lunes, 5 de abril de 2021

Necesitamos una “vacuna social”

 

Las causas fundamentales que determinan la salud de una población no son, como muchos piensan, la biología y genética, los "estilos de vida" o la atención sociosanitaria sino las causas sociales. Estas son generadoras de las desigualdades en salud.

Necesitamos una “vacuna social”


El Viejo Topo

5 abril, 2021

¿Cuáles son las causas de la salud? ¿Por qué enfermamos y se crean desigualdades?

Las causas fundamentales que determinan la salud de una población no son, como muchos piensan, la biología y genética, los «estilos de vida» o la atención sociosanitaria sino las causas sociales. ¿Por qué? Pues porque los factores biológicos y genéticos casi siempre se «activan» o no según el entorno, porqué las conductas asociadas con la salud, como los hábitos alimentarios o fumar, son condicionadas por la familia y el ámbito social, y porqué la atención sanitaria, a pesar de ser un servicio fundamental cuando enfermamos, contribuye relativamente poco a la salud de la población y también depende de factores socio-políticos. ¿Por qué enfermamos pues? Sobre todo a causa de los «determinantes ecosociales»: la precarización laboral, la vivienda, o la contaminación ambiental por mencionar tres factores solamente. Estos factores inciden desigualmente en los distintos grupos sociales según su clase social, género, etnia, situación migratoria y lugar donde se vive, generando desigualdades en salud. Pongamos un ejemplo. Las mujeres de las clases sociales populares tienen más obesidad debido a que, por razones sociales e históricas, sufren más discriminación y explotación laboral. Con el tiempo, muchas de estas mujeres expresarán la situación de desigualdad social en forma de trastornos metabólicos, diabetes y muerte prematura. Es por eso que decimos que la sociedad entra desigualmente dentro de nuestros cuerpos expresándose biológicamente en forma de enfermedad.

¿Los determinantes sociales de la salud se vinculan de forma intrínseca con el capitalismo?

El factor crucial que origina todo el encadenado causal de porqué estamos sanos, enfermamos o morimos prematuramente es la política. ¿Por qué? Pues porqué las ideologías y las desiguales relaciones de poder político condicionan las políticas públicas que se realizan con respecto a las políticas fiscales, el empleo, la vivienda, el medio ambiente, la sanidad, o los servicios sociales, entre otras. Cada una de estas políticas está interrelacionada y genera cambios en las formas de vivir, trabajar, consumir, relacionarnos y el entorno que, por una u otra vía, aunque no lo vemos o no seamos conscientes, afectarán nuestra vida y finalmente la salud. Además, las decisiones políticas se asocian al sistema económico y cultural que vivimos. Como ha apuntado Lula da Silva: «todo depende de la política». Pongamos un ejemplo para comprender la causalidad sistémica e histórica que va desde el capitalismo a la salud. Los parados tienen más probabilidad de estar deprimidos y abusar del alcohol. Si la situación se prolonga tienen más probabilidad de suicidarse o de sufrir una enfermedad hepática. Ahora bien, como dejaron claro los estudios de Marx o Kalecki, el paro es consustancial al capitalismo, por lo que hay un hilo más o menos directo desde la salud al capitalismo. La salud colectiva es pues un producto social muy ligado a la economía política.

Me parece una visión tan interesante como poco conocida. ¿Podría poner más ejemplos?

Sí claro, hay muchos ejemplos relacionados con la historia y evolución del capitalismo, como el neo-colonialismo, las prácticas mercantiles de los grandes oligopolios o el patriarcado. Un ejemplo es como, en pocos años, el uso masivo de azúcares añadidos a la producción industrial de alimentos «basura» realizado por las grandes corporaciones de la llamada Big Food ha creado una epidemia de sobrepeso y obesidad mundial (tal vez 1.500 millones de personas), a la vez que esto convive con el hambre y la malnutrición (alrededor de 1.000 millones de personas). Otro ejemplo es la epidemia de tabaquismo surgida durante el siglo XX, muy estrechamente relacionada con prácticas comerciales, de relaciones públicas y marketing de las corporaciones de la Big Tobacco, y el impacto criminal que desgraciadamente siguen teniendo: se estima que en el siglo XXI habrá alrededor de 1.000 millones de muertes relacionadas con el tabaco, sobre todo en los países pobres y las clases más empobrecidas del planeta. Un tercer ejemplo son las alteraciones hormonales y los cánceres producidos por la masiva exposición a productos químicos sintéticos generados y comercializados por la industria química. Y más recientemente tenemos la pandemia del coronavirus, que hace que muchas mujeres vivan bajo una crisis de salud permanente, con semanas laborales -dentro y fuera de casa- interminables que, como dice Silvia Federici, es casi equiparable a las obreras de la revolución industrial.

En el contexto de la pandemia, ¿dónde hay que situar el discurso tan reiterado por las autoridades desde el inicio de la pandemia sobre la «responsabilidad individual» para evitar el contagio? ¿Es una manera de desplazar el peso de los determinantes sociales de la salud sobre el estilo de vida personal?

El discurso hegemónico, fomentado por el poder político y reproducido por los principales medios de comunicación, habla de virus, atención médica, hospitales, tratamientos, y vacunas. En cambio, se habla menos de la prevención, y cuando se hace casi siempre tiene que ver con la responsabilidad personal. Cuando hablamos de un problema colectivo como la pandemia, con causas estructurales asociadas a la salud pública, hacer hincapié en los factores personales «culpabiliza» y no es suficientemente efectivo. Además, el individualismo nos aísla y no soluciona los problemas. ¿Qué diríamos si para hacer frente a la crisis ecológica y climática estructural que padecemos dijéramos que la solución fundamental es que cada uno recicle y ahorre algo de energía en casa? ¿Qué diríamos si para hacer frente a la epidemia tabáquica existente dijéramos que es un «problema personal» en lugar de poner leyes restrictivas, controlar los precios del tabaco o prohibir su publicidad, entre otras medidas de salud pública? Tener responsabilidad individual ante un riesgo es siempre algo importante, pero cuando hablamos de temas poblacionales como la salud pública, es imprescindible una mirada colectiva que permita comprender y actuar ante las causas sociales de fondo.

Hacía años que muchos expertos avisaban que se produciría una pandemia así. ¿Por qué el sistema de salud no estaba preparado? ¿Era demasiado hospitalocéntrico?

Desde hace al menos cuatro décadas muchos especialistas advertían que los cambios socio-ecológicos globales estaban generando un aumento de enfermedades infecciosas. Los científicos lo dijeron en sus artículos, divulgadores como Bill Gates lo comentaron, muchas instituciones internacionales, incluida la OMS, lo advirtieron. Me parece que hay tres razones principales. Primero, por la dinámica tuerta, de corto plazo, de gobiernos que demasiado a menudo actúan en forma reactiva. Es decir, se preocupan cuando truena santa Bárbara y ya tenemos un desastre encima, pero lo hacen mucho menos en planificar y anticipar problemas que pueden o no pasar. Y es que la prevención es mucho menos visible y agradecida que una actuación inmediata y a menudo se la califica de ser una acción poco o nada eficiente. Segundo, por la progresiva mercantilización y precarización durante décadas de la sanidad pública y los servicios sociales, facilitada por una visión de la salud neoliberal y las presiones del complejo farmacéutico empresarial. Tras la crisis de 2008, las políticas de «austeridad» han ido agravando la situación. Y tercero, porque se nos ha repetido que teníamos uno de los mejores sistemas de sanidad pública del mundo, y es cierto que es bueno si lo comparamos con muchos países, pero es un modelo biomédico y reduccionista, “hospitalocéntrico” y medicalizador, que se fija mucho en las enfermedades, los órganos y la tecnología y demasiado poco en el ser humano, la atención primaria, los servicios sociales, los determinantes sociales, las desigualdades y la salud pública, donde se ubican disciplinas tan esenciales como por ejemplo la salud mental, la salud laboral o la salud ambiental, entre otras muchas. Conviene repetirlo tantas veces como sea necesario: la «sanidad pública» no es igual a la «salud pública», una disciplina que tiene como objetivo vigilar y prevenir la enfermedad, y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población pero que cuenta con muy pocos recursos (1,5 a 2% del presupuesto de salud). Paradójicamente, por tanto, la salud pública ha sido la gran ausente de esta pandemia.

Un gran número de países europeos han apostado por hacer confinamientos y restricciones, mientras que en muchos países asiáticos y Oceanía se ha apostado por la estrategia «COVID-0». ¿Cuáles han sido las diferentes estrategias que se han puesto en práctica en el mundo? ¿Por qué se ha actuado de forma tan diferente?

Si lo decimos en forma muy esquemática, podemos decir que ha habido tres modelos principales para hacer frente a la pandemia. Existe el modelo «preventivo-institucional» de muchos países asiáticos y Oceanía, como Taiwán o Nueva Zelanda, previamente alertados por anteriores pandemias. Han actuado radicalmente para eliminar la transmisión comunitaria con la estrategia ‘COVID-0’ y han hecho intervenciones rápidas y contundentes: pruebas y rastreo masivos, aislamiento de contactos, controles fronterizos estrictos y mensajes y un importante refuerzo de la salud pública. Aparte de tener un impacto en salud muy pequeño, la crisis económica debida a la pandemia también ha sido inferior. Señalemos también el éxito de Cuba o la región de Kerala en la India donde la acción colectiva comunitaria ha jugado un papel relevante. El segundo modelo es el «reactivo-empresarial» de los países occidentales y americanos, que se han centrado en un permanente bloqueo/liberación de actividades y confinamientos para minimizar los daños económicos, tratando de reducir el impacto en la salud solamente cuando el sistema sanitario, colapsado para atender a las necesidades de la población, llegaba a una situación límite. Y el último modelo es el que podemos llamar «necrofílico» representado por Trump y Bolsonaro (también Boris Johnson al principio), caracterizado por haber recortado y desmantelado todo lo que tuviera que ver con la salud pública, con una estrategia autoritaria de corte neofascista muy asociada a los intereses del capital financiero y las empresas farmacéuticas, y con un fuerte desprecio por la vida de aquellos que «no son dignos de vivir», si lo queremos decir a la manera como lo decían los nazis.

