miércoles, 23 de febrero de 2022

Cuando todo huele a podrido en el PP

 

La guerra total entre Casado y Ayuso, una lucha por el poder, está sacando a la luz algunas de las peores prácticas de corrupción y guerra sucia empleadas a lo largo de su historia por el principal partido de la derecha española.


Cuando todo huele a podrido en el PP

Jaime Pastor

El Viejo Topo

23 febrero, 2022 

 


La guerra total entre Casado y Ayuso está sacando a la luz algunas de las peores prácticas de corrupción y guerra sucia empleadas a lo largo de su historia por el principal partido de la derecha española, no sólo contra sus enemigos políticos sino también en su propio seno.

Llega además pocos días después del fracaso de su proyecto de obtener la mayoría absoluta en las elecciones anticipadas en Castilla y León; fue primera fuerza, pero con 31 escaños, lo que le obliga a encontrar una fórmula que le permita gobernar esa Comunidad sin tener que ceder a todas las exigencias que ya le está planteando Vox. Unas elecciones en las que este partido de ultraderecha ha visto consolidados los resultados que había ya alcanzado en las pasadas elecciones generales de 019, pasando de 1 a 13 escaños, aunque con 10% menos de votos, mientras que el PSOE y UP han conocido un retroceso notable (bajaron de 35 a 28 escaños y de 2 a 1, respectivamente), principalmente en beneficio de Unión del Pueblo Leonés (con 3 escaños) y de Soria ¡Ya! (con otros 3), formaciones que han sabido canalizar el malestar popular ante unos desequilibrios  territoriales cada vez mayores en el interior de esa Comunidad y a escala estatal.

¿Nuevo ciclo?

Sin duda, ahora se abre un nuevo ciclo, pero no el que deseaba el todavía principal líder de la oposición en su aspiración a llegar a la Moncloa, sino el que se está desencadenando en el interior de su partido y en el que no cabe descartar el peor de los escenarios: una ruptura orgánica, más pronto o más tarde, entre los dos sectores enfrentados, si bien son muchos también los intereses comunes que pueden presionar a favor de una recomposición que, en cualquier caso, no evitará importantes daños colaterales.

Desde luego, no faltan antecedentes de esa mezcla de corrupción y guerra sucia que ha ido caracterizando al PP desde sus orígenes y, sobre todo, en las últimas décadas: el tamayazo de 2003 (que, comprando a dos diputados del PSOE, dio el gobierno en la Comunidad de Madrid a la madrina política de Ayuso, Esperanza Aguirre); los espionajes de la gestapillo del ahora dimitido Angel Carromero a dirigentes de su propio partido, o los del siniestro Villarejo al extesorero Bárcenas, la larga historia de macroescándalos de corrupción (con la Gürtel como detonante de la moción de censura que echó a  Rajoy de la Moncloa)[1], o, más recientemente, su connivencia con dos diputados de UPN para impedir que saliera adelante el decreto de reforma laboral del gobierno.

Por eso no faltan razones jurídicas que justifiquen, como ha sostenido Javier Pérez Royo[2], reclamar la ilegalización de este partido, calificado ya judicialmente como “organización criminal”. Porque, no lo olvidemos, se trata de una formación política que lleva en sus genes sus orígenes franquistas[3] y que ha ido consolidando unas redes de corrupción y una “clase público-privada’ (Pastor, 2010: 93) que tienen su anclaje en un capitalismo inmobiliario y extractivista y en el núcleo duro del aparato estatal. Así que, no hay nada nuevo bajo el sol, salvo que ahora toda las tensiones dentro de esta trama de intereses se manifiesta con toda su crueldad, como lo han tenido que reconocer los propios protagonistas.

Esta guerra llega además en un momento en el que Pablo Casado ha ido acercándose cada vez más al discurso que desarrolló Ayuso en su exitosa campaña electoral de mayo del año pasado, adaptándose a la presión por ofrecer una versión trumpista neoliberal y neocon a la española que le permita contrarrestar la influencia de Vox en una parte creciente de su electorado.[4]

Una lucha por el poder

Así pues, no tiene mucho sentido buscar diferencias entre ambos dirigentes en el plano ideológico. Se trata, pura y simplemente, de una lucha por el poder cuya evolución dependerá probablemente de cuál sea la posición que adopten los principales barones autonómicos en los próximos días, con el presidente gallego, Feijóo, a la cabeza, quien parece apostar por un Congreso extraordinario en el caso de que ambos contendientes no lleguen pronto a un armisticio. Un conflicto en cuyo desenlace influirá sin duda el alineamiento que vayan tomando los principales poderes mediáticos y, junto a ellos, el peso que tenga la calle, con iniciativas como la manifestación convocada este domingo 20 de febrero en Madrid en apoyo de Ayuso delante de la sede del PP.

Porque el papel que puedan jugar estos actores no tan secundarios es la principal baza que tiene la presidenta madrileña frente a Casado: su liderazgo carismático innegable le está permitiendo presentarse como víctima, pese a las evidentes pruebas de la corrupción en la que se ha visto implicada en el peor momento de la pandemia. Movilizando a sus seguidores en defensa de su «libertad» de negocio… a costa de dinero público, y de “lo más importante, mi familia” frente al espionaje sufrido, vuelve a tirar de argumentario para dejar en segundo plano su constante recurso al nepotismo y a  redes clientelares.

Esa complicidad conquistada entre su base más militante es la que viene a corroborar cómo a lo largo de las últimas décadas se ha ido consolidando lo que define el juez Joaquim Bosch como “electorado corrupto”: esos “ciudadanos que aplauden los tratos de favor y las prácticas fraudulentas, con conocimiento de que lo son. Esa carencia de valores éticos favorece notablemente la corrupción”. Una complicidad que no supone negar el peso de otros factores que pueden explicar el éxito electoral de Ayuso y que tienen que ver con el arraigo social, cultural e ideológico de su neoliberalismo trumpista a la madrileña. Pero no por ello debemos desdeñar la contaminación en su electorado fiel del todo vale en la defensa común de sus intereses y privilegios de poder o de estatus. Lo mismo cabría sostener, obviamente, respecto a Casado pese a que quiera presentarse ahora con voluntad de distanciarse del pasado corrupto de su partido… recurriendo para ello a los peores métodos de la gestapillo.

Como insisten desde el PSOE –que también tiene un historial de corrupción y guerra sucia que no debemos olvidar- y también desde UP, no cabe ninguna esperanza en que de esta crisis surja una derecha “democrática y moderna, europea”, sobre todo cuando lo que estamos viendo en muchos países vecinos, como Francia, es una adaptación creciente a la agenda y a los discursos de las extremas derechas respectivas por parte de esas viejas derechas..

Esta guerra interna irrumpe además cuando Vox puede presentarse como la única oposición creíble frente al gobierno PSOE-UP, tras la descomposición de  Ciudadanos y, ahora, la división interna creciente en las filas del PP respecto a la táctica a adoptar ante ese partido. Algunos columnistas de medios como El Confidencial ya auguran un sorpasso de la ultraderecha al PP en el caso de que Casado siga a la cabeza de esta formación en las próximas elecciones generales.

