jueves, 14 de julio de 2022

Sobre lo estructural y la nada

 

Sobre lo estructural y la nada

 


Por Guillem Martínez

Rebelion / Espapa

 | 14/07/2022 |

Fuentes: Ctxt


El discurso de Sánchez estuvo repleto de torpezas evitables. La mayor fue no decir la verdad. No dibujar la crisis que viene. El presidente no aludió a la economía de guerra. No enumeró ninguna medida estructural. No dio indicios de que vendrían

1- La semana pasada Rusia presentó una serie de planes para adaptar su economía a la guerra. Eso es importante. Contrariamente a lo que se supondría, los países autoritarios son reacios a ese tipo de medidas. Más bien tienden a disimular las guerras en su interior. Hasta que ya no pueden más. Momento en el que practican la economía de guerra. Radical, rigurosa, retrasada y, comúnmente, un tiempo antes de perder la guerra. Rusia, en todo caso, ha avanzado en esta ocasión. A través de decretos ha explicitado la guerra en su economía. Y, si bien las fuentes no son fiables ni directas –desconozco el ruso; las he leído en prensa inglesa–, parece ser que son medidas que tienden a garantizar los suministros, antes que el reparto de la penuria. Establecen turnos intensos en la industria armamentista, amplían horarios laborales, fijan la imposibilidad de huelgas, así como la imposibilidad de que una empresa se niegue a aceptar encargos del Estado.

2- Rusia se adelanta, en todo caso, a Europa. En Europa no se ha accedido a la economía de guerra, esa cosa que hacían con premura las democracias para evitar una mayor injusticia de la guerra. Lo que explica que las democracias europeas tienen el mismo miedo que antaño tenían los sistemas autoritarios para proclamar la economía de guerra. Lo que, a su vez, dibuja a las democracias europeas como un sistema en crisis, con la presencia en su interior ya de signos autoritarios, como el de alejar la guerra de la opinión pública y, más aún, de la economía.

3- Es más, el grueso de las medidas europeas no inciden en el reparto de la injusticia, sino que, à la russe, inciden en garantizar suministros, a través de la subida del presupuesto armamentístico en un 2%. Esto es, a través de la rebaja del Bienestar, la forma de la democracia en Europa –se dice rápido–, ya seriamente herida en la pasada década. El resto de medidas son lentas y extraordinarias/puntuales, y no inciden en el reparto del sufrimiento, sino que crean deuda –esto es, sufrimiento– a devolver, en el futuro, a las empresas energéticas. La excepción ibérica sería el modelo, y la ausencia de plan al respecto en el resto de Europa, su complemento. Una metáfora de la ausencia de planificación sería el cambio de importador del gas en España. Se ha pasado del gas de Argelia, barato, al de EE.UU., caro. Y no ha existido ninguna explicación al respecto que haga al fenómeno comprensible. Una metáfora, a su vez, sobre el reparto del sufrimiento realizado: las fabulosas sanciones a los oligarcas rusos. Tenían que ser la pera. Bastarían para canalizar el conflicto. En todo caso, no se habla de ellas desde hace meses. La razón: se han paralizado. No existen. Han llegado a su tope. Su tope, como advertía Piketty, era el de no molestar a las economías irregulares de los Estados. A su tratamiento de las fortunas. A los oligarcas rusos, en fin, les ha pasado lo que a Juan Carlos I y por la misma razón. Nada. La metáfora dentro de la metáfora: Italia parece ser, con la escasez de datos de la que disponemos, el Estado que más ha recaudado por sanciones a millonetis rusos. El monto que comunica –es un depósito, a devolver en el futuro– no supera la recaudación histórica por la Ley Mordaza, sin devolución posible. Lo que por sí solo habla de crisis democrática en Europa –y más, en España– y de ausencia de reparto, de capacidad y de cultura para el reparto, incluso.

4- Hace escasas horas Rusia ha reducido un tercio el suministro de gas a Italia, y Alemania ha comunicado la inquietud de que las restricciones estivales de gas ruso, por el mantenimiento del gaseoducto, pueden ser definitivas. Son indicios de que la drôle de guerre finaliza. Y de que empieza otra gradación de la guerra. Si eso es así sería en otoño, con una Europa sin las reservas previstas al 80%, y con gas licuado procedente de proveedores más caros. Un festival. Más aún sin economía de guerra.

5- Algo pasa en Berlín, por cierto. Se han asignado zonas de refugio y evacuación en caso de bombardeo –sic–, y se están comunicando a la ciudadanía serias restricciones en otoño. La construcción de un depósito gigante de agua caliente, que facilitaría agua a los domicilios –cuando en los domicilios no se pueda calentar; ese es el mensaje–, no solo es una estructura de guerra, sino propaganda de guerra. Y un aviso. Alemania es la gran ausente en esta crisis. El motor de Europa, que provoca cambios cuando arquea las cejas, no arquea las cejas ni con la inflación al nivel del azafrán. Está ensimismada. Esto es, en sí y para sí. A ver qué nos dice cuando así lo decida.

6- España es la inflación más alta de Europa. No mucho más. Lo que es determinante es que esa diferencia viene, mayormente, del precio de la energía y de los combustibles. Lo que habla de un abuso longevo, que viene de lejos. De un mal estructural y estructurado. Y, por ello, solucionable desde la política local. Y nunca corregido desde ella. La inflación es, a su vez, una injusticia, una ausencia de reparto. Provoca que un asalariado gane un 10% menos, por ejemplo. Y, por lo mismo, provoca que un rentista pueda comprar una casa por un 10% menos, por ejemplo. Indicios como estos eran la razón del interés hacia el discurso de Pedro Sánchez, con el que se iniciaría el Debate del Estado de la etc., y del que desde hacía días se puso férrea voluntad en filtrar que sería histórico.

7- No lo ha sido. Un periodista debe medir sus palabras. Lo que sigue es la medición de mis palabras.

8- Sánchez ha arrancado con novedades léxicas, prometedoras. La explicación de la inflación a partir de la pandemia y de la guerra. Bien. Una alusión al precio de la energía como la corona de espinas de la inflación local. Bravo. Valiente, incluso. Alusiones al poder del Gobierno para modular la inflación –algo muy relativo; el BCE es el bicho que custodia las medidas más importantes–. El anuncio solemne del reparto del sufrimiento de esta crisis y, con ello, una descripción crítica de la anterior crisis –en la que, recordemos, el PSOE participó en el otro bando, promoviendo incluso el fin del Bienestar en la CE78, a través de su reforma–. Posteriormente, la cosa ha empezado a torcerse. O a explicitarse. En política, en fin, no existen los cambios radicales, sino los paulatinos. No puede haber movimiento donde no ha habido, previamente, su indicio.

9- Presentó a España como vinculada a la defensa de Europa –no acaba de ser exacto; la UE también es una organización de autodefensa, pero en esto de la guerra estamos en modo OTAN, bajo mando americano, hasta que Francia y Alemania decidan, llegado a un punto, si la recesión consecuente merece la pena–, en un mundo post-guerra fría, en el que, señaló Sánchez, la división ya no es comunismo-capitalismo, sino legalidad internacional-ilegalidad internacional. Lo que deja aún más sin explicación el giro africano del Gobierno, y la deslocalización en Marruecos de la defensa de la frontera, con criterios alejados, definitivamente, de los DD.HH. Es difícil, por cierto, para una sociedad y para un sistema político, saber que el asesinato es, explícitamente, un recurso vigente. Eso tiene su peso y su lastre y culpa. Lo cambia todo. Matar tiene una repercusión ética, cotidiana, y que aún, por ello mismo, no podemos calcular. Posteriormente a todo esto, Sánchez enumeró las medidas económicas propuestas, en un tono épico y animoso, muy superior en épica y ánimo a lo anunciado, me temo.

