sábado, 12 de septiembre de 2020

Si es usted un ignorante respecto del coronavirus, como yo, el médico Juan Manuel Jiménez Muñoz, Colegiado número 4.787 de Málaga, nos ha escrito una carta.

 

Pandemia – Carta abierta a los imbéciles.

Juan Manuel Jiménez Muñoz

Sociología Crítica

26.08.2020

 

El dr. Jiménez Muñoz, ante la demencial situación que vivimos, pone en román paladino algunas consideraciones fundamentales. Y no, miren, no; no le quita ni un ápice de razón el registro que ha escogido para llegar a la masa. No tomen el rábano por las hojas. [Sociología Crítica]

 CARTA ABIERTA A LOS IMBÉCILES.

 Mi nombre es Juan Manuel Jiménez Muñoz. Soy médico de familia en Málaga. Tengo 60 años, y ejerzo mi profesión desde hace 35. Mi número de colegiado es el 4.787. Y este dato lo aporto por si alguien, a raíz de esta lectura, me quiere denunciar o poner una querella. Será un honor.

El método científico, desde Galileo Galilei, nos ha sacado de las sombras. La electricidad, la radio, la televisión, los GPS, los teléfonos, los viajes espaciales, los antibióticos, las vacunas, los telescopios, la anestesia general, el saneamiento de las ciudades, la depuración del agua, las radiografías, las resonancias, los rascacielos, los aviones, los trenes, el cine, las fotografías, los ordenadores, y nuestra vida al completo, dependen de una ocurrencia de Galileo. Una ocurrencia en tres pasos para averiguar entre todos cómo funciona el mundo:


1.       Establecer una hipótesis plausible sobre un problema concreto. Por ejemplo: “yo creo que el agua estancada contiene unos animalitos minúsculos que causan enfermedades”. O: “yo creo que cuando un imán gira alrededor de una bobina se genera una corriente eléctrica”. O: “yo creo que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés”.


2.      Realizar experimentos para comprobar la veracidad o la falsedad de esa hipótesis.

3.      Publicar los experimentos para que cualquier otro los pueda reproducir, afirmar o refutar.

Y ya está. Qué tontería. Y gracias a eso, Y NADA MÁS QUE A ESO, la sociedad de 2020 es completamente distinta a la de 1700. Diré más. Si como por arte de magia pudiésemos trasladar un habitante del año 1 hasta el año 1700, apenas notaría diferencias en lo esencial de la vida: se adaptaría sin problema. Pero si trasladásemos a un habitante del año 1700 al 2020, se moriría del susto. Literalmente.

Gracias al método científico tenemos herramientas para erradicar una pandemia, o para hacerla soportable: la del coronavirus, por ejemplo. Gracias a la ciencia no hay viruela. Gracias a la ciencia no hay leprosos en Europa (o son casos muy contados). Gracias a la ciencia, los pacientes VIH positivos ya no se mueren de SIDA, sino que llevan su enfermedad como los pacientes crónicos. Gracias a la ciencia, muchos cánceres se curan.

Y que después de 300 años de éxitos tenga uno que soportar lo insoportable, resulta estremecedor: la caída del modelo y la sustitución por la farsa, por la charlatanería, por la incultura, por el pensamiento mágico, por la vulgaridad, por el despropósito y por la democracia aplicada a la ciencia, donde el analfabeto opina sobre el coronavirus en igualdad de altavoces que el más docto catedrático de virología, y donde los tratamientos y las medidas de contención de una epidemia son a la carta.

Hay grupos organizados que parecen añorar la Alta Edad Media, aquella que tan magníficamente plasmó Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa”: con su mugre y sus hambrunas, con sus gentes muriéndose de peste o de viruela, con los libros encerrados en monasterios sin acceso para nadie, sin luz eléctrica, sin agua potable, sin nada.

Aunando esfuerzos, una mezcla infernal de terraplanistas, antivacunas, conspiranoicos, sectas satánicas, neonazis, adoradores de ovnis, hedonistas ácratas, cazadores de masones, fetichistas de los porros, delirantes con el 5G, ecologistas que no han visto jamás una gallina e imbéciles con pedigrí, pululan en todas las redes sociales instaurando una nueva religión que, mucho me temo, está calando más de lo que imaginaba en una población carente de cultura y liderazgo. Eso no es nuevo. Tarados los hubo siempre. Pero médicos y biólogos liderando imbéciles acientíficos y abjurando de la ciencia para adquirir una fama pasajera, eso nunca lo viví. Y nunca pensé que mis ojos lo verían. Y nunca creí que los Colegios de Médicos, o de Biólogos, giraran la cabeza hacia otra parte y no alzaran su voz contra el medievalismo.

Que un grupo de 200 médicos se autodenomine “Médicos Por la Verdad”, ya es una ofensa gravísima para el resto de los médicos que ejercemos en España, que somos 160.000. Porque quiere decir, ni más ni menos, que los 159.800 médicos restantes que no estamos en la secta somos “Médicos Por la Mentira”. Y a mí no me llama mentiroso ningún hijo de la gran puta. Por mucho título que tenga.

