domingo, 21 de julio de 2024

Entrevista a Hugo Chávez

 

Publicada pocos días antes de las elecciones que llevarían a Chávez a la presidencia del gobierno, esta entrevista revela su propósito de sacar al pueblo venezolano del sometimiento al que la oligarquía de siempre pretendía mantenerlo. El Viejo Topo 124, diciembre de 1998.


Entrevista a Hugo Chávez


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EL VIEJO TOPO / 21 julio, 2024



De Gonzalo Ramírez Quintero

Quiero comenzar esta entrevista con una pregunta elemental, pero al mismo tiempo esencial: ¿cómo te defines políticamente?

—Como bolivariano y revolucionario; ésta es mi definición política. Claro, cada quien es libre de definirme según su propia visión o su propio lente. Pero aplicándome yo mi propio lente, soy bolivariano en esencia y revolucionario. Para mí, Bolívar no pertenece a la historia documental: es una referencia viva y actuante en el presente. Los ideales libertarios de Bolívar son para mí una fuente de inspiración permanente y, también, una guía para la acción. Si tomamos en cuenta la crisis endémica que padece Venezuela, no nos podemos dar el lujo de prescindir de un legado político tan coherente como el que nos dejó el Libertador. De ello se sigue naturalmente lo de revolucionario: cómo no contrastar la utopía revolucionaria y fundacional de Bolívar con el proceso de desarticulación que el proyecto neoliberal ha impuesto a nuestros países. Los supuestos aparentemente inconmovibles de lo que se ha llamado el pensamiento único tienen su más severo cuestionamiento en la marginación política, económica y social que padecen, cotidianamente, millones de latinoamericanos. El pensamiento de Bolívar es, en este preciso sentido, una invitación permanente para repensar y rehacer todo de nuevo.

 

¿Cómo valoras hoy la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 y por supuesto, tu participación central en este importante acontecimiento de la reciente historia venezolana?

—Creo que para valorar el 4 de febrero en su justa dimensión hay que echar una mirada larga hacia atrás, y, además, hay que conocer muy bien la realidad venezolana de los últimos veinte años, por lo menos. A un lector español, que no tenga un entendimiento cabal de la situación venezolana, el 4 de febrero le parecerá un golpe militar más, y Hugo Chávez un golpista más. Pero la realidad no es tan simple. El 4 de

febrero es de esas fechas que cambian el rumbo de la historia y hacen posible la apertura de nuevos caminos. El 4 de febrero marca el comienzo del fin del sistema partidocrático que se apoderó de Venezuela en 1958, y que ha hecho que la palabra democracia se haya devaluado entre nosotros y que

hoy carezca de un contenido real. Nuestra insurrección estuvo dirigida contra un estado de cosas sencillamente intolerable. El juego político se hallaba en aquel entonces absolutamente cerrado, y no nos quedó otra alternativa que usar las armas que nos había confiado la República para restituirle al pueblo venezolano sus derechos y su dignidad. La generación militar de la que yo formo parte se cansó de representar el triste papel de perros guardianes del sistema, y decidió, con una clara vocación democrática y libertaria, reencontrarse con el pueblo.

 

¿Dirías que no respondes al estereotipo habitual del militar latinoamericano que, debido a las funestas dictaduras que ha padecido el continente a lo largo de su historia, puede tener un observador de nuestra realidad?

—Recuerdo, siendo cadete de tercer año, la conmoción que me produjo el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, en el que Augusto Pinochet asesinó el sueño de Salvador Allende y de millones de chilenos de construir un Chile más justo y verdaderamente democrático. Aquel episodio me convirtió en un enemigo acérrimo del gorilismo latinoamericano. Pongo este ejemplo para decirle al lector español interesado en nuestra realidad que la posición que me ha tocado asumir en este momento está muy alejada del modelo del militar latinoamericano que representa Pinochet. Y aquí nos volvemos a encontrar con Bolívar. El ejército venezolano fue la columna vertebral de buena parte del proceso independentista de nuestro continente; por esta razón era conocido con el nombre de Ejército Libertador. Nosotros quisimos ser dignos de ese compromiso que nos imponía la historia. Hay que decir también que la historia latinoamericana de este siglo nos ofrece ejemplos de otro tipo de militar latinoamericano. Baste con citar a Jacobo Arbenz, Lázaro Cárdenas, Ornar Torrijos, Carlos Prats, Juan Velasco Alvarado, Líber Seregni… Lo que ocurre es que, en el proceso histórico latinoamericano, los militares nos hemos visto situados entre dos extremos: en un extremo, el gorilismo latinoamericano, con su secuela de crímenes y atropellos, y en el otro extremo, el caso, por ejemplo, de los militares venezolanos, destinados a servir de guardia pretoriana de una casta política ciega, corrupta y antidemocrática. En el caso venezolano, los militares tienen que insertarse en el largo y necesario proceso de reconstrucción nacional. En nuestras Fuerzas Armadas, y lo digo con conocimiento de causa, hay un inmenso potencial que tiene que ser puesto al servicio del país. Nuestras Fuerzas Armadas son, entre otras cosas, un mecanismo de educación permanente, y esto crea una altísima responsabilidad.

 

—¿Cómo viviste la rebelión popular del 27 de febrero de 1989? ¿Qué reflexión te produjo la inmensa escalada represiva, en la que se utilizó al Ejército, ordenada por Carlos Andrés Pérez?

—Yo he dicho muchas veces que el «Caracazo» –es decir, la rebelión popular del 27 de febrero de 1989– nos confrontó de manera descarnada con el país. Entendimos inmediatamente que el reclamo popular, expresado de manera violenta por la ausencia de canales efectivos para poder manifestarse, era justo. Y la gota que derramó el vaso fue vernos convertidos en un Ejército de ocupación dentro de nuestro propio país.

—¿Por qué no se rebelaron en aquel momento?

—Porque, desde el punto de vista militar, no teníamos ninguna posibilidad de hacerlo. Si hubiésemos tenido la menor capacidad, ten la seguridad de que lo habríamos hecho en el mismo instante. Desde un punto de vista personal –una variable muy pequeña pero que, también, incide en esto–, yo estaba de reposo, y de reposo absoluto, porque tenía lechina. No sé si sabes que la lechina, la varicela, es una enfermedad que a los treinta y tantos años puede ser mortal… Yo trabajaba entonces en el Palacio de Gobierno, en la secretaría del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. El 27 de febrero halló a nuestro Movimiento, el Movimiento Bolivariano Revolucionario, totalmente desarticulado. Sus principales jefes, como en mi caso, no teníamos comando de tropas. Algunos muchachos muy jóvenes tenían comando, pero éste era fragmentario, es decir, comandos de no más de cien hombres. Para colmo de males, el mayor Felipe Acosta Caries, uno de los jefes del Movimiento, fue asesinado en una situación muy confusa al tratar de detener la escalada represiva en un barrio de Caracas. Ahora, más allá del drama personal que cada quien vivió, del dolor de ver las calles de Caracas manchadas de sangre y de sentirnos un ejército de ocupación en nuestra patria, el 27 de febrero nos despertó a todos. Yo dije en esos días en los cuarteles, y hasta me metieron preso por decirlo, que nos había caído la maldición de Bolívar, cuando decía «Maldito el soldado que vuelva las armas contra su pueblo».

