martes, 22 de febrero de 2022

La actual crisis en torno a Ucrania era previsible y evitable

 

La actual crisis en torno a Ucrania era previsible y evitable

 

Por Jack F. Matlock 

Rebelion

22/02/2022  



Fuentes: ACURA


Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Nota de Rebelión: publicamos la traducción de este artículo del exembajador estadounidense Jack F. Matlock porque, a pesar de que no compartimos su visión positiva de las relaciones internacionales estadounidenses, consideramos que aporta información muy valiosa para entender lo que subyace en la actual crisis en Ucrania.

Nos enfrentamos hoy a una crisis evitable que era previsible e incluso se predijo, se precipitó deliberadamente, pero que se resuelve fácilmente con sentido común.

Cada día se nos dice que la guerra puede ser inminente en Ucrania. Se nos dice que se están concentrando tropas rusas en las fronteras ucranianas y que podrían atacar en cualquier momento. Se ha aconsejado a los ciudadanos estadounidenses salir de Ucrania y se está evacuando al personal de la Embajada de Estados Unidos. Mientras tanto, el presidente ucraniano aconseja que no cunda el pánico y deja claro que él no considera inminente una invasión rusa. Vladimir Putin, el presidente ruso, ha negado tener intención alguna de invadir Ucrania. Lo que pide es que se deje de añadir nuevos miembros a la OTAN y que, en particular, se asegure a Rusia que Ucrania y Georgia nunca serán miembros. El presidente Biden se ha negado a ofrecer esa garantía, aunque ha dejado clara su voluntad de seguir discutiendo cuestiones de estabilidad estratégica en Europa. El gobierno ucraniano, por su parte, ha dejado claro que no tiene intención de implementar el acuerdo al que se llegó en 2015 de reunificar las provincias de Donbás en Ucrania con un amplio grado de autonomía local, un acuerdo entre Rusia, Francia y Alemania, y que respaldó Estados Unidos.

Puede que me equivoque, que me equivoque trágicamente, pero no puedo evitar la sospecha de que estamos ante una elaborada farsa, groseramente magnificada por destacados elementos de los medios de comunicación estadounidenses para servir a un fin político interno. El gobierno Biden, que se enfrenta a una inflación en alza, a los estragos de Omicron, a la culpa (en su mayor parte injusta) por la retirada de Afganistán, además de a no haber conseguido todo el apoyo de su propio partido a la legislación Build Back Better, se tambalea bajo unos índices de aprobación que disminuyen justo cuando se prepara para las elecciones al Congreso de este año. Dado que parecen cada vez menos probables unas “victorias” claras respecto a los males internos, ¿por qué no fabricar una haciendo creer que impidió la invasión de Ucrania al “hacer frente a Vladimir Putin”? En realidad, parece más probable que los objetivos del presidente Putin sean los que este dice que son y los que lleva diciendo desde su discurso en Múnich en 2007. Para simplificar y parafrasear, los resumiría de la siguiente manera: “Trátenos con al menos un mínimo de respeto. No le amenazamos ni a usted ni a sus aliados, ¿por qué nos niega la seguridad que usted insiste en tener para sí mismo?”.

En 1991, cuando se derrumbó la Unión Soviética, muchos observadores, ignorando los acontecimientos que se desarrollaron rápidamente y que marcaron el final de la década de 1980 y el comienzo de la de 1990, lo consideraron el fin de la Guerra Fría. Se equivocaban. La Guerra Fría había terminado al menos dos años antes. Terminó por medio de una negociación y fue en interés de todas las partes. El presidente George H.W. Bush esperaba que Gorbachov lograra mantener a la mayoría de las doce repúblicas no bálticas en una Federación voluntaria. El 1 de agosto de 1991 Bush pronunció un discurso en el Parlamento de Ucrania (el Verkhovna Rada) en el que respaldó los planes de Gorbachov de una Federación voluntaria y previno contra el “nacionalismo suicida”. Esta expresión se inspiraba en los ataques del líder georgiano Zviad Gamsakurdia a las minorías de la Georgia soviética. Por razones que explicaré en otro lugar, se aplican a la actual Ucrania. En resumen son estas: a pesar de la creencia generalizada tanto entre la “masa” de Estados Unidos como entre la mayoría del público ruso, Estados Unidos no apoyó, y mucho menos provocó, la desintegración de la Unión Soviética. Apoyamos totalmente la independencia de Estonia, Letonia y Lituania, y uno de las últimas cosas que hizo el Parlamento soviético fue legalizar su reivindicación de independencia. Y, por cierto, a pesar de lo que a menudo se teme, Vladimir Putin nunca ha amenazado con reabsorber a los países bálticos o con reclamar ninguno de sus territorios, aunque ha criticado a algunos que negaban a las personas de etnia rusa plenos derechos de ciudadanía, un principio que la Unión Europea se compromete a hacer cumplir.

Pero veamos la primera de las afirmaciones del subtítulo…

¿Era evitable la crisis?

Pues bien, puesto que la principal exigencia del presidente Putin es que se garantice que la OTAN no aceptará más miembros y específicamente no aceptará a Ucrania ni a Georgia, obviamente no habría existido base alguna para la actual crisis si la Alianza no se hubiera expandido al acabar la Guerra Fría o si la expansión se hubiera producido en armonía con la construcción de una estructura de seguridad en Europa que incluyera a Rusia.

Quizá debamos analizar esta cuestión más en profundidad. ¿Cómo responden otros países ante alianzas militares extranjeras cerca de sus fronteras? Puesto que hablamos de política estadounidense, quizá deberíamos prestar atención a cómo ha reaccionado Estados Unidos a intentos de forasteros de establecer alianzas con países cercanos. ¿Alguien recuerda la Doctrina Monroe, una declaración de una esfera de influencia que comprendía todo un hemisferio? ¡E íbamos en serio! Cuando supimos que la Alemania del Kaiser trataba de contar con México como aliado durante la Primera Guerra Mundial, aquello fue un aliciente poderoso para la subsiguiente declaración de guerra contra Alemania. Más adelante, por supuesto, a lo largo de mi vida tuvimos la Crisis de los Misiles en Cuba, algo que recuerdo vívidamente puesto que entonces yo estaba en la Embajada de Estados Unidos en Moscú y traduje algunos de los mensajes de Khrushchev a Kennedy.

¿Deberíamos considerar acontecimientos como la Crisis de los Misiles en Cuba desde el punto de vista de algunos de los principios del derecho internacional o desde el punto de vista del comportamiento probable de los dirigentes de un país si se sienten amenazados? ¿Qué decía el derecho internacional en aquel momento acerca del uso de misiles nucleares en Cuba? Cuba era un Estado soberano y tenía derecho a buscar apoyo a su independencia en cualquier lugar que eligiera. Había sido amenazada por Estados Unidos, hubo incluso un intento de invasión utilizando a cubanos anticastristas. Pidió ayuda a la Unión Soviética. Como el líder soviético Nikita Khrushchev sabía que Estados Unidos había desplegado armas nucleares en Turquía, un aliado de Estados Unidos que, en efecto, hacía frontera con la Unión Soviética, decidió estacionar misiles nucleares en Cuba. ¿Cómo podía Estados Unidos poner legítimamente alguna objeción al hecho de que la Unión Soviética desplegara armas similares a las que se habían desplegado contra ella?

Obviamente, fue un error, ¡un gran error! (uno que recordaba a la observación de Talleyrand, “peor que un crimen…”). Nos guste o no, las relaciones internacionales no se establecen debatiendo, interpretando y aplicando los puntos más certeros del “derecho internacional” que, en cualquier caso, no es lo mismo que el derecho local, el derecho dentro de los países. Kennedy tuvo que reaccionar para eliminar la amenaza. El Estado Mayor Conjunto recomendó eliminar los misiles bombardeándolos. Afortunadamente, Kennedy lo evitó, declaró un bloqueo y exigió la retirada de los misiles.


Al cabo de una semana de intercambio de mensajes (yo traduje el más largo de Khrushchev), se acordó que Khrushchev quitaría los misiles nucleares de Cuba. Lo que no se anunció es que Kennedy también accedió a quitar los misiles estadounidenses de Turquía, pero que ese compromiso no se debía hacer público.

Por supuesto, los diplomáticos estadounidenses en la Embajada de Moscú estábamos encantados con este desenlace. Ni siquiera se nos informó del acuerdo referente a los misiles en Turquía. No sabíamos que habíamos estado cerca de un intercambio nuclear. Sabíamos que Estados Unidos tenía superioridad militar en el Caribe y hubiéramos aplaudido si las Fuerzas Aéreas Estadounidenses hubieran bombardeado esos emplazamientos. Nos equivocábamos. En reuniones posteriores con diplomáticos y altos cargos soviéticos supimos que si se hubieran bombardeado esos emplazamientos, los altos cargos que había en el lugar podrían haber lanzado los misiles sin órdenes de Moscú. Podíamos haber perdido Miami, y, después, ¿qué? Tampoco sabíamos que un submarino soviético estuvo a punto de lanzar un torpedo con armas nucleares contra el destructor que le impedía emerger.