En cambio, desde el otro lado, el del pueblo de izquierdas, en unos sectores se extiende la resignación ante la política del mal menor y, en otros, la desilusión respecto a un gobierno que no ha cumplido las principales promesas que, aun siendo moderadas, contenía su programa electoral, como las relativas a la derogación de la reforma laboral de 2012, la reforma fiscal o, mucho nos tememos también, la de la ley mordaza, cuyo proyecto ha sido ya criticado como mero “maquillaje” por diferentes organizaciones sociales, entre ellas Amnistía Internacional. Por tanto, no podemos sorprendernos de que, en medio de una desmovilización casi general, el vacío que dejan esos partidos haya facilitado la irrupción de nuevas fuerzas políticas provinciales en las instituciones ni, sobre todo, de que  aumente la desafección ciudadana ante la política y los partidos en general.

Todo esto se da, en fin, en un contexto internacional en el que es difícil encontrar diferencias sustanciales entre los principales partidos del régimen, coincidentes ambos en su obediencia a los dictados de la Comisión Europea -como ha tenido que reconocer la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz- y del FMI, que ya pide ajustes en 2023. O, lo que es todavía más indignante, el servilismo que muestran ante el imperialismo estadounidense, con el que han cerrado filas desde el primer momento para promover la escalada militar de la OTAN ante la crisis abierta en torno a Ucrania. Un conflicto que nos obliga a recuperar la memoria de los movimientos antiOTAN y antimilitarista de pasadas décadas para emprender iniciativas capaces de frenar la amenaza real de estallido de una guerra cuyas consecuencias serían desastrosas más allá de la región directamente afectada.

Será frente al ascenso de Vox y su creciente control de la agenda política, así como ante la falta de voluntad del PSOE y su gobierno (UP se está convirtiendo en mero espectador de su deriva al centro cada vez más patente)  para romper con los límites marcados por la Comisión Europea, la CEOE y las grandes transnacionales,  como habrá que recuperar fuerzas e ilusión que demuestren que existe otro camino posible: el que han marcado la confluencia entre organizaciones sindicales, sociales y políticas en la necesidad de ir más allá de la no derogación de la reforma laboral de 2012; la reafirmación del movimiento feminista en las calles ante el próximo 8 de marzo; la perseverante lucha de diferentes colectivos en su defensa del derecho a una vivienda digna, o campañas como la que se está emprendiendo ahora por una Iniciativa Popular para una regulación extraordinaria de las personas extranjeras. Desde esos y otros espacios en reconstrucción habrá que trabajar, con “lenta impaciencia”, por reconstruir nuevos frentes comunes y polos políticos alternativos.

Notas

[1] Véase también artículo de Nuria Alabao en CTXT, 17/02/2022: “Tras la guerra de bandas del PP…hay lo mismo”)  https://ctxt.es/es/20220201/Firmas/38789/Nuria-Alabao-PP-Ayuso-Casado-lucha-interna-corrupcion.htm

[2] https://www.eldiario.es/contracorriente/ilegalizar-pp_132_8758203.html

[3] A propósito de esto, ha sido muy oportuna la publicación reciente del libro, La Patria en la cartera, del juez Joaquim Bosch, ya que viene a recordarnos cómo el legado de la corrupción sistémica de la dictadura franquista no llegó a erradicarse durante la mitificada Transición y cómo, pese a algunos éxitos judiciales, pervive en muchas instituciones, con la monarquía como representación máxima, y en la sociedad.

[4] Me remito a los artículos de Luisa Martín Rojo y Laura Camargo publicados recientemente en viento sur, 180, en donde analizan la evolución discursiva tanto de Ayuso como de Pablo Casado.

Artículo publicado originalmente en Viento Sur.

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Analista: nuevas sanciones contra Rusia podrían "producir efecto bumerán...

martes, 22 de febrero de 2022

La empresa del hermano de Ayuso recibió contratos a dedo por más de 70.000 euros del Ramón y Cajal. [La guerri-guerra corruptis-corrupta entre los jefes del PP empieza por un intento del meneo del sillón de mando más el mando que quiero a la mirlo política cervecera de la libertad, señora, señorita lo que sea, Ayuso, aprovechando una normalidad corrupta dentro de las palancas de mando del PP de la sustancia que, miren ustedes que bien, empieza por ser filtrada a la opinión pública. Pero esto, nuevo caso de corrupción normalizada en el sistema político de la representación política representativa bien representada que sale a la superficie de chiripa es como si no hubiera pasado, en la medida que no constituye el centro de la discusión pública. A lo que se le da importancia es a ver quien, si Ayuso/Ayusa o Casado/Casada, encabeza la lista del negocio de la presidencia de España en la próxima oferta y demanda del mercado de la elecciones generales. O sea, que esta casadina/ayusina es como si no nos hubieran vuelto a robar a los trabajadores, a los votantes del PP y de VOX también. ¡Oído cocina: dos de calamares/calamaras!]

 

La empresa del hermano de Ayuso recibió contratos a dedo por más de 70.000 euros del Ramón y Cajal


El hospital Ramón y Cajal de la red sanitaria pública madrileña se convirtió en el principal cliente de la empresa de de Tomás Díaz Ayuso.


Redacción lanueve.info

febrero 22, 2022

 

Desde mayo de 2019 a marzo de 2020, la empresa Artesolar Iluminación, de la que Tomás Díaz Ayuso es gerente, facturó 71.184,07 euros mediante un total de 11 contratos, sin controles ni transparencia, que le fueron adjudicados a dedo por el gobierno madrileño presidido por su hermana. La facturación por ese importe correspondería a lámparas y pantallas suministradas al Hospital Ramón y Cajal, un centro público que ha contratado numerosos servicios sin que mediara concurso público.

Esta sería la relación de facturas de la citada empresa con el hospital público según la información difundida por El Plural:

En relación a estas adjudicaciones a dedo realizadas por hasta 9 gerentes distintos madrileños, el Grupo Empresarial Eletromédico (GEE) habría obtenido contratos por un importe superior a 14 millones. En todos los casos se trata de adjudicaciones opacas por parte de directivos nombrados por la administración de la comunidad madrileña, que lleva en el gobierno autonómico ininterrumpidamente desde 1995.

Sobre estas prácticas irregulares no está de más recordar que, como informó el diario Público, los padres de la presidenta de la Comunidad de Madrid eran socios de Mc Infortécnica SL, empresa se dedicaba a la distribución de productos de electromedicina e ingeniería clínica y recibió un crédito de la empresa pública AvalMadrid cuando la actual presidenta de la Comunidad de Madrid ya era diputada del parlamento regional.

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Otro clima [Antonio Machado]

 

Tal día como hoy de 1939 moría en Colliure el gran poeta y dramaturgo español republicano Antonio Machado. Emblema de la generación del 98, consideraba que la poesía es la palabra esencial en el tiempo. Lo recordamos con este poema emblemático.



Antonio Machado

El Viejo Topo

22 febrero, 2022 


Otro clima


¡Oh cámaras del tiempo y galerías

del alma, tan desnudas!

dijo el poeta. De los claros días

pasan las sombras mudas.

Se apaga el canto de las viejas horas

cual rezo de alegrías enclaustradas;

el tiempo lleva un desfilar de auroras

con séquito de estrellas empañadas.

¿Un mundo muere? ¿Nace

un mundo? ¿En la marina

panza del globo hace

nueva nave su estela diamantina?

¿Quillas al sol la vieja flota yace?

¿Es el mundo nacido en el pecado,

el mundo del trabajo y la fatiga?

¿Un mundo nuevo para ser salvado

otra vez? ¡Otra vez! Que Dios lo diga.

Calló el poeta, el hombre solitario,

porque un aire de cielo aterecido

le amortecía el fino estradivario.