Usted ha criticado la gestión de la pandemia por parte de los Gobiernos en relación a que ha llevado a cabo acciones reactivas y deficientes. ¿Cree que se podía haber hecho mejor?

Creo que el gobierno español y el catalán (y otras comunidades autónomas, especialmente Madrid) han hecho frente a la pandemia de manera deficiente. Al principio, se pudo aducir con razón que cogió por sorpresa, y que no había, como ha reconocido el ex secretario de salud catalán Joan Guix, ni la preparación ni los recursos humanos y materiales para actuar ante un riesgo que casi todo el mundo había minimizado. Se ha abusado de eslóganes publicitarios («hay que parar juntos al virus» o «ganar esta guerra»), se ha repetido que se estaba haciendo todo lo posible para controlar la pandemia haciendo hincapié en la responsabilidad individual, improvisando, haciendo políticas reactivas, con poco liderazgo y un ojo siempre puesto en las presiones empresariales. Pero pasados ​​los meses, parece claro que ha faltado humildad y previsión, y que ha habido una incapacidad de actuar con diligencia y efectividad ante una situación de emergencia, sin que haya habido inversiones masivas en sanidad y salud pública (atención primaria, servicios sociales, rastreadores, tests, etc). Siempre es más fácil hablar que hacer, y hay que decir que en algunos lugares se han hecho bastantes acciones, como por ejemplo el Ayuntamiento de Barcelona, ​​que ha hecho un esfuerzo social importante, pero creo que en general, en una situación de grave emergencia y de colapso de los servicios sanitarios y sociales, ha faltado planificación, coraje, y capacidad de decisión para actuar ante una situación de emergencia poblacional. Esto quiere decir que se ha hecho hincapié en la «solución» de hacer confinamientos y restricciones, total o parciales, cuando la pandemia se acelera y crece, en lugar de poner en marcha una estrategia radical, utilizando con rapidez y eficiencia todos los instrumentos de que dispone la salud pública y comunitaria: planificación, vigilancia y análisis epidemiológico, educación sanitaria comunitaria, análisis de los determinantes sociales y equidad, implicación masiva de la comunidad, entre otras herramientas y estrategias. En definitiva, los países occidentales optaron por una visión de «convivir con el virus» con confinamientos y restricciones, en lugar de querer controlarlo y eliminarlo con una estrategia integral de salud pública «COVID-0». Esto ha producido un desastre social y de salud pública, con numerosas consecuencias que sólo empezamos a conocer.

¿Cuáles deberían haber sido a su juicio las acciones más prioritarias? ¿Qué decir del futuro?

Con el paso del tiempo espero que tendremos una evaluación crítica e integral de lo que se ha hecho, pero creo que hay seis puntos prioritarios. Primero, ha faltado una visión más sistémica e integrada de la pandemia, con un conocimiento de salud pública y las ciencias sociales más adecuado y profundo de lo que se ha tenido. Segundo, una mejor gestión con más liderazgo y coordinación, y con una visión más preventiva que reactiva. Tercero, una acción más transparente y democrática, con campañas educativas comunitarias desde el principio, con temas clave como la prevención, el riesgo, la estigmatización, evitar las fake news, etc. Cuarto, haber fortalecido de forma urgente y contundente las residencias, la salud comunitaria, servicios sociales, la atención primaria y la salud pública, con la contratación masiva de rastreadores y pruebas diagnósticas, en lugar de seguir mercantilizando la sanidad con subcontrataciones a empresas privadas. Quinto, había que haber pensado más en las desigualdades, invirtiendo masivamente en la protección social y económica de población “vulnerada” más que vulnerable, sobre todo en las poblaciones y barrios más desfavorecidos y quienes viven sin hogar. Se han hecho cosas, claro, pero ha sido muy insuficiente. Y sexto, había que haber ayudado a generar una participación más activa de la comunidad fomentando acciones solidarias y de apoyo social colectivas, tal y como ha sucedido en algunos países. Cara al futuro, además de una evaluación detallada de los impactos de la pandemia, habrá fortalecer y desarrollar una agencia nacional de salud pública capaz de prevenir y controlar las muchas amenazas a la salud pública existentes y las futuras pandemias que muy probablemente vendrán. En este sentido, habrá que invertir mucho más en recursos materiales y disponer de personal entrenado en salud pública, mejorando y ampliando los programas de formación y los sistemas para vigilar y responder frente nuevas pandemias.

¿Será la vacuna la solución a la crisis sanitaria? ¿A quién favorece el «modelo hegemónico de salud» al que se ha referido? ¿Cómo se podría garantizar un acceso equitativo si, en último término, está en manos de las farmacéuticas?

Las vacunas disponibles son seguras y efectivas a corto plazo, pero hay muchas preguntas que aún debemos hacer sobre la duración de su inmunogenicidad y su efectividad ante las variantes y posibles mutaciones del coronavirus. Ahora bien, la vacunación del mundo no es un tema científico o sanitario sino sobre todo geopolítico. A inicios de marzo, se habían puesto en el mundo unas 4 dosis por cada 100 personas, con una gran desigualdad, ya que en muchos países no había todavía vacunados. El mismo director de la OMS dijo que «el mundo se encuentra al borde de un fracaso moral catastrófico». ¿Por qué? Pues porque las inversiones en la investigación de vacunas han sido sobre todo públicas, pero la producción y comercialización está en manos privadas debido al acuerdo de 1995 sobre los «Derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio» de la OMC (TRIPS), que impone los intereses de las multinacionales farmacéuticas sobre los estados, en especial del sur, que son dependientes de patentes y licencias sobre productos, vacunas y fármacos. Las grandes farmacéuticas gastan mucho en publicidad y no en medicamentos y vacunas que no les son rentables pero que son absolutamente vitales para la sociedad. La geopolítica sanitaria que impone el complejo médico farmacéutico financiero global (el Big Pharma) controla el consumo masivo de fármacos y tecnologías sanitarias, defiende sus intereses con una gran influencia sobre los estados, y genera enormes beneficios. La India, Sudáfrica y 90 países más han tratado de suspender los acuerdos de propiedad durante la pandemia, pero la Unión Europea, EE.UU. y otros países anglosajones se opusieron. De esta dinámica sólo escapan Rusia, China y Cuba, pero algunas de sus vacunas también se encuentran mercantilizadas y asociadas a laboratorios privados nacionales de la India, Brasil, Argentina, entre otros.

¿Puede poner más ejemplos del poder corporativo de esas empresas?

El 60% de la financiación de la Alianza para las Vacunas (GAVI) proviene de las corporaciones farmacéuticas y de donantes de países ricos que, al estar presentes en los comités de expertos, defienden los intereses de la industria. La «Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias» (CEPI) creada en el año 2015 por el Foro Económico de Davos con la ayuda de la Fundación Gates y el Fondo Wellcome Trust (un fondo de la corporación GlaxoSmithKline), anunció un plan de vacunación global. El Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 de la OMS llamado COVAX, junto con la GAVI y la CEPI, hace que los derechos de «patentes» de las vacunas sigan una lógica mercantil, por lo que sólo suministran vacunas en forma limitada en los países pobres, y no como «un derecho», sino como una forma geopolítica caritativa de tipo colonial donde los países compiten por separado para conseguir cuotas de dosis. No es extraño pues, que la inmensa mayoría de vacunas disponibles hayan ido a parar a los países occidentales ricos (y dentro de ellas a menudo los más privilegiados). Cabe decir también que el 80% del presupuesto de la propia OMS depende de donaciones y no de los Estados (la Fundación Gates por ejemplo paga el 90% de su programa de medicamentos), lo que muestra su grado de dependencia de los intereses de la industria y medios privados. Es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad. Y para hacer esto, habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, creando una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir vacunas para todos.

Esto quiere decir que hacer un cambio social y político, radical y profundo, sería «la vacuna» más eficaz y que es fundamental democratizar la vacunación, convirtiéndola en un bien común de toda la humanidad. Habrá que generar una respuesta geopolítica que libere las patentes, y crear una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir vacunas para todos. Algunos casos que pueden ir en esta dirección son la posible distribución de vacunas fabricadas en la India (el país que más fabrica), el desarrollo de la vacuna cubana «soberana 02» para la población, turistas y otros países o que, bajo el ALBA, Cuba y Venezuela quieren crear un banco de vacunas para los países pobres. En definitiva, necesitamos una “vacuna social”.

En su último libro «La salud es política» (Icaria), profundiza en que hay que impulsar un cambio de modelo a gran escala para hacer frente a las crisis que vendrán, derivadas en buena parte del colapso ecológico. ¿Pero cómo empezar a hacer ese cambio dentro de un marco capitalista que prioriza los beneficios por encima de todo?

