sábado, 3 de abril de 2021

Información y desinformación. Independencia y contrapoder

 

Información y desinformación. Independencia y contrapoder

MANUEL GARÍ

Vientosur

2 ABRIL 2021

 

Logo de Cuartopoder, diario digital cerrado el 31/3/2021


La desaparición de Cuartopoder, uno de los 16 componentes de la Plataforma de Medios Independientes que preguntó a la ciudadanía sobre la monarquía española, es una cruda metáfora de la realidad política y económica, y también de los medios de comunicación. El cierre resalta la pertinencia del debate en torno al binomio independencia periodística – contrapoder mancomunado. Debate en el que, dado que no soy experto en comunicación, mi opinión es la de un usuario que pretende discernir en los mensajes que circulan entre episteme y doxa. O sea, diferenciar la verdad asociada a los hechos de los que se informa de la interpretación y opiniones que suscitan.

Parece que resulta difícil lograrlo con unos medios que durante décadas han silenciado las fechorías del monarca, convierten en noticia de portada una foto de Díaz Ayuso en su paseo dominical, exhiben el espantapájaros del bolivarianismo, insultan a los discrepantes, incurren en calumnias, callan ante el atropello antidemocrático del parlamento andaluz para poner sordina a las voces díscolas de 11 parlamentarios de izquierda, azuzan los odios nacionalistas españolistas contra la ciudadanía catalana, transforman en expertos universales a tertulianos y “famosos” o confunden al telespectador con el ruido multicolor de mil imágenes, voceríos y “última hora” del espectáculo permanente. Es una muestra de cinismo que la mayor parte de medios afirmen que en el Reino de España se puede ser republicano respetando las leyes, pero ocultan que cambiar esa Constitución de 1978 exige unos requisitos antidemocráticos prácticamente insalvables si no media un proceso destituyente de ruptura democrática.

La mayoría de los medios en simbiosis con las redes sociales y el juego político oligárquico hegemónico se retroalimentan en bucle vicioso. A una sociedad cuya ciudadanía ha quedado reducida al papel de espectadora pasiva ante una representación política autonomizada que acapara la escena, se corresponden unos medios que alimentan sentimientos frente a las razones y que hablan más de los protagonistas políticos que de los intereses reales de sus representados. Todo ello se completa con un eurocentrismo exacerbado que ignora los cambios que se han producido en un mundo globalizado que ha situado el centro de gravedad mundial a miles de kilómetros.

Desiderátum

¿Qué me gustaría encontrar en un medio de comunicación? Que sea útil para discernir el qué, cómo y dónde ocurrió a la vez que criba con honestidad y veracidad la relevancia de los hechos objeto de información. Ello puede posibilitar la creación de vínculos entre los individuos mediante el desarrollo de los hilos de la razón, el sentido y la memoria, tres ingredientes necesarios, aunque no suficientes, para la emancipación humana. En la sociedad de clases, patriarcal, ecocida y desigual bajo el dictado del mercado y la ley de la ganancia privada, los medios de comunicación si quieren estar al servicio de la mayoría social no pueden perder la capacidad de indagación, asombro e indignación para poner en evidencia las lógicas del poder. Lo que exige de una profesionalidad basada en la independencia, la constancia y la suficiencia ajenas a la superficialidad, la irresponsabilidad y la venta al mejor postor.

Los medios no pueden ser cautivos de sus propietarios ni en la actual sociedad ni en una futura de mujeres y hombres libres e iguales. Desde hace décadas en diversos ámbitos han surgido propuestas muy interesantes como la que en 2008 Mediapart y Reporteros sin fronteras formularon en el “Llamamiento desde la colina” por una prensa libre e independiente. La lógica de todas ellas es diseminar el poder en los medios de comunicación, evitar la concentración, mancomunar esfuerzos, dar voz y voto a profesionales y usuarios, favorecer el pluralismo, conjurar el miedo al Leviatán estatal y su burocracia, pero también al del auténtico poder, el del capital.

Precisamente ahora que se cumple el 150 aniversario de la Comuna de Paris, cabe señalar la importancia de la existencia de una prensa pluralista y libre de ataduras. Durante los 72 días que duró el primer gobierno en manos de la mayoría popular, las medidas sociales y democráticas fueron acompañadas, como no podía ser de otra manera, de lo que se denominó la política de “información instantánea”. Surgieron 70 periódicos y revistas, proliferaron los murailles y affiches escritos por quien tuviera algo que decir, aún con faltas de ortografía, experiencia que Rimbaud celebró y que en opinión de Kristin Ross permitió el surgimiento de un nuevo espacio social 1/. Efectivamente, entonces y hoy, los medios de comunicación juegan un papel esencial en nuestra comprensión de la realidad y en la configuración de la esfera pública.

Para Alexis de Tocqueville la prensa era un garante de la protección de la libertad; aún más, era el sostén de la civilización. Si la prensa libre es un indicador y una condición para la existencia de una sociedad democrática ¿de quién debe protegernos? El jurista francés afirmó que de la centralización y la burocracia gubernamental y por ello debía estar en manos de la sociedad. Sí, pero la cosa era y es algo más complicada ya que la sociedad civil no es un todo homogéneo y una minoría determina la voluntad estatal. No es Marx ni Bakunin, sino Adam Smith quien escribió “el estado civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico del pobre” 2/.

Al servicio de su majestad

Ello nos remite a una pregunta central: ¿a quién sirven los medios de comunicación? Tanto sean de propiedad privada como pública en las actuales condiciones, están al albur de intereses minoritarios. No es que los medios de comunicación en nuestro país sean monárquicos, es que la monarquía asegura mejor que otras fórmulas los intereses que defienden. Cabe señalar que José María Aznar (ayudado por sus secuaces) fue un estratega muy útil para los intereses del capital inmobiliario, financiero y eclesiástico usando dinero público y el BOE a favor de medios de comunicación afines al frente de los cuales se situaron “periodistas” de dudosa catadura ética.

Pero el alcance de la pregunta va más allá de los confines de la derecha neoliberal posfranquista pues mayoritariamente los medios de comunicación, salvando ejemplares excepciones, juegan un papel en la difusión de los mitos ideológicos del neoliberalismo. Prueba de ello en nuestro país fue la acrítica aceptación de los postulados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento o la filosofía, poquedad y tipo de reparto previsto de los Fondos Europeos “Next Generation”. Además, esos mismos medios se encargan de seleccionar y reclutar el personal político afín y funcional a esos mitos. Construyen y destruyen portavocías políticas o sociales frente a la voluntad de los restos de liquidación de las organizaciones populares o de los partidos políticos. Díaz Ayuso es un caso emblemático por más que cueste creerlo.

Con ello los medios de comunicación de masas más importantes contribuyen a la banalización de la cosa pública y a hacer realidad el temor de Hannah Arendt en su ¿Was ist Politik? respecto a la desaparición de la política por la vía de su falta de significado. El trumpismo periodístico, muy presente en nuestro país, es un activo agente de ese movimiento. Y, lo que es más grave, esos medios acaban jugando el papel de Herr Vogt señalado por Marx en la Contribución a la crítica de la economía política, el de pseudo demócratas al servicio de intereses espurios, ocultados e inconfesables.

Manolo Garí. Economista. Forma parte del Patronato y del Consejo de Redacción de viento sur.

Notas

1/ Ross, Kristin. El surgimiento del espacio social. Rimbaud y la Comuna de Paris. Akal, 2018.

2/ Smith, Adam. La riqueza de las naciones. (Libro 5, Cap. 1, parte2). Fondo de Cultura Económica, México 1982.

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Cierra Cuartopoder (menos información y menos análisis críticos. Pasito adelante de la unilateralidad y del simplismo mental. ¡Enhorabuena, señor conde!)

