jueves, 30 de julio de 2020

Sobre el Coronavirus: ¡A la bí, a la bá, a la bin bon ban! ¡La química, la química, y nadie más!



Test sobre el infierno


Diario Octubre / 28.07.202

Bianchi.— En lugar de unos inútiles e inoperantes tests sobre el coronavirus que parecen pensados por sádicos que se ven decepcionados cuando dan «negativo» en el resultado, pero vuelven a insistir en la prueba hasta que des «positivo» por un vulgar resfriado que achacarán al covid-19 exhibiéndote como un trofeo como quien va de safari africano, nosotros, mucho más lúdicos que esta gente enferma, proponemos este test sobre el infierno, dentro vídeo.
Un amigo, profesor de Química, formuló en un examen la siguiente pregunta: ¿es el infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)? La mayoría de estudiantes se refugió, ante tan extraña e inquietante cuestión, en la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).
Pero hubo un alumno, una alumna, dicho con más precisión, que contestó lo que sigue: en primer lugar -nos dice Hipatya, que así se llama-, necesitamos saber en qué medida la masa total del infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el infierno y a qué ritmo salen. Parece ser que, una vez dentro del infierno, las almas ya no salen de él. Por tanto, no hay salidas. En lo relativo a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: la mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van de cabeza al averno.
Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el infierno crece de forma exponencial. Veamos ahora cómo varía el volumen del infierno: según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas. Hay dos posibilidades:
1. Si el infierno se expande a una velocidad menor que la entrada de almas, la temperatura y la presión en el infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.
2. Si el infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el infierno se congele.
Pues bien, ¿qué posibilidad es la verdadera? Meditemos: si aceptamos lo que me dijo la bella Beatriz (la musa de Dante Alighieri, que algo sabía de estas vainas sulfúricas) en mi primer año de carrera («hará frío en el infierno antes de echar un cohete contigo»), y teniendo en cuenta que me acosté con ella el otro día, la posibilidad número 2 es la verdadera y, por tanto, daremos como cierto que el infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta teoría es que, dado que el Hades ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido dejando al cielo como única prueba de la existencia de un ser divino, lo que explica el milagro del otro día cuando Beatriz exclamó: ¡Oh, Dios mío!
Y nosotros, en este blog,  todavía discutiendo, como los personajes de Swift (el de los viajes de Gulliver), por qué lado hay que cascar los huevos. Cuando está claro que hay que ponerse mascarilla, someterse con moral de esclavos al confinamiento y obedecer en todo lo que se nos diga, anulando cualquier atisbo de sentido crítico, porque es por nuestro bien. Un lavado de cerebro (brainwashing) perfecto.

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Cosas que no se hacen solas y ni siquiera Dios: el orden mundial


