viernes, 24 de julio de 2015

GRECIA. LO QUE NOS PASARÁ A LOS ESPAÑOLES SI ESPERAMOS A QUE LOS "LIDERES" ALUMBREN LAS IDEAS


Grecia

Acuerdo neocolonial y punto de bifurcación en Siryza

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24.07.2015


Está hecho. No hay vuelta atrás. Alexis Tsipras logró que el parlamento apruebe el catálogo de imposiciones europeas denominado “acuerdo”. Es un rosario de imposiciones que la revista alemana Der Spiegel llamó un “catálogo de crueldades”. El parlamento griego, con el voto de toda la oposición y la división del bloque de Siryza, lo confirmaron y se aprestan a votar el segundo paquete de leyes. El memorándum es peor que el enviado por la troika y que fuera sometido a referéndum. Además de las políticas de ajuste sobre pensiones, salarios, IVA y restricción fiscal, se suma un fondo de privatizaciones que será directamente controlado por la CE y la revisión de toda la legislación laboral. Pero la política borbónica neocolonial europea agregó ahora la exigencia de que el ejecutivo envíe a Bruselas cualquier proyecto legislativo antes de enviarlo al parlamento en Atenas. El segundo paquete contempla la pérdida de vivienda para los que se retrasen en el pago de los intereses. Se trata de un estatuto de tutelaje. Grecia está obligada ahora a revisar lo que sus instituciones representativas han votado en estos últimos cinco meses. Eso obvio que estas medidas no sacarán a Grecia de la crisis, ni lograrán recuperar su inversión, ni mejorarán la ratio de PBI/ deuda. En esto hay que ahorrar palabras. Lo dijo el mismo FMI, el acuerdo es económicamente inviable. Sólo hace más tortuoso, sacrificial, el camino al default. A cambio, se ha prometido alguna hipotética y futura reestructuración de la deuda, que no contempla ninguna quita sustancial.

El memorándum representa un castigo ejemplar para quienes osaron convocar a un referéndum y someter a veredicto popular las imposiciones de la troika. También evitar el contagio de una experiencia que ponía en cuestión los fundamentos político-económicos de la Unión Europea: una moneda fuerte, superávits fiscales, contención del costo laboral, y la dominancia de la tecnoburocracia de Bruselas sobre las instancias democráticas electivas, en definitiva, de una Europa confeccionada a la medida de las grandes economías y el capital financiero concentrado. Se castiga y se humilla a la más importante experiencia de la izquierda europea que nació y ganó el apoyo popular sobre la base de un programa de recuperación social y anti-austeridad que contradecía las directivas europeas.

Alemania cumplió un papel central en el desenlace de la crisis. Se ha dicho que Merkel, Schäuble e incluso el vice canciller socialdemócrata Gabriel, en dos días y medio han dilapidado la imagen de una Alemania cosmopolita, amigable con el ambiente y la diversidad, y de una sensibilidad pos nacional, que habían construido durante los últimos 25 años. O como lo dijeron Anthony Faiola y Stephanie Kirchner en el Washington Post del 17 de julio, la Alemania moderna perdía en horas el perfil que se había moldeado durante años de ser el abanderado del pacifismo mundial y artífices de un semillero de la cultura juvenil progresista. Sometida a una crisis europea que ya lleva 5 años y de la que se dice que es la peor desde la crisis de los años 20, decidió actuar de manera disciplinar, abandonando toda pretensión hegemónica. Lo que se quebró fue la frágil imagen que el europeísmo democratizante había instalado en el sentido común europeo y quizá mundial. Una Europa que, más allá de fracasos o dificultades, avanzaba hacia la confluencia sobre la base de los valores universales. Ahora está claro para todos, en primer lugar para la periferia europea, que los pilares de la Europa neoliberal no se negocian. La disciplina monetaria, el sometimiento a Bruselas, son el abc del consenso disciplinar, que ya no coquetea con la Europa social ni la solidaridad. Las medidas antinmigración adoptadas luego de la crisis de los últimos meses son su complemento perfecto. Abandonando toda pretensión hegemónica, que requeriría una capacidad de integración social, un walfare state europeo con el que se ilusionaban las mejores mentes del europeísmo, el ideario político de la Europa con la que se soñó después de la pesadilla nazi, esa Europa, que había muerto ya desde el origen, está hoy de manera palpable, sin rodeos, definitivamente enterrada. Europa, desnuda en su despotismo, aunque se alzó con una victoria que se le escapaba es, a largo plazo, más frágil, más débil que ayer.

Pero no hay que caer en la demonización nacional o el chovinismo inverso contra el pueblo alemán. No se trata del nazismo redivivo ni de la esencia imperial de un pueblo, sino de una lógica de dominancia política por parte de la clase capitalista europea. Merkel encontró a los más fervientes aliados en las pequeñas repúblicas como las del Báltico o Eslovenia, cuyas clases dominantes han jugado su suerte a la empresa europea y de ella depende su legitimidad. Tampoco resulta probable la reedición de aquel malestar germano de entreguerras, sometida, encajonada por siglos a la presión cultural de los eslavos por el este y el mundo latino por el oeste. Se trataba, como lo retrató tan bien Norbert Elías, de un sentimiento defensivo que alimentó la demagogia guerrerista por el espacio vital alemán. Nada de esto ocurre hoy en día. Alemania nunca se había beneficiado tanto de una integración monetaria hecha a la medida de sus intereses, es decir, de los intereses capitalistas de sus grandes empresas. No lucha por ampliar un espacio, sino por preservarlo. Repartido el poder entre la potencia de la economía alemana, las finanzas británicas que están hoy un paso más lejos del euro que ayer, y la primacía militar francesa, la “gobernanza” europea no deja de sostenerse en un equilibrado reparto y negociación que la hace más vulnerable e incoherente, aunque no menos agresiva. La crisis griega aceleró todos los tiempos y sometió a prueba la más ambiciosa iniciativa “posnacional”. Entre las ilusiones europeístas y la realidad prosaica del ajuste y los diktat del Eurogrupo, no hay más margen de acción. No hay espacio para la convivencia entre la democracia y soberanía popular de un lado, y el manejo monetarista de sus instituciones, por el otro. Se terminó la ilusión. Y su más palpable evidencia radica en la integración a las coaliciones de gobierno a la socialdemocracia, que en el caso teutón, se ha revelado tanto o más agresiva que los conservadores. 

