lunes, 12 de mayo de 2025

Gritos de «Viva la república» y «España mañana será republicana» en la visita de los borbones al campo de exterminio de Mauthausen. ++++++++++[Eso sí, al Rey lo que sea del Rey, y al trabajador la riqueza que crea, que con esto, Chispúm a la monarquía y a otras tintoreras sanguijuelas que se enriquecen a costa de lo que le quitan a los trabajadores (verbo quitar, él me quita, ellos me quitan y todos los que viven a costa del trabajador me quitan. Los trabajadores no me quitan nada, las cosas como son, y aquí paz y allá gloria). Su Majestad Felipe VI –y que no se me entienda mal, he escrito “Su majestad” y no la mía- apoya el Régimen nazi de Ucrania siglo XXI, montado, requetemontado, apoyado, propagado, propagan dado, publicitado y financiado y lo que le cuelga, por los capitales que llaman occidental, de cuya financiación si quiero acordarme, porque es dinero y dineralas que sale de las costillas del trabajador, ¿qué, es o no es que él me roba, ellos me roban…? Pues, eso, ahí iba yo. Junto al apoyo del nazismo dicho de Su Majestad –y no la mía- Felipe VI, hay que sumarle, añadirle, adicionarle y “empaquetale” el apoyo de las jefaturas del PSOE y de su amigo PP Luis, VOX, y junto a ellos, otros y otras de igual tendencia en plan cabra que tiran al monte. Y, por supuesto, de esto de suponer lo que son hechos constatados, también con el apoyo de muchos trabajadores que están más perdidos ideológicamente que Pepe Leches en Madrid].

 

Gritos de «Viva la república» y «España mañana será republicana» en la visita de los borbones al campo de exterminio de Mauthausen

 

INSURGENTE.ORG / 12.05.2025

 


Felipe VI y su consorte Letizia han viajado este domingo a Austria, al campo de concentración de Mauthausen, en el 80º aniversario de su liberación. Entre 1940 y 1945, 7.251 personas —en su mayoría exiliados tras la Guerra Civil— fueron recluidos en Mauthausen y en su campo anexo, Gusen. De ellos, más de 4.500 murieron en condiciones extremas, víctimas del hambre, los trabajos forzados, los experimentos médicos y la brutalidad del régimen nazi. En el paseo, tuvieron que escuchar varios «Viva la Reoública» y «España, mañana, será republicana» ante la mirada de los guardaespaldas de los borbones.


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Cerrar bases USA en Asia

 

¿Ha intentado alguna vez China invadir Japón en los últimos mil años? Y sucede lo mismo con Corea; la guerra se desató por la injerencia de Estados Unidos. Entonces, ¿para qué sirven realmente las bases estadounidenses en Asia? ¿Cuáles son sus objetivos?


Cerrar bases USA en Asia


Jeffrey Sachs

El Viejo Topo

10 mayo, 2025 


El presidente Donald Trump vuelve a quejarse en voz alta de que las bases militares estadounidenses en Asia son demasiado caras para Estados Unidos. Como parte de la nueva ronda de negociaciones arancelarias con Japón y Corea del Sur, Trump pide a estos países que paguen el mantenimiento de las tropas estadounidenses. He aquí una idea mucho mejor: cerrar las bases y traer los militares de regreso a Estados Unidos.

Trump sugiere que Estados Unidos está prestando un gran servicio a Japón y Corea del Sur al estacionar 50.000 soldados en Japón y casi 30.000 en Corea del Sur. Sin embargo, estos países no necesitan que Estados Unidos los defienda. Son naciones ricas y ciertamente pueden cubrir su propia defensa. Más importante aún, la diplomacia puede garantizar la paz en el noreste de Asia de manera mucho más efectiva y a un costo mucho menor que la presencia militar estadounidense.

Estados Unidos actúa como si Japón necesitara protección ante China. Echemos un vistazo a la historia. En los últimos 1.000 años, un período en el que China ha sido la potencia dominante en la región durante casi todos los años excepto los últimos 150, ¿cuántas veces ha intentado invadir Japón? Si respondiste cero, tienes razón. China nunca ha intentado invadir Japón, ni una sola vez.

