lunes, 4 de abril de 2022

Recordando al oficialmente censurado Dr. King

 

Hoy se cumplen cincuenta y cuatro años del asesinato de Martin Luther King, pastor baptista y el líder más prestigioso del movimiento americano por los derechos civiles. Adaptó y desarrolló el concepto de Gandhi de la no violencia.


Recordando al oficialmente censurado Dr. King

 

Paul Street

El Viejo Topo

4 abril, 2022 



El verano pasado encontré un hallazgo genial en una tienda de libros usados, una edición original del libro de Martin Luther King, publicado póstumamente, The Trumpet of Conscience (Nueva York: Harper & Row, 1968) – una compilación de cinco conferencias de King en el Sistema de Radiodifusión Canadiense (CBC) durante noviembre y diciembre de 1967, tan sólo cinco meses antes de su asesinato (o ejecución), en Memphis. La CBC había invitado a King a hablar de cualquier cosa que él considerara relevante no sólo para los EE.UU. sino para todo el mundo.

The Trumpet of Conscience no concuerda con la imagen convencional de King, domesticada y descafeinada, que se difunde en todo el país cada año durante y alrededor de la fiesta nacional que lleva su nombre. Esa imagen presenta a King como un reformista moderado que no aspiraba a mucho más que a unos pocos cambios básicos en materia de derechos civiles en   un sistema americano mayormente benévolo: un suplicante leal que lloraba de agradecimiento  a los líderes del país por hacer finalmente esos cambios.

La conmemoración oficial no dice nada sobre el Dr. King que estudió a Marx con simpatía a  una edad temprana[1] y que dijo en sus últimos años que «si queremos conseguir una igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo«[2]Elimina al King que escribió que el “verdadero problema que hay que afrontar”, más allá de asuntos superficiales, es “la reconstrucción radical de la misma sociedad». [3]

En su primera charla («Impasse en las relaciones raciales»), King reflexionaba sobre lo poco  que había conseguido la lucha por la libertad racial más allá de algunos cambios parciales en el Sur. Deploró «el cese de los avances limitados” que los negros y sus aliados habían alcanzado «por [una] resistencia de los blancos [que] revelaba el racismo latente que estaba [todavía] profundamente arraigado en la sociedad de EE.UU.».

«Al extinguirse la euforia y las expectativas», explicaba King «los negros se volvieron conscientes bruscamente de que el objetivo de la libertad estaba todavía lejos y que nuestra desazón inmediata era todavía sustancialmente una agonía de privación. En la última década se ha hecho poco para los ghettos del Norte. Toda la legislación ha buscado poner remedio a las condiciones del Sur – que han mejorado sólo parcialmente «(p.6).

Aun peor que su limitación, las conquistas obtenidas por los estadounidenses negros durante lo que King consideraba la «primera fase» de su lucha por la libertad (1955-1965) eran peligrosas en tanto que «produjeron en los blancos una sensación de logro definitivo» – una impresión absurda de que el llamado «problema negro» había sido resuelto y que, por tanto, ya no había fundamento o justificación para continuar con el activismo negro. «Cuando los negros, de forma asertiva, alcanzaron el segundo peldaño de la escalera,» señaló King, «hubo una resistencia firme de la comunidad blanca …. En algunos lugares había un rechazo cortés, en otros, una reacción de reafirmación blanca. En todas partes había, sin lugar a dudas, una clara resistencia” (p.6).

«El hombre blanco no obedece la Ley» 

Al explicar la importante ola de disturbios raciales que se extendieron a través de las ciudades de Estados Unidos en los veranos de 1966 y 1967, King no se disculpó por la violencia negra. Culpó de los disturbios a «la estructura del poder blanco … tratando todavía de mantener intactas los muros de la segregación y la desigualdad «. Según él la causa principal de los disturbios era la postura reaccionaria de «la sociedad blanca, que no estaba preparada ni  quería aceptar un cambio estructural radical», que «provoca[ba] el caos» diciendo a los negros (cuyas expectativas de cambio sustantivo se habían despertado) “que tienen que hacerse a la idea de permanecer permanentemente desiguales y permanentemente pobres » (9-10, énfasis añadido).

King también culpó de los disturbios, en parte, a la guerra imperialista y genocida de Washington “en [aquí mejor podría haber dicho “impuesta a”] Vietnam.» La agresión militar contra el sudeste de Asia robó recursos a la «Guerra contra la Pobreza” de Johnson, declarada rápidamente y apenas librada. «Envió negros pobres a las líneas mortales del frente en una cantidad desproporcionada. Avanzó la idea de que la violencia era una respuesta razonable e incluso una solución para los problemas sociales y políticos.

Los estadounidenses negros y otros detectaron lo que King llamó «la cruel ironía de ver a negros y blancos en las pantallas de televisión matando y muriendo juntos por una nación que había sido incapaz de sentarlos juntos en la misma escuela. Los vemos en brutal solidaridad quemando las chozas de una aldea pobre, pero nos damos cuenta de que nunca vivirían en el mismo bloque en Detroit «, dijo King en su segunda conferencia CBC y añadió que “no podía permanecer silencioso frente a una manipulación tan cruel de los pobres «(p. 23).

Aparte la hipocresía racial, King dijo que «una nación que continúa año tras año gastando más dinero en defensa militar [aquí mejor podría haber dicho «imperio militar»] que en programas de mejora social se está acercando a su perdición espiritual» (p.33).

¿Desobedecieron los alborotadores la ley, como pretenden sus críticos, liberales y conservadores por igual? Sí, dijo King, pero añadió que las transgresiones de  los manifestantes eran «delitos derivados … nacidos de los crímenes, más grandes, de los … responsables políticos de la sociedad blanca», que «crearon discriminación … barrios pobres [y] perpetuaron el desempleo, la ignorancia y la pobreza …. El hombre blanco”, King explicó, “no cumple la ley en el gueto. Día tras día viola las leyes de bienestar social para privar a los pobres de sus exiguas ayudas; viola flagrantemente los códigos y reglamentos urbanísticos, su policía se burla de la ley; viola las leyes sobre igualdad en el empleo, la educación y la prestación de servicios públicos. Los barrios pobres son la obra artesanal de un sistema vicioso de la sociedad blanca. «(P.8).

