viernes, 25 de agosto de 2023

Pacifismo y ecologismo en la lucha política contemporánea

 

Pacifismo y ecologismo en la lucha política contemporánea


Hoy se cumplen 21 años del fallecimiento de F. Fernández Buey, quien no ha dejado de estar entre nosotros. Lo recordamos con este texto, probable material para una conferencia, escrito el 8/1/1988 y rescatado para la posteridad por S. López Arnal.


Francisco Fernández Buey

El Viejo Topo

25 agosto, 2023 



Mi intención es argumentar la necesidad en que nos encontramos de incorporar la problemática ecológica y el punto de vista pacifista a la hora de continuar y renovar la lucha secular en favor de la emancipación, o sea, en favor de una sociedad más justa e igualitaria en un mundo habitable.

La era nuclear en la cual nos ha tocado vivir se caracteriza por la proliferación (desde el final de la segunda guerra mundial, pero aceleradamente en la última década) de las armas atómicas, químicas y bacteriológicas. El armamentismo y el belicismo no son fenómenos nuevos; armas químicas y bacteriológicas habían sido empleadas ya durante la primera guerra mundial. Lo nuevo, lo que representa un cambio sustancial en la historia de la humanidad tampoco es la cantidad de armas que llegan a fabricarse, sino su potencial destructivo, su capacidad potencial para terminar con toda civilización, para eliminar a la especie humana y a otras muchas especies de la faz de la Tierra.

De ahí la sensación que hoy en día tenemos de estar viviendo como de prestado, siempre con la espada de Damocles colgando sobre nuestras cabezas.

Pero es que, además, ya la mera existencia del arsenal nuclear, químico y bacteriológico –aunque no se utilice– tiene otras implicaciones o consecuencias que conviene no desconocer. La primera y principal de esas implicaciones o consecuencias es que la existencia, conservación, proliferación y constante renovación de tales armas requiere un tipo de poder, una articulación del poder y del control social, que hace de las poblaciones rehenes de los dominadores del mundo, de lo que suele llamarse el complejo industrial-militar-político. Pues tantas y tan peligrosas armas exigen nuevos tipos de vigilancia sobre los ciudadanos.

En efecto, aunque no fuera más que para conseguir que tantos ciudadanos olviden diariamente que están viviendo así, de precario, con la espada de Damocles colgando sobre sus cabezas, con el peligro de ser liquidados sin saber por qué, aunque no fuera más que por eso –digo– hace falta un enorme control de individuos, grupos y colectividades (incluyendo en esto la vigilancia de las naciones por los gendarmes mundiales). Este enorme control de individuos, grupos y colectividades se consigue habitualmente de dos formas: mediante la represión y la violencia pura y simple y mediante la desinformación e intoxicación de las grandes masas. Las dos formas existen en nuestras sociedades. En los países dependientes suelen predominar la primera, en las sociedades donde hay democracia indirecta o «representativa» o formal, los gobiernos solo recurren a la represión pura y simple en última instancia, mientras tanto intoxican y desinforman a través de medios técnicos sofisticados. Como hemos tenido una experiencia reciente en este sentido, con motivo del referéndum sobre la OTAN, podemos ahorrarnos los detalles. No sin antes subrayar que la brutalidad de la represión y de la guerra en los países de África, Asia y América Latina descalifican a quienes defienden que la existencia de las armas nucleares es una bendición porque gracias a ellas no ha habido guerra desde 1945. Este es un punto de vista «occidentalista» que solo llama «guerras» a las que tienen lugar en el centro del Imperio.

Es verdad que la militarización, el aumento constante de las fuerzas de policía y la multiplicación de los controles sociales no son una consecuencia únicamente del armamentismo nuclear. Pero, como señalara Einstein después de la segunda guerra mundial, el arma atómica favorece la afirmación del poder desnudo. Precisamente por eso el historiador británico y luchador desde antiguo en el movimiento pacifista, E. P. Thompson, ha dicho de nuestro tiempo que es una época exterminista, una en la cual muchas especies y, desde luego, toda nuestra civilización pueden ser exterminadas; una época en la cual el poder generado por las armas se va haciendo autónomo, escapa a los controles parlamentarios y –como se basa en el secreto– se presenta cada vez más como poder independiente de los partidos políticos y de los gobiernos elegidos. De manera que poco a poco se va creando una situación que recuerda la caricaturizada por Kubrick en Doctor Extrañoamor.

Es esa situación la que explica el resurgimiento de los movimientos pacifistas, que en los últimos años han sido sobre todo movimientos antinucleares. El origen reciente estuvo en la oposición al despliegue de los euromisiles de la OTAN en Europa. De ahí que la protesta haya sido mayor precisamente en Europa que en USA o Japón. Y de ahí que, al firmarse recientemente el acuerdo de limitación de armas de medio alcance, algunas personas se hayan hecho la ingenua idea de que el problema que motivó la protesta está ya resuelto. Aunque el nuevo Tratado es sin duda un alivio de la tensión internacional, no hay que hacerse ilusiones al respecto. Es muy posible que ese mismo Tratado abra una nueva etapa de sustitución de armas obsoletas por otras nuevas y más sofisticadas (lo que en este caso quiere decir más mortíferas todavía). Es decir, que la limitación del arsenal existente no impedirá seguramente el paso a los proyectos que se conocen con el nombre de «guerra de las galaxias». Eso es al menos lo que piensan la mayor parte de los analistas informados.

De ahí hay que sacar necesariamente una conclusión: por algún tiempo todavía la denuncia del armamentismo y la lucha contra la proliferación nuclear seguirá estando en primer plano, seguirá siendo una cuestión central para todos aquellos que quieran mejorar la situación social. Y en primer lugar para los socialistas y los comunistas europeos.