Se podría objetar citando los dos intentos de 1274 y 1281, hace unos 750 años. Es cierto que, cuando los mongoles gobernaron temporalmente China entre 1271 y 1368, enviaron dos veces flotas para invadir Japón, y en ambas ocasiones fueron derrotados por una combinación de tifones (conocidos en la tradición japonesa como vientos kamikaze) y defensas costeras japonesas.

Japón, por otro lado, ha intentado repetidamente atacar o conquistar a China. En 1592, el arrogante y errático líder militar japonés Toyotomi Hideyoshi lanzó una invasión de Corea con el objetivo de conquistar la China Ming. No llegó muy lejos, muriendo en 1598 sin siquiera haber sometido a Corea. En 1894/95, Japón invadió y derrotó a China en la Guerra Sino-Japonesa, convirtiendo a Taiwán en una colonia japonesa. En 1931, Japón invadió el noreste de China (Manchuria) y creó la colonia japonesa de Manchukuo. En 1937, Japón invadió China, iniciando la Segunda Guerra Mundial en la región del Pacífico.

Nadie piensa hoy que Japón esté a punto de invadir China, y no hay ninguna razón histórica o lógica para creer que China quiera invadir Japón. Japón no necesita bases militares estadounidenses para protegerse de China.

Lo mismo ocurre con Corea. En los últimos 1.000 años, China nunca ha invadido Corea, con una excepción: cuando Estados Unidos amenazó a China. China entró en la guerra a finales de la década de 1950 junto con Corea del Norte para luchar contra las tropas estadounidenses que avanzaban hacia la frontera china. En ese momento, el general estadounidense Douglas MacArthur recomendó imprudentemente atacar a China con bombas atómicas y propuso apoyar a las fuerzas nacionalistas chinas, entonces basadas en Taiwán, para invadir China continental. Afortunadamente, el presidente Harry Truman rechazó las propuestas de MacArthur.

Corea del Sur necesita disuasión contra Corea del Norte, por supuesto, pero sería mucho más eficaz y creíble a través de un sistema de seguridad regional que involucre a China, Japón, Rusia, Corea del Norte y Corea del Sur, en lugar de a través de la presencia de Estados Unidos, que a menudo ha ayudado a alimentar el arsenal nuclear y el desarrollo militar de Corea del Norte, en lugar de reducirlo.

En realidad, las bases militares estadounidenses en el este de Asia sirven más para proyectar el poder estadounidense que para defender a Japón o Corea. He aquí otra buena razón para eliminarlos. Aunque Estados Unidos afirma que sus bases en el este de Asia son defensivas, China y Corea del Norte las ven como una amenaza directa, ya que crean la posibilidad de un ataque preventivo y acortan peligrosamente el tiempo de reacción ante una provocación o un malentendido estadounidense. Rusia ha cuestionado firmemente la presencia de la OTAN en Ucrania por los mismos motivos justificables. La OTAN ha participado frecuentemente en operaciones de cambio de régimen respaldadas por Estados Unidos y ha colocado sistemas de misiles peligrosamente cerca de Rusia. Como temía Rusia, la OTAN está involucrada activamente en la guerra en Ucrania, proporcionando armas, estrategia, inteligencia e incluso apoyo para ataques con misiles en el interior del territorio ruso.

Actualmente Trump está obsesionado con dos pequeñas instalaciones portuarias en Panamá, propiedad de una empresa de Hong Kong, argumentando que China amenaza la seguridad de Estados Unidos y exigiendo que las instalaciones se vendan a un comprador estadounidense. Estados Unidos, por otra parte, rodea a China no con dos pequeños puertos, sino con importantes bases militares en Japón, Corea del Sur, Guam, Filipinas y el Océano Índico, cerca de las rutas marítimas internacionales de China.

La mejor estrategia para las superpotencias es respetar las fronteras de las demás. China y Rusia no deberían abrir bases militares en el hemisferio occidental. La última vez que se intentó esto, cuando la Unión Soviética colocó armas nucleares en Cuba en 1962, el mundo corrió el riesgo de sufrir una aniquilación nuclear. Ni China ni Rusia muestran hoy intención de hacerlo, a pesar de las provocaciones estadounidenses estableciendo bases en sus proximidades.

