lunes, 22 de noviembre de 2021

La COP26 crea el mercado mundial del fuego y se lo ofrece a los pirómanos capitalistas a costa del pueblo. [¡Hombre, hombre, hombre…! Y siete veces más hombre para que no falte esto de hombre. Mi querida y formal eco culicuá. Tú por aquí. Mira que te digo: las, les, lis, los y lus. Patriarcado, machismo, casta, ni de izquierdas ni de derechas, furrufallas y lagarto, lagarto. Despierte general mayoritario de las clases trabajadoras o no despierte general mayoritario de las clases trabajadoras. He ahí la cuestión. Y ahora tú, Santa Lucia…, sí, sí, a ti te digo, Santa Lucia no te me escapes: ¿Tú has pasado bien la revisión técnica?, porque para mí que si no ves la realidad es que ves menos que un gato de yeso encerrado en un baúl. Que lo siento, Santa Lucía, que no es cosa personal, que si quieres un día de estos nos echamos unas cervezas o lo que haga falta echar, pero es que las cosas son como están pasando, compréndeme, mujer/mujor, no te me vayas a enfadar por esto.]

 

La COP26 crea el mercado mundial del fuego y se lo ofrece a los pirómanos capitalistas a costa del pueblo

 

Por Daniel Tanuro

Rebelion / España

22/11/2021 


Fuentes: A l'encontre


La Conferencia de Glasgow (COP26) debería haber dado prioridad a:

– Concretar la promesa de los países desarrollados de aportar al Fondo Verde para el Clima, a partir de 2020, al menos cien mil millones de dólares al año para ayudar al Sur global a hacer frente al desafío climático [1].

– Obligar a estos mismos países a intervenir financieramente para cubrir las enormes pérdidas y daños causados por el calentamiento, especialmente en los países menos desarrollados y los pequeños estados insulares

– Incrementar las ambiciones climáticas de los gobiernos para alcanzar el objetivo de la COP21 (París, 2015) de «mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de los 2°C, al tiempo que se continúa con los esfuerzos para no superar los 1,5°C en comparación con el periodo preindustrial».

El balance es inapelable: sobre el papel, Glasgow clarifica el ambiguo objetivo de París haciéndolo más radical (ahora el objetivo es 1,5°C) y menciona la responsabilidad de los combustibles fósiles; pero en la práctica, la Conferencia no ha definido ninguna medida para detener la catástrofe.

Un «paso en la dirección correcta», dijeron algunos. Nada de eso: obsesionados con la recuperación neoliberal postcovid y sus rivalidades geoestratégicas, los amos del mundo decidieron:

– aplazar la promesa de cien mil millones para el Fondo Verde;

– decir niet a las compensaciones por «pérdidas y daños»;

– dejar el campo casi completamente libre a los combustibles fósiles;

– considerar la estabilización climática como un mercado de «compensaciones de carbono» y tecnologías;

– dotar a este mercado de un mecanismo global de comercio de «derechos de contaminación»;

– por último, confiar la gestión de este mercado a las finanzas… cuyas inversiones y estilos de vida son la causa fundamental del calentamiento global.

El informe especial sobre 1,5°C, una bomba con consecuencias para la AIE

El Informe Especial del IPCC sobre 1,5°C (2019) había demostrado la imperiosa necesidad de mantenerse por debajo de 1,5°C [2]. Se habían subestimado los peligros del calentamiento. Más allá de 1,5°C, las cascadas de retroalimentación positiva amenazan con llevar a la Tierra a un régimen de planeta invernadero [3]. Esto tendría consecuencias nefastas (entre ellas, una subida del nivel del mar de 13 metros o más). La temperatura media de la superficie ha aumentado entre 1,1 y 1,2°C en comparación con la era preindustrial. Al ritmo actual, la marca de 1,5°C se superará en 2030… Conclusión: las emisiones globales netas de CO2 deberían reducirse al menos en un 50% antes de 2030, en un 100% antes de 2050 y llegar a ser negativas en la segunda mitad del siglo.

El informe cayó como una bomba. Los dirigentes de la clase capitalista no pueden seguir escondiendo la cabeza bajo tierra. Los que tienen un mínimo de cerebro tienen que admitir que el calentamiento global puede escapar a todo control hasta el punto de poner en peligro su sistema. En este contexto, incluso cuando es impulsada por neoliberales como Boris Johnson, una política capitalista que dice estar «basada en la mejor ciencia», no podía mantener la ambigüedad [entre 1,5℃ y 2℃] del acuerdo de París. La presidencia británica de la COP26 propuso que se definiera el objetivo máximo en 1,5°C, lo que fue ratificado por la conferencia.

El IPCC es explícito: la quema de combustibles fósiles desempeña un papel fundamental en el calentamiento. Por ello, la onda de choque del informe sobre los 1,5°C se dejó sentir incluso en la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En 2021, esta agencia publicó un informe en el que se afirma claramente que la «neutralidad en carbono» en 2050 requiere medidas drásticas a muy corto plazo: prohibir, a partir de 2021, el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y gas, así como la apertura de nuevas minas de carbón o la ampliación de las existentes y la autorización de la construcción de nuevas centrales eléctricas de carbón. También plantea el abandono del carbón a partir de 2030 en las economías avanzadas y el cierre de todas las centrales eléctricas de carbón y petróleo del mundo a partir de 2040… [4]

Este informe también cayó como una bomba. La Agencia siempre había desarrollado una visión muy progresiva de la transición. De repente, ahora aboga por un cambio radical hacia un capitalismo verde organizado en torno a las energías renovables. De ese modo, al igual que no podía mantener la ambigüedad de París, la cumbre de Glasgow no podía seguir ocultando la responsabilidad de los fósiles. ¡Esta cuestión jamás se había tratado en todas las COP celebradas desde 1992 por la presión ejercida por el sector energético y de los grandes usuarios! Este silencio ya no se podía mantener. La Presidencia británica presentó a los delegados un proyecto de declaración en el que se pide a las partes que «aceleren la eliminación del carbón y el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles». Más adelante se mostrará cómo se neutralizó esta fórmula, aunque la mención a los fósiles se mantiene en la versión final.

Reducir el desfase, un reto más difícil cada año

El acuerdo de París abrió una gran brecha entre el objetivo («mantener el aumento de la temperatura muy por debajo del etc.») y los planes climáticos nacionales, o «Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional» (NDC). Sobre la base de estos planes nacionales, el IPCC proyectó un aumento de la temperatura de unos 3,5°C para 2100. Para reducir el desfase (o «brecha de emisiones»), la COP21 adoptó el principio de revisar los planes cada cinco años, para «incrementar la ambición».

En septiembre de 2020, la brecha, tomando en cuenta todos los gases, se estima entre 23 y 27 Gt de CO2 equivalentes [5]. Esta brecha debe eliminarse imperativamente antes de 2030 para mantenerse por debajo de 1,5°C. Por tanto, las emisiones globales deben reducirse a la mitad. Con la cumbre de 2020 cancelada (pandemia), los gobiernos decidieron hacer un esfuerzo renovado para «incrementar las ambiciones» de cara Glasgow. El resultado: entre 3,3 y 4,7 Gt de CO2 adicionales de reducción. Sobre esta base, la red científica Climate Action Tracker prevé un calentamiento de +2,4°C (rango: +1,9 a +3°C)[6].

Johann Rockström, director del Instituto de Potsdam, transmitió a la COP los diez mensajes clave más recientes de la ciencia. El primero, que las emisiones mundiales de CO2, por sí solas, deben reducirse cada año en 2Gt/año (5%) de aquí a 2030 para tener una posibilidad sobre dos de mantenerse por debajo de 1,5°C, y en 4Gt/año (10%) para tener dos posibilidades sobre tres de mantenerse por debajo de 1,5°C. Se requiere una reducción similar para el metano y el óxido nitroso[7].  No hay esperanza de conseguirlo con un ritmo de revisión quinquenal de los planes nacionales. Por ello, Glasgow decidió pasar a un ritmo anual. Visto de lejos, esto parece dejar una pequeña posibilidad de éxito. Visto de cerca, es una ilusión.

En primer lugar, hay que tener en cuenta la justicia climática. Las reducciones del 5% y del 10% son objetivos globales, que deben modularse para tener en cuenta las responsabilidades diferenciadas de los países. Rockström presentó la evaluación más reciente de esta cuestión: el 1% más rico de la población mundial debe dividir sus emisiones por treinta, mientras que el 50% más pobre puede multiplicarlas por tres. Esto demuestra claramente que el clima es una cuestión de clase, una cuestión importante en el conflicto entre una minoría poseedora y la mayoría desposeída.

En segundo lugar, una reducción lineal de 2 ó 4 Gt/año en términos matemáticos no es, en absoluto, lineal en términos económicos, sociales y políticos. Cuanto más se reduzcan las emisiones (o se intenten reducir), y cuanto más corto sea el plazo, más chocará la reducción de emisiones con las exigencias capitalistas de crecimiento y beneficio. Esto es muy concreto: en el sector energético, la patronal está frenando las inversiones en combustibles fósiles, para limitar los activos devaluados [stranded assests]. Como los combustibles fósiles cubren más del 80% de las necesidades, un pico de suministro de energía precederá probablemente al pico de demanda. Mientras tanto, los precios son altos[8], lo que es bueno para las empresas de combustibles fósiles, pero alimenta la inflación, frustra la recuperación postcovid y pesa mucho sobre las clases trabajadoras. Éstas pueden luchar o votar a los nacional-populistas. Ambas opciones frustran la estabilidad. Para calmar los precios y evitar la escasez habría que impulsar la producción de combustibles fósiles. China lo ha hecho con el carbón y Biden ha pedido (sin éxito) a Arabia Saudí y Rusia que lo hagan con el petróleo. Pero potenciar los combustibles fósiles = potenciar las emisiones…. Es la cuadratura del círculo.

