jueves, 9 de septiembre de 2021

La Era Sintética

 

La Era Sintética


Christopher J. Preston

El Viejo Topo

20 junio, 2021 


Seas quien seas –científico o pintor, granjero o filósofo, una madre joven o un abuelo cargado de arrugas– un cambio radical en la forma de ver el mundo suele empezar normalmente con una súbita toma de conciencia. En un instante, sucede algo que cristaliza toda una serie de pensamientos y observaciones en una nueva y sorprendente forma de comprensión. En mi caso, ese momento se produjo no hace mucho frente a una remota costa de Alaska en compañía del canoso capitán de un barco de pesca llamado Walt.

* * *

Eran las 2 de la tarde y yo estaba encaramado en la cubierta posterior de un barco de 42 pies de eslora con un gaff[1] de aspecto terrible en la mano contemplando cómo emergía del fondo del mar un sedal de 400 metros de largo.

–¿Estás listo? –me preguntó Walt–. Cuando aparece el pez tienes que ser muy rápido.

Asentí con la cabeza y arrastré un poco los pies para asegurarme de que estaban firmemente agarrados a la cubierta, confiando en no echar a perder mi primer intento de pescar un halibut de Alaska destinado al mercado comercial.

–No te inclines demasiado –añadió Walt–, si no quieres que una de estas bestias se te lleve al fondo del mar. Luchan como demonios cuando llegan a la superficie.

Asentí de nuevo para hacerle saber que le había comprendido y con la mano libre agarré con fuerza el barandal de la embarcación. Los halibuts de la costa de Alaska pueden llegar a pesar el doble que un hombre y causar estragos en una barca pequeña. Algunos pescadores les meten una bala en el cerebro antes de subirlos a bordo, para evitar hacerse daño cuando el pez empieza a debatirse golpeando furiosamente la cubierta.

Con el corazón palpitando aceleradamente, dirigí la vista hacia el punto donde el sedal salía del mar, justo a tiempo de ver cómo aparecía una enorme forma ovalada.

Nueve horas después de que la silueta de aquel primer pez apareciese junto a nuestra embarcación, atracamos en una remota caleta a la sombra del monte Fairweather. Debajo de la cubierta, la bodega estaba llena a rebosar de las piezas capturadas, con sus barrigas abiertas y rellenas de hielo trinchado. Al entrar en la caleta, un oso pardo, desde la playa, apartó por un momento la vista del salmón que aferraba con sus gigantescas garras, y regresó de inmediato a su comida. En cuanto el capitán hubo lanzado el ancla y apagado el ruidoso motor diésel, solo las olas que rompían contra el casco y el chillido de las gaviotas al pasar quebraban el pesado silencio líquido.

Era casi medianoche y estaba exhausto después de haber trabajado toda la tarde transportando los pesados halibuts. Pero bajo aquella luz crepuscular, sentado en la cubierta posterior y con mi sudoroso equipo de pesca pegado al cuerpo, estuve un buen rato contemplando las montañas, los glaciares y el borroso contorno de la figura del oso en la playa. Mental y físicamente agotado por el trabajo, me embargó de repente una profunda sensación de tristeza: me estaba dando finalmente cuenta de lo que significa decir que el ser humano ha transformado completamente la Tierra.

Aparte de nuestra embarcación, no había rastro alguno de vida humana en ninguna dirección. Aquellos halibuts tan bellamente moldeados habían sido capturados en una de las más remotas aguas costeras de Norteamérica, unas aguas repletas de especies en unas cantidades que se dan en muy pocos lugares. Si existía un lugar en la tierra que conservase una mínima apariencia de naturaleza impoluta, tenía que ser un lugar como aquel.

Pero la reluciente carne blanca de los halibuts que le habíamos arrebatado al océano, que habíamos limpiado meticulosamente con nuestros cuchillos y que habíamos amontonado entre hielo en la bodega, no era en absoluto impoluta. Contenía una cantidad suficiente del mercurio vomitado por las centrales eléctricas chinas alimentadas con carbón que se encontraban a más de seis mil kilómetros de distancia como para que la US Food and Drug Administration aconsejase limitar su consumo a un máximo de tres raciones al mes. Y las mujeres embarazadas y los niños pequeños, aún menos.

Como alguien cuyo trabajo habitual comporta dar clase a estudiantes universitarios sobre temas medioambientales, yo ya sabía en abstracto que no quedan en la Tierra lugares no contaminados por la polución industrial. Aunque dicha información estaba bien instalada en algún rincón de mi cerebro, era evidente que no la había procesado totalmente. Porque ahora, por primera vez, la sentírealmente. El impacto humano en el planeta significa algo más que una secuencia de números que apuntan a hundimientos de paquetes de nieve, a glaciares que se derriten o a una disminución del número de especies. Significa un paisaje que ya no puede librarse de las consecuencias de la industria humana, por mucho que nos alejemos de las fábricas y de los centros urbanos. La impronta humana en el mundo es total. Y no es un impacto precisamente trivial. Incluso en los lugares más remotos, puede llegar a comprometer que la comida que nos llevamos a la boca sea segura del todo.

Durante los meses posteriores a mi regreso de aquella excursión de pesca, me he preguntado muchas veces cuál es el significado de este legado para los tiempos que se avecinan. La cuestión que este libro se propone investigar es: “¿Hacia dónde vamos a partir de ahora?”

* * *

Hasta hace muy poco, prácticamente todas las cosas notables que han sucedido en la historia humana han tenido lugar en una época que se conoce como el Holoceno. Formada a partir de las dos palabras griegas holos y kainos, la palabra Holoceno significa literalmente “totalmente reciente”. El planeta ha ocupado la época “totalmente reciente” durante un período geológicamente breve de unos doce mil años aproximadamente.

Durante la última década, una heterogénea colección de climatólogos, ecologistas y geógrafos han estado sugiriendo que la desmesurada influencia de la humanidad sobre el planeta significa que estamos en la antesala del momento en que vamos a dejar atrás al Holoceno. Es cada vez más frecuente referirse a esta aleccionadora nueva realidad como la llegada del Antropoceno o la “era humana”.[2] Técnicamente hablando, el Antropoceno es un término geológico que, si queremos hablar de un modo realmente técnico, todavía no se refiere a nada. Es el nuevo nombre que se está considerando para nombrar la época geológica que sustituirá al Holoceno. Un grupo cada vez mayor de comentaristas han sugerido que la nueva era debería nombrarse en honor de la especie cuya huella es actualmente detectable en cada centímetro cuadrado de suelo y en cada gota de agua de los océanos.

Pese a lo acertado que parece, Antropoceno no es el único término que se está utilizando para describir este momento de cambio en la historia de la Tierra. Se han sugerido otras palabras para definir esta época emergente, cada una de las cuales refleja una concepción diferente de lo que significa realmente un planeta dominado por los humanos. Hay quien propone Capitaloceno o Econoceno para tratar de capturar la esencia del papel desempeñado por la economía en la transición que está experimentando el planeta. Otros piensan que la palabra Homogeneoceno caracterizaría mejor la disminución de diversidad humana y biológica que está a la vista. Algunas feministas creen que el término Mantropoceno explica más adecuadamente qué parte de la humanidad es la principal responsable del estrago planetario. Una línea de pensamiento similar propone el término Euroceno, y otras más negativas sugieren que la época debería simplemente llamarse el Obsceno.

Más importante que cómo decidamos bautizar a este nuevo período de la historia geológica, sin embargo, es cómo decidamos configurarlo. La emergencia de una nueva época no es solamente una oportunidad de darle un nuevo nombre al planeta que hemos transformado inadvertidamente con nuestro trabajo y nuestra industria. Es sobre todo una oportunidad de pensar cuidadosamente qué clase de mundo queremos crear. Y en este sentido, vivimos en un tiempo singular. En el mismo momento en que estamos teniendo esta discusión sobre un nombre, está amaneciendo una nueva era. Desde el átomo a la atmósfera, está emergiendo una serie de tecnologías que juntas prometen rehacer completamente el mundo natural.

* * *

En la película de 1967 El graduado, el protagonista, Benjamin Braddock, un joven con pinta de desorientado interpretado por Dustin Hoffman, es llevado aparte por un bienintencionado amigo de la familia que le informa de que la clave de su futuro se encuentra en una sola palabra: “plástico”. En opinión del amigo, un montón de cosas que Ben verá a su alrededor habrán sido sintetizadas en fábricas en las que se utilizarán nuevos tipos de procesos químicos baratos y flexibles. Si Ben quiere saber qué es lo que le conviene, le aconseja, tendrá que formar parte de ello.

