viernes, 8 de octubre de 2021

China y Estados Unidos: la amenaza de una deriva militarista

 

ENTREVISTA A WALDEN BELLO

China y Estados Unidos: la amenaza de una deriva militarista

PLATEFORME ALTERMONDIALISTE

VientoSur

1 OCTUBRE 2021

 


¿Qué hay de nuevo en el mundo en este tercer decenio del siglo XXI?

China no es solamente la segunda potencia económica mundial, sino el centro de la acumulación de capital. El 28 % del crecimiento mundial entre 2003 y 2018 proviene de China, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su crecimiento es dos veces mayor que el de la economía estadounidense, que desde hace 50 años se ve afectada por un declive sistemático de la rentabilidad del capital.

¿Por qué el gran capital representado por las empresas multinacionales decidió apostar por China?

Hasta la década de 2000 entraron en el mercado de trabajo cientos de millones de trabajadores (80 millones solamente en la década de 2010). Hay que subrayar que estos trabajadores venían del mundo rural y su llegada permitió mantener los bajos salarios en todos los sectores de la economía china. El salario medio en China equivalía al 2,9 % del salario medio en EE UU.

¿Quién se benefició?

Para la empresas multinacionales, el desarrollo de las tecnologías de la información permitía segmentar el proceso de producción y repartir las actividades productivas entre varios países en una especie de cadena de valor. El traslado de un gran número de capacidades productivas a China, por tanto, no solo era posible, sino también sumamente lucrativo. Gracias a las normas establecidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), China sacó provecho de la reducción de cuotas y barreras arancelarias.

China salía beneficiada…

La alianza entre China y las multinacionales se basaba en el interés común, pero los objetivos estratégicos de una y otras eran distintos. En cierto modo, el Estado chino ha utilizado las inversiones extranjeras como sucedáneo de una clase capitalista nacional. El desarrollo económico fulgurante ha cambiado China. La renta per capita entre 1988 y 2008 aumentó un 229 %, lo que supera de lejos lo que ha ocurrido en otras partes de Asia. Por otro lado, esta situación ha creado enormes diferencias entre el 1 % más rico y el resto. Además, este crecimiento se ha producido en detrimento del medio ambiente.

¿Existe una correlación entre el crecimiento chino y el declive estadounidense?

El declive estadounidense comenzó antes del auge chino. Importantes sectores de la economía industrial ya eran menos competitivos, menos rentables. Más tarde, varias empresas estadounidenses migraron a China para contrarrestar esta tendencia a la baja. Se calcula que en EE UU se perdieron 8 millones de puestos de trabajo a causa de esta deslocalización, lo que representa un porcentaje del total bastante bajo. Según los trabajos de Thomas Piketty, la razón principal del declive económico estadounidense estriba en el aumento de las diferencias entre los salarios altos y los salarios bajos. De ahí una especie de guerra civil interna, que incluye una fuerte dimensión de racialización. Millones de personas lo vivieron como el final del sueño americano.

La estabilidad de China contrasta con esto…

Las tensiones sociales que se manifiestan cada vez más no desembocan en una crisis política. Una oposición bastante reducida quisiera promover una evolución hacia el liberalismo. Se perciben los efectos de esta crítica en las redes sociales, pero quienes mandan en China, entre ellos el presidente Xi, están en condiciones de preservar la legitimidad del Estado, que esgrime a su favor la prosperidad de la mayor parte de la población. Esto permite a la China actual proyectar una especie de modelo chino, que gana esplendor con el megaproyecto de la Nueva Ruta de la Seda destinada a conectar China con el resto del mundo.

¿Cuáles son las condiciones que han permitido este avance de China?

Un factor importante ha sido que China no ha dedicado una parte excesiva de su presupuesto al sector militar. En vez de implicarse en la gestión de los conflictos en el mundo y el refuerzo de un vasto complejo militar-industrial como EE UU, Pekín ha logrado ampliar su dominio a través de la economía, no solo en la propia China, sino también en África y en América Latina. Mientras que China invertía miles de millones en la economía del Sur global, EE UU se dedicaba a prestar ayuda militar a sus aliados geopolíticos, como Israel, Egipto, Arabia Saudí.

¿Y este proceso continúa?

China ha lanzado recientemente el Banco de Desarrollo e Infraestructuras de Asia. Este proyecto ha atraído incluso a varios aliados europeos de EE UU. Decenas de Estados del Sur global se han unido a esta iniciativa, que les permite disponer de cuatro billones de dólares para proyectos de infraestructura en el vasto continente eurasiático, así como en África y América Latina.

¿Cómo trata el nuevo presidente Biden de gestionar esto?

Trump rompió con el proyecto impulsado desde hacía 20 años al situar los intereses de EE UU por encima de todo. La idea consistía en castigar a China, sobre todo mediante acciones e intervenciones que obstaculizaran el desarrollo técnico-científico chino. Biden, más allá de ñas diferencias retóricas, va en el mismo sentido. Se han reservado más de 250.000 millones de dólares para apoyar la competitividad de las empresas estadounidenses. China es probablemente la única cuestión en que Demócratas y Republicanos comparten las mismas posiciones.

¿Podría conducir esta situación a nuevos conflictos?

Actualmente solo hay un único ámbito en que la superioridad de EE UU todavía es innegable, que es el sector militar. Nos hallamos por tanto en una ecuación peligrosa en que el declive económico y diplomático de EE UU se produce en un contexto en que todavía goza de una innegable superioridad militar. A su vez, China, aunque está invirtiendo masivamente en su ejército, está muy rezagada. En la XIX sesión del Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, celebrada el 18 de octubre de 2017, Xi admitió este retraso. Dijo que China necesitaría 30 años para ponerse a la altura de EE UU.

