domingo, 18 de febrero de 2024

El giro del mundo

 

Es posible que Biden se vea necesitado de una “gran victoria”, tanto como Netanyahu, escribe Alastair Croke. La próxima contienda electoral en EEUU establece nuevas condiciones. Pero, ¿qué clase de victoria puede ofrecer Biden, que no se vuelva contra él?



El giro del mundo


Alastair Croke

El Viejo Topo

18 febrero, 2024 

 

Estados Unidos se está acercando a una guerra con las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, una agencia de seguridad estatal compuesta por grupos armados, algunos de los cuales son cercanos a Irán, pero que en su mayoría son nacionalistas iraquíes. Estados Unidos llevó a cabo hace unos días un ataque con aviones no tripulados en Bagdad que mató a tres miembros de las fuerzas de Kataeb Hezbolá, incluido un alto comandante. Uno de los asesinados, al-Saadi, es la figura de mayor rango asesinada en Irak desde el ataque con drones de 2020 que mató al alto comandante iraquí al-Muhandis y a Qassem Soleimani.

El objetivo es desconcertante ya que Kataeb suspendió hace más de una semana sus operaciones militares contra Estados Unidos (a petición del gobierno iraquí). La retirada fue ampliamente publicada. Entonces, ¿por qué fue asesinado este alto personaje?

Las sacudidas tectónicas a menudo son provocadas por una única acción atroz: el último grano de arena que, encima de los demás, desencadena el deslizamiento, volcando el montón de arena. Los iraquíes están enojados. Sienten que Estados Unidos viola sin sentido su soberanía, mostrando desprecio y desdén por Irak, antaño gran civilización, ahora derribada a raíz de las guerras estadounidenses. Se han prometido represalias rápidas y colectivas.

Un acto y puede comenzar un giro. Es posible que el gobierno iraquí no pueda mantener la línea. Estados Unidos intenta separar y compartimentar las cuestiones: el bloqueo de AnsarAllah en el Mar Rojo es “una cosa”; ataques a bases estadounidenses en Irak y Siria, un “otro” no relacionado. Pero todos saben que esa separación es artificial: el hilo “rojo” tejido a través de todas estas “cuestiones” es Gaza. Sin embargo, la Casa Blanca (e Israel) insisten en que el hilo conductor sea Irán.

¿Lo pensó bien la Casa Blanca, o su último asesinato fue visto como un “sacrificio” para apaciguar a los “dioses de la guerra” en la circunvalación, que clamaban por bombardear Irán? Cualquiera sea el motivo, están en marcha otras dinámicas que se verán alimentadas por el ataque. The Cradle[1] destaca un cambio significativo:

“Al impedir con éxito que los buques israelíes atraviesen el estrecho de Bab al-Mandab, el gobierno de Saná liderado por Ansarallah se ha convertido en un poderoso símbolo de resistencia en defensa del pueblo palestino, una causa profundamente popular en los numerosos sectores demográficos de Yemen. La posición de Saná contrasta marcadamente con la del gobierno de Adén, respaldado por Arabia Saudita y los Emiratos, que, para horror de los yemeníes, acogió con agrado los ataques de las fuerzas estadounidenses y británicas el 12 de enero”.

“Los ataques aéreos de Estados Unidos y el Reino Unido han provocado algunas deserciones internas importantes… varias milicias yemeníes previamente alineadas con los Emiratos Árabes Unidos yArabia Saudita, en consecuencia cambiaron su lealtad a Ansarallah… La desilusión con la coalición tendrá profundas implicaciones políticas y militares para Yemen, remodelando las alianzas, y presentar a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita como adversarios nacionales. Palestina continúa sirviendo como una reveladora prueba de fuego en toda Asia Occidental –y ahora también en Yemen– exponiendo a aquellos que sólo retóricamente reclaman el manto de la justicia y la solidaridad árabe”.

Deserciones militares en Yemen: ¿qué importancia tiene esto?

Bueno, los huzíes y AnsarAllah se han convertido en héroes en todo el mundo islámico. Mira las redes sociales. Los huzíes son ahora “materia mítica”: defienden a los palestinos mientras otros no lo hacen. Un grupo de seguidores se está afianzando. La postura “heroica” de AnsarAllah puede conducir al derrocamiento de representantes occidentales y, por tanto, a dominar ese “resto de Yemen” que actualmente no controlan. Se apodera también de la imaginación del mundo islámico (para preocupación del establishment árabe). Inmediatamente después del asesinato de al-Saadi, los iraquíes salieron a las calles de Bagdad coreando: “Dios es grande, Estados Unidos es el gran Satán”.

No imaginen que este “giro” se les escapa a otros –al Hashd al-Sha’abi iraquí, por ejemplo; o sobre los (palestinos) de Jordania; o sobre las masas de soldados de infantería del ejército egipcio; o incluso en el Golfo[2]. En la actualidad existen 5 mil millones de teléfonos inteligentes. La clase dominante mira los canalesárabes y mira (con nerviosismo) las redes sociales. Les preocupa que la ira contra el desprecio occidental del derecho internacional pueda desbordarse y no puedan contenerla: ¿Qué precio tiene el “orden de las reglas” ahora que la Corte Internacional de Justicia trastornó la noción de contenido moral para la cultura occidental?

