lunes, 13 de diciembre de 2021

Con motivo de la llegada de un amigo [Heine]

 

El 13 de diciembre de 1797 nacía en Düsseldorf el gran poeta alemán, demócrata revolucionario y amigo de Marx, Heinrich Heine. Simpatizante del socialismo utópico, fue perseguido por las autoridades y exiliado a causa de sus convicciones socialistas.


Con motivo de la llegada de un amigo

-Oh, amigo mío, el de las largas piernas,

El de las largas piernas de progreso.

¿Por qué a París tan azorado vienes?

¿Qué hay tras el Rhin de nuevo?

¿Ha sonado por fin en nuestra patria

De libertad el salvador acento?

-Todo va a maravilla: en nuestra patria

Hay paz fecunda, bendición del cielo;

Y Alemania, con pie firme y seguro,

Con pacíficos medios,

En lo exterior y en lo interior su vida,

Poco a poco, con calma, va extendiendo.

Prósperos somos, sí; no la de Francia

Prosperidad superficial tenemos,

Donde la libertad va destrozando

El exterior progreso:

Su libertad el alemán no lleva

Sino de su alma en los profundos senos.

Ya acabóse la iglesia de Colonia;

De Hohenzollern al linaje excelso

Debemos tal merced; Halzbourgo un poco

Contribuyó a tal hecho,

Y un rey de Wittelsbach fue el encargado

De hacer pintar los vidrios con esmero.

Leyes, constitución y libertades,

Con palabra del Rey nos prometieron,

Y del Rey la palabra soberana

Joya es de tanto precio,

Cual de los Niebelungos el tesoro

Que del Rhin enterrado está en el lecho.

El libre Rhin, el Bruto de los ríos,

Que nadie ha de robarnos en su anhelo,

Los holandeses graves lo sostienen

Por las plantas sujeto,

Y los suizos pacíficos lo guardan

Por la altiva cabeza prisionero.

Dios también una flota nos regala;

De una armada alemana, ya hablaremos;

Y la sobra de vida de la patria

Ya sobre barcos nuestros

Se extenderá gallarda y altanera,

De corrección las casas suprimiendo.

Llegó la primavera; la flor brota,

Los gérmenes estallan ante el viento;

Respiremos pacíficos y libres,

De la naturaleza libre en medio;

Y como nuestros libros se prohíben

Antes de estar impresos,

Seguramente dejará bien pronto

La censura cruel de ser un hecho.


Fuente: Blogpoemas.

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domingo, 12 de diciembre de 2021

El método dialéctico materialista de Karl Marx - Los Grundrisse. [Sencillamente excepcional, y hasta que los trabajadores no lo lleguemos a entender directamente y sin intermediarios no empezarán a cambiar las cosas]

CHINA, NICARAGUA. Las nuevas relaciones apuntan al canal interoceánico

 

CHINA, NICARAGUA. Las nuevas relaciones apuntan al canal interoceánico


INSURGENTE.ORG / 12 diciembre 2021

 


El restablecimiento de las relaciones entre los gobiernos de China y Nicaragua propiciarían las condiciones para acelerar el proyecto de Gran Canal Interoaceánico, estancado en el país centroamericano a raíz del fallido golpe de Estado de 2021, dijo el director del Centro Regional de Estudios Internacionales, Manuel Espinoza.

«Nicaragua necesita gigantescos proyectos, hay una competitividad global enorme y también hay una insuficiencia de elementos que facilitan la comunicación comercial, entre estos está el canal interoceánico, que hay que decir es un derecho nuestro a hacerlo», expresó el director del Crei.

Nicaragua restableció este viernes las relaciones diplomáticas con la República Popular de China, tras romper los vínculos que por 31 años mantuvo con Taiwán, isla que Pekín considera parte «inalienable» de su territorio.

En junio de 2013, la Asamblea Nacional de Nicaragua, aprobó la Ley 840, para la concesión, construcción y operación del Gran Canal Interoceánico otorgado al grupo inversionista de capital chino HKND, por un costo aproximado de 50.000 millones de dólares, con un alcance de futuro para el cruce de más de 5.000 barcos por año.

«Es la única opción, realmente en América Latina, que hay (para) la ampliación de un canal para el tipo de embarcaciones que vienen ahora, yo lo veo mucho más viable que antes. Creo que si el canal se llegará a construir sería una gran cosa para Nicaragua, es una obra de interés mundial», señaló a la Agencia Sputnik el analista en derecho internacional Manuel Madriz Fornos.

El representante del grupo HKND, es el empresario chino Wang Jing, quien este viernes felicitó al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, por reiniciar relaciones con China.

«Nicaragua está destinada a convertirse en el eje más importante de la «Franja y Ruta» a través del Pacífico y el Atlántico, un centro emergente que promueve la economía, el comercio, la tecnología y la cultura entre el este y el oeste, un faro que representa a gran amistad entre los pueblos y simboliza la búsqueda de la libertad, la prosperidad y la civilización en nombre de los pueblos del mundo», expresó Jing en una comunicación divulgada por el Gobierno de Managua.

El interés de construir un canal interoceánico data desde el siglo pasado, y el actual Gobierno de Nicaragua apuesta al proyecto de obra de gran calado para posicionar a la nación centroamericana en el centro del comercio del continente, dada la capacidad limitada del actual canal de Panamá.

Para Espinoza, Nicaragua tiene más que una aspiración el derecho a restablecer las relaciones con China, que le brinda al país la posibilidad de concretar el sueño del canal.

«Lo que pasa es que desde 1948 los norteamericanos han venido tratando de impedir que nosotros lo tengamos, porque ellos saben que la liberación económica de los pueblos es la independencia política, porque no es malo aspirar sólo al canal, y este sería una canal excepcional, un proyecto fantástico, porque tendría capacidad para enormes buques tipo Panamá», dijo.

El Gobierno de Nicaragua informó este viernes que la delegación que se encuentra en Tianjin (norte de China) se reunió con instituciones chinas de cooperación, inversiones y comercio.

