jueves, 11 de febrero de 2021

Pensiones: fondos propios de los trabajadores dejados al Estado para que este se los devolviera a los trabajadores cuando llegaran a la edad de jubilación. Eso son las pensiones, y lo demás chufletillas al aire para engañar al trabajador. Y quien quiera que sea que lance chufletillas al aire para engañar al trabajador, pues será eso: chufletillas lanzadas al aire por quien quiera que sea para engañar al trabajador, aunque esto podría ser dicho de mil y una maneras sin que cambie su naturaleza. Las cosas serias son cosas serias y las cosas complejas son cosa complejas nos pongamos como nos pongamos, y las pensiones son una cosa seria y compleja, a lo que hay que añadir además que de las pensiones depende que la vida sea más o menos llevadera para millones de personas, a los que hay que añadir que estos millones son trabajadores que por razón de edad ya no pueden trabajar, pero que se han pasado toda la vida trabajando, creando riquezas que ellos no disfrutan (que cosas, ¿verdad?), pero que si disfrutan muchos de los que ni han trabajado ni tienen muchas ganas de trabajar y además, ¡jodete Manuela!, son quienes están maquinado cómo quitarle a los jubilados el dinero que tenían de las pensiones , ¿o el pasti pasto de los Pactos de Toledo son para otra cosa? Y, ahora ya a lo que iba, que siempre empiezo hablando de una cosa pero no sé que hacen ustedes que siempre me despistan y termino liándome. Decía, quiero decir, que yo quería haber empezado diciendo, que una quita que te quita y que te vuelvo a quitar de 30 mil millones de euros de los dineros de las pensiones (con el apoyo de los votos de VOX que es el Ivan El Terrible contra el gobierno social comunista-separatista-terrorista de España), a petición del personal de la Unión Europea, que dejándonos de chistes la forman los gobierno europeos, incluido el gobierno de España, como condición previa para que la susodicha Unión Europea ponga a disposición del Estado español 140 mil millones de euros, a los que se les aplicará la ley de la chupi bamba que consta de tres artículos: yo chupo, yo chupo, yo chupo, de modo que la mayor parte de ese dinero vía tipo regaliz irá a las grandes empresas, con gracia adjunta, porque si no tuviera gracia no sería gracioso: de que la mayor parte de esos 140 mil millones que se van a llevar los mismos grandes capitales, también correrán a cargo de los trabajadores que tenemos que pagar la deuda pública que origine. Tengamos la fiesta en paz, a ver si ahora va a salir un gracioso diciendo que esto no tiene gracia.

 



EL PACTO DE TOLEDO Y LA FINANCIACION DE LAS PENSIONES 

La mejora de las pensiones debe estar ligada con el empleo decente y la protección de la salud y de la vida. La pandemia de la covid-19 ha traído consigo una fuerte caída del empleo y, con ello, del número de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social y a una fuerte caída de sus ingresos

Por Mikel De La Fuente

KAOSENLARED

 9 Feb, 2021

En un artículo anterior se analizaban los que a mi entender son los elementos centrales de la revisión del Pacto de Toledo de 2020 (PT 2020), mientras que este tiene por objeto analizar la financiación de las pensiones a la vista, pero no solo, de las propuestas recogida en este Pacto. Más allá de la literatura que destila el documento, la preocupación básica del gobierno español, como ha afirmado muy recientemente el ministro de Seguridad Social en declaraciones a El Mundo, al precisar que pretende reducir en 30.000 millones el gasto en pensiones y así conseguir el visto bueno para la recepción de los Fondos Europeos de Recuperación, es contener o incluso reducir el gasto de las pensiones, … en beneficio de las grandes empresas.

Además de la reducción del gasto, un elemento central de las propuestas de financiación es la llamada separación financiera según la naturaleza de las prestaciones; es decir, establecer que las prestaciones contributivas se deben financiar básicamente mediante cotizaciones sociales y las que a efectos de su financiación se consideran como no contributivas, se financiarán mediante aportaciones del Estado. Esa separación financiera, que se aprobó inicialmente mediante la ley 24/1997, se ha ido modificando con la introducción de nuevas prestaciones, utilizando criterios jurídicamente poco precisos y está motivada por la voluntad de no incrementar las cotizaciones sociales y así mantener controlado el costo del trabajo asalariado; porque si esas prestaciones financieramente no contributivas fueran financiadas a través de las cotizaciones sociales sería necesario aumentar la cuantía de las mismas.

En la citada ley de 1997 no se especificó la fecha en la que el Estado debía asumir íntegramente la financiación de las prestaciones no contributivas. La asunción estatal de la financiación de los complementos de mínimos de las pensiones se realizó de forma muy lenta y no fue completada hasta el 2013. Por estas razones la deuda estatal hacia la caja de la Seguridad Social, aunque tiene la lógica derivada de la legalidad aprobada en 1997, no tiene respaldo legal estricto, pero sí debe ser exigible ya que responde a un compromiso no solo del Gobierno de la época, sino del Parlamento que aprobó en su momento esa ley.

El Pacto de Toledo –tanto en su acuerdo inicial de 1995 como en las posteriores revisiones, incluida la de 2020- y la ley de Seguridad Social, en sus sucesivas modificaciones desde 1997, consideran que la redistribución y la solidaridad se deben limitar al nivel no contributivo y chocan con la tradición de los sistemas públicos de reparto que, en mayor o menor medida, incluyen esos elementos. En relación con otros sistemas de pensiones de reparto (en el sentido de ser financiados mediante cotizaciones sociales, sin necesidad de una acumulación previa de recursos), el sistema español incorpora escasas reglas que atenúen la contributividad individual entendida como la correspondencia entre cotizaciones y prestaciones. Además, no siempre las reglas operan en un sentido redistributivo sino que algunas son anti-redistributivas.

Así, a diferencia de otros regímenes, hasta la fecha el sistema español no contempla la posibilidad de poder elegir, a efectos de la base reguladora debe las pensiones, las bases de cotización de los mejores años (fórmula que favorece a quienes tienen carreras profesionales irregulares), sino que impone el cómputo de los últimos años anteriores al inicio de la prestación. La Recomendación Quinta del PT 2020 abre esa posibilidad cuando propone evaluarla en los supuestos de carreras profesionales más inestables y precarias, al tiempo que propone evaluar la ampliación del período necesario para alcanzar el 100% de la pensión (37 años según la reforma legal de 2011). Así pues, una de cal y otra de arena. No es nada seguro que esa medida vaya a ser aprobada, salvo como medida paliativa de la ampliación del periodo de cálculo.

Finalmente, tras haber estado incluida en varios borradores, en la documentación enviada a la Comisión Europea para justificar que las transferencias y préstamos de los Fondos de Recuperación van a ir acompañadas del control del gasto público y del aumento de la competitividad de las empresas, no se ha incluido el aumento de 25 a 35 años del período de cálculo –aunque si la posibilidad de aumentarle-, si bien la Vicepresidenta Calviño lo habría defendido posteriormente antes los comisarios económicos de la UE. Ello daría lugar, según las distintas versiones, a una reducción en la cuantía media comprendida entre el 5,45% y el 6,3%, al incluir los años iniciales de trabajo remunerado (de bajos salarios), los períodos de desempleo o la excedencia por cuidado de hijos/as u otros familiares, que afecta especialmente a las mujeres.

Contributividad o redistribución y solidaridad

A partir del Pacto de Toledo en 1995 ha devenido un lugar común en los acuerdos parlamentarios y sociales, e incluso en los textos legales, la invocación simultánea a la contributividad y la solidaridad. La Recomendación 11ª del PT 2020 considera que se debe “preservar y reforzar el principio de contributividad”, mediante “una relación equilibrada entre el importe de la prestación reconocida y el esfuerzo de cotización previamente realizado por cada trabajador”. Las reformas actuales en numerosos Estados europeos, y también en el Estado español, pretenden acentuar las modificaciones ya introducidas en las últimas décadas para traspasar la financiación de una parte creciente de los sistemas de pensiones de reparto desde las cotizaciones a la fiscalidad. Este cambio en la financiación tiene dos objetivos: en primer lugar, reducir al mínimo los elementos redistributivos en los sistemas públicos de reparto, de forma que se asemejen a los de capitalización privada, reduciendo así la defensa colectiva de los primeros; y, en segundo lugar, que los componentes redistributivos que permanezcan se financien extramuros de la financiación ordinaria de los sistemas de reparto de las cotizaciones sociales, pasando a serlo mediante la fiscalidad, reduciendo así el costo del trabajo para las empresas.

Evolución del gasto en pensiones

Como se puede apreciar en el cuadro de abajo el peso del gasto en pensiones, incluyendo tanto el de los sistemas medido en proporción al PIB, es algo más alto que el de otros Estados de la OCDE y de la Unión Europea, tales como Canadá, Holanda y Suecia, pero netamente más reducido que el de Estados próximos

Fuente: COR; FIPECO

La evolución del gasto en pensiones depende el número de pensiones y de su cuantía 1/. Así, a partir de 2014, el número de pensiones contributivas ha aumentado cada año en porcentajes comprendidos entre el 1,4% del 2014 hasta el 0% estimado en el 2020. El 2020 ha finalizado con menos pensionistas que el año anterior debido al aumento de los fallecimientos por la pandemia de la covid-19, en su mayor parte pensionistas. A consecuencia de los cambios en el empleo, en las últimas décadas ha aumentado la proporción de pensionistas del Régimen General y ha disminuido en otros regímenes. Al ser más elevadas las pensiones en el Régimen General, unido a que las nuevas pensiones se basan –hasta la fecha- en carreras de cotización más largas y en salarios más elevados que las antiguas, las nuevas pensiones son bastantes más elevadas que las que causan baja: este es el llamado efecto sustitución.