El nuevo orden mundial de H.G. Wells


Rebelión
30/07/2020

Fuentes: Fondsk

Una conspiración abierta o planes de la revolución mundial.
El nuevo orden mundial es una frase familiar. Es difícil decir quién lo inventó y cuándo. Algunos creen que el término nació en los Estados Unidos. El 20 de junio de 1782 el Congreso aprobó el Gran Sello bilateral de los Estados Unidos. El anverso del sello presentaba un águila calva, el símbolo nacional de los Estados Unidos. En el otro hay una pirámide inacabada cuya parte superior está coronada con un ojo con un triángulo. La frase en el pergamino debajo de la pirámide dice: Novus Ordo Seclorum (Nuevo Orden de los Siglos). Desde los años 30 del siglo XX el reverso del Gran Sello comenzó a representarse en el billete de un dólar. Sin embargo, la inscripción en el Gran Sello y en el billete de un dólar es algo diferente de la frase Nuevo Orden Mundial, se cree que la autoría de este término pertenece al escritor inglés H.G. Wells (1866-1946).
En la Unión Soviética, H.G. Wells fue uno de los escritores extranjeros más populares. Fue percibido como un representante del género de ciencia ficción. Sus novelas La máquina del tiempo (1895), El hombre invisible (1897) y La guerra de los mundos (1898) son especialmente famosas. Durante medio siglo de actividad creativa Wells escribió alrededor de 40 novelas y varios volúmenes de historias, más de una docena de obras polémicas sobre filosofía y aproximadamente el mismo número de obras sobre la reestructuración de la sociedad, dos historias mundiales, alrededor de 30 volúmenes con pronósticos políticos y sociales, más de 30 folletos sobre temas de la Sociedad Fabiana, armamento, nacionalismo, paz mundial, tres libros para niños, una autobiografía.
H.G. Wells no fue solo un escritor. Se sumergió profundamente en la historia, la sociología, la biología (era biólogo por educación), física, mecánica, astronomía, química. Seguía el desarrollo de la tecnología, evaluó las consecuencias de su aplicación. Al introducir algunos conceptos científicos en sus obras y representar la tecnología del futuro, a veces mostró una visión sorprendente adelantada a su tiempo. Así, en 1895, en su novela La máquina del tiempo, introdujo el concepto de un mundo de cuatro dimensiones; más tarde, Einstein utilizó este concepto al desarrollar la teoría de la relatividad. En World Unchained (1914) Wells escribe sobre armas nucleares basadas en la fisión del átomo. Describe una guerra mundial, una «bomba atómica» es arroja desde un avión (así la llama). En 1898 en su novela La guerra de los mundos Wells describió imágenes de la próxima guerra mundial con el uso de la aviación, gases venenosos, dispositivos láser (más tarde detalló la descripción de este tipo de armas en las novelas When the Sleeper Wakes, War in the Air). Y ya no es necesario hablar de las naves espaciales que conquistan el espacio del Universo, por ejemplo, en la novela «Las primeras personas en la luna» (1901). Creo que Yevgeny Zamyatin, en su novela distópica Nosotros (1920), describió la nave espacial integral tomando prestados algunos detalles de H.G. Wells.
Al principio Wells se mostró optimista sobre el papel del progreso científico y tecnológico como un medio para mejorar la sociedad humana. Sin embargo, su optimismo disminuyó cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Los avances en la ciencia y la tecnología, incorporados en las últimas armas, han resultado en millones de muertes en el campo de batalla. El escritor se dio cuenta de que la ciencia y la tecnología son una herramienta de doble filo que puede hacer feliz a una persona y puede traer destrucción y muerte. El rápido desarrollo del transporte, las comunicaciones y el comercio internacional condujo al hecho de que las fronteras que dividían el espacio comenzaron a desaparecer por así decirlo. Y la fricción y los conflictos permanecieron, cualquier chispa podría conducir a un incendio militar, lo cual es especialmente peligroso cuando miles de millas de espacio dejan de ser un obstáculo serio para las armas y el equipo militar. El foco de atención de Wells comenzó a cambiar hacia cuestiones sociales, políticas y militares.
Wells entendió que el mundo se dirigía a algún tipo de catástrofe, que no podía evitarse solo con la ciencia y la tecnología. Es necesario cambiar algo en la estructura de la sociedad, el poder político, el modelo económico, en el orden mundial. Y en 1928, Wells escribió un trabajo bajo el título intrigante La conspiración abierta. Planos para una revolución mundial (The Open Conspiracy: Blue Prints for a World Revolution). Este es más un ensayo filosófico y político. O un programa manifiesto. Wells usa en este libro el mismo título «nuevo orden mundial» con el que comenzamos nuestra conversación. Y en 1940 publicó un libro que se llamaba El Nuevo Orden Mundial.
En The Open Conspiracy, Wells pide la creación de un nuevo orden mundial diferente al que existía en el momento en que escribía. Y luego hablaba de un mundo de capitalista con crisis económicas y tensiones sociales crónicas que amenazaban en cualquier momento con convertirse en una revolución socialista. En el siglo XX, escribió V. Lenin, el mundo del capitalismo alcanzó su etapa más alta de monopolio, que inevitablemente dio lugar a guerras imperialistas para la redivisión del mundo. La Primera Guerra Mundial fue puramente imperialista, y en 1928, cuando apareció La conspiración abierta, ya se sentía que podría estallar una segunda guerra imperialista (el Tratado de Versalles, firmado en la Conferencia de Paz de París, programó la preparación de tal guerra).
La idea principal de Wells era que debería haber un Estado Mundial Unido en forma de República planetaria. Los Estados nacionales deben entregar voluntariamente sus soberanías entregándolas al Gobierno Mundial. La «conspiración abierta» no es hostil a los gobiernos, parlamentos y monarcas que aceptan considerarse instituciones provisionales que seguirán funcionando durante el período de transición: «Si las constituciones, los parlamentos y los reyes son de este modo, pueden ser tolerados, como instituciones temporales que operan hasta que la República alcance la mayoría de edad, y mientras estas constituciones se guíen en el espíritu que he indicado, la Conspiración abierta no las atacará». Presumiblemente, en relación con aquellos gobiernos y monarcas que no estaban listos para entregar voluntariamente sus poderes, se suponía que debía usarse la fuerza. Entonces, la idea es buscar la paz universal y eterna a través de las guerras. Wells por alguna razón estaba seguro de que estas guerras serían las últimas en la historia de la humanidad.
Sin embargo, ¿cómo unir a diferentes naciones con culturas muy diferentes en un solo Estado? Una única Religión Mundial debería desempeñar un papel importante en la eliminación de las diferencias nacionales y culturales de los pueblos individuales: “Cuanto más bella y atractiva sea la falsa lealtad, las falsas ideas de honor, las relaciones falsas establecidas por las religiones, más deberíamos esforzarnos por liberar nuestra conciencia de ellas y la conciencia de los que nos rodean, y al rechazo irrevocable de ellas». Ni el cristianismo ni otras religiones mundiales son adecuadas para el papel de la Religión Mundial, que, en opinión de Wells, solo infundió «prejuicios» y «valores falsos». Por cierto, Wells no mostró simpatía por el cristianismo y de todas las maneras posibles aprobó la política de ateísmo agresivo que se aplicó en la Rusia soviética. En esto fue apoyado por algunos otros intelectuales británicos, como Bernard Shaw.
