martes, 2 de febrero de 2021

Publicado en la Revista El Pollo Urbano de Zaragoza, España. Febrero 2021

 

Anotaciones sobre Kafka / Manuel Sogas

Manuel Sogas Cotano
Corresponsal del Pollo Urbano en la República Dominicana

      A juicio de Maeve Cook [[i]] la dicción narrativa tiene el poder de alterar nuestras arraigadas instituciones y expectativas acerca de lo que significa seguir una vida ética buena, así como del tipo de sociedad…

…que facilita ese tipo de ética, lo que induce a un cambio éticamente significativo en la percepción. Ello le lleva a sostener que los aspectos disruptivos y develadores de una ficción narrativa constituyen un potencial para el conocimiento ético, interpretado este conocimiento como un proceso de aprendizaje que involucra la acción social y el compromiso de un sujeto concreto en el sentido aristotélico de búsqueda de la verdad, entendida esta como representación de la consecución de un bien supremo (eudominía-felicidad o florecimiento humano) que supere y trascienda al propio sujeto concreto, intrínsecamente deseable con sentido de universalidad, es decir, válido para todos los seres humanos en todo tiempo y lugar, que es a lo que considera verdad, o sea, el bien supremo que constituye el punto de referencia para la reflexión y acción ética, y es la que señala el aspecto intelectual del bien supremo planteado (en contraste con la noción de felicidad), la que proporciona o es susceptible de poder proporcionar su poder no sólo para ejercer una fuerza efectiva, sino que, también hace un llamamiento al razonamiento humano. De aquí que considere que el aprendizaje de la ética exija la acción racional del ser humano, por lo que estima  pertinente el lenguaje del develamiento que junto a la disrupción, considera Maeve, representan un potencial para el conocimiento de la ética, la doctrina que lleva a la buena vida en el sentido aristotélico.

    Por develamiento entiende Maeve la capacidad para producir y expresar un cambio en la percepción éticamente significativo: una experiencia por medio de la cual nuestros ojos se abren a algo que no se ha visto con antelación: a un nuevo aspecto de lo que es llevar una vida buena. Es decir, que a la noción de develamiento le atribuye un componente cognitivo, complementándolo con la disrupción: el rompimiento de la manera tradicional de percibir los objetos, cosa que como veremos, le niega Adorno a la ficción narrativa.

    La fuente del develamiento es siempre exterior al sujeto humano, surgiendo el contenido de verdad únicamente por medio de la acción del sujeto concreto, quien reflexiona racionalmente a través del dialogo con otros acerca de la percepción de la ética de su experiencia.

Para demostrar sus tesis al tiempo que exteriorizar el desacuerdo con Adorno respecto del tema en cuestión, Maeve alude como base de sus razonamientos al análisis que realiza de la obra de Kafka denominada En la Colonia penitenciaria.

   Por el contrario, Adorno mantiene que el concepto apropiado para la dimensión experiencia de la obra de arte relacionada con la verdad no es el develamiento que induce a la racionalidad, sino la mímesis, la imitación, a lo somático, a lo que se refiere la materialidad del cuerpo que se refleja o expresa a través del gesto, destacando con ello el carácter únicamente afectivo de la respuesta del lector ante una obra de ficción en particular, donde halla la base para su consideración de que la simple cuestión de la significación muestra un rasgo racionalista pernicioso.

    Sin embargo, Maeve y Adorno coinciden plenamente acerca de que la obra de ficción narrativa no es algo meramente subjetivo y que su poder contiene una universalidad potencial, o sea, que contiene una posibilidad de verdad. Respecto a la experiencia subjetiva Adorno mantiene que sus posibilidades de verdad en el arte se encuentran  en el nivel del afecto, mientras que para Maeve residen en la interacción del afecto y la razón.

   No obstante y pese a esas diferentes posiciones, ambos muestran plena coincidencia respecto de que la narrativa de la ficción representa un potencial efectivo para el conocimiento y aprendizaje de la ética.

   Justifica Maeve su concordancia de criterios en este aspecto con Adorno en el perspicaz análisis que realiza este último en su ensayo Apuntes sobre Kafka, en el que somete a discusión su prosa.

    Adorno coincide también con Walter Benjamín (1999) en que Kafka se esfuerza por alcanzar la alegoría en vez de un significado simbólico y que sus historias, sucintamente expuestas, pueden ser comparadas con parábolas. Estas historias están diseñadas para ilustrar alguna verdad, ética o religiosa, por lo general con la pretensión a la instrucción ética o religiosa, pero que el leguaje que emplea se limita a señalar caminos en general, pero ninguno en particular, y eso determina, en opinión de Adorno, que el mensaje lanzado por Kafka no pueda tener aplicación directa e inmediata a la realidad para resolver los problemas que esta presenta. Lo que viene a decir es que lo incomprensible, incomprensible es, y que la clave para la comprensión del texto no se encuentra en el mismo, por lo que su desciframiento y comprensión es algo que queda fuera del alcance del lector, de donde Adorno concluye que todo planteamiento para la búsqueda en los textos de Kafka de un mensaje ético concreto  es un planteamiento erróneo, oponiéndose así a quienes buscan en la lectura de Kafka una fuente de información acerca de la naturaleza del ser humano (existencialismo), dado que según Adorno, Kafka muestra en sus textos  la oposición a cualquier sistema ético que conduce inexorablemente a mundos fabulosos, a la vez que impide por la forma de su lenguaje, como ya ha sido señalado, el camino concreto para descifrar y comprenderlos, y por ello estima que las historias de Kafka se resisten a la articulación de cualquier sistema ontológico, para concluir en que las historias de Kafka se resisten a la articulación de cualquier sistema ontológico. “En resumen, el contenido de verdad que Adorno encuentra en los textos de Kafka se ubica de manera subjetiva en un nivel meramente afectivo” (Maeve). Y “está de acuerdo con Benjamin en que es característico en las historias kafkianas que algo sea gesticulado en la medida que no es significable. Este nivel, según Adorno, está gobernado por claves no tradicionales, lo que motiva que el lector no lo pueda interpretar por sí mismo, por lo que es necesario que el desciframiento de esas claves no tradicionales le sean suministradas desde el exterior, de donde se desprende la necesidad de una élite con la capacidad suficiente de interpretación que pueda ser trasladada al lector para que este pueda comprender la realidad que antes aparecía incomprensible ante sus ojos. En definitiva lo que Adorno propone es una elite de filósofos y críticos sociales especializados en el desciframiento de claves y de la crítica social, lo que no deja de suponer una posición contraria al funcionamiento democrático de las sociedades, toda vez de que si se arte del supuesto que el sujeto no especializado en filosofía ni en l acrítica social, no es capaz de descifrar por sí mismo las claves que le presenta la ficción narrativa, tampoco será capaz de descubrir por sí mismo las claves para el entendimiento y la compresión de los hechos inmediatos que parezcan en la sociedad en la que vive sobre los que debería decidir objetivamente en función de sus preferencias e interese personales, cosa que no podrá hacer, según la postura de Adorno, puesto que es incapaz de conocerlos por sí mismo, y por tanto queda a expensas de que alguien ajeno a él los interprete y poder decidir así sobre algo que otro le ha tenido que interpretar previamente, por lo tanto quedando excluido al mismo tiempo de la posibilidad de toda crítica social objetiva. Estableciéndose de esta manera la necesidad de una selecta autoridad interpretativa compuesta por filósofos y críticos sociales, a cuyo cargo correría el establecimiento de los métodos de conocimiento de la verdad y de la crítica social y, como función aneja e inherente a la función de interpretar,  la de bloquear o impedir que otros, fuera de esa élite interpretativa, puedan buscar una verdad distinta a la dada o establecida formalmente por la élite que tiene la función específica de interpretar, de cuyas consideraciones no resultaría muy difícil deducir la postura autoritaria y antidemocrática de Adorno.

    Reiterando lo dicho, Adorno desestima el existencialismo y la ética que Kafka aporta en sus textos sobre la premisa de que el lenguaje se ha vuelto un sistema cerrado instrumental que constituye un desafío racional que no está al alcance de cualquiera.

