martes, 5 de octubre de 2021
El estado de la economía y de unas movilizaciones que deberían cuestionarlo
lunes, 4 de octubre de 2021
Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino” frente a Clara Campoamor. (Los hechos acontecen siempre en un tiempo concreto y en unas circunstancias también concretas. Estos dos aspectos hay que tenerlos siempre presentes para su correspondiente análisis y enjuiciamiento. Análisis y enjuiciamiento que deben hacerse en función de los valores y conceptos sociales que imperaban en el momento en que acontecieron. Actuar de otro modo conduce a desvirtuar la naturaleza y sentido de los mismos)
Victoria Kent, la “feminista
que se opuso al voto femenino” frente a Clara Campoamor
Rebelion / España
02/10/2021
F 1
Fuentes: El
plural [Imagen: Clara Campoamor y Victoria Kent]
A los 90 años de la aprobación del voto femenino en España, analizamos el
complejo debate político que lo posibilitó
La lucha entre
dos feministas El 1 de octubre de 1931 fue un gran día para el avance en la
libertad e igualdad de las mujeres españolas. Hoy hace 90 años que las Cortes
aprobaron el artículo de la Constitución de la II República por el cual las
españolas podrían participar de manera directa en la política con su derecho
a votar. El voto femenino se lograba así y las mujeres lo ejercerían de
facto en las elecciones de noviembre de 1933.
Miedo a una posible arma que acabase con la república
Algo que ahora
se percibe como elemental en cambio no resultó ser un camino fácil. En
aquella II República ansiosa de cambios y transformación
social, justo es decir que existían en su propio seno sectores que se oponían,
o al menos se mostraban remisos, a la aprobación del sufragio universal
femenino al pensar que el voto de las mujeres tendría una clara tendencia
conservadora y que sería tanto como poner en sus manos «un arma que acabaría
con la república». Quienes apostaban por esta tesis apoyaban conceder a las
mujeres el derecho a ser elegida, pero, en cambio, negarle el de poder votar,
es decir impedirle ser electora. Otros, también contrarios, plantearon
aplazar el debate constitucional y que el voto femenino se recogiese en una ley
electoral para que en el supuesto de que las mujeres votasen a la derecha pudiera
derogarse de manera fulminante esa norma y con ella eliminar su derecho al
voto.
“Influencia de la sacristía y del confesionario»
En todo ese
debate hubo ataques a la mujer y declaraciones vejatorias tales como las de que
la mujer servía para las labores domésticas y la educación de los hijos, pero
que en cuanto a su participación política no era válida por su supuesta
“influencia de la sacristía y del confesionario». El debate fue
inmensamente tenso cuando algunos diputados planteaban incluso cierta “incapacidad”
de las mujeres para ejercer el voto en las urnas.
En el fondo,
además de posiciones netamente retrógradas, se albergaba el temor de que las
mujeres diesen una mayoría conservadora y acabasen con el sueño de la joven e
incipiente II República.
El peso
del debate y de las dos posiciones contrapuestas recayó sobre dos
mujeres, Clara Campoamor y Victoria Kent.
Curiosamente un debate parlamentario sobre el derecho de la mujer a ejercer el
más esencial derecho democrático en unas Cortes en las que solo había tres
diputadas, entre ellas las dos debatientes. Fueron intervenciones apasionadas,
de alto nivel pero también de alto voltaje que culminaron a la postre en una
decisión histórica.
Un ring parlamentario con dos protagonistas
Como en un ring
pugilístico, de una parte se encontraba la madrileña Clara Campoamor,
abogada, escritora, política y defensora de los derechos de la mujer. Creadora
de la Unión Republicana Femenina, la mayor defensora del sufragio universal femenino sin limitaciones. En
1931 fue elegida diputada por Madrid por el Partido Radical.
Con 36 años, se convirtió en una de las pocas abogadas españolas del momento y
pasó a ejercer su profesión. En 1925 se convirtió en la segunda mujer en
incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, curiosamente solo un
mes después que Victoria Kent.
Campoamor defiende el sufragio femenino contra su partido
Su posición era
nítida y contraria a la de su partido: «Tenéis el derecho que os ha dado la
ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural
fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano”. Y desde la tribuna
dejó esta reflexión: «No dejéis que la mujer, si es regresiva, piense que su
esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es
avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis,
señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias«. A los
falsos liberales contrarios al voto femenino, Clara Campoamor les espetó que
«debieron tener más cuidado cuando durante el siglo XIX dejaban que sus mujeres
frecuentaran el confesionario y que sus hijos poblaran los colegios de monjas y
frailes».
Tras el estallido de la Guerra Civil tuvo que huir de España y se exilió en Suiza. Falleció en Lausana en 1972.
Victoria Kent, la “feminista que se opuso al voto femenino”
Y siguiendo con
el símil del ring, del otro lado la malagueña Victoria Kent, la “feminista que
se opuso al voto femenino”. Miembro del Partido Radical-Socialista,
resultó elegida en 1931 diputada por Madrid. En las elecciones del 16 de
febrero de 1936, Victoria Kent fue elegida diputada por Jaén en
las listas de Izquierda Republicana. Fue, en el gobierno
provisional presidido por Alcalá-Zamora, Directora General de Prisiones en
abril de 1931. Era defensora de aplazar la decisión porque no la veía oportuna
en ese momento. Ella misma afirmó en la tribuna que renunciaba, temporalmente,
a su ideal. Pero no confundamos su postura eventual con su ideario
feminista. Kent fue una luchadora contra la nula participación de las mujeres
en la política y combatió el machismo imperante. «No es cuestión de
capacidad; es cuestión de oportunidad para la República«, defendía la
malagueña. Kent y sus aliados temían que las mujeres apoyasen en las
urnas de forma masiva a la derecha dando al traste a las reformas
progresistas que necesitaba España. La tesis era esperar a que la República se
consolidase y, a partir de ahí, apoyar el sufragio femenino que ahora estaba
“secuestrado” por los padres, los maridos o los sacerdotes.
Una luchadora en el exilio
En defensa de
su postura no partidaria en ese momento del sufragio femenino alegó lo
siguiente: La mujer «para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de
convivencia con el mismo ideal. Si todas las españolas fueran obreras o
universitarias y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy
frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino». Murió en el exilio
en Nueva York tras haber pasado por París (donde
fue perseguida por el régimen de Franco tras la invasión nazi) y México.