El sueño europeísta había adquirido peso social e intelectual sobre el cual se edificó la gran ilusión. Habermas, uno de sus más grandes teóricos liberal-progresistas, sostuvo hace unos días que la crisis se fundaba en causas económicas y políticas, una crisis bancaria por la condición heterogénea y sub-óptima en la composición de la moneda. Sin finanzas y políticas económicas comunes, lo países miembros, pseudo-soberanos continuarán por caminos distintos en lo que hace a la productividad. Una tensión que no podría durar mucho tiempo. Efectivamente, Grecia, igual que los restantes países de la periferia europea, abrazó una moneda fuerte con la que deterioró su competitividad y profundizó el déficit de su balanza de pagos. El bache sólo podía financiarse con deuda, algo que los bancos estuvieron encantados en ofrecer a tasas bajas cuando el casino de las sub primes estaba en pleno auge. Pero cuando en 2008 la fiesta concluía, la deuda se había vuelto inmanejable. El Eurogrupo se constituyó entonces en el salvador de esos bancos, recomprando la deuda y transfiriéndola a los estados miembros, a cuyas poblaciones se machacó con la propaganda acerca del carácter perezoso de los pueblos sureños. Mientras el déficit de la balanza crecía y con ella la deuda, la competitividad de la economía cumplía el ciclo inverso, pues la moneda fuerte debilitó su industria local, y fomentó las importaciones libres desde los países más productivos. El resultado fue una economía más débil y más incapaz de pagar sus deudas, con exportaciones declinantes y un mercado interno que sólo podía sostenerse con más endeudamiento. La esencia contradictoria de la zona euro radica justamente en que sin que las regiones superavitarias y de mayor competitividad subsidien a las regiones deficitarias y de menor productividad (como hace cualquier estado nacional soberano entre sus diversa regiones), la confluencia monetaria, y desde luego económica y política, será una ficción. 

Pero es justamente esta imposibilidad por parte de la clase capitalista y sus instituciones -basadas en el lucro y no en la solidaridad- de sostener a las economías más débiles, la que hace de estas el eslabón débil de la cadena, obligada a la apertura de su economía, la pérdida de su industria y el inevitable e imparable endeudamiento. El europeísmo no era ingenuo respecto a esta tendencia, pero creyó, por un lado, que este proceso era inevitable (presión del mercado globalizado, pérdida capacidad de acción y de soberanía, hibridación cultural, mestizaje social producto de la creciente inmigración, etc.) y al que ya no se le podía oponer un nacionalismo defensivo incapaz de responder a los nuevos fenómenos. 


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MARIANO RAJOY BUSCA PARADOS DE MEJOR CALIDAD: TRABAJADORES QUE TRABAJEN SIN COBRAR


Los datos del paro que oculta Rajoy

Hay 1.045.000 personas más sin empleo que cuando Rajoy llegó al Gobierno y hay medio millón más de parados de larga duración con un contexto económico mucho más favorable


ANGÉLICA RUBIO
ELPLURAL.COM
|23/07/2015

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) que el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha vendido a bombo y platillo con evidente satisfacción son buenos. Vaya eso por delante, porque no ser sectario implica reconocer que en el último año se hayan creado medio millón de puestos de trabajo es bueno para el país y, por encima de todo, para los parados que ya no lo están. Pero ocultar datos de la EPA y ocultar, como hacen Rajoy y el PP, que el empleo creado es temporal, precario y mal pagado es sectarismo (por no decir mentir). Ocultar que se venden como maravillosos datos que en noviembre de 2011 eran catastróficos es demagogia y populismo. Vamos a recordar datos de la EPA que oculta Rajoy y que hacen bueno a Zapatero.

Un millón de personas más sin empleo

Para empezar hay que recordar la diferencia entre los datos de la EPA y los del paro. La EPA computa las personas que buscan empleo estén o no apuntadas al paro y los datos del paro reflejan solamente los de las personas apuntadas al Servicio Público de Empleo. En Europa solo se hace la estadística de la EPA. Por tanto, y para empezar, a día de hoy hay 1.045.000 personas más sin empleo o sin prestación por desempleo que cuando Rajoy llegó al Gobierno. Concretamente hay 287.000 ocupados menos y 737.000 parados más sin prestación.


Precarización del empleo

Hay menos asalariados fijos que cuando Rajoy llegó al Gobierno, concretamente 338.000 menos, y hay 53.000 asalariados menos con contrato temporal. Hay más parados de larga duración de los que dejó Zapatero, concretamente 542.000 más. Y hay más hogares con todo sus miembros en paro, más de 1.600.000 lo que implica 36.000 más que los que heredó el PP.


Más desprotección a los parados

Como consecuencia de los recortes de Rajoy, los parados tienen menos prestación (cobran menos). El Gobierno del PP aprobó reducir a la mitad la prestación por desempleo a partir del sexto mes de paro, lo que ha provocado que haya caído 15 puntos la tasa de cobertura de desempleo y la prestación media que cobran los parados ha bajado en 140 euros al mes. ¿De esto presume Rajoy?


Y un paro juvenil de casi el 50%

Hay un drama al que Rajoy ni se refirió: el paro juvenil. Somos campeones de Europa, junto a Grecia, en paro juvenil que según la última EPA se sitúa en España en el 49,2% en el segundo trimestre del año. La tasa de paro juvenil bajó del 51,36% al 49,2%, ha bajado pero aún así presenta un nivel insostenible y dramático. En el último año el número de jóvenes en paro tan solo ha descendido en 73.400 personas, por lo que la alternativa de la mayoría de ellos sigue siendo la emigración.

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EL EURO. ¡A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES!

HISTORIA POCO CONOCIDA DEL EURO. LA CRISIS VIENE DE LEJOS

Rebelión
Washington´s Blog
23.07.2015

Os han dicho que el euro se creó para proveer dos beneficios para Europa:

·         Unir Alemania, Francia y otros países en una situación política pacífica, para impedir repeticiones de la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

·         Crear una macrozona para competir con la fuerza económica de EE.UU.

¿Entonces, cómo hemos llegado a esta… austeridad y pequeñez de espíritu, como caracterizan las sombrías expresiones del ministro alemán de Ffinanzas Wolfgang Schäuble en las negociaciones con Grecia?

Porque los alemanes no ven el euro de un modo idealista utópico para ayudar a promover la paz y la prosperidad para todas las naciones de la UE.

Al contrario, Alemania ve el euro como un camino para bajar el valor de su moneda a fin de aumentar las exportaciones. Como señala actualmente Ben Bernanke:

Alemania se ha beneficiado de tener una moneda, el euro, con un valor internacional que es significativamente menor que lo que sería el de una hipotética moneda solo alemana. Por lo tanto, la calidad de miembro de Alemania en el área del euro ha representado un importante impulso a las exportaciones alemanas, en relación con lo que serían con una moneda independiente.

Además –en una parte poco conocida de la historia– el euro en realidad se creó con intenciones muy diferentes de la paz en Europa o la competencia con EE.UU.