A pesar del aumento del número de pensionistas, como consecuencias de los recortes provenientes de las reformas de 2011 y 2013 y de la caída salarial durante la crisis, el aumento anual del gasto en pensiones se ha desacelerado: frente al aumento de entre el 6% y el 8% del período anterior, entre el 2014 y el 2017, el aumento fue ligeramente superior al 3%; el incremento del 2018 y 2019 ha sido inferior al 6% y el previsto para el 2020 y 2021 es incluso inferior al de 2014-2017.

La desaceleración del conjunto del gasto en pensiones a partir del 2014 se corresponde con la caída o aumento muy escaso en la cuantía de las nuevas pensiones en relación con las del año anterior. El importe de las nuevas pensiones de jubilación, las más elevadas del sistema, también han bajado: tras un máximo de 1.460 de media en el 2015 cayeron a 1.451 en el 2016 y a 1.420 en el 2018. Esa caída también se mantiene en el 2020, desde 1.452,84 en febrero a 1.379,9 en julio. La pensión de viudedad, percibida en el 92% por mujeres, cuya cuantía media había aumentado hasta 2018 por el aumento del porcentaje del 52 al 60% para una parte de las mismas, también ha empezado a disminuir: en el 2020 ha pasado de 850,5 euros en enero a 788,5 en julio.

Esa caída en la cuantía de las nuevas pensiones, unida a la desaceleración en el aumento de nuevos y nuevas pensionistas, está dando lugar a un aumento débil en la cuantía de la pensión media de todo el sistema (que incluyen a las muy antiguas y que corresponden a salarios y cotizaciones bajas): de entre el 0,48% y el 1,68% entre 2014 y 2018, con un aumento más importante en el 2019 (aproximadamente del 3%), e inferior en los siete primeros meses de enero de 2020 en relación con los del 2019 (1%). Estos aumentos son mucho menores que el que ha experimentado la prestación más importante del sistema tras las pensiones, la Incapacidad Temporal, que salvo una leve disminución en el 2018, ha experimentado aumentos anuales superiores al 11% y más del 26% en el 2019.

El déficit de la Seguridad Social: sus razones y cómo se ha cubierto

La caída del empleo, el aumento del tiempo parcial y la caída de los salarios ha dado lugar a una disminución de los ingresos por cotizaciones sociales. Según el INE, el conjunto de la remuneración de las personas asalariadas solo subió el 0,08% entre 2008 y 2018. En este último año la parte salarial alcanzó el nivel más bajo desde 1989. Por su parte, el aumento de las rentas empresariales no ha sido destinado a la inversión y la creación de empleo. En el Estado español, la parte de estas rentas dedicada a la inversión es especialmente reducida. Incluso en el tercer trimestre de 2020, en medio de la pandemia, se distribuyeron 4.700 millones de euros en dividendos. Decisiones estimuladas por una imposición reducida sobre las rentas del capital, que en general van asociadas a muy altos ingresos. Los tipos de imposición efectivos sobre las rentas de capital son netamente más reducidos que los de las rentas del trabajo. En el Estado español son equivalentes a la media de la Unión Europea, pero bastante más bajos que en Francia, Italia y Bélgica, como se puede apreciar en el siguiente gráfico.

Fuente: Comisión Europea y FIPECO.

La caída salarial, unida a la congelación de los tipos de cotización, ha dado lugar a que en el período 2011-2020 los ingresos por cotizaciones sociales no hayan cubierto el gasto total de las prestaciones económicas contributivas (que además de las pensiones incluyen prestaciones como la incapacidad temporal, el desempleo, el riesgo por el embarazo, parte de las prestaciones de maternidad y paternidad, etc.), lo que ha generado un déficit medio de cobertura de alrededor del 15% y un déficit total en ese período de más de 150.000 millones de euros.

Este déficit se ha cubierto de la siguiente manera:

  • Disposiciones del Fondo de Reserva y del Fondo de Prevención y de Rehabilitación de las Mutuas. La ley de 2003 que lo regula decía que el Fondo estará dotado del excedente presupuestario derivado de las cotizaciones en relación con las prestaciones contributivas, con la precisión de que la disposición de los excedentes iría destinada a la financiación de las pensiones de carácter contributivo y demás gastos necesarios para su gestión. El patrimonio del Fondo de Reserva llegó a ser de 66.815 millones en el 2011, que a pesar de su magnitud solo equivalía a nueve meses del gasto en pensiones. Conviene señalar que, en el pasado, los excedentes de ingresos en relación con el gasto se deberían haber dedicado a mejorar unas pensiones que en su mayoría apenas eran superiores al salario mínimo y muchas de ellas inferiores. Pero eso es el pasado. Durante los años 2012 a 2018 se realizaron disposiciones del fondo por un importe global de 77.437 millones de euros (Tribunal de Cuentas, 2020, p. 50) y sus reservas cayeron a unos dos mil millones a finales de 2019. Si no se gastó en su totalidad fue por razones políticas: ni el gobierno del PP ni los del PSOE querían figurar como quienes cerraban ese Fondo.
  • A esa cifra hay que añadir, en el mismo período, la utilización de 10.011 millones de euros del Fondo de Prevención y Rehabilitación de las Mutuas de Accidentes de Trabajo y de Enfermedades Profesionales que se nutre de los excedentes de gestión de las mismas. Esos excedentes se deben a la manifiesta infradeclaración de un gran número de enfermedades profesionales y su reconocimiento como enfermedades comunes, con el consiguiente ahorro para las Mutuas y perjuicio tanto para los trabajadores y trabajadoras afectados (que no perciben las prestaciones superiores a que tendrían derecho) como para los servicios públicos de salud que hacen frente a gastos que no les corresponden.
  • Préstamos del Estado a la Seguridad Social. Entre 2017 y 2020 el Estado concedió préstamos a la Seguridad Social para que hiciera frente a sus obligaciones, especialmente con motivo de las pagas extraordinarias de pensiones, por un importe algo superior a los 106 mil millones de euros.
  • Una transferencia del Estado a la Seguridad Social, por importe de 1.334 millones.

Situación financiera de la seguridad Social

Según el informe de fiscalización fechado en julio de 2020 del Tribunal de Cuentas, el endeudamiento del sistema de Seguridad Social con el Estado era de 52.273 millones de euros a finales de 2019, cifra que se ha aumentado con los 51 mil millones de préstamos del 2020. El Tribunal de Cuentas expone que el Estado tendría una deuda con la Seguridad Social por un importe estimado en, “al menos”, 103.690 millones de euros en concepto del gasto sanitario (31.828 millones) y de los complementos de mínimos de las pensiones que fueron abonados por la caja de la Seguridad Social entre 1989 y 2013 (71.862 millones). Esos gastos deberían haber sido cubiertos por el Estado a través de los Presupuestos Generales, conforme a los criterios, aprobados legalmente, de separación de las fuentes de financiación (cotizaciones sociales y aportaciones de Estado) según la naturaleza de las prestaciones, que se estableció en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 1989 y conforme a la ley citada de 1997, que se aplicaron tardíamente. El Tribunal de Cuentas lo expresa cuando dice: “costes que la Seguridad Social asumió por cuenta del Estado”. Si esos fondos se hubieran invertido en obligaciones del Estado, esos 103 mil millones, aplicando el IPC a las cifras anuales indebidamente asumidas por la Seguridad Social, se habrían convertido en 161 mil millones y alcanzarían la suma de 200 mil millones si se aplicara la capitalización compuesta al tipo de interés medio de las emisiones entre 2001-2020, que fue en torno a un 5 % según el Tesoro Público (infoLibre, 12/08/2020).

Según el mismo Tribunal de Cuentas, es el Estado quien debiera reembolsar a la caja de la Seguridad Social la diferencia entre la cifra de la deuda de la Seguridad Social con el Estado y lo que este debe por haberse financiado indebidamente con cotizaciones: 50.957 millones de euros en el momento del informe del Tribunal de Cuentas. Aunque los préstamos no se devuelvan y el Estado no exija su reembolso, la presentación de una deuda muy elevada tiene la función simbólica de justificar la necesidad de reducir el gasto en pensiones. Por ello es elemental que el Estado anule esos préstamos mediante su conversión en transferencias basadas en la deuda histórica del Estado con la Seguridad Social. Si se tomaran en cuenta el importe de todos los gastos indebidamente abonados por la caja de la Seguridad social entre 1989 y 2003 conforme a los criterios de la Ley 24/1997, esa deuda ascendería a una cifra que ha sido estimada en 519.000 millones según un estudio de Comisiones Obreras.