Que se estén dando conferencias, y publicando libros (uno de ellos con seis ediciones en un mes), para afirmar que no hay pandemia, o que los individuos sin síntomas no contagian, o que esto es igual que una gripe, o que es preferible la experiencia personal a las publicaciones científicas revisadas por pares, o que el dióxido de cloro funciona contra el coronavirus, o que el dióxido de cloro no es tóxico, o que las vacunas que existen ahora provocan autismo, o que las vacunas llevan microchips para controlarnos, o que los aviones esparcen desde el cielo cristales para contagiarnos, o que no llevar mascarillas es un acto saludable de rebeldía, resultaría risible si no fuese mortal de necesidad, y si quienes defienden esas barbaridades fuesen mariscadores gallegos, aceituneros andaluces o pescadores cántabros, y no licenciados o doctorados por una Universidad.

Hace poco, sesenta imbéciles acudieron a Las Canarias para reunirse en una playa a contagiarse a propósito. Habían quedado por Internet. Y yo, desde mi muro, acuso a quienes deberían ser líderes sociales, y no lo son, de favorecer esos comportamientos criminales con sus discursos absurdos.

No es época de división, ni de actuar cada uno a su bola. Por desgracia, nadie lidera la crisis. Es evidente. Digo ningún político. El Gobierno Central ha dimitido de sus responsabilidades. Incluso tiene que sobornar a los autonómicos para que acudan a las reuniones. 17 Reinos de Taifas, 17 desastres organizativos. A cuál peor. Ni una puñetera norma en común. Ni un solo registro compatible. Y además de eso, por si fuese poco, una sarta de embusteros con el título de licenciado envenenan a la sociedad en lugar de aconsejarla, de guiarla, de cuidarla, prestándose a decir lo que muchos quieren escuchar, lo que ahora vende: que el coronavirus es un invento de las superpotencias para disminuir la población mundial, para enriquecer a las farmacias y para cargarse a los ancianos, pero que, sin embargo (y mira tú que curiosa paradoja), la tal pandemia no existe.

Compañeros médicos, biólogos, abogados, farmacéuticos y licenciados de toda clase y condición que habéis optado por llevarnos otra vez a la Edad Media: sois la vergüenza de la profesión, y no sois dignos de que os llamemos compañeros, y mucho menos científicos. Sois pocos, pero metéis mucho ruido y confundís. Sois pocos, sí. Pero mala gente. Y decís cosas por las que, de haberlas dicho en la Facultad de Medicina o de Biología cuando érais estudiantes, jamás habríais obtenido ese título del que ahora os valéis para vuestro propio beneficio. Un título del que, si de mí dependiera, seríais desposeídos de inmediato. Lástima que no se pueda.

Podría elegir muchas estupideces de las que defendéis, muchas barbaridades solemnes, pero me centraré en una sola, que en vuestra boca merecería la cárcel: “las personas sin síntomas no contagian”. Cagoentóloquesemenea. ¿Dónde estabais el día que explicaron la tuberculosis, o el SIDA, o la varicela? ¿No contagian los VIH positivos a pesar de estar asintomáticos? ¿No hay tuberculosos bacilíferos sin síntomas de enfermedad? ¿No se contagia la varicela desde pacientes en fase prodrómica? En fin. Mejor callar, que me van a estallar las meninges.

Sois líderes que habéis elegido no serlo para convertiros en bufones. Y eso, en época de zozobra, no tiene perdón de Dios. Ojalá se os seque la yerbabuena.

Ah. Y otra cosa. Mis señas las di al principio. A ver si tenéis cojones para meteros conmigo. Cojones, digo; ya que neuronas… las justitas pa beber sin ahogarse.

Cagoentó.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz

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Médico del Servicio Andaluz de Salud.

Colegiado en Málaga 4787.

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viernes, 11 de septiembre de 2020

Esto no es un chiste. Esto es todo un tratado de filosofía contra los intereses de los trabajadores que constituimos la inmensa mayoría de la sociedad, que los trabajadores no nos hemos aprendido todavía.

 


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Explíqueme. Explíqueme usted que entiende de esto, porque yo no logro enterarme de la misa la mitad: ¿por qué siempre las políticas más sangrantes y más perjudiciales para las clases trabajadoras las han realizado gobiernos con el envoltorio de izquierdas? Es cierto que siempre tras abrir el melón del machaqueo a los derechos de los trabajadores por parte de un gobierno empapelado de izquierdas sigue el destrozo del melonar completo a manos de los representantes formales del capital. La pregunta es, ¿cómo un supuesto gobierno de izquierdas al que algunos califican de social comunista (y mis cojones treinta y tres) puede quitarle a los trabajadores uno de los instrumentos necesarios para salir de las penurias, como puede ser una banco público? ¡Ah!, ¿que no es oro todo lo que reluce ni suficiente llamarse de izquierda para serlo? O sea, que no tenemos un gobierno de izquierdas. Si es así la cosa. Sobran ya palabras, no podemos perder tiempo, porque la que se avecina es gorda, y empecemos por ver que podemos hacer los trabajadores, que sencillamente, es todo. Pero claro, con el desmodorre previo.

 

FUSIÓN CAIXABANK / BANKIA,

 ¿FINAL DE LAS ESPERANZAS DE 

UNA 

BANCA PÚBLICA?

 

Ignacio Muro

Sociología crítica

05.09.2020

 Fuente: Economistas frente a la crisis

 Un gobierno de izquierdas va a tener la responsabilidad de aprobar una operación que puede acabar definitivamente con la posibilidad de una banca publica, justo en un momento en que el papel de lo público para definir e impulsar sectores estratégicos se considera esencial, justo en el momento también en el que el Estado debe aumentar su capacidad de intervención si quiere impulsar las transiciones tecnológicas y medioambientales que España necesita.

