viernes, 2 de junio de 2023

El presidente y mayor accionista del Grupo PRISA, Joseph Oughourlian, jurará fidelidad a un Núñez Feijóo sentado en La Moncloa

 

El presidente y mayor accionista del Grupo PRISA, Joseph Oughourlian, jurará fidelidad a un Núñez Feijóo sentado en La Moncloa

 

TERCERAINFORMACION / 01.06.2023


Joseph Oughourlian. Foto: Grupo PRISA

 

El Confidencial publicó ayer la reunión del dueño de ‘El País’ y la SER con Feijóo para tender puentes con la derecha. Se trata de uno de esos escasos contenidos que puedes leer en El Confidencial y el coro de voceros de la derecha y extrema derecha española con cierta credibilidad. No es la habitual propaganda vomitiva para la que se fundaron El Confidencial y otros tantos peones de la banda conservadora.

Empecemos por los antecedentes antes de entrar en lo ocurrido. El «Independiente» ya nos contó en septiembre de 2022 una noticia bajo este titular –Oughourlian, dueño de ‘El País’: «Intentamos ser de derechas, pero no funcionó y regresamos a la izquierda«-; Entonces el máximo dirigente de Amber Capital dijo abiertamente en un foro organizado por Nueva Economía Fórum que “todos los medios de comunicación en España son de derechas”, para añadir “quisimos ser de derechas, pero tuvimos que volver hacia la izquierda porque no obtuvimos los resultados esperados”. Y no son estas especulaciones, sino declaraciones públicas del tipo que se reunió poco antes del 28-M con Feijóo, casi emulando las reuniones de los hermanos Roy con Jeryd Mencken en los capítulos finales de Succession.

En la vida real vete a saber que intercambio de favores se han cruzado Oughourlian y Feijóo, pero apuesto por un respaldo del Grupo PRISA al PP condicionado por la ocupación de la Moncloa. El diario que edita El País se sumaría así a la abrumadora mayoría de corporaciones mediáticas que hincaron rodilla frente a PP, a Vox, o a ambos (Mediaset, Atresmedia, Vocento, Unidad Editorial, Grupo Planeta, etc.), y a la creciente plaga de ratas que propaga la peste a lo largo y ancho del país (casi todas las webs acabadas en «digital», Esdiario, Hispanidad, OkDiario, The Objetive y un demasiado largo etc.).

El segundo antecedente nos lleva al momento en que el presidente de PRISA quiso trocear el gigante de defensa español Indra, en noviembre de 2022: El presidente de Prisa, Joseph Oughourlian, planea hacer caja con Indra vendiendo el negocio tecnológico (Libremercado). Amber poseía casi un 10% de Indra, y la división de la parte tecnológica de 1.500 y 2.000 millones de euros, y la de defensa, de 1.500 millones, le generaría beneficios a través de la venta de la parte tecnológica. De esta manera, podría afrontar una deuda del Grupo PRISA que ronda los 1.000 millones (de un pasivo total de 1.420 millones de euros) con un patrimonio neto negativo de -530 millones de euros, unos intereses anuales de cerca de 100 millones, y un valor en bolsa de apenas 247 millones.

El Confidencial nos revela que Pedro Sánchez «impidió» a Oughourlian «exprimir su inversión en Indra» con la mencionada división, pues el Gobierno controla el 28% de las acciones a través de la SEPI. También, que no permitió la entrada de capital de Mediaset en PRISA a cambio de quedarse con la SER. Son versiones de la realidad que se asemejan otra vez a -por ejemplo- a la amenaza de bloqueo de Jeryd Mencken a que una corporación sueca -Gojo- absorba WayStar RoyCo en la citada serie de ficción política.

El tercer precedente lo descubrimos en el titular de otro medio de ultraderecha, mucho más fiable -como decía- en este tipo de contenidos: Joseph Oughourlian ‘se lleva’ el 25% de la propiedad de Prisa a Luxemburgo (vozpópuli). Supongo que todo el mundo recuerda el escándalo mediático desatado por la emigración de la sede corporativa de la gran constructora Ferrovial a los Países Bajos. Críticas muy bien justificadas ante la cara de cemento de los directivos de Ferrovial, que creció y se desarrolló gracias a sus inversiones en obra pública en España. Un editorial de El País lo tituló «Ferrovial se va» y subtituló «Las razones aducidas para la deslocalización de la empresa española a Países Bajos son confusas o incompletas». Bien por El País, pero el cinismo de PRISA era tan inmenso como el silencio mediático ante el traslado de la cuarta parte del Grupo a una sociedad Oviedo Holdings S.A.R.L., ubicada en Luxemburgo en una «reorganización» de sus participaciones. El hecho ocurrió en diciembre de 2022, unos tres meses antes del movimiento de Ferrovial y poco después de las desavenencias de Sánchez con Amber.

La ausencia de críticas a PRISA y la autorización de la maniobra bajo cuerda deben leerse como una cesión o un gesto para corregir disgustos previos. El aumento de la participación de Amber en Indra, hasta un paquete accionarial que se eleva a 12,7 millones de títulos tiene una lectura similar. De hecho, nadie debiera extrañarse de que en el contexto de una futura distopía con Feijóo en la presidencia y Abascal como vice, el Gobierno ordenase cercenar Indra en dos, tal y como pide Oughourlian, esto después de sentarle en el consejo de administración de la empresa armamentística.

La reunión del presidente de PRISA con el líder del PP es tan trascendente que Pedro Sánchez ha salido inmediatamente a la palestra para repetir una nueva versión de aquel discurso sincero que a todos sorprendió, de aquella memorable entrevista de Évole en Salvados en octubre de 2016: “Ha habido determinados medios de comunicación que me han dicho que si hubiera entendimiento con Podemos ellos lo criticarían. El País ha sido uno de ellos. Una de las explicaciones por las que la línea editorial haya sido tan abusiva e incluso insultante en lo personal ha sido por que pudiera haber un entendimiento entre las dos izquierdas […] Me reuní con los responsables de El País y me dijeron que o Rajoy o la línea editorial de El País no iba a ayudar para que hubiera un gobierno progresista liderado por el Partido Socialista».

Al reconocimiento por esas palabras, aplaudido desde todos los sectores a su izquierda, se sumó ayer un tenebroso vaticinio ante declaraciones evidentes: “Desde la posición de dominio que tienen en grandes medios de comunicación, se va a desatar una campaña aun más feroz de insultos y descalificaciones […] Veremos en programas de máxima audiencia a gentes que solo se representan a ellos mismos pontificar e insultar sin derecho a réplica. Se van a inventar barbaridades”. En esta ocasión nada revela ni a nadie sorprende, pero sus palabras parecen un grito desesperado.

Un último acontecimiento decisivo para entender un giro eventual del Grupo PRISA para retornar a tiempos tanto o más oscuros que la etapa de la presidencia de Antonio CañoUn período que muchos queríamos olvidar, y cuya conclusión casi me llevó a abandonar este blog…

Leemos hoy mismo que Oughourlian quiere aplazar el relevo de Rosauro Varo en Prisa hasta después del 23-J (Invertia). Nos parece esta una noticia que confirma como el presidente de PRISA espera acontecimientos para fijar su posición editorial tras las elecciones Generales. Rosauro Varon es el actual vicepresidente, que emigra a un grupo amigo, Telefónica. Y aunque Invertia no nos lo relata, a nadie escapa que el perfil del nuevo vicepresidente y miembro del consejo responderá a una orientación ideológica próxima a quien ocupe la Moncloa el 23 de julio. Entre los accionistas del Grupo más interesados tenemos a Vivendi, multinacional francesa de perfil muy conservador. El año pasado estudió hacerse con hasta el 29,9% del editor de El País pero desistió al comprobar que el Gobierno de Pedro Sánchez iba a vetarla porque inversiones extranjeras como esta requieren la autorización del Gobierno español. Entre quienes ansían otro sillón en PRISA tenemos al íntimo de Felipe González, el multimillonario Carlos Slim, quien ya ha pedido entrar en el consejo de administración porque ha alcanzado el 7% del capital social.

