miércoles, 16 de junio de 2021

Valentino Gerratana: el filósofo militante que nos devolvió a Gramsci

 

El 16 de junio del 2000 fallecía Valentino Gerratana. Autor de una excelente edición de los Cuadernos de la Cárcel de Gramsci. Gran historiador de las ideas, intelectual siempre comprometido con el ideal de la liberación.

Valentino Gerratana: el filósofo militante que nos devolvió a Gramsci

 


 Antonio Floridia

El Viejo Topo

16 junio, 2021

«El hombre que nos devolvió a Gramsci», dijo Guido Liguori, presidente de la International Gramsci Society, en el discurso de clausura de la conferencia que recordó, en el centenario de su nacimiento, la figura de Valentino Gerratana, y que se celebró en Módica, ciudad de origen del erudito, los días 15 y 16 del pasado junio. La conferencia de Módica, organizada como una «Escuela de formación política» llamada Virgilio Failla (en memoria del líder histórico y durante mucho tiempo diputado del Partido Comunista por Ragusa, la que fue considerada la «provincia roja» de  Sicilia), en colaboración con el Instituto Gramsci siciliano y nacional, así como con la International Gramsci Society, ha tenido el mérito de colocar a la figura de Gerratana en el contexto de sus raíces (a partir del informe de Giancarlo Poidomani, historiador de la Universidad de Catania, sobre «la construcción del Partido nuevo en la provincia de Iblea») e iluminar pasajes de la biografía de Gerratana que han permanecido poco conocidos, casi ocultos, por el impresionante trabajo de la edición crítica de los Cuadernos de Gramsci, a la que el nombre de Gerratana, sin duda, seguirá ligado.Un momento culminante, y también muy conmovedor, de la conferencia fue una larga entrevista en video con Emanuele Macaluso. El líder histórico del PCI recordó sus relaciones con Valentino Gerratana, al que conoció en Sicilia en los primeros años de la posguerra, cuando Macaluso era secretario de la CGIL siciliana y Valentino, enviado a Sicilia por el partido para apoyar a Calogero Li Causi, era el director, de hecho, de La voce della Sicilia, el diario promovido por el PCI para apoyar la dura batalla política de aquellos años por la democracia y la «tierra para los campesinos». El testimonio de Macaluso destacó, entre otras cosas, la gran estima que Togliatti había desarrollado hacia el joven intelectual siciliano.

La amistad con Giaime Pintor

El informe introductorio general del exsenador Conceto Scivoletto  ha reconstruido la totalidad de la biografía de Gerratana.

Nacido el 14 de febrero de 1919, de una familia de la pequeña burguesía (su padre era un asesor fiscal, su madre es recordada como «terrateniente»), segundo de cuatro hijos, Gerratana perdió a su padre cuando solo tenía trece años.  Se dedica intensamente a sus estudios, logrando superar el bachillerato de letras a los diecisiete años en el instituto de Módica.

Luego se mudaría a Roma, matriculándose en Derecho y graduándose en 1941. Los primeros testimonios de su compromiso crítico en el terreno filosófico se remontan a esos años, publicando en el Boletín del Instituto de Estudios Filosóficos de la Universidad de Roma tres ensayos de controversia con Benedetto Croce. Pero la «historia con mayúsculas» se avecina y en 1939, Gerratana, que frecuenta a alumnos oficiales de Salerno, conoce a dos figuras que marcarán su vida: Giaime Pintor y Carlo Salinari.

La amistad con Giaime, y su muerte trágica, no pueden sino darle una fuerte motivación política y moral y lo empujan a un compromiso político: Carlo Salinari se convierte en la puerta de entrada al PCI clandestino y a la Resistencia romana; Gerratana será uno de los jefes militares de los Grupos de Acción Patriótica romanos (con el nombre de guerra de «Santo»). Años de duro trabajo y dolor, que impusieron rigurosas elecciones morales, como el propio Gerratana recordará en su introducción al texto de Giaime Pintor, Sangue d’Europa, publicado por Einaudi. Y años que también marcan dolorosamente su vida familiar: en 1941, el hermano mayor de Gerratana, un oficial del cuerpo médico, murió en Grecia.

A Gerratana se le otorgará una medalla de plata al valor militar; pero, como ha sido recordado por muchos durante la conferencia de Módica, siempre evitará cualquier énfasis de celebración sobre estos acontecimientos pasados: una costumbre de discreción que será una de las características constitutivas de su personalidad, también recordada por el abogado Carmelo Ruta, exalcalde de Módica, quien en la década de los noventa le otorgó a Gerratana un reconocimiento en nombre de la ciudad.

La Voce della Sicilia y l’Unità

En el período de posguerra, Gerratana se encuentra viviendo plenamente la experiencia extraordinaria de ese «núcleo romano» del Partido Comunista que tendrá tanto papel en la historia del partido y en la construcción de la relación entre el PCI y los intelectuales: gravita y trabaja en la esfera de «Prensa y propaganda» de la dirección del partido. Un primer punto de inflexión se produce en 1946: Togliatti «envía» a Sicilia, para construir el PCI, a Girolamo Li Causi al que se une Gerratana, para dirigir La Voce della Sicilia, el periódico del comité regional del PCI; Michele Figurelli, en su intervención ha reconstruido la línea política y editorial del diario, y la aportación de Gerratana. Y también de estas páginas surge la fuerza con la que el PCI enfrentó la dramática condición social de la isla, las luchas campesinas, el movimiento separatista, la construcción de un partido que tenía raíces débiles y que, en pocos meses, obtuvo resultados electorales extraordinarios hasta las elecciones regionales de 1947, con la posterior y violenta reacción de los aparatos estatales, los agrarios y la mafia.

Gerratana permaneció en su Sicilia natal hasta el 48: de aquí pasó al otro extremo de la península y fue a trabajar a Turín, a la editorial Einaudi y a la redacción de turinesa de L’Unità, donde conoce —permaneciendo vinculado por una larga amistad— a Paolo Spriano e Italo Calvino. Las ponencias de Delia Miceli y Gregorio Sorgonà, archiveros e investigadores de la Fundación Gramsci, dieron cuenta de los fondos documentales que ahora conserva la Fundación y que atestiguan la larga actividad de Gerratana como protagonista de la política cultural del PCI.

A principios de los años cincuenta comenzó la colaboración con Edizioni Rinascita; luego participa en la fundación de Editori Riuniti donde dirige la colección «Clásicos del marxismo»; Colabora con el Instituto Gramsci, convirtiéndose en el primer miembro de la junta directiva y, desde 1957, director de la sección de Filosofía. También realiza una intensa actividad propagandista en toda la prensa del partido, incluida también la «colateral» con los objetivos pedagógicos más directos (por ejemplo, «El calendario del pueblo»: una comunicación del periodista Pinuccio Calabrese ha analizado la colaboración de Gerratana sobre el tema «religión y política»).

La edición crítica de Los cuadernos de la carcel de Gramsci

En 1972, Gerratana obtuvo la cátedra de Historia de la filosofía en la Universidad de Salerno, donde permaneció hasta 1994 (con un breve paréntesis en Siena): un reconocimiento por su valiosísima producción científica, que incluía la introducción a las obras de Rousseau, Antonio Labriola, Marx y Engels, Lenin. En 1966, a propuesta del entonces secretario general del Instituto Gramsci, Franco Ferri, y por decisión de la secretaría del PCI, se le encomendó a Gerratana la tarea de trabajar en la edición crítica de Cuadernos de la cárcel, terminada en 1975.