 De aprobarla sin encontrar una fórmula que garantice la defensa del interés general debilitaría la posición del Estado, al cambiar una participación de control en un gran banco por una participación minoritaria, que no alcanza capacidad de control, en otro mayor.

 Con ello confirmaría una lógica que ya ha tenido un antecedente incomprensible. Y es que, controlando el 62% del capital social de Bankia a través del FROB, no se entiende que no haya ejercido el poder que le corresponde cuando necesitaba un banco público con red suficiente para garantizar una gestión rápida de los programas de avales y subvenciones, y que se haya “olvidado” de utilizarlo como palanca ante las evidentes dificultades del ICO.

 Una fusión bancaria que podría ayudar a impulsar sectores estratégicos.

 El gobierno va disponer de 140.000 M€ dirigidos a nuevos sectores estratégicos procedentes de la UE. Su reparto, decidir en donde y cuanto se invierte en cada proyecto, se convierten en la operación más importante de las últimas décadas y marcará el devenir del modelo productivo.

 Pero no solo es el reparto. Se necesita de actores profesionales capaces de canalizarlos y gestionarlos y, en particular, se necesitan actores financieros que asuman roles concretos. Italia lo acaba de demostrar en una operación en la que ha utilizado la Caja de Depósitos y Préstamos (CDP), banca semipública italiana, para impulsar el 5G y extender la fibra óptica a todo el país en una alianza con TIM, la antigua compañía telefónica estatal, privatizada en los años noventa.

 El Estado español no está inerte ante esos retos. Tiene capacidad para condicionar su aprobación blindando su participación en el banco resultante mediante cualquier fórmula que garantice un papel relevante en la definición de la política crediticia a favor de los sectores estratégicos así definidos. Si no se aprovecha esta oportunidad la capacidad para impulsar un actor financiero público se habrá diluido para siempre jamás.

 Paradójicamente CaixaBank conserva una buena parte de las participaciones industriales de la antigua Caixa, ahora concentradas en Criteria. Hasta el punto que su valor representan un 46% del grupo Fundación Bancaria La Caixa, mientras que el negocio bancario en sí, antes de la fusión anunciada, solo pesa un 34%, por un 23% del negocio inmobiliario.

 Por tanto, la operación era una oportunidad para incidir de alguna forma en el dibujo de la nueva política industrial española, bien representada en las empresas participadas en Criteria. El holding industrial estaba especializada en redes de servicios de alto valor, principalmente, infraestructura de gas (Naturgy), telecomunicaciones (Cellnex y Telefónica), de movilidad (Saba Infraestructuras), de tratamiento aguas y residuos (Aigües de Barcelona y Suez) y de sanidad privada (Vithas).

 


La fusión aumenta un fenómeno ya preocupante de exclusión bancaria

 Desgraciadamente esta oportunidad lleva todos los visos de perderse, con lo que aparecen otras consecuencias negativas derivadas de la previsible desaparición de muchas de las 6.600 sucursales de las entidades fusionadas.

 El aumento de la concentración en el sector bancario español y como consecuencia, el aumento de la exclusión bancaria para los usuarios de buena parte de la España vaciada, sin acceso a sucursales bancarias cercanas, será un daño colateral difícil de digerir por un gobierno de izquierdas.

 El punto de partida es ya preocupante. En un informe realizado para Funcas en 2016, Joaquín Maudos, afirmaba que en 21 provincias, casi la mitad de las existentes, la concentración sobrepasaba umbrales que en otros países se consideraban preocupantes. Y que en 9 de ellas, casi todas ellas marcadas entre las “más vaciadas” (Cantabria, Cuenca, Salamanca, Segovia, Tarragona, Teruel, Zamora y Melilla) tres bancos concentraban más del 70% de la actividad financiera.

 En aquel momento, la cuota de mercado, de los cinco mayores bancos era en España del 58%, una concentración que superaba con creces el 39% existente en el Reino Unido, el 41% de Italia y el 48% de Francia y casi duplicaba el 32% existente en Alemania.

 Tiene gracia que la fusión que ahora se contempla y que va a acentuar los fenómenos de exclusión financiera corresponda a la herencia de las dos mayores cajas de ahorro hoy bancarizadas, mientras la mayor competencia en Alemania surja del peso que conservan las cajas de ahorro regionales y locales, las landesbanken y sparkassen, que, allí sí, pudieron mantener su existencia.

Con ello se culminaría una operación (la privatización de las Cajas) que un informe de CCOO calificó, utilizando una terminología muy gráfica, la mayor desamortización de bienes sociales de toda nuestra historia.

 El discutible gobierno de Goirigolzarri

 El tercer factor asociado a la fusión es su oportunidad como tabla de salvación de un equipo directivo, capitaneado por Goirigolzarri, que ha destacado por dirigir durante ocho años un gran banco que ha perdido valor en los mercados en mucha mayor dimensión que la media del sector. Así lo señalaba mi compañero de EFC Jose Manuel Gomez de Miguel en un reciente artículo en el que apuntaba que, desde comienzos de 2015, la acción de Bankia ha perdido el 80% de su valor frente al 65% de media del sector. Aún más: si elimináramos los últimos meses asociados al coronavirus, la situación sería todavía peor pues Bankia ha perdido el 57% de su valor frente al 26% de la media del sector.

