sensibilizadas, pero tenemos que ser capaces de ir allí donde están las historias, de colocar a las mujeres en el centro de la noticia; ya llevamos mucho mostrando a los hombres como principal fuente de información», sostuvo.

En opinión de Sergio Cabrera, coordinador general del Proyecto Palomas, Casa productora de audiovisuales para el activismo social, una mala representación mediática reafirma los patrones sexistas de los ambientes rurales.

En cambio, cuando el acercamiento es adecuado, permite visibilizar las realidades de las mujeres en estos ambientes y desmitificar su presentación desde una perspectiva triunfalista, agrega.

Tampoco se trata de presentarlas como heroínas o mujeres inalcanzables por otras mujeres, como ocurre con frecuencia, reflexionó Willy Pedroso, profesor de la Universidad de La Habana.

El también integrante del equipo creativo de Soy todas alertó, igualmente, acerca de que los medios pueden reproducir una desigualdad entre las propias mujeres, cuando se insiste en mostrar un prototipo de mujer por encima de otros.

«Se visibiliza más a las lideresas, dueñas de fincas, que a las trabajadoras. Y luego hay espacios de mucha importancia en los sistemas agroalimentarios que no se visibilizan tanto, como una mujer que lidera el trabajo en la tierra: las que están en mercados, minindustrias, las técnicas», argumentó.

A criterio de Alcides García Carranza, coordinador de Videos Crisol, en la oriental provincia de Granma, muchas veces se cae en el peligro de cosificarlas o mostrarlas como algo sorprendente y excepcional, ya sea por su función de dirección o por una labor en particular.

Transformar tales imaginarios y representaciones pasa, en su opinión, no solo por la formación profesional, sino también por las políticas editoriales e informativas, la construcción de las agendas mediáticas, prácticas y rutinas productivas, así como la actuación de quienes deciden sobre qué y cómo publicar contenidos que refuerzan o ayudan a cambiar estereotipos.

Problematizar la realidad, entrenarse en una mirada desafiante y cuestionadora, hacer preguntas polémicas, emplear acertadamente las estadísticas y desarrollar un pensamiento crítico son claves que la comunicadora Tamara Roselló esgrime como esenciales.

A ello agrega la formación en género, que «ayuda a compartir buenas y malas prácticas de las que aprender cómo contar la realidad desmontando imaginarios, roles y prejuicios que refuerzan las desigualdades».

Identificó como una gran oportunidad que los propios proyectos asuman la comunicación para el desarrollo y potencien las capacidades de las mujeres para convertirse en sus protagonistas, para que «puedan contar sus historias con voz propia y dejen de ser la sombra tras los hombres», comentó.

Es importante que el género no se vea como el «tema» que aborda una o un periodista en específico, opinó el colega Jesús E. Muñoz Machín, periodista de la emisora radial COCO y colaborador en la TV cubana.

«Es una herramienta, enfoque o perspectiva con la cual construir un discurso más parecido a nuestra realidad y que, cuando la toque, la cuestione», aseguró.

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Aquel 14 de abril

 

Hoy se cumplen 90 años de la proclamación de la Segunda República. María Zambrano, una de las más brillantes intelectuales españolas del siglo XX, gran dama del exilio, estaba en Madrid ese 14 de abril de 1931 y nos brinda su relato de la fecha.



Aquel 14 de abril

María Zambrano

El Viejo Topo

14 abril, 2021 

Fue tan hermoso como inesperado: salió el día en estado naciente; es decir, nació. Solamente por eso, aunque hubiera nacido otra cosa –hermosa, se entiende–, también ella tendría un inmenso valor.

En el himno de Homero, Afrodita se hace merecedora de ese mismo epíteto: “La Naciente”. Así es llamada. Y de Afrodita fue aquel día, un día naciente, donde todo nació: hasta el día, hasta las nubes, hasta la gente.

Pasaban guardias civiles llevados a hombros por el pueblo, por las gentes del pueblo de Madrid, y ellos eran felices. Los rateros se declararon en huelga; no hubo un solo hurto, por pequeño que fuera. Las personas entraban en los bares, donde pedían y pagaban; nadie intentó tomarse ni siquiera un café sin pagar. Las joyerías estaban intactas, con sus alhajas resplandecientes; nadie pensó en romper los cristales, nadie pensó en romper nada.

Creo yo que era la claridad del día. Pero si esa claridad del día se dio precisamente el 14 de abril, y si lo que nació de ese día naciente fue la República, no puede ser por azar. Fue, pues, un nacimiento y no una proclamación. Y de ese día naciente recuerdo en especial un episodio.

Las gentes sólo pensábamos –es muy cursi, lo sé, pero es verdad– en amarnos, en abrazarnos sin conocernos. Llorábamos de alegría, unos y otros, en la Puerta del Sol. Yo estaba allí cuando llegó Miguel Maura, cuando entró en el Ministerio de Gobernación. El edificio se había ido llenando de gentes, como convocadas por una especie de corona de nubes que se había ido formando en el cielo.

Era una hermosísima corona, tan hermosa que, una vez vista y contemplada, hace imposible aceptar ninguna otra corona. Se hizo sola, con esas nubes de abril que son un poco hinchadas, pero contenidamente; un poco rosadas, pero contenidamente. Era algo tenue e indeleble a la par, algo inolvidable siendo tan leve, tan sostenido que no se sabe qué esfera celeste tenía que ser, y, de no ser celeste, lo más cerca que en este planeta puede haber de celeste.