China está realmente rezagada en el terreno militar…

En 2019, el gasto militar de EE UU era del orden de 732.000 millones de dólares anuales, frente a los 261.000 millones de China. El aumento del presupuesto militar estadounidense es del 5,3 % anual (frente al 5,1 % en el caso de China). Si analizamos los datos más en detalle, veremos que el contraste es muy fuerte. China dispone de un número limitado de armas nucleares (260 cabezas nucleares), que en realidad son armas defensivas. EE UU la supera de lejos (18.000 armas nucleares), que pueden ser un medio para imponer su dominación. En conjunto, la capacidad militar de China está muy alejada de la de EE UU. Recordemos que China tiene una única base militar en el extranjero (en Yibuti), mientras que EE UU tiene 25 tan solo en Asia: en Japón, Corea del Sur, Guam y Filipinas. China dispone de dos portaaviones construidos con tecnología soviética un poco anticuada, mientras que EE UU tiene 11, incluidos los de la VII flota, basada en Asia-Pacífico.

La superioridad estadounidense se basa en una estrategia…

Incluso en Washington reconocen que la capacidad de China es de naturaleza defensiva, mientras que la de EE UU es de carácter ofensivo:

·         Apuesta por el despliegue en el exterior, cerca de los enemigos reales o supuestos.

·         La doctrina militar aire-mar (AirSea) establece la necesidad de golpear al adversario en todos los ámbitos al mismo tiempo (centros de mando, sistemas de radar, lugares de producción y almacenamiento de misiles, satélites, etc.). Esto incluye el bloqueo de las rutas marítimas y terrestres.

·         Según Michael Klare, la estrategia estadounidense implica mantener una gran superioridad sobre las fuerzas del adversario y estar en condiciones de lidiar dos conflictos de gran envergadura al mismo tiempo y en todos los terrenos (militar, económico, tecnológico).

Actualmente, la relación de fuerzas es muy desfavorable a China. Las fuerzas estadounidenses rodean el territorio chino, especialmente sus regiones costeras, donde se concentran las capacidades industriales y tecnológicas. Las respuestas de China consisten en desarrollar la expansión de sus fuerzas marítimas y aéreas en la vasta zona alrededor del mar de China. En estos momentos, China y EE UU realizan simulacros de combate, con el riesgo de que se produzcan accidentes o se inicie una escalada.

¿Es posible cambiar la situación?

Hay que obligar a EE UU a aceptar un acuerdo de seguridad, que debería ser asumido y supervisado por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Este acuerdo debería incluir la desnuclearización de la región, la clausura de varias bases estadounidenses y la retirada de las fuerzas chinas a zonas alejadas, así como un nuevo pacto económico que incluya el respeto y la protección de la soberanía de los Estados afectados. La obra clásica de Clausewitz establece que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, dando por sentado que es el cálculo racional de los Estados el que puede determinar los niveles de conflictividad. En realidad, esta fórmula excluye demasiado el contexto de cada nación. Desde su origen, EE UU no ha dejado de organizar su expansión militar por todos los medios. Hoy, la mayoría de observadores piensan que la posibilidad de una guerra es elevada, máxime cuando la disparidad actual en el plano militar favorece a EE UU.

25/09/2020

https://alter.quebec/la-chine-et-les-etats-unis-la-menace-dune-derive-militariste/

Traducción: viento sur

Walden Bello es sociólogo y militante de la izquierda democrática en Filipinas.

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jueves, 7 de octubre de 2021

Secretos financieros al descubierto: publican los Papeles de Pandora, la filtración más extensa que abarca “cada rincón del mundo”. (La política –la de la democracia representativa, que la política democrática está todavía por ver- está enchorizada, quién la desenchorizará, el desenchorizador que la desenchorice buen político será)

 

Secretos financieros al descubierto: publican los Papeles de Pandora, la filtración más extensa que abarca “cada rincón del mundo”


DIARIOOCTUBRE / octubre 4, 2021

Más de 600 periodistas de 117 países trabajaron sigilosamente para descubrir qué ocultaban más de 11,9 millones de documentos a los que obtuvieron acceso.

El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) ha publicado este domingo su “exposición más amplia de los secretos financieros”. El extenso trabajo periodístico recibió el nombre de los Papeles de Pandora y es resultado del análisis de más de 11,9 millones de documentos filtrados que “cubren cada rincón del mundo”.

Más de 600 reporteros de 117 países y 150 medios de comunicación tomaron parte en la investigación, marcando la mayor colaboración en la historia del ICIJ.

“La maquinaria ‘offshore’ opera en cada rincón del planeta”

Una de las conclusiones principales del trabajo periodístico es que “la maquinaria del dinero ‘offshore’ opera en cada rincón del planeta, incluidas las democracias más grandes del mundo”. “Entre los principales jugadores del sistema se encuentran instituciones de élite —bancos multinacionales, bufetes de abogados y estudios contables— con sede en Estados Unidos y Europa”, indica el ICIJ.

Según uno de los documentos de los Papeles de Pandora, los bancos de todo el mundo ayudaron a sus clientes a crear al menos 3.926 empresas en paraísos fiscales con la ayuda de un bufete de abogados panameño, llamado Alemán, Cordero, Galindo & Lee, dirigido por un exembajador en EE.UU. “El bufete, también conocido como Alcogal, creó al menos 312 empresas en las Islas Vírgenes Británicas para clientes del gigante estadounidense de servicios financieros Morgan Stanley”, señalan los periodistas.

Los archivos filtrados exponen los secretos financieros y trámites ‘offshore’ de 35 actuales y antiguos presidentes, más de 100 multimillonarios y más de 300 altos funcionarios públicos, como ministros, jueces, alcaldes y dirigentes militares de más de 90 países.

 

Entre múltiples casos, se dio a conocer que el exprimer ministro británico Tony Blair y su esposa Cherie ahorraron más de 400.000 dólares durante la compra de una casa valorada en 8,8 millones de dólares a través de una empresa ‘offshore’, aunque fue un trámite legal, o que el primer ministro de la República Checa, Andrej Babis, que está a la espera de ser reelegido esta semana, movió 22 millones de dólares a las compañías ‘offshore’ para adquirir una propiedad en Francia de forma desapercibida.