10- El grueso de las medidas anunciadas ya existen en Europa. Las emiten –como el impuesto a las energéticas– gobiernos sumamente alejados de la socialdemocracia. O –impuesto a la banca– las defiende el BCE. La medida más importante y original –y dentro de las escasas medidas de contención de la inflación de las que dispone un Gobierno de la UE, con escasa soberanía en ese pack– son los bonos gratuitos de Renfe para trenes de cercanías y media distancia. Algo sexi. Le siguen los aludidos y nebulosos impuestos especiales a la banca y a las industrias energéticas. Son nebulosos porque especifican que los impuestos convencionales son una broma, y porque lo extraordinario suele ser lo contrario a lo estructural. Son más nebulosos aún porque el Gobierno/Moncloa/PSOE/Hacienda renunció, hace una semana, a una reforma fiscal, lo que es un serio aviso de su ambición ante el reparto del sufrimiento.

11- En el resto de medidas la crisis climática y de combustibles fue una nota de color. Esto es, algo muy alejado, incluso, de lo no estructural. Se plantean becas para los ya becados –no se prevé, parece, una aumento de la desigualdad y, con él, del abanico de destinatarios de las becas; no prever aumento de desigualdad es un indicio del no prever, me temo–. Se alude a un pacto de rentas, algo preocupante cuando lo propone un Gobierno que, lo dicho, ha abandonado la reforma fiscal, ese pacto de rentas desde otro lado, más democrático. Seguimos, en fin, con un IRPF atrapa-asalariados, y con excepciones fiscales para los grandes velocistas estipuladas en el 30% –en el resto de la UE la media es del 5%–. Lo que es un decálogo.

12- A pesar del dominio del directo de Sánchez, animoso, el discurso estuvo repleto de torpezas evitables. Y descomunales, lo que evita la comprensión del conjunto. Como la emisión de la frase “construcción de 12.000 viviendas en Madrid”, única propuesta para el apartado vivienda, y que sonó, y suena, fatal. La mayor torpeza, no obstante, fue no decir la verdad. No aludir, no dibujar la crisis que viene. Sí, se aludió a posibles cortes y carencia de servicios energéticos. Pero no se aludió a lo que pueda venir a través de las medidas propuestas –las propuestas deben de ser por sí mismas, una gramática de la situación; no lo son–. Sánchez no aludió, en fin, a la economía de guerra. No enumeró ninguna medida estructural. No dio indicios de que vendrían. Esto es, las aplazó. No se puede emplear el tono del discurso presidencial de Independence Day, para no hacer ese discurso.

13- No tengo la menor duda de que habrá medidas estructurales, que modulen el reparto del sufrimiento, y cierta democracia económica en guerra. O la perderán. Empiezo a dudar que el PSOE las emita. Empiezo a dudar que el PSOE sea necesario. En otros Estados, estas medidas, que alivian sin solucionar, que no superan ni rozan a la Comisión, las hacen otros partidos. Si la izquierda no ofrece algo más, desaparecerá, pues puede planificar –la economía de guerra es planificación–, si no mejor, sí antes que la derecha. Está sucediendo en la UE.

14- En la anterior crisis supimos que la instancia es Europa. Que Europa no es un organismo propiamente democrático, que su parlamento importa una higa, y que se debe ser Gobierno para hablar con ella. Ser Gobierno, el actual estado del PSOE, es importante, por tanto. Debería aprovecharlo, para no repetir la anterior crisis, en la que el PSOE, tras la reforma de la CE78, tampoco fue necesario. El PSOE no sería necesario en absoluto si el PP no fuera un partido tóxico, corrupto e incapaz –sí, suena dramático; lo es–. Pero eso no lo hace imprescindible. Sin el PSOE no es el caos. Sin él habría un abandono mayor, absoluto, pero seguiría sin haber medidas estructurales, previsión, corrección. Hablar con la Comisión, presionarla, plantear el conflicto, promover medidas estructurales es el gran rol progresista del PSOE, si así lo desea. Me temo que no tiene otra. Si no puede acceder a eso, tan básico y tan alejado del radicalismo, el PSOE volverá a desaparecer, como en la anterior crisis.

15- La baza del PSOE, y de Podemos/Súmate, es abogar y decir, por otra parte, la verdad. Decir lo que se puede hacer, lo que no se puede, lo que se podría. Evitar el triunfalismo, la victoria continua y, sin ser cenizo, la alegría non-stop. La verdad, visto lo visto, es una suerte de alegría. La verdad es importante. Mucho más en guerra. Que la izquierda diga lo que puede o no puede hacer, lo que pasa, no solo es honesto. Es estructural. No ha sucedido eso, tampoco, en el discurso de Sánchez. El hecho de que el PSOE no asuma soberanías que le respeta la Comisión –como la regulación de alquileres–, es un indicio de lo lejos que le queda lo estructural. Otra vez. Ya son dos en dos crisis. 

16- Apostar por el tono antes que por las medidas es apostar por la guerra cultural. Por ser barrido por los profesionales del tono y de la guerra cultural. 

Guillem Martínez es autor de ‘CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española (Debolsillo), de 57 días en Piolín de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de Caja de brujas, de la misma colección. Su último libro es Los Domingos, una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

Fuente: https://ctxt.es/es/20220701/Politica/40269/pedro-sanchez-debate-sobre-el-estado-de-la-nacion-guerra-economia-guillem-martinez.htm

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El movimiento vecinal y los problemas de la izquierda

 

Movimiento vecinal y sindicalismo deberían constituir espacios sobre los que desarrollar una base social alternativa. Para una fuerza política que aspire a transformaciones profundas, potenciar esta base social es tarea imprescindible.


El movimiento vecinal y los problemas de la izquierda

 

Albert Recio

El Viejo Topo

14 julio, 2022 

 


I

Empiezo con una autocelebración. Este mes celebramos el 50.º aniversario de la Federació d’Associacions Veïnals de Barcelona (FAVB). Es una parte importante de mi vida activista. El movimiento vecinal jugó un papel central en la Transición. En cada barrio, especialmente en los de clase obrera, se produjeron reivindicaciones que acabaron generando un amplio movimiento que desbordó al régimen. El vecinal y el obrero fueron los dos grandes movimientos de masas que sustentaron la fuerza de la izquierda y que elaboraron un plan reivindicativo del que salieron las mejores reformas. En ambos casos gran parte de la izquierda se reforzó mediante la penetración en los resquicios legales que creó la dictadura para tratar de legitimar su continuidad: en los enlaces sindicales y en las asociaciones de vecinos. Al principio se trató de acciones locales en empresas y barrios. La creación de macroorganizaciones como la FAVB fue posible cuando el movimiento ya había arraigado en muchos lugares y había capacidad para desarrollar una organización a escala local. Seguramente sucedió algo parecido en otros muchos lugares, aunque mi experiencia directa se circunscribe al caso de Barcelona.

