martes, 3 de junio de 2025

Acerca de la paz

 

Acerca de la paz

 

DIARIO OCTUBRE / junio 3, 2025


Lo primero que quisiera expresar es mi agradecimiento al FAI por encomendarme la responsabilidad de presentar el borrador para el debate “ACERCA DE LA PAZ”.

Al margen del guión que se me propone y que trataré de abordar posteriormente, entiendo como una absoluta prioridad, dejar clara  la importancia del debate que vamos a hacer en el sentido de que,  más allá de la necesaria reafirmación de la posición política de principios en la que estamos situados, al considerarse también las  principales orientaciones tácticas y estratégicas del movimiento popular contra la guerra imperialista, los acuerdos que adoptemos debieran constituirse en una referencia para la acción política de este movimiento del que formamos parte mediante nuestro compromiso con las organizaciones de base de  la CECOB.

Para ello, un primer elemento que no se puede olvidar es que  en este espacio diverso que construimos de forma unitaria en contra de la OTAN, las bases y la guerra imperialista, es importante definir con claridad que en su participación, las organizaciones políticas que intervienen en él –revolucionarias unas, otras no- tienen la responsabilidad de, en todo momento, respetar su pluralidad y soberanía y, por todos los medios, evitar trasladar y/o imponer debates y posiciones políticas impropias de ese espacio diverso.

El riesgo de vernos arrastrados a erróneas dinámicas que confunden la progresiva construcción de una posición hegemónica en un espacio de masas, con la instrumentalización del mismo, es un error de principios frente al que, vista la experiencia, hay que estar muy alerta e impedirlo desde el máximo rigor y firmeza.

En ese sentido, confío que el borrador que presento se entienda en ese sentido y que cumpla con lo expresado.

Igualmente, es importante recordar que, al margen de otras consideraciones, el objetivo que debe tener este espacio que formamos colectivamente, es que se convierta en un verdadero espacio de organización y movilización de masas con una creciente influencia en las diversas instancias del movimiento obrero y popular y, nunca, un apéndice de ningún otro tipo de organización, sea esta la que sea y tenga el carácter que tenga.

Para avanzar en la clarificación política y no retórica de esta dificultad tan propia de la tradición eurocomunista, que desgraciadamente parece que nunca va a dejar de estar presente en uno u otro sentido, sería muy importante definir una consigna que, identificando claramente el enemigo principal a combatir (el imperialismo, liderado por los EE.UU y nucleado en torno a la OTAN), ofrezca un marco político y organizativo, lo más amplio posible y sin restricciones, para la incorporación de quienes asumiendo esa posición de principios, lo hagan desde los más diversos enfoques políticos, éticos, religiosos…

En relación a este planteamiento, considero importante hacer una reflexión retrospectiva que valore la experiencia de construcción de lo que fue un verdadero espacio de masas (hablamos de millones) como fue la CEOP (Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas) en la que, con la participación de  diversos partidos políticos a la izquierda del PCE y a pesar de sus evidentes diferencias en cuestiones tan centrales como era la consideración del Pacto de Varsovia o la lucha armada, se fue capaz de articular un espacio cuya soberanía residía en los cientos –miles quizás – colectivos por la Paz y el Desarme que se constituyeron en ciudades, pueblos, fábricas, universidades, institutos…incluso cuarteles.

En definitiva, aprendamos de las experiencia para avanzar sobre la base de lo bien hecho y repudiar lo que se demostró negativo.

El reto que tenemos por delante para parar la guerra imperialista es de tal envergadura, que no es posible que pequeños obstáculos que nos enrocan en cuestiones impropias y/o ajenas a las necesidades y soberanía del movimiento que estamos construyendo entre todos y todas, impidan situarnos YA en la dinámica de avance que corresponde desarrollar.

Tras esta cuestión previa, que entiendo absolutamente central para el fututo inmediato de la lucha por la Paz, ya corresponde abordar el debate “acerca de la Paz” situando las bases del mismo en el necesario análisis de la realidad material que lo determina.

“Para el capitalismo, las guerras son un medio para prolongar la existencia del sistema capitalista en su conjunto…después de cada guerra, el capitalismo ha entrado en un periodo de nuevo auge”  Henryk Grossmann. La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista.

Sin, para nada, ser la única razón que influye en la realidad de la lógica Guerra vs Paz, es imprescindible acordar que si no se parte de una correcta consideración material y se incurre en el error de fundamentar los análisis en posiciones idealistas del estilo de conceptos como patria, cultura, religión, raza…es imposible encontrar una interpretación correcta de la realidad.

Por ello, es imprescindible partir de la consideración de imperialismo como una fase de desarrollo del capitalismo –la última, tras la que ya nada positivo tiene que ofrecer a la Humanidad-, y evitar incurrir en el error de confundir el imperialismo con una determinada política exterior de algunos países y/o gobiernos.

Esta posición, ajena a nuestro ámbito de debate y limitada a consideraciones geoestratégicas las más de las veces totalmente infundadas, sin embargo, no podemos desconsiderarla  pues  sí tiene su influencia y, por ejemplo, no solo es la posición de tertulianos/charlatanes que proliferan por las redes, sino que también es la interpretación que realiza cierto nacionalismo españolista de marcada tradición antisajona[1] que se posiciona contra la OTAN y su guerra en Europa y que disputa nuestro espacio sociopolítico.

Cuidado, estemos atentos al desarrollo de esa posición tras la que posiblemente haya intereses ocultos, pues tengamos muy claro que quienes abrazan esa interpretación de la realidad, no solo van de cabeza al pantano, sino que son absolutamente funcionales a los objetivos finales del imperialismo. Definir una posición respecto a estos sectores, unos y otros,  es un debate necesario,  que está directamente vinculado con la necesaria política de alianzas que habremos de desarrollar y sobre las que se hablaremos más adelante

Clarificado este primer posicionamiento imprescindible, el de partir del necesario análisis materialista para conocer la realidad y transformarla conforme a los intereses y necesidades  de clase que se defienden, es cuando se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que si todas las evidencias demuestran que la guerra siempre expresa inequívocamente la opción de las clases dominantes, esta es la razón por la que en una lógica absolutamente dialéctica, la opción de las masas trabajadoras y los pueblos debe ser la defensa de la Paz.[2]

En consecuencia, podemos afirmar que la dialéctica de la Paz y la Guerra, siempre está determinada por la lucha de clases y en ese contexto hay que entenderla y actuar siempre.