La compra de 14 viviendas de lujo en EE.UU. y Reino Unido por valor de más de 106 millones de dólares por el rey Abdalá II de Jordania a través de las empresas fantasma registradas en los paraísos fiscales, y la posesión por parte de los hijos del primer ministro de Pakistán, Imran Khan, de lujosos apartamentos en Londres, así como millones de dólares sin declarar en manos las personas de su círculo íntimo también salieron a la luz, al igual que el hecho de que la familia del presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, lleva años acumulando en secreto los activos valorados en más de 30 millones de dólares, escondidos del escrutinio público.

Para hacerse una idea de la magnitud de las revelaciones, algunos de los protagonistas que constan en los resultados de la investigación periodística son:

·         presidente de Ecuador, Guillermo Lasso

·         presidente de la República Dominicana, Luis Abinader

·         hijos del presidente de Chile, Sebastián Piñera

·         expresidentes de Colombia, César Gaviria y Andrés Pastrana

·         expresidente de Honduras, Porfirio Lobo

·         expresidentes de El Salvador, Alfredo Cristiani y Francisco Flores

·         expresidente de Paraguay, Horacio Cartes

·         expresidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski

·         expresidentes de Panamá, Juan Carlos Varela, Ricardo Martinelli y Ernesto Pérez Balladares

·         ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes

·         exprimer ministro de Haití, Laurent Lamothe

·         presidente de Montenegro, Milo Djukanovic

·         presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski

·         presidente de Gabón, Ali Bongo

·         presidente de Congo, Denis Sassou-Nguesso

·         primer ministro del Líbano, Najib Mikati

·         primer ministro de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Rashid al Maktoum

·         primer ministro de Costa de Marfil, Patrick Achi

·         princesa de Marruecos, Lalla Hasna

·         En 2016, el ICIJ ya estremeció al mundo con los Papeles de Panamá, y esta vez el Gobierno panameño aparentemente ha tomado precauciones para mitigar los potenciales daños que podrían conllevar las nuevas revelaciones. A través de la firma de abogados Benesch, Fridlander, Coplan & Aronoff Llp, las autoridades del país centroamericano intentaron dialogar con el consorcio periodístico, reportó La Estrella de Panamá.

·         “Antes de continuar, debe tener en cuenta que la cobertura mediática previa iniciada por el ICIJ utilizó un término falso y difamatorio (es decir, los ‘Papeles de Panamá’) que causó un gran daño a Panamá”, escribieron los representantes del bufete en su carta del 16 de septiembre, citada por el diario. “El Gobierno de Panamá está decidido a actuar para que no se repita esta falsedad por el ICIJ o cualquier otro medio de comunicación”, agregaron.




 

Mathilde Chapuis escribe una novela sobre el viaje sin retorno de los exiliados

 

Mathilde Chapuis escribe una novela sobre el viaje sin retorno de los exiliados

TERCERA INFORMACION / 07.10.2021

  • La editorial valenciana Tiempo de Papel publica en España “Nafar”, la primera novela de la escritora francesa, bajo la traducción de Carmen Javaloyes Jiménez. Estamos ante una obra que involucrará al lector en las vivencias del ser humano que deja su tierra por situaciones determinantes.
  • Nafar se inspira en la estrecha relación que Mathilde Chapuis estableció con los exiliados sirios que conoció en Turquía.


Un nafar es quien parte para un viaje sin retorno, un migrante, un exiliado. Sabe que dejará atrás sus raíces y su lengua, su tierra y su familia, pero sigue adelante con la determinación de los desesperados. Deberá cruzar el río que separa no solo dos continentes, sino dos mundos: oriente y occidente, nosotros y ellos.

“Nafar” (Tiempo de Papel Ediciones, 2021), novela narrada en segunda persona, logra que el lector sienta las mismas emociones que el exiliado, ver lo que él mira e intentar olvidar lo que él no puede, mientras busca la manera de atravesar esa frontera que separa su pasado de un futuro que sabe difícil e incierto.

En las páginas de esta obra Mathilde Chapuis logra comprometer al lector con las experiencias que vivirá el nafar. Es posible que, al terminar el libro, gracias al poder de su narrativa, el lector tenga una mirada más cercana con la realidad de tantas personas que ayer y hoy han tenido que migrar, aunque esa decisión nunca estuviera en sus planes.

La prensa francesa viene de aclamar esta novela que ahora llega a las librerías de España. Le Monde dice que se trata de “Una primera novela poética y empática”, mientras que La Francophonie destaca que “Con una escritura abrumadora y de emoción contenida, Mathilde Chapuis nos acerca a las obsesiones de los exiliados y sus familiares”.

Mathilde Chapuis nació en Belfort (Francia) en 1987. Al terminar sus estudios de Literatura, primero en Estrasburgo y después en Nápoles, viajó por Grecia, Turquía y Líbano antes de instalarse en Estambul entre 2013 y 2015. Actualmente reside en Bruselas. Nafar, su primera novela, se inspira en su estrecha relación con los exiliados sirios que conoció en Turquía.


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El barril de amontillado. Edgar Allan Poe

 

Tal día como hoy de 1849 moría en Baltimore Edgar Allan Poe. Poeta, narrador y crítico literario incisivo y a menudo escandaloso, revalorizó y revitalizó el cuento, convirtiéndose sin duda en uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos.


El barril de amontillado

Edgar Allan Poe

El Viejo Topo

7 octubre, 202

 

©Rayaan Cassiem

Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era ya un punto establecido definitivamente. Pero la misma decisión con que lo había resuelto excluía toda idea de peligro por mi parte. No solamente tenía que castigar, sino castigar impunemente. Una injuria queda sin reparar cuando su justo castigo perjudica al vengador. Igualmente queda sin reparación cuando ésta deja de dar a entender a quien le ha agraviado que es él quien se venga.