La equivocación de la política estadounidense es asombrosa y ahora ha reivindicado el principio más central de la “estrategia Biden” para resolver la crisis en Gaza. El «colgante» de la normalización saudita con Israel fue visto en Occidente como el eje alrededor del cual Netanyahu se vería obligado a renunciar a su mantra maximalista de control de seguridad desde el Río al Mar, o se vería dejado de lado por un rival por el control de la seguridad a quienes el «cebo de la normalización» atraía con una probable victoria en las próximas elecciones israelíes.

El portavoz de Biden fue rotundo[3] a este respecto:

“[Nosotros]… estamos manteniendo conversaciones con Israel y Arabia Saudita… sobre tratar de avanzar con un acuerdo de normalización entre Israel y Arabia Saudita. Entonces esas discusiones también están en curso. Ciertamente recibimos comentarios positivos de ambas partes de que están dispuestas a continuar teniendo esas discusiones”.

El gobierno saudí, posiblemente enojado por el recurso de Estados Unidos a un lenguaje tan engañoso, dio una patada a la plataforma de Biden: emitió una declaración escrita[4] confirmando inequívocamente que: “no habrá relaciones diplomáticas con Israel a menos que se establezca un Estado palestino independiente” reconocido en las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital, y que cese la agresión israelí a la Franja de Gaza –y que todas las fuerzas de ocupación israelíes se retiren de la Franja de Gaza”. En otras palabras, el Reino respalda la Iniciativa de Paz Árabe de 2002.

¡Por supuesto, ningún israelí podría hacer campaña con esa plataforma en las elecciones israelíes!

Recordemos cómo Tom Friedman expuso cómo se suponía que la ‘Doctrina Biden’ encajaría[5] como un todo interrelacionado: Primero, al adoptar una “posición fuerte y decidida sobre Irán”, Estados Unidos indicaría a “nuestros aliados árabes y musulmanes que necesita enfrentar a Irán de una manera más agresiva… que ya no podemos permitir que Irán intente expulsarnos de la región; llevan a Israel a la extinción y a nuestros aliados árabes a la intimidación actuando a través de representantes (Hamás, Hezbollah, los huzíes y las milicias chiítas en Irak) mientras Teherán se sienta alegremente y no paga ningún precio”.

El segundo hilo era el hilo saudita, que inevitablemente allanaría el camino hacia el (tercer) elemento que era la “construcción de una Autoridad Palestina legítima y creíble como… un buen vecino de Israel…”.

Este “compromiso audaz de Estados Unidos con un Estado palestino nos daría [al equipo Biden] legitimidad para actuar contra Irán”, previó Friedman.

Seamos claros: esta tripleta de políticas, en lugar de consolidarse en una sola doctrina, está cayendo como fichas de dominó. Su colapso se debe a una cosa: la decisión original de respaldar el uso de una violencia abrumadora por parte de Israel en la sociedad civil de Gaza, aparentemente para derrotar a Hamás, ha puesto a la región y a gran parte del mundo en contra de Estados Unidos y Europa.

¿Cómo pasó esto? Porque nada cambió en cuanto a las políticas estadounidenses. Eran las mismas viejas tonterías occidentales de hace décadas: amenazas financieras, bombardeos y violencia. Y la insistencia en una narrativa obligatoria de “apoyar a Israel” (sin discusión).

El resto del mundo se ha cansado de ello; incluso es desafiante hacia ello.

Para decirlo sin rodeos: Israel se ha enfrentado ahora cara a cara con la inconsistencia (autodestructiva) dentro del sionismo[6]: ¿Cómo mantener derechos especiales para los judíos en un territorio en el que hay un número aproximadamente igual de no judíos? La vieja respuesta ha quedado desacreditada.

La derecha israelí sostiene que Israel debe entonces ir a por todas: todo o nada. Correr el riesgo de una guerra más amplia (en la que Israel, puede, o no, salir “victorioso”); decirle a los árabes que se muden a otra parte; o abandonar el sionismo y seguir adelante.

La Administración Biden, en lugar de ayudar a Israel a mirar la verdad cara a cara, ha descartado la tarea de obligar a Israel a afrontar las contradicciones del sionismo, en favor de restaurar el statu quo antes roto. Unos 75 años después de la fundación del Estado de Israel, como lo ha hecho el exnegociador israelí Daniel Levy que señaló: [Estamos de vuelta al] “debate banal” entre Estados Unidos e Israel sobre “si el bantustán debe ser reenvasado y comercializado como un Estado.[7]

¿Podría haber sido diferente? Probablemente no. La reacción proviene de lo más profundo de la naturaleza de Biden.

Paradójicamente, la tripleta de respuestas fallidas de Estados Unidos ha facilitado el deslizamiento de Israel hacia la derecha (como lo demuestran todas las encuestas recientes). Y lo ha hecho (a falta de un acuerdo con rehenes) en ausencia de un “colgante” saudita creíble; o cualquier camino creíble hacia un Estado palestino, que precisamente abrió el camino para que el gobierno de Netanyahu buscara su salida maximalista de la disuasión colapsada asegurando una “gran victoria” sobre la resistencia palestina, Hezbolá e incluso –espera– Irán.

Ninguno de estos objetivos puede lograrse sin la ayuda de Estados Unidos. Sin embargo, ¿dónde está el límite de Biden: el apoyo a Israel en una guerra de Hezbolá? ¿Y si se ampliara también el apoyo a Israel en una guerra contra Irán? ¿Dónde está el límite?

La incongruencia, que se produce en un momento en el que el Proyecto Ucrania de Occidente está implosionando, sugiere que Biden puede verse necesitado de una “gran victoria”, tanto como Netanyahu.

