viernes, 10 de julio de 2015

PUBLICADO EN CRÓNICA DE ARAGÓN (PARA QUE LO TENGAN EN CUENTA LOS LIDERES DE CARTÓN, LA NUEVA CIRCULETA DEL PP Y JEFES NARANJOS)

Más de 13.000 personas se adhieren al manifiesto de “Ahora En Común” en menos de 48 horas

10. julio 2015 | Por  | 
>>> Esta plataforma de unidad popular impulsada por activistas políticos y sociales apuesta por las listas de confluencia de la izquierda para las próximas Generales
Madrid.- Más de 13.000 personas se han adherido al manifiesto de la plataforma “Ahora En Común” cuando todavía no ha cumplido 48 horas de existencia. Era el pasado miércoles cuando decenas de activistas políticos y sociales lanzaban un llamamiento público a construir listas de unidad popular para las próximas Elecciones Generales, algo que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha descartado en repetidas ocasiones.

Sin embargo, muchos de sus compañeros y compañeras han firmado este llamamiento, junto a otros de IU, Equo, Ahora Madrid, Zaragoza En Común, Barcelona En Comú, y a miles de ciudadanos y ciudadanas independientes.
Los promotores de esta plataforma creen “posible e ineludible anteponer lo que nos une a lo que nos diferencia para llegar a un acuerdo en torno a una serie de puntos programáticos de sentido común que reflejen el consenso social de nuestro tiempo”.
Entre esos puntos programáticos, el manifiesto destaca “la necesidad de recuperar la soberanía, regenerar y profundizar la democracia, restituir la decencia y la transparencia en el ejercicio de la función pública, defender la universalidad de los derechos humanos (educación, sanidad, alimentación, vivienda y trabajo) y establecer la dignidad, la igualdad, la sostenibilidad, la participación y la justicia como principios rectores de la nueva política que exigen los retos y oportunidades del siglo XXI”.
El incontestable éxito cosechado el 24M por las candidaturas de unidad popular apoyadas por Podemos, IU, Equo y otras fuerzas de la izquierda, no ha pasado desapercibido entre los promotores de “Ahora En Común”. “Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Zaragoza en Común, Por Cádiz Sí Se Puede, las mareas y las demás candidaturas de confluencia nos muestran el camino para cambiar no sólo los municipios sino también el conjunto del Estado”, afirman en su llamamiento, que ayer fue trending topic en Twitter, a través del hashtag #QuieroConfluencia.
Foto: Ahora En Común
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GRECIA. ¡ A LA ORDEN DE USTED, MI MAFIOSA TROIKA ! ¿QUE SI QUIERE QUE LE COMPRE 100 SUBMARINOS Y 4.200 AVIONES MÁS?



Hipertrofia FFAA griegas

Deuda y gasto militar

Rebelión
Página/12
09.07.2.015


Diversas estimaciones señalan que poco más de la cuarta parte de la deuda pública griega se originó en compromisos contraídos para equipar sus fuerzas armadas. El viejo diferendo por Chipre entre Grecia y Turquía se agravó luego de que ésta invadiera la isla en 1974 y, tras ocuparla parcialmente, creara la República Turca del Norte de Chipre. En el sur los grecochipriotas crearon la República de Chipre e ingresaron, en 2004, a la Unión Europea, quedando bajo su protección. 

Desde el estallido de la guerra, Bruselas jugó siempre a favor de Grecia y hasta el día de hoy el veto de Atenas al ingreso de Turquía a la Unión Europea se ha mantenido sin fisuras. Por eso es que asombra comprobar la hipertrofia, en término de hombres y equipos, del país helénico. Según la Agencia Europea de Defensa, Grecia cuenta con el mayor número de submarinos de Europa (8), contra 7 del Reino Unido y 6 de Alemania y es también el que cuenta con la mayor flota de aviones de combate, 287, contra 274 de Francia y 230 del Reino Unido. Con sus 11 millones de habitantes, la población griega equivale al 14 por ciento de la alemana, pero los 109.070 efectivos de sus fuerzas armadas ascienden al 57 por ciento de sus homólogas de Alemania, pese a que los compromisos militares de Grecia son nada en comparación con los de Francia, Reino Unido y Alemania en el seno de la OTAN. 

La absurda hipertrofia armamentística no se explica por las necesidades de defensa de Grecia, sino por su condición semiperiférica y dependiente, altamente vulnerable a las presiones tendientes a facilitar la colocación de los productos de la industria militar de sus socios de la UE y la OTAN. Grecia tiene aviones de combate fabricados en Francia y Estados Unidos y submarinos producidos en Alemania. Los bancos alemanes y franceses son los mayores acreedores de un país cuyos gobiernos adquirieron una enorme cantidad de material bélico que jamás utilizará. Pero esa corrupta operación, bendecida por Bruselas, por Berlín, París y Londres (y avalada por Goldman Sachs) arrojó pingües ganancias para el complejo militar-industrial europeo y norteamericano y enriqueció a muchos políticos griegos. La troika ahora golpea las puertas con la misma catadura moral del usurero Shilock y se enfurece ante la desobediencia griega. Tropezó con un obstáculo inesperado: un pueblo que decidió asumir el control de su propio destino y que, tal vez, con ese reflejo de supervivencia, abrió una nueva etapa en la historia del capitalismo mundial. A partir de su ejemplo cualquier política de ajuste podría ser sometida al veredicto de una consulta popular. Malo, muy malo para los capitalistas. Se comprende el odio que generan Alexis Tsipras y Yanis Varoufakis.