¿Utilizaron la violencia los alborotadores? Sí, dijo King en su cuarta conferencia, pero señaló que su agresión estaba «en un grado sorprendente … enfocada contra la propiedad y no contra la gente». Observó que «la propiedad representa la estructura del poder blanco, que [los manifestantes] [comprensiblemente] atacaban y trataban de destruir «(pp. 56-57). Contra aquellos que consideran la propiedad «sagrada», King sostuvo que «la propiedad tiene como objetivo servir a la vida y, por mucho que la rodeemos de derechos y respeto, no tiene existencia personal”

«Las raíces están en el sistema» 

¿Qué hacer? King avanzó cambios de política significativos que iban contra la naturaleza capitalista del estado de la nación, lo que refleja su acuerdo con los radicales de la Nueva Izquierda en que «únicamente a través de cambios estructurales se pueden eliminar los males actuales, ya que las raíces están en el sistema y no en el hombre o en errores operativos» (p.40). King abogó por un programa nacional de emergencia, que  proporcionara ya  sea puestos de trabajo decentes a todos o una renta nacional garantizada «de un nivel que haga sostenible la vida en circunstancias decentes». También pidió la «demolición de los barrios marginales y su reconstrucción por la población que vive en ellos» (p . 14).

Sus propuestas, dijo, tenían como objetivo no solo la justicia racial. Tratando de abolir la pobreza para todos, incluidos los blancos pobres, consideraba que «la revuelta de los Negros» había llegado a cuestionar lo que él llamó «los tres males interrelacionados» del racismo, la injusticia económica/ pobreza (capitalismo) y la guerra (militarismo e imperialismo). Había «evolucionado más allá de una búsqueda de la desegregación y la igualdad» convirtiéndose en «un desafío a un sistema que ha creado milagros productivos y tecnológicos para crear justicia.»

«Si el humanismo queda fuera del sistema», dijo King en su discurso de apertura, «los negros demostrarán su núcleo interno despótico y se desencadenará una lucha mucho mayor por la liberación. Los Estados Unidos tiene el reto sustancial de demostrar que pueden abolir no sólo los males del racismo, sino también el flagelo de la pobreza y los horrores de la guerra …. «(pp. 16-17, énfasis añadido).

No cabe ninguna duda de que King quería decir capitalismo cuando se refirió al «sistema» y su «núcleo interno de despotismo».[4]

«Hay que organizar una revolución …. contra la privilegiada minoría de la Tierra « 

Nadie que haya escuchado atentamente las conferencias en CBC de King puede no haber notado el radicalismo de su visión y de su táctica. «Los desposeídos de esta nación – los pobres, tanto blancos como negros – viven en una sociedad cruelmente injusta», dijo King en   su cuarta conferencia. «Tienen que organizar una revolución contra esa injusticia», añadió (p. 59) ..

Este tipo de revolución requeriría «más que una declaración a la sociedad en general», más que «manifestaciones callejeras», proclamaba King. «Debe ser», añadía, “una fuerza que interrumpa el funcionamiento [de esta sociedad] en algún punto clave». Esa fuerza usaría la «desobediencia civil masiva» para «transmutar la profunda rabia del gueto en una fuerza constructiva y creativa» y «dislocar el funcionamiento de la sociedad.»

«Una tormenta se está levantando contra la minoría privilegiada de la tierra», añadía además King. «La tormenta no disminuirá hasta que [haya] una justa distribución de los frutos de la tierra …» (p. 17). Tal como sugiere esta referencia a la totalidad de la tierra, «la resistencia masiva, activa, no violenta a los males del sistema moderno» (p. 48) por la que King abogaba era «de alcance internacional», lo que refleja el hecho de que «los países pobres son pobres principalmente porque [las naciones ricas occidentales] los han explotado a través del colonialismo político o económico. Los estadounidenses en particular, deben ayudar  a  su nación a arrepentirse de su imperialismo económico moderno «(p. 62).

En la Trompeta de la conciencia leemos a un defensor de una revolución mundial, democrática y socialista, partidario de la desobediencia masiva, que los guardianes de la memoria nacional no quieren que se conozca cuándo honran la memoria oficial de King impuesta doctrinalmente.

Regresión, traición, y «La mendacidad de la esperanza»

La amenaza que suponen para la memoria oficial las conferencias en CBC de King – y otras muchas cosas que King hizo, dijo y escribió en los últimos tres años de su vida – no consiste solamente en que muestran que el reformador de la imagen oficial fue un opositor radical del sistema de beneficios y su imperio. Se trata también de la claridad con la que King analizó el carácter incompleto e inacabado del progreso de la nación contra la injusticia racial y de clase, cuyos avances prácticamente cesaron en la década de 1970, debido a un rechazo blanco que ya estaba en marcha a principios y mediados de los años 60 (antes del surgimiento de los Panteras Negras) y a una guerra empresarial de arriba a abajo contra la clase trabajadora estadounidense que comenzó bajo Jimmy Carter y se recrudeció bajo Ronald Reagan.

La «maldición espiritual» impuesta por el militarismo ha sobrevivido. Washington ha matado directa e indirectamente, de distintas maneras, a incontables millones de iraquíes, centroamericanos, sudamericanos, africanos, musulmanes, árabes y asiáticos a lo largo de estos años desde Vietnam[5]Con la mitad del obsceno gasto militar mundial, los EE.UU. mantienen unos presupuestos de «defensa» (imperio) a niveles de la Guerra Fría, para sostener una máquina de matar mundial históricamente sin precedentes (que opera desde más de 1.000 bases establecidas en más de 100 países «soberanos») aun cuando el número actual, récord,  de estadounidenses oficialmente pobres sigue estancado en 46 millones, de los cuales, un número muy desproporcionado son negros y latinos.

Es irónico que Barack Obama tenga un busto de King en el Despacho Oval de la Casa Blanca para velar por su traición constante de los ideales del líder mártir de la paz y la justicia. De acuerdo con la temprana (1996) y precisa descripción del Dr. Adolph Reed Jr. ‘s del futuro Presidente como «un suave abogado de Harvard con credenciales impecables e inofensivo con respecto a las represivas políticas neoliberales”,[6] el Presidente Obama ha respaldado firmemente los altos intereses corporativos y financieros (cuyos representantes han llenado y dominado sus administraciones, campañas y fondos de campaña) contra y sobre aquellos que emprenderían programas serios para poner fin a la pobreza, redistribuir la riqueza (cuya salvaje re-concentración desde la época del Dr. King ha producido una nueva Edad de Oro en los EE.UU.), controlar al capital y salvar el eco-sistema viviente, que se acerca a toda una serie de puntos de inflexión críticos en la trayectoria acelerada hacia una catástrofe irreversible. Así pues, uno de los partidarios de Obama fue despedido a finales de 2012 por quejarse de que un presidente «cuya plataforma consiste en la ley de salud pública de Romney, las políticas medioambientales de Newt Gingrich, los recortes de impuestos financiados con déficit de John McCain, los rescates de bancos y corporaciones de George W. Bush y un paquete fiscal de Bush y Clinton” seguía siendo denunciado como enemigo de la izquierda y de los negocios por los republicanos[7].