Wells conocía bien a Arnold Toynbee (1889-1975), autor del trabajo de varios volúmenes «Estudio de la historia», que describía ideas sobre las civilizaciones que existieron y existen en el mundo. Si bien estuvo de acuerdo en que existe la diversidad de civilizaciones, Wells creyó que era necesario deshacerse de ella, construir una sola civilización. Deshaciéndose y destruyendo a las civilizaciones «atrasadas», en las que también incluía a Rusia («la civilización rusa»): «India, China, Rusia, África son una mezcla de sistemas sociales aplicados, algunos de los cuales están condenados, mientras que otros serán llevados a sus extremos: las finanzas, la mecanización y la invasión política de las civilizaciones atlántica, báltica y mediterránea los destruirá, se apoderaran de ellos, los explotaran y los esclavizaran un poco más o menos».
La única «civilización prometedora» era para Wells el mundo anglosajón. Es sus intereses lo que él representa. No es ningún secreto que Wells era francmasón y miembro de sociedades secretas. Según el autor de The Committee of 300, John Coleman, Wells fue miembro de este comité, que se considera la máxima autoridad del mundo detrás de escena.
Las élites gobernantes de civilizaciones poco prometedoras deberían estar del lado de la «Conspiración Abierta», se les debería dar la esperanza de convertirse en parte de la élite mundial: a lo que Europa y América deben su ascenso, la Conspiración Abierta puede hacer infinitas promesas. De un salto podrán abandonar el barco moribundo de su sistema anticuado y, sobre las cabezas de sus conquistadores actuales, entrarán en plena hermandad en la hermandad de los gobernantes de este mundo».
Es de destacar que H.G. Wells contaba mucho con la Rusia soviética en la implementación de la Conspiración abierta. Evaluó positivamente el poder de los bolcheviques: “Muchos consideran que este gobierno es una innovación extremadamente interesante. Cuando una comunidad de propagandistas se convirtió en una república, está inspirada en las ideas de la Conspiración Abierta, allanando el camino para su implementación».
Por el mismo título de su libro Wells afirma ser un revolucionario. Quedó impresionado por el hecho de que los bolcheviques también son revolucionarios, además, «internacionales». Trotsky, inmediatamente después de octubre de 1917, presentó la consigna de transformar la revolución «rusa» en una «mundial». Es cierto que en el momento en que Wells escribió The Open Conspiracy Stalin ya se había enfrentado con Trotsky anunciando la posibilidad de construir el socialismo en un solo país para corroborar ideológicamente la industrialización que estaba comenzando en el país. Sin embargo, estas innovaciones en la vida de la URSS, aparentemente, no llegaron a Wells, o las percibió como «maniobras tácticas».
Tanto en The Open Conspiracy como en otros lugares Wells aborda con cuidado la cuestión de la estructura socioeconómica de la sociedad que quiere. En cualquier caso, este es un modelo en el que dominan los monopolios y los bancos, y la economía está controlada por el Estado. Wells estaba familiarizado con John Maynard Keynes, el ideólogo de la intervención estatal en la vida económica, y, al parecer, veía el mundo del futuro como el capitalismo keynesiano. También se siente la influencia sobre Wells del economista austriaco-alemán Rudolf Hilferding, conocido por su trabajo fundamental «Capital financiero» (1910) y quien creó la teoría del «capitalismo organizado». Para Hilferding, esta es la forma ideal de sociedad basada en el dominio del capital bancario, que da orden a la economía y la vida social. Esto no es capitalismo espontáneo ni socialismo. Este modelo atrajo a Wells, quien fue uno de los fabianos más destacados. La Fabian Society, fundada en Londres en 1884, unió a la élite intelectual británica de opiniones reformistas-socialistas, afiliadas al Partido Laborista. Al mismo tiempo, los fabianos (y Wells) tenían ideas muy vagas sobre el socialismo.
Sin embargo, en algunos aspectos, la visión de Wells del nuevo orden mundial era muy clara. Él creía que la estructura social de la sociedad futura debería ser extremadamente simple. Arriba, la élite, abajo, todo lo demás (plebeyos, proletarios, masas). Sin estratos y clases medias. La élite debería estar formada por intelectuales y capitalistas. Así como los bolcheviques proclamaron una alianza de trabajadores y campesinos como la base del sistema socialista, para Herbert Wells, la base de la sociedad debería ser la alianza de intelectuales y grandes empresas.
En cuanto a Rusia en ese momento, a pesar de su «atraso civilizatorio», según Wells, tenía una gran posibilidad de unirse al MNP más rápido que otros, ya que tenía una «intelectualidad». La «conspiración abierta» contaba mucho, mucho en este estrato, «cuyos miembros suman solo unas pocas decenas de miles. Solo ellos tienen acceso a las ideas de la perestroika mundial, y en el asunto de obligar al sistema ruso a tomar una parte real en la conspiración mundial, solo se puede contar con esta pequeña minoría y con el reflejo de su influencia en la miríada de individuos controlados por ella. Cuanto más al Este se vaya, comenzando con la Rusia europea, mayor será la relación entre el número de personas que tienen una mente estable y lo suficientemente preparadas para que nos entiendan y nos ayuden, y el número de personas que no tienen esa mente cambia a favor de esto último, lo que nos lleva a una conclusión aterradora. Destruye esta pequeña facción y te encontrarás cara a cara con los bárbaros, propensos al caos y sin la capacidad de ningún tipo de organización social o política que supere la de un aventurero militar o un jefe de ladrones. Rusia misma (sin el régimen bolchevique. – VK) de ninguna manera es una garantía contra la posibilidad de tal degradación».
Wells esperaba mucho que la Rusia soviética apoyara la Conspiración Abierta. Sin embargo, la URSS siguió su propio camino e incluso confundió las tarjetas para esos conspiradores británicos, cuyas opiniones fueron expuestas por el escritor inglés. Esto finalmente quedó claro para Wells en 1934, cuando visitó la Unión Soviética y se reunió con Stalin. Al mismo tiempo, la idea de una conspiración abierta siguió siendo relevante durante décadas. Escritores ingleses como Aldous Huxley y George Orwell tomaron prestado algo de H.G. Wells y agregaron algo a su descripción del futuro del nuevo orden mundial.
PD: El libro de Wells The Open Conspiracy aún no se ha traducido al ruso.
Traducido del ruso por Juan Gabriel Caro Rivera.


Tema para tratar en los Círculos de Podemos; Asambleas Locales de Izquierda Unida y Agrupaciones locales del PSOE: la contribución de los gastos, gastos, gastos militares a la deuda pública que ronda los 30 mil millones de euros, que son 30 mil millones de euros que se le quitan a los trabajadores para asegurarle los beneficios a los langostinos que se dedican al negocio de al pasar la barca le dijo el barquero, porque para ver la nueva normalidad o la reconstrucción económica y que si quieres que te cuente un cuento, no hay que mirar hacia adelante, sino hacia atrás, que es donde viene lo añejo de lo nuevo. Luego que ya cada uno sueñe con la socialdemocracia, el progresismo de Antón, el consenso de aquí se hace lo que me digan que os diga para que lo hagáis, las políticas reformistas o el hada Madrina, eso ya es otra cosa en la que no entro, que a mi la política ni fu ni fa, porque yo soy hombre de centro, ni con unos ni con otros, sino centradito y muy bien centradito, que si no luego ustedes me señalan con el dedo, y es o sí que no.