Es preciso entender bien que ni de palabra, ni de obra, di a Fortunato motivo para que sospechara de mi buena voluntad hacia él. Continué, como de costumbre, sonriendo en su presencia, y él no podía advertir que mi sonrisa, entonces, tenía como origen en mí la de arrebatarle la vida.

Aquel Fortunato tenía un punto débil, aunque, en otros aspectos, era un hombre digno de toda consideración, y aun de ser temido. Se enorgullecía siempre de ser un entendido en vinos. Pocos italianos tienen el verdadero talento de los catadores. En la mayoría, su entusiasmo se adapta con frecuencia a lo que el tiempo y la ocasión requieren, con objeto de dedicarse a engañar a los millionaires ingleses y austríacos. En pintura y piedras preciosas, Fortunato, como todos sus compatriotas, era un verdadero charlatán; pero en cuanto a vinos añejos, era sincero. Con respecto a esto, yo no difería extraordinariamente de él. También yo era muy experto en lo que se refiere a vinos italianos, y siempre que se me presentaba ocasión compraba gran cantidad de éstos.

Una tarde, casi al anochecer, en plena locura del Carnaval, encontré a mi amigo. Me acogió con excesiva cordialidad, porque había bebido mucho. El buen hombre estaba disfrazado de payaso. Llevaba un traje muy ceñido, un vestido con listas de colores, y coronaba su cabeza con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles. Me alegré tanto de verle, que creí no haber estrechado jamás su mano como en aquel momento.

-Querido Fortunato -le dije en tono jovial-, éste es un encuentro afortunado. Pero ¡qué buen aspecto tiene usted hoy! El caso es que he recibido un barril de algo que llaman amontillado, y tengo mis dudas.

-¿Cómo? -dijo él-. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y en pleno Carnaval!

-Por eso mismo le digo que tengo mis dudas -contesté-, e iba a cometer la tontería de pagarlo como si se tratara de un exquisito amontillado, sin consultarle. No había modo de encontrarle a usted, y temía perder la ocasión.

-¡Amontillado!

-Tengo mis dudas.

-¡Amontillado!

-Y he de pagarlo.

-¡Amontillado!

-Pero como supuse que estaba usted muy ocupado, iba ahora a buscar a Luchesi. Él es un buen entendido. Él me dirá…

-Luchesi es incapaz de distinguir el amontillado del jerez.

-Y, no obstante, hay imbéciles que creen que su paladar puede competir con el de usted.

-Vamos, vamos allá.

-¿Adónde?

-A sus bodegas.

-No mi querido amigo. No quiero abusar de su amabilidad. Preveo que tiene usted algún compromiso. Luchesi…

-No tengo ningún compromiso. Vamos.

-No, amigo mío. Aunque usted no tenga compromiso alguno, veo que tiene usted mucho frío. Las bodegas son terriblemente húmedas; están materialmente cubiertas de salitre.

-A pesar de todo, vamos. No importa el frío. ¡Amontillado! Le han engañado a usted, y Luchesi no sabe distinguir el jerez del amontillado.

Diciendo esto, Fortunato me cogió del brazo. Me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome bien al cuerpo mi roquelaire, me dejé conducir por él hasta mi palazzo. Los criados no estaban en la casa. Habían escapado para celebrar la festividad del Carnaval. Ya antes les había dicho que yo no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes concretas para que no estorbaran por la casa. Estas órdenes eran suficientes, de sobra lo sabía yo, para asegurarme la inmediata desaparición de ellos en cuanto volviera las espaldas.

Cogí dos antorchas de sus hacheros, entregué a Fortunato una de ellas y le guié, haciéndole encorvarse a través de distintos aposentos por el abovedado pasaje que conducía a la bodega. Bajé delante de él una larga y tortuosa escalera, recomendándole que adoptara precauciones al seguirme. Llegamos, por fin, a los últimos peldaños, y nos encontramos, uno frente a otro, sobre el suelo húmedo de las catacumbas de los Montresors.

El andar de mi amigo era vacilante, y los cascabeles de su gorro cónico resonaban a cada una de sus zancadas.

-¿Y el barril? -preguntó.

-Está más allá -le contesté-. Pero observe usted esos blancos festones que brillan en las paredes de la cueva.

Se volvió hacia mí y me miró con sus nubladas pupilas, que destilaban las lágrimas de la embriaguez.

-¿Salitre? -me preguntó, por fin.

-Salitre -le contesté-. ¿Hace mucho tiempo que tiene usted esa tos?

-¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem!…!

A mi pobre amigo le fue imposible contestar hasta pasados unos minutos.

-No es nada -dijo por último.

-Venga -le dije enérgicamente-. Volvámonos. Su salud es preciosa, amigo mío. Es usted rico, respetado, admirado, querido. Es usted feliz, como yo lo he sido en otro tiempo. No debe usted malograrse. Por lo que mí respecta, es distinto. Volvámonos. Podría usted enfermarse y no quiero cargar con esa responsabilidad. Además, cerca de aquí vive Luchesi…

-Basta -me dijo-. Esta tos carece de importancia. No me matará. No me moriré de tos.

-Verdad, verdad -le contesté-. Realmente, no era mi intención alarmarle sin motivo, pero debe tomar precauciones. Un trago de este medoc le defenderá de la humedad.

Y diciendo esto, rompí el cuello de una botella que se hallaba en una larga fila de otras análogas, tumbadas en el húmedo suelo.

-Beba -le dije, ofreciéndole el vino.

Llevóse la botella a los labios, mirándome de soslayo. Hizo una pausa y me saludó con familiaridad. Los cascabeles sonaron.

-Bebo -dijo- a la salud de los enterrados que descansan en torno nuestro.

-Y yo, por la larga vida de usted.

De nuevo me cogió de mi brazo y continuamos nuestro camino.

-Esas cuevas -me dijo- son muy vastas.

-Los Montresors -le contesté- era una grande y numerosa familia.