En una entrevista publicada en 1987  y realizada por el periodista de L’Unità Eugenio Manca, Valentino Gerratana declaró, sobre la primera edición de Cuadernos, que en ese caso «se presento una imagen de Gramsci verdadera pero parcial, no sin ciertos forzamientos y omisiones». De hecho, Gerratana, como recordó Guido Liguori, reconoció estos límites, pero también los méritos de una verdadera «operación hegemónica», con la cual Togliatti introdujo a Gramsci en la cultura italiana, organizando, como sabemos, los Cuadernos sobre una base temática. El mérito fue haber dado a conocer el pensamiento gramsciano, quizás  de la manera más rápida con que era posible entonces, pero con la limitación de haberlo hecho con ciertos forzamientos y censura en los textos, al perder la conexión crítica que Gramsci continuó tejiendo, incluso encerrado en las prisiones fascistas, con los acontecimientos del movimiento comunista internacional, y transformando la misma imagen de Gramsci: no como un político sino como un teórico revolucionario que reflexionó sobre las razones de la derrota del movimiento obrero en Occidente, un gran intelectual que trabajó sobre la base de las particiones disciplinarias tradicionales: filosofía, crítica literaria, historiografía… Una imagen parcial que, sin embargo, permitió al pensamiento gramsciano entrar con fuerza en la cultura italiana y que también permitió, al menos en parte, diluir, en la cultura del PCI, los efectos del tiempo gris del estalinismo.

Esa extraordinaria relación entre intelectuales y PCI

Valentino Gerratana, con su trabajo y el de todo el grupo de sus colaboradores —entre los que se debe mencionar a Antonio Santucci, quien falleció prematuramente—, nos restituyó a un Gramsci que le da vueltas a la cabeza, piensa, reflexiona, escribe y reescribe sus notas: un pensamiento vivo. Lo que constituye un patrimonio extraordinario, como lo demuestra el crecimiento exponencial del interés crítico en su trabajo, especialmente en los Estados Unidos y América Latina (el nacimiento de la International Gramsci Society, de la cual Gerratana será el primer presidente, se produjo —recordó Liguori— por iniciativa de algunos intelectuales norteamericanos).

En resumen, la figura de Gerratana emerge en la conferencia de Módica en toda su riqueza: «filósofo militante», dicen en el mismo título de la conferencia. El que esto escribe quiso ofrecer, en su discurso, algunas reflexiones sobre una época extraordinaria de la relación entre cultura y política, entre intelectuales y un partido como el PCI; y en los términos con los que hoy es posible repensar la conexión entre investigación teórica e intelectual, cultura política y partidos. Hoy, tal vez, ya ni siquiera es posible entender correctamente el significado de una expresión que, con razón, también puede evocarse con respecto a una figura como la de Gerratana, la de un «intelectual orgánico». De hecho, esta definición ahora se usa a menudo de manera despectiva, o se abandona porque es un presagio de malentendidos. Incluso es difícil entender hoy cómo una generación de intelectuales comunistas, de los cuales Gerratana fue una de las más altas expresiones, concibió su relación con la política, y lo que cuenta, con un cuerpo colectivo como un partido de masas.

El partido como intelectual colectivo

No eran intelectuales «prestados» a la política, como dicen hoy: por el contrario, eran intelectuales que sentían profundamente la «política» intrínseca de su trabajo científico y teórico específico, que por esta misma razón, especialmente por esto, tenía que ser realizado con el máximo rigor intelectual. Eran intelectuales que formaban y se sentían profundamente parte de un «grupo de liderazgo», incluso sin tener cargos políticos específicos: y podían hacerlo porque el PCI era un partido que actuaba como un lugar colectivo en el que este encuentro entre la investigación, la cultura política generalizada y «el sentido común» podía expresar mejor su potencial.

Un texto extraordinario de Gramsci nos recuerda cómo «cada hombre es un filósofo», portador de una «filosofía espontánea», de una concepción del mundo que a menudo se toma de forma pasiva desde el exterior y no se reelabora críticamente. La tarea de los intelectuales es precisamente elaborar esta «filosofía espontánea», para crear una conciencia crítica de la frecuencia con la que permanece implícita o confusa. Y el partido, recuerda Gramsci en otro pasaje, puede ser un «experimentador» de estas concepciones del mundo: el lugar colectivo en el que tratamos de «mantener unida» la «filosofía espontánea» y la reflexión crítica. Por esta razón, los «intelectuales orgánicos» de ese tiempo político no vieron al «partido» como una entidad para sacrificar su libertad intelectual: de hecho, el partido era el instrumento colectivo a través del cual solo el pensamiento de un individuo podía encontrar el camino para expresarse mejor y ser valorado, mediante el cual el trabajo intelectual se convirtió en práctica en sí mismo. Así se superó una visión abstracta e individualista de la propia libertad intelectual. Si la reflexión teórica de uno tenía que ser parte de la construcción de una conciencia colectiva, los niveles y las formas de mediación eran inevitables. Y necesitaron pequeñas huidas hacia adelante que quizás podrían gratificar una dimensión «narcisista» individual, pero que no entraron en la construcción de una cultura política más rica y más madura.

La construcción fallida de una cultura común

Es fácil de entender, por lo tanto, como incluso Valentino Gerratana, como otros intelectuales comunistas de su generación, experimentaron muy mal el «punto de inflexión» de Bolognina y el final del PCI, lo que fue particularmente negativo: la falta de rigor intelectual, la notable dosis de superficialidad con la que se enfrentó el quid histórico del fin del «comunismo real», fue algo que chocó fuertemente con un legado crítico que había marcado toda una existencia.

Hoy, los términos de la relación entre cultura y política son ciertamente diferentes a los del pasado; pero debería haber (y a menudo no hay) una conciencia dramática de cuán urgente es, para el destino de la izquierda y de la democracia misma, reconstruir esta relación. Hoy en día, en la cultura contemporánea, hay contribuciones intelectuales de alto valor que ofrecen una mirada crítica al presente y cuestionan el potencial de liberación y emancipación que puede abrirse o incluso solo vislumbrarse. Lo que falta, dramáticamente, y especialmente en Italia, son los foros, los lugares, los canales a través de los cuales se pueden conectar la investigación teórica y la producción científica, por un lado, y, por otro lado, la construcción de una cultura política generalizada, de una conciencia colectiva que puede representar el «bagaje cultural» con el que aquellos que «hacen política» miran la realidad. Una desconexión letal, contra la que se debe intentar reaccionar.

Fuente: SinistrainreteTraducción de Ana Jorge para Sin Permiso.

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martes, 15 de junio de 2021

¿Estallidos sociales o revoluciones? El papel del instrumento político

 

Hoy se cumplen dos años del fallecimiento de Marta Harnecker. Socióloga, politóloga, periodista, activista y sobre todo una mujer excepcional. Siempre al lado de los trabajadores, de la revolución y del socialismo.

¿Estallidos sociales o revoluciones? El papel del instrumento político


Marta Harnecker

El Viejo Topo

15 junio, 2021 

1. Los recientes y menos recientes estallidos sociales que se han producido en América latina y el mundo, han demostrado fehacientemente que no basta la iniciativa creadora de las masas para lograr la victoria sobre el régimen imperante.