Fuente: https://strategic-culture.su/news/2024/02/12/the-worlds-gyre/

Notas:

[1] https://thecradle.co/articles/yemenis-ditch-uae-saudi-coalition-for-gaza

[2] https://thecradle.co/articles/is-the-axis-of-resistance-gaining-support-in-the-gcc

[3] https://www.whitehouse.gov/briefing-room/press-briefings/2024/02/06/on-the-record-press-gaggle-by-nsc-coordinator-for-strategiccommunications-john-kirby-4/

[4] https://twitter.com/TheCradleMedia/status/1755029438687821953

[5] https://www.nytimes.com/2024/01/31/opinion/biden-iran-israel.html?action=click&module=RelatedLinks&pgtype=Article

[6] https://www.foreignaffairs.com/israel/israels-netanyahu-self-destruction?

[7] https://twitter.com/mehdirhasan/status/1752833162877505947

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sábado, 17 de febrero de 2024

Reformar para dominar

 

Desde las recientes crisis financieras, la palabra "reforma" ha entrado en el léxico común como imagen evocadora de austeridad y malestar económico, especialmente para las clases trabajadoras y parte de la clase media. Pero, ¿a qué se refiere exactamente este término?


Reformar para dominar


Giampaolo Conte

El Viejo Topo

17 febrero, 2024 



LOS ORÍGENES HISTÓRICOS DEL REFORMISMO LIBERAL-CAPITALISTA

La reforma (neo)liberal es un instrumento funcional para promover un orden económico que ve en la acumulación de capital, el afán de lucro y la transformación social algunos de sus valores fundacionales.

Las reformas (neo)liberales pretenden enganchar cada vez más a los Estados nacionales a un conjunto de reglas diseñadas para permitir una mayor fluidez del capital y simplificar la transformación de la estructura social para facilitar el proceso de acumulación. Estas normas permiten al capital extranjero encontrar las mismas reglas de empleo, explotación e inversión que en su propio país, es decir, en el Estado hegemónico que domina y controla el mercado internacional en un periodo histórico determinado.

De hecho, se trata de la armonización de los distintos sistemas normativos con el de la potencia hegemónica británica en el siglo XIX, y más tarde estadounidense en el XX (pero también alemana en el espacio de la UE), dentro del espacio legislativo del mercado capitalista. Al mismo tiempo, se permite al capital nacional encontrar una salida al exterior y más yacimientos de empleo en sectores de mayor rendimiento.

REFORMAR PARA DOMINAR

Las reformas inspiradas en el modelo (neo)liberal son, ayer como hoy, un factor importante en la evolución económica y social de la economía mundial. Generalmente se promueven en dos direcciones:

  1. diplomático-institucional, es decir, mediante la acción directa del Estado capitalista,
  2. a través de vínculos transnacionales entre las distintas élites financieras.

Sin embargo, estas dos fuerzas se mueven a menudo en tándem a la hora de influir, promover y fomentar las diversas reformas capitalistas en el ámbito de las finanzas públicas (condena del déficit y plan de amortización de la deuda), la política monetaria (dinero estable fuerte e integrada en los circuitos internacionales), institucional (facilitar la privatización y liberalización) y social (por ejemplo, reduciendo derechos laborales).

La reforma (neo)liberal, por tanto, injerta un proceso transformador implementado por las fuerzas económicas (estatales o de clase) para doblegar a las economías más débiles capitalísticamente a las reglas de acumulación de las economías más fuertes, es decir, aquellas que dominan el mercado e imponen sus reglas de juego. En particular, por proceso de reforma (neo)liberal entendemos aquellos fenómenos de transformación promovidos por el país capitalistamente hegemónico, con la connivencia de las élites económicas y financieras de los países “más débiles”, funcionales a la reproducción del orden social capitalista existente en beneficio de la maximización del proceso de acumulación de capital.

UNA NUEVA LLAVE

El modelo teórico que he propuesto en mis análisis, en particular en «Riformare i vinti» (Guerini e associati, 2022), pretende definir y dar contenido a una práctica hasta ahora poco explicada en términos de conciencia colectiva. La reforma (neo)liberal es un instrumento de transformación que pretende aumentar la rentabilidad del capital, situando este objetivo como prioritario en la escala de valores de la sociedad. Puede identificarse como un instrumento no violento, aunque no por ello menos coercitivo, capaz de abrir las puertas del mundo, o al menos de una parte de él, a la dominación económica y financiera de la potencia capitalísticamente hegemónica y de sus «asociados».

Sin embargo, el origen del modelo económico que inspiró estas reformas sigue sin estar definido. De hecho, se trata de extender al extranjero el sistema económico de referencia de la clase social que tomó el poder en la Inglaterra del siglo XIX y en Estados Unidos en el siglo XX, y que se extendió en cascada a todos los demás países capitalistas avanzados, como Alemania, en la zona de la UE. Hablamos de la clase media alta de extracción (neo)liberal, que propugna un modelo económico capitalista inspirado en el libre comercio y el libre cambio, la estabilidad monetaria y el orden presupuestario, es decir, un modus operandi de la economía que promueve determinados intereses materiales.

Para analizar la evolución de esta clase social dentro de su propio país recurrimos a la categoría gramsciana de hegemonía. Una vez que la clase burguesa toma el poder, moldea la sociedad que está por debajo de ella, y las que orbitan a distancia de cañón de sus posiciones militares, según un sistema de reglas que permite la reproducción de su estructura de clase y preserva su posición dominante en la sociedad y el mercado en el futuro.