 La dudosa gestión de los gestores se puede medir también en su incapacidad para cumplir los objetivos de su propio Plan Estratégico, de los que ya se encontraban muy alejados. La razón central es que Bankia sigue manteniendo en cartera un elevado nivel de activos improductivos y préstamos dudosos.

 La singularidad de esta gestión es la absoluta libertad con la que se ha producido. Y es que la participación del Estado en Bankia la detentaba el FROB, organismo encargado del saneamiento y resolución de bancos, y no la SEPI, encargada de gestionar las participaciones empresariales del Estado y controlar a sus ejecutivos. Significa que Goirigolzarri es el único CEO que ha gobernado una banca, con un accionista ausente,  cuyo único mandato era deshacerse de su participación, desinteresado de marcar directrices de actuación ni siquiera en un contexto de crisis aguda que ha necesitado como nunca de una red que acercara la banca a los usuarios.

 


Pues bien, esa misma persona es la llamada para dirigir la fusión como presidente del mayor banco del país y, por lo tanto, de una dimensión que lo coloca en los niveles de banco sistémico,  “demasiado grande para caer”, una condición que tendrá que aprobar el FSB (Consejo de Estabilidad Financiera) y, que de ser aprobada, pasará a ser controlado directamente por Banco Central Europeo (BCE) a través del Mecanismo Único de Supervisión. De modo que tenemos un gestor santificado y salvado por la operación que ha pilotado.

 ¿Dónde se ubicará su sede? La pelea va a reverdecer las tensiones de los partidos nacionalistas “con Madrid” en un momento político en el que se dilucida la aprobación de los presupuestos.

 Resumiendo. Casi, casi se podría decir que la operación pareciera diseñada como un torpedo en la línea de flotación de las alianzas que soportan al gobierno.

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jueves, 10 de septiembre de 2020

Por el pájaro en mano y no los cien volando los conoceréis. Se comunica que el tenor de las siguientes líneas por su fuerte contenido en el concepto de clase social puede herir la fibra sensiblona de los más prístinos espíritus de aquellos creyentes laicos que permanecen en la santa creencia de que la política la hacen los jefes de filas y no los trabajadores, por lo que se les ruega pongan punto final a la lectura de estas líneas en este punto, al expresar el autor de las mismas su declinación respecto a cualquier tipo de responsabilidad por los posibles desperfecto o meneos ideológico que las mismas pudieran causar. Las planas mayores del PSOE y Unidas Podemos, como de cualquier otra organización política, separadas de sus bases, que es como actualmente se encuentran, no pueden tener más comportamiento que el de servir de base a los intereses de los grandes capitales en perjuicio de los intereses de las clases trabajadores y de las clases sociales menos pudientes. Lo que no quiere decir que de cuando en cuando no suelten alguna que otra frase que, sin embargo, inmediatamente se al comen los hechos y deja de ser escuchada. En el caso concreto de Podemos, que se menciona expresamente por el ser partido que más expectativas esperanzadoras levantó para todas las clases sociales explotadas por el capital levantó hace solo unos cuantos años, sin la existencia real de los Círculos, que eran su seña de identidad, en los que discutir problemas concretos y acordar democráticamente propuestas concretas para solucionarlos, se convierte en lo que hoy es: una bartoleta política, exactamente igual de las que eran criticadas, acertadísimamente, al principio de su existencia. Hay que hacer que los Círculos funcionen. Esto que se hace extensible tanto al PSOE (no a su cupular plana mayor) y a Izquierda Unida (no a su cupular plana mayor) por ostentar en el gobierno la denominación de izquierda, es lo único válido para hacer frente al nuevo peñascazo que los grandes grupos del capital nos van a dar en mitad de la frente a las clases trabajadoras y constituirá el mejor antídoto para el avance del nuevo fascismo que nos anuncia especialmente VOX (Sus jefes visibles) actuando como artista invitado la plana mayor de los corruptos jefes del PP, siendo colaborativa también, pero como aprendiz de artista, Ciudadanos, y la subsiguiente caterva de mercenarios de la prensa, radio televisión, colaboradores necesarios para la comisión del crimen.

 

Como Zapatero y Rajoy, el gobierno Sánchez-Iglesias apunta a las nóminas de las y los funcionarios

 


KAOSENLARED

Por Izquierda Diario 

Publicado el Sep 10, 2020

 

El gobierno “progresista” sigue tirando de las recetas neoliberales de siempre. Si este miércoles se conocían los planes del ministro Escrivá para alargar la edad de jubilación real, el jueves se lanzaba un globo sonda desde Moncloa sobre la posibilidad de congelar los sueldos a los trabajadores públicos en 2021.

El tijeretazo a las nóminas afectaría, entre otros, a muchos de los trabajadores y trabajadoras de primera línea que se han dejado la piel, y siguen haciéndolo, en la lucha contra la pandemia. Las y los sanitarios, o el personal docente y no docente que está tratando de garantizar una vuelta al cole segura a pesar de la negativa de ministerios y consejerías del ramo a dotar del personal, los espacios y los medios necesarios.