Una confrontación en la que por el grado de desarrollo de las contradicciones geopolíticas que determina la realidad multipolar  que, tras el fin de la ominosa Pax Americana, es ya una realidad incuestionable a todos los niveles, (económicos, políticos, militares, culturales…), el imperialismo[3] enfrenta también el fin de su hegemonía internacional, el fin de la dominación secular del Planeta iniciada durante el proceso de acumulación originaria del capital.

En consecuencia, esta apuesta por la guerra que, pese al liderazgo de los EE.UU., no deja también de tener diversas expresiones, ritmos y contradicciones[4], más que una opción, es una necesidad para tratar de revertir la caída tendencial de la tasa de ganancia que determina el inexorable proceso de acumulación del capital.

Tiene que quedar muy clara la máxima de que lo quieren todo porque lo necesitan todo para sostener su posición dominante y hegemónica.

Su agenda belicista  es expresión de una situación muy concreta, la de un capitalismo “maduro” para el que otras opciones ya se han agotado como fórmulas útiles para ejercer como contratendencia a su decadencia. Concentración, monetarización, globalización-comercio exterior, transferencia de plusvalía al centro mediante un intercambio radicalmente desigual, exportación de capitales…son medios para prolongar la vida del capitalismo que ya no se muestran capaces de revertir la tendencia objetiva al derrumbe y, esa es la razón del nivel de violencia que el imperialismo aplica en esta guerra global y total por la hegemonía mundial en la que se juega su supervivencia.

Frente a esta realidad de un capitalismo/imperialismo al que solo le queda la guerra, es necesario entender que la apuesta estratégica por la Paz y la soberanía e independencia de los pueblos, necesariamente ha de apuntar hacia un modelo económico y social diferente:

Una Paz, por la que luchamos, que tiene una base material concreta y enfrentada a la de la Guerra: el socialismo.

Una Paz, por la que luchamos, que es profundamente internacionalista y que lejos de ver a los trabajadores de otros países como nuestros enemigos, ven a sus hermanos. Hombres y mujeres con los que nos une la clase y no nos separan las fronteras.

Una conclusión que compartimos en este espacio de debate y que forma parte de la legítima aspiración de transmitir la ideología socialista a las masas trabajadoras que tenemos los militantes comunistas como es mi caso, pero que, una vez más, vuelvo a insistir en ello, no puede ser la posición política de principios que se imponga al espacio de masas que estamos construyendo entro todos. Hacerlo, sería un grave error que, entre otras cosas, dejaría de tener en cuenta no solo el nivel actual de conciencia de las masas y la subjetividad de las clases sociales, sino  la advertencia de Lenin sobre la necesidad de tener en cuenta que “la táctica del proletariado socialista no puede ser la misma cuando se encuentra ante una situación revolucionaria y cuando ésta no existe”. Seamos muy conscientes de nuestra realidad.

No olvidemos que hoy la tarea que nos ocupa, la que corresponde con el nivel actual  de organización y capacidad de trascender nuestras consignas a las masas, obliga a centrar todo nuestra propuesta en el objetivo de parar la guerra imperialista y, progresivamente, conforme a un plan de trabajo predefinido que permita un proceso de acumulación de fuerzas, normalizar la  confrontación y la insumisión de los más amplios sectores populares a las políticas belicistas y a todas las instituciones que las representan.

Organizar una trinchera contra la economía de guerra y cada uno de los recortes en servicios públicos y derechos laborales y civiles, es la prioridad junto al rechazo a los ejércitos mercenarios y la leva de los hijos, hombres y mujeres, del pueblo trabajador condenados a morir en la guerra imperialista

En resumen, un proceso que para avanzar y ser eficaz,  no puede dejar de tener en cuenta la realidad de la lucha de clases, el nivel de conciencia y subjetividad de las mismas, así como el contexto y los destinatarios del mensaje que transmitimos y nuestra acción política.

Puro análisis concreto de la realidad concreta.

El dividendo de la paz.

Concepto que podemos interpretar como máxima expresión del cinismo político de la hegemonía atlantista alcanzada tras la desaparición de la URSS. En un mundo unipolar, sin países capaces de enfrentar la dominación de los EE.UU. y sus aliados, la conocida como Pax Americana, tan nefasta  para el desarrollo de la Humanidad y con un resultado de destrucción y muerte incalculable, no supuso ningún avance, mucho menos generó un dividendo de progreso por la imposición de su paz de los cementerios.

El imperialismo nunca ha dejado de armarse y de provocar guerras con un saldo millonario de muertes y destrucción masiva de infraestructuras.

El único  dividendo de la paz fue el de convertir el negocio del complejo militar industrial en un monopolio controlado por sus principales empresas; un negocio de la muerte en el que nunca se paró de invertir e investigar para preparar la guerra.

No hay más que eso, solo una formulación hueca, sin más realidad que la mera propaganda de un mundo que se ofrecía como el deseado fin de la historia y que, sin embargo la realidad –criterio último de la verdad- demostró que era solo la gran mentira de un mundo cada vez más injusto y desigual en el que la violencia sistémica crecía a discreción.

Mirando hacia atrás, si valoramos el grado de violencia que siempre usó para imponer su dictadura de clase[5] la burguesía, si bien sería posible admitir cierta buena intención idealista en la propuesta a favor de la “paz perpetua” que situara Kant tras el triunfo de la Revolución francesa y la ascensión de la burguesía como clase dominante, cualquier argumentación que, a la luz de los hechos,  sitúe como deseable un mundo unipolar sometido a los deseos y necesidades de los EE.UU y la OTAN, por mucho que proclame a los 4 vientos que su objetivo es la  paz, solo expresa una posición de absoluta corresponsabilidad con la guerra imperialista.

