sábado, 8 de agosto de 2020
Juan Carlos I, ex Rey de España, viajante incógnito por el momento, ¿estará aquí, allá o acullá? Donde quiera que esté, no es muy del gusto del Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores de la República Dominicana.
El coronavirus y sus colgajos. No era difícil vaticinar que la nueva normalidad anunciada era la normalidad anterior, mayormente empeorada y, lo que te rondaré morena. Día que pase sin poner en marcha los Círculo; las Asambleas locales y las Agrupaciones locales de Podemos: Izquierda Unida y el PSOE respectivamente día en contra de los intereses de los trabajadores, que no somos ni más ni menos que la inmensa mayoría de la población. Nota Real pertinente. El dúo Mago que ha quedado por la fuga de que cojo el trompo y me voy del otro Rey, el campechano en estos momentos anónimo, porque excepto los que le han preparado la fuga en tocata de Fa mayor y saben donde está nadie más lo sabe, me comunican que comunique que los Reyes Magos laicos del gobierno no van a solucionar nuestros problemas si nosotros no nos meneamos. Comunicado queda, luego no me vengáis con la canción del que es que yo creía..., yo pensaba. Tú, ni crees ni piensas. ¡Ponte a trabajar ahora mismo! Yo creía, yo creía...
Coronavirus. ¿También en esto nos están engañando?
(2) http://euskalnews.com/2020/08/el-colegio-de-biologos-de-euskadi-pone-contra-las-cuerdas-al-gobierno-vasco-y-al-gobierno-de-espana/
viernes, 7 de agosto de 2020
Tiene todo el derecho el señor Carlos Navarro Antolín a expresar desde las hojas del Diario de Sevilla cuanto le llegue en ganas a favor de la monarquía, cosa que a otros se nos niega, contra la monarquía, incluso desde Facebook. Tal que gato panza arriba defiende la corrupción monárquica haciendo un llamamiento para su apoyo, al parecer a todos los "desagradecidos" empresarios y otras entidades deportivas y culturales que no han salido como locos y a partirse el pecho para defender al supuesto delincuente, hasta hoy en paradero desconocido, Juan Carlos I, ex Rey de España. Defender lo que uno crea es lícito. Descalificar, insultar, calumniar y criminalizar a quienes opinen lo contrario, aunque propio del simple mental y del unilateral, esto es del fascista, es cosa distinta. Reconoce Carlos Navarro que a pesar de las virtuosas cualidades con las que aparece la monarquía en toda tierra de garbanzos, la historia lo que viene a demostrar es todo lo contrario: es su esencia corrupta, a pesar de lo cual él proclama y llama a la defensa a ultranza de la monarquía, con lo que demuestra su esencia monárquica, fascista y cinismo. Da la impresión leyendo sus artículos, que para escribir se sienta ante el espejo metiéndose el bolígrafo hasta el mango en la boca para hurgarse la campanilla hasta vomitar, y que los vómitos que ve reflejados en el espejo, que no son sino sus propios vómitos, para a continuación limitarse a traspasarlos al papel como cosa natural que nos atribuye a los no monárquicos. Y es que la monarquía con amigos como el señor Carlos Navarro Antolín no le hacen falta los no monárquicos para ser sustituida por la República. Se cae sola.
Excepto en las tres verdades básicas: nombre del periódico, precio y fecha, en todo lo demás nos mienten como "periodistas", o sea, como no periodistas, dado lo cual, ¿qué razón hay para que nos informen vorazmente del real caso de Juan Carlos I?, de momento muy campechano y desaparecido.
Oiga, que es que no nos hemos aprendido la historia: Si con el coronavirus los grandes capitales no logran ganar todo lo que quieren, ¿nos liamos a tirarnos bombas atómicas unos a otros a ver si así lo pueden lograr?
El número de personas asesinadas por la bomba atómica no se sabe con precisión incluso hoy. Sin embargo, se estima que alrededor de 140.000 personas murieron a fines de diciembre de 1945 aun cuando el daño agudo causado por la radiación disminuyó.