Trump está buscando formas de ahorrar dinero, lo cual es una gran idea considerando que el presupuesto federal de Estados Unidos está perdiendo 2 billones de dólares al año, más del 6% del PIB de Estados Unidos. El cierre de bases militares en el extranjero sería un excelente punto de partida.

Inicialmente Trump parecía inclinado por esta opción, pero los republicanos del Congreso pidieron aumentos, no recortes, en el gasto militar. Sin embargo, con unas 750 bases militares estadounidenses en 80 países, es hora de cerrarlas, ahorrar dinero y volver a la diplomacia. Obligar a los países anfitriones a pagar por algo que no les beneficia ni a ellos ni a Estados Unidos es un desperdicio de tiempo, recursos y capital diplomático.

Estados Unidos debería proponer un acuerdo básico con China, Rusia y otras potencias: “Ustedes mantendrán sus bases militares fuera de nuestro suelo, y nosotros mantendremos las nuestras fuera del suyo”. La reciprocidad entre las principales potencias podría ahorrar billones de dólares en gastos militares durante la próxima década y, más importante aún, alejar al mundo del riesgo de una catástrofe nuclear.

FuenteOther news

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domingo, 11 de mayo de 2025

La extrema derecha dice haber concentrado a «decenas de miles» en Madrid; la imagen los desmiente

 

La extrema derecha dice haber concentrado a «decenas de miles» en Madrid; la imagen los desmiente

 

INSURGENTE.ORG / 11.05.2025


convocada por 100 asociaciones civiles en la Plaza de Colón de Madrid y secundada por PP y Vox. Los asistentes han exigido la convocatoria de elecciones y la dimisión del presidente del Gobierno que, en un alarde de ignorancia, califican de «socialista», y ven en el progre Sánchez una rencarnación de Lenin. Lo dicho, de psiquiatra. 


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Un Día de la Victoria diáfano: celebraciones de la derrota nazi en Moscú y líderes occidentales en Ucrania apoyando al fascista Zelenski

 

Un Día de la Victoria diáfano: celebraciones de la derrota nazi en Moscú y líderes occidentales en Ucrania apoyando al fascista Zelenski

 

INSURGENTE.ORG / 11.05.2025

 

Los líderes de Francia, Reino Unido, Alemania y Polonia llegaron a Kiev para reunirse con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. La fecha elegida, el 9 de mayo, Día de Victoria, no es casual, ya que en Moscú se celebraba al mismo tiempo la derrota nazi. Los países de la UE más el Reino Unido y la OTAN suministran efectivos, entrenan y dan armas a Ucrania que, por cierto, acaba de ser expulsada del territorio ruso en Kursk. La idea de los visitantes es preparar sus intereses (materias primas, minerales, etc) y asegurar el pago de la deuda de Ucrania por lo dado hasta el momento en forma de «ayudas».

En este mismo contexto, el teniente coronel Yurii Chekh, actual comandante del Batallón neo-nazi Azov que han comenzado una labor de organizar a los mercenarios en un llamado Batallón Internacional. Chekh explicó que el objetivo es construir una unidad que no solo sea funcional a Azov, sino también que se inserte orgánicamente en el sistema de defensa nacional de Ucrania. “Queremos consolidar un batallón efectivo y profesional, con capacidad de operar en línea con los estándares nacionales e internacionales”, afirmó. En respuesta a las denuncias sobre la presencia de combatientes no ucranianos en el frente, Chekh señaló que la participación de estos individuos se basa en decisiones individuales bajo un marco legal habilitante.

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Stalin venció al nazismo. Occidente es quien apoya a los nazis

 

Auschwitz fue liberado por los soviéticos, no por los estadounidenses, como muestran las demenciales películas de Hollywood. Además, los soviéticos no ocuparon toda Europa con sus bases, como hicieron los estadounidenses.


Stalin venció al nazismo. Occidente es quien apoya a los nazis


Diego Fusaro

El Viejo Topo

9 mayo, 2025 



Una vez más, Vladimir Putin, presidente de la federación rusa, le da la vuelta a la tortilla a la ridícula y asilvestrada narrativa de Occidente, o mejor dicho, la narrativa del liberal-atlantista.