En la medida en que el movimiento pacifista sea consciente de esta continuidad de la lucha en la era nuclear y mantenga su independencia respecto de los dos bloques militares tendrá que plantearse y contestar a algunas preguntas hoy pendientes, como las siguientes: ¿qué pacifismo? ¿Un pacifismo fundamentalista o un pacifismo pragmático? ¿Cómo conciliar el punto de vista pacifista con el apoyo a movimientos armados que luchan en el tercer mundo por la liberación, cómo conciliar pacifismo y emancipación social? ¿Cómo conciliar el pacifismo y la soberanía nacional? Algunas de esos problemas están ya hoy en el centro de la discusión en el seno del movimiento pacifista europeo, el cual, como es obvio, ha perdido fuerza en estos dos últimos años. Es muy posible que la respuesta a preguntas como esas tenga que ser flexible y estar en función de situaciones muy diferentes como las que realmente existe en nuestro mundo de hoy (¿cómo comparar –a pesar de que muchas veces se hace con simpleza– la situación en El Salvador, Perú, Colombia, etc, con la situación en nuestros países europeos?). Pero por debajo de esa flexibilidad y del hipotético carácter plural de las respuestas hay al menos dos cosas que no deberíamos olvidar en España y en Europa; 1º que nuestra situación es comparativamente privilegiada y que sigue habiendo guerras brutales en el mundo, y 2º que la lucha por la paz no es un objetivo táctico de tal o cual partido, organización política o grupo, sino una exigencia prioritaria, fundamental, de toda persona sensible y consciente. Por eso es ahora una cuestión vital desprenderse de vicios tacticistas y de viejas tendencias a la instrumentalización del movimiento. Lo cual incluye no cejar en esa lucha cuando (como en los últimos tiempos) parece que los aires son más favorables a la paz.

Un segundo rasgo característico de nuestra época es la crisis ecológica incipiente. Fue a comienzos de los años setenta cuando las poblaciones empezaron a darse cuenta de que la afirmación de algunos científicos en el sentido de que hay que límites naturales al crecimiento económico indiscriminado es una verdad, una verdad que tiene que ser incorporada a nuestra visión del mundo, puesto que de ella se deriva una nueva forma de mirar a la naturaleza y, sobre todo, una nueva forma de comportarse en lo que respecta a los recursos naturales no renovables. Así pues, la problemática ecológica fue cobrando cada vez más importancia a medida que los primeros datos de la incipiente crisis llegaban a las gentes; contaminación de las ciudades, desaparición de la vida de los principales ríos, lagos y mares, esquilmación de las tierras, desertización progresiva de muchas zonas del planeta (entre ellas, y aceleradamente, España), debilitamiento de la capa de ozono, cambios climáticos, desastres naturales, etc.

Las consecuencias directas e indirectas del conjunto de circunstancias que componen la llamada crisis ecológica están ya a la vista de todos aquellos que no quieren permanecer ciegos. Ya no es sólo las molestias que producen los humos de vehículos y fábricas que envenenan la atmósfera indiscriminadamente. Es algo más que eso; los efectos negativos del industrializado depredador y biocida están llegando a zonas y lugares que hace unos cuantos años parecían muy seguros, muy al margen de la contaminación: la selva amazónica, uno de los pulmones del planeta, está siendo saqueada en los últimos años, muchas especies se encuentran en trance de desaparición total, y aquí mismo, en nuestro país, bajo nuestros ojos se está produciendo uno de los fenómenos de desertización más pronunciados de toda Europa. Es verdad que muchos de los efectos más negativos de la crisis ecológica no llegaremos a verlos nosotros, pero los verán y los sufrirán nuestros descendientes. Por eso los economistas más sensibles a la problemática ecológica han empezado a plantearse durante estos últimos años la urgencia de programas de transición ecológicamente fundamentados que tengan en cuenta lo que suele llamarse «distribución intergeneracional de recursos», es decir, la idea de que el mundo en cierto modo no se acaba con nosotros mismos, con nuestra generación. Esa idea, que siempre estuvo en la base de la lucha de la Humanidad por su emancipación social, empieza a estar presente también ahora en relación con la lucha por mejorar nuestro contacto con la naturaleza. De ahí han surgido los movimientos ecologistas primero y los denominados partidos verdees o listas alternativas después.

Los movimientos ecologistas, los grupos conservacionales y las personas que han decidido adoptar un punto de vista medioambientalista deben mucho a ecólogos pioneros, como Barry Commoner, y a personalidades y científicos que dieron la voz de alarma, como aquellos que redactaron el primer informe al Club de Roma. Importa poco que tal o cual cifra, tal o cual aspecto tratado por el primer informe al club de Roma, no se corresponda exactamente con lo que hoy, quince años después, podemos conservar en el planeta Tierra. Hay, desde luego, cifras más aproximadas en un informe como el Global 2000. Lo que de verdad importa es que aquel primer informe inauguraba una nueva manera de pensar acerca de la relación entre los problemas económico-sociales y los problemas medioambientales. Precisamente el rechazo de esa nueva forma de pesar y de la inevitable relación existente entre el reconocimiento de los límites del crecimiento, la crítica de la civilización industrialista expansiva y la lucha por mejorar socialmente la suerte de los sectores más oprimidos de la humanidad fue un handicap que la izquierda europea no ha logrado superar todavía, a pesar de la rectificación que a ese respecto empezó a producirse hace cuatro o cinco años (y con más decisión desde la catástrofe de Chernobyl).

¿Cómo explicar la desatención por la parte de la izquierda tradicional, y durante tantos años, de la problemática ecológica? Seguramente, por tradicionalismo cultural, porque muchos dirigentes políticos y sindicales pensaron que la contaminación, la desertización, la desaparición de especies y, en general, el expolio de los recursos naturales no renovables eran cosas de poca monta, cuestiones menores al lado de la explotación social y la opresión política. Además, algunos de esos dirigentes se quedaron en la observación superficial de que los animadores de los primeros movimientos ecologistas eran estudiantes e intelectuales pequeñoburgueses bien alimentados. Hubo incluso a mediados de la década de los setenta más de un político procedente de países africanos y latinoamericanos que denunció el ecologismo como una maniobra de los capitalistas o como un producto cultural de la sobreabundancia. Hoy sabemos que eso era una profunda incomprensión de lo que estaba ocurriendo tanto en el plano mundial como en los ámbitos locales. Y por eso mismo la actitud de los sindicatos y de los partidos políticos relacionados con los trabajadores ha empezado a variar no sólo en lo que respecta a la problemática ecológica misma sino también en lo tocante a las relaciones con los ecologistas, con el movimiento ecologista.

Precisamente por ello, porque felizmente ha empezado a cambiar la actitud de los sindicalistas tanto en las fábricas como en las zonas rurales, este es un buen momento para enumerar algunos de los problemas que están abiertos y cuya resolución depende en primer lugar de la relación que acabe estableciéndose entre las organizaciones de los trabajadores urbanos y agrícolas, por un lado, y el movimiento ecologista tal como está constituido por otro. En tal sentido conviene distinguir desde el primer momento entre ecología y ecologismo y aún entre ecologismo como tendencia meramente conservacionista y ecologismo político. Pues de la ecología como ciencia pueden derivarse –y de hecho así ocurre– posiciones sociopolíticas muy diferentes que abarcan todo el arco de las ideologías. Y el mero conservacionismo –por muy bien intencionado que esté– no siempre consigue liberarse de incrustaciones irracionalistas, por confundir los males de la civilización industrial con el desarrollo simple de la ciencia y de la tecnología tal como la hemos conocido hasta ahora.