-He olvidado cuáles eran sus armas.

-Un gran pie de oro en campo de azur. El pie aplasta a una serpiente rampante, cuyos dientes se clavan en el talón.

-¡Muy bien! -dijo.

Brillaba el vino en sus ojos y retiñían los cascabeles. También se caldeó mi fantasía a causa del medoc. Por entre las murallas formadas por montones de esqueletos, mezclados con barriles y toneles, llegamos a los más profundos recintos de las catacumbas. Me detuve de nuevo, esta vez me atreví a coger a Fortunato de un brazo, más arriba del codo.

-El salitre -le dije-. Vea usted cómo va aumentando. Como si fuera musgo, cuelga de las bóvedas. Ahora estamos bajo el lecho del río. Las gotas de humedad se filtran por entre los huesos. Venga usted. Volvamos antes de que sea muy tarde. Esa tos…

-No es nada -dijo-. Continuemos. Pero primero echemos otro traguito de medoc.

Rompí un frasco de vino de De Grave y se lo ofrecí. Lo vació de un trago. Sus ojos llamearon con ardiente fuego. Se echó a reír y tiró la botella al aire con un ademán que no pude comprender.

Le miré sorprendido. El repitió el movimiento, un movimiento grotesco.

-¿No comprende usted? -preguntó.

-No -le contesté.

-Entonces, ¿no es usted de la hermandad?

-¿Cómo?

-¿No pertenece usted a la masonería?

-Sí, sí -dije-; sí, sí.

-¿Usted? ¡Imposible! ¿Un masón?

-Un masón -repliqué.

-A ver, un signo -dijo.

-Éste -le contesté, sacando de debajo de mi roquelaire una paleta de albañil.

-Usted bromea -dijo, retrocediéndo unos pasos-. Pero, en fin, vamos por el amontillado.

-Bien -dije, guardando la herramienta bajo la capa y ofreciéndole de nuevo mi brazo.

Apoyóse pesadamente en él y seguimos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos por debajo de una serie de bajísimas bóvedas, bajamos, avanzamos luego, descendimos después y llegamos a una profunda cripta, donde la impureza del aire hacía enrojecer más que brillar nuestras antorchas. En lo más apartado de la cripta descubríase otra menos espaciosa. En sus paredes habían sido alineados restos humanos de los que se amontonaban en la cueva de encima de nosotros, tal como en las grandes catacumbas de París.

Tres lados de aquella cripta interior estaban también adornados del mismo modo. Del cuarto habían sido retirados los huesos y yacían esparcidos por el suelo, formando en un rincón un montón de cierta altura. Dentro de la pared, que había quedado así descubierta por el desprendimiento de los huesos, veíase todavía otro recinto interior, de unos cuatro pies de profundidad y tres de anchura, y con una altura de seis o siete. No parecía haber sido construido para un uso determinado, sino que formaba sencillamente un hueco entre dos de los enormes pilares que servían de apoyo a la bóveda de las catacumbas, y se apoyaba en una de las paredes de granito macizo que las circundaban.

En vano, Fortunato, levantando su antorcha casi consumida, trataba de penetrar la profundidad de aquel recinto. La débil luz nos impedía distinguir el fondo.

-Adelántese -le dije-. Ahí está el amontillado. Si aquí estuviera Luchesi…

-Es un ignorante -interrumpió mi amigo, avanzando con inseguro paso y seguido inmediatamente por mí.

En un momento llegó al fondo del nicho, y, al hallar interrumpido su paso por la roca, se detuvo atónito y perplejo. Un momento después había yo conseguido encadenarlo al granito. Había en su superficie dos argollas de hierro, separadas horizontalmente una de otra por unos dos pies. Rodear su cintura con los eslabones, para sujetarlo, fue cuestión de pocos segundos. Estaba demasiado aturdido para ofrecerme resistencia. Saqué la llave y retrocedí, saliendo del recinto.

-Pase usted la mano por la pared -le dije-, y no podrá menos que sentir el salitre. Está, en efecto, muy húmeda. Permítame que le ruegue que regrese. ¿No? Entonces, no me queda más remedio que abandonarlo; pero debo antes prestarle algunos cuidados que están en mi mano.

-¡El amontillado! -exclamó mi amigo, que no había salido aún de su asombro.

-Cierto -repliqué-, el amontillado.

Y diciendo estas palabras, me atareé en aquel montón de huesos a que antes he aludido. Apartándolos a un lado no tardé en dejar al descubierto cierta cantidad de piedra de construcción y mortero. Con estos materiales y la ayuda de mi paleta, empecé activamente a tapar la entrada del nicho. Apenas había colocado al primer trozo de mi obra de albañilería, cuando me di cuenta de que la embriaguez de Fortunato se había disipado en gran parte. El primer indicio que tuve de ello fue un gemido apagado que salió de la profundidad del recinto. No era ya el grito de un hombre embriagado. Se produjo luego un largo y obstinado silencio. Encima de la primera hilada coloqué la segunda, la tercera y la cuarta. Y oí entonces las furiosas sacudidas de la cadena. El ruido se prolongó unos minutos, durante los cuales, para deleitarme con él, interrumpí mi tarea y me senté en cuclillas sobre los huesos. Cuando se apaciguó, por fin, aquel rechinamiento, cogí de nuevo la paleta y acabé sin interrupción las quinta, sexta y séptima hiladas. La pared se hallaba entonces a la altura de mi pecho. De nuevo me detuve, y, levantando la antorcha por encima de la obra que había ejecutado, dirigí la luz sobre la figura que se hallaba en el interior.

Una serie de fuertes y agudos gritos salió de repente de la garganta del hombre encadenado, como si quisiera rechazarme con violencia hacia atrás.

