jueves, 5 de noviembre de 2015

UCRANIA: ¿HACIA DONDE NOS CONDUCE EL CAPITALISMO?


Ucrania, el sistema-mundo y la geopolítica de la post guerra fría

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Ivan León Zhukovskii
Sociologia Crítica
02.11.2015

Las limitaciones sistémicas analizadas (involución periférica y tendencia al debilitamiento del centro político) se han visto potenciadas por el marco geopolítico en que Ucrania ha tenido que operar durante el período postsoviético. Este escenario ha estado condicionado, a su vez, por las transformaciones, ya analizadas, en la lógica y dinámica del sistema-mundo capitalista y por los efectos del derrumbe del Comunismo Histórico sobre la correlación de fuerzas en Europa y el Espacio Postsoviético.

En términos geopolíticos, el saldo principal del colapso de la URSS fue una sustancial modificación de la correlación de fuerza a nivel global y particularmente en Eurasia, a favor de las fuerzas políticas y económicas del capitalismo global, del “gendarmismo estadounidense” y en detrimento de Rusia. En este contexto y sobre todo durante el putinismo, el Espacio Postsoviético ha constituido uno de los principales centros de confrontación geopolítica, protagonizada por estos actores (en su dimensión tanto nacional como trasnacional-corporativa) y en menor medida por otros como China, Turquía e Irán.

Por su parte, los impactos de la financiarización del ciclo “americano” de acumulación y el globalismo neoliberal sobre las formaciones estatales han sido diversos. En el plano de las potencialidades y proyecciones externas de los Estados (dependiendo de los niveles de periferización) la tendencia más determinante ha sido la limitación del rango de soberanía y su absorción funcional por parte de los centros integracionistas y de gravitación geopolítica, liderados por los países-centros de la acumulación global. Estos definen la forma en que los países más dependientes quedan integrados en su órbita.

En relación con las antiguas formaciones del Comunismo Histórico y tras los efectos del derrumbe, Rusia solo logró recuperar algunas posiciones con la emergencia del putinismo, abriéndose así una considerable brecha para la influencia en el área de las potencias del centro capitalista. Como resultado, estás formaciones quedaron sujetas a la fuerza de tracción de UE (en la mayoría de los países del Este mediante la formalización de su membresía en la Unión) Estados Unidos o de Rusia. A mayor cercanía e imbricación y mayor fortaleza del centro en cuestión (sobre todo la UE), mayor también ha sido el poder de absorción sobre los países gravitantes.

En el caso de las repúblicas ex soviéticas, en virtud de la debilidad relativa de Rusia como centro de gravitación geopolítica y sobre todo integracionista y de la distancia, también relativa, con UE, Estados Unidos y China, muchas han pretendido aplicar una estrategia exterior de geometría variable y equidistante, intentando obtener beneficios de los vínculos con todas las potencias y explotar las diferencias entre estas.

La situación de Ucrania, sin embargo, desbordo estos marcos, complejos per se. Es cierto que su estrategia externa, al margen del discurso abiertamente “pro europeo”, ha reproducido el clásico formato de “colaboración” sin compromisos excluyentes con UE-Estados Unidos y con Rusia. Sin embargo, como reconocen desde hace décadas muchos expertos, entre ellos importante ideólogos tanto del “gendarmismo estadounidense” como del capitalismo trasnacional (Brzezinski, 1998: 229; Friedman, 2010: 336), este país ocupa un lugar privilegiado, como ningún otro, en diferentes frentes estratégicos rusos, fungiendo como gran perímetro deseguridad.

Tomando en consideración las tendencias del sistema-mundo contemporáneo y las transformaciones que tendrán lugar a raíz de la consolidación del nuevo modelo de acumulación (post “americano”, ¿asiático?, ¿multipolar?) y de las limitaciones rusas para competir en el ámbito productivo, tecnológico y financiero, sin un control activo sobre Ucrania, en el mediano-largo plazo Rusia quedaría en extremo vulnerable y con pocas posibilidades de reproducir su estatalidad y sus actuales marcos territoriales.