Una contradicción insuperable, una fuente de caos

China y Estados Unidos han emitido una declaración conjunta en la COP. No servirá de nada para salir del atolladero. Se trata principalmente de una declaración para guardar las apariencias. Las dos grandes potencias tienen interés en presentarse juntas como garantes de la estabilidad del mundo y de su clima. Quizá intenten colaborar en algún aspecto parcial de la política climática (¿emisiones de metano?). Pero las tensiones subyacentes son muy fuertes y tienden a agravar los conflictos. En Estados Unidos, la mayoría demócrata pende de un hilo: Manchin [el senador demócrata que frena la lucha contra el cambio climático], un fiel amigo del carbón. Los republicanos han ganado las elecciones en Virginia, esperan ganar las elecciones de mitad de mandato y están haciendo campaña contra la subida del precio de los combustibles. ¡Su victoria cambiaría muchas cosas!. En China, la estabilidad de la burocracia depende del progreso del nivel de vida medio, por un lado, y de la exaltación nacionalista, por otro. La reactivación del carbón no impide la subida del precio del petróleo. Hay muchas razones para que Pekín siga replegándose para dentro y acelerando sus planes de recuperación de Taiwán. Todo esto es muy inestable.

Se mire por donde se mire, el problema choca con la imposibilidad de la transición energética capitalista: no se puede reactivar una economía de crecimiento basada en un 80% en combustibles fósiles y al mismo tiempo sustituir los combustibles fósiles por renovables y reducir drásticamente las emisiones a muy corto plazo. Es físicamente imposible. O reducimos la producción para lograr la transición, o sacrificamos la transición por el crecimiento del PIB. Sin embargo, «el capitalismo sin crecimiento es una contradicción» (Schumpeter). Conclusión: la contradicción es insoluble, salvo mediante un cambio sistémico revolucionario. Mientras esta posibilidad histórica no se convierta en una posibilidad concreta, la contradicción se agravará con cada intento de reducir las emisiones.

Cada capitalista intenta trasladar la responsabilidad a sus competidores y a los trabajadores. Cada clase capitalista utiliza su Estado para trasladar la responsabilidad a los Estados rivales y a las clases trabajadoras. Y los Estados más contaminantes son los Estados imperialistas que dominan a los más pobres. En consecuencia, la crisis ecológica/climática se combinará con graves convulsiones económicas, sociales y políticas (e incluso militares) en torno a los siguientes ejes:

– Profundización de las tensiones sociales que conduzcan a una importante crisis de legitimidad del poder, a la inestabilidad política y a una mayor tendencia al autoritarismo;

– políticas neocoloniales de creciente brutalidad hacia los pueblos del Sur, especialmente hacia las personas migrantes y, sobre todo, las mujeres;

– una rivalidad más aguda entre los capitalistas y entre los Estados capitalistas; y en particular,

– las crecientes tensiones geoestratégicas entre Estados Unidos y China.

Creer que un contexto así propiciaría la aplicación anual de acuerdos climáticos que estén a la altura del desafío es creer en los Reyes Magos.

Una regulación estatal podría ahorrar tiempo, pero…

Insistamos en este punto: no hay solución estructural sin una disminución global de la producción, el consumo y el transporte, modulada en base al respeto a la justicia social. Es imperativo producir menos, transportar menos, consumir menos y compartir más. Es indispensable compartir la riqueza y el tiempo de trabajo necesario [9]. Por tanto, una política de regulación capitalista, con un mayor papel del Estado, no es una alternativa a la crisis, si bien podría aliviar la dificultad. Pero aquí hay una segunda contradicción: el capital no quiere esta política.

El Protocolo de Montreal sobre la protección de la capa de ozono es un ejemplo de regulación eficaz. Firmado en 1987 y aplicado dos años después, planificó el fin de la producción y el uso de los CFC (clorofluorocarbonos), adoptó un calendario y creó un fondo mundial (financiado por los países ricos) para ayudar al Sur [10]. Veinte años más tarde, las emisiones habían disminuido en un 80% aproximadamente, y la Organización Meteorológica Mundial observó que la capa de ozono estratosférica empezaba a recuperarse [11].

Este precedente podría inspirar la acción en el ámbito climático. Tanto más cuanto que existe un precedente dentro del precedente (valga la redundancia): reunidas en Kigali en 1996, las partes del Protocolo del Ozono decidieron eliminar también los HFC (hidrofluorocarbonos). Después de Montreal, estos HFC han sustituido a los CFC. No destruyen la capa de ozono, pero, al igual que los CFC, tienen un poder de radiación [12] más de mil veces superior al del CO2. El aumento de las emisiones de HFC corre el riesgo de anular el beneficio climático que fue un resultado indirecto del Protocolo del Ozono. Al decidir poner fin a los HFC, los gobiernos hicieron compatible la recuperación de la capa de ozono con la lucha contra el cambio climático. El impacto sobre el calentamiento global no es enorme: en 2050, Kigali habrá reducido las emisiones de gases de efecto invernadero en 90 GtCO2eq en comparación con las proyecciones, el equivalente a dos años de emisiones. Pero dos años son importantes cuando cada año que pasa aumenta la probabilidad de pasar de la catástrofe al cataclismo[13].

El mismo método permitiría reducir rápidamente las emisiones de metano. El efecto invernadero de este gas es mucho más potente que el del CO2[14] y cada vez emitimos más. La reducción de las emisiones de los ecosistemas, de la agricultura (especialmente los arrozales) y la ganadería no puede hacerse de un plumazo. Pero eliminar las fugas de la red de gas, de los pozos de petróleo y de las minas de carbón es relativamente fácil, no requiere cambios estructurales en el sistema de producción y podría reducir el calentamiento en 0,5°C respecto a las proyecciones. No hace falta ningún avance tecnológico, sólo obligar a las empresas a realizar las inversiones necesarias. Pero ahí es precisamente donde radica el problema: no se puede obligar a los capitalistas, sólo se les puede estimular mediante los mecanismos del mercado. Esta es la doxa neoliberal consagrada en el Acuerdo de París. Veremos que Glasgow descarta más que nunca su derogación.

Metano y deforestación, ¿a la búsqueda del tiempo perdido?

La prensa se ha hecho eco del acuerdo sobre el metano. En la COP, más de 100 países prometieron reducir sus emisiones en un 30% para 2030. De ser así, el calentamiento en 2050 sería 0,2°C inferior al previsto (menos de la mitad del potencial). Pero no se trata más que de una declaración de intenciones. No hay cuotas por país, no hay financiación para los países del Sur, no hay sanciones por incumplimiento… Estados Unidos, la UE y Canadá parecen dispuestos a actuar, es cierto, y es fácil ver por qué: aparte de Trump, los líderes capitalistas comienzan a tener pánico. Limitar el metano es una medida bastante fácil. Pero queda mucho camino por recorrer: China y Rusia no han firmado el texto de Glasgow. También es fácil entender por qué: son dos grandes emisores. Su ausencia servirá obviamente de pretexto para que los capitalistas de otros países se resistan. Por tanto, es dudoso que se les imponga nada. En su lugar, se utilizarán incentivos e impuestos, con la esperanza de que el coste de la inversión caiga por debajo del precio del gas ahorrado. Las clases trabajadoras pagarán la factura.

La deforestación plantea un dilema similar. Sería otra forma de recuperar parte del tiempo perdido desde Río (1992), sin afectar a la estructura del aparato productivo. En Glasgow, 131 países se comprometieron a invertir 12.000 millones de dólares en un Compromiso de Financiación Forestal Global (GFFP). El objetivo es «detener e invertir la pérdida de bosques» para 2030 [15]. Este compromiso es muy similar al realizado en Nueva York en 2014: acabar con la deforestación para 2030, con una reducción del 50% para 2020. En 2015-2017, ¡la tasa de deforestación aumentó un 41%! Algunos se alegran porque el GFFP está firmado por Brasil y Rusia, de modo que más del 90% de los bosques de la Tierra están implicados. Pero esto no es garantía de eficacia. Tampoco es una garantía de justicia para los pueblos indígenas, cuyos derechos y méritos reconoce enfáticamente el GFFP, pero sólo de palabra.

En cuanto a la eficacia, es importante tener en cuenta que la frase «detener e invertir la pérdida de bosques» no es tan unívoca como parece. Para algunos, eliminar un bosque NO es una «pérdida forestal»… si el terreno no se utiliza luego para otras actividades económicos. Extraña dialéctica: se puede talar un bosque sin «perderlo» si es para producir, en el monocultivo industrial, «créditos de carbono», granulado, carbón vegetal o aceite de palma. Esta es la interpretación de Indonesia. Alberga uno de los tres grandes macizos de selva tropical. Poco a poco lo está arrasando para plantar palmeras. Había una moratoria, pero dos meses antes de la COP, Yakarta se negó a prorrogarla. El representante de Indonesia en Glasgow firmó «poner fin a la pérdida de bosques”, pero a continuación dijo lo siguiente: «obligar a Indonesia a lograr la deforestación cero para 2030 es del todo inapropiado e injusto» porque «el desarrollo no debe detenerse en nombre de las emisiones de carbono o la deforestación». Detener la pérdida de bosques, sí – detener la deforestación, no… En cuanto a los pueblos indígenas, el caso de Brasil habla por sí mismo: ¿es realmente necesario explicar por qué la firma del GFFP por el fascista Bolsonaro, que ha declarado la guerra a la selva amazónica y a los pueblos que la habitan, no tiene absolutamente ninguna credibilidad? [16]

Detrás de las promesas vacías, el poder soberano del Dios Mercado

El cielo de la COP se llenó de acuerdos de este tipo: abandono del carbón, coches eléctricos, cese de las inversiones transfronterizas en combustibles fósiles o cese de las inversiones en combustibles fósiles en territorio nacional. Algunos países incluso han anunciado con orgullo su intención de ecologizar su Defensa para «reducir su huella ecológica, especialmente en el ámbito energético» [17]. Es una pena que a veces el ridículo no mate, a diferencia de los ejércitos.