Florecieron las banderas republicanas, florecieron no se sabía desde qué campo de amapolas o de tomillo. Hasta había perfume a campo, a campo de España. Y, entonces, todo fue muy sencillo: Miguel Maura avanzó con la bandera republicana en los brazos. La llevaba tiernamente, como se lleva un depósito sagrado, un ser querido. La desplegó y dijo simplemente: “Queda proclamada la República”. Fue un momento de puro éxtasis.

Unas horas más tarde, no muchas, mi hermana Araceli, junto con su marido, con mi padre y conmigo, fuimos a Telégrafos. Entraron los hombres para poner algunos telegramas, y nos quedamos mi hermana y yo, solas, en la plaza donde no había nadie, debajo, por azar, de un reverbero blanco de luz, de una blancura incandescente, de una blancura que yo nunca más he vuelto a ver.

Llegó un grupo de hombres, de indígenas, de gente de aquí, salida, como salía todo en aquel momento, de una tierra feliz, de una tierra que estuviese comenzando a salir de la maldición bíblica, si es que de verdad nos han dicho aquello de “parirás con dolor”. Parecía que ya la tierra no tendría que parir nunca más con dolor, sino con gloria, y que todo sería amor, unión entre el cielo y la tierra. Y llegaron aquellos hombres pequeñitos, españoles, indígenas. Vinieron hacia nosotras, hacia mi hermana y hacia mí, con esa timidez que tienen todos los seres que nacen como es debido y, al mismo tiempo, llenos de confianza.

Éramos señoritas. Íbamos vestidas de señoritas. Mi hermana todavía podía pasar, pues llevaba un abrigo rojo, que ella no se encargó para la ocasión. Pero yo iba de azul celeste, color nada revolucionario. Y se acercaron casi como de puntillas, y, mirándonos, nos dijeron: “¡Viva la República!” Y nosotras, con alegría, y dándoles más espacio de cordialidad y de entendimiento, contestamos. Entonces volvieron a decirlo cada vez con mayor júbilo, al ver que nosotras participábamos y nos uníamos a ellos a pesar, creo yo que pensarían, de ser dos señoritas.

Uno de aquellos hombres, que llevaba una camisa blanca, se destacó. Sería por azar, pero estaba colocado debajo del reverbero blanco; así que la blancura de su camisa era ultraterrena y, al mismo tiempo, terrestre, porque todo era así, nada era abstracto, nada era irreal, todo era concreto, real, vivo, la mismísima realidad, la felicidad que, sin duda alguna, nos dieron al principio.

Y ese hombre, con los brazos abiertos, gritó: “¡Que viva la República!”, y hasta “¡Viva España!”, que se decía muy poco en mis tiempos, porque la patria, esa verdad, no se nombraba.

Después la han nombrado mucho; nosotros no la nombrábamos, pero no porque fuéramos antipatria, sino por todo lo contrario, porque la dábamos por supuesta. El caso es que, abriendo los brazos, el hombre de la camisa blanca acabó dando un grito que él andaba buscando y que al final le salió: “¡Y muera… pues que no muera nadie!”. Y gritó por tres veces: “¡Que no muera nadie! ¡Que viva todo el mundo! ¡Que viva la vida!”.

Así se quedó, inmóvil, con los brazos abiertos. Era, luego lo he visto claro, un fragmento real de Los fusilamientos pintados por Goya, donde hay ese hombre vestido de blanco y con un grito que no se oye. Hoy creo que es el mismo grito que mi hermana y yo oímos aquel 14 de abril, el grito del que van a fusilar, del fusilado: “¡Que no muera nadie! ¡Que viva todo el mundo! ¡Que viva la vida!”. Y no sé –quisiera ser fiel- si no dijo entre dientes: “¡Que viva el amor!”. Quizá lo  dijo. Pero yo no me atrevo a afirmarlo.

Artículo publicado por María Zambrano en “Diario 16” el 14 de abril de 1985, unos meses después de su regreso definitivo del exilio.

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martes, 13 de abril de 2021

La vacuna es un bien público mundial

 

Un estudio reciente de 77 científicos concluyó que dentro de un año o menos, las mutaciones del virus harán que la primera generación de vacunas sea ineficaz. Esto será tanto más probable cuanto más tiempo se tarde en vacunar a la población mundial.

La vacuna es un bien público mundial



Boaventura de Sousa Santos

El Viejo Topo

13 abril, 2021 

Hay un cierto consenso en torno a que la pandemia actual permanecerá con nosotros durante mucho tiempo. Vamos a entrar en un periodo de pandemia intermitente cuyas características precisas todavía están por definirse. El juego entre nuestro sistema inmunitario y las mutaciones del virus no tiene reglas muy claras. Tendremos que vivir con la inseguridad, por dramáticos que sean los avances de las ciencias biomédicas contemporáneas. Sabemos pocas cosas con seguridad.