Así que no teníamos otra manera de quitarnos la maldición que usar las armas –como lo hicimos tres años después contra un régimen que demostró, en esos días, que no respetaba en lo más mínimo los derechos civiles y humanos de nuestro pueblo. Es posible que nadie en el planeta sea capaz de comprender por qué jóvenes militares de rango universitario, que nada tienen que ver con esos gorilas de los que hablábamos,

hicimos una rebelión armada… Teníamos que hacerlo, por mandato de un juramento y porque estábamos señalados por la mano acusadora de nuestro pueblo. El «Caracazo» decretó el 4 de febrero, y el 4 de febrero es su consecuencia directa. Una juventud militar cansada de ver cómo la casta política destrozaba literalmente al país y, además, pretendía usar a las Fuerzas Armadas –como lo hizo el 27 de febrero– para reprimir el justo reclamo del pueblo, decidió rebelarse contra un estado de cosas sencillamente intolerable.

 

—El «Caracazo» puso de manifiesto, entre otras cosas, un gravísimo problema. Me refiero a la inmensa deuda social acumulada, producto de años de desgobierno y saqueo. Es obvio que el modelo liberal tiene severas limitaciones para dar respuestas a un problema como éste.

—Lo primero que hay que tener en cuenta –y esto resulta evidente para cualquier observador desapasionado de nuestra realidad– es que el país está en las peores manos. La dirigencia política del país es percibida actualmente por una mayoría sustancial de venezolanos como una junta de negociantes, cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder para seguir haciendo negocios. Es increíble que uno de los países del continente con las mejores perspectivas de despegue económico, que habría sido capaz de garantizar una justa redistribución del ingreso, se haya convertido en un país con uno de los índices de pobreza crítica más altos. En este desolador panorama, sobresale la impunidad de una clase dirigente

que ha hecho de la política una forma de beneficio personal. Venezuela vive, qué duda cabe, una circunstancia particularmente trágica. Ahora, tengo la firme convicción de que este panorama puede cambiar. Para ello es necesario, en primer lugar, definir un nuevo proyecto nacional, capaz de integrar

verdaderamente a todos los venezolanos. La ineptitud de la clase dirigente ha hecho que, desde 1958 hasta hoy, se acumule una enorme cantidad de problemas. Es fácil constatar que, desde 1989, los diques se han roto estrepitosamente.

Por ello, para garantizar la viabilidad del país, es necesaria una nueva conducción política que, armada de valentía, sensatez y sentido de la responsabilidad, no eluda los problemas, sino que los afronte. En el orden político, económico y social, es necesario llevar a cabo una serie de cambios puntuales que le permitan a Venezuela coger un segundo impulso. Si estos cambios no se realizan, el país se nos puede ir de las manos.

Lo que nosotros hemos estado proponiendo a lo largo del territorio nacional es el relanzamiento de la democracia. Es imprescindible pasar de una democracia de súbditos, como ésta que tenemos ahora, a una verdadera democracia de ciudadanos. En Venezuela, el ejercicio real de la ciudadanía –sin el cual la palabra democracia carece de contenido– ha sido hasta hoy una entelequia. Al igual que muchos venezolanos, yo quiero que la democracia se convierta en lo que no ha logrado ser nunca en Venezuela, en una práctica cotidiana. La partidocracia saca del armario en cada campaña electoral la palabra participación, para luego gobernar cinco años a espaldas de la gente. La Asamblea Constituyente –que es el eje de nuestra propuesta política– pretende ofrecer a los venezolanos la posibilidad de participar plenamente en la construcción de un nuevo país. No es casual, por cierto, que nuestro pueblo haya hecho suya esta propuesta –como lo muestran todos los sondeos de opinión y, más allá, como se respira todos los días en la calle.

 

La Asamblea Nacional Constituyente es la principal propuesta política del Polo Patriótico que representas en las elecciones presidenciales del próximo 6 de diciembre. ¿En qué sentido supone una alternativa de cambio real?

—En primer lugar, la Asamblea Constituyente nace de la necesidad de establecer un nuevo pacto social en Venezuela. Si se quiere, en términos más teóricos, un nuevo contrato social. Se trata de rediseñar un nuevo orden político y social, porque el actual está definitivamente agotado. No es aventurado afirmar que el contrato social que se materializó en la Constitución de 1961 se ha vuelto completamente obsoleto y es incapaz de generar respuestas para hacer frente a la actual crisis venezolana. Es por eso por lo que nosotros hablamos de refundar la República. Conviene señalar, por ejemplo, que la división de poderes es un espejismo en nuestro país. En este aspecto, hay que volver a mirar hacia atrás. En 1958, después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, Acción Democrática y Copei establecieron un pacto para crear una democracia en la que todo, absolutamente todo, quedaba subordinado a la voluntad de la alta dirigencia de ambos partidos. Si el poder judicial, por ejemplo, hoy está totalmente corrompido y obedece ciegamente las órdenes de las cúpulas partidistas, eso no tiene nada de casual. A la clase política no le interesaba un poder judicial independiente que se convirtiera en un muro de contención frente a su rapacidad.

Es preciso señalar que la corrupción es una práctica tan generalizada, que se habla de Venezuela como de una sociedad de cómplices. Es por eso que el proceso de refundación de la República tiene que pasar, necesariamente, por una revisión descarnada de la mitología que la clase política venezolana ha forjado en 40 años de atropellos. Sintetizando, se puede decir que la división clásica de poderes –ejecutivo, legislativo y judicial– ha dejado de funcionar, porque una oligarquía política y jurídica controla el poder de manera absoluta. Se trata, a través de la Asamblea Constituyente, de crear un nuevo modelo político donde los derechos y las libertades ciudadanas tengan un sentido real y no, como ahora, meramente

retórico. A mi manera de ver, una de las cosas que hace más apasionante al proceso constituyente es que va a generar una discusión intensa e inédita sobre qué país queremos. De allí que la Constituyente sea, en primer lugar, un problema político, y no, como sostiene cierto leguleyismo miope, jurídico. Un determinado estilo y una determinada forma de hacer política, que entró en estado de coma en 1989, tiene que morir definitivamente y dar paso a un nuevo proyecto nacional hecho por y para el pueblo venezolano. En el fondo, el desprecio o la indiferencia que la clase política siente por nuestro pueblo, no le permite ver que la Constituyente es la única forma de garantizar un cambio pacífico –y no traumático– de la sociedad venezolana. Además –y quisiera que esto quedara claro para el lector español– este proceso no va a ser una imposición de un gobierno encabezado por Hugo Chávez. Se convocará un referéndum con la finalidad de consultar a los ciudadanos si quieren o no la Constituyente. Hoy en día no dudamos, porque así lo reflejan todos los sondeos de opinión, que la respuesta será afirmativa. Repito, el sistema político actual no tiene capacidad para renovarse, carece de razón de ser. De hecho, cuando la clase política habla de devolver la gobernabilidad al país, sin saberlo está confesando su rotundo fracaso. Una de las consecuencias más funestas de este fracaso es que las grandes mayorías en Venezuela no se sienten representadas por el Estado, ya que éste, en incontables ocasiones, ha vuelto la espalda al interés común. Tenemos que construir un Estado genuinamente democrático que sea la expresión legítima de todos los ciudadanos.