El Congreso,
finalmente, en una decisión muy ajustada aprobó convertir a las mujeres en
electoras por 161 votos a favor y 121 en contra. Tras la derrota,
Victoria Kent, intentó elimina de manera parcial la norma proponiendo que las
mujeres solo pudieran votar en unas elecciones generales luego de haberlo
votado en dos elecciones municipales consecutivas. Muchos años después, casi 50
años y ya en democracia, la malagueña afirmaba que sus posiciones de los
años treinta estaban adaptadas a las circunstancias que ya, afortunadamente,
eran muy distintas: “Hoy la situación ha cambiado radicalmente, y la mujer
se merece el voto porque ha luchado y está capacitada para él”.
domingo, 3 de octubre de 2021
Estrategias decrecentistas. (Cuando un orden social se “resquebraja” si lo aplicamos al capitalismo empieza por no ser “resquebrajamiento” (por lo pronto, con el diagnóstico tenemos que andarnos con mucho cuidado cuidadin, puesto que sobre un diagnóstico erróneo de un problema dado es imposible encontrar el remedio adecuado para su solución), sino sencillamente la imposibilidad material de que pueda seguir funcionando dentro de las propias condiciones económicas, políticas e ideológicas que el propio sistema capitalista en su desarrollo ha creado. Siendo esto así, le podemos dar cuantas vueltas queramos y pintarlo del color que más nos guste, incluso poniéndole música, que el problema a resolver se reduce a que puesto que el capitalismo ya no puede seguir funcionando aunque lo mande Dios –que además Dios no se mete en estas cosas- hay que crear unas nuevas condiciones económicas, políticas e ideológicas que hagan posible y permitan que todo el desarrollo económico, político e ideológico que se ha logrado al día de hoy (03.10.2021) pase a disposición y para el desarrollo material y espiritual de todo ser humano, lo que no es cuestión de madre de Dios que listo soy y cuantas cosas sé ni cosas parecidas, sino por la organización social y económica efectiva de los que conformamos la inmensa mayoría de la población de toda la Tierra que somos los trabajadores, empezando por la comunidad de vecinos en la que cada uno viva; la asociación de vecinos; las asociaciones de los pueblos o barrios, etcétera, etcétera y etcétera. Lo que no entendamos, que son innumerables cosas, ya nos buscaremos a quien nos las explique, que nos lo explique, no que lo haga por nosotros. Para hacer las cosas que haya que hacer ya estamos los trabajadores. Y claro es, para esto, lo primero que hay que hacer es dar un salto desde el sofá y ponerse en pie.)
Las estrategias de los movimientos sociales emancipadores se pueden agrupar en tres grandes bloques: frenar la degradación socioambiental, crear marcos culturales ecosociales y construir satisfactores de las necesidades universalizables y resilientes.
Estrategias decrecentistas
El Viejo Topo
3 octubre, 2021
Las estrategias
de los movimientos sociales emancipadores se pueden agrupar en tres grandes
bloques: frenar la degradación socioambiental, crear marcos culturales
ecosociales y construir satisfactores de las necesidades universalizables
(justos) y resilientes. En este artículo lanzo propuestas de cómo abordar estas
tres grandes líneas estratégicas con una mirada decrecentista en el actual
contexto de crisis civilizatoria.
Apuntes de contexto
Empiezo
señalando tres aspectos del contexto con fuertes implicaciones en las
estrategias a llevar a cabo. La primera idea es que el colapso de la
civilización industrial y del capitalismo global es inevitable. El ineludible
decrecimiento global en el consumo de materia y energía conlleva la
imposibilidad de sostener nuestro sistema socioeconómico. Un corolario
estratégico de este hecho es que las iniciativas decrecentistas, aunque puedan
parecer política, sociológica y económicamente alejadas del sentido común, en
realidad pueden terminar estándolo mucho más de lo que, con una mentalidad del
siglo XX, parece. Nadan a favor de la corriente. Es más, tenemos más
posibilidades de que sean mayoritarias que en el siglo XX, pues cuando un orden
social se resquebraja, de sus ruinas surgirán inevitablemente otras
articulaciones. Este proceso es totalmente indeterminado y está muy abierto.
Quienes tengan la capacidad de organizarse, la lucidez de leer bien el contexto
y la voluntad de construir satisfactores resilientes, escalables y/o
replicables, tendrán muchas posibilidades de influir con fuerza en los cambios
sociales para que, del colapso del capitalismo global, surjan órdenes
ecosociales.
La segunda idea
es que el colapso está sucediendo ya, al menos en sus primeras fases. Para
muestra, podemos recorrer la retahíla de hechos absolutamente excepcionales de
los últimos meses en todo el globo, todos ellos relacionados con la crisis
ecosistémica (pandemia, fenómenos meteorológicos extremos, crisis económica,
plagas, incendios, etc.). Y aunque el colapso no hubiera empezado, esto no implicaría
que tengamos tiempo para realizar una transición tranquila, porque
si queremos tener alguna posibilidad de no superar los umbrales que disparen
procesos de degradación climática y ecosistémica, hay que actuar ya y con mucha
velocidad. Esta ausencia de tiempo (unida a la aceptación de la incapacidad
humana para controlar la complejidad) impone que la transición no podrá ser
ordenada y no podemos hacerla en dos fases, que es lo que nos proponen quienes
plantean propuestas de Green New Deal bienintencionadas (hay
otras que no lo son). No podemos planificar hacer primero lo fácil (un
nuevo desarrollo industrial, esta vez basado en las renovables) y luego
lo difícil (un decrecimiento en el consumo material y
energético).
De la
inevitabilidad del colapso y la falta de tiempo surge que nuestras opciones
estratégicas van a tener que escoger en muchos casos el mal menor. Llevar hasta
sus últimas implicaciones el hecho de que somos ecodependientes supone que la
prioridad tiene que ser el sostenimiento de los equilibrios ecosistémicos. Eso
quiere decir que, aunque nos parezca horrible un colapso rápido del capitalismo
global, es la opción menos mala, pues es la que minimiza la quiebra del
funcionamiento de la trama de la vida. Y eso desde una mirada antropocéntrica,
pues con una ecocéntrica el desmoronamiento rápido de un sistema tan ecocida
como el capitalismo global es una excelente noticia. Pero no solo somos
ecodependientes, también somos interdependientes. Por ello, una pésima opción
es la degradación de los lazos sociales. De ahí surgen dos prioridades básicas: preservación
ambiental y preservación del tejido social para poder satisfacer las
necesidades humanas. Todo lo demás (y, ojo, hay muchas cosas en ese “todo lo
demás”) sería secundario. Esto nos lleva al primero de los bloques
estratégicos.