Hoy, si Ben recibiera el mismo consejo, lo que oiría sería una promesa mucho mayor de un futuro sintético aún más extraordinario. Los seres humanos ya no estamos simplemente rodeándonos de nuevos materiales. Nuestra especie está adquiriendo también la habilidad de rediseñar una serie de procesos planetarios fundamentales. Estamos aprendiendo a sintetizar y a combinar nuevas secuencias de ADN para construir organismos originales y útiles. Estamos fabricando nuevas estructuras atómicas y moleculares para crear propiedades materiales completamente nuevas. Estamos reensamblando la composición de ecosistemas de las especies al tiempo que experimentamos con la posibilidad de traer de nuevo a la vida a especies hace tiempo extinguidas. Estamos estudiando cómo implementar tecnologías capaces de hacer dar marcha atrás al Sol para mantener frío el planeta. En cada uno de estos procesos, la humanidad está aprendiendo cómo reemplazar algunas de las operaciones de la naturaleza que más impacto han tenido históricamente por otras operaciones sintéticas que nosotros mismos hemos diseñado.

Nadie puede negar que muchas e importantes transformaciones planetarias ya han tenido lugar. Pero hasta ahora, sin embargo, casi todos los impactos globales provocados por nuestra especie se han producido de forma no deliberada, inadvertidamente. Nadie había planeado contaminar con mercurio todas las calas de Alaska o permitir que sustancias químicas industriales penetrasen en la carne de las ballenas que nadan bajo el hielo del Ártico. Ni el calentamiento atmosférico atribuible a la quema de combustibles fósiles ni las extinciones masivas debidas a la destrucción de extensos hábitats han sido deliberadas. En todas las transformaciones que han tenido lugar hasta la fecha, los cambios globales estaban muy lejos de la mente de quienes los estaban perpetrando.

Pero de ahora en adelante las cosas serán diferentes. Una vez que nos hemos dado cuenta del carácter global de los daños que estamos infligiendo a la naturaleza, no tenemos otra opción que tomar las decisiones acerca de nuestras futuras acciones de un modo mucho más autoconsciente. Igual que el animal herido que hemos encontrado sufriendo en la cuneta, el planeta roto se ha convertido de pronto en nuestra responsabilidad. Ya no tenemos la alternativa de apartar la vista y pretender que no nos hemos dado cuenta de nada. La buena conciencia no nos lo permitirá.

En estos momentos, para colmo, la responsabilidad es especialmente grave. En el mismo momento en que estamos asumiendo esta carga moral, nuevas tecnologías hacen posible una transformación del mundo que nos rodea mucho más profunda que cualquiera que haya tenido lugar anteriormente. Algunas de las funciones más básicas de la Tierra –cómo se construye el ADN, cómo penetran en la atmósfera los rayos del Sol, cómo se forman los ecosistemas– estarán cada vez más determinadas por el diseño humano. Lo que solía ser el resultado no planificado de unos procesos naturales, será cada vez más el producto de nuestras decisiones conscientes. En el marco de la discusión sobre cómo será el futuro que vamos a habitar, el premio Nobel de química Paul Crutzen expresa de una manera contundente lo que nos espera: “Somos nosotros quienes decidimos qué es y qué será lo natural”.[3]

La sustitución de los procesos naturales por los procesos sintéticos es el sello distintivo de lo que podríamos denominar la era del Plastoceno. La elección de este término no pretende sugerir un mundo lleno de plástico. Durante las próximas décadas la humanidad encontrará buenos motivos para alejarse de esta creación sintética particular. El término Plastoceno refleja el uso como adjetivo de la palabra plástico y alude a un planeta que se está volviendo cada vez más flexible y moldeable. La palabra Plastoceno apunta a un grado sin precedentes en la maleabilidad de la Tierra que están haciendo posible las nuevas tecnologías para aquellos que tengan los recursos para desarrollarlas e implementarlas.

Manipulando deliberadamente algunas de las operaciones físicas y biológicas más básicas del planeta, los humanos estamos a punto de convertir un mundo que nos venía dado en un mundo construido por nosotros. En el Plastoceno, el mundo será totalmente reconstruido, desde sus cimientos, por los biólogos moleculares y los ingenieros, lo que dará lugar al comienzo de la primera Era Sintética del planeta.[4]

La reconstrucción del planeta durante la Era Sintética no se limitará a una serie de cambios superficiales. Penetrará en lo más profundo del metabolismo de la Tierra. Las tecnologías dominantes en esta nueva época cambiarán no solo el aspecto del planeta, sino también y sobre todo su funcionamiento. La naturaleza y los procesos que la conforman serán cada vez más algo diseñado por nosotros.

Comprender el carácter de estas transformaciones es muy importante, porque tendremos que tomar decisiones cruciales. Los contornos exactos del camino a seguir todavía no están determinados. Hemos de decidir hasta qué punto queremos llegar en esta reconstrucción de la Tierra. Aunque un cierto nivel de gestión de los procesos naturales es ya inevitable, el Plastoceno puede todavía adoptar diversas formas en función de lo agresivamente que decidamos imponer nuestros diseños.

Según un enfoque, la nueva relación que vamos a establecer con la Tierra en la época que se avecina requerirá que rechacemos definitivamente la idea de dar un paso atrás y de tratar de disminuir nuestra huella en el planeta. Consistirá, al contrario, en una aceleración de la intervención humana en la naturaleza y en sus procesos. En vez de ejercer un impacto sobre la naturaleza de una manera irreflexiva y accidental, un Plastoceno “a tope” significa que le daremos forma deliberadamente, confiadamente, y en ocasiones implacablemente, siempre de acuerdo con las mejores habilidades de nuestros expertos técnicos. Nada estará fuera de límite.

Otros se niegan a aceptar este elevado nivel de intervención y contemplan el amanecer de la nueva época como una oportunidad de hacer retroceder el dial de nuestra interferencia intrusiva. Aunque intensifiquemos nuestra gestión de la naturaleza en determinadas áreas, podemos implicarnos cada vez menos en otras. Eligiendo tratar determinados fragmentos de ADN como inviolables, por ejemplo, podríamos garantizar la protección de algunas porciones de lo que nos ha legado la evolución. Designando determinados paisajes como zonas enteramente vedadas, podríamos preservar algunos símbolos importantes de la independencia y del estado salvaje de la Tierra. Al mismo tiempo que alentamos el desarrollo de ciertas tecnologías a escala planetaria por razones humanitarias, podríamos contrarrestar otros aspectos de un mundo cada vez más sintético.

Con muchas de las preguntas acerca de la forma que tendrá esta Era Sintética aún por responder nos encontramos en un momento de transición crucial y tenemos una oportunidad fugaz de reflexionar mientras el planeta entra en un período diferente de su historia. En el mismo momento en que reconocemos finalmente la magnitud de nuestro impacto, mi sugerencia en las páginas de este libro es que el debate acerca de qué tipo de futuro deseamos todavía tiene que estar abierto durante un tiempo. En vez de asumir que la época que ahora se inicia tiene ya grabado de manera indeleble el nombre de nuestra especie, es preferible considerar que ocupamos un espacio de pensamiento breve pero importante. Invocando a Jano, el dios romano de las transiciones, que con una cara mira hacia el futuro y con otra hacia el pasado, este momento proporciona una ventana de oportunidad para examinar los impactos accidentales del pasado y para reflexionar meticulosamente sobre los impactos deliberados del futuro.

La reciente ola de populismo que recorre la política europea y norteamericana ha sido interpretada como significando que cada vez son más las personas que piensan que el control del futuro se les ha escapado de las manos. Tienen la sensación de que su vida está cada vez más en manos ajenas. Si no logramos comportarnos reflexivamente en este momento de transición, los contornos de la Era Sintética los determinarán efectivamente unos intereses económicos y unos expertos distantes. Las decisiones sobre hasta qué punto es preciso reconstruir la Tierra las tomarán una élite de expertos y el mercado, atraídos ambos por una determinada combinación de altruismo genuino y de la posibilidad de obtener nuevos beneficios de unas intervenciones cada vez más drásticas. En este caso, si nos dejamos arrastrar irreflexiblemente por unos intereses puramente comerciales hacia un Plastoceno a toda marcha, nos veremos abocados a un cambio trascendental. La Tierra y muchos de sus procesos fundamentales perderán su independencia respecto a nosotros, y en un sentido final y muy real nuestro entorno se verá privado de su carácter esencialmente natural. La biosfera quedará totalmente subsumida en la tecnosfera.