De hecho, es noticia reciente que Putin haya optado orgullosamente por rebautizar el aeropuerto de Volvogrado con el nombre de Stalingrado y que además haya celebrado la figura de Stalin como héroe nacional. Se derrumba así, como era previsible, la patética narrativa de Occidente según la cual Putin es el nuevo Hitler: una narrativa que, como ya saben hasta las piedras, sólo sirve a Occidente para poder deslegitimar a priori al adversario y poder justificar nuevos Hiroshimas y nuevos Nagasakis si es necesario.

Esta es, en definitiva, la función de la reductio ad Hitlerum, como la describió el filósofo político Leo Strauss. En todo caso, es Occidente quien apoya al batallón neonazi Azov en Ucrania, y no Putin, quien realmente lo que hace es combatirlo. Y que, al hacerlo, continúa la gloriosa línea soviética de oposición al nazismo: recordémoslo en beneficio de los muchos capita insanabilia, cuyos cerebros siguen siendo centrifugados por el celoso trabajo de los manipuladores profesionales pertenecientes al orden liberal: Auschwitz fue liberado por los soviéticos, no por los estadounidenses, como muestran las demenciales películas de Hollywood, obras maestras de la ideología y la propaganda liberal-atlantista. Y, además, los soviéticos no ocuparon toda Europa con sus bases, como hicieron los estadounidenses, apareciendo de hecho como los nuevos ocupantes y no como meros liberadores.

La estrategia de Putin, después de todo, debería ser bastante clara: por un lado, Putin sabe bien que no puede «vender» el socialismo después de 1989 a los partidarios y votantes de hoy y, por lo tanto, se apoya en la identidad, la religión ortodoxa y la soberanía nacional como bases reales para resistir la nada de la civilización de la hamburguesa y el turbo-capitalismo imperialista centrado en Estados Unidos. Por otro lado, Putin ve a su Rusia como la continuación, en el contexto cambiado, de la Unión Soviética y su heroica resistencia a la violencia imperialista de Washington y el capitalismo sin fronteras. Por cierto, Putin dijo una vez: quien no se arrepiente de la Unión Soviética no tiene corazón, quien quiere restaurarla como era no tiene cerebro. Contra la leyenda negra de Stalin difundida urbi et orbi por los liberales de palabra única, aconsejamos a todo el mundo que lea el espléndido ensayo de Domenico Losurdo sobre Stalin, sólo para tomar conciencia de la importancia fundamental y nunca suficientemente glorificada de la Unión Soviética en la liberación de Europa del nazismo y en la firme oposición al imperialismo de las barras y estrellas. No se trata de negar las limitaciones y errores de Stalin, incluso graves, que las hubo y que somos los primeros en reconocer abiertamente, sino simplemente de hacer un poco de limpieza hermenéutica y de encuadrar correcta y sobriamente la figura, liberándola de las garras de la cada vez más asfixiante y unidimensional propaganda liberal. En definitiva, una vez más queda más claro que el agua que, si de verdad se quiere atribuir la categoría de nazismo a toda costa, no es a la Rusia de Putin a la que hay que referirse. Recordemos, además, que mientras Putin celebra la Unión Soviética, la Unión Europea es esa realidad ridícula y caricaturesca que desde hace tiempo se ha propuesto equiparar jurídicamente el comunismo al nazismo.

Traducción: Carlos X. Blanco

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Día de la victoria: hace 80 años los comunistas salvaron al mundo

 

Día de la victoria: hace 80 años los comunistas salvaron al mundo

 

DIARIOOCTUBRE / mayo 10, 2025



Más de seis años de guerra, aproximadamente 60 millones de muertes, más de 50 países involucrados, millones de hogares destruidos, varios genocidios y, principalmente, la demostración de lo que es el capitalismo en su estado más degenerado y sanguinario, fue lo que significó la Segunda Guerra Mundial provocada por la Alemania nazi y las potencias europeas. Años de horror que parecían conducir a la victoria de los fascistas, que conforme avanzaban por Europa sometían poblaciones enteras a saciar su sed de sangre, pero los soviéticos no iban a dejar que esta barbarie se extendiera hasta el corazón de su patria, ni mucho menos iban a quedarse cruzados de manos viendo como el mundo caía ante Hitler mientras que ni los británicos, ni los franceses ni los estadounidenses eran capaces de pararlos.