 

Adiós



Manolo Monereo

El Viejo Topo

30.03.201

No es fácil escribir este artículo. Cuando Sato me informó que cuartopoder se cerraba me afectó mucho. Llevo muchos años formando parte de este colectivo de hombres y mujeres que luchaban denodadamente por una información veraz y por formar opinión que necesariamente tenía que ser crítica. La última época el periódico estuvo dirigido por un grupo de jóvenes valientes y decididos. No ha podido ser. Una batalla más que se pierde, que perdemos.

Me aburre la letanía que habla de periódicos cerrados y de reducción de los espacios de libertad. Mis sentimientos son de rabia y de impotencia. Se está clausurando el espacio de lo público colonizado por los grandes grupos informativos y los monopolios empresariales y financieros. La captura del Estado por las élites va acompañado de una penetración cada vez más firme en eso que llamamos sociedad civil. Es una ley universal, cuanto más se ensalza la libertad, menos libertades reales tienen las personas, los colectivos sociales, las clases; sí, clases, las subalternas.

Socialismo o libertad; comunismo o libertad. La burguesía patrimonialista madrileña ofrece una comunidad y un país en venta. Todo se puede comprar y todo tiene precio. Madrid asegura libertad a cambio de vidas humanas. ¡Jóvenes del mundo, uníos! Aquí hay de todo y sin restricciones. Aceptamos el reto: muertos por libertad de comercio; muertos por darle vida a los negocios; muertos por la libre movilidad de las personas; muertos por la libertad de las grandes compañías hoteleras. No pasarán ni las políticas públicas ni las políticas sanitarias que salvan vidas. ¡Vive peligrosamente! No aceptes el rebaño; enfréntate al gobierno social-comunista consumiendo en las calles, rompiendo con los horarios establecidos y quitándote el bozal que los viejos enemigos de la libertad nos imponen.

Libertad con muerte: la seguridad es cosa de pobres, de obreros, de jóvenes incapaces de superar la vieja cultura de la cooperación y la solidaridad convertida en derechos. Menos Estado y más competencia: que los mejores no se vean limitados por la mentalidad igualitarista de una masa adocenada por años de bienestar y control político de una izquierda que ha hecho del resentimiento, política. Ellos quieren ser como nosotros; ellos contra nuestras libertades. Volvemos para ganar. Nuestra libertad frente a vuestras libertades.

Se cierra un periódico. La izquierda nada hace. No cree en lo que dice. A la hora de la verdad prefiere pactar influencia con los grandes grupos mediáticos o crear artilugios que aseguren la voz univoca de la dirección del partido. Viven al día y lo llaman realismo. No sé si al final se traducirá el libro Dominio de Marco D’Eramo (Ed. Feltrinelli, 2020). Cuenta con todo lujo de detalles el nacimiento, reproducción y desarrollo -férreamente organizado- de la cultura neoliberal en EEUU. Sociedades, fundaciones, universidades, medios de comunicación comprometidos con la libertad y frente al colectivismo. Por delante y por detrás, grandes grupos de poder económico. Su secreto: no pactar la ideología, cooptar a los operadores culturales, organización, tenacidad, dinero, mucho dinero: invertir en hegemonía es garantizar que el futuro sea nuestro, nos pertenezca.

D’Eramo señala una paradoja. Mientras que la izquierda siempre emplea un discurso centrista, pactista, moderado con los neoliberales, estos nunca retroceden: defiende el programa máximo, la acracia liberal y de mercado. Es como si la izquierda defendiera la dictadura del proletariado, la transición socialista y la expropiación de los capitalistas. ¿Qué consiguen? Dar coherencia y firmeza al proyecto. Como entre la realidad y el programa hay muncha distancia siempre se puede echar culpa a algo externo (debilidades propias; males ajemos; sabotaje de los tradicionales adversarios; imponderables varios). El proyecto neoliberal nunca fracasa; cuando falla es porque se aplica mal y de modo insuficiente. Los culpables son siempre los equipos, las personas, las fuerzas políticas, las poblaciones no suficientemente preparadas para asumir un mensaje de semejante contenido. Perseverar, siempre perseverando y a la ofensiva.

No hay que caer en el idealismo. Los que defiende estos proyectos navegan a favor de corriente; ellos son los grandes poderes económicos, las elites intelectuales funcionales al sistema. Hoy nos damos cuenta lo poco que se ha entendido a Antonio Gramsci. Todo han sido adornos y legitimaciones discursivas.  Tomarse la hegemonía en serio significaba hablar de ideas organizadas; de proyecto nacional-popular; de pedagogía de masas y de insertarse productivamente en un sentido común para darle coherencia y homogeneidad; de socializar la política y cambiar la vida cotidiana de las personas. Un partido orgánico diverso y plural conectado con el partido-institución sin confundirse con él.

Cuartopoder se cierra. Seremos menos libres, menos cultos y con menos capacidad para analizar críticamente el presente. Algunos amigos y amigas se quedan sin trabajo y entran en duro mundo de la búsqueda de empleo. La pregunta debe hacerse: ¿no ha llegado el momento para organizar la cooperación, la solidaridad, en torno a una plataforma político-cultural alternativa a los poderes oligárquicos dominantes?

Adiós queridas amigas, queridos amigos.

Artículo publicado originalmente en Cuarto Poder

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viernes, 2 de abril de 2021

La recuperación económica y la consiguiente mejora de vida de los trabajadores y tal y tal y el olmo que da peras y tal. Pero como los trabajadores ya sabemos las mil y una formas de cómo nos toman el pelo y nos quitan el producto de nuestro trabajo, ahora el olmo va darnos bruños, que como sabrá el lector los bruños son cojones como puños y tal

 

Advierten que la «recuperación económica no está mejorando las condiciones de vida»

 

Claudio LozanoAgustina HaimovichSamantha Horwikz / ARGENTINA

Rebelión

Fuentes: Agencia Paco Urondo

02.04.2021

Según un análisis del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, la pobreza se mantuvo estable en los últimos meses del 2020, a pesar de la recuperación económica. Según el Indec, el 42% de los argentinos son pobres y el 10%, indigentes.

Según el Informe, “los datos del INDEC para el segundo semestre del 2020 revelan un aumento del 18,3% de la pobreza (del 35,5% al 42%) respecto del mismo semestre del año pasado. A la vez la indigencia crece un 31,2% (del 8% al 10 5 %) en el mismo período.

La primera conclusión que surge al observar el mayor incremento de la indigencia es que se sigue profundizando la intensificación de la pobreza. Hecho este que en esta medición se constata también al observar que la brecha entre el ingreso que tienen quienes están en situación de pobreza y el que necesitarían para salir de dicha condición, aumentó.

Por otra parte, al hacer una evaluación del comportamiento trimestral de la pobreza (el dato semestral del INDEC es el promedio de dos datos trimestrales), surge que el segundo semestre del 2020 se compone de un tercer trimestre donde la pobreza se ubicó en el 38,7 % y un cuarto donde esta trepa al 45,3 %. Comparando lo expuesto con los niveles de pobreza del segundo trimestre del 2020 (47%, en el momento de máximas restricciones por la pandemia y mayor caída de la actividad), se observa una caída de la pobreza en el tercer trimestre al 38,7% para luego volver a escalar en el cuarto a niveles prácticamente similares al segundo. Es más, si se corrige la serie trimestral y se le saca al tercer trimestre el efecto del medio aguinaldo, el tercero sin medio aguinaldo llega a 44 de pobreza.

Surge de esto un conjunto de conclusiones:

Por un lado, el importante efecto del medio aguinaldo en la baja de la pobreza del tercer trimestre está indicando una mayor presencia de trabajadores asalariados formales en el conjunto de personas en situación de pobreza.