A 1,2 km del hipocentro, donde estalló la bomba, casi el 50% murió ese día. Se estima que 80 a 100% murió en áreas más cercanas al hipocentro. Hasta marzo de 2014 Japón contó 192.719 personas como sobrevivientes registrados, según la cadena de noticias Asahi.
Al menos 70.000 personas murieron en la explosión inicial, mientras que aproximadamente 70.000 más murieron a causa de la exposición a la radiación. «El total de muertos en cinco años puede haber alcanzado o incluso superado los 200.000, debido al cáncer y a otros efectos a largo plazo», según la historia del Departamento de Energía sobre el Proyecto Manhattan.
La bomba, llamada Fat Man fue lanzada a las 11.02 a.m. del 9 de agosto de 1945 Tenía 3,2 metros de largo y pesaba 4,5 toneladas. Era de plutonio 239. Alrededor de 74-000 personas murieron en Nagasaki a fines de 1945.
Semejante genocidio no era necesario, EEUU solo quería demostrar su hegemonía ante el mundo y hacerle ver a la Unión Soviética sobre su poderío. Esa es la realidad, y por más que Hollywood lo quiera maquillar con películas donde siempre son las víctimas, lo cierto es que las víctimas no son los estadounidenses, quienes aprobaron tal decisión y la aplaudieron.
Los niños de Hiroshima
El triciclo de Shing
Su autor, el sobreviviente Tatsuharu Kodama escribió un libro para niños, publicado en japonés en 1992 y en agosto de 1995 en inglés, cuenta lo que le sucedió a un niño de 3 años llamado Shinichi Tetsutani.
La historia es narrada por el padre de Shin, Nobuo Tetsunani, quien describe la mañana poco antes del ataque como un día tranquilo y soleado. Shin y su mejor amiga, una niña llamada Kimi, se encontraban afuera de la casa, jugando con su juguete favorito, un triciclo con manubrio rojo.
La explosión arrasó todo, su padre lo encontró bajo los escombros, “Le sangraba el rostro y estaba hinchado”, dice el libro. “Estaba demasiado débil como para hablar, pero su mano aún sostenía el manubrio de su triciclo. Kimi ya no estaba, había desaparecido en algún lugar debajo de la casa”. El padre de Shin no soportó la idea de dejar el cuerpo del niño en un cementerio solitario. Por lo tanto la familia enterró a Shin en su jardín trasero, junto con su amiga Kimi y su querido triciclo. En 1985, 40 años después, el padre de Shin decidió trasladar los restos de su hijo al cementerio de la familia. Él y la madre de Kimi ayudaron a desenterrar la tumba del jardín. Ahí, según el libro, vieron “los pequeños huesos blancos de Kimi y Shin, de la mano como los habíamos colocado”.
“Esto nunca debería suceder a los niños. El mundo debería ser un lugar tranquilo donde los niños pueden jugar y reír” manifestó Nobuo. Al día siguiente el padre de Shin donó el triciclo al museo de Hiroshima. Ahí, el legado de un niño de 3 años sigue recordando a las generaciones futuras los horrores de la destrucción nuclear. El relato fue publicado por la CNN el seis de agosto de 2015, por Thom Patterson de la CNN.
Las grullas de origami
La niña Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba en Hiroshima. Diez años más tarde, a la edad de doce años, por consecuencia a la exposición de la irradiación, los médicos le diagnosticaron leucemia. “Es una enfermedad de la bomba atómica”, dijo su madre. Estando internada, no se sabe aún si fue una niña o una adulta llamada Chizuco, le contó una historia: “¿Conoces la historia de las mil grullas? Sadako nunca había escuchado esa leyenda.
Esta amiga le comentó de una antigua leyenda japonesa que promete que quien pliegue mil grullas de origami recibirá un deseo por parte de los dioses. “Pide el deseo de sanarte” le dijo Chizuco. Pero Sadako solo pudo armar 644, murió en octubre de 1955.