 

La primera victoria realmente significativa fue la defensa de Moscú, el combate más largo fue en Leningrado, la derrota en Sebastopol fue vengada en la histórica gesta de Kursk (la batalla con más tanques en toda la historia), el sacrificio en Stalingrado (la batalla con más muertos en toda la historia) es inolvidable, pasando por la heroica liberación de Auschwitz hasta avanzar a Berlín, el centro de operaciones del nazismo. La capital alemana fue el escenario de una batalla que, tras 22 días de sangre y fuego, obligó a los fascistas a rendirse incondicionalmente, rendición que fue firmada por el mariscal alemán Wilhelm Keitel en presencia del mariscal soviético Gueorgui Zhukóv un día como hoy, 9 de mayo de 1945. Más de 80.000 soldados comunistas sacrificaron su vida en esta batalla final por la libertad, las ratas fascistas no tuvieron más opciones que suicidarse como su líder, huir o finalmente someterse a juicio, algo que sin la sangre de las y los soldados soviéticos no hubiera sido posible, aunque finalmente muchos nazis terminarían trabajando para los Estados Unidos y la posterior Alemania Occidental.

Desde el fin de la guerra y hasta hoy la propaganda burguesa le mete en la cabeza a la gente que Estados Unidos fue la potencia protagonista que derrotó a los fascistas, desprecian a las más de 32 millones de vidas soviéticas que murieron en el combate contra el nazismo, ocultando el hecho de que fue el país que más bajas sufrió, tanto civiles como militares, desconociendo que desde el fracaso nazi en Stalingrado empezó el fin del Tercer Reich, y que el avance de los soldados de Stalin hacia Berlín provocó que Hitler se pegara un tiro, pero ni eso ni todas las mentiras que los capitalistas difunden por sus medios de desinformación van cambiar la historia, y la historia nos demuestra que el comunismo derrotó al fascismo, mientras que el capitalismo lo financió.

Lo que aún les duele hoy a los fascistas y neonazis, a los racistas, xenófobos y supremacistas, pero sobre todo a los capitalistas, es que la bandera que ondeó sobre Berlín al caer los nazis no fue la bandera de los Estados Unidos ni la del Reino Unido; no fue la bandera del liberalismo, ni la de la socialdemocracia y mucho menos la del anarquismo, fue la bandera del comunismo, la bandera de la hoz y el martillo, la bandera de la Unión Soviética, la del primer Estado socialista cuyo Ejército Rojo de Obreros y Campesinos liderado por Stalin que liberó a Europa y salvó al planeta entero del terror fascista, algo que nunca les van a reconocer ni a perdonar.

¡HONOR Y GLORIA A LOS MILLONES DE COMUNISTAS QUE SACFRIFICARON SU VIDA COMBATIENDO AL FASCISMO!

FASCISMO NUNCA MÁS, ¡NO PASARÁN!

¡GLORIA ETERNA AL CAMARADA STALIN!

¡VIVA EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO!

Fuente: UOC (mlm)

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LAS TROPAS RUSAS CRUZAN EL RÍO DNIEPER EN LA REGIÓN DE JERSON. MÚLTIPLES...

domingo, 4 de mayo de 2025

Trump y América Latina

 

China es el objetivo. En esto coinciden todos los analistas. Pero no está claro que el intento trumpiano vaya a acabar con éxito. Incluso puede producirse un efecto boomerang, quedando China reforzada tras este embate.


Trump y América Latina


El Viejo Topo /4 mayo, 2025



TRUMP CONTRA LOS MOLINOS DE VIENTO Y LA ENCRUCIJADA DE AMÉRICA LATINA

Por Emiliano López

La aceleración de la guerra de Trump contra China en las últimas semanas genera más dudas que certezas. Estas medidas tienen, supuestamente, los objetivos de reindustrializar a los Estados Unidos y de recuperar terreno a favor de Occidente. Bajo la consigna “Make America Great Again” (Hagamos América grande de nuevo), la administración derechista incrementó o amenazó incrementar los aranceles a las importaciones de la mayoría de los países del mundo, entre los cuales los países asiáticos llevan la peor parte. Así, China (67%), Vietnam (90%), Tailandia (72%), Camboya (92%), representan los saltos más significativos en las barreras impositivas.