Sabemos que la recurrencia de pandemias está relacionada con el modelo de desarrollo y de consumo dominante, con los cambios climáticos asociados a este, con la contaminación de los mares y los ríos y con la deforestación de los bosques. Sabemos que la fase aguda de esta pandemia (posibilidad de contaminación grave) solo terminará cuando entre el 60% y el 70% de la población mundial esté inmunizada. Sabemos que esta tarea se ve obstaculizada por el agravamiento de las desigualdades sociales dentro de cada país y entre los distintos países, combinado con el hecho de que la gran industria farmacéutica (Big Pharma) no quiere renunciar a los derechos de patente sobre las vacunas. Las vacunas ya se consideran el nuevo oro líquido, sucediendo al oro líquido del siglo XX, el petróleo.

Sabemos que las políticas de Estado, la cohesión política en torno a la pandemia y el comportamiento de la ciudadanía son decisivos. El mayor o menor éxito depende de la combinación entre vigilancia epidemiológica, reducción del contagio a través de confinamientos, eficacia de la retaguardia hospitalaria, mejor conocimiento público sobre la pandemia y atención a vulnerabilidades especiales. Los errores, las negligencias e incluso los propósitos necrófilos por parte de algunos líderes políticos han dado lugar a formas de políticas de muerte por vía sanitaria que llamamos darwinismo social: la eliminación de grupos sociales desechables porque son viejos, porque son pobres o porque son discriminados por razones étnico-raciales o religiosas.

Por último, sabemos que el mundo europeo (y norteamericano) mostró en esta pandemia la misma arrogancia con la que ha tratado al mundo no europeo durante los últimos cinco siglos. Como cree que el mejor conocimiento técnico-científico proviene del mundo occidental, no ha querido aprender de la forma en que otros países del Sur Global han lidiado con epidemias y, específicamente, con este virus. Mucho antes de que los europeos se dieran cuenta de la importancia de la mascarilla, los chinos ya la consideraban de uso obligatorio. Por otro lado, debido a una mezcla tóxica de prejuicios y presiones de los lobbies al servicio de las grandes compañías farmacéuticas occidentales, la Unión Europea (UE), Estados Unidos y Canadá han recurrido exclusivamente a las vacunas producidas por estas empresas, con consecuencias por ahora impredecibles.

Además de todo esto, sabemos que existe una guerra geoestratégica vacunal muy mal disfrazada por llamamientos vacíos al bienestar y a la salud de la población mundial. Según la revista Nature del pasado 30 de marzo, el mundo necesita once mil millones de dosis de vacunas (sobre la base de dos dosis por persona) para lograr la inmunidad de grupo a escala mundial. Hasta finales de febrero, se confirmaron pedidos de unos 8.600 millones de dosis, de los cuales 6.000 millones estaban destinadas a los países ricos del Norte Global. Esto significa que los países empobrecidos, que representan el 80% de la población mundial, tendrán acceso a menos de una tercera parte de las vacunas disponibles. Esta injusticia vacunal es particularmente perversa porque, dada la comunicación global que caracteriza nuestro tiempo, nadie estará verdaderamente protegido hasta que el mundo entero esté protegido. Además, cuanto más se tarde en lograr la inmunidad de grupo a escala global, mayor será la probabilidad de que las mutaciones del virus se vuelvan más peligrosas para la salud y más resistentes a las vacunas disponibles.

Un estudio reciente, que reunió a 77 científicos de varios países del mundo, concluyó que dentro de un año o menos, las mutaciones del virus harán que la primera generación de vacunas sea ineficaz. Esto será tanto más probable cuanto más tiempo se tarde en vacunar a la población mundial. Ahora, según los cálculos de la People’s Vaccine Alliance, al ritmo actual, solo el 10% de la población de los países más pobres se vacunará a finales del próximo año. Más retrasos se traducirán en una mayor proliferación de noticias falsas, la infodemia, como la llama la OMS, que ha sido particularmente destructiva en África.

Existe consenso hoy en que una de las medidas más eficaces será la suspensión temporal de los derechos de propiedad intelectual sobre las patentes de vacunas para la Covid por parte de las grandes empresas farmacéuticas. Esta suspensión haría que la producción de vacunas fuera más global, más rápida y más barata. Y así, más rápidamente, se lograría la inmunidad de grupo global. Además de la justicia sanitaria que permitiría esta suspensión, existen otras buenas razones para defenderla. Por un lado, los derechos de patente se crearon para estimular la competencia en tiempos normales. Los tiempos de pandemia son tiempos excepcionales que, en lugar de competencia y rivalidad, requieren convergencia y solidaridad. Por otro lado, las empresas farmacéuticas ya se han embolsado miles de millones de euros de dinero público a título de financiamiento para fomentar la investigación y el desarrollo más rápido de vacunas. Además, existen precedentes de suspensión de patentes, no solo en el caso de retrovirales para el control del VIH / sida, sino también en el caso de la penicilina durante la Segunda Guerra Mundial. Si estuviéramos en una guerra convencional, la producción y distribución de armas ciertamente no quedarían bajo el control de las empresas privadas que las producen. El Estado ciertamente intervendría. No estamos en una guerra convencional, pero los daños que la pandemia hace a la vida y al bienestar de las poblaciones pueden resultar similares (casi tres millones de muertos hasta la fecha).

