domingo, 24 de julio de 2022

La larga transición ha comenzado

 

Pensar es muy importante, pero exige silencio, esfuerzo, discusión serena, un ambiente propicio al debate de ideas. ¿Cuáles son los cuatro escenarios conectados entre sí que es necesario conocer bien y que marcarán duraderamente nuestras vidas?


La larga transición ha comenzado

 

Manolo Monereo

El Viejo Topo

24 julio, 2022 

 

Querida Ana:

Me haces tantas preguntas que me dejan paralizado y en duda. Hemos perdido la visión global del mundo, sus tendencias básicas. Se puede decir que vamos de hecho en hecho, de acontecimiento en acontecimiento, cada vez más asustados. Si en medio de todo esto hay una guerra en el corazón de Europa, y además vivimos una gigantesca manipulación comunicacional-cognitiva, tenemos motivos para alarmarnos seriamente.

La historia avanza a saltos, la normalidad y la excepción se relacionan en el espacio y en el tiempo. Lo que antes nos parecían verdades cotidianas, hoy entran en un periodo de cuestionamiento. El presente ya no es lo que era y el futuro tampoco. La pandemia nos ha hecho interiorizar nuestras fragilidades, lo mucho que dependemos unos de otros y que todos y todas necesitamos ayuda. Nuestra autonomía es siempre provisional y las crisis nos muestran que no hay personas al margen o fuera de la sociedad sabiendo -es bueno recordarlo- que esta es profundamente desigual y en la que el poder está en manos de los grandes grupos financieros y empresariales regidos por una ley de hierro basada en el beneficio. Su ética consiste en convertir vicios privados en virtudes públicas a través del omnisciente y omnipresente mercado capitalista. 

Es bueno hablar de la pandemia. Nuestra debilidad, nuestra fragilidad puede ser un motor del cambio hacia una sociedad más justa e igualitaria o el inicio de un nuevo proceso de opresión, control y sobreexplotación. Lo que se llama el gran resert no es otra cosa que el nombre que se le pone a una contrarrevolución preventiva que intenta, una vez más, usar las nuevas tecnologías como instrumento de dominación. Los que mandan han aprendido mucho, sus técnicas han penetrado en nuestra consciencia, donde se elaboran los sueños, se crea el sentido común, se organiza el pensamiento crítico y, sobre todo, se fundamentan las rebeldías justicieras. Saben cómo somos cada vez más, nos conocen con mucha precisión y manipulan demandas, necesidades, aspiraciones y esperanzas.

Pensar es muy importante, pero exige silencio, esfuerzo, discusión serena, un ambiente propicio al debate de ideas. La clave es la de siempre: no aceptar lo dado como evidente y cuestionar las informaciones, los valores y las ideologías que transmiten unos medios de comunicación cada vez más controlados por el poder, por los poderes económicos, tecnológicos, políticos y comunicacionales-cognitivos. Un dato del que partir es que las crisis desvelan la realidad que la normalidad oculta. Las relaciones de fuerza, los discursos de los grandes grupos financieros, la prepotencia de la patronal, aparecen tal como son realmente. Nos lo dicen abiertamente, tenemos que vivir peor, los salarios tienen que ir por detrás de la inflación, la guerra en Ucrania nos obliga a sacrificios y, de nuevo, nuestras pensiones, nuestros derechos conquistados están en peligro. 

Como en otras épocas de nuestra historia, el miedo se empieza a convertir en una segunda piel. No nos deja pensar, no nos deja organizarnos ni luchar. Buscamos soluciones que den seguridad, que ordenen nuestro mundo y que, es una ilusión, generen un poco de futuro. Muchas veces pasamos de la izquierda a la derecha y circulamos muy cerca del poder. Votar al poder y a los que mandan está en nuestro imaginario. Durante años fuimos súbditos; la política era estar callados y pensar para adentro conviviendo con la delación, la injusticia y hasta con el crimen. Estas cosas dejan huella. Sabemos que se transmiten de generación en generación. Votar al poder es elegir a los que mandan y no se presentan a las elecciones, convertir el miedo en elección libre y democrática, Vox mediante.

Sí, querida Ana, el mundo está cambiando aceleradamente. Los de mi edad veremos solo un resplandor, un prólogo; tú lo verás en versión completa para bien o para mal. Organizar la esperanza siempre ha sido una tarea colectiva que exige compromiso, coraje moral y lucha social. ¿Qué está pasando delante de nuestros ojos?

  • El fracaso de ese constructo que se llamó la globalización neoliberal. Era –y sigue siendo– el gran proyecto de la pax norteamericana. Los EEUU se convirtieron en la “híper potencia”, derrotaron al “imperio del mal” y no tenían alternativa. Se pusieron manos a la obra para construir un mundo a su imagen y semejanza; los ganadores siempre se han creído con el derecho a explotar su victoria. Unas veces lo hicieron por las buenas; otras –casi siempre– por las malas; sus enemigos se convirtieron en enemigos de todos y fueron combatidos ferozmente: Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia… Su objetivo estratégico era claro: impedir el surgimiento de una potencia o conjunto de potencias que pudieran cuestionar el dominio y el control de EEUU en el mundo.
  • La crisis ecológico-social del planeta. Se habla tan vanamente de los problemas medioambientales, se comercia tanto con ellos y se abusa sin medida y consideración sobre supuestas e inocuas soluciones que corremos el peligro de no tomárnosla en serio. Que los equilibrios básicos que reproducen la vida en nuestro planeta se están modificando dramáticamente lo viene diciendo la comunidad científica desde hace muchos años. Crisis climática, de recursos, energética se anudan en un planeta finito que empiezan a descontar futuro. ¿Dónde está lo nuevo? En el engarce dramático entre cambios geopolíticos, escasez de recursos y conflictos político-militares generalizados.
  • La gran transición geopolítica. A pesar de todos los esfuerzos de los EEUU y de la OTAN, el mundo avanza, los pueblos siguen aspirando a su soberanía, al control de sus recursos, reclamando en todas partes bienestar social, justicia y una democracia sustancial. Ha ocurrido muchas veces en la historia. Los imperios, de una manera u otra, acaban generando sus alternativas. China, en apenas dos siglos, ha salido -a través de un proceso difícil y muy duro- del dominio de Occidente y vuelve a una historia de la que nunca se fue del todo. Con ella llegan India, Indonesia, Paquistán, Indochina. África y América Latina no quieren seguir siendo objeto de la historia y pretenden ser protagonistas determinantes de la misma. Esto no lo para nadie; insisto, nadie; o quizás sí, pero sería el final de la especie humana sobre el planeta. La tijera se cierra entre el infierno climático o el invierno nuclear.
  • El largo declive de Occidente. Decía un viejo maestro, Aníbal Quijano, que el llamado descubrimiento de América significó el nacimiento de tres capítulos esenciales de nuestra vida: la modernidad, el capitalismo y el racismo. El dominio euroamericano se desplegó en un mundo que se fue convirtiendo cada vez más en ancho y ajeno. Las banderas del libre comercio llegaron a todas partes precedidas de los cañones de los grandes buques holandeses, británicos, franceses y norteamericanos. Ellos convirtieron a Occidente en el mundo e impusieron a sangre y a fuego su cultura, sus valores, su religión. Siempre el racismo como clasificación social dominante y, en medio, un proceso sistemático de aculturación social que nunca consiguió matar del todo identidades, lenguas, imaginario y tradiciones.