Frente a este dividendo de la paz imperialista, sitúo la oportunidad de reclamar el beneficio social del desarme.  Un beneficio que se desprende de la necesidad de entender que todo presupuesto destinada al rearme, se retrae de los servicios públicos y genera más deuda para los estados.

Esta consigna, que contrapone el gasto militar a las necesidades básicas de la sociedad, debe constituirse en una plataforma desde la que trabajar para movilizar y ampliar el alcance de nuestra convocatoria contra la guerra imperialista, la OTAN y las bases.

Por lo demás, es importante situar que si bien en la formación económica capitalista, la producción de la mercancía/armamento, es un rubro más de la economía para sostener la reproducción ampliada del capital, en una economía socialista, es un factor que, como se demostró durante la carrera armamentística que le impuso los EE.UU a la URSS, lastra la economía y le impide cumplir los objetivos sociales que le corresponde cumplir.

La economía de guerra

Otro concepto que para nada es neutral, ni ajeno a la lucha de clases.  Nada en común tuvo la economía de guerra del III Reich para hacer realidad el Lebensraum, con la economía de guerra desarrollada por la URSS para defender su soberanía.

Interpretación necesaria para analizar correctamente la realidad y no incurrir en un falso antimilitarismo de principios que, si bien es la posición que defiendan determinados compañeros de viaje en el marco de unas alianzas limitadas únicamente a determinados espacios, no puede ser nunca la posición de nuestro movimiento.

En ese sentido, la consideración clásica de Galbraith que correctamente indicó  que economía de guerra es “el conjunto de contingencias llevadas a cabo por un estado para movilizar su economía con vistas a la producción bélica”, poco ayuda a penetrar en este concepto tan cargado de significantes por los que no se puede pasar de largo sin considerar su propósito y su contenido de clase.

En ese sentido, el compromiso belicista de la UE derivado de su compromiso con la guerra y con el mandato de la OTAN de elevar exponencialmente los presupuestos militares, donde tiene una acción directa inmediata es

·         Aumento del valor de las acciones de las empresas militares, llegando alguna a elevar su cotización bursátil en un 1.000% desde el inicio de la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania. Desde 2015, según el Centre Delàs, las grandes empresas europeas de armamento han tenido unos beneficios de mínimo 80.000 millones de €

·         Incremento de la deuda pública con el consiguiente pago de intereses a cuenta del PGE que se traduce en una transferencia de capitales del sector público al privado, especialmente a la banca y en el caso español al BBVA, Santander, Sabadell, Bankinter, Unicaja y La Caixa.

La economía casino de fabricar deuda sobre dinero inexistente depende de la hegemonía político y militar sobre la que se sostiene la ficción del valor del Dólar –también del €-, generando una vinculación directa entre economía de guerra y crisis general del capitalismo.  Existe una simbiosis perfecta entre la banca y las empresas armamentísticas.

·         Recortes en servicios públicos en una relación absolutamente dialéctica entre el gasto militar, pago de la deuda y disminución del gasto social.

Una realidad injustificable que requiere para su normalización social de un activo y bien diseñado ejercicio de propaganda de guerra, sostenido en un permanente adoctrinamiento social dirigido a admitir los sacrificios sociales actuales y los que se avecinan.

Una propaganda de guerra con altas dosis de alarmismo social cuyo clímax aun está lejos de alcanzarse, pero que de la mano de un discurso del terror, el miedo y el patrioterismo más zafio y protofascista, se abre camino progresivamente entre amplias capas populares.

Pero atendiendo lo que más claramente se identifica como economía de guerra, que es el complejo  industrial-militar yanqui, israelí, europeo y japonés que se beneficia de la multimillonaria inversión pública en armamento,- de los 800.000 millones de la UE y los 10.000 del gobierno de España-,es necesario detenerse en la realidad de esas grandes empresas, en su accionariado que, al margen de los porcentajes de empresas públicas y fondos soberanos que aun existen en algunas de ellas, se conforma en todas ellas  del conglomerado monopolístico de fondos de inversión que controla la economía occidental. Vanguard, Black Rock, Fydeliti, Inverco, Generali, Societe Generale, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Bank of America….dominan todas las principales empresas armamentísticas.

Construir el enemigo 

“Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido” Malcom X

Solo un alto nivel de sometimiento y alienación impide ver lo evidente de una manipulación de masas que pareciera no tener límites y que deja a Goebbles como un artesano de la instrumentalización de las masas a favor del poder.  Con todas las herramientas de comunicación de masas a su alcance, el poder identifica al enemigo e inicia el proceso de estigmatización, criminalización y deshumanización que justificará destruirlo.

El otro es el compendio de todos los males, su existencia es absolutamente perversa y, frente al nosotros en el que converge todo lo bueno, no tiene derecho a existir; hay que destruirlo.

La construcción del enemigo como algo no humano, permite su exterminio y es lo que ha justificado todos los genocidios conocidos a lo largo de la Historia y sigue estando en la base del genocidio palestino.

El enemigo también es la amenaza sobre la que se fundamenta el nacionalismo del poder, la base inmaterial en la que se identifican las masas sometidas y desde la que el Estado es capaz de nuclear a la población frente al otro.

Es importante señalar que en este “el otro” también entramos quienes somos identificados como la quinta columna del enemigo. Un señalamiento que no se puede dejar de considerar y sobre el que cada día se hace más preciso adoptar medidas de seguridad que nos protejan frente a infiltraciones, provocaciones…

Amenazas y terror para vulnerar la Paz

Atentados de falsa bandera, definición del enemigo, disciplinamiento social, recorte de derechos y libertades, anuncio de calamidades económicas[6]…podemos esperar de todo porque desde el Maine todo ha sido posible.

No incurrir en la conspiranoia de ver la mano de la guerra sucia en todos los acontecimientos, pero tampoco caer en la candidez de asumir como propia la versión de los hechos que ofrece el poder.