2. Masas urbanas y campesinas empobrecidas se han sublevado y sin una conducción definida se han tomado carreteras, pueblos, barrios, han asaltado centros de abastecimiento, han logrado tomar parlamentos, pero, a pesar de haber logrado la movilización de cientos de miles de personas, ni su masividad ni su combatividad permitieron pasar de los estallidos sociales a la revolución. Han logrado derribar presidentes, pero no han sido capaces de conquistar el poder para iniciar un proceso de transformaciones sociales profundas.

3. La historia de las revoluciones triunfantes, por el contrario, ratifica en forma porfiada lo que se puede lograr cuando existe un instrumento político capaz, en primer lugar, de levantar un programa alternativo de carácter nacional que permita canalizar la lucha de los diversos actores sociales hacia un objetivo común; que ayude a articularlos entre sí y que sea capaz de promover la elaboración de los pasos a seguir de acuerdo a un análisis de la correlación de fuerzas existente. Solo así se podrán lanzar las acciones en el momento y el lugar más oportuno, buscando siempre el eslabón más débil de la cadena enemiga.

4. Esta instancia política es como el pistón en una locomotora, que empuja hacia el motor el vapor contenido en la caldera en el momento decisivo haciendo que se convierta en fuerza impulsora, evitando así que se desperdicie. Por supuesto que, como dice Trotsky, lo que mueve las cosas no es el pistón o la caldera, sino el vapor.

5. Para que la acción política sea eficaz, para que las actividades de protesta, de resistencia y de lucha logren cambiar realmente las cosas, para que los estallidos sociales desemboquen en revoluciones, para que las revoluciones se consoliden, se requiere una instancia política que ayude a superar la dispersión y atomización del pueblo explotado y oprimido creando espacios de encuentro para aquellos que tienen diferencias pero luchan contra un enemigo común; que sea capaz de potenciar las luchas existentes y promover otras orientando las acciones en base a un análisis de la totalidad de la dinámica política; que sirva de instrumento articulador de las múltiples expresiones de resistencia y de lucha.

6. Reconocemos que el terreno no es fértil para escuchar estas ideas. Hay muchos que no aceptan siquiera discutirlas. Y adoptan esta actitud porque las asocian a las prácticas políticas antidemocráticas, autoritarias, burocráticas, manipuladoras que han caracterizado a muchos partidos de izquierda.

7. Yo creo que es fundamental superar este bloqueo subjetivo y entender que cuando hablo de un instrumento político, no se trata de cualquier instrumento político. Se trata de un instrumento político adecuado a los nuevos tiempos; un instrumento que tenemos que construir entre todos.

8. Pero para crear o remodelar el nuevo instrumento político hay que cambiar primero la cultura política de la izquierda y su visión de la política. Esta no puede reducirse a las disputas políticas institucionales por el control del parlamento, de los gobiernos locales; por ganar un proyecto de ley o unas elecciones. En esta forma de concebir la política, los sectores populares y sus luchas son los grandes ignorados. La política tampoco puede limitarse al arte de lo posible.

9. Para la izquierda la política debe ser el arte de hacer posible lo imposible. Y no se trata de una declaración voluntarista. Se trata de entender la política como el arte de construir fuerza social y política capaz de cambiar la correlación de fuerzas a favor del movimiento popular de tal modo de poder hacer posible en el futuro lo que hoy aparece como imposible.

10. Hay que pensar la política como el arte de construir fuerzas. Hay que superar el antiguo y arraigado error de pretender construir fuerza política sin construir fuerza social.

11. Por desgracia, entre nuestros militantes hay todavía mucha verborrea revolucionaria; mucho radicalismo en los pronunciamientos. Estoy convencida de que la única forma de poder radicalizar las cosas es mediante la construcción de fuerzas. A los que se llenan la boca de exigencias de radicalización hay que preguntarles: ¿qué están haciendo ustedes por construir la fuerza social y política que permita hacer avanzar el proceso?

12 Pero esta construcción de fuerzas no se produce espontáneamente. Así solo se producen los estallidos sociales. Se requiere de un instrumento político capaz de construir conscientemente las fuerzas que se requieren.

13. Y yo imagino este instrumento político como una organización capaz de levantar un proyecto nacional que permita aglutinar y sirva de brújula a todos los sectores que se oponen al neoliberalismo. Como una instancia volcada hacia la sociedad, que respete la autonomía de los movimientos sociales y renuncie a manipularlos, y cuyos militantes y dirigentes sean verdaderos pedagogos populares, capaces de potenciar toda la sabiduría que existe en el pueblo –tanto la que proviene de sus tradiciones culturales y de lucha, como la que adquiere en su diario bregar por la subsistencia– a través de la fusión de estos conocimientos con los más globales que la organización política pueda aportar. Como una instancia orientadora y articuladora al servicio de los movimientos sociales.

Fuente: Capítulo primero del libro de Marta Harnecker Ideas para la lucha.

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Vacunas: fondos públicos, beneficios privados. [Como contar con los dedos: el que crea el valor -la riqueza- es el trabajo; quien disfruta de la riqueza creada es el que no trabaja. Moraleja: que quien crea la riqueza es el trabajador y quien disfruta de la riqueza es el que no trabaja. Y a partir de aquí ya se pueden contar chistes]

 

Vacunas: fondos públicos, beneficios privados 

Por Alfio FinolaLina Merino

Rebelión 

Fuentes: CLAE

12/06/2021 

A pesar de los esfuerzos por ocultarlo, el “dios mercado” que el neoliberalismo adora no ha financiado el desarrollo de las vacunas. Los pueblos, a través de los Estados, han sido los principales protagonistas de financiar su producción.

Entre estos, el Estado estadounidense no ha sido la excepción. La Casa Blanca ha participado de manera protagónica en el financiamiento de la vacuna contra la Covid-19, otorgando subsidios directos a las principales farmacéuticas para la investigación y desarrollo de las vacunas y garantizando la producción. 

Hace más de ocho años el gobierno estadounidense pagó a Emergent BioSolutions, una empresa de biotecnología de Maryland conocida por producir vacunas contra el ántrax, para tener una fábrica en Baltimore siempre lista para producir vacunas (o sea, en capacidad ociosa). Cuando llegó la pandemia, la fábrica se convirtió en la principal ubicación de EUA para fabricar vacunas Covid-19 desarrolladas por Johnson & Johnson y AstraZeneca, produciendo alrededor de 150 millones de dosis. 

Por su parte, la vacuna Sputnik V es financiada por el Fondo de la Riqueza Soberana de Rusia (RDIF) y desarrollada por el Instituto de Investigación Gamaleya, ambos de origen estatal, y el Ministerio de Salud de la Federación de Rusia. Mientras que Sinopharm, pertenece al Grupo Farmacéutico Nacional Chino, una empresa estatal china.

Así, nos encontramos ante un escenario donde la mayor parte del financiamiento para investigación, desarrollo y producción de las principales vacunas contra la Covid-19 tiene origen en fondos públicos, aunque no en todos los casos las apropiaciones de esos beneficios volvieron a sus orígenes.

Más allá de las pujas entre las potencias mundiales y los laboratorios por la propiedad y uso de las vacunas, en nuestra región comienzan a aparecer desarrollos propios para dar respuesta a la escasez de este bien tan preciado.