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SOBRE IMPERIALISMO


Imperialismo del siglo XXI (I)

La teoría clásica del imperialismo

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18.05.2011

RUPTURA DE LA SOCIALDEMOCRACIA
El líder bolchevique encabezaba el ala izquierda de la socialdemocracia rusa, que a su vez integraba la II Internacional. Participaba activamente en las discusiones de ese agrupamiento, cuyo epicentro era Alemania. El partido socialista germano era una organización obrera de masas, con gran predicamento sindical y fuerte protagonismo parlamentario.

Los debates sobre el imperialismo desataron una fuerte polémica interna, cuando gobierno presionó a los socialistas para que aprobaran los créditos de guerra, necesarios para el financiamiento de la acción colonial. La corriente derechista influenciada por Bernstein aceptó esta exigencia, argumentando que el país debía protegerse frente a las agresiones externas, asegurando la paz desde una “posición de fuerza”. Justificaba, además, la expansión imperial, afirmando que Europa debía contribuir a la civilización de los pueblos más atrasados.

La vertiente centrista encabezada por Kaustky se opuso. Denunció los crímenes coloniales y presagió terribles consecuencias de una escala bélica. Explicó, además, que Alemania intentaba contrarrestar su arribo tardío al reparto mundial, con acciones militaristas desenfrenadas . Pero esta crítica no le impidió cambiar de actitud frente al acrecentamiento de las presiones oficiales, para alinear a los parlamentarios socialistas con la causa patriótica.

Para evitar el inminente desangre, Kautsky propuso arrastrar a las clases dominantes a una perspectiva de paz. Consideraba que la guerra era un proyecto exclusivo de los financistas y proveedores de armamentos, resistido o aceptado con desgano por la mayoría de los capitalistas . Estimaba que el gasto militar constituía un privilegio de las burocracias y una carga para la burguesía. Consideraba que el imperialismo no era una necesidad económica del capitalismo, sino tan sólo un curso ruin de ese sistema, que podía revertirse con el concurso de los empresarios [4] .

Con este enfoque convocó a evitar la guerra, mediante un desarme internacional acordado entre las principales potencias. Esperaba frenar la escala militar a través de conferencias internacionales, cortes de arbitraje y negociaciones inter-gubernamentales. Apostaba a un liderazgo británico-alemán, que sería auspiciado en ambas partes por las fracciones industriales (interesadas en la prosperidad de los negocios) y enfrentadas con los financistas (que lucraban con la guerra). Estas caracterizaciones eran compartidas por muchos teóricos socialdemócratas [5] .

Luego de muchas vacilaciones Kautsky avaló la aprobación de los créditos de guerra. Esta decisión precipitó una ruptura definitiva con la izquierda del partido. Lenin compartió este rechazo y propició junto a este sector la construcción de una nueva Internacional, opuesta a la capitulación socialdemócrata. Retomaron la denuncia del colonialismo y proclamaron el apoyo activo a la resistencia antiimperialista de los pueblos invadidos.

Este nuevo agrupamiento adoptó un perfil revolucionario. Cuestionó la ilusión de mitigar los conflictos internacionales mediante el desarme y subrayó el carácter efímero de los acuerdos concertados entre las potencias. Destacó que las apetencias coloniales conducían a confrontaciones bélicas, que expresaban necesidades (y no opciones) del capitalismo.

Esta postura fue encabezada en Alemania por Luxemburg, que subrayaba la imposibilidad de congelar la expansión de ultramar. Describía cómo la dinámica competitiva conducía a la sistemática violación de los pactos acordados entre los beligerantes. Cuestionaba especialmente la expectativa de desactivar los preparativos bélicos, con exhortaciones morales o llamados al respeto del derecho internacional.

Luxemburg cuestionaba las políticas exteriores capitalistas basadas en ambiciones de lucro, que corroían la estabilidad de todos los acuerdos internacionales. Objetaba las ilusiones de Kautsky y convocaba a la lucha por el socialismo, como única forma de impedir la matanza de los pueblos. Esta visión sintonizaba plenamente con el enfoque de Lenin [6] .

LAS CAUSAS DEL MILITARISMO
El líder bolchevique encaró una polémica más frontal contra Kaustky. Consideraba que las guerras inter-imperialistas eran inevitables, en cierto estadio de la acumulación. Estimaba que los capitalistas debían lanzarse a la conquista exterior, una vez completado el desenvolvimiento de los mercados internos. Esta compulsión derivaba en confrontaciones por los mercados y las fuentes de abastecimiento.

El carácter violento de estas pugnas obedecía a juicio de Lenin al agotamiento de extensiones coloniales, ya repartidas entre las viejas potencias. Esa distribución reducía los márgenes de cualquier negociación. Los imperialismos emergentes estaban obligados a disputar territorios, al tener bloqueado su ascenso. La intensidad de la acumulación y la estrechez de las regiones apetecidas imponían estos desenlaces bélicos.

En estos choques se jugaba el manejo de las materias primas necesarias para el desenvolvimiento industrial de cada metrópoli. Todas las tratativas ensayadas para evitar las confrontaciones, fracasaban por esa imposibilidad de acordar el reparto de las áreas que proveían insumos.