Obama se ha opuesto a programas especiales o a tratar seriamente a nivel federal las salvajes desigualdades raciales de la nación, que actualmente son tan grandes que el presupuesto medio de los hogares blancos es 20 veces mayor que el de los hogares negros y 18 veces mayor que el de los hogares hispanos. Mientras, el hecho de su ascendencia a la Casa Blanca ha reforzado profundamente el sentimiento de los blancos estadounidenses de que el racismo ya no existe en tanto que barrera para el progreso negro y ha generado su propio y significativo rechazo blanco, que no hace más que empeorar la situación de los estadounidenses negros menos privilegiados. Ha dejado claro que lo que el Dr. King llamó «pagaré» no pagado de los estadounidenses blancos y «cheque falso» para los estadounidenses negros[8] continuará sin poder cobrarse bajo su administración – en consonancia con su absurda declaración, durante la campaña del 2007 (durante una conmemoración de la Marcha por el Derecho a Voto de  Selma), de que los negros habían alcanzado ya el «90 por ciento» de su camino hacia la igualdad en los EE.UU.[9] Para redondear los trucos de mago en relación con los “tres males”, Obama – el mismo que aprobó personalmente la lista de asesinatos de la Special Forces Global War on (of) Terror Kill List – ha adoptado y ampliado la vasta operación criminal y mundial de espionaje y asesinato que heredó de Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y Bush. Ha atemperado sus guerras terrestres agotadas y fallidas sólo para redoblar e inflar el papel de los incomprensibles ataques de fuerzas especiales y drones, con el mismo espíritu de su brillante y temerario modelo imperial John Fitzgerald Kennedy. Cuando libró su mortal y desastrosa guerra aérea sobre Libia ni siquiera se molestó en buscar el pretexto de la aprobación del Congreso. Mientras tanto ha superado en mucho al régimen de Cheney-Bush a la hora de reprimir a los disidentes contra la guerra, por no hablar de los que se oponen a la  dominación del 1 por ciento, aplastados por una campaña federal coordinada en el otoño de 2011. «Como han señalado continuamente  todo tipo de periodistas” dice Glenn Greenwald, “la Administración Obama es más agresiva y más vengativa cuando se trata de castigar a los disidentes que cualquier otra administración en la historia de Estados Unidos, incluyendo la de Nixon «[10].

«Un llamamiento más allá de las lealtades nacionales»

 Pensando en el historial imperial FTBP, me acuerdo de algo que dijo King en su segunda conferencia en CBC. Al explicar por qué se había vuelto un crítico de la guerra de Vietnam, King señaló que «en 1964 cayó sobre mí una gran responsabilidad: no puedo olvidar que el Premio Nobel de la Paz fue también un mandato – un mandato para trabajar más que nunca por ‘la hermandad del hombre.’ Este es un compromiso que me conduce más allá de las lealtades nacionales … a la búsqueda de la paz «(p.25).

Para responder a este compromiso, King se alineó con líderes social-demócratas estadounidenses de los años 60, como Bayard Rustin, A. Phillip Randolph y Michael Harrington. Estos y otros líderes de izquierda (por ejemplo, Max Shachtman y Tom Kahn) no querían oponerse abiertamente al asalto imperial de los EE UU contra Indochina, debido a su creencia, fuera de lugar, de que solo era posible proseguir la lucha contra la pobreza en alianza con el Partido Demócrata, favorable a la guerra y la AFL-CIO[11]Además de oponerse a la guerra por razones morales, King comprendió muy bien que los costes de aplastar al Vietnam excluían  y anulaban el gasto social contra la pobreza.

Un testamento de esperanza radical

 Tal vez la experiencia de Obama sirva, al menos, de lección respecto a cómo un cambio progresista es algo de mucha más envergadura que un cambio de partido o del color de las personas en el poder formal. Eso es ciertamente algo que King (que tendría 85 años en la actualidad) habría pensado si hubiera podido presenciar directamente la interminable mendacidad del primer presidente medio-blanco del país. «La revolución negra», escribió King en un ensayo de 1969, publicado póstumamente, titulado «Un Testamento de Esperanza» – que asume un tipo de esperanza muy distinto del difundido por la marca Obama en 2008 – «es mucho más que una lucha por los derechos de los negros. Obliga a los Estados Unidos a hacer frente a todos sus defectos combinados: racismo, pobreza, militarismo y materialismo. Revela males que están arraigadas profundamente en toda la estructura de la sociedad. Revela males sistémicos y no superficiales y sugiere que el verdadero problema que hay que afrontar es la reconstrucción radical de la sociedad por sí misma»[12].

 Estas palabras – palabras que no se oyen a través de los «principales» medios de comunicación durante las celebraciones nacionales del Día de King – suenan actualmente igual de verdaderas y urgentes, porque no se puede negar que el núcleo interno de despotismo del sistema de beneficios está conduciendo a la humanidad a un abismo medioambiental y que   se ha llegado a la disyuntiva de eco-«socialismo o barbarie, si tenemos suerte.»

Notas:

[1] Marshall Frady, Martin Luther King, Jr, A Life (New York: Penguin, 2002), 25.

[2] David J.Garrow, Llevando la cruz: Martin Luther King, Jr. y el Consejo de Liderazgo Cristiano del Sur (HarperCollins, 1986), 41-43.

[3] Véase la nota 12, a continuación.

[4] Garrow, Llevando la cruz, 382,  591-92; Michael Eric Dyson, Puede que no llegue allí con ustedes: el verdadero Martin Luther King, Jr.  (Free Press, 2000), 87-88.

[5] Una revisión útil se encuentra en William Blum, El Estado granuja: una guía para la única superpotencia del mundo (Common Courage Press, 2005). Véase también Noam Chomsky, Año 501: la conquista continúa (South End Press, 1993) y Ward Churchill, Sobre la justicia de los pollos asados: reflexiones sobre las consecuencias de la criminalidad y la arrogancia imperial de los EE.UU. (AK Press, 2003).

[6] Y con mi descripción del compromiso y la carrera de Obama en mi libro de Barack Obama y el futuro de la política estadounidense (Paradigma 2008, escrito en 2007). Ver Adolph Reed, Jr., «La maldición de la Comunidad,» Village Voice (16 de enero, 1996), reproducido en Reed, Notas de clase: aparentando  política y otros pensamientos sobre el escenario americano (Nueva York, 2000), 10-13.

[7] Ezra Klein, «Block Obama!,» New York Review of Books, 27 de septiembre de 2012, citado en Perry Anderson, «Patria», New Left Review 81 (mayo-junio de 2013).

[8] Martin Luther King, Jr., «Tengo un sueño …» (1963), http://www.archives.gov/press/exhibits/dream-speech.pdf

[9] Paul Street, «El pálido reflejo: Barack Obama, Martin Luther King, Jr., y el significado de la Revolución Negra,» Black Agenda Report (20 de marzo, 2007), http://www.blackagendareport.com/content/pale-reflection-barack- obama-mlk-and-meaning-black-revolution.