Todos estos acuerdos son promesas vacías. No son vinculantes, no contienen medidas concretas ni compromisos de los países, ni sanciones por incumplimiento. ¿Qué sentido tienen? Parte de la respuesta es que los gobiernos están aprovechando el foco de atención de la COP para darse una imagen verde y complacer a su opinión pública sin perjudicar los intereses de los capitalistas… [18] Pero esto nos lleva a una explicación de más calado: las promesas vacías están en sintonía con la ideología neoliberal, que en última instancia sólo conoce un responsable en la toma de decisiones: el Mercado, es decir, el beneficio, o sea, una minoría de accionistas.

El carbón y otros fósiles, un mensaje muy claro

Las tribulaciones para la aprobación del acuerdo de Glasgow sobre el carbón y otros fósiles son muy esclarecedoras. Primera versión (¡inspirada en el informe de la AIE!): la COP «pide a las Partes que aceleren el abandono del carbón y pongan fin a las subvenciones a los combustibles fósiles». Segunda versión: la COP «pide a las Partes que aceleren el desarrollo, el despliegue y la difusión de tecnologías y la adopción de políticas para la transición a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas, aumentando la proporción de generación eléctrica limpia y acelerando el abandono gradual de la generación eléctrica con carbón sin disminuir y la eliminación gradual de las subvenciones a los combustibles fósiles ineficientes». El aire se vuelve irrespirable, pero se sigue hablando de «salir» del carbón y «salir» de las subvenciones a los combustibles fósiles. Tercera versión: tras una intervención de la delegación india, en medio de la reunión de ratificación, se sustituye «acelerar la salida» por «acelerar los esfuerzos hacia la reducción» [19].

Hay que denunciar el papel del Gobierno de Modi. Pero es evidente que la India ha actuado no sólo a favor de todo el planeta del carbón, sino también a favor de todo el planeta fósil, y con el apoyo de todos los pistoleros capitalistas. Había muchos de estos últimos en la COP para asegurar, como dijo un gran patrón finlandés, que la conferencia «se centre en el crecimiento ecológico y no en la regulación, la limitación y la fiscalidad»[20].

Técnicamente, el alcance del artículo sobre los fósiles no es muy preciso. La «reducción de emisiones» es una noción vaga. Según la OCDE, «la reducción se refiere a una tecnología aplicada o a una medida adoptada para reducir la contaminación y/o su impacto en el medio ambiente». Según el G7, «la generación de energía con carbón sin reducción se refiere al uso de carbón que no está mitigado (sic) por tecnologías que reducen las emisiones de CO2, como la captura y el almacenamiento de carbono» [21].  Estas definiciones podrían abrir posibilidades más amplias para los capitalistas que la carísima captura y almacenamiento de carbono (CAC). Por un lado, la captura con uso (CCU), donde el CO2 de las plantas de combustibles fósiles se utilizará en otras industrias para fabricar productos. De la que el gas acabará saliendo… a veces muy rápidamente (por ejemplo, las bebidas gaseosas). Por otro lado, si los gobiernos consideran la absorción de CO2 por parte de los bosques como una reducción de las emisiones (¡más adelante veremos que EE UU y la UE hacen precisamente esta amalgama!), entonces la reducción podría consistir simplemente en… plantar árboles.

Sin embargo, desde el punto de vista político, el mensaje es claro. En esencia, los magnates de la energía están diciendo lo siguiente a los gobiernos y a la gente:

– Dejen de soñar con salir de los combustibles fósiles. Lo que cuenta es el desarrollo de tecnologías verdes.

– No interfieran impidiéndonos explotar nuestras minas de carbón y abrir otras nuevas, ya somos bastante condescendientes aceptando sistemas para reducir el impacto del CO2.

– No se molesten en imponernos una proporción mínima de emisiones a reducir, o un método de reducción en lugar de otro.

– Si realmente quieren recortar las subvenciones a los combustibles fósiles, recorte las ineficientes, que no contribuyen a crear plusvalía [22].

Este es el mensaje que nuestros gobiernos ratificaron en Glasgow, sin ni siquiera ser consultados sobre su contenido final. Es una verdadera acto de fuerza de los [intereses] fósiles.

La fiebre hacia la neutralidad en carbono para 2050

El poder soberano del mercado –es decir, el beneficio, es decir, los accionistas– se expresa no sólo en los acuerdos, sino también en la prisa de los gobiernos por lograr la «neutralidad en carbono para 2050» (también conocida como «emisiones netas cero»). La Unión Europea, Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil, Rusia, Japón, Arabia Saudí…: todos han planteado una estrategia. Cuanto más se acercaba Glasgow, más se multiplicaban las promesas de «carbono neto cero para 2050″… y, además, esas promesas consistían en sustituir la reducción de emisiones a corto plazo por hipotéticas absorciones de carbono a largo plazo. Mientras gritaban a los cuatro vientos que aspiraban a la «neutralidad en carbono» en 2050 [23], algunos gobiernos entregaban un plan nacional de reducción sin cambios o incluso inferior a la de 2015 [24]. Todo vale para crear confusión.

Climate Action Tracker (CAT) puso las cosas en su sitio al distinguir entre las políticas climáticas realmente aplicadas, los planes de reducción nacionales presentados, las promesas hechas en la COP y las estrategias para la «neutralidad en carbono para 2050» [25]. Como se ha dicho al principio de este artículo sobre la base de las políticas aplicadas, el aumento medio de la temperatura será de 2,7°C en 2100 (rango: +2 a +3,6°C). El panorama no mejora con la incorporación de los acuerdos y estrategias del «cero neto», sino todo lo contrario. En general, «ningún país ha puesto en marcha suficientes políticas a corto plazo para situarse en una trayectoria hacia el cero neto».

Esta conclusión general puede desarrollarse de la siguiente manera:

– con los objetivos de 2030, suponiendo que se cumplan, la proyección es de +2,4 (rango: +1,9 a +3°C);

– con los objetivos de 2030 y las promesas hechas durante la COP, suponiendo que se cumplan, la proyección es de +2,1 (rango: +1,7 a +2,6°C);

– con la promesa añadida de la «neutralidad en carbono» para 2050 («escenario optimista», según el informe…) la proyección es de +1,8 (rango +1,5 a +2,4°C). «Este escenario no es compatible con el Acuerdo de París» ya que «no descarta un calentamiento de +2,4°C».

Climate Action Tracker ha evaluado más a fondo las estrategias para una «neutralidad en 2050» [26]. Los investigadores eligieron diez parámetros y adoptaron un código de colores (de bueno a malo: verde, ámbar, rojo). Conclusiones: las estrategias de Chile, Costa Rica, Unión Europea y Reino Unido son aceptables; las de Alemania, Canadá, Estados Unidos y Corea del Sur son mediocres; las de Japón, China, Australia y Nueva Zelanda son pobres y todas las demás son incompletas (sobre todo Brasil, Sudáfrica, Rusia, Arabia Saudí…). Está claro que la mayoría de los gobiernos se han subido al carro de la «neutralidad en carbono» para maquillarse de verde y pasar desapercibidos en Glasgow.

Merece la pena analizar la evaluación de las estrategias de los países desarrollados y de China. La UE está en rojo en dos parámetros: el compromiso con la equidad sin claridad y la no distinción entre eliminación y reducción de emisiones. Alemania está dos veces en ámbar y tres en rojo: su «cero neto» no cuenta las emisiones de la aviación y el transporte marítimo internacionales, y no excluye la «compensación de carbono» fuera de las fronteras nacionales. Los mismos puntos rojos para Estados Unidos, que también confunde absorción y reducción, y cuyo compromiso con la equidad carece de claridad (¡no hay manera!). En cuanto a China, está en rojo en 6 parámetros y en ámbar en otros 3.

Este análisis confirma plenamente las denuncias de los ecosocialistas y otros activistas: cuando no son inexistentes o completamente huecas, las estrategias de «carbono neto cero para 2050» son incompletas y, en el mejor de los casos, profundamente sesgadas. Toda esa palabrería sobre el «carbono cero neto» sólo ha servido para aplazar hasta las calendas griegas el grueso de las 19 a 23 GtCO2eq cuya eliminación en los próximos ocho años determinará si podemos evitar o no superar los 1,5°C de calentamiento. Está claro que se trata de una estafa, y la causa de esta estafa es clarísima: evitemos toda restricción, toda regulación, toda planificación.

No decidamos nada, fundemos el Mercado que decidirá

El Vº Informe de Evaluación del IPCC lo afirma explícitamente: «Los modelos climáticos presuponen el pleno funcionamiento de los mercados y un comportamiento competitivo de los mismos» [27].  Este supuesto presupone a su vez la creación de un mercado con instrumentos de mercado. París, en su artículo 6, había adoptado el principio de un «Nuevo Mecanismo de Mercado» para asumir los mecanismos globales del Protocolo de Kioto. Una serie de conflictos intercapitalistas impidieron la realización de este principio en la COP25 (Madrid), que fracasó en esta cuestión. Pero, ‘¡aleluya!, Glasgow llegó a un acuerdo. Todas las partes (Estados, regiones, empresas) podrán comerciar con los derechos de contaminación. Estos pueden generarse en cualquier lugar del planeta a través de inversiones limpias, de plantaciones de árboles, conservando los bosques existentes, capturado y secuestrando el CO2 (CCS) y capturado y usando el CO2 (CCU).