Y regresamos al último episodio de Successión para un último guiño, cuando nos muestra la importancia de la composición y de las votaciones de estos consejos en una de las escenas más trepidantes de la serie.

No olvidemos que una votación en el consejo de administración de una corporación mediática como PRISA no tiene por qué abordar solo asuntos estrictamente económicos. De hecho, muchas decisiones aparentemente económicas llevan consigo un enorme peso político-ideológico.

En suma, aunque nos movemos en el terreno de las suposiciones, el resultado del 23-J podría determinar un mayor control de la opinión publicada en España por el eje PP/Vox, con el cambio de orientación de PRISA desde posiciones socialdemócratas/keynesianas (también neoliberales) en dirección a la cloaca.

¿Y qué podemos esperar de un Grupo PRISA que rinda pleitesía a Feijóo? Probablemente una información que bascule entre la seriedad del caos ultraliberal y una política de patio de recreo dirigida a esa parte de la sociedad que no cuenta con herramientas para gestionar situaciones políticas complejas, y que se deja llevar por sus emociones.

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Alemania entra en recesión

 

El PIB alemán se contrajo por segundo trimestre consecutivo, y bajo la enorme inflación, la caída del consumo arrastra consigo a toda la economía. Los precios de la energía pueden haber sido un motivo. Otro es la caída de las exportaciones a China.


Alemania entra en recesión

 

Martin Arnold y Patricia Nilsson

El Viejo Topo

2 junio, 2023 

 



La gran caída de las exportaciones alemanas a China hace temer por la potencia económica de la UE

Una caída de dos dígitos de las exportaciones alemanas a China ha sacudido a la mayor economía europea, desatando el debate sobre por qué su vasto sector manufacturero ha quedado rezagado frente a rivales que se benefician de un repunte de la demanda china.


Según los economistas, la caída del 11,3% de las exportaciones alemanas a China en los cuatro primeros meses del año, en comparación con el mismo periodo del año anterior, pone de relieve una serie de retos únicos para la potencia industrial de Europa. Los fabricantes de automóviles pierden cuota de mercado en China, los productores de productos químicos y otras empresas que consumen mucha energía se resienten de los altos precios de la electricidad, y la apreciación del euro frente al dólar ha restado competitividad a los productos alemanes.


Carsten Brzeski, responsable mundial de análisis macroeconómico del banco holandés ING, afirmó que los exportadores alemanes también se sienten víctimas de las crecientes tensiones comerciales y de seguridad entre Pekín y Washington. «Alemania se considera ahora aliada de EE.UU., lo que ha provocado un mayor desaliento –explícito o implícito– de las compras de productos alemanes», afirmó.
Varias grandes empresas alemanas con negocios considerables en China registraron descensos significativos de sus ventas en el país en el primer trimestre, entre ellas el grupo químico BASF, el principal fabricante de automóviles del país, Volkswagen, y el fabricante de piezas de automóviles Bosch.


La caída de las exportaciones a China es uno de los varios indicadores de que el sector manufacturero alemán está sufriendo un fuerte declive a principios de este año, con una menor producción de las fábricas, una caída en picado de la demanda y una menguante cartera de pedidos, lo que podría frenar el crecimiento de la mayor economía de la UE.
Alemania parece ser un caso atípico entre los países europeos, la mayoría de los cuales han tenido mayores exportaciones a China este año, lo que sugiere que los exportadores alemanes están perdiendo cuota de mercado en su segundo mayor mercado fuera de Europa. Las exportaciones de los 27 miembros de la UE a China aumentaron un 2,9% interanual en el primer trimestre, según Eurostat.

El descenso significa que China representó solo el 6% de las exportaciones totales de Alemania en los tres primeros meses de este año, la proporción más baja desde 2016, y por debajo de más del 7% en el mismo período de cada uno de los últimos cuatro años, según datos de la agencia federal de estadística.


Esto va en contra de las expectativas anteriores de que el vasto sector manufacturero de Alemania se beneficiaría de un impulso de la demanda china tras el levantamiento de la política de cero Covid de Pekín a finales del año pasado y el alivio de los cuellos de botella de la cadena de suministro.


«Son sobre todo los servicios los que han repuntado, pero aún no el sector manufacturero», dijo Brzeski, añadiendo que los fabricantes de automóviles se han visto afectados por la falta de vehículos eléctricos más pequeños y la tendencia china a comprar modelos de fabricantes nacionales. Los vehículos de motor y sus piezas representaron más del 15% del total de las exportaciones alemanas el año pasado, dijo.


Aunque los precios europeos del gas han bajado mucho desde el máximo alcanzado el año pasado, siguen siendo más altos que en años anteriores, lo que sitúa a las empresas que consumen mucha energía en una situación de desventaja constante.
«La producción química se ha reducido drásticamente debido a la crisis energética», afirmó Oliver Rakau, economista jefe para Alemania del grupo de investigación Oxford Economics. «Se ha producido un golpe permanente a la competitividad».


El Gobierno alemán ha elaborado planes para subvencionar el 80% de los costes de electricidad de las empresas que consumen mucha energía.


Los exportadores alemanes, que representan más de la cuarta parte de todas las exportaciones de la UE fuera del bloque, también se han visto perjudicados por la reciente apreciación del euro, que ha pasado de estar por debajo de la paridad con el dólar a finales del año pasado a cotizar entre 1,07 y 1,10 dólares en las últimas semanas.


La actividad manufacturera cayó a su nivel más bajo en seis meses en Alemania este mes, según la última encuesta de directores de compras de S&P Global publicada el martes. Cyrus de la Rubia, economista jefe del Banco Comercial de Hamburgo, afirmó que la encuesta reveló que la demanda exterior de productos manufacturados alemanes se había «desplomado prácticamente».


La BDI, principal confederación empresarial alemana, declinó hacer comentarios. La confederación sigue de cerca el descenso de las exportaciones a China y espera que se trate de un episodio aislado que se atenuará cuando se recupere la actividad constructora china, y no de una tendencia a largo plazo.


BASF, que ha estado reduciendo su plantilla en Alemania mientras construía una planta de 10.000 millones de euros en China, registró unas ventas de 2.300 millones de euros en China en el primer trimestre de este año, un 29% menos que en el mismo trimestre del año anterior. El grupo, con sede en Ludwigshafen, achacó el descenso a la menor demanda, a lo que también contribuyó la bajada de los precios de sus productos químicos.

Volkswagen, que vende más coches en China que ningún otro fabricante, dijo que las entregas en el país cayeron un 15% en el primer trimestre. La compañía dijo que la cifra refleja un aumento de ventas a finales de 2022, cuando los consumidores chinos se aprovecharon de los subsidios EV, así como una exención de impuestos de vehículos de combustión pero ambos terminaron en diciembre. VW fabrica en el país la mayoría de los coches que vende en China.


En el primer trimestre, las ventas en la región Asia-Pacífico disminuyeron un 9,3%.
«Especialmente durante los dos primeros meses de 2023, hemos seguido sintiendo los efectos económicos de las restricciones impuestas en respuesta a la pandemia del coronavirus», dijo Bosch.