En los Presupuestos Generales del Estado para 2021 se incluye una partida de 14.000 millones de euros en concepto de los llamados gastos impropios de la Seguridad Social. Este concepto recoge elementos heterogéneos, parte de los cuales son efectivamente impropios, como las reducciones en la cotizaciones para el fomento del empleo. Otros, como la prestación por nacimiento y cuidado de hijos, el complemento de pensiones por maternidad, las medidas de apoyo a regímenes especiales deficitarios o el costo de complementar las lagunas de cotización para el cálculo de la pensión de jubilación, deberían formar parte de un sistema de pensiones basado en el reparto redistributivo 2/. Es cierto que para hacer frente a esos gastos habría que aumentar las cotizaciones. Mientras el Estado (que debe ejercer la función reguladora) no fije el nivel de cotizaciones suficiente para hacer frente a ese gasto, debe asumir su costo, tal como indica la legislación en vigor y asume ahora el PT 2020. Sin embargo, el gobierno no aumenta las cotizaciones ni procede a transferir a la caja de la Seguridad Social la totalidad del importe señalado por el Tribunal de Cuentas. Además, el importe de la partida anual solo recoge una parte de lo que se reconoce que debe ser asumido por el Estado, dilatando al 2023 el pleno cumplimiento del PT 2020. Ello dará lugar al mantenimiento de los déficits del sistema de seguridad social, aunque sea en menor cuantía.

¿Cómo equilibrar financieramente la Seguridad Social?

Los ingresos que es necesario prever no solo se deben basar en la derogación de los aspectos regresivos de las reformas de 2011 y 2013, sino en la puesta en vigor de las reivindicaciones del movimiento pensionista, que no se van a detallar por sabidas. Solo queda subrayar dos elementos generales. El primero, es que un sistema público de reparto debe asegurar tasas de reemplazo más altas de las pensiones de quienes hayan trabajado en condiciones de especial penosidad e insalubridad y con salarios más bajos, que normalmente van asociadas a esperanzas de vida más bajas y, por lo tanto, de menor duración en el cobro de las pensiones. El segundo, es que el gasto en pensiones, al igual que otros elementos de la distribución monetaria de los ingresos (salarios directos y, especialmente, los excedentes empresariales…), debe tener en cuenta el impacto ecológico y la imperiosa necesidad de evitar el calentamiento climático. Por ello es muy importante contener los ingresos monetarios que den lugar a un alto consumo de bienes y desarrollar los servicios públicos y sociales basados en la gratuidad. En el caso de la gente de más edad son especialmente relevantes todas las prestaciones de la ley de dependencia, cuyas radicales carencias se han puesto al descubierto de forma dramática durante la pandemia de la covid-19: residencias de día y de noche, atención domiciliaria y otras. La gratuidad de esos servicios, el aumento de su calidad y su publificación, permitiría moderar el aumento del gasto en pensiones –siempre que vaya acompañado de una mayor reducción de las rentas de capital y de los salarios más elevados- con tasas de reemplazo más bajas para los salarios más elevados.

La Airef (2020) estima, tras una revisión de sus previsiones demográficas, que la sostenibilidad del sistema de pensiones exigiría que el gasto se sitúe en el 14,2% del PIB en el horizonte del 2050. Una estimación que tenga en cuenta el aumento del número de pensionistas, que incluya la derogación de los elementos regresivos de las reformas de 2011 y 2013 y que estuviese acompañada de la citada política de servicios públicos y sociales exigiría alcanzar un porcentaje comprendido probablemente entre el 15 y el 17% del PIB. La posibilidad macroeconómica de ese aumento del gasto se deriva de los incrementos de productividad que se han producido durante las últimas décadas y que han ido de forma muy mayoritaria a aumentar la parte de los beneficios en detrimento de los salarios. Ahora bien, es incompatible si se mantiene la tendencia de las últimas décadas de aumento del Excedente Neto de Explotación empresarial, que una vez eliminado la devaluación del capital fijo o las amortizaciones, ha pasado del 24 % en 1980 a un 32 % del PIB en el 2020, a costa de los salarios directos y de las cotizaciones sociales.

Gastos que deben pasar a ser financiados a cargo de los Presupuestos Generales del Estado

  • Los gastos de gestión del sistema de Seguridad Social.
  • Exenciones y reducciones de cotizaciones sociales por razones de política de empleo. Las reducciones y bonificaciones de las cotizaciones sociales han contribuido a la agravación del déficit de la Seguridad Social ya que al instrumentarse como reducciones de cuotas se están financiando a cargo del Presupuesto de la Seguridad Social, cuando, dado el carácter de estos incentivos, deberían financiarse a cargo del Estado, tal como se establecía en la Recomendación 1ª del PT 2020 sobre la separación de fuentes de financiación, que proponía que las bonificaciones en la cotización debían ser a cargo de la fiscalidad general. Se puede estimar que suponen una reducción anual media de los ingresos de la seguridad social de unos tres mil millones de euros y correlativamente de transferencia de recursos a las empresas. La generalización de los ERTE por la pandemia de la covid-19 ha ido acompañada de importantes exoneraciones de cotizaciones sociales 3/, por un importe estimado de 6.050,91 millones de euros para 2020, de la que se han beneficiado no solo las pequeñas empresas sino también las grandes y las transnacionales, aunque hayan tenido beneficios multimillonarios en los últimos años. El Estado solo va a transferir en el 2021 a la Tesorería de la seguridad social 1.779.447,58 euros correspondientes a las reducciones de cotizaciones por razones de políticas de empleo, cifra previsiblemente muy inferior al importe de las mismas.

Aumento de las cotizaciones sociales

En el IEFSS 2021 (pp. 102 y ss.) se detalla que el peso de las cotizaciones en relación con el PIB aumentó progresivamente entre 1985 (el 9,18%) y 1994 (el 10,58%). Está previsto que alcance el 10,2% en el 2021, lo que significa que el peso relativo de las cotizaciones sociales es inferior al existente hace diez años y por debajo del 13% de media en la UE.

En el año 2021 se prevé una recaudación de algo más de 125 mil millones de euros, que representarán el 72,58% del total de los recursos. Aunque los tipos de las cotizaciones empresariales son más elevados que en la mayoría de los Estados de la UE, se aplican sobre salarios muy inferiores al de los Estados más próximos en PIB per cápita. En el Estado español, el costo salarial total, que incluye los salarios brutos, las cotizaciones sociales a cargo de los empleadores, la mejora de la protección social a cargo de las empresas y otros costos (tales como los de formación y de reclutamiento), es muy inferior a la media europea, por lo que hay margen suficiente para proceder a una elevación de las cotizaciones a cargo de los empleadores.

Tras un aumento del 7% de la base máxima de cotización en el 2019 (inicialmente el gobierno habló de un 10%) y de la base mínima el 22,3% como resultado del aumento a 900 euros del salario mínimo, en 2020 y 2021 las bases de cotización se han mantenido inalterables, con la excepción de la base mínima tras el aumento a 950 euros del salario mínimo para 2020. Así, la base máxima de cotización es desde el 1 de enero de 2020 de 4.070,1 euros mensuales o 48.841,2 anuales, de los más bajos de la Unión Europea. El aumento del tope máximo de cotización a 80.000 euros anuales, que seguiría siendo inferior a los que están en vigor en Estados como Francia, Alemania, Italia o el Reino Unido, proporcionaría un aumento importante de los recursos necesarios para hacer frente a la dignificación de las pensiones.

Según las estadísticas del Mercado de Trabajo y Pensiones en las Fuentes Tributarias de 2019 (último año del que existen datos), que se basa en las declaraciones anuales (Mod. 190) para el IRPF, aproximadamente 1.100.000 personas percibían ese año un salario superior a la base máxima de cotización de ese año, de 48.841,2 euros, cifra que se mantiene para el 2021, como se puede apreciar en el cuadro de abajo.

Asalariados, percepciones salariales y salarios

El aumento a 80.000 euros de la base máxima de cotización daría lugar a que la misma cifra de 1.100.000 personas percibirán salarios comprendidos entre la actual base máxima y los 80.000 euros y el aumento de la recaudación por este concepto podría alcanzar, suponiendo una media de 60.000 euros años, la cifra de 18.678 millones de euros/año.Fuente: Mercado de trabajo y Pensiones en las Fuentes Tributarias.

Por otra parte, el tope máximo de pensiones en el 2021 es de 2.707,49 euros/mes o 37.904,86 año. Ese tope da lugar a una reducción de aproximadamente el 15% de la pensión de quienes hayan cotizado por las bases máximas durante los 24 años que en el 2021 se tienen en cuenta para el cálculo de la pensión y hayan cotizado los 37 años y 3 meses necesarios para cobrar un porcentaje del 100%.

El aumento del tope máximo de cotizaciones debería ir acompañada de un aumento del tope máximo de pensiones, por varias razones. En primer lugar, supone una diferencia que penaliza a las pensiones públicas de reparto en relación con las privadas de capitalización, en las que no existe ningún tope; además, los cobros de las pensiones privadas no se toman en cuenta para el tope máximo de la pensión pública. En segundo lugar, el aumento de la distancia entre los salarios y las cotizaciones más altas, empuja a la gente de mayores salarios a las pensiones privadas, debilitando así el frente de la lucha por las pensiones públicas. En tercer lugar, mientras que el aumento de los ingresos sería inmediato, los efectos en el gasto se dilatarían en el tiempo ya que el acceso a la pensión de quienes percibirían las nuevas pensiones más altas sería progresivo. Ese aumento no tiene por qué ser de la misma cuantía sino que puede y debe ser más bajo que el aumento de las bases máximas de cotización.