Específicamente este individuo –un estadounidense llamado Robert Mundell– es el padre del euro:

Mundell no tiene nada de europeo. Nacido en Canadá, Mundell enseñó en la Universidad de Chicago durante siete años y desde entonces ha enseñado en la Universidad Columbia de Nueva York durante más de 40 años.

¿Pero no creó Mundell el euro para ayudar a Europa?

No según el periodista de investigación Greg Palast de The Guardian,The Independent y la BBC, quien explicó en su libro Vulture’s Picnic:

¿Quién engendró esa cruel moneda bastarda?

Llamé a su padre, el profesor Robert Mundell . Mundell es conocido como el padre del euro. A menudo se habla del euro como un medio para unir emocional y políticamente a los europeos de la postguerra y de dar a esa Europa unida el poder económico para competir con la economía de EE.UU.

Eso es basura.

El euro se inventó en Nueva York, en la Universidad Columbia. El profesor Mundell inventó tanto el euro como la luz guía del Gobierno Thatcher-Reagan: “Economía de la Oferta” o, como George Bush Sr. la llamó acertadamente “Economía Vudú”. El vudú Reagan-Thatcher y el euro son dos caras la misma moneda. (¡Huy! Algunos juegos de palabras duelen).

Como la Dama de Hierro y el Presidente Gaga, el euro es inflexible. Es decir, una vez que te unes al euro, tu nación no puede combatir la recesión usando política fiscal o monetaria. Eso deja “reducción de salarios, restricciones fiscales (reducir puestos de trabajo estatales y prestaciones del Estado) como únicos recursos en una crisis”, explica alegremente The Wall Street Journal, así como ventas de propiedades estatales (privatizaciones).

¿Por qué el euro, profesor? El doctor Mundell me dijo que le molestaron las reglas de distribución de espacio en Italia que no le permitían colocar su cómoda donde quería en su villa de ese país. “Tienen reglas que me dicen que no puedo tener mi inodoro en esa pieza. ¿Se puede imaginar algo semejante?”

En realidad no pude. No tengo una villa italiana, por lo tanto no puedo imaginar realmente el agobio de la restricción de la ubicación de cómodas.

El euro permitirá en última instancia que coloques tu inodoro en cualquier maldito sitio que se te ocurra.

Quería decir que la única manera que permitiría al gobierno la creación de puestos de trabajo es despedir gente, reducir las prestaciones y, crucialmente, reducir las reglas y regulaciones que limitan los negocios.

Me dijo: “Sin una política fiscal, la única manera por la cual las naciones pueden mantener puestos de trabajo es mediante la reducción de reglas para los negocios”. Aparte de la ubicación de inodoros, hablaba de las leyes laborales, que aumentan los precios de plomeros, regulaciones medioambientales y, por supuesto, impuestos.

No, no lo estoy inventando. Y no estoy diciendo que el euro fue impuesto a la Madre Patria solo para que el profesor pudiera colocar su inodoro en un sitio de máximo placer. El euro está concebido como una camisa de fuerza contra regulaciones que elimine las leyes de litros por cada manipulación de la cisterna, que enjuague las restricciones de las regulaciones bancarias y todos los demás controles gubernamentales.

¿Ahora tiene un poco más de sentido la destrucción de la soberanía de Grecia?

Como señalara Palast en The Guardian:

La idea de que el euro ha “fracasado” es peligrosamente ingenua. El euro está haciendo exactamente lo que su progenitor –y los acaudalados miembros del 1 % que lo adoptaron– predijeron y planificaron que hiciera.

Para él, el euro no tenía que ver con convertir Europa en una unidad económica poderosa, unificada. Tenía que ver con Reagan y Thatcher.

Y cuando las crisis ocurren, las naciones económicamente desarmadas tienen poco que hacer fuera de eliminar totalmente las regulaciones gubernamentales, privatizar masivamente las industrias estatales, reducir los impuestos y mandar al infierno el estado del bienestar europeo.

Lejos de fracasar, el euro, que fue el engendro de Mundell, ha tenido éxito probablemente más allá de los sueños más calenturientos de su progenitor.

En otras palabras, querían que el euro impusiera en Europa una camisa de fuerza según “La doctrina del shock”, según la cual los grandes bancos están despojando a Grecia y a otros países de sus recursos públicos, depredando y saqueándolos sus recursos y riquezas naturales.

Postdata: Mundell es también el creador de la economía de la oferta… conocida también como economía de “efecto de goteo” o de “mea sobre los pobres”.

Muchos de los máximos asesores económicos de Reagan admitieron posteriormente que la economía de la oferta no ayuda a la economía. Vea esto , esto y esto. (Washington’s Blog está a favor del capitalismo de libre mercado… pero la economía de oferta es capitalismo de connivencia, no capitalismo de libre mercado).

Además –como ha advertido Martin Armstrong durante décadas– dejar que países como Grecia se unan al euro sin primero ajustar estructuralmente sus deudas, fue una receta para un desastre. Por ejemplo, cuando el euro duplicó su valor hace un par de años, la deuda de Grecia aumentó considerablemente en términos reales. Fue cuando Grecia realmente comenzó a deslizarse hacia la crisis…

Por lo tanto naciones ricas como Alemania –intencionalmente o sin intención– y las otras naciones acaudaladas establecieron desde el comienzo la base para la liquidación de activos en Grecia y otros países endeudados.

Por cierto, Armstrong y Nigel Farage (miembro del Parlamento Europeo y líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, respectivamente) dicen: El pueblo griego nunca votó a favor de entrar al euro… les fue impuesto por Goldman Sachs y sus políticos.

Copyright © 2015 Global Research



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jueves, 23 de julio de 2015

GRECIA. LAS DEUDAS HAY QUE PAGARLAS, POR SUPUESTO. PERO ANTES LOS QUE HAN ROBADO Y ROBAN AL PUEBLO GRIEGO DEBEN IR A LA CÁRCEL Y LOS PERIODISTAS QUE ENGAÑAN DELIBERADAMENTE A LA POBLACÍÓN DEBEN SER JUZGADOS POR ENTURBIAR Y ENVENENAR A LA OPINIÓN PÚBLICA


LA VERDADERA NATURALEZA DEL TERCER MEMORÁNDUM

Romaric Godin
Sociología Crítica
23.07.2.015




La Tribune   Traducido del francés para Rebelión por Caty R.



El nuevo «plan de ayuda» endeudará todavía más a Grecia sin permitirle salir de del bache. Solo tiene la misión de tapar lo que los dirigentes europeos ocultan sobre la deuda.