No es de extrañar, por tanto, que ahora exista una vasta coalición mundial de organizaciones no gubernamentales, Estados y agencias de la ONU a favor del reconocimiento de la vacuna (y de la salud en general) como un bien público y no como un negocio, y la consecuente suspensión temporal de los derechos de patente. Mucho más allá de las vacunas, este movimiento global incide en la lucha por el acceso de todos a la salud y por la transparencia y el control público de los fondos públicos involucrados en la producción de medicamentos y de vacunas. A su vez, unos cien países, encabezados por India y Sudáfrica, ya han solicitado a la Organización Mundial del Comercio que suspenda los derechos de patente relacionados con las vacunas. Entre estos países no se encuentran los países del Norte Global. Por ello, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud de garantizar el acceso global a la vacuna (COVAX) está destinada al fracaso.

No olvidemos que, según datos del Corporate Europe Observatory, la Big Pharma gasta entre 15 y 17 millones de euros al año para presionar las decisiones de la Unión Europea, y que la industria farmacéutica en su conjunto cuenta con 175 cabilderos en Bruselas trabajando para el mismo propósito. La escandalosa falta de transparencia en los contratos de vacunas es el resultado de esta presión. Si Portugal quisiera dar distinción y verdadera solidaridad cosmopolita a la actual presidencia del Consejo de la Unión Europea, tendría aquí un buen tema de protagonismo. Tanto más si otro portugués, el secretario general de la ONU, acaba de hacer un llamamiento para considerar la salud como un bien público mundial.

Todo apunta a que, en este ámbito como en otros, la UE seguirá renunciando a cualquier responsabilidad global. Con la intención de permanecer pegada a las políticas globales de Estados Unidos, en este caso puede ser superada por el propio EE. UU. La administración Biden está considerando suspender la patente de una tecnología relevante para las vacunas desarrollada en 2016 por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

Fuente: «Alainet«.

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Qué deberíamos aprender de las protestas de los agricultores indios

 

Qué deberíamos aprender de las protestas de los agricultores indios

 

Por Harleen Kaur Bal

Rebelión

10/04/2021 


Fuentes: Counterpunch [Imagen: Concentración de agricultores participantes en la huelga general en protesta por las reformas agrícolas en Singhu, 8 de diciembre de 2020 (Foto: Sajjad Hussain / AFP vía Getty Images)]

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

En el exterior de la embajada india en Washington DC, un hombre con turbante azafrán distribuye botellas de agua a las familias de manifestantes que portan pancartas en las que se lee: “Sin agricultores no hay comida”. La concentración es una muestra de la creciente preocupación internacional, especialmente entre las comunidades indias en la diáspora, por las protestas pacíficas de los campesinos indios que se oponen a las recientes propuestas de ley que pretenden desregular la agricultura india.

Cuando, al terminar el acto, mi familia y yo nos dirigimos hacia casa, una mujer nos detiene al ver nuestros carteles y me dice: “Es lógico que protesten allí [en la India] pero ¿por qué protestan ustedes aquí?”. Lo que en realidad me preguntaba, en una época en la que se multiplican las protestas, es por qué demonios debería importarle a la comunidad internacional lo que pasa en India y por qué estas protestas en concreto habían logrado tanta repercusión. La respuesta no radica tanto en los motivos de la oposición del movimiento campesino como en el modo en que los manifestantes se están organizando en Nueva Delhi.

El espeluznante paralelismo de las imágenes de la cara del manifestante sij Ranjit Singh bajo la bota de un agente de policía indio y la foto de la rodilla de un policía estadounidense sobre el cuello de George Floyd nos recuerda que la injusticia desenfrenada repercute más allá de las fronteras. Durante cuatro meses, los campesinos indios han protestado pacíficamente con sus tractores y sus carros en las afueras de Nueva Delhi. Las proposiciones de ley pretenden desregular la agricultura, lo que impediría a millones de campesinos conseguir su sustento y  causaría una degradación ecológica. Este cambio legislativo recuerda a la desregulación de la agricultura en Estados Unidos que fue la ruina de los pequeños granjeros y aceleró la desertificación.

Los manifestantes se enfrentan al gas lacrimógeno y los cañones de agua de la policía y a la violencia de los simpatizantes de extrema derecha del partido nacionalista hindú del primer ministro [Narendra] Modi, el Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio). El gobierno ha bloqueado internet, la cobertura de teléfonos móviles y el acceso al agua en los campamentos. Sin embargo, sus esfuerzos por sofocar, sin armar mucho ruido, una protesta que no ha dejado de crecer han fracasado gracias a la naturaleza decididamente unitaria de las protestas. Meses atrás, Rihanna y Greta Thunberg publicaron tuits en apoyo de los campesinos, lo que colocó el asunto en el foco internacional. Cuando Estados Unidos se enfrenta a una creciente polarización política y cultural tras el mandato de Trump, las protestas en la India ponen de manifiesto un prometedor antídoto al creciente populismo derechista y al nacionalismo étnico más allá de las fronteras.