Y esto tendrá consecuencias. Si le hacemos esto a la Tierra, nos lo estaremos haciendo de hecho a nosotros mismos.

* * *

Déjenme aclarar desde el principio que este libro no es un rechazo de las importantes áreas de investigación y descubrimiento en él descritas.[5]  Partiendo del nivel atómico y avanzando hacia la manipulación de la atmósfera en su conjunto, los capítulos que vienen a continuación tratan de manera elogiosa algunas de las poderosas tecnologías que están actualmente emergiendo. No cabe duda de que necesitaremos muchos de estos desarrollos para hacer frente a los impactos que está creando una población cada vez más urbanizada e industrializada. Dichas tecnologías permitirán a un número mayor de seres humanos vivir una vida mejor y con menos impactos negativos que ninguna de las tecnologías del pasado. Algunas de estas herramientas serán también esenciales para reparar los daños que ya le hemos causado al planeta. De un modo u otro, una determinada versión de la Era Sintética es algo inevitable.

De todos modos, la inevitabilidad de algunas de estas transformaciones va acompañada de una advertencia aleccionadora. Entre las promesas de las tecnologías acechan algunas seducciones peligrosas. A menudo implican unas fantasías exageradas sobre la idea de control. Nos colocan en un rol de gestores planetarios para el que estamos poco preparados. Y disuelven un antiguo pacto acerca de la forma en que los humanos deberíamos aspirar a tratar el mundo que nos rodea.

La reconstrucción de la Tierra y de nosotros mismos que nos ofrece la Era Sintética tiene todo el aspecto de ser un arma de doble filo. Ciertamente producirá muchos beneficios, pero también tendrá un coste importante. En algunos casos, significará una visión nueva y feliz de salud y opulencia, y una exploración optimista de nuevos tipos de relaciones con nuestro entorno. En otros momentos creará un intento desesperado de aferrarnos a nuestra cordura en un mundo que se estará volviendo cada vez más irreconocible en comparación con el que habitábamos en el pasado. Nos encontraremos corriendo desenfrenadamente y con los ojos vendados por un terreno inestable e irregular.

Tenemos la garantía de que el futuro que habitaremos será diferente, pero la forma concreta que adoptará aún está por determinar. En un mundo justo, esta forma la decidirá unas elección popular racional y bien informada. Este es uno de los mensajes centrales que espero transmitir en lo que sigue. No son decisiones que puedan dejarse en manos de un grupo selecto. Al fin y al cabo, es mucho lo que se juega en ello nuestra especie.

Notas:

[1] Un gaff es una barra de madera o metal con un gancho de acero incrustado en su extremo, especialmente diseñada para ayudar a los pescadores a tirar de los peces muy grandes y subirlos a cubierta.

[2] El prefijo anthropo- deriva de la palabra griega que significa “humano”.

[3] Paul Crutzen y Christian Schwagërl, “Living in the Anthropocene: Toward a New Global Ethos”, Yale Environment 360, 14 de enero de 2011, http://e360.yale.edu/features/living_in_the_anthropocene_toward_a_new_global_ethos.

[4] A lo largo de este libro utilizo los términos Era Sintética y Plastoceno de manera indistinta. Ambos términos sugieren que un mundo que en su momento era un producto de procesos naturales se está convirtiendo cada vez más en algo deliberadamente construido.

[5] Una sección de lecturas propuesta al final del libro apunta hacia algunas de las fuentes de las ideas aquí descritas. He procurado mantener al mínimo las citas y las notas a pie de página.

Introducción del libro de Christopher Preston La Era Sintética.

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Greenpeace denuncia que el Banco Santander sigue financiando la deforestación de la Amazonia. [Este tipo de denuncia que hace Greenpeace no puede más que ser aplaudido por parte de los trabajadores, la inmensa mayoría de la población, y no única y exclusivamente por los que nos consideramos de izquierdas o los que levantan el puño exclamando el pueblo unido jamás será vencido o que cantan la canción en pro de Cuba que bonito está el tomate colgadito de la mata pa que venga un hijoputa y lo meta en una lata. Pero si los trabajadores, la inmensa mayoría de la población, tenemos que bajar de la rama del guindo que se llama inopia (y yo el primero, aquí un jubilata con más de 50 años de trabajo en mis santos cojones, pero no viejo, que los viejos son los que tiene acartonada la chica de pensar y, lógicamente, mueren acartonados y cagaitos de miedo) para empezar a ver por dónde nos da el viento, no nos podemos fiar ni de nuestra propia sombra, y menos todavía de quien se presente regalándonos cosas, que aquí no regala nada ni Dios (ni aquí ni allá ni en maracullá). Y por esta razón, con la cuestión del medio ambiente, tres cuartos de ambiente y ambiente entero (que no significa negarlo ni ignorarlo ni mucho menos) tenemos que tener cuidadito cuidadin, porque nuestros verdaderos interés consiste en lo siguiente: ¿no es el trabajador el que con su trabajo crea cuanta riqueza existe?, pues si esto es así, ¿paisano que haces tú que no trabajas llevándote la mayor parte de lo que yo creo con mi trabajo? Pero paisano, si no trabajas y te llevas la mayor parte de la riqueza que yo creo, ¿cómo es que encima te atreves a decirme lo que tengo que producir, cuanto tengo que producir y dónde lo tengo que producir? Escúchame, paisano, ¿no sería mejor que te fueras a escaparrar monos, que te busques un trabajo si quieres vivir dignamente?, y que nos dejes a los trabajadores que decidamos qué, cuanto, cómo y dónde producir lo que haga falta producir socialmente para vivir dignamente y que decidamos también como se reparte entre todos, entre todos, paisano, el producto de nuestro trabajo. Y por está razón no deberíamos consentir que nada nos parte de la idea de cuáles son nuestros verdaderos intereses. Yo no dudo en absoluto de la certeza de la denuncia de Greenpeace, lo que dudo es que esta organización esté para defender los intereses de los trabajadores, y me sacaría de esta malévola y desconfiada duda mía, si con los papeles debajo del brazo fuera al juzgado correspondiente a presentar la correspondiente querella criminal contra el criminal acto del Banco de Santander por estar pegándole fuego a medio mundo. Con fuego, medio fuego o fuego entero, si se está destruyendo el medioambiente es por el tipo de relaciones de explotación que impone el modo de producción capitalista que, incluso tomado desde el estricto enfoque ecológico de andar por casa, aceptado mayoritariamente, es el que hay que cambiar, pero cambiar, no pintarlo de colores, aunque yo mantenga, contradictoriamente, que una manita de pintura roja a lo que hoy se pinta de color verde no vendría mal, pero esto ya es cuestión de óptica personal.]

 

 

Greenpeace denuncia que el Banco Santander sigue financiando la deforestación de la Amazonia

TERCERA INFORMACION / 09.09.2021

  • La ONG Chain Reaction Research ha señalado a un cliente del Santander como responsable de quemar en agosto de 2021 una zona no autorizada

  • La expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja y la cría de ganado sigue siendo el principal impulsor de los incendios y la deforestación

  • Greenpeace exige al Santander procesos rigurosos de Diligencia Debida que eviten su vinculación con la deforestación

 


Burnt spots in a recently deforested area, registered by Deter 2021 and Prodes 2019, in Aripuanã, Mato Grosso state.nEvery year, Greenpeace Brazil flies over the Amazon to monitor deforestation build up and forest fires. From July 29th to 31st, 2021, flights were made over points with Deter (Real Time Deforestation Detection System) and Prodes (Brazilian Amazon Satellite Monitoring Project) warnings, besides heat spots notified by Inpe (National Institute for Space Research), in the states of Amazonas, Rondônia, Mato Grosso and Pará.rnÁrea queimada em polígono com desmatamento recente, identificado pelo Deter 2021 e Prodes 2019, em Aripuanã, Mato Grosso.nTodos os anos o Greenpeace Brasil realiza uma série de sobrevoos de monitoramento, para acompanhar o avanço do desmatamento e das queimadas na Amazônia. De 29 a 31 de julho de 2021, monitoramos pontos com alertas do Deter e Prodes, além de pontos de calor, do Inpe, nos estados do Amazonas, Rondônia, Mato Grosso e Pará

Greenpeace denuncia que, tras más de dos años de continuo diálogo con los responsables del Banco Santander sobre sus vínculos con el sector agropecuario en Brasil,   la estrategia de esta entidad financiera en la lucha contra la deforestación ha fracasado estrepitosamente. Como revelan los datos oficiales hechos públicos por el INPE sobre los incendios forestales en lo que va de 2021, la deforestación en Brasil sigue siendo un problema muy grave. (1)

“El Banco Santander sigue financiando la destrucción de la biodiversidad y agravando la crisis climática”, ha declarado Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España. “Detrás de un discurso lleno de buenas intenciones continúa una política de apoyo financiero sin fisuras al sector agropecuario y a las empresas que siguen quemando la selva y expandiendo la frontera agrícola para plantar soja o ampliar los pastos para la ganadería”.

