sábado, 12 de septiembre de 2020

Sobre las pensiones, que es sinónimo de sobre lo nuestro, porque, con perdón de leandrones, bocanegras y demás ralea de ladrones, las pensiones son de los trabajadores, de los que han trabajado, trabajan y trabajarán en el futuro. Necesitamos los trabajadores en primer lugar tener conciencia de cómo se forman las pensiones y de quienes la forman, es decir, tenemos que tener un conocimiento claro y profundo de qué son las pensiones, que no es sino dinero previamente ahorrado por los trabajadores, para lo que es necesario que leamos a quienes entendiendo de pensiones se proponen defenderlas, para diferenciarlos de los que de una u otra manera, y siempre machaconamente, con la intención de convertir la mentira en verdad, se encoñan en la defensa de que las pensiones públicas no son sostenibles, cuando en realidad lo insostenible es el robo continúo al patrimonio público del que forman parte las pensiones, como es el reciente robo al Estado de los 20 mil millones de dineros públicos invertidos en Bankia con la anuencia y apoyo debido de los chiquilicuas del gobierno que pasan por ser de izquierdas. Hay que procurar convertir en fuerza política real (que en principio no tiene necesariamente que ser fuerza de un partido político concreto) con poder de transformación social las manifestaciones como expresión del descontento social. Manifestaciones que sin discusión alguna son necesarias e imprescindibles, pero solamente como primer paso para conseguir la fuerza política que no tenemos los trabajadores, y que mientras no la tengamos no solo las cosas permanecerán como está sino que empeorarán. Con solo manifestarnos, por muy gorda y sonora que sea la manifestación, si no se logra erradicar los motivos que la originan, el resultado final es que sin pretenderlo sea un reforzamiento del sistema, en el sentido de que reconocida la injustica que motiva la manifestación y realizada esta la injusticia que la motiva queda intacta, y este hecho se traduce en la falsa representación de la realidad que contra el sistema nada puede ser hecho, y ello induce a la creación de la desesperanza y de la impotencia de los trabajadores, puesto que después de la manifestación no se ha conseguido nada, y en consecuencia sale fortalecido el sistema, porque queda sentado que después de la siguiente manifestación nada sería conseguido. Y es que el enemigo no puede ser vencido utilizando los procedimientos y los métodos y el lenguaje que propone el enemigo. Al que nos viene a robar no lo debemos calificar como adversario, sino como enemigo que nos viene a robar. ¿Nos representa nuestro representante político? ¡Pues claro que nos representa! Pero nos representa no porque lo hayamos elegido, sino porque defienda nuestros intereses. Si alza la voz, nos avisa y propone cómo nos podemos defender de quien nos viene a robar, claro que nos representa, pero si se convierte en cómplice de quien viene a robarnos para que nos robe mejor no puede ser nuestro representante, por mucho que lo hayamos podido elegir, como podría ser el caso del gobierno actual que se doblega ante los grandes capitales que nos acaban de robar 20 mil millones de euros en el caso de Bankia. ¿Y esto quiere decir que por malo, malo, malo, en las próximas elecciones elijamos a otros representantes del PP, Vox, Ciudadanos u otros? De ninguna manera, porque todos estos partidos han estado de acuerdo a que a los trabajadores nos haya robado los 20 mil millones de Bankia. La solución a los problemas de los trabajadores empieza cuando comience el proceso para cambiar el plano político donde ejercer la política, es decir, cuando se cree la nueva dimensión de la política (que no es la democracia representativa, por cuanto que en realidad es la sustitución del interés del representado, dado que pierde todo poder de control sobre el representante) en la que los que más fuerza tenemos, por número y por razones de justicia, los trabajadores, podamos hacer valer prevalecer nuestros intereses, absolutamente mayoritarios, frente a la exigua minoría que lo niegan. Que no nos canten canciones. Las pensiones son nuestras, de los trabajadores: he ahí la cuestión. Y todo lo que no sea esto es mareo de la perdiz para robarnos las pensiones.

 

La rebelión de los pensionistas (II)

Juan Francisco Martín Seco

El viejo Topo

19.03.2018



En el artículo de la semana pasada, al filo de la manifestación de pensionistas, traté el tema de las pensiones. No obstante, limité mi análisis a la conveniencia de que las prestaciones se actualicen anualmente por la inflación; postulé la necesidad de que su cuantía en términos reales no se recorte ni se produzcan transferencias del colectivo de los pensionistas a otros colectivos o, lo que es lo mismo, que los poderes públicos no utilicen la inflación y las pensiones para solucionar sus problemas presupuestarios. Al final del artículo prometí abordar esta semana el manido tema de la suficiencia financiera del sistema público de pensiones.

Anticipaba ya que la solución del problema no podía restringirse a bajar la cuantía de las pensiones. Así, lo soluciona cualquiera.  Aunque en realidad, en este caso no se trata de solución sino más bien de destrucción progresiva del sistema público. Adelantaba también que, si realmente se pretende resolver la cuestión, hay que rescatar las pensiones del estrecho campo al que las confinó el Pacto de Toledo con la separación de fuentes y de su exclusiva financiación mediante cotizaciones sociales. En ese marco no hay salida posible, ya que entran en funcionamiento todos esos condicionantes de la pirámide de población, del empleo, de los salarios, e incluso de la presión de los empresarios y la permisividad de algunas fuerzas políticas acerca de la reducción de las cotizaciones sociales, alegando como excusa que se trata de un impuesto al trabajo.

Hay que negar hasta que haya que plantearse el problema. ¿Por qué específicamente nos preguntamos si es posible la financiación de las pensiones públicas y no de la educación, de la sanidad, del ejército, de la policía, de las ayudas a la dependencia, del pago de la deuda, de las subvenciones a los empresarios y emprendedores, de los gastos de los Ayuntamientos, de las Comunidades Autónomas, del servicio exterior del Estado, de la justicia, del seguro de desempleo, del AVE, y de otras muchas obras públicas, y de tantas y tantas partidas de gasto público? Si de algún capitulo de gasto no se debería dudar, es precisamente del de las pensiones, porque en cierto modo se trata de una deuda contraída por el Estado: devolver a los jubilados lo que han aportado (en su conjunto) a lo largo de su vida activa.

