jueves, 19 de diciembre de 2024

La naturaleza de la violencia

 

El apoyo que Luigi Mangione está recibiendo en EEUU (ejemplificado por el asalto de una “turba” al McDonalds en el que fue detenido) debería abrir los ojos de los mandamases, ante de que se los cierren definitiva y merecidamente a base de puñetazos.


La naturaleza de la violencia

 

Andrea Zhok

El Viejo Topo

19 diciembre, 2024 

Tras el asesinato del director general de United Healthcare, Brian Thompson, a manos de Luigi Mangione, de 26 años, se ha desarrollado otro falso debate, cuya verdadera función es enterrar las dinámicas esenciales bajo un manto estéril. Las líneas del simulacro de debate enfrentan a quienes piden «10, 100, 1.000 Mangiones» para corregir los errores perpetrados por el sistema de seguro médico estadounidense con quienes preguntan «dios mío, ¿dónde vamos a terminar con toda esta violencia? »

Ahora, en el momento en que el debate termina en la oposición binaria entre santificación o condena de la «violencia ilegal», se pierde de vista un hecho fundamental.

Lo que se elimina es la naturaleza de la violencia. En un mundo como el moderno, enormemente complejo, entrelazado de interdependencias, en el que ningún individuo es capaz de ganarse la vida en una «relación individual directa con la naturaleza», la violencia se ejerce de muchas maneras. Aquellos en los que se disparan armas de fuego en la calle no son necesariamente los peores casos.

¿Cuál es la esencia de la violencia en un contexto social? La esencia de la violencia no está en los golpes, no está en el fluir de la sangre, no está en el hematoma, en la fractura, en la herida, en la excitada precipitación de los acontecimientos. La esencia de la violencia radica en la DESTRUCCIÓN FORZADA DE LA VIDA Y LA SALUD, FÍSICA Y MENTAL. ¿Pero cómo ocurre esta compulsión? En una sociedad moderna y compleja, en la que para acceder a la satisfacción incluso de las necesidades primarias básicas cada uno de nosotros debe depender de largas  cadenas de división del trabajo, de la coordinación de innumerables personas distantes, la destrucción coercitiva de otros puede ejercerse de muchas maneras. . De hecho, la mayoría de las formas de violencia se ejercen indirectamente y más por omisión que por acción.

El poder que ejerce la violencia sólo en mínima medida es el poder directo de quienes disparan, golpean y cortan. Hay innumerables maneras de «hacer ofertas imposibles de rechazar», sin derramar sangre. Nadie duda de que decirle a alguien “¡O tu bolso o tu vida!” bajo la amenaza de un arma de fuego está en el ejercicio de la violencia, incluso si no sucede nada sangriento. Pero si no es mi arma lo que amenaza una vida, sino un accidente fortuito, un accidente, una enfermedad, si alguien se está ahogando ante mis ojos y empiezo a negociar las condiciones para entregarle un chaleco salvavidas, ¿en qué sentido no sería esto violencia?

En el Occidente contemporáneo, la primera forma de poder no es la que se confiere mediante las armas o los puños, sino la que se confiere mediante el dinero. El dinero media nuestras relaciones con los demás, con nuestras propias posibilidades de futuro, con el entorno que nos rodea.

El ejercicio del poder mediado por el dinero es mucho más extenso, difundido e incisivo que el de quienes se ensucian con polvo y sangre. La diferencia de esta forma de ejercicio de la violencia respecto a lo que imaginamos como violencia ejemplar está en su carácter indirecto, en el tiempo entre causas y efectos.

Por ejemplo, cuando las decisiones legales y financieras (comenzando con la derogación de la Ley Glass-Steagall en los EE. UU.) allanaron el camino para lo que más tarde se llamó la «crisis de las hipotecas de alto riesgo», nadie percibió (ni informó) violencia alguna. Pero el mecanismo puesto en marcha en ese momento en América generó en pocos años el dramático empobrecimiento de cientos de millones de personas inocentes y distantes en todo el mundo, provocó miles de suicidios por fracaso, la degradación repentina de las condiciones de vida de millones de personas y la consiguiente aparición de una infinidad de patologías, oleadas de degradación social y cultural, desintegración de familias, decadencia demográfica en zonas enteras, explosión de depresiones, muerte del futuro para toda una generación en muchos países (comenzando, en Europa, por Grecia).

Cuando hoy en día la Unión Europea gasta 132.000 millones de euros en apoyo bélico a una guerra como la de Ucrania, que podría haber terminado un mes después de su comienzo (salvando, por cierto, cientos de miles de vidas ucranianas y rusas), ese dinero se lo quitan del tesoro público al que pertenece el trabajo de todos, y se sustrae a hospitales, escuelas, guarderías, pensiones, salarios. Cuando esto sucede, siempre ocurre de forma gradual, indirecta, sin la imagen característica de la violencia como una «rápida precipitación de los acontecimientos»; y, sin embargo, la cadena de efectos produce para algunos sólo un aumento del malestar, pero para otros significa pasar un punto sin retorno: perder el control sobre la propia vida, perder la casa, el trabajo, la salud, la capacidad de mantener a la familia, ahogarse en una condición sin salida.

Cuando Israel importa 180.000 trabajadores extranjeros para reemplazar la mano de obra palestina y, por lo tanto, excluye a los trabajadores palestinos de trabajar en los territorios ocupados, no necesita disparar un tiro para someter a decenas de miles de familias a un chantaje vital.
Acontecimientos de esta naturaleza tienen lugar todos los días sobre nuestras cabezas en las formas abstractas e inodoras de la especulación financiera, de la complicidad entre la corrupción política y la extorsión económica, en la ficción liberal de que los vicios privados se traducen mágicamente en virtudes públicas.

Y todo esto es VIOLENCIA.

Es una violencia no menos despiadada y opresiva que la de las bombas y las prisiones y, además, no desdeña convertirse ocasionalmente en bombas y prisiones.

Bueno, al final podemos decir que ciertamente es un error aplaudir la violencia del justiciero solitario.
Pero la razón, tal vez, no sea tanto porque sea un justiciero, sino sólo porque es solitario.

