martes, 5 de octubre de 2021

El estado de la economía y de unas movilizaciones que deberían cuestionarlo

El estado de la economía y de unas movilizaciones que deberán cuestionarlo
DIARIO OCTUBRE / octubre 5, 2021 Se inicia el otoño con el anuncio de reformas como la laboral, la fiscal y la de pensiones, que está ya muy avanzada. Todas supondrán más recortes sociales a los que hay que sumar una inflación que se dispara y que inevitablemente ataca a las clases trabajadoras. Esas reformas son, en realidad, exigencias de la Unión Europea, la cual ha dictado que si no se llevan a cabo no llegarán unos fondos europeos que, para más inri, nacen con trampa: solo se podrán invertir donde los mandamases de Bruselas y Berlín decidan, y la deuda que generen la acabaremos pagando nosotros. Ante ello, no solo habrá que retomar las movilizaciones, sino que estas no podrán repetirse en la misma forma en que se dieron en la década anterior, empezando porque habrá que situarlas en una clara ruptura con la política imperial de la Unión Europea. Mirar para otro lado es alimentar ilusiones electoreras, como las que se han venido depositando en las autodenominadas “fuerzas del cambio”. Igualmente, no podremos obviar que la represión se ha adaptado a las múltiples y dispersas manifestaciones de indignación de la década anterior. Pero en realidad todo depende de nuestra claridad y determinación. El sistema, y no solo en clave nacional, está más que podrido, y si somos capaces de unir las luchas y elevarlas políticamente en un claro cuestionamiento de poder, veremos cómo serán ellos y sus acompañantes de la politiquería los que se muestren débiles. Y hasta ganaremos en eficacia inmediata. Porque solo desde esa determinación (revolucionaria, sí) seremos capaces de ir arrancando reivindicaciones parciales aquí y allá. Hay que salir del bucle fatal que va del ilusionismo imposible a la desmoralización y viceversa. Tras una década de aprendizajes, habrá que convencerse de que la reforma más eficaz, posible e ilusionadora consiste en desinfectar el poder de parásitos y ocuparlo de manera planificada. Antes y después. Planeando al máximo la lucha hasta conseguirlo, de forma seria y organizada, para luego planificar la organización social de nuestras vidas como única alternativa viable al desastre y desorden criminal a que nos conduce la pandemia del capitalismo. * Efectivamente, la situación del sistema capitalista no solo rezuma podredumbre a niveles de países intermedios como el nuestro, también lo hace en las principales potencias. Otra cosa es que estas, empezando por los EEUU, hayan estado exportando sus miserias a las periferias mediante imposiciones comerciales, mediante la deuda externa, etc. Pero desde hace más de una década se les ha estrechado sobremanera el margen para echar balones fuera, y cuando todavía no se había salido de la crisis que estalló en 2007-2008 ya se estaba entrando en una segunda réplica. Si bien es verdad que esta ha sido agravada por la pandemia, han utilizado la emergencia sanitaria para tapar la gravedad de su crisis económica y rebajar así el cuestionamiento que se hacía al conjunto de una “economía de mercadeo” que no para de negarse a sí misma, echando manos de la intervención estatal exclusivamente para rescatar a inútiles plutócratas. A propósito de los cuestionamientos sistémicos, han de andar algo preocupados, cuando la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, recientemente decía que “el capitalismo […] no ha servido a nuestra economía tan bien como debería”. Eso sí, para inmediatamente, añadir que “lo que queremos hacer no es apartarnos de él, sino mejorarlo y garantizar que nos sirva”. Sin duda, andan mucho menos sobrados de argumentos si comparamos con aquella borrachera del “fin de la historia”. La situación macroeconómica mundial está lejos de entrar en vías de estabilización conllevando, al contrario, serias consecuencias geoestratégicas: desde las guerras regionales hasta las comerciales, que se acompañan de provocadoras maniobras militares como ya hace EEUU con China. Un factor económico de desestabilización mundial de primer orden es la cada vez más desorbitada emisión de estímulos de EEUU, la impresión de dinero de la nada, que afecta a la propia moneda-divisa mundial. Estas emisiones astronómicas de estímulos -con las que ya compite la propia Unión Europea- no han buscado otra cosa que forzar la hegemonía estadounidense: “los planes de inversión del presidente Joe Biden […] son clave para que Estados Unidos conserve su posición de primera potencia mundial”, declaraba la secretaria del Tesoro de Estados Unidos Janet Yellen. Todas estas maniobras financieras tan propias de “países avanzados”, suponen en realidad la expropiación de lo producido en otros lados, no ya a través de inversiones o exportación de capital, sino por la vía monetaria, aprovechando el “privilegio desorbitado” que le da a la Reserva Federal de los EEUU ser la institución que imprime la divisa mundial por excelencia, y que le permite “endeudarse gratuitamente a expensas de otros países” (De Gaulle, 1965). Esa emisión monetaria desproporcionada aumenta artificialmente los beneficios de los grandes emporios empresariales, especialmente los financieros. Hay que destacar también el papel que estos estímulos monetarios —junto a las políticas imperialistas de exportación de capital y de la propia crisis al exterior— han venido jugando en el sostenimiento de una clase media y una aristocracia obrera de las potencias imperiales, a la que han brindado de una forzada capacidad de consumo y de demanda, sin que haya habido un aumento proporcional de la producción. Este fenómeno es especialmente relevante en EEUU, país que históricamente se ha preocupado de crear su propia bodyguard (guardaespaldas, en palabras del historiador Howard Zinn) interior: una amplia clase media inflada por una financiación sin igual en el mundo. Por cierto que estas capas, que históricamente han cumplido el papel de colchón social de la burguesía, están entrando en crisis y con ello generando expresiones políticas propias; expresiones que ante la ausencia de una salida progresista a la propia crisis pueden mirar fácilmente hacia el campo de la reacción. Hace meses que se venía avisando sobre una posible subida de la inflación, cuya causa de fondo serían las mencionadas políticas monetarias expansivas de la FED y el BCE que han venido creando miles de millones de dólares y euros de la nada haciendo crecer artificialmente la demanda y posibilitando el sobreendeudamiento de Estados y empresas privadas. Pues bien, la inflación ha llegado y además con fuerza, situándose en el mes de septiembre en unas cifras que no se veían desde 2008, en el momento en que quebraba Lehman Brothers y se desataba la gran crisis financiera. Además, esta vez la inflación previsiblemente ha llegado para quedarse, aupada además de por los límites históricos de las políticas mencionadas, por las enormes subidas en los precios de las energías y también, y de manera más coyuntural, por una serie de cuellos de botella y desajustes en las cadenas de suministro internacionales. Algunos de los desajustes más importantes son respecto a semiconductores y microchips, que están imponiendo parones en una importante rama de la producción como es la del automóvil; o también la actual crisis de los contenedores, que está generando problemas en el tráfico marítimo y traerá nuevos problemas de abastecimientos. La crisis energética parece estar llegando también a China, donde hay que sumar unas nuevas políticas medioambientales que están imponiendo límites de consumos de energía a ciertas industrias, que pueden provocar más aumentos en los precios y problemas de escasez. La inflación a nivel global está pasando a ser de costes, en lo que toca a las materias primas y a la fabricación, con lo que las actuales subidas de precios serían estructurales y menos transitorias y reversibles.
El efecto principal y más directo de todo esto es la pérdida de poder adquisitivo y de capacidad de acceso a medios de subsistencia por parte de la clase obrera y de otros sectores populares. No hay más que mirar los ridículos aumentos en el SMI aprobados por el gobierno español, comparables en cuanto a eficiencia “contra la crisis” a toda la batería de medidas tomadas durante la pandemia por el gobierno —el tan cacareado escudo social—, que contrastan con las enormes subidas en los precios de la luz, los combustibles, la vivienda o la cesta de la compra. Mientras tanto, el desempleo continúa situándose en cifras elevadísimas y actúa de facto como un elemento de presión de los salarios a la baja. Centrándonos en la Unión Europea, la actual emisión de estímulos viene de la mano de los llamados fondos de reconstrucción. Sobre ellos hemos de resaltar algunos aspectos clave, sobre todo en lo que concierne a países que no pertenecen al núcleo duro de la UE como es el nuestro. Por el lado que nos ocupa a ras de calle, los fondos de reconstrucción constituyen un arma contra las clases populares por la batería de recortes socio-laborales que traen aparejados. Reparemos en que el gobierno debe aprobar, como media, cada quincena una ley del paquete exigido por la Unión Europea, destacando la reforma de las pensiones, la reforma fiscal o las nuevas medidas en lo laboral. Los fondos se entregarán por partidas a plazo en función de si se cumplen dichas exigencias. Eso, mientras sigue vigente la ley de estabilidad presupuestaria que sigue imponiendo el pago de la deuda a cualquier tipo de gasto social, y mientras se han aprobado nuevas reformas en la administración (Real Decreto-ley 36/2020) para facilitar la adquisición del dinero de estos fondos por manos privadas, mientras el Estado asume los riesgos. Pero los fondos también suponen una alfombra para la penetración de capital externo en el mercado y los nichos de negocio internos. Expresan una pugna entre el capital nacional y un capital extranjero que pretende aumentar el control sobre la economía española. Los fondos traen consigo el que sea desde Bruselas o Berlín desde donde se decide, al menos en parte, a qué sectores y cómo va destinado ese dinero. Y es muy importante destacar esto porque es algo que se está tapando en las declaraciones de bienvenida a esas partidas europeas. Ese “maná europeo” abre oportunidades de negocio en los que quieren pescar grandes capitales extranjeros, y podemos poner ya ejemplos concretos como la adquisición por parte del fondo de inversión australiano IFM de buena parte de Naturgy. Por último, los fondos no son gratis e implican un aumento de la deuda pública y privada — destacando aquí la de muchas empresas que quebrarán o acabarán siendo rescatadas— a niveles difícilmente sostenibles. Este endeudamiento continuado, junto con el miedo a la propia inflación, puede llevar a una pérdida de confianza y a una crisis de deuda y una recesión muy profundas. Ya hay diversas voces que alertan sobre ello. * Es en este escenario en el que habrá que contextuar nuestra actividad práctica y nuestras exigencias y reivindicaciones. No para autodecretarnos que no serán posibles, sino para establecer la estrategia de lucha más realista y eficaz en que podremos alcanzarlas y arrancarlas. Lo cierto es que cada vez hay menos margen para el reformismo, máxime cuando se es un país de segunda fila entre las potencias occidentales. Solo un gobierno en auténtica clave de ruptura, con todo lo que ello comporta, podría hacer política antirrecortes y enfrentar las reformas y políticas exigidas desde la UE.
La degradación socio-laboral sin una salida en clave popular hace que se alimente la división entre sectores afectados por la crisis, al tiempo que la reacción más extrema se envalentona y se organiza. La historia demuestra cómo los propios Estados, y hoy los regímenes de contrarrevolución preventiva, echan manos de esa reacción más extrema para dividir a la clase obrera y al conjunto de sectores populares, mientras aíslan mediática y políticamente y echando mano de la represión a las personas más avanzadas en la lucha social. Todo esto afecta a una movilización que, desde luego, no podrá salir de su actual estancamiento limitándose a los cartuchos —estos sí que caducados, y con razón— de la década anterior. Ciertamente pocas dudas cabe albergar acerca de que la movilización que se dio en la década anterior está agotada y que no podrá repetir ni la canalización electoral ni la manifestación por la manifestación. No hay que extrañarse (ni quejarse) de que al respecto haya cansancio y desidia en los sectores populares, entre otras cosas por haberse concluido que la movilización en sí misma tampoco sirve para gran cosa. Pero a la vez, la realidad es que la movilización bien llevada, la propia lucha de clases, consigue más reivindicaciones que jugárselo todo a la mera delegación electoral, social o sindical. Y por cierto y a modo de inciso, justamente en el terreno sindical se debe tener en cuenta la propia represión laboral y ha de poner en juego mecanismos de protección del trabajador que modulan los propios métodos de lucha y la combinación de estos. En toda movilización ha de promoverse cuanto antes la unidad intersectorial. Al principio no hace falta que sean todos los actores de una movilización quienes hagan suya otra, pero se debe promover ese trabajo de interrelación. Urge dar un salto cualitativo y no perder la perspectiva de la toma del poder incluso desde el trabajo más cotidiano. Al tiempo que trabajamos la unidad popular combativa entre sectores, ha de ir abriéndose en cada uno de ellos la defensa de un referente político de masas común, que incluya una serie de exigencias que planteen la verdadera solución a nuestros problemas, y que muestre en la práctica el camino para amplios sectores del pueblo. Hemos tenido más de una década para aprender lo que no es posible. Y no cabe el desánimo ante la altura del reto que nos hemos de proponer. Los “de arriba” no son tan fuertes y están infectados no solo por su condición parásita sino por sus múltiples problemas. No es verdad que dominen todo lo que pasa; algo que se puede ver desde el descontrol que tienen sobre la economía real o sus disputas internas, hasta acontecimientos como los recientes en Afganistán donde el imperialismo occidental ha salido derrotado de forma humillante. Acabemos expresando lo que para nuestra organización es lo más decisivo. Todo ese trabajo de intervención en la perspectiva revolucionaria, de cuestionamiento del poder, no se podrá realizar de forma espontánea. Es imprescindible desarrollar el plano superior revolucionario, donde es clave la comprensión de lo que hemos dado en llamar la dualidad organizativa, que implica asumir que las dinámicas militantes del movimiento popular y del propio plano superior revolucionario son complementarias pero muy diferentes. Y todo esto requiere una dedicación y un trabajo de formación política que se sale de la “mera” formación clásica, al que nos hemos de entregar. FUENTE: Red Roja *++

