lunes, 24 de octubre de 2022

UCRANIA. El gobierno títere de la OTAN prohíbe otro partido (ya van 12): El Partido Socialista

 

UCRANIA. El gobierno títere de la OTAN prohíbe otro partido (ya van 12): El Partido Socialista


¿Se solidarizará el PSOE con sus homólogos?


INSURGENTE.ORG / 24 octubre 2022

 


«Las actividades de doce partidos prorrusos han sido definitivamente prohibidas en Ucrania a iniciativa del SBU», ha publicado el propio organismo de seguridad este sábado en su canal de Telegram. La decisión ha sido tomada por el Tribunal Administrativo de Casación de Ucrania, parte del Tribunal Supremo de Ucrania, que ha rechazado el recurso del Partido Socialista de Ucrania.

El PSU se suma así a un listado de doce partidos ilegalizados que incluye al Bloque de Oposición, Socialistas, Partido Justicia y Desarrollo, Nashi, Estado, Bloque de Vladimir Saldo, Oposición de Izquierda, Partido Sharia, Unión de Fuerzas de Izquierda, Plataforma de Oposición-Por la Vida y Partido Socialista Progresista de Ucrania. Siempre con la excusa de ser pro-rusos.

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El telescopio Webb hace un retrato de los Pilares de la Creación lleno de estrellas

 

El telescopio Webb hace un retrato de los Pilares de la Creación lleno de estrellas

TERCERAINFORMACION / 21.10.2022

La nueva vista obtenida por el telescopio espacial de la NASA ayudará a los investigadores a renovar sus modelos de la formación estelar mediante la identificación de recuentos mucho más precisos de estrellas recién formadas, junto con las cantidades de gas y polvo de la región.



Imagen de los Pilares de la Creación, la de la izquierda fue captada por el telescopio espacial Hubble y la de la derecha por el telescopio Webb. / NASA, ESA, CSA y Space Telescope Science Institute (STScI)

El telescopio espacial James Webb de la NASA ha capturado un paisaje exuberante y muy detallado de una región, los icónicos Pilares de la Creación, donde se forman nuevas estrellas dentro de densas nubes de gas y polvo. Los pilares tridimensionales parecen majestuosas formaciones rocosas, pero son mucho más permeables. Estas columnas están formadas por gas y polvo interestelar fresco que se ven, a veces, semitransparentes en la luz del infrarrojo cercano.

La nueva vista obtenida por Webb de los Pilares de la Creación —que se hicieron famosos por primera vez cuando se tomaron imágenes con el telescopio espacial Hubble de la NASA en 1995— ayudará a los investigadores a renovar sus modelos de la formación estelar mediante la identificación de recuentos mucho más precisos de estrellas recién formadas, junto con las cantidades de gas y polvo de la región, señala la NASA en un comunicado.

Con el tiempo, los científicos comenzarán a desarrollar una comprensión más clara de cómo las estrellas se forman y salen despedidas de estas nubes polvorientas en el transcurso de millones de años.

Estrellas recién formadas

Las estrellas recién formadas son las protagonistas en esta imagen de la cámara de infrarrojo cercano de Webb (NIRCam, por sus siglas en inglés). Estos son los orbes rojos brillantes que típicamente tienen picos de difracción y se encuentran fuera de uno de los pilares de polvo. Cuando se forman nudos con suficiente masa dentro de los pilares de gas y polvo, estos comienzan a colapsar bajo su propia gravedad, se calientan lentamente y por último forman nuevas estrellas.

¿Y qué sucede con esas líneas onduladas que parecen lava en los bordes de algunos pilares? Estas son eyecciones de estrellas que todavía se están formando dentro del gas y el polvo.

Las estrellas jóvenes lanzan periódicamente chorros supersónicos que chocan contra nubes de material, como estos gruesos pilares. Esto a veces también ocasiona ondas de choque, que pueden formar patrones ondulados como lo hace un barco cuando se desplaza por el agua. El resplandor carmesí proviene de las energéticas moléculas de hidrógeno que se producen con los chorros y las ondas de choque. Esto es evidente en el segundo y tercer pilar desde arriba: la imagen de NIRCam está prácticamente palpitando con su actividad. Se estima que estas estrellas jóvenes tienen solo unos pocos cientos de miles de años.

Aunque pudiera parecer que la luz del infrarrojo cercano ha permitido a Webb ‘atravesar’ las nubes para revelar grandes distancias cósmicas más allá de los pilares, no hay galaxias en esta vista. En cambio, una mezcla de polvo y gas translúcido conocida como el medio interestelar en la parte más densa del disco de nuestra galaxia de la Vía Láctea bloquea nuestra visión del universo más profundo.

Esta escena fue captada por primera vez por Hubble en 1995 y visitada de nuevo en 2014, pero muchos otros observatorios también han observado detenidamente esta región. Cada instrumento avanzado ofrece a los investigadores nuevos detalles sobre esta región, que está literalmente desbordante de estrellas.

Esta imagen muy recortada está ubicada dentro de la gran Nebulosa del Águila, que se encuentra a 6.500 años luz de distancia.


Los Pilares de la Creación se destacan en un caleidoscopio de colores en la vista de luz infrarroja cercana del telescopio espacial James Webb de la NASA. Los pilares parecen arcos y columnas que emergen de un paisaje desértico, pero están llenos de gas y polvo semitransparentes, y están en constante cambio. Esto es una región donde se forman estrellas jóvenes, o apenas han salido de sus capullos polvorientos mientras continúan formándose. / NASA, ESA, CSA, STScI

Fuente: NASA

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Estados Unidos y el saqueo de Siria

 

El petróleo que podría ayudar a la reconstrucción de Siria sigue siendo robado. El 83% del crudo extraído se volatiliza. La “guerra contra el terrorismo” rinde dividendos. El ejército estadounidense sigue ocupando el territorio. ¿Adivinan por qué?