    Esta postura de Adorno es negada categóricamente por Maeve al considerar que con su concepto de develamiento sobre la lectura de ficción de Kafka es posible originar en el lector un proceso de conocimiento mediado lingüísticamente en el que se involucren la organización, identificación e interpretación sensorial que constituya una forma de conocimiento que puede ser articulada lingüísticamente, y como el lenguaje exige la reflexión racional del lector, resulta que este queda como sujeto activo imprescindible en la interpretación del texto, que es precisamente la posibilidad que Adorno le niega,  de donde puede deducirse que cuando menos la teoría de Adorno quedaría claramente debilitada, puesto que es el propio lector el que encuentra la clave que se halla dentro del mismo para su desciframiento e interpretación  mediante la reflexión racional, lo que invalida y niega necesidad de que dicha clave le llegue del exterior procedente de una élite especializada en encontrar claves de desciframiento e interpretaciones, lo que llevado al campo literario o filosófico, y específicamente al campo social, tiene consecuencias que llevan a refutar las tesis del autoritarismo interpretativo y de la actitud, al menos no democrática, que Adorno le atribuye al sujeto que no se encuentre dentro de la élite de filósofos y críticos sociales especializados en el desciframiento e interpretación, puesto que si el lector de los textos de Kafka es capaz por sí solo de descifrarlos e interpretarlos, también será capaz mediante la reflexión racional de descifrar e interpretar la realidad en la que vive, y mediante el conocimiento adquirido sobre la misma y el dialogo con otros sujetos decidir democráticamente lo relacionado con la misma.

    Negado el valor ético que proporcionan los textos de Kafka Adorno se centra en el análisis de la técnica estética utilizada por aquél, cuya técnica narrativa usará y desarrollará en su provecho el propio Adorno para la formulación de la tesis general contenida en su obra Dialéctica de la Ilustración (Horkheimer y Adorno). “Este es la tesis de que, a partir de las condiciones del capitalismo del siglo XX, el lenguaje cotidiano (el cual tiene tendencias represivas inherentes) ha degenerado en un sistema cerrado de racionalidad instrumental; como resultado, cualquier intento de interpretación reprime la experiencia genuina, puesto que al final la interpretación es lingüística” (Maeve).

     La concepción del lenguaje que tiene Adorno “como un sistema de racionalidad instrumental también explica su objeción hacia cualquier intento de extraer significación, ya sea existencialista o ética, de las historias de Kafka. En su opinión, los intentos de extraer significado subjetivo importante sólo sirve para reproducir y perpetuar un sistema lingüístico represivo” (Maeve), que es lo que le lleva a la crítica del arte representacional como ideológico y de manera más general, para la estética negativa. Rechazando el arte representacional insiste en la necesidad de obras de arte que persigan una estrategia de negatividad intransigente, abogando por métodos modernistas de construcción estética empleando técnicas de fragmentación, así como la distorsión del contenido, “implacablemente anti representacionales” (Maeve).

    En el caso de la ficción (Kafka), dichas técnicas sirven para inhibir el intento del lector de darle sentido al contenido de la historia en cuestión y evitar que desarrolle una interpretación satisfactoria y propia según su criterio personal.

     A juicio de Maeve la opinión de Adorno no es consistente respecto de que las condiciones del capitalismo del siglo XX impide la reflexión racional acerca de los efectos negativos de este sistema económico y social, apoyando esta afirmación sobre la alusión que menciona como ejemplo, sobre el hecho de que tanto el mismo Adorno como Horkheimer realizan reflexiones racionales sobre los efectos negativos de ese mismo capitalismo, salvo que, Adorno implícitamente estuviera afirmando como perteneciente a la élite de intelectuales, que únicamente los miembros de esta élite son los que están autorizados a opinar al respecto.

*[[i]] University of Dublin, Irlanda. Correo electrónico: maeve.cooke@ucd.ie. Sig. Fil vol.17 no.34 México jul./dic. 2015

*++

 

Bueno, sí, venga, vale. Acordamos para no discutir que la honradez personal y la honestidad intelectual van siendo cosas del pasado, y quedamos tan amigos.

 

Tal día como hoy de 1970 moría Bertrand Russell. Filósofo y matemático británico, activista comprometido con la lucha por la paz, fiel a sus creencias y practicante de lo que predicaba. Sufrió cárcel por la publicación de artículos pacifistas.

Estoicismo y salud mental


Bertrand Russell

 El Viejo Topo

02.02.2021

Por medio de la psicología moderna, muchos problemas educacionales que antes eran abordados —con muy poco éxito— por medio de una estricta disciplina moral, se resuelven ahora con métodos más indirectos, pero también más científicos. Existe, quizá, una tendencia especialmente entre los devotos del psicoanálisis peor informados, a pensar que ya no existe ninguna necesidad de estoico dominio de sí mismo. No defiendo este punto de vista, y en el presente ensayo me propongo considerar algunas de las situaciones que lo hacen necesario y algunos de los métodos para fomentarlo entre los jóvenes, y también algunos peligros que deben evitarse al fomentarlo.

Comencemos cuanto antes con el más difícil y el más esencial de los problemas que requieren estoicismo: me refiero a la muerte. Hay varios modos de enfrentar el miedo a la muerte. Podemos tratar de ignorarla; podemos no mencionarla nunca, y tratar siempre de volver nuestros pensamientos en otra dirección cuando nos sorprendamos meditando sobre ella. Éste es el método del pueblo mariposa en La máquina del tiempo de Wells. O podemos adoptar el sistema completamente opuesto, y meditar continuamente sobre la brevedad de la vida humana, en la esperanza de que la familiaridad engendre desprecio; éste fue el método adoptado por Carlos V en el claustro después de su abdicación. Hubo un alumno del Cambridge College que llegó inclusive a dormir con el ataúd en su habitación y que solía salir al parque con una pala para partir gusanos en dos, diciendo mientras lo hacía: «¡Eh! ¡Todavía no soy vuestro!». Existe una tercera vía, muy difundida, que consiste en persuadirse, y persuadir a los demás, de que la muerte no es la muerte, sino la puerta de una nueva y mejor vida. Estos tres métodos, combinados en proporciones variables, revisten la adaptación de la mayor parte de la gente a la inquietante realidad de que hemos de morir.

Sin embargo, hay objeciones que hacer a cada uno de estos métodos. El intento de evitar pensar en temas emocionalmente interesantes, como han señalado los freudianos en relación con el sexo, nunca tiene éxito, y lleva a varios tipos de irregularidad indeseables. Claro está que es posible, en la vida de un niño, evitar el conocimiento de la muerte en cualquier forma hiriente, durante los primeros años. Que así se consiga o no, es cuestión de suerte. Si uno de los padres o un hermano o hermana muere, nada cabe hacer para impedir que el niño adquiera una conciencia emocional de la muerte. Aun cuando, por fortuna, el hecho de la muerte no se haga vívido a un niño durante sus primeros años, más tarde o más temprano llegará a conocerlo; y en los que no se hallan preparados en absoluto, es probable que cuando ello ocurra se produzca un serio desequilibrio. Por tanto, hemos de procurar establecer una actitud hacia la muerte distinta de la mera ignorancia de su existencia.

La práctica de la constante y triste meditación sobre la muerte es igualmente dañosa. Es un error pensar demasiado exclusivamente acerca de cualquier tema, más especialmente cuando nuestro pensamiento no puede resolverse en acción. Por supuesto, podemos actuar de modo de posponer la idea de nuestra propia muerte, y dentro de límites, que son los de toda persona normal. Pero no podemos evitar morir al final, con lo que éste resulta un tema de meditación inútil. Además, tiende a reducir el interés del hombre por otras personas y por los acontecimientos, y sólo los intereses objetivos pueden preservar la salud mental. El miedo a la muerte hace que el hombre se sienta esclavo de fuerzas externas, y de una mentalidad de esclavo no cabe esperar ningún buen resultado. Si un hombre puede verdaderamente curarse a sí mismo del miedo a la muerte por medio de la meditación, dejará de meditar sobre el tema; en tanto éste absorba sus pensamientos, no habrá dejado de temerla. Y este método, por tanto, no es mejor que el otro.