Algunos de los conflictos a resolver: ¿cómo evitar el doble cómputo de los derechos de emisión (por parte del vendedor y del comprador)?, ¿serán convertibles al nuevo sistema los derechos generados en Kioto (la mayoría de estos derechos no corresponden a reducciones reales de emisiones)?, ¿se gravará el comercio de derechos para ayudar a los países del Sur global a hacer frente a las «pérdidas y daños» que están sufriendo como consecuencia del calentamiento global? [28] No hay espacio suficiente para examinar todo esto en detalle. En general, «los mecanismos del artículo 6 crean tantas artimañas que podrían eliminar cualquier oportunidad que quede para llevar al mundo a la senda de los 1,5°C» [29]. Puede que las decisiones tomadas por la COP no sean suficientes para evitar la doble contabilidad. El compromiso alcanzado sobre los antiguos derechos -los generados en 2013 y que después serán convertibles- es una victoria para los mercaderes del aire caliente (“Hot air”, las falsas reducciones). Sobre todo, en el Brasil de Bolsonaro, que tiene muchos.

El siguiente paso será diseñar una lista de inversiones limpias generadoras de derechos. La lista de la Unión Europea («Taxonomía», en la jerga) se fijará para finales de año. Hay mucho en juego: la taxonomía allanará el camino de las finanzas verdes. Pregunta en suspensión: ¿se incluirá la energía nuclear? Definirla como energía sostenible sería un absoluto disparate. Lo único sostenible de esta tecnología son los residuos con los que nadie sabe qué hacer. Contaminará el medio ambiente durante decenas de miles de años o más. Pero… el mercado es fantástico. China, por ejemplo, tiene previsto construir 150 reactores. Desde un punto de vista capitalista, que lo pone todo patas arriba (como decía Marx), sería un absoluto despropósito desaprovechar este pacto… fuente de beneficios duraderos. Encabezados por Francia, diez países hacen campaña para que la energía nuclear se incluya en la Taxonomía. Otros cinco se oponen, entre ellos Alemania. ¿Quién ganará? Suspense hasta que se decida… [30]

Financiación climática: ¡pobres, intenten ser atractivos para los inversores!

El colmo de esta lógica criminal se alcanza cuando se aborda la financiación climática. Tiene dos componentes: flujos públicos y flujos privados. El primero se subdivide a su vez en dos subcomponentes: los Fondos Verdes y la indemnización por pérdidas y daños. En la COP, todo este paquete fue objeto de una jornada plenaria: ¡bienvenidos al Día de las Finanzas!

Sobre el tema de los Fondos Verdes, el presidente de la mesa (ministro de finanzas británico) dijo en esencia lo siguiente: de acuerdo, el Norte no ha cumplido su promesa. Lo siento. Pero estamos en 80.000 millones, llegaremos a los cien a partir de 2023, entonces superaremos el objetivo y eso compensará el déficit de los años anteriores. Este señor no dijo que sólo 20.000 millones del Fondo Verde corresponden a subvenciones. El resto son préstamos. El acuerdo promete duplicar la financiación para la adaptación al calentamiento global a partir de 2025, pero sin garantías. Un comité de la ONU informará el año que viene sobre los avances hacia el objetivo de 100.000 millones de dólares anuales. La cuestión principal es que el Sur se ve amenazado por una nueva espiral de endeudamiento.

El tema de las pérdidas y daños es, con diferencia, aún más explosivo. Tomemos el ejemplo de Somalia. Ha contribuido al cambio climático histórico en un 0,00026%…, pero está sufriendo repetidas sequías, claramente atribuibles al calentamiento. En 2020, 2,9 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria grave. La ayuda internacional es muy insuficiente. Kenia, Etiopía, Sudán y Uganda viven el mismo drama [31]. ¿Quién pagará? ¿Y quién pagará las futuras catástrofes? La ONG Christian Aid calcula que, si no se modifican las políticas, el cambio climático hará que el PIB de los países más pobres se sitúe en un -19,6% en 2050 y un -63,9% de media anual en 2100. Si limitamos el cambio climático a 1,5°C, estas cifras serían de -13,1% y -33,1% [32] respectivamente.  La factura por pérdidas y daños se elevará rápidamente a varios miles de millones. El principio de financiación por parte de los países ricos está consagrado en la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, pero los gobiernos imperialistas se niegan a respetarlo.

Se supone que la solución milagrosa vendrá de la financiación privada. Mark Carney, ex de Goldman Sachs, exdirector del Banco de Inglaterra, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera del G20, ha sido nombrado por la ONU enviado especial para la financiación climática. Justo antes de la COP, reunió a varios componentes de las finanzas verdes en la Alianza Financiera de Glasgow para el Net Zero (GFanz). El GFanz está dirigido por 19 directores generales de grandes empresas financieras, entre ellos Brian Moynihan, del Bank of America, Larry Fink, del BlackRock, Jane Fraser, del Citigroup, Noel Quinn, del HSBC, Ana Botín, del Santander, y Amanda Blanc, del Aviva. Su objetivo es proporcionar «un foro dirigido por profesionales para que las empresas financieras colaboren en cuestiones sustantivas y transversales que aceleren la alineación de las finanzas con la red cero y apoyen los esfuerzos de todas las empresas, organizaciones y países para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París»[33].

En la COP, GFanz fue la estrella el Día de las Finanzas. El consorcio está valorado en 130.000 millones de dólares. El ministro de Hacienda inglés que presidía la jornada trató de engatusar a todo el mundo alabando este «muro histórico de capital», dispuesto a acudir al rescate del planeta y su clima. Traducción: dispuestos a financiar inversiones limpias, carbón limpio, hidrógeno verde, plantaciones de árboles, conservación de los bosques existentes, captura y secuestro de CO2 (CCS), captura y utilización de CO2 (CCU). Todo tipo de lavado de cara [greenwashing] es bueno, siempre que sea rentable. Porque las condiciones son bastante claras: «Para ello, los inversores necesitan tanta claridad como en las medidas financieras tradicionales de pérdidas y ganancias»[34]. Pobres, traten de ser atractivos para los inversores…

La ONG Reclaim Finance arrancó la máscara verde de estas finanzas. A groso modo: El punto de referencia de GFanz (los criterios «Race to Zero» de la ONU) no menciona los fósiles; a los miembros de la Alianza no se les exige que reduzcan sus emisiones indirectas (las denominadas «Scope 3», que suponen alrededor del 88% de las emisiones del sector fósil); ninguna obligación de reducción en cifras absolutas, basta con una medida de intensidad de carbono; ninguno de los socios del GFanz prohíbe o limita el recurso a la compensación; a mediados de octubre de 2021, 34 de los 58 miembros de la Alianza de Propietarios de Activos (uno de los componentes del GFanz) no ponían ninguna restricción a la inversión en fósiles…[35]

Unos meses antes de la COP21 François Hollande inauguró la cumbre empresarial sobre el clima en París diciendo: «Las empresas son esenciales porque son las que van a traducir, a través de los compromisos que se asuman, los cambios que serán necesarios: la eficiencia energética, el aumento de las energías renovables, la capacidad de transportarse con una movilidad que no consuma energía [¡sic!], el almacenamiento de energía, el modo de construcción de los hábitats, la organización de las ciudades, y también la participación en la transición, en la adaptación de los países que se están desarrollando»[36].

Aquí sólo podemos copiar la interpretación de esta afirmación en Demasiado tarde para ser pesimistas: « Queridos y queridas capitalistas, os ofrecemos el planeta, las ciudades y los bosques, los suelos y océanos, os ofrecemos incluso el mercado de la adaptación de los países del Sur a la catástrofe que les imponéis; todo es vuestro, tomadlo: éste es el mensaje”.

Desde el punto de vista del capital, es un error decir que la COP26 es un bla-bla-blá. Es más bien una apoteosis monstruosa del neoliberalismo. Esta cumbre ha dado un paso importante en el camino hacia la mercantilización total de la Tierra, sus ecosistemas y sus habitantes. En beneficio de las finanzas y a expensas del pueblo.

A modo de conclusión

Todos (o casi todos) los dirigentes políticos lo reconocen: la urgencia es máxima, el riesgo es inconmensurable, no hay tiempo que perder. Y, sin embargo, de una COP a otra, a pesar de la luz que arroja «la mejor ciencia», se pierde el tiempo y se acelera la marcha hacia el abismo. Esta realidad aberrante, alucinante y aterradora no proviene de la imbecilidad de tal o cual funcionario, ni de la conspiración de fuerzas ocultas: proviene de las leyes fundamentales del Capitalismo, y estas leyes también corrompen la «mejor Ciencia». Basado en la competencia por el beneficio, este modo de producción obliga a millones de capitalistas, so pena de muerte económica, a tomar en cada instante millones de decisiones de inversión que tienen como objetivo aumentar la productividad del trabajo a través de las máquinas. La caída resultante de la tasa de ganancia se compensa con un aumento de la masa de bienes producidos, un aumento de la explotación de la fuerza de trabajo y un aumento de la explotación de otros recursos naturales. Este sistema funciona como un autómata fuera de todo control. Lleva consigo, como una nube, no sólo la guerra -como dijo Jaurès- sino también el potencial de desarrollo ilimitado, el crecimiento ilimitado de la desigualdad y una mayor destrucción ecológica ilimitada.

Hay que repetirlo con fuerza: existe un antagonismo insuperable entre la prolongación de este sistema y la salvaguarda del planeta como entorno propicio para la vida y la humanidad. Por tanto, como hizo Lenin cuando estalló la guerra en 1914, para empezar, debemos, independientemente de la relación de fuerzas, atrevernos a hacer un diagnóstico claro: la situación es objetivamente revolucionaria. Con la COP de Glasgow se inicia un breve ciclo de advertencias cada vez más urgentes: o la convergencia de las movilizaciones sociales permite empezar a salvar la enorme distancia entre esta situación objetiva y el nivel de conciencia de los explotados y oprimidos (el factor subjetivo), o el autómata nos conducirá cada vez más a una barbarie de proporciones inéditas.