La situación se salvó por los pelos. Es bastante peligroso verse envuelto en enfrentamientos militares con países que tienen armas nucleares. No hace falta estar titulado en Derecho Internacional para entenderlo. Solo hace falta tener sentido común.

De acuerdo, era predecible. ¿Se predijo?

“El error estratégico más grave desde que acabó la Guerra Fría”

Mis palabras, y mi voz, no fueron las únicas. En 1997, cuando se planteó la cuestión de añadir más miembros a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se me pidió testificar ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Hice la siguiente declaración en las observaciones preliminares: “Considero equivocada la recomendación del gobierno de incorporar nuevos miembros a la OTAN en este momento. Si el Senado de Estados Unidos lo aprobara, puede pasar a la historia como el error estratégico más grave cometido desde que acabó la Guerra Fría. Lejos de mejorar la seguridad de Estados Unidos, de sus Aliados y de las naciones que desean entrar en la Alianza, podría fomentar un concatenación de acontecimientos que podría generar la amenaza más grave para la seguridad de esta nación desde que colapsó la Unión Soviética”.

La razón que yo mencionaba era la presencia de un arsenal nuclear en la Federación Rusa cuya eficacia general era igual, si no superior a la del arsenal de Estados Unidos. Si se utilizaba realmente cualquiera de nuestros arsenales [ruso o estadounidense] en una guerra caliente, era capaz de acabar con la posibilidad de la civilización en la Tierra e incluso causar, posiblemente, la extinción de la raza humana y de gran parte de la vida en el planeta. Aunque Estados Unidos y la Unión Soviética habían firmado acuerdos de control de armamento durante los gobiernos de Reagan y del primer Bush, las negociaciones respecto a nuevas reducciones se estancaron durante el gobierno Clinton. Ni siquiera se trató de negociar la retirada de armas nucleares de corto alcance de Europa.

Esta no fue la única razón que mencioné para incluir en vez de excluir a Rusia de la seguridad europea. Lo expliqué de la siguiente manera: “El plan para aumentar la cantidad de miembros de la OTAN no tiene en cuenta la situación internacional real al acabar la Guerra Fría y sigue una lógica que solo tenía sentido durante la Guerra Fría. La división de Europa acabó antes de que se pensara en incorporar nuevos miembros a la OTAN. Nadie amenaza con volver a dividir Europa. Por lo tanto, es absurdo afirmar, como han hecho algunas personas, que es necesario aceptar a nuevos miembros en la OTAN para evitar una futura división de Europa; si la OTAN va a ser el principal instrumento para unificar el continente, entonces lógicamente la única forma de hacerlo es ampliándola para incluir a todos los países europeos. Pero este no parece ser el objetivo del gobierno [estadounidense] y, aunque lo fuera, la forma de lograrlo no es aceptando gradualmente nuevos miembros”.

A continuación añadí: “Todos los supuestos objetivos de la ampliación de la OTAN son loables. Por supuesto, los países de Europa Central y Oriental forman parte de Europa desde el punto de vista cultural y se les debe garantizar un lugar en las instituciones europeas. Por supuesto, hemos apostado por el desarrollo de la democracia y por economías estables en esos países. Pero el hecho de pertenecer a la OTAN no es la única manera de conseguir estos fines. Ni siquiera es la mejor manera en ausencia de una amenaza de seguridad clara e identificable”.

De hecho, la decisión de expandir la OTAN gradualmente suponía un cambio total de las políticas estadounidenses que habían llevado al final de la Guerra Fría y a la liberación de Europa del Este. El presidente George H.W. Bush había proclamado el objetivo de una “Europa entera y libre”. El presidente soviético Gorbachov había hablado de “nuestro hogar común europeo”, había dado la bienvenida a los representantes de los gobiernos de Europa del Este que se habían deshecho de sus gobernantes comunistas y había ordenado la reducción radical de las fuerzas militares soviéticas explicando que para que un país esté seguro, debe haber seguridad para todos. El primer presidente Bush también garantizó a Gorbachov, cuando se reunieron en Malta en diciembre de 1989, que si se permitía a los países de Europa del Este elegir su futura orientación por medio de procesos democráticos, Estados Unidos no se “aprovecharía” de ese proceso (obviamente, incorporar a la OTAN a países que entonces estaban en el Pacto de Varsovia sería “aprovecharse”). Al año siguiente, se garantizó a Gorbachov, aunque no en un tratado formal, que si se permitía a una Alemania unificada permanecer en la OTAN, no habría ningún movimiento de la jurisdicción de la OTAN hacia el este, “ni una pulgada”.

Estos comentarios se le hicieron al presidente Gorbachev antes de que se disolviera la Unión Soviética. Cuando lo hizo, la Federación Rusa tenía menos de la mitad de la población de la Unión Soviética y un aparato militar desmoralizado y sumido en una confusión total. Aunque no había razón alguna para ampliar la OTAN después de que la Unión Soviética reconociera y respetara la independencia de los países de Europa del Este, había aún menos razones para temer a la Federación Rusa como una amenaza.

¿Se precipitó deliberadamente?

Durante el gobierno de George W. Bush (2001-2009) se siguió incorporando países de Europa del Este a la OTAN, pero eso no fue lo único que provocó la oposición rusa. Al mismo tiempo, Estados Unidos empezó a retirarse de los tratados de control de armas que durante un tiempo habían atenuado una carrera de armamentos irracional y peligrosa, y que fueron los acuerdos básicos para poner fin a la Guerra Fría. La decisión más relevante fue la de retirarse del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (Tratado ABM), que había sido el tratado fundamental de la serie de acuerdos que detuvieron durante un tiempo la carrera de armamento nuclear. Después de los atentados terroristas contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono en el norte de Virginia, el presidente Putin fue el primer dirigente extranjero que llamó al presidente Bush y le ofreció su apoyo. Cumplió su palabra facilitando el ataque al régimen talibán de Afganistán, que había albergado a Osama ben Laden, el líder de Al Qaeda que había inspirado los atentados. En aquel momento estaba claro que Putin aspiraba a una asociación de seguridad con Estados Unidos. Los terroristas yihadistas que tenían a Estados Unidos en su punto de mira también tenían a Rusia. Con todo, Estados Unidos siguió ignorando los intereses rusos (y también los de sus aliados) al invadir Irak, un acto de agresión al que se opusieron no solo Rusia, sino también Francia y Alemania.

Mientras el presidente Putin sacaba a Rusia de la bancarrota que se había producido a finales de la década de 1990, estabilizaba la economía, pagaba las deudas externas de Rusia, reducía la actividad del crimen organizado e incluso empezaba a construir un nido financiero para capear futuras tormentas financieras, era objeto de lo que él consideraba un insulto tras otro a su idea de la dignidad y seguridad de Rusia. En un discurso pronunciado en Múnich en 2007 enumeró estos insultos. El Secretario de Defensa estadounidense Robert Gates respondió que no necesitábamos una nueva Guerra Fría. Por supuesto, era muy cierto, pero ni él ni sus superiores ni sus sucesores parecieron tomar en serio la advertencia de Putin. En la campaña como candidato a las elecciones presidenciales de 2008 el entonces senador Joseph Biden prometió ¡“hacer frente a Putin”! ¿Eh? ¡Qué demontre le había hecho Putin a él o a Estados Unidos?

Aunque en un principio el presidente Obama prometió cambiar de política, de hecho su gobierno siguió ignorando las principales preocupaciones de Rusia y redobló los anteriores esfuerzos estadounidenses para sacar a las antiguas repúblicas soviéticas de la influencia rusa e incluso para fomentar un “cambio de régimen” en la propia Rusia. El presidente ruso y la mayoría de la población rusa consideraron las acciones estadounidenses en Siria y Ucrania ataques indirectos contra ellos.

El presidente Assad de Siria era un dictador brutal, pero el único baluarte eficaz contra el Estado Islámico, un movimiento que había prosperado en Irak tras la invasión estadounidense y se había extendido a Siria. La ayuda militar a una supuesta “oposición democrática” cayó rápidamente en las manos de yihadistas ¡aliados de la misma organización Al-Qaeda que había organizado los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos! Pero la amenaza para la cercana Rusia era mucho mayor ya que muchos yihadistas eran oriundos de zonas de la antigua Unión Soviética, incluida la propia Rusia. Siria también es un vecino cercano de Rusia; se consideró que Estados Unidos fortalecía a los enemigos tanto de Estados Unidos como de Rusia con su equivocado intento de decapitar al gobierno sirio.

Por lo que se refiere a Ucrania, la intromisión de Estados Unidos en su política interna fue profunda, hasta el punto de parecer elegir a un primer ministro. De hecho, también apoyó un golpe de Estado ilegal que cambió el gobierno ucraniano en 2014, un procedimiento que normalmente no se considera compatible con el estado de derecho o la gobernanza democrática. La violencia que todavía está a punto de estallar en Ucrania empezó en el oeste “pro-occidental”, no en Donbas, donde fue una reacción a lo que se consideraba una amenaza de violencia contra las personas ucranianas de origen étnico ruso.