Después de que la producción industrial alemana sufriera en marzo su mayor caída en 12 meses, con un descenso del 3,4% respecto a febrero, algunos economistas esperan que la agencia federal de estadística revise a la baja su estimación inicial del producto interior bruto del primer trimestre, que pasaría de un crecimiento nulo a una contracción.


Un segundo descenso trimestral consecutivo del PIB –tras una contracción del 0,4% en el último trimestre del año pasado– se ajustaría a la definición de recesión técnica. Según el FMI, Alemania será la economía más débil del mundo este año, con una contracción del PIB del 0,1%.

Fuente: https://www.ft.com/content/

Texto seleccionado por Carlos  Valmaseda para “Página herida” de Salvador López Arnal

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jueves, 1 de junio de 2023

Las puertas giratorias no dejan de girar ¿Será Sánchez quien próximamente pase por ellas?

 

Las puertas giratorias no dejan de girar ¿Será Sánchez quien próximamente pase por ellas?

 

Si el “socialista” Pedro Sánchez llegara a dirigir la OTAN, sin duda sería el enésimo caso de puertas giratorias

 

INSURGENTE.ORG / 01.06.2023

 


En esta ocasión se trata suceder a Jens Stoltenberg al frente de la organización terrorista más grande y sanguinaria del mundo, llamada OTAN. Esta organización ya fue dirigida por otro individuo del PSOE: Javier Solana. Este dirigía la OTAN cuando esta bombardeó Yugoslavia. Así que ahora, cuando se baraja la posibilidad de que el actual presidente del gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, ocupe dicho cargo en la organización, no nos debería sorprender demasiado. Al fin y al cabo, este señor ha demostrado ser fiel servidor a la OTAN y, por ende, al gobierno imperialista de los Estados Unidos.

Desde dentro de la OTAN han expresado que el perfil de Sánchez gusta mucho y que hace unos meses su opción sonó con mucha fuerza en algunos despachos del Cuartel General en Bruselas. Los altos mandos de la Alianza Atlántica analizan continuamente las cualidades que creen que debería tener el nuevo jefe, y confirman que Sánchez cuenta con ellas. Pero el presidente del gobierno español, públicamente, siempre ha negado los rumores argumentando estar centrado en acabar su mandato en diciembre, como estaba previsto.

Lo que sucede es que, adelantadas las elecciones al 23 de julio, su permanencia como inquilino en La Moncloa ya es algo más que dudoso.

Si el “socialista” Pedro Sánchez llegara a dirigir la OTAN, sin duda sería el enésimo caso de puertas giratorias.

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Lo peor va a ser que la gente crea que con Sánchez gobernó la izquierda

 

Lo peor va a ser que la gente crea que con Sánchez gobernó la izquierda

 

 

INSURGENTE.ORG. / 01.06.2023 


 


Estos años de ejecutivo PSOE/UP corren el riesgo de convertirse en referencia de un «gobierno de izquierdas» para una mayoría de la población. A ello contribuye la Falsimedia que los nombra una y otra vez como la izquierda. No es una idea nueva de considerar a la socialdemocracia como parte de la familia de la izquierda, pese a que ellos hagan una y otra vez méritos para ser excluidos, En el campo internacional pudimos padecer a Sánchez abrazando a la dictadura de Marruecos para ningunear al pueblo saharaui y romper una tradición solidaria de años con la causa polisaria.

Su convencimiento de que la banda armada OTAN es un lugar idóneo para permanecer y apoyar, pese al curriculum criminal perfectamente demostrable, es otra de sus perlas. Organizó incluso una reunión en Madrid por todo lo alto para que el resto viera cuán leales era nuestro Pedro y sus acólitos. El tema es tan importante que, al día de hoy, los mentideros políticos ubican a Don Pedro al frente de la OTAN en caso de perder las elecciones. Cosas veredes.

Ante el genocidio de Israel en Palestina con decenas de muertos y miles de presos políticos se limitó a sumarse al coro capitalista mundial, esto es, pedir la paz en abstracto sin condenar al gobierno hebreo, sin convocar siquiera a su embajador para mostrar su repulsa.

En su día, reconociendo al terrorista Guaidó como «presidente» de Venezuela. Algo que daba vergüenza ajena.

En Ucrania más de lo mismo: apoyo con visita, armas y dinero al fascismo que encarna Zelensky.

Lo que se dice un ejecutivo de «izquierdas», que no deja ser diferentes al PPVOX para divergir en política exterior. Ni en exterior ni en Defensa, ¿alguien duda que la ministra Margarita Robles podría estar en un gobierno presidido por Feijóo? Su labor de sacar más y más dinero de los Presupuestos Generales del Estado para su ministerio, le trajo la popularidad entre la derecha y la extrema derecha, que no cesan en aplaudir su gestión. El votante progre lo aguanta todo, incluso ser neoliberales.

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El Topo de junio en la calle

 

Este mes presentamos temas tan interesantes como el relato de lo que sucedía en Donetsk años antes de que Rusia interviniera en la guerra; el relato de lo que ha visto recientemente Higinio Polo en China o un extraordinario análisis de las tensiones en el seno de la Iglesia católica.


El Topo de junio en la calle


Hemeroteca 

El Viejo Topo

1 junio, 2023

 


José Antonio Llosa y Esteban Agulló Tomás

¿De qué forma se destruye la colectividad laboral y se disciplina al trabajador? El artículo analiza la evolución del modelo de trabajo que ha culminado en el neoliberalismo: el trabajo en plataformas como la forma más sofisticada de precariedad e individualismo.


Introducción: el empleo como sistema

Existe una tendencia muy prolija a dar una explicación al desarrollo y progreso del mercado laboral a través de una óptica de análisis económico. De este modo, conocemos de manera cercana y certera algunos fenómenos de gran relevancia para comprender la evolución capitalista en sus diferentes fases, como el giro de eje de una economía basada en la oferta a una basada en la demanda, que Rifkin sitúa como piedra angular para explicar la expansión de la sociedad de consumo y todo lo que ello implica. O una aproximación al análisis de la flexibilidad laboral como el paradigma que de manera cristalina expone los entresijos de la precarización del empleo en la economía globalizada. 

Sin embargo, nuestro ánimo es situar como eje de análisis la disciplina. Una propuesta sobre la que abunda la psicosociología, tanto desde la psicología social de carácter psicológico como sociológico, que permite comprender la interacción del mercado laboral y los trabajadores, y lo más importante, que explica la intencionalidad del mercado laboral hacia los trabajadores. Esta intencionalidad tiene un carácter político, pero actúa a través de un rastro psicológico sin el que no existe posibilidad de comprender completamente este contexto. Nunca nos referiremos con el análisis psicológico a uno individual o psicologicista, sino siempre a un análisis interactivo entre el sujeto (trabajador o trabajadores en términos colectivos) y el objeto (mercado laboral). 

El pleno empleo como cuestión moral

El paradigma keynesiano propone el trabajo como epicentro de la subsistencia en el contexto capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial. Enraíza una propuesta laboral liberal en las sociedades europeas, con gran repercusión e impacto, que parte de dos premisas que la historia laboral expone de difícil sostén: la primera de ellas esgrime que el empleo capitalista dota de condición de ciudadanía, y la segunda dibuja un horizonte posible de pleno empleo por el que pasa lo que denominamos estado de bienestar. 