lunes, 4 de octubre de 2021

Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino” frente a Clara Campoamor. (Los hechos acontecen siempre en un tiempo concreto y en unas circunstancias también concretas. Estos dos aspectos hay que tenerlos siempre presentes para su correspondiente análisis y enjuiciamiento. Análisis y enjuiciamiento que deben hacerse en función de los valores y conceptos sociales que imperaban en el momento en que acontecieron. Actuar de otro modo conduce a desvirtuar la naturaleza y sentido de los mismos)

 

Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino” frente a Clara Campoamor

 

Por Juan Luis Valenzuela

Rebelion / España

02/10/2021 

F 1

Fuentes: El plural [Imagen: Clara Campoamor y Victoria Kent]

A los 90 años de la aprobación del voto femenino en España, analizamos el complejo debate político que lo posibilitó

La lucha entre dos feministas El 1 de octubre de 1931 fue un gran día para el avance en la libertad e igualdad de las mujeres españolas. Hoy hace 90 años que las Cortes aprobaron el artículo de la Constitución de la II República por el cual las españolas podrían participar de manera directa en la política con su derecho a votar. El voto femenino se lograba así y las mujeres lo ejercerían de facto en las elecciones de noviembre de 1933.

Miedo a una posible arma que acabase con la república

Algo que ahora se percibe como elemental en cambio no resultó ser un camino fácil. En aquella II República ansiosa de cambios y transformación social, justo es decir que existían en su propio seno sectores que se oponían, o al menos se mostraban remisos, a la aprobación del sufragio universal femenino al pensar que el voto de las mujeres tendría una clara tendencia conservadora y que sería tanto como poner en sus manos «un arma que acabaría con la república». Quienes apostaban por esta tesis apoyaban conceder a las mujeres el derecho a ser elegida, pero, en cambio, negarle el de poder votar, es decir impedirle ser electora.  Otros, también contrarios, plantearon aplazar el debate constitucional y que el voto femenino se recogiese en una ley electoral para que en el supuesto de que las mujeres votasen a la derecha pudiera derogarse de manera fulminante esa norma y con ella eliminar su derecho al voto.