Lenin resaltaba el desinterés de todas las potencias por estabilizar soluciones de compromiso. Se indignaba frente a la ceguera que exhibían los socialdemócratas, ante la hipocresía oficialista. Consideraba que esa retórica anestesiaba la conciencia popular, al generalizar ilusiones que enmascaraban la preparación de la guerra. También estimaba que las rivalidades económicas se transmitían a la esfera militar y cuestionaba tanto las utópicas expectativas de desarme, como los llamados a la cooperación de los industriales.

Con el mismo argumento objetaba la presentación del militarismo, como un simple acto electivo de las clases dominantes. Entendía que el armamentismo era indisociable del capitalismo y de las consiguientes confrontaciones entre potencias. Consideraba absurdo presentar al imperialismo como una “política preferida del capital”, al estimar que esa orientación constituía una necesidad para el conjunto de los opresores.

Siguiendo esta caracterización, Lenin destacaba la inutilidad de cualquier intento de persuasión de los acaudalados. Consideraba que estos sectores discutían en la mesa de negociación, lo que resolvían en las trincheras. Por esta razón los acuerdos de un periodo se transformaban en confrontaciones de la fase ulterior. Cuestionaba las ingenuas creencias en la primacía del primer curso y alertaba contra las falsas expectativas pacifistas.

Lenin no aceptaba la presentación de la guerra como una decisión aberrante de las elites. Estimaba que el curso belicista correspondía a tendencias objetivas del capital, derivadas de la competencia por la ganancia. Sostenía que el único sendero de pacificación genuina era el inicio de una transición al socialismo. El estallido de la Primera Guerra confirmó las caracterizaciones de Lenin y puso de relieve todos los errores de la apuesta pacifista de Kautsky.

Esta diferencia de percepciones obedeció a causas y posturas políticas. El dirigente bolchevique detectó las principales contradicciones del capitalismo de su época y mantuvo una actitud revolucionaria. El líder socialdemócrata privilegió sus deseos a la consideración de las tendencias reales y demostró una gran permeabilidad a las exigencias de los poderosos.

Estas asimetrías ilustraron también la distancia que separaba a los políticos revolucionarios y reformistas de ese período. El punto en discordia era el rechazo o la resignación frente a una guerra inter-imperialista. Lenin encabezó la resistencia al desangre bélico e impulsó el internacionalismo. Su teoría del imperialismo se cimentó en esta estrategia política.


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PUBLICADO EN CRÓNICA DE ARAGÓN (ENTREVISTA AL ALCALDE DE ZARAGOZA)


Pedro Santisteve: “Nuestra prioridad ahora mismo es la paralización de los desahucios en Zaragoza”


Javier Grimal
09.07.2015

>>> Entrevista al alcalde de Zaragoza, elegido el 13 de junio con los votos de Zaragoza En Común, PSOE y CHA



Abogado penalista, activista social, profesor universitario. Hasta aquí la definición que Wikipedia ofrece sobre este zaragozano de 57 años recién cumplidos, que el pasado 13 de junio era proclamado alcalde de la capital aragonesa. Pero cuando Pedro Santisteve nos recibe en su despacho consistorial, da la impresión de que llegamos al humilde lugar de trabajo de un ciudadano de a pie. El tuteo surge de forma espontánea, casi como una necesidad protocolaria. Y entonces cobra significado el lema electoral de Zaragoza En Común, “nunca unas elecciones las ganó tanta gente”; y es que, efectivamente, Santisteve es sólo uno de los miles de zaragozanos y zaragozanas que ganaron un Ayuntamiento porque perdieron su reticencia a participar en unas elecciones. Texto y foto: Javier Grimal

¿Ha llegado el 15M al gobierno de las instituciones?

El 15M tiene mucho que ver con estos movimientos municipalistas. Está claro que la gente que participó en esa revolución democrática siguió trabajando en los movimientos sociales, y fruto de esa experiencia acumulada en esos cuatro años, probablemente, surgió el trabajo previo a estas candidaturas municipalistas. Ahora se habla de regeneracionismo político, de empoderamiento de la ciudadanía, frente a los cotos cerrados en los que la clase política había convertido los espacios institucionales. Es una ocupación del espacio público por parte de la ciudadanía, frente a la profesionalización de la política.

Siempre has sido una persona comprometida socialmente, pero ¿qué te lleva a dar ese paso hacia unas primarias que podían acabar –como han acabado– en el gobierno municipal?

No fue una idea preconcebida mía, sino que los acontecimientos me fueron llevando en este sentido. En esos preparativos de las candidaturas, mi función podía ser de puente entre las personas que militaban en organizaciones políticas, y mucha gente independiente.

¿Estamos viviendo una segunda transición en España?

Yo creo que sí. El régimen de la Transición, en el sentido de la patrimonialización de las instituciones por el bipartidismo en beneficio de sus propias redes clientelares, está tocando a su fin. Por ello, todo aquello que quedó pendiente en la Transición vuelve a aparecer en el tablero político. Se habla del final del régimen de la segunda Restauración Borbónica.

Y para ese cambio político, ¿son necesarias candidaturas de unidad popular de la izquierda a las próximas Elecciones Generales?

Lo que ha ocurrido en el ámbito municipal es diferente de lo que ha ocurrido en el ámbito autonómico. En el ámbito municipalista ha habido un protagonismo de la gente, de los ciudadanos; ha habido un paso atrás de los partidos políticos, y eso marca una diferencia notable con posibles acuerdos de gobierno o entre cúpulas de partidos en el entorno autonómico.