No se trata sólo de promover la adopción de un sistema capitalista de producción, es decir, la acumulación de capital, el reconocimiento de la propiedad privada, etc., sino de hacer de estos instrumentos un medio para que la clase hegemónica obtenga la mayor ventaja sobre todas las demás fuerzas sociales. Esto significa, en esencia, crear una estructura de interconexiones supranacionales capaz de favorecer los intereses de una clase determinada.

Por tanto, ya no se siguen las reglas de juego westfalianas vigentes en las relaciones entre Estados soberanos, sino las impersonales propias del flujo de capitales y mercancías dentro del mercado. En un primer momento, este proceso toma forma y se materializa mediante la firma de acuerdos de libre comercio que preparan el terreno para una serie de transformaciones en cascada, primero en el sector manufacturero y luego en el financiero. Se trata de crear instituciones, normas y reglamentos propicios para maximizar el rendimiento del capital en un periodo histórico determinado.

El Estado capitalista, controlado precisamente por una clase capitalista, exporta, mediante la acción «pacífica» de una propuesta reformista, un modelo, un contrato social, a menudo bajo la retórica de la modernización, funcional a la reproducción de su propio sistema económico de inspiración (neo)liberal.

LIBERALISMO: ¿CÓMPLICE O VÍCTIMA?

El liberalismo representa, pues, el marco ideológico al que se refieren gran parte de las transformaciones mencionadas. Aunque el liberalismo es portador del principio de autodeterminación, en la práctica tiene que enfrentarse a la propia naturaleza del Estado-nación y a su vocación de expansión territorial.

Aquí, sin embargo, debemos mantenernos en el filo. En primer lugar, debemos aclarar la conexión entre liberalismo económico y capitalismo. A menudo se da por sentada la asonancia entre liberalismo y capitalismo, por mucho que en realidad se encuentren en dos hemisferios distintos. En realidad, el problema no es el liberalismo en sí, cuya armonía ideológica se circunscribe perfectamente al mundo teórico, sino la necesidad práctica de acumulación de capital. El capitalismo explota la ideología liberal, a menudo mistificando su significado, porque se adapta a sus propias necesidades.

Según Ugo Spirito1 capitalismo y liberalismo tienen histórica e idealmente el mismo origen y valor. Sin embargo, el mismo ideal de libertad se ha ido definiendo progresivamente como el ideal de la libertad privada, es decir, del individuo en su campo de acción particular, fuera del organismo social en el que se define y, por tanto, fuera del Estado que se convierte en mero supervisor de los límites de la propiedad individual.

El liberalismo no está necesariamente ligado al capitalismo. Es un contenedor de ideas que elabora un sistema de valores (teóricos) que a menudo se ha casado con la institución (práctica) del capitalismo. Por lo tanto, si las ideas centrales del liberalismo son el socio perfecto del capitalismo, no comparte, sin embargo, sus impulsos violentos que prodiga en su aplicación. El reformismo (neo)liberal se presenta así como un cesto ideológico dentro del cual se encuentran, entre otros, los instrumentos destinados a favorecer la definición, la creación o el perfeccionamiento de la estructura económica capitalista.

 

LA DOBLE MORAL CAPITALISTA

A nivel práctico, sin embargo, las acciones a menudo coercitivas perpetradas primero por Inglaterra, luego por Estados Unidos y Alemania, muestran la existencia de un doble rasero, es decir, la promoción de la doctrina liberal y liberalista (como bien distingue Benedetto Croce) incluso más allá de la fuerza de convicción hasta el límite de la coerción.

El liberalismo se utiliza para promover los intereses de un grupo social respetado y del Estado territorial controlado por ellos. Los países «derrotados» son definidos como desconocidos y, por tanto, sujetos a ser guiados, llevados de la mano, hacia la necesaria modernización civil, ideológica y también material. Es en la incongruencia entre la ideología y su acción práctica donde debemos encontrar los orígenes de la reforma (neo)liberalista.

Así, la acción de estas reformas se mueve en una doble vía: una vertical y otra horizontal.

Verticalmente con un enfoque descendente: las nuevas élites capitalistas, imbuidas de esa doctrina universalista-racional, asumen el poder como la nueva clase hegemónica, transformando y doblegando la sociedad subyacente a sus propias necesidades de acumulación de capital.

Horizontalmente, cuando a nivel global las élites del Estado hegemónico –o de otros países capitalísticamente avanzados– se alían con la clase emergente de los países «vencidos» para aumentar su poder de negociación así como su cuota de beneficios. Al mismo tiempo, esta acción contribuye a aumentar el peso económico de las élites periféricas incrementando su peso social hasta el punto de favorecer su ascenso político, o al menos su influencia en él: el objetivo último es acelerar su posible transformación en una clase hegemónica con acceso directo al poder y al control del Estado. Surge una interdependencia entre la autoridad soberana y las élites.

CONTROL DEL ESTADO

De hecho, la clase media alta sólo puede seguir ejerciendo un papel hegemónico a lo largo del tiempo controlando la estructura política. Por eso el Estado es esencial para el mantenimiento, la preservación y la reproducción del orden económico (neo)liberal.

En conclusión, las reformas (neo)liberales se identifican con el intento de promover instituciones, normas y estilos de comportamiento propios de un orden económico liberal-capitalista. Se trata de un instrumento de acción tras el que se ocultan intereses de clase y valores ideológicos y políticos. La reforma (neo)liberal no es un elemento neutro, sino una clara expresión de determinados y circunscritos intereses.

Fuente: Kritica económica.

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¡Atención guripas!