Resistencia frente a la degradación socioambiental
En nuestras
luchas de este tipo seguimos actuando como si los únicos agentes de destrucción
socioambiental fuesen el Estado y/o las empresas. Pero si lo que tenemos por
delante es un desmoronamiento (o al menos debilitamiento) generalizado de las
instituciones sociales y, sobre todo, un cambio considerable de las condiciones
ecosistémicas es probable que el principal agente destructor pase a ser el
conjunto del sistema planetario. Dicho con un ejemplo, que la preservación de
una zona verde no dependa ya solo de la política urbanística del ayuntamiento,
sino del grado que alcance la distorsión climática.
Esto no implica
que tengamos que retirar el foco de actuación de las Administraciones públicas
y privadas, lo que sería una insensatez porque son determinantes y lo seguirán
siendo, aunque se vayan debilitando. Lo que supone es que tenemos que aumentar
nuestra mirada frente a qué hay que resistir. Aterrizando esto en campañas
concretas, probablemente necesitemos unir la resistencia a las alternativas. No
solo plantarle cara al ayuntamiento y a la promotora urbanística que quieren
cementar el espacio verde, sino hacerlo poniendo en marcha un proyecto
permacultural en la zona que sea resiliente frente a la emergencia climática y
fije las mayores cantidades posibles de CO2.
Pero hay otro
agente más contra el que tendremos que resistir: los movimientos sociales
fascistas, que en el contexto de descomposición tendrán fuerza. Esto pasará en
gran parte por desactivarlos construyendo marcos culturales y satisfactores de
necesidades ecosociales (ver más adelante), pero también por poner cortafuegos
en las calles y las instituciones.
Muchas veces,
los procesos de resistencia están ligados a los insurreccionales. Simplificando
mucho, podríamos decir que hay dos tipos de insurrecciones, aquellas que tienen
objetivos políticos que articulan con claridad la insurrección y aquellas que
son respuestas poco organizadas frente a agresiones. Las segundas pueden ser el
caldo de cultivo perfecto para, en tiempos turbulentos como los que tenemos,
justificar socialmente la necesidad de medidas autoritarias de corte
reaccionario. De este modo, deberíamos intentar que la resistencia se enmarque
en la insurrección con fines políticos ecosociales claros.
Por otro lado,
como el proceso de colapso es inevitable, muchas de las políticas contra las
que resistimos actualmente irán dejando de tener sentido. Por ejemplo, los tratados
de libre comercio e inversión son políticas del siglo XX, no del siglo XXI.
Conforme la disponibilidad de combustibles fósiles empiece a menguar
ostensiblemente, caerán. Mientras en el siglo pasado las luchas largas tenían
más posibilidades de terminar en derrota, en el siglo XXI alargar luchas del
siglo XX puede ser una buena estrategia, pues nadaríamos a favor de
corriente.
Una cuarta idea
parte de analizar lo que implica preservar el tejido social hoy. Durante el
siglo XX, la economía global estuvo creciendo. Aunque el reparto de beneficios
fue muy desigual, como la tarta aumentaba se produjo un efecto goteo que hizo
que los ingresos de amplias capas sociales creciesen. Ese no es el escenario
del vigente siglo. Ahora la tarta va a disminuir fruto de un descenso en la
disponibilidad energética y material (el PIB tiene una correlación casi lineal
con el consumo material y energético). Eso hace mucho más importante la
redistribución de la riqueza, pues en caso contrario amplias capas sociales no
tendrán la base material para poder tejer socialmente nada. Dicho más en
concreto, las expropiaciones, ocupaciones, rentas básicas de las iguales,
políticas fiscales fuertemente redistributivas y compañía son más importantes
que nunca. Hacer posible esta redistribución pasa por vidas muy
austeras en el consumo material y energético del conjunto de la población. Por
poner un ejemplo de lo que esto supondría a nivel energético, no solo sería un
menor consumo (por ejemplo, menos movilidad o climatización), sino también un
consumo distinto (con cortes en los momentos de menor producción de las
renovables). Para analizar cómo sería la construcción de estos imaginarios
sociales de austeridad, entro en el siguiente bloque de acción.
Marcos culturales ecosociales
Abordar un
cambio cultural requiere transformar el sistema educativo, entendiéndolo en un
sentido amplio. En este ámbito, cualquier transformación de calado, si solo
cuenta con la dinámica y la fuerza interna, es lento y abarca varias
generaciones. Sin embargo, no solo contamos con las fuerzas internas (que
además son limitadas). Toda la labor de sensibilización que hemos intentado
realizar distintos movimientos sociales se está produciendo de golpe y es
probable que ese proceso vaya en aumento. Tenemos que ser capaces de nadar con
la corriente para aprovechar los shocks que van a
producirse como consecuencia del colapso sistémico. Es lo que nos va a permitir
dar saltos cualitativos en poco tiempo contando con la tremenda plasticidad del
ser humano. Concebir colectivamente que vivimos ante una emergencia
civilizatoria es determinante para focalizar todas las capacidades humanas
hacia la expansión de la vida y no hacia la reproducción del capital. Esta
concepción es determinante, pues cuando sucede permite a las sociedades asumir
caminos difíciles y trabajosos.
Por ponerlo con
un ejemplo, durante el confinamiento se alcanzó con relativa facilidad y
rapidez un amplio consenso social sobre varias ideas fuerza muy relacionadas
con el imaginario decrecentista que solo un par de meses atrás parecían
totalmente inconcebibles: 1) Se puede poner la salud de las personas por encima
de la reproducción del capital. 2) Los servicios que entendimos como
fundamentales, quitando militares y policiales, se parecen mucho a los que planteamos
desde posiciones decrecentistas. 3) Experimentamos cómo nuestra felicidad no
depende del consumo, sino más bien de tender relaciones de calidad con nuestros
seres queridos. Sin embargo, esta estrategia tiene múltiples dificultades.