[10] Transcrito de http://www.buzzfeed.com/dorsey/glenn-greenwald-tears-into-ruth-marcus-over-edward-snowden

[11] Para una información detallada y notable, ver Paul Le Blanc y Michael D. Yates, Un presupuesto de libertad para todos los estadounidenses: retomando la promesa civil; Movimiento de los Derechos en la lucha por la justicia económica hoy (New York: Monthly Review, 2013).

[12] Martin Luther King, Jr., «Un Testamento de Esperanza» (1969) en James Washington, ed, Un testamento de esperanza: los escritos y discursos esenciales de Martin Luther King. Jr (Nueva York: Harper Collins, 1991), 315.

Fuente: Counter PunchTraducción de Anna Maria Garriga Tarré para Sin Permiso.

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domingo, 3 de abril de 2022

Rusia y Ucrania en un mundo nuevo

 

Rusia y Ucrania en un mundo nuevo

 

Por José Natanson

Rebelion

02/04/2022 

 

Fuentes: Le Monde diplomatique


Ubicadas en el corazón de Cupertino, la zona de Silicon Valley que alberga la sede de Apple, Monta Vista High y Lynbrook High son dos de las mejores escuelas públicas de Estados Unidos. Históricamente, el alumnado estaba conformado principalmente por hijos de la elite WASP (White Anglo-Saxon Protestant) que domina los puestos gerenciales de las compañías de alta tecnología de California.

Sin embargo, en los últimos años se viene registrando una huida de los niños blancos de ambas escuelas, a punto tal que hoy representan apenas un tercio de la matrícula. La causa, que se repite en establecimientos públicos de primer nivel de ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Nueva Jersey, es simple: los estudiantes asiáticos de segunda generación, sobre todo hijos de chinos e indios, los superan. Sintiéndose desplazados, los padres de los chicos blancos prefieren sacar a sus hijos de estas escuelas bien reputadas y trasladarlos a otras, a menudo lejos de sus casas, lo que a veces obliga a mudanzas no deseadas. El argumento es que resultan excesivamente competitivas, sobre todo en materias como ciencias y matemática. “Exigen demasiado a los chicos”, se quejaba una madre que había decidido cambiar a su hijo de escuela, y que defendía la idea de que los chicos también tienen que practicar deportes, salir con amigos, divertirse (1).

Esta estrategia familiar de preservación de la supremacía blanca en el orden social y económico no es nueva. En su libro The Chosen: The Hidden History of Admission and Exclusion at Harvard, Yale, and Princeton (Los elegidos: la historia oculta de la admisión y exclusión en Harvard, Yale y Princeton), el sociólogo Jerome Karabel investigó los documentos de ingreso a las universidades de la Ivy League y mostró que, en los años 50, cuando otra “minoría exitosa”, en ese caso la judía, amenazaba con disputar el predominio WASP, el sistema de admisión fue modificado para incluir entrevistas con los aspirantes, que promediaban el mérito académico con una serie de criterios confusos que aludían al compañerismo, el liderazgo y la masculinidad, en los que por supuesto los judíos salían perdiendo (2). Igual que ahora con los asiáticos, cuando la elite blanca empezaba a perder decidía cambiar las reglas.

La tendencia funciona como metáfora del sistema económico mundial, sistema al que Estados Unidos, consciente de que ya no le sirve, se dedica a desmantelar pieza por pieza. Aunque las primeras insinuaciones habían comenzado durante la presidencia de Barack Obama, fue Donald Trump quien mejor entendió que el mundo que Washington había creado desde los 90 había dejado de resultar funcional a sus intereses y que había llegado el momento de modificarlo de raíz. Contribuyeron a ello transformaciones activadas por la técnica, como el hecho de que Estados Unidos pasara en pocos años de ser un importador a un exportador neto de hidrocarburos, reduciendo su dependencia energética y permitiéndole retirarse de zonas en otra época cruciales para su supervivencia, como Medio Oriente. Pero lo central fue un cambio en la orientación estratégica: la gran contribución de Trump, su aporte definitivo a la política estadounidense del siglo XXI, fue ubicar a China como el gran contendiente de Estados Unidos, y convencer al establishment, incluyendo al demócrata, de que el futuro del país depende de su capacidad para contener al nuevo adversario en ascenso. Y si esto implica enterrar definitivamente el sueño noventista de un mundo organizado en torno al libre comercio y la democracia, entonces adelante.

Así, Estados Unidos renegoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado por Bill Clinton en el cenit del impulso aperturista, por el T-MEC; abandonó las negociaciones por el Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), estableció aranceles al acero y al aluminio, forzó a las empresas estadounidenses a repatriar inversiones e inició una guerra comercial con China que aún no ha concluido.

En el camino, dos eventos de alcance global aceleraron el proceso des-globalizador.

El primero es la pandemia. Al apagar la economía mundial casi de un día para el otro, la pandemia interrumpió los flujos comerciales, puso en jaque los modelos de gestión just-in-time y enloqueció las cadenas de suministros, que se dislocaron para siempre. Y, más importante aun, demostró con la fuerza de los hechos consumados que en el siglo XXI la soberanía no pasa solo por los tanques y los misiles sino también por el control de los recursos y una industria nacional que garantice cierta autosuficiencia.

Estados Unidos, por ejemplo, importa dos tercios de los principios activos a partir de los cuales produce sus medicamentos de empresas chinas, es decir de empresas sobre las cuales el Estado de su principal rival estratégico ejerce algún tipo de control. En los momentos más duros del Covid, Argentina no sufrió la falta de respiradores que atormentó a otros países de América Latina simplemente porque disponía de dos fábricas especializadas dentro de sus fronteras (se trata de una tecnología del siglo XX, es decir de la época en que la industria nacional todavía brillaba). En suma, la pandemia demostró que una industria nacional potente, al igual que un complejo de ciencia y tecnología dinámico, constituyen herramientas decisivas para enfrentar los desafíos de un mundo en permanente transformación. Y obliga a revisar viejas ideas: las economías abiertas y globalizadas sufrieron el shock de la crisis en mayor medida que aquellas más protegidas y volcadas al mercado interno (3).

El segundo evento que profundiza el efecto desglobalizador es la guerra de Ucrania. En el corto plazo, porque se redujo el comercio internacional con estos países, que no son menores. Rusia es la principal potencia energética de Europa, alberga algunas de las minas metalíferas más importantes del planeta y es un gran exportador de alimentos (el primer exportador de trigo del mundo, por ejemplo). Ucrania también es un gran productor de alimentos; por su territorio, además, pasan los gasoductos y oleoductos que abastecen a Europa. Si en el corto plazo la guerra acelera el proceso de disolución de los mercados mundiales, la decisión de miles de empresas occidentales de desinvertir en Rusia y las sanciones impuestas por Occidente tienden a desconectar progresivamente al país de la economía global: algunos bancos rusos fueron excluidos de la SWIFT, el rublo ha sido desterrado de las transacciones internacionales y la última Batman no pudo ser estrenada en Rusia por decisión de la Warner.