La condición de ciudadanía de Marshall emerge como un nuevo estatus, que se construye sobre la capacidad de estabilidad y seguridad para el mantenimiento de la convivencia. Se perfila en un paradigma liberal en el que la estabilidad únicamente resulta viable a través de la propiedad, siendo esta inaccesible para las clases populares. De aquí emerge la desigualdad estructural capitalista, que asume que una parte de la población ni tiene, ni tendrá posibilidad de acceder a las condiciones materiales imprescindibles para tomar estatus de ciudadanía. Enfrentamos un hecho difícilmente compatible con nada parecido a la paz social –concepto también manufacturado en este periodo–, motivo por el cual arraiga el paradigma keynesiano como propuesta de acceso a la ciudadanía a través del empleo. La premisa básica impone comprender el trabajo lejos de un cuestionamiento de la posesión de los medios de producción, sino que el empleo exclusivamente es la vía de acceso a la protección social. El trabajo, no como un elemento colectivo de negociación para trascender el statu quo de un entorno social, sino todo lo contrario: como engarce efectivo en el sistema social vigente permitiendo su estabilización. El paradigma keynesiano no presenta, por ello, vocación directa de transformación del modelo de sociedad, en tanto que asume la noción de ciudadanía liberal que superpone la propiedad sobre la mera existencia. De este modo, ciudadanía y empleo se equiparán, y el no acceso al empleo conlleva la expulsión del círculo social. 

Tratando de aproximarse al elemento fundamental de la propuesta de ciudadanía, diríamos que dota al sujeto de estatus de persona. La persona, siguiendo las ideas de George H. Mead, se define en la interacción significante en un medio social, por tanto, precisa situar al sujeto en un contexto social que permita su interacción y transformación. No disponer de empleo, no acceder a la condición de ciudadano, marca la delimitación entre la inclusión y la exclusión social, y con ello las posibilidades de interacción significante en un contexto determinado. El empleo asalariado en la concepción liberal se convierte, de este modo, en la propia definición de sujeto. A su vez, presenta un carácter disciplinante, ya que la ausencia de empleo voluntaria o involuntaria no es asumible ni por el contexto social, ni por la propia persona. Disciplinante, también, en cuanto a que bajo estas lógicas es difícil establecer un cuestionamiento del mercado laboral en sus estructuras, ya que supone cuestionar y renunciar a la condición de ciudadanía que permite la estabilidad.

La segunda premisa del paradigma keynesiano, además del acceso a la ciudadanía, crece sobre las lógicas del pleno empleo. En las sociedades liberales la noción de igualdad se fundamenta en el alcance universal de derechos civiles, en primer lugar, pero también sobre la aspiración de paz social a través de la estabilidad o protección social. Siendo el empleo la única fuente posible de estabilidad, el paradigma hipotetiza que el pleno empleo es la condición para una convivencia de máximos. De este modo, la convivencia en un escenario social está subordinada, en todo caso, al interés económico, en tanto que únicamente es viable un contexto social de convivencia que antes haya logrado el fuste económico suficiente para aproximarse al pleno empleo. En el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial la hipótesis de pleno empleo parecía viable, ya que la reconstrucción de Europa tras el periodo bélico vino acompañada de la capacidad productiva suficiente. Sin embargo, el mantenimiento de este ritmo productivo en un periodo menos convulso, como el del último cuarto del siglo XX, pasaba por generar un ritmo de consumo cada vez mayor. Así tiene lugar el desarrollo de la sociedad de consumo, y la estabilidad vinculada a la noción de ciudadanía incorporó rápido la capacidad de consumo como prioridad. A través del incremento del consumo y la necesidad de consumo, se trata de aportar holgura al mercado productivo para hacerlo también en el mercado laboral. La crisis del petróleo del 73’ evidencia la quimera que se fraguaba, generando las primeras bolsas de desempleados del denominado estado del bienestar. Para toda una generación aparece el fenómeno del desempleo, que ha oscilado en tendencia creciente y de estabilidad –rara vez de descenso y nunca volviendo a datos próximos a los previos a este momento– hasta la actualidad. La hipótesis del pleno empleo ha sido claramente refutada, y con ella cuestionado el modelo social keynesiano liberal. Sin embargo, lejos de renunciar a la hipótesis del pleno empleo en el modelo socioeconómico, se acude a una huida hacia adelante a través de una reconceptualización del pleno empleo en la que progresivamente abandona la condición de hipótesis económica para granjearse la de horizonte moralmente deseable. 

Este giro discursivo crece a partir de la semilla del consumismo, que imprime una nueva definición de identidad social basada en el beneficio e interés individual. La sociedad de consumo articula una relación construida en la exclusión, la diferencia y la jerarquía, lejos del reconocimiento mutuo como prole. La estabilidad sigue siendo una necesidad básica, pero ya no una meta colectiva, sino una conquista de carácter individual. 

Aparecen nuevos conceptos e ideas en el estudio y comprensión de lo laboral. La noción de empleabilidad, como desarrollo individual y formativo que dota a la persona de atractivo al mercado laboral, presenta un marco discursivo de naturaleza psicológica individual. La ausencia de empleo es un fracaso explicado en la escasa dedicación al cultivo de la empleabilidad. Este es el giro moral que sobreviene al mundo laboral, y legitimado en la impregnación de un corpus conceptual de apariencia cientifista. Otro de los conceptos más representativos sería el de competencia, como un constructo tejido a partir de elementos de carácter técnico-formativo, de rasgos de personalidad y de habilidades y destrezas sociales, que mide la relación entre la persona y el mercado laboral. La evaluación de competencias en un mercado laboral competitivo reviste un carácter tan inespecífico y arbitrario que hace incuestionables las dinámicas laborales. Por ello es disciplinante y punitivo, y es justo este motivo por el que la noción de competencia se incorpora a planes educativos y formativos de cualquier nivel.

La realidad laboral propia del contexto contemporáneo, la neoliberal, resulta íntimamente psicológica y claramente moral. Representa la única culminación posible del proyecto keynesiano. Si se repitiera mil veces, el resultado sería exactamente el mismo en cada ocasión: el trabajo como condición de ciudadanía pone la vida al servicio del desarrollo económico capitalista; la noción de pleno empleo, si bien probadamente inalcanzable, impone el acceso al empleo como prioridad al cuestionamiento de la estructura económica que determina el mercado laboral, y por tanto la dota de exigencia moral; la noción de empleo como un absoluto desconectado de la coyuntura estructural del sistema económico, impone una reverberación de eco psicológico individual a la posibilidad de acceder al empleo o no, y por ello una criminalización también interna. En este contexto, la precariedad no expone un estado coyuntural o transitorio al mercado laboral, sino un elemento intrínseco y difícilmente eludible. Además, no existe gran margen para el cuestionamiento de la precariedad, con lo que el recorrido del nuevo milenio en el contexto laboral avanza en lo que podemos denominar ingeniería de la precariedad. Halla su expresión más reciente, y una de las más feroces, en el trabajo tecnológicamente gestionado y organizado. Esto es, el trabajo en plataformas y otros derivados de la denominada gig economy



El trabajo en plataformas como disciplina 

La gig economy descansa sobre la idea de que el desarrollo tecnológico siempre representa un progreso social. Al preguntarse qué implica su noción de progreso, se ha de equiparar con el margen de posibilidad para el desarrollo económico. La tecnologización de los intercambios mercantiles representa una herramienta de ingeniería, fiscal primero –observando cómo multinacionales operan desde paraísos fiscales para un alcance global–, e ingeniería laboral, segundo, para que se muestren esquivas con los derechos laborales fundamentales. Defendemos la premisa de que el trabajo en plataformas como Glovo o Uber, no solo representa un serpenteo entre las regulaciones legales del mercado laboral, sino que configura también, en términos psicosociales, una forma de empleo cualitativamente diferente a las anteriores. Resulta pertinente ahondar en su análisis, ya que las estimaciones más recientes sitúan a España entre los países europeos con mayor alcance para el trabajo en plataformas, llegando a tasas del 18% según publicaba la Digital Future Society en 2020.