Economistas como Jeffrey Sachs y Paul Krugman han advertido sobre los riesgos inflacionarios y recesivos que las medidas de Trump pueden provocar en los Estados Unidos. Esta misma posición han adoptado The Washington Post y The Economist. Ambos medios consideran, incluso, que el impacto de estas medidas profundizó la desaceleración de la economía mundial y, al mismo tiempo, provocará en todo el mundo un incremento de los precios de bienes de consumo. Los principales índices financieros del Norte Global muestran temor a un crac similar al de 1929. Entre el 1 y el 21 de abril los índices de S&P500 (Estados Unidos), Dax (Alemania), FTSE 100 (Reino Unido), Nikkei 225 (Japón), S&P/TSX (Canadá), cayeron día tras día sin mostrar, por el momento, signos de recuperación, mientras que el índice Shanghai SE fue el único de las bolsas importantes del mundo que mostró una reducción sistemática de la caída. Es evidente que la euforia y el pánico bursátil responde a diferentes variables.

El problema del enfoque occidental ante su pérdida de competitividad es que ha buscado la solución equivocada: el proteccionismo clásico. El mundo es multipolar porque la productividad de occidente se encuentra en un declive acelerado y sin pausa, mientras que China y otros países del Sur Global son los productores de bienes del mundo. Algunos datos que confirman esta decadencia productiva del Norte Global: en 2024 China representaba 30% del producto manufacturado global. Si incluimos aquí a los BRICS+, el porcentaje de producción manufacturera en relación con el total global es, al menos, la mitad de la producción de manufacturas del mundo. Es un hecho incontrastable que la mayor parte de los bienes que las poblaciones del mundo requieren se producen en el Sur Global y, sobre todo, en China.

El nuevo ciclo de financiarización posterior a la Tercera Gran Depresión de 2007-2008, no hizo más que acentuar el problema estructural del Norte Global frente a la emergencia de proyectos de desarrollo soberanos en el Sur Global: la baja productividad de las economías centrales. El problema clave radica en que dichas economías, sobre todo fomentadas por el gran capital financiero en alianza con el sector de la economía digital, ha privilegiado la especulación a corto plazo y ha pretendido conducir, cada vez con menos éxito, las redes globales de producción. El punto es que, cuando los proyectos soberanos de desarrollo tomaron lugar en el sur, la curva de aprendizaje de estos países –que desenbocó en una modernización económica de gran alcance– comenzó  a acelerarse.

China, por ejemplo, creció incluso durante la recesión de la pandemia del COVID 19 debido, en parte, a cuatro estrategias de gran importancia: la planificación económica basada en el desarrollo para la prosperidad común de su población; la inversión elevada en capital fijo como porcentaje del producto interno bruto, en particular en ramas estratégicas; la ampliación del comercio internacional y la combinación de elevada innovación tecnología con producción a sobrecapacidad. Estas estrategias combinadas permiten explicar por qué estructuralmente China lidera el ranking de volumen global de comercio y, a su vez, es primera en el ranking de balanza comercial superavitaria. La contracara de esta tendencia es el sistemático déficit comercial de los Estados Unidos y, a excepción de Alemania, de la mayoría de los países de Europa.

La perspectiva occidental de la economía global, basada sobre todo en las lógicas financieras de corto plazo, intenta afirmar dos cuestiones acerca de los resultados que tendrá la política de Trump en el escenario global. La primera, es que el impacto de los aranceles será similar en los Estados Unidos y en Oriente. Por tanto, el supuesto es que conducirá a una recesión de ambas economías. Si bien no es posible negar por completo el impacto de la guerra unilateral, a priori se espera que en China éste sea menor al que presupone el establishment económico y político de occidente. Algunos actores concretos como CEOs y algunos políticos de ciertos Estados de los Estados Unidos lo plantean indirectamente. Si se tiene en cuenta que el país asiático tuvo en los primeros meses de 2025 208 mil millones de dólares de exportaciones con destino al Sur Global, mientras que con destino a los Estados Unidos el valor exportado por China para los mismos meses fue de 75 millones de dólares, no está claro que el impacto pueda desacelerar las exportaciones chinas de tal forma que desacelere su crecimiento este año.