Hay que considerar que, como dice el dicho de “si sucede, conviene”, hay muchos situaciones de crisis social, sanitaria o medioambiental que son usadas por el Estado para generar situaciones de alarma y control social.  Saber interpretar estos hechos desde una comprensión acorde con las criterios y las conclusiones científicas acreditadas, huyendo de todo tipo de especulaciones, es también una exigencia en la que nuestro movimiento debe instalarse con fuerza no dejándose arrastrar por determinadas posiciones que operan sin el más mínimo rigor científico.

Como señalara Marx, no podemos olvidar que “si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”, por tanto, rigor, rigor y más rigor siempre en nuestros posicionamientos

Gladio. Venimos usándolo de forma muy gráfica y pienso que certera, como sinónimo de guerra sucia. Indudablemente nunca ha dejado de existir la acción terrorista de los diversos servicios secretos usando todo tipo de recursos. De acuerdo al objetivo que les convoca, en relación a la implementación de todos los planes para el desarrollo de los planes de la guerra imperialista, sería un error imperdonable por nuestra parte, no valorar la magnitud de todo lo que pueden llegar a hacer que de acuerdo al objetivo que persiguen.

En este terreno, el sionismo actúa como vanguardia y referente inequívoco de todos los servicios secretos de los países imperialistas y sus prácticas de guerra sucia.

Paz y sometimiento

Lo podemos definir como la estrategia del poder para, bajo la excusa del teórico fin superior de la paz definitiva, desmantelar las capacidades de resistencia popular, incluidas las de las organizaciones armadas revolucionarias, entregándose con armas y bagajes al enemigo.  La sumisión al Estado, mediante la entrega/venta de las organizaciones civiles y armadas del campo revolucionario, en la práctica siempre ha acabado debilitando y destruyendo las capacidades del pueblo.

El ejemplo de las guerrillas centroamericanas y más recientemente el de las FARC-EP, son casos evidentes de lo que decimos.

Para nuestro movimiento, Paz no es rendición.

Igualmente, en el campo internacional, es necesario denunciar que en el marco de las estrategias de la guerra global del imperialismo, la aplicación de sanciones y bloqueos, es una práctica absolutamente ilegítima e injusta con la que se agrede a los pueblos que luchan por su soberanía e independencia. Lograr someter a un pueblo mediante el hambre, la enfermedad y la pobreza, aniquilando su capacidad de resistencia, es una práctica común del imperialismo, que tiene su máximo ejemplo en la aplicación del criminal e injusto bloqueo a Cuba durante más de seis décadas.

En la unidad de la lucha contra la guerra imperialista y la solidaridad internacionalista con los pueblos que luchan por la defensa de su soberanía, está la base del desarrollo del tan necesario Frente Mundial Antiimperialista.

El falso pacifismo neutral

Sin espacio para la equidistancia, que a determinados niveles no es más que colaboracionismo interesado a favor de las políticas imperialistas[7], movido por los hilos de los servicios secretos y todo su destacamento académico, periodístico y cultural[8], frente a este pacifismo pretendidamente neutral, corresponde adoptar una posición diversa en función de las circunstancias en las que intervengamos, pues es necesario tener la suficiente flexibilidad táctica para atraer hacia nuestros posicionamientos a sus sectores más conscientes.

Desde el más radical rechazo de base, orientado a identificar a los filibusteros que se alinean con la burguesía más belicista y forman parte de sus planes, no podemos olvidar la necesidad de, al mismo tiempo que se combaten esas posiciones, sobre la base de una compleja política de alianzas y la máxima flexibilidad táctica, es necesario atraer hacia nuestras posiciones a los elementos más conscientes y/o coherentes que, por ahora se alinean, con este falso pacifismo.

Fundamentalmente, son sectores antimilitaristas y/o religiosos sobre los  que es necesario tener una clara política de alianzas hacia ellos, pues puede abrir a nuestro movimiento espacios de desarrollo social a los que, por nuestra propia composición, se nos hace muy difícil llegar en este momento.

Julio Díaz

Alacant, 12 de mayo de 2025


[1] Coronel Baños y cierta cohorte que a “izquierda” y derecha le acompañan en su discurso

[2] En el contexto de este debate, no considero necesario especificar que la confrontación y la denuncia de la guerra –la guerra imperialista-, no presupone en absoluto nuestro rechazo a las guerras de liberación nacional, al uso legítimo de la violencia como forma de defensa de los pueblos y, en definitiva, a la guerra civil, a la guerra entre clases en la lucha por el poder político de la clase obrera y sus aliados.

Tratar de confundir el debate que abordamos situando una contradicción entre esta posición y la lucha por la Paz, además de torticero es impropio de cualquier propósito común de consolidación y avance.  En el último apartado “pacifismo neutral” trataremos este tema

[3] hay quienes prefieren llamarle occidente colectivo, imperialismo occidental…, aunque me parece más correcto usarlo sin adjetivos para no dejar la duda de que existe otro

[4] La existencia del avance hacia un pretendido ultraimperialismo único que defendieran Kautsky o Negri, no solo es infundado, sino que mucho menos aun supondría ningún estadio superior de desarrollo favorable a los intereses de la Humanidad.

[5] Recomiendo la novela el 93 de Víctor Hugo para entender de lo que se habla.

[6] En el Estado español padecimos un claro ejemplo de esto con el discurso apocalíptico  de F, González en la víspera del referéndum de la OTAN

[7] Recordemos la trayectoria de todo este movimiento equidistante del ninismo que inició su andadura con el famoso Ni yanquis, ni rusos de la UCE.

[8] Escuela de Frankfurt podría ser el mayor exponente y el de más nivel intelectual de esta realidad

Fuente: unidadylucha.es

 

 

lunes, 2 de junio de 2025

AQUÍ LA CIFRA REAL DE LOS BOMBARDEROS RUSOS DESTRUIDOS! IMÁGENES DE SATÉ...

DIRECTO ÚLTIMA HORA.GUERRA MUNDIAL.LA OTAN ATACA RUSIA.ORESHNIK LISTO.ES...