Esto, a su vez, afecta al dólar. Las sanciones contra Rusia incluyeron la inmovilización de 300.000 millones de dólares de reservas depositados en el extranjero, como en su momento ocurrió con Irán, Siria y Afganistán, que desde el regreso del Talibán al poder busca recuperar 9.400 millones de dólares depositados en la Reserva Federal de Estados Unidos, y con Venezuela, que aún no pudo repatriar el oro retenido en el Banco Central de Inglaterra. El efecto paradójico es que esto está produciendo una revisión de las estrategias de acumulación de reservas y resguardo de valor de los países no occidentales que profundiza la tendencia a la des-dolarización de la economía global: la participación del dólar en las transacciones internacionales pasó del 60,2% al 46,7% entre 2014 y 2020 (4).

Como señaló Ignacio Ramonet (5), una de las consecuencias de este nuevo escenario es la creciente dependencia de Rusia respecto de China, que adquiere una capacidad hegemónica sobre ese país. No deja de resultar significativo que Putin ordenara la invasión a Ucrania después de una reunión con Xi Jinping y una vez que finalizaron los Juegos Olímpicos de Invierno, la gran apuesta de propaganda china para la era pos-Covid.
Mientras Rusia se recuesta cada vez más en China, el bando occidental avanza en una novedosa unidad, que permitió coordinar en tiempo récord las sanciones y revitalizar la OTAN superando las diferencias entre las posiciones más duras de los países anglosajones y las más contemporizadoras de Francia y Alemania. Incluso Turquía, atlantista semidíscola que venía coqueteando con Moscú, participó del envío de armas a Ucrania y cerró el paso del Bósforo y de los Dardanelos a los barcos de guerra rusos. Significativamente, los líderes europeos cercanos a Putin, de la ultraderechista francesa Marine Le Pen al primer ministro húngaro Viktor Orbán, se alinearon con la estrategia occidental. También significativamente, casi ningún país no occidental se sumó a las sanciones contra Rusia.

La imagen de dos bloques enfrentados –el marco comprensible de una nueva Guerra Fría– resulta tentadora; pero es engañosa. Que el orden liberal nacido de la caía del Muro de Berlín se esté desintegrando no significa que vaya a ser reemplazado por un conflicto como el del siglo pasado. A diferencia de lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las economías de las órbitas americana y soviética funcionaban en paralelo, hoy la interdependencia de China (y en general de Asia) con el mundo occidental es total. De hecho, los principales socios comerciales de China son justamente sus adversarios geopolíticos: Japón, Estados Unidos, la Unión Europea y… Taiwán. En una mirada general, China es hoy el primer socio comercial del 70% de los países del mundo (6): sancionarla, aislarla o desengancharla es sencillamente imposible.

Pero esto no quiere decir que no haya un trasfondo político-ideológico detrás de la guerra en Ucrania y del conflicto más general entre China y Estados Unidos. En un contexto de declive de la hegemonía estadounidense, asistimos a un regreso de ideas y categorías –nacionalismo y nación, religión y pueblo, guerra cultural y valores– que la ilusión de un orden liberal eterno parecía haber superado. La misma escritura de este editorial me lleva a recurrir a palabras, como “occidental”, que antes no utilizaba. Son ejemplos de este nuevo clima de época el hinduismo anti-musulmán de Narendra Modi, el giro islamista de Recep Tayyip Erdogan, coronado con la reconversión de Santa Sofía en mezquita, la impronta evangélica de la derecha bolsonarista y de las extremas derechas centroamericanas, y el nacionalismo blanco, también de fuerte apelación religiosa, de Donald Trump, que ve en Putin más un aliado para su guerra contra el multiculturalismo que un enemigo, a punto tal que Tucker Carlson, presentador estrella de Fox News, sigue defendiendo a Rusia en el noticiero de mayor rating de la televisión norteamericana.

Como escribió el periodista Jeremy Cliffe en The New Statesman (7), es necesario poner a la guerra en el contexto de un regreso del nacionalismo del viejo estilo y de la idea de Samuel Huntington de un choque de civilizaciones. Recordemos que uno de los ejes del conflicto entre Ucrania y Rusia fue la ley, que comenzó a aplicarse poco después de la llegada de Volodimir Zelenski al poder, que prohíbe utilizar el ruso en los documentos oficiales, la industria del espectáculo y la vía pública (8). Cuestionada por la Comisión de Venecia del Consejo Europeo, la norma establece la obligatoriedad de que en los medios de comunicación impresos en ruso publiquen la traducción al ucraniano… pero no obliga a hacer lo mismo si el idioma original es inglés o francés. La inesperada resistencia ofrecida por el Ejército ucraniano a las tropas rusas es una reacción nacionalista, que profundiza el proceso de construcción de una ucraniedad en clave anti-rusa que había comenzado con la Revolución Naranja y el Euromaidán.

Recapitulemos antes de concluir.

La pandemia y la guerra en Ucrania pusieron fin a la etapa de globalización abierta en los 90. Toda una era se está desmoronando delante de nuestros ojos, una situación en muchos aspectos similar a la de 1914, cuando otro conflicto armado, el que empezó con el asesinato del archiduque Francisco Fernando, terminó con la etapa de la primera globalización. Obsesionado con la lengua, la religión y los territorios, Putin parece por momentos un líder de otro siglo. La pregunta es si eso lo convierte en un cavernícola trasnochado o en alguien que entendió hacia dónde sopla el viento.

Notas:

1. Richard Keiser, “Temor blanco en Estados Unidos”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 2020.
2. Houghton Mifflin, 2005.
3. http://www.bbc.com/mundo/noticias-53156788
4. https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39201/dolar-suicidio-sanciones-rusia-reservas.htm
5. http://www.eldiplo.org/notas-web/una-nueva-edad-geopolitica/
6. https://twitter.com/danyscht/status/1416806909127139330
7. https://www.newstatesman.com/international-politics/geopolitics/2022/03/putins-war-risks-a-clash-of-civilisations-the-west-must-not-fall-into-his-trap
8. http://www.swissinfo.ch/spa/ucrania-idioma_entran-en-vigor-en-ucrania-reglas-que-priorizan-el-ucraniano-sobre-el-ruso/46793294

Fuente: https://www.eldiplo.org/274-la-nueva-amenaza-nuclear/rusia-y-ucrania-en-un-mundo-nuevo/

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Líneas rojas: ¿De Ucrania a Taiwán?

 

Europa padece ahora una nueva guerra en su territorio. Una lección amarga. Debiéramos prepararnos desde ya para evitar que esta crisis tenga un “segundo tiempo” en Asia, quizá en un lustro, dicen los jefes militares del Pentágono.


Líneas rojas: ¿De Ucrania a Taiwán?