Querida Ana, como verás, se trata de una transición de época histórica de dimensiones inéditas. Se podría hablar de transición civilizatoria. ¿Dónde está el problema? Antes lo he insinuado, en la guerra. En la literatura académica se habla de la “Trampa de Tucídides”. El conocido historiador griego dio cuenta de las guerras del Peloponeso que tenían como fundamento la rivalidad existencial entre una potencia dominante (Esparta) y una potencia emergente (Atenas). ¿Dónde está la trampa? Consiste en elucidar si esta rivalidad conduce o no necesariamente a la guerra. Lo intento explicar desde los problemas reales de hoy. En primer lugar, hay consenso en que EEUU está perdiendo peso económico, tecnológico y empresarial. En segundo lugar, se constata que este país sigue siendo –con mucha diferencia– la mayor potencia militar del mundo. Posee 800 bases repartidas en más de 80 países y, junto con la OTAN, tiene un gasto militar que es el 60% del mundial. En tercer lugar, se conoce desde hace tiempo que ha emergido una nueva gran potencia (China) que, de una u otra forma, está cuestionado el control y el dominio de EEUU sobre el mundo; todo esto en un proceso histórico en el que el eje del poder está transitando del Oeste al Este, de Occidente a Oriente.

El problema es el siguiente: ¿estará dispuesto EEUU a aceptar pacíficamente una transición a un mundo multipolar, de dominio compartido entre grandes potencias que fundamente un nuevo orden internacional? No lo creo. Me gustaría decir que sí, pero no lo veo posible. De hecho, desde que los EEUU controlan y organizan el mundo, hemos vivido una sucesión de guerras interminables, de conflictos bélicos permanentes, casi siempre mal resueltos por la gran potencia norteamericana. Todas han tenido la misma característica, la enorme superioridad militar de los EEUU y de la OTAN. José Luis Fiori lo ha definido muy bien: la potencia desafiada produce continuamente orden y desorden, conflictos y guerras en una espiral sin fin.

La guerra de Ucrania hay que verla en este contexto: el gigantesco esfuerzo para impedir o frenar el declive. EEUU sabe perfectamente que, en apenas 6 o 7 años, el mundo girará definitivamente hacia Oriente y que China se convertirá –ya en parte lo es– en la gran potencia regional. No lo consentirá e irá a la guerra. De hecho, la guerra en Ucrania lo es por delegación; el objetivo no es otro que debilitar a China golpeando a su retaguardia estratégica. Como suele decir Biden, en esta guerra los ucranianos lucharán hasta el último hombre, pondrán los muertos y la OTAN seguirá dirigiendo la operación.

La pregunta hay que hacérsela: ¿si hubiese una Europa independiente y soberana habría una guerra en Ucrania? Sin un acuerdo entre Europa y Rusia no habrá ni paz ni seguridad para nuestros pueblos. La OTAN sirve para convertir a los Estados europeos en aliados subalternos de EEUU y de sus grandes opciones estratégicas que poco o nada tienen que ver con nuestros intereses y nuestras necesidades.

Querida amiga, quisiera termina invitándote a una reflexión que tiene que ver con el presente y, sobre todo, con el futuro. Hay cuatros escenarios conectados entre sí que es necesario conocer bien y que marcarán duraderamente nuestras vidas. Del primero ya he hablado al principio de esta larga carta, el escenario comunicacional-cognitivo. De esto ya sabemos mucho, los grandes medios se han convertido en terminales del aparato de inteligencia y (des)información de la OTAN. Han desaparecido, en muy poco tiempo, las voces críticas, se han cerrado medios de comunicación, a mi juicio, ilegalmente y nos llega solo una opinión convertida en discurso disciplinario.

Un segundo escenario tiene que ver con la guerra en Ucrania. No quiero dedicarle más tiempo. Poco a poco la verdad, la otra verdad, la prohibida, irá apareciendo y tendremos una visión más equilibrada. Hay siempre un peligro manifiesto: la escalada; es decir, que Rusia vaya avanzando y que EEUU incremente, cada vez más, su potencial de fuego y que, sobre todo, el marco geográfico se amplíe. Esto empieza a estar ya delante de nuestros ojos.

El tercer escenario es el Mar de China Meridional. EEUU está repitiendo lo que hizo en su momento con la URSS y ahora con Rusia: organizar una coalición de Estados contra China con el objetivo de aislarla, asediarla y agotarla en una estrategia prolongada de desgaste. Lo que se quiere conseguir es propiciar un cambio de régimen; es decir, crear una situación que conduzca a una inestabilidad económica, división política y étnica y al conflicto social. Nunca cederán hasta -repito- llegar al enfrentamiento militar. De hecho, se busca, como en Ucrania, que este se localice en y por Taiwan.

El cuarto escenario está en formación y empezamos a tener noticias. Me refiero a África y, específicamente, a la África subsahariana. Muchos se han sorprendido del espectacular giro de la política de Pedro Sánchez sobre Marruecos y sobre el Sáhara. Yo no. Marruecos se va a convertir en el Estado-gendarme del Magreb que es aliado estratégico de EEUU y de la OTAN, pieza clave para el control geopolítico de un continente que explosiona y que cada vez está más lejos de Occidente. La nueva frontera se está marcando en el Sahel y todo apunta a un conflicto político militar entre Marruecos y Argelia. España se convierte en aliado estratégico de un Marruecos que nos tiene tomada la medida y que sabe defender sus intereses con firmeza.

En estos días se llora mucho sobre las muertes en la frontera de Melilla. Lágrimas de cocodrilo e hipocresía institucionalizada. Marruecos cumple con el papel asignado. La UE y España le exigen el estricto cumplimiento de lo acordado. Es típico en nuestro mundo asignar a otros el trabajo sucio. Pero no nos equivoquemos, de aquí al 2050 la mitad de crecimiento mundial de la población estará en África. Sus problemas demográficos, económicos y climáticos se agudizarán dramáticamente. Como viene diciendo la OTAN desde hace muchos años, las migraciones se convertirán en un problema político-militar de grandes dimensiones.