Por otra parte, los datos de 47% en el segundo, 44% en el tercero y 45,3% en el cuarto está señalando con toda claridad que el tipo de recuperación económica que se va dando al eliminarse las restricciones pandémicas no tiene efecto sobre la pobreza por ingresos. Es decir, con un nivel de actividad prácticamente similar al previo a la pandemia, la pobreza se mantiene en los mismos niveles de la cuarentena más estricta y de máxima caída de la actividad. Además, la suba de la pobreza en el cuarto respecto al tercero reconoce otras causas. Además de que en el cuarto no hay aguinaldo se eliminó el IFE, se desacelera la recuperación de la actividad económica al tiempo que se acelera la inflación.

En otro orden de cosas, los datos laborales del cuarto trimestre consolidan una tendencia donde la recuperación del empleo es en base a informalidad, autoempleo y empleo no registrado. El empleo formal no tuvo modificaciones y sigue 324.000 puestos por debajo que en el 2019. Esta recuperación económica con deterioro en la calidad del empleo, sumado a los aumentos de la AUH y la tarjeta alimentar, sirvieron para contener la situación de la indigencia (10,4% en el cuarto trimestre vs 10,6% en el tercero) e incluso reducirla en un 16,2% (10,4% cuarto trimestre vs. 12,4% segundo) respecto al pico del segundo del 2020. Es evidente que el supuesto adoptado por el gobierno en el Presupuesto 2021 de eliminar los refuerzos en materia de política social (entre ellos el IFE ) en tanto la recuperación de la actividad los haría innecesarios, no se está cumpliendo.

Revisar esta decisión y recuperar la discusión sobre la necesidad de universalizar ingresos sobre la población en situación de informalidad y desempleo parece imprescindible. Tanto para contener la situación social como para reanimar el alicaído mercado interno.

En suma, cambiar la lógica de una reactivación que, por su orientación dominante (primacía del sector exportador) y en base al comportamiento de los precios, se traduce en aumento de los márgenes de beneficio de las principales empresas y no en mejora de las condiciones de vida de la población.

Claudio Lozano, Agustina Haimovich y Samantha Horwikz, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).

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Tapar el sol con el dedo

 

En torno al círculo polar ártico, pueblos indígenas de la región y organizaciones ambientalistas suecas e internacionales se oponen enérgicamente a un experimento para avanzar la geoingeniería solar, una propuesta tecnológica de alto riesgo.

Tapar el sol con el dedo


Silvia Ribeiro

El Viejo Topo

 2 abril, 2021 

 

En uno de los confines del mundo, alrededor del círculo polar ártico, se está llevando a cabo una lucha que nos afecta a todos. Pueblos indígenas de la región y organizaciones ambientalistas suecas e internacionales se oponen enérgicamente a un experimento para avanzar la geoingeniería solar, una propuesta tecnológica de alto riesgo. A gran escala, tapar parte de los rayos del sol con nubes artificiales podría causar sequías y otras alteraciones en los trópicos, poniendo en riesgo las fuentes de agua y alimentación de miles de millones de personas. Un proyecto de la Universidad de Harvard, financiado por Bill Gates y otros billonarios, pretende usar el territorio del pueblo indígena Saami en Kiruna, Suecia, para realizar un experimento de esta tecnología (https://tinyurl.com/y5ut32y4).

El 24 de febrero, el Consejo Saami, que reúne a los pueblos saami de Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, manifestó su oposición a dicho proyecto y exigió al gobierno sueco cancelar el experimento (https://tinyurl.com/f4ektwdj) por falta de consulta previa y consentimiento de sus pueblos. También porque el experimento es para desarrollar una tecnología muy peligrosa que afectaría a todo el planeta, por lo que señalan que no es papel de un grupo de Harvard o algunos gobiernos decidir sobre ella.

Aunque la geoingeniería todavía aparece para mucha gente como ciencia ficción, el juego geopolítico y las implicaciones del desarrollo de la tecnología son una amenaza muy real y que avanza rápidamente.

En ese camino, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, acaba de mover otra pieza en el escenario global. El 25 de marzo publicó el informe Reflecting Sunlight (Reflejar la luz solar) donde recomienda que el gobierno de ese país debe asignar inmediatamente 100 a 200 millones de dólares para avanzar en la investigación y experimentación con geoingeniería solar y cómo se debe gobernar (https://tinyurl.com/yut5patf). Esa inversión multiplica de cinco a 20 veces la financiación pública para investigación en geoingeniería de gobiernos como la Unión Europea, China, Rusia y Corea. No obstante, la mayor inversión en el desarrollo de geoingeniería es de los supermillonarios, encabezados por Bill Gates, Jeff Bezos, Elon Musk y otros titanes tecnológicos (https://tinyurl.com/32d38zyx).

Según Raymond Pierrehumbert, profesor de la Universidad de Oxford y autor principal de reportes globales del IPCC, el nuevo informe no aporta mayor información científica a la que ya existía en otro anterior sobre geoingeniería, publicado por la Academia en 2015. Claramente, el mensaje principal ahora no es científico, sino político.

Se trata de un intento de legitimar la experimentación a campo abierto de esta riesgosa tecnología, tal como el que pretenden hacer en territorio saami y desde antes en otros territorios indígenas desde Arizona y Alaska a Canadá y Australia. Al mismo tiempo, asegurar que Estados Unidos (gobierno, empresas, academia) lidere tanto las inversiones en geoingeniería, como la definición de quién decide sobre ella. Que haya subsidos públicos es también una forma de blanquear el dinero que invierten los billonarios, haciéndolo parecer pertinente.

El informe de la Academia reconoce que la geoingeniería solar es altamente peligrosa e injusta, ya que conlleva impactos desiguales: mientras algunos países se beneficiarían con la disminución de los picos de temperatura, otros sufrirán sequías y más desequilibrios climáticos.

Por sus altos riesgos, el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB), estableció en 2010 una moratoria al despliegue de la tecnología y un llamado a extrema precaución y a cumplir con una serie de condiciones previas –como un mecanismo multilateral de gobierno y consulta previa a pueblos indígenas y comunidadeslocales– consulta que aplica también a los experimentos a pequeña escala.

Para evadir esta y otras decisiones de Naciones Unidas –Estados Unidos no es parte del CDB, pero la geoingeniería tiene alcance global–, el informe pretende colocar otras reglas de juego: que se establezcan sistemas de gobierno a la investigación y experimentación, por iniciativa de Estados Unidos, pero que serían internacionales invitando a otros países (a su antojo) a discutir, para lograr una decorativa muestra de diferentes regiones. Incluyendo también a los actores privados que tienen intereses en geoingeniería.

Esta propuesta es un intento de sabotaje a las decisiones multilaterales y por consenso de todos los países, que es como funciona, por ejemplo, el CBD. En el caso de la geoingeniería la decisión por consenso de todos es un requerimiento mínimo, ya que necesariamente habrá países que serían afectados negativamente.

Åsa Larsson Blind, del Consejo Saami en Suecia, manifestó: La geoingeniería solar se opone totalmente a la cosmovisión del pueblo saami y va contra de lo que tenemos que hacer: transformar el planeta a sociedades sin emisiones de carbono y en armonía con la naturaleza. Este informe [de la Academia de EU] plantea avanzar una tecnología que conlleva peligros existenciales, con el falso argumento de que sería un plan B para el cambio climático. Si los gobiernos no son capaces de manejar la crisis climática con soluciones reales ahora, menos aún podrán manejar los enormes riesgos e injusticias de la geoingeniería. Importante apoyar esta lucha que nos concierne a todas y todos.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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UNA FALSA DICOTOMÍA: SALVAR LA SALUD DE LA POBLACIÓN O FACILITAR LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA (¿Qué algoritmo utilizará Facebook para no permitir que desde este Blog, El Ojo Atípico, no se pueda compartir ningún artículo, ni siquiera a mi propia cuenta de facebook? ¿Tal flojedad intelectual tiene el sistema que cualquier idea lo puede hacer tambalear?)