Durante el segundo mandato del presidente Obama su retórica se volvió más personal y se sumó a un cada vez más altisonante coro en los medios de comunicación estadounidenses y británicos que vilipendiaba al presidente ruso. Obama habló de unas sanciones económicas contra los rusos como “coste” del “mal comportamiento” de Putin en Ucrania, olvidando convenientemente que la acción de Putin había sido popular en Rusia y que se podía acusar de forma creíble al propio predecesor de Obama de ser un criminal de guerra. Obama empezó entonces a proferir insultos contra la nación rusa en su conjunto con acusaciones como que “no hace nada que nadie quiera”, ignorando interesadamente el hecho de que la única forma que teníamos en aquel momento de llevar a astronautas estadounidenses a la estación espacial internacional era con cohetes rusos y que su gobierno estaba haciendo todo lo posible para impedir que Irán y Turquía compraran misiles antiaéreos rusos.

Estoy seguro de que alguien dirá: “¿Y qué? Reagan calificó a la Unión Soviética de imperio del mal, pero entonces negoció el final de la Guerra Fría”. ¡Es cierto! Reagan condenó al antiguo imperio soviético y a continuación reconoció a Gorbachov el mérito de haberlo cambiado, pero nunca castigó públicamente a los dirigentes soviéticos como persona. Los trató con respeto personal y como iguales, incluso invitó al ministro de Asuntos Exteriores Gromyko a cenas formales que normalmente estaban reservadas a jefes de Estado o de Gobierno. Sus primeras palabras en reuniones privadas solían ser algo así como: “Tenemos en nuestras manos la paz del mundo. Debemos actuar con responsabilidad para que el mundo pueda vivir en paz”.

Las cosas fueron a peor durante los cuatro años de la presidencia de Donald Trump. Como se le había acusado, sin pruebas, de ser un títere de Rusia, Trump se aseguró de apoyar cada medida antirrusa que surgía al tiempo que halagaba a Putin calificándolo de gran líder. Las expulsiones recíprocas de diplomáticos que había empezado Estados Unidos al final de la presidencia de Obama siguieron en un nefasto círculo vicioso que ha provocado una presencia diplomática tan mínima que durante meses Estados Unidos no contó con personal suficiente en Moscú para expedir visados a los rusos para visitar Estados Unidos.

Como muchos otros acontecimientos recientes, el estrangulamiento mutuo de las misiones diplomáticas revierte uno de los logros de los que estamos más orgullosos de la diplomacia estadounidense en los últimos años de la Guerra Fría, cuando trabajamos diligentemente y con éxito para abrir la cerrada sociedad de la Unión Soviética, para tirar el telón de acero que separaba “Oriente” y “Occidente”. Lo logramos con la cooperación de un líder soviético que entendió que su país necesitaba desesperadamente unirse al mundo.

De acuerdo, a las pruebas me remito de que la crisis de hoy “se precipitó deliberadamente”. Pero, de ser así, ¿cómo puedo decir que…

…se resuelve fácilmente con sentido común?

La respuesta es breve porque puede serlo. Lo que pide el presidente Putin, acabar con la expansión de la OTAN y crear una estructura de seguridad en Europa que garantice la seguridad de Rusia junto con la de los demás, es sumamente razonable. No exige la salida de ningún miembro de la OTAN ni amenaza a ninguno. Según cualquier criterio pragmático y de sentido común, a Estados Unidos le interesa promover la paz, no el conflicto. Tratar de sacar a Ucrania de la influencia rusa (el objetivo declarado de quienes hicieron campaña a favor de las “revoluciones de colores”) fue una misión estúpida además de peligrosa. ¿Tan pronto hemos olvidado lo aprendido de la crisis de los misiles en Cuba?

En estos momentos, afirmar que aprobar las demandas de Putin va en el interés objetivo de Estados Unidos no significa que sea fácil hacerlo. Los líderes tanto del partido demócrata como del republicano han desarrollado una postura tan rusófoba (una cuestión que requiere un artículo aparte) que se necesitará una gran habilidad política para navegar por las traicioneras aguas políticas y lograr un desenlace razonable.

El presidente Biden ha dejado claro que Estados Unidos no intervendrá con sus propias tropas si Rusia invade Ucrania. Entonces, ¿por qué trasladarlas a Europa del Este? ¿Solo para demostrar a los halcones del Congreso que se mantiene firme? ¿Para qué? Nadie amenaza a Polonia o Bulgaria, excepto las oleadas de personas refugiadas que huyen de Siria, Afganistán y las zonas secas de la sabana africana. Entonces, ¿qué se supone que hace la 82 División Aerotransportada?

Pues bien, como he sugerido anteriormente, puede que esto no sea más que una costosa farsa. Quizá las subsiguientes negociaciones entre los gobiernos de Biden y Putin encuentren una manera de satisfacer las preocupaciones rusas. En ese caso, puede que la farsa haya cumplido su objetivo. Y quizá entonces nuestros congresistas empiecen a ocuparse de los cada vez mayores problemas que tenemos en casa en lugar de empeorarlos.

Se puede soñar, ¿no?

Jack F. Matlock fue embajador de Estados Unidos en la URSS (1987-1991). Es miembro de la junta directiva de ACURA y escribe desde Singer Island, Florida.

Fuente: https://usrussiaaccord.org/acura-viewpoint-jack-f-matlock-jr-todays-crisis-over-ukraine/

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🔴 Mensaje a la nación de Vladímir Putin

lunes, 21 de febrero de 2022

3.000 ayusistas acudieron a Génova a intentar ver al hermanísimo . [El PP –el José o el Pepe para los amigos- es uno de los partidos corruptos del sistema político del Estado español corrupto, corruptoso, corruptible corrompida de la corrupción del aquí te cojo, verbo coger: mangui mango, y que me llevo el 3% (o de 10 de me llevo una; de 20 me llevo 2 y pasando de 23 todas las que pueda) , oyes, que en esta política se está para algo, que determina con sus actuaciones las condiciones de vida de todos los españoles (que sí, que sí, que España es Una, Indivisible, inseparable, confirmable, incomunistable, intocable y a ellos La Legión, pero que de eso no estaos hablando ahora): cómo han de vivir la inmensa mayoría de los españoles, que mire usted por donde son los trabajadores, y cómo se tienen que enriquecer una exigua y execrable minoría criminal española que forman, mire usted también por donde, unas 1.400 familias que representando el 0,0035% de la población española controlan más de 80% de toda la riqueza nacional, que sume y siga usted también mirando por donde, crean los trabajadores con su trabajo, sin mediar caja B, J,Q,KK y M]

 

3.000 ayusistas acudieron a Génova a intentar ver al hermanísimo

 

lanueve.info r

febrero 20, 2022

 

El PP, sector Ayuso, vivió una jornada memorable. 3.000 seguidores de la Presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, se dieron cita en la sede del Partido Popular para ver si su hermano Tomás saludaba desde el balcón. Porque que quede claro de una vez. él no es culpable de nada y pretender hacer dinero aprovechando la pandemia con el apellido tampoco es novedoso, pobre hombre, calumniado por el marxismo internacional. No fue así, Tomás no apareció porque estaría con la hermana eliminado facturas (que el partido sabe de esas prácticas) pero los asistentes no se desanimaron y despotricaron de lo lindo contra el líder Casado, y de paso contra el gobierno social-comunista que solo ven ellos en su paranoia.

A Pablo no se le ocurrió salir a exponer su criterios igual de reaccionarios que los de Ayuso, porque el personal estaba algo fanatizado pidiendo su renuncia. Lo dan por amortizado, y él lo sabe. De Teodoro García Egea no había ni rastro, el de Cieza debe estar a esta hora practicando el lanzamiento bucal de aceituna, ejercicio deportivo que le dio fama y con el que aprendió a escupir desde larga distancia a sus enemigos. En un día tan memorable vivido por la militancia, no hemos podido sino recordar las figuras ilustres que han floreado ese balcón de la sede: Aznar, Rajoy, Cospedal, Cifuentes, Esperanza Aguirre… la lista de personajes prescindibles es casi interminable, y hubieran disfrutado como buenos patriotas el ondear de tanta bandera patria. Además, la riada de asistentes venía casi en columna de su querido barrio de Salamanca, porque el nivel de clase siempre se respeta, y el granero de votos y afiliados sí entiende de esas cosas.

“Ayuso presidenta” gritaba la masa porque la ven en Moncloa dirigiendo el gobierno nacional, su hermano Tomás como ministro de Economía, Jiménez Losantos en propaganda y algún hostelero partidario de la famosa “caña de España” en Industria. El resto del gabinete se consulta al Ibex, la Iglesia y los militares porque el tiempo pasa pero Ayuso quiere ganar la guerra como sus nacionales.

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Spinoza. Los afectos: precariedad y servidumbre

 

Tal día como hoy en 1677 moría en La Haya Baruch Spinoza. Su obra fue uno de los más polémicos e influyentes proyectos de rebeldía, rechazo de todas las formas de trascendencia, confesional o metafísica, y reivindicación de la inmanencia.