Para la nación centroamericana China significa un mercado que garantiza más de 1.4 mil millones de compradores.

La posibilidad de que Estados Unidos incremente las hostilidades en la política internacional contra Nicaragua no afectará una decisión de Estado que es política y soberana, considera Madriz Fornos, sobre el contexto del nuevo vínculo con el Gobierno de Pekín y la renuncia de Managua a las relaciones con Taiwán.

«Parece que Estados Unidos estaba presionando a Taiwán para que no nos siguiera dando apoyo y se estaban reteniendo fondos, pero en política las cosas son como son y hay que tomar decisiones, esa decisión es positiva para Nicaragua. Los Estados Unidos está queriendo manipular al mundo entero en función de sus intereses», comentó Madriz Fornos.

Las relaciones entre el presidente Daniel Ortega y China se remontan a la década de los años 80 del siglo pasado, cuando triunfó la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua y el entonces mandatario era un aliado del gigante asiático.

No obstante, los vínculos fueron rotos por la expresidenta Violeta Barrios cuando ganó el poder en 1990, para establecerlos con Taiwán.

Las relaciones con la isla continuaron con Taiwán en 2007 con el regreso del presidente Ortega al Gobierno, hasta que el 9 de diciembre decide retomar las relaciones con China.

(Sputnik)

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El gran señuelo: el capitalismo verde. [O la gran mentira, en la que participan progres, progras, centros y centras, que también puede leerse de esta manera y la cosa queda más clarita]

 

Quienes deciden sobre los rumbos de la humanidad no han aprendido nada de la Covid-19 ni de los crecientes disturbios climáticos. Los megacapitales predican el capitalismo verde, mero ocultamiento de la depredación que hacen a la naturaleza.


El gran señuelo: el capitalismo verde


Leonardo Boff

El Viejo Topo

12 diciembre, 2021 



Los grandes megacapitales están reuniendo a centenares de economistas y politólogos para preparar el mundo de la pospandemia. Ya han salido varios documentos. El principal tal vez sea el publicado por el conservador The Economist (principales accionistas las familias Rothschild y Agnelli) con el título: “El futuro que nos espera”. Si leemos los 20 puntos enumerados nos quedamos horrorizados: presentan un proyecto donde solo entran ellos, dejando fuera al resto de la humanidad, que será controlada, ya sea cada individuo o toda la sociedad, por la inteligencia artificial cuya función es desarmar y liquidar cualquier reacción en contra. La expresión introducida por el parásito príncipe Charles, en la última reunión en Davos es: “el gran reinicio” (the Great Reset). Lógicamente se trata de un nuevo comienzo del sistema capitalista que protege las fortunas de un puñado de multimillonarios. El resto, que se aguante.

Como afirmó la escritora alemana Helga Zepp-La Rouche (cf. Alainet 29/9/21): «En definitiva, se trata de una expresión altanera, petulante y racista de la élite global, la misma que para mantener sus privilegios mata de hambre diariamente a 20 mil personas, decreta guerras de exterminio y puede irresponsablemente destruir el planeta». Vean en qué manos está nuestro destino.

Predican el capitalismo verde, mero ocultamiento de la depredación que este hace de la naturaleza. El capitalismo verde de estas megacorporaciones que controlan gran parte de la riqueza del mundo, no es ninguna solución. Para él, ecología significa plantar árboles en los jardines de las empresas, llamar la atención sobre un menor uso de los plásticos y contaminar menos el aire. Nunca cuestionan su modo de producción, depredador de la naturaleza, la verdadera causa del desarreglo climático de la Tierra y de la intrusión de la Covid-19 y especialmente de la abismal desigualdad social y mundial.

Otro gran grupo de megacorporaciones emitió un documento sobre “la responsabilidad social corporativa de las empresas”. Robert Reich, exsecretario de trabajo del gobierno norteamericano desenmascaró este propósito engañador: «ellas están en el negocio de hacer la mayor cantidad de dinero posible, no de resolver los problemas sociales; buscan solamente el bienestar de “todos nuestros accionistas”» (cf. Carta Maior 30/9/21).

En otras palabras: el diseño de la gran banca, de las multinacionales y de la sociedad planetaria pensada por la élite global está configurado según sus conveniencias, nunca para salvaguardar la vida en la Tierra, incluir a los pobres, sino para garantizar sus fortunas y el modo de producción devastador que las produce. Los pobres, las grandes mayorías de la humanidad están totalmente fuera de su radar. Serán contenidos por la inteligencia artificial que impedirá que levanten la cabeza.

Si estos propósitos prosperan, se estará pavimentando el camino que nos llevará al desastre planetario, como ha advertido el Papa Francisco en las dos encíclicas ecológicas: “o cambiamos de rumbo y así todos se salvan, o no se salva nadie” (cf.Fratelli tutti, n.34).

Quienes detentan la decisión sobre los rumbos de la humanidad no han aprendido nada de la Covid-19 ni de los crecientes disturbios climáticos. Ellos confirman lo que decía el gran teórico de un marxismo humanista, el italiano Antonio Gramsci: “La historia enseña, pero no tiene alumnos”. Aquellos no han frecuentado la historia. Solo (des)aprenden de la razón instrumental-analítica que hoy en día se ha vuelto irracional y suicida.

Embriagados por su ignorancia y su codicia ilimitadas (greed is good), nos llevarán como inocentes corderos al matadero. No por voluntad del Creador ni por un desvío del proceso cosmogénico, sino por su irresponsabilidad y por la falta de conciencia de los errores cometidos que no quieren corregir. Y así, alegremente y disfrutando todavía de la vida, nos obligarán tal vez a sufrir el destino vivido hace 65 millones de años por los dinosaurios.

Publicado originalmente en el el blog de Leonardo Boff.