Esta redistribución desde los salarios altos hacia los más bajos permitiría compensar la menor esperanza media de vida y de la esperanza de vida en buena salud, de las y los asalariados de salarios más bajos en relación con las correspondientes a los asalariados y asalariadas de mayores salarios. En la documentación enviada por el gobierno español a la Comisión Europea sobre los recortes laborales y de pensiones que prevé tomar para acceder a los Fondos Europeos del Plan de Recuperación, se abre la posibilidad de aumentar la base máxima de cotización, acompañado de una modificación de la pensión máxima. A la vista de la congelación de estas bases en el 2020 y el 2021, está por ver la decisión del gobierno en este tema; decisión que solo se explica por la voluntad de no enfrentarse con la patronal.

Aumento de los tipos de cotización

En 1993-1994 el tipo de cotización de contingencias comunes pasó del 29,3% al 28,3% (- 1%: 0,8% de la cuota empresarial y 0,2% de la cuota obrera). Anteriormente había llegado a ser casi 4 puntos más altos que en la actualidad. Pues bien, el aumento de ese punto supondría un aumento de los ingresos de unos 3.750 millones de euros/año.

Lucha contra el fraude y afloramiento de la economía sumergida

En materia de ingresos el fraude se expresa mediante el incumplimiento de las obligaciones empresariales con la Seguridad Social en la recaudación de las cotizaciones sociales. Un segundo bloque está constituido por la infra-cotización, es decir, por la fijación en las cotizaciones de cantidades inferiores a las percibidas o que no integran la jornada efectivamente trabajada. Un caso de infra-cotización indirecta es el de los llamados falsos autónomos, es decir, de aquellos trabajadores y trabajadoras que para mantener una vinculación con una empresa se ven obligados a darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, lo que normalmente va acompañado de cotizaciones por la base mínima en ese Régimen, inferiores a la retribución realmente percibida por la empresa y por la que se debiera cotizar.

Según un estudio de Comisiones Obreras (2018), en el segundo trimestre de 2018 se habrían trabajado en el Estado 6,8 millones de horas extra a la semana, equivalentes a 170.600 empleos a jornada completa (de 40h a la semana), de las que solo se habría pagado o compensado en descanso el 56%. Esas horas extra no pagadas se han concentrado en empleos de calidad: indefinidos, a tiempo completo, puestos técnicos y profesionales, y han sido realizadas mayoritariamente por hombres. Alcanzaban el 94% en el sector de actividades financieras y dos tercios de las mismas se han realizado en cuatro comunidades (Madrid, Valencia, Cataluña y Andalucía). Una estimación sobre el importe anual no recaudado por cotizaciones sociales (suponiendo que se mantiene ese horario no pagado durante 47 semanas al año y que el coste hubiera sido de 20 euros/hora), conduce a una cifra de unos 1.276 millones de euros, cifra que contrasta con la recaudación de 319,63 millones en ese año por ese concepto.

Conforme a un estudio sobre el País Vasco, la pérdida de recaudación por cotizaciones sociales debida a la economía sumergida habría ascendido durante el período 2011-2014, como mínimo, a la cantidad media de 1.415,22 millones de euros anuales, equivalentes al 37% de la pérdida total de recursos (Zubiri, Fernández-Macho y Gallastegui, 2016, pp. 54-58). Según otros estudios recogidos en este último, la economía sumergida representa en el Estado español entre 5,7 y 5,5 puntos porcentuales por encima de la correspondiente a la CAPV. Teniendo en cuenta la proporción entre el PIB de la CAPV y el del Estado español, la falta de recaudación de cotizaciones sociales ascendería en el Estado a una cifra de, como mínimo, 22.676 millones de euros

Es cierto que no es realista contemplar una situación con cero de economía sumergida, que afecta no solo a la Seguridad Social, sino también a la recaudación fiscal, al empleo digno y al acceso justo a las prestaciones sociales, pero si la economía sumergida se situara en los niveles de países europeos como Francia o Alemania, el impacto sobre la recaudación de las cotizaciones sociales sería sustancial.

Aumento de los salarios

La caída de la parte salarial ha sido muy elevada en la última década y se ha debido a la reducción del empleo y la caída de los salarios reales, que han aumentado menos que la inflación y en algún año han caído incluso en valor nominal. Según la estadística del Mercado de Trabajo y las Pensiones en las fuentes tributarias, la masa salarial abonada en el 2008 fue de 366.818 millones de euros (sin contar las cotizaciones sociales). Si los salarios entre 2008 y 2019 (último año del que se han publicado datos) hubieran evolucionado conforme a la inflación, que fue del 13,1% entre diciembre de 2008 y diciembre del 2019, la masa salarial hubiera sido de 414.487 millones, mientras que la cifra estimada ha sido de 394.004 millones, es decir, 17.483 millones menos. Solo en la cotización por contingencias comunes la cantidad no ingresada por esa caída salarial ha sido de 4.948 millones de euros/año. Es cierto que mayores salarios dan lugar a más pensiones y de mayor cuantía, lo que es una mejora social, pero sus efectos en la caja de la Seguridad Social se dilatan en el tiempo, además de reducirse los pagos para los complementos de las pensiones mínimas.

Reflexiones finales

La mejora de las pensiones debe estar ligada con el empleo decente y la protección de la salud y de la vida. La pandemia de la covid-19 ha traído consigo una fuerte caída del empleo y, con ello, del número de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social y a una fuerte caída de sus ingresos. La débil creación de empleo público para hacer frente a las necesidades sanitarias, educativas y de cuidado, ha contribuido a esos resultados.

El aumento de las cotizaciones es más adecuado que el trasvase de la financiación de las pensiones al Estado mediante impuestos. La diferenciación en la financiación está relacionada con el origen histórico y la actualidad de las prestaciones sociales. Así, las prestaciones económicas, que han estado en el origen de la Seguridad Social, siguen formando parte de la misma y, como parte de la relación salarial de la mayoría de las personas beneficiarias, su financiación debe realizarse mediante cotizaciones sociales. La necesaria universalización de la Seguridad Social no requiere de la financiación mediante impuestos: la asistencia sanitaria formó parte originariamente de la Seguridad Social y la generalización de la población cubierta por la misma se realizó en el seno de la Seguridad Social.

La fiscalización de las pensiones se inscribe en un contexto neoliberal que busca la reducción del costo del trabajo, supuestamente demasiado elevado… a pesar de que cada vez es más reducido en relación con el valor creado. Además, no existe evidencia empírica que permita concluir que la reducción de las cotizaciones tiene una influencia positiva en el empleo (De la Fuente Lavín y Errandonea Ulazia, 2017: 379-380). Quienes insisten en el carácter insostenible de ese aumento para el futuro, obvian que en el Estado español hace 50 años el gasto en pensiones equivalía al 3% del PIB, sin que se haya producido ninguna catástrofe económica por el aumento del gasto (aunque sí por otras razones). Lo que sí se puede producir es una catástrofe social si el Gobierno español accede a la pretensión patronal de congelación, o incluso de reducción, de las cotizaciones sociales, que en el próximo futuro justifique una reducción de las pensiones y, con ello, se extienda la pobreza entre las personas mayores.

Como ha explicado Husson (2020), las desigualdades se anudan en el corazón de la producción, por lo que un proceso de transformación social en el que se inserten pensiones decentes para la mayoría de la población trabajadora, exige modificar en su origen el reparto de la riqueza creada entre capital y trabajo, que además del salario directo incluye el salarios indirecto de las cotizaciones sociales.

Las transferencias del Estado a la caja de la Seguridad Social por el importe actualizado de las cotizaciones sociales que fueron destinados a cubrir otros elementos del gasto público, es congruente con lo que se expone en el apartado anterior. En efecto, el Estado, al amparo de una separación financiera de las prestaciones, no solo no ha aumentado sino que incluso ha reducido el peso de las cotizaciones sociales en la economía (medido en proporción al PIB), por lo que debe cumplir las reglas que ha promulgado, tal como exige el Estado de Derecho que se invoca frecuentemente. Esas transferencias se pueden realizar anualmente según las necesidades del sistema de seguridad social. Su importe debe ser, como mínimo, el equivalente a lo que se deriva de la normativa sobre las fuentes de financiación de la seguridad social.

Paralelamente a las transferencias del Estado a la caja de la Seguridad Social para devolver cantidades indebidamente asumidas por la misma, se debe ampliar al aumento de los recursos mediante, entre otros elementos, la elevación del tope máximo de cotización y/o de sus tipos y la reducción sustancial del fraude, de forma que se pueda mejorar inmediatamente la cuantía y el acceso a las pensiones, especialmente las mínimas y las correspondientes a los sectores más precarizados y de peores condiciones laborales y sociales.