 

FuenteArianna Editrice 

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Globalización y geopolítica

 


Globalización y geopolítica

 

Miquel Amorós

KAOSENLARED

19 de diciembre de 2024 

 

En las menguantes clases medias de la cada vez más impotente sociedad europea todavía subsiste la ilusión liberal-ciudadanista de que la maquinaria del Estado es controlable por los parlamentos. Y que gracias a ese control político, el mismo Estado puede representar a la “ciudadanía”, es decir, actuar de acuerdo con los criterios morales de la mesocracia, tomando partido por lo que aquella considera justo, en contra de lo que cree que no es de justicia. De esta forma, el mundo es contemplado como un escenario donde el bien general y el mal absoluto se disputan el terreno, y en caso de pelea, la buena conciencia maniquea de los partidos -que actúan como empresas privadas- ha de mostrar diligencia a la hora de situarse en el lado correcto, el de los buenos. Sin embargo, todos los bandos dejan mucho que desear, y  a poco que se profundice afloran contradicciones que arrojan dudas sobre la bondad de la facción elegida, las cuales no siempre se pueden aplacar con altas dosis de ideología. Nadie juega limpio cuando priman los intereses particulares.

Por supuesto que nos horrorizan las matanzas; abominamos las diferencias de clase, rechazamos las coacciones del tipo que sean, odiamos las dictaduras, detestamos la burocracia y execramos el patriarcado. También tomamos partido -nos posicionamos-, pero no para identificarnos mecánica y contemplativamente con los enemigos aparentes de nuestro enemigo real, a saber, la clase dirigente. No somos espectadores atentos a los movimientos del contendiente con el que abstractamente nos solidarizamos. Obrando así, no nos oponemos de verdad a los poderes que se reparten el mundo. Nos interesa más dilucidar las causas que han conducido a la situación en la que nos encontramos, para de este modo desvelar la verdadera naturaleza de los conflictos actuales y descubrir los objetivos ocultos perseguidos por las banderías oficialmente en lucha. La causa más importante es obvia: la desaparición del proletariado como clase consciente, de la que deriva la ausencia de un movimiento revolucionario digno de ese nombre. Teniendo esto muy en cuenta, hemos de considerar el mundo como totalidad, como una realidad global e histórica perfectamente ordenada según una extraña lógica, cuyas reglas obedecen a los juegos internacionales de poder y a las vicisitudes del mercado mundial. A partir de ahí, intentaríamos comprender los temas principales de nuestro tiempo, desde las guerras de Ucrania y Gaza, a las elecciones de Venezuela o México, desde el ascenso de Trump, la ideología woke y la extrema derecha europea, hasta la resistencia de Rojava, el fracaso de la primavera árabe y la hegemonía china.

Estamos inmersos en una economía mundializada, en la que todas las actividades económicas son interdependientes, puesto que están integradas en un todo. Los imperativos del crecimiento gobiernan el mundo y todo acontecimiento disruptivo -p.e. una pandemia, una guerra, una crisis financiera- afecta por igual a todas las partes. La economía ahora se transforma directamente en poder, algo demasiado importante para dejarlo en manos de empresarios, terratenientes o políticos. Estos son solamente simples correas de transmisión de los dictámenes elaborados en despachos ajenos de más alto nivel, puesto que en el sistema globalizado la propiedad y el trapicheo a gran escala han perdido importancia en beneficio del poder de decisión. Así que, cualquiera que sea la clase política, siempre subalterna, en la actualidad, la cúspide de la clase dominante se compone mayoritariamente de altos ejecutivos, burócratas especializados y expertos patentados. En ese contexto, el liberalismo, la democracia parlamentaria, los partidos políticos, los derechos civiles, etc, son cosas del pasado: los principios, los valores y las metas morales esgrimidos por la propaganda ideológica carecen de importancia. El orden -la obediencia- es lo que cuenta.

La globalización del comercio y las finanzas no se vio correspondida por una homogeneización de los regímenes políticos, dado que el harakiri no entraba en los planes de las oligarquías dirigentes. A nivel local y regional, la complejidad de las estructuras sistémicas y la divergencia de intereses eran tan enormes que dificultaban el menor progreso en esa dirección. La herencia histórica de la “guerra fría”, el pasado en forma de aparato burocrático, el substrato cultural antimoderno, pesaban como una losa y podía palos a las ruedas en la marcha hacia la mundialización política. El orden liberal se circunscribió solo al llamado Occidente, quedando fuera el resto. De todas formas, el capitalismo desregulador de las multinacionales era perfectamente compatible con otras formas de capitalismo como por ejemplo el capitalismo oligárquico de Estado, el capitalismo teocrático o el capitalismo de partido. La supremacía del liberalismo capitalista se postuló abiertamente en 1945 a través del predominio económico y militar de los Estados Unidos al acabar la Segunda Guerra Mundial. Su apogeo ocurrió en 1989 con la caída del muro de Berlín, la descomposición de la URSS, los tratados de desarme y la preponderancia mudial de las finanzas, dando lugar a la llamada globalización, que tuvo como corolario una especie de “macdonalización” generalizada, o sea, a una unificación universal de hábitos consumistas, modas, gustos gastronómicos y costumbres festivas americanas. En fin, y sobre todo gracias a la expansión rapidísima de la población urbana, la sociedad del espectáculo se hacía realidad, pero siguiendo pautas estadounidenses, ya que Europa había perdido su influencia tras el final de la “guerra fría”: los destinos del planeta entero ya no dependían de decisiones suyas. El continente había dejado de ser autónomo en defensa: se protegía de las inclemencias securitarias bajo el paraguas americano, el Tratado del Atlántico Norte. Tampoco lo era en materia de energía y en política exterior. Ya lo comprobamos en las guerras del petróleo de finales de siglo y en la supeditación al gas ruso, y se sigue comprobando en los bombardeos de Gaza. En adelante la decadencia europea no hará sino acentuarse.

Europa, o mejor dicho, sus otrora dirigentes apoyados en unas expansivas clases medias, había apostado por la interdependencia pacífica con la Rusia oligárquica, por el desarrollo económico y el comercio, centrándose más en la balanza de pagos, el cambio climático y los inmigrantes, que en la disuasión militar. Un exiguo gasto armamentístico transparentó su voluntad de no combatir. No obstante, su superioridad económica fue erosionándose a buen ritmo por causas demográficas y tecnológicas. Actualmente, la envejecida población europea es tan solo el 7% de la mundial cuando en 1900 era el 25%, y tiende a la baja. Por otra parte, China y las potencias emergentes como la India ha recuperado el desfase tecnológico que tenían. No se limitaban a importar y copiar la tecnología de otros, como cuando eran la fábrica mundial, sino que pasaban a liderar el sector incluso en temas de innovación, defensa y aeronáutica. Finalmente, la productividad semejante hizo que el peso económico de un país, y por lo tanto la influencia política, dependiera cada vez más del volumen de población. Y en ese terreno el archipoblado Oriente superaba ampliamente a Rusia, la Unión Europea o América del Norte juntas. De hecho, después de llevar años creciendo el Producto Interior Bruto muy por encima del americano y el europeo, en 2014 China sobrepasó a los Estados Unidos en capacidad adquisitiva. También lo hizo en recursos estratégicos. Desde entonces, nos encontramos en un escenario internacional marcado por las tensiones y equilibrios de poder entre las dos potencias preeminentes con sus aliados respectivos, una en ascenso, alrededor de la cual orbita Rusia, y la otra en declive. Las escaramuzas comerciales entre China y Estados Unidos, o el cinturón de seguridad del Pacífico, son solo la punta del iceberg. Dentro de un marco global, cualquier conflicto que sobrepase los límites locales, pongamos por ejemplo la guerra de Ucrania, es ante todo una confrontación delegada entre ambas potencias. La OTAN, los oligarcas ucranianos, Irán, el Estado gendarme ruso y hasta los norcoreanos serán los actores del drama, pero ni el guión ni el final ha sido escrito por ellos.