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sábado, 11 de diciembre de 2021

Garzón y su 'Potemkin' de peluches. [Carlos Colón, según declaración propia es católico, apostólico y no se qué de romano, cófrade a de una o varias cofradías, contra lo que nada tengo que alegar, que escribe ante el manto de la Virgen lleno de vaciedad, o sea, lleno y vacio a un tiempo (que este es un figura casando lo uno con lo otro venga a pelo o no, igual te plancha un huevo que te fríe una corbata y se queda tan Pancho) hombre piadoso y cumplidor de los preceptos evangélicos “no juzguéis y no seréis juzgados”, “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, que te pegan un hostia, aunque sea un rojo, que pongas la otra mejilla te digo, ¡gilipollas, que eso es lo que eres, un gilipollas!, dispuesto a encarrilar al redil de las ovejas del Seños a cualquier ovejita parda descarriada de Podemos, en general de la izquierda y, sobre todas las cosas, de lo comunistas (que son las niñas de sus ojos, pero eso sí, que no puede saber mucho del comunismo porque el comunismo como tal, (que me perdone Dios, Santiago Abascal y la Santa Compaña) ni Dios sabe donde se haya podido dar alguna vez, y como buen cristiano que es (y que a mi esto respecto de él ni fu ni fa) dispuesto siempre a sembrar la paz y el amor y el trigo limpio con sus artículos en el reino de Dios que no es ni reino de Dios ni ná, porque este mundo no es reino de Dios, Dios, sino del dios dinero, al que a mi me da que él sirve muy bien y el periódico en el que escribe, por cierto, financiado en muy buena medida con dineros públicos (quitándoselo de la boca a los niños pobres españoles que no pueden comer bien) a traves de la propaganda oficial, y por todo ello, no puedo dejar de estar de acuerdo con mi hermano Carlos Colón, porque yo también soy hijo de Dios, en no dejar pasar nada en relación con el comunismo, (abajo el comunismo, caña al comunismo, más tralla al comunismo, nido que quitabiciletas) y si no tiene relación, es igual, él también lo mete en el saco del amor en Cristo para crucificar, en este caso, como buen fariseo y un tantico de ignorante muy ilustrado, al ministro Garzón, que a mí me parece que tien tanto de comunista como lo que to tengo de San Antonio de Padua o san Vicente el hortelano, ese que plantaba bolígrafos fuera de temporada y le salían unas lechugas de muy padre y señor mío, o de quien sea, pero vamos, que yo soy santo, o a ver si va a resultar ahora que si Dios quiere no me puede hacer santo a mí. De modo que muy de acuerdo con la chinchorretada (en el artículo de abajo) que le suelta Carlos Colón a Garzón con esa muñequería unisex (o de las, les, liso, los, lus, que se ha inventado) que quiérase o no, siempre será más llevadero que imponerle a los niños que denuncien a sus padres, porque ya me contarán ustedes si no es una santa putada que manden a la niña o niño, hija o hijo del Espíritu Santo y la monjita Brígida de clausura de un convento de Ávila (porque el supuesto zoquetazo con crujir del catre de por medio que le endosó el Espíritu Santo a la monjita Brígida con resultado de embarazo y parimiento de una criaturita, y todo por no ponerse un triste condón, fue en un convento de Ávila, no? Señor Carlos Colón) preguntando de puerta en puerta por todo Ávila a los carpinteros de conventos, repartidores de butano, fontaneros, albañiles, carteros, cabreros, padres confesores, curas mondos y lirondos a ver de entre todos ellos cual es el padre de la criaturita, porque es lógico que antes de denunciar al padre bien tendrá que saber por lo menos que oficio tenía, lo del nombre ya es lo de menos, descartando por supuesto al Espíritu Santo, porque es bien sabido que este es el padre de Cristo, mediando el Ángel pregonero que le dijo a María: mira, maja, que te ha tocado, que et vayas preparando y que no le digas nada a José, tu marido, que ya se lo diré yo, al menos que no nos haya salido el Espíritu Santo un picha brava (que Dios todo lo puede) de estos de que aquí te cojo aquí te mato, que cuando entran las ganas de joder ni los conventos se respetan, que esto ya sería pasarse, o qué, Carlos Colón, mi querido hermano a, ante, cabe, con, contra comunista. Que se puede ser anticomunsita, Carlos, pero que eso de ser un redomado embustero está muy feo, hombre, pero que muy feo, Carlos, y además es pecado. Por cierto, Carlos, la película El Acorado Potemkim una película magistral en blanco y negro: lenguaje cinematográfico puro, inmaculado, como el manto de la Virgen, a pesar de ser ruso, el manto no, la película. A ver si también me vas a torcer el morro en esto]

 

LA CIUDAD Y LOS DÍAS

 

Garzón y su 'Potemkin' de peluches

No quiero pensar lo que haría con los papás sexistas que le regalaron a Andy el vaquero Woody y Buzz Ligthyear

 

CARLOS COLON

DIARIO DE SEVILLA

11 Diciembre, 2021 -

Garzón convoca una huelga de juguetes para concienciar sobre la publicidad y el uso sexista de los juguetes, cuestión absolutamente prioritaria que justifica los 80.000 euros gastados en la imaginativa campaña. "Nosotros, aunque seamos de plástico o de peluche -dicen los juguetes-, también tenemos nuestro corazoncito. Ha llegado el momento de decir basta, de reivindicar nuestro derecho a jugar con el 100 % de los niños y de las niñas, no con el 50 %". Desde su Ministerio se afirma que se trata de una "simbólica acción sin precedentes en España". Y tanto. Visto a lo que se ven reducidos él y su partido -Matrioska comunista embutida en Izquierda Unida, a su vez embutida en Unidas Podemos- para dar que hablar el hombre ha montado un Potemkin con su escalinata de Odessa llena de peluches o un asalto a una casa de muñecas convertida en el Palacio de Invierno. Para eso ha quedado.