La segunda es que, para los analistas occidentales, la deflación en China está representando un problema serio que acentuará la recesión. Se supone entonces que, con la baja del consumo de bienes chinos en los Estados Unidos, la caída de los precios de producción en China será más acelerada. En ciertas situaciones de atraso productivo y de producción a tope de capacidad, esto puede ser un problema similar al que sufrió Japón durante los años 90. Sin embargo, con ventaja tecnológica y sobrecapacidad, el mercado interno y el de más alta inserción exportadora del mundo, puede obtener ganancias de comercio sostenidas gracias a la deflación de precios de producción. La rotación (mayores volúmenes de ventas) y no del margen (mayor ganancia unitaria por mayores precios sobre costos) es lo que permite aprovechar las economías de escala que China posee. Es esta dinámica, típica de competencia a menores costos, lo que permite a China ser la factoría del mundo y no, por el contrario, por la fijación de precios elevados.

Estos elementos permiten matizar el efecto de las proyecciones recesivas sobre la economía China que, en los primeros meses de la aplicación de los aranceles de los Estados Unidos, continúa mostrando vitalidad y proyecciones de crecimiento por encima del 5% para el año el curso.

¿QUÉ LE QUEDA A AMÉRICA LATINA?

La encrucijada de la región latinoamericana tiene diferentes dimensiones. El retroceso significativo de sus producciones industriales, los bajos precios internacionales de materias primeras y una estrategia errática de integración regional, hacen que las posibilidades para retomar un sendero de crecimiento estable no sean automáticas. Los intentos de los Estados Unidos por avanzar en acuerdos que diezmen el comercio entre China y América Latina están a la orden del día. Sobre todo, si se tiene presente que buena parte de los países de la región tienen hoy Gobiernos afines a los Estados Unidos. El Salvador, Panamá, Argentina, Ecuador, entre otros actores regionales, tienen un posicionamiento que parece desconocer el mapa productivo y comercial del mundo, incluso de sus propias economías, y se están alineando con Trump, negociando acuerdos de endeudamiento, tratados de inversión y hasta gravámenes menos elevados que los que poseen productos de otros países.

A excepción de lo que ocurre en América Central y el Caribe, en donde los Estados Unidos es el principal socio comercial, la mayor parte del comercio de la región latinoamericana es intra-regional con China y otros países de Asia. En este sentido, el intento de guerra arancelaria de Trump puede significar una buena excusa para incrementar el comercio regional complementario y avanzar en un programa de acuerdo regional con China que ya es, en los hechos, el principal proveedor, pero también el principal comprador de las producciones al Sur del Rio Bravo. La decadencia productiva de occidente sólo tiene para ofrecer a América Latina y el Caribe endeudamiento y desindustrialización. La apuesta por un comercio multipolar y complementario puede permitir trazar una tangente para eludir la crisis estructural de occidente e iniciar un proceso de reindustrialización.

Fuente: Globetrotter

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sábado, 3 de mayo de 2025

La izquierda posmoderna y la desconexión con los trabajadores

 

Desde la mitad del siglo XX la izquierda inició un proceso de desconexión con la realidad de la clase trabajadora, y sin vocación transformadora alguna. Hoy, la izquierda gentrificada ni está ni se la espera en las antesalas de la revolución social.


TOPOEXPRESS

La izquierda posmoderna y la desconexión con los trabajadores

 

El Viejo Topo / 3 mayo, 2025



LA IZQUIERDA POSMODERNA Y LA DESCONEXIÓN CON LOS TRABAJADORES

Por Oriol Sabata 

Actualmente, la izquierda ha perdido la conexión con la clase trabajadora. No estamos ante un fenómeno reciente, sino ante el resultado de un largo proceso donde confluyen elementos culturales e ideológicos y que tiene sus raíces en la segunda mitad del siglo XX.