No es nuevo esto de ajustar por las nóminas de los funcionarios. Fue una de las primeras medidas del ajuste de Zapatero en 2010, con una rebaja de entre el 5 y el 7% de las retribuciones para seguir pagando los intereses de la deuda generada en el rescate de los capitalistas de 2008 en adelante. Rajoy ahondó en esta dirección quitándoles directamente una de las pagas extras de 2012.

Que el PSOE apueste por esta vía no es nada nuevo. Más vueltas discursivas tendrán que dar los ministros y ministras de Unidas Podemos para explicar su apoyo a este ajuste salarial, así como a otras medidas en cocina como el ya mencionado “pensionazo” de Escrivá.

El posible congelamiento estaría incluído en los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Unas cuentas que se están ya negociando con la derecha cool de Ciudadanos y que tienen que ser del agrado también de la UE para que facilite el acceso del Estado español al fondo de rescate europeo.

El coste de mantener la subida prevista en los sueldos de los funcionarios – un miserable 2%- sería de en torno a los 3 mil millones de euros. Menos que lo entregado a la industria del automóvil en los últimos meses, que asciende a los 3.750 millones. El gobierno “más progresista de la historia” tiene claras sus preferencias.

Mientras tanto las direcciones sindicales de CCOO y UGT “ni están, ni se les espera”. Enfrascadas en mesas de diálogo y negociación, siguen dejando pasar la catarata de cierres y despidos que empieza a profundizarse, y sobre todo, sin mover un dedo para ponerle freno al curso cada vez más neoliberal de “su” gobierno.

Pelear, exigirles e imponerles el abandono de esta política criminal, a la vez que se prepara una respuesta desde los centros de trabajo a la agenda de ajuste que se está preparando, es una tarea clave de los sectores combativos de los grandes sindicatos, junto a la izquierda sindical, movimientos como las mareas de pensionistas y la izquierda anticapitalista.

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Los trabajadores españoles, gracias a que no sabemos muy bien lo que hacemos, pagamos a los ejércitos de la OTAN todos los años más del 1,5% de toda la riqueza producida durante un año, que viene a ser unos 18 mil millones de euros. Los resultados más presentables y “humanitarios” en los que participa la OTAN a través de diferentes mecanismos son los de entre 37 y 59 millones de personas que tiene que salir corriendo de sus casas, por supuesto, si no las han matado antes, porque si las han matado pasan a engrosar la larga lista de las personas que han sido pacificadas y democratizadas por la OTAN. Ya saben, aquella OTAN del PSOE de Felipe González que era de entrada NO. Pero, María Manuela, ¿Me estás escuchando o no?

 

La guerra de EE.UU. «contra el terror» deja al menos 37 millones de desplazados

 

Por David Brooks / EE.UU

Rebelion

10/09/2020 



Fuentes: La Jornada -Imagen: 13.000 sillas en el Parlamento alemán que simbolizan a los refugiados que sufren hacinamiento. AFP.

Entre 37 y 59 millones de personas han sido desplazadas por la llamada guerra global contra el terror de Estados Unidos desde 2001 al presente, más que en cualquier otra guerra o desastre a lo largo del siglo XX con la excepción de la Segunda Guerra Mundial– de acuerdo con una nueva investigación del Instituto Watson de la Universidad Brown presentada ayer.

La cifra podría elevarse hasta 59 millones, la más alta de cualquier otro conflicto bélico, con excepción de la Segunda Guerra Mundial

La investigación del reconocido proyecto Costos de Guerra calcula que por lo menos 37 millones de personas huyeron de sus hogares en las ocho guerras más violentas lanzadas por Estados Unidos, o en las que ha participado, desde octubre de 2001, cuando lanzó la primera de éstas contra Afganistán y después la invasión a Irak en 2003.

“Al final, desplazar a 37 millones –y tal vez hasta 59 millones– presenta la interrogante de quién tiene la responsabilidad de reparar los daños padecidos por los desplazados”, afirma el informe titulado «Creando refugiados: desplazamiento causado por las guerras pos-11/S de Estados Unidos».

El reporte afirma que los desplazados –aquellos obligados a abandonar sus hogares para buscar refugio en otros países o ser desplazados internos dentro de su propio país– como resultado de las guerras realizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos desde 2001 superan por mucho los provocados por cualquier otra guerra o desastre desde 1900, a excepción de la Segunda Guerra Mundial.

El número total es equivalente a hacer huir de sus hogares y tierras a casi toda la población de Canadá o toda California.

Los desplazados, combinando refugiados que salieron del país y los internos en Afganistán son por lo menos 5.3 millones (26 por ciento de la población antes de la guerra), en Irak alcanzan 9.2 millones (37 por ciento de la población), en Siria, 7.1 millones (37 por ciento), Pakistán 3.7 millones, Libia 1.2 millones, Yemen 4.4 millones, Somalia 4.2 millones y Filipinas 1.7 millones.

Cualquier número es limitado en reflejar el daño del desplazamiento. Las personas detrás de las cifras son difíciles de ver, y los números no pueden comunicar cómo se puede sentir uno al perder su hogar, sus pertenencias, su comunidad y tanto más. El desplazamiento ha causado daño incalculable a individuos, familias, pueblos, ciudades, regiones y países completos de manera física, emocional y económica, afirman los investigadores.

Estos números son sólo los de las ocho guerras más violentas, ya que las fuerzas armadas de Estados Unidos han participado en conflictos armados en por lo menos 24 países desde 2001.