Submarino S-80, escándalo silenciado: 4.000 millones gastados y sigue sin navegar
KAOSENLARED
Publicado el Jul 28, 2020

Era el gran proyecto de la Armada española. Con él se iba a renovar la flota de submarinos y proteger toda la costa del país de posibles ataques militares. También era la bandera con la que salir al mercado internacional para el astillero que Navantia tiene en Cartagena (Murcia). El S-80, el mejor submarino del mundo, aseguraban los directivos de la empresa pública española.
Pero ocho años después de que Navantia tuviera que haber hecho entrega del primer sumergible a la Armada, su construcción sigue en proceso, se han dilapidado cerca de 4.000 millones de euros y España sigue sin tener ni un sólo contrato de venta cerrado con terceros países.
Hace ahora siete años -el ya lejano 27 de junio de 2013-, la por entonces diputada de UPyD Irene Lozano, hoy en las filas del PSOE y presidenta del Consejo Superior de Deportes (CSD), presentó una batería de preguntas en el Congreso de los Diputados cuestionando al Ministerio de Defensa acerca de un controvertido proyecto de Navantia, la sociedad pública española dedicada a la construcción naval civil y militar.
En sus preguntas se refería a los trabajos de ejecución del submarino S-80 que, pese a contar ya con un presupuesto de 2.136 millones de euros, acumulaba años de retrasos y sobrecostes en su ejecución.
De haberse cumplido los plazos previstos al inicio del programa de construcción, la primera de las cuatro entregas del S-80 a la Armada española debía haberse ejecutado en 2012. Irene Lozano preguntó al ministro de Defensa en ese momento, Pedro Morenés, del PP, si iban a depurarse responsabilidades en Navantia y en la Armada por “los errores cometidos” en la fabricación del submarino, los cuales habían retrasado el programa y ocasionado un «sobreprecio difícil de valorar».
La exdiputada de UPyD planteaba sus preguntas debido a que, en fechas anteriores próximas a aquel junio de 2013, Navantia había desvelado errores en el diseño del submarino que suponían una desviación del peso de unas 125 toneladas. Unos gramitos de nada que impedían que el sumergible saliera a flote en el alta mar.

Astillero de Navantia en Cartagena (Murcia).
 La otra opción, que nadie contemplaba, era dejarlo morir. Así, de las arcas del Estado ya han salido 3.907 millones. Cada uno de los cuatro ejemplares que la Armada encargó a Navantia tendrá un coste final que rozará los 1.000 millones.
Esta cifra es casi cuatro veces superior a la partida extraordinaria de 1.056 millones que el actual Gobierno va a destinar en ayudas directas a la ciencia y a la investigación en 2020 y 2021; es más del doble de los 1.900 millones que Educación va a usar este año para el pago de becas y ayudas al estudio, y son 907 millones más de los 3.000 que el Ejecutivo calcula destinar anualmente al abono del Ingreso Mínimo Vital, presentado como un hito social para decenas de miles de familias no pasen hambre. 
Escándalo silenciado
Pese a que este escándalo nunca ha suscitado polémica o debate social en España, de él surgen una serie de cuestiones a responder. ¿Han escuchado alguna vez de boca de algún político y con cierta insistencia que este sea uno de los mayores ejemplos de dilapidación de dinero público del último cuarto de siglo en España?
Seguramente no, porque los sucesivos gobiernos de los dos grandes partidos del país, PP y PSOE, se han visto obligados a inyectar partidas millonarias para salvar el proyecto. A ninguno le interesaba romper ese pacto de no agresión en torno al S-80 y a Navantia, una empresa de capital público con intereses a nivel internacional.
¿Se han planteado ustedes en algún momento por qué ningún sindicato ha levantado la voz en exceso? No lo han hecho porque el flujo de dinero no ha dejado de entrar desde principios de la década pasada en el astillero que Navantia tiene en Cartagena, donde se construyen los S-80 Plus.
Las protestas más duras en los últimos años las han protagonizado los empleados de astilleros de San Fernando y Puerto Real (Cádiz), o de El Ferrol (La Coruña), para pedir nueva carga de trabajo.
Cuando los trabajadores de Navantia en distintos puntos del país salían a la calle, se enfrentaban a la Policía y cortaban carreteras o quemaban ruedas, los de Cartagena secundaban las protestas con simples paros de algunas horas en su jornada diaria.
Y la última cuestión. ¿Tendrá algo que ver en los sobrecostes y los retrasos que el director del proyecto del citado submarino y, a su vez, del astillero murciano, Agustín Álvarez Blanco, falseara su currículo ante Navantia durante 30 años al asegurar que era ingeniero naval? Agustín Álvarez carece de titulación universitaria. Le faltó presentar el trabajo final de carrera para obtenerla.
EL ESPAÑOL desveló la noticia en noviembre de 2018. En ese momento, Navantia dijo que iba a relevar a Álvarez Blanco pero que “en ningún caso” su falta de titulación universitaria había afectado ni tenido “consecuencias directas sobre el cometido que ha venido desempeñando dicho directivo». 
Idea de Trillo
En febrero de 2020, el capitán de fragata Alfonso Carrasco Santos, que fue uno de los principales responsables del control de la Armada sobre el proyecto de los S-80, publicó un artículo en la Revista General de Marina. Lo tituló ¿Quo vadis FLOSUB?, en referencia a la flotilla de submarinos de que dispone España en la actualidad.
Carrasco Santos critica de forma sibilina que el Ministerio de Defensa autorizara en 2004, con el murciano Federico Trillo todavía al frente, que en el astillero de Navantia en Cartagena (Murcia) se iniciaran los trabajos para desarrolar el sumergible.
Fue una “decisión muy valiente y a la vez audaz (…) al apostar por este astillero español que no había construido submarinos en solitario en la era moderna, ya que siempre lo había hecho con la ayuda de los franceses como socios tecnológicos”. Las anteriores series, la S-70 y la Scorpène, habían contado con el diseño de ingenieros navales galos.
Pero unas líneas más abajo, este capitán de fragata añade: “Esta decisión en mi opinión fue arriesgada al apostar por un astillero con experiencia más que probada en la construcción de buques de superficie, pero con poca en la complicada tarea de fabricar artilugios [se refiere a submarinos] tan complicados y sin el apoyo de un socio tecnológico. Creo que tanto la Armada como Navantia se dejaron llevar por el optimismo del éxito del programa Scorpène (de la empresa francesa DCNS) y el astillero no fue lo suficientemente crítico con sus verdaderas posibilidades como constructor en solitario al desligarse de los franceses”.
Alfonso Carrasco Santos ponía el foco en el origen del proyecto. Hasta 2009, España mantuvo un acuerdo con Francia para desarrollar submarinos y venderlos después a terceros países. Los ingenieros franceses los diseñaban y desarollaban, y los astilleros españoles los construían. Así se llegó a acuerdos comerciales con Chile o Malasia.
Pero en 2003, cinco años años antes, Navantia había decidido ir por libre con el S-80. Federico Trillo, nacido en Cartagena en 1952, se puso una medalla en su tierra. Pensó que los ingenieros y operarios del astillero de su ciudad natal serían capaces de hacer el trabajo completo, desde idear el proyecto hasta botar el submarino.
“Para que nos los diseñen los franceses, los hacemos nosotros y nos llevamos todos los beneficios”, cuenta una fuente a este periódico acerca de lo que solía decir el exministro de José María Aznar allá por 2003.
En 2004, la Armada española necesitaba relevar sus tres submarinos de la serie S-70: el Galerna (S-71), el Mistral (S-73), y el Tramontana (S-74). Defensa se puso un objetivo ambicioso: entregar el primer S-80 en 2012. Se vendía como el proyecto que iba a poner al país a la vanguardia mundial en cuanto a la fabricación de este tipo de submarinos.
Pero los problemas no tardarían en llegar. Tras sucesivos retrasos, el gran fiasco llegó en diciembre de 2012. Navantia reconoció que el S-80 pesaba más de la cuenta. Tres años antes, la empresa pública había roto relaciones definitivamente con el astillero francés DCNS, con el que hasta ese momento cofabricaba el Scorpène.
Aquella ruptura abrupta -Francia acabó denunciando a España en mayo de 2009 ante el Tribunal de Arbitraje de París por plagio, aunque ambos países acabaron resolviendo la disputa de manera amistosa- provocó que Navantia tuviera que recurrir a Electric Boat, el mayor fabricante mundial de submarinos, que le cobró 14 millones por reconducir el proyecto. Se tuvo que alargar la eslora en diez metros (de 71 a 80,8) para compensar el sobrepeso, lo que dio pie al nuevo nombre del submarino, S-80 Plus.
Covid y retraso
Navantia completó en diciembre de 2019 el ensamblado del primer submarino del programa S-80. La idea era ponerlo a flote en octubre de 2020, hacer las pruebas necesarias y entregar el Isaac Peral a la Armada española en septiembre de 2022. El segundo, S-82 Narciso Muntiorol, en mayo de 2024. El S-83 Cosme García, en marzo de 2026. Y, por último, el S-84 Mateo García de los Reyes, en julio de 2027.
No está previsto que ninguno incorpore misiles de crucero Tomahawk, pero sí Harpoon Block II, lo que les dará una capacidad de ataque a tierra. El Cosme García será el primero que incorpore el sistema de propulsión AIP, independiente del aire y gracias al cual prolongará el tiempo de inmersión y convertirá al sumergible en uno de los submarinos convencionales más discretos del mundo.
Y en esto llegó la pandemia. La crisis generada por el coronavirus ha provocado un retraso acumulado de seis meses más en la construcción y entrega de los nuevos submarinos. La Armada no podrá disponer de la primera unidad hasta el primer trimestre del año 2023. El almirante jefe de Estado Mayor de la Armada, Teodoro López Calderón, lo reconoció en una videoconferencia organizada por Executive Forum el pasado 6 de junio.
Un solo submarino
No es la única mala noticia para la Armada en los últimos meses. El retraso de más de diez años en la entrega del primer submarino de la clase S-80 Plus, prevista para 2012, ha conllevado que España se haya quedado con un solo ejemplar operativo, cuando en la década pasada contaba con hasta cuatro. La noticia la desveló El País hace tres semanas.
Dos se han dado ya de baja, el Mistral y el Siroco. Otro, el Galerna, diseñado por ingenieros franceses en los años 70, está en reparación hasta finales de 2021. Sólo el Tramontana se encuentra en activo, aunque también debería estar ya en desuso.
Los retrasos en la construcción del S-80 y la paralización de las inversiones en Defensa entre 2008 y 2018 han dejado a la Armada casi al descubierto. No se trata de un asunto baladí: España cuenta con casi 8.000 kilómetros de costa, está bañada por el mar Mediterráneo y el Atlántico -dos hipotéticos escenarios bélicos- y tiene por el sur el Estrecho de Gibraltar, por el que circulan alrededor de 82.000 buques al año y un gran volumen de submarinos, algunos de ellos nucleares.
En un cable de Wikileaks, EEUU advertía de la importancia estratégica del paso como uno de los lugares más importantes para la geoestrategia mundial. En la actualidad, países vecinos cuentan con una notable dotación de sumergibles en activo. Francia dispone de 10. Argelia, de seis. Portugal, de dos.
«Ningún contrato»
Pero si lo esencial ahora es la entrega lo antes posible de los cuatro sumergibles que la Armada espera desde 2012, el objetivo siguiente de Navantia es vender el S-80 Plus a terceros países. Por el momento, según fuentes de la empresa pública, “no hay cerrado ningún contrato”.
El cartel con el precio que España va a acabar pagando por cada submarino, que según Navantia es “el único AIP de 3000 toneladas actualmente en construcción en todo el mundo”, no es el mejor reclamo para salir a la venta: el coste en el mercado internacional de sumergibles similares oscila entre los 400 y los 600 millones de euros, entre un 40 y 60% más baratos.
En julio de 2019, Navantia presentó su oferta al concurso abierto por India para adquirir seis submarinos. En la empresa española cruzan los dedos para llevarse la adjudicación. Se trata de un proyecto por el que se compraría el diseño del S-80 Plus, pero la construcción se dejaría en manos de los astilleros indios.
A la espera de mejor suerte, a finales del año pasado Navantia ya se quedó fuera de la terna de países que competían por hacerse con el contrato de construcción de cuatro nuevos sumergibles para la Marina holandesa. La objeción que se le puso al S-80 para rechazarlo era que el modelo todavía no se había probado. De nuevo, los retrasos de tantos años suponían la pérdida de un hipotético ingreso multimillonario.
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miércoles, 29 de julio de 2020