“Influencia de la sacristía y del confesionario»

En todo ese debate hubo ataques a la mujer y declaraciones vejatorias tales como las de que la mujer servía para las labores domésticas y la educación de los hijos, pero que en cuanto a su participación política no era válida por su supuesta “influencia de la sacristía y del confesionario».  El debate fue inmensamente tenso cuando algunos diputados planteaban incluso cierta “incapacidad” de las mujeres para ejercer el voto en las urnas.

En el fondo, además de posiciones netamente retrógradas, se albergaba el temor de que las mujeres diesen una mayoría conservadora y acabasen con el sueño de la joven e incipiente II República.

El peso del  debate y de las dos posiciones contrapuestas recayó sobre dos mujeres, Clara Campoamor y Victoria Kent. Curiosamente un debate parlamentario sobre el derecho de la mujer a ejercer el más esencial derecho democrático en unas Cortes en las que solo había tres diputadas, entre ellas las dos debatientes. Fueron intervenciones apasionadas, de alto nivel pero también de alto voltaje que culminaron a la postre en una decisión histórica.

Un ring parlamentario con dos protagonistas

Como en un ring pugilístico, de una parte se encontraba la madrileña Clara Campoamor, abogada, escritora, política y defensora de los derechos de la mujer. Creadora de la Unión Republicana Femenina​, la mayor defensora del sufragio universal femenino sin limitaciones. En 1931 fue elegida diputada por Madrid por el Partido Radical.
Con 36 años, se convirtió en una de las pocas abogadas españolas del momento y pasó a ejercer su profesión. En 1925 se convirtió en la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, curiosamente solo un mes después que Victoria Kent.

Campoamor defiende el sufragio femenino contra su partido

Su posición era nítida y contraria a la de su partido: «Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano”. Y desde la tribuna dejó esta reflexión: «No dejéis que la mujer, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias«. A los falsos liberales contrarios al voto femenino, Clara Campoamor les espetó que «debieron tener más cuidado cuando durante el siglo XIX dejaban que sus mujeres frecuentaran el confesionario y que sus hijos poblaran los colegios de monjas y frailes».

Tras el estallido de la Guerra Civil tuvo que huir de España y se exilió en Suiza. Falleció en Lausana en 1972.

Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino”

Y siguiendo con el símil del ring, del otro lado la malagueña Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino”. Miembro del Partido Radical-Socialista, resultó elegida en 1931 diputada por Madrid. En las elecciones del 16 de febrero de 1936, Victoria Kent fue elegida diputada por Jaén en las listas de Izquierda Republicana. Fue, en el gobierno provisional presidido por Alcalá-Zamora, Directora General de Prisiones en abril de 1931. Era defensora de aplazar la decisión porque no la veía oportuna en ese momento. Ella misma afirmó en la tribuna que renunciaba, temporalmente, a su ideal.  Pero no confundamos su postura eventual con su ideario feminista. Kent fue una luchadora contra la nula participación de las mujeres en la política y combatió el machismo imperante. «No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República«, defendía la malagueña. Kent y sus aliados temían que las mujeres apoyasen en las urnas de forma masiva a la derecha dando al traste a las reformas progresistas que necesitaba España. La tesis era esperar a que la República se consolidase y, a partir de ahí, apoyar el sufragio femenino que ahora estaba “secuestrado”  por los padres, los maridos o los sacerdotes.

Una luchadora en el exilio

En defensa de su postura no partidaria en ese momento del sufragio femenino alegó lo siguiente: La mujer «para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal. Si todas las españolas fueran obreras o universitarias y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino». Murió en el exilio en Nueva York tras haber pasado por París (donde fue perseguida por el régimen de Franco tras la invasión nazi) y México.

El Congreso, finalmente, en una decisión muy ajustada aprobó convertir a las mujeres en electoras por 161 votos a favor y 121 en contra. Tras la derrota, Victoria Kent, intentó elimina de manera parcial la norma proponiendo que las mujeres solo pudieran votar en unas elecciones generales luego de haberlo votado en dos elecciones municipales consecutivas. Muchos años después, casi 50 años y ya en democracia,  la malagueña afirmaba que sus posiciones de los años treinta estaban adaptadas a las circunstancias que ya, afortunadamente, eran muy distintas: “Hoy la situación ha cambiado radicalmente, y la mujer se merece el voto porque ha luchado y está capacitada para él”.

Fuente: https://www.elplural.com/politica/espana/victoria-kent-feminista-se-opuso-voto-femenino-frente-clara-campoamor_275747102

 

domingo, 3 de octubre de 2021

Estrategias decrecentistas. (Cuando un orden social se “resquebraja” si lo aplicamos al capitalismo empieza por no ser “resquebrajamiento” (por lo pronto, con el diagnóstico tenemos que andarnos con mucho cuidado cuidadin, puesto que sobre un diagnóstico erróneo de un problema dado es imposible encontrar el remedio adecuado para su solución), sino sencillamente la imposibilidad material de que pueda seguir funcionando dentro de las propias condiciones económicas, políticas e ideológicas que el propio sistema capitalista en su desarrollo ha creado. Siendo esto así, le podemos dar cuantas vueltas queramos y pintarlo del color que más nos guste, incluso poniéndole música, que el problema a resolver se reduce a que puesto que el capitalismo ya no puede seguir funcionando aunque lo mande Dios –que además Dios no se mete en estas cosas- hay que crear unas nuevas condiciones económicas, políticas e ideológicas que hagan posible y permitan que todo el desarrollo económico, político e ideológico que se ha logrado al día de hoy (03.10.2021) pase a disposición y para el desarrollo material y espiritual de todo ser humano, lo que no es cuestión de madre de Dios que listo soy y cuantas cosas sé ni cosas parecidas, sino por la organización social y económica efectiva de los que conformamos la inmensa mayoría de la población de toda la Tierra que somos los trabajadores, empezando por la comunidad de vecinos en la que cada uno viva; la asociación de vecinos; las asociaciones de los pueblos o barrios, etcétera, etcétera y etcétera. Lo que no entendamos, que son innumerables cosas, ya nos buscaremos a quien nos las explique, que nos lo explique, no que lo haga por nosotros. Para hacer las cosas que haya que hacer ya estamos los trabajadores. Y claro es, para esto, lo primero que hay que hacer es dar un salto desde el sofá y ponerse en pie.)


Las estrategias de los movimientos sociales emancipadores se pueden agrupar en tres grandes bloques: frenar la degradación socioambiental, crear marcos culturales ecosociales y construir satisfactores de las necesidades universalizables y resilientes.

Estrategias decrecentistas


Luis González Reyes

El Viejo Topo

3 octubre, 2021 


Las estrategias de los movimientos sociales emancipadores se pueden agrupar en tres grandes bloques: frenar la degradación socioambiental, crear marcos culturales ecosociales y construir satisfactores de las necesidades universalizables (justos) y resilientes. En este artículo lanzo propuestas de cómo abordar estas tres grandes líneas estratégicas con una mirada decrecentista en el actual contexto de crisis civilizatoria.