Estados Unidos y el saqueo de Siria


EL VIEJO TOPO

24 octubre, 2022



En su discurso en la reciente sesión anual de la Asamblea General de la ONU, Joe Biden se refirió, entre otras cosas, a la violación de la integridad territorial de Ucrania por parte de Rusia. En la sede de la ONU, el presidente estadounidense denunció enérgicamente el comportamiento del Kremlin, supuestamente contrario al derecho internacional. Sin embargo, en Siria, Estados Unidos también sigue ocupando sin ninguna base legal, y haciendo caso omiso de los medios de comunicación oficiales, una parte importante del territorio que alberga la mayor parte de los recursos alimentarios y energéticos del país de Oriente Medio. Nuevas pruebas sobre las actividades de Estados Unidos en esta zona en colaboración con los kurdos iraquíes y sirios fueron objeto de una reciente exclusiva de la publicación online independiente The Cradle.

Oficialmente, los cerca de 900 militares estadounidenses estacionados en el noreste de Siria como parte de la llamada «coalición internacional» están defendiendo una zona principalmente rica en petróleo de la amenaza de lo que queda del Estado Islámico (ISIS).

La presencia estadounidense se remonta a 2015 y, por si fuera necesario recordarlo, nunca fue solicitada por la autoridad legítima del territorio ocupado -el gobierno sirio- ni, por lo demás, obtuvo ratificación alguna mediante un mandato específico del Congreso en Washington.

Aunque la guerra contra el ISIS era la misión oficial del contingente militar enviado a Siria, el verdadero propósito de las fuerzas estadounidenses era más bien la continuación de la campaña de cambio de régimen en Damasco y el intento de obstaculizar la consolidación de las fuerzas de la «Resistencia» en Siria, empezando por Irán y Hezbolá. En este contexto, no es de extrañar que Estados Unidos haya bombardeado en más de una ocasión tanto objetivos militares sirios como fuerzas de otros países que apoyan al gobierno de Assad.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, se intensificó otra actividad que realiza el contingente de ocupación estadounidense: el robo descarado de los recursos del subsuelo de Siria, en gran parte el petróleo. Damasco sigue denunciando este estado de cosas y recientemente estimó que en los primeros meses de 2022, los militares estadounidenses y las milicias kurdas robaron de Siria y contrabandearon una media de 66.000 barriles de crudo al día, lo que supone más del 83% de la producción diaria de un país que sigue asolado por una gravísima crisis económica.

Sólo en los últimos diez días de septiembre, según reveló el Ministerio de Petróleo sirio, los militares estadounidenses sacaron del país más de 100 camiones cisterna cargados de crudo robado. Desde el inicio de la guerra en 2011, la pérdida de ingresos estimada para Siria ha sido de más de 107.000 millones de dólares.

La investigación de The Cradle mencionada al principio se realizó en Irak y se basa principalmente en fuentes militares y de la policía de fronteras iraquíes. EE.UU. tiene una presencia militar a ambos lados de la frontera entre Irak y Siria, que a lo largo de cientos de kilómetros queda fuera del control de los respectivos gobiernos. Al menos tres pasos fronterizos se han convertido en el cruce crucial de las rutas de contrabando de petróleo sirio hacia la región autónoma del Kurdistán iraquí con la participación directa y decisiva del ejército estadounidense.

El reportero de The Cradle explica cómo los drones estadounidenses patrullan los cielos de la región «regularmente», mientras que la seguridad de los convoyes es contratada por el ejército estadounidense a empresas privadas. Los empleados de estas últimas, «que viajan en vehículos 4×4 con cobertura aérea estadounidense, son responsables de la seguridad del transporte de petróleo sirio a territorio iraquí», aunque su trabajo debería ser «exclusivamente el transporte de equipos logísticos para la coalición internacional» estacionada tanto en Siria como en Irak.

El crudo sirio llega a la base kurda de al-Harir, en la capital del Kurdistán iraquí, Erbil, a disposición de la compañía petrolera kurda KAR Group, propiedad del jeque Baz Karim Barzanji, muy cercano a la familia del número uno del Partido Democrático del Kurdistán (PDK), Massoud Barzani. Este último goza de excelentes relaciones con los gobiernos de Turquía y Emiratos Árabes Unidos, así como con las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, es decir, la milicia kurda que colabora con las fuerzas de ocupación estadounidenses en el contrabando de petróleo perteneciente a Siria. El destino final del crudo es objeto de debate, pero es probable que beneficie a Turquía e Israel, entre otros. Una prueba de ello podría ser el bombardeo iraní, el pasado mes de marzo, de la casa del jeque Baz Karim Barzanji, según un político kurdo también entrevistado por The Cradle, debido a la venta de petróleo y gas sirio por parte de su empresa a Israel.

Los testigos iraquíes de la actividad de contrabando kurdo-estadounidense afirman que en cada convoy hay entre 70 y 100 camiones cargados de petróleo sirio. La ruta recorrida bajo la protección de Estados Unidos comienza en la región de al-Jazira, luego se detiene en la base estadounidense de al-Hasakah y parte hacia Irak. Tras cruzar la frontera, fuera del control del gobierno central, el petróleo saqueado se transfiere a otros vehículos en la ya mencionada base kurda de al-Harir. Desde aquí llega finalmente a la base militar estadounidense de Ain al-Assad, en la provincia iraquí de Anbar, o a la base de la provincia de Halabja.

