jueves, 27 de marzo de 2025
miércoles, 26 de marzo de 2025
lunes, 24 de marzo de 2025
Lío en medios anticomunistas: la extrema derecha contra la extrema derecha
Lío en medios anticomunistas:
la extrema derecha contra la extrema derecha
Las emisoras
violentamente anticomunistas como La Voz de América o Radio Martí sufren un
recorte del presupuesto del nuevo gobierno Trump. Los mercenarios periodistas
están que echan chispas.
INSURGENTE.ORG
/ 24.03.2025
Empleados de la Voz de América (VOA) y sus sindicatos presentaron el viernes una demanda contra la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, alegando que el cierre de los medios de comunicación financiados por Estados Unidos viola sus derechos amparados por la Primera Enmienda.
La demanda, presentada
ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Nueva York, nombra como
demandados a la Agencia de Medios Globales de Estados Unidos (USAGM), a su
director interino, Víctor Morales, y a la asesora especial Kari Lake.
Los demandantes, entre
ellos reporteros de la VOA, Reporteros Sin Fronteras y varios sindicatos,
argumentan que las acciones de la administración, que suspendieron a más de
1.300 empleados y recortaron la financiación de varios servicios de noticias,
fueron inconstitucionales e ilegales.
La demanda busca revocar la decisión de cerrar la USAGM,
que financia a la VOA y a otros medios de comunicación como Radio Free Europe,
Radio Liberty y Radio Free Asia.
A Israel no le importan los cautivos
Vaciar Gaza. Ese
es el objetivo final. Y si no se van “voluntariamente”, habrá que matarlos a
todos, incluidos los niños, que podrían ser resistentes mañana. Es la Paz con
fuerza de Nethanyahu. Es la paz de los muertos. Y la UE, impasible el ademán.
A Israel no le importan los cautivos
Política 24
marzo, 2025
YA SABÍAMOS QUE
A ISRAEL NO LE IMPORTAN LOS CAUTIVOS. SIEMPRE PLANEÓ REINICIAR EL
GENOCIDIO
Por Jonathan
Cook
Las excusas que
Israel ha dado para renovar el genocidio:
1. Israel dice
que está tratando de obligar a Hamás a liberar a los cautivos en Gaza.
Sin embargo,
como sabemos por los que ya han sido liberados, el bombardeo indiscriminado de
Gaza sólo aumenta las posibilidades de que los cautivos sean asesinados. No
existe ningún escenario plausible en el que el lanzamiento de bombas de 2.000
libras suministradas por Estados Unidos sobre Gaza haga que los israelíes
retenidos en Gaza estén más seguros o los traiga antes a casa.
En cualquier
caso, Israel tenía una forma fácil y conocida de recuperar a los últimos
cautivos. Debían ser liberados en la segunda fase del acuerdo de alto el fuego,
ya muy pasada su fecha de aplicación. Pero hace semanas Israel decidió romper
el acuerdo que había firmado e imponer nuevos términos en los que el resto de
los cautivos tendrían que ser devueltos –y sin que Israel cesara su fuego
o se retirara del enclave, como había acordado hacer.
Lo que
demuestra la vuelta de Israel al genocidio es que el gobierno israelí prefiere
matar al resto de cautivos –vaporizándolos con el último cargamento de bombas
de 2.000 libras de Trump– antes que hacer una concesión para garantizar su
liberación o poner cualquier limitación a su capacidad de masacrar a la
población de Gaza.
2. Israel
afirma que Hamás estaba rearmándose y planeando un nuevo ataque.
Como siempre
Israel invierte la verdad. Fue Israel quien fue rearmado por la administración
Trump con las bombas que ahora destrozan a los niños de Gaza. Hamás –aislado
del mundo exterior– no tenía ninguna ruta obvia para rearmarse.
Y en cuanto a
los planes para otro 7 de octubre, tanto Hamás como el mundo se sorprendieron
de que sus combatientes consiguieran salir del diminuto y asediado territorio
de Gaza la primera vez. Hamás asumió que sería una misión suicida. Lo consiguió
sólo porque Israel se había vuelto tan complaciente en sus 17 años de asedio
del enclave, que imaginó que los 2,3 millones de personas que vivían allí
estaban permanentemente sepultadas.