Apuntes de contexto

Empiezo señalando tres aspectos del contexto con fuertes implicaciones en las estrategias a llevar a cabo. La primera idea es que el colapso de la civilización industrial y del capitalismo global es inevitable. El ineludible decrecimiento global en el consumo de materia y energía conlleva la imposibilidad de sostener nuestro sistema socioeconómico. Un corolario estratégico de este hecho es que las iniciativas decrecentistas, aunque puedan parecer política, sociológica y económicamente alejadas del sentido común, en realidad pueden terminar estándolo mucho más de lo que, con una mentalidad del siglo XX, parece. Nadan a favor de la corriente. Es más, tenemos más posibilidades de que sean mayoritarias que en el siglo XX, pues cuando un orden social se resquebraja, de sus ruinas surgirán inevitablemente otras articulaciones. Este proceso es totalmente indeterminado y está muy abierto. Quienes tengan la capacidad de organizarse, la lucidez de leer bien el contexto y la voluntad de construir satisfactores resilientes, escalables y/o replicables, tendrán muchas posibilidades de influir con fuerza en los cambios sociales para que, del colapso del capitalismo global, surjan órdenes ecosociales.

La segunda idea es que el colapso está sucediendo ya, al menos en sus primeras fases. Para muestra, podemos recorrer la retahíla de hechos absolutamente excepcionales de los últimos meses en todo el globo, todos ellos relacionados con la crisis ecosistémica (pandemia, fenómenos meteorológicos extremos, crisis económica, plagas, incendios, etc.). Y aunque el colapso no hubiera empezado, esto no implicaría que tengamos tiempo para realizar una transición tranquila, porque si queremos tener alguna posibilidad de no superar los umbrales que disparen procesos de degradación climática y ecosistémica, hay que actuar ya y con mucha velocidad. Esta ausencia de tiempo (unida a la aceptación de la incapacidad humana para controlar la complejidad) impone que la transición no podrá ser ordenada y no podemos hacerla en dos fases, que es lo que nos proponen quienes plantean propuestas de Green New Deal bienintencionadas (hay otras que no lo son). No podemos planificar hacer primero lo fácil (un nuevo desarrollo industrial, esta vez basado en las renovables) y luego lo difícil (un decrecimiento en el consumo material y energético).

De la inevitabilidad del colapso y la falta de tiempo surge que nuestras opciones estratégicas van a tener que escoger en muchos casos el mal menor. Llevar hasta sus últimas implicaciones el hecho de que somos ecodependientes supone que la prioridad tiene que ser el sostenimiento de los equilibrios ecosistémicos. Eso quiere decir que, aunque nos parezca horrible un colapso rápido del capitalismo global, es la opción menos mala, pues es la que minimiza la quiebra del funcionamiento de la trama de la vida. Y eso desde una mirada antropocéntrica, pues con una ecocéntrica el desmoronamiento rápido de un sistema tan ecocida como el capitalismo global es una excelente noticia. Pero no solo somos ecodependientes, también somos interdependientes. Por ello, una pésima opción es la degradación de los lazos sociales. De ahí surgen dos prioridades básicas: preservación ambiental y preservación del tejido social para poder satisfacer las necesidades humanas. Todo lo demás (y, ojo, hay muchas cosas en ese “todo lo demás”) sería secundario. Esto nos lleva al primero de los bloques estratégicos.

Resistencia frente a la degradación socioambiental

En nuestras luchas de este tipo seguimos actuando como si los únicos agentes de destrucción socioambiental fuesen el Estado y/o las empresas. Pero si lo que tenemos por delante es un desmoronamiento (o al menos debilitamiento) generalizado de las instituciones sociales y, sobre todo, un cambio considerable de las condiciones ecosistémicas es probable que el principal agente destructor pase a ser el conjunto del sistema planetario. Dicho con un ejemplo, que la preservación de una zona verde no dependa ya solo de la política urbanística del ayuntamiento, sino del grado que alcance la distorsión climática.

Esto no implica que tengamos que retirar el foco de actuación de las Administraciones públicas y privadas, lo que sería una insensatez porque son determinantes y lo seguirán siendo, aunque se vayan debilitando. Lo que supone es que tenemos que aumentar nuestra mirada frente a qué hay que resistir. Aterrizando esto en campañas concretas, probablemente necesitemos unir la resistencia a las alternativas. No solo plantarle cara al ayuntamiento y a la promotora urbanística que quieren cementar el espacio verde, sino hacerlo poniendo en marcha un proyecto permacultural en la zona que sea resiliente frente a la emergencia climática y fije las mayores cantidades posibles de CO2.

Pero hay otro agente más contra el que tendremos que resistir: los movimientos sociales fascistas, que en el contexto de descomposición tendrán fuerza. Esto pasará en gran parte por desactivarlos construyendo marcos culturales y satisfactores de necesidades ecosociales (ver más adelante), pero también por poner cortafuegos en las calles y las instituciones.

Muchas veces, los procesos de resistencia están ligados a los insurreccionales. Simplificando mucho, podríamos decir que hay dos tipos de insurrecciones, aquellas que tienen objetivos políticos que articulan con claridad la insurrección y aquellas que son respuestas poco organizadas frente a agresiones. Las segundas pueden ser el caldo de cultivo perfecto para, en tiempos turbulentos como los que tenemos, justificar socialmente la necesidad de medidas autoritarias de corte reaccionario. De este modo, deberíamos intentar que la resistencia se enmarque en la insurrección con fines políticos ecosociales claros.

Por otro lado, como el proceso de colapso es inevitable, muchas de las políticas contra las que resistimos actualmente irán dejando de tener sentido. Por ejemplo, los tratados de libre comercio e inversión son políticas del siglo XX, no del siglo XXI. Conforme la disponibilidad de combustibles fósiles empiece a menguar ostensiblemente, caerán. Mientras en el siglo pasado las luchas largas tenían más posibilidades de terminar en derrota, en el siglo XXI alargar luchas del siglo XX puede ser una buena estrategia, pues nadaríamos a favor de corriente.

Una cuarta idea parte de analizar lo que implica preservar el tejido social hoy. Durante el siglo XX, la economía global estuvo creciendo. Aunque el reparto de beneficios fue muy desigual, como la tarta aumentaba se produjo un efecto goteo que hizo que los ingresos de amplias capas sociales creciesen. Ese no es el escenario del vigente siglo. Ahora la tarta va a disminuir fruto de un descenso en la disponibilidad energética y material (el PIB tiene una correlación casi lineal con el consumo material y energético). Eso hace mucho más importante la redistribución de la riqueza, pues en caso contrario amplias capas sociales no tendrán la base material para poder tejer socialmente nada. Dicho más en concreto, las expropiaciones, ocupaciones, rentas básicas de las iguales, políticas fiscales fuertemente redistributivas y compañía son más importantes que nuncaHacer posible esta redistribución pasa por vidas muy austeras en el consumo material y energético del conjunto de la población. Por poner un ejemplo de lo que esto supondría a nivel energético, no solo sería un menor consumo (por ejemplo, menos movilidad o climatización), sino también un consumo distinto (con cortes en los momentos de menor producción de las renovables). Para analizar cómo sería la construcción de estos imaginarios sociales de austeridad, entro en el siguiente bloque de acción.

Marcos culturales ecosociales

Abordar un cambio cultural requiere transformar el sistema educativo, entendiéndolo en un sentido amplio. En este ámbito, cualquier transformación de calado, si solo cuenta con la dinámica y la fuerza interna, es lento y abarca varias generaciones. Sin embargo, no solo contamos con las fuerzas internas (que además son limitadas). Toda la labor de sensibilización que hemos intentado realizar distintos movimientos sociales se está produciendo de golpe y es probable que ese proceso vaya en aumento. Tenemos que ser capaces de nadar con la corriente para aprovechar los shocks que van a producirse como consecuencia del colapso sistémico. Es lo que nos va a permitir dar saltos cualitativos en poco tiempo contando con la tremenda plasticidad del ser humano. Concebir colectivamente que vivimos ante una emergencia civilizatoria es determinante para focalizar todas las capacidades humanas hacia la expansión de la vida y no hacia la reproducción del capital. Esta concepción es determinante, pues cuando sucede permite a las sociedades asumir caminos difíciles y trabajosos.