The Cradle explica que el paso del crudo a manos del ejército estadounidense sólo se produce tras la aprobación por una oficina especial del gobierno iraquí, que, sin embargo, sólo se ocupa de los suministros logísticos destinados a la «coalición internacional» anti ISIS. El gobierno de Bagdad, afirma el sitio web libanés, «probablemente desconoce por completo estas repetidas violaciones de su soberanía e integridad territorial», pero no tiene prácticamente nada que ver con las actividades de contrabando dirigidas por los estadounidenses.

Es también a la luz de este sistema construido por Washington bajo el pretexto de la guerra contra el «terrorismo» que deben juzgarse las palabras de Biden y del Secretario de Estado, Anthony Blinken, en sus recientes apariciones en las Naciones Unidas. El citado discurso del presidente de EE.UU. ante la Asamblea General pedía, en referencia a Rusia, no permitir «la ocupación de un territorio [de un país soberano] por la fuerza». Por su parte, Blinken se dirigió al Consejo de Seguridad asegurando que «el apoyo internacional a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania consiste en la protección de un orden internacional en el que ninguna nación tiene el poder de redibujar las fronteras de otra por la fuerza». Siempre que esta nación no sea Estados Unidos o Israel.

Por lo tanto, en total ilegalidad, tanto según el derecho internacional como según el derecho estadounidense, el ejército de Estados Unidos no sólo sigue ocupando una parte del territorio de un país soberano, sino que se asegura de saquear sus recursos y beneficiarse de ellos. Durante un corto periodo de tiempo tras su entrada en la Casa Blanca, Trump había intentado retirar el contingente estadounidense de Siria, pero fue inmediatamente frenado por la cúpula militar, la inteligencia y la presión de los círculos neocon.

Por lo tanto, hoy en día no se vislumbra ningún tipo de desvinculación. Por el contrario, las noticias recientes indican incluso un fortalecimiento de la presencia militar estadounidense en este país. De hecho, hace unos días, fuentes locales constataron la llegada a la base estadounidense situada en la provincia siria de al-Hasakah de nuevas armas y equipos procedentes de Irak. El convoy con los nuevos suministros estaba formado por 33 vehículos pesados y al menos un avión de carga que aterrizó en territorio sirio el 26 de septiembre.

Fuente: altrenotizie.

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EL LINCE. El pensamiento muerto que está vivo

 

EL LINCE. El pensamiento muerto que está vivo

 

22 octubre 2022

 

China cuando conmemoró el 200 aniversario del natalicio de Karl Marx

 

De unos años a esta parte los «progres» occidentales (y, por supuesto la burguesía) vienen insistiendo en que el marxismo no existe y que, cuando alguien lo recoge, no es más que un pensamiento muerto sin influencia en la realidad. Esta es una forma como cualquier otra de regar el «jardín» occidental, lo riegue Agamenón (Borrell) o sus porqueros «progres». Si no fuesen patéticos, que lo son, nadie debería sorprenderse por lo que están diciendo del XX Congreso del Partido Comunista de China y que no es otra cosa que su versión edulcorada para papanatas de lo que dicen los medios de propaganda occidentales: que si el tercer mandato de Xi, que si control del poder, que si las amenazas contra Taiwán, que si… El primitivismo «analítico» es una muestra de su primitivismo general.

 

Quieran o no, que quieren, su visión no es otra cosa que la del mundo occidental. Porque ni siquiera tienen en cuenta que cuando Occidente critica algo, ese algo debe entenderse como un cumplido involuntario de lo que se critica. Y así llegamos a este crucial congreso, el evento más importante no ya de este año sino de los próximos porque es lo que va a definir el mundo en este tiempo. Pero resulta que las conclusiones, que conoceremos en toda su amplitud en los próximos meses, tienen unos precedentes que se han venido desarrollando estos cinco años transcurridos desde el XIX Congreso y que tienen como eje el indudable peso que tiene la influencia del pensamiento marxista (incluso los chinos se atreven a hablar de marxismo-leninismo) en las decisiones que se están tomando.

 

Como todo lo que se refiere a China, hay que huir de la dicotomía clásica occidental de o yo o contra mí o del blanco y del negro, al igual que no se puede aceptar acríticamente todo lo que llega de China. Es decir, no se puede, ni se debe, considerar a China como el faro revolucionario mundial al mismo tiempo que no se puede sostener que es un país capitalista más. Y hay mucha gente supuestamente «progre» que se sitúa, sobre todo, en la segunda posición porque sus análisis están trufados de otros previos realizados por occidentales, siguiendo los parámetros occidentales.

Si en Occidente el marxismo se considera muerto, no digamos uno de sus conceptos clásicos, la lucha de clases. Sin embargo, la lucha de clases en China nunca ha desaparecido y ahora se está viendo de forma mucho más clara. Para Occidente, la «desaceleración económica» de China es presentada como el principio del fin del intento chino de ser alguien en el mundo. Acostumbrados a que el «jardín» se regaba con «la fábrica del mundo» se encuentran, de repente, con que ya no es así. No es solo la crisis de Ucrania, que también; no son solo las agresiones «democráticas» occidentales en forma de sanciones, que también. Son las decisiones políticas adoptadas por China y puestas en el papel en 2020 cuando se aprobó el XIV Plan Quinquenal y que se sancionan en las resoluciones de este congreso crucial. Y entonces se llega a la conclusión de que la tan traída y llevada «desaceleración», como sostiene Occidente, tiene mucho que ver con el aumento de la intervención estatal en la economía. Justo la antítesis del capitalismo occidental.