El proyecto Costos de Guerra también calcula de manera constante los costos humanos y económicos de las guerras estadunidenses posteriores al 11/S. Las tabulaciones más actualizadas (noviembre 2019) registran entre 770 mil y 800 mil muertos por violencia directa de las guerras en Afganistán, Irak y Paquistán, incluidos unos 335 mil civiles y 536 periodistas o trabajadores de medios. Un número aún superior pero no contabilizado ha perecido por consecuencias indirectas de estas guerras.

Más de 7 mil combatientes estadunidenses han perecido en esas tres guerras, y cientos de miles más han sido heridos a lo largo de los últimos 19 años.

Desde 2001 hasta el año fiscal 2020, el gobierno de Estados Unidos ha dedicado 6.4 billones de dólares a las guerras en Afganistán, Paquistán e Irak.

El presidente George W. Bush anunció su guerra global contra el terror poco después de los atentados de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, y ahora es la guerra más larga en la historia del país.

Washington está por iniciar el vigésimo año de su llamada guerra contra el terror, el 7 de octubre, cuando inició sus operaciones bélicas en Afganistán.

Para consular la investigación y otros datos: https://watson.brown.edu/costsofwar/

Foto de portada: Activistas colocaron 13 mil sillas frente al Parlamento alemán el lunes pasado, en una acción sobre el campo de refugiados de Moria, en la isla de Lesbos. La protesta fue organizada por las ONG Sea-Watch, Campact y LeaveNoOneBehind. Las sillas simbolizan a la misma cantidad de personas que viven en condiciones sanitarias catastróficas en el campamento que estaba preparado para recibir a poco menos de 3 mil migrantes. Foto Afp.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/09/09/mundo/027n1mun

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No piense por usted mismo, por favor. Pensar puede afectar a la salud. Si usted se pone a pensar a la buena de Dios, a lo que se le ocurra, podría afectar a mi salud y, sobre todo a mi bolsillo, porque si usted se pone a pensar por su cuenta junto a otros como usted, pues que a lo mejor yo me tengo que poner a trabajar rompiendo todos mis hábitos de vida y costumbres y tendría que dejar de telemendenguear, que es de lo que yo vivo y me enriquezco, del telemendengue, cuestión que no le voy a explicar, porque si lo hiciera afectaría mi seguridad. Así que no se le ocurra pensar que a mí no me conviene. Estamos en la Nueva normalidad, así como yo soy San Juan Bautista. Nueva normalidad que mi trabajito me ha costado inventar. No se crea que una nueva normalidad la crea y la dirige el primero que llega, porque exige mucho tiempo de espionaje a través de los móviles, del Facebook, de los bulos que hay que lanzar, de las muchas encuestas que hay que realizar sobre aspectos y cuestiones que el encuestado jamás imaginaron, para recoger toda la información que a mí me hace falta para ver cómo se comporta el personal y como se podría llegar a comportar, cuando yo lance la idea de que la triangular inversa de la bisectriz de un ángulo, pero si ángulo, sometida a la fuerza centrípeta de un centro chut de allá que te va, lanzado en condiciones normales de un primer día primaveral de cualquier primavera, viene a ser la mitad del precio de un cuarto de mortadela, de donde se deduce que aquí el que dice lo que se tiene que pensar, o mejor, lo que no se tiene que pensar o, más en concreto, lo que usted tiene que hacer (y váyaseme acostumbrando a que a no tardar usted va a tener que trabajar por la comida, que así vamos ganando tiempo) soy yo. Y ya está bien de tanta explicación. No me haga perder más el tiempo diciendo esto y lo otro, no sea que yo siga diciendo tonterías y usted caiga en la cuenta de que estas tonterías al que le interesan es a mí y que usted va a empezar a pensar lo que a bien tenga y a mí que me vayan dando pro donde amargan los pepinos, en cuyo caso yo solito vendría a arruinar mi propio negocio que consiste en que usted no tiene por qué pensar en nada, que para eso estoy yo. Y, para que se vaya enterando, la noción de la Nueva normalidad ya me la tenía inventada yo antes de la pandemia del coronavirus. Qué, ¿cómo se le ha quedado el cuerpo? Es más, ya me tengo creado el concepto de post virulichupi novet tatión situacional de rumbo y tronío, para cuando se demuestre que lo de la Nueva normalidad viene a ser, si se mira bien, caca de la vaca. Pero esto de momento que quede entre nosotros. ¿O no ve usted que las palabras no pueden cambiar la naturaleza de los hechos? Pues, eso. Ya está bien de tontadas. Vamos al lío.

 


https://es.unesco.org/campaign/nextnormal

La UNESCO se fundó tras la Segunda Guerra Mundial con la convicción de que un conflicto sin precedentes podría dar lugar a un mundo mejor y más unido. Dado que las guerras comienzan en la mente de los hombres y las mujeres, es en la mente de los hombres y las mujeres donde debe construirse un mundo mejor, argumentaron los fundadores de la Organización. Esta idea es más pertinente que nunca, ya que los países empiezan a salir de la crisis mundial de COVID-19, la cual ha puesto en tela de juicio nuestras prioridades, nuestros modos de vida y el funcionamiento de nuestras sociedades.