Esto último puede servir para llamar la atención acerca de algo que no siempre tienen en cuenta algunos sectores de los movimientos ecologistas y pacifistas. A saber: que el marco económico-social en el que se produce el avance del militarismo y la crisis ecológica incipiente es fundamental para concretar tanto el análisis como las propuestas alternativas. Ese marco viene caracterizado por factores como los tres siguientes: 1) La aparición de la tecnociencia como fuerza productiva directa y fundamental, lo que supone un impresionante desarrollo de la automatización y de la informatización (con efectos contrapuestos: de un lado liberación de la fuerza de trabajo manual; pero de otro lado, nuevas posibilidades de manipulación no solo social, sino también –cosa peligrosísima– de cerebros y de genes). 2) Difusión del imperialismo, tanto desde el punto de vista militar como desde el económico y cultural, lo cual da lugar a la limitación de las soberanías nacionales (limitación, por lo general, aceptada por los gobiernos actuales de manera cínica o hipócrita). 3) Transformación del mundo en una especie de plétora miserable en la que conviven, con diferencias insultantes, el despilfarro y la superabundancia con el hambre, la persistencia de las enfermedades debidas a la miseria con el aumento de las llamadas enfermedades de la civilización, propias de hartos materialmente.

Desde el punto de vista político es obvio que la tarea actual consiste en un acercamiento entre vieja y nueva izquierda, entre organizaciones de trabajadores y oprimidos y movimientos especialmente sensibles a la problemática ecológica y de la paz (sin olvidar lo que para inaugurar una nueva forma de pensar ha significado y significa el feminismo). Casi todo está todavía por hacer en ese sentido, aunque empieza a haber ejemplos interesantísimos en algunos lugares de Europa (sobre todo en la República Federal alemana). Pero el que está casi todo por hacer no justifica el que a veces esa lucha se presente a sí misma como una utopía, como algo por lo que vale la pena luchar pero no será alcanzado nunca. Sería una triste desgracia el que por exageración polémica contra la ciencia y la tecnología de nuestra época se dejaran éstas exclusivamente en manos de los dominadores mientras que los trabajadores de la ciudad y del campo eligen la utopía. Por muy sana que sea moralmente la afirmación del espíritu utópico en relación con el pacifismo, el ecologismo y el igualitarismo, se hace necesario contestar con precisión y con efectividad (por emplear una palabra que a veces no gusta) a preguntas que son básicas y sin cuya contestación no se puede esperar la movilización requerida de las masas. Contestar a preguntas como ¿qué tipo de comunidades alternativas en el plano local, regional y mundial? ¿Qué producción de bienes y qué distribución de los mismos para detener las máquinas de guerra y paliar el hambre de una gran parte de la humanidad? ¿Qué formas de participación social y política en las comunidades alternativas? ¿Qué necesidades satisfacer prioritariamente en función del punto de vista igualitario?, etc etc. es algo que implica estudiar, investigar y trabajar en programas económico-ecológicos de transición, además –claro está– de movilizarse y actuar por ellos y desde ellos.

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jueves, 24 de agosto de 2023

Las palabras de Simone Weil

 

Este jueves se cumplen 80 años de la muerte de Simone Weil, esa mujer sabia, desconcertante, sacrificada y valerosa que afrontó la vida con decisión y humildad. Reproducimos aquí unas cuantas frases suyas que reflejan su mente y su corazón.


Las palabras de Simone Weil


Simone Weil

El Viejo Topo

24 agosto, 2023 




Quien toma la espada perecerá por la espada. Pero quien no toma la espada (o la suelta) perecerá en la cruz.


Las soluciones no son fáciles de concebir.


La palabra revolución es una palabra por la cual se mata, por la cual se muere, por la cual se envía a las masas populares a la muerte, pero que no tiene contenido alguno.


Puedo, luego existo.


La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma


El futuro está hecho de la misma sustancia que el presente.


La adquisición de un conocimiento en algunos casos nos acerca a la verdad y en otros casos no.


La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.


El amor no es consuelo, es luz.


La destrucción del pasado es quizás el mayor de los delitos.


El mar no es menos hermoso a nuestros ojos porque sepamos que a veces los barcos naufragan en él.


Debemos preferir el infierno real a un paraíso imaginario.


El mal es ilimitado, pero no infinito.


La belleza del mundo es muestra de un Dios a la vez personal e impersonal, y ni lo uno ni lo otro.


Amar la verdad supone soportar la vida, y por consiguiente aceptar la muerte. La verdad está al lado de la muerte.


Por justa que sea la causa del vencedor o la del vencido, el mal que causan, tanto la derrota como la victoria, es inevitable.


Todos los pecados son intentos de llenar vacíos.


Siempre que se trata de suprimir la duda, hay tiranía

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miércoles, 23 de agosto de 2023

El coste de la vida y las ganancias

 

El último informe de empleo de la OCDE es una verdadera revelación sobre la crisis del coste de la vida y sobre si han sido los aumentos de los salarios o los aumentos de las ganancias los que más han contribuido al aumento de la inflación.


El coste de la vida y las ganancias

 

Michael Roberts

El Viejo Topo

23 agosto, 2023 

 




En cuanto a los salarios, según la OCDE los salarios reales han caído un promedio del 3,8 % en el último año en la OCDE. «Los mercados de trabajo han subido los salarios nominales, pero menos que la inflación, lo que ha llevado a una caída de los salarios reales en casi todas las industrias y en los países de la OCDE».

Las caídas varían considerablemente para cada país de la OCDE. Las mayores caídas han sido en Escandinavia y Europa del Este, donde los precios de la energía aumentaron más por la pérdida del petróleo y gas rusos, mientras que la caída en EEUU es una de las más bajas, ya que los precios de la energía, aunque han subido, no se han disparado tanto. Europa ha tenido que cambiar su aprovisionamiento de energía rusa a través de gasoductos al mucho más caro gas natural líquido (GNL) mediante transporte marítimo.