Xulio Ríos

El Viejo Topo

3 abril, 2022 



En las semanas previas a la invasión rusa de Ucrania, se especuló mucho sobre la concatenación de esta crisis con la existente en el Estrecho de Taiwán. Los paralelismos no han pasado desapercibidos. En Asia, las tensiones entre Beijing y Taipéi han estado escalando desde 2016 con muestras crecientes de exhibición de músculo castrense, con implicaciones no solo de China sino también de EEUU. No pocos se han apresurado a dar la alarma de que Taiwán “podría ser el siguiente”. Sin embargo, a día de hoy, no hay caso. China, que enaltece la estabilidad sobre cualquier otra variable, no imitará a Rusia. En primer lugar, por un doble sentido de oportunidad y capacidad: no está preparada para una acción de similar envergadura; segundo, porque la apuesta por la reunificación pacífica aun prima sobre la opción de la fuerza, ciertamente nunca descartada.

Tras la invasión, el escenario es otro. China rechaza la violación de la integridad territorial de un país soberano como Ucrania, aunque “comprende” la reacción rusa ante el desafío del expansionismo militar de la OTAN. En consecuencia, China, como ocurrió en 2014 con Crimea, no se avendrá a reconocer los nuevos territorios segregados de Ucrania porque ello podría, en caso de crisis, abrir la espita en cascada del reconocimiento de la “independencia” de Taiwán. En Taipéi se condenó sin paliativos la violación de la soberanía ucraniana, calificándola de cambio del statu quo y se sumará a las sanciones, incluyendo el cese de la exportación de microchips.

La empatía china con el Kremlin viene suscitada por la interiorización de un compartido sentimiento de acoso, es decir, la convicción de que Occidente está dispuesto a todo para preservar una hegemonía sobre la que planea el reto emergente chino, con el sorpasso económico al alcance de la mano. A Beijing no se le escapa que Rusia no es rival para Washington y que la hipotética gran batalla está por librarse. Pero de igual forma que la OTAN no renuncia a expandirse más y más en el escenario europeo, la opción de reflotar el QUAD (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) o de construir el AUKUS (Australia, Estados Unidos y Reino Unido) responden a la misma idea, la de contener a China combinando diversas opciones (económica, comercial, tecnológica, militar…).

China es consciente de que una guerra en Europa es una pésima noticia. En modo alguno compensa que EEUU pueda distraerse con esta crisis porque el peso, abrumadoramente, recaerá sobre un continente ahora atado más en corto a Washington y más dependiente de la Alianza Atlántica, una realidad que quisiera ablandar para que pueda afianzarse como contrapeso. Ante los hechos consumados, Beijing calibra el alcance de las sanciones anunciadas y probablemente mitigará cuando pueda sus efectos en relación a Moscú. De hecho, sus aduanas ya se han abierto sin restricciones para las importaciones de trigo ruso. Si ante la hipótesis de la exclusión del sistema de pago Swift llevan tiempo trabajando codo con codo en el diseño de mecanismos alternativos, también al dólar en sus transacciones a fin de reducir vulnerabilidades, el grueso del comercio bilateral, poco diversificado, seguirá girando en torno a la energía. China, por tanto, nadará y guardará la ropa echando mano de los malabarismos necesarios.

Pero el “modelo Ucrania” y su supeditación al “contexto histórico” en detrimento  de la soberanía democrática puede reproducirse en Taiwán en pocos años. China ha dicho que la reunificación es una línea roja, es decir, un “interés central”. Y los vientos no soplan a su favor. No es solo el poder político en Taipéi el beligerante con su proyecto, muy desacreditado tras la crisis de Hong Kong en 2019; es la sociedad taiwanesa la que se aleja más y más. Washington, por su parte, agujerea un día sí y otro también la política de una sola China que rubricó en el Comunicado de Shanghái hace ahora 50 años. Por tanto, en poco tiempo podemos hallarnos ante una tesitura de gravedad similar.

Europa padece ahora una nueva guerra en su territorio. Una lección amarga. Debiéramos prepararnos desde ya para evitar que esta crisis tenga un “segundo tiempo” en Asia, quizá en un lustro, dicen los jefes militares del Pentágono. Putin ha dado un primer paso. Los internautas chinos también advierten que, al igual que Ucrania,  Taiwán será abandonado por Estados Unidos y Occidente cuando China pueda  destruir fácilmente la infraestructura defensiva de Taipéi. Cuestión de horas ya, según algunos expertos, también taiwaneses.

Pero Xi Jinping, a la espera de ser renovado en el XX Congreso del PCCh de otoño próximo, también prioriza la estabilidad, lo cual sugiere la posibilidad de un cierto ajuste estratégico que apueste por el apaciguamiento de las tensiones.

Europa debe tender puentes y capitalizar esa indispensable misión reguladora esencial en la definición de ese orden internacional del siglo XXI que está al acecho. Urge asegurar que los temores en el Pacífico se resuelvan apelando a la disposición preferente de medidas de confianza estratégica. Ucrania representa un test para todos. No dejemos a China más opción que profundizar su “comprensión” con Moscú.

Publicado en el Observatorio de la Política China.

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¿China se lo piensa mejor? [El capital es el capital. Punto. Y la función del capital es hacer crecer los capitales invertidos mediante la explotación del trabajo asalariado. Otro punto. Y esto para los trabajadores a niveles mayoritarios no parece estar claro del todo, y por esta razón, entre algunas otras, así nos va. Por otra parte tampoco parece que lo tengamos muy claro que en la guerra de Ucrania es una guerra entre los capitales que dominan la OTAN y los capitales que dominan la Federación Rusa, en la que Ucrania (por la situación geográfica que tiene) pone el terreno y la mayoría de los muertos y heridos, o sea, que aparte de la repugnante campaña de propaganda que se está realizando, en la guerra de Ucrania no se ventila nada que tenga que ver con la ideología de izquierdas y derechas. A los trabajadores europeos, sin planteamientos ideológicos previos (izquierda o derecha), con las matizaciones que habría que hacer y teniendo en cuentas las complejidades objetivas de cómo está el mundo en este momento, nos convendría más tener como aliado a la Federación Rusa que al capital USA.]

 

¿China se lo piensa mejor?

 

Por Xulio Ríos

Rebelion

 02/04/2022 



Fuentes: Ctxt

La polémica en torno a la estrategia a seguir en la guerra ruso-ucraniana revela que no todo es monocorde en la cúpula del Gobierno

Esta semana, los ministros de Exteriores chino y ruso, Wang Yi y Serguei Lavrov respectivamente, se reunieron en suelo chino por segunda vez en lo que va de año. En la ocasión, Wang reiteró que “no hay techo para oponerse a la hegemonía”, si bien su relación bilateral se basa en la “no alianza, no confrontación y no atacar a ningún tercero”. Wang también abogó por impulsar la relación “a un nivel superior”, en línea con el consenso forjado por los dos jefes de Estado respectivos, Vladímir Putin y Xi Jinping. En las relaciones Beijing-Moscú, hay una impronta personal muy destacada de ambos y, en lo que viene al caso, de Xi. 