En este sentido, Cuba se encuentra desarrollando las únicas candidatas en fase 3 de América Latina, las vacunas Soberana 02 y la Abdala. Gracias a esto, la isla podría ser el primer país del mundo con capacidad para cubrir todas sus necesidades con vacunas de producción propia, incluso con las restricciones económicas de un bloqueo que no se ha levantado ni siquiera en pandemia. 

Por medio de un convenio, Argentina busca acceder también a esta vacuna, donde podría colaborar para escalar su producción y avanzar en su aprobación. La asesora presidencial, Cecilia Nicolini, y la ministra de Salud, Carla Vizzotti, estuvieron en la isla a fines de mayo.

Argentina también está desarrollando sus propios candidatos vacunales. La principal propuesta es dirigida por investigadores de universidades nacionales y organismos públicos de ciencia encabezados por el el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicet). 

Sin dudas la capacidad instalada del sistema científico argentino, las políticas públicas que promueve este sector, los recursos humanos y técnicos formados con experiencia en biotecnología y producción de vacunas son claves para dar respuesta a las necesidades de innovación y producción del momento, pese a los ahogos presupuestarios heredados de la administración neoloiberal del macrismo. 

La discusión de la propiedad intelectual

La propiedad intelectual (PI) se refiere a una serie de marcos regulatorios impulsados desde 1967 por el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), que ubican los bienes culturales o económicos en el dominio privado. Este acuerdo plantea que tales bienes surgen del intelecto humano, individual o grupal, y que estas creaciones deben “protegerse” para explotación exclusiva de su creador. Quitando definiciones técnicas, la PI es un mecanismo fundamental de la mercantilización del conocimiento.

En la actual fase del capitalismo, el conocimiento es un recurso fundamental para la producción de cualquier mercancía y apropiación de riqueza. Además, es el “recurso limitante” de los sectores económicos estratégicos. Así, las fracciones más avanzadas del capitalismo son las que contienen un mayor conocimiento, como la biotecnología, la nanotecnología, la industria del software, la robótica, la industria farmacéutica, las energías renovables, etc.

El conocimiento tiene dos particularidades. Por un lado, es un bien que no se agota, es decir, que tiene un crecimiento infinito. Por el otro, es un bien intangible que, a diferencia de otros recursos como la tierra, dos personas (o dos empresas) pueden tener o compartir un conocimiento en simultáneo.

Acá es donde la cuestión de la PI, o sea, la apropiación privada del conocimiento, juega un rol fundamental. Es imperativo resaltar la falsedad de la afirmación de que la producción del conocimiento es un proceso individual, ya que es un proceso social. El privatizarlo tiene que ver con la privatización de la riqueza.

El salto tecnológico de los últimos años no posee una valoración negativa por sí mismo, debido a que el conocimiento que permite acortar los tiempos de producción puede ser la solución a las necesidades de las grandes mayorías. Podríamos disponer de más y mejores bienes en menor tiempo y esfuerzo. Sin embargo, la madre de las batallas o la cuestión fundamental es quién se apropia de ese conocimiento, para qué lo utiliza y en función de qué intereses. 

Este es un debate que la pandemia de la Covid-19 y el “bien más preciado”, la mercancía vacuna, trajo aparejada. En medio de una distribución desigual y la acuciante necesidad de una producción de vacunas mucho mayor, entra en la agenda internacional la discusión de que las compañías farmacéuticas renuncien temporalmente a los derechos de propiedad intelectual.

El reclamo comenzó en octubre de 2020 cuando India y Sudáfrica, junto con otros 57 países presentaron su pedido ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). De hecho, es la puja por la propiedad privada del conocimiento lo que dio origen a la OMC en el año 1995.

A pesar de los esfuerzos nacionales y globales que apalancaron el desarrollo tecnológico en tiempo récord, la distribución desigual de la vacuna a nivel mundial resulta evidente. Como advierte Diego Tipping, presidente de la Cruz Roja Argentina, “las dos terceras partes de las vacunas han sido asignadas a los 50 países más poderosos y el 0,1% a los 50 países más pobres”.

Al momento se han administrado más de 2.150 millones de dosis de vacunas en todo el mundo, lo que equivale, en promedio, a 28 dosis por cada 100 personas. En Argentina el promedio está por encima de la media global siendo de 31 dosis cada 100. Las tasas de vacunación por continente son las siguientes: 63% América del Norte, 51% Europa, 31% Sudamérica, 26% Asia, 14% Oceanía y 2.6% África.

La enfermedad como un negocio: ganancias y más ganancias

En los últimos ocho años el sector farmacéutico fue uno de los de mayor crecimiento, 183%  a nivel mundial. La empresa farmacéutica estadounidense Pfizer que desarrolló una de las vacunas contra la Covid-19 junto con su socio alemán BioNtech, percibieron una ganancia de 3.500 millones de dólars en ventas durante los tres primeros meses de 2021, cuando se puso en marcha la campaña de vacunación en Estados Unidos.

 Esto provocó un aumento de las acciones de Pfizer de casi un 50% desde marzo de 2020, elevando el valor de mercado de la empresa a 222.000 millones de dólares.

En el mismo sentido, el fabricante de otra vacuna contra la Covid-19 estadounidense, Moderna, cotiza 11 veces más que el año pasado. Esta empresa declaró que los ingresos totales aumentaron a 1.900 millones de dólares en el primer trimestre (frente a las pérdidas de 124 millones en el mismo periodo del año anterior), al vender 102 millones de dosis de su vacuna de dos dosis. 

Por su parte, AstraZeneca que lleva dos años consecutivos de crecimiento de dos dígitos en los ingresos, encabezó la producción de 350 millones de dosis de una vacuna contra el Covid-19. La empresa cifra la rentabilidad total para el accionista en un 300% en los últimos ocho años, frente al el 44% del FTSE-100. El FTSE-100 es el índice bursátil de referencia de la Bolsa de Valores de Londres. Está compuesto por las 100 compañías de mayor capitalización bursátil del Reino Unido. 

El laboratorio norteamericano Johnson & Johnson informó ventas de la vacuna por una suma de 100 millones de dólares en EEUU, que nutren los 22.000 millones de ingresos del primer trimestre.

Hacia la soberanía tecnológica

Frente a los ingresos multimillonarios por la comercialización de vacunas y la desigual distribución mundial de las mismas, se pone en relieve dos grandes cuestiones: los intereses en pugna por la liberación de la propiedad intelectual y la importancia de tener soberanía sobre el conocimiento científico-tecnológico.

El desarrollo tecnológico soberano e inclusivo es fundamental para lograr la independencia económica, generando puestos de trabajo con personal altamente calificado, que aproveche sus recursos naturales de manera respetuosa con la comunidad y el ambiente. Por ello una pieza fundamental del desarrollo humano y social, es el acceso a la salud, a la educación y a la cultura. 

El fracaso del neoliberalismo, con sus mecanismos, empresas, organismos y leyes internacionales que privatizan y mercantilizan el conocimiento social y hasta públicamente producidos, ahogando en la pobreza a las grandes mayorías, ha llegado a un punto de inflexión en esta pandemia. 