La creencia en la muerte como puerta de entrada a una vida mejor debería, lógicamente, impedir que el hombre sintiera el menor miedo de ella. Afortunadamente para la profesión médica, de hecho no tiene estos efectos, excepto en muy escasas ocasiones. No vemos que los creyentes en una vida futura tengan menos temor a las enfermedades o sean más valientes en las batallas que aquellos que piensan que con la muerte acaba todo. El difunto F. W. H. Myers solía contar cómo preguntó a un hombre, durante una comida, lo que pensaba que habría de sucederle cuando muriera. El hombre trató de ignorar la cuestión; pero, al ser presionado, replicó: «¡Oh! ¡Bien! Supongo que alcanzaré la gloria eterna, pero me gustaría que no hablara usted de cosas tan desagradables». La razón de esta aparente inconsecuencia es, desde luego, que la creencia religiosa, en la mayor parte de la gente, se da solamente en la región del pensamiento consciente, y no llega a modificar los mecanismos inconscientes. Para enfrentar con éxito el miedo a la muerte ha de haber algún método que afecte a la conducta en su conjunto, y no solamente la parte de conducta comúnmente llamada pensamiento consciente. En algunos casos, la fe religiosa puede surtir este efecto, pero no en la mayor parte del género humano. Además de las razones conductistas, hay otros motivos para este fracaso: una es cierto grado de duda que persiste a pesar de la más ferviente profesión, y que se manifiesta en forma de cólera contra los escépticos; otra es el hecho de que los creyentes en una vida futura tienden a dar más importancia, y no menos, al horror que iría unido a la muerte si sus convicciones fuesen infundadas, aumentando así el temor de aquellos que no se sienten absolutamente seguros…

¿Qué hemos de hacer, pues, con los niños para adaptarlos a un mundo en el que existe la muerte? Hemos de conseguir tres objetivos muy difíciles de combinar: 1º No debemos crear en ellos el sentimiento de que la muerte es un tema del que no queremos hablar, o en el que no queremos que piensen. Si les damos esa impresión concluirán que hay un interesante misterio y pensarán más en la muerte. En este punto, es aplicable la moderna posición familiar en educación sexual. 2º Hemos de actuar, sin embargo, de modo de evitar en lo posible que piensen mucho o muy a menudo en el tema de la muerte; contra esta monomanía podemos aducir las mismas objeciones que se aducen contra la monomanía pornográfica; es decir, que reduce la eficiencia, impide un desarrollo completo y lleva a una conducta insatisfactoria tanto para la persona afectada como para los demás. 3º No debemos confiar en generar en nadie una actitud satisfactoria con respecto al tema de la muerte sólo por medio del pensamiento consciente: más particularmente, ningún bien hacen las creencias que tratan de demostrar que la muerte es menos terrible de lo que podría ser, cuando —como es lo corriente— no penetran bajo el nivel de lo consciente.

Para llevar a efecto estos diversos objetivos, tendremos que adoptar métodos algo distintos, de acuerdo con la experiencia del niño o del joven. Si no muere nadie íntimamente relacionado con el niño, resulta bastante fácil conseguir que acepte la muerte como un hecho corriente, de no muy gran interés emocional. En tanto la muerte es abstracta e impersonal, habría que mencionarla en el tono en que se habla de las cosas prácticas, y no en el de las cosas terribles. Si el niño pregunta: «¿Me moriré?», deberemos contestarle: «Sí; pero probablemente dentro de mucho tiempo». Es importante evitar todo sentimiento de misterio en relación con la muerte. Debería incluírsela en la misma categoría que la rotura de un juguete. Pero, ciertamente, lo más deseable es hacerla aparecer, si es posible, como algo muy remoto mientras los niños son pequeños.

Cuando muere alguien importante para el niño, la cuestión es diferente. Suponed, por ejemplo, que pierde un hermano. Los padres sufren y, aunque puedan no querer que el niño sepa cuánto sufren, es normal y necesario que el niño perciba algo de lo que padecen. El afecto natural es de la mayor importancia, y el niño debe darse cuenta de que sus mayores lo sienten. Además, si, gracias a un esfuerzo sobrehumano, consiguen ocultar su pena al niño, éste puede pensar: «No les importaría tampoco que yo me muriera». Tal pensamiento podría suscitar toda clase de elucubraciones morbosas. Por tanto, aunque la impresión producida por un acontecimiento tal es peligrosa cuando tiene lugar en la última infancia —en la primera infancia no sería muy profundamente sentida—, si la desgracia ocurre, no debemos minimizaría demasiado. El tema no debe ser evitado ni sobrevalorado; debe hacerse lo posible, sin ninguna intención demasiado obvia, por crear nuevos intereses y, sobre todo, nuevos afectos. Creo que un afecto muy intenso por alguien, en un niño, es, con frecuencia, señal de algo malo. Un afecto de tal naturaleza por uno de los padres puede surgir si el otro es desabrido, o puede orientarse hacia el maestro si ambos padres son poco cariñosos. Generalmente, es un producto del temor; la persona objeto del afecto es la única que da un sentimiento de seguridad. Un afecto de esta clase en la niñez no es saludable. Si existe, la muerte de la persona amada puede destrozar la vida del niño. Aun cuando parezca exteriormente que todo está bien, todo amor posterior estará lleno de terror. El esposo —o la esposa— y los hijos se verán importunados por una desmesurada solicitud y, cuando se dediquen simplemente a hacer su propia vida, serán tenidos por crueles. Un padre no debería, por tanto, sentirse satisfecho de ser el objeto de un cariño de esta clase. Si el niño disfruta de un ambiente en general amistoso y es feliz, podrá sobreponerse sin muchos padecimientos al dolor de cualquier pérdida que pudiera sobrevenirle. El impulso de vida y la esperanza deben ser suficientes, supuesto que existan las oportunidades normales de desarrollo y felicidad.

Durante la adolescencia, sin embargo, hay necesidad de algo más positivo, en cuanto se refiere a una actitud hacia la muerte, para que la vida de adulto sea satisfactoria. El adulto deberá pensar poco en la muerte, tanto en la propia como en la de las personas a las que ama, y no porque deliberadamente vuelva sus pensamientos a otras cuestiones, porque éste es un ejercicio inútil que nunca tiene verdadero éxito, sino a causa de la multiplicidad de sus intereses y actividades. Cuando piense en la muerte, es mejor que lo haga con cierto estoicismo, pausadamente y con calma, sin tratar de reducir la importancia del tema, sino con cierto orgullo de sobreponerse a la idea. El principio es el mismo que en el caso de cualquier otro terror: la contemplación resuelta del objeto terrorífico es el único tratamiento posible. Hemos de decirnos a nosotros mismos: «Bien, sí; puede suceder. ¿Y qué?». Hay personas que llegan a esto en el caso de la muerte en batalla, porque entonces están firmemente persuadidas de la importancia de la causa a la que entregan su vida o la vida de alguien que les es querido. Siempre es de desear algo de este modo de sentir. Un hombre siempre debería darse cuenta de que hay asuntos importantes por los que vive, y que su muerte, o la muerte de su mujer o de su hijo, no pone punto final a todo lo que para él tiene interés en el mundo. Si esta actitud ha de ser sincera y profunda en la vida del adulto, es necesario que, en la adolescencia, el joven se sienta arder de generoso entusiasmo y que edifique su vida y su carrera en torno de ello. La adolescencia es la edad de la generosidad, y debe emplearse en la formación de hábitos generosos. Ello puede conseguirse por la influencia del padre o del profesor. En una sociedad mejor, la madre sería a menudo la encargada de hacerlo; pero, por lo común, las vidas de las mujeres en la actualidad determinan el que sus perspectivas sean demasiado personales y no lo bastante intelectuales para lo que yo tengo en el pensamiento. Por esta misma razón, los adolescentes —las muchachas tanto como los jóvenes— deberían, como norma, tener hombres entre sus profesores, hasta que surja una nueva generación de mujeres, más impersonales en sus intereses.

El lugar del estoicismo en la vida ha sido, tal vez, un tanto subestimado en los últimos tiempos, particularmente por los educadores progresistas.

Cuando el infortunio nos amenaza, hay dos modos de afrontar la situación: tratar de evitar la desgracia o decidir recibirla con entereza. El primer método es admirable, cuando es posible sin cobardía; pero el segundo es necesario, más tarde o más temprano, para quien no esté dispuesto a ser esclavo del miedo. Esta actitud constituye el estoicismo. Para un educador, la gran dificultad radica en el hecho de que el infundir estoicismo en los jóvenes proporciona una salida al sadismo. En el pasado, las ideas respecto de disciplina eran tan feroces, que la educación se convirtió en un canal para el desahogo de los impulsos de crueldad. ¿Es posible imponer el mínimo necesario de disciplina sin llegar a hallar placer en hacer sufrir a los niños? Las personas chapadas a la antigua negarán, por supuesto, que sienten tal placer. Todo el mundo conoce la historia del muchacho cuyo padre le decía, mientras le pegaba con un bastón: «Hijo mío, esto me duele a mí más de lo que pueda dolerte a ti», a lo que respondió el muchacho:

«Entonces, padre, ¿quieres que sea yo el que te pegue?». Samuel Butler, en The way of all flesh, ha descrito de forma tal los placeres sádicos de unos padres severos, que convence a cualquier estudiante de psicología moderna. ¿Qué hemos de hacer, pues, respecto de esto?