El momento crucial de la historia se produjo en la Transición, con la elaboración de la Constitución y la celebración de las primeras elecciones democráticas municipales en 1979. Por cierto que estas se demoraron porque desde el poder se temía que iniciar un ciclo electoral en el momento de mayor auge del asociacionismo vecinal pudiera dar demasiado poder a la izquierda real. La cuestión fundamental que se planteó fue el encaje institucional de las asociaciones de vecinos. Una opción podría haber sido concederles un estatus parecido al de los sindicatos, con una cierta financiación pública institucionalizada y unos derechos de participación que garantizaran tiempo de acción sindical a los delegados. Esta opción se descartó porque todas las fuerzas políticas del momento temían que unas asociaciones de vecinos demasiado fuertes pudieran convertirse en un contrapoder excesivamente molesto. Se optó por mantener un perfil institucional de bajo nivel, que supone que la capacidad organizativa se basa en el voluntariado estricto y en una modesta financiación que depende de la voluntad política de cada momento. La fuerza del movimiento reside fundamentalmente en su capacidad de movilización y de creación de hegemonía (por ejemplo, actuando en los medios, mucho más hostiles en la actualidad que hace unas décadas), y en la influencia en los nuevos mecanismos de participación, por lo general bastante limitados.

La coyuntura de los años ochenta fue totalmente desfavorable a la continuidad del movimiento vecinal. Aunque muchas veces se ha comentado la cooptación de cuadros vecinales por parte de los partidos, este fue, hasta donde conozco, un tema menor; entre otras cosas porque el PSOE, que por su posición era el que más capacidad de cooptación tenía, no solo era un cuerpo extraño al movimiento sino que a menudo era particularmente hostil. Más importancia tuvieron las políticas orientadas a minimizar el papel de las asociaciones de vecinos mediante el establecimiento de lazos clientelares y el cierre de espacios de participación, pero, sobre todo, la deserción en masa de muchos activistas que percibieron que “la guerra ha acabado” y se refugiaron en su vida privada, en los estudios, en la carrera profesional… Fue una respuesta bien analizada por Albert Hirschman en Salida, voz y lealtad. Al fin y al cabo, la participación política intensa se enfrenta a los ritmos de la vida cotidiana, regulados fundamentalmente por la participación en el ámbito laboral capitalista y las necesidades de la vida doméstica. En un mundo donde se han reforzado las presiones del capital, encarnadas en carreras profesionales competitivas y horarios laborales complicados, el voluntarismo solo es posible sostenerlo si hay gente que ha integrado esta práctica en su experiencia vital. Estas personas existen, por motivos diversos. Algunas porque han desarrollado, o han sido formadas, en culturas morales o políticas que tienen integrada esta dimensión (no es casualidad que la mayoría de los activistas vecinales de más larga y mejor trayectoria provengan de los restos de la izquierda —del PCE y del amplio magma de la vieja izquierda extraparlamentaria— o del cristianismo progresista). Otras por motivos menos valiosos, pero entendibles: por afán de protagonismo personal, de relacionarse con el poder, o por simple inercia. Por fortuna predominan los primeros, y esto explica la larga persistencia de un movimiento presente en muchos barrios de la ciudad, capaz de generar de vez en cuando movidas importantes (de hecho, la vieja Convergència atribuyó su derrota electoral en las municipales de 2015 al movimiento vecinal, simplemente porque no pudo entender que su política antisocial había generado respuestas importantes en muchos barrios). Es un movimiento que, además, ha sido crucial para construir espacios de convivencia que van desde la organización de fiestas mayores hasta la construcción de redes sociales en los barrios. Por esto el 50.º aniversario de la FAVB no es solo la celebración de una efeméride, sino también un recordatorio de que sigue vivo un movimiento vecinal más necesario que nunca.

II

Movimiento vecinal y sindicalismo deberían constituir espacios sobre los que desarrollar una base social alternativa. En ambos casos coinciden dos aspectos que los hacen especialmente atractivos: su capilaridad en el tejido social y el hecho de que planteen demandas y reivindicaciones que afectan a las condiciones de vida de la mayoría. Por no extenderme, me limitaré a situar el tema en el movimiento vecinal.

Es cierto que la presencia de organizaciones implantadas en los diversos barrios permite generar dinámicas que refuerzan tejidos progresistas en muchos terrenos: demandas de equipamientos, presiones por la mejora de los servicios sociales, creación de dinámicas de cooperación social… En las mejores experiencias locales se han creado verdaderas redes sociales que han favorecido la incorporación de la cultura feminista y del ecologismo en las demandas sociales. O que se han enfrentado con relativo éxito a respuestas racistas o reaccionarias en los barrios. Con todo, siempre queda la sensación de que la acción vecinal solo llega a la superficie, sin conseguir nunca generar dinámicas de cambio profundas. Es habitual que la gente acuda a la asociación de vecinos cuando tiene un problema, agradezca el trato y el apoyo recibido y desaparezca cuando ha obtenido una solución. En el mejor de los casos queda un poso colectivo y de reconocimiento a la labor de los esforzados activistas y poco más. Es aún mucho más difícil organizar cuando se trata de demandas que no pertenecen al día a día del vecindario. Creo que entender esta cuestión es crucial para captar las dificultades reales que tiene la izquierda para consolidar una base social suficientemente amplia para impulsar cambios sostenidos. El trabajo vecinal exige mucha paciencia, capacidad de diálogo y de ir tejiendo espacios de relación entre entidades (muchas de ellas dedicadas a un solo tema) que converjan en la construcción de una fuerza social alternativa.

Sin consolidar en los barrios espacios sociales que ayuden a crear cultura política, sentimiento de colectividad (incluyendo en ello las sucesivas llegadas de nuevas personas de procedencias diversas), resistencia a los abusos del capital, proyectos de transformación, parece imposible desarrollar verdaderas políticas alternativas de amplio alcance, sobre todo cuando debe desarrollarse sobre la base de un voluntariado estricto, con pocos recursos materiales y técnicos y sujeto a una hostilidad persistente y a demoledoras campañas por parte de los poderes económicos. Por esto una izquierda política que quiera una transformación real de la sociedad, o que simplemente pretenda oponerse a la actual deriva social, debe plantearse en serio cómo reforzar estas dinámicas, cómo reconstruirlas.

III

Para una fuerza política que aspire a transformaciones profundas, potenciar esta amplia base social es una tarea imprescindible, pero al mismo tiempo complicada. De entrada, la presencia en las instituciones requiere de un enorme esfuerzo orientado a conseguir representación institucional, a saber moverse en las propias instituciones y, muchas veces, a negociar o compartir poder con fuerzas con las que hay enormes diferencias. Es un trabajo que muchas veces agota las capacidades humanas y materiales de la propia organización. Además, lo que se puede conseguir en las instituciones casi siempre está lejos de las expectativas de las bases. Hay obstáculos de muchos tipos que frenan los cambios: limitaciones jurídicas, la presión de los lobbies capitalistas, las inercias de los empleados públicos y, también, las obsesiones de los políticos, que no siempre coinciden con la opinión de sus movimientos sociales afines (a veces también porque las reivindicaciones no tienen en cuenta las complicaciones del tema). Para un político que ha conseguido aprobar una reforma después de arduas negociaciones, en las que ha tenido que renunciar a bastantes cosas y superar obstáculos, el resultado es un triunfo. Pero su base social puede verlo como un fracaso parcial (y siempre hay candidatos dispuestos a explotar al máximo las diferencias entre la aspiración y el resultado). El político institucional que espera el aplauso se frustra cuando obtiene una respuesta tibia o cuando directamente es criticado. Que en estos contextos se generen dinámicas de desencuentro es bastante habitual. Si son puntuales tienen poco recorrido, pero por acumulación acaban generando numerosas tensiones y distanciamientos.