 

UNA FALSA DICOTOMÍA: SALVAR LA SALUD DE LA

 POBLACIÓN O FACILITAR LA RECUPERACIÓN

 ECONÓMICA

 

Viçen Navarro

Artículo publicado en el diario Público

 19 de agosto de 2020

Dentro de los principales establishments económicos y financieros de España (y de aquellos establishments políticos y mediáticos que les son afines) existe una postura muy extendida de que hay un trade-off entre dar prioridad a intervenciones encaminadas a controlar la pandemia o, por el contrario, dar preferencia a facilitar el desarrollo y la recuperación económica del país. En esta manera de pensar se asume que el haber dado prioridad al control de la expansión de la pandemia de coronavirus ha estado afectando negativamente a la capacidad del país de recuperar su vida económica. De ahí que se concluya que es necesario y urgente dar prioridad a esta recuperación económica (que supuestamente afecta a la mayoría de la población), aunque ello sea a costa de diluir la intensidad de las medidas de contención y prevención de la pandemia (la cual se supone -según este razonamiento- que infecta solo a una minoría de la población, causando una mortalidad sobre un sector pequeño de esta minoría –predominantemente ancianos–).

El trumpismo en EEUU y en España

Una forma extrema de esta postura es la defendida por el presidente Trump en Estados Unidos, la cual, por cierto, está también presente primordialmente (aunque no exclusivamente) en amplios sectores de las derechas españolas (incluyendo las catalanas). Según éstas, hay que dar prioridad al desarrollo económico, poniendo el acento en las políticas públicas de recuperación económica, incluso a costa de relajar (o incluso dejar de lado) el control de la pandemia, cuya gravedad suele ser subestimada, considerándola un mal menor para la mayoría de la población (algo así como una gripe) de pronta y fácil solución con la próxima aparición de la vacuna.

Tal pensamiento es predominante en las organizaciones empresariales a los dos lados del Atlántico Norte, que temen que el parón de la economía como consecuencia de las medidas de confinamiento haya podido significar una pérdida de sus beneficios al haber reducido la disponibilidad de trabajadores (para realizar tareas en sus empresas) y de consumidores (para estimular la demanda de sus productos). De ahí su postura que defiende que la primera responsabilidad del Estado (en sus distintos niveles, ya sea central, autonómico o local) en estos momentos deba ser la de asegurar que los trabajadores vuelvan a su trabajo y los consumidores a sus tiendas, aunque sea a costa de una reavivación de la pandemia.

El gran error de este supuesto trumpiano (que es la máxima expresión del neoliberalismo)

El punto débil de tal supuesto es que sin una reducción notable del alcance de la pandemia no habrá recuperación económica posible. La evidencia empírica, que ya se ha ido acumulando durante estos meses de pandemia, no puede ser más contundente. Ninguno de los países que han enfatizado la recuperación económica sin primero intentar controlar la pandemia ha tenido éxito en sus intentos por recuperar su economía. Y el ejemplo más claro de ello es lo que ha ocurrido en EEUU, que siempre ha sido el modelo y el referente del pensamiento neoliberal, cuya expresión más extrema es el trumpismo. Analizando la experiencia de sus estados podemos ver que la creación de empleo y el crecimiento económico han sido menores en aquellos Estados (como Arizona, Georgia, Florida o Texas) donde no se dio prioridad o importancia a las medidas de control de la pandemia (tales como la utilización masiva de mascarillas, el respeto por mantener la distancia social o la ralentización del desconfinamiento para hacerlo lenta y pausadamente) que en aquellos Estados (como Nueva York, Nueva Jersey, Maryland, Massachusetts o Washington D.C.) donde dieron máxima prioridad a controlar la pandemia, permitiendo la aplicación de las medidas que facilitaron la recuperación económica solo cuando la pandemia estaba controlada.

En el lado trumpista, las medidas de control de la pandemia no se tomaron en serio, hasta tal punto que el gobernador del Estado de Georgia, el Sr. Brian Kemp, prohibió hasta día de hoy a los alcaldes de su Estado que hicieran obligatorio para la ciudadanía el uso de las mascarillas. Detrás de esta supuesta defensa de la “libertad” de los individuos (característica del liberalismo), existe un profundo sentimiento insolidario que es muy dañino para toda la población, incluyendo para las personas que, como consecuencia de su profunda ignorancia, quieren ser “libres” y no ponerse mascarilla. Este individualismo insolidario va acompañado de un edadismo (muy acentuado también en España) que desmerece las enfermedades que afectan predominantemente a los ancianos, como es el coronavirus. Este sentimiento discriminatorio alcanzó unas dimensiones enormes con las declaraciones del vicegobernador del Estado de Texas, el Sr. Dan Patrick, que pidió a los ancianos que aceptaran, por razones patrióticas y a fin de salvar el país, su posible muerte por coronavirus, permitiendo así frenar las medidas orientadas a controlar la pandemia que estaban dificultando la recuperación económica.

Este individualismo y edadismo van acompañados en EEUU de un inmovilismo a nivel del Gobierno Federal, indicando que son los estados (aquí en España, las CCAA) los que tienen que encargarse de tales “medidas antipandemia”. En realidad, hay bastante consenso entre los expertos en salud pública en que la falta de liderazgo del Gobierno Federal ha sido una de las principales causas del preocupante estado de la pandemia en EEUU. Según Catherine Bosley y Reade Pickert, de Bloomberg Economics:

“La incapacidad de Estados Unidos para controlar la pandemia está frenando su recuperación en comparación con muchos países en Europa, donde muchos puntos calientes del virus lograron reanudar la actividad económica sin causar un aumento similar en las infecciones”.

Una situación semejante ha ocurrido en España, donde las derechas se han caracterizado por una gran hostilidad hacia el gobierno de coalición de izquierdas, obstaculizando una respuesta del Estado central que permitiera un mayor control de la pandemia. Esta oposición se ha extendido también a otras opciones políticas, que incluso se han opuesto al establecimiento de un Centro Estatal de Salud Pública que permitiera 123 la dirección y coordinación de las actividades salubristas de diecisiete servicios autonómicos de salud. La situación contrasta con la de Alemania, un estado federal en el que los Lander (regiones gobernadas por políticos de distintas sensibilidades) apoyaron y se beneficiaron de un liderazgo federal. Su labor de control de la pandemia y consiguiente recuperación económica han sido exitosas. No tanto en España, como consecuencia de que las derechas españolas son muy distintas de las derechas alemanas.

La importancia fundamental de los sectores sociales tanto para salvar vidas como para recuperar la economía

Una consecuencia de esta experiencia es que, a no ser que las autoridades públicas den prioridad a las intervenciones encaminadas a mantener la salud y el bienestar de la población, la recuperación económica no tendrá lugar y, de hacerlo, será mucho más lenta de lo que ya ocurre en aquellos países que están dando prioridad a los sectores sociales, como indiqué en un artículo anterior, basado en la presentación que realicé ante la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados (ver “Elementos esenciales pero olvidados de la reconstrucción social y económica”, Público, 22.06.20). Tales sectores públicos, como son la sanidad y los servicios sociales (incluyendo el escasamente desarrollado Cuarto Pilar del Estado del Bienestar, que incluye los servicios de ayuda a las familias, como los servicios de atención y educación a la infancia y los servicios de atención a la dependencia) son clave para garantizar la salud y el bienestar de la población, así como el desarrollo económico orientado a optimizar el bien común. La evidencia científica es abrumadora sobre que estos sectores sociales son esenciales para garantizar la seguridad y el bienestar de la población, así como el buen hacer y eficiencia económica.