En la actual fase de la globalización, el poder es visiblemente el elemento básico de las relaciones internacionales, y por eso mismo, la geopolítica adquiere una relevancia prevalente. La política exterior de los grandes Estados deviene enteramente geoestratégica y el concepto de “enemigo” vuelve al ruedo com mayor brío. Dado el fin de la hegemonía incontestable de los Estados Unidos, cada potencia busca el equilibrio de poder suficiente acumulando medios de combate y estableciendo alianzas con el objeto asegurarse sus áreas de influencia. Claro está, sin abstenerse de una intervención militar si resultara preciso, con lo cual dicho equilibrio se vuelve problemático, puesto que las demás potencias, a fin de no desestabilizarse, obrarán en consecuencia. Tal es la causa más verdadera de la guerra de Ucrania, la que, acabando de demoler el edificio securitario del periodo posterior a la guerra fría, ha situado a Europa en el eje central de la geopolítica, ha significado la vuelta de Rusia como aspirante a potencia mundial y ha desencadenado una inquietante carrera de armamentos. Hasta entonces, los gobiernos europeos habían buscado el equilibrio de poder a través de la multiplicación de ataduras económicas, aflojando el gasto militar y centrándose en la denominada pomposamente “transición energética”, es decir, el capitalismo “verde”. Tal estrategia, de origen alemán, culminó en una dependencia arriesgada del petroleo y gas natural rusos, y una dependencia aún mayor del mercado de las placas solares, aerogeneradores, baterías, vehículos eléctricos, etc., dominado por China. A estas alturas el alarmismo climático de los gobiernos europeos, sobre todo socialdemócratas, es pura retórica, puesto que en la práctica se consume cada año más combustible fósil, la energía nuclear encuentra cada día más partidarios y las cumbres del clima nuncan se ponen de acuerdo en las medidas esenciales. El viraje estratégico al que la Unión Europea ha sido arrastrado por la guerra, es mas peligroso si cabe, pues más que en la electrificación, se basa en la militarización.

La actual fase antes aludida se apoya en una auténtica economía de guerra, estrechamente relacionada con la industria nuclear, armamentista y aeroespacial, y subsidiariamente, en el control social de la población. Dichas actividades contribuyen al 12 % del PIB y son en estos tiempos el motor de la economía hasta el punto que algunos analistas apuntan a los gastos militares como el  mejor medio de sostener la tasa de ganancia del capital. En España el aumento de dicho gasto hasta un 2% del presupuesto estatal puede llegar a desplazar al turismo de masas como primer propulsor económico, algo con lo que más de la mitad del electorado está de acuerdo. Una ministra del gobierno socialista ha dicho con total sinceridad que “invertir en defensa es invertir en paz”, que es lo mismo que decir “si quieres paz, prepárate para la guerra”, con lo cual la alineación del pacifismo gubernamental con el más rancio otanismo queda fuera de cuestión. Lo cierto es que en la conflictiva escena mundial, sin una clara potencia dominante, la guerra es una necesidad. Es el principal factor de pacificación interna y el mayor estímulo de la economía, aunque los beneficiados en su mayor parte sean las corporaciones y fondos multinacionales. Mientras tanto, las inclemencias en lo relativo a los precios de la energía, los alimentos, el transporte y la vivienda repercuten en los bolsillos de las clases medias y populares. Dadas estas circunstancias, se cumplen todas las condiciones para un amplio cuestionamento del sistema, pero este, sorprendentemente, se origina mayormente en el ámbito de la derecha política radicalizada. El parlamentarismo democrático se ha deslegitimado a los ojos de una población frustrada en sus expectativas y decepcionada con sus representantes. Del descrédito de la clase política no se libra ni el progresismo izquierdista posmoderno, ni el ecologismo subvencionado, demasiado ligados al orden neoliberal como para luchar contra él, y demasiado ambiguos en sus pronunciamientos como para resultar creibles. La extrema derecha, que apela a la razón menos aún que sus homónimos de la izquierda, en cambio, conecta con mayor eficacia con unas clases “lepenizadas”, escépticas con las versiones oficiales que los medios repiten machaconamente, desencantadas con la política y enfurecidas ante un futuro adverso, pero bastante sensibles a las plagas emocionales que los algoritmos de las multinacionales correspondientes propagan por las redes sociales.

En efecto, los aprietos económicos de las clases fragilizadas y las acentuadas desigualdades acarreadas por la globalización han eclipsado a la izquierda ciudadanista y abierto camino a una corriente política nacionalista, xenófoba y racista, partidaria de levantar barreras aduaneras a la libre circulación de mercancías, personas y capitales, y que halla en los inmigrantes a su chivo expiatorio. Proteccionista, antiliberal, populista y contraria a la guerra, como el izquierdismo clásico, no oculta sus críticas a la OTAN, su hostilidad hacia académicos, intelectuales y periodistas, su rechazo del sistema de partidos y sus preferencias por los regímenes autoritarios como la Rusia putinista. El Estado es para ella -y también para la izquierda, sea moderada o extrema- el gran proveedor de bienestar y prosperidad, con tal que su gestión favorezca a los empresarios y obreros autóctonos, a la bandera y la familia. El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales americanas, que anuncia un marchamo aislacionista a las políticas del país, favorecerá aún más los progresos de dicha facción, que ya cuenta no solo con partidos de peso y la cuarta parte de los escaños del parlamento europeo, sino con jefes de gobierno. Ideológicamente confusa, su credo es una mezcla de negacionismo climático, gestualidad beligerante y valores conservadores o izquierdistas vueltos del revés (antifeminismo, transfobia, antiabortismo, antivacunas, casticismo lingüístico, fundamentalismo religioso). Realmente, no se puede negar que la filosofía posmoderna en manos izquierdistas, al demoler los criterios de verdad, razón y universalidad e inundar de corrección política y fraseología vacía el discurso mediático, ha contribuido tanto al desarrollo la extrema derecha como la crisis de 2008, la profesionalización de la política, la corrupción, las genuflexiones de los sindicatos, la información unilateral de los medios y su contrapartida, la industria fake, el deshilachado del tejido social o la alta tecnología. La extrema derecha ofrece una alternativa que por aberrante que sea -y no lo es más que la que ofrecen la izquierda y la derecha liberales- cala en amplios sectores de población perjudicada, irritada y predispuesta.