Condolernos con los familiares de las victimas del coronavirus es una obligación moral para cualquier bien nacido. Hacer algo contra los efectos del coronavirus (excepto lo que sea para el lucro personal o interés individual político, económico, militar o religioso de los que sean) es una obligación moral para cualquiera que tengo un mínimo de dignidad personal.


Organizaciones sindicales y sociales presentan la plataforma “Contra las Desigualdades Sociales. Por la Justicia Social y Ambiental”


diario octubre/29.07.2020

El espacio común de luchas tiene el objetivo de movilizar a la clase trabajadora y a los sectores populares, no admitirá formaciones políticas y prevé sus primeras acciones para este otoño

Diferentes organizaciones y colectivos alternativos del ámbito sindical y social han presentado en rueda de prensa una nueva plataforma, en construcción, para luchar contra las desigualdades sociales y el continuo ataque a los derechos y a las libertades de la población en estos tiempos.
La rueda de prensa de presentación ha tenido lugar en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT). En la misma, representantes de Ecologistas en Acción, Coordinadora Estatal de Mareas Blancas y CGT han explicado que el objetivo que persiguen con la creación de este espacio común es el de movilizar a la clase trabajadora y a todos los sectores populares que se están viendo gravemente afectados en estos momentos de crisis socioeconómica que la sociedad atraviesa.
Desde este frente común han dejado claro a los medios de comunicación que la plataforma estará constituida principalmente por organizaciones y movimientos sociales, y que desarrollará su actividad fundamentalmente en los territorios. Por ello, la acción será independiente a Gobiernos y partidos políticos, por lo que no habrá formaciones de ningún color o signo político en la misma.
El objetivo marcado es la lucha contra las desigualdades sociales que se han visto incrementadas en el Estado español, y en todo el planeta en general, en los últimos meses. Estas desigualdades están produciendo un drama colectivo entre la mayoría social, a la vez que se comprueba que los mismos de siempre vuelven a sacar rédito de otra crisis del capital con privatizaciones y desmantelamientos de servicios públicos, agresiones a los derechos y libertades sociales y sindicales, y el ataque continuado al medio ambiente con consecuencias irreversibles para las generaciones futuras.
Esta plataforma, que todavía está construyéndose, comenzará a funcionar en otoño de 2020, tras la primera reunión presencial siempre que la pandemia de Covid-19 lo permita.


Podemos. Pero lo que no puede ser no puede ser, y además, no es de Podemos. Dejar las cosas como estaban o empeorarlas no es de Podemos. Podemos, en teoría, nació como un instrumento necesario para recoger el descontento social originado por la crisis de 2008 y transformarlo en políticas que favorecieran a la inmensa mayoría de la población. Pues esto parece ser que no se está cumpliendo. Un asunto más para debatir y analizar en los Círculos, base teórica de Podemos, y ello, precisamente, para que Podemos pueda, puesto que un Movimiento o partido político como Podemos no es (no debe ser) una congregación mariana de fieles laicos para la exaltación particular de nadie, sino una asociación de personas con criterio propio, en la que cada una, cada militante o simpatizante, debe hacer algo para que Podemos tenga la capacidad de transformación social que todos necesitamos, hasta Eduardo Inda.