¿Qué puede ocurrir de cara a las Generales? Pues es un tema abierto a todas las posibilidades, como la que planteaba aquí el lunes Alberto Garzón, pero creo que a mí, como alcalde de la ciudad, no me corresponde pronunciarme sobre este tema. Cuando me toque dar mi opinión, la daré como uno más, pero hay otros actores a los que hay que dar protagonismo.

En todo caso, la experiencia de Zaragoza En Común ¿podría ser positiva como referencia?

Yo creo que es ejemplar. Probablemente, los planteamientos más atrevidos en materia de primarias, y de menos protagonismo de los partidos y a favor de la gente, se ha producido aquí en Zaragoza. Ha habido un esfuerzo añadido de la gente que ha trabajado en este proceso de mediación y de aplicación de metodologías participativas, que ha posibilitado este consenso, incluso tratando situaciones delicadas de tensión interna. Eso es un gran logro.

De tu antecesor en el cargo, ¿cuál sería la actuación que mejor valoras y la que peor?

Pues, si quieres que te sea sincero, yo no he seguido la política municipal de cerca, porque hasta ahora la política institucional nunca se había manifestado para mí en términos atractivos, con posibilidades de opinar; con lo cual, como no lo he sentido como algo mío… pues te puedo decir que no le he seguido la pista.

Yo a Juan Alberto Belloch lo conocí cuando fue presidente de la Audiencia Provincial del Bilbao, lo volví a ver en un acto que le presenté en el Colegio de Abogados cuando dejó de ser ministro bicéfalo, y salvo eso… pues no te podría decir.

Y a nivel político ¿cómo ha sido el relevo?

El relevo ha sido inexistente. No ha habido tal relevo, y me parece muy preocupante, no en cuanto a cómo nos podamos sentir nosotros (que como somos nuevos, nos habría venido muy bien), sino porque la administración municipal se merece un relevo adecuado. Esto es muy clarificador de cómo se ha funcionado en este país, y lo que escenifica es un final de época. Ha sido como un abandono de la institución, se ha salido corriendo, y si te he visto, no me acuerdo.

Afortunadamente, nos estamos encontrando con una buena acogida por parte de los funcionarios.

¿Eso quiere decir que has percibido una ruptura entre las gentes de la primera Transición y las gentes de la segunda?

Sí, esta situación creo que marca un final de ciclo. Que no haya existido esa transmisión es quizá porque te ven tan diferente y con tan pocos puntos en común, que les generas una situación de intranquilidad o de despecho por verse desplazados del mandato político.

Aunque no se hayan cumplido los primeros cien días de gobierno, ¿cuáles van a ser las primeras medidas de choque que vais a poner en marcha?

Estamos trabajando en el tema de la emergencia social con la paralización de los desahucios; estamos coordinando las instituciones judiciales, con colectivos sociales, con el IASS y con entidades financieras para adelantarnos a los lanzamientos y buscar alternativas habitacionales. Esa es nuestra prioridad ahora mismo en Zaragoza.

Otro elemento clave para nosotros en este primer Pleno va a ser la rebaja del sueldo de los cargos públicos de este Ayuntamiento, y en ese sentido hemos hablado desde el primer momento con todos los grupos municipales, con el fin de ir reduciendo gastos para dedicar el dinero a esa emergencia social.

La indignación frente al neoliberalismo ha sido tan grande como la expectativa que generan en mucha gente candidaturas como Zaragoza En Común ¿Teméis que vuestros votantes esperen demasiado de vosotros en demasiado poco tiempo?

Pues igual sí, porque lo primero que hay que comprender es que los Ayuntamientos no pintamos nada. El esquema de la distribución de poder en este país nos deja casi sin margen de maniobra para las políticas de redistribución de la riqueza. Además, estamos intervenidos, pagamos diez veces más en intereses de la deuda que en servicios sociales,… y con esa espada de Damocles la gente no puede esperar milagros.

Dentro de nuestro escaso margen, haremos lo que podamos frente a situaciones indignas como los desahucios, pero desde un Ayuntamiento no puedes cambiar demasiadas cosas. Estamos condicionados por la política estatal, por la Ley de Haciendas Locales, por la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (que nos vacía de contenido a favor de los gobiernos autonómicos),…

Por eso, lo primero que reivindicamos es la autonomía del poder local, que tiene que ser clara en cualquier esquema de Estado.

Y en los meses que quedan hasta las Generales, y habiendo alcanzado el poder candidaturas como Ahora Madrid, Barcelona En Comú, o Zaragoza En Común ¿puede haber una nueva vuelta de tuerca presupuestaria en contra de los Ayuntamientos por parte del Gobierno central?

A mí me molesta la falta de visión de Estado de quienes piensan que en una democracia el poder se puede ejercer de modo absoluto, sin contar con los demás. Eso ha generado muy malas prácticas, y los que han salido perdiendo son el pluralismo, la participación ciudadana y las ganas de intervenir en política. Esta situación no se puede sostener. La historia les pasará factura si dejan pasar esta ola de regeneracionismo político que planteamos las candidaturas municipalistas.

¿Cómo valoras el referéndum griego?

Pues probablemente no les quedaba otra opción. Ha habido un marcaje tan férreo por parte de la Troika, que no podían hacer otra cosa que intentar cambiar el marco planteando una cuestión muy clara: “¿ustedes están por respetar la soberanía del pueblo de un Estado asociado a la UE, o también van a pasar por encima de eso?”