El panorama futuro apunta a un estancamiento de la economía y una caída de las inversiones, con la consiguiente inflación que, junto con las innovaciones tecnológicas, repercutirá negativamente en la población asalariada; asimismo, apuntará a un fracaso de la descarbonización capitalista, y por lo tanto, a una dependencia mayor de los combustibles fósiles externos. Previsiblemente son de esperar el enroque patriótico-arancelario de los EEUU y, en consecuencia, el acercamiento a Rusia, más reestalinizada que nunca, el sostén a Israel y el incierto final de la guerra de Ucrania. Las tensiones geopolíticas se incrementarán, principalmente con Irán y China. La Unión Europea, cuya “transición ecológica” depende de esta última, se verá abocada a un mayor gasto militar a costa de los servicios públicos y de la estabilidad interna, sin que por ello su declive no deje de agravarse. El discurso de la dominación será más catastrofista, focalizándose en la inmigración, el cambio climático y las guerras, los temas más idóneos hoy para desviar la atención a la contaminación, el agronegocio y la destrucción del territorio.  Y por encima de todo, para atemorizar a la población, y, por consiguiente, para paralizarla, algo que funcionó bien durante la pandemia. Se podría decir que estamos en un impasse histórico que inaugura un periodo de incertidumbre prolongada, en donde cualquier salida, buena o mala, es posible. Cuesta imaginar una salida revolucionaria aunque venga de una evolución por etapas, pero todo dependerá de la orientación internacionalista y antiestatal que tomen unas fuerzas sociales que por necesidad habrán de movilizarse.

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miércoles, 18 de diciembre de 2024

DONETSK:COLAPSA TODA LA LÍNEA DEFENSIVA UCRANIANA AL SUR DEL RÍO SUKHI Y...

La colonización de Europa

 

Tras la guerra, la destrucción de Europa por parte de Estados Unidos fue un gran negocio que benefició a este país de manera decisiva para poder garantizar su supremacía total en el nuevo orden mundial de posguerra. Ahora, la historia se repite de nuevo.


La colonización de Europa


Por Eduardo Vasco*

El Viejo Topo

Geopolítica 18 diciembre, 2024



Nuevos datos revelan una vez más la devastación económica de Europa. Y sus orígenes están directamente ligados al poder estadounidense.

El ex director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, presentó recientemente un extenso informe a la Unión Europea que demuestra cómo los europeos se están quedando atrás de los estadounidenses –e incluso de los asiáticos– en cuestiones clave del desarrollo económico.

Si en 1990 el PIB per cápita en Estados Unidos era un 16% superior al de la zona del euro, en 2023 esta diferencia ya había aumentado a más del 30%. Esto significa que los estadounidenses son cada vez más ricos que los europeos.

Pero la brecha entre los hombres más ricos de Estados Unidos y Europa también se está ampliando. Sólo el 10% de los empresarios de alta tecnología que se encuentran entre los 30 y 500 primeros en el ranking de capitalización de mercado son europeos. En comparación, el 73% de los primeros y el 56% de los segundos son estadounidenses.

Estos nuevos datos revelan una vez más la devastación económica de Europa. Y sus orígenes están directamente ligados al poder estadounidense.

En la década de 1930, Estados Unidos había perdido toda la ventaja que había obtenido sobre sus competidores europeos al final de la Primera Guerra Mundial. Europa estaba devastada y Washington se había convertido en la gran superpotencia económica del mundo. Sin embargo, la crisis de 1929 acabó con esta fuerza. La gran depresión parecía haber acabado con el sueño americano.

Así como la Primera Guerra Mundial fue una disputa entre potencias imperialistas por el mercado mundial, era necesario desencadenar la futura Segunda Guerra Mundial para que los estadounidenses pudieran recuperar el control, parcialmente perdido ante Alemania y Japón a raíz de la crisis de los años treinta. Franklin D. Roosevelt lideró la reorganización de la economía estadounidense, expandiendo enormemente el gasto federal y realizando grandes inversiones públicas gracias a una centralización dictatorial del poder económico en manos de un pequeño monopolio de corporaciones.

El resultado fue un aumento inimaginable de la producción industrial, centrada casi exclusivamente en la guerra. Pearl Harbor fue muy útil: fue la excusa que el régimen necesitaba para eliminar la oposición a su entrada en el conflicto. Entre 1941 y 1944, la producción de guerra estadounidense se triplicó con creces, y en 1944 sus fábricas producían el doble que Alemania, Italia y Japón.

La producción industrial estadounidense sirvió para dos objetivos estratégicos entrelazados: destruir Europa y reconstruirla a su imagen y semejanza. Estados Unidos dotó a Inglaterra del armamento necesario para enfrentarse a Alemania y ambos llevaron a cabo una intensa campaña de bombardeos con la intención explícita de destruir la economía alemana, motor industrial de Europa.

Se lanzaron casi 2,7 millones de toneladas de bombas sobre Alemania y regiones ocupadas por los nazis en otros países, particularmente Francia y Bélgica (completando el corazón industrial de Europa). Los bombardeos aéreos estadounidenses y británicos mataron a 305.000 alemanes, hirieron a casi 800.000, destruyeron total o parcialmente 5,5 millones de hogares y dejaron a 20 millones sin servicios públicos esenciales.

Fue un genocidio. Sumando la matanza inmediata de 330.000 civiles en Japón gracias a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos estadounidenses se cobraron la vida de 635.000 personas.

La destrucción de Europa por parte de Estados Unidos fue un gran negocio que benefició a Estados Unidos de manera decisiva para poder garantizar su supremacía total en el nuevo orden mundial de posguerra.

El déficit de los países extranjeros en 1946-47 ascendió a más de 19 mil millones de dólares. Estados Unidos, que estaba intacto, ofreció préstamos para iniciar la reconstrucción de Europa como una forma suave de colonización, mientras al mismo tiempo castigaba severamente a esos países.

En palabras del poco sospechoso historiador del establishment Arthur S. Link, “el gobierno estadounidense, incluso durante los amargos días de la Reconstrucción, nunca se había vengado tan terriblemente de antiguos enemigos”. El pueblo y las instituciones alemanes fueron reformados “a imagen de Estados Unidos”.