Termino definitivamente. Muchos piensan que hoy poco o nada se puede hacer, solo resignarse, aguantar y esperar mejores tiempos. Nunca he creído en eso. No hay las alternativas individuales. Si algo me dice la experiencia es que las personas, para hacer política de verdad, necesitan dotarse de un proyecto, organizarse, crear vínculos sociales e insertarse sólidamente en el conflicto social y territorial. Así es como se han obtenido las conquistas históricas, los derechos sociales y políticos que, como la vida enseña, son siempre provisionales y reversibles. 

Este debate nos llevaría muy lejos, y, como dicen las series, continuará. 

Fuente: Revista Éxodo.

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Naciones Unidas celebra el acuerdo comercial entre Ucrania y Rusia para permitir las exportaciones de trigo

 

Naciones Unidas celebra el acuerdo comercial entre Ucrania y Rusia para permitir las exportaciones de trigo


TERCERAINFORMACION / 23.07.2022

El acuerdo firmado hoy por Ucrania, Rusia y Turquía, bajo los auspicios de la ONU, abre un camino para las exportaciones comerciales de alimentos desde esos países en el mar Negro.

Acuerdo Rusia-Ucrania / PL

 

Así destacó por medio de su cuenta oficial en Twitter el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien participó en Ankara en la rubrica de ese pacto este viernes.

El acuerdo ayudará a evitar una catástrofe de escasez de alimentos para millones de personas en todo el orbe, apuntó también el diplomático portugués.

Además, recalcó, requirió de un inmenso esfuerzo y compromiso y debe implementarse por completo, porque el mundo lo necesita desesperadamente para hacer frente a la crisis alimentaria global.

Por ello, Naciones Unidas permanecerá estrechamente involucrada en las labores encaminadas a garantizar el éxito de ese pacto, subrayó Guterres.

La iniciativa, firmada por Ucrania, Rusia, Turquía y la ONU, permitirá la exportación de más de 20 millones de toneladas de grano ucraniano que no había podido trasladarse hasta ahora a puertos del Mar Negro.

También abre la vía para exportaciones de alimentos desde tres importantes puertos ucranianos del mar Negro, como Odessa, Chernomorsk y Yuzhny.

Del mismo modo, se llegó a un acuerdo para facilitar el acceso sin trabas a los mercados mundiales de alimentos y fertilizantes procedentes de Rusia.

Representantes oficiales de Moscú, Ankara, Kiev y Naciones Unidas firmaron este viernes un documento que establece el tránsito seguro de cereales por el mar Negro, según resaltan medios de prensa. El titular de Defensa ruso, Serguei Shoigu; su similar de Turquía, Hulusi Akar; el ministro ucraniano de Infraestructura, Alexander Kubrakov, y el secretario general de la ONU rubricaron el acuerdo.

Tal pacto deja clara también la participación de Naciones Unidas en el trabajo para eliminar las limitaciones a la comercialización del trigo y fertilizantes de Rusia en el mercado internacional.

El pasado 24 de febrero, el presidente Vladimir Putin anunció el inicio de una operación militar en Ucrania para desmilitarizar y desnazificar ese país, tras lo cual Occidente lanzó una guerra económica contra Rusia con más seis mil medidas punitivas hasta el momento.

La firma del arreglo de este viernes conlleva la creación de un corredor seguro para la salida de naves desde los puertos ucranianos de Odessa, Yuzhni y Chernomorsk.

Por otra parte, prohíbe la presencia en el traslados de las referidas mercancías de técnica de combate: ni aviones, ni drones ni naves de guerra podrán acercarse a ese recorrido a una distancia determinada con anterioridad.

Las embarcaciones que se dirigen a los puertos ucranianos serán sometidas a inspecciones por un grupo conjunto que prevé la participación de Rusia, Turquía, Ucrania y la ONU.

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La ruptura de la Unión Europea

 

La ruptura de la Unión Europea

 

DIARIO OCTUBRE / julio 23, 2022


Desde los confinamientos el mercado mundial viene dando signos de fragmentación, e incluso en Europa la cohesión entre los 27 miembros de la Unión Europea deja mucho que desear, tanto en el sector financiero como en el industrial.

 

La Comisión Europea intenta encontrar una respuesta unificada para preparar al continente para un invierno sin gas ruso pero, como venimos anunciando, algunos Estados miembros se niegan a ayudar a los más afectados por la interrupción del suministro de gas ruso y otros, como Hungría, prefieren recurrir a Rusia antes que ceder ante Bruselas.

Algunos países, como Alemania, están muy expuestos a la caída de los suministros de Moscú y llaman a la solidaridad, mientras otros se niegan a ello. “A diferencia de otros, España no ha vivido por encima de sus posibilidades en materia de energía”, dijo Teresa Ribera, ministra de Transición Energética, en referencia a la forma en que Berlín, en particular, hizo pagar a varios países del sur por haber “vivido por encima de sus posibilidades” en 2008.

Junto con Grecia y Portugal, Madrid rechaza el llamamiento a la reducción del consumo energético de la Comisión Europea para ayudar a los países más afectados por la crisis. “No podemos hacer un sacrificio desproporcionado sobre el que ni siquiera se nos ha pedido opinión”, dijo Teresa Ribera.

En una entrevista concedida al diario Público, el Secretario de Estado de Medio Ambiente y Energía de Portugal, Joao Galamba, afirmó que el gobierno “no aceptará” una propuesta que calificó de “insostenible” y “desproporcionada”.

La exposición al gas ruso de España y Portugal es muy baja. Han invertido mucho en energías renovables en los últimos años y tienen una gran capacidad de almacenamiento y regasificación de gas licuado transportado por barco. Su situación es diferente a la del norte de Europa. “Seremos solidarios, pero la solidaridad también significa que no haremos pagar a los portugueses para compensar el retraso de otros cuando podrían, como nosotros, haber invertido en renovables”, dijo hace unos días el primer ministro portugués, Antonio Costa.

Según Bruselas el ahorro energético permitiría ahorrar unos 45.000 millones de metros cúbicos de gas, una cantidad equivalente a la que faltaría si Rusia cortara completamente el flujo y en caso de un invierno especialmente frío. En estas condiciones, “las medidas unilaterales no conducen a nada efectivo y corren el riesgo de afectar a toda la seguridad energética del mercado único”, advirtió Frans Timmermans, responsable medioambiental de la Comisión Europea.