Suerte que Garzón no ha leído El soldadito de plomo de Andersen para prohibirlo por reforzar estereotipos machistas y militaristas ("estuvo a punto de llorar lágrimas de plomo, pero no lo hizo porque no habría estado bien que un soldado llorarse") y convertir a la bailarina en una mujer objeto. Suerte también que ya no se emita el anuncio de las muñecas Famosa, que a su culpa de anunciarse sólo para niñas sumaba la más grave de hacerlas caminar hacia el portal contaminando con la religión el espacio público. Y no quiero pensar lo que haría con los heteropatriarcales y sexistas padres que le regalaron a Andy el vaquero Woody y Buzz Ligthyear.

Lo que afortunadamente no ha hecho es resucitar esa gloriosa tradición comunista de que los hijos denuncien en público a sus padres. En Rusia hasta se inventaron su propio Santo Dominguito de Val comunista en la figura del niño mártir Pávilk Morózov que denunció a su padre a la policía secreta como enemigo del Estado soviético; el papi fue fusilado por las autoridades y el joven asesinado por sus familiares. Por desgracia tras esta invención, que fue tomada por cierta, se esconden miles de casos reales. La Revolución Cultural china, tan aplaudida en los años 60 por tantos intelectuales europeos maoístas, fue pródiga en hijos denunciando a padres. No, afortunadamente no veremos a un niño denunciando a sus papás porque le regalaron un musculado muñeco de superhéroe ni a una niña porque le regalaron una Barbie Destellos de Arco Iris. De momento.

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El retorno de la política de clases

 

Valor, trabajo y clase obrera son los elementos fundamentales que definen el proceso económico capitalista. Ante el callejón sin salida al que ha conducido el postmarxismo en las últimas décadas, es necesario volver a pensar la política con clases.


El retorno de la política de clases

 

Maxi Nieto

El Viejo Topo

23 octubre, 2021 



Hablar hoy, de la mano de Marx, de clases sociales, reivindicando su centralidad para el análisis social contemporáneo, constituye una vía preferente de acceso a la comprensión teórica del modo de producción capitalista como una verdadera totalidad estructural –con su propia lógica de funcionamiento y leyes objetivas de movimiento–, y con ello también al conocimiento preciso de su manifestación actual ya plenamente mundializada. Y representa esa vía privilegiada de discernimiento teórico porque, en tiempos de regresión social globalizada y recomposición política de las fuerzas sociales en conflicto, el análisis de clases posee hoy más que nunca la inestimable virtud de delimitar nítidamente y de manera inmediata los campos enfrentados en el debate que atraviesa a toda la ciencia social preocupada por la emancipación humana, esquemáticamente, y en último término, entre marxismo y postmarxismo, y revela directamente también las implicaciones y potencialidades políticas de cada uno de ellos.

A diferencia de lo que sucede con las aproximaciones sociológicas al uso (de las que participan igualmente los muy variados representantes del postmarxismo que hegemoniza el pensamiento de izquierdas de las últimas cuatro décadas), las clases sociales en la investigación de Marx no proporcionan un mero registro taxonómico de la estratificación social en las economías donde dominan las relaciones de producción capitalistas, una clasificación que coexistiría sin poder reclamar preeminencia teórico-política alguna con otras muchas líneas de fractura y de ordenación social. Constituyen, por el contrario, una forma de expresión particular de todo el entramado estructural de relaciones y procesos socio-económicos en el que consiste el modo de producción capitalista en su conjunto, un sistema social que adquiere su especificidad histórica en la disolución de los lazos de dependencia personal que caracterizaban a las sociedades que le precedieron, reemplazando todos esos vínculos personales de dominación por una articulación puramente mercantil de la sociedad (incluido el proceso de extracción del excedente de los productores), pero que para poder operar de manera efectiva requiere también, como una condición suya, de la esfera jurídico-política del derecho y del Estado. Analizando las clases –desde sus determinaciones formales más fundamentales hasta su desarrollo histórico y configuraciones actuales– se está comprendiendo, por lo tanto, no otra cosa que la propia naturaleza, articulación interna y funcionamiento del sistema económico globalizado en el que vivimos.

Puede decirse entonces, más concretamente, que en la medida en que las clases sociales se definen en la esfera de la producción, por la relación que establecen en ella propietarios y no propietarios de las condiciones materiales de producción, remiten necesariamente también a la noción de trabajo social como fundamento del valor mercantil, y permiten con ello dar cuenta del específico mecanismo de extracción y apropiación del excedente que caracteriza a la sociedad del capital: bajo la cobertura jurídica de un contrato libre entre iguales, lo que sucede materialmente es que el trabajador rinde más valor del que cuesta su estricta reproducción social, un excedente de valor que se apropia sin entregar nada a cambio el propietario capitalista. Pues bien, sacar a la luz todas las determinaciones formales de esa compleja articulación económica de la sociedad, donde las relaciones sociales se manifiestan cuantitativamente en la esfera mercantil como relaciones de valor, reducidas a una magnitud común, es el verdadero cometido de la teoría del valor-trabajo en Marx. Partir de las clases sociales significa, de este modo, hacerlo también del trabajo –entendido como actividad central humana encaminada a satisfacer sus propias necesidades de reproducción social (y no meramente biológica)–, y en consecuencia tener como marco de referencia para la investigación social la teoría del valor-trabajo.

Vemos así que valor, trabajo y clase obrera representan, desde esta perspectiva teórica que estamos reseñando, los elementos fundamentales que definen el proceso económico capitalista, un proceso que en tanto que se articula a escala de toda la sociedad en términos mercantiles, funciona de manera espontánea de acuerdo a la lógica ciega de la maximización del beneficio. Por eso, hablar de clases sociales –y hacerlo en el preciso sentido que estamos indicando– es siempre, en definitiva, hablar del capital: ese proceso de auto-valorización, automático e impersonal, que se alimenta de la continua apropiación del excedente extraído de los trabajadores y que impone al conjunto de la sociedad sus necesidades internas de reproducción a una escala siempre creciente.