La inclusión de Ucrania (en cualquiera de los formas de división territorial-administrativa, unitaria o federalizada) es condición para el éxito del proyecto de integración euroasiático, que es asumido por las autoridadesrusas como la única posibilidad de no sucumbir ante los efectos destructivos de la financiarización neoliberal. En el contexto de las serias limitaciones de la estructura económica rusa, este es un mecanismo de reproducción de su modelo económico extensivo. Por otra parte y, siendo esta quizás su trascendencia mayor para Rusia, constituye un espacio vital de contención contra las imperecederas pretensiones expansivas de la OTAN, que tienen como fin último la anulación de Rusia como sujeto de la política internacional.De aquí se desprende la importancia de Ucrania para el bloque euro-americano: contener, influir, debilitar a Rusia. Un actor totalmente marginal en la división global del trabajo, un paria del capitalismo global se torna protagonista (instrumental) principal de la puja geopolítica entre Estados Unidos, UE y Rusia.

Las condicionantes de esta centralidad ucraniana se han visto potenciadas durante los últimos años por importantes tendencias negativas tanto para Estados Unidos-UE como para Rusia. En el primer caso, las limitaciones del modelo de acumulación vigente han devenido en un debilitamiento del centro capitalista y del potencial hegemónico estadounidense, sobre todo en materia económica. Esto se ha acompañado, dialécticamente, del fortalecimiento de las posiciones de los llamados actores emergentes, que si bien han sido producto de la evolución de la economía-mundo hacia el paradigma transnacional y un nuevo ciclo de acumulación, no es un resultado deseado por la estatalidad de los centros de la acumulación global.

Rusia, por su parte, atraviesa una crisis interna en todos los ámbitos. A las limitaciones sistémicas vinculadas a su involución periférica, se le yuxtaponen los efectos coyunturales de la inconclusa crisis global. Las serias limitaciones, cada vez mayores, para reproducir el modelo económico extensivo, extractivo y depredador, constituyen el telón de fondo sobre el cual se explayan serias dificultades para lograr, al menos, un mínimo crecimiento económico y de la producción industrial y, particularmente desde las elecciones parlamentarias de 2011, contener los efectos de la ruptura del consenso putiniano a nivel social y del carácter monolítico del sistema político10. El saldo general es un estrechamiento de los márgenes de maniobra de Vladimir Putin y su entorno a lo interno de Rusia, dificultades cada vez mayores para reproducir la gobernabilidad, niveles aceptables de consenso y los mecanismos para la descongestión de la tensión social. Pero, sobre todo, el entendimiento, estéril, del papel que en este sentido desempeñan las grandes limitaciones sistémicas, inherentes a la involución periférica, que pesan sobre el país y cuya reversión no constituye un objetivo de la élite rusa.

Ante esta suma de dificultades, que dejan al descubierto serias brechas para la reproducción del sistema, la élite política rusa ha puesto en marcha una estrategia general de” defensa y contención”. Este se ha expresado, a nivel interno, en una agresiva política de control social, mediante actos normativos y/o administrativos “reguladores” de la conducta social (flujo de la información, la libertad de expresión y las manifestaciones de las minorías sexuales, entre otros), así como una política penal que ha expandido el ámbito de la tipificación y el alcance de la interpretación del derecho. A nivel externo y en el mismo sentido, durante el segundo mandato de Putin ha sido marcada la tendencia al aumento de la confrontación con las potencias centrales, en especial con Estados Unidos.

La crisis ucraniana y la anexión de Crimea fue el colofón de un proceso precedido desde 2012 por la negativa de Putin de acudir a la Cumbre del G-8 en Camp David, la promulgación de la Ley de “Dima Yakovlev”11, el otorgamiento de asilo político a Edward Snowden y la activa postura en contra de la agresión militar contra Siria. Esto se ha visto acompañado, a lo interno, de un fuerte discurso nacional-patriotero y antiestadounidense y un considerable aumento del gasto militar, como mecanismos de control y “cohesión” interna y mensaje de contención a los actores externos. Procesos similares han sido relativamente comunes en determinadas fases de desarrollo de las formaciones semiperiféricas (subimperiales), sobre todo durante sus crisis sistémicas. El factor político-militar es determinante en estas formaciones, como resultado de las limitaciones estructurales de sus economías. Es justamente la existencia de un centro político fuerte y su capacidad para reproducir la gobernabilidad a nivel interno y controlar los espacios geopolíticos bajo su “mando”, lo que más las distingue de las formaciones periféricas.