En la experiencia de la nueva izquierda hay además una cuestión nueva. La fascinación de los políticos jóvenes por las nuevas tecnologías de la comunicación, por los sistemas de votación plebiscitaria, combinada con desdén o ignorancia hacia los movimientos organizados, algo reforzado en parte por la buena fe de pensar que la participación organizada excluye a demasiada gente. Este ha sido un punto de fricción persistente entre las políticas municipales de participación y los movimientos vecinales tradicionales. Para mí este constituye uno de los peores errores de las nuevas políticas en un doble sentido. En primer lugar, el no entender la importancia de la organización, especialmente entre los grupos sociales más desfavorecidos, y pasar por alto que en muchos casos los grupos organizados tienen una larga experiencia de cooperación y trabajo conjunto que hace que sus propuestas ya hayan recogido muchos puntos de vista diferentes. La segunda es que un modelo plebiscitario, de voto en la red, es poco —por decirlo suavemente— reflexivo. No hay deliberación en el mero voto, sino simplemente la expresión de un punto de vista particular gestado no se sabe cómo. Y estos defectos, que no generan confianza ni buena elaboración política, se contradicen con la evidencia de la sobrerrepresentación de los intereses empresariales en numerosas instancias y con la patente actuación de los lobbies económicos mediante una y mil vías.

No todo es culpa de los políticos. Es cierto que a veces tienen su contrapartida en la persistencia de líderes sociales personalistas, poco reflexivos, obsesionados por temas concretos. Es lo que tiene la dificultad de renovar liderazgos cuando escasea el voluntariado. Y por esto también los movimientos sociales deben trabajar en su propia renovación, en la formación de sus cuadros. En reconocer los problemas y limitaciones de las vías institucionales.

La guerra de posiciones gramsciana es mucho más difícil de desarrollar que la de posiciones, que a menudo solo requiere de arrestos, tozudez y olvidarse de los costes laterales. Hasta ahora la izquierda no ha sabido resolver el problema de cómo compaginar acción institucional e intervención social. Quizás sea empezando por reconocer los problemas como se encontrarán las respuestas. Porque lo que es totalmente imprescindible es que en ambos ámbitos de acción exista una sólida base social que dé consistencia.

IV

Mi reflexión sobre el movimiento vecinal en Barcelona tiene algo que ver con lo ocurrido en Andalucía. Allí se ha experimentado un espectacular corrimiento electoral que antes ya tuvo lugar en otras comunidades (Murcia, País Valencià), y que, a mi entender, refleja la poca solidez social de la izquierda, la ausencia de raíces profundas que garanticen una cierta estabilidad social de los procesos. Ciertamente el PSOE nunca se ha preocupado de ello, su modelo es el clientelismo y el club de fans. Pero esta sí que debe ser una preocupación social de la izquierda transformadora: la de generar buenas propuestas institucionales y desarrollar una base social con cultura y organización que permitan continuidad y fuerza más allá de los avatares del momento.

Fuente: Mientrastanto.org

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miércoles, 13 de julio de 2022

carlos puebla por alli vinieron

Voces solidarias por la paz y la soberanía de Cuba

 

Voces solidarias por la paz y la soberanía de Cuba

Diario octubre / julio 12, 2022

 

 

Con banderas cubanas, carteles, consignas, marchas, música y bailes los amigos de Cuba en todo el mundo festejaron el primer aniversario de la victoria sobre el intento de golpe suave en la Isla y repudiaron los anhelos de asfixiar a la mayor de las Antillas.


Roxana Núñez Wilson.— El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (CCPCC) y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez agradeció este lunes a todos los amigos que demostraron su apoyo en defensa de la Revolución Cubana.

 

En su cuenta oficial en Twitter, el mandatario apuntó que el 11 de julio fue una fecha celebrada por Cuba y sus amigos, como una victoria contundente del pueblo cubano sobre el golpe blando que pretendía derrocar al gobierno.

Con banderas cubanas, carteles, consignas, marchas, música y bailes los amigos de Cuba en muchas partes del mundo festejaron el primer aniversario de la victoria sobre el intento de golpe suave y repudiaron los anhelos de asfixiar a la mayor de las Antillas.

Por su parte, el miembro del Buro Político y Secretario de Organización del CCPCC, informó en la propia red social, que se realizaron más de 200 acciones en un centenar de países y ratificó que “somos un pueblo de paz y amor, con todos y para el bien de todos”.

En tanto, el también miembro del Buro Político y canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, resaltó las renovadas muestras de amistad que recibió nuestro archipiélago el fin de semana.

“Amigos y connacionales alrededor del mundo reclamaron el cese del bloqueo criminal y reafirmaron su respaldo a nuestra lucha por la soberanía frente a planes desestabilizadores del gobierno EEUU”, expresó el Canciller.

En ese sentido, la Asociación de Amistad Vietnam-Cuba expresó que la Revolución Cubana era un ejemplo a seguir “por los pueblos que luchan por otro mundo mejor, por la paz, la independencia, la soberanía nacional, la democracia y el progreso”.

“Estamos decididamente con el pueblo cubano y su Gobierno y llamamos a expresar con fuerza y determinación la solidaridad”, subrayó la asociación Cuba Sí France.

Agregó la propia organización que las acciones desestabilizadoras conformadas desde Estados Unidos contra la isla encontrarán otra derrota infligida por el pueblo movilizado junto a su Revolución.

El eurodiputado Manu Pineda, por su parte, afirmó que “julio es el mes de la Revolución, en el que hace un año atrás el pueblo salió a defender su Revolución frente a un intento de derrocarla”.

La Jefa del Comité Ruso por el fin del bloqueo a Cuba y conductora del canal ruso en Youtube Europa para Cuba, expresó que todos los revolucionarios cubanos están en las calles para no permitir que se transgreda su paz y estabilidad, “y nosotros desde aquí estamos lejos, pero firmes, apoyándolos”.

A su vez, la presidenta de la Unión de Organizaciones de Amistad de Vietnam (VUFO), Nguyen Phuong Nga, manifestó su convicción de que bajo la sabia dirección del Partido Comunista (PCC), la Mayor de  las Antillas superará todas las dificultades y retos.

Entre las disímiles voces amigas que se expresaron estuvieron la Asociación de Amistad Italia-Cuba (Anaic) y la organización italiana Potere al Popolo, representantes de las Casas de Amistad con Cuba en España, partidos de la izquierda federalista, soberanista e independentista catalana, la Asociación de Cubanos Residentes en Catalunya «José Martí», el Partido Comunista de Colombia, la Asociación de Cubanos Residentes en Ecuador, la Coordinadora de Solidaridad con Cuba en Panamá.