Durante un momento vacilé y me estremecí. Saqué mi espada y empecé a tirar estocadas por el interior del nicho. Pero un momento de reflexión bastó para tranquilizarme. Puse la mano sobre la maciza pared de piedra y respiré satisfecho. Volví a acercarme a la pared, y contesté entonces a los gritos de quien clamaba. Los repetí, los acompañé y los vencí en extensión y fuerza. Así lo hice, y el que gritaba acabó por callarse.

Ya era medianoche, y llegaba a su término mi trabajo. Había dado fin a las octava, novena y décima hiladas. Había terminado casi la totalidad de la oncena, y quedaba tan sólo una piedra que colocar y revocar. Tenía que luchar con su peso. Sólo parcialmente se colocaba en la posición necesaria. Pero entonces salió del nicho una risa ahogada, que me puso los pelos de punta. Se emitía con una voz tan triste, que con dificultad la identifiqué con la del noble Fortunato. La voz decía:

-¡Ja, ja, ja! ¡Je, je, je! ¡Buena broma, amigo, buena broma! ¡Lo que nos reiremos luego en el palazzo, ¡je, je, je!, a propósito de nuestro vino! ¡Je, je, je!

-El amontillado -dije.

-¡Je, je, je! Sí, el amontillado. Pero, ¿no se nos hace tarde? ¿No estarán esperándonos en el palazzo Lady Fortunato y los demás? Vámonos.

-Sí -dije-; vámonos ya.

-¡Por el amor de Dios, Montresor!

-Sí -dije-; por el amor de Dios.

En vano me esforcé en obtener respuesta a aquellas palabras. Me impacienté y llamé en alta voz:

-¡Fortunato!

No hubo respuesta, y volví a llamar.

-¡Fortunato!

Tampoco me contestaron. Introduje una antorcha por el orificio que quedaba y la dejé caer en el interior. Me contestó sólo un cascabeleo. Sentía una presión en el corazón, sin duda causada por la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Con muchos esfuerzos coloqué en su sitio la última piedra y la cubrí con argamasa. Volví a levantar la antigua muralla de huesos contra la nueva pared. Durante medio siglo, nadie los ha tocado. In pace requiescat!

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miércoles, 6 de octubre de 2021

Los jóvenes investigadores denuncian que la ley Castells no acabará con la precariedad