Israel suponía
que los palestinos nunca lograrían encontrar una salida del gigantesco campo de
concentración que Israel había construido para ellos. Es poco probable que
Israel vuelva a bajar la guardia.
En otras
palabras, Israel miente descaradamente sobre sus razones para reanudar la
matanza. Miente como lo ha hecho una y otra vez durante los últimos 18 meses.
Israel siempre
tuvo la intención de reiniciar el genocidio tan pronto como la administración
Trump hubiera podido atribuirse el mérito de negociar el alto el fuego.
Entonces podrían trabajar juntos para inventar una nueva serie de pretextos
–basados en mentiras sobre quién estaba violando el alto el fuego– para
justificar por qué había que asesinar a más niños de Gaza.
Desde luego,
Joe Biden y sus funcionarios deben ser juzgados en La Haya por los primeros 15
meses del genocidio. Pero son Trump y su administración los responsables de
cada muerte palestina de aquí en adelante.
Fuente: Jonathan Cook: Journalist reporting
on Israel and Palestine
A Israel no le importan los cautivos
EL VIEJO TOPO / 24 marzo, 2025
FOTO
YA SABÍAMOS QUE
A ISRAEL NO LE IMPORTAN LOS CAUTIVOS. SIEMPRE PLANEÓ REINICIAR EL
GENOCIDIO
Por Jonathan
Cook
Las excusas que
Israel ha dado para renovar el genocidio:
1. Israel dice
que está tratando de obligar a Hamás a liberar a los cautivos en Gaza.
Sin embargo,
como sabemos por los que ya han sido liberados, el bombardeo indiscriminado de
Gaza sólo aumenta las posibilidades de que los cautivos sean asesinados. No
existe ningún escenario plausible en el que el lanzamiento de bombas de 2.000
libras suministradas por Estados Unidos sobre Gaza haga que los israelíes
retenidos en Gaza estén más seguros o los traiga antes a casa.
En cualquier
caso, Israel tenía una forma fácil y conocida de recuperar a los últimos
cautivos. Debían ser liberados en la segunda fase del acuerdo de alto el fuego,
ya muy pasada su fecha de aplicación. Pero hace semanas Israel decidió romper
el acuerdo que había firmado e imponer nuevos términos en los que el resto de
los cautivos tendrían que ser devueltos –y sin que Israel cesara su fuego
o se retirara del enclave, como había acordado hacer.
Lo que
demuestra la vuelta de Israel al genocidio es que el gobierno israelí prefiere
matar al resto de cautivos –vaporizándolos con el último cargamento de bombas
de 2.000 libras de Trump– antes que hacer una concesión para garantizar su
liberación o poner cualquier limitación a su capacidad de masacrar a la
población de Gaza.
2. Israel
afirma que Hamás estaba rearmándose y planeando un nuevo ataque.
Como siempre
Israel invierte la verdad. Fue Israel quien fue rearmado por la administración
Trump con las bombas que ahora destrozan a los niños de Gaza. Hamás –aislado
del mundo exterior– no tenía ninguna ruta obvia para rearmarse.
Y en cuanto a
los planes para otro 7 de octubre, tanto Hamás como el mundo se sorprendieron
de que sus combatientes consiguieran salir del diminuto y asediado territorio
de Gaza la primera vez. Hamás asumió que sería una misión suicida. Lo consiguió
sólo porque Israel se había vuelto tan complaciente en sus 17 años de asedio
del enclave, que imaginó que los 2,3 millones de personas que vivían allí
estaban permanentemente sepultadas.
Israel suponía
que los palestinos nunca lograrían encontrar una salida del gigantesco campo de
concentración que Israel había construido para ellos. Es poco probable que
Israel vuelva a bajar la guardia.
En otras
palabras, Israel miente descaradamente sobre sus razones para reanudar la
matanza. Miente como lo ha hecho una y otra vez durante los últimos 18 meses.