En octubre de 2020 la filial de la entidad en Brasil, Santander Brasil, y la empresa agropecuaria brasileña SLC Agrícola firmaron una operación de crédito verde, un préstamo diferenciado a las empresas que tienen un supuesto comportamiento sostenible. En palabras de los responsables de SLC Agrícola, el acuerdo con el Banco Santander suponía un reconocimiento a sus buenas prácticas en gestión ambiental y responsabilidad social.(2)

Pero el SLC Agrícola es, según la organización Chain Reaction Research, el mayor productor de soja de Brasil y fue en 2020 la principal empresa deforestadora en el bioma del Cerrado. Una investigación conjunta de Unearthed, BIJ, The Guardian e ITV News publicada en noviembre de 2020 había señalado a la empresa SLC Agrícola por incendiar los bosques de el Cerrado para la producción de soja.(3)

Más recientemente, Chain Reaction Research (4) ha vuelto a exponer la responsabilidad de SLC Agrícola en los incendios en Amazonia, en esta ocasión analizando imágenes de satélite de la Fazenda Perdizes (Porto dos Gaúchos, Estado de Mato Grosso). Según estas fuentes, el 24 de agosto de 2021 se detectaron incendios activos en la finca Fazenda Perdizes, propiedad de SLC Agrícola en asociación con otras empresas. Estos fuegos se encuentran en la parte de Fazenda Perdizes que es propiedad de SLC Agrícola. Un análisis previo realizado por Aidenvironment, socio de Chain Reaction Research, a principios de la temporada de incendios de 2021, detectó otro foco en la propiedad de SLC Agrícola, Fazenda Palmeira (5). El reciente incendio en Fazenda Perdizes muestra las continuas conexiones de la empresa con la quema y desmonte de tierras para su desarrollo y expansión. La Fazenda Perdizes contenía 5.840 ha de reserva legal, área que según el Código Forestal de Brasil debe permanecer intacta y cubierta de vegetación autóctona, no estando permitido un cambio de uso de la tierra. Pero según el análisis de las imágenes de satélite de Chain Reaction Research, los incendios activos detectados el 24 de agosto se estaban produciendo dentro de esta área de reserva legal.

El Santander otorga un crédito verde a SLC Agrícola en 2020 y esta empresa quema una reserva legal en agosto de 2021”, ha añadido Soto. “Esto en la Unión Europea sería inaceptable, pero el Santander trabaja con dobles estándares y sin procesos de diligencia debida”.

El Banco Santander es el principal banco internacional que está detrás de la quema y deforestación de los bosques en Brasil. Según un informe reciente (6), es una de las entidades financieras que sostienen a las tres grandes productoras de carne de Brasil: JBS, Marfrig y Minerva con inversiones estimadas en 1.600 millones de dólares. De manera especial, los vínculos del Banco Santander con JBS son claves a la hora de abordar la lucha contra la destrucción ambiental en Brasil.

JBS es la segunda empresa alimentaria del mundo y la mayor en proteínas animales, con unidades de producción y oficinas en gran parte del mundo (Brasil, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia y China); y todo tipo de productos cárnicos (aves, cerdo, vacuno y cordero). Hace ya algunas décadas, JBS se había comprometido a limpiar su cadena de suministro de deforestación para 2011. Más tarde, junto con el resto del sector de las materias primas internacional, trasladaron el objetivo a 2020. Ahora JBS ha aplazado nuevamente su compromiso para el año 2025 en Brasil, pero sólo en lo referente a la deforestación “ilegal”. Y aplaza también para 2035 limpiar la deforestación en toda la cadena global de suministro.

“En lugar de poner en práctica una correcta y rigurosa Diligencia Debida, el Santander pretende seguir financiando la deforestación hasta 2025 o 2030”, ha recordado Soto. “El sector de la ganadería industrial es incompatible con un escenario de 1,5 ºC, por lo que el Santander debería retirarse del agronegocio en Brasil, empezando por los principales emisores como JBS, y dirigir sus esfuerzos en sistemas de producción de alimentos que no impulsen la deforestación, el cambio climático y el riesgo de pandemia en el futuro.”

 

1.     Bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro, Brasil está viviendo el desmantelamiento de las estructuras de inspección y control ambiental. La deforestación ha aumentado desde 2019. En 2020, según datos del Proyecto Prodes del INPE, la deforestación en la Amazonía supuso la pérdida de más de 10,000 km² de selva del mapa. Según estimaciones del sistema de alerta DETER del INPE, de agosto de 2020 a julio de 2021, las alertas de deforestación cubrieron un Superficie de 8.712 km², la segunda mayor superficie acumulada en la serie histórica de Deter-B, solo menor que la de 2020.

2.     Anuncio de SLC Agrícola en su perfíl de Facebook, noviembre 2020. https://www.facebook.com/SLCAgricola/posts/3408358459279640

3.     Unearthed, noviembre 2020. Soya linked to fires and deforestation in Brazil feeds chicken sold on the British high street https://unearthed.greenpeace.org/2020/11/25/brazil-fires-deforestation-tesco-nandos-mcdonalds/

4.     Chain Reaction Research, septiembre 2021. Active Fires Detected in SLC Agrícola’s Fazenda Perdizes Property in the Amazon. https://mailchi.mp/chainreactionresearch.com/the-chain-active-fires-detected-in-slc-agrcolas-fazenda-perdizes-property-in-the-amazon?e=250eae147d

5.     Aidenvironment Deforestation System Detects fire in top Cerrado Deforester SLC Agrícola’s Fazenda Palmeira, mayo de 2021. https://www.aidenvironment.org/2021/05/28/aidenvironment-deforestation-system-detects-fire-in-top-cerrado-deforester-slc-agricolas-fazenda-palmeira/

6.     Chain Reaction Research, noviembre 2020. JBS, Marfrig, and Minerva: Material Financial Risk from Deforestation in Beef Supply Chains: https://chainreactionresearch.com/wp-content/uploads/2020/12/JBS-Marfrig-and-Minerva-Material-financial-risk-from-deforestation-in-beef-supply-chains-2.pdf

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Misión de salvamento en Afganistán: Gracias

 

Misión de salvamento en Afganistán: Gracias

 

Por Floren Dimas 

Rebelion

08/09/2021

 

Ahora más que nunca es obligado un replanteamiento de las políticas militares de España, cara al exterior, acabando con la subordinación de las FAS a intereses políticos, económicos y geoestratégicos, que nada tienen que ver con el interés general de los españoles.

Frecuentemente se crítica -y con razón- la utilización de imágenes y la difusión por los medios de vídeos, artículos y noticias, elogiando la actuación de los militares españoles en misiones internacionales, como parte de campañas propagandísticas y de marketing institucionales, políticas, e incluso ideológicas, de origen gubernamental o promovidas por consorcios o lobbies financiero-industriales, promocionando la imagen humanitaria de las FAS españolas, intentando así justificar su intervención en políticas militares del bloque occidental dentro de la OTAN, o bien en conflictos generados por la intervención norteamericana como Afganistán, Irak, etc.

Pero independientemente de las políticas de plegamiento de nuestras FAS a intereses espurios, la actuación de nuestras unidades en Afganistán durante la evacuación de la población civil, como posible objetivo de represalias por parte de los talibanes, ha sido una operación compleja y peligrosa en la que nuestros militares se han empleado a fondo, dando lo mejor de sí para poner a salvo a tantas personas en peligro.

Tengo la suerte de tener algunos amigos y antiguos compañeros, muy bien relacionados con algunos de los expedicionarios españoles implicados en estas operaciones, que a lo largo de las últimas semanas han venido transmitiendo a círculos muy cerrados, testimonios en primera persona de lo complicado que ha resultado llevar a buen fin el dispositivo de evacuación, utilizando todas las estrategias imaginables, algunas de alto riesgo, en la que han participado militares, diplomáticos, servicios de inteligencia, unidades de los GOE’s (ET) , GEO’s (Policía Nacional) , UEI (Guardia Civil), estableciendo rutas alternativas de aproximación al aeropuerto de Kabul, sorteando controles y obstáculos de todo tipo, incluso utilizando medios poco ortodoxos de engaño y disimulo, en operaciones encubiertas y de paisano.