Ucrania: ¿La paz es imposible?

 

Las deseadas negociaciones de paz se están estrellando contra el hecho de que Rusia no va a permitir, en modo alguno, una amenaza en sus fronteras. Y no parece que Zelensky, alentado por los descerebrados de la UE, vaya a ceder –por ahora– en ese asunto.


Ucrania: ¿La paz es imposible?

 

Roberto Iannuzzi

 El Viejo Topo

2 junio, 2025


A la luz de las posiciones irreconciliables de Kiev y Moscú, del maximalismo europeo y de la falta de incisividad de Trump, la perspectiva de una solución a la guerra de Ucrania parece alejarse.

Las conversaciones de Estambul del 16 de mayo, las primeras entre Rusia y Ucrania en tres años, pusieron de relieve todos los obstáculos para alcanzar un acuerdo de paz entre Moscú y Kiev. Obstáculos confirmados por la llamada telefónica entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso Vladimir Putin tres días después.

La reunión de Estambul fue un paso adelante, considerando que hace apenas tres meses el gobierno ucraniano rechazó incluso la idea de un diálogo con el Kremlin, considerándolo ilegal, y pidió la retirada de Rusia de todos los territorios ucranianos como condición previa para las negociaciones. Pero el progreso de las conversaciones permaneció incierto hasta el final y tenso en su corta duración (menos de dos horas).

Como denunció el diplomático ruso Rodion Miroshnik , la delegación ucraniana estaba compuesta en gran parte por miembros del aparato militar y de inteligencia, lo que confirma que había llegado a Estambul sólo para negociar los detalles de un posible alto el fuego. Había muy pocos diplomáticos y figuras políticas capaces de discutir los elementos de una paz duradera. Pero hasta el final, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, exigió la implementación de un alto el fuego de treinta días como condición previa para el inicio de las negociaciones. Una petición que Trump reiteró en la conversación telefónica posterior con Putin, aunque en este caso actuó esencialmente como portavoz de Kiev y sus aliados europeos. Sin embargo, esta es una premisa que Moscú siempre ha rechazado, considerándola un pretexto para que Kiev se reorganice militarmente, movilice nuevos hombres y se rearme.

Por otra parte, los aliados occidentales de Ucrania nunca han aceptado la demanda rusa de cese de los suministros militares a Kiev como condición para un alto el fuego.

ESTRATEGIA DE NEGOCIACIÓN RUSA

Las conversaciones de Estambul fueron posibles gracias a la propuesta de Putin de iniciar negociaciones directas entre las partes, y luego se pusieron en riesgo cuando Zelensky las relanzó pidiendo una reunión directa entre él y el presidente ruso.

El líder ucraniano esperaba una negativa de Putin y pretendía utilizar esa negativa para subrayar la supuesta falta de voluntad de Rusia para negociar. Junto a él, gran parte de la prensa occidental ha definido a la delegación enviada por el Kremlin a Estambul como una “delegación de perfil bajo”, subrayando que ello demostraría la falta de seriedad de los rusos.

Normalmente, sin embargo, en un conflicto amargo y complejo como el ucraniano, los líderes de los países involucrados se reúnen sólo al final de largas y profundas negociaciones llevadas a cabo por sus diplomáticos, quienes tienen la tarea de definir el marco y los detalles de un posible acuerdo.

Al señalar a Estambul como sede de las conversaciones, pareció muy clara la intención rusa, es decir, reiniciar las negociaciones ruso-ucranianas que tuvieron lugar en la metrópoli turca en marzo de 2022, cuando el conflicto solo había comenzado, y que fueron saboteadas por los ingleses y los estadounidenses.

Lejos de ser un grupo de perfil bajo, la delegación rusa estuvo encabezada por Vladimir Medinsky, el asesor de confianza de Putin, el mismo que había liderado las negociaciones de 2022, una confirmación de que los rusos pretendían establecer las nuevas conversaciones como una continuación directa de las que estuvieron cerca de culminar en un acuerdo de paz tres años atrás.

Medinsky, ex ministro de cultura, es un historiador y politólogo que conoce bien Ucrania y sus relaciones con Rusia, pues nació en la región de Cherkasy, al sur de Kiev, otro elemento que muestra que la cuestión ruso-ucraniana es mucho más compleja que la versión que suelen difundir los medios occidentales.

CONDICIONES RUSAS PARA LA PAZ

En Estambul, Medinsky volvió a dejar claras las condiciones de Rusia para llegar a un acuerdo:

1) Neutralidad de Ucrania, con imposibilidad de desplegar tropas extranjeras o armas de destrucción masiva en el país.

2) Renuncia mutua a cualquier reclamación de reparaciones de guerra.

3) Reconocimiento de los derechos de los ucranianos de habla rusa, de conformidad con las normas europeas sobre derechos de las minorías.

4) La no oposición de Ucrania a la reivindicación de Rusia sobre cinco regiones: Donetsk, Luhansk, Jerson, Zaporiyia y Crimea. Moscú pretende obtener el reconocimiento internacional de la anexión rusa de estas regiones.

5) Se podrá lograr un alto el fuego cuando las fuerzas ucranianas se retiren de estas regiones, entregándolas en su totalidad a Rusia.

Ante la aparente reticencia de Ucrania a aceptar tales condiciones, Medinsky también afirmó que Rusia «no quiere la guerra, pero está dispuesta a luchar durante uno, dos o tres años, sin importar cuánto tiempo lleve. Luchamos con Suecia durante 21 años [la referencia es a la Gran Guerra del Norte, que duró de 1700 a 1721]. ¿Cuánto tiempo más están dispuestos a luchar? Quizás alguien sentado en esta mesa pierda a otros seres queridos. Rusia está dispuesta a luchar eternamente».

El jefe negociador de Rusia también advirtió que si Ucrania no acepta el acuerdo y la guerra continúa, Kiev terminará perdiendo cuatro regiones más (algunos han sugerido Sumy, Kharkiv, Odessa y Nikolayev; otros han incluido Dnepropetrovsk y Chernihiv entre las posibilidades).