La primera
dificultad es que esos aprendizajes culturales son todavía débiles. Necesitamos
afianzarlos mucho más. De este modo, una línea de trabajo sería reforzar los
aprendizajes sociales emancipadores que se vayan produciendo durante los
distintos shocks fruto del colapso. No sería tanto una labor
de sensibilización previa, que es lo que solemos hacer, sino más bien
posterior.
El segundo
desafío es que las derechas también están usando los shocks para
proyectar e imponer su orden social. Para ello, utilizan su control de las
instituciones y de la economía, pero el vector cultural también resulta
central. En el plano cultural, una de sus ideas fuerza es la de la libertad
liberal, que implica que el individualismo competitivo es el único orden social
posible y deseable. Pero no hablan de libertad liberal, sino solo de libertad
en general, y ganar la bandera de la libertad no es cualquier cosa, pues es una
necesidad básica de las personas. No es algo que nos podamos permitir perder.
Los seres
humanos (incluidos los neoliberales) somos seres sociales y, por ello, tenemos
interiorizado que la libertad individual tiene que estar limitada para poder
convivir. Es más, la libertad (incrementar nuestras posibilidades de acción)
realmente se maximiza precisamente por esa coordinación social que limita
parcialmente nuestra libertad individual. Así que, la cuestión no está en si
hay que restringir libertades individuales, que es de sentido común, sino
cuáles hay que limitar y a quién. Ahí está la disputa social. Nuestro mensaje
podría ser que solo podemos ser libres si restringimos la libertad de imponer
sus deseos a las clases sociales altas. Es decir, que la libertad pasa por la
redistribución y la austeridad formando un trío interrelacionado.
El principal
problema es que, a nivel global, las clases medias europeas en
realidad formamos parte de esas clases altas, lo que hace que nos
atraiga el discurso de mantenimiento de privilegios que tiene detrás la
libertad liberal (las restricciones al coche son un buen ejemplo). Ante esto,
dos ideas. Una es nadar nuevamente a favor de corriente. Conforme las clases
medias nos vayamos empobreciendo fruto de la crisis, podrá haber una masa
crítica más fuerte que pueda abrazar la triada libertad-reparto-austeridad. La
segunda es comunicar con fuerza la libertad que otorga vivir ligero y con
congéneres que no te miran con envidia por tus privilegios.
Retomando el
hilo, una tercera dificultad de usar los shocks para la
transformación emancipatoria es que cuando son repentinos suelen catalizar
procesos sociales de apoyo mutuo. Sin embargo, el colapso que estamos viviendo
no es un gran desmoronamiento, sino un proceso lento desde el punto de vista
vital (durará décadas), en el que viviremos muchos shocks y,
al tiempo, procesos de degradación del orden vigente paulatinos y de fondo. En
un escenario así, el crecimiento espontáneo del apoyo mutuo lo tiene más
complicado y, en contraposición, el sálvese quien pueda insolidario gana
enteros. Ante esto, la estrategia de aprovechar los shocks para
reforzar el apoyo mutuo e intentar preservarlo durante los procesos de
degradación del orden actual más paulatino puede ser una estrategia
interesante.
Finalmente, no
es suficiente con los aprendizajes que nos generen los shocks.
También necesitamos toda una serie de competencias que nos permitan encarar con
resiliencia y justicia los escenarios que se están abriendo. Estos pasan por
asumir nuestra ecodependencia, nuestra interdependencia y concebirnos como
agentes de cambio con posibilidades reales, y para nada nimias, de determinar
los cambios sociales. Estos aprendizajes se hacen significativos cuando quien
los recibe los concibe como importantes y esto a su vez depende en gran parte
de que su comunidad cercana los considere importantes. La construcción de
sentido es colectiva. Esta construcción es muy compleja, pero en ella la
percepción de la utilidad y de la factibilidad son determinantes. Ahí hay dos
líneas de trabajo a desarrollar que tienen mucho que ver con la construcción de
alternativas.
Profundizando
un poco en cómo construir esa autoconcepción personal como agente del cambio,
esto pasa por permitirnos tener sueños ambiciosos, pues los desafíos que
tenemos por delante son muy grandes. Si queremos construir sociedades realmente
justas, democráticas y sostenibles, tenemos que poder imaginar que es posible
satisfacer nuestras necesidades al margen del mercado y del Estado. La
imaginación humana, en realidad, no vuela libre, sino que se
construye a partir de las experiencias vividas. Por eso, poder desarrollar
sueños ambiciosos requiere materializar previamente pequeñas maquetas de ellos.
Construir otras formas de tener una vivienda, acceder a los alimentos o educar
a nuestras criaturas.
La clave no es
solo aprovechar los shocks, sino también otros mimbres sociales que
ya existen. Una parte de nuestra sociedad se ha ido permeando de un deseo de
buen vivir que pasa, por ejemplo, por dedicar menos horas al empleo, una de las
herramientas de transición que se plantean desde el decrecimiento. Traducir a
campañas que extiendan estos deseos y los sitúen junto a otros de más difícil
digestión, como es la austeridad, podría ser una buena fórmula.
A la hora de
ver cómo construimos nuestros parámetros culturales, las prácticas resultan
determinantes. Normalmente, adaptamos nuestros valores a los que gratifican las
prácticas que llevamos a cabo en nuestro día a día para no vivir fuertes
disonancias cognitivas. Es decir, que si en nuestro empleo se gratifica la
competitividad y el individualismo (y se gratifica, porque es la forma de
preservar dicho empleo), la mayoría de la población adoptamos estos valores en
mayor o menor medida. De este modo, en gran parte, la disputa en el plano
cultural es una disputa en el plano de las prácticas sociales. Tiene mucho que
ver con los satisfactores que construyamos y con su capacidad de ser adoptados
por mayorías sociales. Sobre esto entro en el siguiente apartado.
Construcción de satisfactores justos y resilientes
En los
apartados anteriores ya he ido desgranando argumentos que muestran la
importancia determinante de la construcción de alternativas al capitalismo,
pero al menos hay una razón más: algunos de los posibles escenarios futuros son
pavorosos y es necesario que los temamos, pues nos pueden dañar hasta el
extremo. Sin embargo, a la vez que es importante el miedo, tenemos que ser
capaces de sacudírnoslo para poder rendir al máximo como sociedades y no
abrazar falsas tablas de salvación, como podrían ser los fascismos. De este
modo, el desarrollo de una política decrecentista pasa por generar seguridad.