Muchas de estas misiones se han hecho de forma tan discreta, que no han trascendido a los medios de comunicación, para no entorpecer o poner en peligro su objetivo.

A estas personas, concretamente, a tres, una de ellas civil, debo haber tenido una excelente información (que en su momento reservé) que yo me atrevería a calificar de medianamente objetiva, de la actuación los españoles en la dramática operación de rescate de personas ligadas a la misión española en Afganistán.

No, esta vez las imágenes no han sido solo propaganda. Las imágenes de españoles ayudando a la población civil afgana, tienen un trasfondo de compromiso de solidaridad, de afecto y absoluta entrega, a una misión realmente humanitaria, que trasciende a la geoestrategia y que obliga a la implicación personal, poniendo sus vidas en riesgo más allá del obligado cumplimiento de las órdenes.

Estos rasgos de empatía con la población civil, son unas de las señas de identidad de los españoles destacados en misiones militares en conflictos, como ya lo han hecho en la guerra de Bosnia, en Kosovo y en otros lugares en donde han estado (y están) destacados. Los españoles somos así.

Como militar del Ejército del Aire que he sido y como miembro de colectivos de militares demócratas actualmente, he (hemos) cuestionado severamente la alineación de las FAS con la OTAN y con la alianza con los EE UU, en franco perjuicio de la soberanía nacional; pero en la fase final del conflicto provocado por la intervención de los USA en Afganistán, si las FAS españolas no hubieran formado parte de esta guerra, sí que tendrían que haberse desplegado allí en esta última etapa… aunque solo hubiera sido para salvar vidas.

Mi admiración no solo se extiende al personal dedicado in situ a la operación de salvamento, sino a cuantos desde España (ministerios, servicios de inteligencia, etc.) han trabajado, la mayoría de las veces de forma anónima y discreta, para que todo llegase a buen fin, a pesar de la preocupación inevitable por los cientos de afganos que no han podido ser evacuados, por la precipitación por el último atentado en el aeropuerto de Kabul.

Ahora más que nunca es obligado un replanteamiento de las políticas militares de España, cara al exterior, acabando con la subordinación de las FAS a intereses políticos, económicos y geoestratégicos, que nada tienen que ver con el interés general de los españoles, pero sin dejar de considerar el deber de nuestros militares de intervenir en cualquier conflicto en el que se ponga en peligro la población civil, al margen de los intereses geopolíticos del conflicto que se trate.

Floren Dimas es Oficial del Ejército del Aire (RT) miembro de Anemoi y ACMYR

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miércoles, 8 de septiembre de 2021

La mala reputación - Paco Ibañez

¡Ultimas Noticias! Ejército Ruso Realiza Maniobras Militares Cerca de Af...

Después de Kabul: ¿seguir muriendo por los EE.UU.? [Mira que te digo, que digo yo, que los mismos que planificaron la intervención de la OTAN -20 años de tuli tuli, majo, 20 años- (incluida la acción humanitaria de los militares españoles), son los mismos, con alguna diferencia en los trajes, formas de hablar, etiquetaje de la populacha, etc., que dijeron que nos iban a sacar de la crisis de 2008; los mismos que retabillan en los Pactos de Toledo las pensiones; los mismos que vacían las arcas del Estado; los mimos que el 3% para mí y otro 3% para ti; los mismos que no renuevan el poder judicial; los mismos que han propiciado y consentido que las farmacéuticas se hinchen de beneficios a sacos llenos de millones con las vacunas del Covid-19; los mismos que van a endeudar hasta los ojos al Estado con la filigrana de los millones que van a llegar de la UE para regalárselos a los mismamente idénticos que nos robaron ayer, nos están robando hoy y siguen con el erre, erre, de continuar robándonos mañana; los mismos que permiten las subidas de la electricidad; los mismo que no son capaces, porque no quieren, de enchiquerar a los ladrones que evaden impuestos…, en fin, los mismos que cien pájaros te daré. O sea, que lo que te digo, muchacho, es que a tu vecino lo están afeitando, de modo que pon tus barbas a remojar para que luego no me vengas con tontadas]

 

La pregunta sigue siendo pertinente, ¿qué es lo que ha fracasado en Afganistán? Ha fracasado el proyecto intervencionista de Bush, continuado por Obama y Clinton, para impedir el surgimiento de una o varias potencias alternativas.


Después de Kabul: ¿seguir muriendo por los EE.UU.?


Manolo Monereo

El Viejo Topo

8 septiembre, 2021 

Las derrotas son propicias para la autocrítica y, a veces, hasta para decir la verdad. Porque se trata de eso, de una derrota de EEUU y de la OTAN de grandes proporciones. Hablar de Occidente me parece excesivo. Es el juego dominante de un gobierno norteamericano que quiere representar al conjunto de ese mundo complejo y plural que hemos venido llamando Occidente. Hay dos discursos que se solapan. El primero, masivo, viene a decir que el gobierno afgano derrotado era una democracia razonable, imperfecta pero que defendía los derechos humanos y, especialmente, el de las mujeres. Esto se repite una y mil veces en lo que es una lucha por el relato que pretende ocultar la naturaleza de la derrota y criminalizar aún más a los vencedores. El segundo se abre paso entre la desmoralización, la rabia contenida y la inmensa humillación que sienten los que han defendido, una y otra vez, las intervenciones militares de EEUU y que ha hecho del llamado vínculo atlántico -es decir, de la OTAN- el eje de la política de la Unión Europea y de España.

Ha sorprendido mucho las declaraciones del secretario general de la OTAN, Jens Stoltennberg, en las que ha afirmado, sin inmutarse, que “la misión era proteger a EEUU, no a Afganistán”. No es nada nuevo. El 16 de agosto de este año Biden afirmó que “nuestra misión en Afganistán nunca tuvo como objetivo construir una nación. Nunca apuntó a crear una democracia unificada y centralizada”. Obviamente se trata de una justificación a posteriori y una mentira consciente que quiere minorar daños. EEUU ha estado 20 años combatiendo en Afganistán, ha gastado en torno a 2’4 billones de dólares, han muerto 2.448 militares y 4.000 contratistas con más de 20 mil heridos. Ni que decir tiene que los costes humanos para el pueblo afgano han sido inmensos; como siempre, mal contados y rondando cifras, siempre opinables, de más de 240 mil muertos y heridos. En Afganistán ha fracasado un experimento militar y político minuciosamente diseñado y ferreamente ejecutado.

Antes indiqué que había un discurso duro, amargo, que se atrevía a decir cosas que, en otros tiempos y contextos, resultarían sorprendentes. Llama mucho la atención el artículo de Lluís Bassets en El País del pasado 22 de agosto; este periodista, subdirector del medio, hace cinco afirmaciones que merecen la pena destacar. La primera es que “Los talibanes tenían razón. Ashrf Ghani presidía un régimen títere, organizado y dirigido por los extranjeros occidentales”. La segunda, ”En Afganistán ha fracasado el intento occidental -y especialmente de EEUU- de modelar el mundo a su imagen después de la victoria en la Guerra Fría”. Tercera, “La respuesta a la solidaridad europea ha sido la marginación y la unilateralidad en la toma de decisiones, convirtiendo el lema de ‘juntos dentro y juntos fuera’ en un chiste de mal gusto”. La cuarta, “La caída de Kabul es un momento culminante del desalojo occidental del continente y la inauguración de un orden regional organizado por los propios asiáticos”. La quinta y última es una destacada conclusión, “Las estampas del descalabro están ahí, significan lo que significan: la ignominia inevitable de una derrota. No hay derrotas buenas. Ni guerras que acaban ordenadamente. Tampoco hay victorias en las guerras de ahora, que son asimétricas. Ni guerras buenas y justas, como pretendía ser la que Washington declaró y organizó en Afganistán”.