La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos parte de la naturaleza, y que cuando la dañamos también nos dañamos a nosotros. Somos frágiles, y somos dependientes. Ahora bien, esto no es suficiente para hacer los cambios que necesitamos ya que las inercias económicas, políticas y culturales existentes hacen que sea muy difícil cambiar. El neoliberalismo destruye la vida, pero también «infecta» nuestras mentes dificultando comprender lo que sucede. Esto significa que, si queremos cambiar, la conciencia social sobre las causas y efectos profundos de la pandemia debe aumentar. Con el fin de lograr un cambio profundo, será necesario, como casi siempre en la historia humana, hacerlo con lucha social. La emergencia climática y la crisis ecosocial y energética que padecemos -y padeceremos- serán infinitamente peores que la pandemia. Y es que la constante acumulación, crecimiento ilimitado y despojo de bienes comunes del capitalismo es nuestro peor «virus». Las reformas son cruciales, pero habrá que realizar cambios sistémicos muy profundos. O bien cambiamos radicalmente, o vamos camino de la extinción humana, o en todo caso un genocidio y ecocidio masivos.

En un mundo sometido a múltiples y casi inevitables crisis ecosociales sistémicas, hay que «cambiarlo todo», dicen las feministas. Debemos reinventar -y debemos hacerlo pronto- la organización de la producción y la reproducción social haciendo una revolución económica, política y cultural. ¿Cómo hacer este cambio? Propongo cuatro de los elementos que creo esenciales. Primero, experimentar como vivir de una manera diferente, con cooperativas de producción y consumos, nuevas formas de vida y relaciones donde la libertad de unos no dependa del sufrimiento de los demás. El gran escritor portugués José Saramago dijo: si no cambiamos de vida no cambiaremos la vida. Segundo, aumentar la conciencia de la crisis sistémica que nos rodea y que es posible vivir bien de otra manera, con menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible. Esto significa una reeducación ciudadana política y cultural muy profunda. Tercero, crear grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis críticos y propuestas de actuación políticas más adecuadas; Y cuarto, juntarse y movilizarse continuamente con movimientos sociales a la vez descentralizados y coordinados, que conecten todas las luchas, que sean «glo-locales», capaces de crear formas colectivas para presionar y cambiar la política institucional. Hacer estos cambios nos costará mucho pero no hacerlos aún nos costará más.

(Partes de esta entrevista fueron utilizadas en el reportaje de Emma Pons “¿Por qué la covid no nos iguala? La relación entre la salud y el código postal”, publicado en catalán y castellano en el diario Público y en la revista Quinze de Público, n. 73, 19/25-03-2021. Accesible en: https://www.publico.es/public/per-covid-no-ens-iguala-relacio-salut-i-codi-postal.html; y en https://www.publico.es/sociedad/desigualdades-covid-19-covid-no-iguala-relacion-salud-codigo-postal.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico).

Artículo publicado originalmente en Sin Permiso.

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domingo, 4 de abril de 2021

POR QUÉ LA VUELTA AL COLE ES ESPECIALMENTE DIFÍCIL EN ESPAÑA (Última entrega) (¿Qué algoritmo utilizará Facebook para no permitir que desde este Blog, El Ojo Atípico, no se pueda compartir ningún artículo, ni siquiera a mi propia cuenta de facebook? ¿Tal flojedad intelectual tiene el sistema que cualquier idea lo puede hacer tambalear?)

 

POR QUÉ LA VUELTA AL COLE ES ESPECIALMENTE DIFÍCIL EN ESPAÑA

Viçen Navarro

Artículo publicado en el diario Público

 31 de agosto de 2020

El bajo gasto público escolar en España y sus consecuencias para la reapertura

En un artículo anterior, Elementos esenciales pero olvidados de la reconstrucción social y económica (Público, 22.06.20) (basado en mi presentación a la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de las Cortes españolas), ya señalé la gran urgencia de que la sociedad española se concienciara de la enorme importancia que los sectores sociales (sanidad, educación, seguridad social y servicios sociales) tienen para el bienestar de la población y para el buen hacer de la economía. Expresaba entonces mi preocupación por el hecho de que se estaban proponiendo grandes inversiones públicas para subsidiar sectores industriales (que han cristalizado en la aportación de 3.750 millones a la industria automovilística) a fin de asegurar su adaptación a las circunstancias excepcionales derivadas de la pandemia, mientras que se estaba dando poca atención entonces a la urgente y necesaria corrección de la enorme subfinanciación de dichos sectores sociales.

Los datos claramente muestran que en España, la sanidad, la educación, la protección y seguridad social y los servicios sociales públicos están muy subfinanciados en relación al promedio de los principales países europeos, y ello a pesar de que juegan un papel clave en configurar el bienestar y la calidad de vida de la población. El gasto público español en sanidad es, por ejemplo, solo del 6% del PIB, frente al 7,2% de la UE-15 (el grupo de quince países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico que España) o al 8,3% de Dinamarca; en educación es del 4% del PIB, frente al 4,7% de la UE-15 o al 6,9% de Suecia; y en protección social es del 16,9% del PIB, frente al 19% de la UE[1]15 o al 24,1% de Finlandia. No es por mera casualidad que, en general, los países que 130 tienen mayor bienestar y menos desigualdades - los escandinavos - sean también los que tengan más desarrollados estos servicios.

En España, esta subfinanciación del sector público explica la dualidad público/privado en cada uno de los cuatro pilares del Estado del Bienestar (sanidad, educación, protección social y pensiones, y servicios sociales). En educación, por ejemplo, el 33% de la población escolar (en general, de familias de renta superior a la mediana del país) van a escuelas privadas (incluyendo en esta última la privada-concertada, que recibe subsidios públicos), mientras que la gran mayoría de la población es atendida por las escuelas públicas (donde el gasto por alumno es menor que en las privadas). El hecho de que el primer grupo de la población (las clases pudientes) tiene más peso mediático e influencia política que el segundo (las clases populares) explica, en parte, que esta situación no se haya ido resolviendo, apareciendo ahora con toda claridad durante la pandemia, siendo las clases populares las más afectadas por ésta. El nuevo gobierno español es sensible a esta situación, destinando 2.000 millones de euros a las comunidades autónomas para educación. Hay que concienciarse de que esta cantidad es muy necesaria, y aplaudo tal decisión. Pero hay que subrayar que es una cantidad todavía insuficiente para corregir el gran déficit de gasto en las escuelas públicas y para permitirlas responder a las condiciones causadas por la pandemia. El déficit de personal, así como de espacios es enorme. Es más, 2.000 millones de euros es mucho menos de lo que se le ha asignado a la industria automovilística, a lo cual hice referencia al principio del artículo. Y les aseguro que la evidencia que muestra que para el futuro del país las escuelas son mucho más importantes que la industria automovilística, es clara y contundente.

Las consecuencias del déficit de gasto público escolar en la reapertura de las escuelas públicas

 Hoy, la sociedad española se enfrenta a algunos de los mayores retos que tiene por delante, como es la reapertura de las escuelas a las criaturas y jóvenes en medio de una pandemia que continúa a unos niveles muy altos, lo cual es un dato preocupante pues las medidas a tomar en las escuelas dependen del nivel de gravedad de la pandemia en cada momento en las comunidades que las rodean. Según el Centro Europeo para la Prevención 131 y el Control de Enfermedades, España es el país de la UE con una mayor tasa de infectados por coronavirus (durante los últimos 14 días), con 192 positivos por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es mucho más elevada que la de países de semejante nivel de desarrollo económico: Finlandia (7), Noruega (13), Italia (18), Alemania (21), Reino Unido (22), Dinamarca (25), Suecia (35) o Francia (70). España supera incluso a Estados Unidos, con 190 casos por 100.000 habitantes.

Los datos presentados en el párrafo anterior demuestran que estamos en una situación muy preocupante. Este hecho condiciona sobremanera las medidas y condiciones de la reapertura de las escuelas en España, que básicamente son tres. Una es el número y composición del estudiantado por clase escolar y por docente (las famosas “ratios”); otra, el espacio entre los distintos componentes e individuos en cada lugar y momento (la “distancia de seguridad”); y el tercero, las medidas preventivas para minimizar el riesgo de infección (medidas de higiene y desinfección, el uso de mascarillas, la estanquidad de los grupos, la intensidad de los cribados, etc.). Estas tres dimensiones son clave y condicionan el éxito o fracaso de la reapertura en cualquier país.

En cuanto al primer condicionante, un análisis de los planes propuestos por las diferentes comunidades autónomas parece indicar que los promedios de estudiantes por grupo o unidad en todos los niveles educativos serán de los mayores de la UE-15 (en Dinamarca, el número máximo de estudiantes por clase es de 15, mientras que, en España, se prevén grupos de hasta 30 estudiantes, como plantea la Generalitat de Catalunya en la ESO). Y un tanto igual sucede en cuanto a las medidas de distanciamiento, que ha puesto en evidencia un problema de espacios disponibles que minimicen los riesgos de contagio. Este déficit de espacios es conocido en el sistema escolar español, déficit que con la pandemia se hace especialmente crítico, hasta el punto en que algunas comunidades autónomas (como la Comunidad de Madrid) tengan que hacer uso de equipamientos destinados a otros fines, como bibliotecas o polideportivos, o que el Ayuntamiento de Barcelona haya ofrecido más de un centenar de espacios municipales a la Generalitat para evitar las aglomeraciones en las aulas. En ambos casos se ve que hay un gran déficit de recursos, que se suma al ya existente debido a gran subfinanciación del sistema educativo en el Estado español, señalada anteriormente.