Por ponerlo con un ejemplo, durante el confinamiento se alcanzó con relativa facilidad y rapidez un amplio consenso social sobre varias ideas fuerza muy relacionadas con el imaginario decrecentista que solo un par de meses atrás parecían totalmente inconcebibles: 1) Se puede poner la salud de las personas por encima de la reproducción del capital. 2) Los servicios que entendimos como fundamentales, quitando militares y policiales, se parecen mucho a los que planteamos desde posiciones decrecentistas. 3) Experimentamos cómo nuestra felicidad no depende del consumo, sino más bien de tender relaciones de calidad con nuestros seres queridos. Sin embargo, esta estrategia tiene múltiples dificultades.

La primera dificultad es que esos aprendizajes culturales son todavía débiles. Necesitamos afianzarlos mucho más. De este modo, una línea de trabajo sería reforzar los aprendizajes sociales emancipadores que se vayan produciendo durante los distintos shocks fruto del colapso. No sería tanto una labor de sensibilización previa, que es lo que solemos hacer, sino más bien posterior.

El segundo desafío es que las derechas también están usando los shocks para proyectar e imponer su orden social. Para ello, utilizan su control de las instituciones y de la economía, pero el vector cultural también resulta central. En el plano cultural, una de sus ideas fuerza es la de la libertad liberal, que implica que el individualismo competitivo es el único orden social posible y deseable. Pero no hablan de libertad liberal, sino solo de libertad en general, y ganar la bandera de la libertad no es cualquier cosa, pues es una necesidad básica de las personas. No es algo que nos podamos permitir perder.

Los seres humanos (incluidos los neoliberales) somos seres sociales y, por ello, tenemos interiorizado que la libertad individual tiene que estar limitada para poder convivir. Es más, la libertad (incrementar nuestras posibilidades de acción) realmente se maximiza precisamente por esa coordinación social que limita parcialmente nuestra libertad individual. Así que, la cuestión no está en si hay que restringir libertades individuales, que es de sentido común, sino cuáles hay que limitar y a quién. Ahí está la disputa social. Nuestro mensaje podría ser que solo podemos ser libres si restringimos la libertad de imponer sus deseos a las clases sociales altas. Es decir, que la libertad pasa por la redistribución y la austeridad formando un trío interrelacionado.

El principal problema es que, a nivel global, las clases medias europeas en realidad formamos parte de esas clases altas, lo que hace que nos atraiga el discurso de mantenimiento de privilegios que tiene detrás la libertad liberal (las restricciones al coche son un buen ejemplo). Ante esto, dos ideas. Una es nadar nuevamente a favor de corriente. Conforme las clases medias nos vayamos empobreciendo fruto de la crisis, podrá haber una masa crítica más fuerte que pueda abrazar la triada libertad-reparto-austeridad. La segunda es comunicar con fuerza la libertad que otorga vivir ligero y con congéneres que no te miran con envidia por tus privilegios.

Retomando el hilo, una tercera dificultad de usar los shocks para la transformación emancipatoria es que cuando son repentinos suelen catalizar procesos sociales de apoyo mutuo. Sin embargo, el colapso que estamos viviendo no es un gran desmoronamiento, sino un proceso lento desde el punto de vista vital (durará décadas), en el que viviremos muchos shocks y, al tiempo, procesos de degradación del orden vigente paulatinos y de fondo. En un escenario así, el crecimiento espontáneo del apoyo mutuo lo tiene más complicado y, en contraposición, el sálvese quien pueda insolidario gana enteros. Ante esto, la estrategia de aprovechar los shocks para reforzar el apoyo mutuo e intentar preservarlo durante los procesos de degradación del orden actual más paulatino puede ser una estrategia interesante.

Finalmente, no es suficiente con los aprendizajes que nos generen los shocks. También necesitamos toda una serie de competencias que nos permitan encarar con resiliencia y justicia los escenarios que se están abriendo. Estos pasan por asumir nuestra ecodependencia, nuestra interdependencia y concebirnos como agentes de cambio con posibilidades reales, y para nada nimias, de determinar los cambios sociales. Estos aprendizajes se hacen significativos cuando quien los recibe los concibe como importantes y esto a su vez depende en gran parte de que su comunidad cercana los considere importantes. La construcción de sentido es colectiva. Esta construcción es muy compleja, pero en ella la percepción de la utilidad y de la factibilidad son determinantes. Ahí hay dos líneas de trabajo a desarrollar que tienen mucho que ver con la construcción de alternativas.

Profundizando un poco en cómo construir esa autoconcepción personal como agente del cambio, esto pasa por permitirnos tener sueños ambiciosos, pues los desafíos que tenemos por delante son muy grandes. Si queremos construir sociedades realmente justas, democráticas y sostenibles, tenemos que poder imaginar que es posible satisfacer nuestras necesidades al margen del mercado y del Estado. La imaginación humana, en realidad, no vuela libre, sino que se construye a partir de las experiencias vividas. Por eso, poder desarrollar sueños ambiciosos requiere materializar previamente pequeñas maquetas de ellos. Construir otras formas de tener una vivienda, acceder a los alimentos o educar a nuestras criaturas.

La clave no es solo aprovechar los shocks, sino también otros mimbres sociales que ya existen. Una parte de nuestra sociedad se ha ido permeando de un deseo de buen vivir que pasa, por ejemplo, por dedicar menos horas al empleo, una de las herramientas de transición que se plantean desde el decrecimiento. Traducir a campañas que extiendan estos deseos y los sitúen junto a otros de más difícil digestión, como es la austeridad, podría ser una buena fórmula.

A la hora de ver cómo construimos nuestros parámetros culturales, las prácticas resultan determinantes. Normalmente, adaptamos nuestros valores a los que gratifican las prácticas que llevamos a cabo en nuestro día a día para no vivir fuertes disonancias cognitivas. Es decir, que si en nuestro empleo se gratifica la competitividad y el individualismo (y se gratifica, porque es la forma de preservar dicho empleo), la mayoría de la población adoptamos estos valores en mayor o menor medida. De este modo, en gran parte, la disputa en el plano cultural es una disputa en el plano de las prácticas sociales. Tiene mucho que ver con los satisfactores que construyamos y con su capacidad de ser adoptados por mayorías sociales. Sobre esto entro en el siguiente apartado.

Construcción de satisfactores justos y resilientes

En los apartados anteriores ya he ido desgranando argumentos que muestran la importancia determinante de la construcción de alternativas al capitalismo, pero al menos hay una razón más: algunos de los posibles escenarios futuros son pavorosos y es necesario que los temamos, pues nos pueden dañar hasta el extremo. Sin embargo, a la vez que es importante el miedo, tenemos que ser capaces de sacudírnoslo para poder rendir al máximo como sociedades y no abrazar falsas tablas de salvación, como podrían ser los fascismos. De este modo, el desarrollo de una política decrecentista pasa por generar seguridad. Hay distintos elementos que pueden ayudar en esta tarea, pero el central es construir satisfactores de nuestras necesidades resilientes.

Dicho de otra manera: tenemos que construir colchonetas sociales emancipadoras. Esto puede hacerse no solo a partir de proyectos que tengan este objetivo en su ADN, lo que es obvio, sino también a partir de proyectos con un foco asistencialista (como podría ser un comedor social). Algunas potencialidades de estos proyectos son: 1) Parten de necesidades percibidas por la población. No hay que motivar ni buscar el sentido. 2) Muestran la limitación del Estado y del mercado para satisfacer necesidades y, en contraposición, visibilizan las articulaciones sociales y su importancia. 3) Parten de la práctica, que es más potente como agente educativo que la reflexión. 4) Muestran el poder de lo colectivo. El sí se puede. 5) Focalizan en las necesidades y no en el empleo, desplazando así la centralidad social de este último.