Por Guillermo Martínez Rebelion / España 05/10/2021 Fuentes: La Marea Vanesa Nozal tiene 28 años, vive en Madrid e investiga en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre nuevos fármacos. Estudió Química en la Universidad de Valladolid y se trasladó a la capital, a la Universidad Complutense (UCM), para realizar el máster que la relanzaría en su carrera investigadora. A pesar de ello, según explica, tendrá que irse al extranjero en cuanto lea su tesis doctoral el año que viene. El texto presentado por el ministro de Universidades, Manuel Castells, sobre la nueva Ley Orgánica del Sistema Universitario, tampoco ha creado en ella ciertas expectativas de quedarse en España. La Federación de Jóvenes Investigadores – Precarios (FJI), a la que pertenece Nozal, ha criticado duramente el anteproyecto de ley. Paco Palazón, otro integrante de la FJI, se ha estudiado concienzudamente el anteproyecto: “Partimos de la base de que la estabilización en la carrera investigadora se produce cuando ya tenemos más de 40 años, según los propios datos del Ministerio de Universidades. En la gran precariedad en la que nos encontramos, concatenamos contratos temporales sin garantía de permanencia, es todo una jungla en cuanto a convocatorias competitivas y falta un diseño claro de la carrera investigadora”, introduce este investigador del Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia. La LOSU no recoge la creación de un Estatuto del Personal de Investigación, tal y como viene reclamando la FJI desde su creación. De esta forma, podrían adquirir derechos básicos que ahora se les niegan, como la indemnización por finalización del contrato o la limitación de su concatenación en la misma entidad, tal y como sí recogen múltiples convenios colectivos en otros sectores. “Creemos que la LOSU no va a resolver el gran problema de la precariedad porque, para empezar, no recoge ninguna memoria económica. No seamos ilusos, sin inversión o un plan de choque con gran oferta de empleo público que reponga tantos años de recortes, las cosas podrán cambiar de nombre, pero poco más”, se explaya Palazón. Así ocurrirá, tal y como recoge el anteproyecto, con las nuevas categorías de “titular laboral” o “catedrático laboral”, que serán administradas desde las comunidades autónomas, un hecho que desde la FJI denominan como “un grave error” y “una forma de escurrir el bulto” por parte del Ministerio. Palazón también se refiere a la alta burocratización a la que se enfrentan en su gremio, pero acepta que en ocasiones es una salvaguarda para evitar ciertas irregularidades. La endogamia universitaria En este sentido, el texto presentado por Castells refleja la eliminación de una acreditación para poder llegar a la categoría de “profesor ayudante doctor”, y aunque desde la FJI critican los criterios que hay para obtenerla, también defienden que es mejor la normativa actual que su supresión. “Quitar el filtro externo va a dar más poder a cada universidad para hacer lo que quiera, y la endogamia seguirá. Continuará la prevaricación en las contrataciones que, encima, las gestionan los departamentos de cada centro de estudios. Retuercen los baremos, o se publican después de la presentación de candidaturas, o se aplican valores de afinidad. Esas plazas salen con nombres y apellidos, aunque se supone que son públicas”, comenta Palazón a La Marea. Este aspecto de la endogamia sí podría cambiar algo si se llega a materializar otra idea recogida en la LOSU en relación con que los tribunales que deciden esas plazas estén constituidos por una mayoría de personas externas al centro y elegidas por sorteo. De hecho, esta cuestión es de gran importancia para investigadoras como Nozal, quien se trasladó a Madrid al ser la región en la que se concentran mayores posibilidades de futuro. “Deberían evaluar mi carrera investigadora, lo que yo he hecho, mi expediente, pero no si he colaborado con ese departamento o estudiado en esa universidad. Si cambia la endogamia que hay, quizá sí me piense retornar antes del país al que me iré”, afirma. La movilidad internacional, tan importante en el terreno de la investigación, actualmente se encuentra estancada en España. Las personas extranjeras que quieran homologar sus títulos tienen que esperar hasta dos años, pese a que el propio Castells afirmó que este proceso no duraría más de seis meses. “Hasta dos años para homologar un título de un país comunitario… En esas condiciones nadie va a venir a España a investigar porque no hay la estabilización necesaria”, concretiza Palazón. Una normativa clara, la solución. Este integrante de la FJI vuelve a la idea del Estatuto del Personal de Investigación, al igual que sucedió con la aprobación de un estatuto que tan solo englobaba a sus compañeros predoctorales. De esta forma, quienes ya se han doctorado, cuentan con menos derechos y prestaciones que los anteriores, frenando, de nuevo, la incentivación a continuar la carrera investigadora. “Queremos un diseño de carrera científica medianamente racional, no lo que hay ahora, que es todo un conjunto de convocatorias públicas, internacionales, nacionales o privadas sin ningún tipo de garantía”, sostiene el investigador de Valencia. Así pues, la FJI propondrá al Ministerio de Universidades y al de Ciencia un modelo denominado 4+5. Se trataría de cuatro años de formación predoctoral y unos 5 ó 6 de postdoctoral, en donde se puedan definir dos categorías: los junior y los senior. “Queremos objetivos claros y de sostenibilidad, y tampoco hace falta empezar de cero porque ya hay muchos programas que son válidos, como los de la Agencia Estatal de Investigación. Lo único que hay que hacer es acortarlos y establecer una serie de objetivos preestablecidos para que la gente valore si le interesa o no, pero no vivir en esta incertidumbre constante”, profundiza el mismo Palazón. La LOSU se queda corta Nozal, por su parte, aqueja una falta de mecanismos de control en la LOSU para el personal de su categoría, que realiza su tesis en el CSIC con un contrato de formación de profesorado universitario (FPU): “A los doctorandos se nos exprime al máximo cuando por contrato solo podemos dar 180 horas de docencia. La precariedad en la universidad hace que falte profesorado por todas partes, y la carga docente recae en los investigadores jóvenes”, ilustra la investigadora. Esta carga docente a la que alude se materializa en ser los responsables de grupos o la corrección de exámenes, dos funciones que no deberían realizar. Ella, docente en la UCM, afirma: «Existen muchas prácticas que siguen perpetuándose en la universidad pero que los predoctorales no tenemos la manera de decir que suceden”. Asimismo, ella asegura que consiguió uno de los contratos de excelencia que otorga el Ministerio de Universidades, los FPU. En este sentido, los tiempos ministeriales en cuanto a publicación de ayudas y otras prestaciones no van parejos a las necesidades reales de los investigadores. El Ministerio no acompaña a los investigadores Así lo explica la propia Nozal: “Esas ayudas las solicitamos en diciembre de un año y las adjudican en julio, que ya es algo tarde aunque normal. Pues este año estamos en septiembre y todavía no las han resuelto, así que hay más de 2.500 investigadores jóvenes que no saben dónde van a estar en un mes”. Ese es el momento en el que salen a relucir esa carrera obligada y desenfrenada de los méritos: “En este tiempo entre contrato y contrato, muchos laboratorios te dicen que puedes seguir yendo a trabajar con la excusa de los méritos o firmar en un paper, pero ahora sin contrato porque estos centros tampoco tienen dinero para contratarte. Al final es la rueda que te pasa por encima”, comenta esta investigadora del CSIC, que cobra poco más de 1.200 euros netos al mes. Desde su punto de vista, la LOSU “tiene un tinte de quitar plazas funcionariales para suplirlas por otras laborales”, lo que es un grave error según su lectura: “Se tiende a pensar que los funcionarios se apoltronan, pero no nos imaginamos lo que seríamos capaces de hacer si un científico no se tuviera que preocupar por la financiación y burocracia de sus proyectos para poder enfocar toda su capacidad en la investigación”. Nozal será otra de las cientos de personas que marcharán de España para poder seguir investigando, una vez doctorada. “Yo no me planteo ni tener hijos ni poder casarme ni nada de esto. Yo me iré al extranjero, y el principal problema es que no sé si volveré. Aunque me vaya cinco años y me convierta en la mejor investigadora, tampoco tendría muchas más opciones de conseguir cierta estabilidad en España”, concluye. Fuente: https://www.lamarea.com/2021/10/04/los-jovenes-investigadores-denuncian-que-la-ley-castells-no-acabara-con-la-precariedad/ *++