Acciones de calle y actos políticos frente a los Consulados y Embajadas cubanas en el exterior se realizaron en todos los continentes. Se emitieron comunicados oficiales y mensajes en texto y videos, cientos de miles de imágenes se compartieron en redes sociales, muchas de las cuales llegaron desde Argentina, Bolivia, Ecuador, Suiza, Guatemala, Dominica, Estados Unidos, Alemania, Nicaragua, Brasil, Colombia, Canadá y Australia, entre otros.

Han sido jornadas que demostraron una vez más que Cuba no está sola en su lucha por la paz, la soberanía y el amor, y que no hay odio posible que se imponga cuando los pueblos se unen en defensa de la verdad y la justicia.

FUENTE: pcc.cu

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Militares del Servicio Aéreo Especial británico mataron a decenas de personas desarmadas en sus operaciones en Afganistán, según la BBC

 

Militares del Servicio Aéreo Especial británico mataron a decenas de personas desarmadas en sus operaciones en Afganistán, según la BBC

 

DIARIO OCTUBRE / julio 13, 2022


Según una nueva investigación de la BBC, los altos cargos del cuerpo militar estaban al corriente de los presuntos asesinatos, pero no entregaron las pruebas para iniciar una investigación, aunque estaban obligados a hacerlo.


Una unidad del Servicio Aéreo Especial británico (SAS, por sus siglas en inglés) mató a decenas de civiles en circunstancias sospechosas durante su operación militar de 6 meses en Afganistán hace más de una década, según reveló este martes una nueva investigación emitida en el programa ‘Panorama’ de la BBC.

 

De acuerdo con documentos y fuentes anónimas citadas por el canal, un escuadrón del SAS podría haber matado a 54 personas desarmadas en la provincia de Helmand, en 2010 y 2011, en el marco de las misiones denominadas “mata o captura”, cuya función principal era detener a comandantes talibanes. La BBC también informa que los militares colocaban fusiles AK-47 en el lugar de los hechos para justificar el asesinato de hombres desarmados.

Sin embargo, varias fuentes implicadas en la selección de objetivos para las operaciones revelaron que el Reino Unido tenía graves problemas con el servicio de inteligencia, por lo que los civiles podrían haber estado en la lista de objetivos. La BBC asegura que el número total de víctimas de los militares británicos podría ser de tres dígitos, y que oficiales de alto nivel del servicio estaban al corriente de los presuntos crímenes, aunque nunca entregaron las pruebas para iniciar una investigación, a pesar de estar obligados a hacerlo.

Tras un análisis de los informes militares sobre las redadas nocturnas del SAS, se descubrió “un patrón de informes sorprendentemente similares de hombres afganos muertos a tiros al sacar rifles AK-47 o granadas de mano de detrás de las cortinas y de muebles después de haber sido detenidos”. Sin embargo, en todas las redadas analizadas no hubo informes sobre heridos entre los militares británicos, además de haber más personas muertas que armas supuestamente encontradas, lo que sugiere que los militares del SAS dispararon a personas desarmadas y posiblemente falsificaron pruebas.

El equipo de la BBC visitó varias casas asaltadas por el escuadrón del SAS. En una de ellas murieron 9 afganos, entre los que había un adolescente. Según la información oficial, los militares llegaron y se acercaron a la casa cuando los afganos abrieron fuego contra ellos, por lo que se vieron obligados a matarlos. Sin embargo, no solo el número de armas era menor que el de muertos, sino que varios expertos en balística, a los que la BBC mostró fotografías del lugar, dijeron que no había evidencias de un tiroteo.

Reacción del Ministerio de Defensa

Por su parte, el Ministerio de Defensa británico rechazó firmemente las evidencias proporcionadas por la BBC y aseguró que la cadena había sacado “conclusiones injustificadas de acusaciones que ya han sido investigadas a fondo”. “Hemos proporcionado una declaración detallada y completa a ‘Panorama’, destacando inequívocamente que 2 operaciones de la Policía de Servicio realizaron una investigación extensa e independiente sobre las acusaciones acerca de la conducta de las fuerzas del Reino Unido en Afganistán”, indica el comunicado, que también subraya que ninguna de estas investigaciones “encontró pruebas suficientes para procesar” este caso.

“Afirmar lo contrario es irresponsable, incorrecto y pone en riesgo a nuestro valiente personal de las Fuerzas Armadas en el campo de batalla y su reputación”, se detalla en el comunicado, añadiendo que el ministerio estaba “dispuesto a considerar cualquier nueva evidencia”, pero que actualmente “se opone firmemente a esta información subjetiva”.

FUENTE: actualidad.rt.com

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La inflación es el impuesto de la guerra, y el Pacto de Rentas garantiza que lo pagará la clase obrera

 

La inflación es el impuesto de la guerra, y el Pacto de Rentas garantiza que lo pagará la clase obrera


Por José Luis Carretero Miramar

KAOSENLARED

 13 de julio de 2022

La ministra Nadia Calviño, íntimamente relacionada con la burocracia europea, quiere un Pacto de Rentas. Pablo Hernández de Cos, el gobernador del Banco de España ya adelantaba en enero que era necesario un acuerdo entre los llamados “agentes sociales” para establecer un gran pacto que limite los salarios. Antonio Garamendi, responsable de la CEOE, por supuesto, también quiere un Pacto de Rentas, aunque, eso sí, pretende no dar nada a cambio de la limitación de las retribuciones de los trabajadores. Incluso García Ferreras, el insigne periodista amiguísimo de Eduardo Inda que se dejó asesorar tan blandamente por Villarejo, quiere un Pacto de Rentas. Todos están de acuerdo.

Todos coinciden, como ocurrió con la visita de la OTAN a Madrid, como acontece con la entrada en guerra de nuestro país, como sucede con el silenciamiento y represión de los movimientos sociales y sindicales que se resisten al expolio neoliberal, como pasa con el nuevo monarca, que nada tiene que ver con los tejemanejes del anterior y, que, se supone, ha debido llegar a su puesto “por sus propios méritos”.

Todos dicen lo mismo, así que deberíamos preocuparnos.

Un Pacto de Rentas es un acuerdo entre empresarios y sindicatos para limitar los salarios y los beneficios. Una herramienta para actuar frente a una inflación desbocada que, se supone, se acelera cuando los trabajadores pretenden adecuar sus salarios a las alzas de precios, provocando una “segunda ronda” de subida de estos últimos. Es decir, lo que dicen que les preocupa es que, si los precios han subido un 10 %, los trabajadores pretendan subir sus salarios ese mismo 10 % , para mantener su poder adquisitivo, y eso “obligue” a los empresarios a seguir con las subidas de precios.

El contenido del acuerdo, por tanto, consistiría en que los trabajadores admitamos que nuestros sueldos no suban, aunque lo haga la inflación, y, así, aceptemos perder poder adquisitivo. A cambio, no se sabe muy bien que nos van a dar los empresarios, ya que nadie ha hablado en ningún momento de controles de precios ni de los márgenes de beneficio. Quizás, y eso se determinará en la oportuna negociación, la CEOE acepte que el Estado implemente algún pequeño subsidio para quienes salgan peor parados (y, por lo tanto, que ese subsidio lo paguen los propios trabajadores mediante los descuentos del IRPF de sus nóminas) o que se establezca alguna limitación menor para repartir dividendos o algún nuevo impuesto a los sectores que están obteniendo beneficios de escándalo gracias, precisamente, a la alta inflación. Quizás. Está por ver.