Sangrábale el oído.

 

Desde la cumbre vio el desierto llano

con sombras de gigantes con escudos,

y en el verde fragor del océano

torsos de esclavos jadear desnudos.

y un nihil de fuego escrito

tras de la selva huraña,

en áspero granito,

y el rayo de un camino en la montaña…

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La actual crisis en torno a Ucrania era previsible y evitable

 

La actual crisis en torno a Ucrania era previsible y evitable

 

Por Jack F. Matlock 

Rebelion

22/02/2022  



Fuentes: ACURA


Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Nota de Rebelión: publicamos la traducción de este artículo del exembajador estadounidense Jack F. Matlock porque, a pesar de que no compartimos su visión positiva de las relaciones internacionales estadounidenses, consideramos que aporta información muy valiosa para entender lo que subyace en la actual crisis en Ucrania.

Nos enfrentamos hoy a una crisis evitable que era previsible e incluso se predijo, se precipitó deliberadamente, pero que se resuelve fácilmente con sentido común.

Cada día se nos dice que la guerra puede ser inminente en Ucrania. Se nos dice que se están concentrando tropas rusas en las fronteras ucranianas y que podrían atacar en cualquier momento. Se ha aconsejado a los ciudadanos estadounidenses salir de Ucrania y se está evacuando al personal de la Embajada de Estados Unidos. Mientras tanto, el presidente ucraniano aconseja que no cunda el pánico y deja claro que él no considera inminente una invasión rusa. Vladimir Putin, el presidente ruso, ha negado tener intención alguna de invadir Ucrania. Lo que pide es que se deje de añadir nuevos miembros a la OTAN y que, en particular, se asegure a Rusia que Ucrania y Georgia nunca serán miembros. El presidente Biden se ha negado a ofrecer esa garantía, aunque ha dejado clara su voluntad de seguir discutiendo cuestiones de estabilidad estratégica en Europa. El gobierno ucraniano, por su parte, ha dejado claro que no tiene intención de implementar el acuerdo al que se llegó en 2015 de reunificar las provincias de Donbás en Ucrania con un amplio grado de autonomía local, un acuerdo entre Rusia, Francia y Alemania, y que respaldó Estados Unidos.

Puede que me equivoque, que me equivoque trágicamente, pero no puedo evitar la sospecha de que estamos ante una elaborada farsa, groseramente magnificada por destacados elementos de los medios de comunicación estadounidenses para servir a un fin político interno. El gobierno Biden, que se enfrenta a una inflación en alza, a los estragos de Omicron, a la culpa (en su mayor parte injusta) por la retirada de Afganistán, además de a no haber conseguido todo el apoyo de su propio partido a la legislación Build Back Better, se tambalea bajo unos índices de aprobación que disminuyen justo cuando se prepara para las elecciones al Congreso de este año. Dado que parecen cada vez menos probables unas “victorias” claras respecto a los males internos, ¿por qué no fabricar una haciendo creer que impidió la invasión de Ucrania al “hacer frente a Vladimir Putin”? En realidad, parece más probable que los objetivos del presidente Putin sean los que este dice que son y los que lleva diciendo desde su discurso en Múnich en 2007. Para simplificar y parafrasear, los resumiría de la siguiente manera: “Trátenos con al menos un mínimo de respeto. No le amenazamos ni a usted ni a sus aliados, ¿por qué nos niega la seguridad que usted insiste en tener para sí mismo?”.

En 1991, cuando se derrumbó la Unión Soviética, muchos observadores, ignorando los acontecimientos que se desarrollaron rápidamente y que marcaron el final de la década de 1980 y el comienzo de la de 1990, lo consideraron el fin de la Guerra Fría. Se equivocaban. La Guerra Fría había terminado al menos dos años antes. Terminó por medio de una negociación y fue en interés de todas las partes. El presidente George H.W. Bush esperaba que Gorbachov lograra mantener a la mayoría de las doce repúblicas no bálticas en una Federación voluntaria. El 1 de agosto de 1991 Bush pronunció un discurso en el Parlamento de Ucrania (el Verkhovna Rada) en el que respaldó los planes de Gorbachov de una Federación voluntaria y previno contra el “nacionalismo suicida”. Esta expresión se inspiraba en los ataques del líder georgiano Zviad Gamsakurdia a las minorías de la Georgia soviética. Por razones que explicaré en otro lugar, se aplican a la actual Ucrania. En resumen son estas: a pesar de la creencia generalizada tanto entre la “masa” de Estados Unidos como entre la mayoría del público ruso, Estados Unidos no apoyó, y mucho menos provocó, la desintegración de la Unión Soviética. Apoyamos totalmente la independencia de Estonia, Letonia y Lituania, y uno de las últimas cosas que hizo el Parlamento soviético fue legalizar su reivindicación de independencia. Y, por cierto, a pesar de lo que a menudo se teme, Vladimir Putin nunca ha amenazado con reabsorber a los países bálticos o con reclamar ninguno de sus territorios, aunque ha criticado a algunos que negaban a las personas de etnia rusa plenos derechos de ciudadanía, un principio que la Unión Europea se compromete a hacer cumplir.

Pero veamos la primera de las afirmaciones del subtítulo…

¿Era evitable la crisis?

Pues bien, puesto que la principal exigencia del presidente Putin es que se garantice que la OTAN no aceptará más miembros y específicamente no aceptará a Ucrania ni a Georgia, obviamente no habría existido base alguna para la actual crisis si la Alianza no se hubiera expandido al acabar la Guerra Fría o si la expansión se hubiera producido en armonía con la construcción de una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia.

Quizá debamos analizar esta cuestión más en profundidad. ¿Cómo responden otros países ante alianzas militares extranjeras cerca de sus fronteras? Puesto que hablamos de política estadounidense, quizá deberíamos prestar atención a cómo ha reaccionado Estados Unidos a intentos de forasteros de establecer alianzas con países cercanos. ¿Alguien recuerda la Doctrina Monroe, una declaración de una esfera de influencia que comprendía todo un hemisferio? ¡E íbamos en serio! Cuando supimos que la Alemania del Kaiser trataba de contar con México como aliado durante la Primera Guerra Mundial, aquello fue un aliciente poderoso para la subsiguiente declaración de guerra contra Alemania. Más adelante, por supuesto, a lo largo de mi vida tuvimos la Crisis de los Misiles en Cuba, algo que recuerdo vívidamente puesto que entonces yo estaba en la Embajada de Estados Unidos en Moscú y traduje algunos de los mensajes de Khrushchev a Kennedy.

¿Deberíamos considerar acontecimientos como la Crisis de los Misiles en Cuba desde el punto de vista de algunos de los principios del derecho internacional o desde el punto de vista del comportamiento probable de los dirigentes de un país si se sienten amenazados? ¿Qué decía el derecho internacional en aquel momento acerca del uso de misiles nucleares en Cuba? Cuba era un Estado soberano y tenía derecho a buscar apoyo a su independencia en cualquier lugar que eligiera. Había sido amenazada por Estados Unidos, hubo incluso un intento de invasión utilizando a cubanos anticastristas. Pidió ayuda a la Unión Soviética. Como el líder soviético Nikita Khrushchev sabía que Estados Unidos había desplegado armas nucleares en Turquía, un aliado de Estados Unidos que, en efecto, hacía frontera con la Unión Soviética, decidió estacionar misiles nucleares en Cuba. ¿Cómo podía Estados Unidos poner legítimamente alguna objeción al hecho de que la Unión Soviética desplegara armas similares a las que se habían desplegado contra ella?