El informe del FMI sobre la viabilidad de la deuda griega se ha percibido como un «apoyo» a las demandas de reestructuración de Alexis Tsipras. Pero su mérito no es ese. Ha sacado a la luz con la claridad necesaria el meollo de los seis últimos meses de negociaciones y por qué estas, al final, han acabado en la rendición de Grecia. Lo que señala el FMI (está convencido desde hace mucho tiempo) es que sin un trabajo serio sobre la carga de la deuda pública griega no puede haber un acuerdo razonable. Pero de lo que se dice aquí o allá nada hace presagiar que Berlín vaya a aceptar que se emprenda esa tarea en los próximos meses. Todo lo contrario. El acuerdo del 13 de julio sobre la deuda se añade a los compromisos de noviembre de 2012: vagos y sin duda hechos para olvidarlos inmediatamente.
¿Quién bloquea la reestructuración de la deuda?
Si examinamos el desarrollo de las negociaciones, caemos en la cuenta de que en realidad los que la bloquean no son Grecia o el FMI, que precisamente piden un acuerdo global que incluya esa tarea. El bloqueo viene únicamente de los socios, los países de la zona euro, que rechazan cualquier discusión sobre el montante de las deudas griegas. Son ellos los que obligaron al FMI a endurecer su posición y a exigir garantías previas del reembolso de una deuda delirante y de esta forma rechazar la propuesta griega del 21 de junio que llevó a Alexis Tsipras a convocar el referéndum. Son los que animaron a los griegos a rechazar reformas estériles mientras la deuda fuese tan pesada. Es decir, a rechazar una espiral de sobreendeudamiento que finalmente se negaron a imponer.
La moral para ocultar un «montaje Ponzi»
Así los gobernantes de la zona euro, ocultándose detrás de argumentos que no resisten ningún examen histórico y económico (hay que pagar las deudas), han impuesto una nueva vuelta de tuerca financiera. Ahora Grecia se endeudará con el MES (Mecanismo Europeo de Estabilidad) para reembolsar las deudas que debe a «su» Banco Central y al FMI. Con el informe del FMI, este es el absurdo nuevo «plan de ayuda» a Grecia que se ve claramente. No es necesario pensar mucho para entenderlo, este tercer plan incluye terriblemente los dos anteriores: pretende financiar ese montaje tipo Ponzi con medidas de austeridad que con toda seguridad garantizan el crecimiento de la deuda griega y la incapacidad futura de reembolsar dicha deuda. Inevitablemente habrá que proponer un cuarto plan que augurará el quinto…
Por qué ha aumentado el peso de la deuda
A menudo olvidamos, bajo la montaña de expresiones moralizantes que se vierten sobre ese debate, que el problema de la deuda griega no es su montante nominal, que retrocedió desde 2011 especialmente tras la reestructuración, ese año, de la deuda privada (la PSI), sino su relación con la riqueza nacional griega que se está hundiendo rápidamente. Los acreedores estiman que esa bajada se explica por una «falta de reformas». Es una posición insoportable a la vista de la trayectoria de las finanzas públicas griegas que se recuperan muy rápidamente, el país libera incluso un excedente primario estructural récord. La realidad es que eso son esas «reformas» (en realidad recortes ciegos) que han reducido el PIB y han vuelto insostenible la deuda. Una prueba bastará: todas las proyecciones de impacto de la consolidación presupuestaria sobre el crecimiento desde 2010 han sido los errores burdos. Resumiendo, esa es la lógica en marcha en la zona euro que ha fracasado. Razón de más, para los dirigentes europeos, de proseguirla e intensificarla.
Un plan condenado al fracaso
El nuevo plan fracasará como los anteriores porque se rechaza aprender las lecciones del pasado. Esta es, de momento, la única certeza de la que disponemos. La voluntad de los acreedores de amarrar al Gobierno griego, dejando los bancos cerrados hasta la firma de un acuerdo y por supuesto dejando el financiamiento de sus bancos bajo perfusión hasta que se lleven a cabo las reformas, continuará lastrando el PIB y mantendrá las inversiones y los gastos no esenciales en fase de proyectos. En un país devastado como Grecia, esos retrasos no son triviales, ya que ponen en peligro el crecimiento futuro. A continuación vendrá el establecimiento de las medidas de austeridad en un país donde la demanda interna ya está comprimida, lo que pesará mucho sobre el crecimiento. Grecia, la experiencia lo ha demostrado, muestra multiplicadores presupuestarios importantes. Ciertamente recibirá los 35.000 millones de euros prometidos por la Comisión. Pero no olvidemos que en realidad esa suma se la deben a Grecia. No es una ayuda, es una regularización. Por lo tanto el peso de la deuda todavía aumentará. El FMI prevé el «pico» de este endeudamiento en el 200 % del PIB y sabe que todas sus previsiones pasadas eran demasiado optimistas.
El absurdo «fondo de privatización»
Por no hablar, obviamente, de ese famoso «fondo» que se financiará con el producto de las privatizaciones y se estima en 50.000 millones de euros. Esa cifra no tiene ninguna base real. Desde hace mucho tiempo el Gobierno griego pide que las privatizaciones se hagan mejor, teniendo en cuenta el valor real de los activos vendidos y le han gritado que es un escándalo, que no hay voluntad. Se le exige rapidez. Pero para un país con la economía hecha pedazos, como es el caso de Grecia, obtener rápidamente las rentas de la privatización de activos devastados por la austeridad presupuestaria y con pocas perspectivas (debido al peso de la deuda), es imposible. Lo que pone de manifiesto es una miopía ideológica o, todavía peor, una inconsciencia culpable. Entre 2010 y 2015, las privatizaciones griegas han reportado 5.400 millones de euros. Por lo tanto ese fondo no se alimentará, es una engañifa. Pero, con toda seguridad, la falta de realización de los objetivos se presentará como una prueba más de la falta de voluntad del país heleno y en consecuencia se le exigirán más recortes presupuestarios para compensar la falta de ganancias… Y eso permitirá olvidarse de la deuda, «porque los griegos no respetan las reglas». Lo que se ofrece a Grecia, como titulaba el miércoles 15 de julio por la mañana el diario conservador Ta Nea, son «años de plomo». La permanencia del país en la zona euro será a un precio muy caro.
El objetivo real de los acreedores: ocultar sus mentiras
Así pues no es Grecia la que se salvó el lunes 13 de julio, sino los tejemanejes de los dirigentes europeos que para salvar la cara, para no reconocer sus errores ante el electorado, están dispuestos a poner a un país de la zona euro en una situación social, económica y política desastrosa. El error de Alexis Tsipras fue creer que podía conseguir un «acuerdo favorable para ambas partes», como insistió durante cinco meses. Pero el objetivo de los acreedores no es llegar a un acuerdo, se trata de disimular su elección de crear un monstruo financiero, a partir de 2010, detrás de un discurso moral para no asumir la consecuencia lógica: renunciar a parte de la deuda griega. Irrealidad y populismo: esas dos críticas que tanto se han aplicado a Alexis Tsipras en realidad deberían aplicase a sus acreedores.
Cargar con el pago a las próximas generaciones
Los dirigentes de la zona euro son como esos «grandes mentirosos» que se crean vidas paralelas y continuamente tienen que añadir nuevas mentiras a las viejas para mantener la coherencia de una vida que, a lo largo del tiempo, cada vez se vuelve más insoportable. Esos asuntos siempre terminan mal porque el castillo de naipes acaba cayendo. En el caso griego, de una forma u otra, inevitablemente habrá que anular las deudas. Si los acreedores se niegan, los griegos declararán el impago unilateralmente. Entonces la irresponsabilidad de los dirigentes de la zona euro estallará con claridad porque sus «planes» de continuidad solo conseguirán aumentar la factura. Mientras tanto todo va pasando como si dichos dirigentes solo persiguieran un objetivo: cargar la responsabilidad de ese momento inevitable a sus sucesores y el lastre de sus consecuencias a las generaciones futuras. Estas son las lecciones morales de esos dirigentes inconscientes.
Una ocasión perdida
Decididamente, durante el primer semestre de 2015, la zona euro perdió una oportunidad única. Desde el primer momento Yanis Varufakis, el ministro griego de Finanzas, proclamó que «no quería el dinero de los acreedores». Su objetivo entonces era abrir un verdadero debate sobre la deuda con el fin de que Grecia solo devolviera lo que debía devolver. Se comprende bien el odio que suscitó, lo que pretendía era sacar a la luz el inmenso rechazo que provoca la deuda y que se trata de ocultar a cualquier precio. La ocasión de acabar con esa lógica se ha perdido. Al final, los griegos y todos los europeos lo pagarán muy caro.
Romaric Godin es el redactor Jefe de Economía de La Tribune.
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GRECIA NO SE RINDE. SÓLO SE RINDEN ALGUNOS GRIEGOS