Así lo muestran las luchas populares en todo el mundo y en nuestra región, lo que debe alertarnos de la urgencia de un nuevo modelo de producción orientado a conectar ciencia, tecnología, cultura, ambiente y comunidad con justicia social. 

[*] Merino es licenciada en Biotecnología y Biología Molecular (UNLP) y Doctora en Ciencias Biológicas (UNLP). Finola es licenciado y profesor en Geografía (UNRC). Ambos investigadores del Observatorio de Energía, Ciencia y Tecnología (www.oecyt.com.ar) asociado a la plataforma Pueblo y Ciencia y al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

https://estrategia.la/2021/06/11/vacunas-fondos-publicos-beneficios-privados/

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lunes, 14 de junio de 2021

Ay, PSOE de mi vida y mi corazón. Quien te ha visto, quien te ve y quien te verá por el camino que llevas. Oremos: Santa María Madre de Dios ruega por ellos, y por nosotros también, porque aunque sea de refilón también nos llevaremos el castañazo. Y es que claro, de aquellos Suresnes estos Suresnes y de estos Suresnes los Suresnes que vienen, salvo que, claro, salvo que aparezca la izquierda, que nadie sabe por donde anda y empiece a decirle a los trabajadores: mirad trabajadores, nos vamos a dejar de cachondeos y de molinetes al viento y de chicos buenos y de chicos malos: el que trabaja es el trabajador, y el trabajador es el único que crea la riqueza, y esta riqueza se la queda precisamente el chimpirimpun que no trabaja, y la disfruta con sus hijos, queridas, queridos y con quien se le ponga a tiro, mientras que tú, trabajador, por muy modosito y centradito de centro que seas vives peor cada día, de modo que si quieres que todo siga cada vez peor (porque igual no va a seguir, no seas ingenuo), pues que siguas haciendo lo que estás haciendo, que no estás haciendo nada (que es solo para entendernos), excepto sombra los días de sol, que cuando no hace sol ni eso, y si por un casual, pero solo por un casual, no te sofoques, quisieras que esto empiece a desempeorar para que luego empiece a mejorar, mira a ver si empiezas a mirar y a ver por eso ojitos que Dios te ha dado. Y si no nada, que esto al fin y al cabo va con el vecino y con los que entran si papeles a España y no con nosotros.

 

El espíritu de Suresnes


Por Victor Arrogante 

KAOSENLARED

14 Jun, 2021

Ya he tratado este tema hace años, pero me ha venido a la mente el tango y quiero recordar aquel espíritu que vino de Francia. Viene a cuento para continuar reflexionando sobre lo que significó la Transición 2.0 (21),por un Proceso Constituyente) sobre lo que escribía la semana pasada. «Volver… con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien… Sentir… Vivir…», que canta el tango, así como recordar Suresnes y su espíritu; que si veinte no son nada, cuarenta y siete son una vida.

En 1974 el régimen de Franco agonizaba y la oposición democrática se preparaba para acceder a las instituciones. La alternativa pasaba por reforma o ruptura. Luego, la mayoría de quienes propugnaban la ruptura, reformaron y los de la reforma, con el tiempo, anhelamos la ruptura. La muerte del dictador se percibía como próxima y los cambios sociales y económicos producidos en los años del desarrollo, facilitaron las actividades de la oposición.

El movimiento obrero, organizado en torno a las CCOO del PCE y con una UGT muy castigada por la represión franquista, se pasó de las reivindicaciones laborales a la concienciación política de la clase trabajadora. Mientras, Portugal desembocaba en la ‘Revolución de los claveles’. El nacionalismo se reforzaba en Cataluña y en el País Vasco, con los influyentes Convergència, Unió y el PNV. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco y ETA era protagonista de la lucha armada, muy crecida por el éxito del asesinato del presidente del gobierno Carrero. El gobierno cada vez más débil y todos tomando posiciones ante la Transición que amanecía.

En estas y algunas otras cosas más se estaba, cuando el Partido Socialista Obrero Español y la muy castigada Unión General de Trabajadores, comienzan a tener mayor protagonismo. Cuarenta y siete años han pasado, desde que entre los días 11 al 13 de octubre de 1974, se celebró el Congreso bajo e lema ¡Por el socialismo! ¡Por la libertad! Suresnes, pequeña localidad cercana a París, adquirió un protagonismo histórico, por el cambió de orientación política e ideológica y la toma del poder del «grupo de los sevillanos» y los vascos, jóvenes dirigentes del interior, que se hacen con el poder socialista. Más de la mitad de la población de hoy, no había nacido en 1974 y en 1992 todavía no tenían mayoría de edad. El PSOE contó con el espaldarazo internacional, dado por Willy Brandt, François Mitterrand y Bruno Pittermann, presidente entonces de la Internacional Socialista.

Ya en el Congreso de Toulouse, agosto de 1972, se había abordado la renovación, venciendo la tesis renovadora del interior sobre las del exilio, que encabezada por Rodolfo Llopis. Al no aceptar su destitución, provocó la ruptura en dos partidos: el PSOE Renovado y el PSOE Histórico. En Suresnes, a través del comité de redacción de El Socialista, la Comisión Ejecutiva había informado de las que deberían ser las líneas de los debates, relatan los hermanos Martínez Cobos, en su Intrahistoria del PSOE.

La historia del PSOE es larga y rica en debates sobre ideas, estrategias y objetivos. En Suresnes comenzó otro cambio de orientación política e ideológica. Se acordó adaptar la idea y la acción a la lucha por la democracia y las libertades desde el interior. En el XXVIII Congreso (1979) con el lema Construir en libertad, con aquel «hay que ser socialistas antes que marxistas» de Felipe González, continuó la revisión ideológica. Nueva imagen, nuevos métodos, nuevas formas de acción y abandono de algunos objetivos históricos, a petición de intereses internacionales. Fue durante la llamada Transición a la democracia, cuando se volvió a perder algún que otro principio ideológico y seña de identidad. Ahora, sin república y con monarquía.

Toda la oposición promovía la ruptura democrática, con el fin de restablecer un régimen de libertades, siguiendo el modelo occidental europeo. La Resolución de Suresnes establecía un programa concreto: libertad de todos los presos políticos y sindicales; devolución de todos los derechos, a las personas desposeídas por sus actuaciones políticas y sindicales contra la dictadura; disolución de todas las instituciones represivas; reconocimiento y protección de las libertades mediante: libertad de partidos políticos, libertad sindical, libertad de reunión y expresión, derecho de huelga y manifestación, restitución del patrimonio expoliado a las organizaciones políticas y sindicales suprimidas por la dictadura, convocatoria de elecciones libres a fin de que el pueblo manifieste soberanamente su voluntad y el reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas.

El PSOE de Suresnes aprobó otra resolución que marcaba su posición respecto al problema nacional y la configuración territorial del estado. Claramente se defendía el pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación, que comportaba la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español. De otra parte el PSOE se pronunciaba por la constitución de una República Federal de las nacionalidades que integran el Estado, por considerar que esa estructura permitía el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos. ¡Qué tiempos!, hoy parecen ensoñaciones, por lo que ha llovido y por la pérdida de las frustradas esperanzas.