Campesinos en un bloqueo de carretera en la frontera entre los estados de Delhi y Uttar Pradesh el 14 de diciembre de 2020 (Foto: Jewel Samad/AFP vía Getty Images)

En un emocionante artículo publicado poco después de la elección de Trump, Andrés Rondón articula una serie de estrategias para contrarrestar el populismo oponiéndose a la polarización y buscando un terreno común con los demás. Al adoptar estas y otras estrategias, las protestas de los campesinos en la India representan la antítesis del populismo y sirven de modelo para contrarrestar dicha polarización. En ellas se da cita una concurrencia diversa de identidad religiosa, casta, afiliación política, edad y vocación. Entre los manifestantes hay agricultores, personas famosas y urbanitas de clase media, unidos por la preocupación universal en relación con la comida y la agricultura. Todos tenemos que comer y la comida no depende de esas categorías.

Al generalizar la identificación con lo indio más allá de afiliaciones basadas en la religión o en la clase social, los manifestantes han convertido los campamentos de protesta en lugares comunitarios, espacial e ideológicamente. Cada día, los concentrados ofrecen comida a los policías y a los pobres siguiendo la tradición sij de cocina comunitaria (langar) que funciona con trabajo voluntario. Los hospitales de campaña organizados en los campamentos ofrecen sus servicios tanto a los manifestantes como a los policías que lo necesitan. Estas iniciativas colectivistas radicales minimizan la polarización y el desdén hacia los “otros” indeterminados, toda una proeza frente a las tácticas de mano dura de Modi. Mientras la mayor parte de las protestas actuales profundizan en las divisiones basadas en la identidad (recuerden la insurrección del Capitolio), los manifestantes en la India representan una rara concurrencia de religión, casta y edad  unidas por la preocupación universal por la comida y la agricultura.

Marcha de los campesinos hacia la capital, Delhi, gritando consignas y atravesando las barricadas levantadas por la policía, el 26 de enero de 2021, Día de la República India (Foto: Altaf Qadri/AP Photo)

Eso es lo que deberíamos aprender de las protestas de los campesinos: cómo enfrentarnos a la creciente polarización armándonos de pluralismo, integración y oposición pacífica democrática. En Estados Unidos y en la India esta clase de iniciativas pueden servir de antídoto a la enfermedad del populismo radical y las políticas restringidas de identidad. No es casualidad que las protestas de los campesinos en la India sean una de las mayores en la historia y vayan en aumento. Las obvias consecuencias negativas del proyecto de ley tendrían repercusiones medioambientales, económicas y culturales dentro y fuera de aquel país y es evidente que el mundo debería preocuparse por ello. La continuada mercantilización neoliberal para privatizar el uso de la tierra propuesta por Modi entra en conflicto con su uso como forma de vida y tejido cultural de los agricultores indios. Sin embargo, la verdadera excepcionalidad de las protestas y del creciente apoyo que están recibiendo se basa en la naturaleza peculiar del modo en que se están realizando.

La comunidad global debe aprender de este ejemplo cómo enfrentar el creciente nacionalismo étnico y la división política mediante una integración unificada basada en los intereses comunes, y no en el desprecio hacia el otro. Los manifestantes han aceptado con brazos abiertos la diversidad y han ampliado la identificación con “lo indio” más allá de la afiliación política o religiosa. De la misma manera, nosotros debemos ampliar, en lugar de restringir, la identidad nacional en el contexto de la globalización. Solo cuando adoptemos ese pluralismo colectivo podremos superar el populismo polarizado.

Harleen Kaur es doctoranda de antropología sociocultural de la Universidad de California en Davis y la orgullosa nieta de granjeros punyabíes.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/04/08/what-should-we-learn-from-indias-farmers-protests/

El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se nombre a su autora, a su traductor y a Rebelión.org como fuente de la traducción.

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¡Ojú, chiquillo! Que salvajes son los salvajes de Malí y que civilizados son los civilizados de la civilización

 

 

Una comunidad en Malí que evitó la minería de uranio busca ahora aliviar el sufrimiento causado mediante la solidaridad y la protección del medioambiente.

 

Pueblo de Faléa, en Malí. Fuente: L’Action Solidarité Faléa 21 MANY CAMARA

Many Camara

L’Action Solidarité Faléa 21

12 ABR 2021 02:31


Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International


La municipalidad de Faléa se encuentra en el oeste de Malí en la frontera con Guinea y Senegal. Su población alcanza las 17.000 personas y la mayoría son jóvenes (entre 15 y 35 años) y femenina (aproximadamente un 62%) de las etnias djalonke, mandinka, fula y diakhanké.

La Conferencia de Berlín de 1884-5 determinó las fronteras africanas tal y como hoy las conocemos. Ahora, las empresas internacionales tienen los derechos de explotación de las tierras arables y los recursos de prácticamente todo el continente, incluyendo el uranio de Faléa.

Hace 20 años, la empresa francesa COGEMA, después conocida como AREVA y ahora como Orano, descubrió depósitos de uranio, cobre y plata en Faléa. En 2007, el gobierno de Malí firmó un acuerdo con la compañía canadiense Delta Exploration, ahora Rockgate Capital Corp, y después con Denison Mines para las futuras exploraciones de sus recursos. Las condiciones del contrato siguen sin hacerse públicas.

A los vecinos ni se les informó ni consultó. Tanto el concilio de sabios, el ayuntamiento “moderno” que se estableció en 1999 como la población local quedaron completamente apartados del proceso de toma de decisiones. Hasta que, en 2008, se construyó una pista de aterrizaje a 50 metros del colegio de educación primaria.