Obviamente, fue un error, ¡un gran error! (uno que recordaba a la observación de Talleyrand, “peor que un crimen…”). Nos guste o no, las relaciones internacionales no se establecen debatiendo, interpretando y aplicando los puntos más certeros del “derecho internacional” que, en cualquier caso, no es lo mismo que el derecho local, el derecho dentro de los países. Kennedy tuvo que reaccionar para eliminar la amenaza. El Estado Mayor Conjunto recomendó eliminar los misiles bombardeándolos. Afortunadamente, Kennedy lo evitó, declaró un bloqueo y exigió la retirada de los misiles.


Al cabo de una semana de intercambio de mensajes (yo traduje el más largo de Khrushchev), se acordó que Khrushchev quitaría los misiles nucleares de Cuba. Lo que no se anunció es que Kennedy también accedió a quitar los misiles estadounidenses de Turquía, pero que ese compromiso no se debía hacer público.

Por supuesto, los diplomáticos estadounidenses en la Embajada de Moscú estábamos encantados con este desenlace. Ni siquiera se nos informó del acuerdo referente a los misiles en Turquía. No sabíamos que habíamos estado cerca de un intercambio nuclear. Sabíamos que Estados Unidos tenía superioridad militar en el Caribe y hubiéramos aplaudido si las Fuerzas Aéreas Estadounidenses hubieran bombardeado esos emplazamientos. Nos equivocábamos. En reuniones posteriores con diplomáticos y altos cargos soviéticos supimos que si se hubieran bombardeado esos emplazamientos, los altos cargos que había en el lugar podrían haber lanzado los misiles sin órdenes de Moscú. Podíamos haber perdido Miami, y, después, ¿qué? Tampoco sabíamos que un submarino soviético estuvo a punto de lanzar un torpedo con armas nucleares contra el destructor que le impedía emerger.

La situación se salvó por los pelos. Es bastante peligroso verse envuelto en enfrentamientos militares con países que tienen armas nucleares. No hace falta estar titulado en Derecho Internacional para entenderlo. Solo hace falta tener sentido común.

De acuerdo, era predecible. ¿Se predijo?

“El error estratégico más grave desde que acabó la Guerra Fría”

Mis palabras, y mi voz, no fueron las únicas. En 1997, cuando se planteó la cuestión de añadir más miembros a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se me pidió testificar ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Hice la siguiente declaración en las observaciones preliminares: “Considero equivocada la recomendación del gobierno de incorporar nuevos miembros a la OTAN en este momento. Si el Senado de Estados Unidos lo aprobara, puede pasar a la historia como el error estratégico más grave cometido desde que acabó la Guerra Fría. Lejos de mejorar la seguridad de Estados Unidos, de sus Aliados y de las naciones que desean entrar en la Alianza, podría fomentar un concatenación de acontecimientos que podría generar la amenaza más grave para la seguridad de esta nación desde que colapsó la Unión Soviética”.

La razón que yo mencionaba era la presencia de un arsenal nuclear en la Federación Rusa cuya eficacia general era igual, si no superior a la del arsenal de Estados Unidos. Si se utilizaba realmente cualquiera de nuestros arsenales [ruso o estadounidense] en una guerra caliente, era capaz de acabar con la posibilidad de la civilización en la Tierra e incluso causar, posiblemente, la extinción de la raza humana y de gran parte de la vida en el planeta. Aunque Estados Unidos y la Unión Soviética habían firmado acuerdos de control de armamento durante los gobiernos de Reagan y del primer Bush, las negociaciones respecto a nuevas reducciones se estancaron durante el gobierno Clinton. Ni siquiera se trató de negociar la retirada de armas nucleares de corto alcance de Europa.

Esta no fue la única razón que mencioné para incluir en vez de excluir a Rusia de la seguridad europea. Lo expliqué de la siguiente manera: “El plan para aumentar la cantidad de miembros de la OTAN no tiene en cuenta la situación internacional real al acabar la Guerra Fría y sigue una lógica que solo tenía sentido durante la Guerra Fría. La división de Europa acabó antes de que se pensara en incorporar nuevos miembros a la OTAN. Nadie amenaza con volver a dividir Europa. Por lo tanto, es absurdo afirmar, como han hecho algunas personas, que es necesario aceptar a nuevos miembros en la OTAN para evitar una futura división de Europa; si la OTAN va a ser el principal instrumento para unificar el continente, entonces lógicamente la única forma de hacerlo es ampliándola para incluir a todos los países europeos. Pero este no parece ser el objetivo del gobierno [estadounidense] y, aunque lo fuera, la forma de lograrlo no es aceptando gradualmente nuevos miembros”.

A continuación añadí: “Todos los supuestos objetivos de la ampliación de la OTAN son loables. Por supuesto, los países de Europa Central y Oriental forman parte de Europa desde el punto de vista cultural y se les debe garantizar un lugar en las instituciones europeas. Por supuesto, hemos apostado por el desarrollo de la democracia y por economías estables en esos países. Pero el hecho de pertenecer a la OTAN no es la única manera de conseguir estos fines. Ni siquiera es la mejor manera en ausencia de una amenaza de seguridad clara e identificable”.

De hecho, la decisión de expandir la OTAN gradualmente suponía un cambio total de las políticas estadounidenses que habían llevado al final de la Guerra Fría y a la liberación de Europa del Este. El presidente George H.W. Bush había proclamado el objetivo de una “Europa entera y libre”. El presidente soviético Gorbachov había hablado de “nuestro hogar común europeo”, había dado la bienvenida a los representantes de los gobiernos de Europa del Este que se habían deshecho de sus gobernantes comunistas y había ordenado la reducción radical de las fuerzas militares soviéticas explicando que para que un país esté seguro, debe haber seguridad para todos. El primer presidente Bush también garantizó a Gorbachov, cuando se reunieron en Malta en diciembre de 1989, que si se permitía a los países de Europa del Este elegir su futura orientación por medio de procesos democráticos, Estados Unidos no se “aprovecharía” de ese proceso (obviamente, incorporar a la OTAN a países que entonces estaban en el Pacto de Varsovia sería “aprovecharse”). Al año siguiente, se garantizó a Gorbachov, aunque no en un tratado formal, que si se permitía a una Alemania unificada permanecer en la OTAN, no habría ningún movimiento de la jurisdicción de la OTAN hacia el este, “ni una pulgada”.

Estos comentarios se le hicieron al presidente Gorbachev antes de que se disolviera la Unión Soviética. Cuando lo hizo, la Federación Rusa tenía menos de la mitad de la población de la Unión Soviética y un aparato militar desmoralizado y sumido en una confusión total. Aunque no había razón alguna para ampliar la OTAN después de que la Unión Soviética reconociera y respetara la independencia de los países de Europa del Este, había aún menos razones para temer a la Federación Rusa como una amenaza.

¿Se precipitó deliberadamente?