Hoy el Estado venezolano –o la caricatura de Estado diseñada en 1958– sólo es la expresión de intereses mezquinos y subalternos. Quiero decirle al lector español que el verdadero enemigo de la democratización del Estado y la sociedad venezolanos es el bipartidismo –Acción Democrática y Copei–, que, como decía Jorge Eliécer Gaitán en el caso de Colombia, ha escindido brutalmente a Venezuela en dos: un «país político» y un «país nacional». Por eso, el Polo Patriótico, que rengo el honor de representar en estas elecciones, se ha convertido en una referencia para los venezolanos que aspiran a la creación de un orden distinto y más justo, capaz de llevar a cabo las reformas estructurales que el país necesita. Lo que nosotros proponemos es una revolución pacífica y democrática que le devuelva plenamente la dignidad a las grandes mayorías. Por consiguiente, el objetivo del proceso constituyente no es sólo la formulación de un nuevo contrato, una nueva Constitución, sino, también, la recuperación de la soberanía

popular, que el pueblo venezolano vuelva a ser el actor principal de su propio destino. De allí que en el Transcurso de la campaña electoral hayamos observado un entusiasmo popular que, sin lugar a dudas, constituye una experiencia realmente inédita en el país. Esto refuerza nuestro compromiso y acentúa nuestra responsabilidad.

Tu actuación política, desde el 4 de febrero de 1992, ha tenido un fuerte componente nacionalista. ¿Qué significa el nacionalismo desde la perspectiva actual de tu candidatura?

—Cuando decía al comienzo que me defino como bolivariano y revolucionario, no me refería a una simple consigna ni estaba utilizando una retórica patriotera. Mis enemigos políticos han intentado descalifícame de todas las formas posibles: primero me acusaron de ser comunista, y ahora resulta

que soy fascista… Lo que sucede es que mi concepción de la democracia no se orienta hacia el beneficio personal sino hacia el colectivo. Cuando nosotros hablamos de nacionalismo, y es bueno aclararlo, nos referimos a uno de los planteamientos del Libertador, que hoy tienen una indiscutible vigencia. El nacionalismo bolivariano es muy distinto de un nacionalismo primario. Bolívar, en uno de sus documentos, hablando sobre la Nación, expresó lo siguiente: «Primero el suelo nativo que nada. Para nosotros, la patria es la América».

Es decir, es un nacionalismo de corte amplio, extenso e integrador. No es, en absoluto, un planteamiento sectario ni chauvinista. Bolívar convocó el Congreso de Panamá con la visionaria idea de una gran Nación Latinoamericana. Insisto: para nosotros, ese planteamiento tiene hoy una vigencia mucho más poderosa que en el tiempo en que fue concebido por el Libertador. Pienso que esos viejos caminos nos siguen ofreciendo lecciones fundamentales para orientar la acción transformadora en el presente. Cuando se me tilda de anacrónico porque cito a Bolívar, porque invoco el pensamiento bolivariano, yo digo, con José Martí, «Bolívar todavía tiene mucho que hacer en América Latina». El pensamiento de Bolívar tiene una gran vigencia, por su planteamiento geopolítico integracionista de un gran bloque latinoamericano.

Para poder competir en este mundo globalizado, la integración, que no es solamente un concepto limitado al ámbito de la economía, es la única salida.

 

El modelo económico neoliberal no ha logrado resolver ningún problema de fondo en América Latina. Se le pide al pueblo que apoye a la democracia, pero se le excluye a través del mercado. El camino que ha trazado este modelo nos conduce, sin exagerar un ápice, a lo que Thomas Hobbes llamaba estado de naturaleza, es decir, un estado donde impera la ley del más fuerte. Si no se consigue que Venezuela entre en un proceso de democratización económica real y efectivo, el país va a continuar transitando por un callejón sin salida…

—Aun en el caso de que el mercado fuese la única alternativa, cosa de la que es perfectamente legítimo dudar, un mercado monopólico como el nuestro, un mercado cerrado donde las reglas son violadas permanentemente, ni siquiera permite pensar en que realmente por esa vía se puedan solventar las tremendas diferencias que existen en la sociedad venezolana. Los sucesivos gobiernos de esta etapa que está por concluir, y ésta es una muestra más de su incompetencia, no han sido capaces de armonizar los procesos económicos y no han buscado el necesario equilibrio para que los más débiles no sean pisoteados por los fuertes. Se da el hecho bien concreto de que los gobiernos corruptos son esclavos, socios integrados en el sistema financiero, en la banca corrupta, cómplices de los financistas que los colocan en el poder sencillamente para distribuirse luego el Estado como un botín de guerra. Por eso, la búsqueda de un modelo económico más justo pasa, necesariamente, por revertir la práctica política habitual. El modelo económico vigente ha generado en el país una inequitativa distribución de la riqueza, manteniendo a amplios sectores de la población en niveles de pobreza alarmantes y restringiendo su incorporación al aparato productivo. Nosotros propugnamos un modelo económico distinto –humanista, autogestionario y competitivo– que garantice una mejora sustancial en las condiciones de vida de los venezolanos más humildes. No es posible seguir desatendiendo la inmensa deuda social acumulada durante años de incuria y desgobierno.

Un modelo económico distinto no sólo debe garantizar la creación de empleo sino, también, mejoras en las condiciones de trabajo y salarios más dignos. Queremos que la economía venezolana, y no sólo el sector petrolero como ha ocurrido hasta ahora, avance hacia un modelo productivo. Es necesario plantear en el ámbito continental, además, un proceso de complementación de las economías, y no de competencia como lo exige la doxa neoliberal, porque consideráramos, en efecto, que esta otra vía es la alternativa más idónea para lograr un proceso de integración que no pase por la destrucción de las economías nacionales. Definitivamente, un nuevo proyecto nacional debe articular, también, una nueva propuesta económica que beneficie a las grandes mayorías silenciosas que han sido segregadas –política, económica y culturalmente– por el sistema político imperante. Ahora, es necesario decir que el pueblo venezolano va a dar el 6 de diciembre la más rotunda muestra de su deseo de modificar una situación que, desde todo punto de vista, se ha vuelto intolerable.

Nos proponemos crear una verdadera democracia económica donde sea el hombre, y no los indicadores macroeconómicos, el verdadero centro de atención del gobierno y su razón de ser. En el fondo, sólo una verdadera revolución nacional y democrática, que nos devuelva a los venezolanos la dignidad y el orgullo, puede hacer de Venezuela una morada para todos. Ese es nuestro empeño y nuestro objetivo.