Israel siempre
tuvo la intención de reiniciar el genocidio tan pronto como la administración
Trump hubiera podido atribuirse el mérito de negociar el alto el fuego.
Entonces podrían trabajar juntos para inventar una nueva serie de pretextos
–basados en mentiras sobre quién estaba violando el alto el fuego– para
justificar por qué había que asesinar a más niños de Gaza.
Desde luego,
Joe Biden y sus funcionarios deben ser juzgados en La Haya por los primeros 15
meses del genocidio. Pero son Trump y su administración los responsables de
cada muerte palestina de aquí en adelante.
Fuente: Jonathan Cook: Journalist reporting
on Israel and Palestine
domingo, 23 de marzo de 2025
La democracia expropiada
La desposesión avanza de
forma imparable. Dio un salto en el 2008, avanzó con el covid, y ahora amenaza
con el rearme. Admitámoslo: siguen ganando la guerra de clases. Y nosotros,
mientras tanto, distraídos…
La democracia expropiada
El Viejo Topo
23 marzo, 2025
EL FIN DE LA
DEMOCRACIA EN EUROPA Y LA NUEVA FORMA DE COERCIÓN
Con el voto
favorable del Parlamento Europeo al plan de rearme (419 votos a favor, 204 en
contra y 46 abstenciones), creo que podemos decir que, simbólicamente, hoy la
democracia en Europa ha desaparecido. Antes marchitos, hoy han caído los
pétalos secos.
No ha sido
reemplazada, como muchos temían, por una dictadura.
La historia
siempre toma formas diferentes y sorprendentes.
No, esta vez la
democracia ha sido desbordada por la conquista de las instituciones y de los
medios de comunicación, desde dentro, por la oligarquía financiera y sus
empleados.
La maniobra de
bypass ahora está completa.
Todos los canales
disponibles para que la población se exprese en términos políticamente
significativos han sido cerrados o neutralizados. En parte, esto ocurrió con
cambios en las leyes electorales, en parte haciendo que el proceso democrático
fuera cuestionable sólo por aquellos que tenían fondos significativos
disponibles, en parte ocupando el sistema de medios de comunicación en todos
los niveles (y expulsando a quienes no se conformaban con escribir al dictado)
y en parte suprimiendo el carácter de tercerista del poder judicial, que estaba
completamente politizado.
Ahora los
golpes pueden sucederse de forma progresivamente más violenta y descarada.
Evitar los debates parlamentarios mediante decretos ya es, y será cada vez más,
la nueva normalidad. Así como se impide que personas externas participen
primero en el debate público y luego en los procesos electorales.
Sea por diseño
o simplemente por casualidad, la pandemia ha sido de facto un ensayo general
para la militarización de la sociedad y la información: una especie de ley
marcial sin guerra.
Este punto de
inflexión había sido precedido por muchos pasos intermedios, por muchas quejas
sobre la ineficacia de los tiempos políticos, de los rituales de la democracia.
Desde 2022, la
guerra ruso-ucraniana se ha convertido en la ocasión para clavar los últimos
clavos en el ataúd de la democracia.
A partir de
ahora, se espera que los pasajes sean cada vez más rápidos.
Habían pasado
unos diez años entre la gran expropiación de recursos públicos de la crisis
subprime (2008-2011) y la gran expropiación de recursos públicos de la crisis
del Covid (2020-2022). Ahora, y sólo han pasado 3 años, estamos pasando a una
tercera expropiación colosal en nombre de la emergencia bélica.
El resultado de
este paso es transparente y muy claro.
Se destruirán
pilares sociales fundamentales como el sistema de salud y el sistema de
pensiones.
Para cubrir el
golpe, gran parte del ahorro privado restante será desviado de los ciudadanos
hacia activos defensivos (seguros privados, pensiones privadas, etc.).
El sector
inmobiliario privado, allí donde, como en Italia, todavía es relevante, se
convertirá en primer lugar en la garantía necesaria para la provisión de
financiación indispensable para satisfacer necesidades esenciales (salud,
educación de los hijos, supervivencia una vez que hayan abandonado la esfera
productiva).