ABORDAR LAS CAUSAS PROFUNDAS DEL CONFLICTO

Tras las conversaciones de Estambul, Putin dejó claro que Moscú aspira a lograr una “paz sostenible y duradera”, pero también que Rusia tiene “suficiente fuerza y ​​recursos para llevar a su conclusión lógica lo que comenzó en 2022”.

En vísperas de la llamada telefónica entre Trump y Putin, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, explicó que Moscú sigue abierto a la posibilidad de lograr sus objetivos por medios pacíficos. Expresó su agradecimiento por la mediación estadounidense y señaló que “si nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos por medios pacíficos, sin duda sería preferible”.

Putin reiteró por enésima vez cuáles son estos objetivos al día siguiente de la llamada telefónica, cuando declaró que «la posición de Rusia es clara: eliminar las causas profundas de esta crisis es lo que más nos interesa».

Estas “causas fundamentales” ya se habían establecido en el proyecto de tratado que Moscú había propuesto a Washington en diciembre de 2021 para evitar la guerra en Ucrania, y pueden resumirse de la siguiente manera:

1) La continua expansión de la OTAN hacia el Este; 2) el despliegue de fuerzas de la OTAN y bases de misiles en Rumania y Polonia; 3) el derrocamiento ilegal del presidente ucraniano Viktor Yanukovych en 2014; 4) la infiltración progresiva de la OTAN en Ucrania y el entrenamiento y rearme del ejército de Kiev en preparación para la adhesión del país a la Alianza Atlántica; 5) la influencia desproporcionada de los grupos políticos y armados de extrema derecha y afiliados a los neonazis en los gobiernos establecidos en Kiev después de 2014; 6) la agresión posterior contra la población étnicamente rusa del Donbass; 7) el fracaso en la implementación de los acuerdos de Minsk de 2015 que habrían garantizado los derechos y la autonomía de las regiones del Donbass, pero también la integridad territorial de Ucrania (con excepción de Crimea) y el fin del conflicto.

En particular, es con referencia a los puntos 4) y 5) que Moscú siempre ha indicado la “desmilitarización” y la “desnazificación” de Ucrania como dos objetivos clave de la operación militar rusa.

LA NEUTRALIDAD DE UCRANIA

Como ya se ha mencionado, otro objetivo esencial para Moscú es restablecer la neutralidad de Ucrania.

A este respecto, puede ser útil recordar que, al lograr la independencia, Ucrania se definió como un Estado neutral. Así lo establece el artículo IX de la Declaración de Soberanía Estatal de 1990, según el cual el Estado ucraniano “declara solemnemente su intención de convertirse en un Estado permanentemente neutral que no participe en bloques militares”.

Esa promesa fue posteriormente incorporada a la Constitución, que comprometía a Ucrania a mantenerse neutral y le prohibía unirse a cualquier alianza militar, incluida, por supuesto, la OTAN.

Es sobre esta base que Rusia reconoce la soberanía de Ucrania. Como reiteró el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov , en 2023, Moscú “reconoció la soberanía de Ucrania en 1991, sobre la base de la Declaración de Independencia, adoptada por Ucrania tras su salida de la Unión Soviética”.

También puede ser útil recordar que, incluso después del levantamiento de Maidán en 2014, una clara mayoría de la población ucraniana seguía oponiéndose a la membresía del país en la OTAN, según una encuesta realizada por el Instituto Republicano Internacional estadounidense (afiliado al Partido Republicano) .

Fue en 2019 que el gobierno del entonces presidente Petro Poroshenko modificó la Constitución para incluir el objetivo de unirse a la Alianza Atlántica, sin recurrir a un referéndum popular.

Y es precisamente la restauración de la neutralidad de Ucrania (y el consiguiente fin de la guerra que acababa de comenzar) lo que estaba a punto de lograrse durante las negociaciones de Estambul de 2022, cuando fueron boicoteadas por la intervención angloamericana.

Está claro, sin embargo, que la continuación del conflicto ha ido (y seguirá yendo) en detrimento de Kiev, que está destinada a perder una porción de territorio mayor que la prevista en 2022, e incluso más que la definida en los acuerdos de Minsk de 2015.

Por lo tanto, al Gobierno ucraniano le debería interesar poner fin a las hostilidades lo antes posible, aunque en condiciones más desventajosas que las que hubiera obtenido en el pasado.

VALOR ESTRATÉGICO DE LA PENÍNSULA DE KINBURN

En comparación con las condiciones propuestas por Moscú, la propuesta negociadora estadounidense, presentada por el enviado presidencial Steve Witkoff a los socios europeos en París el pasado abril, busca limitar los daños a Ucrania.

Propone el reconocimiento legal de la anexión rusa de Crimea por parte de Estados Unidos, y el reconocimiento de facto de la anexión de la región de Luhansk y de las regiones de Donetsk, Zaporiyia y Jerson (pero sólo las porciones actualmente controladas por Rusia, por lo tanto no en su totalidad).

La propuesta estadounidense también exige que Ucrania recupere la soberanía sobre la central nuclear de Zaporizhia, pero que delegue el control a Estados Unidos, lo que dividiría la producción de electricidad de la planta entre las partes ucraniana y rusa.

Un aspecto menos conocido del borrador estadounidense es que exige a Rusia permitir a los barcos ucranianos el libre paso por el río Dnieper y devolver a Kiev la península de Kinburn, una estrecha franja de tierra que separa el estuario del río Dnieper del mar Negro.

En términos navales, la península de Kinburn es un punto de estrangulamiento, un paso estratégicamente importante por donde pasa una gran cantidad de tráfico marítimo.

Quien controle esta península determinará qué barcos podrán acceder al Dnieper, la vía fluvial más grande de Ucrania y su principal salida comercial en el Mar Negro.

Frente al extremo occidental de la península de Kinburn se encuentra el puerto de Ochakiv, mientras que al norte y al este se encuentran los puertos de Mykolaiv y Kherson.