El otro gran problema: el contexto político que dificulta la construcción de consensos para la reapertura escolar

En el análisis de las causas de la enorme gravedad de la pandemia, hay que añadir a la escasa financiación de los servicios de los sectores sociales la gran descentralización de su financiación y gestión, siendo éstas responsabilidad de las CCAA, lo cual ocurre dentro de un contexto político en el que hay poca cultura de colaboración y cooperación entre los distintos niveles políticos que existen en el Estado español, así como los espacios políticos que lo gobiernan. La falta de apoyo y la gran hostilidad de las derechas ante las medidas adoptadas por el gobierno de coalición de izquierdas (anteponiendo sus intereses partidistas a los intereses generales del país) es un indicador de ello (ver mi artículo La politización de la pandemia por parte de las derechas en España, Público, 03.04.20). Países más descentralizados como la Alemania federal han sido capaces de mantener una dinámica de colaboración más estrecha, facilitando el liderazgo y orden constitucional a una dirección central en casos excepcionales como la situación actual, permitiendo así una respuesta muy satisfactoria tanto desde el punto de vista social como económico.

En España, en cambio, la oposición mayoritaria de derechas ha estado obstaculizando el desarrollo de un marco dentro del cual se hagan los cambios a nivel autonómico. La oposición de las derechas (PP, Cs y Vox en España, y de JxCat (con el apoyo de ERC) en Catalunya) a la prórroga del estado de alarma es también responsable de la expansión de la pandemia, que ha alcanzado dimensiones alarmantes. El anteponer los intereses partidistas a los generales ha influido en gran manera en el empeoramiento de la situación actual. Es importante notar que donde tales derechas gobernantes (a los dos lados del Ebro) han mostrado mayor hostilidad ante la prórroga del estado de alarma a nivel del Estado, tales como la Comunidad de Madrid y Catalunya, son las que han tenido una mayor expansión de la pandemia después de su finalización, junto a los mayores déficits en los programas de recuperación escolar. Son también, por cierto, las que tienen un mayor porcentaje de la población escolar matriculada en educación privada. De ahí que, en estas circunstancias, el gobierno central debería utilizar todos los recursos a su alcance para influenciar las prioridades educativas de las comunidades autónomas, por ejemplo, 133 utilizando los 2.000 millones para resolver los problemas de falta de personal y de espacios.

Condiciones inmediatas para que se desarrollen tales propuestas: los acuerdos entre los distintos agentes en la reforma

 Es fundamental que las autoridades educativas trabajen en estrecha colaboración con tres grupos cuya participación es clave para que el proyecto sea exitoso. Uno es el grupo del personal de los centros escolares, y muy en especial de sus docentes. Otro grupo es el de las asociaciones de padres y madres de los alumnos. Sin la plena participación de éstos, las medidas no serán exitosas. El último grupo es el de las autoridades públicas a nivel local o municipal. Sin su participación habrá problemas graves, pues necesitan estar en los procesos de toma de decisiones ya que su contribución (por ejemplo, en transporte) es también importante.

Un sector especial siempre olvidado: las escuelas de infancia

 El grupo de criaturas más olvidado es el de los infantes de 0 a 3 años, que son 900.000 en España, 445.000 de los cuales no están escolarizados y que también necesitan tener atendidas sus necesidades emocionales, intelectuales y de socialización, preferiblemente de forma presencial, sin excluir la provisión digital de servicios en situaciones excepcionales. Estos servicios de atención y educación de la primera infancia están muy poco desarrollados en España, y es una de las causas más importantes de la limitada participación de la mujer en el mercado de trabajo. La situación en este nivel educativo ha adquirido unas dimensiones de auténtica crisis, pero parece ignorarse en el planteamiento de las necesidades de adaptación a la pandemia. De nuevo, las necesidades principales son de personal, que podría alcanzar la cifra de 143.000 nuevos puestos de trabajo a tiempo completo en caso de universalizar el acceso a estos servicios, como parte de una expansión del 4º Pilar del Estado del Bienestar, tal y como ya se está proponiendo por parte de movimientos sociales de diferentes sensibilidades políticas (ver El 4º Pilar 134 del Estado del Bienestar: liberar a las mujeres y salvar las pensiones, Público, 21 de enero de 2020).

La gran necesidad de reabrir las escuelas

 Permítanme que concluya esta breve exposición con una breve nota que considero urgente y necesaria para apoyar el objetivo final de reabrir las escuelas. La enorme gravedad de la pandemia no puede paralizar o ralentizar el esfuerzo de abrir las escuelas. Antes al contrario. Tal reapertura es esencial. La necesidad de reabrir las escuelas se basa en criterios de justicia social y de eficiencia económica. Tenemos evidencia de que la docencia digital no presencial es menos educativa que la presencial. Los datos son claros, como también son claros y contundentes los que muestran que los estudiantes más perjudicados por el cierre de las aulas son los procedentes de familias con menos recursos, que tienen menos herramientas educativas a su alcance y entornos menos favorables para la formación en el domicilio. La docencia online en las condiciones actuales desmonta el principio básico de cualquier sistema democrático: el de proporcionar la igualdad de oportunidades a todos los infantes y jóvenes de un país, independientemente de su clase y origen social.

Es también importante porque la educación se basa en la socialización de los estudiantes, lo que fortalece su espíritu colectivo, solidario, así como los sentimientos de pertenencia a la sociedad y de ciudadanía a través de dicha socialización. No es por casualidad que uno de los mejores sistemas educativos de la UE-15 sea el finlandés, donde hay una verdadera transversalidad de clase social y heterogeneidad en la escuela (en la que, por ejemplo, el hijo del banquero y el del empleado de banca van a la misma escuela), lo cual caracteriza su exitoso sistema educativo. La polarización por clase social del sistema educativo, como ocurre en el español, es muy perjudicial para todas las clases sociales y un gran obstáculo para la cohesión social. El nivel educativo de las universidades estadounidenses, por ejemplo, descendió cuando el presidente Reagan acabó con las becas que permitían a estudiantes procedentes de las clases trabajadoras de bajos ingresos asistir a la universidad.

Y un tercer componente que justifica la urgencia de reabrir las escuelas es la necesidad de facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo la vuelta al trabajo y reduciendo así la enorme sobrecarga a la cual está especialmente sometida la mujer española (con el triple de incidencia de enfermedades debidas al estrés que los hombres), que aumentó alarmantemente con el cierre de las escuelas y que es insostenible de alargarse en el tiempo. La recuperación económica no será posible sin que se resuelva esta situación. Esta ha sido la experiencia en otros países y así ocurrirá en España. Así de claro.

BREVE NOTA BIOGRÁFICA ACADÉMICA DE VICENÇ NAVARRO Vicenç Navarro es uno de los científicos sociales más citados en la literatura científica internacional en el área de las ciencias sociales (que incluyen ciencias políticas y económicas). Desde que dejó España por razones políticas en 1962, ha sido profesor en varios centros académicos en Suecia, el Reino Unido y Estados Unidos, donde ha sido profesor en The Johns Hopkins University durante más de 40 años. En España ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona y Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra, donde dirige el JHU-UPF Public Policy Center. Ha escrito 32 libros, la mayoría de ellos traducidos a varios idiomas. En España ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades de Málaga y Lleida, y en EEUU recibió en 2014 el premio Stebbins al mejor profesor del programa de Salud Pública y Políticas Públicas en The Johns Hopkins University. Ha sido premiado también en cinco ocasiones en tal universidad con la Golden Apple, premio otorgado por los estudiantes graduados en Salud Pública al mejor docente. Ha asesorado a muchos gobiernos, entre otros al gobierno Allende en Chile y al gobierno cubano en sus reformas sanitarias, así como a varios gobiernos europeos, incluyendo varios gobiernos suecos y españoles, incluyendo el nuevo gobierno español, y muy en particular a su Vicepresidencia de Derechos Sociales y Agenda 2030. Trabajó también como asesor en la Casa Blanca durante la administración Clinton en la reforma sanitaria de Estados Unidos, dirigida por Hillary Clinton. Ha asesorado a las Naciones Unidas (UN), a la OMS y otras instituciones internacionales. Sus áreas de trabajo son la Economía Política, el Estado del Bienestar y Políticas Públicas y Sociales.

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sábado, 3 de abril de 2021

Información y desinformación. Independencia y contrapoder

 

Información y desinformación. Independencia y contrapoder

MANUEL GARÍ

Vientosur

2 ABRIL 2021

 

Logo de Cuartopoder, diario digital cerrado el 31/3/2021


La desaparición de Cuartopoder, uno de los 16 componentes de la Plataforma de Medios Independientes que preguntó a la ciudadanía sobre la monarquía española, es una cruda metáfora de la realidad política y económica, y también de los medios de comunicación. El cierre resalta la pertinencia del debate en torno al binomio independencia periodística – contrapoder mancomunado. Debate en el que, dado que no soy experto en comunicación, mi opinión es la de un usuario que pretende discernir en los mensajes que circulan entre episteme y doxa. O sea, diferenciar la verdad asociada a los hechos de los que se informa de la interpretación y opiniones que suscitan.

Parece que resulta difícil lograrlo con unos medios que durante décadas han silenciado las fechorías del monarca, convierten en noticia de portada una foto de Díaz Ayuso en su paseo dominical, exhiben el espantapájaros del bolivarianismo, insultan a los discrepantes, incurren en calumnias, callan ante el atropello antidemocrático del parlamento andaluz para poner sordina a las voces díscolas de 11 parlamentarios de izquierda, azuzan los odios nacionalistas españolistas contra la ciudadanía catalana, transforman en expertos universales a tertulianos y “famosos” o confunden al telespectador con el ruido multicolor de mil imágenes, voceríos y “última hora” del espectáculo permanente. Es una muestra de cinismo que la mayor parte de medios afirmen que en el Reino de España se puede ser republicano respetando las leyes, pero ocultan que cambiar esa Constitución de 1978 exige unos requisitos antidemocráticos prácticamente insalvables si no media un proceso destituyente de ruptura democrática.