El último paso
será, por supuesto, la retirada efectiva de los inmuebles, que pasarán a servir
de garantía para la concesión de préstamos con intereses por parte de grupos
financieros.
Al final del
proceso, una ciudadanía diversamente endeudada estará de hecho encadenada,
aunque formalmente sea libre: condicionada y sujeta a chantaje en cada paso.
Fin de la frase, nunca.
El
endeudamiento económico irreversible será la nueva forma de coerción. Ya no se
trata de los modelos anticuados de servidumbre violenta, de esclavitud, sino de
un sistema limpio, contractualmente impecable y, sin embargo, mucho más
estricto y detallado que cualquier relación amo-esclavo del pasado.
Si entonces con
esta palanca se decide enviar a los deudores/culpables (Schuld) a ser carne
fresca en la guerra o engranaje vitalicio de una multinacional, esos serán los
detalles.
Éste es el
futuro que llama a nuestras puertas, y los espacios en los que aún hay posibles
márgenes de reacción –si es que aún existen– se están cerrando rápidamente.
Fuente: l’AntiDiplomatico
sábado, 22 de marzo de 2025
La guerra de Ucrania: análisis y antecedentes
La guerra de Ucrania: análisis
y antecedentes
Por Pedro Andrés González Ruiz
Rebelion
21/03/2025
Fuentes: Rebelión
Ahora que la
guerra de Ucrania parece tocar a su fin, nos planteamos cómo se llegó allí. Más
allá de entrar en el maniqueo ejercicio de víctimas y culpables, o peor aún,
buenos y malos, nuestra propuesta es diferente. Se trata de rastrear los hechos
vistos como formas concretas del movimiento de la relación social que regula la
totalidad del orbe mundial. Lo cual empieza preguntándonos por la causa de los
hechos que tenemos delante.
La actual
guerra de Ucrania, tal como la hemos conocido en los últimos tres años, tuvo su
origen inmediato en la invasión rusa de febrero de 2022. Una primera pregunta
asalta al observador: por qué Putin decide invadir Ucrania. Es claro que esta
acción imperialista tiene su origen en la voluntad imperialista rusa de
responder a supuestas agresiones del imperialismo occidental.
Ambas
voluntades imperialistas que se contraponen nos remiten a la lucha entre
bloques geopolíticos. Encontrándonos en que para explicarnos la guerra de Ucrania
hemos de ver la relación entre ambos imperios. Hemos de aclarar que en este
planteo, referido a una coyuntura muy específica, el capital anglo-europeo
aparece como unidad. Pero sabemos que no es así. Cuestión que se ha visto más
evidente con la política de Trump, pero esto tendrá que ser materia de otro
desarrollo.
Las disputas
entre bloques geopolíticos no resultan de divergencias morales, como la
libertad, la democracia, la seguridad, o la fraternidad. Ese es el discurso que
envuelve la verdadera causa, los intereses que nutren la acumulación de sus
respectivos capitales: materias primas o recursos naturales, fuerza de trabajo,
mercados, localizaciones o rutas de transporte y comunicaciones, básicamente.
Es decir, las bases materiales de la reproducción ampliada del capital. Ucrania
ofrecía muchos de estos motivos (potencia cerealistica, recursos energéticos,
tierras raras, posicion estratégica y acceso directo al territorio ruso).
También sabemos
que esta lucha interimperialista en torno al territorio ucraniano no comenzó en
2022 y que tiene unos antecedentes, lo cual nos lleva a mirar las relaciones
entre las dos potencias, Rusia y USA-UE, en torno al territorio ucraniano en su
evolución histórica.
Pero, hay algo
más que no debe escapar a la mirada histórica atenta. Esta guerra
interimperialista histórica de Ucrania es una forma concreta del enfrentamiento
entre los dos bloques en torno a la expansión de la OTAN en Europa oriental.