El miedo a la muerte es solamente uno de los muchos que pueden tratarse mejor con el estoicismo. Allí están el miedo a la pobreza, el miedo al dolor físico, el miedo al parto, que es muy común entre las mujeres de las clases acomodadas. Todos estos temores son enervantes y más o menos ridículos. Pero si adoptamos la teoría de que la gente no debería preocuparse por tales cosas, nos inclinaríamos también a adoptar la teoría de que no es necesario hacer nada para mitigar los males. Durante mucho tiempo se ha pensado que las mujeres no debían ser anestesiadas para el parto; en el Japón este criterio persiste hasta hoy. Los médicos varones sostenían que la anestesia sería perjudicial; no había ninguna razón en favor de este punto de vista, motivado, sin duda, por un inconsciente sadismo. Pero cuanto más se fueron mitigando los dolores del parto, tanto menos dispuestas estuvieron las mujeres ricas a soportarlos; su coraje ha disminuido mucho más de prisa de lo que era menester. Evidentemente, debe haber un equilibrio. Es imposible hacer suave y agradable la vida toda, y, por tanto, los seres humanos deben ser capaces de adoptar una actitud apropiada a los aspectos desagradables; pero hemos de tratar de conseguirlo con el mínimo posible de incentivo a la crueldad.

Quienquiera que haya de tratar con niños, pronto se da cuenta de que un exceso de benevolencia constituye un error. Demasiado poca constituye, por supuesto, un error peor, pues en esto, como en todo lo demás, los extremos son malos. Un niño que invariablemente se ve tratado con benevolencia, llorará y llorará por cualquier insignificancia; el adulto medio alcanza algún dominio de sí mismo solamente por el conocimiento de que no va a recibir ningún consuelo aunque arme un escándalo. Los niños comprenden muy rápidamente que a veces un adulto un poco severo es mejor para ellos; su instinto les dice si una persona los quiere o no, y de aquellos por quienes se sienten queridos soportan cualquier rigor motivado por un verdadero deseo de formarlos convenientemente. De modo que, en teoría, la solución es sencilla: inspírense los educadores en el sabio amor y harán lo que debe hacerse. En la práctica, sin embargo, el asunto es más complicado. La fatiga, los disgustos, las preocupaciones, la impaciencia, acosan al padre o al maestro, y es peligroso tener una teoría pedagógica que permita al adulto desfogar estos sentimientos sobre el niño en nombre de su futuro bienestar. A pesar de todo, si la teoría es verdadera, hemos de aceptarla, poniendo ante la conciencia del padre o del maestro los peligros, de modo que pueda hacerse todo lo posible para prevenirse contra ellos.

Podemos resumir ahora las conclusiones sugeridas por la discusión que antecede. Con respecto a los riesgos dolorosos de la vida, no hemos de evitar ni imponer el conocimiento de los mismos a los niños; les alcanzará cuando las circunstancias lo hagan inevitable. Las cosas dolorosas, cuando hayan de ser mencionadas, deberán tratarse con sinceridad y sin emoción, excepto cuando haya una muerte en la familia, en cuyo caso sería contranatural ocultar la tristeza. Los adultos deben exhibir en su conducta cierto alegre coraje, que los jóvenes adquirirán inconscientemente de su ejemplo. Durante la adolescencia, deberemos poner ante los jóvenes grandes ideales de carácter impersonal y conducir su educación de modo de inculcarles la idea —por sugerencia, no por exhortaciones explícitas— de vivir al servicio de objetivos externos. Se les deberá enseñar a soportar el infortunio, cuando llegue, recordando que sigue habiendo cosas por las que vivir; pero no deberán cavilar acerca de posibles infortunios, ni aun con el propósito de prepararse contra ellos. Aquellos cuya ocupación es el trato con los jóvenes deberán mantener una estrecha vigilancia sobre sí mismos, para no derivar un placer sádico del necesario elemento de disciplina en la educación; el motivo de la disciplina deberá ser siempre el desarrollo del carácter o de la inteligencia. Porque también el intelecto requiere disciplina, sin la cual nunca se alcanzaría la precisión. Pero la disciplina del intelecto es tema distinto y queda fuera del alcance del presente ensayo. Tengo una sola cosa más que decir, y es que la disciplina es mejor cuando surge de un impulso interior. Con objeto de que esto sea posible, es necesario que el niño o el adolescente ambicionen realizar algo difícil y estén dispuestos a esforzarse con tal fin. Tal ambición es sugerida generalmente por alguna persona de su medio; de modo que, aun la autodisciplina depende, a fin de cuentas, de un estímulo educacional.

*++

 

 

Sanidad pública y el Covid-19 que ni se ataja ni se va a atajar como no haya medios públicos para hacerlo. Y medios públicos para poder hacerlo los hay, lo que pasa es que vienen los cacos del capital y se lo llevan porque los caquitos del gobierno ponen los medios para que los cacos jefes se lo lleven. Y ahora a ver si alguien me puede aclarar, porque la verdad es que me hago un lío y no entiendo nada. Pero, ¿no habíamos quedado que el mejunje ese que llaman privatizar era un robo? Pues privatizar el 25% de la Lotería Nacional será un robo, ¿no? Pero no exageremos y hablemos con propiedad, así que como he metido la pata, pues voy a sacarla (corregir no, porque eso de corregir es de sabios y yo no soy sabio, así que, va a corregir su puta madre) y allá voy a sacar la pata. La privatización de la Lotería Nacional no es un robo porque no la han privatizado al 100%, sino al 25%, por tanto no es un robo sino un cuarto de robo, de modo que no saco la pata porque no me da la gana, sino un cuarto de pata, que ha sido un cuarto de pata la que he metido y no la pata entera, ¡toma ya. Chúpate esa! (y que no corrijo, oiga, que ya he dicho que no soy sabio para corregir nada. Que corrijan los sabios y que se jodan y sufran y se pasen las horas corrigiendo y corrigiendo y venga a corregir). Y no me líen, no me líen, no me líen…, que me conozco. Vamos a ver, Pero si el que roba es un ladrón, quiero decir: si el que privatiza es un ladrón, quien ayude al ladrón será un cómplice del ladrón, o ¿no? Si eso es así, aquí y en Pekín, incluso en Bilbao que es barrio de mi pueblo, entonces no me lo discutan: el gobierno y los que legislan para que el gobierno pueda ser cómplice del ladrón serán todos ellos cómplices del ladrón, o ¿no? Bueno, que es para que no me llamen ustedes rojo de mierda radial y falto de modales, lo diere de otra manera más chiquilicuá para no faltar a las buenas costumbres: que si este, el otro, Potito y el de la moto colaboran con el ladrón, no se libra ni el gato: todos son unos ladrones. Vale, vale, que no se puede generalizar, que no tienen que pagar justos por pecadores ni conviene ser maximalistas: todos no pueden ser unos ladrones y, ahí le hemos dado. El que no robe ni ayude al robo, por supuesto que no es un ladrón. Y como ya nos vamos conociendo, igual piensa alguien que ya se me fue el santo al cielo y que ya no sé por dónde voy, “quivocadicos que´stais, majos.” Si como empecé diciendo, al Estado le han robado el 25% de la Lotería Nacional, el Estado desde que se produjo semejante robo al día de hoy, ha dejado de ingresar todo ese dinero, y todo ese dinero dejado de ingresar es dinero que el Estado, por ejemplo, no ha podido utilizar en la lucha contra el Covid-19, pero que sólo es un ejemplo. Se pueden citar cientos de ejemplos de cientos de robos que se le han hecho al Estado. Si contar con al robilandia de 140.000 millones de euros que nos robarán una vez que el Congreso de los Diputados le ha dado la autorización a la sociedad de cacos de la Unión Europea para que nos roben los 140.000 millones de euros que dicen que nos van a dar. Y, encima con recochineo, porque esos 140.000 millones que dicen que nos van a dar son los mismos 140.000 millones que tendremos que pagar los trabajadores, porque proceden en su inmensa mayoría de la deuda pública que contraerá el gobierno. Total, que mientras los trabajadores permanezcamos en la dormidera esto es parte de lo que nos espera, pero solo parte. Y para no asustar ni alarmar a nadie, si quieren puedo contar un cuento de los buenos, que no quiere decir que yo lo pueda saber, pero que cuentos buenos los hay. Ya lo van a ver cuando empiecen los truenos patrios.