Spinoza. Los afectos: precariedad y servidumbre

  Juan Pedro García

El Viejo Topo

21 febrero, 2022

 


Al finalizar el libro II de la Ética, el largo escolio de la proposición 49 a modo de recapitulación (cierre y apertura hacia nuevos asuntos). Spinoza se detiene a reflexionar sobre la utilidad que puede seguirse de lo que hasta ese momento ha expuesto: a) nos enseña que obramos por el solo mandato de Dios y, por consiguiente, confiere sosiego al ánimo y enseña en qué consiste la felicidad; b) enseña cómo debemos actuar ante los sucesos de la fortuna, contemplando y soportando con ánimo equilibrado las dos caras de la fortuna; c) es útil para la vida social, porque enseña a no odiar ni despreciar, a no burlarse de nadie ni encolerizarse contra nadie, sino a contentarse cada uno con lo suyo y auxiliar al prójimo según lo demanden el tiempo y las circunstancias; d) es también útil para la sociedad civil, porque enseña de qué modo han de ser gobernados y dirigidos los ciudadanos, no para que sean siervos sino para que hagan libremente lo mejor.

No se trata sólo de una recapitulación que funciona como estrategia de escritura: hacia 1665, Spinoza, preocupado por el giro de la situación política holandesa (la alianza de largo recorrido entre la iglesia calvinista y la casa de Orange pone cada vez más en peligro la estabilidad de la República y, a partir de 1664, la actividad de estos grupos ha pasado a desarrollarse abiertamente y de manera cada vez más influyente… hasta que en 1672 se produce su triunfo definitivo), abandona la redacción de la Ética para empezar a escribir el Tratado teológico-político (TTP en lo sucesivo). A partir de ese asunto, en la obra de Spinoza –y quizá sea ésta la clave para entender el cambio de rumbo, del conocimiento a la ética y a la política, que desde ese momento se percibe en la lectura de la Ética (un texto al que hasta entonces Spinoza se refería llamándolo “mi filosofía”)–, la preocupación por los asuntos humanos pasa a primer plano, en lo teórico y, también, en lo práctico. Una preocupación que leemos “en carne viva” tanto en el TTP como en el resto de la Ética (que será retomada a partir de 1670) y que sólo en el Tratado político, escrito bastante después del asesinato de los hermanos de Witt y del triunfo de las elites orangistas, vuelve a retomar los cauces serenos (pero en nada acríticos) de la mirada teórica.

El ser humano es un individuo en la naturaleza; y en la naturaleza (entre los demás cuerpos, algunos de los cuales son también seres humanos) intenta –como todos los individuos– perseverar en su ser. Sobrevivir, decíamos, y satisfacer sus necesidades. La ética ha de ser, así, el análisis de los modos en que el ser humano satisface sus necesidades y sobrevive y, si ello es posible, la planificación de los modos en que puede hacerlo más eficazmente: análisis de la situación del ser humano en el mundo y análisis, también, de las posibilidades de actuación que, en el mundo, puede desarrollar.

Perspectiva, pues, que recupera los lugares comunes del epicureismo ético y que, al hacerlo, disloca definitivamente el despliegue de una filosofía que hasta ese momento parecía sólo –aunque “en materialista”– transitar por los caminos de una problemática general del conocimiento. La preocupación central no será ya, por eso, la de la superación del error, sino –siendo también ésa– la de los distintos efectos prácticos (“éticos”) de las diferentes formas de dirigirse la actuación humana.

La manera en que Spinoza piensa a los individuos tiene que ser entendida a partir de los elementos centrales de su (anti)metafísica: un universo en el que todo se relaciona con todo en una red de conexiones establecidas desde la absoluta inmanencia de los movimientos y los choques. El hombre piensa y los cuerpos se mueven o están en reposo. La naturaleza y los individuos que la componen no precisan de un papirotazo trascendente que genere su existencia o que los ponga en movimiento. La totalidad de lo real (Dios), así, es absoluta potencia; y también los individuos tienen una potencia de actuación que los individualiza y los define. Todo lo que existe es, pues, pura afirmación y, por eso, sólo las causas exteriores pueden provocar un cambio en el estado de movimiento o de reposo de los cuerpos y sólo las causas exteriores pueden destruir una cosa existente: las cosas, cuanto está a su alcance, se esfuerzan por perseverar en su ser y oponen resistencia a cuanto pueda privarles de su existencia; incluso en lo puramente físico, ya que todo cuerpo reacciona ante una acción que recibe y, precisamente por eso, los choques generan composiciones de movimientos y de cuerpos. Y Spinoza señala que ese esfuerzo, ese conatus (la expresión latina que traducimos por “esfuerzo”), es la esencia actual de la cosa misma. Todas las cosas se esfuerzan por perseverar en su ser y lo consiguen, mejor o peor, en la medida en que puedan hacerlo, es decir, en virtud de su potencia. La proposición 7 del libro III de la Ética, así, establece una ecuación que identifica la esencia de cada individuo con su conatus y con su potencia.

Y esto sucede también en el caso de los seres humanos, que son otras tantas cosas naturales. Cada ser humano, por tanto, se esfuerza por perseverar en su ser (un esfuerzo que, dice Spinoza, llamamos voluntad cuando se refiere a la mente, apetito cuando se refiere a la vez a la mente y al cuerpo y deseo cuando es un apetito del que somos conscientes).

La filiación de esta concepción con la ética de Epicuro es clara, por tanto, si atendemos a la manera en que Spinoza señala que actuamos movidos por el conatus que constituye nuestra esencia, es decir, para satisfacer nuestro deseo; que conseguimos satisfacer nuestro deseo en la medida en que lo permita nuestra potencia y que nuestra potencia consiste básicamente en la capacidad de nuestro cuerpo (y “nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo”) para garantizar su supervivencia. Esta filiación resulta definitivamente confirmada cuando Spinoza (Ética, III, 9, escolio) llama dolor a cuanto hace disminuir la potencia, y placer a cuanto la aumenta. Una filiación materialista que, además, se prolonga con el consiguiente rechazo de los absolutos morales que reconoce la tradición de la ética confesional y/o metafísica (Ética, IV, prefacio): “Por lo que atañe al bien y al mal, tampoco aluden a nada positivo en las cosas, ni son otra cosa que modos de pensar […] Pues una sola y misma cosa puede ser al mismo tiempo buena y mala, y también indiferente […] Así, pues, entenderé por ‘bueno’ aquello que sabemos con certeza que es un medio adecuado para acercarnos al modelo ideal de naturaleza humana que nos proponemos. Y por ‘malo’ entenderé aquello que sabemos ciertamente que nos impide referirnos a dicho modelo”.

Los seres humanos son, pues, individuos en la naturaleza, dotados de una cierta potencia en cuya virtud consiguen perseverar, mejor o peor, en su ser (vale decir: sobrevivir y satisfacer sus necesidades) de una manera más o menos eficaz.

Pero, del mismo modo que, al moverse, un cuerpo ha de encontrarse con otro y chocar con él de algún modo, precisamente porque todo cuanto existe persevera en su ser, todo conatus se encuentra con otros y, de algún modo, tiene que “encontrarse” con su potencia. Y Spinoza, en esta cuestión, permanece fiel al modelo de la fisicidad con el que ha construido su mirada al mundo. Así, el único axioma del libro IV de la Ética marca los límites de la actuación, de la potencia y de la supervivencia misma cuando afirma que en la naturaleza no se da ninguna cosa singular sin que se dé otra más potente y más fuerte, es decir, que siempre hay algo más potente por lo que, pese a sus esfuerzos, una cosa puede ser destruida.

Como la de todas las cosas, pues, la existencia humana es, en el mundo, necesariamente, precaria. Somos una parte de la naturaleza y no podemos concebirnos –ni existir– sin las demás partes; pero, al mismo tiempo, por ello mismo, la fuerza con que el hombre persevera en la existencia es limitada y resulta infinitamente superada por la potencia de las causas exteriores.

Ante la potencia ajena, esfuerzo por sobrevivir… condenado siempre a ser insuficiente. Ciertamente, del “encuentro” con la potencia de las cosas exteriores no siempre se sigue nuestra destrucción: es también posible que el encuentro aumente nuestra propia potencia de actuar. Dicho de otro modo, podemos ser afectados por las cosas exteriores de modo diverso: de manera que aumente (ese será un afecto alegre) o disminuya (afecto triste) nuestra capacidad de actuación y, así, la eficacia de nuestros esfuerzos para sobrevivir. Pero siempre habrá algo en la naturaleza cuya potencia supere a la nuestra y nos destruya.

Sin duda, y esto es muy importante, no estamos ante una consideración que haga de la potencia ajena el límite de la nuestra, porque hay cuerpos exteriores que convienen a la perfección con el nuestro y que, al encontrarse/chocar con él, en lugar de destruirlo o hacerlo menos fuerte, se le añaden (y Spinoza pone aquí el ejemplo de los alimentos que al incorporarse a nuestro cuerpo lo hacen más fuerte… o el de otros seres humanos con los que es posible cooperar y establecer alianzas), pero, en todo caso, sí es cierto que no depende de nuestra sola potencia el que un encuentro con una cosa exterior la aumente o nos destruya y, así, la fuerza de los afectos se nos impone siempre como sobrevenida. De donde se sigue (Ética, IV, 4, escolio) “que el hombre está sujeto siempre, necesariamente, a las pasiones y que sigue el orden común de la naturaleza, obedeciéndolo y acomodándose a él cuanto lo exige la naturaleza de las cosas”. Ésa es su servidumbre: su condición de existencia.