Aún más, este
enfrentamiento no se limitó a la Europa del este sino que se extendió a lo
largo y ancho de la tierra. Este es el marco que permite entender las
revoluciones naranjas, primaveras árabes, golpes suaves que riegan la historia
reciente de la humanidad desde los años noventa: Irak (1991, invasión en 2003,
ocupación 2003-2011), Irán, Chechenia (1994-1996, 1999, 2005), Libia (2011,
2014-2020), Siria (2011-2024), Afganistan (2011), Líbano, Argelia, Venezuela,
entre muchos otros.
Por ello, para
adquirir una comprensión amplia de la guerra de Ucrania hay que volver la mirada
a los hechos que siguen al desmoronamiento de la URSS y, particularmente, a la
lucha más o menos larvada en torno a su área de influencia desde inicio de los
años noventa del siglo pasado. Veamos.
La caída de la
URSS sunió a todo el bloque soviético en una depresión económica y un desorden
político. En los años 90, y hasta mediados de la segunda década del nuevo
siglo, el incipiente capital ruso, deslumbrado por la modernidad occidental,
demanda integrarse en el imperialismo anglo-europeo, pero será rechazado en
diversas ocasiones. También intentará restablecer la colaboración con el
antiguo Comecon, pero verá esfumarse su área histórica de influencia. No
obstante, tendrá una tarea que realizar, desarrollarse. Primero saqueando el
estado ex-soviético que se repartirán los gerentes de las empresas publicas y
los burócratas del PCUS, los futuros oligarcas. Luego, reprimiendo, explotando
y empobreciendo a la clase obrera rusa. Este ensimismamiento, en parte debido a
su debilidad, lo relegará al papel de un observador resignado de la caída del
imperio ex-soviético.
Tras la
reunificación alemana (1990) donde los líderes occidentales prometerán que la
OTAN no se expandirá hacia Europa del Este, negarán a Gorbachov su propuesta de
integrarse en una OTAN reformada. Entre tanto, ayudan a los países de Europa
del Este para que vayan superando sus deprimidas economías con gobiernos
prooccidentales que se irán integrando en la UE. En cambio, a Rusia, le negarán
tal auxilio y le enviarán numerosos expertos que conduzcan su economía hacia el
capitalismo. La tarea del Occidente atlantista consistió en separar a la URSS
de su área de influencia (Europa del Este y algunos países de extremo oriente),
por un lado, mientras se fomentaba su debilidad (fraccionamiento, hostigamiento,
aislamiento, en definitiva que no despierte el oso), por el otro. Cualquiera
que fuese la causa de la dinámica centrífuga de la URSS/Rusia, la tarea del
imperialismo atlantista fue favorecerla. Así la expotencia mundial quedaba
relegada a un papel subsidiario en la división internacional del trabajo le
tenía asignado a Rusia en la acumulación mundial de capital
En 1991 se
disuelve la URSS, declarándose el final de la guerra fría con la victoria del
capitalismo atlantista. Fukuyama proclamará el final de la historia que los
intelectuales occidentales celebrarán. Le tocará a Yeltsin contemplar como el
imperialismo atlantista interviene en toda Europa Oriental, espoleando la
rusofobia heredada de la época soviética y agudizando las diferencias internas.
Particularmente observará risueñamente el desmembramiento en 7 países de
Yugoslavia (1992) y el bombardeo de Serbia en dos ocasiones (1995 y 1999),
además de los conflictos del Cáucaso y Chechenia. A pesar de sus protestas,
tendrá que beberse la ampliación de la OTAN en 1999 (Polonia, Chequia y
Hungría).
Posteriormente,
será el turno de Putin, pese al buen rollo con los líderes occidentales, verá
cómo la alianza se le planta enfrente con la entrada de Bulgaria, Lituania,
Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia y Letonia, estos dos últimos con
fronteras con Rusia, en 2005. Sus protestas caen en saco roto, y la buena
predisposición rusa tampoco logrará el acercamiento que las élites rusas
anhelan. A Rusia le “surge” la segunda guerra de Chechenia (2005).