Hay distintos elementos que pueden ayudar en esta tarea, pero el central es
construir satisfactores de nuestras necesidades resilientes.
Dicho de otra
manera: tenemos que construir colchonetas sociales emancipadoras. Esto puede
hacerse no solo a partir de proyectos que tengan este objetivo en su ADN, lo
que es obvio, sino también a partir de proyectos con un foco asistencialista
(como podría ser un comedor social). Algunas potencialidades de estos proyectos
son: 1) Parten de necesidades percibidas por la población. No hay que motivar
ni buscar el sentido. 2) Muestran la limitación del Estado y del mercado para
satisfacer necesidades y, en contraposición, visibilizan las articulaciones
sociales y su importancia. 3) Parten de la práctica, que es más potente como
agente educativo que la reflexión. 4) Muestran el poder de lo colectivo. El sí
se puede. 5) Focalizan en las necesidades y no en el empleo, desplazando así la
centralidad social de este último.
En todo caso,
para que este tipo de iniciativas sean realmente emancipadoras son necesarios
al menos dos elementos. El primero es que las personas usuarias se conviertan
en actrices. Es decir, que sean proyectos que evolucionen hacia la autogestión.
El segundo, que transiten desde la redistribución (de alimentos, por ejemplo) a
la producción real (de alimentos en este caso).
¿Cómo tienen
que ser esos nuevos satisfactores? Una primera idea es que deben ser alegres.
Los procesos de cambio son largos y enfrentan múltiples desafíos y sinsabores.
Un ingrediente determinante para poder sostener en el tiempo los procesos
largos es la alegría. Es lo que nos permite aguantar. También buenas dosis de
esperanza activa.
Además, tienen
que ser satisfactores no capitalistas. Esto, entre otras cosas, significa que
permitan cubrir las necesidades fuera del mercado y sin tener que recurrir a la
venta de la fuerza de trabajo. Es decir, que sean satisfactores con mercado (no
de mercado) y desalarizados. Serían satisfactores en los que las comunidades, a
través de mecanismos de articulación colectiva, construyan autonomía. Por
ejemplo, un huerto comunitario productivo destinado al autoconsumo tendría
estas características.
En un contexto
de emergencia y falta de tiempo es central articular los saltos de escala y la
replicabilidad imprescindibles con presteza. Es algo que los procesos de
autoorganización colectiva son capaces de realizar, que se puede hacer más
rápido si se cuenta con el efecto catalizador (financiación, normativa,
políticas) de las instituciones, pero sin confiar en que el Estado como
institución que sostiene las jerarquías sociales se vaya a disolver por
iniciativa propia.
Aunque la
construcción de esos satisfactores ecosociales tiene que tener ambición
totalizadora, todavía estamos lejos de que esto sea posible y, sobre todo, el
proceso no es un blanco o negro, sino una gradación en la que se puede ir
avanzando en grados de autonomía social. Un cambio más realista puede ser aquel
que va recuperando espacios de la vida. Primero, los más sencillos, como podría
ser la alimentación, y después, otros más complejos, como podría ser la
vivienda, pero siempre permitiendo itinerarios distintos para cada persona. Se
pueden vislumbrar como iniciativas sectoriales con puntos de intersección.
Como se
desprende de todo el texto, de los tres bloques de estrategias (resistir,
culturas ecosociales y construir) es el tercero el que considero ahora más
importante, pues cataliza al resto.
Artículo publicado originalmente en Viento Sur.
El PSOE protege a Casado (PP) y no lo cita a declarar en el caso de corrupción conocido como «operación Kitchen». (El gobierno de España, del que me barrunto que para mí forma parte Unidas Podemos, social comunista y rojo hasta las trancas, según el PP y suspiritos de España, VOX, le echa una manita al compi partido del PP, también social comunista y rojo hasta las trancas, al impedir que su presidente, Casado, entre de cabeza a dar alguna que otra explicación en la comisión del Congreso que investiga el tutti frutti de la corrupción amiga del PP. Yo de mayor quiero ser eso, corrupto amigo. )
El PSOE protege a Casado (PP)
y no lo cita a declarar en el caso de corrupción conocido como «operación
Kitchen»
INSURGENTE.ORG /2 octubre 2021
Hoy por ti, mañana por mi. El PSOE no quiere que Pablo
Casado comparezca en la comisión de investigación sobre la llamada ‘operación
Kitchen’ en el Congreso de los Diputados. Los de Sánchez no han incluido en su
lista de comparecientes al líder del PP para dar explicaciones sobre el
supuesto uso de recursos del Ministerio del Interior para intentar obstaculizar
la instrucción del ‘caso Bárcenas’ durante el Gobierno de Mariano Rajoy. El
PSOE alega que la lista de comparecientes que ellos han registrado es
«coherente, seria y acorde a la información y los documentos» que manejan y a
las distintas pruebas que han ido saliendo a lo largo de la comisión.
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sábado, 2 de octubre de 2021
China y la «prosperidad común»
La actuación del presidente Xi Jinping contra los multimillonarios y su llamamiento a reducir la desigualdad para lograr la denominada prosperidad común supone otro giro en la dirección política en zig-zag de la élite china en las últimas décadas.
China y la «prosperidad común»
El Viejo Topo
2 octubre, 2021
En mayo, el gobierno chino estableció una zona
especial para implementar la «prosperidad común» en la provincia de Zhejiang,
donde también se ubican las sedes de varias importantes corporaciones de
Internet, entre ellas Alibaba. Y el mes pasado, el presidente de China, Xi
Jinping, anunció planes para difundir la «prosperidad común», anunciando una
dura represión contra las élites
ricas, incluido el creciente grupo de
multimillonarios tecnológicos de China. En su reunión de
agosto, el Comité Central de Finanzas y Economía, presidido por Xi, confirmó
que la «prosperidad común» era «un requisito esencial del socialismo» y debería
ir de la mano de un crecimiento de alta calidad.Durante la última quincena, la
administración tributaria se comprometió a tomar medidas enérgicas contra los
evasores de impuestos y multó a Zheng Shuang, una de las actrices más populares
del país, con 46 millones de dólares por evasión de impuestos. La Corte Suprema
declaró ilegal la semana laboral de 72 horas, común en muchas empresas del
sector privado. Y el Ministerio de Vivienda dijo el martes que limitaría los
aumentos anuales de los alquileres residenciales en un cinco por ciento. Y una
nueva capa de funcionarios ha sido arrestada por corrupción.