La precariedad laboral, hasta ahora, tendía a ser medida en términos de lo que consideramos como empleo atípico. La Organización Internacional del Trabajo lo conceptualiza con una aproximación difusa concretada en aquellas formas de empleo diferentes a las culturalmente deseables y/o establecidas. El paradigma keynesiano presenta actualmente un arraigo más cultural que material, con lo que las formas deseables de empleo en la mayoría de los países de la UE se comprenden como estable o indefinido, en jornada laboral completa, y permitiendo unos ingresos suficientes para un mantenimiento de vida digna. Este acercamiento a la precariedad laboral se centraba, por tanto, en formas de empleo regulares y reguladas, observando si las condiciones contractuales objetivables cumplían o no esta serie de requisitos. El trabajo en plataformas rompe esta rueda, en tanto que tiene poco que ver con el mercado laboral regulado. A falta de probar la efectividad de la denominada Ley Rider, su impacto por ahora es relativo; cualquier persona estaba, o está, en disposición de trabajar como falso autónomo en estos espacios que abarcan cada vez un mayor número de actividades. Resulta llamativo que la Unión Europea haya legitimado el empleo en plataformas reiteradamente: “las plataformas colaborativas permiten a los individuos, junto a otros actores como los microemprendedores y pequeños negocios, a ofrecer servicios. Ello crea nuevo empleo, modalidades flexibles de trabajo y posibilidades de generar ingresos”. La Organización Internacional del Trabajo también ha sido sorprendentemente permisiva con ellos. Este tipo de empresas también han hallado cierto fervor entre la población de menos recursos, frente a la imposición de que cualquier empleo es preferible al desempleo; y entre los consumidores neoliberales, la comodidad individual disfrazada de proceso tecnológico se impone sobre cualquier conciencia relacionada al impacto colectivo asociado a estas herramientas mercantiles. Este tipo de empleo característicamente desregulado no representa una anomalía, repetimos de nuevo, sino la tendencia lógica de un proceso evolutivo. 

En el marco de la investigación en cuestiones laborales, el pretendido en este caso, las herramientas de delimitación del empleo precario que acabamos de exponer carecen de sentido alguno. Evidentemente el trabajo en plataformas impone una forma de explotación, pero analizando los rasgos del empleo atípico resulta imposible definir el cambio cualitativo que impone el modelo laboral en plataformas. Retomando la idea inicial de este texto, para tal fin creemos útil un análisis de las dinámicas de disciplina. 

Hemos denominado este paradigma como tecnodisciplina del trabajo, caracterizada como una forma de constricción de los derechos laborales a través de una relación laboral ordenada en un medio digital, y no en interacciones entre personas. Cabe atender al menos a cuatro elementos: una legitimación del empleo flexible, los tiempos laborales difuminados, la ilusión de libertad, y el denominado algorithmic management

El primero de los elementos orbita en la legitimación de la flexibilidad laboral como principal resultado de la hipótesis moral del pleno empleo. Ante la incapacidad de cuestionar las lógicas económicas y estructuras del mercado laboral, la única posibilidad ha sido dotar de elasticidad al mercado de trabajo por medio de una ecuación que permita la introducción de mayor número de personas al empleo a costa de las garantías que la esfera laboral proporciona. La calidad del empleo se diluye bajo la imposición moral de que más personas trabajen, por medio de la democratización del riesgo económico o empresarial. La flexibilidad conecta directamente el empleo con las demandas del momentum económico a través de la entrada y salida de personas del mercado laboral. Este modelo, avalado de nuevo por los organismos de la Unión Europea como una herramienta viable para responder a la complejidad de la economía globalizada, supone alterar la condición de asalariado siendo, ya no el contexto empresarial quien asume el riesgo económico de la actividad, sino la persona que intercambia su fuerza de trabajo. El proceso tiene lugar únicamente en una dirección punitiva: el retroceso económico de la empresa en la que la persona trabaja supone la pérdida de empleo o reducción de ingresos, mientras que en caso de bonanza económica su estatus no tiende a verse alterado. Esta dinámica común a cualquier forma de actividad laboral neoliberal, en las plataformas digitales, ante la ausencia de regulación del trabajo, funciona en tiempo real. Las demandas de servicio registradas se correlacionan directamente con la dedicación laboral de quien opera en estos espacios. 

Este último aspecto conecta directamente con la segunda característica: la relación directa con los clientes. Esta relación no se delimita a la demanda del servicio que se preste, sino que expresa una relación que evalúa el desempeño y viabilidad laboral de la persona. A través del proceso tecnológico tiene lugar una monitorización perpetua de la actividad de la persona que trabaja, que determina su posibilidad y ritmo de trabajo posterior. Rompe con las dinámicas disciplinarias de evaluación periódica y/o cualificada que tendría un supervisor en una empresa convencional, ya que el cliente que evalúa el servicio prestado no está valorando la actividad u organización de la empresa que opera, sino de la persona –el trabajador– que desempeña directamente la actividad. El nivel de estrés e incontrolabilidad para la persona que trabaja alcanza términos insostenibles. Sin embargo, este particular se afronta en las plataformas digitales a través de la diseminación de un discurso de libertad individual en términos neoliberales, que traslada a los trabajadores una ilusión de autodeterminación sobre su tarea. Se trata de una ilusión de libertad, ya que la monitorización constante a la que se someten no permite nada parecido al control de tiempos, ritmos o modos de desarrollar el trabajo, pero genera, sin embargo, un importante sentido de responsabilidad. Responsabilidad en tanto que la viabilidad y éxito de la actividad desarrollada recae directamente sobre la persona que la práctica. Con lo cual, y comprendido desde la teoría de la psicopolítica neoliberal, estos espejismos de libertad representan un discurso de autonomía y elección en un contexto estructural difícil de manipular. Además, en tanto que existe esa sensación de libertad discursiva, la estructura se torna incuestionable. Se podría metaforizar en un laberinto que no tiene salida: existe la capacidad de elegir en cualquier bifurcación, pero ninguna elección llevará a finalizar el rompecabezas. 



La ilusión de libertad se articula, a su vez, con la imposición de disponibilidad y el ordenamiento temporal de esta forma de trabajo. Los sistemas de valoración de desempeño a través de la monitorización constante imponen sobre la persona que trabaja en estos contextos digitales la mayor dedicación que sea posible para no perder el estatus laboral. Con lo cual, el tiempo de dedicación a esta tarea está, primero, lejos de ser flexible o adaptable a las necesidades de la persona, y, segundo, solapa los espacios temporales de empleo y vida personal. 

Cabe la posibilidad de hallar la mayoría de las características descritas en otros modos de empleo de relación más tradicional, siendo el hecho definitorio de los empleos en plataformas lo que denominamos como algorithmic management (gestión organizacional basada en algoritmos), que presentan las investigaciones de Duffy en la Universidad de Cornell. Las personas empleadas en este marco no establecen una relación de dependencia en el trabajo respecto a otras personas, sino respecto a un algoritmo opaco. Cualquier posibilidad de negociación colectiva desaparece entre el establecimiento de marcos de relaciones individuales plataforma-trabajador, y la ausencia de un interlocutor humano de contacto directo. 