 

En este XX Congreso se está reforzando el control de lo público sobre lo privado y se está enfatizando la redistribución de la riqueza. Occidente lo ve, los «progres» no. Los analistas occidentales ya están diciendo que esto va a provocar una «caída de la confianza empresarial que reducirá la inversión privada», que «decae el atractivo para los inversores extranjeros» y que «las élites empresariales están asustadas por la campaña anticorrupción por la naturaleza arbitraria de un sistema judicial controlado por el partido comunista». Los occidentales nunca hacen lo más mínimo por comprender otro pensamiento que no sea el suyo, otra cultura que no sea la suya, y la china es milenaria: hay un dicho que dice que «es mejor ofender a unos pocos que no defraudar a miles». Occidente estará ofendido, los casi 1.500 millones de chinos seguro que no.

 

Porque este tema también ha sido abordado al reconocer sin tapujos que «existían graves amenazas ocultas al interior del partido, del país y de las fuerzas armadas» de carácter corrupto. Eliminar estos elementos dañinos dentro del PCCh está siendo determinante para la renovada confianza en el PCCh a nivel social. La corrupción fue una de las lacras del PCUS y una de las razones de la descomposición moral y social que llevó a la desaparición de la URSS.

Y lo ven también otros fuera de Occidente. Ven que lo que Occidente considera «obstáculos para la prosperidad», es decir el libre mercado como la única herramienta -a pesar de los desastres que ha generado y está generando-, es lo que realmente funciona, que el secreto del crecimiento chino está siendo el sólido control de las fuerzas del mercado por parte del Estado (de nuevo hay que remitirse al XIV Plan Quinquenal«). Este XX Congreso sanciona la visión marxista de un mayor control del Partido sobre el sector privado, la expansión del papel de las empresas estatales y la búsqueda de la «propiedad común» ya esbozada en el XIV Plan Quinquenal a través de la redistribución de la riqueza. Y aquí Xi Jinping ha jugado un importante papel.

 

El objetivo es «la transformación de China en un gran y moderno país socialista en todos los aspectos», y ese objetivo tiene dos etapas: la primera ya se está recorriendo y terminará en 2035 y la segunda comenzará entonces y terminará en 2049. Por lo que se lee en los documentos, esta «modernización con características chinas» aprovecha la globalización, sí, pero desecha los «subproductos perversos asociados con los modos occidentales de modernización: la hegemonía y la colonización».

 

Para ello, se pone el énfasis no en el crecimiento económico al estilo occidental, a cualquier costo, sobre todo el social, sino en el «crecimiento cualitativo», «igualando los ingresos de los diferentes grupos de la población y elevando las áreas rurales a los estándares del estilo de vida urbano teniendo en cuenta la preservación del medio ambiente».

 

De este congreso salen muchas cosas relevantes, una de ellas es la importancia de la geopolítica y el compromiso de China de contribuir a la creación de «un sistema internacional más equitativo y justo», con lo que da por hecho que ahora no lo hay -y que es a lo que se aferra con desesperación un Occidente moribundo-. China defiende el derecho internacional, y no eso de «orden basado en reglas» occidental, y por ello es el principal país en defender el multilateralismo lo que, a su vez, le ha granjeado un mayor carisma e influencia internacional.

Una de esas cosas relevantes es que en este congreso se ha vuelto a resaltar la «asociación estratégica integral de coordinación entre China y Rusia en la nueva era», lo que en estos momentos clave para el mundo como consecuencia de la guerra de EEUU-OTAN contra Rusia adquiere una importancia añadida a pesar de las consabidas referencias a que «las relaciones entre China y EEUU se adhieran a la dirección correcta de los tres principios de respeto mutuo, coexistencia pacífica y cooperación de beneficio mutuo» y a algo parecido respecto a la UE.

 

La conclusión es lógica: «Frente a la contención externa, las sanciones, la supresión y la interferencia irrazonable hemos lanzado una lucha de ojo por ojo firme y poderosa». Es decir, que soberanía nacional, desarrollo y seguridad van unidos de manera inexorable. China ya no se calla.

China tiene claro que vienen tiempos turbulentos porque Occidente se resiste a perder su hegemonía matando, pero también que las fuerzas del cambio histórico están impulsando a muchos países, y no solo a China, a ir hacia adelante abandonando el camino occidental. El reciente caso de Arabia Saudita queriendo unirse a los BRICS es la penúltima prueba de ello. O el que países como Egipto, Pakistán, Siria, Guyana, Malasia o la Organización para la Unidad Africana no se hayan dirigido al «jardín occidental» sino a China para aplicar su método de erradicación de la pobreza extrema dice bastante de por dónde van las cosas.

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domingo, 23 de octubre de 2022

¿Cómo terminará la guerra en Ucrania?

 

Estados Unidos no puede permitirse perder la guerra. Pero tampoco Rusia puede permitirse perder la guerra. Sin embargo, hay perdedores: los miles y miles de muertos, ucranianos y rusos, carne de cañón de un conflicto entre grandes potencias.


¿Cómo terminará la guerra en Ucrania?

 

EL VIEJO TOPO

23.10.2022

 


Al tratar de reflexionar sobre cómo podría evolucionar la guerra en Ucrania, surge una pregunta: ¿podrías ser la guerra y la destrucción en Ucrania los prolegómenos de una tercera guerra mundial? Ciertamente, aunque desde hace varios años se oye hablar de una «tercera guerra mundial a trozos», de una «guerra por delegación», etc., esta vez la utilización de una tercera guerra mundial para resolver la crisis se hace muy problemática por la magnitud de la destrucción que supondría tal acontecimiento.