Notas:

[1] Promesas realizadas en la COP de Cancún (2010=

[2] .https://www.ipcc.ch/sr15/

[3]. https://www.pnas.org/content/115/33/8252

[4] IEA, « Net Zero in 2050. A Roadmap for the Energy Sector », https://www.iea.org/reports/net-zero-by-2050  

[5] Gigatoneladas de gas de efecto invernadero calculados como si todo ese gas CO2

[6] Glasgow’s 2030 credibility gap , https://climateactiontracker.org/publications/glasgows-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/

[7] .https://www.youtube.com/watch?v=iW4fPXzX1S0

[8] “ COP26: oil prce soars even as the world turns against fossil fuel”, Financial Times, 4/11/2021

[9] Tanuro, Daniel (2018) Demasiado tarde para ser pesimistas. Sylone-viento sur.

[10] .https://ozone.unep.org/treaties/montreal-protocol-substances-deplete-ozone-layer/text

[11] .https://public.wmo.int/en/media/news/scientific-assessment-confirms-start-of-recovery-of-ozone-layer

[12] El podeer de radiación del gas es su capacidad para absorver y radiar la radiación infrarroja emitida por la Tierra y contribuir así al efecto invernadero que hace que el planeta sea apto para la vida.

[13] Daniel Tanuro, “L’accord de Kigali sur le climat : de l’arbre des HFC à la forêt du CO2 , http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39236

[14] A corto plazo, el poder radiativo del metano es 80 veces mayor que el del CO2. Pero el metano se elimina rápidamente de la atmósfera (por reacción química con el oxígeno). Durante cien años, se calcula que su poder de radiación es 30 veces superior al del CO2.

[15] .https://ukcop26.org/the-global-forest-finance-pledge/

[16] “Will the COP26 global deforestation pledge really save forests?”, Kieran Mulvaney, National Geographic, 5/11/2021.

[17]. https://www.dhnet.be/actu/monde/vingt-deux-pays-dont-la-belgique-s-engagent-a-cooperer-pour-adapter-leurs-armees-au-changement-climatique-618e96749978e25ff06207d9? 

[18] Por ejemplo, Francia se enorgullece de haberse unido a la coalición Beyond Gas and Petrol (BOGA). Junto con otros once países (muy pocos productores), promete dejar de extraer petróleo o gas… en su territorio. Se abstiene de la coalición entre Gran Bretaña y otros países, que prometen no poner más dinero público fuera de sus fronteras en instalaciones de combustibles fósiles sin reducción. La ausencia de Francia en esta última coalición, y la de Gran Bretaña en la primera, se ve clara por los vínculos entre París y Total, por un lado, y los intereses fósiles de Londres en el Mar del Norte, por otro.

[19] Véase la investigación de Global Witness sobre los cientos de pistoleros de los combustibles fósiles en la COP https://www.globalwitness.org/en/press-releases/hundreds-fossil-fuel-lobbyists-flooding-cop26-climate-talks/. Lea también «In Glasgow, COP26 Negotiators Do Little to Cut Emissions, but Allow Oil and Gas Executives to Rest Easy», Climate News, 12/11/2021: «Los representantes de Royal Dutch Shell y Chevron participaron bajo las banderas de las delegaciones nacionales o de los grupos industriales. Arabia Saudí y otros petroestados llevaron a delegados de sus compañías petroleras. La delegación canadiense incluía un representante de Suncor, uno de los principales productores de arenas petrolíferas del país».

[20] Financial Times, 11/11/2021

[21] https://www.e3g.org/news/explained-what-does-unabated-coal-mean/

[22] La subvención pública al gasóleo de calefacción que existe en Bélgica, por ejemplo, es completamente ineficiente,

[23] 2060 para Chinem, 2070 para India.

[24] Carbon Action Tracker, op. cit.

[25] Climate Action Tracker, «Glasgow’s 2030 credibility gap: net zero’s lip service to climate action. Wave of net zero emission goals not matched by action on the ground », https://climateactiontracker.org/publications/glasgows-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/

[26] Climate Action Tracker, « Net zero target evaluations », https://climateactiontracker.org/global/cat-net-zero-target-evaluations/

[27] AR5, GT3, Chap 6, p. 422

[28] Financial Times, 11/11/2021.

[29] Comunicado de CLARA (Climate Land Ambition and Rights Alliance), https://globalforestcoalition.org/climate-land-ambition-and-rights-alliance-statement-on-closing-of-cop-26/

[30] https://www.francetvinfo.fr/monde/environnement/cop26/cop26-cinq-pays-europeens-denoncent-le-classement-par-l-ue-du-nucleaire-comme-investissement-vert_4841371.html?fbclid=IwAR0rbRHrB9DGy-XHuKowtvAUWzXNETVmmT3fnxX_eajhROQVTn01dtkcnvY

[31] .https://www.oxfam.org/fr/changement-climatique-cinq-catastrophes- naturelles-qui-demandent-une-action-durgence  

[32] https://mediacentre.christianaid.org.uk/climate-change-could-cause-64-gdp-hit-to-worlds-vulnerable-countries/

[33] .https://www.globalcapital.com/article/299y63wwjw04h50dqpds0/sri/gfanz-becomes-new-oversight-body-for-climate-finance  

[34] https://inews.co.uk/news/politics/cop26-rishi-sunak-unveils-130-trillion-commitment-to-help-developing-nations-fight-climate-change-1281644

[35] https://reclaimfinance.org/site/wp-content/uploads/2021/11/FINAL_GFANZ_Report_02_11_21.pdf

[36] www.elysee.fr/declarations/article/discours-lors-de-l-ouverture-du-sommet- des-entreprises-pour-le-climat-unesco/ .

Texto original: https://alencontre.org/laune/apotheose-neoliberale-la-cop26-fonde-le-marche-mondial-de-lincendie-et-loffre-aux-incendiaires-capitalistes-au-detriment-des-peuples.html

Traducción: viento sur

Fuente: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/

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¿Debería dejar Yolanda Díaz el Gobierno? [Como la estrategia y táctica políticas de izquierdas tengan que depender de un nombre propio o de trescientos, aunque todos ellos tengan numerosos títulos universitarios y sean además muy dicharacheros, simpaticones y hábiles en el manejo de la lengua, se puede decir que la izquierda está derrotada antes de empezar, siempre y cuando se entienda por izquierda la acción política práctica y democrática (democracia representativa no, que eso no es democracia, sino democracia: que te pongo para que me representes pero que te quito inmediatamente si no llevas a la práctica lo que yo te dije que había que llevar a la práctica y que tú me digiste que sabías, que podías y que querías hacerlo) conducente a transformar la sociedad dominadas por relaciones de explotación y fuerza en la que vivimos (que no es ni patriarcal ni machista sino capitalista, dentro de al cual y como consecuencia de su dinámica de funcionamiento se hallan eso que llaman patriarcado y machismo –la señora Botín del Banco de Santander no es ni padre ni macho y desde luego corta el bacalo más que dos millones de hombres sin trabajo o más que dos millones de mujeres sin trabajo- para erradicarlas (sacarlas de raíz no las, les, lis, los, lus) y establecer en su lugar otro tipo de sociedad que no esté basada en relaciones de explotación y fuerza que posibilite efectivamente el desarrollo material y espiritual de todo ser humano en un plano de igualdad (ven, hablando de igualdad ya nos ahorramos el trabajo de tener que estar distinguiendo continuamente a los hombres de los hombros y a las mujeres de los mujeros). Y esto es un proceso histórico, cosa que es sabida (quien lo sepa) desde mediados del siglo XIX que no nace ni puede nacer en la cabeza de nadie, sino en la práctica, en la vida cotidiana de cada cual, lo que significa tener conocimiento concreto de la realidad concreta que cada cual vive que se junta (no de forma mecánica, sino dialéctica) a otros muchos conocimientos concretos de muchas realidades concretas de mucha, muchísima más gente para obtener como consecuencia un conocimiento más general de la situación no particular sino general (no imaginada por nadie, puesto que brota de la realidad) que es de donde nace (de donde debe nacer) las soluciones concretas a cada problema concreto. Claro es solución concreta a cada problema concreto teniendo en cuenta que muchos problemas no tiene ni pueden tener un solución inmediata, por ejemplo, mi ignorancia concreta un puede ser resuelta de forma inmediata. De forma inmediata sí puedo decidir dejar de ser un ignorante, en cuanto decida ponerme a leer, pero eso no es acabar con mi ignorancia, que gracias a Dios no es poca. Y todo esto exige inexcusablemente militancia política. ¿Cuántos miitantes tiene el PSOE, cuántos el PC, PCPE, PT, cuántos IU, cuantos Podemos, cuántos la Asociación de Vecinos La Razón de Isla Mayor, cuántos, cuántos, cuántos…. Un militante no es un ser extraterrestre que llega a la Tierra para salvarla, sino una persona común y corriente que en función de su capacidad, disponibilidad y voluntad realiza una determinada actividad en cualquier campo encaminada a transforman la realidad social desde su punto de vista personal. Y después de todo esto es cuando se hace necesaria, imprescindible, la función de dirección del representante político, el dirigente político, no el líder político, ese ser que puede arrastrar tras sí a masas inconscientes, que cuanto más alejado esté de las masas mejor para todos, incluso para él como ser humano. Dicho lo dicho a bote pronto, tras la lectura del artículo que sigue]

 

La vicepresidenta Yolanda Díaz está obligada a ganar los debates de la reforma laboral y las pensiones y, en paralelo, construir una esperanza realista en un proyecto de país: programa, alianzas y fuerza política. Los desafíos son enormes.

¿Debería dejar Yolanda Díaz el Gobierno?

 

Manolo Monereo

El Viejo Topo

22 noviembre, 2021 



En política las relaciones entre necesidades y expectativas son contradictorias y ambivalentes. Yolanda Díaz conecta claramente con las necesidades de una parte de la población que vive el presente y, sobre todo, el futuro con esperanza y -no hay que olvidarlo- con mucho temor. Se puede decir que la expectativa que genera la Ministra de Trabajo estará muy marcada por este conflicto entre esperanza y miedo. Dicho de otra forma, el proyecto de esta dependerá de su capacidad para construir una esperanza realista, social y política organizada. No es poco. Tendrá que vencer enormes obstáculos internos y, no hay que confundirse, externos.