 Notas

1/ Salvo que se especifique otra cosa los datos citados en este artículo están extraídos del Informe Económico-Financiero a los Presupuestos de la Seguridad Social de 2021 (IEFSS2021) (Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, 2020).

2/ También se consideran como “gasto impropio” el de los complementos de las pensiones mínimas, pero su coste –estimado en 7.064,38 millones de euros en el 2021- ya está financiado por el Estado desde el 2.013.

3/ El 100% de las cotizaciones en las empresas con menos de 50 trabajadores y trabajadoras y el 75 % para las que tengan 50 o más.

Bibliografía

vientosur.info/el-pacto-de-toledo-y-la-financiacion-de-las-pensiones/

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miércoles, 10 de febrero de 2021

Los Tercios españoles

La base material de la Nación. La validez actual del marxismo como método para el conocimiento de la realidad para la transformación social que siempre tuvo y que jamás perdió (Cosa distinta es su completa ignorancia a nivel general, incluidos muchos co-mu-nis-tas (comunistas de palabra se entiende), no pocos in-te-lec-tua-les de izquierdas (de izquierdas de palabra se entiende), de derechas, de los de centro, de los ni por los de arriba ni por los de abajo, de los de un pasito p´alante, p´atras, un, dos, tres (que es el baile de la yenka). Y las calumnias, deformaciones, simplificaciones, vejaciones, y criminalización que sobre él echan muchos embusteros y miserables del bolígrafo, radio y televisión que no se preocupan más que por su propia y desgraciada pelleja y de engordar sus enfermizos buches y bolsillos. Esto como digo, es otra cosa que nada tiene que ver con el marxismo)

 

El concepto originariamente marxista de nación, móvil y abierto, es un antídoto para hacer frente a los enfoques imperantes. La aportación de Marx y Engels se centra en buscar la base material e histórica de la nación y de los proyectos nacionales.

LA BASE MATERIAL DE LA NACIÓN



 

Carlos Barros

El Viejo Topo

10 febrero, 2021 

Los epígonos de Marx trataron la “cuestión nacional” como un “problema”, y nada aportaron a los textos de los fundadores, teóricamente hablando, ni siquiera prestaron atención a sus numerosas y dispersas referencias en sus obras, tratando de explicar desde el punto de vista material los hechos nacionales y su evolución histórica. Poco que ver con la ulterior definición de nación de Stalin, puramente descriptiva, esquemática y dogmática. El concepto originariamente marxista de nación, móvil y abierto, es el antídoto que precisamos ahora para hacer frente a los imperantes enfoques hipersujetivistas, idealistas, primariamente políticos.

La aportación de Marx y Engels se centra en buscar la base material e histórica de la nación, y de los proyectos nacionales, entendiendo lo nacional como un tipo de “totalidad concreta”, donde lo subjetivo y lo objetivo se entrelazan de un modo específico según cada caso. Hemos buceado en todo tipo de fuentes, procurando la complementariedad entre las obras teóricas y los artículos de prensa, los conceptos y sus aplicaciones prácticas. Trabajos de Historia Inmediata –diríamos desde Historia a Debate– sobre Francia, Alemania, Polonia, Irlanda, India, China y pueblos eslavos (Capítulo 3), que retroalimentan la teoría y los métodos que se infieren de los libros y artículos más sesudos (Capítulo 4). Combinación que nos vacuna contra cualquier sistematización dogmática, abstracta o cerrada.

En los artículos ocasionales suelen tomar partido a favor o en contra de los procesos o reivindicaciones nacionales (proliferan en el siglo XIX), según su interés para el presente o futuro del proletariado, sujeto principal –pero no único– de la historia para Marx y Engels. Acostumbran a hacer juicios comprometidos sobre la viabilidad, necesidad o inconveniencia de tal o cual nación, sus contenidos o alianzas de clases, llegando en el caso de Irlanda y Polonia a apoyar públicamente a movimientos nacionalistas concretos, considerando –según veremos en el libro– que la emancipación nacional de esos países era condición previa para la emancipación de los trabajadores.

Los conceptos teórico-metodológicos que han venido siendo tomados de entre las obras de los fundadores del marxismo para su divulgación y puesta en práctica (fuerzas productivas, relaciones de producción, modo de producción, formación social) no sirven, por insuficientes, para profundizar en el análisis del hecho nacional, interclasista por lo regular. Marx y Engels usaban ante todo la noción de condiciones de producción, como fue recordado –con escaso seguimiento– por Ber Borojov, judío sionista y bolchevique ruso muerto a los 36 años en 1917. Su olvido consciente por parte de los sucesivos marxismos ilustra, además de desinterés teórico por el tema, el proceso de simplificación y cerrazón del legado de los fundadores que tanto daño nos hizo política y epistemológicamente.

Marx definía las condiciones nacionales de producción, y más genéricamente las condiciones de existencia nacional, como algo que había que indagar en cada hecho y momento particulares teniendo en cuenta tres partes interconectadas: condiciones económicascondiciones naturales y condiciones históricas (sociedad, política y cultura), tanto referido a la producción nacional como, en conjunto, a la comunidad nacional. De ese modo, difícilmente se podría restringir lo nacional a lo puramente económico (cuya importancia siempre señalan) o a lo puramente cultural o político (como se hace hoy en día). Por fuerza había incluir todos los factores diferenciales en los análisis de las naciones específicas, siempre dependientes al mismo tiempo del espacio y el tiempo, la economía y la sociedad, la lengua y la cultura, heredadas, transformadas y legadas a las generaciones futuras. Así lo hicieron ellos mismos en relación con los procesos nacionales de su tiempo, combinando invariablemente las dimensiones nacionales e internacionales de las luchas sociales, políticas y culturales.

Por último, ¿qué provecho tendría hoy implementar la teoría histórico-materialista de nación que subyace en la obra de Marx y Engels? Comprender mejor, es decir, globalmente, un fenómeno que está hoy más vivo que nunca, tanto o más que en el siglo XIX. La globalización ha hecho eclosionar, desde fines del siglo XX, el hecho nacional resucitando antiguas nacionalidades, impugnando las naciones modernas y suscitando vastas comunidades nacionales de nuevo tipo, incluyendo como inalienable el derecho de los pueblos a la identidad colectiva, nacional.

Cuatro son los tipos de comunidades e identidades nacionales, clásicas y/o asimiladas, que están presentes, interactuando, en el siglo XXI. En primer lugar, las naciones europeas sin Estado de origen medieval (también las etnias americanas de origen precolonial), que resurgen a causa de la crisis de los Estados que las cobijan durante las épocas moderna y contemporánea. En segundo lugar, los Estados-nación del siglo XIX hoy severamente cuestionados por la mundialización de la economía y la creciente pérdida de soberanía, actualmente propensos al autoritarismo y el proteccionismo económico. En tercer lugar, las identidades de ámbito interestatal o continental, surgidas de procesos “regionales” de unificación comercial, cuyo modelo es la Unión Europea, lejos todavía de constituir una comunidad nacional incluyente. Y, en cuarto lugar, la propia tierra entendida como una nacionalidad global cosmopolita, hoy ya una realidad en lo económico, pero no tanto desde el punto de vista social, político y cultural. Dicho de otro modo: para la nación global existen condiciones naturales y económicas de existencia, pero no condiciones históricas (sociales, políticas y culturales), ni fuerzas sociales y políticas suficientes que definan y sostengan la humanidad como una referencia identitaria superior, contra los intereses hoy por hoy hegemónicos de los mercaderes y las multinacionales.

La característica más novedosa, por consiguiente, del hecho diferencial comunitario en el siglo XXI es la superposición espacial y temporal de las identidades y las realidades nacionales, provocada por el cambio revolucionario que suponen las nuevas condiciones económicas de producción (e información) global: necesitamos a Marx para comprenderlo.

 

Fragmento del prólogo de Carlos Barros a su libro La base material de la naciónEl concepto de nación en Marx y Engels.