La pregunta que hay que hacerse es qué estructura fiscal se precisa para financiar los múltiples aspectos de un Estado social, al que recurrimos continuamente para reclamarle toda clase de servicios y prestaciones, pero al que somos totalmente renuentes a la hora de financiarlo. La cuestión habrá que plantearla en toda su amplitud. Es el conjunto de los ingresos del Estado el que debe financiar todos los gastos, sin hacer corralitos, sin comportamientos estancos y sin crear impuestos afectados a finalidades concretas. Desde esta perspectiva, la variable estratégica no es la pirámide de población o la tasa de natalidad. Si lo fuesen, la salida sería relativamente sencilla, permitir mayores tasas de emigración. ¿Pero para qué queremos incrementar la población activa si se va a traducir en un número mayor de desempleados? Tampoco podemos afirmar que el quid radique, en sentido estricto, en el número de ocupados. Lo importante no es cuántos producen sino cuánto se produce. Lo que no es lo mismo. Un número más reducido de personas puede producir una cantidad mayor de bienes si se incrementa la productividad.

Desde esa perspectiva global, en la que todos los ingresos financian la totalidad de los gastos, la variable fundamental es la evolución de la renta global del país (sea cual sea el número de activos) y cómo se reparte. Más concretamente, qué porción va al Estado, como accionista mayoritario de la economía nacional, para financiar la totalidad de los bienes y servicios públicos, entre los que se encuentran las pensiones.

Thomas Piketty, en su libro “El capital en el siglo XXI”, realiza un enorme esfuerzo para obtener series históricas de determinadas magnitudes, remontándose de manera estimable en el tiempo. Entre las variables que estudia se encuentra la elevación de la renta per cápita como resultado del incremento de la productividad. El PIB por habitante apenas creció hasta 1700, con lo que tampoco se modificó sustancialmente el nivel económico y el género de vida de las sociedades. La realidad económica comienza a modificarse de forma notable a partir de la Revolución Industrial. En la Europa occidental la renta per cápita en términos constantes pasó de 100 euros mensuales en 1700 a más de 2.500 euros en 2012, con un crecimiento anual promedio del 1%.



Por supuesto, la evolución no ha sido homogénea a lo largo de todo este tiempo. Centrándonos en los últimos treinta dos años (1980-2012), la tasa promedio fue del 1,8%. Aun cuando esta tasa es bastante más reducida que la de las décadas anteriores, es lo suficientemente elevada como para que la renta per cápita durante estos años se haya incrementado en términos reales el 77% y se haya creado sobrada riqueza para que no exista ningún obstáculo en la financiación en su conjunto del Estado social, incluyendo por supuesto las pensiones. Podemos afirmar que por término medio somos cada vez más ricos, por lo que se viene abajo el famoso discurso de la austeridad y ese intento de convencernos de que ahora no es posible lo que ayer sí lo era.

Un ejemplo muy fácil ayudará a entender lo que afirmamos. En aras de la claridad, el supuesto se ha simplificado al máximo, pero el resultado sería siempre parecido por mucho que lo complicásemos. Para hacerlo lo más sencillo posible se ha supuesto que el único gasto que tiene que afrontar el Estado es el de las pensiones, de manera que el producto se reparte entre el excedente empresarial, los trabajadores y el Estado, es decir, los pensionistas. Todos los datos se expresan en moneda constante prescindiendo de la inflación.

En el año t, existen 20 millones de trabajadores y 8 millones de pensionistas y la renta nacional ha ascendido a 800.000 millones de euros. El excedente empresarial neto de impuestos alcanza el 51% del producto o, lo que es lo mismo, 408.000 millones de euros. La retribución media anual neta de los 20 millones de trabajadores es de 16.000 euros, y la cantidad global, por tanto, dedicada a salarios asciende a 320.000 millones. Los impuestos absorben los 72.000 millones de euros restantes, con lo que se puede hacer frente a una pensión anual media de 9.000 euros.

En el año t+25, el número de trabajadores ha descendido a 16 millones, mientras que el número de pensionistas sube hasta los 12 millones. La renta nacional debido al incremento de productividad se ha elevado en un 25%, ascendiendo por tanto a un billón de euros. El excedente empresarial mantiene su participación en la renta del 51%, en este caso 510.000 millones de euros. Para mantener la pensión media en 9.000 euros anuales (sin pérdida de poder adquisitivo) los impuestos alcanzan los 108.000 millones de euros, lo que permite un sobrante de 382.000 millones de euros que, dividido por el número de trabajadores, ofrece un salario medio de 23.875 euros.

Este sencillo ejemplo desmonta todas las profecías catastrofistas de los que ponen en duda la viabilidad del sistema público de pensiones. El incremento de un 25% del PIB (porcentaje más bien modesto de acuerdo con la tendencia existente en Europa desde 1700) permite que, aun cuando la cifra de los jubilados haya crecido un 50% (cuatro millones) y los ocupados hayan descendido en un número similar, las pensiones puedan mantener el poder adquisitivo y al mismo tiempo es posible un crecimiento sustancial del excedente empresarial y del salario medio.

La viabilidad del sistema público de pensiones, al igual que la del resto de las prestaciones sociales, no es un problema de producción, sino de distribución. Trabajadores, empresarios y Estado concurren a participar en la renta nacional. No es tanto una cuestión económica sino política. ¿Qué parte de la renta debe ir mediante impuestos al Estado para acometer todas las cargas del sector público? John Kenneth Galbraith anunció ya hace bastantes años la idea de que cambios como la incorporación de la mujer al mercado laboral y el aumento en la esperanza de vida exigirían una redistribución de los bienes y servicios que habrían de ser producidos y, en consecuencia, consumidos, a favor de los llamados bienes públicos y en contra de los privados.