Además, en la actualidad ninguna de las potencias en juego parece capaz de realizar este enorme esfuerzo: no los Estados Unidos, que siguen siendo los más fuertes militarmente pero débiles industrialmente tras décadas de deslocalizaciones, y cuya hegemonía mundial se basa ahora únicamente en el capital financiero; no la Unión Europea, débil militarmente y presa de las divisiones habituales, con una industria tecnológicamente avanzada que necesita los mercados mundiales de gama media/alta; no a Rusia, que combina el poderío militar heredado de la URSS con una economía basada casi exclusivamente en la exportación de materias primas; no a China, que aún está atrasada militarmente y tiende a expandirse comercialmente a lo largo de las diversas «rutas de la seda» y con problemas de desarrollo interno aún no resueltos.

El curso de la guerra, tras la primera apuesta de Putin en Ucrania, parece confirmar esta hipótesis, con Estados Unidos agresivo en las palabras pero cauto en los hechos, China esperando astutamente el desarrollo de los acontecimientos y la Unión Europea con ansias intervencionistas que sirven para justificar una política de rearme.

Tras el fracaso del intento de guerra relámpago de Putin, una «guerra relámpago» de infausto recuerdo, la guerra en Ucrania se ha empantanado en un territorio caracterizado por profundas diferencias étnicas, lingüísticas y económicas, y no se vislumbra ninguna solución negociada a una guerra que, además, nunca ha sido declarada.

La guerra de Ucrania parece, por tanto, destinada a seguir siendo un episodio de la guerra permanente que ya dura varias décadas, un episodio ciertamente doloroso por la destrucción y los miles de víctimas civiles, y emocionalmente (y mediáticamente) más sentido que Afganistán o Irak, Siria o Libia porque está más cerca de nosotros, en el corazón de Europa. Sin embargo, recuerdo que en 1999 hubo una guerra en Europa, concretamente en la antigua Yugoslavia, que es un precedente de la guerra actual.

Pero volviendo a nuestra pregunta original, en última instancia la cuestión de si la guerra en Ucrania puede convertirse en el comienzo de la Tercera Guerra Mundial o seguir siendo un episodio de la guerra permanente que ya está en marcha, dependerá del curso de la crisis capitalista que comenzó hace unas décadas y que aún no se ha resuelto. Si la actual crisis capitalista se define como una crisis cíclica de acumulación, de la que está llena la historia del capitalismo, su solución mediante una guerra generalizada puede ser una hipótesis sostenible. Pero si la crisis actual es una expresión del declive histórico del modo de producción capitalista, aunque con su aceleración, la hipótesis de una guerra generalizada pierde su fuerza. Como dice Paul Mattick en uno de sus artículos de 1940:

«¿Pero qué pasa si la depresión económica se vuelve permanente? También la guerra seguirá el mismo curso y, por tanto, la guerra permanente es hija de la depresión económica permanente.»

A continuación, Mattick lleva su análisis al extremo cuando afirma: «Hoy en día, solo se trata de saber si, en la medida en que la depresión ya no parece poder constituir las bases de una nueva prosperidad, la propia guerra no ha perdido su función clásica de destrucción-reconstrucción indispensable para desencadenar un proceso de acumulación capitalista rápido y de prosperidad pacífica de posguerra»[1].

Un segundo elemento de reflexión es el siguiente. La guerra actual puede marcar el fin del proceso de «globalización» que ha caracterizado las últimas décadas, o conducir a una nueva «globalización» bipolar, como algunos creena , en mi opinión, nostálgicos de un mundo que fue, en el que todo estaba más claro y en el que se podía tomar partido fácilmente. En aras de la claridad, la nueva «globalización» bipolar tendría a los países BRICS con China y Rusia a la cabeza. Sin embargo, creo que hay que distinguir entre la creación del mercado mundial, que es una característica permanente e inerradicable del modo de producción capitalista, aunque con sus diversas fases, y la llamada «globalización», entendida como la respuesta del capital a la crisis de los años 70 y a la correspondiente caída de la tasa de ganancia, con sus características específicas que ahora han entrado en fase de crisis. Una respuesta que ha llevado, a través de procesos de concentración global, megafusiones transnacionales y adquisiciones extranjeras, a la aparición de grandes multinacionales sin Estado que compiten entre sí por el control del mercado mundial.

Robert Reich, ex Secretario de trabajo del gobierno estadounidense, saludó la superación de las fronteras nacionales por el mercado mundial desde su privilegiada posición en 1992. Afirmó:

«Como casi todos los factores de producción –dinero, tecnología, empresas e instalaciones –se mueven sin esfuerzo a través de las fronteras, la idea misma de una economía nacional está perdiendo su significado». En el futuro, «no habrá más productos, tecnologías, empresas o industrias nacionales. Ya no habrá economías nacionales tal y como hemos entendido hasta ahora esta expresión»[2].

No sólo eso, la aparición de las grandes empresas multinacionales ha dado lugar a una nueva y, quizás, inédita división internacional del trabajo basada en el control de las nuevas tecnologías y en las diferencias mundiales de los costes laborales. Sin embargo, parece difícil reorientar la división internacional del trabajo (y el comercio mundial resultante), que se ha establecido en las últimas décadas, para forzarla dentro de los confines de los bloques geopolíticos, como pretenden los defensores del «fin de la globalización».