En Malí se conceden 60 licencias anuales para la exploración y/o explotación a empresas extranjeras. En esta fiebre de la extracción alentada por el gobierno maliense, el uranio y la bauxita ocupan un lugar especial. También hay búsqueda de oro, de hecho, Malí es el tercer productor de oro de África. El mayor potencial de uranio lo encontramos precisamente en Faléa. El área cuenta con una extraordinaria biodiversidad y riqueza cultural.

Tradicionalmente, la tierra en Malí no pertenece a nadie. El maitre de la terre, jefe de la tierra, otorga la tierra a quien necesita cultivarla. Quedan reconocidos oficialmente como los cultivadores de la tierra y pueden cavar pozos o plantar árboles, por ejemplo.

Hace 20 años, la empresa francesa COGEMA, después conocida como AREVA y ahora como Orano, descubrió depósitos de uranio, cobre y plata en Faléa. En 2007, el gobierno de Malí firmó un acuerdo con la compañía canadiense Delta Exploration, ahora Rockgate Capital Corp, y después con Denison Mines para las futuras exploraciones de sus recursos. Las condiciones del contrato siguen sin hacerse públicas.

El sistema tradicional se basa en la sabiduría antigua, que rechaza hacer de la tierra una propiedad privada o un bien comercial. La tierra se considera propiedad de las personas y no puede ser parte de una transacción.

Solo fue en 1996 cuando Malí, teóricamente independiente desde 1960, adoptó su constitución, recogiendo la descentralización administrativa, incluida la ley del suelo, en una copia exacta de varios artículos de la constitución de la V República Francesa. Desde entonces la reforma administrativa e institucional convive con las leyes antiguas. Esto ha dado lugar a una gran confusión legal, precisamente en una época de competencia entre empresas internacionales por el control de sus recursos naturales.

Se esperaba que esta inevitable confrontación, ya comenzada en las zonas rurales, ha impuesto la lógica del mercado sobre el territorio, y la tierra ha pasado a ser una materia prima especulativa.

El proyecto de la mina de uranio se forjó y aprobó en privado entre el estado maliense y las empresas mineras extranjeras a partir de 2007. En vista de la amenaza que la mina suponía para su salud, medioambiente, tierra arable, agua y legado cultural, la población de Faléa se movilizó para prevenir que sucediera.

En este contexto, y tras una lucha que duró varios años y recibió el apoyo de varias ONGs de todo el mundo, el poco confiable presidente de Mali se vio obligado a declarar a finales de marzo de 2011 que el proyecto minero de Faléa quedaba cancelado. Pese a la felicidad que originaron estas declaraciones en un primer momento, nunca inspiraron demasiada confianza.

Sigue en la segunda parte.

Traducción de Raúl Sánchez Saura.

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lunes, 12 de abril de 2021

LA REVOLUCIÓN RUSA (Documental)

Los ‘métodos no militares’ de hacer la guerra en la estrategia imperialista. (La manipulación de la información; la descontextualización de las noticias; la propagación de calumnias, bulos y mentiras previamente diseñadas; el fomentos de la violencia y del miedo; la falta de propuestas realmente efectivas para solucionar los problemas forman parte de los nuevos métodos de la guerra sin descartar el tipo de guerra militar tradicional en regiones específicas)

 

Los ‘métodos no militares’ de hacer la guerra en la estrategia imperialista

 


DIARIO OCTUBRE / abril 10, 2021

A principios de marzo, Estados Unidos publicó la “Guía Estratégica Provisional de Seguridad Nacional” a iniciativa de la Casa Blanca (*) en medio de numerosas controversias.

 

El general retirado Thomas Spoehr, director del Centro de Defensa Nacional de la Fundación Heritage, ha señalado las discrepancias que han surgido en el documento, que no preocupan a la cúpula político-militar estadounidense, o eso dicen al menos.

El documento afirma que Estados Unidos está reduciendo el papel de las armas nucleares en sus planes de guerra, mientras que el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, declaró al Congreso: “La disuasión nuclear es una de las prioridades de la misión del Departamento de Defensa”. Otra contradicción se pone de manifiesto en las declaraciones de que Estados Unidos evitará las “guerras eternas” junto a los ataques contra emplazamientos en Siria.

Las principales amenazas a la seguridad de Estados Unidos no cambian con respecto a la presidencia de Trump: son Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Pero la nueva “Guía” se centra en Europa, el hemisferio occidental y la región del Indo-Pacífico, enumerando como socios a Reino Unido, Canadá, México, India, Vietnam, Singapur, Nueva Zelanda y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Gran parte del documento está dedicado a las nuevas tecnologías, como internet y el 5G, así como a la guerra sicológica y el control de la (des)información. El principio del “poder blando dentro del poder duro” ha sido utilizado durante mucho tiempo por los militares estadounidenses.

El 16 de marzo la nueva estrategia del Pentágono “Army Multi-Domain Transformation. Ready to Win in Competition and Conflict” amplió la presencia de las tropas de Estados Unidos en todo el mundo. Afirma que “el Ejército podría desempeñar un papel inmenso en el apoyo a los objetivos interdepartamentales de Estados Unidos como parte del enfoque general del arte de gobernar”.