En todo caso, para que este tipo de iniciativas sean realmente emancipadoras son necesarios al menos dos elementos. El primero es que las personas usuarias se conviertan en actrices. Es decir, que sean proyectos que evolucionen hacia la autogestión. El segundo, que transiten desde la redistribución (de alimentos, por ejemplo) a la producción real (de alimentos en este caso).

¿Cómo tienen que ser esos nuevos satisfactores? Una primera idea es que deben ser alegres. Los procesos de cambio son largos y enfrentan múltiples desafíos y sinsabores. Un ingrediente determinante para poder sostener en el tiempo los procesos largos es la alegría. Es lo que nos permite aguantar. También buenas dosis de esperanza activa.

Además, tienen que ser satisfactores no capitalistas. Esto, entre otras cosas, significa que permitan cubrir las necesidades fuera del mercado y sin tener que recurrir a la venta de la fuerza de trabajo. Es decir, que sean satisfactores con mercado (no de mercado) y desalarizados. Serían satisfactores en los que las comunidades, a través de mecanismos de articulación colectiva, construyan autonomía. Por ejemplo, un huerto comunitario productivo destinado al autoconsumo tendría estas características.

En un contexto de emergencia y falta de tiempo es central articular los saltos de escala y la replicabilidad imprescindibles con presteza. Es algo que los procesos de autoorganización colectiva son capaces de realizar, que se puede hacer más rápido si se cuenta con el efecto catalizador (financiación, normativa, políticas) de las instituciones, pero sin confiar en que el Estado como institución que sostiene las jerarquías sociales se vaya a disolver por iniciativa propia.

Aunque la construcción de esos satisfactores ecosociales tiene que tener ambición totalizadora, todavía estamos lejos de que esto sea posible y, sobre todo, el proceso no es un blanco o negro, sino una gradación en la que se puede ir avanzando en grados de autonomía social. Un cambio más realista puede ser aquel que va recuperando espacios de la vida. Primero, los más sencillos, como podría ser la alimentación, y después, otros más complejos, como podría ser la vivienda, pero siempre permitiendo itinerarios distintos para cada persona. Se pueden vislumbrar como iniciativas sectoriales con puntos de intersección.

Como se desprende de todo el texto, de los tres bloques de estrategias (resistir, culturas ecosociales y construir) es el tercero el que considero ahora más importante, pues cataliza al resto.

Artículo publicado originalmente en Viento Sur.

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El PSOE protege a Casado (PP) y no lo cita a declarar en el caso de corrupción conocido como «operación Kitchen». (El gobierno de España, del que me barrunto que para mí forma parte Unidas Podemos, social comunista y rojo hasta las trancas, según el PP y suspiritos de España, VOX, le echa una manita al compi partido del PP, también social comunista y rojo hasta las trancas, al impedir que su presidente, Casado, entre de cabeza a dar alguna que otra explicación en la comisión del Congreso que investiga el tutti frutti de la corrupción amiga del PP. Yo de mayor quiero ser eso, corrupto amigo. )

 

El PSOE protege a Casado (PP) y no lo cita a declarar en el caso de corrupción conocido como «operación Kitchen»

INSURGENTE.ORG /2 octubre 2021


Hoy por ti, mañana por mi. El PSOE no quiere que Pablo Casado comparezca en la comisión de investigación sobre la llamada ‘operación Kitchen’ en el Congreso de los Diputados. Los de Sánchez no han incluido en su lista de comparecientes al líder del PP para dar explicaciones sobre el supuesto uso de recursos del Ministerio del Interior para intentar obstaculizar la instrucción del ‘caso Bárcenas’ durante el Gobierno de Mariano Rajoy. El PSOE alega que la lista de comparecientes que ellos han registrado es «coherente, seria y acorde a la información y los documentos» que manejan y a las distintas pruebas que han ido saliendo a lo largo de la comisión.

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sábado, 2 de octubre de 2021

China y la «prosperidad común»


La actuación del presidente Xi Jinping contra los multimillonarios y su llamamiento a reducir la desigualdad para lograr la denominada prosperidad común supone otro giro en la dirección política en zig-zag de la élite china en las últimas décadas.

China y la «prosperidad común»

Michael Roberts

El Viejo Topo

2 octubre, 2021



En mayo, el gobierno chino estableció una zona especial para implementar la «prosperidad común» en la provincia de Zhejiang, donde también se ubican las sedes de varias importantes corporaciones de Internet, entre ellas Alibaba. Y el mes pasado, el presidente de China, Xi Jinping, anunció planes para difundir la «prosperidad común», anunciando una dura represión contra las élites ricas, incluido el creciente grupo de multimillonarios tecnológicos de China. En su reunión de agosto, el Comité Central de Finanzas y Economía, presidido por Xi, confirmó que la «prosperidad común» era «un requisito esencial del socialismo» y debería ir de la mano de un crecimiento de alta calidad.Durante la última quincena, la administración tributaria se comprometió a tomar medidas enérgicas contra los evasores de impuestos y multó a Zheng Shuang, una de las actrices más populares del país, con 46 millones de dólares por evasión de impuestos. La Corte Suprema declaró ilegal la semana laboral de 72 horas, común en muchas empresas del sector privado. Y el Ministerio de Vivienda dijo el martes que limitaría los aumentos anuales de los alquileres residenciales en un cinco por ciento. Y una nueva capa de funcionarios ha sido arrestada por corrupción.

Además, el gobierno se está moviendo para restringir que las empresas nacionales coticen en las bolsas de valores de EEUU, una medida que amenaza con restringir el crecimiento de las empresas de tecnología que habían llegado a simbolizar las tasas récord de crecimiento económico chino y el surgimiento de jefes de empresas ricas. Los años de especulación desenfrenada por parte de empresas privadas multimillonarias en alianza con algunos funcionarios locales y nacionales para hacer lo que quisieran, incluida la usurpación del control estatal del sistema bancario minorista, han terminado.

Los multimillonarios en general, y los mega-ricos beneficiarios de la industria de la tecnología en particular, ahora luchan por apaciguar al partido con donaciones caritativas y mensajes de apoyo. El sitio web de comercio electrónico que cotiza en Nasdaq, Pinduoduo, se comprometió a principios de este año a donar sus ganancias del segundo trimestre y todas las ganancias futuras para ayudar al desarrollo agrícola de China hasta que las donaciones alcancen al menos 10 mil millones de yuanes ($ 1.5 mil millones). La medida provocó que sus acciones subieran un 22%. Tencent, que cotiza en Hong Kong, al leer las mismas señales de Beijing, reservó 50.000 millones de yuanes para programas de asistencia social que apoyan a las comunidades de bajos ingresos, lo que elevó los compromisos filantrópicos de este año a un total de 15.000 millones de dólares.

El anuncio de los planes de «prosperidad común» fue precedido por el arresto del secretario general del Partido Comunista de Hangzhou (capital de Zhejiang), Zhou Jiangyong, por parte de funcionarios anticorrupción. Se rumorea que sus familiares se habían enriquecido con inversiones en acciones locales de Internet.

La represión de los gigantes tecnológicos y los intentos de los multimillonarios de hacerse con el control de los sectores bancario y minorista de consumo de China también han destruido rápidamente las esperanzas de los inversores extranjeros. Los explosivos precios de las acciones del sector tecnológico chino se han revertido.

El objetivo declarado de la «prosperidad común» es «regular los ingresos excesivamente altos» a fin de garantizar la «prosperidad común para todos». Y es bien sabido que China tiene un nivel muy alto de desigualdad de ingresos. Su índice gini de desigualdad de ingresos es alto para los estándares mundiales, aunque ha retrocedido en los últimos años.