La renovación del partido era inevitable. Acercar la organización a España imprescindible y la necesidad de un nuevo liderazgo resultaba evidente. «Yo me ocupo de UGT y tú del partido», dicen que dijo Nicolás Redondo, «no me jodas”, respondió el sevillano. El acuerdo fue el reparto del poder: (Isidoro), Felipe González dirigiría el partido, (Juan) Nicolás, el sindicato y posteriormente de presidente (Pablo), Ramón Rubial, quién junto con la federación madrileña, se había opuesto a ese reparto.

Tres etapas, tres PSOE. Todos ellos necesarios, pero perdiendo identidad de forma paulatina. Principios que deberían ser inalterables −digo inalterables−, presentes en el socialismo español, fundado hace 142 años, segundo partido obrero que se creó en el mundo. Porque el tiempo ha transcurrido, pero las condiciones sociales de la clase trabajadora y de los humildes están en retroceso, el poder político y económico sigue estando en las manos de los de entonces, con una corrupción institucional, política y económica en crecimiento, junto con el avance de las desigualdades sociales.

En estos tiempos de adelantos y retrocesos, han empeorado las condiciones de jubilación y cuantía de las pensiones; las relaciones y condiciones esenciales del trabajo están en manos de la patronal, bajo la amenaza de despido barato; se han reducido o eliminado las prestaciones a los dependientes; se disminuye la atención sanitaria pública y aumenta el pago de medicamentos y servicios hospitalarios; disminuye el número de profesores y se privatiza educación publica; aumentan los impuestos indirectos, los que pagamos todos por igual y se protege a quienes defraudan; disminuye el empleo y los salarios públicos; se salva a la banca, causante de las crisis financieras y se salvaguarda el pago de la deuda. Hay más desigualdad, menos justicia social y se criminalizan las protestas. ¿Cuáles de aquellas reivindicaciones han quedado obsoletas?

La línea ideológica del PSOE ha evolucionado y no siempre hacia delante, pero no todo ha estado mal hecho. En otros momentos propugnó la revolución social. Se han producido retrocesos significativos, alejándose de la realidad social y de las necesidades de la gente. Hay que retomar algunas viejas ideas y formas de acción abandonadas, actualizadas a la nueva realidad y construir el futuro en igualdad, solidaridad y justicia social. Todo ha cambiado, dejándose en el camino objetivos y definiciones como los de clase, masas, democrático; el marxismo y la república.

Hace cuarenta y dos años, el PSOE se definía «por un método dialéctico de transición al socialismo», en combinación con la lucha parlamentaria, la movilización popular en todas las formas, creando «órganos democráticos de poder de base», como cooperativas y asociaciones de vecinos, buscando la profundización del concepto de democracia «superando el carácter formal que las libertades políticas tienen en el estado capitalista, accediendo a las libertades reales», señalando las reivindicaciones de cada momento, «con la perspectiva de una revolución socialista». No podía existir libertad sin socialismo ni socialismo sin libertad. ¿Qué tiempos! ¡Qué cambios!, sin socialismo y con libertad limitada; por mucho que la reivindique hoy Díaz Ayuso.

Entre el tiempo transcurrido, los sucesos acontecidos y los que fueron compañeros y viejos amigos que se han quedado en el camino, mantengo la idea sin formar parte del partido desde hace años. Contrario al tango de Gardel no «han matado mi vieja ilusión» y «guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.

Los socialistas decidieron cambiar modelo organizativo, fines y objetivos, para adaptarlos a los tiempos. Lo han seguido haciendo en cada ocasión que se ha presentado. Los socialistas, junto con las otras fuerzas de la izquierda deberían liderar la rebelión ciudadana por los derechos, por el empleo, la defensa de lo público, el derecho a la vivienda, la igualdad social, la justicia y la no discriminación.

Víctor Arrogante

En Twitter @caval100

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COVID-19. ¿Hubo una fuga del laboratorio de Wuhan? Por qué una investigación no revelará la verdad. [O sea, ¿que nos han engañado a la lima y al limón los capitales chinos y USA con la colaboración del artista invitado de la Organización Mundial de la Salud y la colaborativa necesaria y precisa de los principales medios de comunicación para que la mentira tome cuerpo y se agarra como Dios manda al suelo, paredes, techos y Cristos benditos? A veces vas andando tan buenamente por la callle, echan tres tíos, o cinco, a meársete por detrás de las orejas, las paletillas, el corvejón y todo eso. Entonces tú te pones a mirar el reloj y dices: ¡jope!, que tiempo más raro. Pues no va ahora y se pone a llover con la hora que es]

 

¿Hubo una fuga del laboratorio de Wuhan? Por qué una investigación no revelará la verdad



JONATHAN COOK

VIENTOSUR

10 JUNIO 2021

¿Por qué hemos de creernos que los estamentos político, mediático y científico tienen ahora interés en contarnos la verdad, o en asegurarnos el bienestar, después de haberse demostrado que han mentido repetidamente o guardado silencio en relación con asuntos todavía más graves y durante periodos mucho más largos, como por ejemplo con las diversas catástrofes ecológicas que han estado acechando desde la década de 1950?

Hace un año, la idea de que la covid-19 se produjo a raíz de una fuga del Instituto de Virología de Wuhan –que se halla cerca del mercado de mariscos de esa ciudad, donde suele situarse el origen del virus– se consideraba descabellada, propia de los Donald Trump, QAnon y demás halcones de la derecha que pretendían escalar peligrosamente las tensiones con China.

Ahora, después de lo que ha sido efectivamente un año de apagón de la teoría de la fuga del virus en los grandes medios de comunicación y por parte del estamento científico, el presidente Joe Biden ha anunciado una investigación con vistas a evaluar su credibilidad. A raíz de ello, lo que hasta hace unas pocas semanas se tachaba de desquiciada conspiración de derechas, de pronto se airea a los cuatro vientos y se sopesa seriamente en círculos progresistas. Todos los medios publican reportajes destacados, en los que se preguntan si una pandemia que ha matado a tanta gente y destruido la vida de tantas personas puede atribuirse a la soberbia humana y la manipulación biológica en vez de a una causa natural.

Durante muchos años, científicos que trabajan en laboratorios como el de Wuhan han llevado a cabo experimentos de tipo Frankenstein con virus. Han modificado agentes infecciosos presentes en la naturaleza –que a menudo se hallan en animales como los murciélagos– para tratar de prever qué podría ocurrir en caso de que los virus, y especialmente los coronavirus, mutaran a la peor variante hipotética imaginable. La finalidad declarada de esta práctica es asegurar que la humanidad parta con ventaja frente a cualquier nueva pandemia, preparando estrategias y vacunas por adelantado para hacerle frente. Es sabido que en el pasado ha habido muchas fugas de virus de laboratorios como el de Wuhan. Y ahora han aparecido informaciones, desmentidas por China, de que varios miembros del personal del laboratorio de Wuhan enfermaron a finales de 2019, poco antes de que la covid-19 comenzara a expandirse a escala mundial. ¿Escapó del laboratorio un coronavirus novedoso, manipulado por humanos, y se propagó por el mundo?

La verdad no interesa

Aquí entramos en arenas movedizas. Porque nadie que está en condiciones de responder a esta pregunta parece tener interés alguno en hallar la verdad, o al menos en que el resto del mundo sepa la verdad. Ni China, ni la clase política estadounidense, ni la Organización Mundial de la Salud, ni tampoco los grandes medios de comunicación. Lo único que podemos afirmar con certeza es esto: nuestro conocimiento de los orígenes de la covid-19 ha sido manipulado narrativamente a lo largo de los últimos 15 meses y sigue siendo manipulado narrativamente en la actualidad. Nos cuentan únicamente lo que conviene a poderosos intereses políticos, científicos y comerciales.