Declaración de la asamblea de la Red Network, Atenas, 18-19 de julio de 2015

¡No a la austeridad, no al tercer ultimátum, no al neoliberalismo!

Rebelión
A l´encontre-La Breche
23.07.2015


 La lucha de los trabajadores y trabajadoras, la lucha de las fuerzas populares, la lucha de la izquierda, pueden abrir un camino alternativo con una política de transición hacia la emancipación socialista.

Syriza no puede y no debe ser transformado en un partido del memorándum [el “protocolo” o plan de austeridad de la Troika firmado por el primer ministro Tsipras y aprobado por la mayoría del parlamento griego. NdT]

1. La firma del acuerdo con las “instituciones” [la Troika], la firma del tercer memorándum por el gobierno de Syriza es un hecho aberrante que cambia todas las coordenadas de la situación actual.

El acuerdo está dirigido contra los derechos sociales que han sobrevivido a la tormenta de los dos anteriores memorándums, crea mecanismos de vigilancia, mecanismos de promoción sin control de las privatizaciones y mecanismos para propinar golpes automáticos a los gastos sociales que transforman en una ingenuidad infantil toda esperanza de que tal memorándum, si es votado y aceptado, pudiera ser modificado durante su ejecución, de que sea posible proporcionarle un cierto “rostro humano”.

Este acuerdo crea una nueva situación para los desafíos de la resistencia obrera y social que tarde o temprano se producirá, como sucedió antes en los casos de los memorándums primero y segundo. Y en esta ocasión la lucha del mundo del trabajo será contra un gobierno en el cual la gente depositó sus esperanzas y al que le dieron su voto.

La aceptación del acuerdo crea peligros evidentes para el partido de Syriza que se fundó sobre la base de una oposición eficaz, de una oposición manifiesta contra la austeridad de los memorándums. Y hoy se le pide que se transforme en la fuerza para la racionalización de un nuevo memorándum, en una fuerza que acepte la austeridad, al menos, se argumenta, por un cierto tiempo en nombre de la supervivencia de... un gobierno de izquierda.

2. La firma del tercer protocolo es presentada por la dirección de Syriza como resultado de un brutal chantaje. Se trata de la aceptación de la idea de que “No hay alternativa”.

Se pretende así atenuar las responsabilidades críticas y las decisiones erróneas. Como la idea de que podríamos llevar a cabo un rechazo antimemorándum de la austeridad en el marco de la tolerancia del euro, gracias a las negociaciones y por medio del consenso con las direcciones europeas. De la misma forma que ha sucedido con la política del gobierno, que ha congelado todo tipo de acciones en el “frente interior” [en Grecia] contra las élites económicas, que ha evitado emprender “acciones unilaterales”, tratando de apaciguar a las “instituciones” y de facilitar la obtención de un “compromiso honorable”. Como el acuerdo del 20 de febrero de 2015, que compromete al gobierno a seguir el curso de una política suicida del pago del servicio de la deuda, “totalmente y a tiempo”, lo cual ha redundado en la radical reducción de los recursos del Estado.

Estas acciones y estas fallas han bloqueado al gobierno y lo han conducido hacia el dilema mortal final. Y frente a este dilema no ha podido encontrar la fuerza para proporcionar la respuesta prometida: si nos vemos obligados a escoger entre el Grexit y un nuevo memorándum, debemos rechazar el nuevo memorándum.

3. En el fondo de esta encerrona están los juicios erróneos constantes (por ejemplo durante el proceso de la “profundización” de la Unión Europea), pero también decisiones estratégicas (como señala el cambio de la consigna del Congreso de Syriza, “ningún sacrificio por el euro”, a la nueva consigna de la negociación respetuosa, que se orientaba hacia “el euro a cualquier precio”).

Pero también la “elección deliberada”, tal y como lo expresan las transcripciones, [de las negociaciones] de considerar a los dirigentes socialdemócratas como necesarios y capaces de proporcionar “apoyos” a las fuerzas amigas y al Estado...

Igualmente el “gubernamentalismo”, esa idea de que el gobierno de izquierda es un fin en sí mismo más que un medio, un instrumento que no debe colocarnos en oposición a nuestro mundo, con nuestra propia base social.

En el trasfondo están también ciertas características ideológicas y políticas de la izquierda europea moderna que, si bien fueron rechazadas por unanimidad durante el congreso fundacional de Syriza, han vuelto a la superficie durante el torbellino de la confrontación con los acreedores.

4. El acuerdo con los acreedores no puede ser aceptado. Syriza debe encontrar la fuerza para impedirlo y echarlo abajo. Es evidente que ello no será posible más que a través del apoyo decisivo del mundo del trabajo, de los desempleados y desempleadas, de las capas pauperizadas.