Lo triste es que haya tenido que llegar el Gobierno griego a la convocatoria de un referéndum; eso es un fracaso, no del Ejecutivo de Tsipras, sino de los que tienen el poder para negociar.

¿Hay un déficit democrático en Bruselas?

Claro. En la Unión Europea hay mucho que hablar de cómo nos han absorbido una serie de competencias, pero sin un proceso de democratización paralelo: hay unos Ejecutivos con mucho lobby detrás, pero el Parlamento Europeo sigue pintando muy poco. A ver qué lecciones de democracia van a darnos ellos.

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jueves, 9 de julio de 2015

GRECIA, LA DICTADURA DE UNOS POCOS Y MAS ALLÁ DEL EURO



El voto griego o el desquite por el “No” en el referéndum de 2005

Rebelión
Le Figaro
09.07.2015

Traducido del francés para Rebelión por Carlos Riba García


La victoria del “No” en el referéndum realizado en Grecia este 5 de julio ha sido un acontecimiento histórico. A pesar de las muchas presiones en favor del “Sí” tanto por parte de los medios griegos como por la de los dirigentes de la Unión Europea, a pesar de que el Banco Central Europeo organizó las condiciones para un pánico bancario, el pueblo griego ha hecho oír su voz. Lo ha hecho con una fuerza insólita, ya que contrariamente a lo que permitían pensar los sondeos realizados a pie de urna, la victoria del “No” ha obtenido, con una diferencia notable, casi el 60 por ciento de los votos. Es evidente que esto refuerza al gobierno de Alexis Tsipras y que hará reflexionar a sus interlocutores. Muy pronto veremos cuáles serán las consecuencias.

Esta victoria del “No” despierta también amargos recuerdos de lo ocurrido en Francia. Se ha producido casi 10 años después de otra victoria del “No”, esta vez en nuestro país (también en Holanda). Entonces, en 2005, se trataba del proyecto de Tratado Constitucional Europeo. En Francia, este proyecto fue rechazado por más del 54 por ciento de los votos. Sin embargo, después de múltiples maniobras, un texto prácticamente igual, el “Tratado de Lisboa”, se adoptó algunos años más tarde en el “congreso” mediante la ambigüedad de una alianza ad hoc entre la UMP y el PS. Ciertamente, de aquel entonces data la fractura existente entre las elites políticas y mediáticas por un lado y los votantes por el otro. Esa negación de la democracia, ese robo del voto soberano, es una herida profunda sufrida por numerosos franceses. La amplia victoria del “No” en Grecia llega para reabrir esa herida y podría empujar a que los votantes pidieran cuentas por un pasado que decididamente no acaba de pasar.

El sentido del “NO”
Pero es necesario comprender el sentido profundo de ese “No” en Grecia. Se opone a los comportamientos muy antidemocráticos de los responsables en tres ámbitos distintos: el Eurogrupo, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Mina el prestigio de personalidades como Jean-Claude Juncker, Dijssenbloem, e incluso Martin Schulz, presidente del parlamento. Se opone sobre todo a la lógica implementada a partir del 27 de junio, cuando Dijssenbloem, presidente del Eurogrupo, decidió excluir de una reunión al ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis. Este gesto inaudito equivalía a la exclusión de Grecia de la Zona Euro. Entonces, es preciso destacar la sorprendente pasividad del ministro francés Michel Sapin. Al quedarse en la sala se hizo cómplice del abuso de poder cometido por Dijssenbloem. Aunque hoy día el gobierno francés diga que quiere la permanencia de Grecia en la zona Euro, la actitud de uno de sus miembros más importantes, muy cercano al presidente de la República, plantea –si no un mentís– al menos una duda sobre la realidad de ese compromiso. Es imposible que el gobierno griego no haya tomado nota de eso. De hecho, hemos sido excluidos de una batalla en la que Alemania, ya sea directa o indirectamente, ha inspirado ampliamente las posiciones europeas.

El hecho de que el BCE haya organizado durante la semana del 28 de junio al 5 de julio la asfixia financiera de los bancos griegos, provocando así una conmoción muy comprensible en la población, es la prueba de que las instituciones europeas no tenían ninguna intención de continuar negociando con Alexis Tsipras y trataban de obtener en cambio ya fuera su salida voluntaria o su caída en uno de esos timos asamblearios que un régimen parlamentario como el griego hace posible. El referéndum fue también una tentativa de oponerse a esas maniobras. La victoria del “No” garantiza que, al menos por un tiempo, el gobierno de Tsipras está protegido contra este tipo de intentos.

¿Es posible retomar las negociaciones?
No obstante, esto de ninguna manera significa que las negociaciones sobre la deuda griega, aunque necesarias y justificadas como recuerda un informe del FMI oportunamente publicado a pesar de las tentativas para impedirlo realizadas por el Eurogrupo, puedan retomarse. Todos los economistas que han trabajado en esta cuestión, las ilustres personalidades como Paul Krugman y el Nobel Joseph Stiglitz, los especialistas internacionales como James Galbraith o Thomas Piketty, han explicado durante semanas que sin una reestructuración de la deuda acompañada de la quita de una parte de ella, Grecia sería incapaz de reencontrar el camino del crecimiento. Pero lo necesario es no perder tiempo; no está dicho que las instituciones europeas –que han tratado de impedir la publicación del informe del FMI– lo quieran. Si el BCE no se decide a elevar muy rápidamente el techo del acuerdo sobre liquidez (ELA, por sus siglas en inglés), muy pronto la situación se hará crítica en Grecia y las negociaciones perderán todo sentido. Esto es lo que ha dicho Alexis Tsipras la noche de la victoria del “No”. El acuerdo es posible en tanto las dos partes lo deseen. Y, justamente, existe el derecho de dudar sobre las intenciones de las instituciones europeas.