“Todos los Estados miembros sufrirán las consecuencias de una perturbación del mercado único. Por eso es importante que todos los Estados miembros contribuyan ahora al ahorro y al almacenamiento y estén dispuestos a compartir el gas con otros vecinos en caso de interrupción. La solidaridad energética es un principio fundamental de nuestro tratado”, añadió Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

En caso de escasez grave en las próximas semanas o meses, la Comisión Europea hará obligatoria la reducción del 15 por cien, una medida que sería rechazada por una mayoría cualificada de Estados miembros.

Las sanciones económicas han tenido un efecto contraproducente en Hungría, que se ha acercado a Rusia tanto como se ha alejado de Bruselas. Hungría importa el 80 por cien de su gas de Rusia y se beneficia de precios favorables.

Es una gran paradoja, muy difícil de justificar: mientras Bruselas teme que Rusia corte el grifo, el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, ha viajado a Moscú para discutir nuevas entregas de gas.

Bruselas hace llamamientos a la unidad europea porque tal unidad se empieza a desmoronar. Sin embargo, siempre ha tenido y sigue teniendo otra opción: abrir el grifo del Nord Stream 2, cuya apertura lleva paralizada desde antes de la Guerra de Ucrania.

FUENTE: mpr21.info

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sábado, 23 de julio de 2022

Inflación desbordada. [La guerra de Ucrania, que no la ha empezado Putin (no obstante a la OTAN hay que deshacerla) sino las contradicciones del modo de producción capitalista representa una guerra entre los principales grupos de capitalistas para lograr la supervivencia del capitalismo y no para mejorar la suerte de ningún trabajador (contra la guerra de Ucrania tenemos que estar todos los trabajadores porque va contra los intereses de todos los trabajadores). La inflación es un instrumento más en manos del capital para extraer fondos directamente de los bolsillos de los trabajadores (tener que trabajar más para obtener lo mismo, o menos. A esto se reduce la inflación). La inflación la explica mejor que la guerra de Ucrania (donde no tiene su raíz) la crisis de 2008 que tiene la particularidad respecto a las anteriores crisis capitalistas de marcar el inicio inapelable del proceso histórico de la extinción histórica del modo de producción capitalista que ti-e-ne-que-ser-sus-ti-tu-i-do-por-el-mo-do-de-pro-duc-ci-ón-so-ci-a-lis-ta (que es otro proceso histórico y forma parte de las leyes de la ciencia histórica –descubierta por Marx, eso sí- no por ningún soplagaitas, vamos, que no es ocurrencia mía ni de nadie. Y cuanto más tardemos los trabajadores, porque depende del grado de conciencia que logremos obtener los trabajadores (conocimiento claro, objetivo y profundo) y no de la aparición de ningún líder catapúm chin, chin, que me votéis que esto lo arreglo yo. Cuanto más tardemos los trabajadores en darnos cuenta y entender lo que está pasando mayores y más profundas serán nuestras penurias y calamidades, y por este camino es como lograremos entender la inflación, la guerra de Ucrania y, lo fundamental: encontrar el rayito de luz que nos dé la esperanza (porque la hay) de poder salir de la oscuridad en la que estamos que tanto nos amedranta, que tan bien dominan y manejan los intelectuales e ideólogos al servicio de los grandes capitales que hace que nos comportemos como animales dóciles y asustados]

 

El nivel actual de la inflación en España nos retrotrae a una situación de tres o cuatro décadas atrás. No es un producto de la guerra de Ucrania, empezó antes. La inflación no golpea a todo el mundo por igual. ¿Qué puede hacer el gobierno?


Inflación desbordada


Albert Recio

El Viejo Topo

23 julio, 2022 




I

Hay cuestiones que consiguen acaparar todo el debate económico. La inflación es una de ellas. Sobre todo cuando se encuentra en un nivel que nos retrotrae a una situación de tres o cuatro décadas atrás. La inflación actual no es un producto de la guerra de Ucrania, empezó antes. Mi primer comentario al tema lo realicé en la primera entrega de este cuaderno, en septiembre pasado. En ese momento, la inflación se consideraba como un problema pasajero, fruto del rebote de la actividad económica tras el parón de los confinamientos. En aquel momento especulé con la posibilidad que la situación acabara en un proceso de estanflación parecido al de la década de 1970. Era sólo una reflexión basada en el paralelismo que existía entre ambas situaciones, ante la evidencia de que, en ambos casos, estaba de por medio el aumento de los precios de los combustibles fósiles. Hoy el debate sobre la estanflación vuelve a pulular en los medios económicos mostrando, una vez más, que la capacidad de anticipar problemas de las grandes instituciones económicas suele ser bastante reducido. Descubren los problemas cuando estos ya se han producido. Sobre todo porque los modelos analíticos que utilizan están diseñados de forma que prolongan las tendencias del pasado hacia el futuro y son insensibles en captar los elementos que pueden generar cambios bruscos. Ya se sabe que uno percibe lo que mira. Y la economía convencional utiliza unos visores que tienden a excluir muchos elementos básicos de la realidad.

II

La inflación no golpea a todo el mundo por igual. Que el IPC aumente un 8% o un 10% no significa que todos los precios aumenten a este ritmo. Es sólo un índice que trata de condensar la variación de miles de precios. Y que es sensible tanto al peso que se da a cada producto en la confección del índice como a la toma misma de precios. Como los precios varían a diferentes ritmos y el consumo de cada persona es diferente (casi siempre asociado al nivel de renta) las variaciones de los precios afectan de forma desigual. Por ejemplo, que se encarezcan los hoteles afecta poco a los pobres que no suelen visitar este tipo de establecimientos. Que lo hagan los alimentos básicos, en cambio, tiene un efecto demoledor para las economías domésticas más débiles. De la misma forma, quien consigue que sus precios suban más que la media puede ver mejorada su situación, y viceversa para quien sus ingresos están estancados.

La confianza de muchos economistas de que el actual proceso inflacionario se moderará se basa en la diferente situación social respecto a los años setenta. En aquellos tiempos, las organizaciones sindicales eran muy fuertes, tenían una enorme capacidad de movilización y conseguían generar huelgas en demandas de aumentos salariales para compensar las alzas de precios. En diversos países, los convenios colectivos contenían cláusulas de revisión salarial que neutralizaban la inflación. Las subidas de salarios alimentaban a su vez nuevas subidas de precios lo que acaba generando un proceso sostenido de inflación.