 

La UE impulsa la privatización de la asistencia sanitaria

Denuncian que "la privatización del sistema de salud tuvo efectos mortales" sobre la pandemia

Por Lucía Rodríguez

KAOSENLARED

1 Feb, 2021

La pandemia ha puesto de manifiesto los efectos de las políticas de austeridad del sector público en la salud de las personas. La Unión Europea ha demostrado ser un órgano clave para impulsar esta agenda. Los planes de rescate impuestos a los estados periféricos y las recomendaciones del semestre son un buen ejemplo.

La propuesta programática de la Comisión Europea suele estar incluida en el llamado Semestre Europeo, recomendaciones que se hacen a los distintos estados de la Unión Europea y que serán los ejes para desarrollar planes de reforma obligatorios para el acceso a los fondos de Próxima Generación . Sin ir más lejos, en los últimos cuatro años y en el marco de las sugerencias del Semestre, se ha exigido a 12 estados, incluido el español, una reducción de la inversión en salud, proponiendo entre otras cuestiones reducciones en los tratamientos hospitalarios, una disminución en la duración de la estancia en los centros médicos o la introducción de fórmulas de financiación que sancionen a los “pacientes reincidentes”, es decir, a los considerados crónicos o que hagan un uso de los sistemas sanitarios por encima de la media.

Las sugerencias del Semestre Europeo no representan ninguna novedad en la política sanitaria común. Así, por ejemplo, en el acuerdo de salvamento impuesto a Portugal en 2011 por la Unión Europea (UE) le obligó a reducir las contribuciones públicas al sistema sanitario, que entre 2011 y 2012 disminuyeron un 27%. Lo mismo ocurrió con Grecia, que después de tres programas de ajuste consecutivos siguiendo los dictados de la Comisión Europea redujo la inversión en salud per cápita en aproximadamente un 40% entre 2010 y 2016. Italia ha seguido un camino similar después de presionar a la UE a su Ejecutivo para la salud el gasto cayó y en 2012 recibió una famosa carta pública del Banco Central Europeo, exigiendo «reformas sanitarias urgentes, que deberían incluir una reducción del gasto del 20%».

Un informe reciente del Corporate Europe Observatory se ha centrado en las responsabilidades de la Unión Europea en el desmantelamiento de los sistemas de salud pública y su papel clave en el deterioro de la calidad de la atención. Así, afirma que las privatizaciones «están directamente relacionadas con decisiones políticas impulsadas por la Comisión Europea, a lo que se suma que el sector sanitario privado está abusando de la pandemia para presionar para recibir más dinero público, principalmente a través de fondos de recuperación». En la misma línea, afirma que «la presión de la UE para recortar el gasto público, incluso a lo largo del Semestre Europeo, ha contribuido a la mercantilización de los sectores de la salud y el cuidado de las personas mayores, con efectos catastróficos durante el Covid-19».

Salud al servicio del mercado

El estudio del Corporate Europe Observatory critica que «las instituciones europeas subordinan las políticas sanitarias a la narrativa del crecimiento económico de la UE en lugar de valorar los objetivos sanitarios como un derecho fundamental». «A pesar de la existencia de documentos oficiales que respaldan la necesidad de invertir en salud, las inversiones en infraestructura de salud o recursos humanos como requisito previo para el crecimiento económico no son una prioridad», dijo el Corporate Europe Observatory, señalando que los sistemas de salud europeos estarían mejor equipados. para hacer frente a la pandemia, los impactos económicos no serían tan graves.

Corporate Europe Observatory considera que “la privatización del sistema sanitario europeo ha tenido efectos mortales, destacados durante el último año” y denuncia que “la subcontratación y la prestación privada de asistencia sanitaria han degradado significativamente la capacidad de los estados miembros de la UE para combatir eficazmente el Covid-19 ”. En este sentido, el informe sostiene que «las presiones políticas han llevado a la comercialización y privatización de los sistemas de salud y de las personas mayores en la Unión Europea, lo que ha reducido la preparación de los países para enfrentar la pandemia».

Los escenarios futuros dependerán, como siempre, de la correlación de fuerzas. Sin embargo, desde Corporate Europe Observatory no se muestran optimistas y entienden que grandes grupos económicos, incluidos los fondos de inversión, que controlan la sanidad privada y determinan las políticas en esta zona de la Unión Europea, están «utilizando la pandemia para fortalecer y ampliar el papel de la sector privado «.

En este sentido, advierten que «los hospitales privados están ansiosos por conseguir una parte de los fondos de recuperación de la UE, como demuestra el lobby de la UEHP a través de la Coalición de Salud de la UE». Al respecto, la Comisión Europea argumenta que la mitad de los fondos sanitarios incluidos en el fondo Next Generation van al complejo sanitario privado.

 *++

lunes, 1 de febrero de 2021

Coronavirus. Cosa que no ha hecho ningún partido político de Izquierdas en España mismamente en relación con el Covid-19, van y la hace en un Barrio de Bilbao que cae por la parte de Asia occidental y del sur

 

Declaración de las organizaciones obreras de Asia occidental y del sur 



DIARIO OCTUBRE / 31.01.2021

Nosotros, los miembros la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (CIPOML) de la región de Asia occidental y del sur que suscribimos este documento, nos reunimos bajo las condiciones actuales de la pandemia del COVID-19 para evaluar la situación actual en el mundo y en el Sur y Asia Occidental, revisar el trabajo de nuestros partidos y organizaciones en el período inicial de la pandemia y discutir los detalles del trabajo que estamos realizando bajo las condiciones de la “segunda ola” de la pandemia.

Le reunión inició con un momento de silencio en memoria del camarada Raúl Marco, cuya contribución a la formación de la CIPOML ha sido muy significativa.

La conferencia discutió el impacto de la pandemia del COVID-19 y la conducta de los respectivos gobiernos hacia los trabajadores y el movimiento obrero, y adoptó la siguiente declaración.

La gente trabajadora del mundo se ha visto profundamente afectada por la pandemia del COVID-19, que ha exacerbado las contradicciones fundamentales preexistentes del orden capitalista. Los trabajadores se enfrentan a despidos masivos, recortes de salarios y aumento de las horas de trabajo  con graves peligros para la salud. La crisis es endémica del capitalismo. Los años anteriores a 2020 fueron testigos de un estrés económico creciente con desaceleración del crecimiento, aumento del desempleo y una creciente desigualdad. El año 2020 estuvo marcado por la pandemia y el estallido de una nueva crisis económica del capitalismo de carácter global, crisis que se ha agravado por la pandemia y se ha desarrollado con ella.

La burguesía ha utilizado la pandemia como un medio para superar algunas de sus dificultades económicas, para suprimir los derechos laborales e ignorar sus demandas. El capitalismo utilizó la pandemia del COVID-19 para limitar y erosionar la democracia y las organizaciones del pueblo trabajador. Las políticas adoptadas por los gobiernos burgueses con respecto a la pandemia y al tratamiento médico tienen un sesgo de clase y ha habido un completo desprecio por las preocupaciones y exigencias de las masas trabajadoras.

En la mayoría de los países, mientras que los capitalistas cuentan con apoyo económico y financiero, la clase obrera, el campesinado trabajador, los estratos más bajos, incluidas las castas oprimidas y los pueblos tribales, han quedado sin apoyo. Continuó el trabajo a plena capacidad en las fábricas y lugares de trabajo sin tener en cuenta la salud de los trabajadores. La pandemia fue abordada con una actitud de clase por parte de los gobernantes que se ocuparon de las necesidades de los ricos y poderosos e ignoraron las necesidades de salud de los trabajadores. Muchos de nuestros países no cuentan con sistemas de salud pública adecuados. Los hospitales existentes en general no brindan servicios gratuitos.

La pandemia fue completamente ignorada en países como Irán y se negó su existencia. Incluso después de que el virus afectó a grandes masas de personas y el gobierno iraní se vio obligado a admitir su existencia, adoptó la política de la denominada “inmunidad colectiva”. El gobierno calificó el llamado a poner en cuarentena las áreas y lugares de trabajo infectados como la voz de la “contrarrevolución”. La producción capitalista no se interrumpió ni siquiera durante los períodos más difíciles de la pandemia en Turquía. En India, en condiciones de encierro mal concebido, los trabajadores migrantes se vieron obligados a caminar cientos de kilómetros con sus familias desde las ciudades hasta sus aldeas. En Bangladesh, los trabajadores pobres se vieron abandonados a la muerte.