La mayoría de los medios en simbiosis con las redes sociales y el juego político oligárquico hegemónico se retroalimentan en bucle vicioso. A una sociedad cuya ciudadanía ha quedado reducida al papel de espectadora pasiva ante una representación política autonomizada que acapara la escena, se corresponden unos medios que alimentan sentimientos frente a las razones y que hablan más de los protagonistas políticos que de los intereses reales de sus representados. Todo ello se completa con un eurocentrismo exacerbado que ignora los cambios que se han producido en un mundo globalizado que ha situado el centro de gravedad mundial a miles de kilómetros.

Desiderátum

¿Qué me gustaría encontrar en un medio de comunicación? Que sea útil para discernir el qué, cómo y dónde ocurrió a la vez que criba con honestidad y veracidad la relevancia de los hechos objeto de información. Ello puede posibilitar la creación de vínculos entre los individuos mediante el desarrollo de los hilos de la razón, el sentido y la memoria, tres ingredientes necesarios, aunque no suficientes, para la emancipación humana. En la sociedad de clases, patriarcal, ecocida y desigual bajo el dictado del mercado y la ley de la ganancia privada, los medios de comunicación si quieren estar al servicio de la mayoría social no pueden perder la capacidad de indagación, asombro e indignación para poner en evidencia las lógicas del poder. Lo que exige de una profesionalidad basada en la independencia, la constancia y la suficiencia ajenas a la superficialidad, la irresponsabilidad y la venta al mejor postor.

Los medios no pueden ser cautivos de sus propietarios ni en la actual sociedad ni en una futura de mujeres y hombres libres e iguales. Desde hace décadas en diversos ámbitos han surgido propuestas muy interesantes como la que en 2008 Mediapart y Reporteros sin fronteras formularon en el “Llamamiento desde la colina” por una prensa libre e independiente. La lógica de todas ellas es diseminar el poder en los medios de comunicación, evitar la concentración, mancomunar esfuerzos, dar voz y voto a profesionales y usuarios, favorecer el pluralismo, conjurar el miedo al Leviatán estatal y su burocracia, pero también al del auténtico poder, el del capital.

Precisamente ahora que se cumple el 150 aniversario de la Comuna de Paris, cabe señalar la importancia de la existencia de una prensa pluralista y libre de ataduras. Durante los 72 días que duró el primer gobierno en manos de la mayoría popular, las medidas sociales y democráticas fueron acompañadas, como no podía ser de otra manera, de lo que se denominó la política de “información instantánea”. Surgieron 70 periódicos y revistas, proliferaron los murailles y affiches escritos por quien tuviera algo que decir, aún con faltas de ortografía, experiencia que Rimbaud celebró y que en opinión de Kristin Ross permitió el surgimiento de un nuevo espacio social 1/. Efectivamente, entonces y hoy, los medios de comunicación juegan un papel esencial en nuestra comprensión de la realidad y en la configuración de la esfera pública.

Para Alexis de Tocqueville la prensa era un garante de la protección de la libertad; aún más, era el sostén de la civilización. Si la prensa libre es un indicador y una condición para la existencia de una sociedad democrática ¿de quién debe protegernos? El jurista francés afirmó que de la centralización y la burocracia gubernamental y por ello debía estar en manos de la sociedad. Sí, pero la cosa era y es algo más complicada ya que la sociedad civil no es un todo homogéneo y una minoría determina la voluntad estatal. No es Marx ni Bakunin, sino Adam Smith quien escribió “el estado civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico del pobre” 2/.

Al servicio de su majestad

Ello nos remite a una pregunta central: ¿a quién sirven los medios de comunicación? Tanto sean de propiedad privada como pública en las actuales condiciones, están al albur de intereses minoritarios. No es que los medios de comunicación en nuestro país sean monárquicos, es que la monarquía asegura mejor que otras fórmulas los intereses que defienden. Cabe señalar que José María Aznar (ayudado por sus secuaces) fue un estratega muy útil para los intereses del capital inmobiliario, financiero y eclesiástico usando dinero público y el BOE a favor de medios de comunicación afines al frente de los cuales se situaron “periodistas” de dudosa catadura ética.

Pero el alcance de la pregunta va más allá de los confines de la derecha neoliberal posfranquista pues mayoritariamente los medios de comunicación, salvando ejemplares excepciones, juegan un papel en la difusión de los mitos ideológicos del neoliberalismo. Prueba de ello en nuestro país fue la acrítica aceptación de los postulados del Pacto de Estabilidad y Crecimiento o la filosofía, poquedad y tipo de reparto previsto de los Fondos Europeos “Next Generation”. Además, esos mismos medios se encargan de seleccionar y reclutar el personal político afín y funcional a esos mitos. Construyen y destruyen portavocías políticas o sociales frente a la voluntad de los restos de liquidación de las organizaciones populares o de los partidos políticos. Díaz Ayuso es un caso emblemático por más que cueste creerlo.

Con ello los medios de comunicación de masas más importantes contribuyen a la banalización de la cosa pública y a hacer realidad el temor de Hannah Arendt en su ¿Was ist Politik? respecto a la desaparición de la política por la vía de su falta de significado. El trumpismo periodístico, muy presente en nuestro país, es un activo agente de ese movimiento. Y, lo que es más grave, esos medios acaban jugando el papel de Herr Vogt señalado por Marx en la Contribución a la crítica de la economía política, el de pseudo demócratas al servicio de intereses espurios, ocultados e inconfesables.

Manolo Garí. Economista. Forma parte del Patronato y del Consejo de Redacción de viento sur.

Notas

1/ Ross, Kristin. El surgimiento del espacio social. Rimbaud y la Comuna de Paris. Akal, 2018.

2/ Smith, Adam. La riqueza de las naciones. (Libro 5, Cap. 1, parte2). Fondo de Cultura Económica, México 1982.

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Cierra Cuartopoder (menos información y menos análisis críticos. Pasito adelante de la unilateralidad y del simplismo mental. ¡Enhorabuena, señor conde!)

 

Adiós



Manolo Monereo

El Viejo Topo

30.03.201

No es fácil escribir este artículo. Cuando Sato me informó que cuartopoder se cerraba me afectó mucho. Llevo muchos años formando parte de este colectivo de hombres y mujeres que luchaban denodadamente por una información veraz y por formar opinión que necesariamente tenía que ser crítica. La última época el periódico estuvo dirigido por un grupo de jóvenes valientes y decididos. No ha podido ser. Una batalla más que se pierde, que perdemos.

Me aburre la letanía que habla de periódicos cerrados y de reducción de los espacios de libertad. Mis sentimientos son de rabia y de impotencia. Se está clausurando el espacio de lo público colonizado por los grandes grupos informativos y los monopolios empresariales y financieros. La captura del Estado por las élites va acompañado de una penetración cada vez más firme en eso que llamamos sociedad civil. Es una ley universal, cuanto más se ensalza la libertad, menos libertades reales tienen las personas, los colectivos sociales, las clases; sí, clases, las subalternas.

Socialismo o libertad; comunismo o libertad. La burguesía patrimonialista madrileña ofrece una comunidad y un país en venta. Todo se puede comprar y todo tiene precio. Madrid asegura libertad a cambio de vidas humanas. ¡Jóvenes del mundo, uníos! Aquí hay de todo y sin restricciones. Aceptamos el reto: muertos por libertad de comercio; muertos por darle vida a los negocios; muertos por la libre movilidad de las personas; muertos por la libertad de las grandes compañías hoteleras. No pasarán ni las políticas públicas ni las políticas sanitarias que salvan vidas. ¡Vive peligrosamente! No aceptes el rebaño; enfréntate al gobierno social-comunista consumiendo en las calles, rompiendo con los horarios establecidos y quitándote el bozal que los viejos enemigos de la libertad nos imponen.

Libertad con muerte: la seguridad es cosa de pobres, de obreros, de jóvenes incapaces de superar la vieja cultura de la cooperación y la solidaridad convertida en derechos. Menos Estado y más competencia: que los mejores no se vean limitados por la mentalidad igualitarista de una masa adocenada por años de bienestar y control político de una izquierda que ha hecho del resentimiento, política. Ellos quieren ser como nosotros; ellos contra nuestras libertades. Volvemos para ganar. Nuestra libertad frente a vuestras libertades.

Se cierra un periódico. La izquierda nada hace. No cree en lo que dice. A la hora de la verdad prefiere pactar influencia con los grandes grupos mediáticos o crear artilugios que aseguren la voz univoca de la dirección del partido. Viven al día y lo llaman realismo. No sé si al final se traducirá el libro Dominio de Marco D’Eramo (Ed. Feltrinelli, 2020). Cuenta con todo lujo de detalles el nacimiento, reproducción y desarrollo -férreamente organizado- de la cultura neoliberal en EEUU. Sociedades, fundaciones, universidades, medios de comunicación comprometidos con la libertad y frente al colectivismo. Por delante y por detrás, grandes grupos de poder económico. Su secreto: no pactar la ideología, cooptar a los operadores culturales, organización, tenacidad, dinero, mucho dinero: invertir en hegemonía es garantizar que el futuro sea nuestro, nos pertenezca.