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sábado, 20 de julio de 2024

ÚLTIMA HORA: RUSIA ELIMINÓ FUERZAS ESPECIALES OTAN EN UCRANIA | YEMEN JU...

El plan israelí para invadir el Líbano

 

Israel no ha podido aún vencer a Hamás, y muy probablemente no lo logrará en esta guerra. Ampliar la contienda, llevarla a una dimensión mayor implicando a otras potencias, podría ser su objetivo. Las consecuencias, imprevisibles.


El plan israelí para invadir el Líbano


Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

20 julio, 2024 

 


Como reveló la agencia EuroPost , durante la reciente visita del Ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, a Estados Unidos, se celebró una reunión de alto nivel para discutir un audaz plan militar para una incursión de 20 kilómetros en el sur del Líbano, que implica tanto ataques aéreos como una invasión terrestre. En la reunión estuvieron presentes altos funcionarios de la administración Biden, entre ellos el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, el secretario de Estado, Antony Blinken, y el enviado especial de Joe Biden, Amos Hochstein.

Según este plan, las fuerzas de las FDI deberían centrarse en estas áreas (ver mapa):

  • marjayoun
  • Hasbaya
  • Bint Jbeil
  • nabatia
  • tibnino
  • Ain Ebel
  • Remeish
  • cana

Mientras que la operación de ataque aéreo podría incluir el Aeropuerto Internacional Beirut-Rafic Hariri (BEY) y la Base Aérea René Mouawad (Aeropuerto Qlayaat).

El objetivo de la operación sería, como siempre, hacer retroceder a las fuerzas de Hezbollah a través del río Litani (línea azul en el mapa).


De nuevo, según lo informado por la agencia EuroPost, una parte crítica de la discusión se refería a los planes de contingencia «en caso de que Hezbollah reaccionara» (nótese el «en caso» , como si fuera una posibilidad, no una certeza absoluta…). Y (sorpresa, sorpresa) si Hezbollah atacara con sus misiles áreas militares o civiles densamente pobladas en Israel, la respuesta israelí sería eliminar a los tres líderes principales de Hezbollah (aunque los servicios de inteligencia no están seguros de dónde está ahora Nasrallah, y ciertamente en el caso de que del conflicto los líderes militares de Hezbollah se trasladarán a bases subterráneas).

Incluso suponiendo que, obviamente, las fuentes estadounidenses e israelíes que dieron la información a la agencia EuroPost no proporcionaran detalles sobre el plan de invasión, algunas cosas destacan.

En primer lugar, como era de esperar, el ataque israelí comenzaría desde el saliente del este (los territorios ocupados del Líbano –las granjas de Sheeba– y Siria –los Altos del Golán), que se insinúa entre los dos países árabes. A partir de esta zona, para llegar a los centros principales (Nabatiah, Marjayoun y Hasbaya) y a la línea Litani, las fuerzas de Tzáhal tendrían que penetrar aproximadamente 7 kilómetros, en una zona montañosa y boscosa. Es más fácil llegar a la primera línea de objetivos en el suroeste (Remeish, Ain Ebel y Bint Jbeil), que están a un par de kilómetros de la frontera, mientras que la segunda línea (Qana y Tibnine) se encuentra a unos 7 kilómetros de distancia. Entre éste y el Litani, sin embargo, hay otra docena.

En caso de ataque, las fuerzas israelíes tendrían que afrontar dos problemas

– El territorio no es llano, por lo que el uso de vehículos blindados es muy limitado y se ve obligado a seguir rutas orográficamente predeterminadas, y al mismo tiempo está densamente protegido por una red de búnkeres de tiro conectados por pasajes subterráneos, algunos de los cuales son muy profundos.

– Los sistemas de misiles de Hezbollah lanzarían una lluvia de fuego tanto sobre objetivos militares (aeropuertos, concentraciones de tropas en la retaguardia, sistemas de la Cúpula de Hierro, etc.), como probablemente sobre asentamientos y ciudades de los colonos.

Incluso si Irán no interviniera, lo que sólo sucedería si Hezbollah estuviera en dificultades, es fácil predecir que tanto los ataques con misiles desde Yemen e Irak como los de la Resistencia Palestina en Gaza y Cisjordania aumentarían significativamente en intensidad; Además, todavía es posible que la línea de penetración israelí desde el saliente sea atacada en el flanco derecho, ya que tanto Hezbollah como unidades iraníes del IRGC están presentes en Siria. Si el conflicto se prolongara, no se puede descartar una intervención directa sobre el terreno por parte de las milicias chiítas iraquíes.

Más allá de la dificultad de lograr una penetración de esta profundidad (y posiblemente con altos costes en términos de vidas humanas y vehículos destruidos), el plan presenta dos enormes debilidades: en primer lugar, la respuesta prevista a la reacción de Hezbollah es simplemente infantil, carente de cualquier tipo de lógica militar. Incluso si Israel lograra eliminar a todos los principales líderes enemigos, pensar que esto podría detener la maquinaria de guerra de Hezbollah es una tontería, ya que allí también existe una cadena de mando, al igual que en las FDI, y la eventual eliminación de Gallant y Halevi ciertamente no detendría al ejército israelí.

Pero aún más significativa es la brecha entre el objetivo estratégico y la herramienta táctica. Si lo que Tel Aviv quiere es hacer retroceder a las fuerzas de Hezbollah hasta y más allá del río Litani, una incursión sería perfectamente inútil. Incluso si lograra lograr su objetivo (que es, cuanto menos, fantasioso), Hezbollah volvería a sus posiciones anteriores tan pronto como finalizara la incursión y las FDI se retiraran. Por lo tanto, para lograr el objetivo estratégico, Israel debería ocupar permanentemente el sur del Líbano. Y esto es algo que Israel es absolutamente incapaz de hacer, de ninguna manera. No está en la posición político-diplomática para hacerlo. No tiene las fuerzas militares para hacerlo. Es incapaz de soportar el peso económico, psicológico y militar de una guerra prolongada contra todos sus países vecinos.

El plan, por tanto, no es más que la proyección fantástica de los propios deseos, una traducción ilusoria –aunque aproximada– de éstos en planificación militar, si no literalmente una locura. Lo que, por supuesto, no excluye en modo alguno su aplicación efectiva.

Israel se encuentra en la clásica posición de zugzwang: haga lo que haga, pierde. Netanyahu es prisionero de la situación y sus ministros más fanáticos lo tienen cogido por las pelotas. Y aquellos que podrían equilibrar su influencia, haciendo pesar su contribución estratégica fundamental, es decir, Estados Unidos, se encuentran actualmente en las garras del caos, con un presidente ahora claramente fuera de sí –pero que se niega a dar un paso al lado– mientras su partido no está seguro de cómo y con quién reemplazarlo. Y los funcionarios de la administración estadounidense más cercanos a Tel Aviv, Blinken y Hochstein, son dos judíos sionistas.