¿Qué quiere decir “recuperar la economía”? Volver a la normalidad no puede ser volver a la situación económica y social que existía antes Para responder a esta pregunta hay que conocer y comprender las principales causas de la enorme extensión de la frecuencia y del tamaño de las pandemias. Solo desde 124 el principio de este siglo hemos visto siete pandemias (Gripe aviar, SARS, MERS, Gripe A, Virus Zika, Ébola y Coronavirus) y no hay ninguna duda de que vendrán muchas más. Ha habido un gran número de voces en la comunidad científica que han estado alertando sobre toda esta situación, indicando además que todavía no hemos visto la peor – que podría incluir una pandemia que sería tan mortífera como lo fue la de ébola y tan contagiosa como es la actual. Todas estas voces han sido ignoradas. Como también han sido ignoradas, cuando no silenciadas, las voces que han denunciado las conocidas causas de este incremento de la frecuencia y letalidad de las pandemias, incluyendo, entre otras, las políticas económicas neoliberales que han conducido a una globalización económica con gran movilidad de personas, bienes y servicios a nivel mundial con muy escasa regulación, protección y prevención de tal movilidad y sus riesgos; a una gran deforestación y cambios en la naturaleza que afectan negativamente la relación de la población con las demás especies (incluidas las salvajes), cambios, de nuevo, muy poco controlados y regulados; y a la creación de enormes urbes, con grandes desigualdades donde junto a sectores pudientes conviven comunidades y barrios en situación de gran pobreza y carentes de las más mínimas condiciones higiénicas.

Además de éstas, otras consecuencias de las políticas económicas neoliberales han adquirido mayor visibilidad, como ha sido el escasísimo interés de la industria farmacéutica en producir vacunas y medicinas antivirales. Un ejemplo de ello es la falta de una vacuna universal contra el coronavirus y de medicamentos para curarlo. Nada menos que el Council of Economic Advisors del Gobierno Federal de EEUU ha señalado que las causas de este enorme déficit de vacunas y medicamentos es:

“Un claro desequilibrio entre los intereses comunes de la población y los de los inversores de la industria farmacéutica. La rentabilidad de las innovaciones farmacéuticas prioriza los productos que les garantizan rápidos beneficios inmediatos a costa de enfermedades futuras, inciertas y problemáticas, pues no se sabe cuándo, cómo y dónde ocurrirán”.

Todos estos datos determinan que sea profundamente erróneo y arriesgado para una colectividad depositar su confianza y esperanza en industrias con grandes beneficios que 125 han prestado tan poca atención a una de las mayores amenazas que vive hoy la humanidad: las pandemias. La raíz del problema es, sin embargo, política, concretamente el enorme poder político que tales industrias tienen. La industria farmacéutica es uno de los lobbies más poderosos e influyentes sobre el estado federal de EEUU y sobre la gran mayoría de países europeos. De ahí que la gran mayoría de productos farmacéuticos sean para tratar enfermedades crónicas predecibles y no enfermedades infecciosas agudas menos predecibles.

El gran error de querer continuar las políticas neoliberales Las grandes crisis de nuestro tiempo, las crisis ambientales y las pandemias señalan cómo el orden económico internacional sigue con su único objetivo de optimizar los intereses y los beneficios de los grandes grupos financieros y económicos a costa del bien común, en buena parte gracias a que tienen un enorme poder político y mediático. Todos los problemas llamados económicos son, en realidad, problemas políticos que se basan en el enorme poder y concentración del poder económico, lo cual se acentuó todavía más con la aplicación de las políticas neoliberales tanto a nivel mundial, como a nivel europeo y nacional. De ahí que esta situación se haya reproducido también en España, donde la pandemia ha sido particularmente dañina y donde es posible que los repuntes vayan a ser también muy intensos. Ya he escrito extensamente sobre cómo las políticas neoliberales (reformas laborales regresivas y recortes del gasto público) dificultaron enormemente la capacidad de respuesta frente a la pandemia, al empobrecer al sistema sanitario y los servicios sociales, ya en sí poco financiados.

A esta situación hay que añadir el enorme impacto negativo que las políticas neoliberales produjeron en la eficiencia económica del país. Parece haberse olvidado que la crisis económica comenzó antes de que se paralizara la economía como consecuencia del confinamiento. En realidad, los datos económicos del Estado (concretamente el empleo) del mes de enero de este año fueron los peores desde 2013. La destrucción de empleo había sido muy acentuada. El deterioro tan marcado del mercado de trabajo causado por las reformas laborales del 2010 y del 2012 habían ya caracterizado la situación española.

De estos datos se deriva que volver a la normalidad no debería ser volver a la situación de enero. La enorme hostilidad de las derechas en España hacia el gobierno español es, por desgracia, previsible teniendo en cuenta la escasa cultura democrática que han demostrado tener desde el fin de la dictadura. Pero lo que es sorprendente es que dentro del nuevo gobierno de coalición de izquierdas parecen existir voces que desearían volver a una alianza con esas derechas a fin de recuperar las políticas neoliberales que han hecho tanto daño a la población española. No parecen ser conscientes de que el gran daño causado por la pandemia (uno de los mayores de la OCDE) fue, precisamente, consecuencia del deterioro que tales políticas causaron en el bienestar de la población y en la eficiencia de la economía española.

Parecen haber olvidado que España estaba sufriendo una gran desaceleración económica antes de la pandemia. Las reformas laborales de 2010 y 2012 deterioraron enormemente el mercado de trabajo español, una de las mayores causas del deterioro de la demanda doméstica, consecuencia del enorme descenso de las rentas derivadas del trabajo (a costa de que subieran las rentas del capital). Es más, el abaratamiento del trabajo afectó negativamente a la productividad, algo que el establishment financiero y económico es reacio a reconocer. Los salarios bajos son una de las principales causas de la baja productividad ya que reduce los incentivos del mundo empresarial para invertir en mejoras de dicha productividad. La agricultura española es un claro ejemplo de ello. Y un tanto igual ocurre con la industria, donde es frustrante ver que la automovilística continúa produciendo (hoy con la ayuda del Estado) coches contaminantes que quedaran pronto obsoletos.

Últimas observaciones: trumpismo, egoísmo y barbarie o solidaridad, bienestar y progreso La realidad está imponiendo una necesidad de grandes cambios mayores en nuestra economía y bienestar social. La dinámica del orden financiero y económico dominante ha sido la de facilitar la globalización económica, por un lado, y garantizar el mantenimiento de la seguridad, por el otro, definiendo “seguridad” como mantenimiento 127 de las relaciones de poder existentes a nivel internacional. Su eje ha sido una visión militar y policial del concepto de seguridad.

Esta visión está en profunda crisis. Está llevando a la humanidad a ver su posible fin dentro de este siglo. Pero todo ello era previsible. EEUU, el país que tiene más armamento en el mundo y más bases militares en el globo, tiene hoy una de las crisis sanitarias más profundas. Lo alertó ya nada menos que el jefe de las fuerzas armadas en EEUU, el General Eisenhower, que en su discurso de despedida como presidente de EEUU en 1961 dijo lo siguiente:

“Toda arma, todo crucero, toda artillería, todo torpedo, en resumen, todos los instrumentos llamados de defensa y de seguridad significan un coste social, que incluye la expansión del hambre, de los que no tienen techo, y no tiene ni para vestirse, al que se les dice que no hay dinero para ello. Pero en realidad estamos hablando más que de dinero. Estamos hablando del sueldo de los trabajadores, del genio de nuestros científicos, de la esperanza de nuestras criaturas, que están siendo malgastados con un coste social enorme, utilizándose una retórica muy altisonante, el defender la patria. ¿Qué patria? Mientras tanto, el coste de un avión de bombardeo que se construye es el coste de dos hospitales que no se construyen”.