El estudio de la OCDE también revela en detalle hasta que punto y cuánto del aumento de las tasas de inflación desde el comienzo de la pandemia del COVID hasta ahora se debe a los salarios y las ganancias.



Parece que, en el promedio (no ponderado) de toda la OCDE, las ganancias por unidad de producción aumentaron alrededor del 22 % desde finales de 2019 hasta el primer trimestre de 2023, mientras que los salarios por unidad de producción aumentaron alrededor del 16 %. En algunos países, el papel de las ganancias en el aumento de los precios fue mucho mayor en comparación con los salarios: en Suecia, el 27% de las ganancias aumentan contra el 9% de los salarios, en Alemania, el 24% contra el 10%; en Austria el 23% contra el 10%.

El mayor aumento de las ganancias durante la espiral inflacionista fue en Hungría, con más del 60 %, seguida por los estados de Europa del Este, con más del 30 %. Los aumentos salariales y de beneficios por unidad de producción en los EEUU fueron aproximadamente iguales, del 14 % cada uno. Solo Portugal vio una contribución significativamente mayor de los salarios por unidad de producción (18 %) que de las ganancias (9%).

La OCDE está de acuerdo conmigo y con muchos otros en que el aumento de la inflación se inició por el aumento de los precios de los productos básicos y la energía causado por los cortes en la cadena de suministros después del final de la pandemia y que se han agravado con la invasión rusa de Ucrania.

Como dice la OCDE: «El aumento inicial de la inflación fue importado en gran medida en muchos países de la OCDE e impulsado por los precios de los productos básicos y la energía. Sin embargo, en el transcurso de 2022, la inflación amplió sus causas, con costes más altos que se transfieren cada vez más a los precios de los bienes y servicios nacionales».

No fue causada por aumentos salariales, que nunca pudieron mantener el crecimiento de la espiral de la inflación. Una vez más, según la OCDE: «La evidencia no ofrece indicios de señales de una espiral de precios-salarios hasta ahora. El crecimiento nominal se ha recuperado, pero no muestra señales claras de una aceleración significativa en todos los países. La brecha con la inflación parece estar disminuyendo en los últimos meses, principalmente debido a una lenta disminución de la inflación, pero la erosión de los salarios reales aún no se ha detenido en la gran mayoría de los países de la OCDE».

De hecho, los aumentos de las ganancias fueron un factor mucho mayor de impulso del aumento de la inflación. Las conclusiones del informe son claras: en primer lugar, los salarios reales promedio (es decir, después de la inflación) han caído en todo el mundo capitalista desarrollado en los últimos tres años; de hecho, la caída más grande y más larga en al menos 50 años. Y en segundo lugar, el principal contribuyente al aumento de los precios de los bienes y servicios durante este período ha sido el aumento de los beneficios por unidad de producción, no de los salarios, particularmente en la zona del euro. «En la zona del euro, la contribución de los beneficios ha sido particularmente grande, lo que representa la mayor parte del aumento de los precios nacionales en la segunda mitad de 2022 y el primer trimestre de 2023». En cuanto a los EEUU, la OCDE considera que: «con mercados laborales particularmente ajustados, los salarios generalmente han contribuido a los aumentos de los precios internos más que las ganancias en los últimos trimestres». Pero «la reciente contribución de los márgenes de beneficio fue mucho mayor que en los años anteriores a la crisis, pero ha disminuido en los trimestres más recientes».

Los datos de Europa y Australia muestran que el sólido rendimiento de las ganancias en 2022 no se limitó al sector energético. En el año hasta el primer trimestre de 2023, en Europa, las ganancias por unidad aumentaron más que los costes laborales por unidad en la manufactura, la construcción y las finanzas, y crecieron al mismo ritmo que el coste laboral por unidad en «alojamiento, alimentos y transporte». Del mismo modo, las ganancias por unidad aumentaron más que los costes laborales por unidad en varios sectores de Australia, incluyendo «alojamiento y alimentos», manufactura, comercio y transporte.

Por lo tanto, ¿para reducir las tasas de inflación, las empresas deberían reducir los aumentos de beneficios? Tal vez no, dice la OCDE porque «la rentabilidad de las firmas puede quedar socavada a corto plazo por una caída en la demanda debido al endurecimiento de la política monetaria y la erosión del poder adquisitivo. En este contexto, es más probable que el aumento de los costes laborales se traduzca en una reducción de la demanda de mano de obra y posibles pérdidas de empleo. En general, si bien la evidencia sugiere que hay margen para que los beneficios puedan absorber algunos ajustes en los salarios en varios sectores y países, es probable que el margen de maniobra exacto varíe según los sectores y el tipo de empresas».

En otras palabras, tratar de reducir los aumentos de precios restringiendo los aumentos de beneficios al tiempo que se permite que los aumentos salariales de los trabajadores se pongan al día podría causar una crisis en la medida que los empleadores reducen su fuerza de trabajo para detener el aumento de los costes laborales. Eso significaría un aumento del desempleo. Porque eso es lo que sucede en un sistema de producción impulsado por los beneficios.

Entonces, ¿cuál es la respuesta para que haya crecimiento económico sin que la inflación se acelere? La OCDE dice: «A largo plazo, las ganancias salariales reales sostenidas solo se pueden garantizar a través de un crecimiento sostenido de la productividad». Los países de la OCDE necesitan «aprovechar al máximo las oportunidades que ofrecen los nuevos desarrollos tecnológicos, como la Inteligencia Artificial». Hasta ahora, no hay señales de ello.

Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.

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Exigen a Gran Bretaña pagar 24 billones de dólares en reparaciones a ex colonias

 

Exigen a Gran Bretaña pagar 24 billones de dólares en reparaciones a ex colonias

 

DIARIO OCTUBRE / agosto 23, 2023

 


Robinson instó al Reino Unido a cambiar su posición actual sobre el tema.

“No pueden seguir ignorando la mayor atrocidad que significa la inhumanidad del hombre hacia el hombre. No pueden seguir ignorándolo. Las reparaciones también se pagaron por otras violaciones, y obviamente mucho más rápido, mucho más rápido que las reparaciones por lo que considero la mayor atrocidad y crimen en la historia de la humanidad: la esclavitud transatlántica”, dijo Robinson.

“Creo que el Reino Unido no podrá resistir este movimiento hacia el pago de reparaciones: la historia lo exige y la ley lo exige”, agregó.

Robinson hizo una declaración antes del día Internacional de conmemoración de las víctimas de la trata de esclavos y su eliminación, que se celebra el 23 de agosto para conmemorar la revolución Haitiana.