D’Eramo señala una paradoja. Mientras que la izquierda siempre emplea un discurso centrista, pactista, moderado con los neoliberales, estos nunca retroceden: defiende el programa máximo, la acracia liberal y de mercado. Es como si la izquierda defendiera la dictadura del proletariado, la transición socialista y la expropiación de los capitalistas. ¿Qué consiguen? Dar coherencia y firmeza al proyecto. Como entre la realidad y el programa hay muncha distancia siempre se puede echar culpa a algo externo (debilidades propias; males ajemos; sabotaje de los tradicionales adversarios; imponderables varios). El proyecto neoliberal nunca fracasa; cuando falla es porque se aplica mal y de modo insuficiente. Los culpables son siempre los equipos, las personas, las fuerzas políticas, las poblaciones no suficientemente preparadas para asumir un mensaje de semejante contenido. Perseverar, siempre perseverando y a la ofensiva.

No hay que caer en el idealismo. Los que defiende estos proyectos navegan a favor de corriente; ellos son los grandes poderes económicos, las elites intelectuales funcionales al sistema. Hoy nos damos cuenta lo poco que se ha entendido a Antonio Gramsci. Todo han sido adornos y legitimaciones discursivas.  Tomarse la hegemonía en serio significaba hablar de ideas organizadas; de proyecto nacional-popular; de pedagogía de masas y de insertarse productivamente en un sentido común para darle coherencia y homogeneidad; de socializar la política y cambiar la vida cotidiana de las personas. Un partido orgánico diverso y plural conectado con el partido-institución sin confundirse con él.

Cuartopoder se cierra. Seremos menos libres, menos cultos y con menos capacidad para analizar críticamente el presente. Algunos amigos y amigas se quedan sin trabajo y entran en duro mundo de la búsqueda de empleo. La pregunta debe hacerse: ¿no ha llegado el momento para organizar la cooperación, la solidaridad, en torno a una plataforma político-cultural alternativa a los poderes oligárquicos dominantes?

Adiós queridas amigas, queridos amigos.

Artículo publicado originalmente en Cuarto Poder

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viernes, 2 de abril de 2021

La recuperación económica y la consiguiente mejora de vida de los trabajadores y tal y tal y el olmo que da peras y tal. Pero como los trabajadores ya sabemos las mil y una formas de cómo nos toman el pelo y nos quitan el producto de nuestro trabajo, ahora el olmo va darnos bruños, que como sabrá el lector los bruños son cojones como puños y tal

 

Advierten que la «recuperación económica no está mejorando las condiciones de vida»

 

Claudio Lozano, Agustina Haimovich, Samantha Horwikz / ARGENTINA

Rebelión

Fuentes: Agencia Paco Urondo

02.04.2021

Según un análisis del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, la pobreza se mantuvo estable en los últimos meses del 2020, a pesar de la recuperación económica. Según el Indec, el 42% de los argentinos son pobres y el 10%, indigentes.

Según el Informe, “los datos del INDEC para el segundo semestre del 2020 revelan un aumento del 18,3% de la pobreza (del 35,5% al 42%) respecto del mismo semestre del año pasado. A la vez la indigencia crece un 31,2% (del 8% al 10 5 %) en el mismo período.

La primera conclusión que surge al observar el mayor incremento de la indigencia es que se sigue profundizando la intensificación de la pobreza. Hecho este que en esta medición se constata también al observar que la brecha entre el ingreso que tienen quienes están en situación de pobreza y el que necesitarían para salir de dicha condición, aumentó.

Por otra parte, al hacer una evaluación del comportamiento trimestral de la pobreza (el dato semestral del INDEC es el promedio de dos datos trimestrales), surge que el segundo semestre del 2020 se compone de un tercer trimestre donde la pobreza se ubicó en el 38,7 % y un cuarto donde esta trepa al 45,3 %. Comparando lo expuesto con los niveles de pobreza del segundo trimestre del 2020 (47%, en el momento de máximas restricciones por la pandemia y mayor caída de la actividad), se observa una caída de la pobreza en el tercer trimestre al 38,7% para luego volver a escalar en el cuarto a niveles prácticamente similares al segundo. Es más, si se corrige la serie trimestral y se le saca al tercer trimestre el efecto del medio aguinaldo, el tercero sin medio aguinaldo llega a 44 de pobreza.

Surge de esto un conjunto de conclusiones:

Por un lado, el importante efecto del medio aguinaldo en la baja de la pobreza del tercer trimestre está indicando una mayor presencia de trabajadores asalariados formales en el conjunto de personas en situación de pobreza.

Por otra parte, los datos de 47% en el segundo, 44% en el tercero y 45,3% en el cuarto está señalando con toda claridad que el tipo de recuperación económica que se va dando al eliminarse las restricciones pandémicas no tiene efecto sobre la pobreza por ingresos. Es decir, con un nivel de actividad prácticamente similar al previo a la pandemia, la pobreza se mantiene en los mismos niveles de la cuarentena más estricta y de máxima caída de la actividad. Además, la suba de la pobreza en el cuarto respecto al tercero reconoce otras causas. Además de que en el cuarto no hay aguinaldo se eliminó el IFE, se desacelera la recuperación de la actividad económica al tiempo que se acelera la inflación.

En otro orden de cosas, los datos laborales del cuarto trimestre consolidan una tendencia donde la recuperación del empleo es en base a informalidad, autoempleo y empleo no registrado. El empleo formal no tuvo modificaciones y sigue 324.000 puestos por debajo que en el 2019. Esta recuperación económica con deterioro en la calidad del empleo, sumado a los aumentos de la AUH y la tarjeta alimentar, sirvieron para contener la situación de la indigencia (10,4% en el cuarto trimestre vs 10,6% en el tercero) e incluso reducirla en un 16,2% (10,4% cuarto trimestre vs. 12,4% segundo) respecto al pico del segundo del 2020. Es evidente que el supuesto adoptado por el gobierno en el Presupuesto 2021 de eliminar los refuerzos en materia de política social (entre ellos el IFE ) en tanto la recuperación de la actividad los haría innecesarios, no se está cumpliendo.

Revisar esta decisión y recuperar la discusión sobre la necesidad de universalizar ingresos sobre la población en situación de informalidad y desempleo parece imprescindible. Tanto para contener la situación social como para reanimar el alicaído mercado interno.

En suma, cambiar la lógica de una reactivación que, por su orientación dominante (primacía del sector exportador) y en base al comportamiento de los precios, se traduce en aumento de los márgenes de beneficio de las principales empresas y no en mejora de las condiciones de vida de la población.

Claudio Lozano, Agustina Haimovich y Samantha Horwikz, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).

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Tapar el sol con el dedo

 

En torno al círculo polar ártico, pueblos indígenas de la región y organizaciones ambientalistas suecas e internacionales se oponen enérgicamente a un experimento para avanzar la geoingeniería solar, una propuesta tecnológica de alto riesgo.

Tapar el sol con el dedo


Silvia Ribeiro

El Viejo Topo

 2 abril, 2021 

 

En uno de los confines del mundo, alrededor del círculo polar ártico, se está llevando a cabo una lucha que nos afecta a todos. Pueblos indígenas de la región y organizaciones ambientalistas suecas e internacionales se oponen enérgicamente a un experimento para avanzar la geoingeniería solar, una propuesta tecnológica de alto riesgo. A gran escala, tapar parte de los rayos del sol con nubes artificiales podría causar sequías y otras alteraciones en los trópicos, poniendo en riesgo las fuentes de agua y alimentación de miles de millones de personas. Un proyecto de la Universidad de Harvard, financiado por Bill Gates y otros billonarios, pretende usar el territorio del pueblo indígena Saami en Kiruna, Suecia, para realizar un experimento de esta tecnología (https://tinyurl.com/y5ut32y4).

El 24 de febrero, el Consejo Saami, que reúne a los pueblos saami de Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, manifestó su oposición a dicho proyecto y exigió al gobierno sueco cancelar el experimento (https://tinyurl.com/f4ektwdj) por falta de consulta previa y consentimiento de sus pueblos. También porque el experimento es para desarrollar una tecnología muy peligrosa que afectaría a todo el planeta, por lo que señalan que no es papel de un grupo de Harvard o algunos gobiernos decidir sobre ella.

Aunque la geoingeniería todavía aparece para mucha gente como ciencia ficción, el juego geopolítico y las implicaciones del desarrollo de la tecnología son una amenaza muy real y que avanza rápidamente.

En ese camino, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, acaba de mover otra pieza en el escenario global. El 25 de marzo publicó el informe Reflecting Sunlight (Reflejar la luz solar) donde recomienda que el gobierno de ese país debe asignar inmediatamente 100 a 200 millones de dólares para avanzar en la investigación y experimentación con geoingeniería solar y cómo se debe gobernar (https://tinyurl.com/yut5patf). Esa inversión multiplica de cinco a 20 veces la financiación pública para investigación en geoingeniería de gobiernos como la Unión Europea, China, Rusia y Corea. No obstante, la mayor inversión en el desarrollo de geoingeniería es de los supermillonarios, encabezados por Bill Gates, Jeff Bezos, Elon Musk y otros titanes tecnológicos (https://tinyurl.com/32d38zyx).

Según Raymond Pierrehumbert, profesor de la Universidad de Oxford y autor principal de reportes globales del IPCC, el nuevo informe no aporta mayor información científica a la que ya existía en otro anterior sobre geoingeniería, publicado por la Academia en 2015. Claramente, el mensaje principal ahora no es científico, sino político.

Se trata de un intento de legitimar la experimentación a campo abierto de esta riesgosa tecnología, tal como el que pretenden hacer en territorio saami y desde antes en otros territorios indígenas desde Arizona y Alaska a Canadá y Australia. Al mismo tiempo, asegurar que Estados Unidos (gobierno, empresas, academia) lidere tanto las inversiones en geoingeniería, como la definición de quién decide sobre ella. Que haya subsidos públicos es también una forma de blanquear el dinero que invierten los billonarios, haciéndolo parecer pertinente.