El envejecimiento de la población de ninguna manera provoca la insostenibilidad del sistema público de pensiones, pero sí obliga a dedicar un mayor porcentaje del PIB no solo a financiar las pensiones, sino también a pagar el gasto sanitario y los servicios de atención a los ancianos y los dependientes. Detracción por una parte perfectamente factible y, por otra, inevitable si no queremos condenar a la marginalidad y a la miseria a buena parte de la población, precisamente a los ancianos, una especie de eutanasia colectiva. Habrá quien diga que estos bienes y servicios, incluidas las pensiones, los podría suministrar el mercado. Pero llevar a la práctica tal aseveración significaría en realidad privar a la mayoría de la población de ellos. Muy pocos ciudadanos en España podrían permitirse el lujo de costearse todos estos servicios, incluyendo la sanidad, con sus propios recursos. ¿Cuántos ciudadanos tienen la capacidad de ahorrar una cuantía suficiente como para garantizarse una pensión de jubilación digna?


Hay dos tipos de ahorro: el individual y voluntario; y el público y obligatorio mediante impuestos. Desde el punto de vista del Estado social, no se puede confiar en el ahorro privado y voluntario para proporcionar los recursos necesarios a los jubilados. Solo algunos, muy pocos, tendrían en ese caso una pensión digna. Sin embargo, la economía nacional produce recursos suficientes para que el ahorro público y obligatorio del Estado (impuestos) subvenga a cubrir con carácter general esta contingencia.

La verdadera amenaza a las pensiones y en general al conjunto del Estado social radica en esa postura cada vez más generalizada que se opone a la subida de impuestos a pesar de que España cuenta con una presión fiscal muy por debajo de la media Europea; y el mayor peligro se encuentra en las fuerzas políticas como Ciudadanos que van más allá, puesto que para pactar con el Gobierno lo primero que exigen es la bajada de impuestos y se niegan después a la actualización de las pensiones de acuerdo con la inflación. Eso sí, pretenden engañar al personal (como buen partido populista) afirmando que la rebaja impositiva va dirigida a los pensionistas.

Los detractores del sistema público de pensiones adoptan a menudo un tono compasivo, preocupándose de las futuras generaciones y considerando que no rebajar las pensiones constituye una enorme injusticia intergeneracional, ya que, según dicen, se hará recaer sobre las próximas generaciones una carga muy pesada. En primer lugar, hay que señalar que los más interesados en que se mantengan las pensiones públicas o en que no se reduzca su cuantía son los jubilados del futuro, porque el efecto de cualquier recorte o reforma será tanto mayor cuanto más se aleje del presente.

En segundo lugar, si cada generación es más rica que la precedente se debe en buena medida a que parten de un nivel técnico, educacional y social mayor, gracias al esfuerzo realizado por las anteriores generaciones que acumularon un bagaje de estructuras y de inteligencia colectiva que ha hecho posible el incremento de la productividad.

Concretamente en el caso de España, los jubilados actuales han costeado con sus impuestos una educación universal y gratuita de la que la mayoría de ellos no gozaron en su infancia y adolescencia. También con sus impuestos han facilitado en buena medida el acceso a la universidad de las generaciones posteriores, facilidades de las que muy pocos de su generación disfrutaron. Con sus cotizaciones se han mantenido las pensiones de los trabajadores de épocas precedentes. Han sido su trabajo y sus contribuciones al erario público los que han hecho posible que hoy las estructuras y el desarrollo económico en España sean muy superiores a los que conocieron en su niñez y que la renta per cápita sea más del doble de la existente hace cuarenta años. ¿No tienen derecho a que al menos se mantenga el poder adquisitivo de sus pensiones?

La rebelión de los pensionistas I

Artículo publicado en Contrapunto

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Si es usted un ignorante respecto del coronavirus, como yo, el médico Juan Manuel Jiménez Muñoz, Colegiado número 4.787 de Málaga, nos ha escrito una carta.

 

Pandemia – Carta abierta a los imbéciles.

Juan Manuel Jiménez Muñoz

Sociología Crítica

26.08.2020

 

El dr. Jiménez Muñoz, ante la demencial situación que vivimos, pone en román paladino algunas consideraciones fundamentales. Y no, miren, no; no le quita ni un ápice de razón el registro que ha escogido para llegar a la masa. No tomen el rábano por las hojas. [Sociología Crítica]

 CARTA ABIERTA A LOS IMBÉCILES.

 Mi nombre es Juan Manuel Jiménez Muñoz. Soy médico de familia en Málaga. Tengo 60 años, y ejerzo mi profesión desde hace 35. Mi número de colegiado es el 4.787. Y este dato lo aporto por si alguien, a raíz de esta lectura, me quiere denunciar o poner una querella. Será un honor.

El método científico, desde Galileo Galilei, nos ha sacado de las sombras. La electricidad, la radio, la televisión, los GPS, los teléfonos, los viajes espaciales, los antibióticos, las vacunas, los telescopios, la anestesia general, el saneamiento de las ciudades, la depuración del agua, las radiografías, las resonancias, los rascacielos, los aviones, los trenes, el cine, las fotografías, los ordenadores, y nuestra vida al completo, dependen de una ocurrencia de Galileo. Una ocurrencia en tres pasos para averiguar entre todos cómo funciona el mundo:


1.       Establecer una hipótesis plausible sobre un problema concreto. Por ejemplo: “yo creo que el agua estancada contiene unos animalitos minúsculos que causan enfermedades”. O: “yo creo que cuando un imán gira alrededor de una bobina se genera una corriente eléctrica”. O: “yo creo que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés”.


2.      Realizar experimentos para comprobar la veracidad o la falsedad de esa hipótesis.

3.      Publicar los experimentos para que cualquier otro los pueda reproducir, afirmar o refutar.

Y ya está. Qué tontería. Y gracias a eso, Y NADA MÁS QUE A ESO, la sociedad de 2020 es completamente distinta a la de 1700. Diré más. Si como por arte de magia pudiésemos trasladar un habitante del año 1 hasta el año 1700, apenas notaría diferencias en lo esencial de la vida: se adaptaría sin problema. Pero si trasladásemos a un habitante del año 1700 al 2020, se moriría del susto. Literalmente.

Gracias al método científico tenemos herramientas para erradicar una pandemia, o para hacerla soportable: la del coronavirus, por ejemplo. Gracias a la ciencia no hay viruela. Gracias a la ciencia no hay leprosos en Europa (o son casos muy contados). Gracias a la ciencia, los pacientes VIH positivos ya no se mueren de SIDA, sino que llevan su enfermedad como los pacientes crónicos. Gracias a la ciencia, muchos cánceres se curan.