Durante el gobierno de George W. Bush (2001-2009) se siguió incorporando países de Europa del Este a la OTAN, pero eso no fue lo único que provocó la oposición rusa. Al mismo tiempo, Estados Unidos empezó a retirarse de los tratados de control de armas que durante un tiempo habían atenuado una carrera de armamentos irracional y peligrosa, y que fueron los acuerdos básicos para poner fin a la Guerra Fría. La decisión más relevante fue la de retirarse del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (Tratado ABM), que había sido el tratado fundamental de la serie de acuerdos que detuvieron durante un tiempo la carrera de armamento nuclear. Después de los atentados terroristas contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono en el norte de Virginia, el presidente Putin fue el primer dirigente extranjero que llamó al presidente Bush y le ofreció su apoyo. Cumplió su palabra facilitando el ataque al régimen talibán de Afganistán, que había albergado a Osama ben Laden, el líder de Al Qaeda que había inspirado los atentados. En aquel momento estaba claro que Putin aspiraba a una asociación de seguridad con Estados Unidos. Los terroristas yihadistas que tenían a Estados Unidos en su punto de mira también tenían a Rusia. Con todo, Estados Unidos siguió ignorando los intereses rusos (y también los de sus aliados) al invadir Irak, un acto de agresión al que se opusieron no solo Rusia, sino también Francia y Alemania.

Mientras el presidente Putin sacaba a Rusia de la bancarrota que se había producido a finales de la década de 1990, estabilizaba la economía, pagaba las deudas externas de Rusia, reducía la actividad del crimen organizado e incluso empezaba a construir un nido financiero para capear futuras tormentas financieras, era objeto de lo que él consideraba un insulto tras otro a su idea de la dignidad y seguridad de Rusia. En un discurso pronunciado en Múnich en 2007 enumeró estos insultos. El Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates respondió que no necesitábamos una nueva Guerra Fría. Por supuesto, era muy cierto, pero ni él ni sus superiores ni sus sucesores parecieron tomar en serio la advertencia de Putin. En la campaña como candidato a las elecciones presidenciales de 2008 el entonces senador Joseph Biden prometió ¡“hacer frente a Putin”! ¿Eh? ¡Qué demontre le había hecho Putin a él o a Estados Unidos?

Aunque en un principio el presidente Obama prometió cambiar de política, de hecho su gobierno siguió ignorando las principales preocupaciones de Rusia y redobló los anteriores esfuerzos estadounidenses para sacar a las antiguas repúblicas soviéticas de la influencia rusa e incluso para fomentar un “cambio de régimen” en la propia Rusia. El presidente ruso y la mayoría de la población rusa consideraron las acciones estadounidenses en Siria y Ucrania ataques indirectos contra ellos.

El presidente Assad de Siria era un dictador brutal, pero el único baluarte eficaz contra el Estado Islámico, un movimiento que había prosperado en Irak tras la invasión estadounidense y se había extendido a Siria. La ayuda militar a una supuesta “oposición democrática” cayó rápidamente en las manos de yihadistas ¡aliados de la misma organización Al-Qaeda que había organizado los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos! Pero la amenaza para la cercana Rusia era mucho mayor ya que muchos yihadistas eran oriundos de zonas de la antigua Unión Soviética, incluida la propia Rusia. Siria también es un vecino cercano de Rusia; se consideró que Estados Unidos fortalecía a los enemigos tanto de Estados Unidos como de Rusia con su equivocado intento de decapitar al gobierno sirio.

Por lo que se refiere a Ucrania, la intromisión de Estados Unidos en su política interna fue profunda, hasta el punto de parecer elegir a un primer ministro. De hecho, también apoyó un golpe de Estado ilegal que cambió el gobierno ucraniano en 2014, un procedimiento que normalmente no se considera compatible con el estado de derecho o la gobernanza democrática. La violencia que todavía está a punto de estallar en Ucrania empezó en el oeste “pro-occidental”, no en Donbas, donde fue una reacción a lo que se consideraba una amenaza de violencia contra las personas ucranianas de origen étnico ruso.

Durante el segundo mandato del presidente Obama su retórica se volvió más personal y se sumó a un cada vez más altisonante coro en los medios de comunicación estadounidenses y británicos que vilipendiaba al presidente ruso. Obama habló de unas sanciones económicas contra los rusos como “coste” del “mal comportamiento” de Putin en Ucrania, olvidando convenientemente que la acción de Putin había sido popular en Rusia y que se podía acusar de forma creíble al propio predecesor de Obama de ser un criminal de guerra. Obama empezó entonces a proferir insultos contra la nación rusa en su conjunto con acusaciones como que “no hace nada que nadie quiera”, ignorando interesadamente el hecho de que la única forma que teníamos en aquel momento de llevar a astronautas estadounidenses a la estación espacial internacional era con cohetes rusos y que su gobierno estaba haciendo todo lo posible para impedir que Irán y Turquía compraran misiles antiaéreos rusos.

Estoy seguro de que alguien dirá: “¿Y qué? Reagan calificó a la Unión Soviética de imperio del mal, pero entonces negoció el final de la Guerra Fría”. ¡Es cierto! Reagan condenó al antiguo imperio soviético y a continuación reconoció a Gorbachov el mérito de haberlo cambiado, pero nunca castigó públicamente a los dirigentes soviéticos como persona. Los trató con respeto personal y como iguales, incluso invitó al ministro de Asuntos Exteriores Gromyko a cenas formales que normalmente estaban reservadas a jefes de Estado o de Gobierno. Sus primeras palabras en reuniones privadas solían ser algo así como: “Tenemos en nuestras manos la paz del mundo. Debemos actuar con responsabilidad para que el mundo pueda vivir en paz”.

Las cosas fueron a peor durante los cuatro años de la presidencia de Donald Trump. Como se le había acusado, sin pruebas, de ser un títere de Rusia, Trump se aseguró de apoyar cada medida antirrusa que surgía al tiempo que halagaba a Putin calificándolo de gran líder. Las expulsiones recíprocas de diplomáticos que había empezado Estados Unidos al final de la presidencia de Obama siguieron en un nefasto círculo vicioso que ha provocado una presencia diplomática tan mínima que durante meses Estados Unidos no contó con personal suficiente en Moscú para expedir visados a los rusos para visitar Estados Unidos.

Como muchos otros acontecimientos recientes, el estrangulamiento mutuo de las misiones diplomáticas revierte uno de los logros de los que estamos más orgullosos de la diplomacia estadounidense en los últimos años de la Guerra Fría, cuando trabajamos diligentemente y con éxito para abrir la cerrada sociedad de la Unión Soviética, para tirar el telón de acero que separaba “Oriente” y “Occidente”. Lo logramos con la cooperación de un líder soviético que entendió que su país necesitaba desesperadamente unirse al mundo.

De acuerdo, a las pruebas me remito de que la crisis de hoy “se precipitó deliberadamente”. Pero, de ser así, ¿cómo puedo decir que…

…se resuelve fácilmente con sentido común?

La respuesta es breve porque puede serlo. Lo que pide el presidente Putin, acabar con la expansión de la OTAN y crear una estructura de seguridad en Europa que garantice la seguridad de Rusia junto con la de los demás, es sumamente razonable. No exige la salida de ningún miembro de la OTAN ni amenaza a ninguno. Según cualquier criterio pragmático y de sentido común, a Estados Unidos le interesa promover la paz, no el conflicto. Tratar de sacar a Ucrania de la influencia rusa (el objetivo declarado de quienes hicieron campaña a favor de las “revoluciones de colores”) fue una misión estúpida además de peligrosa. ¿Tan pronto hemos olvidado lo aprendido de la crisis de los misiles en Cuba?