China: índice de desigualdad de ingresos de gini (cuanto mayor es el índice, mayor es la desigualdad)

Fuente: Banco Mundial.

La medida de desigualdad Gini se utiliza para medir la desigualdad general en ingresos y riqueza. En riqueza, los valores gini son mucho más altos que los valores correspondientes para la desigualdad de ingresos o cualquier otro indicador de bienestar estándar. La desigualdad de riqueza de China es menor que en Brasil, Rusia o India, pero aún mayor que en Japón o Italia.

Informe de riqueza de Credit Suisse 2021

En mi opinión, hay dos razones por las que Xi y su mayoría en la dirección del Partido Comunista chino han lanzado ahora el proyecto de «prosperidad común». La primera es la experiencia de la pandemia de COVID. Al igual que en las principales economías capitalistas, la pandemia ha revelado a la población china la existencia de enormes desigualdades, no solo de ingresos sino también del aumento de la riqueza de los multimillonarios, que han cosechado enormes beneficios durante el COVID mientras que la mayoría de los chinos, especialmente los grupos de ingresos medios han sufrido confinamientos y cierres, pérdida de ingresos y aumento del costo de vida.  La proporción de riqueza personal de los multimillonarios de China se ha duplicado del 7% en 2019 al 15% del PIB actual.

Si se permitiera que esto continuara, se empezarían a abrir brechas en el PC y el apoyo del partido entre la población. Xi quiere evitar otra protesta en la Plaza de Tiananmen como la de 1989 como consecuencia del enorme aumento de la desigualdad y la inflación bajo las reformas del «mercado social» de Deng. Como lo expresó Xi en un largo discurso en julio a los miembros del partido: “Lograr la prosperidad común es más que un objetivo económico. Es un tema político importante que incide en la base de la gobernanza de nuestro Partido. No podemos permitir que la brecha entre ricos y pobres siga creciendo, que los pobres sigan empobreciéndose mientras los ricos continúan haciéndose más ricos. No podemos permitir que la brecha de la riqueza se convierta en un abismo infranqueable. Por supuesto, la prosperidad común debe realizarse de una manera gradual que considere plenamente lo que es necesario y lo que es posible y se adhiera a las leyes que rigen el desarrollo social y económico. Al mismo tiempo, sin embargo, no podemos darnos el lujo de quedarnos sentados y esperar. Debemos ser proactivos para reducir las diferencias entre las regiones, entre las zonas urbanas y rurales y entre los ricos y los pobres. Debemos promover el progreso social integral y el desarrollo personal integral, y defender la equidad social y la justicia, para que nuestra gente disfrute de los frutos del desarrollo de una manera más justa. Deberíamos asegurar que las personas tengan un sentido más fuerte de realización, felicidad y seguridad y hacerlas sentir que la prosperidad común no es un lema vacío, sino un hecho concreto que pueden ver y sentir por sí mismos”. (los subrayados son míos).

Como admitió perceptivamente Xi en este discurso sobre la desaparición de la Unión Soviética: “La Unión Soviética fue el primer país socialista del mundo y una vez disfrutó de un éxito espectacular. Al final, sin embargo, colapsó, principalmente porque el Partido Comunista de la Unión Soviética se separó del pueblo y se convirtió en un grupo de burócratas privilegiados preocupados solo por proteger sus propios intereses (subrayados míos). Incluso en un país modernizado, si un partido gobernante da la espalda al pueblo, pondrá en peligro los frutos de la modernización».

La otra razón de la iniciativa política de Xi es que, a pesar de la rápida recuperación de la economía china de la recesión pandémica global, el COVID no ha sido erradicado en China o en otros lugares y esto ha llevado a una desaceleración del crecimiento. En agosto, la producción industrial se revirtió, cayendo a un mínimo de 18 meses, mientras que la principal encuesta del sector de servicios muestra que el sector recibió un golpe aún mayor y se contrajo por primera vez desde marzo pasado.

Indicador de actividad empresarial Markit (compuesto) para China – ahora por debajo de 50 (contracción)

Rana Mitter, historiadora y directora del Centro de China de la Universidad de Oxford, comentó: “Los funcionarios del partido temen que los gigantes tecnológicos y las personas que los dirigen estén fuera de control y deban ser controlados. Y luego debemos agregar la determinación de Xi de ser nominado el próximo año para un tercer mandato que ahora permiten los cambios en la constitución».  Los capitalistas de China imaginaron que podrían actuar de la misma manera que los de las economías del G7, invirtiendo en propiedades, tecnología financiera y medios de consumo y acumular enormes deudas para hacerlo. Pero el COVID obligó al gobierno a intentar frenar el aumento de la deuda inmobiliaria y corporativa. Esto ha llevado a la quiebra de varias empresas de bienes raíces y empresas de «banca en la sombra». La gigantesca empresa inmobiliaria Evergrande está luchando por pagar 300.000 millones de dólares de deudas y ahora se espera que quiebre, a menos que el estado la saque de apuros. Evergrande afirma emplear a 200.000 personas e indirectamente genera 3,8 millones de puestos de trabajo en China.

El gobierno tuvo que actuar para frenar la expansión desenfrenada de la inversión improductiva y especulativa. El último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Popular de China (banco central) establece que entre 2017-2019, «el índice de apalancamiento macro general se ha estabilizado en alrededor del 250%, lo que ha ganado margen para aumentar los ajustes anticíclicos en respuesta a la epidemia». En otras palabras, el gobierno podría brindarle al fondo el apoyo necesario para superar la depresión del COVID. Pero el BPC admite que “bajo el impacto de la epidemia en 2020, la tasa de crecimiento del PIB nominal se ralentizará, la cobertura macroeconómica aumentará y el coeficiente de apalancamiento macro aumentará gradualmente. Se espera que vuelva gradualmente a una tendencia básicamente estable». Por lo tanto, la deuda aumentará a medida que China entre en 2022.

El informe del BPC afirma que tiene bajo control todas las operaciones bancarias en la sombra y otras operaciones financieras de riesgo: “el orden financiero se ha limpiado y rectificado de manera integral. Las instituciones de préstamos en línea P2P en funcionamiento han cesado sus operaciones, la recaudación de fondos ilegal, los juegos de azar transfronterizos y los bancos clandestinos y otras actividades financieras ilegales se han frenado de manera efectiva, los fondos de capital privado, los lugares de negociación de activos financieros y otras resoluciones de riesgos han logrado un progreso positivo y se ha reforzado la supervisión de las grandes empresas de tecnología financiera«.

Pero el informe también revela que hay una sección de líderes del PC que realmente quieren seguir adelante con la apertura del sistema financiero chino controlado por el estado al capital (incluido el capital extranjero), y estas opiniones son sólidas dentro de los banqueros con educación occidental en el país. El informe del BPC dice que quiere “continuar profundizando la reforma y la apertura, promover aún más la reforma orientada al mercado de las tasas de interés y los tipos de cambio, avanzar de manera constante en la reforma del mercado de capitales y promover el desarrollo de alta calidad del bono mercado. Con la premisa de prevenir riesgos de manera efectiva, continuar expandiendo la apertura financiera de alto nivel». Aparentemente, los funcionarios del BPC estiman que incluso una mayor relajación de las regulaciones financieras reducirá el riesgo.

Por otro lado, Xi y sus partidarios quieren controlar las payasadas del «salvaje oriente» de los sectores financieros en Shangahi y Shenhzen. Xi ahora propone establecer una nueva bolsa de valores en Beijing para atraer a las empresas nacionales a cotizar en el país en lugar de en el extranjero. Esto es parte de la estrategia para reducir la dependencia de la inversión extranjera.