El general James McConville, que dirige el ejército de Estados Unidos, dijo que los métodos no militares de guerra están muy solicitados hoy en día. “Estamos asistiendo a una batalla global por los corazones y las mentes de diferentes audiencias en diferentes países. Es una batalla para contar la historia de Estados Unidos y embellecer su reputación, mientras los adversarios intentan empañar y desinformar”, dijo el general.

El plan consiste en llevar a cabo acciones asimétricas centradas en publicitar la imagen de Estados Unidos como defensor de la democracia. “En la medida en que los valores y sistemas democráticos colocan a Estados Unidos en desventaja… también hacen de Estados Unidos un socio más atractivo”.

En las audiencias del Senado de 25 de marzo de 2021, el Subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad, Christopher Maier, dijo que “las fuerzas de Operaciones Especiales han avanzado en la adaptación de sus capacidades a los desafíos de las grandes potencias, China y Rusia. El general Richard Clarke, comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos, dijo que hay 5.000 efectivos de operaciones especiales en 62 países.

En la guerra actual contra China y Rusia, las operaciones especiales desempeñan un papel central, incluyendo “la realización de operaciones psicológicas, la participación activa de ciudadanos extranjeros en la confrontación y la lucha contra la propaganda hostil y la desinformación”.

Hay luz verde a la expansión de las operaciones encubiertas en el extranjero. Mientras que “contrapropaganda” significa una serie de operaciones de (des)información, desde el descrédito de Rusia en la escena internacional hasta el despliegue de bots y trolls en las redes sociales.

(*) https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2021/03/NSC-1v2.pdf

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De Rojava a Chiapas. Una nueva organización social desde la base

 

En Rojava -Kurdistán sirio- y en la Chiapas zapatista se construyen alternativas emancipatorias de nuevo tipo. No son las únicas, hay otras con sus propias formas y tiempos. Una nueva historia se está construyendo y hay que aprender a escucharla.


De Rojava a Chiapas  



Raúl Romero

El Viejo Topo

12 abril, 2021

El Kurdistán es un pueblo con lengua y cultura propias que habita entre los ríos Tigris y Éufrates. Desde hace años y de distintas formas, este pueblo lucha por su autodeterminación. En el pasado, los territorios kurdos estuvieron divididos por los imperios otomano y persa. Después del reparto imperial que vino con la Primera Guerra Mundial, el pueblo kurdo quedó dividido entre Irak, Irán, Siria y Turquía.

La lucha del pueblo kurdo por su liberación se ha vuelto también una lucha por la sobrevivencia, en la que enfrentan a ejércitos de gobiernos nacionales, del Estado islámico y de potencias imperiales. Las organizaciones kurdas son varias y diversas entre ellas, incluso estas diferencias suelen ser usadas por los actores interesados en el petróleo de la región para disminuir la resistencia.

Entre las organizaciones del pueblo kurdo destaca el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), fundado en 1978, marxista-leninista, y que formó parte de las luchas anticoloniales que estallaron por aquellos años. Con el paso del tiempo, el PKK fue transformándose intelectualmente para encontrar un camino propio, el Confederalismo Democrático, un proyecto que, según Abdullah Öcalan –figura ideológica y prisionero político– se caracteriza por ser flexible, multicultural, antimonopólico, orientado hacia el consenso y en donde la ecología y el feminismo son pilares centrales.

El confederalismo democrático puede enunciarse como un proyecto anticapitalista, antipatriarcal, popular, construido por el pueblo kurdo, el cual experimentó entre 2012 y 2014 un momento paradigmático: la declaración de la autonomía de facto de Rojava, una región en el Kurdistán sirio, proceso que encontró eco internacional. En este proceso jugaría un papel determinante la resistencia armada encabezada por las mujeres kurdas y su congreso Kongra Star.

Para la socióloga Azize Aslan, Rojava no es sólo el territorio donde está teniendo lugar una revolución, es también un territorio donde la idea de una revolución está redefiniéndose. Su argumento es potente: ahí se construye una red de asambleas en donde los pueblos toman las decisiones respecto de su futuro. Son esas asambleas las que posibilitan la democracia directa y el autogobierno: El propósito del sistema de asambleas populares en Rojava es organizar un modelo anticapitalista y autónomo para una sociedad sin Estado, antipatriarcal y ecológica (https://bit.ly/2MJ0NYG).

La profundidad teórica y práctica de la crítica y alternativa que se construye en Rojava destaca por varios elementos: es un cuestionamiento a la modernidad capitalista, al Estado-nación, a la ciencia hegemónica, al patriarcado y al ecocidio. La crítica viene acompañada de una praxis encaminada a la construcción –no sin contradicciones– de una modernidad democrática con su confederalismo, su autonomía, su economía alternativa, con el protagonismo de las mujeres y también con su ciencia crítica, una ciencia que dio lugar a la Jineolojî o ciencia de las mujeres, basada en la ética, la estética, con poder práctico y relacionada con la economía.

Alessia Dro, del Movimiento de Mujeres del Kurdistán, ha señalado que una de las contradicciones más grandes de nuestro tiempo es la existente entre la resistencia de las mujeres y el patriarcado. Esa contradicción, recuperada como vertebral por la revolución kurda, es lo que propicia que miles de mujeres de todo el mundo se identifiquen con esa lucha: Para hacer una transformación, tenemos que lograr cambiar a la sociedad con una perspectiva de liberación de las mujeres. La liberación de las mujeres significa liberar la sociedad entera. Eso es algo que los movimientos revolucionarios en el mundo aún no han elaborado como eje prioritario, y creo que por eso hay mujeres de muchos lugares que nos unimos al movimiento (https://bit.ly/2PucW4H).