Esta ave habita la isla de Hokkaido Cuando alguien ve una grulla lo considera un buen augurio. Se la llama ‘el ave de la paz’ o ‘de la felicidad’.
El origami es un arte que consiste en el plegado de papel o papel de arroz, sin usar tijeras ni pegamento para obtener figuras de formas variadas son muy conocidas en Japón y su símbolo más característico es para dar suerte y traer paz a tu vida.
Según el libro que Eleanor Coerr, la escritora canadiense fallecida en 2010, para el día de su funeral, Sasaki Sadako fue enterrada con las mil grullas que doblaron los otros enfermos, quienes poco a poco murieron en los siguientes meses.
En el Parque de la Paz de Hiroshima se construyó una Estatua de los Niños de la Bomba Atómica, con forma de grulla dedicada a Sadako, pero también a todos los niños que fallecieron a causa de la bomba. Semanalmente, muchos visitantes llegan a dejar grullas como un símbolo de paz universal. En la base de la estatua se lee una leyenda: “este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria: que haya paz en el mundo”.
Los niños por nacer también sufrieron la bomba en el útero de su madre
La creciente incidencia de microcefalia y discapacidad intelectual asociada con la exposición ya era evidente a fines de la década de 1950. Entre los sobrevivientes en el útero con una dosis estimada en menos de 0.005 Gy, (grados), se encontró discapacidad intelectual severa en 9 de 1,068 (0.8%), mientras que los sobrevivientes en el útero con una dosis estimada en 0.005 Gy o más. 21 de 476 (4.4%) fueron diagnosticados con discapacidad intelectual severa. La probabilidad de desarrollar esta discapacidad intelectual severa está fuertemente relacionada con la dosis y la edad fetal en el momento de la exposición (especialmente en una etapa significativa de desarrollo). La aparición excesiva de discapacidad intelectual fue particularmente pronunciada en los expuestos entre las 8 y 15 semanas posteriores a la concepción, y menos en los expuestos entre las 16 y 25 semanas posteriores a la concepción. Por otro lado, no se observó en aquellos que estuvieron expuestos de 0 a 7 semanas o de 26 a 40 semanas después de la concepción Incluso si no se logró una discapacidad intelectual grave, los que estuvieron expuestos entre 8 y 25 semanas después de la concepción mostraron una disminución en el rendimiento escolar y el índice de CI con el aumento de la dosis, y la aparición de enfermedad paroxística, que produce episodios que imitan a una crisis epiléptica.
La resonancia magnética del cerebro fue realizado en seis personas con discapacidad intelectual grave, lo que sugiere que la exposición a los 3-4 meses después de la concepción causa anormalidades aparentes en la estructura del cerebro. Al igual que los sobrevivientes de la bomba atómica infantil, las mediciones corporales anuales de los sobrevivientes del útero también mostraron una reducción general de la altura y el peso en la edad adulta (18 años) en el grupo de dosis alta. En este caso, el sexo y la edad del feto en el momento de la exposición son irrelevantes. Todos estos datos pueden chequearse en el Radiation Effects Research Institute (RERF), una organización conjunta de investigación entre Estados Unidos y Japón que investiga los efectos de la radiación de la bomba atómica en la salud con fines pacíficos.
Había un campamento para alojar a esos huérfanos, y se instalaron cinco más alrededor de la ciudad de Hiroshima a fines de 1955. Sin suministros ni fondos, asegurar la comida era la mayor preocupación. Como resultado, los huérfanos hicieron todo lo que podían hacer, como agricultura, redes de pesca, la excavación de mariscos y todo lo que podían comer.
El periodista Norman Cousins (1915-1990), visitó Hiroshima como uno de los principales autores de la famosa revista literaria «Revisión de literatura del sábado» de Nueva York, en agosto de 1955, vio la devastación de la bomba atómica y se sorprendió al ver tantos huérfanos’
Después de regresar a los Estados Unidos, el Sr. Cousins anunció un informe titulado «Hiroshima en 4 años» en la misma revista, llamando a fomentar a los huérfanos como niños estadounidenses adoptados mentalmente. La respuesta fue enorme, con muchos estadounidenses esperando «padres espirituales» de huérfanos.