En estos momentos, afirmar que aprobar las demandas de Putin va en el interés objetivo de Estados Unidos no significa que sea fácil hacerlo. Los líderes tanto del partido demócrata como del republicano han desarrollado una postura tan rusófoba (una cuestión que requiere un artículo aparte) que se necesitará una gran habilidad política para navegar por las traicioneras aguas políticas y lograr un desenlace razonable.

El presidente Biden ha dejado claro que Estados Unidos no intervendrá con sus propias tropas si Rusia invade Ucrania. Entonces, ¿por qué trasladarlas a Europa del Este? ¿Solo para demostrar a los halcones del Congreso que se mantiene firme? ¿Para qué? Nadie amenaza a Polonia o Bulgaria, excepto las oleadas de personas refugiadas que huyen de Siria, Afganistán y las zonas secas de la sabana africana. Entonces, ¿qué se supone que hace la 82 División Aerotransportada?

Pues bien, como he sugerido anteriormente, puede que esto no sea más que una costosa farsa. Quizá las subsiguientes negociaciones entre los gobiernos de Biden y Putin encuentren una manera de satisfacer las preocupaciones rusas. En ese caso, puede que la farsa haya cumplido su objetivo. Y quizá entonces nuestros congresistas empiecen a ocuparse de los cada vez mayores problemas que tenemos en casa en lugar de empeorarlos.

Se puede soñar, ¿no?

Jack F. Matlock fue embajador de Estados Unidos en la URSS (1987-1991). Es miembro de la junta directiva de ACURA y escribe desde Singer Island, Florida.

Fuente: https://usrussiaaccord.org/acura-viewpoint-jack-f-matlock-jr-todays-crisis-over-ukraine/

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🔴 Mensaje a la nación de Vladímir Putin

lunes, 21 de febrero de 2022

3.000 ayusistas acudieron a Génova a intentar ver al hermanísimo . [El PP –el José o el Pepe para los amigos- es uno de los partidos corruptos del sistema político del Estado español corrupto, corruptoso, corruptible corrompida de la corrupción del aquí te cojo, verbo coger: mangui mango, y que me llevo el 3% (o de 10 de me llevo una; de 20 me llevo 2 y pasando de 23 todas las que pueda) , oyes, que en esta política se está para algo, que determina con sus actuaciones las condiciones de vida de todos los españoles (que sí, que sí, que España es Una, Indivisible, inseparable, confirmable, incomunistable, intocable y a ellos La Legión, pero que de eso no estaos hablando ahora): cómo han de vivir la inmensa mayoría de los españoles, que mire usted por donde son los trabajadores, y cómo se tienen que enriquecer una exigua y execrable minoría criminal española que forman, mire usted también por donde, unas 1.400 familias que representando el 0,0035% de la población española controlan más de 80% de toda la riqueza nacional, que sume y siga usted también mirando por donde, crean los trabajadores con su trabajo, sin mediar caja B, J,Q,KK y M]

 

3.000 ayusistas acudieron a Génova a intentar ver al hermanísimo

 

lanueve.info r

febrero 20, 2022

 

El PP, sector Ayuso, vivió una jornada memorable. 3.000 seguidores de la Presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, se dieron cita en la sede del Partido Popular para ver si su hermano Tomás saludaba desde el balcón. Porque que quede claro de una vez. él no es culpable de nada y pretender hacer dinero aprovechando la pandemia con el apellido tampoco es novedoso, pobre hombre, calumniado por el marxismo internacional. No fue así, Tomás no apareció porque estaría con la hermana eliminado facturas (que el partido sabe de esas prácticas) pero los asistentes no se desanimaron y despotricaron de lo lindo contra el líder Casado, y de paso contra el gobierno social-comunista que solo ven ellos en su paranoia.

A Pablo no se le ocurrió salir a exponer su criterios igual de reaccionarios que los de Ayuso, porque el personal estaba algo fanatizado pidiendo su renuncia. Lo dan por amortizado, y él lo sabe. De Teodoro García Egea no había ni rastro, el de Cieza debe estar a esta hora practicando el lanzamiento bucal de aceituna, ejercicio deportivo que le dio fama y con el que aprendió a escupir desde larga distancia a sus enemigos. En un día tan memorable vivido por la militancia, no hemos podido sino recordar las figuras ilustres que han floreado ese balcón de la sede: Aznar, Rajoy, Cospedal, Cifuentes, Esperanza Aguirre… la lista de personajes prescindibles es casi interminable, y hubieran disfrutado como buenos patriotas el ondear de tanta bandera patria. Además, la riada de asistentes venía casi en columna de su querido barrio de Salamanca, porque el nivel de clase siempre se respeta, y el granero de votos y afiliados sí entiende de esas cosas.

“Ayuso presidenta” gritaba la masa porque la ven en Moncloa dirigiendo el gobierno nacional, su hermano Tomás como ministro de Economía, Jiménez Losantos en propaganda y algún hostelero partidario de la famosa “caña de España” en Industria. El resto del gabinete se consulta al Ibex, la Iglesia y los militares porque el tiempo pasa pero Ayuso quiere ganar la guerra como sus nacionales.

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Spinoza. Los afectos: precariedad y servidumbre

 

Tal día como hoy en 1677 moría en La Haya Baruch Spinoza. Su obra fue uno de los más polémicos e influyentes proyectos de rebeldía, rechazo de todas las formas de trascendencia, confesional o metafísica, y reivindicación de la inmanencia.


Spinoza. Los afectos: precariedad y servidumbre

  Juan Pedro García

El Viejo Topo

21 febrero, 2022

 


Al finalizar el libro II de la Ética, el largo escolio de la proposición 49 a modo de recapitulación (cierre y apertura hacia nuevos asuntos). Spinoza se detiene a reflexionar sobre la utilidad que puede seguirse de lo que hasta ese momento ha expuesto: a) nos enseña que obramos por el solo mandato de Dios y, por consiguiente, confiere sosiego al ánimo y enseña en qué consiste la felicidad; b) enseña cómo debemos actuar ante los sucesos de la fortuna, contemplando y soportando con ánimo equilibrado las dos caras de la fortuna; c) es útil para la vida social, porque enseña a no odiar ni despreciar, a no burlarse de nadie ni encolerizarse contra nadie, sino a contentarse cada uno con lo suyo y auxiliar al prójimo según lo demanden el tiempo y las circunstancias; d) es también útil para la sociedad civil, porque enseña de qué modo han de ser gobernados y dirigidos los ciudadanos, no para que sean siervos sino para que hagan libremente lo mejor.

No se trata sólo de una recapitulación que funciona como estrategia de escritura: hacia 1665, Spinoza, preocupado por el giro de la situación política holandesa (la alianza de largo recorrido entre la iglesia calvinista y la casa de Orange pone cada vez más en peligro la estabilidad de la República y, a partir de 1664, la actividad de estos grupos ha pasado a desarrollarse abiertamente y de manera cada vez más influyente… hasta que en 1672 se produce su triunfo definitivo), abandona la redacción de la Ética para empezar a escribir el Tratado teológico-político (TTP en lo sucesivo). A partir de ese asunto, en la obra de Spinoza –y quizá sea ésta la clave para entender el cambio de rumbo, del conocimiento a la ética y a la política, que desde ese momento se percibe en la lectura de la Ética (un texto al que hasta entonces Spinoza se refería llamándolo “mi filosofía”)–, la preocupación por los asuntos humanos pasa a primer plano, en lo teórico y, también, en lo práctico. Una preocupación que leemos “en carne viva” tanto en el TTP como en el resto de la Ética (que será retomada a partir de 1670) y que sólo en el Tratado político, escrito bastante después del asesinato de los hermanos de Witt y del triunfo de las elites orangistas, vuelve a retomar los cauces serenos (pero en nada acríticos) de la mirada teórica.