 


¡Atención guripas!


Concha González

HOJAS DE DEBATE

 16 de febrero de 2024    

 

Estamos en pleno rearme y preparación psicobelicista para una guerra generalizada. Como diría el poeta “La espada se anuncia con vivo reflejo”.

Nos conviene realizar un voluntarioso ejercicio de lectura y comprensión de una buena cantidad de textos que ilustran sobradamente sobre los peligros que nos acechan la mera supervivencia.

a) Comenzando por explicar el rearme en la UE y en la OTAN partiendo del nuevo concepto estratégico de la OTAN formulado en Madrid a finales de junio de 2022. Esta nueva agenda del brazo armado del imperialismo señala que «Invertir en la OTAN es la mejor manera de garantizar el vínculo duradero entre los aliados europeos y norteamericanos, al tiempo que contribuye a la paz y la estabilidad mundiales.»

La OTAN pasa a ser el valedor universal y único gendarme del orden social capitalista en el mundo, con disposición a intervenir y cortar, dentro y fuera de sus fronteras, cualquier proceso de emancipación territorial, política, económica o social. Y para esta tarea han convenido en el pasado encuentro de Madrid emplear «instrumentos militares y no militares». El rearme se produce, en primer lugar, por la incorporación de novedosas tareas. También mediante la incorporación de nuevos países. La OTAN no ha dejado de expandirse. En 1949 con doce miembros fundadores, la OTAN creció al incluir a Grecia y Turquía en 1952, Alemania Occidental en 1955, y más tarde España en 1982. En 1999, Polonia, Hungría y la República Checa se incorporan a la organización y poco más tarde se unen Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. Después Albania y Croacia en 2009. En 2017, accedió Montenegro y Macedonia del Norte en 2020. La última adhesión ocurrió en 2023, con la adhesión de Finlandia.

El rearme queda patente asimismo con el incremento de personal militar adscrito a la organización militar del imperialismo. Como consecuencia del Nuevo Concepto Estratégico, la OTAN pasó a disponer de más de 300.000 soldados altamente preparados frente a los 40.000 que disponía a principios de 2020.

En la misma línea hay que destacar las maniobras militares actuales “Steadfeast Defender 2024” en las que participan 90.000 soldados de los 31 aliados más Suecia, cuyo ingreso está pendiente del visto bueno del Parlamento húngaro. Más de 50 buques, desde portaaviones hasta destructores, así como más de 80 cazas, helicópteros y aviones no tripulados y al menos 1.100 vehículos de combate, incluidos 133 tanques y 533 vehículos de combate de infantería, participan en estas maniobras.

Finalmente, en cuanto a la financiación del actual rearme, en la Cumbre de Gales de septiembre de 2014, Barack Obama exigió a sus socios europeos un aumento del gasto militar hasta alcanzar 2% del PIB, lo que supone un incremento de 85.000 millones de euros. Desde 2021 el gasto militar de la Alianza ha pasado de 1,16 billones de dólares a 1,26 billones en 2023.  El aumento en los dos últimos años asciende a 100.000 millones de euros.

b) Esta movilización de pensamiento y obra tiene su referencia vinculada al incremento del gasto militar en España que se explicita en el texto “La actual carrera armamentista en España” con el mantenimiento de 20 operaciones militares en el exterior, seis bajo la promoción de la UE, dos de la ONU, ocho de la OTAN y cuatro por propia iniciativa, habiendo participado en más de una centena desde la década de los 80 hasta la fecha, con un gasto de más de 20.000 millones de euros.  La previsión del Ministerio de Defensa es que el capítulo de inversiones hasta el 2029 aumente en un 208%. El presupuesto de Defensa ha crecido un 116% desde 2013, y las inversiones se han incrementado un 1.110% en el mismo periodo. Según El Confidencial España se quita el complejo: más inversión en defensa para dejar atrás “la edad de la inocencia”. Destaca, por ejemplo, la convocatoria reciente de la Subdelegación de Defensa en Salamanca de casi 4.000 plazas para militares de Tropa y Marinería.

c) El pensamiento belicista se apoya en estentóreas declaraciones de altos cargos militares de la OTAN. Así, el presidente del Comité Militar de la OTAN, Rob Bauer, afirma que «Los países de la Alianza deben estar en alerta roja ante la guerra y esperar lo inesperado… Para que sea plenamente eficaz, también en el futuro, necesitamos una transformación bélica de la OTAN… Militarmente, hay muchos más pasos que dar para llegar a donde queremos estar para nuestra defensa colectiva». Es decir, rearme militar.

El general Sir Patrick Sanders, jefe de Personal del ejército británico, ha declarado que el Reino Unido debería “entrenar y equipar a un ejército de ciudadanos” en el caso de un conflicto directo con Rusia.  Esta general estima que el Reino Unido podría tener en tres años una fuerza suplementaria de 120.000 efectivos, a añadir a los 172.400 soldados y reservistas del ejército. Su intervención en la Conferencia Internacional de Vehículos Blindados en Twickenham ha provocado un debate sobre la necesidad de preparar y movilizar a la población civil ante un conflicto bélico. Sanders «compara la situación en Ucrania con las guerras de 1914 y 1937 e insiste en que sólo los “ejércitos ciudadanos” podrán derrotar el ataque que se avecina contra el modo de vida de Occidente» advirtiendo a «los ciudadanos del Reino Unido que estén preparados para una guerra de la magnitud de los grandes conflictos del siglo XX, y que ellos mismos podrían tener que movilizarse.» Por su parte, el secretario de Estado de las Fuerzas Armadas James Heappey ha asegurado que haría falta una fuerza combinada de 500.000 efectivos entre soldados y civiles para poder ganar una guerra.

d) Y ésta es la conexión entre el rearme y la guerra generalizada.