La alta inflación, por su parte, es el resultado previsible de la dinámica militarista emprendida por el capitalismo occidental, a la que nuestro gobierno se ha prestado con entusiasmo y abnegación. Entrar en una guerra indirecta con quien tiene la llave de nuestro consumo energético es una actitud que crea las bases para un alza sostenida de los precios. Si a esto le sumamos el colapso aún irresuelto de las cadenas de suministro globales tras la pandemia, y la absoluta voracidad de los grandes capitales, que no quieren renunciar a los brutales márgenes de beneficio que ha representado el alza de precios para las petroleras, y que representan las consiguientes subidas de tipos de interés para las financieras, tenemos una tormenta perfecta.

La inflación es el impuesto de la guerra. Y nadie prevé detener dicha guerra. Los bancos centrales de los países occidentales, en todo caso, pretenden retomar la senda de la austeridad, como lo hará el Banco Central Europeo asociando “condicionalidades” al futuro “mecanismo anti-fragmentación” de la deuda de los países miembros de la UE. “Condicionalidades” es el nombre eufemístico para los recortes neoliberales que pretenden garantizar que los flujos financieros internacionales no atacarán a la deuda de los países periféricos, porque les vamos a garantizar que van a hacer siempre un buen negocio, degradando los servicios públicos y los mercados laborales para que no encuentren “rigideces” en su proceso de extracción del plusvalor.

El objetivo del Pacto de Rentas es imposibilitar un proceso de rearme y de movilización de la clase trabajadora, entorno a la defensa del salario y, por tanto, de la porción que obtiene el trabajo de la riqueza nacional. La alta inflación ha espoleado las luchas obreras en algunos sectores, como el metal o la limpieza. Pone en cuestión la abulia generalizada entre los trabajadores del sector público e incita a los pensionistas a pelear por la integridad de sus pensiones. Asoma a la clase media y a los sectores más acomodados de la clase trabajadora a la posibilidad de la dilución de sus ahorros. Empieza a poner nerviosa a una población que ha sufrido mucho en las últimas dos décadas.

La salida que Calviño, Hernández de Cos y Ferreras buscan a este escenario de inestabilidad es bastante evidente: la clase trabajadora se ata las manos y los empresarios siguen haciendo lo que les da la gana. La guerra de Ucrania no se detiene. El gas deja de llegar o llega mucho más caro. Las energéticas siguen teniendo beneficios récord, aunque repartan una pequeña fracción, que el Estado dedica a inundar en burocracia a la población más excluida, a cambio de subsidios exiguos. Cumplimos las “condicionalidades” de la Comisión Europea con una nueva reforma regresivade las pensiones. Los sindicatos, absolutamente desprestigiados, se dedican a predicar las bondades de la concertación, la paz entre las clases y la ternura de un gobierno que, al menos, no es de ultraderecha y no nos obliga a ir a misa.

Frente al Pacto de Rentas, sin embargo, tenemos a una izquierda transformadora desnortada, confusa y fragmentada. La indecisión a la hora de enfrentarse al gobierno deja el campo abierto para la irrupción de una contestación desde la ultraderecha. La cooptación de militantes de los movimientos por la política institucional instaura una evidente crisis moral y un tono general depresivo que no termina de cerrarse en las organizaciones de base. Los espacios de autoorganización social se han estrechado hasta la inanición en los años de gobierno “progresista”. La clase trabajadora mira perpleja al sindicalismo de pacto y a los estudiantes eternos que repiten una y otra vez que las clases ya no existen, hasta que obtienen un oscuro puesto de asesor del asesor del concejal de jardinería y de festejos, donde cumplen ordenadamente todas las normas que ha aprobado el bipartidismo en cincuenta años de democracia.

Podría ser así. En cierta manera, es así. Pero…

Si uno mira más de cerca ve que las huelgas se multiplican. Desde el metal de Cádiz a los tripulantes de cabina de Ryanair. El sindicalismo combativo, fragmentado pero despierto, empieza a buscar ámbitos de confluencia, a mirarse a la cara. La plaza de Callao se llena de gentes que muestran su rechazo a la matanza de la valla de Melilla. El verano calcina las calles, pero los militantes tratan de encontrarse bajo la calima. Debatimos y existimos. Algo podría despertar.

La gran guerra ha comenzado y debemos pararla antes de que lleve al mundo a la destrucción. La “clase media occidental” y las libertades democráticas difícilmente sobrevivirán a una gran conflagración, que puede durar décadas, con la periferia emergente del sistema global. La inflación es el primer impuesto de la guerra. Los propagandistas del Pacto de Rentas quieren que los trabajadores se aten las manos ante la inestabilidad que se avecina, que acepten pagar la fiesta de las energéticas y los bancos. Y de las empresas de armamento.

No es nuestra compasión lo que salvará a quienes se hayan en peligro, en este convulso inicio del siglo XXI, sino nuestra valentía y nuestra acción colectiva.

Por José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

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Frases y pensamientos

 

El 13 de julio de 1954 moría en Coyoacán una mujer irremplazable, irrepetible: Frida Kahlo. Cuerpo abierto por las heridas, alma quebrantada por el dolor, pintora de su propia vida. La recordamos hoy mediante algunas de sus frases y pensamientos.


Frases y pensamientos


Frida Kahlo

El Viejo Topo

13 julio, 2022 

 


«Enamórate de ti, de la vida. Y luego de quien tú quieras».

«Todo puede tener belleza, incluso lo más horrible».

«Sigo mal y seguiré peor, pero voy aprendiendo a estar sola y eso ya es una ventaja y un pequeño triunfo».

«Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saberla vivir. Que cada uno lo resuelva como pueda».

«¡Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir? Tinta, sangre, olor… ¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?».

«Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior».

«Yo le duro lo que usted me cuide, yo le hablo como usted me trate y le creo lo que usted me demuestre».

“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno: yo te cielo, así mis alas se extienden enormes para amarte sin medida… somos de las misma materia, de las mismas ondas…”

«Y tú bien sabes que el atractivo sexual en las mujeres se acaba voladamente, y después no les queda más lo que tengan en su cabezota para poderse defender en esta cochina vida del carajo».

«Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú».

«Donde no puedas amar, no te demores».

«Pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”.

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martes, 12 de julio de 2022

España, que no depende del gas ruso, tendrá que racionar igualmente su consumo en ‘solidaridad’ con la UE

 

España, que no depende del gas ruso, tendrá que racionar igualmente su consumo en ‘solidaridad’ con la UE

 

DIARIO OCTUBRE / julio 12, 2022

La poca dependencia española del gas ruso podría hacer pensar que las restricciones y el racionamiento que varios países europeos preparan para el otoño no afectará al consumo nacional. Nada más lejos de la realidad: los compromisos de España con la UE obligan a ceder energía en caso de caída del suministro.

 

Según datos de la Agencia Europea para la Cooperación de Reguladores de Energía, hasta 14 países europeos tienen una dependencia del gas ruso superior al 50%. También la Comisión Europea señala que el 45,3% del gas natural que se consume en el bloque procede de Rusia.

Sin embargo, el «racionamiento coordinado» aparece en el Plan REPowerEU, del que ya hemos hablado aquí anteriormente, que es el nombre del plan de racionamiento energético de la Unión Europea para responder al «chantaje» de Vladimir Putin. El documento habla, a grandes rasgos, de dejar atrás la dependencia a los combustibles fósiles rusos utilizando viejos clichés pseudoecologistas, como el «ahorro de energía», la «diversificación» del suministro de energía y el despliegue acelerado de las energías renovables; materias en las que el plan carece de concreción.