Por lo tanto, si el BCE no sube el techo de la ELA, el gobierno griego ya no tendrá opción. Deberá poner en circulación unos “certificados de pago”, que constituirán una moneda paralela cuyo control sería asumido –por decreto– por el Banco Central; asimismo, el BCG estaría obligado a poner en circulación tanto los billetes que mantenga en su poder como aquellos que sean queden en manos de los bancos comerciales con su autorización. La toma del control de las finanzas por parte del Banco Central griego estaría completamente justificada por la actitud del BCE y el Eurogrupo; con todo, es probable que sea la primera solución por la que se opte. Esto conduciría a un sistema de dos monedas en circulación en Grecia; es posible pensar que después de algunas semanas una de esas dos monedas desaparecerá. Entonces, estaríamos frente a la salida de Grecia de la Zona Euro: el “Grexit”.

La salida de Grecia del euro, ¿esta en marcha?
Aquí es preciso recordar que la salida del euro no pasa necesaria (ni obligatoriamente) por una decisión nítida y tajante. Puede ser el resultado de la lógica de las circunstancias y de las reacciones del gobierno griego ante el doble juego del Eurogrupo y el BCE que están tratando de estrangular financieramente a Grecia. Sigue siendo inusitado que un Banco Central –como es el BCE–, encargado legalmente de la estabilidad del sistema bancario en los países de la Zona Euro, se ocupe en realidad de estrangular a los bancos y de hacerlos quebrar. Es un hecho inaudito, pero no es un hecho sin precedentes.

En la Alemania de 1930, el presidente del Reichbank, Hjalmar Schacht, frustró un préstamo estadounidense al gobierno de la República de Weimar provocando un pánico bancario. A su vez, este pánico ocasionó la caída de la coalición por entonces en el poder y la renuncia del ministro de Finanzas, el socialista Rudolph Hilferding. Habiendo obtenido lo que él quería, Schacht levantó su veto. Pudo verse así que la acción antidemocrática de un Banco Central tiene un precedente, incluso se puede decir un precedente trágico. Con la llegada del canciller Brüning, Alemania eligió una austeridad insensata que llevó, algunos años más tarde, a los nazis al poder. Esa acción estableció que el poder del Reichbank era un poder paralelo al del gobierno. Además, la expresión Nebenregierung o “gobierno paralelo pasó al discurso técnico e histórico de Alemania.

Así, tenemos todo el derecho de preguntarnos si la salida de Grecia de la Zona Euro no ha empezado acaso hace ya una semana. Aunque está claro pues que esta salida se debe por completo al Eurogrupo y el BCE. En realidad, se trata de una expulsión, una acción tan escandalosa como ilegal, que legitimaría el recurso de las autoridades griegas a las medidas más drásticas.

El gran temor de los popes del euro
Pues, digámoslo, si hay algo que aterroriza totalmente a los responsables europeos es que Grecia demuestre que hay vida fuera del euro, y que se compruebe que esa vida podría, dadas ciertas condiciones, ser mejor que la de dentro de la Zona Euro. Tan grande es su temor que los llena de pavor. Ya que eso les mostraría a todos –portugueses, españoles, italianos y franceses– cuál sería el camino posible. Eso desvelaría también el inmenso fraude que ha sido el euro, que no ha sido un instrumento de crecimiento ni tampoco de estabilidad para los países que lo han adoptado, y la naturaleza despótica del poder –no refrendado en ninguna elección– del Eurogrupo y del BCE.

Por tanto, es posible –es decir, probable– que los dirigentes del Eurogrupo y del BCE hagan todo lo que está en su mano para provocar el caos en Grecia. Conviene, pues, que el gobierno griego, al mismo tiempo que trate de negociar honestamente, como lo ha hecho desde febrero de 2015, se prepare para tomar medidas que aseguren la estabilidad interna del país y el funcionamiento normal de la economía y las instituciones, dando por hecho que eso obliga a tomarse ciertas libertades en relación con la letra de los tratados. Después de todo, no ha sido el gobierno griego el primero en dejar de respetarla; es posible pensar que las acciones tanto del Eurogrupo como del BCE de la última semana han constituido acciones contrarias tanto al espíritu como a la forma de esos tratados.

Jacques Sapir dirige el grupo de investigación Irses en la FMSH y coorganiza con el Instituto de Previsión de la Economía Nacional (IPEN-ASR) el seminario franco-ruso que estudia los problemas financieros y monetarios del desarrollo de Rusia. Es posible leer sus notas en el blog RussEurope.