De todo lo anterior se sigue que tomar las clases sociales como eje analítico no sea una simple elección o preferencia del investigador –para estudiar un aspecto más o menos «importante» de la realidad social, lo cual siempre está sujeto a los vaivenes de las modas académicas–, sino algo que impone el mismo objeto de estudio (que no es otro que el modo de producción capitalista) para ser efectivamente comprendido y expuesto categorialmente. En la perspectiva teórica de Marx, ni el fundamento laboral del valor, ni por consiguiente tampoco la centralidad de las clases como divisoria social, son algo así como «hipótesis» o «tesis» a demostrar mediante la «comprobación empírica» (y que rivalizarían con otras hipótesis y criterios de clasificación alternativos), que es como suele plantearse el asunto del valor y de la estratificación social en los dominios académicos de la economía y la sociología convencionales, respectivamente. Muy alejado de todo esto, en el proyecto marxiano de «crítica de la economía política» la categoría de valor-trabajo, y con ella necesariamente también la de clase social, son supuestos constitutivos –coordenadas de demarcación teórica– del propio objeto de estudio, un objeto que tiene una naturaleza estrictamente social (y no psicológica, como resultaría de la teoría subjetiva del valor, o tecnológica, si partimos de la teoría «fisicalista») y al que, por lo tanto, le incumben exclusivamente el tipo de distinciones conceptuales que resulten relevantes para el análisis de los procesos que ordenan la vida de las personas.

Podrá entenderse entonces que el coste laboral que tiene la reproducción económica de la sociedad, así como la forma social que adopta ese proceso reproductivo en el modo de producción capitalista, representa en Marx el tema mismo que se pretende investigar. Sencillamente se quiere computar cuánto les cuesta a las personas (y no a las máquinas, los animales o a la naturaleza, todo lo cual nos situaría más allá del estricto ámbito de la ciencia social) en términos del gasto de su propio esfuerzo laboral (que no es otra cosa que gasto de su tiempo de vida) reproducir periódicamente sus condiciones materiales de existencia. Y ligado a esa contabilidad laboral, representa también un elemento constitutivo del objeto de estudio de Marx indagar la precisa relación que se establece entre el trabajo y la propiedad (sobre los productos de ese trabajo), lo cual permitirá descubrir la existencia de una relación de explotación como base de la sociedad capitalista: el hecho de que pueda haber individuos que sin necesidad de trabajar ellos mismos logren sin embargo apropiarse sistemáticamente de los frutos del trabajo ajeno.

En definitiva, solo si tomamos como eje del análisis el trabajo humano (y lo distinguimos nítidamente del funcionamiento de las máquinas o del simple uso de los recursos naturales en la producción) será posible desvelar el sistema de relaciones sociales en que consiste el modo de producción capitalista. Este es el motivo de fondo por el que la noción de valor-trabajo, así como la de clase social que inevitablemente lleva asociada, constituyen para Marx el punto de partida ineludible de toda investigación científica en el campo de la economía política, y lo que la distingue de la «economía vulgar» (y también de la teoría social postmarxista) que domina hasta nuestros días.

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El trabajo de investigación y discusión pública que viene desplegando en los últimos años Jesús Rodríguez Rojo, investigador en la Universidad Pablo de Olavide, se inscribe precisamente en esta fecunda tradición de pensar la sociedad del capital desde la teoría del valor-trabajo de Marx. Una perspectiva teórica clásica que tras varias décadas de ostracismo, arrinconada en el ámbito académico por la moda de los «estudios culturales» y las «políticas de identidad» que han logrado imponer las poderosas plataformas ideológicas del «liberalismo progresista», comienza otra vez a abrirse paso de la mano de una nueva generación de jóvenes investigadores que cuenta a Rodríguez Rojo, en nuestro país, como uno de sus representantes más destacados.

Como advierte el propio autor en el prefacio, el presente libro culmina todo un ciclo de investigación teórica sobre las clases sociales que tuvo como detonante la necesidad de comprender y reorientar la militancia revolucionaria en el marco de las convulsiones sociales y políticas que acompañaron a la última gran crisis del capitalismo global, hace ya una larga década. De tal necesidad práctica resultó una vuelta al Marx maduro de El capital y su proyecto teórico de «crítica de la economía política», que sigue proporcionando a día de hoy las mejores herramientas conceptuales para comprender la lógica estructural del capital y sus leyes objetivas de movimiento. Una lógica económica a través de la cual se despliega la lucha de clases, imponiéndole sus condiciones y mostrando sus verdaderas potencialidades, y que revela también los límites estructurales de la acción del Estado burgués para la transformación social emancipadora. La investigación de todas estas determinaciones fundamentales de la dinámica económica capitalista y de la lucha de clases que la acompaña fue precisamente el objeto de su anterior libro, La revolución en El capital[1], un aporte clave para la recuperación en nuestro país de la perspectiva de análisis clasista de la sociedad actual. En tanto que la aplicación de ese esquema teórico general al estudio de manifestaciones más concretas y específicas de la lucha obrera, como es su relación con la cuestión del género o la acción política revolucionaria en los países capitalistas desarrollados, centra el contenido del presente texto.

Es justamente esta orientación «aplicada» lo que convierte al nuevo libro de Rojo en una contribución destacada a la impostergable tarea de establecer una agenda propia de investigación y debate para nuestra tradición teórico-política, un programa de intervención teórica que pueda liberarse definitivamente de las modas intelectuales y las servidumbres que impone el trabajo académico actual. La comprensión del capital como «sujeto rector» de la inmensa mayoría de los procesos sociales que dan forma a nuestro desarrollo vital es, naturalmente, el punto de partida de Rojo. Son las exigencias internas de ese proceso económico automático las que se le imponen necesariamente al conjunto del cuerpo social, incluyendo muy destacadamente su metabolismo depredador con el entorno natural. Y frente a los múltiples disolventes identitarios que arraigan y proliferan –en un proceso de fragmentación sin fin– en el pensamiento y la acción de la izquierda actual, uno de los puntos fuertes de la perspectiva que traza el autor en este libro es la firme reivindicación del universalismo racionalizador de la tradición ilustrada, una tradición de la actual el comunismo marxista representaría su desarrollo consecuente.