Hoy sabemos que hace un año nos engañaron para hacernos creer que lo de la fuga del laboratorio era un despropósito fantasioso o una prueba de sinofobia, cuando a todas luces no era ni lo uno, ni lo otro. Y ahora deberíamos comprender que, aunque la nueva versión suponga un giro de 180 grados, siguen engañándonos. No podemos confiar en nada de los que nos hayan contado o nos cuenten ahora el gobierno de EE UU o los grandes medios de comunicación sobre el origen del virus. Nadie en el poder desea realmente llegar al fondo de esta cuestión.

De hecho, más bien sucede lo contrario. Si llegamos a comprender realmente sus implicaciones, esta historia podría acarrear la posibilidad no solo de desacreditar profundamente a las elites políticas, mediáticas y científicas occidentales, sino de cuestionar incluso toda la base ideológica sobre la que descansa su poder. De ahí que lo que vemos ahora no es un intento de buscar la verdad del año transcurrido, sino un esfuerzo desesperado de esas mismas elites por seguir controlando nuestra comprensión de la misma. Las opiniones públicas occidentales están siendo objeto de una continua guerra psicológica a manos de sus propios gobernantes.

Experimentos con virus

El año pasado, la versión más segura por los estamentos político y científico occidentales era la idea de que un animal salvaje, como un murciélago, introdujo el virus de la covid-19 entre la población humana. En otras palabras, nadie tenía la culpa. La alternativa era responsabilizar a China de una fuga del laboratorio, como intentó hacer Trump, pero había una buena razón para que la mayoría de la clase política estadounidense no quisiera avanzar por esta vía. Una razón que tenía poco que ver con la preocupación por no caer en teorías conspiranoicas o por evitar la provocación de tensiones innecesarias con una China provista de armamento nuclear.

Nicholas Wade, experiodista científico del New York Times, expuso en mayo, después de investigar a fondo, por qué la idea de una fuga del laboratorio era científicamente sólida, citando a algunos de los virólogos más destacados del mundo. Pero Wade también sacó a relucir un problema mucho más grave para las elites estadounidenses: poco antes de producirse el brote de la covid-19, el laboratorio de Wuhan estaba cooperando por lo visto con científicos de EE UU y funcionarios de la OMS en la experimentación con virus, en lo que en lenguaje científico se denomina una investigación de ampliación de funciones (gain-of-function).

Los experimentos de ampliación de funciones habían quedado suspendidos durante el segundo mandato de Barack Obama, precisamente debido a la preocupación por el peligro de que una mutación de un virus producida por la intervención humana escape del laboratorio y cause una pandemia. Sin embargo, bajo la presidencia de Trump, EE UU reanudó el programa y, según se informa, financió los trabajos del laboratorio de Wuhan a través de una organización médica estadounidense llamada EcoHealth Alliance.

El funcionario estadounidense a quien se atribuye el impulso más decidido por reemprender esta actividad es el doctor Anthony Fauci: sí, el asesor médico jefe del presidente de EE UU y el alto cargo ampliamente conocido por frenar la respuesta temeraria de Trump a la pandemia. Si la teoría de la fuga del laboratorio es correcta, la persona que supuestamente salvó a EE UU de los peores efectos de la pandemia podría haber sido en realidad uno de sus principales instigadores. Y para más inri, también han estado implicados en el asunto altos cargos de la OMS, al estar estrechamente relacionados con la investigación de ampliación de funciones a través de grupos como  EcoHealth Alliance.

Colusión en el engaño

Esta fue al parecer la verdadera razón por la que la teoría de la fuga del laboratorio fue descartada de modo tan terminante, el año pasado, por las elites políticas, médicas y mediáticas occidentales, sin que se hiciera esfuerzo alguno por evaluar seriamente esta posibilidad o iniciar una investigación. No obedeció a ningún sentido de fidelidad a la verdad o a la preocupación por evitar toda incitación racista contra los chinos, sino al puro interés egoísta.

Si alguien lo duda, piense que la OMS nombró a Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, el mismo grupo que supuestamente financió la investigación de ampliación de funciones en Wuhan en nombre de EE UU, para que investigara la teoría de la fuga del laboratorio y fuera de hecho el portavoz de la OMS en esta cuestión. Decir que Daszak tenía un conflicto de intereses sería minimizar totalmente el problema. Este señor, por supuesto, ha descartado claramente cualquier posibilidad de una fuga y –cosa que tal vez no sorprenda– sigue dirigiendo la atención de los medios al mercado de mariscos de Wuhan.

Este artículo publicado por la BBC el fin de semana ilustra hasta qué punto los principales medios no solo muestran negligencia a la hora de informar de este asunto de manera mínimamente seria, sino que también siguen engañando activamente a su público y ocultando estos indignantes conflictos de intereses debajo de la alfombra. La BBC sopesa abiertamente las dos posibles narrativas sobre el origen de la covid-19, pero no menciona ninguno de los explosivos hallazgos de Wade, incluido el posible papel de EE UU en la financiación de la investigación de ampliación de funciones en Wuhan. Cita tanto a Fauci como a Daszak como comentaristas fiables e imparciales y no como personajes que tienen mucho que perder en caso de una investigación a fondo sobre lo que ocurrió en el laboratorio de Wuhan.

Dado este contexto, los hechos de los últimos 15 meses se parecen mucho más a un encubrimiento preventivo: al deseo de impedir que emerja la verdad porque, si ocurrió una fuga del laboratorio, quedaría en entredicho la credibilidad de las estructuras de autoridad sobre las que descansa el poder de las elites occidentales.

Apagón informativo

Entonces, ¿por qué, después del apagón tan afanosamente impuesto durante el año transcurrido, de pronto el presidente Biden, los medios de comunicación dominantes y el estamento científico hablan ahora públicamente de la posibilidad de una fuga del laboratorio chino? La respuesta parece clara: porque el artículo de Nicholas Wade, en particular, abrió de par en par las puertas de la hipótesis de la fuga del laboratorio que se habían mantenido cerradas herméticamente. Científicos que anteriormente temieron verse asociados con Trump o alguna teoría de la conspiración, dicen ahora lo que piensan. Se ha destapado el pastel.

O bien, tal como informó el Financial Times sobre la nueva narrativa oficial, “el factor impulsor ha sido un cambio de actitud de algunos científicos que no quisieron ayudar a Trump antes de las elecciones o irritar a otros científicos influyentes que habían desechado la teoría”. Recientemente, la revista Science ha doblado la apuesta al publicar una carta de 18 destacados científicos, en la que declaran que las teorías de la fuga del laboratorio y del origen animal del virus eran igualmente “viables” y que la investigación anterior de la OMS no había dado un “trato equitativo” a ambas, una manera galante de decir que la investigación de la OMS había sido un parche.

De modo que ahora el gobierno de Biden nos aplica el plan B: limitación de daños. El presidente de EE UU, la clase médica y los grandes medios plantean la posibilidad de una fuga del laboratorio de Wuhan, pero no mencionan todas las pruebas reveladas por Wade y otros, que implicarían a Fauci y a la elite política estadounidense en dicha fuga, si ocurrió realmente. (Mientras, Fauci y sus acólitos se dedican a enturbiar las aguas tratando de redefinir el concepto de ampliación de funciones.)