El ser humano es un individuo en la naturaleza; y en la naturaleza (entre los demás cuerpos, algunos de los cuales son también seres humanos) intenta –como todos los individuos– perseverar en su ser. Sobrevivir, decíamos, y satisfacer sus necesidades. La ética ha de ser, así, el análisis de los modos en que el ser humano satisface sus necesidades y sobrevive y, si ello es posible, la planificación de los modos en que puede hacerlo más eficazmente: análisis de la situación del ser humano en el mundo y análisis, también, de las posibilidades de actuación que, en el mundo, puede desarrollar.

Perspectiva, pues, que recupera los lugares comunes del epicureismo ético y que, al hacerlo, disloca definitivamente el despliegue de una filosofía que hasta ese momento parecía sólo –aunque “en materialista”– transitar por los caminos de una problemática general del conocimiento. La preocupación central no será ya, por eso, la de la superación del error, sino –siendo también ésa– la de los distintos efectos prácticos (“éticos”) de las diferentes formas de dirigirse la actuación humana.

La manera en que Spinoza piensa a los individuos tiene que ser entendida a partir de los elementos centrales de su (anti)metafísica: un universo en el que todo se relaciona con todo en una red de conexiones establecidas desde la absoluta inmanencia de los movimientos y los choques. El hombre piensa y los cuerpos se mueven o están en reposo. La naturaleza y los individuos que la componen no precisan de un papirotazo trascendente que genere su existencia o que los ponga en movimiento. La totalidad de lo real (Dios), así, es absoluta potencia; y también los individuos tienen una potencia de actuación que los individualiza y los define. Todo lo que existe es, pues, pura afirmación y, por eso, sólo las causas exteriores pueden provocar un cambio en el estado de movimiento o de reposo de los cuerpos y sólo las causas exteriores pueden destruir una cosa existente: las cosas, cuanto está a su alcance, se esfuerzan por perseverar en su ser y oponen resistencia a cuanto pueda privarles de su existencia; incluso en lo puramente físico, ya que todo cuerpo reacciona ante una acción que recibe y, precisamente por eso, los choques generan composiciones de movimientos y de cuerpos. Y Spinoza señala que ese esfuerzo, ese conatus (la expresión latina que traducimos por “esfuerzo”), es la esencia actual de la cosa misma. Todas las cosas se esfuerzan por perseverar en su ser y lo consiguen, mejor o peor, en la medida en que puedan hacerlo, es decir, en virtud de su potencia. La proposición 7 del libro III de la Ética, así, establece una ecuación que identifica la esencia de cada individuo con su conatus y con su potencia.

Y esto sucede también en el caso de los seres humanos, que son otras tantas cosas naturales. Cada ser humano, por tanto, se esfuerza por perseverar en su ser (un esfuerzo que, dice Spinoza, llamamos voluntad cuando se refiere a la mente, apetito cuando se refiere a la vez a la mente y al cuerpo y deseo cuando es un apetito del que somos conscientes).

La filiación de esta concepción con la ética de Epicuro es clara, por tanto, si atendemos a la manera en que Spinoza señala que actuamos movidos por el conatus que constituye nuestra esencia, es decir, para satisfacer nuestro deseo; que conseguimos satisfacer nuestro deseo en la medida en que lo permita nuestra potencia y que nuestra potencia consiste básicamente en la capacidad de nuestro cuerpo (y “nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo”) para garantizar su supervivencia. Esta filiación resulta definitivamente confirmada cuando Spinoza (Ética, III, 9, escolio) llama dolor a cuanto hace disminuir la potencia, y placer a cuanto la aumenta. Una filiación materialista que, además, se prolonga con el consiguiente rechazo de los absolutos morales que reconoce la tradición de la ética confesional y/o metafísica (Ética, IV, prefacio): “Por lo que atañe al bien y al mal, tampoco aluden a nada positivo en las cosas, ni son otra cosa que modos de pensar […] Pues una sola y misma cosa puede ser al mismo tiempo buena y mala, y también indiferente […] Así, pues, entenderé por ‘bueno’ aquello que sabemos con certeza que es un medio adecuado para acercarnos al modelo ideal de naturaleza humana que nos proponemos. Y por ‘malo’ entenderé aquello que sabemos ciertamente que nos impide referirnos a dicho modelo”.

Los seres humanos son, pues, individuos en la naturaleza, dotados de una cierta potencia en cuya virtud consiguen perseverar, mejor o peor, en su ser (vale decir: sobrevivir y satisfacer sus necesidades) de una manera más o menos eficaz.

Pero, del mismo modo que, al moverse, un cuerpo ha de encontrarse con otro y chocar con él de algún modo, precisamente porque todo cuanto existe persevera en su ser, todo conatus se encuentra con otros y, de algún modo, tiene que “encontrarse” con su potencia. Y Spinoza, en esta cuestión, permanece fiel al modelo de la fisicidad con el que ha construido su mirada al mundo. Así, el único axioma del libro IV de la Ética marca los límites de la actuación, de la potencia y de la supervivencia misma cuando afirma que en la naturaleza no se da ninguna cosa singular sin que se dé otra más potente y más fuerte, es decir, que siempre hay algo más potente por lo que, pese a sus esfuerzos, una cosa puede ser destruida.

Como la de todas las cosas, pues, la existencia humana es, en el mundo, necesariamente, precaria. Somos una parte de la naturaleza y no podemos concebirnos –ni existir– sin las demás partes; pero, al mismo tiempo, por ello mismo, la fuerza con que el hombre persevera en la existencia es limitada y resulta infinitamente superada por la potencia de las causas exteriores.

Ante la potencia ajena, esfuerzo por sobrevivir… condenado siempre a ser insuficiente. Ciertamente, del “encuentro” con la potencia de las cosas exteriores no siempre se sigue nuestra destrucción: es también posible que el encuentro aumente nuestra propia potencia de actuar. Dicho de otro modo, podemos ser afectados por las cosas exteriores de modo diverso: de manera que aumente (ese será un afecto alegre) o disminuya (afecto triste) nuestra capacidad de actuación y, así, la eficacia de nuestros esfuerzos para sobrevivir. Pero siempre habrá algo en la naturaleza cuya potencia supere a la nuestra y nos destruya.

Sin duda, y esto es muy importante, no estamos ante una consideración que haga de la potencia ajena el límite de la nuestra, porque hay cuerpos exteriores que convienen a la perfección con el nuestro y que, al encontrarse/chocar con él, en lugar de destruirlo o hacerlo menos fuerte, se le añaden (y Spinoza pone aquí el ejemplo de los alimentos que al incorporarse a nuestro cuerpo lo hacen más fuerte… o el de otros seres humanos con los que es posible cooperar y establecer alianzas), pero, en todo caso, sí es cierto que no depende de nuestra sola potencia el que un encuentro con una cosa exterior la aumente o nos destruya y, así, la fuerza de los afectos se nos impone siempre como sobrevenida. De donde se sigue (Ética, IV, 4, escolio) “que el hombre está sujeto siempre, necesariamente, a las pasiones y que sigue el orden común de la naturaleza, obedeciéndolo y acomodándose a él cuanto lo exige la naturaleza de las cosas”. Ésa es su servidumbre: su condición de existencia.