Y que después de 300 años de éxitos tenga uno que soportar lo insoportable, resulta estremecedor: la caída del modelo y la sustitución por la farsa, por la charlatanería, por la incultura, por el pensamiento mágico, por la vulgaridad, por el despropósito y por la democracia aplicada a la ciencia, donde el analfabeto opina sobre el coronavirus en igualdad de altavoces que el más docto catedrático de virología, y donde los tratamientos y las medidas de contención de una epidemia son a la carta.

Hay grupos organizados que parecen añorar la Alta Edad Media, aquella que tan magníficamente plasmó Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa”: con su mugre y sus hambrunas, con sus gentes muriéndose de peste o de viruela, con los libros encerrados en monasterios sin acceso para nadie, sin luz eléctrica, sin agua potable, sin nada.

Aunando esfuerzos, una mezcla infernal de terraplanistas, antivacunas, conspiranoicos, sectas satánicas, neonazis, adoradores de ovnis, hedonistas ácratas, cazadores de masones, fetichistas de los porros, delirantes con el 5G, ecologistas que no han visto jamás una gallina e imbéciles con pedigrí, pululan en todas las redes sociales instaurando una nueva religión que, mucho me temo, está calando más de lo que imaginaba en una población carente de cultura y liderazgo. Eso no es nuevo. Tarados los hubo siempre. Pero médicos y biólogos liderando imbéciles acientíficos y abjurando de la ciencia para adquirir una fama pasajera, eso nunca lo viví. Y nunca pensé que mis ojos lo verían. Y nunca creí que los Colegios de Médicos, o de Biólogos, giraran la cabeza hacia otra parte y no alzaran su voz contra el medievalismo.

Que un grupo de 200 médicos se autodenomine “Médicos Por la Verdad”, ya es una ofensa gravísima para el resto de los médicos que ejercemos en España, que somos 160.000. Porque quiere decir, ni más ni menos, que los 159.800 médicos restantes que no estamos en la secta somos “Médicos Por la Mentira”. Y a mí no me llama mentiroso ningún hijo de la gran puta. Por mucho título que tenga.

Que se estén dando conferencias, y publicando libros (uno de ellos con seis ediciones en un mes), para afirmar que no hay pandemia, o que los individuos sin síntomas no contagian, o que esto es igual que una gripe, o que es preferible la experiencia personal a las publicaciones científicas revisadas por pares, o que el dióxido de cloro funciona contra el coronavirus, o que el dióxido de cloro no es tóxico, o que las vacunas que existen ahora provocan autismo, o que las vacunas llevan microchips para controlarnos, o que los aviones esparcen desde el cielo cristales para contagiarnos, o que no llevar mascarillas es un acto saludable de rebeldía, resultaría risible si no fuese mortal de necesidad, y si quienes defienden esas barbaridades fuesen mariscadores gallegos, aceituneros andaluces o pescadores cántabros, y no licenciados o doctorados por una Universidad.

Hace poco, sesenta imbéciles acudieron a Las Canarias para reunirse en una playa a contagiarse a propósito. Habían quedado por Internet. Y yo, desde mi muro, acuso a quienes deberían ser líderes sociales, y no lo son, de favorecer esos comportamientos criminales con sus discursos absurdos.

No es época de división, ni de actuar cada uno a su bola. Por desgracia, nadie lidera la crisis. Es evidente. Digo ningún político. El Gobierno Central ha dimitido de sus responsabilidades. Incluso tiene que sobornar a los autonómicos para que acudan a las reuniones. 17 Reinos de Taifas, 17 desastres organizativos. A cuál peor. Ni una puñetera norma en común. Ni un solo registro compatible. Y además de eso, por si fuese poco, una sarta de embusteros con el título de licenciado envenenan a la sociedad en lugar de aconsejarla, de guiarla, de cuidarla, prestándose a decir lo que muchos quieren escuchar, lo que ahora vende: que el coronavirus es un invento de las superpotencias para disminuir la población mundial, para enriquecer a las farmacias y para cargarse a los ancianos, pero que, sin embargo (y mira tú que curiosa paradoja), la tal pandemia no existe.

Compañeros médicos, biólogos, abogados, farmacéuticos y licenciados de toda clase y condición que habéis optado por llevarnos otra vez a la Edad Media: sois la vergüenza de la profesión, y no sois dignos de que os llamemos compañeros, y mucho menos científicos. Sois pocos, pero metéis mucho ruido y confundís. Sois pocos, sí. Pero mala gente. Y decís cosas por las que, de haberlas dicho en la Facultad de Medicina o de Biología cuando érais estudiantes, jamás habríais obtenido ese título del que ahora os valéis para vuestro propio beneficio. Un título del que, si de mí dependiera, seríais desposeídos de inmediato. Lástima que no se pueda.

Podría elegir muchas estupideces de las que defendéis, muchas barbaridades solemnes, pero me centraré en una sola, que en vuestra boca merecería la cárcel: “las personas sin síntomas no contagian”. Cagoentóloquesemenea. ¿Dónde estabais el día que explicaron la tuberculosis, o el SIDA, o la varicela? ¿No contagian los VIH positivos a pesar de estar asintomáticos? ¿No hay tuberculosos bacilíferos sin síntomas de enfermedad? ¿No se contagia la varicela desde pacientes en fase prodrómica? En fin. Mejor callar, que me van a estallar las meninges.

Sois líderes que habéis elegido no serlo para convertiros en bufones. Y eso, en época de zozobra, no tiene perdón de Dios. Ojalá se os seque la yerbabuena.

Ah. Y otra cosa. Mis señas las di al principio. A ver si tenéis cojones para meteros conmigo. Cojones, digo; ya que neuronas… las justitas pa beber sin ahogarse.

Cagoentó.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz

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Médico del Servicio Andaluz de Salud.

Colegiado en Málaga 4787.

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viernes, 11 de septiembre de 2020

Esto no es un chiste. Esto es todo un tratado de filosofía contra los intereses de los trabajadores que constituimos la inmensa mayoría de la sociedad, que los trabajadores no nos hemos aprendido todavía.