El presidente Trump es el que ha aumentado más el gasto público militar en tiempos de paz, a la vez que ha recortado más el gasto público social, dificultando el acceso de la población a los servicios sanitarios y sociales. En España (incluyendo en Catalunya), los gobiernos que se consideran a sí mismos más “patriotas” son los que más han recortado el gasto en tales servicios.

Y permítanme que termine este artículo con otra cita relevante, la de un gran luchador por los derechos humanos, Martin Luther King, que en su famoso discurso en Riverside en 1967, dijo:

“Una nación que continúe año tras año gastando dinero y más dinero en defensa y seguridad militar y policial, a la vez que esté recortando sus programas sociales está causando su muerte espiritual”.

Hoy, en un mundo súper armado, los neoliberales tienen la osadía de decir que no hay dinero para proteger a la ciudadanía y darle auténtica seguridad. La seguridad y el bienestar sociales (y la propia supervivencia hoy de la mayoría de las poblaciones) depende de la existencia de estos servicios que aseguran la vida y el bienestar de la población. Sin esta supervivencia, todo lo demás deja de tener sentido para la mayoría de la población, pues son estos servicios los que son percibidos como los más importantes por parte de las clases populares que, en cualquier país, son la mayoría de la ciudadanía. Se requieren grandes movilizaciones de estas clases para conseguir un aumento masivo de los recursos públicos en estos servicios esenciales que centren y permitan la necesaria y urgente reestructuración económica del país, creando un New Deal Social que considere el bien común como el objetivo prioritario de la actividad económica.

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jueves, 1 de abril de 2021

Violencia, clases y personas en el capitalismo crepuscular

 

El filósofo Roberto Fineschi ha publicado una nueva versión del libro primero de El Capital en italiano a partir de la MEGA2, la nueva edición histórico-critica de las obras de Marx y Engels. Transcribimos su intervención en la emisión en directo organizada por Rete dei Comunisti.

Violencia, clases y personas en el capitalismo crepuscular



Roberto Fineschi

El Viejo Topo

01.04.2021

Transcribimos aquí la intervención del filósofo Roberto Fineschi en la emisión en directo efectuada el domingo 3 de mayo de 2020 y organizada por la Rete dei Comunisti. Fineschi, ganador del premio Rjazanov, ha publicado una nueva versión del libro primero de El Capital en italiano a partir de la MEGA2, la nueva edición histórico-critica de las obras de Marx y Engels.

Espero conseguir explicarme, cosa que, generalmente, a los filósofos no se les da bien. Mi discurso es un poco más teórico [que el emitido antes por otro interviniente, N. d T.], en el sentido de que mi esfuerzo se centra en pensar las dinámicas generales de clase y en cómo se configuran los sujetos que actúan histórica, políticamente, en esta fase que llamo “capitalismo crepuscular” y cómo el nodo de la violencia nace intrínsecamente en el seno de esas dinámicas. Es decir, cómo la violencia y su exacerbación son una consecuencia necesaria del desarrollo de una estructuración social compleja.

Digamos, para explicar sintéticamente la idea, que uno de los puntos centrales es la “crisis” del concepto de persona. El concepto de persona es la clave ideológica, institucional y jurídica del mundo burgués. Y durante mucho tiempo su reivindicación ha sido una lucha progresista. Si pensamos en el período de revoluciones y conflictos de la clase burguesa contra las fuerzas del Antiguo Régimen, es precisamente la afirmación de la universalidad de la persona, del hombre como principio, lo que en esa fase histórica tiene un carácter absolutamente positivo.

En este sentido surge ya un punto clave: la historicidad de estas categorías. Esta historicidad implica que una categoría como la de persona tiene una función históricamente progresista en un determinado momento del desarrollo de las relaciones de fuerza y puede tener una función negativa o diferente en otras fases.

Porque en la teoría de Marx, que sirve de horizonte de referencia en estas consideraciones a amplios frentes de fuerzas progresistas, un concepto clave es el de la de la historicidad de los sujetos y de los modos de producción. Equivale a decir que, según Marx, el “hombre” en general no existe, la “persona” en abstracto no existe como un hecho natural, sino que ella misma es resultado de procesos históricos, cambios del modo de producción, lo que implica precisamente que este concepto de “hombre” en general se produce históricamente. Y este es un punto realmente clave porque toda la ideología burguesa se basa en el naturalismo de la persona. Es decir, en la creencia de que hombre y persona son la misma cosa.

Esta es la gran función histórica de la filosofía de Locke, por ejemplo, que teoriza como derechos naturales la igualdad, la libertad y, por supuesto, la propiedad. Porque todo va en el mismo paquete.

Si pensamos en términos de persona al hombre como tal y, por tanto, reducimos nuestras reivindicaciones políticas a las de la “condición de persona”, esto nos vincula a un contexto de sentido burgués que no somos capaces de romper porque (y aquí el discurso se complica otra vez) porque en las condiciones actuales, por ejemplo, la reivindicación de los derechos de las personas se ha convertido de nuevo en un elemento progresista porque a muchos seres humanos les es negada la condición de persona y, por tanto, reivindicar para ellos el derecho a ser persona es claramente positivo.

Pero el problema no es tanto negar la reivindicación de la condición de persona como creer que esto es suficiente. Es decir, que restablecer los derechos de la persona como tal a nivel universal nos libera del modo de producción capitalista. Al contrario, es precisamente el modo de producción capitalista el que impone la persona como estructura universal de sentido.

Y, de nuevo, Marx nos enseña, en los primeros capítulos de El Capital, pero ya antes en los Grundrisse, que la persona es la forma de subjetividad que nos viene impuesta por la circulación de las mercancías: libertad e igualdad son las precondiciones del mercado. Solo en la medida en la que se es libre, igual y titular de propiedad, se puede intercambiar. Y es el modo de producción capitalista el que universaliza este concepto a toda la especie humana.

Esto tiene una dimensión progresista, pero si nos reducimos a reivindicar la libertad y la igualdad a nivel personal volvemos a caer en Prudhomme, somos utópicos, es decir, quisiéramos los aspectos positivos del modo de producción capitalista, pero sin entender que estos conceptos son fruto del propio modo de producción capitalista. Muchos movimientos libertarios, reivindicando la libertad individual, son progresistas en determinadas fases, pero, si luego se radicaliza esta posición, se recae en una ideología individualista que es realmente el fundamento conceptual del capitalismo, del modo de producción capitalista y de la propia burguesía.

El concepto de persona tiene dos caras: tiene su dimensión progresista, y en ciertas fases históricas es una reivindicación legítima. Pero no puede ser el horizonte de sentido de una conflictividad social que pretende un cambio de estructuras.

Y, en este sentido, Marx insiste en mostrar que libertad, igualdad y propiedad son una apariencia fenoménica. Es decir, son la manera en que los sujetos del proceso se relacionan en la superficie de la sociedad.

Libertad e igualdad son las precondiciones del mercado.

Pero no ofrecen un análisis estructural de la dinámica histórica de transformación. Según Marx, los sujetos estructurales de esta dinámica histórica son las clases. Esta es la crítica fundamental al mundo político, económico, ideológico burgués: los sujetos históricos no son individuos, son clases.

Y también aquí hay que prestar mucha atención porque es muy sencillo proponer una interpretación reduccionista de la clase que se basa sustancialmente en parámetros sociológicos: individuos en la fábrica, individuos que tienen un determinado nivel de vida, un determinado nivel de ingresos… No se trata de clases, sino de agrupaciones de determinados individuos realizadas en base a criterios sociológicos.