La Doctrina Truman y, principalmente, el Plan Marshall, fueron el pilar de la política de colonización de Europa por parte de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial: el primero transformó toda Europa Occidental y parte de su sureste en una enorme base militar estadounidense, a través de la OTAN, la nueva policía de la política de estos países.

La segunda comenzó como una política clientelista, otorgando limosnas a los europeos hambrientos (11 mil millones de dólares) que luego serían devueltas con intereses, iniciando el proceso de dependencia económica, política y social de Europa. Entre 1948 y 1951 se gastaron otros 12 mil millones en este sentido.

Combatir la falsa amenaza de la Unión Soviética fue la excusa encontrada por el gobierno estadounidense para capturar Europa. “La nación más grande de la Tierra”, declaró el republicano Arthur Vandenberg ante el Senado, “tendrá que justificar o abandonar su liderazgo”. Así fue como Estados Unidos logró liberarse de una crisis de sobreproducción y vender sus bienes y armamentos, dejando al mismo tiempo a los europeos rehenes de las deudas acumuladas. Los productos estadounidenses invadieron Europa y la OTAN comenzó a controlar los ejércitos nacionales.

Por un lado, la transformación de Europa en vasallos después de la Segunda Guerra Mundial tuvo como contrapartida para la estabilización social el bienestar relativo de la población. Sin embargo, tras la segunda gran estrategia de colonización estadounidense –la desindustrialización con la imposición de políticas neoliberales en los años 1980 y 1990–, este Estado de bienestar fue desmantelado para dejar a los europeos completamente rehenes de Estados Unidos.

En todos los países del mundo, el principal responsable de la investigación y el desarrollo de la ciencia son las fuerzas armadas. Sin embargo, los ejércitos de Europa se han convertido en vasallos de Estados Unidos a través de la OTAN y sus capacidades se han reducido para igualar las de las fuerzas estadounidenses en el continente. El informe encargado por la UE a Draghi destaca las consecuencias perjudiciales de esta sumisión para Europa.

Según el informe, los europeos gastan la mitad que los estadounidenses en investigación y desarrollo en relación al PIB, y muchos empresarios europeos prefieren migrar a Estados Unidos para desarrollar estas actividades.

El gasto en I+D en relación al PIB en la Unión Europea también es inferior al de China, Reino Unido, Taiwán y Corea del Sur. La UE ya ha sido superada por China en número de artículos publicados en las principales revistas científicas y el Japón y la India les pisan los talones, mientras que Estados Unidos sigue a la cabeza.

La capacidad económica de Europa para la innovación también sigue siendo inferior a la de Estados Unidos y Japón. Ya se ha quedado atrás en el desarrollo de la tecnología digital.

Draghi sugiere una serie de “medidas drásticas” para combatir la creciente brecha entre Estados Unidos y Europa, según Politico. Sin embargo, es poco probable que estas medidas tengan algún efecto, ya que la política de la Unión Europea sigue absolutamente alineada (es decir, dependiente) de la de Estados Unidos y no se han adoptado recientemente medidas relevantes que indiquen un camino diferente al que se está tomando en las últimas décadas.

Por eso hay un descontento creciente, no sólo entre la población común de los países del bloque, sino también entre sectores influyentes de las élites políticas y económicas europeas.

El crecimiento de la extrema derecha en Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Austria, así como la búsqueda de una mayor soberanía por parte de los gobiernos de Hungría y Eslovaquia, son claros reflejos de esta tendencia.

*Eduardo Vasco es un periodista brasileño especializado en política internacional.

FuenteStrategic Culture Foundation en español

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Marx y nuestro tiempo

 

Marx y nuestro tiempo

 

DIARIO OCTUBRE / diciembre 18, 2024



Salvatore Bravo.— Releer a K. Marx es una «tarea política y ética» para los disidentes, es decir, aquellos que no aceptan pasiva y fatalmente el capitalismo con sus tragedias y sus procesos de cosificación. Las mercancías continúan dominándonos y desangrando a la humanidad y detrás de ellas las oligarquías transnacionales perpetúan su estrategia de dominación. El capitalismo continúa haciendo estragos en Occidente y Oriente con las mercancías dominando la imaginación hasta el punto de que los seres humanos no sólo les sirven, sino sobre todo, se perciben a sí mismos como “mercancías entre mercancías”. El valor de cambio es la normalidad relacional ordinaria en el infierno de la tierra bajo el manto del capital. El capitalismo es, por tanto, una visión del mundo, no es externo al ser humano, sino que, como una toxina y un veneno, penetra en el cuerpo y en la mente. Subyugada por la opresión «externa e interna», al final de este proceso de corporatización-mercantilización, la humanidad es sólo una entidad insignificante que se mide por el paradigma del dinero. Releer a K. Marx es un camino hacia la emancipación de la violencia de nuestro tiempo. Requiere palabras y conceptos que revelen la verdad de la condición histórica. La liberación comienza con el dolor/contradicción del ser humano, pero la condición de malestar sin el concepto y comprensión del todo es sólo una larga agonía adaptativa o una rebelión estéril e improductiva. La práctica sin la claridad del concepto no conduce a la libertad sino a una impotencia generalizada y resentida. El ser humano, creador sin titanismo, debe recuperar su esencia histórica y este «comienzo» sólo puede tener lugar, ante todo , en quienes sufren la humillación de la dominación y la alienación. Estos últimos son el motor de la historia. No somos «últimos» sólo por nuestra condición social, sino que lo somos porque estamos desligados de la lógica del capitalismo. Estos últimos son el «motor de la historia»:

“ Hasta ahora, los hombres siempre han tenido ideas falsas sobre sí mismos, sobre lo que son o deberían ser. Basándose en sus ideas de Dios, el hombre normal, etc. regularon sus relaciones. Las producciones salidas de sus cabezas se han vuelto más fuertes que ellos. Ellos, los creadores, se inclinaron ante sus criaturas. Liberémoslos de las quimeras, de las ideas, de los dogmas, de los seres producidos por la imaginación, bajo cuyo yugo languidecen.

Rebelémonos contra este dominio de los pensamientos. Enseñémosles a sustituir estas imaginaciones por pensamientos que correspondan a la esencia del hombre, dice uno; comportarse críticamente con ellos, dice otro; sacártelos de la cabeza, dice un tercero, y la realidad que ahora existe se desmoronará 1 ”.

El comunismo, la inversión dialéctica del capitalismo, para rehumanizar las relaciones humanas y restablecer la esencia histórica del ser humano, sólo puede actuar «aboliendo el capitalismo en la estructura económica y en la superestructura». Las toxinas del capital están con nosotros y dentro de nosotros, por lo que la abolición total del capital sólo puede implicar la radicalidad del «gesto comunista»:

“ Para nosotros, el comunismo no es un estado de cosas que debe establecerse, un ideal al que la realidad debe ajustarse. Llamamos comunismo al movimiento real que abolió el estado actual de cosas. Las condiciones para este movimiento resultan del supuesto ahora existente 2 ”.