– La hegemonía de EEUU absoluta con la caída del bloque socialista europeo en 1991 se encuentra en la actualidad en peligro por el auge de nuevas potencias como China y Rusia principalmente, citadas en el nuevo concepto estratégico de la OTAN en su reunión última de Madrid.


– Crisis económica de EE.UU.

– El peligro de EE.UU. de pasar de un mundo unipolar a un mundo multipolar.

– Conclusión preocupante: El imperialismo necesita de la guerra para mantener un mundo unipolar y EEUU recuperar la hegemonía que está perdiendo por varias décadas. Para eso necesita un proceso de rearme generalizado con el sometimiento de los gobiernos europeos y las políticas de sanciones. Las guerras de Ucrania y Oriente Medio son el primer paso para una guerra generalizada, destacando China como principal enemigo a batir.  

Y esta es la explicación que en su momento nos ofreció Lenin y que continúa siendo válida y necesaria para hacer frente a esta situación amenazadora: 

«El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre está repartido entre estos “potentados del capital”, bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y llevarse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, que conllevó factores de progreso en otros tiempos, junto a nuevas contradicciones  sociales y conflictos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de artimañas sobre las que se sostiene la opresión nacional.»           

Autor

 

viernes, 16 de febrero de 2024

La desmilitarización de la banda terrorista OTAN en Ucrania a fecha de hoy

 

La desmilitarización de la banda terrorista OTAN en Ucrania a fecha de hoy

 

DIARIO OCTUBRE / febrero 16, 2024



Los resultados de la operación especial de las Fuerzas Antifascistas contra el brazo armado del capital financiero estadounidense, la OTAN.

469 sistemas de defensa aérea S-300, Buk-M1 y Osa

15.056+22 tanques y otros blindados

8.061+20 cañones de artillería de campaña y morteros

1.221+1 lanzacohetes múltiples

571+1 aviones

266 helicópteros

12.485+95 drones

18.729+74 vehículos de diferentes tipos

Fuente: Ministerio de Defensa de Rusia
Tomado de Sputnik

Si quieres seguir de cerca cómo se desarrolla la operación en el campo, el mapa interactivo de la agencia Spuntik te permite conocer la situación que se está viviendo día a día.

·         TEMAS:

·         Desmilitarización de la OTAN

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España e Irlanda instan a alto el fuego inmediato en Gaza

 

España e Irlanda instan a alto el fuego inmediato en Gaza


TERCERA INFORMACION / 15.02.2024

 

Ambos países destacaron que el compromiso de la Unión Europea con los derechos humanos y la dignidad no puede tener excepciones e insistieron en que un alto el fuego facilitaría el acceso necesario de ayuda humanitaria a Gaza.



España e Irlanda llamaron a un alto el fuego inmediato en Gaza para evitar un deterioro adicional y subrayaron la necesidad de que la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa) continúe su trabajo y reciba apoyo.

Ambos países destacaron que el compromiso de la Unión Europea con los derechos humanos y la dignidad no puede tener excepciones e insistieron en que un alto el fuego facilitaría el acceso necesario de ayuda humanitaria.

El presidente español, Pedro Sánchez, declaró que las dos naciones solicitaron a la Comisión Europea examinar el cumplimiento de “Israel” con sus compromisos de respetar los derechos humanos.

Dada la situación crítica en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, ambos gobiernos enviaron un mensaje a la Comisión Europea solicitando una investigación urgente sobre si “Israel” cumple con sus compromisos de respetar los derechos humanos en Gaza.

El Ministerio de Salud en Gaza informó este miércoles que la cifra de víctimas de la agresión sionista superó 28 mil 500 muertos, con alrededor de 68 mil 300 heridos desde el 7 de octubre.

Asimismo, el ente de salud anunció que “Israel” perpetró 11 masacres contra familias gazatíes en las últimas 24 horas, que resultaron en la muerte de 103 personas y 145 heridos.

Los habitantes de Gaza sufren condiciones humanitarias extremadamente difíciles debido al bloqueo continuo y la brutal agresión del ente ocupante, incluida Rafah, que alberga a más de un millón y medio de desplazados.

“Israel” destruyó las instalaciones de atención médica e impidió la entrada de agua, alimentos y medicinas, lo que provocó la muerte de decenas de palestinos por la propagación de enfermedades, así como por hambre y frío en condiciones climáticas adversas.

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La cuestión de Taiwán, a principios de 2024

 

Numerosos analistas sugieren que el detonante de una guerra EEUU-China sería la anexión de la isla por parte del gobierno de Pekín. Sin embargo, visto desde la óptica china, ese conflicto, hoy por hoy, no tiene por qué aparecer.


La cuestión de Taiwán, a principios de 2024


Alberto Bradanini

El Viejo Topo

16 febrero, 2024 

 


En una reunión del American Enterprise Institute celebrada el 2 de noviembre de 2021 en Florida –en presencia de personalidades políticas del frente trumpista, como H. Brands, D. Blumenthal, G. Schmitt, M. Mazza, J. Bolton y otros–, la derecha republicana había llegado a la conclusión de que la estrategia china de reabsorción de la isla no tiene nada de excéntrico ni de ideológico. Incluso un gobierno imaginario favorable a Estados Unidos pondría la recuperación de Taiwán, un territorio históricamente chino, en el primer lugar de la agenda política, pero esto choca con la mayoría de los taiwaneses, que por ahora se oponen a ello.