Fuente: Primer apartado del capítulo cuarto del  libro de Juan Pedro García del Campo Spinoza esencial.

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domingo, 20 de febrero de 2022

La rapiña de las empresas españolas en América Latina. [Que ya vamos siendo mayorcitos, así que a ver si nos vamos poniendo serios y en nuestro sitio en este punto. Verbigracia. Un español que esté en el paro por no tener trabajo, como su nombre indica, es español. Otro español que tenga trabajo, aunque no gane lo suficiente para vivir dignamente y a la altura de los tiempos, siguiendo lo dicho, también es español. Un niño o una niña de dos meses de edad, aunque chiquitillos, que sean españoles también son españoles. Y pregunto yo: ¿hay por ahí algún gracioso o graciosa que pueda decir dónde y cómo roban los españoles en Latinoamérica o en Encinacorva del Rey (que es por poner un ejemplo, no se alborote nadie, que también podría ser Encinacorva la Real)? Si se habla de multinacionales se habla de asociación del mal hechores y malas hechoras sin distingos de nacionalidad (da igual que sean hijos/hijas de un solo padre o de decenas de ellos) para la comisión del crimen en su vertiente circunvalaltoria a la redonda globalizatoria de la Tierra entera que viene a ser como una pelota. Y no hablo por hablar. Yo sé que la tierra es como una pelota malamente redonda porque he visto una foto de ella].

 

Existe un estrecho vínculo entre las empresas transnacionales españolas y los gobiernos de la monarquía. Tras la retórica de la hispanidad se encubren negocios fraudulentos, comisiones, lavado de dinero, cuentas en paraísos fiscales…


La rapiña de las empresas españolas en América Latina


Marcos Roitman

El Viejo Topo

20 febrero, 2022 

 


¿Qué esconde la marca España? Existe un estrecho vínculo entre las empresas trasnacionales españolas y los gobiernos de la monarquía. Seamos serios, las relaciones entre el Reino de España y los países latinoamericanos no se caracteriza por estrechar vínculos culturales, menos aún por las reciprocidad comercial, empresarial o la transparencia en las inversiones. Tras la retórica de la hispanidad se encubren negocios fraudulentos, comisiones, lavado de dinero, cuentas en paraísos fiscales y un sin número de ilícitos, cuya lista es interminable. Cada viaje de los presidentes de gobierno y los reyes se acompaña de un séquito de empresarios ávidos de pingües beneficios. Así, apoyan reformas neoliberales en el continente. Posteriormente, conceden medallas y agradecen a gobernantes corruptos, los servicios prestados a la marca España: Zedillo, Uribe, Piñera, Macri, Calderón. La lista es amplia.

Hoy las relaciones comerciales con Iván Duque, en Colombia; Alejandro Giammattei, en Guatemala; Sebastián Piñera, en Chile; Jair Bolsonaro, en Brasil; Guillermo Lasso, en Ecuador, y Mario Abdo, en Paraguay, cuentan con el adjetivo de seguridad jurídica para los inversionistas españoles. Para que no exista equivoco, la expropiación de YPF-Repsol en Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue considerada un ataque a España. La prensa y el gobierno tacharon la acción de populismo izquierdista, robo y una sinrazón política. Una década más tarde, con el gobierno de Mauricio Macri, Felipe VI cambia el discurso en su viaje a la Argentina: apoyamos todos los programas de reforma que están en marcha. Los empresarios españoles se frotaron las manos. Macri impulsó recortes salariales, despidos y exenciones fiscales a los empresarios españoles. Así, pudieron repatriar sus beneficios y empobrecer a los argentinos. Pero Felipe VI lo tenía claro: España cuenta con empresas punteras, competitivas, modernas e innovadoras, exponentes de la marca España, que representa calidad y excelencia. Olvidó el expolio y etnocidio en Chile, contra el pueblo Pehuenche, cometido por Endesa en la construcción de la presa Ralco. Hecho constatado por el informe a Naciones Unidas redactado por Rodolfo Stavenhagen. Felipe VI tampoco recordó cómo los empresarios españoles compraron a precio de saldo bancos, compañías de aviación, tierras, ríos, bosques, construcciones, puertos, etcétera, obteniendo su padre grandes comisiones.

La marca España se caracteriza por realizar megaproyectos eólicos, mineros, de explotación turística, donde prima la destrucción medioambiental, la violación de los derechos humanos, la criminalización de las protestas y los movimientos de resistencia. Sirva como ejemplo la actuación de ACS en Guatemala, en Alta Verapaz. Allí, han sido entubados 30 kilómetros del río Cahabón, equivalente a 80 por ciento del tramo que cubre las poblaciones de los pueblos mayas que habitan el entorno. El 20 por ciento restante, señala Vladimir Soto, abogado del Colectivo Madre Selva, corre entre dos muros de cemento. Cincuenta mil son las personas afectadas por el proyecto. Mientras tanto, en España se invisibiliza el desastre ecológico y humano causado por el presidente de ACS, Florentino Perez, considerado un empresario ejemplar. Nada escapa a la voracidad empresarial de la marca España, destruyen todo cuanto supone un estorbo. Sin ruborizarse, extorsionan, desplazan población, pagan a bandas paramilitares, contaminan ríos, destruyen reservas naturales y violan los derechos humanos. No importa el precio a pagar. Todo por el beneficio.

No hay ministro de Industria, Economía, Turismo o Relaciones Exteriores español que no acuda en defensa de sus empresarios cuando emergen escándalos. El ex ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, en el gobierno de Mario Rajoy, sintetizó el espíritu de la marca España: el gobierno de España defiende los intereses de todas las empresas españolas, dentro y fuera. Si en alguna parte del mundo hay gestos de hostilidad hacia esos intereses, el gobierno lo interpreta como gestos de hostilidad hacia España y hacia el gobierno de España.

Bajo este principio actúan gobierno, medios de comunicación y políticos. Son una piña. Niegan, mienten y se escandalizan cuando provocan desastres medioambientales. Así entrelazan el discurso político con los intereses de las plutocracias a ambos lados del Atlántico. Repsol, Iberdrola, Telefónica, BBVA, Santander, Endesa, Zara, Sacyr, ACS, Prosegur, Ferrovial y Meliá, entre otros, pero son sólo la punta de iceberg, tras éstas, hay una pléyade de empresas que viven de esquilmar los recursos en América Latina. (Véase el Observatorio de Multinacionales Españolas en América latina. OMAL)

Por último, la guinda la pone el secretario de Estado para Iberoamérica y el Caribe, Juan Fernández Trigo. El 1/1/ 2022, declaró: América Latina no es precisamente un lugar ajeno al modelo de sociedad en el que nos desenvolvemos las sociedades europeas, las sociedades llamadas del primer mundo… En América Latina se abusa mucho del concepto integracionista y se hace poco en realidad para llegar a integraciones reales entre las economías y los sistemas políticos. Es verdad que el mito de Bolívar es algo que está muy presente en las conversaciones… pero es importante, algo más que declaraciones, por eso nos parece importante trabajar con la OEA. En esta dirección, podemos interpretar la elección de Andrés Allamand –un golpista, defensor de la dictadura de Pinochet, coordinador de la campaña de Pinochet para el referéndum de 1988, con las manos manchadas de sangre– al frente de la Secretaría General Iberoamericana. Así entiende España la dignidad de los pueblos latinoamericanos. Arriba España. Una, grande y libre.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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Crece la tensión y la incertidumbre en la frontera entre Rusia y Ucrania. [Oiga, que no hace falta que me maree más con este asunto de que si los rusos arriba los rusos abajo, que con la cuenta la vieja, o sea, contando con los dedos de las manos salen las cuentas. Que la Guerra de Ucrania, que no es la guerra de Ucrania sino la guerra que necesitan los grandes capitales para seguir creciendo y acumulándose que, eso sí, la hacen los trabajadores ucranianos, los españoles, los franceses, los ingleses, los americanos, los pentecosteses y otros tantos, menos los presidentes de los bancos, grandes empresas, migajosos (los que engordan con las migajas que le echan los jefes de los grandes capitales de la política, del periodismo, aceitera, aceitera, aceitera (que es que no que he querido poner etcétera, total, si estamos hablando de las mentiras de la guerra de Ucrania que nos están aventando los medios de desinformación, envenenamiento social, engaños y mentiras por un tubo, que más me da mí poner aceitera, que etcétera que Señor mío Jesucristo. Es más, ahora voy a poner agua bendita, y no pongo la jota de la Dolores porque no me hadado por ahí, pero que como me de la pongo). La guerra que los capitales USA, OTAN y otros están provocando en Ucrania forma parte de la libertad de empresas (que pequeños y medianos empresario no ligados a los grandes capitales esto no van con ustedes) que les va como anillo al dedo para que los gobiernos occidentales (los servidores de los grandes capitales en Occidente) compren el gas de USA un 40% más caro, chiquet, un 40% más caro que el que le podrían comprar a los capitalistas rusos, porque aquí se están ventilando asuntos entre capitalistas, no cuestiones que favorezcan a un pueblo de trabajadores u otro. Qué, ¿ven ahora o no ven que con la cuenta la vieja se explica perfectamente el tiroteo y las bombatinas de la guerra que está provocando el capital en Ucrania? Pero que no se me alicaiga nadie ni que a nadie le entren las caguerrillas, que esto lo arreglo yo en cuanto aparezca un partido político de izquierdas que tenga por único y verdadero objeto el de abrir los ojos a los trabajadores, que solamente somos la inmensa mayoría de la población del mundo, porque una vez abiertos los ojos de los trabajadores el empezar a cantar la canción “que para defender los intereses de los grandes capitales a la guerra va a ir su puta madre” queda a menos de medio paso. Y los gastos para las guerras de la OTAN que pagamos los trabajadores los va a pasar a pagar la ABSOLUTA ESPIRITUAL BENDITA. Que así sea leído y así sea hecho. Podéis ir en paz.]