Lo que Marx propone, en cambio, es una definición funcional de la clase. Es decir, que las clases como sujetos, como encarnación de las fuerzas de producción, se manifiestan en las relaciones de producción.

El nexo conceptual fundamental es la relación entre capital y trabajo asalariado. Es éste el dualismo básico que Marx propone. Es una perspectiva mucho más amplia que la figura, aunque compleja e importante, del trabajador de la fábrica. En este sentido, la funcionalidad del trabajo asalariado en la perspectiva de la valorización con todas las modificaciones que el modo de producción capitalista impone a la dinámica del trabajo son categorías que siguen funcionando. He tratado esto en otros contextos proponiendo una distinción entre formas y figuras en la que no puedo entrar ahora porque nos llevaría demasiado lejos; el punto clave, sin embargo, es entender los cambios de forma que experimenta el proceso de trabajo una vez que deviene capitalista: son, sustancialmente, el carácter cooperativo, parcial del trabajo… Y todo ello subordinado a la valorización del capital.

En estos términos, estas categorías que funcionan realmente en un amplio espectro, identifican como potenciales sujetos políticos antagonistas del capital a toda una serie de sujetos que antes se excluían porque no eran el obrero de fábrica o no eran traducibles a esta figura.

Y en este sentido, esta distinción es muy importante porque abre muchísimo el espectro de aplicación de la teoría marxiana de las clases.

Digo esto como premisa al discurso propiamente dicho, que abordo ahora: el capitalismo crepuscular.

Según la teoría de Marx, el modo de producción capitalista tiene mecanismos de funcionamiento que implican una dinámica, es decir, que no repite mecánicamente el mismo proceso idéntico a sí mismo, sino que le da a este proceso una dirección. Dinámicas de fondo que, al progresar, modifican la propia estructura dinámica del proceso. El proceso no se repite nunca igual a sí mismo, sino que en su desarrollo cambia de funcionamiento, tiene ajustes estructurales a medida que avanza.

¿Cuál es la dinámica de fondo del proceso? El modo de producción capitalista funciona en la medida en que es un proceso de valorización del capital; esto, esquemáticamente, es la clave esencial del capitalismo: la inversión de dinero debe producir más dinero del que se invirtió originalmente. ¿De dónde procede este excedente del que el capital se apropia? Proviene del plus-trabajo, de la explotación de los trabajadores, etc.

Es precisamente para aumentar esta explotación, para aumentar la producción de plusvalía, que el modo de producción capitalista modifica sustancialmente la forma del trabajo y modifica también su propia estructura. En la práctica, lo que hace para aumentar la productividad es aumentar la parte que se invierte en maquinaria, “capital constante” lo llama Marx, lo que no es “capital variable”, es decir, fuerza de trabajo.


Este mecanismo de aumento del capital constante y, por tanto, de aumento de la productividad del trabajo, permite, por varias razones que no se pueden resumir aquí, el aumento de la explotación y, por tanto, de la plusvalía. Se trata de una dinámica autocontradictoria porque para aumentar la plusvalía el modo de producción capitalista tiende a excluir al “trabajo vivo” del proceso de trabajo (a través de la automatización, o del incremento de la productividad del trabajo…).

Esta dinámica es básicamente constante, pero va por ciclos. Hay ciclos en los que es más fuerte y ciclos en los que se reduce. Pero, básicamente, tiende a aumentar lo que se llama composición técnica y orgánica del capital.

Esto determina las transformaciones de fondo por las que, en procesos particularmente avanzados, la necesidad del “trabajo vivo” se reduce cada vez más, porque las máquinas son capaces de realizar antes y mejor y en mayor cantidad toda una serie de producciones que antes requerían un gran empleo de trabajadores.

Todo el mundo tiene claro que gracias a la informatización, a la inteligencia artificial, este nivel de sustitución del trabajo vivo por las máquinas está alcanzando niveles impensables, llegando incluso a sustituir el trabajo intelectual: leía hace un tiempo sobre despachos de abogados que, para hacer el trabajo de síntesis y recogida de leyes sobre un determinado caso, ahora usan un software que lo hace más rápidamente que un equipo de personas que antes tenían para hacerlo. Incluso a nivel periodístico, la recopilación de artículos sobre un tema determinado, una especie de resumen del contenido, se realiza ahora mediante software. El proceso de sustitución ya no afecta solo al trabajo “material”, sino que está afectando ya al trabajo más sofisticado desde el punto de vista intelectual.

Como consecuencia de este proceso se produce un cambio estructural en el modo de producción capitalista que afecta al ejército industrial de reserva. En la teoría del capital de Marx se teoriza el desempleo; el ejército industrial de reserva forma parte de teoría del desempleo. Marx explica cómo una gran masa de trabajadores no encontrará trabajo. Esta tendencia se llama elástica, es decir, va y viene, tiene dinámicas de expulsión y reabsorción.

En el capitalismo crepuscular, precisamente a causa de este terrible aumento de la composición técnica y de la automatización, esta dinámica del ejército industrial de reserva tiende a hacerse rígida, a dejar de ser elástica; en consecuencia, el proceso de reabsorción es muy lento o incluso inexistente. Esto implica unas tasas de desempleo espantosas; la flexibilidad corresponde a esta necesidad, también los minijobs alemanes: hacemos que tres personas hagan el mismo trabajo dividiendo un salario por tres, de modo que tenemos tres ocupados en lugar de uno, pero el salario en conjunto sigue siendo el mismo. ¿Por qué? Porque, de hecho, hay una increíble sobreabundancia de fuerza de trabajo. Esta sobreabundancia es la condición previa para toda una serie de dinámicas que conducen a la violencia como último factor.

En términos generales, el modo de producción capitalista es un modo de producción basado en la violencia porque su base, el plustrabajo, es una expropiación del trabajo de los trabajadores; por tanto, está en el ADN del modo de producción capitalista. Ahora se trata de entender cómo esta dimensión de la violencia se extiende más allá de estas dinámicas de fondo hasta el punto de afectar a las mismas ideas burguesas fundamentales, al propio concepto de persona.

¿Qué quiero decir? Si la elasticidad del ejército industrial de reserva se hace rígida, si la oferta de trabajo supera con mucho a la demanda, esto significa que el trabajo cualificado también, que la potencial capacidad contractual del trabajo más sofisticado disminuye mucho. ¿Por qué? Porque hay demasiados. Hay demasiados buenos. No solo hay demasiados normales o demasiados regulares, sino que hay demasiados buenos. Quiere decir que ya no existe una conflictividad basada en “dado que esta cualidad solo la tengo yo, tienes que acercarte a lo que pido”. También esto tiende a desaparecer porque hasta el trabajo de ingeniero está infrapagado. ¿Por qué? Precisamente por ese exceso de oferta.

Y, por tanto, ¿qué pasa? Más allá de las capacidades contractuales, lo que desaparece es un concepto fundamental de la ideología burguesa, a saber, la relación entre mérito y ganancia. En la ideología burguesa se dice: “si estudias, te esfuerzas, pones de tu parte…, tendrás éxito”. No es así. Porque, teniendo esto en cuenta, en el capitalismo crepuscular incluso un trabajo altamente cualificado, una fuerte inversión en «capital humano», como les gusta decir a los ideólogos contemporáneos, no es necesariamente rentable. La relación mérito/trabajo/ganancia, uno de los conceptos fundamentales de la ideología burguesa a partir del protestantismo, es una piedra angular de este mundo ideal. Y esto se desmorona.

El ejército industrial de reserva forma parte de teoría del desempleo.