Además, el
gobierno se está moviendo para restringir que las empresas nacionales coticen
en las bolsas de valores de EEUU, una medida que amenaza con restringir el
crecimiento de las empresas de tecnología que habían llegado a simbolizar las
tasas récord de crecimiento económico chino y el surgimiento de jefes de
empresas ricas. Los años de especulación desenfrenada por parte de empresas
privadas multimillonarias en alianza con algunos funcionarios locales y
nacionales para hacer lo que quisieran, incluida la usurpación del control
estatal del sistema bancario minorista, han terminado.
Los multimillonarios
en general, y los mega-ricos beneficiarios de la industria de la tecnología en
particular, ahora luchan por apaciguar al partido con donaciones caritativas y
mensajes de apoyo. El sitio web de comercio electrónico que cotiza en Nasdaq,
Pinduoduo, se comprometió a principios de este año a donar sus ganancias del
segundo trimestre y todas las ganancias futuras para ayudar al desarrollo
agrícola de China hasta que las donaciones alcancen al menos 10 mil millones de
yuanes ($ 1.5 mil millones). La medida provocó que sus acciones subieran un
22%. Tencent, que cotiza en Hong Kong, al leer las mismas señales de Beijing,
reservó 50.000 millones de yuanes para programas de asistencia social que
apoyan a las comunidades de bajos ingresos, lo que elevó los compromisos
filantrópicos de este año a un total de 15.000 millones de dólares.
El anuncio de
los planes de «prosperidad común» fue precedido por el arresto del secretario
general del Partido Comunista de Hangzhou (capital de Zhejiang), Zhou
Jiangyong, por parte de funcionarios anticorrupción. Se rumorea que sus
familiares se habían enriquecido con inversiones en acciones locales de
Internet.
La represión de los gigantes tecnológicos y los intentos de los multimillonarios de hacerse con el control de los sectores bancario y minorista de consumo de China también han destruido rápidamente las esperanzas de los inversores extranjeros. Los explosivos precios de las acciones del sector tecnológico chino se han revertido.
El objetivo
declarado de la «prosperidad común» es «regular los ingresos excesivamente
altos» a fin de garantizar la «prosperidad común para todos». Y es bien
sabido que China tiene un nivel muy alto de desigualdad de ingresos. Su
índice gini de desigualdad de ingresos es alto para los estándares mundiales,
aunque ha retrocedido en los últimos años.
China: índice de desigualdad de ingresos de gini (cuanto mayor es el índice, mayor es la desigualdad)
Fuente: Banco Mundial.
La medida de desigualdad Gini se utiliza para medir la desigualdad general en ingresos y riqueza. En riqueza, los valores gini son mucho más altos que los valores correspondientes para la desigualdad de ingresos o cualquier otro indicador de bienestar estándar. La desigualdad de riqueza de China es menor que en Brasil, Rusia o India, pero aún mayor que en Japón o Italia.
Informe de riqueza de Credit Suisse 2021
En mi opinión, hay dos razones por las que Xi y su mayoría en la dirección del Partido Comunista chino han lanzado ahora el proyecto de «prosperidad común». La primera es la experiencia de la pandemia de COVID. Al igual que en las principales economías capitalistas, la pandemia ha revelado a la población china la existencia de enormes desigualdades, no solo de ingresos sino también del aumento de la riqueza de los multimillonarios, que han cosechado enormes beneficios durante el COVID mientras que la mayoría de los chinos, especialmente los grupos de ingresos medios han sufrido confinamientos y cierres, pérdida de ingresos y aumento del costo de vida. La proporción de riqueza personal de los multimillonarios de China se ha duplicado del 7% en 2019 al 15% del PIB actual.
Si se
permitiera que esto continuara, se empezarían a abrir brechas en el PC y el
apoyo del partido entre la población. Xi quiere evitar otra protesta en la
Plaza de Tiananmen como la de 1989 como consecuencia del enorme aumento de la
desigualdad y la inflación bajo las reformas del «mercado social» de Deng. Como
lo expresó Xi en un largo discurso en julio a
los miembros del partido: “Lograr la prosperidad común es más que
un objetivo económico. Es un tema político importante que incide en la base de
la gobernanza de nuestro Partido. No podemos permitir que la brecha entre ricos
y pobres siga creciendo, que los pobres sigan empobreciéndose mientras los
ricos continúan haciéndose más ricos. No podemos permitir que la brecha
de la riqueza se convierta en un abismo infranqueable. Por supuesto,
la prosperidad común debe realizarse de una manera gradual que considere
plenamente lo que es necesario y lo que es posible y se adhiera a las leyes que
rigen el desarrollo social y económico. Al mismo tiempo, sin embargo,
no podemos darnos el lujo de quedarnos sentados y esperar. Debemos ser
proactivos para reducir las diferencias entre las regiones, entre las zonas
urbanas y rurales y entre los ricos y los pobres. Debemos promover el progreso
social integral y el desarrollo personal integral, y defender la equidad social
y la justicia, para que nuestra gente disfrute de los frutos del desarrollo de
una manera más justa. Deberíamos asegurar que las personas tengan un sentido
más fuerte de realización, felicidad y seguridad y hacerlas sentir que
la prosperidad común no es un lema vacío, sino un hecho concreto que pueden ver
y sentir por sí mismos”. (los subrayados son míos).
Como admitió
perceptivamente Xi en este discurso sobre la desaparición de la Unión Soviética:
“La Unión Soviética fue el primer país socialista del mundo y una vez
disfrutó de un éxito espectacular. Al final, sin embargo, colapsó, principalmente
porque el Partido Comunista de la Unión Soviética se separó del pueblo y se
convirtió en un grupo de burócratas privilegiados preocupados solo por proteger
sus propios intereses (subrayados míos). Incluso en un
país modernizado, si un partido gobernante da la espalda al pueblo, pondrá en
peligro los frutos de la modernización».