Dónde el plan sí hace un pormenorizado análisis y se detiene profusamente es ante la supuesta amenaza de un corte total del suministro ruso. El texto traza «medidas en caso de interrupción repentina del suministro de gas ruso»: planes nacionales de emergencia, medidas regionales, cooperación regional reforzada y racionamiento coordinado bajo el principio de solidaridad.

Este último punto es el más inquietante para países como España, con supuesta autosuficiencia energética para sortear el otoño y el invierno. Los racionamientos, por solidaridad, afectarán a todo el bloque, cuyo plan es de obligado cumplimiento para todos los países miembros, algo que el propio Ministerio de Transición Ecológica ya ha admitido, y que revela que la posición diplomática de España en la guerra de Ucrania no podría ser otra cosa que un auténtico desastre para los intereses que le son propios.

FUENTE: mpr21.info

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La guerra en Ucrania es el último desastre provocado por los neoconservadores. [La abstracción es un instrumento intelectual, necesario, imprescindible, pero su validez como elemento de conocimiento se limita a la teoría, es decir, que solo es útil para poder teorizar (una teoría no es un montón de paparruchas juntas en forma de palabras dichas solemnemente en la tribuna de oradores del parlamento o en la pantalla de una televisión, sino un razonamiento lógico a partir de unos antecedentes que concluyen de forma lógica en uno o varios consecuentes y que además tienen que ser lógicamente válidos, es decir, de acuerdo a los principios que hoy conocemos como lógicos. Pero solo con teoría (de la que los trabajadores y en el mejor de los casos, no pasamos) , como digo, necesaria e imprescindible, no se puede transformar la realidad social y, los trabajadores, dejando aparte la hojarasca palabrera, vacía, de buenos, malos, regulares y más eres tú, tanto si se dirige a un “facha” asqueroso como a un “rojo” de mierda, lo que verdaderamente necesitamos es una transformación social favorable a nuestros intereses que no son otros que el producto del trabajo es de quien lo crea con el trabajo y no necesariamente de quienes se apropian del producto del trabajo ajeno (una insignificante minoría social que sin embargo pone en peligro, como puede ser comprobado con la guerra de capitales actual en Ucrania, la existencia material del mundo entero) . Esta transformación social necesaria, vital, en el más riguroso sentido del término, para los trabajadores pasa indefectible, necesariamente, y sin tío páseme usted el río, por la acción política práctica todos los días de los trabajadores. Y, así, la alusión que hace el artículo que sigue a la falta de “perspicacia” europea (afirmación teórica, lógica y verdadera, porque coincide con la realidad) no es otra cosa que la expresión práctica del hecho real de la alienación personal, social y política de todos los trabajadores en general (también de los capitalistas). La alienación personal, social y política se concreta en la pérdida de conciencia, es decir, en la falta de conocimiento profundo de cada individuo en el significado de ser persona y lo que ello representa en la vida y en la sociedad en la que vive. Este es el principio de la trasformación social que los trabajadores tenemos que aprender. Nos va la vida en ello]

 

Biden está llevando a Ucrania, EE.UU. y la Unión Europea a una nueva debacle geopolítica. Si Europa fuera perspicaz, debería alejarse de estos desastres de la política exterior estadounidense.


La guerra en Ucrania es el último desastre provocado por los neoconservadores

 

Jeffrey Sachs

El Viejo Topo

12 julio, 2022 

 


 La guerra de Ucrania es la culminación de un proyecto de 30 años de duración del movimiento neoconservador estadounidense. La Administración Biden está repleta de los mismos neocón que defendieron las guerras de elección de EE.UU. en Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2003), Siria (2011) y Libia (2011) y que tanto han hecho por provocar la invasión de Ucrania por parte de Rusia. A lo largo de su historia, el movimiento ha producido absolutos desastres y, sin embargo, Biden ha llenado su equipo de neoconservadores. En consecuencia, el presidente estadounidense está llevando a Ucrania, EE.UU. y la Unión Europea a una nueva debacle geopolítica. Si Europa es mínimamente perspicaz, debería alejarse de estos desastres de la política exterior estadounidense.

El movimiento neocón surgió en la década de 1970 en torno a un grupo de conocidos intelectuales, varios de los cuales estaban influidos por el politólogo de la Universidad de Chicago, Leo Strauss, y el profesor de historia clásica de la Universidad de Yale, Donald Kagan. Algunos líderes neoconservadores han sido Norman Podhoretz, Irving Kristol, Paul Wolfowitz, Robert Kagan (hijo de Donald), Frederick Kagan (hijo de Donald), Victoria Nuland (mujer de Robert), Elliott Cohen, Elliott Abrams y Kimberley Allen Kagan (mujer de Frederick).

El mensaje principal de los neoconservadores estadounidenses es que EE.UU. debe mantener su predominio militar mundial y enfrentarse a las potencias regionales emergentes que puedan poner en peligro su dominio global o regional, especialmente Rusia y China. Para conseguirlo, Estados Unidos debería desplegar su ejército en cientos de bases militares a lo largo y ancho del mundo, de forma preventiva, para estar preparado para iniciar una guerra de elección si fuera necesario. Estados Unidos recurriría a las Naciones Unidas únicamente cuando ello conviniera a sus intereses.

Paul Wolfowitz fue el primero en explicitar este planteamiento en su borrador del documento ‘Orientaciones de la política de defensa’ (Defense Policy Guidance), escrito para el Departamento de Defensa en 2002. En dicho borrador, Wolfowitz solicitó la ampliación de la red de seguridad dirigida por Estados Unidos a Europa central y Europa del Este, a pesar de que el ministro de Exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher había prometido expresamente en 1990 que la unificación alemana no iría seguida de una ampliación de la OTAN hacia el este. Además, Wolfowitz expuso argumentos a favor de las guerras de elección estadounidenses, defendiendo el derecho de Estados Unidos a actuar de forma independiente, incluso en solitario, para responder a crisis que puedan tener repercusiones para el país. Según el general Wesley Clark, ya en mayo de 1991 Wolfowitz dejó claro a Clark que Estados Unidos realizaría operaciones de cambio de regímenes en Irak, Siria y otros antiguos aliados soviéticos.

Los neoconservadores defendieron la inclusión de Ucrania en la OTAN incluso antes de que ello constituyera la política oficial estadounidense con George W. Bush hijo en 2008. Para ellos, la pertenencia de Ucrania a la OTAN era clave para el dominio regional y global de Estados Unidos. En abril de 2006, Robert Kagan explicaba así los argumentos neoconservadores de la expansión de la OTAN:

Rusia y China no ven nada natural en las “revoluciones de colores” [de la antigua Unión Soviética], solo golpes de Estado respaldados por Occidente y diseñados para ampliar su influencia en regiones estratégicas. ¿Están tan equivocados? ¿No podría ser la satisfactoria liberalización de Ucrania, instada y respaldada por las democracias occidentales, sino el preludio de la incorporación de dicha nación a la OTAN y la Unión Europea, o dicho de otro modo, la expansión de la hegemonía liberal occidental?