Ese mundo, con un orgulloso 62%, dijo “no” y se mostró dispuesto a emprender un nuevo curso. El “no” vino en respuesta a una oleada sin precedentes de chantajes, entre los que destacaba la amenaza de expulsión del euro. Pero aun así la gente voto por el “no”. La interpretación sugerida por la dirección de que el “no” no significaba un mandato de ruptura ha significado literalmente el desprecio a su resistencia. Y aún más, el repentino cambio en favor del “sí”, la confianza en el “Consejo nacional unitario” de los dirigentes políticos y la aparición de la firma contranatura de Syriza-Nueva Democracia-Pasok-To Potami. La aparición de este espectro político que finalmente ha votado, por principio, el acuerdo, violando con ello toda la geometría política del referéndum, pero también la de los años anteriores.

Es evidente que el giro necesario de una política contra el tercer protocolo debe contar y basarse en el mundo del “no”, los comités del “no” que deben ponerse en pie en todas partes.

5. De este ciclo trágico de negociaciones se deben sacar conclusiones políticas. A través de la lucha contra la austeridad, el mundo del trabajo y el gobierno deberían y deben preparar las fuerzas que pueden ir hasta la victoria. Y eso incluye, ahora mismo, evidentemente, la etapa de la ruptura con el euro y la Unión Europea bajo la dirección del movimiento obrero y la izquierda.

Se trata de una política radicalmente diferente de las amenazas de Schäuble: el Grexit como exclusión temporal, la austeridad profunda como condición para la consolidación del capitalismo griego y la reintegración en el euro después de ese “tratamiento”. En lugar de eso la izquierda debe integrar su propio proyecto en conflicto con la zona euro, en el cuadro de un proyecto antiausteridad, de una política anticapitalista, de una transición hacia una perspectiva socialista.

6. El partido Syriza sale de este periodo profundamente dañado. Su funcionamiento colectivo y democrático, tal como lo exige el texto de los 109 miembros del Comité Central, es una premisa básica para toda reconstrucción.

Sobre esta base se debe luchar contra la desmovilización-frustración de numerosos miembros. ¡El mundo de Syriza no ha dicho todavía su última palabra!

Sobre esta base se debe responder inmediatamente a toda la oleada de amenazas y calumnias, sobre la que surfean con salvaje alegría los peores medios de comunicación masivos, contra los cuadros de Syriza y las voces que insisten en el “no”.

Todo esto es necesario con el fin de emprender el combate por el indispensable giro a la izquierda.

7. Una parte de Syriza espera encontrar el camino de salida en las elecciones, después de que se ha ”lanzado” el Acuerdo del tercer memorándum. Es una trágica ilusión. Los acreedores y sus aliados locales van a exigir que la responsabilidad de la aplicación del acuerdo sea asumida íntegra, lo cual pone ya en cuestión la “libertad” de Alexis Tsipras de recurrir a las urnas en septiembre o en octubre.

Pero recíprocamente: después de haber aceptado el acuerdo, el único “orden” que puede pretender la dirección de Syriza será una mejor gestión política que implique el memorándum. En ese caso la respuesta del mundo del trabajo, como lo muestra el pasado de DIMAR [la Izquierda Democrática], puede ser muy diferente a las previsiones de las encuestas actuales.

La única salida para Syriza es el rechazo del acuerdo, la lucha por su derrumbamiento. Junto con el mundo, en las luchas de la vida, en los conflictos políticos, como en los diez años de lucha ya transcurridos…

Fuente original: http://alencontre.org/
 Traducción de Manuel Aguilar Mora, Militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS) de México.

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miércoles, 22 de julio de 2015

¿SE TIENEN QUE ENTERAR LOS JEFES DE PODEMOS O NOS TENEMOS QUE ENTERAR LOS TRABAJADORES?


EL ESPEJO DE GRECIA

Rebelión
22.07.2015

En su convulsiva crisis Grecia viene a confirmar verdades básicas, olvidadas por décadas de neto predominio reformista y confusión teórica en filas revolucionarias.

Una de ellas es que economía y política no van por caminos autónomos ni admiten ser consideradas y manejadas con independencia una de la otra.

También pasa al centro del escenario una expresión de Lenin respecto de la revolución, posible según su célebre dictum "cuando los de abajo ya no quieren y los de arriba ya no pueden" vivir bajo las imposiciones del capitalismo.

Una tercera columna del pensamiento revolucionario también se traduce nítida por estos días: el carácter internacional de toda y cualquier revolución.

Convendría a la sazón rebuscar en textos antiguos una jugosa polémica de Trotsky contra Stalin, respecto de las particularidades nacionales, a las que este último consideraba como "verruga en el rostro". Allí el revolucionario asesinado en Coyoacán desnuda la superficialidad del pseudointernacionalismo stalinista, cuando explica que son precisamente las especificidades de un país las que pueden hacer posible, en una circunstancia dada, la victoria y afirmación de una revolución.

Todo sumado, es más sencilla una aproximación a la tragedia griega contemporánea.

Parte de la crisis general del capitalismo, la economía griega fue además víctima de la operación imperialista europea destinada a consolidar un bloque para competir en mejores condiciones con Estados Unidos. Las clases dominantes griegas se sumaron fervorosamente a la creación del euro y la operación de compensaciones destinadas a morigerar las enormes desigualdades entre la economía de este pequeño y atrasado país en relación con las de los países desarrollados, especialmente Alemania y Francia. La socialdemocracia participó sin reservas de esta operación timoneada por y en beneficio específico del capital financiero europeo.

Pero la productividad no se inventa ni, mucho menos, se puede soslayar. Y la moneda la expresa con transparencia, aunque ésta pueda demorarse y durante todo un período permitir manipulaciones de diferente signo. Dado el subdesarrollo productivo griego -como el portugués y en menor medida el español- una moneda única, conducida desde Berlín y París no podía sino producir distorsiones enormes, naturalmente en detrimento de la economía griega.

Esto ocurrió en el marco de la secular destrucción de las organizaciones de masas de los trabajadores griegos. Téngase en cuenta que Stalin negoció la partición del mundo en Yalta sobre la base de imponer a los guerrilleros franceses y griegos, conducidos por los Partidos Comunista y Socialista, la rendición ante gobiernos capitalistas y la entrega de las armas. Esas organizaciones jamás se recuperarían de aquella defección histórica, que definió el curso del planeta y se verificó en toda su magnitud medio siglo después, con la caída del muro de Berlín y la inmediata disolución de la Unión Soviética.