Fuente: Primer apartado del capítulo cuarto del  libro de Juan Pedro García del Campo Spinoza esencial.

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domingo, 20 de febrero de 2022

La rapiña de las empresas españolas en América Latina. [Que ya vamos siendo mayorcitos, así que a ver si nos vamos poniendo serios y en nuestro sitio en este punto. Verbigracia. Un español que esté en el paro por no tener trabajo, como su nombre indica, es español. Otro español que tenga trabajo, aunque no gane lo suficiente para vivir dignamente y a la altura de los tiempos, siguiendo lo dicho, también es español. Un niño o una niña de dos meses de edad, aunque chiquitillos, que sean españoles también son españoles. Y pregunto yo: ¿hay por ahí algún gracioso o graciosa que pueda decir dónde y cómo roban los españoles en Latinoamérica o en Encinacorva del Rey (que es por poner un ejemplo, no se alborote nadie, que también podría ser Encinacorva la Real)? Si se habla de multinacionales se habla de asociación del mal hechores y malas hechoras sin distingos de nacionalidad (da igual que sean hijos/hijas de un solo padre o de decenas de ellos) para la comisión del crimen en su vertiente circunvalaltoria a la redonda globalizatoria de la Tierra entera que viene a ser como una pelota. Y no hablo por hablar. Yo sé que la tierra es como una pelota malamente redonda porque he visto una foto de ella].

 

Existe un estrecho vínculo entre las empresas transnacionales españolas y los gobiernos de la monarquía. Tras la retórica de la hispanidad se encubren negocios fraudulentos, comisiones, lavado de dinero, cuentas en paraísos fiscales…


La rapiña de las empresas españolas en América Latina


Marcos Roitman

El Viejo Topo

20 febrero, 2022 

 


¿Qué esconde la marca España? Existe un estrecho vínculo entre las empresas trasnacionales españolas y los gobiernos de la monarquía. Seamos serios, las relaciones entre el Reino de España y los países latinoamericanos no se caracteriza por estrechar vínculos culturales, menos aún por las reciprocidad comercial, empresarial o la transparencia en las inversiones. Tras la retórica de la hispanidad se encubren negocios fraudulentos, comisiones, lavado de dinero, cuentas en paraísos fiscales y un sin número de ilícitos, cuya lista es interminable. Cada viaje de los presidentes de gobierno y los reyes se acompaña de un séquito de empresarios ávidos de pingües beneficios. Así, apoyan reformas neoliberales en el continente. Posteriormente, conceden medallas y agradecen a gobernantes corruptos, los servicios prestados a la marca España: Zedillo, Uribe, Piñera, Macri, Calderón. La lista es amplia.

Hoy las relaciones comerciales con Iván Duque, en Colombia; Alejandro Giammattei, en Guatemala; Sebastián Piñera, en Chile; Jair Bolsonaro, en Brasil; Guillermo Lasso, en Ecuador, y Mario Abdo, en Paraguay, cuentan con el adjetivo de seguridad jurídica para los inversionistas españoles. Para que no exista equivoco, la expropiación de YPF-Repsol en Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue considerada un ataque a España. La prensa y el gobierno tacharon la acción de populismo izquierdista, robo y una sinrazón política. Una década más tarde, con el gobierno de Mauricio Macri, Felipe VI cambia el discurso en su viaje a la Argentina: apoyamos todos los programas de reforma que están en marcha. Los empresarios españoles se frotaron las manos. Macri impulsó recortes salariales, despidos y exenciones fiscales a los empresarios españoles. Así, pudieron repatriar sus beneficios y empobrecer a los argentinos. Pero Felipe VI lo tenía claro: España cuenta con empresas punteras, competitivas, modernas e innovadoras, exponentes de la marca España, que representa calidad y excelencia. Olvidó el expolio y etnocidio en Chile, contra el pueblo Pehuenche, cometido por Endesa en la construcción de la presa Ralco. Hecho constatado por el informe a Naciones Unidas redactado por Rodolfo Stavenhagen. Felipe VI tampoco recordó cómo los empresarios españoles compraron a precio de saldo bancos, compañías de aviación, tierras, ríos, bosques, construcciones, puertos, etcétera, obteniendo su padre grandes comisiones.

La marca España se caracteriza por realizar megaproyectos eólicos, mineros, de explotación turística, donde prima la destrucción medioambiental, la violación de los derechos humanos, la criminalización de las protestas y los movimientos de resistencia. Sirva como ejemplo la actuación de ACS en Guatemala, en Alta Verapaz. Allí, han sido entubados 30 kilómetros del río Cahabón, equivalente a 80 por ciento del tramo que cubre las poblaciones de los pueblos mayas que habitan el entorno. El 20 por ciento restante, señala Vladimir Soto, abogado del Colectivo Madre Selva, corre entre dos muros de cemento. Cincuenta mil son las personas afectadas por el proyecto. Mientras tanto, en España se invisibiliza el desastre ecológico y humano causado por el presidente de ACS, Florentino Perez, considerado un empresario ejemplar. Nada escapa a la voracidad empresarial de la marca España, destruyen todo cuanto supone un estorbo. Sin ruborizarse, extorsionan, desplazan población, pagan a bandas paramilitares, contaminan ríos, destruyen reservas naturales y violan los derechos humanos. No importa el precio a pagar. Todo por el beneficio.

No hay ministro de Industria, Economía, Turismo o Relaciones Exteriores español que no acuda en defensa de sus empresarios cuando emergen escándalos. El ex ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, en el gobierno de Mario Rajoy, sintetizó el espíritu de la marca España: el gobierno de España defiende los intereses de todas las empresas españolas, dentro y fuera. Si en alguna parte del mundo hay gestos de hostilidad hacia esos intereses, el gobierno lo interpreta como gestos de hostilidad hacia España y hacia el gobierno de España.

Bajo este principio actúan gobierno, medios de comunicación y políticos. Son una piña. Niegan, mienten y se escandalizan cuando provocan desastres medioambientales. Así entrelazan el discurso político con los intereses de las plutocracias a ambos lados del Atlántico. Repsol, Iberdrola, Telefónica, BBVA, Santander, Endesa, Zara, Sacyr, ACS, Prosegur, Ferrovial y Meliá, entre otros, pero son sólo la punta de iceberg, tras éstas, hay una pléyade de empresas que viven de esquilmar los recursos en América Latina. (Véase el Observatorio de Multinacionales Españolas en América latina. OMAL)

Por último, la guinda la pone el secretario de Estado para Iberoamérica y el Caribe, Juan Fernández Trigo. El 1/1/ 2022, declaró: América Latina no es precisamente un lugar ajeno al modelo de sociedad en el que nos desenvolvemos las sociedades europeas, las sociedades llamadas del primer mundo… En América Latina se abusa mucho del concepto integracionista y se hace poco en realidad para llegar a integraciones reales entre las economías y los sistemas políticos. Es verdad que el mito de Bolívar es algo que está muy presente en las conversaciones… pero es importante, algo más que declaraciones, por eso nos parece importante trabajar con la OEA. En esta dirección, podemos interpretar la elección de Andrés Allamand –un golpista, defensor de la dictadura de Pinochet, coordinador de la campaña de Pinochet para el referéndum de 1988, con las manos manchadas de sangre– al frente de la Secretaría General Iberoamericana. Así entiende España la dignidad de los pueblos latinoamericanos. Arriba España. Una, grande y libre.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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