El cuadro es veraz y las conclusiones obligarían a una redefinición radical de las políticas que ha venido defendiendo España en la UE y en la OTAN . No será así. Lo primero que hay que subrayar es que se está siguiendo la hoja de ruta diseñada en  el acuerdo de Doha firmado en febrero del año pasado entre el gobierno de Donald Trump y los talibanes donde se fijaba el mes de mayo de este año como fecha de la salida de las fuerzas armadas norteamericanas. Hay que decir que, desde ese momento, al menos, hay relaciones fluidas entre la insurgencia afgana y el gobierno norteamericano. La imagen que querían evitar, tanto Trump como Biden, era la “fuga de Saigón” simbolo caótico y señal inequivoca de la derrota en  Vietnam. Al final no ha sido así. La razón última: la situación real de las estructuras gubernamentales, del ejército y de las fuerzas de seguridad era mucho peor de lo reconocido; que el arraigo y el dispositivo estratégico de los talibanes era mucho más fuerte y sofisticado de lo que pensaban las autoridades norteamericanas y de Kabul. Los talibanes han ido avanzando rápidamente, pactando, comprando voluntades y con una determinación que les hacía aparecer ante la población como los claros y nítidos  vencedores. Cuando hablaron en Moscú o en Pekín de que controlaban la inmensa mayoría del territorio casi nadie los creyó; se ha demostrado que llevaban razón. La imagen de improvisación, de caos y de derrota perseguirá al gobierno de Biden y marcará, en muchos sentidos, las políticas de la OTAN.

La pregunta sigue siendo pertinente, ¿qué es lo que ha fracasado en Afganistán? Ha fracasado lo que se llamó “Proyecto para un nuevo siglo americano” (PNSA) incubado en el gobierno de Bush padre, organizado e impulsado por las grandes fundaciones conservadoras durante el mandato de Clinton y convertido en estrategia oficial del gobierno de Bush hijo después de los ataques del 11S. Pronto hará 20 años. La figura clave fue Dick Chaney, todopoderoso vicepresidente que impulsó la intervención militar en Oriente Próximo y Medio en un intento de remodelación radical de toda la zona. Los neocons tenían un objetivo preciso: impedir el surgimiento de una potencia o conjunto de potencias que cuestionaran la hegemonía norteamericana; para ello era necesario poner en pie un conjunto de políticas proactivas que lo hicieran viable, usando sin miedo unas FFAA que había que fortalecer y revitalizar. En el centro de este nuevo orden imperial indiscutido e indiscutible, la imposición de la democracia liberal, de las libertades económicas y políticas al modo americano. Afganistán e Irak fueron, insisto, el laboratorio de una gigantesca y dramática experimentación geopolítica.

Al final del mandato de Bush hijo se sabía que, en lo fundamental, dicha estrategia había fracasado. Un autor nada sospechoso como Zbigniew Brzezinski constataba en el 2007 -en un libro que no por casualidad se llamaba La segunda oportunidad: tres presidentes– las enormes dimensiones de la derrota y la urgente necesidad de una rectificación sustancial, poniendo en Obama sus esperanzas. Expectativas frustradas. El nuevo presidente no fue capaz de definir una estrategia más adecuada a los nuevos desafíos y siguió empantanado en todos los conflictos. El asesinato extrajudicial de Osama Bin Laden al modo norteamericano, es decir,televisado en directo para el Presidente y su equipo- entre ellos el vice Biden– violando la soberanía de Pakistan y matando a todos los que se encontraban en el lugar, escenificó la “victoria” y Afganistán fue desapareciendo de la agenda mediática. En 2014 se llegó a la brillante conclusión que la guerra había terminado y que lo tocaba ahora era (re)construir las estructuras estatales, fortaleciendo las fuerzas armadas y reforzando los distintos aparatos de seguridad; precisamente, dicho sea al paso, en el momento en que el movimiento talibán retomaba la iniciativa desde una estrategia que llevaría a la derrota del gobierno títere de Kabul y de la fuerzas de ocupación extranjeras.

Los que hoy critican al “amigo americano”, hacen sesudos análisis sobre las causas de la derrota de la OTAN y se preocupan dramáticamente de los derechos de la mujer ante la barbarie del talibán, son los mismos que defendieron a la civilizada Hilary Clinton frente al autoritario Donal Trump. Pocos quisieron ver que lo que estaba realmente en juego en aquella elección: intervencionismo político-militar humanitario desde la lógica del internacionalismo liberal o repliegue y definición de fase.

Artículo publicado originalmente en Nortes.

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Campaña de desinformación para el mayor proyecto europeo de litio. [Que no sus me eco asustéis. Que eco aquí no eco pasa nada. Que eco esto lo eco arreglo yo, eco mediante, con dos buenos eco bidones de eco pintura eco verde y una buena eco brocha. Que si yo lo único que digo (ya sin eco y sin leches) es que como los trabajadores no tomemos conciencia (conocimiento claro, que la conciencia no es más que eso) de la situación en la que estamos y no nos organicemos para impedir lo que está pasando -precarización laboral, robos al erario público, corrupción política, económica, deportiva y de por tierra mar y aire- (y lo que por venir queda) vamos a pasar más hambre que un caracol pegado a un espejo. Que para decir esto tampoco hace falta decir tanto]

 

Campaña de desinformación para el mayor proyecto europeo de litio

 

Por Francisco Norega / Europa

Rebelion

 08/09/2021 

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Fuentes: A Planeta

El pasado sábado 28 de agosto se publicó en el suplemento Dinheiro Vivo del Diário de Notícias -siendo portada en ambos- una entrevista de la periodista Joana Petiz al australiano David Archer, director ejecutivo de la minera británica Savannah Resources, la empresa que quiere abrir una mina de litio a cielo abierto de 593 hectáreas en Covas do Barroso. Esta entrevista, disfrazada de periodismo, forma parte de la campaña de desinformación y publicidad gratuita impulsada por esta compañía minera y varios medios de comunicación nacionales.

La cereza del pastel es la editorial firmada por la misma Petiz, que acompaña a la entrevista. Una editorial en tono insultante, que ridiculiza a la población de Barroso, la cual desde hace varios años se organiza y moviliza para defender su territorio.
Ante el silencio de los reconocidos proyectos de verificación de datos, decidimos someter estas dos piezas a una rigurosa comprobación de la información para determinar la veracidad de los hechos, así sin más rodeos pasamos a nuestros argumentos.

Vídeo

Barroso – ¿Una «región moribunda»?

En su editorial, Petiz califica a Barroso como “una región cada vez más desprovista de personas y de capacidad para subsistir o diversificar sus medios de sostenimiento”: lo que ella califica como una “región moribunda” es en realidad designada por la FAO como Patrimonio Agrícola Mundial desde 2018 “en base a la forma tradicional de trabajar la tierra, de cuidar el ganado y por la ayuda mutua entre sus habitantes”. Es la única región de Portugal con esta clasificación y una de las 7 de Europa. Gran parte de esta región también forma parte de la Reserva de Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurés, creada en 2009.

En esta región, la “capacidad de subsistir” y los “medios de sostenimiento” proceden en gran parte de la actividad agrícola y ganadera, especialmente de la raza Barrosã. Se trata de una raza bovina que ya estuvo en peligro de extinción, precisamente durante los periodos de mayor actividad minera en la región (mayoritariamente durante la extracción subterránea de tungsteno hasta la década de los 80), y su carne , según muchos, es la mejor de Portugal.

La mayoría de los pueblos todavía tienen tierras comunales, los “baldios”, los cuales se siguen gestionando colectivamente. En muchas partes de Barroso también se conservan otras prácticas ancestrales de gestión colectiva del agua y otros recursos. En los pueblos que nos encontramos en la montaña, también pudimos ser partícipes de una dinámica de vida asociativa y cultural.

Si bien es cierto que se trata de una región con una población longeva y que ha ido perdiendo habitantes en las últimas décadas, como de hecho sucede con casi todo el interior del territorio portugués, esta puede ser calificada de varias formas pero menos de ser una región moribunda “desprovista de gente y de capacidad de subsistencia”.

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De los 800 puestos de trabajo a las minas inteligentes

En la entrevista, David Archer asegura que la mina generará “unos 200 empleos directos y 600 indirectos”, cifras ya conocidas desde el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por la empresa y seguramente basadas en las serias previsiones de un reconocido especialista. Archer va más allá y sugiere que “en estos 200 puestos directos estamos hablando de familias, por lo que el impacto en las personas que se benefician puede ser tres veces mayor”.

Cualquiera que haya estado en Barroso y haya tratado de conocer a las poblaciones y su forma de vida, puede comprender fácilmente lo que representa una enorme cantidad de minas a cielo abierto para una región que prospera con la agricultura y el pastoreo.

Las explosiones, el polvo, el desvío de los cursos de agua para uso de las explotaciones mineras y la contaminación de otros ríos son incompatibles con este estilo de vida. Más aún cuando hablamos de minas que estarán a tan solo 40 metros de las casas más cercanas, esse es el caso de la mina de Borralha, o a 200 metros, en el caso de la mina proyectada para Covas do Barroso.