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Coros del Ejército Rojo - Canción del partisano (HD)

martes, 9 de febrero de 2021

Cosa de delincuentes de fina estampa y criminales sociales por demás, sin contar a los políticos de la a la z que se lo permiten, pero que nadie se me asuste ni se me sulfure ni se me alarme ni cosas de estas, porque tampoco son tantos. Son solamente 279, ni siquiera llegan a 280 las malas bestias, con forma humana, que únicamente se ocupan de su mal nacida pelleja, las que guardan el dinero robado en el País bananero de Luxemburgo que está en el centro de la banana Europa con la que se bananea la mar de bien el gobierno presidido por Pedro Sánchez (no el PSOE) y vicepresidido, pero en segunda velocidad, por Pablo Iglesias (no Podemos), los cuales con la ayuda del voto patriótico en defensa de los españoles de VOX (sin contar el grupo de ex terroristas, iranies por cierto, sin trampa ni cartón, porque estaban en la lista de terroristas hasta que USA, dijo, venga, que ya no son terroristas, que me los borréis de esa lista, que me hacen falta en otro sitio, de los que el propio Iván Espinosa de los Monteros reconoció haber estado cobrando una temporadilla mientras ponían en marcha el negocio de VOX y tal) han accedido a la banana de 30.000 millones de euros, según la malas lenguas muy bien informadas, en forma de talegazo disminutivo de las pensiones, a espaldas de los pensionistas, naturalmente, que las cosas hay que hacerlas como verdaderos hombres de Estado al servicio del capital, nada de tontadas, para tener acceso del bananazo de 140.000 de euros de los cuales la mayor parte irán a los grandes bananos del capital, pero que no obstante, la deuda publica que genere tal bananazo la pagaremos como no, los trabajadores. Pero que no todo son reproches, léanme bien, pongan algo de buena voluntad por su parte: si ya les regalamos a los bananos del capital unos 60.000 millones en 2008 con aquella crisis, de la que ahora es continuación de la misma, ¿por qué Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no se pueden dar el gustazo en su función de auténticos hombres de Estado y olé, de regalar otro bananazo de otros 60.000 millones de euros a los mismo bananos de entonces? de esos 140.000 millones de euros que llegaran de la banana Europa, y lo que sobre para comprarle unas chuches a la niña de Rajoy. Y, ni que decir tiene, si algún trabajador llegara a leer esto, pues ni puto caso, que lo de por no leído, que estas son cosas mías y a nadie le importa lo que diga o deje de decir


OpenLux, 55.000 sociedades pantalla en el corazón de Europa

Cristiano Ronaldo, Tiger Woods, Shakira, Amazon o Pfizer entre los primeros nombres de una investigación sobre Luxemburgo y las riquezas que se ocultan allí para eludir impuestos.

Captura de pantalla de un vídeo explicativo del entramado de sociedades del diario Le Monde. 

Yago Álvarez Barba

El Salto

@EconoCabreado

8 FEB 2021 12:40

Tras los LuxLeaks, una vez más, un conjunto de periodistas y medios internacionales le sacan los colores a Luxemburgo y a la Unión Europea. Una investigación llevada a cabo por varios medios internacionales, entre los que se encuentra Le Monde, Suddeutsche Zeitung de Alemania, Le Soir de Bélgica, McClatchy de Estados Unidos, Woxx de Luxemburgo, IrpiMedia de Italia y el Consorcio de periodistas de investigación (OCCRP), a la que han llamado OpenLux, ha desnudado lo que se encuentra tras el éxito financiero del país: 55.000 sociedades pantalla sin oficinas ni empleados que gestionan activos por más de seis billones de euros, cinco veces el PIB español.

1.810 empresas en una dirección postal sin empleados, otras 1.660 a tan solo unas manzanas, 1.330 en otra oficina cercana, 980 en una cuarta… así, hasta las 124.000 sociedades. La investigación ha escarbado en el registro mercantil del ducado, para extraer los nombres de las personas y sociedades que se encuentran detrás dichas sociedades registradas allí, además de 3,3 millones de documentos administrativos y financieros para completar la base de datos.

Al menos 279 de las 2.000 personas más ricas del planeta tienen su hogar fiscal en Luxemburgo, según la investigación

La investigación, que promete soltar diversos nombres de multimillonarios y empresas a lo largo de los próximos días, revela que en el Ducado se concentra gran parte de la riqueza mundial. Al menos 279 de las 2.000 personas más ricas del planeta tienen su hogar fiscal allí. Le Monde señala que 37 de las 50 familias más ricas del mundo también utilizan el país para estructurar sus grupos empresariales, activos e inversiones y ahorrar en su factura fiscal.  

De momento, han dejado caer algunos de los nombres señalados. Tiger Woods, Cristiano Ronaldo, Shakira y el Rey de Bahréin, así como algunas multinacionales como LVMH, Pfizer o Amazon.

LuxLeaks y la Unión Europea

Desde OCCRP, una de las organizaciones que ha participado en la investigación, recuerdan que, a pesar de los innegables avances en materia de transparencia, aún queda mucho trabajo por hacer en la lucha contra la evasión y la elusión fiscal, sobre todo en el seno de la Unión Europea, “que se contenta con denunciar las prácticas fiscales perniciosas de terceros países, pero no reconoce que varios de sus Estados miembro son verdaderos paraísos fiscales”. 

Tiger Woods, Cristiano Ronaldo, Shakira y el Rey de Bahréin, así como algunas multinacionales como LVMH, Pfizer o Amazon son señaladas por la investigación

En 2014, otra investigación periodística sacaba a la luz el escándalo de los Tax Ruling que el que fue después presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, había firmado con varias multinacionales. Esta práctica consiste en firmar contratos bilaterales específicos entre empresas y el gobierno de Luxemburgo en los que se exime de pagar impuestos durante un periodo de año o de no pagar impuestos por las rentas traídas desde otros territorios. Pero la eliminación de dichos acuerdos bilaterales entre empresa y Estado no han dejado de lado ni eliminado las prácticas de fiscalidad agresiva y de opacidad que el territorio ofrece a todas las empresas y grandes riquezas. Ninguno de esos escándalos parece solventar el problema de tener un paraíso fiscal en el corazón de la Unión Europea. Luxemburgo es, después de Estados Unidos, el segundo centro financiero internacional del mundo con un flujo de Inversión Directa Extranjera interna del 5.766% sobre su PIB y una externa de 6.749%.

“Los compromisos adquiridos después del escándalo LuxLeaks, han demostrado ser papel mojado”, ha declarado Ernest Urtasun, eurodiputado de Catalunya en Comú y vicepresidente del grupo Verdes/ALE en el Parlamento Europeo, “Luxemburgo sigue siendo un paraíso fiscal que da cobijo a las trampas fiscales de grandes multinacionales, millonarios, deportistas e incluso criminales”.

En esa misma línea, se pronuncian desde Oxfam. “El problema sigue siendo la impunidad con la que actúan los paraísos fiscales en la propia UE”, explica a El Salto Susana Ruíz, coordinadora del departamento de Justicia Fiscal de Oxfam internacional, que lamenta que “los avances en transparencia o en reformas fiscales siguen siendo insuficientes y grandes fortunas o grandes empresas se aprovechan de estos vacíos para ocultar sus patrimonios, declarar menos o minimizar su contribución fiscal”.

“Luxemburgo actúa hoy principalmente como bisagra entre los países europeos y los paraísos fiscales de todo el mundo”, Ernest Urtasun

Esta investigación vuelve a abrir el debate sobre los paraísos fiscales dentro de la propia Unión Europea y del papel de Luxemburgo en la ingeniería fiscal societaria global. “Luxemburgo actúa hoy principalmente como bisagra entre los países europeos y los paraísos fiscales de todo el mundo”, lamenta Urtasun, “pisotea los principios más básicos de la integración europea cuando permite estas prácticas que permiten prácticas de grandes empresas y millonarios que evitan pagar lo que les corresponde en sus respectivos países, con un grave impacto en las arcas públicas en un momento tan sensible como en esta pandemia de la Covid19 donde se ha demostrado la necesidad del liderazgo público”, matiza el eurodiputado.

En unos días, la Unión Europea debe revisar la lista negra de territorios que no colaboran en materia de intercambio de información y lucha contra el fraude fiscal, en la que no se contempla ningún territorio europeo. “Sin una lista negra de paraísos fiscales en la UE que se deje de hipocresías e incluya los territorios europeos, con sanciones efectivas, nunca se avanzará”, afirma Ruíz al explicar que se trata de una cuestión de voluntad política y donde señala esa futura revisión de la lista negra de paraísos fiscales como la “hora de revisar criterios y gobernanza”. En la misma línea, Urtasun defiende que no tiene ningún sentido que los países de la UE queden excluidos de la metodología de monitoreo, “cuando después vemos que tienen un impacto económico muy superior al de cualquier país actualmente en la lista negra”.

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lunes, 8 de febrero de 2021

Moisés: ¿Historia o una historia? He ahí la cuestión (una más)

 

La versión egipcia: Los judíos fueron expulsados por el faraón

Moisés-Éxodo

Javier Cortines

Kaosenlared

 8 Feb, 2021

Los judíos, que pudieron ser tachados de “leprosos” (seres envenenados con ideas peligrosas) se rebelaron contra el faraón Seti I y buscaron una alianza con los hicsos que se habían refugiado en “Jerusalén” y territorios colindantes tras ser derrotados por el faraón Ahmose . Bajo la dirección de su nuevo líder, Osarseph (Moisés), y fortalecidos con el apoyo de los hicsos, “los leprosos y sus aliados” sembraron el terror durante trece años (¿las plagas?) hasta que fueron expulsados por el rey provocando su éxodo.

Cuenta el erudito Óscar David Calle Mesa[i], en línea con otros conocedores de la cultura e historia egipcias, que el rey Amenofis del historiador Manetón es en realidad Seti I  (la sustitución de los nombres se debería, entre otras cosas, a errores de los copistas), y que ese faraón sufrió una rebelión de “los leprosos”, aliados con un imponente ejército hicso, que sembraron el terror en el país de El Nilo durante trece años causando “lo que la Biblia denominaría más tarde las plagas de Egipto”[ii].

Flavio Josefo (siglo I d.C.) dice, citando a Manetón (siglo III a.C.) autor de la “Aigyptiaca”, historiador y sumo sacerdote, que un rey llamado Amenofis reunió a todos “los enfermos de lepra”, a unos 80.000, entre los que había “varios sacerdotes”, y les obligó a trabajar en canteras alejados del pueblo egipcio. Después de un lago tiempo viviendo de forma miserable, los esclavos solicitaron al faraón que les concediera como refugio la ciudad abandonada de Avaris, la antigua capital de los Hicsos.