Castells al rescate de Wert: “Jaque a la Universidad pública española”
  • "Lo que hace Castells es rescatar el proyecto del PP, cuyo borrador de modificación de la Ley Orgánica de Universidades ya criticara Pablo Iglesias férreamente en 2013"
  • "Actualmente, las figuras docentes universitarias laborales las pagan las Comunidades Autónomas, no el Estado. ¿Se ha hablado con ellas para diseñar este nuevo Estatuto?"
  • "Esa revolución morada vivida años atrás en las Universidades públicas españolas, en la cual emanó la masa crítica de Podemos, se ha quedado en una revolución retórica"
Firma invitada El miércoles, 29 de julio de 2020


Varios jóvenes se examinan en una universidad este año. / Efe

David Moscoso, Profesor Titular del Departamento de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, ex-parlamentario andaluz y ex-coordinador del Grupo Parlamentario de Podemos en Andalucía
Como es sabido, tras el 15 M se gestó Podemos y fue justo en las Universidades donde emergieron buena parte de sus miembros, cargos orgánicos, votantes y representantes públicos. En aquel momento, muchas de las denuncias que se espetaban desde la Universidad eran contra los recortes generalizados del gasto y la externalización masiva de servicios públicos, traduciéndose ello en la precarización de las condiciones laborales en los campus universitarios, especialmente entre quienes no formaban parte del cuerpo de funcionarios, tanto en el sector servicios como entre el personal docente e investigador.
De ahí que el anuncio del Ministro de Universidades Manuel Castells de un nuevo Estatuto del Personal Docente e Investigador (PDI) haya sorprendido a esa masa crítica que impulsó Podemos, por las razones que a continuación se aluden, generando la indignación de las plantillas universitarias y los rectorados por varias razones. En primer lugar, lo que hace Castells es rescatar el proyecto del Partido Popular liderado entonces por el ministro José Ignacio Wert, cuyo borrador de modificación de la Ley Orgánica de Universidades —conocido como “Informe de Sabios”— ya criticara Pablo Iglesias férreamente en 2013, y que supuso la movilización al pleno del alumnado y profesorado universitario de nuestro país. En efecto, el modelo del Partido Popular de Wert que ahora desea rescatar el Ministerio Castells es un modelo propio de la derecha catalana, puesto en marcha a través del CDC a principios de los noventa por iniciativa de Jordi Pujol, cuya mayor plasmación fue la Universidad Oberta de Cataluña. Un modelo característico de las Universidades privadas americanas, en donde la presión sobre el profesorado merma las garantías de sus derechos laborales, pues no es lo mismo ser indefinido que funcionario en términos de seguridad jurídica, administrativa y económica. De ahí que sorprenda el proceso de laboralización que plantea el ministro de Unidas Podemos en lugar de la funcionarización propuesta en un anterior documento por el ministro Pedro Duque. En ese sentido, este es un modelo que se puede esperar de un partido de derechas, pero no de Unidas Podemos.
En segundo lugar, partiendo de la premisa de que la Ley de Universidades necesita una profunda modificación y, en consecuencia, su Estatuto de Personal Docente e Investigador, la mejor forma de hacerlo sería la de un modelo de acceso a los cuerpos laborales y funcionariales docentes consecuente con la realidad. Cierto es que las figuras de Personal Sustituto Interino y Profesor Asociado alcanzan cifras inadmisibles —en torno al 35% de las plantillas universitarias— y que estas figuras están precarizadas y se utilizan como vía anómala de acceso a la Universidad. Pero también es cierto que son justamente el reflejo de años de políticas equívocas de Gobiernos precedentes, que no daban opciones diferentes a las Universidades públicas españolas para la oferta de empleo público con la que garantizar la carga docente de los departamentos. De haber satisfecho esa oferta de empleo necesaria a través de las figuras contractuales contempladas actualmente en el Estatuto que propician un mejor acceso (ayudante, ayudante doctor, colaborador y contratado doctor), la figura de asociado se hubiera circunscrito a lo que debiera ser, es decir, la presencia de expertos profesionales en determinados ámbitos del conocimiento que contribuyen con ello a la docencia universitaria. Pero la perversión ha venido de la mano de la propia administración del Estado, en colaboración con las comunidades autónomas, que han visto en esas figuras las más factibles y baratas para garantizar la enseñanza universitaria, habiéndose producido un aumento exponencial desde la aprobación del decreto de sostenibilidad de los servicios públicos del PP en el año 2012, que limitó la tasa de reposición de empleo público, al tiempo que plantillas de profesorado funcionario iban causando baja por jubilación. En este sentido, hubiera sido más razonable por parte del Ministro Castells sentarse con el titular de Hacienda y Administraciones Públicas y con sus homólogos de las Comunidades Autónomas, para llegar a un acuerdo con el que cambiar las reglas de gasto en cuanto a la contratación de nuevo personal docente e investigador en número suficiente y con la financiación necesaria, en lugar de plantear un cambio tan drástico como inviable del sistema de acceso y contratación de profesorado universitario.
Razón por la cual lo que se plantean los rectores ante la iniciativa del ministro de Universidades es quién va a pagar esas nuevas figuras contractuales que plantea el borrador del nuevo Estatuto de PDI. Actualmente, las figuras docentes universitarias laborales las pagan las Comunidades Autónomas, no el Estado. ¿Se ha hablado con ellas para diseñar este nuevo Estatuto? Si ya resulta difícil pagar los salarios del profesorado interino, de dónde se va a sacar la financiación para asumir estas nuevas fórmulas de contratación. En países como Canadá, Finlandia, Suecia, Dinamarca o Austria, la inversión pública en materia de Universidades oscila entre el 1,5 y 1,7% de su PIB, el doble de lo que se invierte en España, que gira en torno al 0,9% de su PIB. En consecuencia, de dónde se va a obtener la financiación para hacer viable el nuevo modelo que plantea Castells. ¿Qué salarios tiene previsto asignar a las nuevas figuras contractuales? Porque si se crean unas figuras inviables en términos de oferta de empleo público, que no se encuentren en consonancia con la voluntad de los responsables autonómicos en materia de Universidad y la financiación pública autonómica para tal fin, la nueva realidad del Estatuto previsto por Castells se materializará en una saturación de la docencia entre las plantillas ya existentes, redundando en mayores dificultades de estas plantillas para ofrecer docencia de calidad e investigación científica, con el consiguiente perjuicio, a su vez, para la propia generación de riqueza a través de la investigación, la innovación y desarrollo en España.
En tercer lugar, en relación a la internacionalización, el documento señala las bajas cifras de profesorado extranjero en las Universidades españolas, pero no repara en que el salario de un profesor doctor en nuestro país, en cualquiera de las categorías laborales o funcionariales, es muy inferior al salario de sus homólogos en la mayoría de las universidades del centro y norte de Europa. La pregunta que debemos hacernos es si esa baja presencia de profesorado universitario extranjero en España no puede deberse al bajo salario con el que se retribuye en nuestro país al profesorado universitario, además de la escasa inversión pública en investigación. En España un profesor titular tiene un sueldo base aproximado de 31.500 euros al año, incluyendo las pagas extras, mientras que en Alemania el sueldo base de esta misma figura supera los 50.000 euros al año y en Inglaterra los 65.000 euros. De forma extraordinaria, en Universidades como Harvard un profesor a tiempo completo gana 175.000 euros al año. En ese contexto, deberíamos preguntarnos si creemos que será exitoso diseñar un cambio de estatuto para favorecer la internacionalización sin los resortes de financiación necesarios para ello. Además, en países como los antes mencionados la inversión pública en I+D+i oscila en torno al 3% de su PIB, más del doble que en España, siendo nuestro país muy poco atractivo para investigadores punteros y con experiencia. En consecuencia, hemos de preguntarnos si estamos preparados para competir en internacionalización con los salarios más bajos y con la menor inversión pública en materia de universidades e investigación y desarrollo.
Por lo demás, hubiera sido deseable que el ministro de Unidas Podemos aludiera en su borrador al irresuelto problema de la carrera funcionarial en la Universidad, una carrera que garantice la promoción sin necesidad de concurrir permanentemente a nuevos procesos de oposición para acceder a figuras contractuales mejor remuneradas y más estables. Actualmente, la mayoría de quienes deseen acceder al cuerpo de funcionarios docentes de Universidad deben concurrir mediante convocatorias de empleo de profesorado al menos a unas cuatro figuras laborales, algo que hace infinita e inverosímil la carrera académica. Tampoco se aborda en el borrador de Castells la necesidad de ofrecer mecanismos de movilidad estable entre Universidades públicas, algo igualmente necesario para el intercambio de experiencias y aprendizajes y la conciliación familiar, y que sin embargo impide el vigente Estatuto de Personal Docente e Investigador.
En suma, esa revolución morada vivida años atrás en las Universidades públicas españolas, en la cual emanó la masa crítica de Podemos, se ha quedado en una revolución retórica, pues proyectos de modificación de la Ley Orgánica de Universidades como el que propone en este momento el ministro de Unidas Podemos no hace sino poner en jaque a nuestras universidades como servicio público. En efecto, plantea Castells un modelo de contratación que, lejos de mejorar las garantías jurídicas, administrativas y económicas, del personal docente y universitario, supone nuevas dificultades e incertidumbres y, además, lo hace de forma poco consecuente con las condiciones de financiación de la que dispone el sistema público de investigación y universitario de nuestro país, así como la realidad del reparto de competencias administrativas autonómicas.