Semanas atrás, en la clausura de las sesiones parlamentarias anuales, el primer ministro Li Keqiang daba curso a un mensaje mucho más modulado, instando a la cooperación y a evitar un enfrentamiento con EEUU, enfatizando que las diferencias “pueden y deben superarse”. Para Li, la principal prioridad de la política exterior china debiera ser recomponer la relación con EEUU. Y eso, a día de hoy, también pasa por Ucrania.

La melodía conciliadora de Li daría a entender que la “alianza sin límites” con Rusia nunca debe ser impedimento para la concreción de alguna forma de coexistencia con EEUU. Con seguridad, Li tiene en mente ciertos datos. Por ejemplo, que para Beijing, las relaciones económicas con Estados Unidos y Europa son más importantes que las de Rusia. La preferencia contable, que es también una exigencia estratégica ineludible, resulta contundente a pesar de los importantes contratos de gas y petróleo (el nuevo gasoducto Rusia-China a través de Mongolia, concluido a principios de marzo, tiene una capacidad anual de 50.000 millones de metros cúbicos, equivalente al North-Stream 25) o de las compras de cereales a Moscú.

Otras cifras confirmarían dicho aserto. Entre 2015 y 2020, la inversión china en Rusia al margen de los hidrocarburos cayó de casi 3.000 millones de dólares a solo 500 millones. Al mismo tiempo, y a pesar de un grave descenso debido a la reiterada aprobación de leyes destinadas a frenarlas, en Europa siguen acercándose a los 10.000 millones de euros, es decir, 20 veces más.

Con Estados Unidos, donde las empresas chinas invirtieron 38.000 millones de dólares en 2020, la diferencia es aún más sustancial. Si nos fijamos en el comercio, punto fuerte indiscutible de China, las diferencias muestran, más allá de las apariencias, una irresistible atracción por el mercado estadounidense. En 2021, el comercio entre Estados Unidos y China ascendió a casi 700.000 millones de dólares, mientras que el comercio con Rusia, a pesar de un rápido aumento desde 2020, se limita a 140.000 millones de dólares anuales, la mayor parte de los cuales consiste en las citadas importaciones chinas de gas y petróleo. El déficit para la Casa Blanca, por cierto, asciende a 350.000 millones de dólares a pesar de varios años ya de guerra comercial, impuesta, dicen, para recortarlo.

La posición habitualmente expresada por Wang Yi o también por su inmediato superior, Yang Jiechi, es de clara y abierta oposición a EEUU y de rechazo de la influencia occidental, muy en línea con el presidente Xi. Por el contrario, la de Li Keqiang sugiere evitar el cara a cara con EEUU para así reducir el riesgo de represalias que puedan poner en peligro la consecución de los objetivos de desarrollo, de los que debe responder en primera instancia como principal responsable. De ahí, quizá, la obsesión por evitar un escenario que pueda desembocar en una grave ruptura con Occidente. 

En esa misma línea cabe destacar el pronunciamiento del actual embajador en Washington, Qing Gang, apelando a la prudencia y a guardar cierta distancia, sugiriendo alejarse rotundamente de cualquier esquema que conduzca a una confrontación directa con la OTAN o la UE. Todo ello, entiéndase bien, sin alterar el discurso formal de amistad con Rusia. En el centro de las preocupaciones, evitar que las relaciones con Occidente se deterioren aún más a causa de su posición ante la invasión rusa de Ucrania. El portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu, asegura, por ejemplo, que China y EEUU “pueden y necesitan cooperar para poner fin al conflicto entre Rusia y Ucrania a pesar de sus diferentes enfoques”.

¿Solo matices o discrepancias?

A medida que la guerra perdure en el tiempo y que las sanciones occidentales puedan hacer mella sustancial en el entramado económico ruso, el ejercicio de ponderación sobre la fidelidad a la “relación de nuevo tipo” con Moscú y el cálculo sobre el impacto en sus relaciones con EEUU, puede acentuarse en Zhonnanghai, la sede del poder chino. 

A la cumbre de Roma entre el consejero de Seguridad de la Casa Blanca, Jack Sullivan, y el exministro de Exteriores chino Yang Jiechi, y el posterior encuentro virtual de Xi con Biden se suma ahora la cumbre China-UE del 1 de abril. Beijing dispondrá entonces de un mejor y completo retrato de una situación marcada por la proliferación de amenazantes advertencias sobre una hipotética ayuda china para que Moscú pueda sortear las sanciones occidentales. 

De entrada, los tres gigantes energéticos chinos –Sinopec, China National Petroleum Corp y China National Offshore Oil Corp–, tras evaluar el coste de las posibles sanciones occidentales sobre sus multimillonarias inversiones, han decidido esperar a mejor ocasión para tomar decisiones sobre nuevas inversiones. Así se lo reclamaron desde el ministerio correspondiente, a recaudo de Li Keqiang.

A dicho síntoma se ha sumado cierto debate interno que ha trascendido. Hu Wei, profesor del Instituto de Estudios Marxistas de la Escuela del Partido Comunista de Shanghái, presidente de la Asociación de Investigación de Políticas Públicas de Shanghái pero, sobre todo, vicepresidente del Centro de Investigación de Políticas Públicas del Consejo de Estado (del entorno del primer ministro Li), en un artículo publicado en inglés el 5 de marzo por el US-China Perception Monitor revela que las operaciones contra Ucrania han generado una gran controversia en China, con partidarios y opositores (de la guerra) divididos en dos campos diametralmente opuestos”.

Para Hu Wei, “esta operación militar es un error irreversible”, enfatizando que “China no puede estar atada a Putin y debe cortar sus lazos cuanto antes” porque “hay pocas esperanzas de victoria y las sanciones occidentales han alcanzado un nivel sin precedentes”. En consecuencia, Beijing debería desprenderse de esta carga lo antes posible y acercarse a las posiciones occidentales. Tales afirmaciones suponen un claro desentendimiento de la política seguida hasta ahora, conducida por el Ministerio de Relaciones Exteriores en línea con las instrucciones del propio presidente chino. Hu Wei cree que China debe evitar quedar aislada pues en ese caso, más temprano que tarde, deberá enfrentarse a las sanciones que le impondrían Estados Unidos, pero también la Unión Europea, Japón, Australia y otros países.

Persistir en la vía actual solo añadiría justificaciones para la política occidental de cerco y contención de China, algo en curso ya desde hace años, no solo a consecuencia de la guerra en Ucrania. Por el contrario, un giro en esta cuestión podría desarmar el objetivo de EEUU de sancionar a China y enfrentarse a ella de forma coordinada con sus aliados en la región y en el mundo. Asimismo, de posicionarse más claramente, ganaría el aplauso de buena parte de la comunidad internacional y le permitiría mejorar la relación con Occidente, cuestión de importancia vital para moderar las tensiones. 