Para cuidar a los huérfanos de la bomba atómica y nutrirlos emocionalmente, Norman Cousins promovió un programa, alentando a los «padres espirituales» a enviar 20 dólares al año para el cuidado de sus huérfanos. El programa fue popular, y muchos estadounidenses se unieron al programa. Durante los diez años transcurridos entre 1950 y 1959, aproximadamente 500 personas enviaron un total acumulado de aproximadamente 20 millones de yenes para ayudar a mantener a los niños. recibió el título de Ciudadano Honorario de Hiroshima en 1964.
Él también tiene su monumento en el Parque Memorial de la Paz, para honrar los grandes logros de Norman Cousins, incluida la promoción del proyecto de adopción moral para la bomba atómica y los huérfanos de guerra, sus esfuerzos para ayudar a las mujeres sobrevivientes de la bomba atómica a recibir tratamiento queloide en los EE.UU. Y su continuo llamado al mundo para la eliminación de tratamiento de armas nucleares.
jueves, 6 de agosto de 2020
Más valen cien borbones lejanos que VI cercano
Juan Carlos I
versus Alfonso XIII
- "Don Alfonso abandonó España por mandato
de las urnas, don Juan Carlos por decisión acordada con su hijo para
preservar la Corona"
- "El emérito se pira porque es un golfo,
no porque la izquierda socialdemócrata y 'frente populista' lo haya
recluido en el extranjero"
CUARTO
PODER
El jueves,
6 de agosto de 2020
Como si de la corrupción del rey Juan
Carlos I, amparada en su inmunidad y aforamiento, tuvieran alguna culpa el
Gobierno progresista (PSOE y UP) y las fuerzas que lo apoyan, las derechas se
han lanzado a degüello contra él en un nuevo intento de atribuirle todos los
males de la patria, en este caso, el deterioro de la Monarquía. Políticos
majaderos, editorialistas y parleros evocan el “exilio” borbónico, agitan el
espantajo “frente populista” y han llegado a comparar la salida
de Alfonso XIII con la decisión del emérito Juan
Carlos I de largarse de España. La pesca en río revuelto es lo suyo. La
honradez intelectual y la verdad histórica les resbala. De ahí la necesidad de
algunas precisiones.
Alfonso XIII abandonó España el 14 de abril de 1931
después del triunfo inapelable de las fuerzas republicanas en las elecciones
locales celebradas dos días antes. Su nieto Juan Carlos I se ha largado, en
cambio, por voluntad propia, después de casi cuarenta años de reinado y dejando
a su hijo en el trono. El primero salió por imperativo democrático y el segundo
se va por decisión del actual monarca, Felipe VI, quien ya le
apartó de la Casa del Rey, le retiró la remuneración pública y renunció a la
multimillonaria herencia amasada por su padre por procedimientos mafiosos e
ilegales y colocada a buen recaudo en paraísos fiscales con caja en Suiza.
A Alfonso XIII lo sacaron a las nueve de la noche
del Palacio Real por los jardines del Campo del Moro y lo trasladaron a
Cartagena, acompañado del infante don Alfonso y custodiados por el ministro de
Marina, José Rivera y Álvarez de Canedo. A Juan Carlos I no le
acompaña ministro alguno. Por el contrario, el vicepresidente Pablo
Iglesias y otros dirigentes de Unidas Podemos (UP) consideran
“indigna” la decisión de largarse del país, aunque, según su abogado defensor,
estará a disposición de la Fiscalía del Tribunal Supremo que investiga los
presuntos delitos acumulados desde su abdicación en 2014 en el uso de la parte
de su fortuna conocida: esos 100 millones de dólares que recibió de Arabia
Saudita por sus inconfesables tareas de mediación con su amante Corinna
Larsen.
A Alfonso XIII lo persuadió el conde de Romanones,
a la sazón ministro de Estado (Asuntos Exteriores) de que la mejor solución
para evitar un baño de sangre era renunciar a la Corona y abandonar España.