Tal perspectiva de análisis, que se propone recuperar las mejores contribuciones del pensamiento marxista clásico, es la que permite a Rojo acotar con precisión algunos de los problemas teórico-políticos fundamentales con los que la reconstrucción del proyecto emancipador comunista tendrá que enfrentarse en los próximos años. Entre ellos, y siguiendo el hilo de los desarrollos contenidos en el presente libro, pueden señalarse los siguientes, que se encadenan lógicamente entre sí: i) cómo politizar en un sentido revolucionario a una clase que es, en su existencia inmediata y espontánea, un «atributo del capital»; ii) cómo afecta a la problemática del género ‒entendido prioritariamente aquí como la relación histórica entre el trabajo doméstico y la reproducción de la fuerza de trabajo‒ la tendencia estructural del modo de producción capitalista hacia la asalarización de toda la población; lo que puede plantearse también con la pregunta de si es solo histórica (es decir, contingente) y no estructural la relación del patriarcado con el capital; iii) qué materialización concreta ha de tener la forma-partido, una vez admitida su necesidad como instancia política que unifique y dirija de forma consciente la lucha obrera hacia su emancipación; iv) cómo se articulan en la lucha obrera el programa mínimo (la pugna por reformas dentro del propio régimen capitalista) y el programa máximo (que busca superarlo y exige acabar con el poder político burgués) sin caer en el típico gradualismo transicional de carácter «movimentista» –que cree que toda reforma conquistada conduce siempre a otra superior, en un proceso acumulativo– y que acaba siempre solicitando reformas imposibles al propio Estado burgués (renta básica, trabajo garantizado, control de precios, etc.); v) cuál es la verdadera relación entre «democracia» y «economía» en la sociedad moderna, ¿es acaso la que se da entre un procedimiento de participación popular que ya opera (aunque imperfectamente, como suele decirse) en los regímenes burgueses actuales y que se trataría de extender al ámbito económico (para conquistar así, como se plantea frecuentemente, «la democracia económica», con la «autogestión obrera»)? ¿O más bien la relación entre democracia y economía es la que se establece –siguiendo en esto al republicanismo filosófico– entre un proyecto político de poder civil teóricamente bien definido (derecho, libertad individual, garantías, igual poder de decisión, etc.) y sus condiciones materiales (socio-económicas) de posibilidad, de donde se derivaría que el autogobierno ciudadano –más allá de ciertos derechos y libertades precariamente establecidos hoy– no puede regir en modo alguno bajo condiciones capitalistas de producción?; vi) cómo se materializa institucionalmente la superación del mercado como principio de articulación económica para la construcción del socialismo; vii) y finalmente, ¿cuál es la forma jurídico-política que corresponde, por derecho propio, al poder obrero, por ser la que puede garantizar tanto la transición socialista (el ejercicio de la «dictadura del proletariado») como el control consciente y racional del proceso económico por los productores?

Como respuesta global a todos esos interrogantes Rojo propone un programa teórico-político que se articula en torno a tres elementos fundamentales: i) con base en el análisis de las tendencias estructurales del modo de producción capitalista (socialización de la producción, asalarización, etc.), restaura la centralidad de la clase obrera como sujeto realmente capaz de luchar por su superación, habilitando además una vía coherente de relación con la lucha feminista; ii) define el horizonte comunista (o al menos el largo trayecto hacia él) como una articulación necesaria de planificación económica y «república democrática desarrollada»; y iii) al comprender el Estado como la forma política específica en la que se expresa unificado el capital global, deriva la necesidad de una estrategia revolucionaria para la superación del orden social capitalista.

Naturalmente, la concreción de todo este programa general es lo que queda abierto al debate. Pero lo que parece ya indiscutible, al menos si se quiere abandonar el callejón sin salida al que ha conducido el postmarxismo en las últimas décadas, es su punto de partida, y que el libro de Rojo tiene el gran mérito de rescatar: la necesidad de volver a pensar la política con clases.

Nota:

[1] Jesús Rodríguez Rojo, La revolución en El capital. Significados y potencial de la lucha de clases. Madrid: Garaje, 2019.

Prólogo al libro de Jesús Rodríguez Rojo Las tareas pendientes de la clase trabajadora.

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viernes, 10 de diciembre de 2021

Occidente ha contribuido a crear las condiciones que obligan a iraquíes, iraníes y sirios a cruzar el Canal de la Mancha

 

Occidente ha contribuido a crear las condiciones que obligan a iraquíes, iraníes y sirios a cruzar el Canal de la Mancha

 

Por Patrick Cockburn

Rebelion /  Mundo

10/12/2021 

 

Fuentes: Counterpunch [Foto: Restos de botes cerca de Calais, Francia (Gareth Fuller/PA Wire/dpa)]



Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Más que ningún otro gobierno en la historia de Gran Bretaña, este es un gobierno que piensa en términos de eslóganey titulares, y la última prueba de ello es la insensatez de sus propuestas para impedir que personas desesperadas atraviesen el Canal en botes abarrotados y la imposibilidad de llevarlas a la práctica.

El primer ministro Boris Johnson y la secretaria de Estado de Interior Priti Patel deben sus carreras políticas a explotar la xenofobia, de modo que era de esperar que fracasaran al hacer frente a un problema complejo como es el de las personas migrantes que cruzan el Canal, un problema que requiere la cooperación internacional.

Hasta para los pésimos parámetros de los últimos años sería cómica la forma que tienen Johnson y Patel de huir de la realidad, si el resultado no fuera tan trágico. Las propuestas hechas por Johnson en una carta abierta al presidente francés Macron incluyen fantasías como que empresas de seguridad británicas patrullen junto con gendarmes franceses las 125 millas de las playas francesas. ¿Qué país del mundo permitiría semejante merma de su soberanía? Esta idea está a la altura de la muy criticada sugerencia de Patel de embestir suavemente a las frágiles embarcaciones atestadas de gente, que se desinflan al toque de un alfiler, con el fin hacerlas volver a Francia.