Esta es una de las razones por las cuales la oligarquía ucraniana ha evitado por todos los medios formalizar la inclusión del país en el Espacio Económico Unificado12, proyecto integrador liderado por Rusia que, según la mayoría de los expertos, es la opción más beneficiosa para la economía ucraniana, si se toma en cuenta, además, que hubiera venido acompañado de medidas “políticas” vitales para este país, como la disminución del precio del gas. En esta vocación anti rusa han sido determinantes el temor del gran capital ucraniano de ser absorbido por sus pares rusos, (incluyendo el capital estatal) inconmensurablemente más fuertes, así como la agresividad en las proyecciones expansivas de estos últimos, que le han permitido dominar ramas íntegras de la industria ucraniana y hacerse de un nicho importante en el sector financiero de este país. En 2013, el valor acumulado de los capitales de los diez primeros oligarcas ucranianos fue de 32 mil millones de dólares, mientras que el de sus pares rusos fue cinco veces mayor, superando los 150 mil millones de dólares. La diferencia es aún mayor, si se toma en consideración el capital estatal ruso, sobre todo el bancario, cuya capitalización es decenas de veces superior a las de las principales entidades bancarias ucranianas.

Además y no menos importante, en sus lazos con las estructuras financieras occidentales se deja ver una vez más la matriz compradora de la oligarquía ucraniana. Es en el “centro” del sistema-mundo donde la élite económica de este país se legitima, resguarda sus capitales y ubica la sede legal de muchas de sus compañías, además de constituir el mercado europeo uno de los destinos principales de sus exportaciones.

Tanto Rusia como el bloque euro americano atraviesan fases críticas en su desarrollo. Como resultado, cada uno, desde sus potencialidades y necesidades y por métodos distintos, ha aumentado su activismo externo buscando reposicionarse en los marcos de un sistema-mundo en metamorfosis. De esta manera, la escalada de la tensión entre estos dos polos de la geopolítica es un resultado lógico, emergiendo Ucrania como el centro de operaciones y el eslabón más débil.

La fuerza de la financiarización globalizada y sus contradicciones internas, han obligado a Rusia a acelerar la integración regional, ejerciendo, durante los últimos años y hasta el momento previo al inicio de la crisis política en Ucrania, fuertes presiones sobre la dirección de este país. Esto se acompañó, por su parte, de una no siempre consistente, pero activa política europea para la firma con Ucrania de un acuerdo de libre comercio, buscando la clarificación de la apuesta geopolítica de este país y el debilitamiento estratégico de Rusia.

Aquí, sin embargo, cabe distinguir el alcance para Ucrania de los intereses y proyectos de ambos polos. La estrategia de la UE no incluye la integración económica, sino, quizás la más depredadora de las formas de “inclusión” en la órbita de un centro de acumulación-integración-gravitación geopolítica: la liberalización del comercio. Para la UE y en especial para Estados Unidos, en última instancia priman los objetivos geopolíticos. En el caso de Rusia, se ha perfilado con claridad un concepto integral de absorción estratégica, inclusivo de la integración socio-económica y el control geopolítico.

De esta manera, la política ucraniana de compromisos no excluyentes con UE-Estados Unidos y Rusia ha llegado a su fin. El alineamiento es inevitable, aunque se expresará de formas distintas y complejas en dependencia del escenario que se imponga como resultado de la crisis: fragmentación del país, federalización o mantenimiento del formato estatal unitario. El detonante formal de la actual crisis fue, justamente, la inminencia de la firma del acuerdo de libre comercio entre Ucrania y la fuerte presión que ejerció Rusia para impedirlo.

El alineamiento geopolítico de Ucrania era y es inevitable, al menos en el marco de una estatalidad unitaria. Sin embargo, en contradicción solo aparente, esto es cada vez más un objetivo imposible. La ruptura ideo-política entre diferentes regiones del país, exacerbada al extremo con la actual y genocida guerra civil, el rechazo radical de la influencia rusa o euro americana (en dependencia de la regiones) y el carácter irreversible de la presión de los centros de gravitación geopolítica (en especial de Rusia), prácticamente anulan toda posibilidad de una asociación geopolítica a favor de uno de los bloques, que sea a su vez efectiva y vinculante para los diferentes centros de poder en Ucrania.

Aunque no se excluye la fragmentación, el escenario federalizado – que formó parte de la agenda rusa desde el inicio de la confrontación -, pudiera constituir la opción de compromiso ante la crítica situación actual, quedando excluida ya la reproducción del estatus quo unitario. La fragmentación, el más “noble” de los escenarios, es al mismo tiempo el que mayores complejidades augura, en la medida en que obligaría a conciliar el mayor número de variables.