La otra razón
de la iniciativa política de Xi es que, a pesar de la rápida recuperación de la
economía china de la recesión pandémica global, el COVID no ha sido erradicado
en China o en otros lugares y esto ha llevado a una desaceleración del
crecimiento. En agosto, la producción industrial se revirtió, cayendo a un
mínimo de 18 meses, mientras que la principal encuesta del sector de servicios
muestra que el sector recibió un golpe aún mayor y se contrajo por primera vez
desde marzo pasado.
Indicador de actividad empresarial Markit (compuesto) para China – ahora por debajo de 50 (contracción)
Rana Mitter,
historiadora y directora del Centro de China de la Universidad de Oxford,
comentó: “Los funcionarios del partido temen que los gigantes
tecnológicos y las personas que los dirigen estén fuera de control y deban ser
controlados. Y luego debemos agregar la determinación de Xi de ser nominado el
próximo año para un tercer mandato que ahora permiten los cambios en la
constitución». Los capitalistas de China imaginaron que podrían
actuar de la misma manera que los de las economías del G7, invirtiendo en
propiedades, tecnología financiera y medios de consumo y acumular enormes
deudas para hacerlo. Pero el COVID obligó al gobierno a intentar frenar el
aumento de la deuda inmobiliaria y corporativa. Esto ha llevado a la quiebra de
varias empresas de bienes raíces y empresas de «banca en la sombra». La
gigantesca empresa inmobiliaria Evergrande está luchando por pagar 300.000
millones de dólares de deudas y ahora se espera que quiebre, a menos que el
estado la saque de apuros. Evergrande afirma emplear a 200.000 personas e
indirectamente genera 3,8 millones de puestos de trabajo en China.
El gobierno
tuvo que actuar para frenar la expansión desenfrenada de la inversión
improductiva y especulativa. El último Informe de Estabilidad Financiera
del Banco Popular de China (banco central) establece que entre 2017-2019, «el
índice de apalancamiento macro general se ha estabilizado en alrededor del
250%, lo que ha ganado margen para aumentar los ajustes anticíclicos en
respuesta a la epidemia». En otras palabras, el gobierno podría
brindarle al fondo el apoyo necesario para superar la depresión del
COVID. Pero el BPC admite que “bajo el impacto de la epidemia en
2020, la tasa de crecimiento del PIB nominal se ralentizará, la cobertura
macroeconómica aumentará y el coeficiente de apalancamiento macro aumentará
gradualmente. Se espera que vuelva gradualmente a una tendencia
básicamente estable». Por lo tanto, la deuda aumentará a medida que
China entre en 2022.
El informe del
BPC afirma que tiene bajo control todas las operaciones bancarias en la sombra
y otras operaciones financieras de riesgo: “el orden financiero se ha
limpiado y rectificado de manera integral. Las instituciones de préstamos en
línea P2P en funcionamiento han cesado sus operaciones, la recaudación de
fondos ilegal, los juegos de azar transfronterizos y los bancos clandestinos y
otras actividades financieras ilegales se han frenado de manera efectiva, los
fondos de capital privado, los lugares de negociación de activos financieros y
otras resoluciones de riesgos han logrado un progreso positivo y se ha
reforzado la supervisión de las grandes empresas de tecnología financiera«.
Pero el informe
también revela que hay una sección de líderes del PC que realmente quieren seguir
adelante con la apertura del sistema financiero chino controlado por el estado
al capital (incluido el capital extranjero), y estas opiniones son sólidas
dentro de los banqueros con educación occidental en el país. El informe del BPC
dice que quiere “continuar profundizando la reforma y la apertura,
promover aún más la reforma orientada al mercado de las tasas de interés y los
tipos de cambio, avanzar de manera constante en la reforma del mercado de
capitales y promover el desarrollo de alta calidad del bono mercado. Con la
premisa de prevenir riesgos de manera efectiva, continuar expandiendo la
apertura financiera de alto nivel». Aparentemente, los funcionarios
del BPC estiman que incluso una mayor relajación de las regulaciones
financieras reducirá el riesgo.
Por otro lado,
Xi y sus partidarios quieren controlar las payasadas del «salvaje oriente» de
los sectores financieros en Shangahi y Shenhzen. Xi ahora propone establecer
una nueva bolsa de valores en Beijing para atraer a las empresas nacionales a cotizar
en el país en lugar de en el extranjero. Esto es parte de la estrategia para
reducir la dependencia de la inversión extranjera.
Según los
‘expertos’ en China en Occidente, esta represión de las finanzas, la propiedad
y la tecnología privada es un suicidio para el crecimiento de China. Estos
expertos creen que China no puede sostener su anterior milagro de crecimiento
basado en la propiedad estatal, la planificación y la inversión y, en cambio,
debe permitir que los mercados dominen la política económica y la inversión. El
Banco Mundial ha sido líder en la promoción de esta estrategia para China
durante décadas. El entonces presidente del Banco Mundial, Robert
Zoellick, dijo en una conferencia de
prensa en Beijing. «Como saben los líderes de China, el
modelo de crecimiento actual del país es insostenible». La llamada
trampa de los países de ingreso medio predice que las economías tienden a
estancarse en un cierto nivel de desarrollo, una vez que los salarios han
aumentado y el crecimiento de la productividad se vuelve más difícil. A
principios de 2012, el Banco Mundial y el Centro de Investigaciones para el
Desarrollo, un grupo de expertos del Consejo de Estado de China, publicaron
un informe de 473
páginas que detallaba las reformas que el país tendría que emprender para
evitar la «trampa de los ingresos medios» y ascender a las filas de las
naciones de altos ingresos: es decir, dejar que las fuerzas del mercado se
desaten.
El banquero de
inversiones, George Magnus, un supuesto experto en China, ha argumentado
durante mucho tiempo el viejo truco de que “a niveles de ingresos más altos,
las economías se vuelven demasiado complejas para la gestión de mando y control
por parte de los individuos. Los sistemas son cada vez más lo que importa. Las
reglas transparentes, predecibles y aplicadas de manera justa permiten que las
fuerzas del mercado asuman el trabajo de dirigir la actividad económica,
aumentando la eficiencia y permitiendo que la innovación florezca ”.
Magnus, quien dedicó un capítulo a la trampa de los ingresos medios en su libro
de 2018 Red Flags: Why Xi’s China is in
Jeopardy, argumenta que al perseguir estas políticas y estrategias,«El
gobierno de China reprimirá los incentivos y la innovación, y hará que sea aún
más difícil generar el crecimiento de la productividad que todos los países de
ingresos medianos altos necesitan para evitar la trampa de los ingresos medios«.