 

Crece la tensión y la incertidumbre en la frontera entre Rusia y Ucrania


Todos acusan a la otra parte de estar violando el alto el fuego y nadie aporta pruebas que demuestren a quién beneficia hacerlo en estos momentos de suma tensión. Es fácil culpar al otro, lo difícil es explicar qué ganaría con eso, cuando puede provocar una reacción que le haría perder todo.


Por Juan Pablo Duch

La nueve.info

febrero 20, 2022

 


Sin que pueda saberse si son nuevos elementos de lo que podría llamarse “aumento de la tensión bajo control” –es decir, seguir estirando la cuerda sin querer que se rompa– o la situación se está desbordando por iniciativa de quienes no quieren aceptar soluciones que no les convienen, este viernes estuvo marcado por tres noticias que se alejan de lo que sería una desescalada y favorecen más al aumento de la tensión en la frontera entre Rusia y Ucrania, aunque el escenario de una guerra devastadora no es el deseado por los gobiernos de Moscú y Kiev.

La primera noticia, casi calcada del anuncio de Biden sobre la fecha en que Rusia invadiría Ucrania, los líderes de parte de las regiones de Donietsk, Denis Pushilin, y Lugansk, Leonid Pasechnik, que no se supeditan a Kiev –impuestos ambos por el Kremlin para ocupar los sitios de uno asesinado en un atentado en Donietsk, Aleksandr Zajarchenko, y el otro huido de Lugansk con fama de corrupto, Igor Plotnisky–, advirtieron ayer de que es “inminente un ataque” del ejército ucranio, por lo cual exhortaron a la población civil a huir hacia territorio de Rusia, donde los están esperando con los brazos abiertos y diez mil rublos (equivalente a 2 mil 700 pesos) por persona.

“El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, dentro de unos días va a dar la orden a sus militares de comenzar una ofensiva y cumplir el plan de invadir el territorio de las repúblicas populares de Doniestk y Lugansk. Me dirijo a los habitantes de nuestro Estado, a partir de este 18 de febrero, hemos organizado el traslado masivo hacia la Federación Rusa. En primer lugar, deben ser evacuados los niños, las mujeres y las personas mayores”, dijo Pushilin en un mensaje que subió a Youtube.

Pushilin, igual que hizo después su colega de Lugansk, informó que en la región rusa colindante de Rostov “hay ya preparados campamentos para recibir a los refugiados”, cerca de 700 mil, conforme a su propia estimación.

El ministro de Defensa de Ucrania, Oleksy Reznikov, al hablar ante los diputados de la Rada en Kiev aseveró que “reforzamos nuestra defensa” y negó tener la intención de “preparar una ofensiva” contra los territorios insurrectos en el este del país.

La segunda noticia es que continuó ayer el lanzamiento de proyectiles de ambos lados, sin que nadie pueda precisar quién los inició. Lo único que se sabe es que la misión de observación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, la única que lleva ese registro, determinó que el jueves hubo 500 violaciones del alto el fuego y este viernes, sólo 80, lo cual por supuesto es malo, pero parece apuntar a que va en declive el incremento de los ataques.

Todos acusan a la otra parte de estar violando el alto el fuego y nadie aporta pruebas que demuestren a quién beneficia hacerlo en estos momentos de suma tensión. Es fácil culpar al otro, lo difícil es explicar qué ganaría con eso, cuando puede provocar una reacción que le haría perder todo.

Ciertamente, hay militares que rechazan llegar a un acuerdo con los rebeldes y también separatistas que no quieren formar parte de Ucrania. ¿Quién lanzó el primer proyectil?, es una pregunta que sigue sin respuesta.

Y por último, como cereza del pastel, el presidente Vladimir Putin recibió en el Kremlin a su colega bielorruso, Aleksandr Lukashenko, y ambos acordaron asistir mañana sábado al episodio culminante de las maniobras militares en Bielorrusia, que el vocero de Putin, Dimitri Peskov, aclaró que estaban previstas desde hace tiempo y que no pudieron llevarse a cabo en 2020 y 2021 por la pandemia del covid-19.

Ahora, los mandatarios van a poder ver con sus propios ojos el lanzamiento de misiles balísticos y de crucero capaces de portar ojivas nucleares, aunque por supuesto este sábado no las llevarán, desde tierra y buques de guerra de las Flotas del mar Negro y del Norte.

No parece la mejor manera de rebajar la tensión, a pesar de que Putin, en la conferencia prensa tras su reunión con Lukashenko, aseguró que “estamos listos para comenzar a negociar (con EU y la OTAN) con la condición de que todas las cuestiones se consideren juntas, sin separarse de las principales propuestas de Rusia”, tesis que se repite varias veces en la respuesta rusa a la respuesta estadunidense y noratlántica que se publicó el jueves anterior.

Lukashenko, de su lado, subrayó que “nadie quiere una guerra, ni siquiera que se agraven estos conflictos. No lo necesitamos: ni los rusos ni los bielorrusos. Todo depende de nuestro vecino, Ucrania”.

Curiosamente, si Rusia acepta negociar un nuevo tratado de misiles de corto y mediano alcance, propuesta en realidad inicialmente suya, resolvería prácticamente una de sus exigencias a la OTAN (no instalar armas ofensivas cerca de sus fronteras), pues argumentó que le preocupaba que los misiles pudieran tardar cinco minutos en llegar a Moscú. Podría pensarse que estaría más tranquilo si tardan veinte minutos.

Y en el otro extremo, Estados Unidos asegura que Rusia ya tiene concentrados cerca de la frontera con Ucrania hasta 190 mil soldados, lo cual suena a disparate porque de ser cierto dejaría desprotegidos otros flancos donde las amenazas a la seguridad de Rusia serían mucho más graves que desde Ucrania, que dista de ser miembro de la OTAN.

En medio de esa sicosis, el ministerio de Defensa ruso emitió hoy el enésimo comunicado que apunta a que el retiro de tropas y armamento será un proceso lento: “Otro tren militar con personal y material perteneciente a unidades de tanques del ejército del distrito militar oeste regresó a su base permanente”, aparte de que reportó que diez bombarderos SU-24 se retiraron de Crimea.

Fuente: La Jornada

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sábado, 19 de febrero de 2022

EEUU, mentiras y guerras perdidas en 60 años

 

EEUU, mentiras y guerras perdidas en 60 años

 

DIARIO OCTUBRE / febrero 18, 2022

 

Damasco, 17 feb (SANA) Estados Unidos mintió para justificar guerras y tuvo resultados desastrosos a lo largo de las últimas seis décadas, según afirmó un artículo publicado hoy en la prensa.

Perdió de forma desastrosa en Vietnam, Afganistán e Iraq, así como en su denominada Guerra Global contra el Terror, señaló el material de opinión que aparece en la revista The Nation.

La confrontación bélica de Estados Unidos en Vietnam se libró durante la Guerra Fría en el contexto de lo que entonces se conocía como la teoría del dominó y la idea de «contener» al comunismo, recordó.

Mientras, Iraq y Afganistán formaron parte de la Guerra Global contra el Terror, un acontecimiento posterior en el cual el «terrorismo islámico radical» se convirtió en el sustituto del comunismo, dijo.

Ambos casos deberían tratarse como una sola vertiente de la historia, una guerra de 60 años, advirtió el articulista, quien sostuvo que varias cosas definen este periodo, entre ellas, el enorme lucro del complejo militar-industrial y las incesantes mentiras.

El Gobierno estadounidense se escudó en las pruebas de los Papeles del Pentágono en el caso de Vietnam, las armas de destrucción masiva desaparecidas en la invasión de Iraq y los recientes papeles de la guerra de Afganistán, apuntó.

Además, las derrotas ocurrieron «sin rendición de cuentas, en las que destacados funcionarios del gobierno o del ejército fueran responsabilizados», enfatizó.

Todos esos trillones de dólares consumidos en conflictos despilfarradores fomentaron el pesimismo en los estadounidenses.

La mayoría de los ciudadanos simplemente dan por sentado que la guerra o las amenazas de guerra, definieron no solo nuestro pasado inmediato, sino que también delinearán el futuro, acotó.

El presidente James Madison (1809-1817) dijo que ninguna nación puede proteger sus libertades en medio de una guerra constante, y los acontecimientos le han dado la razón.

«En la América del siglo XXI, la guerra y los interminables preparativos para ella no cesan», puntualizó al calificar de ironía que mientras en el país afirman que la hacen para difundir la democracia, esta se marchita en casa.