“Los leprosos” eligieron como líder a un sacerdote de Heliópolis, un tal Osarseph, quien según Manetón cambio de nombre y se hizo llamar Moisés. El nuevo jefe de “los leprosos” mandó una embajada a Jerusalén, donde se habían refugiados los hicsos que fueron derrotados por Ahmose.

Los hicsos, que habían firmado una frágil paz con los egipcios, vieron una oportunidad de oro en “el levantamiento de los leprosos” -continúa la fuente- y enviaron un ejército de 200.000 hombres para apoyar a los rebeldes y volver a conquistar Egipto.

El rey Amenofis, que temía una derrota, se retiró con su ejército a Etiopía esperando el momento oportuno para contraatacar.

Mientras tanto el usurpador Osarseph-Moisés y los hicsos impusieron un reinado de terror que duró trece años, quemando ciudades, saqueando templos, mutilando imágenes divinas, matando animales sagrados y humillando a los sacerdotes. Al final de ese periodo, (en el que cayeron todo tipo de plagas sobre el pueblo egipcio), el faraón Amenofis (Seti I) y su hijo Ramsés, que ya contaba con dieciocho años, avanzaron desde Etiopía con un gran ejército y expulsaron de Egipto a los hicsos y a “los leprosos” persiguiéndolos hasta Siria y aniquilando a muchos de ellos, según el citado relato.

Hay otro texto de Apión, filósofo alejandrino del siglo I d.C. quien escribió otra Historia de Egipto que coincide con Manetón en lo referente a que Moisés era un sacerdote de Heliopólis. La fuente agrega que ese personaje construyó templos con las características de los que fueron levantados en el periodo del Amarna, la época de Akenatón, también conocido como Amenofis IV[iii], el faraón que abolió el politeísmo e impuso el culto a un solo dios, Atón.

Aunque Manetón nunca dice que los leprosos expulsados de Egipto fueran los antepasados de los judíos, el filósofo estoico Ceremón (siglo I d.C.) y Lisímaco de Alejandría afirman que Moisés era un impostor que instruyó a los judíos y consideran que la rebelión y expulsión de los leprosos no es otra cosa que “la versión egipcia del relato bíblico del Éxodo”. De ser esto cierto, esa historia no sería grata ni a judíos, cristianos y musulmanes, para quienes los profetas del antiguo testamento son vacas sagradas e intocables.

Óscar David Calle subraya en su trabajo “La XVIII Dinastía y el Éxodo,” que no fue hasta 1986 cuando surgió una opinión que defendía la historicidad de la narración de Manetón, la del egiptólogo canadiense Donald Redford.

“La ocupación de un sitio abandonado y apartado, aunque sustituido por Avaris en la versión modificada de la historia, corresponde (…) a los trece años de penalidades causadas por los leprosos e hicsos. La figura de Osarseph/Moisés está sacada claramente del recuerdo histórico de Akenatón. Se le atribuye la prohibición de adorar a todos los dioses, y según Apion, la defensa de una forma de culto que utilizaba templos descubiertos y orientados al este, exactamente igual que los templos de Atón en Amarna”, subraya Redford[iv].

Sobre la expulsión de “los leprosos”, y en definitiva, el Éxodo, hay varios estudios importantes, entre ellos un clásico de Donald Redford[v] y el trabajo compartido de Ita Sheres y Anne K. Blau[vi], que arrojan un poco de luz sobre una línea de investigación seria que intenta apartar la mitología religiosa de los hechos históricos, pues una mentira -mejor dicho muchas- pueden durar miles de años contribuyendo “in perpetuum” a la estulticia de la humanidad.

Respecto a las diversas interpretaciones del Éxodo, el historiador Raimundo Cuesta, Premio Nacional a la Innovación Educativa, dice, tras analizar la obra de Freud:

“En síntesis, Freud venía a decir que Moisés fue un egipcio descendiente de la familia real influido por el monoteísmo del faraón Akenatón, que por breve tiempo sacó al imperio de las creencias politeístas. Cuando Egipto volvió a la religión de siempre, tomó a un pueblo inmigrado (los judíos) y lo llevó al éxodo dándole una religión monoteísta”[vii].

Para concluir diré que, una vez asentado el cristianismo y luego, con la arrolladora presencia del Islam en el mundo árabe, lo lógico es que, cualquier alusión a un éxodo judío planteada en términos parecidos a los expresados en este artículo, sería ipso facto borrada del mapamundi e incluso, el legado de Manetón, en lo referente a Moisés y los leprosos, sufriría una cirugía islamo-judeo cristiana.

[i] Óscar David Calle Mesa. Manetón la XVIII Dinastía y el Éxodo.

[ii] Esa hipótesis de las plagas “es mía”, aunque creo que es compartida por un número creciente de investigadores que buscan ceñirse a una historiografía alejada de mitos y fantasías. En el milenario Egipto no hay ninguna alusión a las plagas bíblicas (ni en los ochocientos mil papiros que había en la Biblioteca de Alejandría a los que tenía acceso Maneton) pero sí a revueltas y a conflictos religiosos. Sería muy bueno para la salud mental de la humanidad dejar claro que Israel no fue creada por Dios, sino por hombres que se convirtieron al monoteísmo por influencias de lideres que consideraron profetas etc., como Amenofis IV, quien declaró la existencia de un sólo Dios (Atón) en la época de El Amarna.

[iii] Akenatón o Amenofis IV, padre de Tutankamon, fue el décimo faraón de la dinastía XVIII y reinó entre 1353 y 1336 a.C.

[iv](Redford. Pharaonics King-List. Pág. 293). Publicada por la Sociedad de Estudios Egipcios de la Antigüedad. Canadá 1986.

[v]Redford, Donald B. “Egypcian Account of the Leper`s Exodus” (Versión egipcia del éxodo de los leprosos”).

[vi] Ita Sheres and Anne K. Blau (2000) “Miriam-From Prophet to Leper”. (Mirian-De profeta a Leprosa).

[vii] Raimundo Cuesta. Verdades sospechosas: Religión, historia, capitalismo. P. 65. Ed. Visión Libros.

Nota: Con este artículo no he pretendido ser riguroso -ya que eso es imposible en el tema que nos ocupa- sino insistir en otras líneas de investigación de carácter historiográfico a fin de desmontar mitos y fabulas que están muy bien en la literatura y el cine religioso. Moisés es el paradigma de la construcción de un personaje “poniendo conceptos entrelazados y unidos por puentes móviles en un plano infinito”, proceso que se puede aplicar a la historia escrita por el pensamiento dominante. En este sentido aquí estaríamos hablando del mundo como voluntad y construcción, lo que bien podría complementarse con el mundo como voluntad y representación (Schopenhauer) y con el mundo como voluntad de destrucción y creación (Nietzsche).

Blog del autor: Nilo Homérico

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domingo, 7 de febrero de 2021

Lo inevitable de la política en el COVID-19. La política está presente en todos los órdenes de la vida. Pero la política no son los partidos políticos, ni los políticos ni la constitución. Todo ello son las distintas formas de la expresión de la política. La política en esencia consiste en una relación de fuerzas. La sociedad está compuesta por diferentes grupos sociales con diferentes puntos de vista e intereses y cada uno de estos grupos intenta hacer prevalecer sus propios puntos de vista y sus propios intereses frente a los puntos de vista e intereses del resto de grupos sociales, para lo cual establecen entre si determinadas luchas que abarcan lo económico, lo político y lo ideológico. Pues en estas luchas que entre sí establecen los diferentes grupos por hacer prevalecer sus intereses frente a los intereses de resto de grupos es donde reside la esencia de lo político. Los que somos partidarios del socialismo (del PSOE actual no, del socialismo) nos incluimos en el grupo social inmensamente mayoritario en cualquier sociedad de cualquier tiempo que son los trabajadores (los que trabajan actualmente, los parados, los que fueron trabajadores pero que ya no lo son por razón de edad o cualquier otra (jubilados, personas inválidas, etc.) y de los que también por razón de edad, niños y jóvenes, que todavía no trabajan pero que son los trabajadores del futuro, y en consecuencia propugnamos la defensa de los intereses de este grupo social que es el inmensamente mayoritario frente y abiertamente en contra del extremadamente minoritario grupo social que representan los capitalistas. En esto consiste la política socialista, en la lucha a todos los niveles: económico, político e ideológico para hacer prevalecer los puntos de vista e intereses de la inmensa mayoría de la sociedad frente a la exigua y casi insignificante grupo social que representa al capital, incluidos los contratados por este para que defiendan sus intereses.

 

Las Vacunas. Los culpables no son las farmacéuticas, sino la Comisión, el Parlamento y los gobiernos europeos

Juan Torres López

Sociología Crítica

29.01.2021



Voy a comenzar este artículo por lo que había pensado que fuese mi conclusión final:

– Un informe de la Cámara Internacional de Comercio (aquí) estima que si los países continúan aplicando un enfoque descoordinado para la distribución de vacunas y los gobiernos no garantizan el acceso de las economías en desarrollo a las vacunas covid-19, el mundo corre el riesgo de pérdidas del PIB mundial solo en 2021 de hasta 9,2 billones de dólares.