Hoy la situación es muy diferente: los sindicatos son mucho más débiles, la población asalariada está mucho más atomizada y las cláusulas de revisión son poco comunes. Es decir, que van a ser los asalariados quienes van a pagar mayoritariamente el pato de la inflación al no poder actualizar salarios y tener que encajar una caída de sus ingresos reales. Una perspectiva que tiene bastante verosimilitud: la negativa de la patronal a negociar un pacto de rentas es un indicativo de que son conscientes de que difícilmente se producirá un conflicto salarial sostenido y generalizado. Los sindicatos son demasiado débiles y poco implantados en muchos sectores para promoverlo. Aunque una inflación prolongada puede ofrecer un espacio de reactivación de la lucha sindical.

Lo que es cierto que una subida prolongada de precios del nivel actual genera un espacio de conflicto que puede resultar insoportable y tener muchas derivaciones. Una es el ya apuntado repunte de la acción sindical. Otro, más probable a corto plazo, son las movilizaciones de sectores (como el transporte) directamente afectados por el alza de carburantes. Se trata de sectores con capacidad de generar conflictos importantes en un mundo donde la logística ha visto aumentada su importancia a causa de la configuración espacial impuesta por las políticas globalizadoras. Sabemos, por experiencias anteriores, lo que suponen estos movimientos, su escaso calado social y su fácil apropiación por la derecha. Una situación de inflación sin control y con recurrentes conflictos de transporte puede acabar generando un clima de desánimo social devastador.

III

Ante la inflación, el Gobierno se enfrenta a un tipo de problemas que en el marco actual sale completamente de su capacidad de actuación. Aunque a veces se realizan pomposas declaraciones, realmente lo único que puede conseguir es paliar alguno de los efectos más nocivos de la situación. Y también en esto está limitado por una razón política fundamental: mientras lo más racional debería ser focalizar las medidas en apoyar a las personas y sectores más afectados por el problema, sus propuestas están condicionadas por la necesidad de convencer a un electorado amplio de que se está ayudando a todo el mundo.

Es fácil constatar esta cuestión analizando las principales medidas adoptadas. En este sentido, se han introducido medidas para garantizar rentas a los sectores más empobrecidos y para quienes la inflación actual es devastadora: aumento del 15% de la cuantía del Ingreso Mínimo Vital (IMV) y de las pensiones no contributivas, o paga de 200 euros a las personas con ingresos inferiores a los 14000 euros anuales. Hasta la rebaja de los abonos del transporte público pueden incluirse en esta orientación, en la medida de que hay evidencia empírica que el uso del transporte público es mayor en los sectores de rentas bajas. En cambio, otras medidas como la reducción del IVA y la subvención de 20 céntimos a los carburantes no sólo son más dudosas en términos de eficiencia energética, sino que son posiblemente regresivas (pero llegan a mucha gente de rentas medias y altas que son los que al final votan).

Sostener rentas básicas debe ser el primer objetivo de una política frente a la inflación. La cuestión es si lo aprobado es suficiente y adecuado. Un primer problema tiene que ver con el propio acceso a estas medidas. La implantación del IMV ya puso de manifiesto las carencias burocráticas que impiden que una parte de la población acceda a un ingreso al que tiene derecho. Y esto puede también ocurrir con la nueva paga que exige un trámite digital. La otra cuestión es la del límite de los 14000 de ingresos familiares para acceder al nuevo ingreso, un nivel equivalente al 45,8% de la renta familiar media, lo que indica que seguramente hay una bolsa social muy grande de gente que excede un poco de este tope que está pasando graves dificultades y que no accederá a estas ayudas. En un estudio reciente de Clara Martínez-Toledano, Alice Sedano y Miguel Artola[1] se muestra que en los últimos años han sido las rentas del 50% más pobre de la población las que han experimentado un retroceso de 3 puntos del PIB que ha ido a parar por entero al 1% más rico (que ha visto incrementada su participación en un 3,5). Seguramente, el resultado puede variar en función de los años de referencia que se tomen, pero lo crucial es observar este proceso de polarización de la renta que supone, además, que mucha gente lo pasa muy mal. Una política seria debería cubrir a este 50% empobrecido, algo a lo que sin duda no alcanza la propuesta actual.

Lo de bajar impuestos a los carburantes o subvencionarlos es cuestionable. En primer lugar porque, como se ha visto, gran parte de la rebaja la acaban absorbiendo los aumentos de precios que practica el sector. En segundo lugar, porque el uso del vehículo privado está asociado al nivel de renta y, por tanto, es mayormente una subvención a las capas medias. Tiene sentido que se focalicen medidas en el sector del transporte, tan desregulado y dominado por autónomos con escaso poder contractual frente a las grandes empresas de transporte que controlan la operativa. Puede incluso considerarse un coste para evitar revueltas incontrolables. Pero es mucho más dudoso seguir dando ayudas a un modelo de transporte privado necesitado de un profundo cambio.

El coste de las medidas es oneroso y añade endeudamiento a unas cuentas públicas que no se han recuperado de las viejas políticas de austeridad y del mal endémico de un sistema fiscal insuficiente. Visto el endeudamiento actual y el cambio en la política monetaria (que encarecerá la deuda) parece obvio que en un plazo más corto que largo volveremos a estar presionados para realizar un nuevo ajuste fiscal. Y la experiencia en este caso es clara: la única forma de evitar que se repita un desastre como el del 2010 es aumentando impuestos en lugar de recortar gastos. De hecho, esta ya era una necesidad anterior. Pero aumentar impuestos es impopular en un país con una bajísima cultura fiscal y una población que día sí otro también está bombardeada con el mantra de los bajos impuestos (basta meterse en las redes sociales para comprobar que cada día te llegan mensajes capciosos en este sentido). Bajar impuestos es dar una mala señal en un momento donde precisamente se requiere buena pedagogía fiscal.

IV

Las respuestas actuales carecen de un enfoque adecuado para afrontar en serio las cuestiones que están en el origen del problema. El alza de precios puede estar provocado por un incremento de costes, por bloqueos en los procesos productivos, por actuaciones de especulación o por prácticas monopolistas. Las respuestas a aplicar deberían ser diferentes en cada uno de los casos, pero para enfocar bien la cuestión primero hace falta conocer al detalle cuáles son las cuestiones en cada caso. Hace mucho tiempo que la economía industrial que se encargaba de analizar estas cuestiones ha perdido peso y se ha dejado a “los mercados” que actúen libremente. Los mercados como tales no son nada, detrás de ellos están individuos o empresas que los manejan y los articulan, y son esas actuaciones las que hay que controlar. Los actuales organismos reguladores, tipo la CNMC, son insuficientes para este cometido. En todo caso, intervienen ante coaliciones muy obvias, pero no realizan una política sostenida de análisis y monitoreo (lo pudimos constatar en su informe sobre el impacto de los pisos turísticos sobre el coste de la vivienda) y, además, sus componentes tienen, a menudo, fuertes conexiones con las empresas que en teoría deben controlar. Sirva como ejemplo que la actual presidenta de la CNMC es una antiguo alto cargo del bufete Cuatrecasas, el segundo mayor de España, defensor de cientos de intereses empresariales.