El acto del pasado día 13 ha dado de sí más de lo esperado, demostrando hasta qué punto las gentes, nuestras gentes, reclaman unidad, pluralidad y, sobre todo, programa. La clave la dio Yolanda: proyecto de país; es decir, reconstruir el imaginario social, dar coherencia y homogeneidad a un sentido común demasiado contradictorio y con importantes antagonismos internos. Lo que dramáticamente está en juego es, nada más y nada menos, el horizonte de sentido de las clases subalternas y específicamente de las y los trabajadores. En el centro, ese mundo complejo y heterogéneo de los jóvenes. El objetivo es un programa alternativo de país desde el punto de vista del mundo del trabajo.

Después de los abrazos, de los reconocimientos y demás felicitaciones estamos obligados a aterrizar en la realidad; es decir, asegurar la viabilidad de una esperanza que venza al miedo. Lo primero que habría que tener en cuenta es que la recuperación económica se está poniendo especialmente complicada; las cifras que da el gobierno empiezan a no ser creíbles y la presión que ejerce la Comisión Europea va rayando en lo inaceptable. Por mucho que se insista desde UP, no hay cambio de paradigma; los fondos -escasos y tardíos- están claramente condicionados políticamente. La imagen de una pinza entre la Comisión y su representante en el gobierno, la ministra Calviño, contra Yolanda Díaz reflejan muy bien la realidad. Por otro lado, el covid19 emite señales negativas en una Europa en la que los conflictos migratorios se están convirtiendo en político-militares.

No creo que sea exagerado decir que el impulso reformista del gobierno se está agotando; mejor dicho, está en cuestión. Cada vez que el fenómeno Díaz se hace más fuerte, la preocupación del PSOE se incrementa. Esto significa que las negociaciones en el gobierno serán cada vez más difíciles en un contexto en el que la presión de la UE crece, la patronal y los poderes económicos se envalentonan y refuerzan y, bueno es reconocerlo, con una situación económica que limita mucho los márgenes de maniobra. Dicho con más claridad: el conflicto -toda unidad es conflicto- se traslada a un espacio acotado y reservado como el Consejo de ministros; es decir, el peor territorio posible para UP. Si intervienes públicamente, desacreditas al gobierno y si te callas, acabas por fortalecer al PSOE. Esto ya lo vivió Pablo Iglesias y al final no le quedó otra que irse del gobierno y hasta de la política.

Esperanza y temor. Las encuestas, sus tendencias básicas, nos dicen que las derechas pueden ganar y que Vox está en un proceso de construcción, de movilización y de ampliación de espacios electorales. La izquierda está estancada y el PSOE, a pesar de los esfuerzos de Pedro Sánchez, no se recupera. Empieza a haber una asimetría entre la expectativa que genera la vicepresidenta segunda y los votos de UP que marcan las encuestas, asimetría que hemos conocido en otras épocas. Las encuestas evidencian un humor social muy contradictorio en las que la rabia y la frustración conviven con una potente aspiración a que la crisis acabe y que volvamos a la normalidad. Este juego tiene un tiempo limitado y al final se impondrá una u otra tendencia. Lo que falta en la izquierda es una esperanza posible, realista, que pueda afrontar unos riesgos sociales que, de una u otra forma, están en la conciencia colectiva. Ese es el territorio de Yolanda Díaz.

El gobierno entra en un proceso difícil y extremadamente contradictorio. Las derechas van a continuar con una política de acoso y derribo contra una coalición que da señales de agotamiento y un escenario internacional marcado por una fortísima crisis de oferta, el incremento de la inflación y el miedo a la subida del tipo de interés por los bancos centrales. El PSOE no acaba de encontrar una táctica adecuada y actúa contradictoriamente. Su aspiración es la de siempre, volver a ser el partido del régimen; conforme la situación económica se hace más difícil, tiene menos capacidad de maniobra para satisfacer a la vez a los poderes económicos (apoyados siempre por la UE) y las demandas de los sindicatos de clase y los movimientos sociales. No es casualidad que sean la reforma laboral y las pensiones el centro del conflicto en el gobierno. Lo menos que se puede decir es que las presiones sobre Pedro Sánchez son enormes y que esta vez está obligado a definirse.

El proyecto que encabeza Yolanda Díaz, hay que insistir, tiene un tiempo fechado. La dialéctica entre expectativa y necesidades tiene límites mediados siempre por la coyuntura política. No se puede eternizar en el tiempo ni quedarse solo en gestos. No es la primera vez que una situación política dada cambia expectativas y arruina proyectos, mucho más en un mundo en el que los medios tienen una influencia tan determinante como ahora. La vicepresidenta está obligada a ganar los debates de la reforma laboral y las pensiones y, en paralelo, construir un proyecto; es decir, programa, alianzas sociales y electorales y fuerza política. Los desafíos son enormes y los dilemas estratégicos, determinantes. La pregunta es si es compatible ser vicepresidenta de un gobierno en estas específicas condiciones y ser la cabeza visible de un proyecto que requiere dedicación, tiempo y una fuerte autonomía del PSOE.

Artículo publicado originalmente en Nortes.

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domingo, 21 de noviembre de 2021

Estado español. Con la huelga indefinida del Metal de Cádiz. Ni un paso atrás. [Que yo con usted no me estoy metiendo, señor Conde. Que yo no estoy diciendo que cuando el monte se quema algo suyo se quema, señor Conde, allá usted con el monte (pero que como nos pongamos a escarbar a lo mejor el monte también es mío), así que un respeto. Lo que yo digo es que la lucha que llevan a cabo los trabajadores de Cádiz en defensa de su puesto de trabajo y de un trabajo digno es asunto que afecta a cualquier trabajador de cualquier parte del mundo, incluidos los de la provincia de Huesca, nada más. Así que a ver si los trabajadores nos vamos enterando, que no me gusta repetir las cosas]

 

Estado español. Con la huelga indefinida del Metal de Cádiz. Ni un paso atrás




Por Lucha Internacionalista

KAOSENLARED


El martes 16 saltaba la huelga indefinida del metal en Cádiz ante el bloqueo en la negociación del convenio. La patronal quiere imponer fuertes recortes en salario y derechos: exige eliminar dos pagas extras, aumentar la jornada laboral, quitar pluses y se niega a recuperar los de riesgo tóxico, penoso y peligroso, y además quiere crear una nueva categoría por debajo del especialista. Los trabajadores y trabajadoras convocaron dos días de huelga en el mes de noviembre, que fueron un éxito. Pero la patronal no cede y, tras varias asambleas y a pesar de las trabas que ponían los sindicatos oficialistas de CCOO y UGT, se convocó huelga la indefinida. Su impacto, en especial en la Bahía de Cádiz ha sido absoluto, con fuertes movilizaciones y enfrentamientos con la policía.

Los trabajadores quieren impedir que continúe el proceso de desindustrialización y caída de las condiciones laborales que arrastran desde hace años. Las dos factorías de Airbus (una amenazada con cierre inminente y que mantuvo una dura lucha), las tres Factorías de Navantia (Astilleros Públicos) y la de Dragados, son prácticamente lo que queda de industria en la zona. En una clara apuesta por el turismo de los diferentes gobiernos centrales y autonómicos, han permitido que se fuera desmantelando todo el tejido. La provincia de Cádiz lleva años siendo la que acumula los índices de paros más elevados del estado.


La subcontratación es brutal y es la tónica en los Astilleros: un arma de destrucción masiva de derechos laborales. La división de miles de trabajador@s en cientos de empresas, el ninguneo continuo de los comités de la empresa principal y el escaso poder reivindicativo de los delegados sindicales de las subcontratas, en muchos casos familiares y personas de confianza de los empresarios, ha hecho que los trabajadores, la mayoría eventuales de subcontratas, levantaran la voz y empezaran a organizarse. Uno de los conflictos más recientes se dio cuando dos compañeros del sindicato CTM que se atrevieron a convocar asamblea de trabajadores cuando el comité de empresa no lo hacía, fueron despedidos.

La mesa negociadora del convenio está controlada por CCOO y UGT, sin embargo, es muy importante la participación de los sindicatos alternativos de Cádiz, que basan su lucha en la movilización de las trabajadoras y trabajadores y en la toma de decisiones desde las asambleas, ya que no se fían de las posibles maniobras de las centrales oficialistas, con un largo historial de concesiones a favor de los empresarios. El núcleo de la huelga está en la Bahía de Cádiz. Para intentar evitar que la huelga se haga fuerte en toda la provincia, la Junta de Andalucía ha convocado a ambas partes para mediar. Pero en la calle se palpa una decidida voluntad de lucha.

No es una excepción, sino la tónica general en todo el Estado. La patronal quiere aprovechar los efectos de la pandemia para activar planes de deslocalización industrial e imponer cierres y enormes retrocesos a las condiciones de trabajo. Para ello cuenta con total impunidad en los despidos que le permiten las sucesivas reformas laborales, en especial la del Gobierno del PP del 2012, que el Gobierno del PSOE-IU/Podemos sigue sin derogar.

Coincidiendo con la huelga de Cádiz, el miércoles otra huelga general paralizaba por completo la comarca gallega de Amariña en Lugo, contra el desmantelamiento industrial y llenó las calles de Burela. Es la misma lucha que llevan las trabajadoras y trabajadores de subcontratas ante el cierre de Nissan. Por ello la huelga indefinida del metal de Cádiz es la de toda la clase obrera, y hay que levantar la más amplia solidaridad.

Alto al desmantelamiento industrial, no más pérdidas de derechos laborales. Basta ya de subcontratación y división. Derogar ya la reforma laboral del 2012. Todo el control de la lucha en manos de las asambleas. Viva la lucha de la clase obrera

18 de noviembre 2021.