Parafraseando a Mao Zedong, se podría decir que «hay un gran desorden bajo el cielo, por lo tanto la situación es excelente». Pero solo para los locos.

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PEPE ESCOBAR. Elecciones en EEUU: los que tienen el poder real todavía no han hablado

 

PEPE ESCOBAR. Elecciones en EEUU: los que tienen el poder real todavía no han hablado

Si el Estado Profundo no puede influir en el resultado de las elecciones de noviembre, puede encontrar formas de cancelarlas. Todo vale, desde el terrorismo de falsa bandera hasta la guerra

 

INSURGENTE.ORG / 20.07.2024

 


La foto de Iwo Jima 2.0, que inmortaliza al puño de Trump sobreviviendo a un intento de asesinato, ha tomado al mundo por sorpresa y ha generado de todo: desde un tsunami de memes en Weibo, en China, hasta un nuevo anime en Japón, por no mencionar la avalancha de gorras y camisetas.

Esta imagen cuidadosamente compuesta lo cambia todo, en más de un sentido. Así que vamos a intentar deconstruirla por primera vez.

Empezamos con los grandes perdedores. El dúo que maneja el teleprompter/auricular de Crash Test Dummy está compuesto básicamente por Mike Donilon, Steve Richetti, Bruce Reed y Ted Kaufman.

Por su parte, funcionarios gubernamentales como Jake Sullivan y Little Blinkie se encuentran en el centro de lo que en Washington se conoce como el crimen organizado “interinstitucional”, mejor descrito como The Blob.

El inestimable Alastair Crooke ha explicado cómo las deliberaciones de Sullivan y Little Blinkie están “repartidas a través de una matriz de ‘grupos’ interconectados que incluye al Complejo Militar Industrial, los líderes del Congreso, los grandes donantes, Wall Street, el Tesoro, la CIA, el FBI, unos pocos oligarcas cosmopolitas y los príncipes del mundo de la seguridad y la inteligencia”.

Pero el punto clave –invisible– es quién (la cursiva es mía) les dice a Sullivan y Blinkie qué hacer.

Éstas son las personas que realmente dirigen el espectáculo: las Grandes Familias y los Grandes Donantes: dinero antiguo y, especialmente, dinero nuevo (como los accionistas invisibles de Vanguard).

Todos están atónitos. Nunca pensaron que llegaría a esta debacle, incluso si Joe Biden fue elegido expresamente por lo que es: un lacayo vulgar, corrupto y fácilmente manipulable, y jefe de una familia criminal. Todos los que ocupan una posición de poder real en The Blob sabían hace mucho tiempo que se estaba convirtiendo en un zombi.

Hay un intenso debate en Washington sobre cuántas facciones están en guerra dentro del grupo demócrata.

Hay al menos tres:

1. La familia criminal Biden, de la que dependen decenas de miles de personas con trabajos cómodos y salarios jugosos.

2. La maquinaria demócrata de las elecciones de menor rango: una “familia extendida” de otras decenas de miles de personas que perderán estrepitosamente, en elecciones o reelecciones, en caso de un Trump 2.0. Son ellos los que quieren tirar “al muñeco” debajo del autobús (a la residencia de ancianos) y reemplazarlo por un demócrata que esperan y rezan para que gane (la candidata número uno es la ultraincompetente Kamala Harris).

No hace falta añadir que estas dos facciones no solo están en una feroz guerra caliente entre sí, sino que también están en guerra con…

3. Los que realmente importan: el Estado Profundo, desde la “comunidad de inteligencia” hasta las redes tejidas dentro de la CIA y el FBI. Esta es la máquina infernal que realmente le entregó la Casa Blanca en bandeja a Biden en 2020.

El demócrata Chuck Schumer explicó hace poco tiempo: si te cruzas con esta facción, tienen seis maneras (desde del domingo) de llegar a ti para destruirte o golpearte con total impunidad.

Las Six Ways desde el domingo

Esto es lo que podría pasar a continuación, mucho más allá de Iwo Jima 2.0 y la atracción de la candidatura Trump-Vance. Si el Estado Profundo no puede influir en el resultado de las elecciones de noviembre, puede encontrar seis formas ((a partir del domingo) de cancelarlas invocando una “emergencia nacional”. Todo vale, desde el terrorismo de falsa bandera hasta la guerra.

Extrapolando un análisis bastante interesante realizado por un experto en tecnología financiera de Berlín, es posible caracterizar el acuerdo bipartidista del Partido de la Guerra en The Blob como dos empresas mafiosas que luchan por un Excepcionalistán al borde de una bancarrota abismal y obligado a elegir sus últimas Guerras Eternas.

La facción de las Seis Maneras (desde el Domingo) está decidida a llegar hasta el final, empleando todos los medios imperiales, para conquistar lo que podría llamarse El Dorado del suelo negro de Novorossiya, cuyos recursos podrían entregarles, tal vez, otros 50 años de poder.

Por otra parte, al grupo MAGA no le importan esas tierras eslavas y está convencido de que la verdadera amenaza existencial es el Reino Medio. Y como está en deuda con el escándalo del Libro de Josué, el grupo MAGA también cree que “hay que hacer algo” con respecto a Irán.

De hecho, ambos grupos están completamente dedicados al negocio del Libro de Josué.

Resulta que el Imperio –del Caos– se rige por un sistema de gobierno bastante peculiar, en el que un sistema de votación muy complicado decide qué grupo tiene acceso a los medios para perseguir su obsesión.

Mientras hubo suficiente oro en las bóvedas del Imperio (apropiado ilegalmente o no) los dos grupos alternaron la posesión del poder sin demasiados problemas.

Pero todas esas guerras eternas perdidas a lo largo de los años contra adversarios militarmente insignificantes empezaron a pasar factura. Y los tiempos económicos actuales son realmente muy difíciles.

El sistema de votación imperial tiene una característica extremadamente extraña: con una afiliación electoral aproximadamente igual en los dos grupos mafiosos, los votos emitidos en sólo cinco ciudades de cinco estados del centro-oeste de Estados Unidos determinan el destino de esos recursos imperiales menguantes por los que los dos grupos  se disputan ferozmente.

Resulta que el grupo Six Ways from Sunday controla la votación en esas cinco ciudades.

Ya en las pasadas elecciones, el grupo Six Ways from Sunday se adelantó a una victoria segura del grupo MAGA en el corazón del país con 10 millones de votos, la mayoría de ellos emitidos en camiones llenos de papeletas falsificadas en esas cinco ciudades, además de la esperada manipulación electrónica .

Lo que el grupo MAGA ve ahora claramente es la posibilidad de finalmente apoderarse de esas cinco ciudades de esos cinco estados.

Y, sin embargo, 10 millones de votos adicionales y el intento de conquistar esos cinco estados pueden no ser suficientes ante la enorme maquinaria de fraude.

Así, en 2024, MAGA calcula que debe ganar otros cinco estados que típicamente se inclinan hacia el universo de Six Ways del domingo, y ganar por un exceso de al menos 20 millones de votos para prevenir el casi seguro fraude masivo.