Hay miedo, y limitaciones legales, a intervenir en los mercados, como se ha puesto de manifiesto en el caso de la regulación de los alquileres. Hay una rendición cultural de técnicos y políticos, salvo excepciones, a los intereses de las grandes corporaciones, y esto se traduce en una impotencia de las políticas para atajar cuestiones específicas de sectores concretos. Ciertamente, en el pasado se han producido muchas intervenciones insensatas que han desprestigiado las políticas industriales. Pero la situación actual reclama su retorno aprendiendo del pasado. Y por ello considero clave que estas intervenciones vengan precedidas de análisis detallados acerca de cómo funciona realmente cada sector.

Hay, en el contexto actual, otra cuestión crucial: la de determinar en qué medida el alza de los costes energéticos es un producto de la caída de la extracción de crudo y gas y de un aumento del coste de extracción relacionado con el hecho que se está interviniendo en yacimientos menos eficientes o más difíciles de operar. Si esto es así, el alza de los costes energéticos va a seguir en el futuro, o cuando menos no vamos a experimentar caídas de precios como las ocurridas en décadas pasadas. Unos precios en aumento que garantizan fuertes rentas a los propietarios del recurso (basta entender el viejo modelo de David Ricardo sobre la puesta en servicio de tierras marginales para entenderlo). Se trataría de una manifestación en el plano convencional de los efectos de la presión sobre los recursos que hace tiempo venimos denunciando. Por eso, esta inflación debería poner en primer plano la necesidad de iniciar una remodelación profunda de nuestro modelo económico. Una transformación que no es fácil de llevar a cabo y que puede generar costes sociales insoportables. Defender sin más el decrecimiento sin preocuparse de discutir los procesos de reconversión social, productiva, del consumo que se requiere para poder alcanzar una sociedad ecológica y socialmente viable, me parece tan irresponsable como seguir manteniendo el mantra del crecimiento económico. Por eso, la única forma de abordar en serio la actual crisis es plantear propuestas y alternativas frente a la crisis energética y alimentaria que alimenta la actual inflación. Si no somos capaces de introducir este debate estamos condenados a acabar sumergidos en un nuevo ajuste neoliberal.

Notas

[1] Desigualdades de la renta y la redistribución en España: nueva evidencia a partir de la metodología del World Inequality Laboratory. Un resumen detallado se publicó en Infolibre el pasado 22 de junio.

Fuente: Mientrastanto.org

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Lavrov repasa los momentos clave del cambio político tras el Maidán: “Zelenski es fruto del golpe de Estado”

 

Lavrov repasa los momentos clave del cambio político tras el Maidán: “Zelenski es fruto del golpe de Estado”


julio 22, 2022

 

El canciller ruso declaró que la élite política ucraniana, que llegó al poder como resultado de los sucesos de 2014, tiene "un código nacional" que se basa en la discriminación de los rusos y su idioma.

El presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski. | Ukrainian Presidential Press Office / AP


El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, participó este miércoles en una entrevista con la redactora jefa de RT y del grupo Rossiya Segodnya, Margarita Simonián, donde hizo un repaso de los momentos clave que condujeron al establecimiento del actual Gobierno de Ucrania.

 

Al ser preguntado por qué Moscú reconoce la legitimidad del presidente ucraniano, Vladímir Zelenski, si él es uno de los líderes que llegaron al poder como resultado del Maidán, el golpe de Estado en Ucrania en 2014, el canciller ruso mencionó la conversación entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo francés, Emmanuel Macron, filtrada por el Palacio del Elíseo, en la que cuando el mandatario francés intentaba “convencer” a su par de “no comprometerse demasiado” en la aplicación de los acuerdos de Minsk y de negociar con Kiev, Putin afirmó que “Zelenski es fruto del golpe de Estado”. “Y este régimen no desapareció“, puntualizó Lavrov.

El diplomático indicó que hace un par de años habló con sus colegas de Francia y Alemania para preguntarles por qué no exigieron que se aplicara el acuerdo con el entonces presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, que se comprometieron a garantizar y, así, “los golpistas simplemente les escupieron en la cara”. “Ya sabes, los costes del proceso democrático“, citó a esos políticos Lavrov.

Golpe de Estado en Ucrania 

Por otro lado, Crimea y el este de Ucrania se negaron a reconocer los resultados del golpe de Estado. “En Crimea todo terminó con un referéndum para unirse a Rusia, y en Donbass terminó con el rechazo de comunicarse con el Gobierno central, y el Gobierno central, ilegítimo, comenzó una guerra”, recordó Lavrov.

Entretanto, explicó que Moscú no objetó la legitimidad del expresidente Piotr Poroshenko, que llegó al poder tras el golpe de Estado, ya que este prometió “restaurar los derechos de todos los ucranianos, incluyendo los derechos de los que viven en Donbass”.

“Pero resultó que muy pronto Poroshenko se olvidó al instante de todas sus promesas electorales, engañó a todos sus votantes, y les mintió a ellos y a los patrocinadores occidentales”, señaló Lavrov. “Y desencadenó otra ronda de guerra que se logró detener con gran dificultad en febrero de 2015”, agregó.

Tras esto, se firmaron los acuerdos de Minsk, que, no obstante, el entonces presidente ucraniano “no tenía intención de cumplir”, algo que recientemente reconoció, señaló Lavrov. “Al admitir sus verdaderas intenciones, no pretendía aplicar un documento que había sido aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU y, al hacerlo, confirmaba una vez más que era un presidente ilegítimo que no tenía en cuenta el marco jurídico internacional” sentenció el político.

“Código nacional” de la élite política ucraniana

Lavrov sostuvo que el actual presidente ucraniano también “llegó al poder con el lema de la paz”. “Que todos los ciudadanos de Ucrania hablen ruso si quieren hablarlo y que nadie los discrimine“, citó las palabras de Zelenski el canciller ruso. No obstante, su discurso cambió y en sus recientes declaraciones afirmaba que en Donbass viven “especímenes” y que quien se sienta ruso, “que vaya a Rusia por el bien del futuro de sus hijos y nietos”, lo citó Lavrov.

En ese contexto, el diplomático ruso declaró que la élite política ucraniana que llegó al poder, como resultado del golpe de Estado, tiene “un código nacional” que se basa en la discriminación de los rusos y su idioma. Como, por ejermplo, Arseni Yatsenyuk, quien ocupó el puesto de jefe del Gobierno de Ucrania tras el Maidán, calificó de “no humanos” a los habitantes de Donbass, aseguró Lavrov.