Robinson tiene la intención de dar un discurso en Londres y exponer los resultados de la investigación del grupo Brattle, que se publicó en junio de este año. En el informe, descrito como el análisis más completo de la reparación a los países afectados por la trata de esclavos, se indican los montos de reparación que deben pagarse en relación con los 31 países en los que se practicó la esclavitud transatlántica.

El estudio estima que se trata de billones de dólares. Un informe publicado por la Universidad de las Indias Occidentales después de un Simposio organizado por la sociedad Estadounidense de Derecho Internacional concluye que solo el Reino Unido debe pagar $ 24 billones (con un PIB de $ 3 billones) en reparaciones por la esclavitud transatlántica a 14 países. De esta cantidad, alrededor de $9,6 billones corresponden a Jamaica. El informe utiliza los cálculos del grupo Brattle, que tienen en cuenta la riqueza y el PIB acumulados por los países que esclavizaron a la población africana.

Al comentar sobre las cifras, Robinson dijo que “estos cálculos no son para cinco años ni para 10 años. Abarcan todo el período de esclavitud transatlántica, lo que significa que abarcan cientos de años. Además, las reparaciones nunca fueron pagadas. Por lo tanto, los cálculos comienzan con el primer día de la esclavitud transatlántica, es decir, cientos de años; y solo esto explica las altas cifras”.

Dado el enorme tamaño de las reparaciones, Robinson admitió que si no podían obtenerse por medios diplomáticos, era posible un juicio.

Hablando de números, Robinson dijo que el informe sugiere que los pagos se realicen durante un período de tiempo más largo, de 10 a 25 años, en lugar de instantáneamente.

En abril de 2023, el primer ministro británico, Rishi Sunak, se negó a disculparse por el papel del Reino Unido en el comercio de esclavos o comprometerse a pagar reparaciones. Robinson dijo:”tengo mucho respeto por el primer ministro del Reino Unido, pero creo que la posición que ha tomado es lamentable y espero que la reconsidere”.

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Cognición sensorial –sensación, percepción, representación–

 

Cognición sensorial –sensación, percepción, representación–

 

DIARIO OCTUBRE / agosto 21, 2023




«El primer paso en una cognición humana compleja e históricamente desarrollada es una contemplación viva y directa de la realidad circundante. La cognición sensorial, que incluye sensaciones, percepciones e ideas; al ser una forma de reflejo directo de los objetos y los fenómenos específicos del mundo material, sirve como fuente directa e indirecta de todo nuestro conocimiento.

 

«Nada podemos saber ni de las formas de la sustancia ni de las formas del movimiento, si no es por nuestras sensaciones». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

Cualquier conocimiento comienza con sensaciones y percepciones, con una revisión, comparación, distinción y procesamiento del material percibido por los sentidos. Todo el proceso subsiguiente de la cognición humana se basa, en última instancia, en la cognición sensorial. La cognición sensorial constituye, histórica y lógicamente, la etapa inicial del proceso de cognición. Esto es cierto tanto en relación con el reflejo del mundo material en la mente de un individuo, como en relación con el desarrollo histórico del conocimiento humano.

El conocimiento sensorial de la realidad material por parte del hombre se produce en el proceso de su actividad práctica, en el proceso de producción. Los clásicos del marxismo-leninismo señalaron que las personas no comienzan con la teoría, sino con la actividad práctica, con la producción de medios para su existencia. En el proceso del trabajo, de la actividad de producción práctica, las personas influyen en los objetos y fenómenos del mundo material que les rodea y reciben ciertas sensaciones y percepciones de este.

«La sensación es el resultado de la acción que ejerce sobre nuestros órganos de los sentidos la cosa en sí, existente objetivamente, fuera de nosotros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

A través de las sensaciones, las personas reciben cierta información sobre las propiedades y cualidades de los objetos y los fenómenos individuales. Por eso, cuando se perturba la actividad de los órganos de los sentidos, la conexión de la conciencia con el mundo externo se interrumpe inevitablemente.

«La sensación es, en realidad, el vínculo directo de la conciencia con el mundo exterior, es la transformación de la energía de la excitación exterior en un hecho de la conciencia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

El mecanismo de esta transformación –la transformación de un estímulo físico en un correspondiente proceso fisiológico y luego también mental– está ampliamente revelado por la ciencia soviética y sus diversas ramas: física, biología, fisiología y psicología. La fisiología soviética moderna, basada en las enseñanzas de Iván Petróvich Pávlov sobre la actividad nerviosa superior, establece los fundamentos materiales y fisiológicos de los procesos de la sensación, de las acciones de los órganos de los sentidos. La sensación, se considera como el resultado del trabajo conjunto de los órganos de los sentidos y la corteza cerebral. El aparato anatómico y fisiológico de la sensación, llamado por Pávlov el «aparato analizador», consta de tres partes: 1) un conjunto de receptores periféricos –ojos, oídos, nariz, etcétera–; 2) vías de propagación de la excitación nerviosa –fibras nerviosas– y 3) las zonas correspondientes –visual, auditiva, olfativa, etcétera– de la corteza cerebral. La corteza cerebral es un órgano de análisis y síntesis superior de estímulos externos; también dirige el trabajo de los analizadores de los nervios.

La ciencia soviética estableció que la transformación de un estímulo externo en un proceso nervioso –en un estímulo fisiológico y un acto psíquico–, que tiene lugar en el proceso de la sensación, ocurre abruptamente, como la transición de la energía fisicoquímica a una forma orgánica cualitativamente diferente de movimiento de la materia.

«Cada aparato periférico es un transformador especial de una energía externa dada en un proceso nervioso». (I. P. Pávlov; Las ciencias naturales y el cerebro, 1909)

Por ejemplo, el impacto de la energía luminosa en nuestro ojo provoca ciertos fenómenos fotoquímicos y eléctricos en su retina, que a su vez provocan un cambio en la concentración de iones en las terminaciones periféricas de los nervios ópticos. Este proceso de excitación, que comenzó en los nervios sensibles a la luz −bastones y conos−, se transmite a través de las fibras visuales a los centros −visuales− correspondientes de la corteza cerebral, donde se convierte en un determinado proceso mental. Pávlov reveló la dialéctica del proceso de transformación de la irritación fisiológica en un acto mental. Mostró que la formación de un reflejo condicionado es, al mismo tiempo, el proceso de aparición de un acto mental elemental: la sensación.