Marx y la ideología alemana

Marx declara su distancia con respecto a la filosofía-ideología alemana, ya que desde la derecha hasta la izquierda hegeliana nos limitamos al examen crítico de las representaciones de las religiones. La vida de los pueblos y de los subalternos queda, de este modo, alejada de la filosofía. La filosofía debe convertirse en «mundo», debe entrar en la historia, no debe ser el «alma bella» que se separa de la materialidad de la historia. Marx afirma la superación de la filosofía que se limita a disputas teóricas. Con Marx, el filósofo de la praxis reemplaza al intelectual de sillón. Se trata de resolver una de las innumerables divisiones del capitalismo especular y relacionada con la división entre trabajo intelectual y manual. El hombre marxista va más allá de la cosificación al recomponer las divisiones que consolidaron el hiato entre la clase dominante y los subordinados. La filosofía debe reconfigurar y trascender la parcialidad de la ideología. Con Marx comienza la época de la responsabilidad ética y política de la filosofía; desciende de las cátedras académicas y entra en la historia y la lucha de clases:

“ Toda la crítica filosófica alemana, desde Strauss hasta Stirner, se limita a la crítica de las representaciones religiosas. Comenzó con la religión real y la teología real. Lo que era la conciencia religiosa, la representación religiosa, se definió de diversas formas más adelante. El progreso consistió en subsumir las representaciones metafísicas, políticas, jurídicas, morales, etc. bajo el ámbito de las representaciones religiosas o teológicas. quiénes se presumían dominantes; al proclamar así que la conciencia jurídica, política, moral es conciencia religiosa o teológica, y que el hombre político, jurídico, moral, es decir, el «hombre», en última instancia, es religioso. Se asumió el predominio de la religión. Poco a poco, toda relación dominante fue declarada relación de religión y transformada en culto, culto a la ley, culto al Estado, etc. En todas partes nos enfrentamos a dogmas y a la fe en los dogmas. El mundo fue canonizado cada vez más, hasta que finalmente el venerable San Max pudo canonizarlo en bloque y liquidarlo de una vez por todas .

No se lucha contra el mundo con frases y duelos llenos de palabras. La filosofía, por tanto, debe entrar en una nueva fase, debe pensar en su tiempo en su materialidad para analizar sus contradicciones y potencial dialéctico y convertirse en la mecha que favorezca la transformación cualitativa. Marx nos enseña la necesidad de salir de los salones y de la escritura artificial para entrar en la historia. La escritura es praxis si no apunta a la plusvalía sino a la liberación consciente. La filosofía presupone un escándalo ético ante las injusticias, analiza las condiciones históricas objetivas, pero debe ponerse abiertamente del lado de los dominados. Sin esta conciencia política y ética, no es más que una charla vacía incapaz de levantar ni una pajita:

“ Dado que estos jóvenes hegelianos consideran las representaciones, los pensamientos, los conceptos y, en general, los productos de la conciencia que ellos han hecho autónomos, como las verdaderas cadenas de los hombres, del mismo modo que los viejos hegelianos los consideraban los verdaderos vínculos de la sociedad humana, es fácil comprender que los jóvenes hegelianos sólo tienen que luchar contra estas ilusiones de conciencia. Dado que, según su imaginación, las relaciones entre los hombres, todos sus actos y acciones, sus limitaciones y sus impedimentos son productos de su conciencia, los jóvenes hegelianos piden constantemente a los hombres, como postulado moral, que reemplacen su conciencia actual por una conciencia humana, política o egoísta y así deshacerse de sus impedimentos. Esta petición, de modificar la conciencia, lleva a la otra petición, de interpretar lo que existe de otra manera, es decir, de reconocerlo a través de una interpretación diferente. A pesar de sus frases que, según ellos, «estremecen al mundo», los jóvenes ideólogos hegelianos son los más conservadores. Los más jóvenes han encontrado la expresión adecuada para su actividad, afirmando que sólo luchan contra «frases». Sólo olvidan que a estas oraciones ellos mismos no oponen nada más que sentencias y que no luchan contra el mundo verdaderamente existente cuando sólo luchan contra las sentencias de este mundo. Los únicos resultados a los que podía conducir esta crítica filosófica eran algunas aclaraciones, además parciales, en el campo de la historia de la religión, sobre el cristianismo; todas sus demás afirmaciones son simplemente otras formas de embellecer la afirmación de haber realizado, con esas aclaraciones insignificantes, descubrimientos de importancia histórica universal. A ninguno de estos filósofos se le ocurrió buscar la conexión entre la filosofía alemana y la realidad alemana, la conexión entre su crítica y su propio entorno material 4 ”.

Materialismo e historia

Devolver la filosofía alemana del cielo a la tierra significa observar al ser humano en su materialidad histórica. Las conciencias y las ideas son producto de las condiciones estructurales en las que vivimos y en las que se dispersa la riqueza del espíritu. Los «dominados» están en la trampa alienante del papel que desempeñan en la estructura económica. Sus ideas se forman dentro de relaciones de poder y sumisión. El trabajo que se realiza y cubre no es secundario. La actividad laboral especializada deforma la naturaleza humana e inocula a los dominados con ideas aferentes y dependientes de la actividad. Te conviertes en lo que haces. Quien es utilizado como «medio» se piensa a sí mismo como tal y naturaliza su propio estado. La emancipación sólo puede ser colectiva a través de una reflexión común sobre las condiciones que estructuran la subalternidad de clase. El comunismo pretende hacer que la humanidad vuelva a estar unida a la subjetividad política. La conciencia puede ser sojuzgada y alienada, pero de ella puede nacer «lo nuevo y la nueva visión del mundo», si las circunstancias históricas predisponen a esta transición y si se establecen relaciones políticas entre los dominados. La tarea y la responsabilidad de la filosofía son, por tanto, inmensas:

“ Exactamente lo contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo a la tierra, aquí ascendemos de la tierra al cielo. Es decir, no partimos de lo que los hombres dicen, imaginan, representan, ni de lo que dicen, piensan, imaginan, representan, para llegar de aquí a los hombres vivos; sino partimos de los hombres que realmente están trabajando y a partir del proceso real de su vida explicamos también el desarrollo de las reflexiones ideológicas y los ecos de este proceso vital. Incluso las imágenes nebulosas que se forman en el cerebro del hombre son sublimaciones necesarias del proceso material de su vida, empíricamente verificables y ligadas a presuposiciones materiales. En consecuencia, la moral, la religión, la metafísica y cualquier otra forma ideológica, y las formas de conciencia que les corresponden, ya no conservan la apariencia de autonomía. No tienen historia, no tienen desarrollo, pero son los hombres quienes desarrollan su producción material y sus relaciones materiales y transforman, junto con esta realidad suya, también su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. En el primer modo de juzgar partimos de la conciencia como individuo vivo, en el segundo modo, que corresponde a la vida real, partimos de los propios individuos vivos reales y consideramos la conciencia sólo como su conciencia 5 ”.