 


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Explíqueme. Explíqueme usted que entiende de esto, porque yo no logro enterarme de la misa la mitad: ¿por qué siempre las políticas más sangrantes y más perjudiciales para las clases trabajadoras las han realizado gobiernos con el envoltorio de izquierdas? Es cierto que siempre tras abrir el melón del machaqueo a los derechos de los trabajadores por parte de un gobierno empapelado de izquierdas sigue el destrozo del melonar completo a manos de los representantes formales del capital. La pregunta es, ¿cómo un supuesto gobierno de izquierdas al que algunos califican de social comunista (y mis cojones treinta y tres) puede quitarle a los trabajadores uno de los instrumentos necesarios para salir de las penurias, como puede ser una banco público? ¡Ah!, ¿que no es oro todo lo que reluce ni suficiente llamarse de izquierda para serlo? O sea, que no tenemos un gobierno de izquierdas. Si es así la cosa. Sobran ya palabras, no podemos perder tiempo, porque la que se avecina es gorda, y empecemos por ver que podemos hacer los trabajadores, que sencillamente, es todo. Pero claro, con el desmodorre previo.

 

FUSIÓN CAIXABANK / BANKIA,

 ¿FINAL DE LAS ESPERANZAS DE 

UNA 

BANCA PÚBLICA?

 

Ignacio Muro

Sociología crítica

05.09.2020

 Fuente: Economistas frente a la crisis

 Un gobierno de izquierdas va a tener la responsabilidad de aprobar una operación que puede acabar definitivamente con la posibilidad de una banca publica, justo en un momento en que el papel de lo público para definir e impulsar sectores estratégicos se considera esencial, justo en el momento también en el que el Estado debe aumentar su capacidad de intervención si quiere impulsar las transiciones tecnológicas y medioambientales que España necesita.

 De aprobarla sin encontrar una fórmula que garantice la defensa del interés general debilitaría la posición del Estado, al cambiar una participación de control en un gran banco por una participación minoritaria, que no alcanza capacidad de control, en otro mayor.

 Con ello confirmaría una lógica que ya ha tenido un antecedente incomprensible. Y es que, controlando el 62% del capital social de Bankia a través del FROB, no se entiende que no haya ejercido el poder que le corresponde cuando necesitaba un banco público con red suficiente para garantizar una gestión rápida de los programas de avales y subvenciones, y que se haya “olvidado” de utilizarlo como palanca ante las evidentes dificultades del ICO.

 Una fusión bancaria que podría ayudar a impulsar sectores estratégicos.

 El gobierno va disponer de 140.000 M€ dirigidos a nuevos sectores estratégicos procedentes de la UE. Su reparto, decidir en donde y cuanto se invierte en cada proyecto, se convierten en la operación más importante de las últimas décadas y marcará el devenir del modelo productivo.

 Pero no solo es el reparto. Se necesita de actores profesionales capaces de canalizarlos y gestionarlos y, en particular, se necesitan actores financieros que asuman roles concretos. Italia lo acaba de demostrar en una operación en la que ha utilizado la Caja de Depósitos y Préstamos (CDP), banca semipública italiana, para impulsar el 5G y extender la fibra óptica a todo el país en una alianza con TIM, la antigua compañía telefónica estatal, privatizada en los años noventa.

 El Estado español no está inerte ante esos retos. Tiene capacidad para condicionar su aprobación blindando su participación en el banco resultante mediante cualquier fórmula que garantice un papel relevante en la definición de la política crediticia a favor de los sectores estratégicos así definidos. Si no se aprovecha esta oportunidad la capacidad para impulsar un actor financiero público se habrá diluido para siempre jamás.

 Paradójicamente CaixaBank conserva una buena parte de las participaciones industriales de la antigua Caixa, ahora concentradas en Criteria. Hasta el punto que su valor representan un 46% del grupo Fundación Bancaria La Caixa, mientras que el negocio bancario en sí, antes de la fusión anunciada, solo pesa un 34%, por un 23% del negocio inmobiliario.

 Por tanto, la operación era una oportunidad para incidir de alguna forma en el dibujo de la nueva política industrial española, bien representada en las empresas participadas en Criteria. El holding industrial estaba especializada en redes de servicios de alto valor, principalmente, infraestructura de gas (Naturgy), telecomunicaciones (Cellnex y Telefónica), de movilidad (Saba Infraestructuras), de tratamiento aguas y residuos (Aigües de Barcelona y Suez) y de sanidad privada (Vithas).

 


La fusión aumenta un fenómeno ya preocupante de exclusión bancaria

 Desgraciadamente esta oportunidad lleva todos los visos de perderse, con lo que aparecen otras consecuencias negativas derivadas de la previsible desaparición de muchas de las 6.600 sucursales de las entidades fusionadas.

 El aumento de la concentración en el sector bancario español y como consecuencia, el aumento de la exclusión bancaria para los usuarios de buena parte de la España vaciada, sin acceso a sucursales bancarias cercanas, será un daño colateral difícil de digerir por un gobierno de izquierdas.

 El punto de partida es ya preocupante. En un informe realizado para Funcas en 2016, Joaquín Maudos, afirmaba que en 21 provincias, casi la mitad de las existentes, la concentración sobrepasaba umbrales que en otros países se consideraban preocupantes. Y que en 9 de ellas, casi todas ellas marcadas entre las “más vaciadas” (Cantabria, Cuenca, Salamanca, Segovia, Tarragona, Teruel, Zamora y Melilla) tres bancos concentraban más del 70% de la actividad financiera.

 En aquel momento, la cuota de mercado, de los cinco mayores bancos era en España del 58%, una concentración que superaba con creces el 39% existente en el Reino Unido, el 41% de Italia y el 48% de Francia y casi duplicaba el 32% existente en Alemania.

 Tiene gracia que la fusión que ahora se contempla y que va a acentuar los fenómenos de exclusión financiera corresponda a la herencia de las dos mayores cajas de ahorro hoy bancarizadas, mientras la mayor competencia en Alemania surja del peso que conservan las cajas de ahorro regionales y locales, las landesbanken y sparkassen, que, allí sí, pudieron mantener su existencia.