Para los dirigentes del país, ça va sans dire, la vía preferible debe ser la pacífica, conscientes de que un hipotético conflicto con Taiwán tendría fuertes repercusiones sobre la estabilidad y el crecimiento económico, por no hablar de que las fuerzas armadas de Taipei (al margen de una posible intervención estadounidense) harían muy costosa en todos los sentidos una hipotética invasión de la isla.

Las elecciones presidenciales celebradas en Taiwán el 13 de enero proclamaron vencedor a Lai Ching-te (William Lai), vicepresidente saliente de la República de China (éste es el nombre oficial de la isla). Lai, que tomará posesión de su cargo el 20 de mayo, es ahora el líder del Partido Democrático Progresista (PDP), que ha gobernado durante los últimos ocho años.

La presidenta saliente, Tsai Ing-wen, la primera mujer en ganar las elecciones dos veces consecutivas (2016 y 2020), había dimitido como presidenta del partido el pasado otoño tras su derrota en las elecciones locales. En cualquier caso, Tsai no podía optar a la reelección debido a la limitación de mandatos.

Dado que, según la ley electoral taiwanesa, se declara vencedor a quien obtenga aunque sólo sea un voto más que los demás candidatos (sistema de mayoría relativa), Lai se convierte en presidente aunque sólo obtenga el 40,05% de los votos, ya que sus dos oponentes obtuvieron el 33,49% (Hou Yu-ih, actual alcalde de Taipei, del partido nacionalista Kuomintang, KMT) y el 26,46% (Ko Wen-je, del Partido Popular, TPP), respectivamente.

El pasado noviembre, parecía que el KMT y el TPP podrían unirse con una candidatura compartida. Sin embargo, los dos partidos no lograron ponerse de acuerdo, perdiendo una oportunidad histórica. La participación fue del 71,86%, (–3,04% respecto a 2020) y es la primera vez desde las elecciones de 2000 que el candidato ganador se sitúa por debajo del 50%.

Ahora bien, si las elecciones eran la clave para calibrar la voluntad del pueblo taiwanés de avanzar hacia la independencia, hay que deducir que esta voluntad se ha reducido significativamente en comparación con hace cuatro años. Lai sólo obtuvo el 40% de los votos, frente al más del 50% de Tsai Ing-wen en 2020, y además su partido perdió la mayoría en el Parlamento, lo que dificulta la gestión del país y hace aún más rocambolesca la hipótesis independentista que el DPP, consciente de los riesgos, ni siquiera se había planteado seriamente cuando tenía mayoría absoluta en el Parlamento. Además, antes de proceder por esa vía, el gobierno tendría que consultar a los 24 millones de habitantes de la isla recurriendo a un referéndum potencialmente desestabilizador. Aunque la mayoría de los taiwaneses están en contra de la reunificación, no por ello están a favor de un tira y afloja con Pekín.

Mientras tanto, tras las elecciones, el ex asesor de seguridad nacional estadounidense Stephen Hadley y el ex vicesecretario de Estado James Steinberg –que aterrizó en Taiwán con provocadora puntualidad junto a otros ex altos funcionarios estadounidenses– expresaron «su felicitación al pueblo estadounidense» al presidente electo, que respondió que agradecía a Estados Unidos su firme apoyo a la democracia taiwanesa por la sólida asociación mutua.

En nombre de la Administración, el portavoz de la Casa Blanca –al reiterar la profundidad de las relaciones con Taiwán, que estará gobernada por el mismo partido durante los próximos cuatro años– declaró que el compromiso de EEUU con la isla sigue siendo sólido como una roca, basado en principios bipartidistas y a favor de los amigos, palabras que fuera de la ambigüedad habitual ocultan la expectativa de Washington de que la isla siga plegándose a los intereses estadounidenses a cambio de una hipotética protección ante una amenaza igualmente hipotética.

El Secretario de Estado, Antony Blinken, alabó la fortaleza de la democracia taiwanesa, mientras que desde la Casa Blanca, J. Biden, en un tono inusualmente conciliador, afirmó que Washington no apoya la independencia de la isla, en línea con el contenido de los conocidos comunicados conjuntos que, partiendo del reconocimiento de la existencia de una sola China, habían propiciado la apertura de relaciones diplomáticas entre ambos países a finales de los años setenta.

En el frente opuesto, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Pekín, Mao Ning, juzgando una provocación la visita a Taiwán de ex altos funcionarios estadounidenses a menos de dos días de las elecciones, reafirmó la absoluta oposición de China a cualquier injerencia en Taiwán, un asunto que, como Pekín no se cansa de repetir, debe considerarse exclusivamente interno.

Mientras tanto, al día siguiente de la victoria de Lai, otra nación –Nauru, con poco más de 12.000 habitantes, la más pequeña del mundo– rompía relaciones políticas con Taiwán, que ahora sólo es reconocido por doce países. Un acontecimiento menor, pero que ilustra el cambio de temperatura estratégica en el mundo.

Mientras tanto, en Occidente, la ola mediática antichina, encabezada por Estados Unidos, no cesa. Esta última es una nación de 335 millones de habitantes que no tiene intención de liberarse de la patología irrealista de querer dominar un planeta de ocho mil millones de personas. En las técnicas subterráneas del expansionismo estadounidense –donde el Estado profundo se encuentra con el Estado permanente– la estrategia que prevalece hoy se centra en el complejo industrial militar frente a los impulsos neocoloniales de las Grandes Finanzas que extraen la riqueza ajena.