Desarmados en todo sentido y tras un período de bonanza ficticia, los trabajadores y el pueblo griego reaccionaron frente al escandaloso despojo con el que los señores feudales de las finanzas europeas se cobraron las dádivas con las que se inició la afirmación del euro, tan necesarias para ellos como insostenibles para unos y otros.

Como ciertos revolucionarios, la burguesía imperialista creyó posible separar tajantemente la economía de la política y un buen día despertó con las masas griegas sublevadas y destrozando para siempre el aparato institucional de dominación capitalista. Eso fue la aparición de Syriza: una bocanada de oxígeno en el irrespirable clima político europeo, inspirada en el proceso revolucionario latinoamericano y con laRevolución Bolivariana como enseña. El mismo fenómeno pujó por brotar en España con la experiencia de Podemos, aunque con marcados rasgos diferenciales, acordes con sociedades también muy diferentes.

Dos sorpresas

Una batalla épica libró el gobierno de Syriza frente a los intentos de la euroburguesía por aplastarlo e imponer a las masas el ajuste económico requerido por la Troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional -BCE, CE, FMI), lógico e imprescindible desde el punto de vista capitalista. Sus autoridades -en primer lugar el primer ministro Alexis Tsipras y el ministro de Economía Yanis Varoufakis- se ganaron la simpatía de los trabajadores europeos y prácticamente de todo el mundo que conoció su peripecia. Luego vino el referéndum para aceptar o rechazar las exigencias de la Troika. Y la victoria del No. Corresponde decir que supuse el resultado contrario. Pero las masas dieron una conmovedora muestra de lucidez y coraje, que implicaba también confianza en su dirección. Prueba adicional de las inmensas reservas que bajo la superficie aguardan la hora de la Revolución. Pero tras el 60% a favor del Oxi (No), vino la renuncia de Varoufakis y poco después la aceptación por parte de Tsipras de la intransigente imposición del capital financiero europeo.

Está claro que "los de abajo" en Grecia no quieren vivir como hasta ahora. También que "los de arriba", a escala europea, pueden seguir haciéndolo. Todo indica que, para el conjunto de la población, ese Oxi masivo no incluía la abolición del Euro y la salida de la Unión Europea. Allí apretaron el BCE y la CE colocando al gobierno griego ante la alternativa de "aprobar un plan en el que no creo", como dijo Tsipras, o asistir al colapso total de la economía, el aparato productivo y la sociedad griegas. Brilló en esa dramática opción la ausencia política de los Brics y, particularmente, de Rusia y China. Atenas quedó sola ante Bruselas, con el detalle de que alberga cuatro bases de la Otan.

Además de sorpresa, la decisión de aceptar la imposición europea, luego reafirmada por el Parlamento, con la oposición de 35 diputados de Syriza, trajo un debate de frágiles bases, reducido a la conducta de Tsipras. Sin embargo, hay mucho más en juego. La alternativa dramática que afrontó el gobierno griego se repite, en condiciones propias, diferentes, en otros países europeos y muy particularmente en América Latina. La crisis estructural del capitalismo, acentuada en la coyuntura, limita el campo de opciones: sumisión incondicional a las necesidades imperativas de saneamiento capitalista, o revolución en toda la línea, es decir, expropiación de la banca y las transnacionales de la producción, gobierno democrático de las masas sobre esa plataforma inapelable de erradicación del sistema dominante. Que se rasguen las vestiduras los defensores de terceras vías: no las hay.

¿Podía Tsipras convocar a la ruptura con el Euro, la salida de la UE, sin la condición de chocar de frente con el capitalismo? ¿Tenía para tales propósitos el apoyo de las mayorías, incluso de las que votaron No? ¿Hay convicción en la propia Syriza para emprender tal rumbo? ¿Traicionó el líder de Syriza la voluntad de las masas? Dicho de otro modo: ¿llega la singularidad griega al punto de contrarrestar la apatía, la parálisis, la cobardía, de las organizaciones de la izquierda europea y de los trabajadores de la UE?

Sólo una afiatada dirección revolucionaria puede responder estas preguntas al momento de tomar decisiones definitivas en condiciones como las que se ven en Grecia. El dicterio fácil en tales coyunturas no corresponde a revolucionarios sólidos. Tanto menos si se lo profiere desde un escritorio, a miles de kilómetros del escenario de combate. Conviene recordar que ante la insurrección de octubre 1917 en Rusia, Kamenev, Zinoviev y Stalin (tercero, cuarto y quinto en la jerarquía dirigente, el último, director del diario Pravda), se opusieron y llegaron a denunciar públicamente los planes insurreccionales. Lenin los condenó en los más duros términos, por supuesto. Pero después de la victoria, no consumó las medidas contra ellos, que siguieron ejerciendo papeles principales en la naciente revolución. En Grecia la lucha recién comienza. Aguarda la etapa más dura para el pueblo y los revolucionarios. Solidaridad incondicional con ellos.

El papel de la unidad de las masas

Lo cierto es que la propia dirigencia de Syriza se dividió ante la encrucijada. Ahora bien: si la renuncia del ministro de Economía y el giro del Primer Ministro acaban consumando, como todo parece indicar, una irreparable fractura de Syriza, esta novel formación desaparecerá al menos como lo que ha sido hasta ahora. "Los de arriba" podrán más y "los de abajo", menos. Se perdería -o cuanto menos se dificultaría al extremo- la convergencia de las masas y las fuerzas revolucionarias griegas con las que en un plazo no demasiado largo se sublevarán también en Europa y otras latitudes. En todo caso, los trabajadores aprenderán, con costos mayores, que el bienestar proviene del trabajo sin explotación y no de artilugios monetarios o malabarismos bancarios, proceso del que no puede excluirse ningún proletariado del mundo. El conocimiento real del funcionamiento del sistema capitalista es un factor fundamental para la asunción profunda y sólida de conciencia de clase. No es posible una Revolución social acompañada del consumismo capitalista. El proceso de acumulación y el salto definitivo en la productividad del trabajo no tienen sustitutos en el desarrollo histórico, aunque hoy es posible combinar desigualdades y cubrir ese lapso histórico en menos tiempo y con menores penurias.

Mientras tanto, cabe observar la oposición del FMI a la táctica europea. Se manifiesta allí, de manera cruda y para todos visible, la lucha interimperialista. Ocurre lo mismo con la militancia del premio Nobel de Economía Paul Krugman a favor del estallido del euro: es una necesidad del sector del imperialismo al cual responde. Esa contradicción se acentuará a corto plazo y agudizará la lucha de clases en cada país. América Latina toda está envuelta en el mismo dilema.