Durante este recorrido, la izquierda, históricamente defensora de la causa proletaria, ha terminado abrazando el posmodernismo ideológico y se ha convertido en algo absolutamente sistémico. La semilla que ha dado lugar a semejante deriva podemos encontrarla en la Escuela de Frankfurt, y sus primeros frutos pudieron observarse en el Mayo del 68.

Desde mediados del siglo XX, pensadores de la Escuela de Frankfurt, como Herbert Marcuse o Theodor Adorno, introdujeron una teoría crítica que desplazó el foco de las estructuras económicas hacia las superestructuras culturales. Precisamente es a partir de Mayo del 68 que las luchas materiales comenzaron a diluirse frente a nuevas banderas culturales y subjetivas.

Hasta ese momento, la izquierda se definía por su compromiso con la mejora de las condiciones materiales de los trabajadores, como los salarios dignos, la reducción de la jornada laboral, los derechos sindicales o la lucha contra la explotación capitalista. Sin embargo, esta nueva teoría abogaba por la emancipación individual y defendía un espíritu de rebeldía cultural y hedonista.

A partir de entonces, esa izquierda materialista comenzó a derrumbarse como un castillo de naipes. La militancia de clase, centrada en la organización colectiva y la transformación de la sociedad, fue cediendo terreno a un abanico de activismos fragmentados: ecologismo, feminismo, derechos LGTBI o luchas raciales, entre otros. Unas causas que arrinconaron a las necesidades inmediatas de la clase trabajadora, como el desempleo, la precariedad laboral, la desindustrialización o el acceso a la vivienda.

La izquierda, atrapada en esta dinámica, ha abandonado el lenguaje y las prioridades de los trabajadores, reemplazándolos por un discurso abstracto y academicista más propio de las élites urbanas que de los barrios obreros.

UNA IZQUIERDA SISTÉMICA Y OPORTUNISTA

El resultado de este viaje ha sido la mutación hacia una izquierda sistémica y sin vocación transformadora alguna. Si antes la política era una herramienta para cambiar las estructuras sociales y económicas, ahora se ha convertido en un fin en sí mismo.

La nueva izquierda posmoderna se ha convertido en un nido de oportunistas que hablan de todo tipo de opresiones identitarias excepto de la opresión estructural: la de clase.

En palabras del filósofo Michel Clouscard, estamos frente a una nueva izquierda que ha abrazado el ‘capitalismo de la seducción’, una ideología que promueve el hedonismo y el consumo transgresor como formas de ‘liberación individual’, mientras oculta la opresión de clase bajo una fachada de progresismo.

Mientras tanto, los trabajadores, que hacen frente a jornadas laborales extenuantes, contratos basura y alquileres inasequibles, no se ven representados en esta nueva izquierda que vive alejada de su realidad cotidiana. Unas organizaciones posmodernas que se han centrado en cuestiones simbólicas o en agendas que no resuelven los problemas materiales de la clase obrera.

EL ASCENSO DE LA DERECHA POPULISTA

En medio de este abandono, una nueva derecha de carácter populista ha salido a flote, dispuesta a ocupar este vacío apelando a las frustraciones de los trabajadores y ofreciendo soluciones aparentemente sencillas pero engañosas. Una derecha que lanza un discurso de oposición a las élites globalistas y que no para de ganar terreno en los barrios obreros, bastiones históricos de la izquierda. Una derecha tramposa que, sin reconocerlo abiertamente, propone un retorno al capitalismo nacional dominado por la burguesía patria. Es decir, la misma explotación pero con ‘sello soberano’.

¿HACIA DÓNDE IR?

Hoy la izquierda enfrenta una encrucijada. O rompe con el posmodernismo y reconstruye una identidad de clase que priorice las necesidades reales de los trabajadores (empleo, vivienda, industria, servicios públicos), o seguirá cediendo espacio a una derecha populista que en realidad no defiende la causa obrera.

La alternativa pasa por situar la lucha de clases en el centro. Volver a las raíces. Rearmarnos ideológicamente. Proponer soluciones concretas a los problemas cotidianos de los trabajadores. Solo así será posible escapar de la deriva posmoderna y recuperar la confianza de la clase trabajadora.

FuenteNueva Revolución 

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