Con ello se culminaría una operación (la privatización de las Cajas) que un informe de CCOO calificó, utilizando una terminología muy gráfica, la mayor desamortización de bienes sociales de toda nuestra historia.

 El discutible gobierno de Goirigolzarri

 El tercer factor asociado a la fusión es su oportunidad como tabla de salvación de un equipo directivo, capitaneado por Goirigolzarri, que ha destacado por dirigir durante ocho años un gran banco que ha perdido valor en los mercados en mucha mayor dimensión que la media del sector. Así lo señalaba mi compañero de EFC Jose Manuel Gomez de Miguel en un reciente artículo en el que apuntaba que, desde comienzos de 2015, la acción de Bankia ha perdido el 80% de su valor frente al 65% de media del sector. Aún más: si elimináramos los últimos meses asociados al coronavirus, la situación sería todavía peor pues Bankia ha perdido el 57% de su valor frente al 26% de la media del sector.

 La dudosa gestión de los gestores se puede medir también en su incapacidad para cumplir los objetivos de su propio Plan Estratégico, de los que ya se encontraban muy alejados. La razón central es que Bankia sigue manteniendo en cartera un elevado nivel de activos improductivos y préstamos dudosos.

 La singularidad de esta gestión es la absoluta libertad con la que se ha producido. Y es que la participación del Estado en Bankia la detentaba el FROB, organismo encargado del saneamiento y resolución de bancos, y no la SEPI, encargada de gestionar las participaciones empresariales del Estado y controlar a sus ejecutivos. Significa que Goirigolzarri es el único CEO que ha gobernado una banca, con un accionista ausente,  cuyo único mandato era deshacerse de su participación, desinteresado de marcar directrices de actuación ni siquiera en un contexto de crisis aguda que ha necesitado como nunca de una red que acercara la banca a los usuarios.

 


Pues bien, esa misma persona es la llamada para dirigir la fusión como presidente del mayor banco del país y, por lo tanto, de una dimensión que lo coloca en los niveles de banco sistémico,  “demasiado grande para caer”, una condición que tendrá que aprobar el FSB (Consejo de Estabilidad Financiera) y, que de ser aprobada, pasará a ser controlado directamente por Banco Central Europeo (BCE) a través del Mecanismo Único de Supervisión. De modo que tenemos un gestor santificado y salvado por la operación que ha pilotado.

 ¿Dónde se ubicará su sede? La pelea va a reverdecer las tensiones de los partidos nacionalistas “con Madrid” en un momento político en el que se dilucida la aprobación de los presupuestos.

 Resumiendo. Casi, casi se podría decir que la operación pareciera diseñada como un torpedo en la línea de flotación de las alianzas que soportan al gobierno.

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jueves, 10 de septiembre de 2020

Por el pájaro en mano y no los cien volando los conoceréis. Se comunica que el tenor de las siguientes líneas por su fuerte contenido en el concepto de clase social puede herir la fibra sensiblona de los más prístinos espíritus de aquellos creyentes laicos que permanecen en la santa creencia de que la política la hacen los jefes de filas y no los trabajadores, por lo que se les ruega pongan punto final a la lectura de estas líneas en este punto, al expresar el autor de las mismas su declinación respecto a cualquier tipo de responsabilidad por los posibles desperfecto o meneos ideológico que las mismas pudieran causar. Las planas mayores del PSOE y Unidas Podemos, como de cualquier otra organización política, separadas de sus bases, que es como actualmente se encuentran, no pueden tener más comportamiento que el de servir de base a los intereses de los grandes capitales en perjuicio de los intereses de las clases trabajadores y de las clases sociales menos pudientes. Lo que no quiere decir que de cuando en cuando no suelten alguna que otra frase que, sin embargo, inmediatamente se al comen los hechos y deja de ser escuchada. En el caso concreto de Podemos, que se menciona expresamente por el ser partido que más expectativas esperanzadoras levantó para todas las clases sociales explotadas por el capital levantó hace solo unos cuantos años, sin la existencia real de los Círculos, que eran su seña de identidad, en los que discutir problemas concretos y acordar democráticamente propuestas concretas para solucionarlos, se convierte en lo que hoy es: una bartoleta política, exactamente igual de las que eran criticadas, acertadísimamente, al principio de su existencia. Hay que hacer que los Círculos funcionen. Esto que se hace extensible tanto al PSOE (no a su cupular plana mayor) y a Izquierda Unida (no a su cupular plana mayor) por ostentar en el gobierno la denominación de izquierda, es lo único válido para hacer frente al nuevo peñascazo que los grandes grupos del capital nos van a dar en mitad de la frente a las clases trabajadoras y constituirá el mejor antídoto para el avance del nuevo fascismo que nos anuncia especialmente VOX (Sus jefes visibles) actuando como artista invitado la plana mayor de los corruptos jefes del PP, siendo colaborativa también, pero como aprendiz de artista, Ciudadanos, y la subsiguiente caterva de mercenarios de la prensa, radio televisión, colaboradores necesarios para la comisión del crimen.

 

Como Zapatero y Rajoy, el gobierno Sánchez-Iglesias apunta a las nóminas de las y los funcionarios

 


KAOSENLARED

Por Izquierda Diario 

Publicado el Sep 10, 2020

 

El gobierno “progresista” sigue tirando de las recetas neoliberales de siempre. Si este miércoles se conocían los planes del ministro Escrivá para alargar la edad de jubilación real, el jueves se lanzaba un globo sonda desde Moncloa sobre la posibilidad de congelar los sueldos a los trabajadores públicos en 2021.

El tijeretazo a las nóminas afectaría, entre otros, a muchos de los trabajadores y trabajadoras de primera línea que se han dejado la piel, y siguen haciéndolo, en la lucha contra la pandemia. Las y los sanitarios, o el personal docente y no docente que está tratando de garantizar una vuelta al cole segura a pesar de la negativa de ministerios y consejerías del ramo a dotar del personal, los espacios y los medios necesarios.

No es nuevo esto de ajustar por las nóminas de los funcionarios. Fue una de las primeras medidas del ajuste de Zapatero en 2010, con una rebaja de entre el 5 y el 7% de las retribuciones para seguir pagando los intereses de la deuda generada en el rescate de los capitalistas de 2008 en adelante. Rajoy ahondó en esta dirección quitándoles directamente una de las pagas extras de 2012.