En cualquier caso, a pesar de los impactos negativos que ha tenido sobre la economía europea y de Rusia, el período de confrontación militar en Ucrania se extenderá aún más, propulsado por la estrategia belicista de EE.UU. y de la dirigencia ucraniana, que prolongan el estado de guerra en Donetsk y Lugansk. A pesar de los dos acuerdos de alto al fuego firmados en Minsk, la política “real” ha ido contracorriente con el cumplimiento de estos objetivos, en especial por parte de la dirigencia ucraniana.

La táctica estadounidense es constitutiva de la estrategia de caotización global que emana de su matriz gendármica, además de constituir un efectivo mecanismo de desestabilización contra Rusia. Este viene a complementar la guerra económica que ha afectado la economía rusa durante el 2014.

Las autoridades ucranianas, por su parte, reproducen el marco de la confrontación y exacerban el uso de la figuración enemiga, buscando extender la endeble legitimidad interna y evadir la responsabilidad por la paupérrima situación socio-económica. Sin embargo, la explosión interna – tanto económica como política – es cuestión de tiempo, y solo el recurso al nacional-chovinismo más primitivo ha podido aparcar sus manifestaciones más destructivas.

El marco geopolítico cada vez más constreñido y hostil ha asestado un golpe terminal a la estatalidad ucraniana, en la medida en que ha multiplicado exponencialmente el impacto de sus grandes contradicciones sistémicas. La disfuncionalidad socio-económica, la debilidad de la instancia política central, la ruptura aún mayor de los lazos nacional-identitarios y la incapacidad de Kiev de restablecer el control sobre las regiones del oriente del país, contradicen los más elementales rasgos de la estatalidad: la soberanía del poder político y laterritorialidad. Los contextos interno y externo no auguran posibilidades a la reversión de estas grandes tendencias, que según las premisas de este estudio, definen las características y vitalidad de Ucrania como Estado-nación y sujeto (objeto) de las relaciones internacionales y del capitalismo global.

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Notas
1 Categoría introducida por el historiador ruso Andrei Fursov, para denominar a la experiencia de las formaciones estatistas y autoproclamadas socialistas del Este Europeo y la URSS.
2 Forma de denominar al desarrollo de tipo capitalista en las formaciones periféricas, atrofiado y dependiente, lo que los distingue del capitalismo de los países del centro capitalista o llamados desarrollados.
3 El 70% de la exportación ucraniana de 1990 estaba compuesta por productos primarios o derivados de poco valor agregado.
4 Ucrania es uno de los líderes globales en esta materia. Entre 5 y 6.5 millones de ucranianos, según distintas fuentes, trabajan fuera de las fronteras de su país, 2 millones de los cuales lo hacen en Rusia.
5 La exportación de gas y petróleo han “aportado” durante los últimos años más del 70% del las exportaciones y el 50% de los ingresos del presupuesto.
6 En 2011, la media de los aranceles a la importación en Rusia fue del 9.4%, mientras que en Ucrania, tan solo del 4.5%.
7 Esto ha quedado plasmado explícitamente en distintos documentos programáticos del Club de Roma y en declaraciones de importantes portavoces de la derecha trasnacional.
8 Había fungido con anterioridad como Presidente de la Administración Regional de Donetsk, Primer Ministro y Diputado de la Rada.
9 Por supuesto, sin vulnerar el carácter determinante de la estructura económico sobre el resto de las instancias sociales.
10 Se refiere, entre otros procesos, a las protestas sociales que tuvieron lugar entre fines de 2011 y los primeros meses de 2012 y el activismo político de actores de la oposición “no sistémica”, que conllevó a la pérdida de posiciones del Partido Rusia Unida y obligó a la dirección del país a realizar cambios liberalizadores en el sistema político.
11 Ley mediante la cual se prohíbe la adopción de menores de edad de nacionalidad rusa en territorio estadounidense.

12 Esta es la segunda fase del proceso de integración euroasiático, que en un primer momento se denominó Unión Aduanera. En 2015 deberá quedar constituida la Unión Euroasiática como su tercera y última fase.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

ESTADO ISLÁMICO: ¿ATACARÁ LA BASE DE MORÓN DE LA FRONTERA Y ROTA?