Como consecuencia de la pandemia, las clases dominantes están intentando presentar la pandemia como la causa de la crisis capitalista, blanqueando así sus políticas neoliberales que en realidad agravaron la crisis. También se han propuesto utilizar la pandemia para tomar nuevas medidas contra los trabajadores. Las leyes relativas a la protección del trabajo y las condiciones dignas de trabajo que se aplicaron mal incluso en épocas normales fueron en gran parte archivadas con la excusa de la pandemia. En lugar de proteger a los trabajadores y al pueblo, la burguesía gobernante ha cargado todo el peso de la crisis y la pandemia sobre los hombros de las masas trabajadoras, y planea seguirlo haciendo. Ha habido una pérdida masiva de puestos de trabajo, recortes salariales, condiciones laborales inseguras y despidos forzosos que han causado una gran angustia a los trabajadores. No podemos aceptar tal transferencia de la carga de la pandemia y la crisis sobre los hombros de los trabajadores. Toda la culpa la tienen los capitalistas y sus gobiernos, y los capitalistas y sus gobiernos deben asumir la carga.

La pandemia no solo ha provocado una profundización de las contradicciones de clase, sino que también ha agravado las contradicciones interimperialistas. En Asia, asistimos a la intensificación de la rivalidad interimperialista, especialmente entre Estados Unidos y China, y su lucha por las esferas de influencia ha atraído a nuestros países dentro de ella.

Es imposible superar las epidemias de manera humana en el sistema capitalista en el que la propiedad privada de los medios de producción y la ganancia determina la política pública. Pandemias como COVID-19, que es probable que ocurran en el futuro, solo pueden manejarse de manera efectiva en un sistema socialista en el que todos los recursos productivos se mantienen públicamente y los intereses de los trabajadores determinan las políticas. Es indiscutible que la lucha contra la pandemia no puede separarse de la lucha contra el imperialismo, el capitalismo y otras formas de opresión. Las condiciones por las que atravesamos nos han enseñado a luchar juntos contra la pandemia de COVID-19 y el capitalismo.

En la situación actual, por lo tanto, hacemos un llamado a la clase obrera y a todo el pueblo trabajador, a las fuerzas democráticas y progresistas de las regiones para exigir a sus gobiernos que adopten la política de cuarentena mientras brinden apoyo a las masas necesitadas. Debemos luchar contra las leyes y actividades de la burguesía nacional que amenazan y restringen los derechos del pueblo, y velar por que no se vulneren los derechos democráticos y que no se instaure el fascismo.

Nosotros demandamos:

* ¡Los gobiernos deben abandonar la política de “inmunidad colectiva” que ha causado innumerables muertes y tomar en serio la responsabilidad de salvaguardar el bienestar de las masas!

* La salud es un derecho público; deben proporcionar servicios de salud pública iguales y gratuitos para todos.

* Los lugares de trabajo con infección por coronavirus deben cerrarse y los estados deben garantizar el pago de los trabajadores.

* Prohibir los despidos y garantizar el derecho a la licencia remunerada para los trabajadores durante la cuarentena.

* Garantizar la seguridad de los trabajadores en los lugares de trabajo. ¡Si no hay condiciones de trabajo seguras, no hay producción!

* Proporcionar alimentación adecuada y apoyo monetario a las familias de la clase trabajadora,  desempleados, sector informal, trabajadores migrantes y personas desplazadas sin condiciones previas.

* ¡Las cárceles donde se haya propagado la infección deben ser evacuadas! ¡Los presos políticos deben ser liberados!

* Se debe apoyar a los médicos y al personal sanitario que están a la vanguardia de la lucha contra la pandemia. ¡Reducir las horas de trabajo diarias de los profesionales médicos y sanitarios!

* Desalentar las grandes reuniones, religiosas o de otro tipo, que aumentan la posibilidad de contaminación sin comprometer los derechos democráticos de las personas.

* No se pueden prohibir las huelgas y manifestaciones; No es aceptable restringir el derecho de huelga, protesta, asociación política y sindical, libertad de prensa con la excusa de la pandemia. ¡No a la represión estatal y la violencia policial!

* ¡No a la discriminación étnica, nacional, religiosa y a la xenofobia! Igualdad de derechos y oportunidades para todos, incluidas las castas oprimidas y los pueblos tribales.

* Brindar protección especial a los segmentos de la población en riesgo, aquellos para quienes la contaminación causa un mayor riesgo de muerte.

* ¡Poner en cuarentena las provincias y ciudades en las que la contaminación por COVID-19 va en aumento!

* ¡Vacunar a la población gratuitamente cuando se disponga de una vacuna eficaz y fiable!

* La educación debe continuar con las medidas de higiene necesarias en su lugar; Los cursos infectadas con el virus deben cerrarse temporalmente y la educación en línea debe contar con el equipo necesario y sin costo para los estudiantes. Reducir la “brecha digital” antes de recurrir a la educación en línea.

* Poner fin a las guerras imperialistas y las bases militares en todo el mundo.

* Reducir los gastos de guerra; los presupuestos para armamentos deberían destinarse a la salud y la educación.

Hacemos un llamado a los pueblos trabajadores de todas las nacionalidades del sur y oeste de Asia a luchar, con estas demandas, contra los gobiernos que no consideran la pandemia del COVID-19 como un problema de salud pública y contra los gobiernos burgueses que no llevan a cabo esta lucha por priorizar la salud pública.

Hacemos un llamado a los trabajadores para que combinen la lucha contra la pandemia con la lucha para acabar con el capitalismo, el imperialismo, todas las formas de explotación y opresión para crear una nueva Sociedad Socialista donde tales pandemias no conduzcan al desempleo masivo, el hambre y las privaciones.

Nosotros, los comunistas marxista-leninistas de Asia occidental y del sur (Turquía, Irán, Pakistán, India y Bangladesh) estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para unir a la fuerza laboral contra el capital y por el avance de la lucha, y continuaremos haciéndolo.

Podemos evitar los efectos de la pandemia como el desempleo, la miseria y la incertidumbre futura solo a través de la lucha implacable de la clase obrera y del pueblo trabajador. Nosotros, la clase obrera, el campesinado trabajador, los trabajadores, los jóvenes y las mujeres podemos superar tanto la pandemia como el capitalismo con sus crisis destructivas. Solo nosotros podemos lograrlo.

¡Unámonos para emanciparnos del dominio del capital que nos ha traído crisis tras crisis!

¡Viva la lucha por la democracia!

¡Solo el socialismo puede acabar con la pobreza, la miseria, las crisis de salud y la injusticia social!

Firman
– Partido Comunista de Bangladés (ML)
– Partido del Trabajo, Turquía
– Organización “Democracia Revolucionaria”, India
– Pakistan Mazdoor Mahaz
– Partido del Trabajo ( Toufan), Irán

16 de enero de 2021

*++

 

Guardia Civil. Que la historia no la hago yo. La historia la hacen sus protagonistas directos, lo que pasa es que luego la historia la escribe quien la escribe y después la entiende quien la entiende, y nada más, que tampoco tiene tanto misterio

 

Manuel Linde y el SUGC, la Otra Guardia Civil

  • El Sindicato Unificado de Guardias Civiles (SUGC) fue una organización sindical clandestina que hizo del sindicalismo y de la desmilitarización de este cuerpo de seguridad sus banderas y fue reprimido por el gobierno del PSOE que lo desmanteló en la denominada Operación Columna.
  • En esta primera parte, Manuel Cañada Porras nos presenta a la figura de Manuel Linde, y los primeros intentos de sindicación en la Guardia Civil desde su conformación a mediados del siglo XIX hasta el comienzo de la Transición con el final de la dictadura franquista.

Afiche del SUGC reivindicando la democratización del cuerpo / MCP

TERCERA INFORMACION / 30.01.2012

Manuel Linde es un silencio, una silueta incómoda, un eco inoportuno. En las factorías de la Historia se fabrican los relatos que embellecen al poder, los cuéntame que sedan la mala conciencia y la impotencia colectivas, la dulce rosquilla de los cuentos que angustiaba al poeta León Felipe. Allí, en los telares autorizados del recuerdo, también se fraguan los silencios.

“Cualquier narración histórica es un montón de silencios”, afirma el historiador haitiano Michel-Rolph Trouillot. Manuel Linde y el Sindicato Unificado de Guardias Civiles (SUGC) son algunos de nuestros más recientes y clamorosos silencios. Silencios que remuerden y que señalan. Y, al tiempo, silencios que iluminan con fuerza las sombras del presente, la pulsión golpista de los recientes chats y manifiestos militares, la sincronía habitual entre el ruido de sables y el interés de los mercados.

Conocí a Manolo Linde en 1990. La noche anterior a su detención, el 15 de marzo de ese año, se quedó en mi casa, en la barriada del Gurugú en Badajoz. “Que se vaya contigo, a ti no te conocen y estará más seguro”. Manuel Parejo, entonces secretario del Partido Comunista de Extremadura, me encargó que diera cobijo a Linde aquella noche y que al día siguiente lo llevásemos a Mérida, donde iba a presentarse la plataforma extremeña por la desmilitarización de la Guardia Civil.