Ahí es donde entra en juego Iwo Jima 2.0: formateando gráficamente la candidatura para una victoria aplastante.

Six Ways from Sunday puede estar más que aturdido y confundido en la actual coyuntura. La pregunta del billón de dólares es: ¿cómo cambiarán la narrativa y como recuperarán la iniciativa?

Cometieron un error letal al elegir como candidato a un muerto viviente. En cambio, MAGA presenta a una  superestrella pop narcisista por excelencia, ahora con más energía y más poder, y con un atractivo global.

Parece que el derrumbe es inevitable. Six Ways from Sunday está sumido en el pánico total, sabiendo que están a punto de perder el control.

Sin embargo, la señora gorda aún no ha cantado. Tres meses y medio son una eternidad galáctica en política. Y Six Ways, acorralado desde el domingo, está listo para rugir con más ferocidad que nunca.

 

(Observatorio Crisis)

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La fuerza aérea de Estados Unidos participa activamente en los bombardeos contra Gaza. [Problema de regla de dos. Regla 1: avión; regla 2: niños españoles mal alimentados. Atentos: ¿Cuántos miles y requete miles de carretillos de albañil a razón de un fajo de bocadillos por carretillo se podrían llenar, si el valor del avión de la foto en euros contantes, sonantes y chocantes se dedicara a la compra de bocadillos de salchichón tamaño natural, pero pan bueno, eso sí? Posdata de posdatear. Que yo digo esto por si el VI Felipe de los Borbones y dirigentes políticos españoles, sin salvar uno, tuvieran dignidad y sentimientos humanos. Que si no los tienen tampoco pasa nada, oyes, que yo de lo dicho no digo nada y santas pascuas y quedamos tan amigos.]

 

La fuerza aérea de Estados Unidos participa activamente en los bombardeos contra Gaza

 

DIARIO OCTUBRE / julio 19, 2024



Desde que comenzaron los bombardeos de Gaza la fuerza aérea de Estados Unidos ha estado enviando en secreto aviones a Gaza e Israel desde la base aérea que la RAF tiene en Akrotiri, Chipre. Algunos procedían de bases estadounidenses en España, Alemania y Kuwait.

Utilizan aviones sin identificación para volar desde España, Alemania y Kuwait hasta Gaza e Israel a través de Chipre. Se trata de aviones C-295 y CN-235, que normalmente están destinados a las fuerzas especiales.

Este avión lo utiliza la CIA y el 427 Escuadrón de Operaciones Especiales. Otros 26 aviones de transporte militar estadounidenses aterrizaron en la base británica de Chipre, posiblemente transportando armas para Israel.

Los ministros británicos podrían ser acusados del genocidio de la población civil de Gaza.

Una investigacuón periodística (*) ha rastreado 18 de estos aviones que han volado desde la base aérea británica de Akrotiri, a la ciudad costera israelí de Tel Aviv desde el 7 de octubre.

Akrotiri es el nodo clave en el esfuerzo occidental por armar y brindar apoyo logístico al ataque israelí contra Gaza. Pero el gobierno británico siempre se ha negado a revelar cualquier información sobre las actividades estadounidenses en la base chipriota, que incluyen el transporte de armas a Israel.

Cuando en mayo le preguntaron sobre el número de aviones de la Fuerza Aérea estadounidense (USAF) que han despegado de Akrotiri desde el 7 de octubre, el ministro de Defensa británico, Leo Docherty, dijo: “El Departamento de Defensa no hace comentarios sobre las operaciones de nuestros aliados”.

Pero aviones sin matricular o con matrículas falsas han volado desde Chipre hasta Israel de noviembre a junio. Tienen un número de serie que indica que son operados por la USAF. La mayoría de estos viajes tenían el número de vuelo GONZO62.

Desde que comenzaron los bombardeos de Gaza, otros seis aviones C-130 sin identificación han volado desde Akrotiri a Tel Aviv. Se cree que pertenecen a la USAF, pero no ha sido posible confirmarlo ni localizar al operador.

El C-130 puede transportar 128 tropas de combate y casi 20 toneladas de equipamiento.

La información podría implicar -aún más si cabe- a los ministros británicos y estadounidenses en el genocidio de Gaza. En noviembre del año pasado un oficial estadounidense reveló que las fuerzas especiales de su país estaban estacionadas en Israel, “ayudando activamente a los israelíes”.

Un portavoz del Ministerio de Defensa británico se limitó a decir: “En respuesta a la situación en Israel y Gaza, estamos trabajando con socios internacionales para reducir la escalada del conflicto, fortalecer la estabilidad y apoyar los esfuerzos humanitarios en la región”.

Los aviones están adscritos al siniestro Fort Bragg

La mayoría de los aviones de camuflaje estuvieron recientemente en Fayetteville, Carolina del Norte, donde se encuentra Fort Liberty, la base más grande del ejército estadounidense, con casi 50.000 soldados en servicio activo.

Anteriormente llamado Fort Bragg, es la base del Primer Comando de Fuerzas Especiales Aerotransportado que “asigna, equipa, entrena, certifica y valida soldados y unidades [de las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército] para llevar a cabo operaciones mundiales”.

El Pentágono dice que esta unidad es “la fuerza más adaptable y capaz del ejército estadounidense”.

Los aviones, el C-295 y el CN-235, son producidos por Airbus y están destinados a ser utilizados por el 427 Escuadrón de Operaciones Especiales, descrito como el “escuadrón más secreto” de la USAF con base en Fort Liberty.

La Fuerza Aérea ha reconocido que la unidad apoya “requisitos de entrenamiento… para infiltración y exfiltración”, una referencia al despliegue encubierto y la extracción de fuerzas especiales detrás de las líneas enemigas.

Las principales funciones militares del avión incluyen patrulla marítima, vigilancia y transporte aéreo. Puede transportar 70 soldados o 48 paracaidistas.

En febrero del año pasado un CN-235 sin distintivos se dirigió al este de Europa para apoyar el viaje de Biden a Ucrania y Polonia. El 17 de febrero el avión llegó a la base de la USAF en Gran Bretaña, RAF Mildenhall en Suffolk, donde pasó la noche antes de partir hacia Polonia al día siguiente.

El raro y secreto avión del Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea no llevaba marcas nacionales identificables, insignias de arma/unidad aérea ni número de serie. Pero finalmente consiguieron localizar el número de serie del avión estadounidense estacionado en la RAF Mildenhall y es el mismo que el del avión que ha volado de Akrotiri a Israel cinco veces desde marzo, incluido el 26 de junio.

Algunos vuelos de transporte procedentes de España

Desde que comenzaron los brutales bombardeos de Gaza, 26 aviones marcados como USAF habían llegado a Akrotiri. Entre ellos se encuentran 16 enormes aviones de transporte militar C-17 procedentes de bases estadounidenses en Alemania, España y Kuwait.