En estos estudios y previsiones, se contabilizan puestos de trabajo procedentes no se sabe bien de dónde, pero no se cuentan las personas cuya subsistencia se ve amenazada por estos megaproyectos. Si todos los proyectos mineros para la región de Barroso siguieran adelante, ¿cuántos cientos de agricultores, pastores, ganaderos y apicultores, y por supuesto sus familias, tendrían que abandonar el modo de vida que siempre han conocido?

Volviendo a los 200 puestos de trabajo… Si nos preguntamos cuáles son esos puestos de trabajo, y quiénes se beneficiarán de ellos, encontramos la respuesta en esta misma entrevista. David Archer dice que “se tratan de empleos especializados como enfermeros, geólogos, científicos ambientales, contables, técnicos informáticos, o sea, carreras de valor y con salarios por encima del promedio de la región”. En otras palabras, ciertamente no esos cientos de familias que viven de la agricultura y la ganadería, sino gente del exterior.

Pero seguro que necesitarán mucha mano de obra no especializada para proyectos de estas dimensiones, ¿no? Archer aclara: «Estamos (…) en colaboración con numerosas empresas portuguesas (…) para desarrollar una mina inteligente, que se controla de forma remota con una serie de sensores de monitoreo ambiental que provean información en tiempo real por aplicación, etc.»

Es decir, procesos automatizados, donde gran parte del trabajo es realizado o asistido por máquinas. Estas promesas de trabajo se utilizan para intentar comprar a la población local, pero ni siquiera son para ellos. Basta mirar hacia la mina Lousas, en la vecina parroquia de Couto de Dornelas, de donde Felmica extrae cuarzo y feldespato desde 2008, para ver en qué se convierten estas promesas. Los puestos de trabajo terminan siendo… ni una docena.

La mina, el desarrollo de la región y el trabajo con la comunidad

En la entrevista, David Archer afirma: “este proyecto (…) traerá demanda de viviendas, [tiene el potencial para] catalizar la reubicación de servicios públicos – escuelas, servicios de salud, oficinas de correos, etc. La mina será parte de la solución para revitalizar esta región, invertir la deserción hacia las zonas urbanas,traer un mercado para los productos agrícolas, y fomentar esas y otras actividades ”.

Pero, al fin, ¿Es realmente posible revitalizar e invertir el desplazamiento poblacional de una región haciéndole agujeros? ¿Quién quiere vivir junto a enormes cráteres, escuchando explosiones diarias de 720 kilos – en el caso de Mina da Borralha -, o ver desde la ventana de su casa escombreras de casi 200 metros de altura – como planean en Covas do Barroso?

Después de todo, ¿cómo se crea un mercado para los productos agrícolas y se fomentan estas producciones y actividades en una zona llena de minas? ¿Quién querrá comer carne de vacas que viven en medio de polvo, suelo y agua contaminadas? ¿Quién logrará siquiera ser pastor o criar ganado en estas condiciones? ¿y el apicultor? ¿y el agricultor?

Las preguntas de Petiz orientan la entrevista de manera cómoda para el CEO, evitando cuestiones difíciles y críticas. Incluso se compartió información sobre los fantásticos programas de Savannah con la comunidad: “Savannah Lithium también ha establecido fondos de compensación de 600.000 euros/año para trabajar junto con la comunidad y en programas de buena vecindad. ¿Cómo se va a materializar esto? “

A lo que Archer responde: “Podrían ser escuelas profesionales, acciones de promoción de negocios locales, formación, podría ser la compra de ambulancias”. Porque a sus ojos, las y los Barrosões son un montón de campesinos que se dejan comprar por cualquier cosa. Pero no es así.

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Sostenibilidad, responsabilidad y cambio climático

Cuestionado acerca de la decisión final de la APA sobre el Estudio de Impacto Ambiental de la Mina de Savannah, Archer dice que “hemos presentado una propuesta responsable para el desarrollo sostenible” y que “no esperamos la desaprobación. Creemos que estamos haciendo un desarrollo responsable para avanzar en beneficio de todos los portugueses porque esto (…) es un activo que beneficia a todo el país ”. Afirma que existen una serie de mecanismos que garantizan “la mitigación progresiva de los efectos durante el período de explotación y al final de la vida de la mina” e incluso sugiere que, cuando la mina sea desmantelada, “el pozo se transformará en un lago para recreación o eventualmente en instalaciones que permitan la explotación de energías renovables”.

Tanto de un lado como del otro, Savannah es presentada siempre como una empresa responsable y sostenible. Al leer esta entrevista, encontramos un maravilloso proyecto que beneficiará a «todo el país» y «todos los portugueses». Todos menos los Barrosões.

Se realizaron 170 participaciones en el período de consulta pública del EIA, por parte de asociaciones ambientalistas y movimientos locales y por la Municipalidad de Boticas, con opiniones de muchos otros expertos sobre cómo el proyecto contamina el territorio y el agua y pone en riesgo a especies protegidas y a las poblaciones del región. Sin embargo, para Petiz esto parece ser sólo un pequeño detalle, tanto así que solo lo menciona, de pasada, al final de la entrevista de 4 páginas.

Asociado a esto viene una construcción de la imagen de una Savannah que pretende actuar en favor del bien común, defender nuestro planeta del cambio climático, y no buscar ganancias a cualquier costo. El empresario australiano “con particular experiencia en la minería de oro” nos cuenta:

“El desarrollo de la industria del litio nos ha aportado nuevas esperanzas de actuar verdaderamente a favor de la transformación contra el cambio climático. Y la movilidad eléctrica permitirá una increíble mejora de la vida en Europa, en nuestras ciudades, en la calidad del aire, con un impacto positivo en todos los ámbitos, reduciendo las emisiones de CO2. Y el litio es la materia prima que hace posible ese cambio. No se pueden fabricar estas baterías sin el litio “.

Podríamos deconstruir este discurso explicando en detalle que los coches de litio no son sostenibles porque las baterías tienen una vida útil muy corta (entre 4 y 10 años), que puede ser aún más corta si la batería está expuesta a climas cálidos; que hay varias dificultades y obstáculos para su reciclaje; que el precio de estos autos es muy alto, siendo solo accesible para una pequeña élite; que la “transición energética” y la “movilidad eléctrica” siguen basándose en la lógica del coche individual, siendo nada más que una transformación tecnológica que beneficia a los mismos de siempre, y no un cambio de paradigma, como sería la creación y el refuerzo de las redes de transporte colectivo y la recuperación de tecnologías como los tranvías, que existen desde hace más de un siglo y no necesitan baterías para funcionar.

Pero más importante que esto es verificar la afirmación de David Archer de que “el litio es la materia prima que hace posible este cambio” y que “estas baterías no se pueden fabricar sin litio”. ¿Es así?

China recientemente fue noticia en varios periódicos nacionales e internacionales por estar buscando una “alternativa viable” al litio debido tanto a “escasez como a su precio y demanda crecientes”. En efecto, el desarrollo de baterías de sodio ya está en marcha.

Según la empresa china CATL, “las baterías de iones de sodio proporcionan recargas de hasta el 80% de su capacidad en tan solo 15 minutos y prometen una alta densidad energética y una buena estabilidad térmica en diversos escenarios. Este último aspecto es especialmente importante y una ventaja sobre el litio, que pierde rendimiento cuando hace demasiado calor o demasiado frío ».

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El primer lote de baterías de sodio a gran escala está programado para 2023, adelantándose a la fecha prevista por Archer para que la mina Savannah esté plenamente operativa, 2024.

Pero hay más alternativas. El episodio 30 del programa Biosfera de RTP2 trata de las baterías ecológicas, alternativas al litio. Hablan con investigadores de diversas universidades que explican los distintos tipos de baterías que ya se han desarrollado: baterías de flujo, baterías de vanadio, baterías que combinan sal y sosa cáustica, entre otras.

Se tratan de baterías no inflamables ni tóxicas, o que son más duraderas y utilizan materiales de fácil reutilización y reciclaje, o todo al mismo tiempo. Más eficientes y menos perjudiciales para el medio ambiente que cualquier batería de litio disponible en la actualidad.

Maria Helena Braga, investigadora y profesora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Oporto, ha desarrollado una batería que utiliza sal y soda cáustica para almacenar energía y, al mismo tiempo, autocargarse. Esta batería combina capacitancia negativa y resistencia negativa en la misma celda, lo que le permite autocargarse sin perder energía. La investigadora advierte, aun así, que esta “no es una máquina perpetua de suministro de energía”. Sin embargo, María Helena «todavía tiene en casa la primera batería que produjo, y la utiliza como suministro continuo de electricidad desde el verano de 2015. Es decir, aunque no sea una fuente con un tiempo infinito, su autocarga ya ha durado 5 años», explica la periodista.