Personas de todo el mundo mostraron su solidaridad durante la emergencia sanitaria y vieron cómo una mayor cooperación puede ayudar a construir un futuro mejor. Pero a medida que comenzamos a salir de la pandemia, tendemos a olvidar las lecciones que aprendimos y "volvemos a la normalidad", sin tener en cuenta el impacto de lo que consideramos normal para el medio ambiente, la economía, la salud pública y nuestras sociedades.

La UNESCO lanza una campaña mundial para poner en cuestión nuestra percepción de la normalidad. La película de 2,20 minutos no necesita argumentos complejos para hacerlo. Simplemente presenta información objetiva sobre el mundo antes y durante la pandemia. En conjunto, estos hechos invitan a los espectadores a reflexionar sobre lo que es normal, sugiriendo que hemos aceptado lo inaceptable durante demasiado tiempo. Nuestra realidad anterior ya no puede ser aceptada como normal. Ahora es el momento de cambiar.

Como agencia intelectual de las Naciones Unidas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera que la necesidad de un cambio duradero debe arraigarse en los corazones y las mentes de las personas de todo el mundo antes de que pueda hacerse realidad.

La campaña forma parte de un esfuerzo más amplio de la UNESCO para reflexionar sobre el mundo del mañana, en particular a través de la iniciativa del Foro de la UNESCO, un laboratorio de ideas que reúne a destacadas pensadoras, el movimiento Resiliart, una serie de mesas redondas sobre el futuro de la cultura y las industrias culturales, la Red de Alfabetización del Futuro, así como el programa Los futuros de la educación y las recomendaciones mundiales sobre la Ciencia Abierta y la ética de la Inteligencia Artificial. Se trata de cuestiones importantes en las que la UNESCO empezó a trabajar mucho antes de que la pandemia las pusiera en el centro de atención.

 

La UNESCO invita a los medios de comunicación y a los líderes de opinión a compartir la campaña "La nueva normalidad", creada por la agencia DDB de París, disponible a partir del 25 de junio de 2020.


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miércoles, 9 de septiembre de 2020

¿Nueva normalidad?... Yo, muy bien, gracias, y ¿usted cómo está? No hay ninguna nueva normalidad. La nueva normalidad es el misterio de la Santísima Trinidad laico, pero que a diferencia de la Santísima Trinidad que no la entiende ni el que la inventó, porque sus componentes: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo son tres misterios que hay que esperar a ver si Dios lo entiende y nos lo explica a los demás, a los que somos cortitos. En cambio el misterio de la Nueva normalidad si puede ser entendido, porque las tres partes que lo componen: la estructura económica; la estructura política y la estructura económica no tienen nada de misteriosas y por ello pueden ser entendidas. Y entendidas estas tres partes se puede ya comprender el verdadero Dios entero y verdadero que es el modo de producción capitalista, ante el cual se inclina y queda sometido cualquier otro Dios entero verdadero, único y demás. Podemos decir entonces, que la Nueva Normalidad son las condiciones de vida que nos imponen la economía, el modo de producción capitalista, a raíz de la crisis de 2008 (que ni hemos superado ni vamos a superar dentro de los parámetros capitalistas, como se viene poniendo en evidencia desde 2008: empeoramiento paulatino de las condiciones de vida para cada vez más personas), por lo tanto, no representa ninguna novedad, si se tiene en cuenta que esa denominación lo único que encierra es la alienación social y personal impuesta por el capitalismo que ahora se intensifica, y que al intensificarse se intensifica y se amplía simultáneamente el empeoramiento de las condiciones de vida para cada vez más gente. A mí esto me gustaría poderlo escribir con letras mayúsculas para que se pudiera ver mejor, pero más claro yo ya no soy capaz de decirlo. El burro es un ser casi perfecto porque únicamente tropieza dos veces con la misma piedra, y el gato, que para el caso viene a ser mucho más avispado que un lince, como una vez lo escaldaron con agua caliente, ahora huye incluso del agua fría, con lo que pone de manifiesto su portentosa agilidad mental. Pues, por nuestro bien, por lo menos para el bien de los trabajadores, tenemos que empezar a huir de cualquier líder más que el gato del agua fría. Y el procedimiento no es demasiado difícil ni complejo, con que nos empecemos a hacer preguntitas para intentar encontrar respuesta ya es suficiente. ¿Que no se encuentra la respuesta a la primera? ¿Y, qué?, si no entramos la respuesta de forma inmediata. Ya la encontraremos. Queridos, que Zamora no se hizo en una hora. Y el sartenazo que nos van a plantar en mitad de la cara y parte de los riñones con la “Nueva normalidad” no es cosa mía. Así, que: ¡miau!, y pies para que os quiero.

 

¿Qué significa la “Nueva normalidad”?: El análisis de tres académicos sobre cómo será la vida en sociedad post pandemia

Los especialistas en Ciencias Sociales y filosofía Eduardo Rinesi, Diego Singer y Natalia Romé reflexionan sobre las relaciones con los otros y la organización de la vida en el futuro

https://www.infobae.com/cultura/2020/07/06/que-significa-la-nueva-normalidad-el-analisis-de-tres-academicos-sobre-como-sera-la-vida-en-sociedad-post-pandemia/

6 de Julio de 2020


Eduardo Rinesi, Diego Singer y Natalia Romé (Youtube)

A medida que la crisis sanitaria motoriza la gestión de otros modos de vinculación, con barbijos y distancia social, y lleva a imaginar lo que muchos han llamado “nueva normalidad”, los especialistas en Ciencias Sociales Eduardo RinesiDiego Singer y Natalia Romé trazan algunas ideas sobre las relaciones con otros y la organización de la vida en un futuro cercano, no tanto como resultado de la pandemia sino por lo que ella mostró: la fragilidad humana, en un mundo peligrosamente desigual.