Los terroristas de aquí, allá, acullá, Estado Islámico y personal concomitante afecto al terrorismo por financiarlo, hay que detenerlos y juzgarlos porque constituye el padre, la madre y espíritu asesino del terrorismo, esto es, para entendernos, ricachos USA (y no a todos los americanos) 

El piadosísimo opusdeista hermano en Cristo señor Fernández, ministro de lo interior del PP (creo que es), es un fundamentalista católico, apostólico y americano, y que la goza más que un marrano en charco cuando nos anuncia que ha logrado detener a algún terrorista, que lógicamente no sabemos si lo es o no, porque no ha sido juzgado, se le ha debido pasar por alto que a lo mejor una operación de estas de distracción para pasar el rato por tierra, mar, aire, periodística y de cuatro submarinos terrestres galopantes, encabezada por la Guardia Civil y unos cuantos empleados públicos de la perrera municipal, por si acaso, dirigida contra la Embajada USA en Madrid, a lo mejor eh, que esto es un decir, podía poner fin al terrorismo Islámico, que al fin y al cabo, al menos al 50%, Terrorismo Islámico y ricachos USA son amigos.

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EXPERTOS DESVELAN QUIÉN COMPRA EL CRUDO AL ESTADO ISLÁMICO POR MILLONES DE DÓLARES




rhttp:es.rt/com/42gh
01,11.2015

Los ingresos que recibe el Estado Islámico del contrabando del crudo alcanzan al menos 1,5 millones de dólares diarios. Expertos se preguntan quién se beneficia de la colaboración con el grupo comprando el 'oro negro' a los terroristas.

La zona, ubicada en las inmediaciones de Palmira en el centro de Siria, es estratégica para el Estado Islámico, ya que en el lugar se encuentra uno de los yacimientos de petróleo más grandes del país. Vendiendo el crudo de sus campos petrolíferos, los terroristas logran ganar millones de dólares.

El grupo extremista se ha apoderado de al menos nueve de los principales campos en la región. "El Estado Islámico ha tomado el control de casi toda la infraestructura petrolera de Siria. (...) En Irak, el EI también controla una parte considerable del crudo. [Los terroristas] ganan al menos 2.000 millones de dólares con su venta al año", afirma el presidente del Instituto de Oriente Próximo de Rusia, Yevgueni Satanovski, citado por el canal ruso Rossiya 1.

Según revelaron recientemente los documentos obtenidos por 'Financial Times', los acuerdos de compra se sellan en el lugar de producción, donde los comerciantes independientes compran el petróleo para su posterior reventa. El presidente del Centro de Comunicaciones Estratégicas, Dmitri Abzálov, señala que una parte considerable de este crudo, más del 50%, hasta hace poco terminaba en manos de compañías estadounidenses. Con el dinero obtenido, el grupo islamista compra equipo militar, lanzagranadas y todo tipo de municiones y armas necesarias.

"El petróleo es uno de los componentes clave del auge de los terroristas. Si la coalición de EE.UU. realmente quisiera deshacerse de los militantes, en primer lugar habrían destruido la infraestructura petrolera de los terroristas, pero no lo hacen. ¿Por qué? Porque los militantes sirven a los intereses de Occidente, y en particular los de EE.UU., que, a su vez, entiende que si privan a los militantes de su principal fuente de financiación, los terroristas dejarán de obedecer, algo que ahora permite a Washington mantener la región bajo tensión", opina el redactor jefe de la revista británica 'Politics First', Marcus Papadopoulos.

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PUBLICADO EN CRÓNICA DE ARAGÓN