El sistema fisiológico de conexiones reflejas, condicionadas y nerviosas, formadas en el cerebro, fijadas por la estructura material correspondiente −estímulos y sus huellas en los hemisferios cerebrales−, que es un sistema de reflejo directo de la realidad en forma de sensaciones, percepciones e ideas, fue llamado por Pávlov el «primer sistema de señales».

«Para un animal, la realidad está señalada casi exclusivamente por estímulos y sus huellas en los hemisferios cerebrales, que llegan directamente a células especiales de los receptores visuales, auditivos y de otros tipos en el cuerpo. Esto es lo que también tenemos en nosotros mismos como impresiones, sensaciones e ideas del medio externo, tanto del natural en general como del nuestro social, excluyendo la palabra, audible y visible. Este es el primer sistema de señalización de la realidad que tenemos en común con los animales». (I. P. Pávlov; Los reflejos condicionados, 1934)

Sin embargo, en los humanos, el primer sistema de señalización adquirió características cualitativamente nuevas, ya que se desarrolló bajo la influencia del segundo sistema de señalización, ya formado con la influencia del trabajo, la producción material y la práctica sociohistórica en general. Los patrones biológicos, que determinaron el desarrollo de los animales, han sido reemplazados, en el hombre, por patrones sociales, en la medida en que sus órganos de los sentidos han perdido su anterior agudeza animal y sus limitaciones biológicas, adquiriendo una nueva cualidad: se han convertido en órganos humanos. Bajo la influencia del trabajo y su impacto práctico en el mundo circundante, los sentidos humanos y su actividad funcional mejoraron y se desarrollaron, aumentando su capacidad para percibir una gran variedad de cualidades y propiedades del mundo objetivo.

La capacidad de los órganos de los sentidos para percibir adecuadamente varias propiedades y cualidades del mundo objetivo ha mejorado, en el curso de la evolución biológica de los organismos, como resultado de la complejidad creciente de las formas de su interacción con el medio ambiente. La fisiología soviética estableció, por ejemplo, que la sensibilidad cromática del ojo es producto de un desarrollo relativamente tardío del mundo orgánico. En las primeras etapas de la filogénesis, la visión de los organismos animales era incolora. En muchos animales muy desarrollados, la sensibilidad al color está ausente o muy poco desarrollada –por ejemplo, en los perros–. Incluso los grandes simios solo pueden distinguir unos pocos colores. Solo el hombre, mediado por el proceso del trabajo y una interacción más profunda con el mundo exterior, ha formado un aparato fisiológico que tiene una gran capacidad para percibir, adecuadamente, varios colores. Véase la obra de S. V. Kravkov «Color visión» (1951).

Al someter los objetos de la naturaleza a un procesamiento práctico, especialmente al crear otros nuevos, las personas cambiaron el mundo sensorial de los objetos circundantes y, a la vez, cambiaron la naturaleza de su contemplación sensorial; puesto que sus percepciones reflejaban los objetos y fenómenos de la realidad ya en gran parte cambiados y transformados por el proceso de la actividad material y productiva del trabajo.

«El mundo sensible que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y del estado social, en el sentido de que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades». (Karl Marx y Friedrich Engels; Ideología alemana, 1846)

Por lo tanto, los órganos de los sentidos del hombre y su actividad funcional son producto, no sólo de toda la evolución anterior de sus ancestros animales, sino también del desarrollo sociohistórico del propio hombre.

«La formación de los cinco sentidos es un trabajo de toda la historia universal hasta nuestros días». (Karl Marx; Manuscritos económicos y filosóficos, 1844)

El ojo humano, capaz de percibir la riqueza de formas y colores, fue vivificado por las necesidades prácticas del hombre, por la práctica sociohistórica. Con el desarrollo de su actividad laboral o con la creación de nuevas formas de producir pinturas, las personas aprendieron a distinguir cada vez más sutilmente varios tonos de colores. El oído musical, sólo podía formarse como resultado de la creación de la música. Las percepciones del gusto culinario del hombre dependen aún más de la actividad productiva, que se volvieron humanas solo en el proceso de desarrollo de la producción de alimentos y el arte de preparar alimentos:

«De la misma manera que el lenguaje, en su gradual desarrollo, va necesariamente acompañado por el correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo del cerebro en general lleva aparejado el de todos los sentidos. El águila ve mucho más lejos que el hombre, pero el ojo humano descubre mucho más en las cosas que el ojo del águila. El perro tiene un olfato más fino que el hombre, pero no distingue ni la centésima parte de los olores que acusan para éste determinadas características de diferentes cosas. Y el sentido del tacto, que en el mono apenas se da en sus inicios más toscos, sólo se desarrolla al desarrollarse la misma mano del hombre, por medio del trabajo». (Friedrich Engels; Dialéctica de la naturaleza, 1883)

La sensación de una persona es un proceso complejo, que tiene lugar en su aparato sensorial bajo la influencia de estímulos externos. La peculiaridad de las sensaciones es que una persona siente, percibe, muestra sensualmente en la conciencia no los procesos nerviosos más físicos, químicos y fisiológicos, sino los objetos y fenómenos que causan estos procesos.

Surge la pregunta: ¿los objetos del mundo material se reflejan correctamente en las sensaciones y percepciones de una persona? Los representantes del agnosticismo, el idealismo filosófico y fisiológico han insistido y continúan insistiendo en que supuestamente existe una incapacidad innata de los órganos de los sentidos para reflejar correctamente el mundo externo. «No hay semejanza», escribió el fisiólogo alemán del siglo XIX Helmholtz, «entre la calidad de las sensaciones sensoriales y la calidad de los agentes externos que excitan nuestras sensaciones sensoriales y se transmiten a través de ellas».

Los agnósticos, los idealistas filosóficos y fisiológicos declararon que las sensaciones y las percepciones son signos, símbolos y jeroglíficos convencionales, supuestamente sin semejanza con los objetos externos que representan.