El tráfico naval desde estos puertos está potencialmente bajo fuego de la artillería rusa. Por otra parte, esta península es una puerta de entrada potencial a Crimea, situada al sureste.

Por estas razones, la península de Kinburn ha sido históricamente una codiciada franja de tierra. Y ha sido objeto de una amarga disputa durante el conflicto actual.

Parece muy poco probable que los rusos cedieran un trozo de tierra tan estratégico a Ucrania, especialmente si Kiev permaneciera bajo un gobierno hostil a Moscú.

EL OBSTÁCULO DE LAS FUERZAS NACIONALISTAS UCRANIANAS

Aunque la propuesta estadounidense excluye explícitamente la adhesión de Ucrania a la OTAN, sí prevé «sólidas garantías de seguridad» para el país y que los países europeos deberían estar entre los garantes.

La condición no se especifica más, dejando abierta la posibilidad de que los países europeos no sólo proporcionen asistencia militar a Kiev en caso de un nuevo conflicto armado con Rusia, sino que continúen armando al país incluso en tiempos de paz. Una eventualidad inaceptable para Moscú.

Además, la posibilidad de que el actual gobierno permanezca en Kiev contraviene en principio el mencionado objetivo ruso de “desnazificación” de Ucrania, es decir, de una Ucrania que no sólo sea nominalmente neutral sino concretamente no hostil a Moscú.

Independientemente de las preferencias rusas, la permanencia de facciones nacionalistas de extrema derecha en posiciones de poder en el gobierno ucraniano pone en riesgo el éxito de las negociaciones incluso sobre la base de la propuesta estadounidense. De hecho, están en contra de cualquier concesión territorial y de cualquier reconciliación con Moscú. Dada su influencia en el gobierno y en el aparato militar y de inteligencia, Zelensky es efectivamente un rehén de estas fuerzas.

En el pasado, tanto él como su predecesor Poroshenko abandonaron los esfuerzos para implementar los acuerdos de Minsk debido a la presión y las amenazas de estos grupos. Gdupos que se consideran los guardianes del interés nacional de Ucrania y están dispuestos a “tomar el asunto en sus manos” si perciben que el gobierno es débil o “traidor”.

Si Zelensky se inclinara por un compromiso negociado, incluso sobre la base de la propuesta estadounidense (no necesariamente aceptable para los rusos, como hemos visto), las fuerzas nacionalistas podrían decidir derrocar al gobierno, sumiendo al país en el caos.

Es difícil, pues, pensar en una solución negociada sin el desmantelamiento previo de estas fuerzas dentro del aparato de seguridad y del gobierno de Kiev, una operación quizá sólo factible con medios militares (y ésta podría ser sin duda la persuasión de Moscú).

Las posiciones intransigentes de estas fuerzas se han reflejado hasta ahora en la actitud del ejecutivo dirigido por Zelensky, quien de hecho dijo estar en contra de la propuesta estadounidense.

MAXIMALISMO EUROPEO

Por lo tanto, Ucrania ha presentado una contrapropuesta para las negociaciones que incluye un alto el fuego incondicional antes del inicio de cualquier negociación, “sólidas garantías de seguridad para Kiev, incluso por parte de los EE.UU.” (efectivamente equivalente al Artículo 5 de la OTAN, aunque Ucrania está optando por no ser miembro formal de la Alianza), ninguna restricción a las fuerzas armadas ucranianas y la presencia de armas y tropas de países aliados en territorio ucraniano.

Una propuesta inaceptable para Moscú en todos los aspectos, incluso antes de entrar en el fondo de las disputas territoriales, precisamente porque prefigura el escenario para evitar el cual Rusia inició la guerra.

Ante esta propuesta, las posiciones de Kiev y Moscú parecen absolutamente irreconciliables. Pero quizás lo más importante es que esta propuesta fue apoyada por los aliados europeos de Ucrania, principalmente Francia, Gran Bretaña y Alemania. Estos países, junto con Polonia, reaccionaron con dureza al resultado de las conversaciones celebradas el 16 de mayo en Estambul, calificando de “inaceptable” la negativa de Rusia a un alto el fuego incondicional e instando a Trump a imponer nuevas sanciones a Rusia.

Desde la elección de Trump, los socios europeos de Ucrania, junto con la UE, han intentado sabotear cualquier negociación, han alentado a Zelensky a mantener posiciones intransigentes, han propuesto enviar tropas europeas a Ucrania (como una fuerza de mantenimiento de la paz o de «reafirmación«, a pesar de que claramente son partes cobeligerantes en el conflicto) e han impuesto nuevos paquetes de sanciones a Rusia, el último de los cuales se produjo a raíz de la llamada telefónica de Trump con Putin el 19 de mayo.

LA FALTA DE INCISIVIDAD DE TRUMP

El presidente norteamericano, por su parte, debe lidiar con rusófobos dentro de su propia administración, en primer lugar su enviado y ex general Keith Kellogg y el secretario de Estado Marco Rubio. Hasta ahora, Trump se ha mostrado reacio a ejercer presión real sobre Zelensky, como suspender el suministro de armas o la asistencia esencial de inteligencia estadounidense.

Tras la llamada telefónica con Putin, Trump planteó la posibilidad de que El Vaticano pudiera intervenir como mediador entre Moscú y Kiev, sugiriendo que Washington podría retirarse de las negociaciones, aunque Estados Unidos sigue involucrado en el conflicto a nivel militar.

Por su parte, Moscú, también a través del nombramiento de un nuevo comandante de las fuerzas terrestres rusas, el general Andrey Mordvichev, que se distinguió en el sangriento asedio de Mariupol en 2022, ha dejado claro que está dispuesta a confiar en una solución militar si no se abordan las razones que provocaron el conflicto.

La poco atractiva perspectiva de un alto el fuego frágil, durante el cual Kiev tendría tiempo para reagruparse y rearmarse, y de un conflicto congelado que podría estallar de nuevo en cualquier momento, ciertamente no es lo que el Kremlin tenía en mente cuando comenzó su campaña militar en Ucrania.