El trabajo en plataformas expresa cierta indefensión de las personas trabajadoras ante el avance del empleo flexible. Se debe considerar una culminación de la economía neoliberal, legitimada políticamente, arraigada en términos psicosociales, y por ello, la consecuencia racional de la dinámica sistémica del modelo socioeconómico neocapitalista. 

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Elecciones en el Estado español: ante la ausencia de una alternativa revolucionaria, la izquierda reformista le abre el camino a la derecha

 

Elecciones en el Estado español: ante la ausencia de una alternativa revolucionaria, la izquierda reformista le abre el camino a la derecha

 

 

DIARIO OCTUBRE / mayo 31, 2023

 


Los resultados recientes en las elecciones municipales y autonómicas del Estado español demuestran que la izquierda reformista más que “parar el fascismo” o a la ultraderecha lo que hace es allanarle el camino hacia el poder. En esta nueva farsa electoral la derecha (Partido Popular) obtuvo un aumento de las votaciones lo que les deja con la mayoría de los escaños; la ultraderecha (Vox) triplicó sus concejales; el PSOE pierde votos, pero se mantiene; y los reformistas de Unidas Podemos son los que han perdido de manera contundente.

 

Ante la pérdida de votos y que sus principales socios en el gobierno redujeron su presencia, el gobierno del PSOE -en cabeza de Pedro Sánchez- ha adelantado las elecciones generales para el 23 de julio. Lo que hay detrás de esta decisión es que el PSOE busca sacarle provecho a este impasse político para desprenderse de las fuerzas políticas que están a su izquierda -y que le prestaron su apoyo- y así forzar su voto en las elecciones de junio. De nuevo la disyuntiva que quieren venderle al pueblo trabajador es: PSOE o “fascismo”.

La izquierda del capital ya está “reflexionando” sobre los resultados, se apresuran a establecer las coaliciones electorales de cara al mes de julio. Al paso que recuerdan que deben “volver a la calle”, a “movilizarse”, demostrando su concepción hipócrita respecto del movimiento obrero como un mero trampolín que les permita acceder nuevamente a las poltronas de las instituciones burguesas donde buscarán (nuevamente) “parar el fascismo”, pero que en los hechos terminan gestionando la esclavitud asalariada.

Este descalabro de los reformistas no se debe por falta de “unidad”, ni por culpa del “poder mediático” de la derecha como afirman los analistas de la izquierda del capital. Tampoco lo es por no hacerse eco de las reivindicaciones económicas de la clase obrera. La derrota electoral de la izquierda “progresista” y el fortalecimiento de la derecha es muestra de la decepción de la clase obrera respecto del gobierno reformista lo que deja el camino para que la ultraderecha se abra paso o que los partidos capitalistas tradicionales se afiancen. En otras palabras, su verdadera causa se debe al agotamiento político del social-reformismo; el programa de gestionar “humanamente” la miseria creciente se estrelló con el muro capitalista. El gobierno “progresista” de PSOE-Unidad Podemos, y que también cuenta con ministros “comunistas” (sic), mantuvo su apoyo a la guerra imperialista en Ucrania, ha mantenido la represión del movimiento obrero y de masas, la coerción de libertades políticas, los desahucios, la precarización, la carestía de la vida. Esta situación deja en evidencia la imposibilidad de reformar el Estado burgués y este sistema capitalista en plena crisis.

Un dato no menor: el aumento de la abstención que llegó a ser la cuarta abstención más alta en la historia del país ibérico, pasando del 34 al 45%. La abstención fue la verdadera ganadora en esta farsa electoral.

Estas elecciones tuvieron su repercusión en Colombia. Los sectores reaccionarios celebran el triunfo de la derecha. El presidente Petro compara la situación actual del Estado español con la de la Alemania de 1933 (recurriendo otra vez al chantaje de que viene el “fascismo”). Y la izquierda reformista agrupada en el Pacto Histórico comienza a hacer sus “lecturas” para que no les pase la misma situación que sus congéneres españoles y más teniendo en mente las elecciones regionales de octubre.

Tanto en el Estado español como en Colombia se hace más visible y urgente la necesidad de la organización independiente de la clase obrera bajo el programa comunista que logre ser la opción revolucionaria ante las diversas fuerzas políticas del capital. El proletariado no puede seguir bajo el engaño de otros programas y concepciones ideológicas que no representan verdaderamente sus intereses inmediatos y futuros. No todo está perdido, hay que seguir luchando por concretar esa independencia de clase en organización revolucionaria.

León

Vocero de la Unión Obrera Comunista (mlm)
mayo de 2023

FUENTE: revolucionobrera.com

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En Ucrania, contraofensivas, armamentos y armatostes

 

En Ucrania, contraofensivas, armamentos y armatostes

 

DIARIO OCTUBRE / mayo 31, 2023

 

La UE, imperialistas al servicio USA

 Augusto Zamora Rodríguez.— Mis palinuros y atlántidas, ustedes todos, tan inteligentes que son, se habrán dado cuenta de que la guerra en Ucrania, con el horror inherente a todas las guerras, está llena de payasadas, números circenses y patéticas y disparatadas informaciones y unas aún más disparatadas decisiones del atlantismo colectivo, cada vez más fuera del mundo y decrépito. A este circo se presta el pseudo presidente de Ucrania, que sigue ejerciendo su papel de bufón profesional y que actúa como si en vez de presidir un país presidiera un circo. Ha hecho de la tragedia de Ucrania un vodevil barato, aplaudido a rabiar por los dirigibles -que no dirigentes- europeos, que ponen armas, bombas y dinero, pero no los muertos. Esos muertos los suelen poner los esclavos y los siervos, a quienes sus amos y gamonales mandan a morir para defender sus intereses de clase.

 

Todos han leído hasta el aburrimiento sobre el abastecimiento atlantistas de armas y municiones al régimen tiránico de Kiev, pero poco oirán de la cantidad, efectividad y calidad del propagandizado armamento. Ningún medio de prensa del Accidente colectivo les comentará que ese armamento es, masivamente, obsoleto y tan variado y distinto que, más que cohesionar al ejército ukronazi, lo desorganiza, pues la variedad es tal que parece un catálogo de armas de museo desvencijadas y tan distintas entre sí que las saben manejar unos y el resto de reclutados no. Quien sabe cuatro letras de temas militares entiende que un ejército, para elevar sus niveles de efectividad, debe disponer de armamento cuanto más homogeneizado, mejor, que pueda manejar un número relevante de soldados, de forma que, si una dotación cae o es herida, haya otros soldados que puedan operar la pieza concreta. Pero el régimen ucraniano ha venido siendo armado de armamento soviético obsoleto y muchos en mal estado; armas francesas, gringas, suecas, alemanas, polacas, etc., no intercambiables entre sí, de forma que el abastecimiento de municiones y el entrenamiento de tropas es un rompecabezas que resta efectividad y agilidad al ejército ukronazi.

Otro tema es que la guerra de Ucrania está siendo utilizada por los ejércitos atlantistas para deshacerse de todo su material militar viejo o por ser descartado, con lo que logran, cínicamente, hacer gestos políticos rimbombantes y disponer de pretextos para aumentar el presupuesto militar para el nuevo armamento, masivamente de EEUU. El caso de los tanques Leopard españoles sirve de ejemplo. Eran tanques vetustos, en ruta al desguace, que el gobierno ‘socialista’ mandó a reparar de urgencia para que, al menos, se movieran sin quemar los motores. De esa forma cumplieron con las exigencias de EEUU y, al tiempo, pudieron deshacerse de tanques que eran chatarra.