En estos días circula el concepto de nueva normalidad como un intento por ordenar una posible forma de habitar la vida en sociedad y para el filósofo Diego Singer se trata de una idea “muy sugestiva” porque “a pesar de su intención conservadora, pone en evidencia la capacidad de transformación que alberga toda comunidad”. Pero ¿qué implica este concepto y qué alcances puede tener también para pensar la manera de vincularnos con el otro?

“Se nos está diciendo -continúa Singer- que vamos a tener que adaptarnos a una serie de medidas de higiene y eso incluye renunciar a costumbres muy arraigadas, como compartir mates o saludarnos con besos y abrazos. Se espera que ese cambio ocurra ordenadamente, que nuestros cuerpos obedezcan, que se acostumbren, que la distancia haga cuerpo. Esa capacidad para transformar el conjunto de hábitos corporales que somos es más fundamental de lo que creemos”.

¿Por qué? Porque para el autor de Políticas del discurso “nuestras ideas o convicciones muchas veces no son más que resultados de determinado tipo de comportamientos. ¿Qué sucedería si en lugar de adaptarnos pasivamente, esa potencia de transformación pudiera crear otras normalidades y otras formas de resistir a las normas imperantes?”, se pregunta.

Para Rinesi, “cuando se habla de nueva normalidad se hace alusión a lo que va a pasar cuando esto alcance su famoso pico o baje y volvamos a salir, la pregunta es qué tanto de normalidad vendrá después de esta anormalidad tan grande” y afirma que “la pandemia no tiene nada de normalidad, nuestras vidas están totalmente alteradas”.

En ese escenario, el autor de libros como Buenos Aires salvaje o Las máscaras de Jano destaca que una idea “bastante extendida” a raíz de esta crisis sanitaria es que “deberemos tener un Estado mucho más presente en nuestras vidas que lo que formaba parte del sentido común antes de esta situación de emergencia” pero “la demanda de Estado no nació en la Argentina con esta pandemia, ni por parte de los sectores más desprotegidos ni por parte de los sectores sociales más ricos que vienen demandando Estado desde el comienzo de los tiempos”

Al Estado, argumenta Rinesi, “lo demandaron para hacer la campaña del desierto, para sostener sus industrias sin invertir un peso, lo demandan hoy para que rescaten sus empresas”.

Por lo tanto, remarca que “decir que la nueva normalidad será con más Estado es meternos en una zona de mucha discusión porque la cuestión es al servicio de los intereses de qué sectores sociales debe estar” y se anima a plantear que ese Estado tiene que estar “a la altura de la aparición en la escena mundial de la comprensión de que el problema que aparece con la pandemia excede los límites de los Estados nacionales porque tienen que ver con la estructura económica misma del mundo”.

“Necesitamos un tipo de Estado organizado en función de la necesidad de atender problemas que los exceden y requieren la construcción de una opinión pública mundial capaz de intervenir en estas discusiones que, de otro modo, tienen a gran parte de la sociedad como espectadora de decisiones que toman unos pocos”, indica el exrector de la Universidad de General Sarmiento.

Natalia Romé (Youtube)

¿Cuánto de nuevo nos plantea este escenario? ¿Cómo nos adaptamos a él? Para Natalia Romé, Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, “pareciera que sostener esa ‘normalidad’ del aquí y el ‘ahora’ es mucho más urgente y factible, antes de imaginar una suspensión o un corte en el presente”.

“Nos contamos que se debe a la ‘excepcionalidad’ de la pandemia, pero creo que esa ‘decisión’ de no imaginar el futuro, de no pensar las consecuencias de muchas decisiones que hoy tomamos no difiere de aquella que hace posible que los pueblos acepten endeudamientos impagables y condenatorios, a cien años. Creo que es una marca de nuestra época y que la ‘excepcionalidad’ de la pandemia es demasiado normal y encuentra las respuestas menos excepcionales todavía”, reflexiona.

En esa línea, la autora de Semiosis y subjetividad sostiene que “eso que llamamos neoliberalismo ha reconfigurado las fronteras entre normalidad y excepción, al hacer de la crisis una nueva forma de normalización”.

 

¿De qué manera? A través de “la instrumentación del shock económico y financiero y del terror político que se han instalado de modo permanente, al punto de que la ‘normalidad’ misma toma la forma de una suerte de economía de la crisis, un ‘saber hacer’ en la incertidumbre y una tendencial pérdida de la capacidad de asombro”.

“Si una ‘novedad’ cabe esperar en este marco es la de la decepcionante y nada épica normalización del apocalipsis. Más todavía, podría pensarse que el apocalipsis, con todo lo que tiene de escenográfica interrupción, funciona como una especie de la fantasía social dominante. Es como si, de alguna manera estuviéramos todos esperando un apocalipsis que no llega, y en el ‘mientras tanto’, nos vamos acostumbrando a una barbarización de nuestra cultura, de nuestras formas de vida que son en sí mismas bastante insoportables”, reafirma.

Fuente: Télam

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