El C-17 es capaz de transportar 134 personas y muchos tipos de equipamiento militar, incluidos tanques Abrams y tres helicópteros Black Hawk. El ejército estadounidense señala que su función es “proyectar y mantener rápidamente una fuerza de combate eficaz en las proximidades de una posible zona de combate”.

En octubre del años pasado el periódico israelí Haaretz informó que más de 40 aviones de transporte estadounidenses ya habían volado a la base de Akrotiri con equipos, armas y fuerzas.

Los aviones estaban cargados con material procedente de depósitos estratégicos propiedad de Estados Unidos y la OTAN en Europa. Aproximadamente la mitad de los vuelos estadounidenses tenían como objetivo proporcionar ayuda militar al ejército israelí.

Del 4 al 9 de febrero hubo una actividad intensa de la USAF en Akrotiri cuando seis C-17 llegaron desde la Base Aérea de Ramstein en Alemania. Pronto todos regresaron a sus bases.

El 24 de junio un C-17 operado por Estados Unidos fue enviado desde Akrotiri a Tel Aviv, antes de volar a Ramstein. Es posible que este avión estuviera transportando armas a Israel.

Entre los aviones de la USAF que llegan a Akrotiri se encuentran también cinco aviones C-130 procedentes de la base estadounidense de Inçirlik, en Turquía. El gobierno británico se negó a revelar qué llevaban a bordo.

Matt Kennard https://www.declassifieduk.org/revealed-americas-secret-special-forces-flights-to-israel-from-uk-base-on-cyprus/ https://www.declassifieduk.org/

FUENTE: mpr21.info

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viernes, 19 de julio de 2024

SORPRESA EN UCRANIA: BRIGADA ESPAÑOLA ENTRA EN COMBATE. ZELENSKY ACEPTAR...

ODESSA NO SERÁ DE LA OTAN NI DE UCRANIA: LAS PROTESTAS SE EXTIENDEN Y RU...

MARÍA OSTIZ – Canta Cigarra (1976)

Tras la cumbre

 

Ya no son estos los tiempos en que en las izquierdas resonaba el lema“OTAN no, bases fuera”. Ya no lo son. Ahora está más de moda mirar hacia otro lado ante el salvajismo israelí, y aceptar la sumisión al Imperio. Al fondo, China se prepara para la guerra.


Tras la cumbre


Manolo Monereo

El Viejo Topo

19 julio, 2024 



Después de la cumbre de la OTAN: el “camino irreversible” hacia la guerra global

Algunos fuimos desde el principio escépticos sobre lo que se denominó “autonomía estratégica” de la Unión Europea. Nos temíamos que fuese una ocurrencia más de la “oficina de creación de imaginarios y demás fantasías narrativas” dirigida por el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad José Borrell. Se dijo, hay que recordarlo hoy que están de salida, que la Comisión Europea presidida por la señora Von der Leyen era esencialmente geopolítica y que su tarea fundamental seria pensar y actuar como lo que debería ser la UE, a saber, una gran potencia en un mundo que cambia. En estos años, desde luego, ha habido mucha geopolítica, un conflicto militar de grandes dimensiones en el corazón de Europa y otro, duro y cruel, en el Oriente más próximo. Lo que nunca apareció fue eso de la “autonomía estratégica” que queda como una idea frustrada antes de nacer y material, como tantos, inventados para dar quehacer y financiación a los centros especializados en la infinita tarea de la construcción federal europea. La voladura, tantas veces anunciada, del Nord Stream-2 dejó zanjado definitivamente el asunto al modo norteamericano: la función creadora de la violencia organizada.

El Alto representante de la Unión descubrió un día que el mundo era una jungla y que a él le tocaba, como jardinero fiel, cuidar el vergel europeo. Se le olvidó, podría habérselo preguntado a su compañero Javier Solana, que el acta fundacional de la nueva OTAN que surgía de la disolución del Pacto de Varsovia y de la desintegración de la URSS fue el bombardeo inmisericorde, cruel e ilegal de Yugoslavia. Dicho de otra forma, la nueva Europa, su ampliación y sus políticas económicas y de seguridad nacieron bajo la dirección del autoproclamado vencedor de la Guerra Fría, es decir, la Administración norteamericana. De la “Casa común” europea quedó el recuerdo que dejan los sueños ingenuos incumplidos y los dirigentes exsoviéticos tuvieron que aprender, el primero Putin, que Rusia nunca sería reconocida como una gran potencia y –lo más significativo­– que se iniciaba un Nuevo Orden Internacional cuyas reglas básicas imponían el poder único e ilimitado de los Estados Unidos.

Cumbre de la OTAN

El tono, retórica y puesta escena de la cumbre conmemorativa de 75 aniversario de la OTAN estuvo marcado por la alarmante senilidad de Biden y por la sombra omnipresente de Donald Trump. Zelensky, en un arranque de sinceridad, lo dijo con toda claridad: aquí estamos a la espera de lo que pase en noviembre, es decir, si gana o no Trump. No se equivocaba; y, además, ponía el acento en lo fundamental: la OTAN es un dispositivo estratégico de poder al servicio de los intereses norteamericanos definidos –en lo fundamental– por el inquilino de la Casa Blanca. Los aliados cuentan poco o nada y solo les queda esperar. Ante la previsible llegada de Trump, la Asamblea tomó decisiones, definió con más precisión a los enemigos y, sin complejos, apostó por convertir la guerra en Ucrania en un conflicto directo entre la OTAN y Rusia; el carácter limitado de la misma parece superado y ahora el conflicto deviene en global.

El dato más sobresaliente de esta cumbre de la OTAN, a mi juicio, es convertir a China en enemigo estratégico de la organización atlántica. Se dirá que esto ya estaba presente de alguna forma en el concepto estratégico de la Alianza, es verdad; lo nuevo es que ahora se convierte en operativa y en medio para una coordinación más directa con el AUKUS (acuerdo político-militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos), Nueva Zelanda y, lo más importante, con los dos grandes protectorados norteamericanos en la zona: Japón y Corea del Sur. China sentirá ahora con renovada fuerza la presión anglosajona, la disputa de espacios y aliados, así como una activación más resuelta del separatismo de Taiwán. El objetivo que consigue Biden es sobresaliente: desacoplar la economía de la Unión Europea de la de China, incrementar la guerra comercial, tecnológica, financiera entre las dos potencias hasta ahora interdependientes y, en muchos sentidos, complementarias. Y, evidente, acelerar la dependencia de la UE de los EE.UU.

Ucrania ha merecido un tratamiento especial y en muchos sentidos, único. Tampoco en esto hay que engañarse demasiado. La Administración norteamericana sabe que Zelensky no ganará la guerra; el objetivo es otro: aumentar el desgaste militar, tecnológico y económico del gobierno de Putin, golpear objetivos estratégicos, incrementar aún más la muerte de civiles y minar la moral y determinación del pueblo ruso. Se trata de neutralizar, primero a Rusia, en paralelo presionar a China y, sobre todo, crear un bloque lo más unido posible que esté en condiciones de oponerse al trípode que está reorganizando a Eurasia: Irán, Rusia y China.