Lucha Internacionalista



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Comunismo y PCE más allá del centenario

 

El Partido Comunista de España cumple cien años. El comunismo y el partido comunista tendrán futuro en la medida que sean capaces de trascender las expresiones por las que se les conoció en el pasado inmediato y formatearse en el presente concreto.


Comunismo y PCE más allá del centenario

 

Pedro del Parque

El Viejo Topo

21 noviembre, 2021 



Vivimos tiempos confusos, indefinidos, paradójicos. Contradictorios. El Partido Comunista más grande del planeta es el más firme defensor mundial del libre comercio. La reacción autoritaria desatada por rancias oligarquías se presenta como una opción joven, popular y rebelde. El desarrollo científico y tecnológico que nos ha llevado a estándares desconocidos de calidad de vida provoca irracionalismo y superchería. El comunismo no existe como alternativa política pero el anticomunismo es el más feroz en varias décadas.

Esto último tal vez sea porque de fondo se percibe otra contradicción aún más sorprendente: pese a la escasa influencia de los comunistas, el comunismo está más presente que nunca.

Es una presencia contradictoria, como no podía ser de otra manera, pues es una presencia ausente. Un vacío que sin embargo sentimos la creciente necesidad de llenar.

Treinta años de dominio neoliberal irrestricto e indiscutido en todos los órdenes y tenemos crisis climática, carrera armamentística, estancamiento económico, polarización política y cinismo moral.

Treinta años de apogeo del atlantismo y un Occidente aterrado se moviliza para impedir por todos los medios que un país oriental que se dice socialista les gane su propio juego con sus propias reglas.

Treinta años de “no hay alternativa” y lo que emerge es un nacionalismo reaccionario y autoritario mezclado con un libertarianismo de nuevo cuño que predica armas para todos y que cada uno se las apañe.

Los viejos consensos se han roto: no sólo el socialdemócrata de los años cuarenta, también el neoliberal de los años ochenta. Las viejas promesas no se han cumplido: ni paz a través del imperio ni prosperidad a través del mercado.

Poco a poco volvemos a las andadas: debates y posicionamientos que parecían superados resurgen: se reivindica el autoritarismo, se celebra el colonialismo, se buscan enemigos dentro y fuera, se culpabiliza al vulnerable, se criminaliza al que protesta. No son fenómenos nuevos: ya estaban aquí, pero ahora se están intensificando, normalizando, tratando de definir la época que empieza.

Volvemos a dinámicas de poder crudo. La política ya no se esfuerza en desarrollar metalenguajes que neutralicen los disensos y embellezcan los consensos, sino en polarizar enemigos reales o supuestos, controlar los recursos y modificar las correlaciones de fuerza. La momia de Lenin no debe caber de gozo en su sarcófago.

No regresemos al pasado, no volvemos al siglo XIX. Todo pasa, nada vuelve. Entramos, en cambio, en una época nueva, de pugna infinita, de bronca perpetua, de incertidumbre angustiosa, donde se conjuga la creencia fanática en unas pocas verdades incuestionables con la desconfianza y el miedo hacia todo hecho o evidencia que caiga fuera del ámbito de nuestra pequeña parcelita de verdad reconfortante.

La victoria sobre el comunismo es lo que está acabando por matar al capitalismo: una vez desaparecido cualquier freno o contrapeso, se ha precipitado a una espiral autodestructiva. En eso está. Y el peligro es que nos puede arrastrar a todos.

Seguimos viviendo, en fin, tiempos postcomunistas. Porque mientras el signo de nuestra época siga siendo el fracaso del comunismo, no tendremos que asumir la creciente evidencia de que estamos bordeando los límites del capitalismo, que estamos entrando en el postcapitalismo.

La rotunda, visceral y colérica negativa a reconocer la legitimidad, la mera posibilidad de cualquier tipo de alternativa al binomio democracia liberal-economía de mercado, el cerco sistemático a cualquier desafío a ese orden, sea de un partido o un país, no nos permite vislumbrar un futuro de esperanza ante el creciente desasosiego del presente.

El binomio democracia liberal-economía de mercado hace aguas en cada parte y en su conjunto. Todos sus elementos están siendo degradados: desde la democracia hasta el liberalismo, desde la economía hasta el mercado. Aun así, llevan treinta años diciéndonos que más allá de esto no hay nada: el vacío provocado por la ausencia de alternativa.

No podremos recuperar la confianza en el futuro hasta que no seamos capaces de desafiar el dogma de “no hay alternativa” y llenar ese vacío.

Por eso el comunismo es más necesario que nunca. No como la reivindicación improbable de tal o cual sistema político histórico, ni siquiera como la reafirmación de una ideología específica, sino como la necesidad, la urgencia de pensar y construir otra cosa.

Una otra cosa que trasciende el nombre de la cosa.

En este contexto, el Partido Comunista de España cumple cien años.

Unas pocas líneas no pueden hacer justicia a toda una historia de sacrificio, entrega y esperanza. Ha habido también otras cosas, claro, pero de los errores y las derrotas ya hablan otros. Hay cola.

Un partido comunista no puede ser un partido normal, y el español no ha sido menos. Tras su primer siglo ha contabilizado miles de represaliados, casi cincuenta años de clandestinidad, tres ilegalizaciones y dos experiencias de gobierno: una en medio de una guerra civil y otra en medio de una pandemia mundial. Todo ello sin superar nunca el 10% de apoyo electoral. Algo tendrá. Anguita dijo una vez que “para bien o para mal, siempre hemos sido excepcionales”.

Un partido comunista no puede ser un partido como los demás. Para unos eso es la prueba de su maldad intrínseca, para otros es la garantía de su fiabilidad. Cuando el PCE ha intentado ser como los demás no sólo ha fracasado, sino que no se lo han perdonado ni los propios ni los ajenos. Los propios, por verse defraudados y los ajenos porque nunca han estado dispuestos a tratar al PCE como al resto de partidos. Carrillo nunca lo entendió.

Un partido comunista puede adoptar muchas formas y denominaciones. Aun así, sus adversarios no dejarán de calificarle de partido comunista. Cualquier partido que desafíe determinados intereses o represente determinados anhelos, será calificado de partido comunista. Ya lo hemos visto.

Lo que define a un partido comunista, su identidad, no es una ideología ni un modelo de organización y funcionamiento. Eso se corresponde con las formas históricas que ha adoptado a lo largo de la Historia.

En la medida en que la forma concreta propia del siglo XX, el Partido, aunó y movilizó las capacidades y las esperanzas de millones de personas, en la medida en que fue depositaria y receptora de inmensas energías e ilusiones por todo el planeta, en suma, desde el momento en el que tanta gente se identificó con tanta intensidad con esa forma, resulta difícil separarla del fondo. Pero sin esa separación, el futuro queda constreñido al mantenimiento de la forma en detrimento de la realización de los objetivos. Celebrar lo que somos para compensar el no hacer lo que nos propusimos.

Un partido puede tener futuro si su identidad es capaz de generar fuertes lazos de pertenencia, o si tiene habilidad para situarse en los vaivenes políticos, pero nada de eso basta si su objetivo es abrir toda una época histórica de la mano de las mayorías ignoradas y exprimidas por el poder.

Un partido que aspire a eso tiene que ser capaz de dar nombre a los dolores de los explotados y los excluidos y saber expresar sus esperanzas y deseos.

Tiene que plantear un horizonte nuevo, posible y alcanzable, que no se relega a un porvenir lejano, sino que empieza aquí y ahora.

Tiene que recoger el hilo de la tradición emancipatoria. Un hilo que nace de las luchas del demos en la Antigua Atenas, sigue por las guerras serviles en Roma, pasa por los levantamientos campesinos y las revueltas antiseñoriales de la Europa Medieval, salta a las resistencias indígenas de América, África y Asia, llega a los sans-culottes franceses, atraviesa el movimiento obrero y prosigue, trenzándose y anudándose, con el movimiento de las mujeres, con tantas y tantas otras luchas con las que camparte un elemento común: la democracia como emancipación frente a la oligarquía.

La voracidad productiva del capitalismo está secando el planeta. El extremo individualismo neoliberal está disolviendo los lazos más básicos de la sociabilidad y con ello, erosionando la misma condición humana. Las tensiones geopolíticas se intensifican poniendo en riesgo ocho décadas de paz mundial. La nueva e inminente revolución tecnológica puede consumar la escisión de la Humanidad o bien servir de apoyo a su definitiva reconciliación.

Para modificar estos procesos, para confrontarlos, para construir otro camino, necesitamos algo más que juicios morales, necesitamos la comprensión del mundo en el que vivimos y la convicción de que no sólo se puede vivir de otra manera, que no sólo somos capaces de asegurar una vida buena y digna para todo el mundo, sino que el cambio necesario para ello puede ser racionalmente deducido, conscientemente asumido y colectivamente realizado.

El comunismo y el partido comunista tendrán futuro en la medida que sean capaces de trascender las expresiones por las que se les conoció en el pasado inmediato y formatearse en el presente concreto.

No es novedad, varias refundaciones lo intentaron en los años noventa, e incluso algunos intelectuales lo plantearon ya en los años setenta. Su fracaso no debe conducir al desánimo. En política, como en la vida, siempre hay más fracasos que éxito.

La suprema ironía de estos tiempos sería que el fracaso del comunismo salvara al capitalismo de su propio fracaso.