FUENTE: actualidad.rt.com

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viernes, 22 de julio de 2022

El futuro del trabajo (2): trabajar mucho y muchas horas

 

El futuro del trabajo (2): trabajar mucho y muchas horas


Michael Roberts

SINPERMISO 

27/06/2022


En el primer artículo de mi serie sobre "el futuro del trabajo", analicé el impacto del trabajo desde casa y el trabajo remoto que se ha multiplicado desde la pandemia de COVID.

En esta segunda parte, quiero considerar el impacto del trabajo en la vida y la salud de las personas y cómo se desarrollará en las próximas décadas. Marx dijo una vez “Cuanto menos comas, bebas y compres libros; cuanto menos vayas al teatro, al salón de baile, a la taberna; cuanto menos pienses, ames, teorizes, cantes, pintes, practiques esgrima, etc., más ahorras, más grande se vuelve tu tesoro, que ni la polilla ni el óxido devorarán, tu capital. Cuanto menos eres, menos expreses tu propia vida, más tienes, es decir, cuanto mayor es tu vida enajenada, mayor es el tesoro de tu ser enajenado”. —Manuscritos económicos y filosóficos 1844.

Considero que esto significa que, si bien el trabajo humano (tanto mental como manual) tiene sus satisfacciones, el trabajo para la mayoría de las personas durante la mayor parte del tiempo es realmente un trabajo duro. La gente no vive para trabajar (aunque a veces la gente diga que sí) sino que trabaja para vivir. Tienen poco tiempo para desarrollar sus intereses y su potencial imaginativo.

Mucho se habla de cómo las horas de trabajo anuales han disminuido durante el último siglo. La semana laboral ha disminuido constantemente, dice el argumento: las cosas están mejorando. No más niños trabajando en minas y fábricas; dos o tres días a la semana sin trabajar, etc. 


Pero esto esconde gran parte de la realidad. En primer lugar, no es cierto que no se esté poniendo a trabajar a los niños en grandes cantidades en los campos, las minas y las fábricas del Sur Global; o que el 'trabajo esclavo' no exista para los sirvientes de los ricos en sus hogares o en trabajos dominados por inmigrantes. En segundo lugar, si bien las horas totales pueden haber disminuido según las cifras oficiales, hay sectores considerables de la fuerza de trabajo que aún soportan largas horas y un trabajo intensivo. Alrededor de 500 millones de personas en el mundo trabajan al menos cincuenta y cinco horas a la semana, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

En los últimos años, la tendencia hacia una jornada laboral más corta se ha detenido y, en algunos casos, se ha revertido. Un informe de la OIT de 2018 encontró que ha habido una bifurcación de las horas de trabajo, “con una parte sustancial de la fuerza lde trabajo mundial trabajando horas excesivamente largas (más de 48 horas por semana), lo que afecta particularmente a los hombres, o horas cortas/trabajo a tiempo parcial (menos de 35 horas por semana), lo que afecta predominantemente a las mujeres”.

El vínculo entre exceso de trabajo y falta de trabajo, o desempleo, no es nuevo. Como lo describe Karl Marx en El Capital“el exceso de trabajo de la parte ocupada de la clase obrera engrosa las filas de la reserva mientras que, a la inversa, la mayor presión que la reserva ejerce por su competencia sobre los trabajadores ocupados los obliga a someterse a un exceso de trabajo y los somete a los dictados del capital”.

Jon Messenger, el autor del informe de la OIT de 2018, señala que ha habido “una diversificación de los regímenes del tiempo de trabajo” , escribe, “con un alejamiento de la semana laboral estándar que consiste en horas de trabajo fijas cada día durante un número fijo de días hacia diversas formas de regímenes de tiempo de trabajo 'flexibles' (por ejemplo, nuevas formas de trabajo por turnos, promediación de horas, sistemas de horario flexible, semanas de trabajo comprimidas, trabajo de guardia)”. Con estos regímenes viene la expectativa de que uno siempre esté disponible: 'Rise and Grind 24/7'. 

Lo llamativo de esta tendencia es que le está pasando a todo el mundo. Los estudios han encontrado una intensificación del trabajo entre gerentes, enfermeras, trabajadores aeroespaciales, trabajadores de procesamiento de carne, maestros de escuela, personal de TI y cuidadores. También hay evidencia de intensificación del trabajo en Europa y Estados Unidos. “No es solo la persona de la línea de producción de Amazon la que ha intensificado su trabajo, es el oficinista de Londres y el nuevo abogado”, dice Francis Green, profesor de la UCL que ha estudiado el fenómeno durante años. Según un análisis realizado por el grupo de expertos de la Resolution Foundation del Reino Unido, poco más de dos tercios de los empleados en el cuartil superior de la escala salarial en el Reino Unido dijeron que trabajaban “bajo mucha tensión”. Lo mismo ocurrió con la mitad de los que se encuentran en el cuartil más bajo de salarios, y este último grupo ha experimentado el mayor aumento de la tensión desde la década de 1990.

Aquí hay algunas explicaciones de por qué el trabajo se ha intensificado para tantos. En la década de 1990, la gente decía que su “propia discreción ” era el factor más importante en la intensidad con la que trabajaban. Ahora es más probable que citen a "clientes o consumidores". En un mundo de comunicación instantánea, muchos trabajadores sienten que deben responder rápidamente a las demandas de los consumidores o clientes. Eso se aplica tanto al banquero que trabaja en una gran fusión de empresas como al conductor de Uber Eats al que llama para que le traiga una hamburguesa.

Otra posible explicación es que los empleadores simplemente han recortado el personal para ahorrar costes sin encontrar formas más eficientes de hacer las cosas. Sin duda, esto resonará entre los trabajadores del sector público en todas partes que han experimentado una década o más de recortes de gastos públicos.

Algunas empresas también han aprovechado la tecnología para extraer más esfuerzo del personal. Más lugares de trabajo, como los almacenes, se han automatizado parcialmente, lo que significa que los trabajadores deben seguir el ritmo de las máquinas. Otros trabajadores ahora son más fáciles de monitorear. Hemos sido testigos del crecimiento del software que rastrea las pulsaciones de teclas de los empleados, mide sus descansos y envía avisos si se desvían a sitios no relacionados con el trabajo. El taylorismo, como solía llamarse, sigue vivo y coleando. (El taylorismo es la llamada ciencia de dividir tareas específicas para permitir que los empleados completen las tareas de la manera más eficiente posible. La práctica del taylorismo fue desarrollada por primera vez por Frederick Taylor, quien afirmó que conduciría a prácticas más eficientes de la fuerza de trabajo).