Lo que se vislumbra, más allá de la autorreferencial declaración final de la Asamblea, se podría resumir así: 1) La OTAN supervisará más estrechamente la dirección operativa y la conducción de la guerra. Nada se hará, en lo fundamental, sin la aprobación norteamericana; 2) La selección, la definición de los objetivos a golpear en Rusia serán decididos por la OTAN y coordinado el representante único de la organización político-militar; 3) La planificación de la defensa, en un sentido amplio, la política de personal, formación, entrenamiento y, sobre todo,  el gasto serán estrictamente controlados por las autoridades de la Alianza; 4) El presupuesto militar de Ucrania y de los países miembros se incrementarán sustancialmente, llegando, como mínimo, a 40.000 millones de dólares para 2025. Se propiciará una mayor coordinación en la producción de armamentos, la interoperabilidad de los mismos y una mayor centralización en la toma de decisiones.

 

Zelensky

Diversos debates se han entrecruzado en la Asamblea. Los más significativos tienen que ver con la “profundidad “de los ataques con misiles en territorio ruso y sobre los F-16, su número, plazos de entrega y su ubicación. Zelensky ha intentado –su situación es cada vez más precaria– ir más allá de los acuerdos previos; el resultado, por ahora, ha sido los desmentidos de británicos y norteamericanos.  El Reino Unido no autorizará ataques con misiles Storm Shadow en territorio ruso, así lo han señalado fuentes oficiales; tampoco permitirán los EEUU el uso de los misiles ATACMS más allá de las fronteras ucranianas. Esta posición ha sido reafirmada varias veces con fuerza, siempre con la coletilla de “si no cambian las circunstancias”. ¿Cuáles son estas? Que la ofensiva rusa se acelere y que el frente ucraniano colapse. La ambigüedad parece calculada.

Cosa distinta son los F-16. El gobierno ucraniano busca “milagros” armamentísticos que le permitan superar una situación político-militar cada vez más adversa. Por lo que sabemos, Ucrania recibirá 6 F-16 de sus socios occidentales y 20 más a final de año. Las dificultades son muchas, tiene que ver con los pilotos, con la logística de apoyo, con la cualidad y calidad de las pistas y, clave, su ubicación. El peligro es que los aviones sean detectados y destruidos por los misiles rusos en los propios hangares; hay otra posibilidad, defendida con fuerza por los polacos, que la ubicación sea en otros países de la Alianza. Por ahora, los norteamericanos dicen que su emplazamiento será en suelo ucraniano. Lo contrario significaría una escalada de grandes proporciones, cuyas consecuencias son fáciles de prever.

La recuperación del triángulo de Weimar (Francia, Polonia, Alemania) como nuevo núcleo de poder de la UE le está dando un protagonismo especial a la República de Polonia. De hecho, se está convirtiendo en un actor esencial en el conflicto ucraniano y un aliado imprescindible de los EEUU. Ella representa como nadie “la Nueva Vieja Europa”, la buena, la firme, la anticomunista, la que quiere mano dura contra Rusia y la dispuesta siempre al enfrentamiento militar. Zbigniew Brzezinski la representó con objetivo claro, diáfano: derrotar a Rusia, desintegrarla como Estado y liquidar su civilización. El “Acuerdo de cooperación en materia de seguridad entre Ucrania y la Republica de Polonia” recientemente firmado por el liberal/europeísta primer ministro polaco Donald Tusk y Zelensky es mucho más de lo que dice el encabezamiento. Es tan completo y prolijo que no podemos analizarlo en este momento; baste con señalar, que, a mi juicio, estamos ante una operación de integración de Ucrania en el dispositivo de poder económico, tecnológico y militar de Polonia; es algo más – y más ambicioso– que la recuperación de viejas posesiones siempre reclamadas. Quizás habría que hablar de una anexión en proceso, aprovechando la desesperación del gobierno ucraniano y la excepcionalidad del momento.

Polonia está defendiendo abiertamente ser parte, indirecta por ahora, y directa en el futuro inmediato, del conflicto armado, es decir, propiciar la escalada y la guerra entre la OTAN y Rusia. Este es un acuerdo profundo en su clase política. En estos días andan empeñados en tres asuntos: 1) crear una “legión ucraniana” que sirva de cobertura al envío de militares polacos y demás “voluntarios” de los países aliados; 2) crear una zona de exclusión aérea en la parte occidental de Ucrania cuyo paraguas estratégico lo desplegarían las fuerzas militares polacas y 3) ubicar los F-16 entregados a Ucrania en territorio de la Alianza. Los tres, juntos o por separado, llevan directamente al agravamiento del conflicto. Se parte del supuesto previo de que Rusia no se atreverá a usar su armamento nuclear, es decir, las élites europeas pretenden jugar a la ruleta rusa con el presidente Putin.  ¿Y los EE. UU?  Lejos y viéndolas venir, como siempre.

Hay que reconocerle a Pedro Sánchez una capacidad infinita para el regate corto, para diferenciarse y seducir. Su aportación a la asamblea fue distinguida: reconocimiento del Estado palestino e insistencia sobre el flanco sur de la UE y de la OTAN. Su singular discurso estuvo dedicado a combatir el supuesto doble rasero entre el conflicto ucraniano y la política salvaje del gobierno israelí con la población palestina. Las aclamaciones han sido relevantes y su imagen progresista, realzada. Sin embargo, la realidad, una vez más, desmiente las declaraciones. El Reino de España mantiene unas relaciones óptimas en todos los ámbitos con el Estado de Israel; sobre todo como suministrador y comprador de armas de vigilancia y guerra que luego pueden ser usadas para masacrar a los habitantes de la franja de Gaza. Reivindicar, aquí y ahora un Estado para los palestinos a nada compromete cuando se está asesinando a miles de niños, mujeres, jóvenes y mayores inocentes. A nada. ¿No sería más efectivo suspender las relaciones diplomáticas y propiciar un boicot real de municiones, tecnología y armamento al Estado de Israel? En realidad, se perpetúa el doble rasero que se critica y no se tiene el coraje de enfrentarse a Biden.

Es un lugar común en la política europea hablar del flanco sur de la OTAN y de los problemas de África, en general y del enorme territorio subsahariano en particular. El Sahel como línea de fractura y territorio donde se dirimen conflictos más generales. En el centro, siempre en el centro, las enormes riquezas de un continente saqueado, condenado a la pobreza y con una inmensa desigualdad que ahora ve en esta transición hacia un mundo multipolar una nueva oportunidad para romper con el colonialismo, reconquistar la soberanía política y económica y avanzar hacia la justicia social. En esto también Pedro Sánchez se equivoca. Lo que él demanda lo están haciendo ya la OTAN y la Unión Europea, simplemente no cuentan con España ni con su gobierno. Marruecos es el Estado clave y es el que asume la dirección y control de una zona extremadamente importante por decisión de los EEUU. Lo demás, mala literatura y postureo.

 

FuenteNortes

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