Los últimos conquistadores españoles están en Isla Mayor, Sevilla

3. noviembre 2015 | Por  | Categoria: CulturaCultura y OcioMagazine
 
Ponentes de izquierda a derecha: Manuel, jubilado, corresponsal en Sevilla de la revista El Pollo Urbano y periodista de Crónica de Aragón, vuelto al pueblo después de 50 años en Zaragoza; Juan Molero, alcalde de Isla Mayor; Julián, arrocero; Francisco, arrocero; Paqui, ama de casa y jornalera jubilada; Emilio, arrocero
POR MANUEL SOGAS
Con motivo del Día Internacional de la Mujer Rural (15 de Octubre) el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Isla Mayor organizó un Foro-Debate acerca de la historia local que se celebró el 29 de octubre en el salón de actos del I.E.S. Lago Ligur para los estudiantes de Cuarto de ESO.
En el acto estuvieron representadas las dos generaciones que fundaron el pueblo: los abuelos y padres en la mesa de ponentes, agentes directos y vivos de la historia moderna de Isla Mayor, y los nietos como público asistente que constituyen la tercera generación descendientes de las dos primeras.
La historia de cualquier pueblo es la suma y la interrelación de las historias particulares de cada individuo y de las generaciones anteriores a ellos desaparecidas. En el caso concreto de Isla Mayor nos encontramos la singular particularidad de que las tres generaciones que lo habitan (no hay generaciones anteriores a ellas) tienen que ver directamente con la historia del pueblo que empieza en el primer tercio de siglo pasado.
De que fue una conquista empezada por los primeros que llegaron (andaluces de diferentes puntos de la región, canarios, portugueses, presos políticos de la guerra del 36, valencianos…) a sus tierras y sus sucesores no hay ninguna duda. Las armas que portaban para la conquista fueron el Trabajo, el Trabajo, el Trabajo… y el Trabajo.

El enemigo a abatir, unas tierras resecas y salitrosas o inundadas por las lluvias y crecidas del río Guadalquivir a unos cuarenta kilómetros al sur de Servilla, cuyos habitantes originarios eran los armajos, mosquitos, fiebres, paludismo, sanguijuelas…, y por la noche, descansando, había que luchar contra los chinches y las pulgas.
Y, de que fue concluida hay todavía menos dudas, como bien de manifiesto lo ponen los resultados obtenidos: más de treinta mil hectáreas de arrozales en toda la comarca, que la hacen la primera productora de arroz, en cantidad y calidad, del Estado español y una de las primeras en Europa.
Los ponentes fueron exponiendo resumidamente sus “retazos” de las historias particulares vividas; de cómo llegaron junto a sus padres con la maleta de madera (la maleta se ve en el centro de la imagen de los ponentes) y lo puesto. Otros llegaron sólo con lo puesto, sin maletas, y no faltaron quienes al llegar a Isla Mayor lo hicieron con menos de lo puesto al salir de sus lugares originarios, porque al hacer 60, 80 ó 120 kilómetros caminando por sierras, pedregales, caminos o trochas, deshacían zapatos, botas y alpargatas, y había que tirarlos antes de llegar.
Se hicieron comparaciones entre cosas que ni de broma son comparables, como las escuelas donde algunos de los ponentes aprendieron sus primeras letras: la m con la a, ma; la m con la e, me… (que otros no fueron a escuela alguna) y la forma de llegar a ellas por entre los barrizales.
No faltó el toque de atención a los estudiantes para que aprovecharan los medios para aprender que tenían a su disposición, ni el apunte de que la historia, tanto la personal como la general, es la síntesis de todo lo vivido anteriormente hasta el presente, razón por la cual mientras más y mejor se conozca el pasado mejor se explica el presente, y en mejores condiciones se está para vislumbrar y actuar sobre el futuro, que si algo de específico tiene actualmente es su incertidumbre.
El último que tomó la palabra fue el alcalde de Isla Mayor, Juan Molero, para agradecer a todos los ponentes sus diferentes exposiciones, recomendando a los estudiantes que hicieran cuantos esfuerzos pudieran para formarse.
Fotos: Manuel Sogas
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UCRANIA: ¿HACIA DÓNDE NOS CONDUCE EL CAPITALISMO?