El materialismo histórico, ya configurado en sus elementos esenciales, en las primeras obras de Marx es la condición que nos permite escapar del parloteo de pesimistas y charlatanes. Con el materialismo histórico volvemos a la vida concreta y real. No debemos partir de ideas sino del análisis objetivo de las condiciones materiales en las que el hombre real vive, piensa, espera y sufre:

“ Los supuestos de los que partimos no son arbitrarios, no son dogmas: son supuestos reales, de los que sólo podemos hacer abstracción en la imaginación. Son individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto las que encontraron ya existentes como las producidas por su propia acción. Por tanto, estas presuposiciones pueden comprobarse de forma puramente empírica. El primer supuesto de toda la historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivos. El primer dato a destacar es, por tanto, la organización física de estos individuos y la relación resultante con el resto de la naturaleza. Aquí, por supuesto, no podemos entrar en el examen ni de la constitución física del hombre mismo ni de las condiciones naturales encontradas por el hombre, tales como las condiciones geológicas, hidrográficas, climáticas, etc. Toda historiografía debe partir de estas bases naturales y de las modificaciones que han sufrido a lo largo de la historia por la acción de los hombres. Puedes distinguir a los hombres de los animales por la conciencia, por la religión, por cualquier cosa que quieras; pero comenzaron a distinguirse de los animales cuando comenzaron a producir sus propios medios de subsistencia, progreso que está condicionado por su organización física. Al producir sus propios medios de subsistencia, los hombres producen indirectamente su propia vida material. La forma en que los hombres producen sus medios de subsistencia depende, en primer lugar, de la naturaleza de los medios de subsistencia que encuentran y que deben reproducir. Este modo de producción no debe ser juzgado sólo en cuanto es reproducción de la existencia física de los individuos; de hecho, es ya un modo específico de actividad de estos individuos, un modo específico de expresar su vida, un modo específico de vida. A medida que los individuos exteriorizan sus vidas, así son 6 ”.

He aquí la tarea y la batalla más dura que todo filósofo del nuevo tiempo histórico debe librar: debe demostrar que las ideas de cada tiempo son ideologías de dominación y prácticas de vigilancia interna y externa de las clases dominantes. Sin esta emancipación ninguna práctica es posible. La conciencia de clase es el proceso mediante el cual uno se libera de los pantanos de la hegemonía cultural de la clase en el poder:

“ La clase que tiene a su disposición los medios de producción material, tiene al mismo tiempo los medios de producción intelectual, de modo que, en general, las ideas de quienes carecen de los medios de producción intelectual están sometidas a ella. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, son las relaciones materiales dominantes tomadas como ideas: son, por tanto, la expresión de las relaciones que hacen de una clase la clase dominante y, por tanto, son las ideas de su clase. Los individuos que componen la clase dominante también poseen conciencia, y por tanto piensan; en la medida en que dominan como clase y determinan todo el alcance de una época histórica, es evidente que lo hacen en toda su extensión, y por tanto entre otras cosas también dominan como pensadores, como productores de ideas que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; es por tanto evidente que sus ideas son las ideas dominantes de la época 7 ”.

Revelando

El materialismo histórico revela a la clase obrera en su trágica realidad: el proletariado es la clase que experimenta la revelación de la explotación en su totalidad. La historia se revela en el proletariado en su verdad salvaje e inhumana. El proletario está negado en su esencia, es continuamente explotado en cuerpo y mente, sólo conoce las cadenas que lo envuelven y aplastan. Los siervos individuales podían escapar a las ciudades y luchar por el avance social; se les daba una posibilidad histórica y una ilusión de libertad. Al proletario sólo se le ofrece la explotación total; las cadenas lo asfixian; debe perder la vida en un trabajo fabril que lo deforma hasta convertirlo en un instrumento mudo y sin esperanza. La clase obrera trabaja en la fábrica, la conciencia individual puede elevarse a la conciencia de clase universal y romper los automatismos de la historia. La fábrica forma la conciencia de clase, ya que el trabajo colectivo en un mismo entorno crea «lo nuevo». La clase obrera que vive la condición extrema de explotación tiene, por tanto, la tarea de derrocar la dominación:

“ Sin duda, los siervos que escapaban consideraban su servidumbre como algo incidental a su personalidad. Pero con esto simplemente hicieron lo mismo que hace toda clase que se libera de una coacción, y entonces no se liberaron como clase, sino de forma aislada. Además, no abandonaron el ámbito del sistema de órdenes, sino que se limitaron a formar un nuevo orden y conservaron la forma de trabajar que habían tenido hasta entonces incluso en la nueva situación, y la perfeccionaron liberándola de las limitaciones que lo habían obstaculizado hasta entonces y que ya no correspondían al desarrollo que había alcanzado. Sin embargo, en el caso de los proletarios, sus propias condiciones de vida, su trabajo y, por tanto, todo el conjunto de condiciones de existencia de la sociedad actual, se han convertido en algo casual, sobre lo que los proletarios individuales no tienen control y sobre lo que ninguna organización social puede darles control ; y la contradicción entre la personalidad del proletario individual y la condición de vida que le es impuesta, el trabajo, se manifiesta al propio proletario, sobre todo porque ha sido sacrificado desde su juventud y porque le falta la posibilidad de llegar, dentro de su clase, bajo las condiciones que le harían pasar a la otra clase. Mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar y afirmar libremente sus condiciones de existencia ya existentes y, por lo tanto, en última instancia sólo consiguieron el trabajo libre, los proletarios, por el contrario, para afirmarse personalmente, deben abolir su propia condición de existencia como ha sido hasta ahora, que a la vez es la condición de existencia de toda sociedad hasta ahora, el trabajo. Por lo tanto, también se encuentran en antagonismo directo con la forma en la que los individuos de la sociedad se han dado hasta ahora una expresión colectiva, el Estado, y deben derrocarlo para afirmar su personalidad 8 ”.