Considerando todo, la perspectiva de una solución a la guerra de Ucrania parece trágicamente lejana, y probablemente nunca estuvo al alcance a pesar de las pretenciosas declaraciones hechas por Trump al comienzo de su mandato.

Fuente: Intelligence for the People

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La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

 

La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

 

DIARIO OCTUBRE / junio 2, 2025

 

 

Si no se transforma la base, la superestructura se burla. Gramsci, sin Marx, es un meme. Y la izquierda, sin Marx, es una marca sin producto.



René Ramírez.— La izquierda contemporánea anda recitando a Gramsci como si sus ideas fueran souvenirs de una revolución institucionalizada. «Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad» se repite como mantra en cafés universitarios, discursos de campaña, manuales de autoayuda progresista y más allá.

Mientras tanto, la extrema derecha toma notas, ordena sus cuadros, construye sentido común y gana elecciones. Más grave, aún el triunfo electoral de este lado sobreviene solo cuando la derecha deja «tierra arrasada».

A diferencia de la primera ola progresista, que supo irrumpir en tiempos de crisis con un proyecto político propio, hoy llegamos cuando no queda piedra sobre piedra, como parteras de lo que otros destruyeron. Y gobernar desde los escombros no es gobernar: es resistir con oxígeno prestado. Ganar por la negativa es condenar a cualquier proyecto político a la no sostenibilidad histórica.

Gramsci está de moda. Lo citan tanto los herederos de Laclau como los asesores de Vox, Javier Milei y Jair Bolsonaro. Pero mientras unos lo recitan como un relicario oxidado colgado del cuello de una retórica sin cuerpo, otros lo entienden como manual operativo. Lo convierten en estrategia: construcción hegemónica en tiempo real.

Nosotros, atrapados en la obsesión por las narrativas, hemos ido olvidando la materia, hemos ido olvidando a Marx. Nos hemos vuelto huérfanos del modo de producción, ciegos ante la arquitectura material que da forma a las subjetividades.

Porque sí, camaradas de Twitter y militantes del algoritmo: la subjetividad no flota en el aire, no nace en TikTok ni muere en X. La subjetividad se estructura en la relación social con la producción, con la distribución, con el reparto del tiempo, del suelo y del hambre.

¿Qué materialidad proponíamos cuando la tecnología privatizada construía individuos antisociales y antidemocráticos, moldeados por algoritmos adictivos y discursos de odio personalizados? ¿Dónde estábamos cuando las plataformas enseñaron que todo es competencia y que la culpa siempre es del otro pobre, del otro repartidor, de la otra uberista, del otro migrante, la otra feminista, en fin, del otro que no se sacrifica en la misa neoliberal del mérito?

Marx no está muerto. Está secuestrado. Lo enterramos bajo likes, lo expulsamos del análisis político y lo sustituimos por «emociones colectivas» y «comunicación eficaz» de estrategas de marketing carentes de compromiso con la historia.

Pero no se puede disputar hegemonía sin leer las grietas del modo de acumulación. No se puede disputar el alma sin entender el cuerpo. «Lo nuevo no nace», porque nuestra acción no lo fecunda. Definitivamente no somos los «monstruos», pero sí parecemos ser quienes les preparan el lecho en los claroscuros de la noche.

Hoy los cuerpos están precarizados; en otros casos, incluso descuartizados. La desindustrialización ha devuelto la lucha de clases al plano del delivery. La competencia entre pauperizados se ha vuelto espectáculo.

En tiempos de Netflix, del capitalismo de plataformas, la autoexplotación se disfraza de libertad. Y en esa libertad encubierta, la extrema derecha siembra su evangelio: que el Estado es un parásito, que las feministas destruyen la familia, que el migrante roba el trabajo, que el pobre es pobre porque quiere…

Su síntesis es tan perversa como brillante. Mientras nosotros intelectualizamos nuestras derrotas y disputamos pronombres o adjetivos, la derecha construye narrativas ancladas en la rabia, el miedo, el sentido del deber y de la pérdida; relatos acordes a los cambios materiales propios de nuestra época. La derecha narra la nostalgia como promesa. Y, como bien supo Gramsci, eso también es política.

La industria del narcotráfico enseña con sangre: la violencia como forma de resolver conflictos. Esta también es parte de la crisis de acumulación. La religión conservadora enseña con dogma, con dogma como sustituto de la razón pública. Se estigmatiza el conocimiento científico, se asedia a las universidades y las humanidades desparecen poco a poco. La pandemia enseñó que el Estado puede morir por abandono y que el antipolítico puede convertirse en profeta.

En ese caldo venenoso, la extrema derecha construyó subjetividades con eficacia quirúrgica, articulando lo material con lo simbólico, lo estructural con lo emocional. Mientras tanto, nosotros, atrapados en nuestra estetización de la política, hemos olvidado que la ideología no es solo un relato sino una práctica histórica anclada en las condiciones concretas de vida.

El avance de la derecha extrema no es un accidente. Es el resultado de haber leído correctamente las transformaciones del capitalismo: la falsa «desfosilización» como nueva acumulación, la digitalidad como nueva frontera de control, la ecología como excusa para nuevos extractivismos. Su utopía ya no solo es el orden y la tradición, sino la libertad privatizada, la tecnología como redención y la propiedad como horizonte moral.

Pero frente a todo esto tenemos un antídoto. Debemos volver a Marx. Volver a pensar la subjetividad como resultado de la estructura, no como simple emoción flotante. Volver a leer el capital no solo como crítica al mercado, sino como diagnóstico de las formas de vida que produce. Porque solo desde ahí puede construirse una nueva pedagogía política, que articule cambios materiales con horizontes ideológicos, que dispute el sentido común desde el suelo y no desde la pantalla. Volver a pensar lo analógico en tanto cuerpo a cuerpo y en tanto tiempo no usurpado.

La lucha cultural sin crítica de la economía política no es más que performance progresista. Si no se transforma la base, la superestructura se burla. Gramsci, sin Marx, es un meme. Y la izquierda, sin Marx, es una marca sin producto.

Observatorio de la crisis / Unidad y Lucha

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