La solidez teórica y política que ha alcanzado la revolución kurda se refleja en el reconocimiento de sus pares en otros lugares del mundo. Es con el EZLN y con las mujeres zapatistas con quienes ha establecido un diálogo fraterno. En diciembre de 2019 la palabra de las mujeres de Rojava llegó hasta territorio zapatista, al semillero Huellas del Caminar de la comandanta Ramona, en donde se realizaba el II Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan: Hoy, querríamos haber estado junto a las mujeres zapatistas en el encuentro de mujeres que se ha celebrado allá, pero está claro que en nuestra situación y con los ataques a nuestro pueblo, esto no ha sido posible. Pero podemos decir que nuestros corazones están allá y con todas las mujeres en lucha por su libertad y la de sus pueblos. Porque estamos luchando contra todo tipo de ocupación impuesta a los pueblos, todo tipo de esclavitud impuesta a las mujeres. Y estamos juntas en la lucha.

En Rojava y en la Chiapas zapatista se construyen alternativas emancipatorias de nuevo tipo. No son las únicas, hay otras con sus propias formas y tiempos. Una nueva historia se está construyendo y hay que aprender a escucharla.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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domingo, 11 de abril de 2021

Los médicos ya hablan de la ‘distopía nazi’ de las vacunas en las revistas especializadas

 

Los médicos ya hablan de la ‘distopía nazi’ de las vacunas en las revistas especializadas

 


Diario octubre / abril 6, 2021

K. Polyakova.— Me he vacunado más veces en mi vida que la mayoría de la gente y tengo una gran experiencia personal y profesional en esta pandemia, ya que he gestionado un servicio durante las dos primeras oleadas y todas las contingencias que siguieron.

Sin embargo, lo que me preocupa en este momento es que no se tenga en cuenta la realidad de la morbilidad causada por nuestro actual programa de vacunación dentro del servicio sanitario y del personal. Los niveles de enfermedad tras la vacunación no tienen precedentes y el personal está enfermando mucho, algunos con síntomas neurológicos, lo que está teniendo un gran impacto en el funcionamiento de los servicios sanitarios. Incluso personas jóvenes y sanas se ausentan durante días o incluso semanas, y algunas requieren tratamiento médico. Se retiran equipos enteros cuando se iban a vacunar juntos.

La vacunación obligatoria en este caso es estúpida, poco ética e irresponsable cuando se trata de proteger a nuestro personal y la salud pública. Estamos en la fase voluntaria de vacunación, y estamos animando al personal a tomar un producto no autorizado que afecta a su salud inmediata, y tengo experiencia de primera mano de que el personal ha contraído el Covid después de la vacunación y probablemente lo ha transmitido. De hecho, se indica claramente que estos productos vacunales no proporcionan inmunidad y no previenen la transmisión. Entonces, ¿por qué lo hacemos? No hay datos de seguridad a largo plazo (como mucho, unos pocos meses de pruebas) y estos productos sólo se autorizan con carácter de urgencia. ¿Cómo sabemos que no hay eventos adversos a largo plazo a los que podríamos enfrentarnos y que podrían poner en riesgo a todo el sector sanitario?

La gripe supone una muerte masiva anual, inunda el sistema sanitario, mata a los jóvenes, a los ancianos y a los que tienen comorbilidades, y sin embargo la gente puede elegir si se pone o no esta vacuna (que existe desde hace mucho tiempo). Y se pueden enumerar muchos otros ejemplos de vacunas que no son obligatorias y que, sin embargo, protegen de enfermedades más graves.

La coacción e imposición de tratamientos médicos a nuestro personal, a los miembros del público, especialmente cuando los tratamientos están todavía en fase experimental, es definitivamente una distopía nazi totalitaria y está muy alejada de nuestros valores éticos como guardianes de la salud.

Yo y toda mi familia hemos tenido Covid. También lo han hecho la mayoría de mis amigos, familiares y colegas. Hace poco perdí a un familiar relativamente joven por una insuficiencia cardíaca comórbida como consecuencia de una neumonía inducida por Covid. A pesar de ello, nunca me rebajaría a aceptar que abandonáramos nuestros principios y nuestra posición internacional sobre la soberanía corporal, la elección libre e informada y los derechos humanos, y apoyáramos una coacción sin precedentes sobre los profesionales, los pacientes y las personas para que reciban tratamientos experimentales con datos de seguridad limitados. Esto y las políticas que lo acompañan son un peligro mayor para nuestra sociedad que todo lo que hemos enfrentado en el último año.

¿Qué ha pasado con el principio de “mi cuerpo, mi elección”? ¿Qué ha pasado con el debate científico y abierto? Si no prescribo un antibiótico a un paciente que no lo necesita porque está sano, ¿soy un antiantibiótica? ¿O una negadora de los antibióticos? ¿No es hora de que la gente piense realmente en lo que nos está sucediendo y en el rumbo que está tomando todo esto?

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