Actualmente -alertó- los líderes de Estados Unidos, sin importar el partido, parecen favorecer una nueva guerra fría contra China y Rusia.

La promoción de la guerra puede haber funcionado bien para el complejo militar-industrial cuando el enemigo estaba a miles de kilómetros de distancia sin capacidad de golpear «la patria».

Pero si se produce una guerra con China o Rusia (o ambas), no será larga y cuenten con una cosa: los líderes de Estados Unidos, corporativos, militares y políticos, no podrán encogerse de hombros ante las pérdidas mirando los balances positivos y los márgenes de beneficio de las fábricas de armas, concluyó.

Fuente: Prensa Latina

FUENTE: SANA / PL

 

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Retrato de familia: hoy, el Gran Hermano

 

Retrato de familia: hoy, el Gran Hermano


Usar la política y las instituciones para ganar dinero, un clásico del sistema.

 

lanueve.info / Redacción

febrero 18, 2022

 

Mientras se dilucida si Tomás Díaz Ayuso cobró 55.000 o 280.000 euros (Casado habla directamente de 300.000) por hacer de intermediario en la compra de material sanitario en plena pandemia, es de rigor recordar la ética del personaje. Es cierto que en el capitalismo vale todo (y si no es ético mucho más) pero en plena pandemia rebañar esa cantidad de dinero y hacerlo porque la hermana tiene contactos, es muy descriptible de lo que son estos personajes. Averiguado el curriculum del hermanísmo, el propio portal de Transparencia registra otras 18 relaciones comerciales con la empresa Artesolar Iluminación SA. en la que es Project Manager Development desde 2016, según su propio perfil de LinkedIn.

Para pasar el filtro del control parlamentario, es necesario que no se sobrepase una cantidad de dinero, y bién lo sabe Tomás que en total consiguió 18 contratos de la Comunidad de Madrid que suman la bonita cantidad de 124.036 euros. Va desde material de iluminación a cosas varias, el caso es facturarle a la institución y vivir  del asunto.

Menos mal que consejero madrileño de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero ha salido al paso diciendo que “Cada expediente ha seguido el mismo procedimiento y ha sido publicado con transparencia en el Portal de Contratación (…) Siempre con arreglo al derecho y siguiendo los procedimientos legales y así ha sido cada paso que hemos dado. Nuestra gestión ha sido honrada siempre”, dijo, y nos dejó la mar de tranquilos.

Ayuso, aparte de ser la portavoz de la extrema derecha que aún no está en Vox, vendía a las personas que viven en la Comunidad de Madrid honradez con cañas y toros, y su deporte favorito era (es) calumniar a Cuba y Venezuela rodeada de la gusanera de ambos países en cuanto acto aparecía. Ayuso es una anticomunista patológica pero igual en unos días, y ante la avalancha de pruebas que hasta ella reconoce, sale a decir que el problema de Tomás es que es de izquierdas y por eso pasa lo que pasa. Podrá decir misa (por cierto también devota y amiga de los cardenales más rancios) pero que tu hermano se lleve uno detrás de otro contratos y mordidas, debe ser sin maldad, solo para tener de qué hablar en la cena familiar de Navidad. Todo podrá ser muy legal, pero es impresentable. Isabel debería fichar a su hermano pero a lo grande, para que el país vea que ella es única y arrojada.

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Los ecofeminismos son un espacio de encuentro, donde confluyen corrientes de pensamiento, análisis teóricos, propuestas políticas y movimientos sociales diversos. Los ecofeminismos materialistas conforman una política emancipadora.


Ecofeminismos: una política de clase para el 99%


Joana Bregolat

El Viejo Topo

19 febrero, 2022 

 


¿Cuántas veces has escuchado hablar de ecofeminismos? Posiblemente sería incapaz de poner un número que se aproxima a una realidad común, posiblemente me haya perdido más de una vez tratando de explicar qué implica hablar de ecofeminismos en general y qué implica hablar de ellos desde unas coordenadas anticapitalistas.

Los ecofeminismos son un espacio de encuentro, donde confluyen corrientes de pensamiento, análisis teóricos, propuestas políticas y movimientos sociales diversos. La suma de estos enfoques moldea un cuerpo político-teórico-práctico plural con múltiples voces y sujetos que propone nuevas formas de organización y proporciona lecturas críticas sobre la realidad que nos atraviesa. Y si hay una cosa todas hemos aprendido leyendo sobre ecofeminismos es que, este cuerpo diverso y plural, sus miradas nacen de la impugnación de un sistema brutal, capitalista, genocida, colonial y heteropatriarcal[1], que se produce y reproduce en base al dominio, la explotación y la desposesión. Ante las múltiples formas de dar respuesta a esta impugnación, algunas nos planteamos hacerlo desde el marxismo, desde la posición de ser feministas ecosocialistas revolucionarias, desde la voluntad de articular un ecofeminismo materialista, decolonial e internacionalista que nos permita articular una política de clase para el 99%.

Estas líneas que siguen recogen ideas, debates y reflexiones compartidas en esferas académicas, políticas y activistas, fruto de querer ampliar la discusión, de querer socializarla, conscientes de que parten de un pensamiento situado y territorializado en el Norte Global, que cambia y evoluciona.

1. Ecofeminismo materialista frente al capitaloceno

«Las ecofeministas explican las conexiones históricas, materiales e ideológicas entre la subyugación de las mujeres y la dominación de la naturaleza». Con esta frase, Christelle Terreblanche empieza a definir el ecofeminismo en Pluriverse: A Post-Development Dictionary (2019)[2] y genera un marco de discusión clave: ¿por qué hablamos de conexiones históricas, materiales e ideológicas?

El desarrollo de una propuesta ecofeminista materialista no se da en un espacio vacío. Nuestro espacio de debate se ve mediado por la constitución de un mainstream verde en el imaginario colectivo que, lejos de ser un elemento revolucionario y de transformación, han significado nuevas formas de enunciación y acumulación del capital.

La asunción de lo «verde» no se ha traducido en propuestas de enverdecimiento real de la economía, de reconocimiento de los límites biofísicos o de valorización de aquellos trabajos de sostenibilidad de la vida. Ha dado paso a procesos de mercantilización de lo verde y a la generación de nuevos espacios de acumulación, de nuevas burbujas especulativas sobre la naturaleza, la biodiversidad y el clima. La extracción de beneficios de los desastres naturales y sanitarios, de la disminución de reservas de agua y de la extinción de especies, a través de emisiones de deuda y la consolidación de nuevos mercados transnacionales ejemplifican a la perfección este proceso.[3]

Al mismo tiempo, ha impulsado una despolitización de la cuestión ambiental a través de la hegemonización de la narrativa del antropoceno y la construcción del capitalismo verde. Por una parte, la consolidación del discurso del antropoceno en el sentido común[4] ha cristalizado en la concepción de un nosotros abstracto y totalizante responsable de la crisis socio-ecológica, escondiendo todas aquellas no privilegiadas, deshumanizadas e invisibles que se han opuesto activamente a la destrucción de la naturaleza. Así, se genera un discurso de culpabilización ante un sujeto global, ahistórico y de naturaleza destructiva –la humanidad– que contamina en todos los territorios por igual, que privatiza, canibaliza, explota, destruye y colapsa el sistema-tierra de forma inevitable. Y por otra parte, la construcción de un capitalismo verde certifica la entrada de la cuestión ambiental como mercancía y se plantea su resolución en términos de laisser-faire del capital. El reconocimiento por parte del capital del problema del cambio climático no implica una internalización de sus externalidades ni mucho menos que se vuelva sostenible: significa que corporaciones transnacionales y organismos financieros observan las necesidades de inversión en adaptación y/o mitigación climática como nuevos espacios de acumulación. Por lo tanto, la acción queda limitada a todo aquello que no cuestione el modelo de raíz, planteando así soluciones tecnológicas desde una lógica de sustitución, sin planificar ni priorizar necesidades, ni cuestionar los impactos sobre cuerpos, comunidades y ecosistemas.

Así, los ecofeminismos materialistas se construyen desde la otredad. Se construyen visibilizando que la crisis socio-ecológica, que las crisis que nos rodean, tiene una raíz histórica, que son fruto de decisiones políticas y relaciones materiales –y simbólicas– desiguales, y que estas se han dado en un sistema jerárquico de significación. Un sistema que polariza diferencias entre sujetos y las plantea como separaciones naturales e irreconciliables que se corresponden directamente a y naturalizan las opresiones de género, clase, raza y naturaleza, respectivamente.[5] Por lo tanto, las lógicas de dominación, explotación y desposesión sobre los cuerpos y naturaleza responden a un ideal performativo: un sujeto autónomo en posesión de la razón –en cuanto a la ciencia, la tecnología y el derecho– y los medios de producción, con cuyas herramientas tiene el derecho a extraer el trabajo y el valor de lo que define como otredad.

Los ecofeminismos materialistas se articulan frente a una historia social, política, económica y cultural, desigual y violenta. Los ecofeminismos materialistas son una política emancipadora, una propuesta para el 99%, para las que sostienen el mundo.