El informe de la Academia reconoce que la geoingeniería solar es altamente peligrosa e injusta, ya que conlleva impactos desiguales: mientras algunos países se beneficiarían con la disminución de los picos de temperatura, otros sufrirán sequías y más desequilibrios climáticos.

Por sus altos riesgos, el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB), estableció en 2010 una moratoria al despliegue de la tecnología y un llamado a extrema precaución y a cumplir con una serie de condiciones previas –como un mecanismo multilateral de gobierno y consulta previa a pueblos indígenas y comunidadeslocales– consulta que aplica también a los experimentos a pequeña escala.

Para evadir esta y otras decisiones de Naciones Unidas –Estados Unidos no es parte del CDB, pero la geoingeniería tiene alcance global–, el informe pretende colocar otras reglas de juego: que se establezcan sistemas de gobierno a la investigación y experimentación, por iniciativa de Estados Unidos, pero que serían internacionales invitando a otros países (a su antojo) a discutir, para lograr una decorativa muestra de diferentes regiones. Incluyendo también a los actores privados que tienen intereses en geoingeniería.

Esta propuesta es un intento de sabotaje a las decisiones multilaterales y por consenso de todos los países, que es como funciona, por ejemplo, el CBD. En el caso de la geoingeniería la decisión por consenso de todos es un requerimiento mínimo, ya que necesariamente habrá países que serían afectados negativamente.

Åsa Larsson Blind, del Consejo Saami en Suecia, manifestó: La geoingeniería solar se opone totalmente a la cosmovisión del pueblo saami y va contra de lo que tenemos que hacer: transformar el planeta a sociedades sin emisiones de carbono y en armonía con la naturaleza. Este informe [de la Academia de EU] plantea avanzar una tecnología que conlleva peligros existenciales, con el falso argumento de que sería un plan B para el cambio climático. Si los gobiernos no son capaces de manejar la crisis climática con soluciones reales ahora, menos aún podrán manejar los enormes riesgos e injusticias de la geoingeniería. Importante apoyar esta lucha que nos concierne a todas y todos.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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UNA FALSA DICOTOMÍA: SALVAR LA SALUD DE LA POBLACIÓN O FACILITAR LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA (¿Qué algoritmo utilizará Facebook para no permitir que desde este Blog, El Ojo Atípico, no se pueda compartir ningún artículo, ni siquiera a mi propia cuenta de facebook? ¿Tal flojedad intelectual tiene el sistema que cualquier idea lo puede hacer tambalear?)

 

UNA FALSA DICOTOMÍA: SALVAR LA SALUD DE LA

 POBLACIÓN O FACILITAR LA RECUPERACIÓN

 ECONÓMICA

 

Viçen Navarro

Artículo publicado en el diario Público

 19 de agosto de 2020

Dentro de los principales establishments económicos y financieros de España (y de aquellos establishments políticos y mediáticos que les son afines) existe una postura muy extendida de que hay un trade-off entre dar prioridad a intervenciones encaminadas a controlar la pandemia o, por el contrario, dar preferencia a facilitar el desarrollo y la recuperación económica del país. En esta manera de pensar se asume que el haber dado prioridad al control de la expansión de la pandemia de coronavirus ha estado afectando negativamente a la capacidad del país de recuperar su vida económica. De ahí que se concluya que es necesario y urgente dar prioridad a esta recuperación económica (que supuestamente afecta a la mayoría de la población), aunque ello sea a costa de diluir la intensidad de las medidas de contención y prevención de la pandemia (la cual se supone -según este razonamiento- que infecta solo a una minoría de la población, causando una mortalidad sobre un sector pequeño de esta minoría –predominantemente ancianos–).

El trumpismo en EEUU y en España

Una forma extrema de esta postura es la defendida por el presidente Trump en Estados Unidos, la cual, por cierto, está también presente primordialmente (aunque no exclusivamente) en amplios sectores de las derechas españolas (incluyendo las catalanas). Según éstas, hay que dar prioridad al desarrollo económico, poniendo el acento en las políticas públicas de recuperación económica, incluso a costa de relajar (o incluso dejar de lado) el control de la pandemia, cuya gravedad suele ser subestimada, considerándola un mal menor para la mayoría de la población (algo así como una gripe) de pronta y fácil solución con la próxima aparición de la vacuna.

Tal pensamiento es predominante en las organizaciones empresariales a los dos lados del Atlántico Norte, que temen que el parón de la economía como consecuencia de las medidas de confinamiento haya podido significar una pérdida de sus beneficios al haber reducido la disponibilidad de trabajadores (para realizar tareas en sus empresas) y de consumidores (para estimular la demanda de sus productos). De ahí su postura que defiende que la primera responsabilidad del Estado (en sus distintos niveles, ya sea central, autonómico o local) en estos momentos deba ser la de asegurar que los trabajadores vuelvan a su trabajo y los consumidores a sus tiendas, aunque sea a costa de una reavivación de la pandemia.

El gran error de este supuesto trumpiano (que es la máxima expresión del neoliberalismo)

El punto débil de tal supuesto es que sin una reducción notable del alcance de la pandemia no habrá recuperación económica posible. La evidencia empírica, que ya se ha ido acumulando durante estos meses de pandemia, no puede ser más contundente. Ninguno de los países que han enfatizado la recuperación económica sin primero intentar controlar la pandemia ha tenido éxito en sus intentos por recuperar su economía. Y el ejemplo más claro de ello es lo que ha ocurrido en EEUU, que siempre ha sido el modelo y el referente del pensamiento neoliberal, cuya expresión más extrema es el trumpismo. Analizando la experiencia de sus estados podemos ver que la creación de empleo y el crecimiento económico han sido menores en aquellos Estados (como Arizona, Georgia, Florida o Texas) donde no se dio prioridad o importancia a las medidas de control de la pandemia (tales como la utilización masiva de mascarillas, el respeto por mantener la distancia social o la ralentización del desconfinamiento para hacerlo lenta y pausadamente) que en aquellos Estados (como Nueva York, Nueva Jersey, Maryland, Massachusetts o Washington D.C.) donde dieron máxima prioridad a controlar la pandemia, permitiendo la aplicación de las medidas que facilitaron la recuperación económica solo cuando la pandemia estaba controlada.

En el lado trumpista, las medidas de control de la pandemia no se tomaron en serio, hasta tal punto que el gobernador del Estado de Georgia, el Sr. Brian Kemp, prohibió hasta día de hoy a los alcaldes de su Estado que hicieran obligatorio para la ciudadanía el uso de las mascarillas. Detrás de esta supuesta defensa de la “libertad” de los individuos (característica del liberalismo), existe un profundo sentimiento insolidario que es muy dañino para toda la población, incluyendo para las personas que, como consecuencia de su profunda ignorancia, quieren ser “libres” y no ponerse mascarilla. Este individualismo insolidario va acompañado de un edadismo (muy acentuado también en España) que desmerece las enfermedades que afectan predominantemente a los ancianos, como es el coronavirus. Este sentimiento discriminatorio alcanzó unas dimensiones enormes con las declaraciones del vicegobernador del Estado de Texas, el Sr. Dan Patrick, que pidió a los ancianos que aceptaran, por razones patrióticas y a fin de salvar el país, su posible muerte por coronavirus, permitiendo así frenar las medidas orientadas a controlar la pandemia que estaban dificultando la recuperación económica.

Este individualismo y edadismo van acompañados en EEUU de un inmovilismo a nivel del Gobierno Federal, indicando que son los estados (aquí en España, las CCAA) los que tienen que encargarse de tales “medidas antipandemia”. En realidad, hay bastante consenso entre los expertos en salud pública en que la falta de liderazgo del Gobierno Federal ha sido una de las principales causas del preocupante estado de la pandemia en EEUU. Según Catherine Bosley y Reade Pickert, de Bloomberg Economics:

“La incapacidad de Estados Unidos para controlar la pandemia está frenando su recuperación en comparación con muchos países en Europa, donde muchos puntos calientes del virus lograron reanudar la actividad económica sin causar un aumento similar en las infecciones”.

Una situación semejante ha ocurrido en España, donde las derechas se han caracterizado por una gran hostilidad hacia el gobierno de coalición de izquierdas, obstaculizando una respuesta del Estado central que permitiera un mayor control de la pandemia. Esta oposición se ha extendido también a otras opciones políticas, que incluso se han opuesto al establecimiento de un Centro Estatal de Salud Pública que permitiera 123 la dirección y coordinación de las actividades salubristas de diecisiete servicios autonómicos de salud. La situación contrasta con la de Alemania, un estado federal en el que los Lander (regiones gobernadas por políticos de distintas sensibilidades) apoyaron y se beneficiaron de un liderazgo federal. Su labor de control de la pandemia y consiguiente recuperación económica han sido exitosas. No tanto en España, como consecuencia de que las derechas españolas son muy distintas de las derechas alemanas.

La importancia fundamental de los sectores sociales tanto para salvar vidas como para recuperar la economía

Una consecuencia de esta experiencia es que, a no ser que las autoridades públicas den prioridad a las intervenciones encaminadas a mantener la salud y el bienestar de la población, la recuperación económica no tendrá lugar y, de hacerlo, será mucho más lenta de lo que ya ocurre en aquellos países que están dando prioridad a los sectores sociales, como indiqué en un artículo anterior, basado en la presentación que realicé ante la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados (ver “Elementos esenciales pero olvidados de la reconstrucción social y económica”, Público, 22.06.20). Tales sectores públicos, como son la sanidad y los servicios sociales (incluyendo el escasamente desarrollado Cuarto Pilar del Estado del Bienestar, que incluye los servicios de ayuda a las familias, como los servicios de atención y educación a la infancia y los servicios de atención a la dependencia) son clave para garantizar la salud y el bienestar de la población, así como el desarrollo económico orientado a optimizar el bien común. La evidencia científica es abrumadora sobre que estos sectores sociales son esenciales para garantizar la seguridad y el bienestar de la población, así como el buen hacer y eficiencia económica.