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ECONOMISTAS QUE CUANDO APRENDAN SABRÁN ECONOMÍA


Economistas que pierden el norte 

atacando a Podemos



Juan Torres López
07 de junio de 2015
Publicado en Público.es el 6 de junio de 2015

Desde que nació Podemos y se vislumbró que se ponían seriamente en cuestión las políticas que provocaron la crisis y que han convertido a España en el país donde más crece la desigualdad, los ataques a quienes defendemos alternativas económicas han arreciado.
El común denominador de todos ellos es que una eventual victoria electoral de Podemos y sus aliados llevaría consigo todo tipo de males porque sus propuestas económicas son peligrosas y descabelladas.
Como es lógico, los economistas tienen un lugar privilegiado en esa batalla y los medios conceden un lugar destacado a los que están dispuestos o lanzar dardos contra Podemos.
Uno de los economistas que se presta con más ahínco a esa cruzada es José Carlos Díez. Le tengo simpatía personal y lo considero una persona inteligente y comprometida. Al menos, tiene la valentía de dar la cara y de defender sus ideas sin ningún tipo de tapujos. Pero, como me gusta decir la verdad, he de reconocer que me defrauda muy a menudo. Una vez reconoció en TV que para criticar mis libros no tenía que leerlos. Otra, se prestó a criticarme tras el plasma sin dar la cara frente a mí, lo que no fue muy valiente que digamos, y en varias ocasiones ha hecho observaciones por las que se suspendería a un alumno de segundo de Económicas.
Hace un par de días ha vuelto de nuevo a la carga en el diario El País con un artículo titulado Ley de Gresham en el que critica la propuesta de Barcelona en Común  y Compromís dirigida a crear una moneda local.
En la línea arriba mencionada de vincular cualquier tipo de propuesta alternativa con el caos, en su artículo afirma que la creación de esas monedas “tendría un impacto muy negativo en el exterior y nos afectaría a todos los españoles” y que “por el bien de los barceloneses, valencianos y españoles esperemos que estas monedas no entren en vigor”.
Los argumentos (si es que se pueden llamar así) que utiliza Díez para asustar con esa propuesta son tan malos y equivocados que creo que solo caben dos posibilidades: o escribe sin saber lo que dice o conscientemente manipula hechos y saberes para sembrar animadversión hacia la gente que defiende o vota lo que a él no le gusta.
Por un lado, Díez comete graves errores en relación con la naturaleza y puesta en marcha de estas monedas. Por ejemplo:
– Introduce en el mismo saco conceptos monetarios diferentes y que, por tanto, tienen experiencias y efectos muy distintos. No matiza las grandes diferencias que existen entre las monedas sociales respaldadas en moneda legal y las que se basan en el crédito mutuo. Confunde incluso la naturaleza material de la moneda de la que habla al calificarla como metálica. Y tampoco tiene en cuenta las diferencias que hay entre el dinero metálico (hoy prácticamente inexistente), el dinero convencional actual (bancario o financiero sin respaldo alguno), el dinero respaldado por bienes o el basado en sistemas que pueden ser muy diferentes como por ejemplo las criptomonedas. Sin saber exactamente de qué tipo sería la moneda barcelonesa, no se pueden sacar las conclusiones que saca Díez.
– Pasa por alto que hoy día funcionan en el mundo más de 4.000 experiencias de monedas o sistema monetarios alternativos al del dinero convencional en 30 o 40 países. Tampoco menciona Díez que hay experiencias (muy exitosas) de monedas locales, como las que podrían poner en marcha Barcelona en Común o Compromís, en ciudades como Bristol, Nantes, Toulouse, Nápoles e incluso la muy exitosa promovida por el Banco Palmas en Fortaleza (Brasil). Y al achacar la propuesta y sus males a Podemos muestra también un enorme desconocimiento, o mala fe, puesto que confunde a la gente al mezclar las monedas sociales con las monedas paralelas (Tax Anticipated Notes) que están siendo recomendadas a Grecia para que las utilice como hizo Arnold Schwarzenegger en 2010 en California, cuando era Gobernador del Partido Republicano).
– José Carlos Díez se refiere a la propuesta de Barcelona en Común y Compromís como si fuera una ocurrencia más de Podemos y así oculta o desconoce que este tipo de propuestas tienen su origen en la teoría del dinero libre de Silvio Gesell, un economista alemán a quien John Maynard Keynes dedicó tres páginas en su obra cumbre “Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero” y en la que dejó escrito que “el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx”, mencionando también su idea del dinero sellado (conocido también como oxidación del dinero), y que recibió la aprobación nada menos que del profesor Irvin Fisher”, uno de los más grandes economistas norteamericanos..
– En esa línea, Díez también parece desconocer, u ocultarle a sus lectores, que las propuestas de creación y puesta en marcha de nuevos tipos de sistemas monetarios y, en concreto, de emisión de monedas alternativas, tiene tras de sí docenas de obras teóricas escritas por académicos reconocidos en todo el mundo y que trabajan en muchas de las universidades y centros de investigación más importantes del planeta.
– También falsea Díez la realidad cuando afirma que estas propuestas son “experimentos monetarios que siempre han acabado en desastre”. Si de verdad fuese así, si esa afirmación tan tajante de Díez fuese cierta: ¿habría reconocido la Asamblea francesa la posibilidad de crear “monedas locales complementarias” en su reciente Ley de Economía Social y Solidaria (en su artículo 16 que puede leerse aquí: http://bit.ly/1Jt7kww)? Lamento decirlo así pero esa opinión de Díez es una falsedad impropia de una persona seria y rigurosa.
En el plano de la teoría económica que tiene que ver con la circulación de monedas complementarias, locales, sociales, etc. el artículo de José Carlos Díez también contiene o se basa en errores de bulto. Los más importantes son los siguientes:
– Las monedas alternativas (sea del tipo concreto que sean) como la que se propone emitir Barcelona en Común no se emiten con el propósito de monetizar el déficit. Y, en la mayoría de los casos, ni siquiera podrían monetizarlo al tener pleno respaldo en bienes o al basarse en crédito mutuo.
– Cuando se habla de este tipo de “monedas” (complementarias, locales, sociales…) no se hace referencia a las piezas metálicas y a los billetes (por extensión). Por tanto, su creación no implica una doble circulación metálica, como dice Díez.
– Lo interesante de estas monedas y lo que Díez no ha entendido en absoluto es que no es verdad que “compitan” con el euro, en nuestro caso (y que entonces nunca serían preferidas a este, en su opinión) sino que lo “complementan”. Es decir, que llegan a donde no llega el euro.
– Por las razones anteriores, a la circulación de este tipo de “monedas” no le es de aplicación la ley de Gresham. Es más, lo que indica la experiencia es que, precisamente porque llegan a donde no llega el euro (es decir al bolsillo donde no hay euros o donde hay euros insuficientes) lo que ocurre es que son especialmente bien deseadas, hasta el punto de que los comerciantes incluso hacen descuentos si se paga con ellas (justo porque gracias a ellas pueden tener un ingreso adicional que de otro modo no tendrían).
– Para colmo, Díez se equivoca cuando dice que según la Ley de Gresham “la moneda buena es preferida a la mala”. Es justo lo contrario. Lo que Sir Thomas Gresham dijo en el siglo XVI es que la moneda  de menor valor intrínseco tiende a desplazar a la de mayor mayor. Es al revés de lo que dice Díez: según Gresham, es la moneda mala la que desplaza a la buena.
– Díez cae en un error muy propio de los economistas que desconocen la naturaleza real del dinero y dice que la circulación de mayor cantidad de moneda crea inflación per se.
Como dicen Juan J. R. Calaza y Juan Güell (Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es) al referirse a una moneda complementaria nacional pero con un criterio perfectamente extensivo a las locales, este tipo de moneda no es inflacionista “puesto que por definición es aquella que permite una transacción sin la cual no se realizaría”.
También es falso el juicio de Díez porque la creación de dinero no siempre crea inflación. En Estados Unidos, se creó en 2008 más dinero (817.904. millones de dólares) que el que se creó en los sesenta y tres años anteriores (desde 1945 a 2008, 821.585 millones de dólares) y de enero de 2008 a septiembre de 2014 se creó 3,91 veces más que desde 1945 a 2008. Si fuese cierta la tesis de Díez debería haberse provocado una inflación gigantesca.
No fue así porque para que un incremento de los medios de pago cree inflación a) deben llegar a la economía; b) deben gastarse en bienes y servicios y c) debe haber oferta insuficiente e imposibilidad de aumentarla.
La idea de las monedas complementarias es, precisamente, contribuir a que pueda realizarse oferta real y potencial que ahora no se realiza. Por tanto, no solo no crean inflación sino que, por el contrario, contribuyen a eliminar el paro y dinamizar los recursos infrautilizados.
También parece mentira que Díez desconozca que es materialmente imposible que medios de pago plenamente respaldados generan inflación. Sobre todo, cuando se trata, como en la mayoría de las llamadas monedas sociales, de sistemas basados en el crédito mutuo en donde los saldos negativos se compensan con los positivos.
Y más sorprendente aún es que Díez no se percate de que lo que realmente crea inflación es el dinero que los bancos crean ex nihilo, es decir, de la nada, como decía el Premio Nobel de Economía Maurice Allais, y los intereses que lleva consigo.
– Por último, José Carlos Díez parece no estar al tanto, u oculta que lo está, de propuestas más recientes de creación de monedas complementarias que se están haciendo en ámbitos tan poco sospechosos como el Banco Central Europeo o el Instituto Veblen y que son defendidas por economistas de todas las tendencias ideológicas. Incluso el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, ha reconocido que se plantea la creación de una moneda complementaria en Grecia. Es verdad que la casuística (como ya he dicho más arriba) es variada y que se trata de propuestas que comportan problemas importantes que hay que resolver (¿cuál no?) pero basta saber de ellas para deducir que propuestas como las de Barcelona en Común o Compromís no son, como dice Díez, una locura de extremistas peligrosos. Le recomiendo leer, por ejemplo, Parallel currencies for the eurozone. An outline and an attempt at systemisation, de Ludwig Schuster, con más de 40 referencias bibliográficas adicionales, o A parallel currency for Greece: Part I y Part II, de Biagio Bossone, Marco Cattaneo, o The economics of parallel currencies, de  Jérémie Cohen-Setton.
En definitiva, bien sea por error, por desconocimiento o por cualquier otra razón que no me atrevo a aventurar, lo cierto es que José Carlos Díez vuelve a confundir a sus lectores. Una cosa es que cada uno tengamos ideas diferentes y las expongamos para tratar de influir en la sociedad y otra lanzar cruzadas sin miramientos, como hace desde hace tiempo este economista, contra todos los que no piensan como él. Y, sobre todo, hacerlo con soberbia y descalificación a diestro y siniestro.
No hace falta que diga a los lectores de este artículo que las televisiones y demás medios que convocan a menudo a José Carlos Díez para que exponga ideas como las que he criticado no me van a llamar a mí para que pueda rebatírselas en directo y cara a cara. Por tanto, solicito que divulguen al máximo este artículo y todos los que le lleguen criticando las propuestas neoliberales.

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