En su obra «Materialismo y empiriocriticismo» (1909), Lenin sometió la teoría de los símbolos, o jeroglíficos, a una crítica devastadora. Demostró que esta teoría es una teoría falsa y anticientífica, echando agua en el molino del agnosticismo y el idealismo. Criticando a Helmholtz, escribió:

«Si las sensaciones no son imágenes de las cosas, sino sólo signos o símbolos que no tienen «ninguna semejanza» con ellas, se quebranta la premisa materialista de la que parte Helmholtz, se pone de cierta forma en duda la existencia de los objetos exteriores, puesto que los signos o símbolos son plenamente posibles respecto a unos objetos ficticios, y todos conocemos ejemplos de signos o símbolos de esta clase». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

Lenin también criticó severamente a Plejánov, quien, haciendo concesiones al kantismo, escribió que:

«Nuestras sensaciones son una suerte de jeroglíficos, que llevan a nuestro conocimiento lo que sucede en la realidad. Estos jeroglíficos no se asemejan a los hechos de los cuales nos informan. Pero nos informan con una perfecta fidelidad tanto de los hechos como —y esto es lo principal— de las relaciones que existen entre ellos». (Georgui Plejánov; Notas y advertencias a la traducción rusa del libro de Engels «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana» (1886), 1905)

En una lucha resuelta contra varias escuelas idealistas, Lenin desarrolló con excepcional profundidad y consistencia la doctrina materialista dialéctica de la sensación como imagen de la realidad objetiva.

«Nuestras sensaciones, nuestra conciencia son sólo la imagen del mundo exterior, y de ello se comprende que el reflejo no puede existir sin lo reflejado, mientras que lo reflejado existe independientemente de lo que lo refleja». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

La exposición de Lenin del empiriocriticismo, el idealismo fisiológico y la teoría de los jeroglíficos en esta obra es de gran importancia, ya que nos arma en la lucha contra la moderna filosofía reaccionaria estadounidense-británica. Esta filosofía revive una y otra vez las viejas ideas idealistas sobre la imposibilidad de un reflejo adecuado del mundo exterior en las sensaciones humanas. Negando la correspondencia del reflejo del mundo objetivo en las sensaciones humanas, reducen toda la riqueza de este «reflejo» al mundo subjetivo, a la «totalidad de las sensaciones», a la «energía específica» de los órganos de los sentidos, etc.

La teoría de la subjetividad de las cualidades secundarias –color, sonido, olor, sabor, etcétera–, muy difundida en la filosofía burguesa, ha sido utilizada en el pasado y está siendo utilizada en la actualidad por diversos idealistas en la lucha contra el materialismo en general y la teoría marxista-leninista del reflejo en particular. Los idealistas estadounidenses y británicos –Bradley, McTaggart, Royce, Drake, Santayana, Broad, Pratt, Strong, etcétera– «prueban» la subjetividad de las cualidades secundarias de varias maneras. «Una cosa», argumentan, «tiene una cualidad secundaria sólo en relación con un órgano… ya que podemos tener sensaciones sin un objeto. Por lo tanto, las cualidades secundarias son apariencias».

Para todos los idealistas, la negación de la objetividad de las cualidades secundarias era sólo una preparación lógica para la negación de la objetividad de las cualidades primarias y la objetividad del mundo en general. Russell, Moore, Wittgenstein y otros proceden de la negación de la objetividad de las cualidades secundarias al fundamentar el «positivismo lógico» y afirman que todo el mundo existente consiste «simplemente en ciertas filas y combinaciones de datos de los sentidos». El pragmático estadounidense D. Dewey sostiene que nuestras percepciones sensoriales son solo una «corriente de la conciencia», herramientas de nuestra actividad práctica, de nuestras necesidades, pero que no tienen nada que ver con los objetos externos.

El materialismo dialéctico, en pleno acuerdo con la experiencia, la práctica y la ciencia, prueba que la sensación es un reflejo en la conciencia humana de varias propiedades y cualidades de los objetos y fenómenos del mundo material −longitud, movimiento, forma, color, sonido, olor, etcétera−. La teoría leninista del reflejo rechaza resueltamente la negación hecha por los subjetivistas y mecanicistas de la existencia objetiva del color, el olor, el sonido, etc. No son nuestros órganos de los sentidos los que generan colores, sonidos, olores y demás en nuestra mente, sino la existencia objetiva del color de los objetos y fenómenos del mundo material, su sonido y olor son percibidos por nuestros sentidos, dan lugar en nosotros a una sensación de color, sonido, olor, etc.

La ciencia soviética avanzada, corrobora la doctrina de la sensación de Lenin como una imagen del mundo objetivo con los datos de la ciencia natural y refuta por completo varias teorías idealistas. Nuestros órganos de los sentidos tienen la capacidad de reflejar adecuadamente las propiedades y cualidades inherentes a los mismos objetos del mundo material. Por ejemplo, con la ayuda del ojo reflejamos las propiedades de color del mundo objetivo. Las superficies de los objetos del mundo material tienen un cierto color, es decir, tienen la propiedad de emitir o reflejar vibraciones electromagnéticas de una determinada longitud de onda. El color de un objeto es el resultado de su interacción con ciertos rayos de luz que inciden sobre su superficie. El color depende tanto de la longitud de las ondas de luz –electromagnéticas– que inciden en el objeto, como de la composición de la sustancia, de las propiedades de los átomos y las moléculas ubicadas en su superficie. «Tanto el sol como todos los objetos que iluminan», escribió el famoso científico soviético Kravkov, «envían muchos rayos de varias longitudes de onda. La suma de las radiaciones de varias longitudes de onda emitidas o reflejadas por cada cuerpo da los espectros de emisión, o reflexión, que caracterizan las propiedades de color de ese cuerpo». Véase la obra de S. V. Kravkov «Color visión» (1951).

En consecuencia, los colores −rojo, azul, verde, etcétera− son ciertas propiedades objetivas, cualidades de los objetos materiales que existen independientemente del sujeto que las percibe y que son reflejadas en él. Pero si el color es una propiedad objetiva de un objeto que existe fuera del sujeto, entonces su sensación depende del sujeto que la percibe. La sensación es un reflejo subjetivo en la cabeza humana de la realidad objetiva del mundo exterior.

«La sensación es una imagen subjetiva del mundo objetivo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

La sensación es una imagen subjetiva en tanto que se da en el sistema nervioso de una personalidad histórica concreta, y no existe fuera del sujeto actuante. Por tanto, la sensación depende en cierta medida del estado del sujeto y del desarrollo tanto del organismo en su conjunto como de sus órganos de los sentidos, de su sistema nervioso y de su cerebro. Se sabe que un cambio en el estado del cuerpo, de los órganos sensoriales y del sistema nervioso, afecta al proceso de la sensación, provoca un aumento o disminución de la capacidad del sistema nervioso para responder a estímulos externos. La sensación es una imagen subjetiva, pero no en el sentido de una distorsión de la realidad en la mente humana, sino en el sentido de que es un proceso mental, un procesamiento de la materia en la cabeza humana. La imagen que ha surgido en la cabeza de una persona es solo una imagen aproximadamente correcta, una copia de un objeto real; pero esta imagen no es idéntica al sujeto, no es un reflejo absolutamente exacto y completo del mismo. Si nuestras sensaciones reflejaran inmediata y completamente toda la complejidad de los procesos materiales, entonces la ciencia no sería necesaria.