Recientemente, el Presidente Biden promulgó la «Ley de Chips y Ciencia 2022», cuyo objetivo es devolver la producción de chips (semiconductores) a Estados Unidos. Es bien sabido que, incluso antes de la guerra, ya se habían producido graves interrupciones en importantes cadenas de producción debido a la falta o escasez de chips (microprocesadores informáticos) y otros productos semiacabados que viajaban a lo largo de las cadenas de producción deslocalizadas. La guerra actual ha exacerbado estos procesos hasta un grado extremo. En 2014, los compañeros de Clash City Workers, en su libro «¿Dónde está nuestra gente?», hablaban del fenómeno de la «deslocalización», es decir, de la tendencia de ciertos sectores productivos a regresar a los países capitalistas avanzados, en particular a los Estados Unidos. «Este es el caso del programa de atracción de inversiones extranjeras ‘Select USA’, lanzado en 2011 por la administración Obama, que ‘pretende presentar al país como un destino manufacturero sin igual y apoyar la campaña para el resurgimiento de la manufactura como pilar de la recuperación económica’…

“Emblemático de este ‘nuevo’ escenario es el rumoreado traslado de Foxconn –la tristemente célebre multinacional taiwanesa que trabaja principalmente para Apple y tiene fábricas con cientos de miles de trabajadores en China– nada menos que a Estados Unidos: la ‘solución americana’ podría recordar el modelo adoptado por Marchionne con Chrysler. Bajando el coste de la mano de obra, para apoyar el ajuste y la expansión de los órganos de producción»… «Para decirlo sin rodeos: los trabajadores de Chrysler pasaron de 30 dólares netos por hora antes de la crisis a 15 dólares en 2013».[3] La agenda de la «deslocalización» estaba, por supuesto, en primera línea en el momento de la presidencia de Trump. Trump convocó a los consejeros delegados de Ford, Fiat Chrysler (Sergio Marchionne) y General Motors a la Casa Blanca, prometiendo una amplia «desregulación» a cambio del regreso de la producción a Estados Unidos, y amenazando con fuertes aranceles si no se produce. La respuesta de los directores generales fue tibia y ambigua, lo que pone de manifiesto la dificultad de las multinacionales para volver a tener una visión «nacional» de sus intereses. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho. A menos que las sanciones de guerra de Biden logren hacer lo que los aranceles de Trump no han logrado. Hablamos aquí del gas licuado estadounidense, casi impuesto por Biden a los dudosos aliados europeos, a pesar de que cuesta más, tiene un proceso de extracción más contaminante, debe transportarse por mar y requiere la construcción de regasificadores. Las posiciones fluctuantes de varios gobiernos europeos sobre la cuestión de las sanciones del gas contra Rusia están ahí para indicar las dificultades económicas resultantes de las sanciones. A este respecto, Mattick dice

«… De hecho, este mismo proceso no hace sino ilustrar una vez más la total incapacidad del capitalismo para llevar a cabo una reorganización verdaderamente racional de la economía mundial… El capitalismo, habiendo creado el mercado mundial, es incapaz de garantizar para sí mismo una división pacífica de la explotación mundial y de controlar las necesidades reales de la producción mundial, representando así una limitación para el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas humanas… a menos que se cree un organismo socioeconómico para la regulación consciente de la economía mundial.»

Pero esto parece estar fuera del alcance del modo de producción capitalista. El gasto militar se ha elevado al 2% del PIB, como ya exigió Trump en el contexto de la financiación de la OTAN. Por supuesto, esto conllevará recortes en el gasto público de bienestar (pensiones, sanidad, educación, etc.), que de todos modos son salarios indirectos de los trabajadores. La producción de armas, más o menos de alta tecnología, seguirá creciendo a pasos agigantados. El complejo militar-industrial no renunciará fácilmente a su particular «reproducción ampliada», entre otras cosas porque el grueso de la investigación científica y tecnológica tiene lugar en su seno, con sus crecientes ramificaciones en las universidades privadas y públicas. En este sentido, resultan sorprendentes las declaraciones de Draghi sobre la llamada «Brújula estratégica para la defensa europea», cuando habla de una recuperación económica impulsada por la producción de armas. Evidentemente, se refiere a los pedidos que pueden llegar a la mediana y pequeña industria italiana o, aún más, desde el previsto rearme alemán. En este sentido, se habla de la aparición del «polo imperialista europeo», mientras que en el horizonte se vislumbra un nuevo PNR europeo creado específicamente para apoyar esta política de rearme.

Además, hay que recordar que desde hace más de dos años estamos en un estado de excepción que prácticamente da vía libre al gobierno para legislar mediante decretos ley, un estado de excepción justificado hasta ahora por motivos sanitarios muy cuestionables, y que ahora se amplía por la guerra. A estas alturas, cada vez es más difícil distinguir entre un régimen calificado de democrático y otro tildado de autocrático. Ya al principio de la pandemia, predijimos que se impondrían formas de gobierno autoritarias y decisorias y que aumentaría la militarización del territorio y de la sociedad. A este respecto, nos gustaría recordar que en abril de 2003 la OTAN publicó un informe de 140 páginas titulado «Operaciones urbanas en el año 2020» (UO 2020). El informe preveía, para el año 2020, un aumento de las tensiones económico-sociales, a las que –según el informe– sólo se puede hacer frente con una presencia militar masiva, a menudo durante largos periodos de tiempo. En el UO 2020 se recomienda empezar a utilizar gradualmente el ejército en funciones de orden público a medida que se acerque la crisis global prevista para 2020. Pues bien, estamos en 2022 y los escenarios hipotéticos del informe de la OTAN resultan ser muy actuales, por lo que la recomendación contenida en la última parte «sobre el ejército en función del orden público», que ya está en funcionamiento en Italia desde hace varios años, se ha acelerado precisamente con motivo de la emergencia del coronavirus, marcando una nueva militarización del territorio.