La Ideología Alemana es una obra de transición entre el Marx joven y el Marx maduro, en ella se encuentran los núcleos programáticos de la obra del espíritu marxista mientras dura su existencia. La esperanza no es un anhelo vacío, ni una espera de solución a las feroces contradicciones de nuestro tiempo histórico, sino un pensamiento que da forma a la acción y «una acción que fecunda el pensamiento». La esperanza está en el dominado que media el mundo y lo filtra con conciencia individual y colectiva. Para leer la condición objetiva de la historia y transformarla con la práctica, es necesario aplicar categorías a los procesos históricos. Las categorías marxistas son filtros emancipadores que permiten a los dominados romper las cadenas de la pasividad y emanciparse de la decadencia melancólica de un sistema que ha hecho de la guerra y el sacrificio de los dominados su amenazante estrella del norte. El optimismo de la voluntad se forma a partir del análisis de datos históricos y de contingencias, que, a pesar de su «terrible realidad», forman parte de un proceso histórico en el que el potencial convive con las cadenas que atan a los subordinados. Marx sigue siendo relevante y Antonio Gramsci nos lo recuerda. Reclamar las categorías interpretativas que permiten liberarnos del fatalismo es el primer y principal gesto con el que devolver a la historia la dimensión de la praxis y la esperanza. Hoy los dominados no son sólo los trabajadores y los inmigrantes sino también la clase media que cae en la precariedad. El mensaje de Marx está dirigido a todos los dominados. La voluntad política supera condiciones históricas adversas:

“ Todo colapso trae consigo desorden intelectual y moral. Necesitamos crear personas sobrias y pacientes que no se desesperen ante los peores horrores y que no se emocionen ante cada tontería. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad 9 ”.

La teoría puede convertirse en práctica, si se convierte en «pensamiento común», puede despertar a las masas del letargo de la «corrección política» y transformarlas en pueblos en marcha. Para plantearse, la voluntad popular requiere categorías y conceptos que puedan indicar la meta objetiva después de haber desenmascarado la mentira que se ha convertido en la normalidad sistemática de nuestro tiempo. Marx sigue vivo, porque todavía necesitamos sus estructuras interpretativas incluso para superarlo.

Notas

1 Karl Marx, La ideología alemana, Prólogo, http://www.centrogramsci.it/edizioni/pdf/idee_tedesca.pdf

2 Ibídem: Historia

3 Ibidem: capítulo I La ideología en general y la ideología alemana en particular

4 Ibídem

5 Ibídem

6 Ibídem

7 Ibidem: Sobre la producción de conocimiento

8 Ibidem: Capítulo IV El comunismo, producción de la forma de relación misma

9 Gramsci 1975, pág. 75. En el segundo borrador este pasaje (con pocas variaciones) reaparece en una nota del cuaderno 28, fechable en 1935: cf. Gramsci 1975, págs. 2330-1

https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/29453-salvatore-bravo-marx-e-il-nostro-tempo.html

Revisión de la traducción: Carlos X. Blanco

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Los bastardos del capital, nos inducen a la guerra. Nos niegan la vida

 

 

Los bastardos del capital, nos inducen a la guerra. Nos niegan la vida


Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones COESPE /TERCERAINFORMACION/ 16.12.2024

 

(Mark Rutter. Guerrerista jefe delegado  del gran capital en la OTAN, a la que los trabajadores ya le pagamos más del 2% de todo lo producido en España durante un año, quiere además, robar las pensiones de los trabajadores. Un buen trabajo empezado por Felipe Gonzalez, apoyado y continuado por la monarquie y todos los gobiernos españoles. Vea, pues, el que quiera ver, porque para ver esto no hacen falta ni ojos.)

Si aún quedaban personas que no tuvieran claras las políticas que pretenden imponer desde los poderes financieros, este 12 de diciembre de 2024 Mark Rutte, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, en sus declaraciones a conseguido que se les caigan las caretas situando el futuro que pretenden para los países europeos miembros de la OTAN, y para nuestro País.

Mark Rutte entre otras lindezas pide que los ciudadanos/as:

·         “Los ciudadanos de los Estados miembros de la OTAN deben «aceptar hacer sacrificios», como recortes en sus pensiones, sanidad y sistemas de seguridad social, para aumentar el gasto en Defensa y garantizar la seguridad a largo plazo en Europa”.

·         «Díganles a los políticos que tienen que gastar más en Defensa para que podamos seguir viviendo en paz, díganles que la seguridad importa más que nada».

·         Díganles, que es «sencillamente inaceptable que se nieguen a invertir en la industria de Defensa».

Invertir en Defensa es invertir en seguridad. Es una obligación».

Discurso muy parecido también hemos escuchado a la ministra de Defensa Margarita Robles, en varias ocasiones.

·         Invertir en defensa es invertir en la paz.

·         Aumentar el presupuesto en defensa supone modernidad, tecnología para las fuerzas armadas y supone creación de puestos de trabajo.

·         Invertir en defensa es invertir en industria española.

Nuestra respuesta a“LOS IMPULSORES DE LA GUERRA” es diáfana y contundente:

1º- Desde una perspectiva crítica y comprometida con el bienestar de la ciudadanía, rechazamos tajantemente las declaraciones realizadas por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que instan a los ciudadanos a aceptar recortes en pensiones, sanidad y seguridad social para incrementar el gasto en Defensa.

2º- Prioridades equivocadas: El presupuesto social no es un lujo, es un derecho fundamental. Reducir inversiones en áreas como salud, educación y pensiones para destinar más recursos a la preparación para las guerras, pone en riesgo la calidad de vida de millones de personas, perpetuando desigualdades y agravando las crisis sociales.

3º- La verdadera seguridad no se mide en términos de capacidad militar, sino en garantizar una vida digna a toda la población. Sin acceso a derechos básicos, las naciones pierden cohesión social, lo que debilita su resiliencia frente a amenazas internas y externas. Generar una política de distensión y negociación, es la única vía de seguridad real y vida.

4º Las propuestas de Rutte favorecen descaradamente a la industria militar y financiera, al promover inversiones obligatorias en Defensa por parte de bancos y fondos de pensiones (para ello no dejan de extender los planes privados de pensiones). Este modelo prioriza los intereses de unos pocos en detrimento del bienestar general.

COESPE, rechazamos cualquier propuesta que priorice el gasto militar sobre los derechos sociales y llamamos a la ciudadanía a defender sistemas de bienestar robustos y políticas orientadas a la paz.

La seguridad real no puede construirse sobre el sacrificio de la dignidad y el bienestar de las personas.

NO A LAS GUERRAS.

Gobierne quien gobierne los derechos sociales, la paz y la vida se defienden.

Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones COESPE

 

URGENTE: EE.UU. REVERTIRÁ EL PERMISO A ZELENSKY PARA USO DE ATACMS. LA C...