Que el PSOE apueste por esta vía no es nada nuevo. Más vueltas discursivas tendrán que dar los ministros y ministras de Unidas Podemos para explicar su apoyo a este ajuste salarial, así como a otras medidas en cocina como el ya mencionado “pensionazo” de Escrivá.

El posible congelamiento estaría incluído en los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Unas cuentas que se están ya negociando con la derecha cool de Ciudadanos y que tienen que ser del agrado también de la UE para que facilite el acceso del Estado español al fondo de rescate europeo.

El coste de mantener la subida prevista en los sueldos de los funcionarios – un miserable 2%- sería de en torno a los 3 mil millones de euros. Menos que lo entregado a la industria del automóvil en los últimos meses, que asciende a los 3.750 millones. El gobierno “más progresista de la historia” tiene claras sus preferencias.

Mientras tanto las direcciones sindicales de CCOO y UGT “ni están, ni se les espera”. Enfrascadas en mesas de diálogo y negociación, siguen dejando pasar la catarata de cierres y despidos que empieza a profundizarse, y sobre todo, sin mover un dedo para ponerle freno al curso cada vez más neoliberal de “su” gobierno.

Pelear, exigirles e imponerles el abandono de esta política criminal, a la vez que se prepara una respuesta desde los centros de trabajo a la agenda de ajuste que se está preparando, es una tarea clave de los sectores combativos de los grandes sindicatos, junto a la izquierda sindical, movimientos como las mareas de pensionistas y la izquierda anticapitalista.

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Los trabajadores españoles, gracias a que no sabemos muy bien lo que hacemos, pagamos a los ejércitos de la OTAN todos los años más del 1,5% de toda la riqueza producida durante un año, que viene a ser unos 18 mil millones de euros. Los resultados más presentables y “humanitarios” en los que participa la OTAN a través de diferentes mecanismos son los de entre 37 y 59 millones de personas que tiene que salir corriendo de sus casas, por supuesto, si no las han matado antes, porque si las han matado pasan a engrosar la larga lista de las personas que han sido pacificadas y democratizadas por la OTAN. Ya saben, aquella OTAN del PSOE de Felipe González que era de entrada NO. Pero, María Manuela, ¿Me estás escuchando o no?

 

La guerra de EE.UU. «contra el terror» deja al menos 37 millones de desplazados

 

Por David Brooks / EE.UU

Rebelion

10/09/2020 



Fuentes: La Jornada -Imagen: 13.000 sillas en el Parlamento alemán que simbolizan a los refugiados que sufren hacinamiento. AFP.

Entre 37 y 59 millones de personas han sido desplazadas por la llamada guerra global contra el terror de Estados Unidos desde 2001 al presente, más que en cualquier otra guerra o desastre a lo largo del siglo XX con la excepción de la Segunda Guerra Mundial– de acuerdo con una nueva investigación del Instituto Watson de la Universidad Brown presentada ayer.

La cifra podría elevarse hasta 59 millones, la más alta de cualquier otro conflicto bélico, con excepción de la Segunda Guerra Mundial

La investigación del reconocido proyecto Costos de Guerra calcula que por lo menos 37 millones de personas huyeron de sus hogares en las ocho guerras más violentas lanzadas por Estados Unidos, o en las que ha participado, desde octubre de 2001, cuando lanzó la primera de éstas contra Afganistán y después la invasión a Irak en 2003.

“Al final, desplazar a 37 millones –y tal vez hasta 59 millones– presenta la interrogante de quién tiene la responsabilidad de reparar los daños padecidos por los desplazados”, afirma el informe titulado «Creando refugiados: desplazamiento causado por las guerras pos-11/S de Estados Unidos».

El reporte afirma que los desplazados –aquellos obligados a abandonar sus hogares para buscar refugio en otros países o ser desplazados internos dentro de su propio país– como resultado de las guerras realizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos desde 2001 superan por mucho los provocados por cualquier otra guerra o desastre desde 1900, a excepción de la Segunda Guerra Mundial.

El número total es equivalente a hacer huir de sus hogares y tierras a casi toda la población de Canadá o toda California.

Los desplazados, combinando refugiados que salieron del país y los internos en Afganistán son por lo menos 5.3 millones (26 por ciento de la población antes de la guerra), en Irak alcanzan 9.2 millones (37 por ciento de la población), en Siria, 7.1 millones (37 por ciento), Pakistán 3.7 millones, Libia 1.2 millones, Yemen 4.4 millones, Somalia 4.2 millones y Filipinas 1.7 millones.

Cualquier número es limitado en reflejar el daño del desplazamiento. Las personas detrás de las cifras son difíciles de ver, y los números no pueden comunicar cómo se puede sentir uno al perder su hogar, sus pertenencias, su comunidad y tanto más. El desplazamiento ha causado daño incalculable a individuos, familias, pueblos, ciudades, regiones y países completos de manera física, emocional y económica, afirman los investigadores.

Estos números son sólo los de las ocho guerras más violentas, ya que las fuerzas armadas de Estados Unidos han participado en conflictos armados en por lo menos 24 países desde 2001.

El proyecto Costos de Guerra también calcula de manera constante los costos humanos y económicos de las guerras estadunidenses posteriores al 11/S. Las tabulaciones más actualizadas (noviembre 2019) registran entre 770 mil y 800 mil muertos por violencia directa de las guerras en Afganistán, Irak y Paquistán, incluidos unos 335 mil civiles y 536 periodistas o trabajadores de medios. Un número aún superior pero no contabilizado ha perecido por consecuencias indirectas de estas guerras.

Más de 7 mil combatientes estadunidenses han perecido en esas tres guerras, y cientos de miles más han sido heridos a lo largo de los últimos 19 años.

Desde 2001 hasta el año fiscal 2020, el gobierno de Estados Unidos ha dedicado 6.4 billones de dólares a las guerras en Afganistán, Paquistán e Irak.

El presidente George W. Bush anunció su guerra global contra el terror poco después de los atentados de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, y ahora es la guerra más larga en la historia del país.