Una cuarta posibilidad es que las plataformas de correo electrónico y mensajería instantánea simplemente agoten mentalmente a las personas. Es difícil concentrarse cuando se interrumpe constantemente, lo que puede hacer que los trabajadores se sientan como si estuvieran trabajando intensa y rápidamente, incluso si no es así.

Jamie McCallum en su excelente libro Worked Over: How Round-the-Clock Work Is Killing the American Dream , (Basic Books, 2020) señala que en realidad las horas de todos los trabajadores asalariados en EE.UU. han aumentado un 13 por ciento desde 1975, lo que equivale a unas cinco semanas laborales adicionales al año. Y son las horas de los trabajadores de bajos salarios, que son desproporcionadamente mujeres, las que más han aumentado. Y esto en el período de salarios estancados, aumento de horas y disminución de la densidad sindical. El trabajo más intenso ha ido acompañado de una creciente desigualdad de ingresos.


Si los salarios están estancados, entonces la principal forma en que la clase trabajadora, e incluso la clase media, obtienen en su mayoría más dinero es trabajando más horas. Un informe de EPI destaca las tendencias en las horas de trabajo anuales entre los trabajadores estadounidenses en edad productiva entre 1979 y 2016. Dado que la desigualdad salarial ha aumentado en las últimas cuatro décadas, observamos dos respuestas muy diferentes en lo que respecta a las horas de trabajo. Por un lado, los trabajadores están trabajando muchas más horas al año, quizás en parte para compensar el tibio y, en algunos casos, decreciente crecimiento salarial por hora. Por otro lado, un número creciente de trabajadores se han desconectado del mercado de trabajo, al no trabajar en absoluto en el transcurso de un año completo.


Por lo general, las horas de trabajo han crecido más entre los que ganan menos y los que trabajan menos horas.


Las largas horas de trabajo están matando a más de 700.000 personas al año. Según la OMS y la OIT, las jornadas prolongadas resultaron en 745.194 muertes en 2017, frente a aproximadamente 590.000 en 2000. De estas muertes, 398.441 son atribuibles a accidentes cerebrovasculares y 346.753 a enfermedades cardíacas. Esto pone a aquellos que trabajan estas horas en un riesgo estimado 35 por ciento mayor de accidentes cerebrovasculares y un riesgo 17 por ciento mayor de enfermedad cardíaca en comparación con las personas que trabajan de treinta y cinco a cuarenta horas a la semana. Los hombres y los adultos de mediana edad están particularmente expuestos y el problema es más frecuente en el sudeste asiático. Aunque trabajar más duro no parece hacernos más ricos, sí parece hacernos más enfermos.

Un nuevo estudio realizado por los académicos Tom Hunt y Harry Pickard sugiere que "trabajar con alta intensidad" aumenta la probabilidad de que las personas reporten estrés, depresión y agotamiento. También es más probable que trabajen cuando están enfermos. Los datos del Ejecutivo de Salud y Seguridad del Reino Unido muestran que la proporción de personas que sufren estrés, depresión o ansiedad relacionados con el trabajo estaba aumentando incluso antes de que llegara la pandemia. De hecho, el economista marxista de la salud José Tapia descubrió en contra de la intuición que fue en los períodos de auge económico y pleno empleo cuando las tasas de mortalidad aumentaron debido al estrés del trabajo, mientras que cayeron en las recesiones, ya que las personas pueden quedar desempleadas pero sufrieron menos estrés por no trabajar.

Esto plantea la cuestión de la productividad. La intensificación del trabajo no coincide con el aumento de la productividad como esperan los empleadores, sino con la desaceleración del crecimiento de la productividad. El taylorismo puede seguir vivo en la explotación de la mano de obra, pero no funciona para el capital. ¿Porqué? Un argumento fue defendido por el difunto antropólogo anarquista David Graeber, quien argumentó que a la gente se le pedía un montón de lo que él llamaba trabajos de "mierda". Esta teoría es que un número grande y rápidamente creciente de trabajadores están realizando trabajos que ellos mismos reconocen como inútiles y sin valor social. Y no trabajan bien.

Sin embargo, esa teoría ha sido cuestionada por investigaciones recientes. Según estas, la proporción de empleados que describen sus trabajos como inútiles es baja y está disminuyendo y tiene poca relación con las predicciones de Graeber. Mucho más relevante es el propio concepto de alienación de Marx. Marx argumentó que el trabajo bajo el capitalismo es inherentemente alienante ya que bloquea la necesidad esencial de autorrealización de los individuos. Sin embargo, para Marx esto no era el resultado de que los individuos se dedicaran a una actividad sin valor social, sino que las relaciones sociales capitalistas frustraban el libre desarrollo de las capacidades humanas en la actividad espontánea. “A diferencia de la teoría de los trabajos de BS, la alienación no se basa en la opinión de que el trabajo que se realiza es inherentemente inútil y sin valor. En cambio, destaca la importancia de las relaciones sociales bajo las cuales se lleva a cabo el trabajo y el grado en que restringen la capacidad de los trabajadores para afirmar su sautoconciencia a través del desarrollo y reconocimiento de habilidades y destrezas”.

Así que la solución social al estrés laboral y la explotación no es impedir que la gente haga 'trabajos de mierda' y, en cambio, darles beneficios para que no trabajen. La respuesta es acabar con esas relaciones sociales en las que el trabajo de las personas se devalúa por culturas laborales tóxicas que hace que los trabajadores sientan que su trabajo no tiene razón ni utilidad. El fenómeno del trabajo sin sentido ilumina la contradicción en el corazón mismo del capitalismo.  

Se pueden evitar largas horas en trabajos tediosos si los trabajadores tuvieran un mayor control sobre su empleo, condiciones y horarios. El trabajo cooperativo podría reemplazar el dominio autoritario, al estilo Taylor, por parte de los jefes. Las máquinas se pueden utilizar para aumentar las oportunidades de reducir el tiempo de trabajo y desarrollar innovaciones, y no están diseñadas para obligar a hacer mas horas o intensificar el trabajo. Son las relaciones sociales capitalistas en el lugar de trabajo las que destruyen la innovación, la cooperación y la salud de las personas, no los puestos de trabajo como tales. El futuro del trabajo creativo en lugar del trabajo intensivo destructivo depende de poner fin a la gestión capitalista en el lugar de trabajo, es decir, del control de los trabajadores.

Michael Roberts 

 

habitual colaborador de Sin Permiso, es un economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente:

https://thenextrecession.wordpress.com/2022/06/22/the-future-of-work-2-working-long-and-hard/

Traducción:

G. Buster

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