He abordado todos
estos argumentos en publicaciones anteriores, por lo que no volveré a entrar en
detalles. Pero la realidad es que China ya está a punto de obtener un estatus
de altos ingresos, según lo define el Banco Mundial. Según el umbral actual del
Banco Mundial y las previsiones del Fondo Monetario Internacional, el país
debería alcanzar ese objetivo antes de 2025. De hecho, como ha escrito Arthur
Kroeber, jefe de investigación de Gavekal Dragonomics en China : “¿Esta
desfalleciendo China? En una palabra, no. La economía de China está en buena
forma y los legisladores están aprovechando esta fortaleza para abordar
problemas estructurales como el apalancamiento financiero, la regulación de
Internet y su deseo de hacer de la tecnología el principal impulsor de la
inversión». Kroeber se hace eco de mi opinión de que: “Sobre
una base promedio de dos años, China está creciendo alrededor del 5 por ciento,
mientras que Estados Unidos está muy por debajo del 1 por ciento. Para fines de
2021, EEUU debería recuperar su tendencia prepandémica de crecimiento anual del
2.5 por ciento. Durante los próximos años, China probablemente seguirá
creciendo a casi el doble de la tasa de Estados Unidos».
Según un
informe reciente de Goldman Sachs, la economía digital de China ya es grande,
representa casi el 40% del PIB y está creciendo rápidamente, contribuyendo con
más del 60% del crecimiento del PIB en los últimos años. “Y hay un amplio
margen para que China digitalice aún más sus sectores tradicionales”.
La participación de economia digital de China en el PIB aumentó del 2,1% en el
primer trimestre de 2011 al 3,8% en el primer trimestre de 2021. Aunque China
todavía está por detrás de Estados Unidos, Europa, Japón y Corea del Sur en su
participación de la economía digital en el PIB, la brecha se ha ido reduciendo
con el tiempo. No es de extrañar que Estados Unidos y otras potencias
capitalistas estén intensificando sus esfuerzos para contener la expansión
tecnológica de China.
En un informe,
la Fed de Nueva York admite que si China mantiene este ritmo de
expansión, “está bien encaminada hacia el status de altos ingresos …
Después de todo, el crecimiento del ingreso per cápita ha promediado el 6.2 por
ciento en los últimos cinco años, lo que implica que se duplica aproximadamente
cada once años, y el ingreso per cápita ya está cerca del 30 por ciento del
nivel de EEUU». Pero la Fed de Nueva York argumenta que no podrá
hacerlo ya que la población activa está disminuyendo y no habrá un aumento
suficiente en la productividad del trabajo para compensarlo.He cuestionado este pronóstico en una nota
anterior.
La razón por la
que la Fed de Nueva York, así como muchos keynesianos y otros críticos del
«milagro» chino, son tan escépticos es que están partiendo de un modelo
económico de crecimiento diferente. Están convencidos de que China
solo puede tener «éxito» (¡como las economías del G7!) si su economía depende
de la inversión rentable de empresas privadas en un «mercado libre». Y, sin
embargo, la evidencia de los últimos 40, e incluso 70 años, es que un modelo
económico de planificación dirigido por el estado como el de China ha tenido
mucho más éxito que sus pares de ‘economía de mercado’ como India, Brasil o
Rusia.
Como dijo Xi en
su discurso: “China es ahora la segunda economía más grande del mundo,
la nación industrial más grande, el mayor comerciante de bienes y el mayor
poseedor de reservas de divisas. El PIB de China ha superado los 100 billones
de yuanes RMB y se sitúa en más de 10.000 dólares estadounidenses en términos
per cápita. Los residentes urbanos permanentes representan más del 60% de la
población, y el grupo de ingresos medios ha aumentado a más de 400 millones.
Particularmente dignos de mención son nuestros logros históricos de construir
una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos y eliminar la pobreza
absoluta, un problema que ha plagado a nuestra nación durante miles de años ”.
Por el
contrario, las lecciones del colapso financiero mundial y la Gran Recesión de
2009, la prolongada depresión que siguió hasta 2019 y el impacto económico de
la recesión pandémica son que la introducción de más producción capitalista con
fines de lucro no sostendrá el crecimiento económico y, ciertamente, no
generará la «prosperidad común».
De hecho, es el sector capitalista de China el que está en problemas y amenaza la prosperidad futura de China. El sector capitalista de China está sufriendo (como lo está en las principales economías capitalistas). La rentabilidad ha caído, lo que reduce la capacidad o la voluntad de los capitalistas chinos de invertir de forma productiva. Por eso la especulación con inversiones improductivas se ha «descontrolado» también en China. Lejos de la necesidad de reducir el papel del estado, el crecimiento futuro de China a través de un aumento en la productividad del trabajo, a medida que la fuerza laboral total se reduce en tamaño, dependerá de la inversión estatal en tecnología, mano de obra cualificada y «prosperidad común».
Fuente: Penn
World Tables 10.1 IRR series
La represión de
Xi contra los multimillonarios y su llamamiento a reducir la desigualdad es
otro giro en la dirección política en zig-zag de la élite burocrática china:
desde los primeros años de rígida planificación estatal hasta las reformas de
«mercado» de Deng en la década de 1980; desde la privatización de algunas empresas
estatales en la década de 1990; al regreso a un control estatal más firme de
las «alturas dominantes» de la economía después de la recesión mundial en 2009;
la relajación del crédito especulativo después de eso; y ahora una nueva
ofensiva contra el sector capitalista para lograr la «prosperidad común».
Estos zigzags
son inútiles e ineficaces. Ocurren porque el liderazgo de China no rinde
cuentas a su pueblo trabajador; no hay órganos de democracia
obrera. No hay planificación democrática. Solo los 100 millones de
miembros del PC tienen voz en el futuro económico de China, y
eso es realmente solo en la cúspide de la pirámide. La otra razón de los
zigzags es que China está cercada por el imperialismo y sus aliados tanto
económica como militarmente. El capitalismo sigue siendo el modo de producción
dominante fuera de China, si no dentro. La «prosperidad común» no puede
lograrse adecuadamente mientras las fuerzas del capital permanezcan dentro y
fuera de China.
Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción
de G. Buster en Sin Permiso.