Ucrania, el sistema-mundo y la geopolítica de la post guerra fría

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Ivan León Zhukovskii
Sociologia Crítica 
02.11.2015
Los efectos del cambio de régimen han sido más fuertes en aquellos países en donde, como en Ucrania, la dimensión ideo-política asumió las formas más destructivas posibles, agudizando aún más las tendencias críticas en el plano económico y el social, inherentes a la involución periférica.
El desarrollo de los sistemas políticos de los países ex soviéticos estuvo condicionado por la forma en que tuvo lugar el derrumbe, los niveles previos de cohesión entre las élites, la existencia de mecanismos regionales (republicanos) y locales de autorregulación y los grados de fortaleza e independencia relativa de los actores políticos en relación con los grupos de poder económicos. Como resultado, se pueden distinguir dos grandes líneas de desarrollo en estos países: aquella donde ha prevalecido un centro político fuerte (Belarús, Asia Central, Azerbaiyán y la Rusia putiniana), de vocación autoritaria y centralizada y, aquella donde esto no se logró (Ucrania, Moldova, Kirguistán, la Rusia yeltseniana).
Las repúblicas eslavas (Ucrania, Rusia, Belarús) carecían de muchos de los factores de cohesión inter élites que si condicionaron la estructuración de los sistemas políticos en Asia Central y el Cáucaso. Como resultado, tras el caos y la desregulación propia del cambio de régimen, la instancia política quedó mucho más expuesta a la presión de la estructura económica, en especial a los grupos de poder financiero y los asociados a la exportación de recursos naturales. La emergencia de una fuerte élite compradora, empotrada en la explotación de los recursos metalúrgicos y mineros del oriente del país, “conectada” y sujeta a la dinámica del capitalismo global, fue un factor que definió negativamente el desarrollo político en Ucrania y Rusia, que hasta la emergencia de putinismo mostraron trayectorias similares. Esto, sumado a otros factores, limitó la capacidad de dominio del centro político ucraniano y ha conllevado a su creciente y sostenido debilitamiento.
Esta gran tendencia ha tenido diferentes condicionantes en la dinámica interna del país. El más importante de todos, ha sido, sin dudas, el desarrollo también creciente y sostenido de un régimen político oligárquico que “supera” y opera de manera distinta a las redes clientelares típicas de las periferias. Son muchos los factores que ilustran el ascendente de la oligarquía ucraniana postsoviética y explican su dominio sobre la instancia política. Ucrania es, entre los países de economía mediana o grande, el de mayor nivel de oligarquización: los capitales de los 100 ucranianos más adinerados se correspondieron en 2013 con el 36% del PIB, resultados superiores a los de Rusia, (20%), y muy superiores a los de Estados Unidos (7.9%), China (3.8%) y la media mundial (2.5%), (Forbes, 2013).
Este ascendente económico se ha expresado en un sólido control de la oligarquía ucraniana sobre los principales órganos y procesos políticos. Cuentan con “fracciones personales” dentro de la Rada y se reparten en cuotas no siempre alícuotas el control de los ministerios y otras instituciones del gobierno y el Estado. Más aún, el carácter oligárquico del régimen queda expuesto con total transparencia si se analiza la actividad directamente política de representantes del mundo empresarial. Los casos más llamativos han sido los de Pavel Lazarenko y Yulia Timoshenko, quienes fungieron como Jefes de Gobierno y el de Piotr Poroshenko, invariablemente entre los quince más adinerados del país. Este último, contradiciendo principios elementales de la “ética” política liberal, fue electo Presidente en los comicios del 25 de mayo de 2014 y previamente se había desempeñado en diferentes cargos de primer nivel.
Esta ha sido una tendencia constante y adquirió niveles insuperables durante el inconcluso período presidencial de Victor Yanukovich. Durante 2010-2012 Valeri Joroshkovskii ocupó el cargo de Secretario del Consejo de Seguridad y vice presidente del gobierno, Yuri Boiko el de ministro de energía y vicepresidente del gobierno, Andrei Kliuev el de primer vicepresidente del gobierno, Boris Kolesnikov y Sergei Tigipko fungieron también como vice presidentes del gobierno y Sergei Levochkin ocupó hasta 2014 el muy influyente cargo de jefe de la administración presidencial. Muchos de ellos son oligarcas de peso en el país, mientras que otros han fungido, sobre todo, como portavoces de las cuatro figuras de mayor ascendente: Rinat Ajmetov, Dmitri Firtash, VictorPinchuk e Igor Kolomoiskii.
La forma en que se ha intentado contener la crisis socio-política actual también ilustra con claridad la esencia oligárquica del régimen político ucraniano y la crisis sistémica y funcional por que atraviesa. Una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue la de nombrar a Igor Kolomioiski y Sergei Taruta, connotados oligarcas, como gobernadores de Dniepropetrovsk y Donetsk, dos de los centros industriales más importantes del país.