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martes, 28 de julio de 2020

Acuerdo Europeo. Pablo Iglesias a través de un corto mensaje escrito ha calificado el acuerdo europeo con el gobierno del que forma parte como de "carácter global satisfactorio", para añadir en el mismo párrafo que "en las últimas horas hemos visto reducirse partidas importantes (...) para compensar a los países que exigían un paquete de inversiones más reducido. En el caso de la sanidad (fijado inicialmente en 5.000 millones)" Afirma igualmente que "se echa en falta también una condicionalidad más dura vinculada a reformas en clave de transición ecológica, movilidad sostenible, cuidados y derechos sociales." A pesar de ello sigue afirmando que: "el acuerdo alcanzado no solo no impedirá que el gobierno de coalición continúe aplicando su programa, sino que significará un enorme estímulo para continuar con las transformaciones en clave de recuperación de derechos y reconstrucción de lo público que nos marcamos en el acuerdo de gobierno." Para terminar con la aseveración de "que queda un largo camino por recorrer para avanzar en una Unión Europea que garantice un marco institucional y de gobierno en el que se refuercen los procedimientos democráticos." En base a los argumentos expuestos y las afirmaciones realizadas, la valoración del acuerdo entre el gobierno y la Unión Europea queda al libre albedrío del lector en función de sus preferencias y gustos personales, dado que no hay una sola mención a las condiciones impuestas por la Unión Europea, como la intocabilidad de las reformas laborales y sociales llevadas a cabo tanto por el PSOE como por el PP y la exigencia de actuar sobre las pensiones para poder acceder a esos supuestos fondos benefactores, que no están concedidos, como se dice, sino sujetos a conceder cuando el gobierno apruebe el programa de aplicación, uno a uno, de los programas para su aplicación que previamente deberán ser aprobados por los 27 ministros en la Unión Europea. Este es un ejemplo más, de los muchos que podrían decirse, acerca de la necesidad que tenemos los trabajadores, en el caso concreto de Podemos, de que sus Círculos funcionen y se organicen, para poder estudiar, analizar y discutir los problemas que nos afectan y que van a condicionar nuestras vidas, las de nuestros hijos y las de nuestros nietos. El acuerdo entre el gobierno y la Unión Europea, del que, salvo la polvareda ideológica levantada a su favor, sabemos poco o nada, nos afecta. Y nos afecta mucho. Ahora ya, para no entretenernos en pensar, le podemos echar al culpa al caballo de Santiago Abascal.


Para CNT el acuerdo europeo “va a ser el nuevo ariete en la aplicación de reformas en contra de la clase trabajadora”


Tercerainformación / Redacción

28/07/2020
·         Según CNT, este acuerdo tan celebrado por el gobierno español “va a ser el nuevo ariete en la aplicación de reformas en contra de la clase trabajadora”.

·         “Apenas hay variaciones de fondo en lo que respecta a la gestión de la Gran Recesión de 2008”, ha subrayado la central anarcosindicalista.



Calvo
Foto: Pool Moncloa / Fernando 

Comunicado Secretariado Permanente del Comité Confederal

Desde la Confederación Nacional del Trabajo, la lectura y análisis que se hace del acuerdo no es nada positiva. La batalla mediática se ha centrado en el monto que corresponderá a las subvenciones directas a cada Estado, pasando de unos 500.000 millones de euros iniciales a 390.000 millones. El resto de las cantidades serán mediante préstamos. También se ha resaltado que se incluirá la financiación de proyectos para combatir el cambio climático. Sin embargo, la propuesta acordada tiene grandes similitudes con la del 26 de noviembre de 2008, a la que siguió una década de recortes y merma en los derechos de los y las trabajadoras.
Una de las cuestiones más graves, que los firmantes no han resaltado, son los «Planes Nacionales de Recuperación y Resiliencia» que deben desarrollar los Estados, en los que deben reflejar las reformas que aplicarán los Estados miembros. Eso significa que las subvenciones directas que va a recibir el Reino de España serán condicionadas, teniendo como condiciones el equilibrio de los presupuestos públicos y la aplicación de reformas estructurales. Es una cuestión muy grave que va a afectar a las personas que más están sufriendo la crisis, estableciendo la Unión Europea a los Estados para la década de 2020 un mapa de ruta que va a seguir el mismo camino de los recortes que comenzaron con la Gran Recesión, y condenaron a la miseria y a la exclusión social a miles y miles de trabajadoras.
CNT también denuncia que este Plan para la recuperación va a condenar a la economía del estado español a seguir siendo totalmente subsidiaria y dependiente de las decisiones que se tomen en otros Estados, imposibilitando cualquier esfuerzo de reindustrializar la economía y fomentar el cambio de modelo productivo de servicios turísticos a otro más sostenible con el medio y que cree empleos de calidad. Serán los Estados miembros los que valoren qué deba considerarse parte de los Planes Nacionales de Recuperación y Resiliencia: no van a permitir que el territorio se reindustrialice si eso supone competencia para sus economías, además de tener intereses en futuras privatizaciones que apliquen.
El plan tampoco ha valorado dejar de lado el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que fija las condiciones del endeudamiento público. En momentos en los que se necesita un gasto público creciente (sanidad, entre otros), los límites presupuestarios de años anteriores seguirán siendo los mismos. Se va a seguir impidiendo que el Banco Central Europeo financie la deuda pública de los Estados, por lo que, en un contexto de mayor endeudamiento debido a la crisis de la Covid-19, los grandes capitales especuladores están a la espera de que se acuda a los mercados, con la extorsión que suponen a administraciones que se salgan de la línea marcada por éstos.
Además, con este acuerdo queda en evidencia la ausencia de mecanismos de toma de decisiones democráticas en Europa; la Unión Europea no deja de ser una herramienta más en favor de los grandes capitales y élites a nivel continental.
En fin, el plan lleva a la clase trabajadora a enfrentarse a una nueva ronda de ataques a sus derechos, en una situación económica donde la crisis y la incertidumbre van a ser la característica general de la economía.
CNT exigirá a las administraciones que no se sometan al marco neoliberal de la Unión Europea, y recuerda al Gobierno que cualquier salida a la crisis que no ponga una economía con las personas y los cuidados en el centro, supondrá persistir en el actual modelo económico y social. De ser así, CNT pondrá todos los recursos a su alcance para combatirla.
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Podemos no ha podido y como no despierte no podrá. El saber está en los libros, esto es indiscutible, y en consecuencia, cuanto más se lea y mejor se comprenda lo leído mejor para todos. Yo tengo 72 años, de lo cual no tengo ninguna culpa, desde los 14 años no he dejado de leer, actualmente curso estudios de sociología en un Universidad americana y creo que tengo más de treinta papelitos de esos que sirven para enmarcar y colgar en las paredes para tapar agujeros y grietas, digo esto para dejar sentado que en absoluto me opongo a que se lea ni que se critique en modo alguno al que tenga 19 doctorados (si ha estudiado para ello y sus tesis doctorales las ha hecho él) sino todo lo contrario. Lo que diré y digo es que hay que leer y, especialmente, los trabajadores. De mis estudios no alardeo, porque todo lo que yo haya podido aprender en los libros es el saber de otros. Si acaso presumo de algo es de haber tenido unos padres muy bueno y trabajadores, de estos trabajadores que tuvieron que emigrar en el año 1962 desde la actual Isla Mayor, Sevilla, a Zaragoza. Fueron mis padres, especialmente mi padre, el que me enseñó lo necesario que era el estudio, pero, como los garbanzos no los da Dios, ni se ganan leyendo libros sino trabajando, amigo mío, primero trabajar después estudiar, que es lo que yo he hecho durante toda mi vida. Y, aquí, en el asunto de trabajar, sí puede que se me vaya la mano y diga que soy mejor trabajador de lo que soy, pero de que soy trabajador de cotizar a la seguridad social (de 1962 a 2012) no hay duda. Y por esta razón yo no me fío de ningún salvador de trabajadores que no sea o haya sido trabajador, ni de Pablo Iglesias ni de San Pedro, el santo. Los libros valen, como digo, para aprender, pero no para hacer teorías. Las teorías, al igual que las críticas, se elaboran a partir de los datos que se extraen de la realidad, a los que después de estudiarlos y analizarlos se ordenan lógica y racionalmente o al revés, y se establecen como guía práctica de lo que hay que hacer para conseguir el fin propuesto. Esto lo he aprendido leyendo a Carlos Marx. En el artículo que sigue, Gerardo Muñoz y Alberto Moreiras analizan el fracaso de Podemos. Yo estoy de acuerdo (y esto no es de ahora) en el fracaso de Podemos, y en parte con algunas razones que dan estos dos autores. Las razones que yo opongo al análisis que hacen, es que es un análisis académico o muy académico con un tono muy subido en lo sociológico, y que por ello no tiene aplicación práctica, al menos no lo dicen. Es evidente que la crítica a Podemos hay que hacerla, y si se pudiera comenzar ahora mismo mejor que mañana. Pero esta critica, para que sea tal, se tiene que realizar en los Círculos de Podemos que no existen o no existen de forma generalizada. Yo proponía (y propongo ahora otra vez) en mayo de 2011 (Podemos no había nacido todavía) a los Acampados del 15-M en la Plaza del Pilar de Zaragoza, la creación del la Universidad del Pueblo en la Calle, que fue aprobada y que me cupo la honra de inaugurar dando la primera lección, como puede verse en el segundo artículo que aparece más abajo, cuyo tema fue la explicación de la crisis de 2008 (que continua y que continuará mientras dure el sistema capitalista, a pesar de los botes de pintura histórica que se le han echado por encima al reciente acuerdo del gobierno con la UE) lo que la misma representaba: el principio del fin del sistema capitalista, pero no como estamos viendo, sino como no se quiere ver, que debe ser el centro y punto de referencia de cualquier crítica que se le haga a Podemos o a cualquier otra organización que se califique de izquierdas. Todo tipo de análisis económico y político que se haga, cualquier critica que se realice que no fije el punto de mira en que el modo de producción capitalista a partir de 2008 se convierte en algo materialmente inviable y que en base a ello hay que buscarle una alternativa, se quedará en una buena fuente que proporcionara buenas aguas de borrajas, pero nada más, con el consiguiente y paulatino empeoramiento de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población hasta el estallido final. Como ya están los Círculos no hace falta que nos entretengamos en revivir aquella propuesta mía de la creación de la Universidad en la Calle, pero hay que ponerlos en marcha. Y hay que ponerlos en funcionamiento aunque la dirección actual de Podemos sea reacia a ello.