La Estatua de la Libertad, con una metralleta

 

Hay una última cuestión. El llamado “armamento moderno”, tipo tanques Abrams y sistemas antiaéreos Patriot. Los tanques que se enviaron o están por enviarse son la versión más básica y antigua, que han sido despojados de toda la tecnología secreta o delicada, de forma que, si son capturados por Rusia, no puedan los rusos hacerse con tecnología punta de EEUU. Igual ha ocurrido con los sistemas Patriots, uno de los cuales demostró su incapacidad para repeler los misiles hipersónicos Kinzal o Daga de Rusia. Fueron disparados todos sus 36 misiles y ninguno dio en el blanco. Éxito total de Rusia y desmitificación de EEUU, pero, ojo, no era la versión más sofisticada de los Patriots. Esa sólo está en manos de EEUU e Israel, lo que no quita ningún mérito a los Kinzal, pues el hecho relevante fue que se disparó toda su carga y ninguna dio en el blanco. Si los Patriot son lo más avanzado tecnológicamente del armamento enviado a Ucrania, debemos esperar más sorpresas, pues Rusia apenas ha sacado a relucir todo su poder armamentístico y tiene bien guardadas sus armas más avanzadas.

Igual suerte pueden seguir los afamados F-16, que EEUU ha aceptado sean enviados a Ucrania. El Pepito Baiden (así lo escriben en ruso, sin Pepito) ha abierto la puerta al entrenamiento de pilotos ucranianos, lo que llevará meses, muchos meses. Otro ‘pequeño detalle’ es que esos cazas polivalentes entraron en servicio de las FFAA de EEUU ¡en 1978! Vaya, que tienen la friolera de 45 años de servicio y, aunque un porcentaje de ellos son modernizados cada cierto tiempo, ¿los cazas F-16 que dejarán en manos de los ukropendejos serán de 1978 o de 2023? ¿Aceptan apuestas? ¿Quién asegura a los gringos que, dentro de los pilotos ukrobobos, no hay agentes rusos, con el papel de copiar? ¿Entienden el detalle, mis agudos e inteligentes palinuros y atlántidas? ¿Van los gringos a facilitar que Rusia pueda acceder a su ‘last-tecno’? No. Pero de este tema tampoco dirán nada los serviles medios desinformativos ‘libres’.

Otro tema. Rusia lleva meses bombardeando con regularidad e intensidad los depósitos de armas y centros de concentración de tropas ukronazis, de forma que los ukronazis, además de los centenares de bajas diarias, deben soportar los bombardeos rusos que, de general, dan en los objetivos. Los satélites espías hacen su trabajo, pero hay otros ojos, humanos, que hacen el suyo. Damos por hecho -no hacerlo sería ingenuo-, que hay decenas de miles de ojos en Ucrania informando a Rusia los movimientos del ejército ukronazi. Esto lo saben los atlantistas y es otra de las razones de fondo por la que no entregan, ni entregarán, al gobierno títere de Kiev armamento de última generación. Simpatizantes alemanes espiaban para la URSS en el corazón de la Alemania nazi. Simpatizantes gringos le pasaban a la URSS secretos tecnológicos gringos. En esa misma línea, Rusia viene recibiendo información desde Ucrania proporcionada por ciudadanos ucranianos. Información de casi todo (o sin casi).

Si no se ha dado la propagandizada contraofensiva no es por falta de ganas del Accidente colectivo. Es que Rusia tiene demasiadas cartas en la mano y en la manga, de forma que, lanzarla, podría ser muchísimo peor que no lanzarla, pero de ese tema hablaremos en pocos días, mis pacientes atlántidas y palinuros.

De estos menesteres no esperen que hablen los medios de desinformación atlantistas. No lo harán nunca. La guerra seguirá, hasta el último ucraniano. Ya saben eso. También esperen sorpresas, que las habrá. Como dijo el presidente Putin hace poco más de un año, “todavía no hemos hecho nada”. Y no creemos que haya sido un farol. Estamos en los preámbulos. Faltan los platos fuertes. Ya llegarán. Artiomovsk* ha caído totalmente en manos de Rusia. Ahora dirán que esa ciudad era irrelevante.

*La ciudad de Bajmut fue fundada con ese nombre a finales del siglo XVI. En 1924 la URSS la renombró como Artiomovsk en memoria del revolucionario bolchevique conocido en la clandestinidad con el apodo de “Artiom”. Tras el Golpe de Estado fascista en Ucrania, en 2016 volvió a llamarse Bajmut.

FUENTE: presos.org.es

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miércoles, 31 de mayo de 2023

Siria vuelve a la Liga Árabe

 

Oriente Medio está cambiando aceleradamente. Los enemigos de antaño hacen las paces, y desobedecen las órdenes del Imperio. Israel está dejando de ser el centro neurálgico de la zona; Arabia Saudí e Irán toman el relevo. Incluso la castigada Siria levanta cabeza.


Siria vuelve a la Liga Árabe

 

Eduardo Luque

El Viejo Topo

31 mayo, 2023

 


por Eduardo Luque y Bashar Barazi

No es fruto de una extraña conjunción astrológica. No es tampoco resultado del azar. En política se evita esa posibilidad. Vemos con sorpresa  hechos que marcarán, ya lo están haciendo, nuevas realidades.  La caída de Bajmut  el día 20 de mayo coincide día por día, hace un año, con la también derrota ucraniana en Mariúpol. El mensaje ruso a Occidente es claro. Rusia no perderá esta guerra: es por eso que la caída de la ciudad ucraniana se ha hecho coincidir con la reunión del G-7.

Los países occidentales, por su parte, escogieron un lugar emblemático para su reunión: Hiroshima. Biden no pidió perdón por el uso de armas nucleares en 1945. La puesta en escena de la reunión del G-7 es un aviso, nada disimulado, a Rusia y China. EEUU cree su propia propaganda. Su doctrina de defensa incluye el uso del arma nuclear. Piensa que es posible usarla en escenarios limitados como el continente europeo. Hace tiempo que las armas nucleares fueron recategorizadas para usarlas en escenarios de guerra convencional. EEUU se plantea, dada la sumisión de la clase política europea, la posibilidad de una guerra nuclear constreñida al continente y que deje al margen el territorio norteamericano.

No hay esperanza de paz. Moscú no encuentra interlocutor en los EEUU. Occidente persigue la escalada: la OTAN enviará aviones de guerra a Ucrania. La agresiva y caótica declaración del G7 contra Rusia y China señala hasta qué nivel los políticos europeos viven en un auténtico universo paralelo.

Mientras el G7 se reunía,  Rusia y China contraprogramaron una reunión de los países del centro de Asia para reforzar sus relaciones económicas y sociales. El discurso de Vladimir Putin en ese momento resaltó que la guerra en Ucrania no acabará sino es con la victoria rusa.  Moscú entiende que una derrota en el campo de batalla implicaría la fragmentación del país y fundamentalmente  su desaparición como Estado.  Como tantas veces hemos dicho, para Moscú es una guerra por su supervivencia.

En estas mismas fechas se produce otro acontecimiento especialmente relevante. El beso entre el presidente sirio Al-Assad y el heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, señala un antes y un después. Si algo sorprende en el restablecimiento de los  lazos diplomáticos entre los dos archienemigos de Oriente Medio (Arabia Saudita y Siria) es la velocidad con la que se ha producido. Hace escasamente dos meses se anunciaba el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países. China había actuado como mediadora en un proceso laborioso y callado y que ahora, pocas semanas después, concluye con la admisión de Siria en la Liga Árabe.  Han transcurrido doce años desde la expulsión de Damasco de este organismo.