En el contexto del XX Congreso del PCCh, previsto para otoño, este debate abre una profunda discusión que puede afectar no solo a la estrategia china a propósito de Rusia en la guerra y más allá, sino a la propia posición general de Xi, que internamente podría ser cuestionado en su infalibilidad de lograr estas divergencias cierto apoyo en el aparato del Partido. 

¿Dos caras de la misma moneda o discrepancias sustanciales? Sabido es que Xi Jinping y Li Keqiang, si bien comparten aspectos sustanciales como la preservación de la hegemonía sistémica del PCCh, divergen en otros aspectos, especialmente en materia de modelo económico. Li, próximo a Hu Jintao y su vivero de la Liga de la Juventud, fue el principal promotor durante su mandato como viceprimer ministro (2008-2012) del documento “China 2030”, elaborado en colaboración con el Banco Mundial. Su esencia era la apuesta por promover una nueva ola de reformas liberales con especial afectación a las empresas estatales, al papel del mercado y del sector privado, etc. La política seguida por el gobierno chino a partir de 2012 no ha sido esa, sino más bien la contraria, en línea con la reafirmación de los postulados marxistas de preferencia de Xi en el contexto de un rechazo más amplio de las influencias liberales occidentales.

Hace unas semanas, Li dejó entrever que el año próximo abandonará el cargo. Se ignora si dejará también el Comité Permanente del Buró Político, órgano clave donde, al no haber cumplido aún los 68 años de rigor, podría seguir de generalizarse la supresión del límite de los dos mandatos consecutivos. Si bien Xi Jinping opta a un tercer mandato presidencial a pesar de haber superado los 69 años, la polémica en torno a la estrategia a seguir en la guerra ruso-ucraniana (que revela también que no todo es tan monocorde internamente) puede acabar afectando al retrato final de la cúpula del poder chino a partir del próximo congreso.

Fuente: https://ctxt.es/es/20220401/Firmas/39294/Xulio-Rios-china-guerra-comercio-exportaciones-importaciones-invasion-Ucrania-Estados-Unidos-Rusia.htm

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CC.OO y UGT asisten al Congreso del PP

 

CC.OO y UGT asisten al Congreso del PP

 

INSURGENTE.ORG / 2 abril 2022

 

Gran despliegue medático para venerar a Feijóo como nuevo líder del PP. El Régimen del 78 necesita dos columnas para sujetarlo y ahí están el PP y el PSOE para servir a la patria. Por eso, los elogios al nuevo máximo dirigente del PP (ellos se hace llamar de centro derecha). El 98% de los asistentes lo votaron, pero esa casi unanimidad no se llama «a la búlgara» en sus medios, sino «gran apoyo». Entre los asistentes para confirmar que también hay nuevo cadáver político en la figura de Pablo Casado (sigue el camino de Albert Rivera), la presencia de los empresarios de la CEOE y de una delegación de los dos sindicatos del sistema: CC.OO y UGT. Faltaría más.

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(España) CJC: Sobre la aprobación de la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional

 

CJC: Sobre la aprobación de la Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional

 

DIARIO OCTUBRE / marzo 28, 2022

 


El Senado aprobó el pasado 23 de Marzo la nueva Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional con una amplísima mayoría que, pese a que no nos tengan acostumbrados a este tipo de resultados, no extraña tanto cuando se conoce el contenido de la ley y su función. De hecho, podría incluso haber salido adelante sin ningún voto en contra si no fuese por la decisión última del Partido Popular, quienes exigían todavía más apoyo a la educación concertada y votaron en contra a modo de castigo pese a estar de acuerdo con las principales medidas de la ley.

No extraña tanto este acuerdo general si se conoce la ley, pues esta configura una parte fundamental de la reforma integral del sistema educativo español, reforma que no puede comprenderse aislada de los fenómenos y cambios en el mundo laboral. La Ley de FP es un paso esencial en la modernización del capitalismo español pues favorece la adaptación de la mano de obra futura y presente a las necesidades productivas actuales del capitalismo español, en completa consonancia con las líneas maestras propuestas por la Unión Europea.

Por un lado, se convierte toda la FP en Dual, distinguiendo entre General y Avanzada, llegando esta última a tener hasta el 50% de las horas en empresas. Por otro lado, da mayor “flexibilidad” para los itinerarios académicos, profundizando en la formación modular, lo  que permite adaptar los itinerarios formativos a la demanda de fuerza de trabajo específica del tejido productivo del territorio.

En otras palabras: la ley ofrece mano de obra casi gratuita a las empresas en forma de estudiantes en prácticas que ocupen el puesto de un trabajador, presionando las condiciones de estos a la baja, teniendo las empresas rotaciones constantes de estudiantes y una menor necesidad de contratar personal. Mientras tanto, profundiza en la hiperespecialización y la tecnificación educativa, acotando los conocimientos a las necesidades específicas que requiere la patronal.

La mayor flexibilidad y el sistema dual delinean, junto el resto de leyes educativas y las transformaciones en el ámbito laboral, una pauta de vida característica para los jóvenes trabajadores enormemente beneficiosa para que los capitalistas remonten su tasa de ganancia. La carestía de la vida refuerza la necesidad de empleo y el paro juvenil crónico presiona en la línea de aumentar nuestra cualificación de manera permanente para tener mayores posibilidades de contratación y permanencia. La temporalidad y la parcialidad imbrican así con un sistema educativo cada vez más flexible que garantiza que compaginemos y alternemos entre el trabajo, el estudio, las prácticas y el paro mientras los capitalistas solo obtienen de esto beneficios: mano de obra gratuita o semi gratuita, trabajo a demanda, beneficios directos a través del sistema educativo, etc.

Con estas medidas se entiende mejor el amplio apoyo recibido, que no se limita al Congreso de los Diputados, pues también la patronal se ha mostrado muy favorable a una ley que contiene para ellos: “reivindicaciones históricamente necesarias del sector” . Mientras tanto, el Gobierno la vende como el antídoto ante el desempleo juvenil y los medios de comunicación se hacen eco de este remedio mágico, poniendo en valor que no ha sacado a la comunidad educativa a la calle.

Poco les importa que esto sea por la discreción con la que se haya tramitado la ley o por los fuertes condicionantes de la pandemia. Lo que sí está claro es que se está iniciando un nuevo ciclo de protestas estudiantiles, que ya empezó a finales del curso pasado y volvió a la calle el pasado 24 de Marzo contra los ataques a las enseñanzas universitarias. Estas movilizaciones y muestras de descontento, que van en aumento, poco tardarán en sumar al conjunto del estudiantado. Porque lo que esta claro es que nuestra formación es para ellos un negocio, y para que esto cambie es tan urgente como necesario pasar de la indiferencia y la apatía a la lucha y la organización.

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