Washington está por iniciar el vigésimo año de su llamada guerra contra el terror, el 7 de octubre, cuando inició sus operaciones bélicas en Afganistán.

Para consular la investigación y otros datos: https://watson.brown.edu/costsofwar/

Foto de portada: Activistas colocaron 13 mil sillas frente al Parlamento alemán el lunes pasado, en una acción sobre el campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos. La protesta fue organizada por las ONG Sea-Watch, Campact y LeaveNoOneBehind. Las sillas simbolizan a la misma cantidad de personas que viven en condiciones sanitarias catastróficas en el campamento que estaba preparado para recibir a poco menos de 3 mil migrantes. Foto Afp.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/09/09/mundo/027n1mun

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No piense por usted mismo, por favor. Pensar puede afectar a la salud. Si usted se pone a pensar a la buena de Dios, a lo que se le ocurra, podría afectar a mi salud y, sobre todo a mi bolsillo, porque si usted se pone a pensar por su cuenta junto a otros como usted, pues que a lo mejor yo me tengo que poner a trabajar rompiendo todos mis hábitos de vida y costumbres y tendría que dejar de telemendenguear, que es de lo que yo vivo y me enriquezco, del telemendengue, cuestión que no le voy a explicar, porque si lo hiciera afectaría mi seguridad. Así que no se le ocurra pensar que a mí no me conviene. Estamos en la Nueva normalidad, así como yo soy San Juan Bautista. Nueva normalidad que mi trabajito me ha costado inventar. No se crea que una nueva normalidad la crea y la dirige el primero que llega, porque exige mucho tiempo de espionaje a través de los móviles, del Facebook, de los bulos que hay que lanzar, de las muchas encuestas que hay que realizar sobre aspectos y cuestiones que el encuestado jamás imaginaron, para recoger toda la información que a mí me hace falta para ver cómo se comporta el personal y como se podría llegar a comportar, cuando yo lance la idea de que la triangular inversa de la bisectriz de un ángulo, pero si ángulo, sometida a la fuerza centrípeta de un centro chut de allá que te va, lanzado en condiciones normales de un primer día primaveral de cualquier primavera, viene a ser la mitad del precio de un cuarto de mortadela, de donde se deduce que aquí el que dice lo que se tiene que pensar, o mejor, lo que no se tiene que pensar o, más en concreto, lo que usted tiene que hacer (y váyaseme acostumbrando a que a no tardar usted va a tener que trabajar por la comida, que así vamos ganando tiempo) soy yo. Y ya está bien de tanta explicación. No me haga perder más el tiempo diciendo esto y lo otro, no sea que yo siga diciendo tonterías y usted caiga en la cuenta de que estas tonterías al que le interesan es a mí y que usted va a empezar a pensar lo que a bien tenga y a mí que me vayan dando pro donde amargan los pepinos, en cuyo caso yo solito vendría a arruinar mi propio negocio que consiste en que usted no tiene por qué pensar en nada, que para eso estoy yo. Y, para que se vaya enterando, la noción de la Nueva normalidad ya me la tenía inventada yo antes de la pandemia del coronavirus. Qué, ¿cómo se le ha quedado el cuerpo? Es más, ya me tengo creado el concepto de post virulichupi novet tatión situacional de rumbo y tronío, para cuando se demuestre que lo de la Nueva normalidad viene a ser, si se mira bien, caca de la vaca. Pero esto de momento que quede entre nosotros. ¿O no ve usted que las palabras no pueden cambiar la naturaleza de los hechos? Pues, eso. Ya está bien de tontadas. Vamos al lío.

 


https://es.unesco.org/campaign/nextnormal

La UNESCO se fundó tras la Segunda Guerra Mundial con la convicción de que un conflicto sin precedentes podría dar lugar a un mundo mejor y más unido. Dado que las guerras comienzan en la mente de los hombres y las mujeres, es en la mente de los hombres y las mujeres donde debe construirse un mundo mejor, argumentaron los fundadores de la Organización. Esta idea es más pertinente que nunca, ya que los países empiezan a salir de la crisis mundial de COVID-19, la cual ha puesto en tela de juicio nuestras prioridades, nuestros modos de vida y el funcionamiento de nuestras sociedades.

Personas de todo el mundo mostraron su solidaridad durante la emergencia sanitaria y vieron cómo una mayor cooperación puede ayudar a construir un futuro mejor. Pero a medida que comenzamos a salir de la pandemia, tendemos a olvidar las lecciones que aprendimos y "volvemos a la normalidad", sin tener en cuenta el impacto de lo que consideramos normal para el medio ambiente, la economía, la salud pública y nuestras sociedades.

La UNESCO lanza una campaña mundial para poner en cuestión nuestra percepción de la normalidad. La película de 2,20 minutos no necesita argumentos complejos para hacerlo. Simplemente presenta información objetiva sobre el mundo antes y durante la pandemia. En conjunto, estos hechos invitan a los espectadores a reflexionar sobre lo que es normal, sugiriendo que hemos aceptado lo inaceptable durante demasiado tiempo. Nuestra realidad anterior ya no puede ser aceptada como normal. Ahora es el momento de cambiar.

Como agencia intelectual de las Naciones Unidas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera que la necesidad de un cambio duradero debe arraigarse en los corazones y las mentes de las personas de todo el mundo antes de que pueda hacerse realidad.

La campaña forma parte de un esfuerzo más amplio de la UNESCO para reflexionar sobre el mundo del mañana, en particular a través de la iniciativa del Foro de la UNESCO, un laboratorio de ideas que reúne a destacadas pensadoras, el movimiento Resiliart, una serie de mesas redondas sobre el futuro de la cultura y las industrias culturales, la Red de Alfabetización del Futuro, así como el programa Los futuros de la educación y las recomendaciones mundiales sobre la Ciencia Abierta y la ética de la Inteligencia Artificial. Se trata de cuestiones importantes en las que la UNESCO empezó a trabajar mucho antes de que la pandemia las pusiera en el centro de atención.

 

La UNESCO invita a los medios de comunicación y a los líderes de opinión a compartir la campaña "La nueva normalidad", creada por la agencia DDB de París, disponible a partir del 25 de junio de 2020.


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