Pero las consecuencias más dramáticas de la guerra en Ucrania y de las consiguientes sanciones antirrusas se están manifestando económica y socialmente. Estamos hablando de lo que se llama una «economía de guerra», sin que haya una guerra declarada abiertamente. Ya al principio de la pandemia de Covid 19 se plantearon ciertos fenómenos que podían hacer pensar en situaciones propias de una economía de guerra. Citamos, por ejemplo, «la reconversión industrial en algunas fábricas para la producción de bienes que ya no están disponibles en el mercado nacional, como las mascarillas o los respiradores… la limitación, ciertamente considerable aunque limitada en el tiempo, del consumo interno, con la excepción del sector alimentario y farmacéutico… el aumento del ahorro privado, que se convirtió así en el objetivo privilegiado tanto de los fondos de inversión como de las emisiones de bonos del Estado».[4] A todo esto se añadió, poco después, la especulación con los precios de los productos de primera necesidad, el toque de queda de facto, adornado con el exótico término de encierro, y la introducción de un pase para acceder a casi todas las actividades, incluido el trabajo, de nuevo disfrazado con un término falsamente ecológico, a saber, el pase verde.

Al fin y al cabo, el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania casi arrastró al olvido todas las bellas promesas de gran desarrollo económico contenidas en el PNR, lo que provocó una aceleración dramática de la crisis. Mientras tanto, otro elemento fundamental de la economía de guerra ya se había puesto en marcha, a saber, el llamativo aumento del precio de las materias primas con el consiguiente resurgimiento de la inflación.

El aumento de los precios afectó, naturalmente, al petróleo, el gas natural o el carbón, de los que hoy existe una gran sobreproducción en el mundo, pero aún más a ciertas materias primas necesarias para la llamada transición verde y digital. Hablamos de cobre, litio (baterías), silicio (microchips), cobalto (tecnologías digitales), metales raros, etc.

«Esta combinación de estancamiento e inflación podría recordar a la gran crisis de los años 70, tras la famosa «crisis del petróleo» del 73, cuando se acuñó el término, que luego se hizo actual, de «estanflación» para describir la nueva situación económica.[5]

Por supuesto, el estallido de la guerra ha llevado estos fenómenos al extremo, incluyendo una inflación galopante que ahora también afecta a los productos de primera necesidad, lo que se traduce en recortes salariales de facto para los trabajadores, así como en aumentos estratosféricos de las facturas de energía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos fenómenos sólo se deben en parte a la guerra de Ucrania y a las sanciones, mientras que la mayor parte de las subidas de las materias primas se debe a la especulación financiera que tiene lugar en la bolsa de Ámsterdam y a los consiguientes sobrebeneficios de las grandes multinacionales de la energía.

El aumento de la factura de la luz ya está provocando algunas reacciones en Europa. En Gran Bretaña, unas 130.000 personas, por el momento, reunidas en el grupo Don’t Pay UK, se han comprometido a dejar de pagar sus facturas de electricidad a partir del 1 de octubre.[6] En Nápoles, hace unos días, un centenar de parados, adheridos al movimiento «7 de noviembre», quemaron facturas que duplicaban o triplicaban las de hace unos meses, durante un presidio frente al edificio del ayuntamiento.[7] En Toulouse, Francia, un colectivo ecologista reivindicó una acción de sabotaje de dos campos de golf de regadío. La acción se hace eco del debate sobre la gestión del agua que anima a la opinión pública francesa, tras la decisión del gobierno de mantener el riego de los campos de golf, mientras prohíbe el de los huertos. Poco antes, en la comuna de Gérardmer, en los Vosgos, se sabotearon las piscinas de cinco casas de vacaciones, tras días de graves trastornos provocados por la fuerte crisis del agua en la región. Mientras tanto, en París, un grupo ecologista, Les dégonfleurs de Suv, reivindicó una serie de acciones para desinflar los neumáticos de los SUV aparcados en la calle, denunciando la responsabilidad de estos vehículos en la producción de emisiones de gases que alteran el clima. Estas acciones están evidentemente dirigidas contra el consumo de los ricos, aludiendo a una justa interpretación clasista de la reducción del consumo de energía.

En cualquier caso, si la situación, como parece muy probable, se precipitara en otoño con el precio del gas disparado a 350 €/MWh, frente a los 25 €/MWh de antes de la guerra, la Unión Europea se vería obligada a tomar medidas en contradicción parcial con el neoliberalismo atlantista. Se habla de «suspender temporalmente el libre funcionamiento del mercado Ttf en Ámsterdam y crear un fondo antiespeculativo financiado por el Banco Central Europeo… Pero, para lograrlo, se necesita la determinación y la cohesión europea, que no existe, con efectos devastadores para la economía real»[8].

De no ser así, cada Estado seguirá su propio camino, como ya ocurre en parte. España y Portugal ya han fijado un tope al precio del gas, apoyándose en la reducida interconexión energética con el resto del continente. Por supuesto, los Países Bajos están en contra de la limitación, ya que se benefician de la venta de su gas a precios elevados, mientras que Noruega, que forma parte de la OTAN pero no de la UE, también hace un buen negocio con la venta de su gas. Francia, como productor de energía con sus centrales nucleares, se ve parcialmente menos afectada por la subida de precios[9], mientras que la economía alemana corre un grave peligro tras el cierre del gasoducto North Stream. Italia es quizás el país que corre más riesgo, ya que importa unos 71.000-74.000 millones de metros cúbicos cada año y su deuda pública se convertiría en un blanco fácil para la especulación financiera. Naturalmente, se acentuarían todas las formas de soberanismo de la derecha y de la izquierda; después de la Hungría de Orban, que sigue comprando gas a Rusia, también ha surgido en la República Checa un movimiento nacionalista contra las sanciones antirrusas.