El creciente ruido en las redes sociales, en gran parte provocado por la investigación de Wade, es una de las principales razones por las que Biden y los medios se ven obligados a abordar la teoría de la fuga del laboratorio, que anteriormente habían descartado. Sin embargo, casi la totalidad de los medios pasan de puntillas sobre las revelaciones de Wade relativas a la implicación de EE UU y la OMS en la investigación de ampliación de funciones y a su posible complicidad en una fuga del laboratorio y su posterior encubrimiento.

Táctica evasiva

La supuesta investigación encargada por Biden obedece cínicamente a una táctica evasiva. Hace que el gobierno estadounidense parezca decidido a conocer la verdad cuando no se trata para nada de eso. Alivia la presión sobre los grandes medios que de lo contrario se sentirían obligados a buscar la verdad por su propia cuenta. El hecho de centrar la investigación estrictamente en la teoría de la fuga deja fuera del campo visual la cuestión más amplia de la posible complicidad de EE UU y de la OMS en esa fuga y eclipsa los esfuerzos de círculos críticos ajenos por esclarecer precisamente esta cuestión. Y el retraso inevitable que implica la realización de la investigación aprovecha la fatiga ante las noticias relativas a la covid-19 cuando las sociedades occidentales comienzan a asomar la cabeza de detrás de las sombras pandémicas.

El gobierno de Biden esperará que el interés del público por esta cuestión se desvanezca rápidamente, de manera que los medios de comunicación puedan dejarla fuera de sus radares. En cualquier caso, lo más probable es que los hallazgos de la investigación no sean concluyentes, para evitar una guerra de narrativas contrapuestas con China. Pero incluso si la investigación obliga a señalar con el dedo a los chinos, el gobierno de Biden sabe que los grandes medios occidentales informarán lealmente sobre sus acusaciones contra China como un hecho, del mismo modo que ocultaron lealmente toda información sobre una posible fuga del laboratorio hasta que se vieron forzados a sacarla a la luz en los últimos días.

La ilusión de que nos cuentan la verdad

El asunto de Wuhan nos brinda la oportunidad de comprender más profundamente cómo las elites arrojan su poder narrativo sobre el público, para controlar lo que pensamos o siquiera somos capaces de pensar. Pueden torcer cualquier narrativa en ventaja suya. En los cálculos de las elites occidentales, la verdad es en gran parte irrelevante. Lo que importa sobre todo es alimentar la ilusión de que nos cuentan la verdad. Es vital que sigamos creyendo que nuestros líderes gobiernan velando por nuestros intereses; que el sistema occidental –a pesar de todos sus defectos– es el mejor posible para organizar nuestra vida política y económica; y que avanzamos sin parar por el camino del progreso, aunque a veces resulte pedregoso.

La tarea de mantener la ilusión de la verdad incumbe al poder mediático. Su función consistirá ahora en exponernos a un debate tal vez prolongado, pero sin duda vivo –si bien cuidadosamente circunscrito y al final no concluyente– sobre si el virus de la covid-19 apareció de forma natural o escapó del laboratorio de Wuhan. Se trata de gestionar sin sobresaltos la transición de la certeza incuestionable del año pasado –que la pandemia tenía su origen en un animal– a un cuadro más difuso y confuso que incluye la posibilidad de una intervención humana –eso sí, muy china– en el surgimiento del virus. Hay que procurar que no notemos ninguna disonancia cognitiva cuando una teoría que hace tan solo unas semanas los expertos aseguraban que era imposible pasa de pronto a ser muy posible, por mucho que en el entretiempo no haya cambiado nada sustancialmente.

Lo esencial para los estamentos político, mediático y científico es que no nos planteemos cuestiones más profundas:

* ¿Cómo es posible que medios supuestamente escépticos, combativos e indómitos volvieran a hablar en su mayoría con una única voz acrítica sobre un asunto de vital importancia, en este caso, durante más de un año, sobre el origen de la covid-19?

* ¿Por qué este consenso mediático no lo quebró algún medio poderoso y bien dotado de recursos, sino un antiguo redactor científico en solitario, que trabaja como independiente y publica en una revista científica poco conocida?

* ¿Por qué los numerosos científicos de postín que ahora están dispuestos a poner en tela de juicio la narrativa impuesta del origen animal del virus de la covid-19 han guardado silencio durante tanto tiempo sobre la hipótesis por lo visto igualmente creíble de una fuga del laboratorio?

* Y sobre todo, ¿por qué hemos de creernos que los estamentos político, mediático y científico tienen ahora interés en contarnos la verdad, o en asegurarnos el bienestar, después de haberse demostrado que han mentido repetidamente o guardado silencio en relación con asuntos todavía más graves y durante periodos mucho más largos, como por ejemplo con las diversas catástrofes ecológicas que han estado acechando desde la década de 1950?

Intereses de clase

Estas preguntas, y con mayor razón las respuestas, las evitará cualquiera que necesite creer que nuestros gobernantes son gente competente y honesta y que buscan el bien público por encima de sus propios intereses personales, estrechos y egoístas, o de los de su clase o categoría profesional. El personal científico se somete servilmente al estamento científico, pues ese mismo estamento controla un sistema en el que los científicos individuales obtienen financiación para la investigación y oportunidades de empleo y de promoción. Y los científicos no se sienten muy motivados para poner en tela de juicio los fallos de su comunidad profesional o alimentar el escepticismo del público ante la ciencia y la profesión científica.

Asimismo, los y las periodistas trabajan para un puñado de empresas mediáticas que son propiedad de multimillonarios y que desean mantener la fe del público en la benevolencia de las estructuras de poder que premian a los multimillonarios por su supuesto ingenio y su capacidad para mejorar la vida del resto de la humanidad. Los grandes medios no tienen interés alguno en animar al público a preguntarse si son capaces de operar realmente como entidades neutrales que transmiten información a la gente común o si más bien mantienen el statu quo que beneficia a una diminuta elite de gente rica. Y los políticos tienen todos los motivos del mundo para seguir convenciéndonos de que representan nuestros intereses y no los de los donantes multimillonarios cuyas empresas y medios de comunicación pueden destruir fácilmente sus carreras.

En esto nos las tenemos que ver con una serie de categorías profesionales que hacen todo lo que está en su mano para preservar sus propios intereses y los del sistema que les sostiene. Y esto requiere muchos esfuerzos por su parte para asegurar que no comprendamos que la política no se guía principalmente por la codicia y el ansia de prestigio social, sino por el bien común o por el afán de sinceridad y transparencia. De ahí que no extraeremos ninguna lección significativa de lo que realmente ocurrió en Wuhan. El deseo de mantener la ilusión de que se nos dice la verdad prevalecerá sobre el deber de exponerla. Y por esta razón estamos condenados a cometer las mismas cagadas. Como sin duda demostrará la próxima pandemia.

02/06/2021

https://www.counterpunch.org/2021/06/02/was-there-a-wuhan-lab-leak-why-an-inquiry-wont-dig-out-the-truth/

Traducción: viento sur

Jonathan Cook es escritor y periodista. Sus libros más recientes son Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) y Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su página web es http://www.jonathan-cook.net/

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