Si una responsabilidad tenemos los luchadores anticapitalistas en todo el mundo es sumar capacidades en sucesivas instancias internacionales para comprender, acompañar y eventualmente sumarnos como parte inseparable de la vanguardia dirigente, en cada lugar donde una chispa comience el incendio. Allá los profesores con afán de liderazgo verbal en revoluciones lejanas, tanto más cuanto menos pueden con la que bulle bajo sus pies. Aquí, los hombres y mujeres comprometidos con la acción basada en una urgente y radical recomposición teórico-política.

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EL PERIODISMO DE UNOS Y EL PERRIODISMO DE OTROS



La lucha de clases no se detiene en las puertas de los “diarios”.

Eso que llaman “periodismo”

Rebelión
18.07.2015

Cada día más mediocre, más corrupto y más servil eso que llaman “periodismo”, en las empresas mercantilizadoras de “noticias” o “información”, constituye hoy una de las maquinarias de guerra ideológica capitalistas más degeneradas... Su degeneración es su fracaso y al mismo tiempo su delación. Se delata su definición a partir de su función distorsiva y lo que debiera servir para orientar a la sociedad es, en realidad, un negocio para desorientar.

No es lo mismo “periodismo” que mercadeo de noticias. Aunque se ha instalado la idea perversa de que sólo lo que vende diarios es información, y con ello se han creado cátedras, carreras, posgrados y especialidades... aunque reine en la cabeza de muchos la idea de que “periodismo” es el arte mercenario de vender la pluma al mejor postor... aunque impere el criterio peregrino de que un periodista es mercader de confiabilidad... y, aunque se machaque con la falacia de que el periodismo es el arte demagógico la “objetividad” burguesa... lo cierto es que lo que llaman y practican como “periodismo” en las empresas de periódicos es una mercancía más sometida a las peores leyes del capitalismo. Lo saben bien los trabajadores.

Los hechos que genera la vida social, económicos, políticos, artísticos, culturales... a partir de su motor histórico que es la lucha de clases, no pueden ser privatizados por maniobra comercial alguna aunque esta sea capaz de convertirlos, según sus intereses, en “información” o “noticia”. Los hechos cotidianos (ocurran cuando ocurran) producto de las relaciones sociales, hasta hoy divididas en clases, además de requerir registros y análisis científicos, exigen capacidad de relato clarificante, creativo y emancipador, para contribuir a elevar el nivel de la conciencia colectiva incluso en la resolución de problemas individuales. La terea de producir análisis e información periodística además de ser parxis ética cotidiana, debe ser trabajo organizador para la transformación del mundo. Así lo ejerció el propio John Reed.

En las empresas que han hecho de la información una mercancía caprichosa y desleal con la verdad, el trabajo de los “periodistas” ha sido deformado hasta la ignominia de la esclavitud del pensamiento y la explotación de personas obligadas a traicionar la conciencia (individual y colectiva) sobre la realidad. Se vive diariamente un desfalco informativo en contra de todo sentido común y se humilla la inteligencia de los trabajadores de la información sometiéndolos a principios y fines empresariales cada día más mediocres, corruptos y mafiosos. La Sociedad Interamericana de Prensa conoce bien esta historia.

En las escuelas hay no pocas tendencias empeñadas en “formar” mano de obra barata, mansa y a-crítica dispuesta a tragarse, con disfraz academicista, las condiciones laborales más aberrantes a cambio de ilusiones de fama burguesa, prestigio de mercachifles y, desde luego, rentabilidad de cómplices muy creativos a la hora de inivisibilizar las verdades más duras, criminalizar a quienes luchan por emanciparse y asegurar las ventas de los “informativos”. Títulos universitarios de “periodista” amancebados con el capitalismo y sus odios, así sea necesario mentir, calumniar o matar. Así sea necesario auspiciar golpes de estado o magnicidios. Los hemos visto y los vemos a diario. Para la tele, para la web, para la radio... para los impresos.

Dignificar el trabajo del “periodista” es un reto social enorme que no se resuelve sólo de manera “gremialista”, ni sólo con “educación de excelencia”, ni sólo con “buena voluntad”. Se trata de una profesión, un oficio y una tarea política... atascada en el pantano de la guerra ideológica y la guerra mediática burguesa. Dignificar la definición y la función de periodista comprende factores muy diversos que parten de la base concreta de luchar contra el trabajo alienado y contra las condiciones de insalubridad ideológica extrema en que, bajo el capitalismo, se desarrolla. Dignificar el trabajo periodístico implica emprender, a diario, una revolución de conciencia y acción que devuelvan a la producción informativa su alma socialista y su poder como herramienta emancipadora de conciencias... implica pues devolver al “periodismo” sus brújulas y sus responsabilidades en el camino de la revolución.

Eso implica exigencias programáticas, organizativas y disciplinarias cuya base es la lucha de clases y cuya praxis debe andar al lado de las luchas emancipadoras de la clase trabajadora. Ya basta de que cualquier payaso capaz de publicar, bajo cualquier método y medio, sus canalladas se haga llamar “periodista” a costa de degenerar la verdad que es de todos. Frenarlos en seco implica desarrollo científico y político para conquistar un poder profesional y militante capaz de ponerse al servicio de la clase que emancipará a la humanidad. Ese es su lugar mejor. Eso implica impulsar escuelas nuevas, estilos nuevos, sintaxis, comunicación y conciencia revolucionarios. Eso implica impulsar generaciones nuevas de trabajadores del periodismo emancipados de la lógica del mercado informativo. Nada menos.

Ahora que estamos asqueados por la desfachatez y la impunidad con que exhiben sus canalladas omnipresentemente los amos y sus siervos “periodísticos”, hay que fortalecernos para combatirlos. Ahora que la náusea nos sacude y la irracionalidad del mercado informativo se vuelve comando golpista y magnicida, en todo el mundo, es preciso organizarnos de manera democrática, plural y combativa. Ahora que se despliegan las acometidas más feroces de las mafias comerciales que venden “diarios” contra la verdad de los pueblos en lucha y contra sus logros más caros... nosotros requerimos la unidad y la acción organizada y desde abajo como causa ética suprema. Ahora que se alían las mafias mediáticas y forman su ejército de “periodistas” para bombardearnos con misiles de injurias y mentira... nosotros debemos hacer del “periodismo” un frente riguroso en sus principios y adaptable en su organización para sumarnos abiertamente a todas las fuerzas de la comunicación emancipadora donde se propicie colaboración revolucionaria irrestricta. Al menos. Así, eso que llaman “periodismo” dejará de ser, muy pronto, reducto de farsantes mercenarios enfermos consuetudinarios de la mentira para convertirse, de una vez por todas, en herramienta creativa de la verdad al servicio de la Revolución. Y ya hay muchos trabajadores que avanzan en esa ruta. A diario.

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