Pero si disponemos las tecnologías necesarias para producir teléfonos móviles, ordenadores y coches con baterías más sostenibles y duraderas, ¿por qué estas no se introducen en el mercado? Maria Helena Braga lo explica:

“Lo que he aprendido en los últimos años (…) es que esto no depende de la ciencia, depende mucho más de la industria. La industria tiene que venir, tiene que pagar, tiene que tener el equipo, tiene que construir una fábrica… (…) Lo que pasa es que las industrias han invertido mucho en el ion de litio. (…) El otro punto que pongo aquí: las empresas de baterías tienen que vender baterías, si duran mucho tiempo sin tener que ser reemplazadas, la industria pierde. Nosotros ganamos como consumidores, gana la naturaleza, pero la industria… »

UE: Paraíso de las normativas medioambientales

Otro argumento con el que David Archer defiende su negocio es que “Es mejor producir según las leyes europeas del medio ambiente, mucho más duras y serias en Europa, y en un contexto político de liderazgo por la sostenibilidad (…) que ir, por ejemplo, a la República Democrática del Congo».

Joana Petiz, que entrevistó a David Archer, refuerza la idea en su editorial: “una operación minera limitada por estrictas reglamentaciones europeas siempre tendrá todas las ventajas sobre un proyecto desarrollado en una región del planeta donde el dinero habla más que cualquier precaución – ambiental, de desarrollo económico e incluso de derechos humanos ”.

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Un tono de desprecio arrogante, paternalista y colonialista hacia otras regiones del planeta. Como si en Europa el dinero no hablara más fuerte que cualquier precaución medioambiental y que los derechos humanos. Como si en Europa no hubiera también catástrofes medioambientales como consecuencia de la negligencia de empresas y gobiernos. Como si en 2010 no hubiera habido un desastre de lodos tóxicos en Hungría. Como si en Almaraz, a orillas del río Tajo, no hubiera una central nuclear cuyo cierre se pospone repetidamente a pesar de los frecuentes accidentes. Como si hace tres o cuatro años, en Portugal, no se hablara de la prospección de gas de lutita y de la extracción de petróleo en las costas de Alentejo y Algarve. Como si una gran parte de Andalucía, y ahora también del Alentejo, no estuviese entregada a producciones agrícolas intensivas que chupan el agua ya tan escasa en estas regiones, y emplea a personas migrantes en condiciones que no respetan los derechos humanos más básicos. Como si los ayuntamientos no cometieran delitos ambientales, violando las leyes y reglamentos ambientales para determinadas intervenciones, en contubernio con la propia Agencia Portuguesa de Medio Ambiente (APA) que supuestamente debe hacer cumplir estas leyes – como sucedió con la destrucción y el terraplenamiento, hecho por el Ayuntamiento de Coimbra, de la franja ribereña del río Mondego entre Rebolim y Portela, destruyendo galerías ribereñas que son ecosistemas protegidos. Como si la APA no aprobara proyectos que incluso los tribunales reprueban, como es el caso del aeropuerto de Montijo, cuya Declaración de Impacto Ambiental emitida por la APA fue arrasada por un juez del Tribunal Administrativo de Almada por “ignorar de forma evidente y manifiesta los impactos ambientales, tanto en la fase de construcción como en la de explotación sobre zonas sensibles legalmente protegidas, de importancia nacional, comunitaria e internacional ». Como si aquí tan cerca, en Touro, Galicia, en una mina de cobre que fue desactivada en los años 80, no continuasen a ocurrir drenajes ácidos que siguen contaminando el agua de la zona.

Los movimientos antiminas

Lo más ofensivo de todo son los insultos contra quienes luchan contra la destrucción de alrededor del 10% de nuestro territorio por causa de la minería de litio a cielo abierto, planeada por el gobierno en complot con la Comisión Europea y las empresas mineras, e otro tanto del territorio por la extracción de otros minerales.

Petiz nos llama “supuestos ecologistas” en “guerras huecas y egoístas” – “Marchas contra turbinas eólicas que matan pajaritos, protestas contra represas que estropean el ecosistema, levantamientos populares que arrasan con paneles solares que calientan el aire”. “El pueblo se manifiesta a favor de las energías limpias, pero se opone ferozmente a todos los medios que las hacen posibles”.

El pueblo no está en contra de las energías limpias. El pueblo está en contra de destruir los territorios, las formas de vida de las poblaciones y las generaciones futuras, con el pretexto de una energía supuestamente “limpia” que no lo es. Sin consultar ni siquiera informar a la población local. Todo para que, en este caso, una pequeña élite urbana pueda desplazarse de un lugar a otro sin cargo de conciencia, sin preguntarse qué pasa con las regiones de donde proviene la materia prima, ni qué va a pasar con las baterías de litio al final de su vida útil.

En la entrevista, Petiz pregunta en un momento dado: “Siendo el litio esencial para la transición energética defendida por estas organizaciones, ¿ve usted esta oposición a la extracción del litio aquí como una cuestión de “no en mi patio trasero”? Archer responde: “No me parece correcto que los consumidores quieran electricidad verde, pero no quieran involucrarse en la materia prima necesaria para alimentarla”.

David Archer desestima los movimientos y manifestaciones recientes diciendo que “gran parte de lo que son estos movimientos y muchos manifestantes vienen de Francia y otros países, forman parte de un grupo antidesarrollo que protesta contra todo tipo de proyectos”.

Si miramos el Campamento en Defensa de Barroso, en Covas, vemos que participó gente de todo Barroso y de todo el país -de ciudades y otros pueblos y localidades con movimientos antimineros- de varios partes de la Península Ibérica, de Suiza, de México y, sí, también de Francia. Estuvieron presentes porque muchos también están enfrentando megaproyectos en sus regiones y están interesados en conocer lo que sucede en otros lugares y apoyar las otras luchas. Porque saben que estos problemas no son sólo problemas en su patio trasero, sino problemas comunes a toda la humanidad, en todas las partes del mundo.

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Movilización contra mina de litio en Cáceres

El sistema en pánico ante las crecientes movilizaciones

En Barroso hay una creciente movilización y resistencia a los distintos proyectos mineros de la región, especialmente fuerte este mes de agosto. Ambientalistas, periodistas y muchas otras personas han visto el pueblo y la región con sus propios ojos, han conocido a su gente y su lucha, así como otras luchas vecinas también presentes, y las han llevado a sus pueblos y ciudades, a sus propias luchas.

Antes, durante y después del campamento, mientras los medios convencionales portugueses permanecían más o menos callados sobre esta iniciativa, se publicaron reportajes en el Estado español, México [1 y 2], Turquía, Alemania [1, 2, 3 y 4], Francia, País Vasco, Mozambique e Indonesia. En el pasado, la televisión francesa ARTE e incluso Euronews ya habían publicado reportajes en profundidad sobre el tema.

Estas dos piezas y las portadas de DN y Dinheiro Vivo no son más que una maniobra necesaria para que el sistema enfrente la creciente movilización en Barroso. Una maniobra desprovista de ética periodística para intentar controlar la narrativa del litio y de la minería, ensalzando lo espectacular y verde que será, todo en nombre de la “transición energética”, la “movilidad verde” y de un mundo más sostenible, nunca en nombre del interés y beneficio de un puñado de particulares.

La verdad es que les asusta la unidad y determinación del pueblo Barrosão en la defensa de su territorio.

Tratan a Barroso como una región moribunda que necesita ser salvada por los señores iluminados de las ciudades desarrolladas. Escondido detrás de los hermosos discursos está el deseo de destruir un paraíso en la Tierra en nombre de la codicia de media docena de inversores y directores ejecutivos. Y, en algún otro lugar subdesarrollado o moribundo que nadie conoce, nace también un cementerio de baterías “verdes” llenas de sustancias tóxicas y contaminantes, que nadie sabe cómo reciclar.

La mayoría de los argumentos que utilizamos aquí se pueden encontrar fácilmente en una búsqueda rápida. Petiz dice que “no es seria ni responsable la actitud de quienes se comportan así” [que contestan el litio]. Lo que no es serio es su labor como supuesta periodista. Petiz trata a los Barrosões como idiotas, pero es ella la que pasa por ignorante.

Vídeo

Texto de Francisco Norega publicado en http://guilhotina.info
Adaptación y traducción al castellano por Carlos Soledad, Agatha Floriano y Lorena Salamanca

Fuente: https://aplaneta.org/2021/09/07/savannah-impulsa-una-campana-de-desinformacion-ante-el-mayor-proyecto-europeo-de-litio/

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