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sábado, 20 de noviembre de 2021

La otra vez que ardió Cádiz y los trabajadores (casi) ganaron. [Los trabajadores ni somos violentos ni nos gusta la violencia ni tenemos aviones tónicos ni bombas tónicas ni porras dirigibles para ejercerla. Los trabajadores trabajamos que es lo nuestro. Los violentos son los cuatro cucuruchos del capital que no permiten unas condiciones de vida dignas a los trabajadores y sus familias y los cuatro y el de la guitarra dedicados al chupe teta borrega pública de la política con la promulgación de la ley 33 barra y punto, cuya esencia reside en: esto para mí; esto otro, también para mí; aquello de allá mío es; lo de acullá y maracuyá al bolsillo que me lo hecho…, con lo que al trabajador no le queda otra que acudir a la huelga para defender algo tan elemental y esencial como un salario para poder seguir viviendo y trabajando. Nota, post data o cosa de aclarar: en las fotografías del Diario El País, faltan las que mostrarían como viven y qué hacen los cucuruchos del capital gracias y a costa de empeorar las condiciones de vida de los trabajadores a los que no les quieren subir el sueldo, pero que no pierde comba para presentarlos a la sociedad como unos alborotadores causantes del desorden público y rompedores natos de cristales de escaparates. Y, otra cosa que se me pasaba por alto: tengo para mí que los carpinteros, los amoladores, albañiles, ingenieros, profesores, médicos, mujeres de la limpieza, mecánicos de bicicletas, conductores, peones o pilotos de aviación comercial, entre otros muchos también son trabajadores. ¡Ah!, y aunque no sean de Cádiz, que a eso es a lo que quería ir yo.]

 

La otra vez que ardió Cádiz y los trabajadores (casi) ganaron

 

Por Vanesa Jiménez

Rebelion/España

 20/11/2021 


Fuentes: Ctxt [Foto: El 5 de septiembre de 1995, 'El País' abrió su portada con los primeros brotes de violencia en los astilleros de Cádiz]


Entre julio y septiembre de 1995, la plantilla de Astilleros peleó en la calle contra el cierre de la factoría. Fue un pulso al Gobierno de Felipe González. Tras tres meses de lucha y negociaciones, consiguieron que no hubiese ni un despido

Esta es la historia de un verano, el de 1995, en Cádiz y desde Cádiz. Serán mis recuerdos los que la cuenten, con sus prejuicios, sus lagunas, y la poca ayuda de la hemeroteca, escasa y sesgada. Esta es la historia de la pelea de un territorio pobre por el pan, en la que de alguna forma participó casi toda la ciudad, y también es un ejercicio de memoria en defensa de la lucha obrera. Al final se ganó todo lo que se podía ganar. Pero ya entonces no era suficiente.

En junio de 1995, la empresa pública Astilleros presentó el tercer proyecto de reconversión para el sector naval con el nombre Plan Estratégico de Competitividad. La competitividad consistía, fundamentalmente, en despedir a 5.200 trabajadores, cerrar las factorías de Cádiz y Sevilla, y privatizar las de Gijón, Vigo y Cantabria. La empresa también proponía la derogación de los convenios colectivos en todos los centros. El Gobierno de Felipe González, ya en sus estertores, con Pedro Solbes en Economía y Hacienda, y Juan Manuel Eguiagaray en Industria, esperaba que así llegasen las ayudas de Europa para continuar con el proceso de reconversión del sector.

El acta de defunción de la factoría gaditana cayó como una bomba en la ciudad, capital de una provincia que ese año registró una tasa de paro del 42% frente al 22,9% de desempleo nacional, según el Instituto de Estadística de la Junta de Andalucía. Apenas un mes después del anuncio del cierre de los astilleros, Cádiz se echó a la calle. Literalmente.

Aquella tarde de finales de julio, de calor sin viento, la avenida principal que separa en dos esa franja de tierra rodeada de mar que es Cádiz se llenó de gente. Cien mil personas, recuerdan los titulares de prensa. Trabajadores de Astilleros, pero también muchos otros hombres y mujeres, niños, jóvenes, adolescentes, carritos de bebé. Entre pancartas y gritos, saludos constantes. Allí era difícil dar un paso sin conocer a alguien. La gran manifestación acabó en el Ayuntamiento, donde la casi recién estrenada alcaldesa del PP Teófila Martínez –20 años de teofilato tenían los gaditanos por delante– esperaba micrófono en mano. Eso es lo de menos. Lo de más es que la gente consiguió que el Instituto Nacional de Industria (hasta aquel año el INI, después la SEPI) accediera por primera vez a negociar. La pírrica victoria sirvió de poco, y semanas después la orden de cierre de la factoría gaditana seguía sobre la mesa.

Como muestra la portada de El País que encabeza este artículo, a principios de septiembre, los primeros brotes de violencia llegaron a la factoría gaditana. Pero no fue hasta mediados de mes cuando la lucha se recrudeció. El día 14, serían las seis o las siete de la tarde, decenas de trabajadores de Astilleros ocuparon la gaditana Plaza de San Antonio: en el número 7 estaba, y leo que sigue estando, la sede provincial del PSOE. Sobre aquel suelo que casi dos siglos antes vivió la proclamación de la Constitución de 1812, y que en los últimos años se había convertido en escenario del Carnaval, no tardó en saltar la espita que lo detonó todo. Unos pocos atacaron la sede socialista, con fuego incluido, y así empezó una noche eterna de enfrentamientos con la policía que no acabó ni cuando se hizo de día. Los momentos previos fueron terribles, solo se respiraba desesperación. Los posteriores también. Recuerdo la tristeza de un trabajador, que como la gran mayoría de ellos se fue entonces a casa. Para él, se había asaltado la casa del pueblo. Y no había otro remedio.

El centro de la ciudad, un pequeño laberinto de calles estrechas, fue el escenario de una batalla campal entre antidisturbios y sobre todo los más jóvenes, los que ni siquiera tenían un trabajo que defender, los que estaban perdiendo uno de los pocos futuros posibles en Cádiz. Al grito de “Astilleros no se cierra”, aquella noche rompieron lo que pudieron. Desde sus ventanas, algunos vecinos les echaban una mano y alertaban de la llegada de furgones de policía. Tras la cristalera de la Redacción desde la que yo entonces empezaba a aprender el oficio de periodista, no vi ningún lanzamiento de objetos extraños, pero cuentan los más antiguos que en luchas de los 80 por aquellas ventanas salieron sartenes, ollas, y hasta una lavadora. Yo les creo.

El día trasladó la lucha a los alrededores de la factoría, a los mismos lugares que hoy, 26 años después, abren los informativos. Barricadas en la carretera industrial, la que camina paralela a esa avenida en la que 100.000 personas dijeron no; cortes en las vías del tren; autobuses cruzados. Mientras, los compañeros del centro de Puerto Real, a unos pocos kilómetros de distancia, cerraban el único puente que entonces daba acceso a la ciudad. Aquel día se repitió otros muchos, y lleva repitiéndose más de 40 años en Cádiz. Los periodistas nos apostábamos en la atalaya que forma la muralla del final del barrio de Bahía Blanca. Y allí pasaban las horas, mirando a ratos a través de los objetivos de las cámaras de televisión. Pelotas de goma contra tornillos. No había otro olor en la ciudad que el de la goma quemada. Se vivieron también acciones simbólicas, como la cadena humana de trabajadores que se lanzó al mar y cortó con sus brazos entrelazados la bocana del puerto. No se podía parar, era eso o quedarse sin trabajo. 

Foto: Portada de ‘El País’ del 16 de septiembre de 1995.


Un mes menos un día después de aquella tarde en la que se asaltó la sede del Partido Socialista, la asamblea de trabajadores de Astilleros en Cádiz aceptó el acuerdo final que regularía la reconversión naval. El 80% votó a favor, el 10% en contra, y otro tanto se abstuvo. Todos conocían el texto literal del preacuerdo alcanzado en Madrid, se habían repartido muchas copias. El comité de empresa expresó entonces su “profundo agradecimiento a la presión ciudadana”, que “había conseguido el mantenimiento de la actividad naval de la factoría”.

Tras varios meses de negociación, y luchas constantes en la calle, no se cerró ninguna factoría de Astilleros. El acuerdo final mantuvo abiertos los nueve centros de la empresa y los despidos del primer plan del Gobierno, que eran 5.200, pasaron a ser 3.850 bajas, el 38,6% de la plantilla, todas mediante prejubilaciones y salidas voluntarias. Los prejubilados recibirían el 76% de su salario bruto durante dos años, y a partir de entonces tendrían una actualización anual del 2,5%. Además, se les aplicaría la Ley de Industria, como se había hecho con la reconversión siderúrgica, una cuestión irrenunciable para los sindicatos: el Estado y Astilleros debían complementar las cotizaciones a la Seguridad Social de los prejubilados hasta la edad legal de jubilación. 

En la década anterior a aquel verano de 1995, la construcción naval había perdido 27.000 empleos, de 37.000 a los apenas 10.000 con los que se llegó a aquel año. Tras la nueva reconversión, quedaron pocos más de 6.000. 

Ahora la ciudad se vuelve a levantar. Lo ha hecho antes en estos más de 25 años. Siempre por lo mismo, por el futuro de una Bahía a la que todos condenaron a no tener futuro. Desde el martes 16 de noviembre, las más de 20.000 personas que trabajan en Airbus, Navantia, Alestis, Acerinox o Dragados están llamadas a una huelga general tras la falta de acuerdo entre los sindicatos y la Federación de Empresarios del Metal de Cádiz. No hay mayoría para renovar el convenio colectivo del sector del metal. En el fondo, es el abandono antiguo, y constante. Y ​​un 23,16% de paro en la provincia, siempre a la cola de España.

Cuando escuchen o lean que son un puñado de violentos, piensen en esos cientos de trabajadores que en 1995 consiguieron mantener sus trabajos y los de muchos otros. Y en que sin sus luchas, las de ellos y las de tantas y tantos otros, no existirían derechos laborales.

En aquellos días apareció una pintada sobre uno de los muros de la carretera industrial de Cádiz. No sé cuánto tiempo estuvo allí. En mi cabeza aún sigue. Símbolo de una época. Símbolo de que en ese sur, al final de Europa, ni unos ni otros han querido nunca mirar. Negro sobre blanco: “Felipe cabrón”.

Fuente: https://ctxt.es/es/20211101/Politica/37903/cadiz-astilleros-protestas-1995-felipe-gonzalez.htm

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