Según los ‘expertos’ en China en Occidente, esta represión de las finanzas, la propiedad y la tecnología privada es un suicidio para el crecimiento de China. Estos expertos creen que China no puede sostener su anterior milagro de crecimiento basado en la propiedad estatal, la planificación y la inversión y, en cambio, debe permitir que los mercados dominen la política económica y la inversión. El Banco Mundial ha sido líder en la promoción de esta estrategia para China durante décadas. El entonces presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo en una conferencia de prensa en Beijing. «Como saben los líderes de China, el modelo de crecimiento actual del país es insostenible». La llamada trampa de los países de ingreso medio predice que las economías tienden a estancarse en un cierto nivel de desarrollo, una vez que los salarios han aumentado y el crecimiento de la productividad se vuelve más difícil. A principios de 2012, el Banco Mundial y el Centro de Investigaciones para el Desarrollo, un grupo de expertos del Consejo de Estado de China, publicaron un informe de 473 páginas que detallaba las reformas que el país tendría que emprender para evitar la «trampa de los ingresos medios» y ascender a las filas de las naciones de altos ingresos: es decir, dejar que las fuerzas del mercado se desaten.

El banquero de inversiones, George Magnus, un supuesto experto en China, ha argumentado durante mucho tiempo el viejo truco de que “a niveles de ingresos más altos, las economías se vuelven demasiado complejas para la gestión de mando y control por parte de los individuos. Los sistemas son cada vez más lo que importa. Las reglas transparentes, predecibles y aplicadas de manera justa permiten que las fuerzas del mercado asuman el trabajo de dirigir la actividad económica, aumentando la eficiencia y permitiendo que la innovación florezca ”. Magnus, quien dedicó un capítulo a la trampa de los ingresos medios en su libro de 2018 Red Flags: Why Xi’s China is in Jeopardy, argumenta que al perseguir estas políticas y estrategias,«El gobierno de China reprimirá los incentivos y la innovación, y hará que sea aún más difícil generar el crecimiento de la productividad que todos los países de ingresos medianos altos necesitan para evitar la trampa de los ingresos medios«.

He abordado todos estos argumentos en publicaciones anteriores, por lo que no volveré a entrar en detalles. Pero la realidad es que China ya está a punto de obtener un estatus de altos ingresos, según lo define el Banco Mundial. Según el umbral actual del Banco Mundial y las previsiones del Fondo Monetario Internacional, el país debería alcanzar ese objetivo antes de 2025. De hecho, como ha escrito Arthur Kroeber, jefe de investigación de Gavekal Dragonomics en China : “¿Esta desfalleciendo China? En una palabra, no. La economía de China está en buena forma y los legisladores están aprovechando esta fortaleza para abordar problemas estructurales como el apalancamiento financiero, la regulación de Internet y su deseo de hacer de la tecnología el principal impulsor de la inversión». Kroeber se hace eco de mi opinión de que: “Sobre una base promedio de dos años, China está creciendo alrededor del 5 por ciento, mientras que Estados Unidos está muy por debajo del 1 por ciento. Para fines de 2021, EEUU debería recuperar su tendencia prepandémica de crecimiento anual del 2.5 por ciento. Durante los próximos años, China probablemente seguirá creciendo a casi el doble de la tasa de Estados Unidos».

Según un informe reciente de Goldman Sachs, la economía digital de China ya es grande, representa casi el 40% del PIB y está creciendo rápidamente, contribuyendo con más del 60% del crecimiento del PIB en los últimos años. “Y hay un amplio margen para que China digitalice aún más sus sectores tradicionales”.   La participación de economia digital de China en el PIB aumentó del 2,1% en el primer trimestre de 2011 al 3,8% en el primer trimestre de 2021. Aunque China todavía está por detrás de Estados Unidos, Europa, Japón y Corea del Sur en su participación de la economía digital en el PIB, la brecha se ha ido reduciendo con el tiempo. No es de extrañar que Estados Unidos y otras potencias capitalistas estén intensificando sus esfuerzos para contener la expansión tecnológica de China.

En un informe, la Fed de Nueva York admite que si China mantiene este ritmo de expansión, “está bien encaminada hacia el status de altos ingresos … Después de todo, el crecimiento del ingreso per cápita ha promediado el 6.2 por ciento en los últimos cinco años, lo que implica que se duplica aproximadamente cada once años, y el ingreso per cápita ya está cerca del 30 por ciento del nivel de EEUU».  Pero la Fed de Nueva York argumenta que no podrá hacerlo ya que la población activa está disminuyendo y no habrá un aumento suficiente en la productividad del trabajo para compensarlo.He cuestionado este pronóstico en una nota anterior.

La razón por la que la Fed de Nueva York, así como muchos keynesianos y otros críticos del «milagro» chino, son tan escépticos es que están partiendo de un modelo económico de crecimiento diferente. Están convencidos de que China solo puede tener «éxito» (¡como las economías del G7!) si su economía depende de la inversión rentable de empresas privadas en un «mercado libre». Y, sin embargo, la evidencia de los últimos 40, e incluso 70 años, es que un modelo económico de planificación dirigido por el estado como el de China ha tenido mucho más éxito que sus pares de ‘economía de mercado’ como India, Brasil o Rusia.

Como dijo Xi en su discurso: “China es ahora la segunda economía más grande del mundo, la nación industrial más grande, el mayor comerciante de bienes y el mayor poseedor de reservas de divisas. El PIB de China ha superado los 100 billones de yuanes RMB y se sitúa en más de 10.000 dólares estadounidenses en términos per cápita. Los residentes urbanos permanentes representan más del 60% de la población, y el grupo de ingresos medios ha aumentado a más de 400 millones. Particularmente dignos de mención son nuestros logros históricos de construir una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos y eliminar la pobreza absoluta, un problema que ha plagado a nuestra nación durante miles de años ”.

Por el contrario, las lecciones del colapso financiero mundial y la Gran Recesión de 2009, la prolongada depresión que siguió hasta 2019 y el impacto económico de la recesión pandémica son que la introducción de más producción capitalista con fines de lucro no sostendrá el crecimiento económico y, ciertamente, no generará la «prosperidad común».

De hecho, es el sector capitalista de China el que está en problemas y amenaza la prosperidad futura de China. El sector capitalista de China está sufriendo (como lo está en las principales economías capitalistas). La rentabilidad ha caído, lo que reduce la capacidad o la voluntad de los capitalistas chinos de invertir de forma productiva. Por eso la especulación con inversiones improductivas se ha «descontrolado» también en China. Lejos de la necesidad de reducir el papel del estado, el crecimiento futuro de China a través de un aumento en la productividad del trabajo, a medida que la fuerza laboral total se reduce en tamaño, dependerá de la inversión estatal en tecnología, mano de obra cualificada y «prosperidad común».

Fuente: Penn World Tables 10.1 IRR series

La represión de Xi contra los multimillonarios y su llamamiento a reducir la desigualdad es otro giro en la dirección política en zig-zag de la élite burocrática china: desde los primeros años de rígida planificación estatal hasta las reformas de «mercado» de Deng en la década de 1980; desde la privatización de algunas empresas estatales en la década de 1990; al regreso a un control estatal más firme de las «alturas dominantes» de la economía después de la recesión mundial en 2009; la relajación del crédito especulativo después de eso; y ahora una nueva ofensiva contra el sector capitalista para lograr la «prosperidad común».

Estos zigzags son inútiles e ineficaces. Ocurren porque el liderazgo de China no rinde cuentas a su pueblo trabajador; no hay órganos de democracia obrera. No hay planificación democrática. Solo los 100 millones de miembros del PC tienen voz en el futuro económico de China, y eso es realmente solo en la cúspide de la pirámide. La otra razón de los zigzags es que China está cercada por el imperialismo y sus aliados tanto económica como militarmente. El capitalismo sigue siendo el modo de producción dominante fuera de China, si no dentro. La «prosperidad común» no puede lograrse adecuadamente mientras las fuerzas del capital permanezcan dentro y fuera de China.

Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.

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