– Dicho informe calcula que la financiación que faltaría poner para proporcionar una vacuna a toda la población del mundo que la necesita sería de unos 27.200 millones de dólares. Es decir, 338 veces menos del daño que produciría no hacerlo.

– Por cada uno de los 27.200 millones de dólares necesarios, las economías podrían recibir un retorno de 166 dólares.

– Esos 27.200 millones de dólares representan el 3% de los 750.000 millones de euros que la Unión Europea tiene previsto dedicar a combatir la pandemia y sus efectos económicos.

A la vista de estos datos, que la Comisión Europea se empeñe en mantener la estrategia de mercado que está siguiendo, que el Parlamento Europeo no se levante y reclame sensatez y que los gobiernos sigan poniendo en peligro a su población y arruinando a sus economías a mí no parece que sea insensato sino criminal. Y ahora, explicaré por qué me lo parece.

El proceso de vacunación está siendo un desastre en la Unión Europea y la Comisión se empeña ahora en hacernos creer que la culpa es de un laboratorio que incumple los contratos.

No voy a defender aquí a AstraZeneca, cuya historia está plagada de fraudes, incumplimientos y malas prácticas asociadas a su posición cuasi monopolista en los mercados (aquí información detallada). Solo quiero señalar que, a mi juicio, los responsables del desastre en el que se hallan los países europeos no son los laboratorios sino las instituciones europeas que han planteado mal, desde el principio, la lucha contra una pandemia que va a terminar provocando, como se sabía que iba a ocurrir, la crisis económica más grave de la historia contemporánea.

La Unión Europea en su conjunto no ha sabido o no ha querido asumir que la pandemia de la covid-19 es un problema mundial y que como tal debería haberse enfrentado. Se ha sumado al “sálvese quien pueda” de los países más ricos, en lugar de entender que una emergencia planetaria como la que vivimos requiere medidas de cooperación global y que solo con eficacia, cooperación, solidaridad y equidad se puede combatir realmente a un virus que no entiende de fronteras.

La Unión Europea ha actuado desde el inicio de la pandemia anteponiendo los intereses financieros a los sanitarios y permitiendo que la respuesta viniera de empresas que, legítimamente, se deben a sus accionistas y al cumplimiento de sus objetivos comerciales.

Tratando equivocadamente de ahorrar recursos, la Comisión Europea se hizo cargo del aprovisionamiento de las vacunas y ahí ha cometido también errores garrafales que al final provocarán despilfarro, retraso en la respuesta sanitaria y mayores costes en vidas y en dinero a todas las economías europeas. Aunque, en realidad, ni siquiera se respetó ese principio y se dejó que grandes países, como Alemania, mantuvieran estrategias particulares de compra. No se supo gestionar la adopción de acuerdos con celeridad y eficacia y su burocracia retrasó la aprobación y la compra de las vacunas. Sin llegar a los 450 millones de habitantes, los propios responsables de la Comisión afirman haber confirmado la compra de unas 2.300 millones de dosis y, sin embargo, ahora no hay disponibles para seguir con el proceso, a diferencia de lo que ocurre en otros países.

A la Unión Europea, como a otros pocos países ricos, se le ha llenado el ojo antes que la tripa y ahora resulta que solo diez de ellos disponen del 75% de la producción de las vacunas. Un completo sinsentido que dará lugar a que la pandemia y sus tremendos efectos económicos se sigan extendiendo.

La Unión Europea ha procedido con oscurantismo a la hora de contratar. Salvo en un solo caso, no se han hecho públicos los contratos a pesar de suscribirlos con dinero público; y solo por error o filtraciones se saben los precios de las vacunas o que se ha renunciado a exigir responsabilidad a las empresas. Una auténtica barbaridad cuando, al mismo tiempo, se ha permitido que el proceso de obtención de las vacunas haya sido irregular y en muchas ocasiones dictado por los intereses financieros de los laboratorios.

Se ha tomado el pelo a la ciudadanía, como hizo la comisaria de Salud en el Parlamento Europeo cuando afirmó que “la Comisión está legalmente imposibilitada para desvelar la información que contienen estos contratos debido a la naturaleza altamente competitiva de este mercado” (aquí). Una mentira vergonzosa porque el mercado en el que se producen y distribuyen las vacunas contra la covid-19 es justamente lo contrario, muy poco competitivo. Es, en realidad, oligopolista e incluso monopolista en algunos casos o desde ciertos puntos de vista. Por tanto, lo inteligente, lo razonable, lo más justo, lo incluso menos costoso y, por supuesto, lo más seguro para la vida de las personas, hubiera sido corregir a ese mercado no competitivo, domeñarlo, someter a las fuerzas que no actúan con la auténtica competencia que hace eficientes a los mercados, y no aceptar las condiciones ineficientes y peligrosas para la salud que imponen quienes se están saltando a la torera las leyes que se supone que deben guiar el funcionamiento de los mercados para que estos funcionen adecuadamente.

Las autoridades de la Unión Europea ha dado por bueno que empresas como Pfizer vayan a tener unos márgenes de beneficio de entre el 60% y el 80% con su vacuna (aquí) y, en general, que todas ellas hagan el mayor negocio de su historia gracias a la investigación básica que han realizado instituciones públicas (aquí) y con el dinero de los gobiernos que ahora no les reclaman el valor generado por sus inversiones (aquí). Sencillamente hablando, es una falsedad que las vacunas contra la covid-19 solo hayan sido posibles gracias al esfuerzo inversor de los laboratorios farmacéuticos y al monopolio que les conceden las patentes. Como expliqué hace unos meses (La covid-19 y la propiedad de las vacunas y medicamentos) el régimen de propiedad y las condiciones de los mercados actuales no facilita la innovación, ni mejora la cobertura de la salud en el mundo sino que las empeora, entre otras razones, porque las empresas dedican más recursos a obtener rentabilidad financiera que a innovar: en 2017, 2018 y 2019 dedicaron 28.600 millones de dólares a recompras de acciones y 10.000 millones a I+D (aquí).

Las autoridades de la Unión Europea han renunciado a considerar la solución de la pandemia, las vacunas, como lo que debería ser, un bien público al que debieran acceder de modo gratuito y equitativo todas las personas del mundo, puesto que la Covid-19 es un mal global. Por el contrario, han permitido que se conviertan en una mercancía más, impidiendo así su uso generalizado, eficiente, menos costoso, y seguro.

La Unión Europea, es decir, la Comisión que tomó decisiones ejecutivas erróneas, el Parlamento que no fue capaz de imponer principios morales y medidas políticas alternativas, y los gobiernos de todos los países que no han sabido coordinarse con eficacia, ni anteponer los intereses generales y el cuidado de la salud a los mercantiles de las grandes empresas, son los responsables de lo que está sucediendo en Europa.

La Unión Europea ha renunciado a actuar como un motor de progreso y ha sucumbido una vez más -cuando la enfermedad y la muerte de millones de personas y una gigantesca crisis económica reclaman más que nunca una política para el bien común- a las lógicas del capitalismo financiarizado, especulativo y monopolista de nuestro tiempo. Es una vergüenza y una ignominia que, en lugar de estar preocupadas por adoptar soluciones inmediatas, eficaces, seguras y justas en Europa y de contribuir a que ocurra lo mismo en el resto del mundo, las autoridades europeas no den tregua y estén más dedicadas a recordar los recortes en bienestar, pensiones, cuidados, educación o salud que deberán hacer los gobiernos cuando todo esto concluya.

La Unión Europea es responsable de lo que está sucediendo con la pandemia en Europa y en concreto del fracaso en la estrategia de vacunación porque renunció a lo que podría haber hecho y que está contemplado y asumido por la Organización Mundial de la Salud, la expropiación de las patentes cuyo monopolio afecta a la covid-19. Como vienen solicitando cientos de autoridades, premios Nobel, científicos y organizaciones de todo tipo (aquí), para combatir la pandemia se necesitaba la puesta en común de todas las patentes, datos, conocimientos y tecnologías disponibles en el planeta; un plan de producción y distribución global con transparencia y a precios reales; y la garantía de que la vacuna se proporcionaría gratuitamente a todas las personas y dando prioridad a quienes están más expuestas, a las más vulnerables y a los países con menos capacidad para salvar vidas.

La Unión Europea es responsable y ahora no puede culpabilizar a terceros, porque se sabía de sobra que una estrategia de mercado como la que adoptaron sus dirigentes iba a tener las consecuencias que estamos sufriendo.

Hasta uno de los más grandes defensores del mercado, Milton Friedman, reconocía que “por supuesto, la existencia de un mercado libre no elimina la necesidad de un gobierno. Por el contrario, el gobierno es esencial como foro para determinar las reglas del juego y como árbitro para aplicar las reglas que se decidan”. El problema de la Unión Europea es que se empeña en que esas reglas no sean otras que la que desean, precisamente, los oligopolios y monopolios que dominan los mercados, y los convierten en fuentes de ineficiencia, inseguridad, inmoralidad y injusticia que matan a la gente.

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