Volvamos a nuestras queridas personas de las que hablábamos antes. ¿Qué significa ser “persona”? Ser libres, iguales, tener propiedades, tener la capacidad de decidir qué hacer. Pero, ¿cuál es la condición estructural para que estos individuos/personas puedan hacer estas cosas? En el mundo de la producción y la circulación de mercancías la condición estructural es que tengan dinero; tener ingresos es la condición material de la práctica de la persona. Ser libre en el mercado capitalista significa poder comprar lo que quieras; pero si no tienes dinero no puedes comprar nada. Ser igual significa poder hacer lo que hace todo el mundo, pero si no tienes dinero no puedes poner en práctica esta igualdad, porque no existen las condiciones materiales. La carencia de trabajo y de ingresos pone en crisis materialmente el concepto de persona, porque si la práctica de la condición de persona pasa por disponer de ingresos, no tenerlos crea las condiciones materiales para que no se pueda ser persona.

Entonces, desde la perspectiva del individuo singular, ¿qué puedo hacer para ser persona? Tener ingresos. ¿Cómo puedo tener ingresos si no existen las condiciones para tener empleo? Aquí comienza una dinámica por la cual muchos individuos están dispuestos a tener ingresos de forma ilegal. Ilegal no quiere decir simplemente trabajar en negro, sino también buscar recomendaciones, conseguir una pensión gracias al primo del ministro… Es decir, dinámicas que me permiten ser persona por tener ingresos.  Una renta.

Pero –y este es el punto decisivo– para tener esos ingresos y ser persona se viola el propio concepto de persona, porque no se respeta, ni siquiera a nivel formal, la libertad y la igualdad de las demás personas. Yo, para tener una renta y ejercer mi libertad e igualdad, llevo a término prácticas que violan la libertad y la igualdad.

Y así, se convierte en una práctica masiva la violación de la condición de persona para ser persona.

Es una dinámica contradictoria que culmina en la destrucción ideológica del concepto de persona o, al menos, de su universalidad. Muchos individuos, en su práctica, violan sistemáticamente el concepto de persona para ser persona.

Las consecuencias de esta práctica social son fundamentales porque ideológicamente se convierten en el trasfondo del fascismo o de cualquier ideología racista: si no es posible que el concepto de persona se haga universal porque no existen las condiciones estructurales, no por capricho mío ni de ningún otro, no existen las condiciones estructurales para universalizar el concepto de persona.

Si para ser persona he de violar este concepto, entonces ¿por qué –piensa el individuo atomizado– no organizar un sistema por el que el concepto de persona no sea universal, sino sub-universal? ¿Por qué no restringir el concepto de persona en base a determinadas características? Por ejemplo, por citar algún hecho histórico, los arios; ¿por qué no consideramos persona sólo a los arios? Así, como ario, mi capacidad de acceder a la condición de persona está mejor garantizada. ¿Por qué no limitamos el concepto de persona solo a los italianos? ¿Por qué no limitamos el concepto de persona sólo a los cristianos? ¿O por qué no juntamos dos o tres principios y construimos una bonita ideología?

Aquí está la respuesta a por qué el racismo, el fascismo y la discriminación se vuelven atractivos: porque la negación de la universalidad de la condición de persona universal ya existe en la práctica. Porque ya lo hacen. Ya se viola. Y, entonces, ¿por qué no organizar esta violación como un sistema ideológico que garantice la condición de persona sólo a algunos? Así que, los italianos primero, los del norte primero, cualquiera primero; los mejores serán más rápidos en estructurar este aparato ideológico de manera que sea omnipresente y hegemónico en clave retrógrada y conservadora.

Los sujetos históricos no son individuos, son clases.

Pero no sólo ideológicamente. Está también el aspecto práctico porque, si el concepto de persona no es universal, a las no personas yo no tengo que garantizarles una pensión, no tengo que garantizarles el paro, no tengo que garantizarles la sanidad.

Esto no es mera “ideología” vaga, la implicación práctica es obvia: si el concepto de persona no es universal, los no-personas no deberían tener garantizada la pensión, el seguro de desempleo, la asistencia sanitaria. Esto suena bien para la gente, porque hay más dinero para ellos. Si yo soy italiano y el inmigrante no, yo tengo derecho a esto y aquello y el inmigrante no. Si él también tuviera derecho, entonces yo perdería algo porque lo que se gasta en él no se gasta en mí.

En resumen, esta es la base para una guerra entre los pobres. Se trata de discursos ideológicos que escuchamos todos los días en boca de políticos conocidos. El mecanismo subyacente es este y se convierte en hegemónico y de masas porque crea estructuras corporativas, crea un consenso corporativo en el confrontamiento del Estado nacional que lleva del » Socialismo nacional» al Nacional Socialismo. El alcance ideológico es realmente gigantesco.

Si nos quedamos en el contexto personal, lo que se configura son sustancialmente tres grupos: el primero está constituido por aquellos que tienen la suerte de ser personas y que, por tanto, tienen derechos; luego están los desdichados que en Occidente son iguales a los demás, pero no son personas porque están excluídos; y hay un tercer grupo enorme, el “tercer mundo”, todas aquellas naciones y poblaciones que no han tenido tiempo de entrar en la fase progresiva del modo de producción capitalista; para ellos el sueño de la persona no es ni siquiera un concepto, ni siquiera se les pasa por la cabeza. El paso a través de la condición de persona para superarla y adquirir una figura superior ni siquiera existe. Para ellos la condición de persona significa solo explotación occidental, explotación sin límite de recursos y de personas, esclavitud, etc.

De esta forma, el concepto de persona, que está yendo a menos en el propio occidente por los motivos expuestos, ¿qué implica? Implica que la no-persona no es titular de derechos: si mato a una no-persona, no he matado a un hombre. Este paso ideológico hace que, también a nivel de percepción, el umbral de tutela de otro ser humano desaparezca. Porque si el otro no es una persona, mi deber de respetar su integridad se pierde: puedo descuartizarlo, extirparle los órganos, esclavizarlo, hacerlo trabajar hasta la muerte… Violencia extrema. No es una persona.

Y por tanto, desde esta perspectiva un poco catastrofista, las actitudes posibles hacia una pléyade de individuos que en principio no pueden acceder al mundo dorado de las personas son dos: la primera opción es intentar humanitariamente que “sobrevivan” creando cualquier tipo de renta básica de supervivencia. La segunda opción es que los maten. Ambas son prácticas que hemos visto en la historia reciente.

¿Por qué, dadas las circunstancias, la reivindicación de la persona es progresista? Porque la propia ideología dominante la ha abandonado. La ideología burguesa ha optado por la neoesclavitud, directa o indirecta, abierta o encubierta, y por eso reivindicar la persona parece ahora un proyecto progresista, y de hecho lo es.

Pero, de nuevo, si nos quedamos encadenados en la dimensión de la persona como sujeto, no rompemos el círculo. Para salir es necesario comprender la dimensión de clase del conflicto, y esto debe enmarcarse en términos funcionales: el centro del trabajo es trabajo asalariado, y trabajo asalariado quiere decir muchas cosas: los autónomos, los trabajos a destajo, los becarios son trabajadores sin salario. No debemos dejarnos engañar por el enmascaramiento legal.

Sin embargo, dado que los que realmente tienen un trabajo son solo una parte de los que potencialmente podrían trabajar, debemos entender que los que están desempleados o los que trabajan en formas precapitalistas están en el mismo lado que los que trabajan: todos están funcionalmente subordinados a la extracción de plusvalía y al trabajo/no-trabajo en formas dictadas, gestionadas y orientadas por el capital. Así que este es el nodo desde el que pensar la reconfiguración de la clase: solo atando los nudos funcionales de todos estos sujetos heterogéneos podremos superar la explotación capitalista con todos sus efectos perversos.

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