Por tanto, Washington seguirá avivando el fuego de un conflicto Pekín-Taiwán, con el objetivo de detener la locomotora china, que en términos demográficos y económicos constituye el principal desafío al hegemón unipolar. La estrategia estadounidense consiste en reproducir el guion prescrito para Europa (el conflicto OTAN/EEUU contra Rusia a través de Ucrania), utilizando esta vez los recursos humanos y militares de Taiwán, ante la inviabilidad de un enfrentamiento directo entre dos potencias nucleares.

En cuanto a Xi Jinping, su pensamiento sobre Taiwán refleja recomendaciones pasadas que Deng Xiaoping había relegado a la historia allá por 1979. El Pequeño Timonel había dejado claro que la reunificación de China es una misión histórica de la nación china, compartida por todos sus hijos, al tiempo que sugería que debía prescindirse de la retórica de la liberación forzosa. Si en este momento de la historia, razonaba Deng, las condiciones políticas no lo permiten, habrá que dejar la solución a las futuras generaciones de dirigentes de Pekín y Taipei, cuando dichas condiciones sean favorables.

Mientras tanto, según Xi, los compatriotas a ambos lados del Estrecho están llamados a trabajar juntos para derrotar cualquier tentación independentista, asegurar un futuro brillante para el camino de rejuvenecimiento de la nación china y proteger la soberanía y la integridad territorial del país.

En los últimos treinta años, los dirigentes chinos se han ceñido al llamado Consenso de 1992. En aquel año, al término de una histórica reunión en Hong Kong, las partes acordaron la existencia de una sola China, compuesta por el continente y las islas, es decir, los territorios controlados por Pekín y Taipei. En aquella ocasión, sin embargo, no se abordó la cuestión crucial de la soberanía, mientras que el significado que debía reservarse a la noción de «una sola China» se dejó a la libre interpretación de las partes, en la clásica tradición oximorónica china.

Este Consenso, en su ambigüedad hermenéutica, representaba para Pekín la base política de sus relaciones con Taiwán, que en cambio en 2016, con la llegada al gobierno de Tsai Ing-wen, decidió renegar de los entendimientos de 1992, apostando por una futura metamorfosis de China en un país democrático liberal al estilo occidental.

Dicho esto, hay que señalar que, rebus sic stantibus, la única eventualidad que podría inducir a Pekín a considerar hoy el posible uso de la fuerza es una declaración de independencia por parte de Taiwán. Queda sin respuesta, a este respecto, la razón que podría empujar a los dirigentes de la isla por una vía destructiva, que incluiría un bloqueo naval, bombardeos y devastación de territorios, infraestructuras, ciudades, con un elevado número de víctimas civiles y militares, cuando de hecho Taiwán ya es independiente. Se trata, por tanto, de un escenario sólo concebible si los dirigentes taiwaneses cedieran a los halagos, presiones o corruptelas de Estados Unidos. Pero tanto en Taipei como en Pekín, donde los dirigentes tienen la cabeza sobre los hombros, prevalece un juicioso espíritu de espera, para que la historia indique la dirección de los acontecimientos hacia un compromiso aceptable para ambas partes.

Mientras tanto, mirando más allá del horizonte inmediato, Pekín apuesta por dos perfiles seductores: a) las relaciones económicas y comerciales, hoy ventajosas para Taiwán, superávit comercial e importantes inversiones en ambas direcciones; b) el mantenimiento de una propuesta que prevé una mayor autonomía en caso de que Taipei acepte la ingeniosa fórmula de Deng (un país, dos sistemas), hasta ahora aplicada a Hong Kong y Macao, aunque de momento sin éxito.

En cuanto al calendario de la reunificación, Xi Jinping nunca ha dado fechas precisas, aunque señala que la cuestión no puede posponerse indefinidamente. Sin embargo, según algunos análisis occidentales sin pruebas convincentes, el PCCh ha fijado 2049 como fecha definitiva para la reunificación. Los argumentos en apoyo de esta tesis serían la aceleración de los preparativos militares, el aumento de la inversión en la industria armamentística, la intensificación de las actividades militares sobre el Estrecho, los ataques aéreos y el uso de tecnologías avanzadas. Esta tesis, como se ha señalado, era débil y poco persuasiva. Nada más ser elegido a la dirección del Partido, Xi Jinping había afirmado en 2012, en cambio, que el calendario del sueño de la nación se centraba en dos centenarios: a) el surgimiento de una sociedad moderadamente acomodada en China para el centenario del PCCh (2021); b) la culminación del rejuvenecimiento nacional para el centenario de la proclamación de la República Popular (2049). Según la narrativa occidental, también carente de validación, Pekín haría coincidir el momento de la reunificación con Taiwán con el del rejuvenecimiento nacional. En cambio, es plausible que la exégesis de esta locución antiaristotélica –una de las muchas a las que recurre la dirigencia china– pretenda equilibrar la dialéctica política con la flexibilidad filosófica. En última instancia, la ausencia de rigidez léxica o temporal permite al Partido mantener sus promesas aunque el objetivo de la reunificación no se alcance en 2049. Para terminar, pues, si son concebibles las ambiciones de Xi Jinping de pasar a la historia como el reunificador de China, hay que decir que en 2049, si aún vive, tendrá la madura edad de noventa y seis años, con una influencia mínima por tanto en tales complejidades.

Fuente: La fionda.

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