Aquellos gobiernos que carecen de una política práctica con frecuencia echan mano a “declarar la guerra” a algún malvado ente (en este caso, traficantes de personas) al que se puede culpar de todo. Un buen ejemplo de ello es la “guerra contra las drogas” declarada por el presidente Nixon hace medio siglo, que tuvo unas tristemente célebres consecuencias vanas y autodestructivas.

La última fórmula mágica es destruir el “modelo de negocio” de los traficantes de personas, a quienes al mismo tiempo se califica de panda de gánsteres asesinos, pero a los que en cierto modo se puede presionar tan fácilmente como si fueran propietarios de pizzerías con amenazas incumplibles de castigos terribles.

Como ocurre en el caso de la heroína y la cocaína, esa política no va a funcionar porque la demanda de lo que proporcionan los criminales (en un caso drogas, en otro instalarse ilegalmente en otro país) es demasiado alta y la recompensa para quienes lo suministran demasiado grande.

Puede que una concepción grandilocuente de la ley y el orden impresione a la opinión pública, pero de un modo u otro la oferta siempre estará ahí. Hay muchas cosas que afectan al precio de las drogas duras en Gran Bretaña, pero no es una de ellas la muy publicitada acción policial.

A pesar de la exhaustiva cobertura que hacen los medios de comunicación de las personas que atraviesan el Canal en botes, todavía se desconoce qué les hace vender sus últimas posesiones, pagar una enorme cantidad de dinero a unos gánsteres y abandonar sus hogares. A todas luces un motivo fundamental es que no ven futuro en sus propios países, pero las razones por las que es tan alta la demanda de los servicios de traficantes de personas son mucho más complicadas.

La identidad de las 27 personas que se ahogaron al naufragar su pequeña embarcación el miércoles nos da una idea de qué ha fallado. Según otros emigrantes, muchas procedían de la ciudad de Ranya, en la región del Kurdistán al norte de Irak. Entre las otras víctimas que han sido identificadas había un hombre y una mujer kurdos, ambos de Siria, dos hombres yemeníes, uno kurdo de Irán y dos hombres iraquíes, aunque no se sabe si eran kurdos o árabes.

Predominan las personas kurdas iraquíes, sirias e iraníes porque la población kurda ha sido la principal perdedora en las guerras de la franja norte de Oriente Próximo. Se aclamó a la población kurda por haber sido una aliada valiente contra el ISIS hasta que este fue derrotado definitivamente en 2019 y esta población fue abandonada a merced de sus muchos enemigos.

Un informe de la ONU calculaba esta semana que para finales de 2021 habrán muerto 377.000 personas yemeníes en la olvidada guerra de Yemen, organizada por Arabia Saudí y respaldada por Occidente, unas 150.000 en los combates y el resto por el hambre que provoca este conflicto.

Muchas de las personas que integran la actual oleada de migrantes que llegan al Canal de la Mancha proceden de cuatro países (Afganistán, Irán, Irak y Siria) que han sido testigo de feroces conflictos militares y todavía sufren sus consecuencias. Es correcto afirmar que Occidente desempeñó un papel fundamental a la hora de llevar la guerra a estos países y no puede eludir la responsabilidad que tiene de los desastres que son consecuencia de ella. Pero la denuncia de la intervención exterior ignora el hecho de que la naturaleza de la guerra en Oriente Próximo ha cambiado en los últimos 30 años y eso ha provocado un tipo diferente de huida en masa. Por consiguiente, se suele discutir sobre unas premisas falsas el debate en Gran Bretaña acerca de si las personas que solicitan asilo son o no auténticos refugiados que huyen de la violencia y la persecución o bien son emigrantes económicos que buscan un mejor nivel de vida.

Puede que esa actitud tuviera cierta validez hace 30 años, pero hoy no, porque se han entremezclado la guerra militar y la económica. Lo vi por primera vez en la década de 1990, cuando Estados Unidos y sus aliados llevaron a la ONU a imponer a Irak unas duras sanciones, equivalentes a un bloqueo económico, después de que Saddam Hussein invadiera Kuwait. El embargo duró 13 años, no contribuyó nada a quitar a Husséin del poder, pero devastó completamente la economía y la sociedad iraquíes, que hasta el día de hoy nunca se han recuperado del todo.

La situación afectó a los kurdos del norte tanto como al resto de la probación del país, a pesar de que eran enemigos acérrimos de Husséin. En la década de1990 visité un pueblo no muy lejos de Ranya (que, según se informó, es de donde eran originarias muchas de las personas que murieron en el Canal esta semana), cuyos habitantes solo podían ganar dinero desactivando unas minas saltarinas especialmente peligrosas, llamadas Valmara, que infestan la zona y vendiendo los explosivos que había en su interior por una miseria. Muchos habían perdido las manos o los pies en los campos de minas.

Irán ha sido durante mucho tiempo el blanco de la guerra económica, que desencadenó Donald Trump durante su presidencia cuando rescindió el acuerdo nuclear con Irán que había firmado Barack Obama. Las sanciones no lograron en absoluto obligar a los dirigentes iraníes a negociar, pero empobrecieron a la población iraní corriente y en particular a la población kurda iraní.

Siria ha estado sometida a sanciones desde que se produjo el primer levantamiento contra Bashar al-Assad hace 10 años, aunque el año pasado Trump las endureció para romper todas las relaciones comerciales con este país. Lo hizo amparándose en la llamada Caesar Civilian Protection Act [Ley César de Protección de Civiles] que no hizo nada para proteger a la población civil, pero provocó el colapso de la moneda siria y generó desnutrición, no solo en las zonas controladas por el gobierno, sino en la controlada por la oposición en torno a Idlib, en los enclaves controlados por los turcos y en la región kurda al noreste de Siria.

La guerra militar y la económica van ahora unidas, de modo que ya no tienen sentido diferenciar entre personas migrantes por motivos económicos y refugiadas políticas que huyen de las acciones militares. Ambas son personas refugiadas a las que diferentes tipos de guerra han expulsado de sus hogares. Con todo, en Occidente hay poca conciencia de que si se destroza la economía de un país, muchas de las personas que habitan en él pueden acabar a tu puerta o pueden morir tratando de llegar a ella.