Linde era muy consciente del peligro. Sabía que el Servicio de Información de la Guardia Civil le pisaba los talones y que la convocatoria del día siguiente suponía un salto cualitativo. Hasta el momento el SUGC siempre había comparecido ante la prensa ocultando los rostros de sus portavoces. La aparición de guardias civiles uniformados y con tricornio, obligados a preservar su identidad tras una capucha, exasperaba a los mandos de la Benemérita y al gobierno. La imagen simbolizaba con contundencia la ausencia de democracia en la Guardia Civil y le sacaba los colores al relato canónico sobre la inmaculada Transición.

El pasado día 14 de marzo el citado guardia civil se dio de baja para el servicio por padecer taquicardia y solicitó poder trasladarse a Badajoz para consultar un médico. El día 15 participó en una rueda de prensa, en la que defendió la sindicación de la Guardia Civil, presentándose en el puesto de Alconera, su destino, a las 16 horas del mismo día”. José Luis Corcuera, el ministro de Interior de infame recuerdo, el paladín de la patada en la puerta, relatará así, con tono insidioso, en el Congreso, lo ocurrido durante esos días.

El sindicato clandestino de los guardias civiles sale a la luz. Durante cuatro años ha ido arraigando y extendiéndose en las casas-cuartel, compañías y comandancias, burlando la vigilancia de los mandos, esquivando el cerco de los servicios de información.  Manolo Linde ha sido uno de los fundadores del sindicato, uña y carne del cabo Rosa, una tenaz hormiguita, el encargado del trabajo duro de organización, una de las almas de aquella fértil anomalía, de aquel brote democrático que ha surgido donde menos se esperaba, en el interior de la institución más autoritaria y emblemática del franquismo.

En los últimos meses el SUGC ha dado pasos de gigante. Ha logrado el apoyo de un gran número de organizaciones sociales y políticas. Sindicatos policiales como el SUP o el Sindicato Democrático de la Policía, partidos como el CDS, IU o el PTE, y el respaldo de los sindicatos CCOO y UGT. Para el 12 de marzo se anuncia que Antonio Gutiérrez y Nicolás Redondo visitarán al cabo Manuel Rosa en la comandancia de Montequinto (Sevilla), donde se encuentra recluido. Sorpresivamente, es trasladado el día anterior a la prisión militar de Alcalá de Henares. Los generales de la Guardia Civil y el gobierno no albergan dudas, quieren cortar de raíz la estrategia de visibilización que ha trazado la dirección del SUGC.

Al sindicato clandestino le toca mover ficha. Tres días después, en la mañana del 15 de marzo, Manuel Linde comparece a cara descubierta en Mérida. En su intervención alerta sobre las posibles represalias: “Habrá que ver mañana el resultado de esta rueda de prensa, lo que me pueda ocurrir”, “Somos presos políticos, no hay razón de que se nos encarcele por defender nuestras ideas”. Esa misma tarde, en el cuartel de Alconera, Linde será detenido violentamente. El sargento de puesto, José Dorado Chávez, le comunica que se encuentra arrestado y le ordena esperar hasta que llegue el capitán y el comandante jefe de la segunda compañía para proceder al interrogatorio. La suerte está echada.

La meticulosa ciencia del verdugo

Punta, charol, capa y bota,
A poquito a poco asoman
Igual que dos grajos verdes
Recortaos en la loma.

(José Menese y Francisco Moreno Galván)

Pocas instituciones han sido tan temidas y odiadas por la gente humilde y trabajadora en España. Poemarios como el Romancero gitano, de Federico García Lorca, o películas como El crimen de Cuenca, plasmaron el pánico de generaciones enteras a la Guardia Civil, “el pozo oscuro del miedo popular”, del que hablara Arturo Barea.

Sin embargo, lejos de la autocrítica o de la más elemental pulcritud histórica, el discurso oficial continúa instalado en el panegírico y la mixtificación. “La Guardia Civil ha llegado hasta nuestros días con una sólida neutralidad y una probada lealtad”, afirmaba el ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, hace poco más de un año con motivo del 175 aniversario de la institución. Y el director general de la Benemérita en ese momento, Félix Azón, ensalzaba por su parte “la dinámica evolución al compás de los tiempos” y recordaba que el cuerpo se creó cuando “los caminos estaban a merced de las partidas de malhechores». Lealtad y persecución de los malhechores, ese parece ser el resumen de la narración construida desde el poder sobre la historia de la Guardia Civil.

Desgraciadamente, a esa epopeya le faltan algunos nombres, crímenes y desmanes. Le faltan Pavía, Sanjurjo o Tejero: el atropello contra todos los intentos de democracia en nuestro país. Le faltan el capitán Marzal, el teniente coronel Gómez Cantos o el general Galindo: la podredumbre del sadismo, los especialistas en “la meticulosa ciencia del verdugo” (Crespo Massieu). O le falta el mínimo rigor histórico capaz de relacionar la fundación de la Guardia Civil con el proceso de desamortizaciones y la defensa de la estructura terrateniente de la propiedad que surgió de la Reforma Agraria Liberal en el siglo XIX.

Servicios Iniciales del Tercio Noveno de la Guardia Civil, 2 de diciembre de 1844. Cabo Juan Miguel y 8 guardias más: Detención de 13 paisanos con igual número de caballerías cargadas de bellotas robadas en la dehesa La Carbonera”. Este es uno de los primeros testimonios sobre los servicios del Cuerpo en Extremadura, del que da cuenta el historiador Francisco Javier García Carrero en una de sus sólidas investigaciones. La persecución del rebusco, del “hurto famélico” al que se ven abocados los campesinos a quienes se han arrebatado los terrenos comunales, será una constante que llegará hasta los años setenta del siglo XX. Las palizas a los jornaleros que entran a las fincas a por aceitunas caídas al suelo, a por cardillos, tagarninas, espárragos o leña, son incontables y perviven como una humillación indeleble en la memoria de miles de familias. “En La Puebla de Cazalla al Chato de la Patricia le pillaron los guardias rebuscando las aceitunas, le obligaron a comerse las que había recogido, lo apalearon… y murió. Nadie pagó por el crimen”. Lo contaba el valiente Alfredo Grimaldos y lo cantó con desgarro José Menese:

Mañanita de rebusco
topé de cara a la guardia:
dos lagrimitas de sangre
a cá palito que daban.

La Guardia Civil fue concebida como una fuerza de “ocupación militar del territorio” (O’Donnell) que, como explicaba Diego López Garrido, “se constituyó en el eje del sistema de orden público del liberalismo conservador, ocupando un espacio significativo en el interior del Estado”. Y que, salvo en contadas excepciones, se decantó explícitamente en las “tres dialécticas esenciales en el siglo XIX y XX: progreso/conservadurismo, federalismo/centralismo y poder civil/poder militar”.

En febrero de 1926, Lorca escribe a su hermano: “Hice una espléndida excursión a las Alpujarras llegando hasta el riñón. El país está gobernado por La Guardia Civil. Un cabo de Carataúnas a quien molestaban los gitanos, para hacer que se fueran los llamó al cuartel y con las tenazas de la lumbre les arrancó un diente a cada uno diciéndoles: “Si mañana están aquí caerá otro”. Naturalmente, los pobres gitanos mellados tuvieron que emigrar a otro sitio”.

Durante décadas, el benemérito cuerpo será sinónimo de espanto para las clases populares. Las grandes luchas del campesinado durante la Segunda República serán reprimidas con saña. “Un número importante de jornaleros extremeños perdieron su vida durante estos años, independientemente de la etapa política de Gobierno en Madrid (Hornachos, Fuente del Maestre, Barcarrota, Zarza de Granadilla, Miajadas, Arroyo de San Serván, Alconchel…)”, nos recuerda García Carrero. Y Rafael Alberti lo señalará con rabia:

Aquí tengo Casas Viejas
con campesinos quemados.
Tengo Castilblanco, Arnedo
y un millón de parados.
También tengo un redil
lleno de parlamentarios,
que sólo a los proletarios
dio hambre y Guardia Civil.