Es una derrota política para Estados Unidos y sus “aliados”. Occidente fue representada indirectamente en la cumbre por la ministra de Asuntos Exteriores de Alemania Annalena Baerbock. El periplo diplomático, que la llevó a Riad días antes de que Siria fuera recibida en la ciudad costera de Yedda (Arabia Saudita), ha rozado el ridículo. Actuando más como enviada del Presidente norteamericano que como representanta de un país “supuestamente” soberano ha intentado torpedear “in extremis” el acercamiento entre los dos antiguos enemigos.

Los propios medios norteamericanos, la revista Newsweek en concreto,  sostienen que la política de Joe Biden hacia Siria ha recibido su mayor golpe por el momento. La vuelta de Al-Assad al ruedo internacional conlleva un nuevo mensaje para EEUU: se ha de poner fin a la presencia de sus tropas en Siria y levantar las sanciones.

Estados Unidos no va a levantar las sanciones integrales impuestas a Damasco al igual que no lo hará la Unión Europea. Es evidente que la política comunitaria va en contra de los propios intereses europeos; pero  su dependencia y el servilismo respecto a Washington impide tomar otra dirección. Es importante, en este aspecto, subrayar la transmutación ideológica que ha sufrido la antiguamente denominada «Izquierda verde»; hoy, tras situarse en el poder, adopta las posturas más neoconservadoras del gobierno alemán respecto a la guerra de Ucrania y el conflicto en Siria y Yemen. Los verdes alemanes, como algunos “verdes” europeos, apuestan por la guerra y promueven la carbonización para librarse de la “dependencia” del gas ruso; al mismo tiempo no dudan en comprar petróleo y el gas de ese país utilizando a terceros (en este caso India). Podemos afirmar, sin lugar a dudas, que esas formaciones, como otras en la UE, no son ya ni de izquierdas ni verdes.

Estados Unidos ha entrado en un profundo declive en Oriente Medio tras tres décadas de falsas promesas. Los fallidos Acuerdos de Oslo, las invasiones de Irak y Libia, la guerra en Siria y Yemen han sido un conjunto de decisiones cuyo objetivo era imponer el denominado “caos creativo” en la zona dividiendo, rompiendo y enfrentando a unas comunidades contra otras. Norteamérica hace tiempo que abandonó las tesis de Joseph S. Nye Jr. quien escribía en su  “Paradoja del poder norteamericano” que este país utilizaba los golpes “blandos” o los ”duros” en función de su conveniencia. Vemos ahora como la política norteamericana sólo utiliza los segundos y ha obviado los primeros.

Otro gran derrotado es el régimen de Israel. A sus problemas internos se le suma ahora el problema político que representa el reconocimiento de Al-Assad como un actor importante en Oriente Medio. Fue en 2020 cuando Israel, que se sentía fuerte y estaba firmemente respaldado por Estados Unidos, firmó los “Acuerdos de Abraham” con Emiratos Árabes y algunos otros estados de Oriente Medio.  Tel Aviv pretendía expandir la influencia israelí en el mundo árabe aislando a Irán. Los “Acuerdos de Abraham” finalmente no se han implementado. Arabia Saudita no está dispuesta en este momento a promocionar este acercamiento con el régimen de Israel. Es un gran revés para la política de ese país. Lo aísla del proceso de paz que se está desarrollando en Oriente Medio y donde Tel Aviv tiene cada vez menos capacidad de influencia. Para complicar aún más la situación de Estados Unidos en la zona China ha ofrecido sus servicios  a Israel y Palestina para desarrollar un plan de paz realista. Es una opción necesaria aunque no sea viable en este momento. El problema de Israel, como ya hemos  enunciado en otras ocasiones, es la división de la sociedad por la mitad en una confrontación en términos de una batalla de suma cero, con un sistema político en parálisis permanente y sin que ninguno de los dos lados de la ecuación consiga una mayoría estable en el Parlamento. Israel está sumido en un enfrentamiento civil de bajo nivel. Lo que fue en su momento una limpieza étnica apoyada por las potencias occidentales sobre la población palestina ahora se ha convertido en un proceso de segregación interna entre los propios judíos. Una chispa puede incendiar el polvorín social.

Asistimos a cambios políticos impensables. Riad, en otro giro que provoca enormes recelos en Washington, se está moviendo para normalizar sus vínculos con Hamás y Hezbolah. Estas milicias resisten a Israel y están consideradas por los Estados Unidos como “grupos terroristas”. Riad contrarresta a Washington  en todo Oriente Medio, y la intervención china cambia la lógica subyacente en la zona. Irán deja de ser vista como el enemigo común de todos los ”estados árabes sunitas”. La agresividad y la torpeza política de Tel Aviv están echando más sal a la herida. El mes pasado, cuando las fuerzas militares asaltaron la mezquita de Al-Aqsa, los Emiratos Árabes Unidos (signatario de los acuerdos de Abraham)  pospusieron los acuerdos de defensa con Israel que estaban a punto de firmar. Por otra parte el ataque a la ciudad palestina de Huwara por parte de los colonos Israelíes y las declaraciones del ministro de Finanzas Bezalel Smotrich (que pedían que se limpiara la ciudad de palestinos para “borrarla de la faz de la tierra”) aísla a Israel de sus vecinos. Israel se está quedando sin opciones: o continúa en esta situación, que conduce a una guerra fratricida, o bien gira hacia el “nuevo”  proceso de paz liderado por China. Es una opción que socavaría, aún más, la posición de Estados Unidos en todo Oriente Medio.

El gran beneficiario de la situación es Irán. Su política (durante décadas) de apoyo a Siria, Irak, Yemen y a la causa palestina les ha granjeado una sólida reputación en la zona. Las buenas relaciones con Turquía, la otra gran potencia regional, permite al país persa ayudar en el proceso de normalización entre Siria y Turquía. Siria es enormemente reacia en este momento a ir más allá. Al -Assad se siente fuerte y será Erdogan, si vuelve a ganar, quien tendrá que ceder posiciones en la negociación para mantener el apoyo ruso. La intervención de Irán se demostró muy valiosa y ayudó a limar los graves roces que tuvo Erdogan en 2015 con Moscú.

En este momento el triunfo de Erdogan en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales turcas afianzaría la posibilidad de una mayor implicación entre Ankara, Teherán, Moscú y Pekín.  El contencioso de Siria (que se libra entre las tropas de ocupación turcas y el ejército sirio en el norte del país) se solventará aislando aún más a las tropas norteamericanas de ocupación en suelo sirio. Los acuerdos económicos con Moscú sumados al maltrato al que los Estados Unidos obsequian a sus socios (en este caso Turquía) apuntan a que la política a medio plazo del nuevo gobierno Erdogan se oriente aún más hacia el eje Rusia-China. Su integración como socio en el grupo de países de los BRICS está muy avanzada. Las tensiones con Washington se acentuarán; la ley para contrarrestar a los adversarios de Estados Unidos a través de sanciones (Ley CAATS por sus siglas en inglés) conducirá casi ineludiblemente a que Estados Unidos sancione a  Ankara, puesto que ha comprado armas a los enemigos de Washington (en este caso, los sistemas antimisiles S-400 rusos).

Oriente Medio vive un proceso de reconfiguración  acelerado. Ninguna de  las coaliciones anteriores es intocable. Y los nuevos lazos entre naciones que se están gestando podrán llegar a parecernos absolutamente sorprendentes según las consideraciones actuales.

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