Un poco antes,
en 2004, en Ucrania estalla la revolución naranja, que el imperialismo
anglo-europeo impulsa, y se establece un gobierno prooccidental cuya política
favorece los intereses de USA y la UE frente a los rusos. En 2008 Bush-hijo
declara la intención de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN. Al mismo
tiempo, el presidente ucranio (Yushenko) solicita la entrada en el organismo
militar. Putin, de nuevo, se mostrará contrario. Además habrá de afrontar la
guerra de Georgia (2008).
No obstante, el
proceso de integración de Ucrania en la OTAN se ve paralizado por el nuevo
gobierno prorruso de Yanukovich (2010), salido de las elecciones. Rusia
aprovecha para renovar su presencia en la base militar de Sebastopol, uno de
sus bastiones en el Mar Negro que comunica con Oriente próximo.
Entre tanto, el
capital ruso se ha desarrollado y se hace con un área de influencia; el mercado
interno se le queda estrecho y ha de salir a competir en el mercado mundial.
Además, su potencia militar le habilita para establecer la necesaria área de
seguridad (como mínimo, la neutralidad de Ucrania), que salvaguarde a Rusia de
intromisiones militares extranjeras. Pues, como dice Marx, la violencia no solo
es partera de la historia sino que es una potencia económica en sí.
En 2013 surge
el Euromaidan, una revuelta popular que, con intervención occidental, derrocará
a Yanukovich y llevará al poder a un gobierno prooccidental. Pero, el nuevo
gobierno y su política antirusa no será aceptado por todas las regiones.
Crimea, que tiene la base militar de Sebastopol, será anexionada por Rusia en
2014. Occidente protestará enérgicamente: una cosa es desmembrar la URSS en 15
países, Checoslovaquia en dos o Yugoslavia en siete, y otra cosa es lo de
Crimea, por lo que impondrán sanciones a Rusia.
En 2014 y
posteriormente en 2015, el gobierno ucraniano apoyado por el imperialismo
anglo-europeo, inclumplirá sendos acuerdos de Minsk, que pretendían poner fin a
la guerra del Donbás (2014). Una guerra desatada porque las regiones de Lugansk
y Donetsk no reconocen al gobierno ucraniano y se independizan. Esta guerra se
prolongará hasta que Putin, el 24 de febrero de 2022, pone en marcha la
operación militar especial iniciando la invasión de Ucrania.
Putin, un
reaccionario religioso, antes un dialogante y moderno gobernante ruso, es
presentado ahora como un autócrata loco y despiadado. Sin embargo, es lo que
cualquier gobernante, el portavoz de la representación política del capital
total ruso.
Un capital que
hubo de crecer lentamente, sin ayuda, sobre la base del expolio del estado
ex-soviético y la explotación de la clase obrera rusa. Un capital que, mientras
fue débil, hubo de conformarse con ver resignadamente y, a veces, ingenuamente
cómplice, cómo el imperialismo occidental, al cual anhelaba vincularse, lo
despreciaba y le detraía su otrora área de influencia. Pero que, llegado a un
punto de su desarrollo, dotado de su poder militar en buena parte heredado de
la URSS y propietario de fabulosas riquezas naturales además de 150 millones de
habitantes, se enfrentó al último intento de cercarlo: la incorporación de
Ucrania a la OTAN. El capital ruso, transformado en imperialismo ruso, reclama
un sitio más determinante en el tablero geopolítico mundial, y esto empieza por
reclamar su área de seguridad lo cual significa la neutralidad, como mínimo, de
Ucrania.
La guerra de
Ucrania se nos presenta, entonces, como un episodio de la disputa histórica
(desde la caída de la URSS) del nuevo imperio ruso, larvado lentamente por el
capital ruso, frente al imperio euro-atlantista. Disputa que gira en torno al
área de influencia (Europa del Este), por tanto de las riquezas ucranianas
tanto materiales como estratégicas y que incluye el área de seguridad
(neutralidad de Ucrania) del imperio ruso. Un imperio que avanza en su
posicionamiento geopolítico, empujado por el capital ruso que se expande en la
búsqueda de la apropiación del máximo plusvalor en el marco de la nueva
división internacional del trabajo que ofrece la acumulación mundial de
capital.
Pedro Andrés
González Ruiz, autor del blog Criticonomia