Sin embargo, ante la sublevación militar en julio de 1936 no habrá un posicionamiento monolítico en la Benemérita. 108 comandancias respetan al gobierno republicano y 109 se suman al golpe fascista. Pero, como indica Rodrigo Rico, aunque “en algunos casos aquellas lealtades al gobierno eran laxas y volubles” es muy significativo que la mitad de sus integrantes se mantuvieran fieles a la República, especialmente en ciudades como Madrid o Barcelona. Son los otros guardias civiles, los leales. Muchos de ellos, como los comandantes Vega Cornejo, Escobar o Aranguren lo pagarán con su vida. «Que lo fusilen aunque sea en una camilla», dirá Franco refiriéndose a Aranguren, al saber que ya no puede andar. El 21 de abril de 1939, apenas tres semanas después de terminada la guerra, será ejecutado sentado en una silla.

Tras la contienda y previa depuración, la Guardia Civil se convierte en un cuerpo del Ejército dirigido férreamente por militares profesionales. El tricornio y la capa constituirán la representación genuina de la dictadura. Junto a la Falange y a la Iglesia se encargará del control social en cada pueblo. Cada soldado que cumpla el servicio militar tendrá una ficha rutinaria en la que conste su condición de «adicto, indiferente o desafecto” al régimen. Para poder ser colono en el Plan Badajoz habrá que contar con el informe favorable del párroco y de la Benemérita. Son solo dos ejemplos del panóptico cotidiano organizado por la Dictadura y del papel central encomendado en él al Cuerpo.

A mediados de los años setenta el franquismo da sus últimas boqueadas. La muerte del dictador, la Revolución de los Claveles en Portugal y, sobre todo, el pujante movimiento obrero y popular abren las puertas a la democratización del país. Los aires de libertad llegan también, para sorpresa de muchos, a la Policía, al Ejército y a la Guardia Civil. El 1 de septiembre de 1974 nace en la clandestinidad la Unión Militar Democrática (UMD), abogando por la ruptura con las instituciones de la dictadura. Y algunos oficiales, como el teniente Luis Alonso Vallés, se suman al movimiento y tratan de extenderlo. Años más tarde, lo evocará así: “La posibilidad de captación era muy limitada. Más fácil en el Ejército al encontrarse todos los oficiales reunidos en un acuartelamiento, pero muy difícil en la Guardia Civil, no solo por la dispersión, sino por la mentalidad que Franco, a través de Camilo Alonso Vega, se esforzó en dar a la Guardia Civil que había sido la culpable de que en media España no triunfara el levantamiento militar. El régimen de terror que implantó fue total, y ello llevó a una total sumisión de la oficialidad” (tesis doctoral de Fidel Rosa).

La brecha en el baluarte del franquismo está abierta. Las contradicciones llegan al núcleo del Estado, a su aparato coercitivo. Pero el régimen está dispuesto a morir matando. En el verano de 1976, la UMD distribuye una carta dirigida a los oficiales de la Guardia Civil en la que denuncia la represión contra el pueblo: “Los casos Téllez y Amparo Arangoa son la culminación de un periodo degenerante. Supone una cierta generalización y sobre todo la institucionalización de la tortura, al ser practicadas por oficiales y subordinados (…) Nosotros, jefes y oficiales de la Guardia Civil, pertenecientes a la Unión Militar Democrática, exigimos el esclarecimiento de hechos que, como los de Badalona, Tolosa, Vitoria, Montejurra, Carmona, etc…, denigran al Cuerpo y a nosotros mismos. Piensa en todo esto y decide cuál es tu postura, si la de un mercenario defendiendo una situación injusta o la de un auténtico guardia civil”.

La ola democrática avanza. El 17 de diciembre de 1976 se produce la llamada manifestación de la Seguridad Social. Alrededor de 400 miembros de la Policía Armada y de la Guardia Civil se echan a la calle en Madrid, en una convocatoria que ha sido prohibida. “Gracias a locos como aquellos nos metieron en la Seguridad Social y mi hija pudo nacer en un hospital. Estos locos consiguieron que pudiéramos parir en un hospital y no al lado de un sargento al que han operado de apendicitis, recintos en los que te separaban con una cortina. Estos locos consiguieron que la Guardia Civil tuviera Seguridad Social”. Es Candi Alzás, esposa de un guardia civil y portavoz durante años de la AUGC de Badajoz, quien recuerda ahora aquellas primeras luchas y logros.

El castigo no se hace esperar. Doscientos guardias son detenidos, expedientados y encerrados en los sótanos de la Dirección General del Cuerpo. Y como los calabozos no pueden albergar a todos, a muchos se les traslada a Aranjuez y a la Academia de Valdemoro. Como relatarán Ballesteros y López Hidalgo en el libro pionero sobre el sindicalismo en la Benemérita, cincuenta guardias serán expulsados de la institución. Aunque reprimidas, las primeras semillas de democracia  en la Guardia Civil empiezan a germinar.

 *++

domingo, 31 de enero de 2021

El Covid-19, como un ejemplo de ejemplos. Busco socio inmaculadamente limpio de pecado de pensamiento palabra y obra concebido por obra gracia y lecturas de titulares de prensa, o sea, que sea endeblito de pensamiento, como es el caso de este buscador de socio, para formar el sin par Dúo de los fieles y prístinos creyentes de la información objetiva y veraz que dan los grandes medios de comunicación para la construcción de la verdad, en la creencia cierta, científicamente demostrada, que vamos a dar tal campanazo dentro del mundo asociativo a nivel mundial, global, con un eco por delante y un verderol por detrás, que su sonido hará que el de la Campana de Huesca quede reducido, como mucho, al producido por una esquila de chivo. Para los efectos dichos puede dirigirse mi queridísimo futuro socio (hombre si es socia, y según y cómo este la cosa de presión y temperatura, tampoco pasa nada) a la siguiente dirección: Calle de la ilusión ilusionada sin número ni letra, distrito postal: 00000. No es menester nombre alguno que ya me conocen por el barrio.

 

Pfizer y los grandes medios de comunicación de España comparten accionista: BlackRock

Pfizer y los grandes medios de comunicación de España comparten accionista: BlackRock





Por Javier Lezaola

KAOSENLARED

 Publicado el 29 Ene, 2021

La multinacional farmacéutica estadounidense Pfizer –responsable, junto a la multinacional farmacéutica alemana BioNTech, de la vacuna contra el COVID-19 autorizada por medio centenar de Estados de todo el mundo– y los principales medios de comunicación españoles comparten accionista: el fondo de inversión estadounidense BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo. Así como Pfizer es el líder mundial de las multinacionales farmacéuticas, BlackRock es el líder mundial de los fondos de inversión; tanto, que en el Estado español controla parte –en varios casos, buena parte– del accionariado de la mayoría de las 35 multinacionales del IBEX 35 –incluidas CaixaBank, Banco Santander y BBVA, los tres mayores bancos de España– y de los grupos propietarios de los grandes medios de comunicación de prensa escrita, radio y televisión.

Así, BlackRock controla parte del accionariado del grupo Atresmedia, propietario de Antena 3 y laSexta; del grupo Mediaset, propietario de Cuatro y Telecinco, o del Grupo PRISA, propietario del diario ‘El País’ y la Cadena SER. En este último caso, el pasado mes de noviembre, BlackRock y otro de los mayores fondos de inversión del mundo –el británico CVC Capital Partners– compraron además, a través de sendos fondos buitre, deuda de PRISA, lo que supone que ya tienen poder de veto en cualquier operación de compraventa de ‘El País’ –diario que ya está en el punto de mira de varios inversores– o la SER.

Fuentes de defensa de la sanidad pública consultados por LUH denuncian que en el mundo capitalista la producción y distribución de medicamentos viene concentrándose en multinacionales monopolísticas al tiempo que las empresas farmacéuticas públicas vienen desapareciendo, a pesar de que la OMS (Organización Mundial de la Salud) históricamente recomienda a los Estados que cuenten con industrias productoras de medicamentos esenciales, entre los que están las vacunas. Estas fuentes manejan informes que documentan “la ausencia de escrúpulos éticos por parte de las multinacionales farmacéuticas y su inmensa capacidad de soborno de políticos, expertos y médicos”.

En el ámbito mediático, directores de prestigiosas revistas científicas han reconocido que la publicación de ciertos informes y resultados de investigaciones farmacológicas están financiadas por multinacionales farmacéuticas que los utilizan como instrumento de propaganda. Si esto ocurre con prestigiosas revistas científicas, ¿qué no podría ocurrir con medios de comunicación como ‘El País’, la SER, Antena 3, Cuatro, Telecinco y laSexta, parte de cuyo accionariado está controlado por BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo y uno de los propietarios de Pfizer?

laultimahora.es/pfizer-y-los-grandes-medios-de-comunicacion-de-espana-comparten-accionista-blackrock/

*++