«El hombre no puede captar = reflejar = reflectar la naturaleza como un todo, en su integridad, su «totalidad inmediata»; sólo puede acercarse eternamente a ello, creando abstracciones, conceptos, leyes, una imagen científica del mundo, etcétera». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro de Hegel «Ciencia de la lógica», 1914)

El sentimiento es subjetivo en su forma, porque es una función del cerebro, del sistema nervioso, de la materia organizada de cierta manera. Pero el contenido de la sensación no está determinado por el proceso nervioso que tiene lugar en el sujeto, sino por la naturaleza de la realidad objetiva que lo provocó. La sensación, siendo subjetiva en su forma, es objetiva en su contenido, en su fuente. La sensación de una persona contiene en sí misma, en forma de ideas, lo que está realmente fuera de la sensación, que es su objeto, la fuente de su existencia.

«Si miro a un árbol y lo veo sólo significa que incluso antes de que naciera en mi cabeza la idea de un árbol, el árbol mismo existía, lo que me provocó una idea correspondiente». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; ¿Anarquismo o socialismo?, 1905)

La sensación, al ser una imagen de la realidad objetiva, básicamente da un reflejo correcto, verdadero y adecuado de la realidad objetiva, lo cual es confirmado por la experiencia de la vida diaria y las actividades prácticas de las personas. Todos los grandes éxitos logrados por la práctica humana se han vuelto posibles como resultado de la correcta reflexión del hombre sobre el mundo material que lo rodea. Si las percepciones sensoriales dieran una visualización incorrecta y distorsionada de los objetos, entonces la relación correcta de una persona con el mundo exterior sería imposible, su orientación en este mundo sería imposible, aún más, la actividad práctica del sujeto de una persona sería imposible.

«El dominio de la naturaleza, que se manifiesta en la práctica de la humanidad, es el resultado del reflejo objetivo y veraz, en la cabeza del hombre, de los fenómenos y de los procesos de la naturaleza y constituye la prueba de que dicho reflejo –dentro de los límites de lo que nos muestra la práctica– es una verdad objetiva, absoluta, eterna». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1909)

A través de las sensaciones, una persona refleja las diversas propiedades y cualidades de los objetos en el mundo externo −dureza, rugosidad, suavidad, forma, color, sonido, olor, etcétera−. Pero, en realidad, no existen cualidades y propiedades «puras» aisladas de los objetos, sino que existen objetos integrales que poseen ciertas cualidades y propiedades. Estamos convencidos de la integridad de los objetos en el proceso de toda actividad práctica, influyéndolos y cambiándolos. Como resultado, nuestra cognición sensorial se ha desarrollado históricamente como la capacidad de reflejar objetivamente el mundo material. Las sensaciones separadas, proporcionadas por varios órganos de los sentidos y que reflejan varias propiedades y cualidades de los objetos, se sintetizan en la corteza cerebral y se conectan con los datos de la experiencia pasada, se convierten en percepciones que dan imágenes integrales de los objetos.

Sensación y percepción son dos momentos, dos fases de una misma cognición sensorial. Sin embargo, siendo un acto mental más complejo que la sensación, la percepción es imposible sin sensaciones. Surge y se desarrolla únicamente sobre la base de las sensaciones, como la capacidad de sintetizarlas y generalizarlas. Este proceso de transformación de las sensaciones individuales en percepciones está determinado por la unidad de la naturaleza del propio objeto percibido −integridad objetiva de los objetos− y la actividad práctica y subjetiva del sujeto que percibe.

La percepción sensorial es una contemplación viva, una forma de reflejo directo en la mente humana de los objetos y fenómenos de la realidad circundante. Pero la inmediatez de las percepciones en una etapa u otra del desarrollo histórico del hombre crece siempre sobre la base de su mediación por toda la práctica sociohistórica anterior, el desarrollo de la producción material, el conocimiento y el pensamiento científico. El desarrollo de la producción material y de la ciencia revela las limitaciones relativas de las percepciones sensoriales del hombre y lo alienta a utilizar todo tipo de métodos de percepción mediada; es decir, a inventar diversas herramientas y dispositivos que expanden infinitamente los límites de su sensibilidad y el campo de los fenómenos percibidos.

Armar los sentidos humanos con el equipo apropiado −una lupa, un telescopio, un microscopio, un espectroscopio, etcétera− permitió expandir infinitamente los límites del conocimiento sensorial y penetrar no solo en los límites del lejano mundo estelar, sino también al mundo microscópico, al mundo de las bacterias más pequeñas, al mundo de las moléculas, al mundo de los átomos y de los electrones. Gracias a medios técnicamente mejorados de investigación física, el hombre pudo penetrar en el mundo de los procesos intraatómicos, aprender sus leyes y descubrir en ellos nuevas fuentes inagotables de energía −como la energía intraatómica− que pueden ponerse al servicio de la humanidad.  Lo que es inaccesible a la cognición sensorial en una etapa del desarrollo histórico de la humanidad está disponible en otra etapa gracias al desarrollo de la producción social y la tecnología.

Sobre la base de sensaciones y percepciones, una persona genera ideas como una forma más compleja de reflejo de la realidad. Las representaciones surgen sobre la base del impacto práctico de una persona sobre los objetos del mundo material y son una forma más generalizada del reflejo visual y sensible de estos objetos. Al reproducir un objeto previamente percibido, la representación no refleja todos sus detalles concretos y sensoriales −como la percepción−, sino solo los rasgos, aspectos y signos más característicos. La representación es, pues, una forma generalizada de reflexión de la realidad. Pero la representación es sólo la etapa inicial de la generalización, todavía conserva algunos rasgos de singularidad y visibilidad concreta. La influencia recíproca de lo visual y lo generalizado en las representaciones constituye su peculiaridad como eslabón en el tránsito dialéctico de las percepciones sensoriales a los conceptos». (Y. G. GaydukovEl conocimiento del mundo y sus regularidades, 1953)

FUENTE: bitacoramarxistaleninista.blogspot.com