A Washington le funciona particularmente bien la guerra económica en Oriente Próximo porque los millones de personas que desplaza se dirigen a Europa y no a Estados Unidos. No parece que los europeos lo hayan asumido.

¿Qué se puede hacer para detener o revertir este éxodo? Hay que reconocer la trascendencia de la relación entre sanciones económicas y migración forzada. Hay que considerar el embargo una de las armas de guerra más crueles, un arma que ataca a la población civil y la convierte en refugiada.

Patrick Cockburn es autor de War in the Age of Trump, Verso.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/12/07/the-west-helped-create-the-conditions-that-force-iraqis-iranians-and-syrians-to-cross-the-channel/

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Mujeres de Frente: resistencia y dignidad

 

Organizaciones sociales comunitarias como la brasileña Tela de los Pueblos o la ecuatoriana Mujeres de Frente, inspiradas en la educación popular y en la investigación y acción participativa, aportan valiosas experiencias de resistencia y dignidad.


Mujeres de Frente: resistencia y dignidad


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Raúl Zibechi

El Viejo Topo

10 diciembre, 2021 



Una de las alegrías profundas que me ha deparado la pandemia, pese a todos los dolores, es haber conocido a nuevas organizaciones, siempre abajo y a la izquierda, en diversos países de nuestra América. Teia dos Povos (Red de Pueblos) es una de ellas, que reúne comunidades indígenas, negras y campesinos sin tierra. Realiza la séptima jornada de agroecología en Bahía (Brasil) a fines de enero (https://teiadospovos.org/).

Al calor de la revuelta colombiana descubrimos Canal 2 de Cali (canal2.co), televisora comprometida con la calle, y Radio Contagio de Bogotá (contagioradio.com), con las que emprendimos el camino de coordinar medios independientes, alianza que esperamos ampliar a todo el continente.

Otra organización que desconocía es el colectivo Mujeres de Frente, que nació en la cárcel de Quito en 2004, conformado por mujeres presas y no presas, embarcadas en un proceso de investigación-acción feminista antipenitenciaria.

En su página se definen como una comunidad de cooperación y cuidado entre comerciantes autónomas de las calles, recicladoras, trabajadoras del hogar, estudiantes universitarias, profesoras, artistas, mujeres excarceladas, familiares de personas en prisión, niños, niñas y adolescentes (https://mujeresdefrente.org/).

Las decenas de compañeras de abajo que integran Mujeres de Frente (como comprobamos en un taller sobre autonomías) se dicen sexualmente diversas y casi todas son del color de la tierra: indígenas, afrodescendientes, mestizas y cholas blanquedas, como se nombran, lo que las diferencia de los feminismos de clases medias, blancas y académicas.

Eligieron trabajar en los espacios donde conviven, a partes iguales, los dolores y las resistencias. Nacieron en la cárcel, pero arraigaron donde el tejido social es cotidianamente desgarrado por las dinámicas de acumulación de capital y del Estado penal, que las condena a la exclusión.

Como son mujeres de abajo, trabajan la autonomía material para no depender ni de políticos ni de patrones. En el centro de Quito crearon la Casa de las Mujeres, espacio de encuentros donde circulan personas y saberes, abierto a diversos colectivos y donde funcionan la Escuela de Formación Política Feminista y Popular, el Espacio de Wawas (para niños y niñas), la cocina y el comedor popular, un ambiente para talleres y reuniones, el Taller de Costura y La Canasta Comunitaria de Alimentos.

Con otros colectivos han creado la Alianza contra las Prisiones, porque consideran que la inmensa mayoría de las mujeres y varones presos en América Latina están en la cárcel por delitos de pobreza, o sea robos de celulares, animales de crianza y el narcomenudeo. Denuncian la creciente criminalización de la migración, delito que afecta siempre a las personas más pobres.

El Taller de Costura es un espacio productivo y de aprendizaje, donde las máquinas y los saberes se comparten, así como el producto de las ventas. La Canasta Comunitaria de Alimentos, que también funciona en la casa, es una solución colectiva al problema del hambre y un emprendimiento productivo de un grupo de mujeres. Hacen compras colectivas al por mayor abaratando precios al negociar directamente con los pequeños campesinos que producen alimentos orgánicos.

Casi todas las integrantes de Mujeres de Frente son jefas y cabezas de hogar que no pudieron trabajar durante los primeros meses de la pandemia, ya que sufren persecución policial y estatal si salen a las calles a reciclar, a vender o a desarrollar cualquier otra actividad. Crearon una red de 70 mujeres para acompañarse y enfrentar juntas los momentos críticos.

Se inspiran en la educación popular y en la investigación-acción participativa, publican un periódico al que titularon Sitiadas, que es como se sienten las mujeres de abajo, con un lema que reza: Reflexiones sobre el Estado punitivo y el sostenimiento de la vida sin Estado.

El tercer número, que puede encontrarse en su página, refleja testimonios de vendedoras ambulantes, trabajadoras domésticas y mujeres que, no teniendo empleo fijo, deben hacer de la calle su espacio primordial para sostener la vida. Todas denuncian el racismo imperante, la represión policial y lo que definen como la guerra de los ricos contra nosotras, en la que la estrategia es despojarnos, herirnos, confundirnos, matar nuestra confianza, debilitar nuestra capacidad de lucha.

Tienen claro que es el Estado el que hace la guerra, que aprovechó la pandemia para intentar una limpieza de nosotras comerciantes, destruyendo sus carpas y productos para erradicarlas de la calle, llevándolas al borde de la sobrevivencia porque comen de lo que venden cada día.

Hasta hoy se mantienen firmes, porque no tienen otra vía que luchar para que coman sus hijos. Pero, sobre todo, porque todas sus vidas han sido dolor y resistencia, porque no conocen otra vida que no sea tejerse con otras como ellas; ese modo de vida de los de abajo que llamamos dignidad.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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