Kagan reconoció las terribles consecuencias que tendría esta ampliación y citó el siguiente comentario de un experto: “El Kremlin se está preparando con mucha seriedad para ‘la batalla por Ucrania’”. Los neoconservadores han buscado esta batalla. Tras la caída de la Unión Soviética, tanto Estados Unidos como Rusia debieron haber buscado la neutralidad de Ucrania, como forma de garantizar una zona de separación y seguridad. En lugar de ello, los neoconservadores han perseguido la “hegemonía” estadounidense y Rusia ha aceptado la batalla, en parte para defenderse y en parte debido a sus propias pretensiones imperialistas. Esta situación recuerda a la guerra de Crimea (1853-1856), cuando Gran Bretaña y Francia buscaron debilitar a Rusia en el mar Negro tras la presión ejercida por esta sobre el imperio Otomano.

Kagan escribió el artículo como un ciudadano particular mientras su mujer, Victoria Nuland, era embajadora de Estados Unidos ante la OTAN bajo el mandato de George W. Bush hijo. Nuland ha sido una de las figuras clave en la consolidación del movimiento. Además de embajadora ante la OTAN con Bush, fue secretaria de Estado adjunta de Asuntos Europeos y Euroasiáticos de 2013 a 2017 con Barack Obama, llegando a participar en el derrocamiento del presidente prorruso de Ucrania, Viktor Yanukovych, y actualmente ejerce como subsecretaria de Estado con Biden, cargo desde el que guía la política de Estados Unidos en lo que respecta a la guerra de Ucrania.

La lógica neoconservadora se basa en una premisa falsa: que la superioridad militar, financiera, tecnológica y económica de Estados Unidos permite a dicho país imponer condiciones a cualquier región del mundo. Su postura es de una arrogancia y un desprecio por la evidencia extraordinarios. Desde la década de 1950, Estados Unidos ha sido neutralizado o derrotado en casi todos los conflictos regionales en los que ha participado. Y aun así, en la “batalla por Ucrania”, los neoconservadores estaban preparados para provocar una confrontación militar con Rusia ampliando la OTAN a pesar de las vehementes objeciones de la Federación, convencidos de que conseguirían derrotarla con sus sanciones económicas y el armamento de la organización atlántica.

El Instituto para el Estudio de la Guerra, un think-tank neoconservador dirigido por Kimberley Allen Kagan (y apoyado por una serie de contratistas en materia de defensa como General Dynamics y Raytheon), sigue prometiendo la victoria de Ucrania. En lo que respecta a los avances de Rusia, el Instituto hizo un comentario simbólico: “Independientemente del bando que ocupe la ciudad [de Severodonetsk], es probable que la ofensiva Rusa haya alcanzado su punto máximo en términos operativos y estratégicos, lo que permitirá a Ucrania iniciar una contraofensiva a nivel operativo para hacer retroceder a las fuerzas rusas”.

Los hechos sobre el terreno, no obstante, sugieren lo contrario. Las sanciones económicas de Occidente no han hecho mucho daño a Rusia, pero el efecto bumerán en el resto del mundo ha sido significativo. Además, la capacidad de Estados Unidos de reabastecer a Ucrania de munición y armamento se ha visto seriamente obstaculizada por su limitada capacidad de producción y por las rupturas en las cadenas de suministro. Como era de esperar, la capacidad industrial de Rusia es muy superior a la de Ucrania. El PIB de Rusia era unas 10 veces el de Ucrania antes de la guerra y, actualmente, Ucrania ha perdido mucha de su capacidad industrial debido al conflicto.

El resultado más probable de esta contienda es que Rusia conquiste una franja importante del territorio de Ucrania y la deje con nada o con muy poco litoral. En Europa y en Estados Unidos crecerá la frustración debido a los costes militares y a la estanflación derivada del conflicto y las sanciones. El efecto de arrastre podría ser devastador si un demagogo de derechas se hace con el poder en Estados Unidos (o recupera el poder, como sería el caso de Trump) y promete devolver al país su desvanecido poder militar mediante una peligrosa escalada bélica.

En lugar de correr el riesgo de este desastre, la verdadera solución consiste en terminar con las fantasías neoconservadoras de los últimos 30 años, en que Ucrania y Rusia se sienten de nuevo a negociar y en que la OTAN se comprometa a poner fin a su deseo de expansión hacia Ucrania y Georgia, a cambio de una paz que respete y proteja la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.

Artículo publicado originalmente en Brave New Europe. Traducción de María García Díaz en Contexto.

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Ucrania nombra tres armamentos para cambiar el rumbo de la guerra. [El titular de esta misma noticia quizás quedaría más ajustado a la realidad si dijera lo siguiente: Los capitales dominantes USA a través de la organización armada OTAN a su servicio para la guerra –porque para el reparto de caramelos no es-, financiada con el dinero de todos los trabajadores, y en nombre del gobierno ucraniano –porque en nombre de Ucrania no es- nombra tres armamentos para cambiar el rumbo de la guerra. Moraleja, majo trabajador: o los trabajadores despertamos e intervenimos directamente en política o, y o quiere decir o: hoy estamos mal pero menos mal que mañana]

 

 

Ucrania nombra tres armamentos para cambiar el rumbo de la guerra

 

TERCERAINFORMACION / 11.07.2022

A medida que el conflicto va intensificándose entre Ucrania y Rusia, Kiev nombra tres armamentos, con los que, según alega, podría cambiar el rumbo de la guerra.

El sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad (HIMARS, por sus siglas en inglés) M142 en una exhibición militar, 16 de junio de 2022. (Foto: AFP)

 

El asesor presidencial de Ucrania Mykhailo Podolyak señaló el sábado que el país necesita tres tipos de armas para poner fin al conflicto con las fuerzas rusas, que lanzan desde el 24 de febrero una operación militar para desmilitarizar el país vecino.

“¿Queremos un punto de inflexión en la guerra? 3 componentes … HIMARS para objetivos de alta precisión en bases traseras […] La artillería pesada en la línea del frente permite igualar la paridad numérica [y] APC (vehículos blindados de transporte de personal)”, indicó Podolyak mediante un mensaje de Twitter.

El funcionario ucraniano argumentó que, con más herramientas, las fuerzas de su país pueden “limpiar su tierra de los rusos” con más rapidez.

Estas declaraciones las hizo el asesor del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, después de que la Administración de EE.UU., presidida por Joe Biden, anunciara el envío de un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania por valor de 400 millones de dólares.

Con este nuevo despliegue armamentístico —que incluye cuatro sistemas adicionales de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad (HIMARS, por sus siglas en inglés)—, Washington busca reforzar las capacidades tácticas y defensivas del Ejército ucraniano, pese a rechazos de Rusia, que alerta de la prolongación de guerra.

Según un funcionario de defensa estadounidense, que habló anteriormente con la agencia británica de noticias Reuters bajo condición de anonimato, sistemas HIMARS han ayudado a Ucrania atacar con éxito posiciones rusas e interrumpir la capacidad de Rusia para llevar a cabo operaciones de artillería.

Todo esto, mientras Rusia continúa con éxito su operación en Donbás, en el este de Ucrania, que consta de las Repúblicas Populares de Lugansk (RPL) y Donetsk (RPD). En la actualidad, las fuerzas rusas se han centrado en las operaciones en Donetsk, una vez liberada Lugansk.

tqi/hnb

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