La evolución hacia una economía de guerra aparece inmediatamente entrelazada con el desarrollo de la cuestión energética. Las relaciones internacionales y la energía son factores que se condicionan mutuamente: la energía de un componente económico se convierte inevitablemente en geopolítico, alterando los equilibrios globales, y en los «vientos de guerra» de estas semanas, el papel central lo tiene el gas. Parece que uno de los principales objetivos de la guerra de Putin en Ucrania era crear divisiones dentro de la UE y, posiblemente, provocar una ruptura con la alianza atlántica. Este segundo objetivo parece difícil de realizar, mientras que las divisiones en el seno de la UE son, en cualquier caso, significativas y difíciles de resolver, incluso si se puede descartar de forma decisiva una vuelta a formas anticuadas de autarquía. Es necesario añadir, sin embargo, que las divisiones en el seno de la UE también pueden ser del agrado de los Estados Unidos, como muestra un breve extracto en vídeo de una conferencia de G. Friedman, un influyente politólogo estadounidense, fechada en 2015.[10] Además, es necesario destacar la importancia de las redes logísticas internacionales dentro de una redefinición de los espacios geopolíticos y de las posibles guerras futuras..

Sin embargo, para completar el escenario, hay que añadir otro elemento relativo a Rusia. La actual guerra económica entre los países de la OTAN y Rusia, con sanciones y contrasanciones, podría tener efectos catastróficos en la economía rusa si la guerra, como parece probable, se prolonga en el tiempo. Las sanciones son financieras, como la exclusión del sistema de transacciones internacionales SWIFT, pero también afectan al acceso de Rusia a tecnologías clave, como el suministro mundial de chips y semiconductores de alta gama, cruciales para su desarrollo militar.

“En definitiva, la invasión de Ucrania por parte de Putin es una gran apuesta que, si no consigue «neutralizar» a Ucrania y forzar a la OTAN a un acuerdo internacional, debilitará gravemente la economía rusa y Rusia no es una superpotencia, ni económica ni políticamente… La economía rusa es un «goteo único», que depende principalmente de las exportaciones de energía y recursos naturales, y tras un breve auge debido al aumento de los precios de la energía entre 1998 y 2010, la economía se estancó básicamente…»[11]

Además, «después de la guerra, Rusia está tratando de redirigir el metano a China. Pero carece de infraestructuras y las sanciones occidentales retrasarán sus planes. Moscú no podrá aumentar el suministro de gas al Este desde los niveles europeos en 2021 hasta dentro de diez años».[12]

Una última consideración: también en esta guerra, como en todas las recientes desde la primera guerra del Golfo en 1990/91, el concepto de «guerra justa» ha sido planteado por ambas partes. La guerra justa se ha convertido en un acto de autojustificación. En particular, hay dos elementos que se entrelazan en este concepto de guerra justa: en primer lugar, la legitimación del aparato militar en la medida en que está éticamente fundamentado; luego, la eficacia de la acción militar para lograr el orden y la paz deseados».[13] A partir precisamente de la primera Guerra del Golfo, la guerra ya no es declarada por un Estado contra otro, sino que se reduce a una intervención policial internacional destinada a crear y mantener el orden. Este fue el caso de la «operación militar especial» rusa en Ucrania, dirigida, según los motivos oficiales, contra formaciones definidas como «nazis», mientras que la respuesta a la agresión del lado ucraniano recibió inmediatamente en Occidente la calificación de «guerra justa».

Notas:

[1] Paul Mattick – «La guerra es permanente«. Véase también mi artículo con el mismo título en Umanità Nova nº 29 de 28/10/2018.

[2] Robert Reich – El trabajo de las naciones – Random House – Nueva York 1992 (tr. it. L’economia delle nazioni: come prepararsi al capitalismo del Duemila – Il Sole 24 Ore Libri – Milano 1995).

[3] Trabajadores de Clash City – ¿Dónde está nuestra gente? Trabajo, clase y movimientos en la Italia de la crisis – La Casa Usher 2014.

[4] La difusión del beneficio. Capitalismo, guerras y epidemias – editado por Calusca City Lights – Ediciones Colibrí, 2020 – La economía de guerra en la época del coronavirus.

[5] Vizconde Grisi – ¿Se acerca la Gran Depresión? – en Umanità Nova – nº 27 de 19/09/2021.

[6] https://m.facebook.com/groups/112407946146/permalink/10159904013601147/?sfnsn=scwspwa.

[7] Letizia Molinari – «Tome medidas concretas, o lo haremos por usted» – JacobinItalia – 31 de agosto de 2022.

[8] Giovanni Cagnoli – Ganar la guerra/Tres propuestas para detener la especulación del precio del gas ahora – Linkiesta.it – 3 de septiembre de 2022.

[9] Sin embargo, las últimas noticias de Francia informan de que 32 de los 56 reactores nucleares están actualmente parados, debido a problemas de mantenimiento y a la sequía que ha secado los ríos que refrigeran las centrales, y nada indica que puedan reanudarse antes del invierno. El anunciado aumento de alrededor del 15% en la factura de la luz, modesto comparado con las subidas en Italia, no se debería a la productividad nuclear. Sin embargo, Francia ha firmado un acuerdo comercial con Alemania para importar electricidad a cambio de gas.

[10] https://www.youtube.com/watch?v=emCEfEYom4A

[11] Michael Roberts – Rusia: ¿de las sanciones al colapso? – Blog de Michael Roberts – 2 de marzo de 2022.

[12] Luciano Capone – Por qué Putin no puede colocar en Asia todo el gas que vendía a Europa -Il Foglio, 13 de septiembre de 2022.

[13] Michael Hardt/Antonio Negri – Impero/Il nuovo ordine della globalizzazione – Rizzoli 2002.