Por otra parte, uno de los saldos más destructivos de la oligarquización ucraniana durante la presidencia de Yanukovich, fue la conversión de la presidencia en una instancia oligárquica más. Para el segundo mandato de Leonid Kuchma (1999-2004) esta se había consolidado como un factor de equilibrio relativo entre los diferentes grupos de poder económico, emulando, solo en apariencia, algunas tendencias de la Rusia putiniana. Durante el mandato de su sucesor, Víctor Yuschenko (2005-2010), la presidencia quedó debilitada por las reformas constitucionales que otorgaron mayores prerrogativas al Primer Ministro y por la desastrosa gestión de Yuschenko. Este, sin embargo y a pesar de la retórica en apariencia contraria al discurso de los grandes centros oligárquicos del oriente (Donetsk, Dniepropetrovsk y Jarkov), llevó a cabo una política en todos los órdenes alineada a los intereses de estos grupos, mantuvo la relativa equidistancia entre ellos y la presidencia y reprodujo el carácter instrumental de esta última.
Según la “hoja de ruta” de la oligarquía ucraniana, en especial de las fracciones de Donetsk (Rinat Ajmetov) y el Dimitri Firtash, Yanukovich (2010-2014) debía alinear el discurso y la praxis a los intereses de la élite económica del oriente del país, de la cual Yanukovich había sido fiel servidor en los diferentes periodos de su carrera política8. Sin embargo, el ex Presidente y su entorno se enfrascaron en el objetivo de crear un centro oligárquico más, estructurado en torno a los activos productivos y financieros de su familia y allegados, atentando directamente contra los intereses del gran capital ucraniano. El relativo fortalecimiento de la institucionalidad estatal, fue, más que todo, un instrumento para el logro de este fin.
El saldo más importante de esta “rebeldía” de Yanukovich (que incluyó también su negativa de firmar el Acuerdo de Libre Comercio con la UE) fue el activo apoyo de la oligarquía a los planes desestabilizadores en Kiev y otras regiones del occidente ucraniano, que fueron uno de los factores desencadenantes de la aguda crisis por la que atraviesa este país desde diciembre de 2013. La oligarquía ucraniana, con el objetivo de preservar la preeminencia de sus intereses corporativos, “devoró” los restos de una instancia política que, aunque hacía aguas, había sido, sistémicamente, el garante mayor de su reproducción como “sujetos” del capitalismo global.
Por su parte, otros importantes factores acompañan a la oligarquización del régimen y el dominio de la estructura económica como condicionantes del debilitamiento de la instancia política ucraniana y explican, además, la bifurcación en el desarrollo de los sistemas políticos ucraniano y ruso. Ciertamente, si bien durante la década del noventa el desarrollo de los sistemas políticos de estos países fue relativamente similar (oligarquización), reflejo de las condiciones históricas de los primeros años del post derrumbe, la emergencia del putinismo hizo modificar, entre otras, la tendencia a la desarticulación total del centro político ruso, siendo esta la principal prioridad de Putin durante su primer mandato. En el caso de Ucrania, como se vio, este punto de inflexión no tuvo lugar.
En primer lugar, para 1999, la degradación sistémica en Rusia había “evolucionado” con mucha más fuerza, poniendo en riesgo la reproducción de la estatalidad y, por consiguiente, de la propia oligarquía rusa. Esto generó un importante nivel de compromiso reformista entre los grupos de poder económico y condicionó el ascenso de Putin y la vuelta a un relativo dominio de la instancia política sobre la económica9.
En segundo lugar, las estructuras de fuerza en Rusia heredaron de la URSS una base y estructuración mucho más sólidas, manteniendo, además, mayores niveles de independencia relativa y cohesión corporativa que sus pares ucranianos, lo cual le permitió desempeñar el papel central en la emergencia y consolidación del putinismo. En tercer lugar, el flujo de recursos financieros durante los dos primeros mandatos putinianos le confirió a su gestión niveles de legitimidad y márgenes de maniobra, tanto a lo interno como en la arena internacional, incomparablemente mayores que los que haya tenido cualquier político ucraniano en las últimas dos décadas.
En cuarto lugar, en la Ucrania postsoviética, Kiev nunca logró constituir un centro político-administrativo similar a Moscú, aglutinador, representativo de la estatalidad y con ascendente financiero, político y cultural sobre el resto de los centros regionales (Donetsk, Dniepropetrovsk, Járkov, Odesa, Lvov) y los respectivos enclaves oligárquicos. Esto es parte constitutiva de un tópico mayor, que ha sido una de las mayores limitaciones de la estatalidad ucraniana: la atomización socio-política del espacio, que ha sido resultado de desarrollos idiosincrásicos y etno-culturales notablemente encontrados entre diferentes regiones y zonas del país y exacerbadas por la “feudalización” oligárquica y el creciente debilitamiento del centro político.
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