¿Qué quiere decir “recuperar la economía”? Volver a la normalidad no puede ser volver a la situación económica y social que existía antes Para responder a esta pregunta hay que conocer y comprender las principales causas de la enorme extensión de la frecuencia y del tamaño de las pandemias. Solo desde 124 el principio de este siglo hemos visto siete pandemias (Gripe aviar, SARS, MERS, Gripe A, Virus Zika, Ébola y Coronavirus) y no hay ninguna duda de que vendrán muchas más. Ha habido un gran número de voces en la comunidad científica que han estado alertando sobre toda esta situación, indicando además que todavía no hemos visto la peor – que podría incluir una pandemia que sería tan mortífera como lo fue la de ébola y tan contagiosa como es la actual. Todas estas voces han sido ignoradas. Como también han sido ignoradas, cuando no silenciadas, las voces que han denunciado las conocidas causas de este incremento de la frecuencia y letalidad de las pandemias, incluyendo, entre otras, las políticas económicas neoliberales que han conducido a una globalización económica con gran movilidad de personas, bienes y servicios a nivel mundial con muy escasa regulación, protección y prevención de tal movilidad y sus riesgos; a una gran deforestación y cambios en la naturaleza que afectan negativamente la relación de la población con las demás especies (incluidas las salvajes), cambios, de nuevo, muy poco controlados y regulados; y a la creación de enormes urbes, con grandes desigualdades donde junto a sectores pudientes conviven comunidades y barrios en situación de gran pobreza y carentes de las más mínimas condiciones higiénicas.

Además de éstas, otras consecuencias de las políticas económicas neoliberales han adquirido mayor visibilidad, como ha sido el escasísimo interés de la industria farmacéutica en producir vacunas y medicinas antivirales. Un ejemplo de ello es la falta de una vacuna universal contra el coronavirus y de medicamentos para curarlo. Nada menos que el Council of Economic Advisors del Gobierno Federal de EEUU ha señalado que las causas de este enorme déficit de vacunas y medicamentos es:

“Un claro desequilibrio entre los intereses comunes de la población y los de los inversores de la industria farmacéutica. La rentabilidad de las innovaciones farmacéuticas prioriza los productos que les garantizan rápidos beneficios inmediatos a costa de enfermedades futuras, inciertas y problemáticas, pues no se sabe cuándo, cómo y dónde ocurrirán”.

Todos estos datos determinan que sea profundamente erróneo y arriesgado para una colectividad depositar su confianza y esperanza en industrias con grandes beneficios que 125 han prestado tan poca atención a una de las mayores amenazas que vive hoy la humanidad: las pandemias. La raíz del problema es, sin embargo, política, concretamente el enorme poder político que tales industrias tienen. La industria farmacéutica es uno de los lobbies más poderosos e influyentes sobre el estado federal de EEUU y sobre la gran mayoría de países europeos. De ahí que la gran mayoría de productos farmacéuticos sean para tratar enfermedades crónicas predecibles y no enfermedades infecciosas agudas menos predecibles.

El gran error de querer continuar las políticas neoliberales Las grandes crisis de nuestro tiempo, las crisis ambientales y las pandemias señalan cómo el orden económico internacional sigue con su único objetivo de optimizar los intereses y los beneficios de los grandes grupos financieros y económicos a costa del bien común, en buena parte gracias a que tienen un enorme poder político y mediático. Todos los problemas llamados económicos son, en realidad, problemas políticos que se basan en el enorme poder y concentración del poder económico, lo cual se acentuó todavía más con la aplicación de las políticas neoliberales tanto a nivel mundial, como a nivel europeo y nacional. De ahí que esta situación se haya reproducido también en España, donde la pandemia ha sido particularmente dañina y donde es posible que los repuntes vayan a ser también muy intensos. Ya he escrito extensamente sobre cómo las políticas neoliberales (reformas laborales regresivas y recortes del gasto público) dificultaron enormemente la capacidad de respuesta frente a la pandemia, al empobrecer al sistema sanitario y los servicios sociales, ya en sí poco financiados.

A esta situación hay que añadir el enorme impacto negativo que las políticas neoliberales produjeron en la eficiencia económica del país. Parece haberse olvidado que la crisis económica comenzó antes de que se paralizara la economía como consecuencia del confinamiento. En realidad, los datos económicos del Estado (concretamente el empleo) del mes de enero de este año fueron los peores desde 2013. La destrucción de empleo había sido muy acentuada. El deterioro tan marcado del mercado de trabajo causado por las reformas laborales del 2010 y del 2012 habían ya caracterizado la situación española.

De estos datos se deriva que volver a la normalidad no debería ser volver a la situación de enero. La enorme hostilidad de las derechas en España hacia el gobierno español es, por desgracia, previsible teniendo en cuenta la escasa cultura democrática que han demostrado tener desde el fin de la dictadura. Pero lo que es sorprendente es que dentro del nuevo gobierno de coalición de izquierdas parecen existir voces que desearían volver a una alianza con esas derechas a fin de recuperar las políticas neoliberales que han hecho tanto daño a la población española. No parecen ser conscientes de que el gran daño causado por la pandemia (uno de los mayores de la OCDE) fue, precisamente, consecuencia del deterioro que tales políticas causaron en el bienestar de la población y en la eficiencia de la economía española.

Parecen haber olvidado que España estaba sufriendo una gran desaceleración económica antes de la pandemia. Las reformas laborales de 2010 y 2012 deterioraron enormemente el mercado de trabajo español, una de las mayores causas del deterioro de la demanda doméstica, consecuencia del enorme descenso de las rentas derivadas del trabajo (a costa de que subieran las rentas del capital). Es más, el abaratamiento del trabajo afectó negativamente a la productividad, algo que el establishment financiero y económico es reacio a reconocer. Los salarios bajos son una de las principales causas de la baja productividad ya que reduce los incentivos del mundo empresarial para invertir en mejoras de dicha productividad. La agricultura española es un claro ejemplo de ello. Y un tanto igual ocurre con la industria, donde es frustrante ver que la automovilística continúa produciendo (hoy con la ayuda del Estado) coches contaminantes que quedaran pronto obsoletos.

Últimas observaciones: trumpismo, egoísmo y barbarie o solidaridad, bienestar y progreso La realidad está imponiendo una necesidad de grandes cambios mayores en nuestra economía y bienestar social. La dinámica del orden financiero y económico dominante ha sido la de facilitar la globalización económica, por un lado, y garantizar el mantenimiento de la seguridad, por el otro, definiendo “seguridad” como mantenimiento 127 de las relaciones de poder existentes a nivel internacional. Su eje ha sido una visión militar y policial del concepto de seguridad.

Esta visión está en profunda crisis. Está llevando a la humanidad a ver su posible fin dentro de este siglo. Pero todo ello era previsible. EEUU, el país que tiene más armamento en el mundo y más bases militares en el globo, tiene hoy una de las crisis sanitarias más profundas. Lo alertó ya nada menos que el jefe de las fuerzas armadas en EEUU, el General Eisenhower, que en su discurso de despedida como presidente de EEUU en 1961 dijo lo siguiente:

“Toda arma, todo crucero, toda artillería, todo torpedo, en resumen, todos los instrumentos llamados de defensa y de seguridad significan un coste social, que incluye la expansión del hambre, de los que no tienen techo, y no tiene ni para vestirse, al que se les dice que no hay dinero para ello. Pero en realidad estamos hablando más que de dinero. Estamos hablando del sueldo de los trabajadores, del genio de nuestros científicos, de la esperanza de nuestras criaturas, que están siendo malgastados con un coste social enorme, utilizándose una retórica muy altisonante, el defender la patria. ¿Qué patria? Mientras tanto, el coste de un avión de bombardeo que se construye es el coste de dos hospitales que no se construyen”.

El presidente Trump es el que ha aumentado más el gasto público militar en tiempos de paz, a la vez que ha recortado más el gasto público social, dificultando el acceso de la población a los servicios sanitarios y sociales. En España (incluyendo en Catalunya), los gobiernos que se consideran a sí mismos más “patriotas” son los que más han recortado el gasto en tales servicios.

Y permítanme que termine este artículo con otra cita relevante, la de un gran luchador por los derechos humanos, Martin Luther King, que en su famoso discurso en Riverside en 1967, dijo:

“Una nación que continúe año tras año gastando dinero y más dinero en defensa y seguridad militar y policial, a la vez que esté recortando sus programas sociales está causando su muerte espiritual”.

Hoy, en un mundo súper armado, los neoliberales tienen la osadía de decir que no hay dinero para proteger a la ciudadanía y darle auténtica seguridad. La seguridad y el bienestar sociales (y la propia supervivencia hoy de la mayoría de las poblaciones) depende de la existencia de estos servicios que aseguran la vida y el bienestar de la población. Sin esta supervivencia, todo lo demás deja de tener sentido para la mayoría de la población, pues son estos servicios los que son percibidos como los más importantes por parte de las clases populares que, en cualquier país, son la mayoría de la ciudadanía. Se requieren grandes movilizaciones de estas clases para conseguir un aumento masivo de los recursos públicos en estos servicios esenciales que centren y permitan la necesaria y urgente reestructuración económica del país, creando un New Deal Social que considere el bien común como el objetivo prioritario de la actividad económica.

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