2. Cuerpos y sujetos: ¿quiénes impulsan la transición?

Si la definición del sujeto revolucionario y de la clase han sido y son una de aquellas discusiones sin fin dentro de la praxis-teoría marxista; en los feminismos, observamos un proceso similar en la definición del sujeto emancipatorio y la comprensión de la experiencia encarnada, del cuerpo. Estos debates se reproducen y se complejizan, intentando dar respuesta a pregunta de qué sujetos van a impulsar la transición –o transiciones–. Pero, ¿en qué términos se da el debate?

Las miradas ecofeministas sobre la noción de trabajo son fundamentales para el debate. Desde un análisis histórico de la división sexual, racial y transnacional del trabajo, Plumwood en Feminism and the Mastery of Nature (1993) ponía de relieve la asociación del trabajo como aquello concebido exclusivamente como productivo, con valores de sociabilidad y promoción de la cultura del sujeto autónomo y autosuficiente, aquello que se daba fuera del hogar, en fábricas y oficinas. Aquellas tareas invisibles de provisión de bienestar, de reproducción social y sostenibilidad de la vida se comprenden como menos-que-trabajo, naturalizándolas, precarizándolas, convirtiéndolas en algo más fácilmente apropiable. Así, planteaba el trabajo desde la premisa de la propiedad y la percepción de devenir mercancía en el sí de un circuito económico globalizado.

Esta lectura lleva a la teórica ecofeminista Ariel Salleh a defender la necesidad de situar el trabajo invisible de la reproducción como un frente de batalla dentro de una política económica ecofeminista. A través del concepto de clase meta-industrial[6] busca dar reconocimiento a una clase sin nombre, a aquellos que realizan trabajos que tienen una mediación directa con los ciclos humanos y naturales y que, en su desarrollo, aseguran el mantenimiento de las condiciones necesarias para el sostenimiento de la vida. Es una clase trabajadora, de cuerpos colonizados y subalternizados; que se construye desde la otredad de no ser industrial, de realizar tareas de cuidado y subsistencia, y de la contradicción estructural constante de ser recurso esencial sin condición reconocida de sujeto político.[7] Así, dentro de la clase meta-industrial encontramos cuerpos feminizados, LGBTIQ+; cuerpos comunitarios, rurales, campesinos, indígenas y racializados; sujetos que con su acción enfrían la tierra.

Stefania Barca en Forces of Reproduction (2020)[8] plantea cuáles son los sujetos clave que muestran las contradicciones del sistema, que habitan sus márgenes y lo rechazan a través de sus prácticas cotidianas y formas de existencia. Estos sujetos que denomina las fuerzas de reproducción, son cuerpos racializados, feminizados, queer, asalariados y no asalariados, que hacen tareas humanas y no humanas que, con su agencia material, mantienen el mundo vivo. Son sujetos invisibles para el sistema y olvidados en la historia, sujetos en construcción producto de la confluencia de luchas (trans)feministas, indígenas, campesinas, sindicales, en defensa de los comunes, de justicia ambiental y en lucha contra la deuda, y de todas aquellas luchas por la dignidad de «vivir vidas que merezcan la pena ser vividas».

En el reconocimiento de estas clases y los cuerpos diversos que las integran se da un espacio común de trabajo: se comprende el trabajo de cuidados, de reproducción y sostenibilidad de la vida como trabajo, como trabajo que produce un valor metabólico necesario y que es trabajo climático.

3. Entre el reconocimiento y la redistribución ecofeminista: la cuestión del sujeto

En definitiva, si abordamos la cuestión del sujeto desde los ecofeminismos nos encontramos en un debate abierto. Un debate que se da desde posiciones teórico-académicas, desde las experiencias de lucha local pero también globales, y desde los nuevos espacios donde se desarrolla el conflicto capital-vida. Así pues, la discusión está dada y ante las reflexiones planteadas por autoras como Salleh y Barca, podemos problematizar la construcción del sujeto: ¿es correcto equiparar la necesidad de visibilización de los trabajos de reproducción y los cuerpos que los desarrollan a la constitución del sujeto revolucionario?

Sería un error considerar anecdótico la necesidad de reconocimiento de todos los trabajos de reproducción social y sostenibilidad de la vida que se dan en nuestro metabolismo socio-ecológico, junto a la voluntad de visibilizar los cuerpos que los realizan. Así, es necesario poner consciencia sobre los cuerpos que hacen posible la producción agroalimentaria, la pesca y la recolección, los trabajos domésticos y de cuidados, los trabajos de cuidado agroforestales y la silvicultura, las tareas de limpieza y saneamiento de los comunes –naturales y urbanos–, y que desarrollan tareas de provisión de bienestar comunitario fundamentales como la educación, la asistencia sanitaria, la recogida de residuos, etc.; entendiendo que son formas de trabajo reproductivas esenciales para el desarrollo de la vida humana en un contexto interdependiente y ecodependiente. Y sí, como recoge Barca en su planteamiento, son tareas humanas y no humanas, de ahí la necesidad de reconocer y visibilizar los procesos fundamentales que miles de especies hacen para el mantenimiento y sostenibilidad de nuestros ecosistemas. La cuestión de reconocimiento no es menor, es un reconocimiento amplio intraespecie pero también interespecie; pero el reconocimiento derivado de la realización de estas tareas no constituye el sujeto revolucionario.

Concebimos que el sujeto se construye en la lucha de clases, se construye a través de la autoorganización por la emancipación; no viene dado sólo por el desarrollo de un papel histórico y estratégico dentro de la estructura, sino por la disputa política colectiva que se da desde ese lugar. Así, el rol del reconocimiento en la concepción del sujeto es importante pero no es definitorio y, a riesgo de pecar de androcentrismo, puede llegar a exceder las realidades que intervienen en la lucha de clases.

Otro eje de problematización que podemos encontrar es la caracterización del sujeto. Las propuestas de clase que formulan Salleh y Barca surgen de hacer un repaso histórico a las formas de organización y las relaciones de poder, reconociendo, visibilizando y valorizando todo aquello que deviene otredad. Así, tanto la clase meta-industrial como las fuerzas de reproducción se configuran alrededor de la otredad, dibujándose sobre sujetos de características concretas y dándoles, a esas características, un potencial revolucionario y de transformación de per se. Pero, si bien observamos que la composición del sujeto revolucionario hoy está formada por una diversidad de cuerpos racializados, feminizados, campesinos, indígenas, asalariados y no asalariados, entre otras características, estas no son por ellas mismas constituyentes del sujeto.

No partimos de miradas ni esencialistas ni mecanicistas: si el sujeto se construye en la lucha, es en ella donde observamos y observaremos las características del sujeto revolucionario; siendo conscientes que es posible que encontremos que no todos los cuerpos respondan a ellas. Por lo tanto, la caracterización del sujeto no es estable ni responde intrínsecamente a lo que se considera otredad: se encuentra en movimiento, evolucionando constantemente dentro de los espacios de lucha de clases.

Al plantear los ecofeminismos como una política de clase para el 99%, en lugar de definir un nuevo sujeto ponemos de relieve cómo desde las coordenadas ecofeministas materialistas tenemos la capacidad de ampliar el sujeto de clase más allá de los sectores de trabajadoras. Esto adquiere especial importancia en un momento como el actual en el que, tal como describe Tithi Bhattacharya (2019), la producción de la vida cada vez genera más conflictos ante los imperativos de producción del capital. Es por este motivo por el que aquellos cuerpos que realizan las tareas de reproducción social y sostenibilidad de la vida se sitúan en una posición estratégica de lucha revolucionaria. Es en este punto donde las lecturas ecofeministas materialistas amplían la mirada sobre el sujeto; y es desde ahí, donde podemos trabajar en la organización de un sujeto político amplio y diverso con potencial revolucionario.

Notas

[1] Martí, J. (2020, septiembre). Entrevista a Maristella Svampa y Marta Pascual. Plural. Viento Sur, 171. https://vientosur.info/los-ecofeminismos-se-enfrentan-a-una-forma-de-hacer-que-violenta-los-cuerpos-las-personas-y-la-tierra/

[2] Terrerblanche, C. (2019). ‘Ecofeminism’. En: Kothari, A., Salleh, A., Escobar, A. Demaria, F., i Acosta, A. (eds.). Pluriverse. A Post-Development Dictionary. New Delhi: Tulika Books, 163-166.

[3] Bregolat, J. (2021). ¿Dónde está la justicia global en los pactos verdes? Propuestas para unos pactos verdes globales e internacionalistas. Barcelona: Observatori del Deute en la Globalització. https://odg.cat/es/publicacion/donde-esta-la-justicia-global-en-los-pactos-verdes/

[4] Goodman, J. y Salleh, A. (2013). The ‘green economy’: class hegemony and counter-hegemony. Globalizations, 10(3), 411-424.

[5] Plumwood, V. (1993). Feminism and the Mastery of Nature. Londres: Routledge.

[6] Salleh, A. (2017 [1997]). Ecofeminism as Politics: Nature, Marx and the Postmodern. Londres: Zed Books.

[7] Salleh, A. (2000). The Meta-industrial Class and Why We Need It. Democracy & Nature, 6(1), 27-36.

[8] Barca, S. (2020). Forces of Reproduction. Notes for a Counter-Hegemonic Anthropocene (Elements in Environmental Humanities). Cambridge: Cambridge University Press.

Fuente: Viento Sur.

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