Cierto es que a don Álvaro de Figueroa y al presidente del
Consejo de Ministros, Juan Bautista Aznar Cabana les tocó
batirse dialécticamente con algunos ministros que como Juan de la
Cierva Peñafiel (abuelo del historiador de Franco y
ministro de Cultura con Adolfo Suárez, Ricardo de la Cierva)
abogaban por anular las elecciones y sacar el ejército a la calle. A Juan
Carlos I lo convenció su hijo de que pusiera tierra (y agua) de por medio para
preservar a la Corona (la herencia más importante) de las máculas de su
comportamiento corrupto, golfo y trincón. Podía haberle recluido en el chalé
que le construyó a Corinna en el Monte del Pardo (cinco millones de euros del
erario público) cuando eran amantes, pero la libertad personal sigue siendo el
mayor bien que a los hombres dieron los cielos (Miguel de Cervantes) y, por
otra parte, la distancia es el olvido (Refranero español).
Alfonso XIII envió a su familia en tren a París
doce horas antes de embarcar él en Cartagena hacia Marsella, a cuyo puerto
llegó a las 5:30 de la madrugada del 16 de abril de 1931. Su hijo menor, Juan
de Borbón, nombrado después heredero de la Corona ante la renuncia de sus
dos hermanos mayores, estaba haciendo el curso de guardiamarina en San Fernando
(Cádiz) y fue evacuado hacia Gibraltar. Juan Carlos I deja, en cambio, a su
familia bien instalada en España: la reina Sofía de Grecia de
vacaciones en Mallorca y el hijo en el trono.
Contaba el ministro de Marina, José Rivera, que
Alfonso XIII “se emocionó y lloró” al ser despedido con honores en el buque
Príncipe Alfonso en el que realizó la travesía y anotaba que el rey depuesto
quiso quedarse con la bandera de seda bordada en oro como recuerdo, pero el
comandante se negó a entregársela, diciendo que no era suya sino del barco. De
la salida del nieto Juan Carlos sólo conocemos el testimonio del
periodista Raúl del Pozo, quien recibió una llamada del emérito
diciéndole que estaba cansado de comer sapos y que se iba de España. No consta
que derramara una lágrima. Las noticias sobre el origen de la parte de su
fortuna que ha quedado al descubierto no le gustan, lo cual es lógico. Tampoco
el embolado que le quiso meter a su hijo con una herencia opaca y presuntamente
delictiva, con Corinna de por medio, gustó nada a Felipe VI el preparado, que
ha demostrado agilidad de reflejos y desviado el morlaco a tiempo.
La perversión del titular de la Jefatura del Estado
(1975-2014) ha sido la argamasa de la “corrupción sistémica” de las élites
políticas, económicas e institucionales que durante tantas décadas hemos
soportado en nuestro país y de la cual algunos –los que, como Esperanza
Aguirre, todavía vociferan “¡Viva el Rey!”-- se niegan a separarse.
Imbuidos del único principio ético válido, la ética del beneficio y el
dividendo a toda costa, deploran a coro la presencia de una izquierda de sangre
nueva que enarbola la honradez y la justicia social contra el anterior estado
de cosas y además gobierna porque los ciudadanos, esos sí, están hartos de los sapos
de un régimen de oprobio, indignidad y corrupción, y no tienen a donde
largarse.
Si no existe paralelismo alguno entre la
salida de Alfonso XIII por mandato de las urnas y la sorprendente huida del
emérito en busca de la paz y el sosiego personal sin dar cuenta a la
nación de su fortuna, tampoco es de recibo blandir contra el Gobierno
argumentos infundados ni pegar etiquetas “frente populistas” a quienes critican
su comportamiento y reclaman garantías contra la inmunidad y la impunidad del
jefe del Estado a título de rey. No ha sido precisamente la izquierda
democrática, socialdemócrata y tolerante la que ha recluido al emérito en el
extranjero.
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