Diderot, el ateismo apacible

En 1713, tal día como hoy, nacía Denis Diderot, el director de la Enciclopedia Francesa, obra emblemática de la Ilustración. Para él la religión exige el sacrificio de la razón al pedir a los hombres que adopten una creencia sin fundamento.
Pascal Charbonnat El Viejo Topo 5 octubre, 2021 Como todos los materialistas del siglo XVIII, Diderot hace una crítica de la religión que apunta a establecer la falsedad de todos los cultos. Al igual que Du Marsais, en sus años de juventud pasa por un deísmo del que extrae sus primeros argumentos contra el oscurantismo. Llega al ateísmo cuando examina los fundamentos del conocimiento. Esta posición se vuelve definitiva tras sus primeras representaciones del mundo y de la materia. El ateísmo de Diderot no es más que una consecuencia, no un motor, de concepciones más amplias. El deísmo de juventud se encuentra en los Pensamientos filosóficos de 1746. Los argumentos son los clásicos de un irreligioso. La religión instituida y la superstición son dañinas para los hombres. Parafraseando a Bayle, piensa que la superstición es más ofensiva a lo divino que el ateísmo. Esta creencia vulgar es sustentada por la religión oficial, que inculca al pueblo la idea de una divinidad cruel a la que hay que temer sobre todas las cosas. El miedo al sufrimiento lleva a los más ingenuos a las creencias más extravagantes. Los convence de que han de rechazar sus pasiones y las fuentes de los placeres, cuando en realidad estos no son malos si su práctica es equilibrada. Finalmente, pese a que la diversidad de cultos demuestra la falsedad de la religión, el filósofo ha de plegarse a las reglas de la ortodoxia reinante. El joven Diderot intenta salvar las apariencias. Por otra parte, lleva la crítica al terreno del ateísmo. Lo hace para justificar su deísmo. En este texto, ateísmo y materialismo significan lo mismo. El materialista es el que niega la existencia de una divinidad y la inmortalidad del alma. Diderot retoma por su cuenta la definición parcial de los defensores del cristianismo. ¿Qué les reprocha a los ateos? No su supuesta concepción de una formación azarosa del mundo: tal argumento es ineficaz, pues, dada una cantidad infinita de materia el ordenamiento autónomo del mundo es altamente probable. Cuestiona la ignorancia por parte de ellos de la perfección de las obras de la naturaleza, demostrada por la física experimental y que es el signo de la existencia de un ser soberanamente inteligente. Es, pues, mediante el estudio de la naturaleza que el deísta ha de convencer de su error al ateo. Después de este texto, Diderot cambia rápidamente de opinión. El cambio es visible desde 1749, en su Carta sobre los ciegos. En ella condena el argumento de las maravillas de la naturaleza que utilizó en sus Pensamientos, según el cual la belleza del mundo es una prueba de la existencia divina. Para un ciego de nacimiento, este argumento no es pertinente; ¿cómo podría él tener una idea de esta armonía visual? Tendría que poder tocar con sus dedos este carácter maravilloso de las cosas. Pero el tacto no revela nada de eso. ¿Acaso la divinidad sólo es accesible por medio de un único sentido? La idea contradice la supuesta perfección divina. En realidad, la suposición de un ser primero no viene sino a redoblar la ignorancia humana respecto al origen del orden universal. Cubre con un ‘nudo’ aún más difícil de desatar, un asunto ya de por sí difícil. La conversión al ateísmo se manifiesta de inmediato, tan rápida como la celeridad con la que Diderot es encerrado en Vincennes. La represión no lo desanima y prosigue su crítica a la religión. En La Religiosa ataca las costumbres de los lugares de reclusión. La novela describe el itinerario de una joven obligada por sus padres a ingresar en un convento. Lucha por escapar de él y explora todos los medios para sustraerse a las humillaciones a que la someten sus superioras. Este lóbrego universo sume a la heroína en una especie de compendio de todas las perversiones humanas. Víctima del sadismo y de la crueldad en un primer convento, en otro se convierte en la favorita de la superiora que se enamora de ella y acaba por volverse loca. Finalmente se escapa clandestinamente de esta prisión y es recogida por una lavandera. Más allá de la crítica de la vida en reclusión, Diderot denuncia el proceso general de perversión que engendra la religión. La humanidad ha de satisfacer las necesidades de su naturaleza, en particular la de vivir en sociedad. Si se ve obligada a reprimirlas, surgen los problemas. La religión es perjudicial porque basa su dominación en la frustración y la represión de los cuerpos. Es un ultraje a la naturaleza y al sano raciocinio. Este trabajo de corrupción de la naturaleza humana es puesto al descubierto en la Adición a los pensamientos filosóficos (1762). Según Diderot, la religión exige el sacrificio de la razón al pedir a los hombres que adopten una creencia sin fundamento. Lo hace depender todo de la fe, que no es más que un principio quimérico. ¿Cómo podría Dios pedir la renuncia a la prueba mediante los sentidos cuando es su supuesto creador? Todos los seres de la naturaleza sólo viven en función de sus sentidos; ninguno puede esperar conservarse y prosperar mediante la fe. Esta no es más que una idea abstracta, sin fundamento real, que conduce necesariamente a la alteración del juicio. Quiere hacernos creer en una recompensa o en un castigo después de la muerte como si las acciones de los seres creados pudieran liberarse de las reglas que los determinan. La vida enseña a los hombres que el verdadero fundamento de la moral se sitúa en el placer y el dolor de este mundo, no en un desconocido post mortem. La religión deforma las costumbres y los reflejos transmitidos por la naturaleza, para travestir lo patológico en una norma absurda. La superstición y el ocultismo no funcionan de otra manera. Ponen en práctica una estrategia de desarreglo de la salud mental y física de un individuo. Da un ejemplo de ello en Mistificación (1768), que es un breve relato novelado sobre la credulidad de una mujer ante un charlatán. El engañador y el engañado son dos piezas de un mismo mecanismo. Aquél saca su energía de la inquietud presente en cada uno y produce finalmente esta creencia enfermiza en la superchería. El remedio sólo es accesible a quienes están dispuestos a acabar con los prejuicios. Comenzar a dudar anuncia el comienzo de la curación. El filósofo ha de dar prueba de sinceridad, hablar de ateísmo cuando pueda, pero sin hacerse la ilusión de que su opinión puede cambiar a la mayoría de los espíritus. Delante de los magistrados, ha de ocultar su irreligión, pues su conservación es mucho más importante. En la sociedad, se somete a las ceremonias de la Iglesia para no dañar su posición social. En suma, Diderot no ve en el ateísmo una razón para sacrificar las necesidades de su ser; es decir, de deificar a la verdad poniendo en peligro su vida. El incrédulo, tal como lo presenta en su Conversación de un filósofo con la mariscala de***, no tiene la misma acritud que el fanático. Es más bonachón y ajeno a cualquier empresa de proselitismo. Con ayuda de su razón, discute sobre lo divino como un filósofo: algunos pretenden que un espíritu puede crear la materia, ¿por qué la materia no podría crear un espíritu? Si se engañara, nada tendría que temer. Dios no podría reprocharle haber cometido una falta de razonamiento. Fuente: Segundo apartado de la sección 5.4 del Capítulo 7º del libro de Pascal Charbonnat Historia de las filosofías materialistas. *++