El fracaso de Podemos y la insuficiencia de la “hegemonía”
  • "Dado su continuo declive, puede ya afirmarse con cierta confianza que Podemos ha fallado hasta ahora, en términos generales, en su misión histórica"
  • "Tanto la crisis económica como la emergencia del coronavirus han confirmado los ‘límites de la hegemonía neoliberal’"
  • "El declive de Podemos revela una lección importante: si el progresismo ha de tener oportunidad para crear cambio social duradero, deberá ir más allá de la hegemonía"
Firma invitada El martes, 28 de julio de 2020

Pablo Iglesias junto a Miren Gorrotxategi en Durango durante la última jornada de la campaña electoral en Euskadi. / Efe

Gerardo Muñoz y Alberto Moreiras
Las recientes elecciones regionales en Galicia y en el País Vasco han confirmado que el apoyo político a Unidas Podemos se ha desplomado. Como ha sugerido Jorge Lago, un cofundador y ahora exmiembro del partido, Unidas Podemos está ahora en una posición similar, y potencialmente peor, que la que tuvo Izquierda Unida (IU) antes de 2014, es decir, en los márgenes más bien remotos del sistema político, con votantes relativamente fieles, pero reducidos. En la medida en que Unidas Podemos ha absorbido a Izquierda Unida, este resultado es terriblemente pobre: seis años después de la fundación del partido, no se ve ningún progreso en términos de un compromiso social general por el cambio del sistema político y económico. Como sabemos, el partido fue formado tras el movimiento de los indignados (2011-12) con la idea de enfrentar y realizar una transformación radical del sistema político instalado tras la transición española a la democracia en 1978. Hubo un momento, en 2014, cuando pudieron proclamarse de manera entusiasta principal partido nacional en términos de intención declarada de voto, pero, dado su continuo declive, puede ya afirmarse con cierta confianza que Podemos (el nombre original del partido) ha fallado hasta ahora, en términos generales, en su misión histórica. No hay ninguna alegría en decir esto. Aunque es verdad que Unidas Podemos gobierna hoy en coalición con un más poderoso Partido Socialista, y que el secretario del partido, Pablo Iglesias, es Vicepresidente del Gobierno y Ministro de Derechos Sociales en la Moncloa, es difícil sostener, como testifican las elecciones regionales y la enorme pérdida de votos en ambas regiones autónomas, que hayan aprovechado de manera exitosa su posición dentro del gobierno. De cierta manera, Iglesias todavía encarna la posición de un pequeño Rex [qui] regnat et non gubernat. ¿Cómo puede explicarse la espectacular caída de Podemos? En los años venideros, tanto politólogos como historiadores debatirán acerca de las causas y factores que contribuyeron a su fallida apuesta política, pero nos gustaría plantear que su declive no solo se debe a sus problemas específicos de liderazgo, al curso de los acontecimientos históricos, o a la profundización de la fragmentación social y la desorientación de la sociedad – todos estos son, por cierto, factores secundarios. Pero hay algo más: su trabajo teórico-político de base fue inadecuado desde el comienzo. El fracaso de Podemos es también un fracaso de la teoría.
Habilitándose a sí mismo como un partido populista que surgía de las olas de protesta social contra la austeridad y la precarización del 15M, Podemos mantuvo que la teoría de la hegemonía, tal como fue conceptualizada por pensadores políticos como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, junto con la teoría del populismo que Laclau propuso a inicios de los años 2000, que incorporaba la teoría de la hegemonía, era el mejor y único modelo para traducir las demandas sociales radicales en una transformación del statu quo político. Incluso pensaban que la hegemonía, en cuanto teorizada por Laclau y Mouffe, ofrecía un camino hacia un nuevo sentido común, capaz de recuperar el compromiso con la democracia que había sido abandonado por las élites institucionales, incluyendo a los socialistas. Nunca pensaron en condiciones españolas específicas, donde las complejidades de la vida política estaban destinadas a hacer de su teoría, a pesar de su genialidad original, un corsé inutilizable. Como sostiene Lago, el Podemos original tenía un diseño claro (aunque, desgraciadamente, demasiado claro) para construir una contra-mayoría capaz de reunir especificidades territoriales dentro de un proyecto nacional-popular. Pero nunca dudaron de que su marco teórico pudiera guiarlos hacia una realización concreta: lo dieron por hecho a través de sus slogans auto-celebratorios sobre híper-liderazgos mediáticos y la construcción equivalencial de “el pueblo”.
La hipótesis de la hegemonía, predicada sobre la unidad popular y dependiente de la unión de las demandas populares bajo un mando autorizado y frente a un antagonismo radical contra la casta reinante, fue usada tan efectiva como torpemente para neutralizar conflictos y disensos dentro del partido, mientras que, al mismo tiempo, se dejaba de lado la construcción de instituciones y una organización de bases sólida y plural. Estaban por la democracia, pero era un tipo de democracia particular. Las cadenas equivalenciales de Laclau y Mouffe terminaron siendo las cadenas de los que querían servir bajo el yugo de Iglesias (o, alternativamente, bajo el de Íñigo Errejón, el segundo al mando). Dejando de lado el doloroso (y, para muchos, imperdonable) error de rehusar facilitar un Gobierno socialista después de las elecciones de 2015, el cénit de tal errancia política se vio durante el segundo congreso del partido en Vista Alegre, en la primavera de 2017, donde los principios imperativos de “unidad” y “consenso” decretados por Pablo Iglesias obstruyeron toda posibilidad de reformas internas, como las propuestas por Íñigo Errejón, quien de manera tímida y excesivamente respetuosa abogó por el pluralismo en el partido, la permeabilidad institucional y una transversalidad social inclusiva. Después de 2017, Podemos perdió su compromiso (y quizá incluso su capacidad) para emprender el proceso necesario de “aprendizaje lento” y atención cuidadosa a la realidad, que filósofos políticos como José Luis Villacañas estaban recomendando – optando por una visión política enraizada en liderazgo vertical, autoritarismo interno y alianzas políticas precarias (y precariamente oportunistas) en las regiones autónomas que se desmoronaron, en todas partes, con el tiempo.
Mientras Errejón, el segundo líder más importante en ese momento, y su errejonismo tuvo el potencial de reformar Podemos, su posición política minoritaria actual también habla de las deficiencias del principio de la hegemonía que todavía enmarca, de manera obstinada y contra toda evidencia, su práctica política. Errejón tuvo al menos dos oportunidades para alejarse del modelo hegemónico de Podemos: primero en el Congreso de Vista Alegre de 2017, cuando fue sólidamente vencido por el ala de partido de Iglesias, y luego en 2019, al crear una plataforma política en alianza con el Partido Verde Español (EQUO), Más Madrid, que terminó perdiendo el Gobierno de Madrid ante el Partido Popular (PP). Desde entonces, el errejonismo en cierto modo también ha abandonado una visión nacional, favoreciendo en su lugar una retórica ecológica en conjunción con aliados nacionalistas territoriales que también generó crisis interna. El hecho de que el errejonismo eligiera una estrategia “de búnker” no habla solamente de la falta de estrategia institucional heredada de Podemos: también hace explícita una posición defensiva basada, en última instancia, en ideales abstractos de orden, popularismo, y soberanías regionales, como si su destino fuera el de preservarse a sí mismos como ejército de reserva de una izquierda futura. Si para Unidas Podemos la hegemonía, en aplicación caída de la teoría general de Laclau, trabaja como un aparato para nombrar y luego representar la fidelidad al liderazgo central, el mismo principio de la hegemonía sirve al errejonismo como una respuesta política cazalotodo para una recomposición de la izquierda en tiempos más democráticos y bajo mejores condiciones. Pero no sucederá, o no para ellos. En un escenario social cada vez más fragmentado, la clausura teórica de la hegemonía que da forma a la praxis política de este grupo progresista termina siendo una parálisis. Los límites de la teorización general de Laclau al nivel de la política efectiva han operado como grilletes y anteojeras que han destruido en gran medida la fuerza política inicial de Podemos y no pueden hacer mucho por restaurar Más Madrid o el errejonismo a ningún lugar particularmente prometedor.
Por años hemos sugerido que es necesario pensar más allá de la hegemonía. La teoría de la hegemonía, si bien es una descripción brillante de la construcción política en general, es también un principio inadecuado e insuficiente para la construcción social en el camino de una democratización basada en la igualdad. Como la periodista Lucía Méndez nos ha recordado recientemente, la noción de posthegemonía (en particular en la versión de Jon Beasley-Murray) era más cercana en algunos aspectos importantes al espíritu inicial de Podemos, los vinculados de manera más orgánica con el movimiento del 15M, pero fue rápidamente abandonada a favor de una así llamada latinoamericanización de la política española, esto es, a favor de una apuesta por una construcción popular-nacional que es el principal referente para la teoría del populismo de Ernesto Laclau. Hay también un giro concomitante y quizá en última instancia más profundo hacia un gramscismo pedagógico, que tiene el mérito de reconocer algunas limitaciones de la teoría reductiva de Laclau y Mouffe, pero que se mueve hacia una especie de larga marcha de la historia que probablemente no tiene aplicación política inmediata. El énfasis en producción de think-tanks para la formación de militantes (la “autodisciplina” gramsciana del trabajador que se prepara para el despliegue de la ley histórica) es otro aspecto de un componente pedagógico en la nueva cultura política que parece obsoleto y, en última instancia, contra-productivo.
De todas maneras, para que todos estos diseños tengan una oportunidad política real, debe adoptarse un nuevo marco operacional al margen del dogmatismo hegemónico, en particular si existe interés en evitar los errores de los últimos años, que pueden haberse vuelto ya, paradójicamente, demasiado cómodos para muchos. Una operacionalización posthegemónica de la práctica democrática no constituye ni doctrina política ni ningún nuevo concepto civilizacional. Debe usarse como un indicador de la práctica política que busca favorecer la producción del disenso y la subsecuente negociación del conflicto, en vistas a una simbolización igualitaria, en una sociedad rápidamente fragmentada que no es ni será dependiente de principios hegemónicos, ni querrá serlo, para conseguir cohesión social. Lejos de ser una condición de creación de “el pueblo”, ese horror unificador es precisamente lo que el pueblo no quiere, y ya ha rechazado, para cualquiera que tenga oídos para oír.
Para concluir, Lago está en lo correcto al declarar que tanto la crisis económica como la emergencia del coronavirus han confirmado los “límites de la hegemonía neoliberal”. Debemos también extender esta tesis a la inadecuación del concepto mismo de hegemonía, que ha probado ser incapaz, una y otra vez, de enmendar las fracturas de la democracia más allá de la mera conquista temporal y la administración fortuita del poder estatal, como hemos visto en la experiencia de varios gobiernos latinoamericanos de la marea rosa. La teoría de la hegemonía, en las manos de algunos autoproclamados intelectuales orgánicos, cuando es usada como el modelo preferido para la práctica política, no puede hacer mucho más que servir de palanca para una clase metropolitana políticamente involucrada y teóricamente adoctrinada. El declive de Podemos revela una lección importante: si el progresismo ha de tener oportunidad para crear cambio social duradero, deberá ir más allá de la hegemonía, que es un concepto que en última instancia pertenece a la gramática de la política militante del siglo veinte, pero que no es apropiado para navegar la naturaleza heterogénea de las muy complejas sociedades contemporáneas.
*Gerardo Muñoz enseña en la Universidad de Lehigh, Pensilvania. Su más reciente publicación es La fisura posthegemónica (Doblea editores, 2020). @GerardoMunoz87
*Alberto Moreiras es profesor en la Universidad de Texas A&M. Sus más recientes publicaciones son Sosiego siniestro (Guillermo Escolar Editor, 2020) y Manual de infrapolítica (La Oficina ediciones, 2020). @MoreirasAlberto

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Acampada Zaragoza inaugura la Universidad del Pueblo en la Calle con un taller sobre Economía Política
25. mayo 2011 | Por Redacción | Categoria: AragónHoy destacamos
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>>> La asamblea ha decidido desarrollar herramientas de Democracia 2.0 para procesar la ingente cantidad de propuestas que están recibiendo


Zaragoza.- Acampada Zaragoza inauguró ayer a mediodía la Universidad del Pueblo en la Calle con un taller sobre Economía Política a cargo del columnista y escritor sevillano afincado en Zaragoza, Manuel Sogas.

Con la ayuda de una pizarra y un sistema de megafonía, Sogas fue desgranando ante unas doscientas personas los entresijos del funcionamiento del modo de producción actual, con especial atención a todo lo relacionado con la crisis del sistema, el mercado del trabajo y la obtención de los beneficios empresariales.

Así el ponente explicó que “la crisis capitalista objetivamente es una interrupción en el proceso de acumulación del capital, llegado un momento en el que la tasa de beneficio del capital cae por debajo de lo que se establece como mínimo necesario para que el capital siga creciendo”.

Sogas incidió también en que, en toda sociedad “hay una estructura económica (que es la que decide cómo se produce), una estructura política (que es la que regula a la estructura económica), y una estructura ideológica (que es la que legitima a las dos anteriores)”, por lo que “actuar contra la crisis capitalista es actuar contra estas tres estructuras”.

Desde el público se apuntaron diversas cuestiones como la dificultad que tienen las pequeñas y medianas empresas españolas para competir en igualdad con las macrofactorías chinas donde la gente trabaja 7 días a la semana, 12 horas cada día, por menos de 50 euros al mes; las incoherencias económicas que encierra la Unión Europea; o el papel de los medios de comunicación en la sociedad.

Por la tarde tuvo lugar un segundo taller sobre Asamblearismo, en el que Elsa Navarra expuso ante decenas de personas las ventajas e inconvenientes de los modelos asambleario y representativo de intervención social.

Democracia 2.0

En cuanto al funcionamiento de la Acampada, desde la comisión de Comunicación informaron ayer de que se van a implantar herramientas de Democracia 2.0 “para agilizar el procesamiento de la ingente cantidad de sugerencias y proposiciones que nos están llegando de todos los ciudadanos que están participando y colaborando con nosotros”.

Según Daniel Ayuda, uno de los expertos que están desarrollando la iniciativa, “este sistema está relacionado con experiencias como Open Data Open Government que ya funcionan en otros lugares, y su finalidad es incrementar la participación ciudadana en los asuntos públicos a través de la red”.




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