miércoles, 12 de agosto de 2020

Para no tener miedo hay que espantar a la ignorancia, para lo que no hay nada mejor que los libros; el abrir los ojos; el empezar a hablar con todo aquel que viva o haya vivido de su trabajo y con los que serán trabajadores para determinar de qué parte llega el viento y tratar a Cristo Bendito y a María Santísima de Tú



Prólogo del libro Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI
Un antídoto contra el miedo

Rebelion 
| 11/01/2019 | 
Fuentes: La Tizza
Este texto se publica con la amable autorización de la Asociación Paz con Dignidad
«Un antídoto contra el miedo». Así define el conocimiento Sil­via Federici (2017). Y un antídoto contra el miedo es este libro [1]. Aunque, de primeras, al ir leyéndolo, al acabar de leerlo, pueda parecer lo contrario. Nos obliga a ver el asedio al que están some­tidas nuestras vidas por la rearticulación de la cosa escandalosa que habitamos y, más en concreto, por la nueva oleada de tratados co­merciales. Y saber esto, por supuesto, amedrenta. Pero no paraliza: nos carga de fuerzas motivos para construir un algo diferente. Este trabajo amplía el «marco de lo posible», precisamente porque cuestiona el marco al que nos constriñe el sistema hegemónico. La confianza cambia de bando: de una confianza ciega y suicida en la continuidad de lo ya conocido, a la firme creencia en que las cosas pueden ser distintas. Y es que «nos jugamos demasiado, nos jugamos la vida» (Gil, 2016).[2] Por todo ello, la lectura de este libro es fundamental en el momento que atravesamos. A continuación se apuntan algunos de sus aportes más relevantes; nos hemos centrado en aquellos que resultan especialmente reseñables desde una mirada marcada por el feminismo.
Una urgencia histórica, vista desde la vida
Si somos capaces de salirnos de nuestro minúsculo espacio tem­poral (corto en tanto que vidas concretas, pero mucho más breve aun por la imposición de un cortoplacismo capitalista extremo); si logramos pensarnos como parte de una historia que viene de más largo que unos pocos años y va más lejos de otro puñado de años, podemos entender que estamos protagonizando la fase descendente de lo que en este libro se llama una onda larga capitalista. Si ampliamos aún más la perspectiva temporal, podemos ver que estamos presenciando el fracaso de un proyecto civilizatorio que tiene, cuando menos, quinientos años de recorrido. Eso significa que, aunque el próximo amanecer no nos vaya a mostrar un paisaje repentinamente destruido, sí estamos habitando un final; y un principio de un algo distinto. Sobre todo, estamos habitando una transición. Y esta se da en una situación de colapso ecológico y, por tanto, de emergencia planetaria. Una emergencia que, como dice Jorge Riechmann (2018), intelectualmente defendemos, pero que no llegamos a creernos: «No nos creemos lo que sabemos»; en parte, porque nos falta arrojo; en parte, porque carecemos de «com­prensión de las dinámicas que nos están llevando a la catástrofe».
A suplir esta doble carencia nos ayudan estas páginas. Y lo hacen afrontando un complejo reto: ver la crisis del capital miran­do desde la vida; entender en qué consiste la crisis para el poder corporativo (porque su proyecto surge precisamente del intento de afrontarla), sin pensar que esta sea nuestra crisis. Es la tensión que ya venimos tiempo nombrando: la dificultad de poner la sostenibilidad de la vida en el centro al mirar a un mundo donde son los mercados capitalistas los que están en el centro y es la vida la que está asediada. Así, este trabajo nos da herramientas para entender este momento crítico que enfrentamos (la transición ecosocial) mirando desde la sostenibilidad de la vida. Es un momento crítico para el poder corporativo, pero, sobre todo, es un momento crítico para la vida común. Más aún lo será si el poder corporativo logra completar su proyecto anti-crisis.
El poder corporativo enfrenta un grave y doble problema: la incapacidad del capital para seguir en una espiral creciente de negocio y el fin de la energía abundante y barata (entre otros límites biofísicos). Desde aquí, la pregunta que nos interpela no es si se abrirá una nueva onda larga de acumulación y de si esto puede hacerse en el marco de la crisis ecológica global. La pregunta que nos atraviesa es qué significa esto en términos de sostenibilidad de la vida: si nuestras vidas están sujetas a los mercados capitalistas, en la medida en que estos se hundan, nos hunden. Pero, si se recuperan, lo hacen a costa de nuestras vidas y del planeta; nos hunden definitivamente. ¿Cómo aprovechar su momento de ruptura para emanciparnos, para construir so­beranías sobre la vida colectiva?
Y es que, mirando desde nuestro terreno, el de la vida, y no desde el suyo, el de los mercados, vemos que lo que está en crisis es la vida misma, que esta crisis es multidimensional (ecológica, de reproducción social, política y de sentido ético) y que se enmarca en el fracaso del proyecto civilizatorio de la modernidad capitalista.
No es una crisis procedimental, es una crisis de los principios y objetivos hegemónicos: «Es el conjunto el que falla» (Fernández, Piris Rami­ro, 2013). Vemos también que el problema medioambiental no es resoluble con promesas de eficiencia energética, desmaterialización de la economía cantos adormecedores similares. El problema es cómo afrontar y, sobre todo, cómo distribuir el obligado decreci­miento en el uso de energía materiales y en la generación de resi­duos al que nos obliga el colapso: ¿será un decrecimiento impuesto a quienes tienen la huella ecológica de una mosca, o a los territorios del mundo y los sujetos sociales que viven-¿vivimos?-como si tuvieran otra ristra de planetas en la recámara?
La labor urgente que nos atañe a las perspectivas críticas (emancipadoras, en los términos de este libro) es mirar con va­lentía e intentar encauzar la transición: evitar que la manejen las actuales relaciones de dominación completando su proyecto, nueva oleada de tratados mediante. Y en esta labor colectiva se embarca de lleno este libro.
Desde la economía política, articulándonos contra el capitalismo y más
¿Cuál es el sistema que está en transición y que busca rearticularse? El autor nos habla del capitalismo, estrechamente aliado con «otros dos longevos sistemas de dominación: el heteropatriarcado y la colonialidad». En otros lugares ha usado la denominación de «sistema de dominación múltiple» para referirse a este régimen que es capitalista, pero también heteropatriarcal, colonialista, racista, ecocida… (por eso en ocasiones ironizamos y abreviamos hablando de esa cosa escandalosa). Y argumenta que en él hay una única vida puesta en la cúspide: la vida del BBVAh, sujeto definido por la intersección de esos sistemas de privilegio/opresión: el blanco, burgués, varón, adulto, hetero (y urbano). ¿Cómo abordar en términos analíticos y, sobre todo, políticos la complejidad de este sistema?
Este libro reclama la importancia de leer en clave de economía política y, desde ahí, se abre al diálogo con otras miradas hetero­doxas, ecologista y feminista entre ellas. Utiliza ese enfoque para identificar la dinámica básica de funcionamiento del sistema (la dinámica mercantilización-dominación-expulsión) y los modos renovados en que esta operaría de llegar a completarse el proyecto de rearticulación, merced a la nueva oleada de tratados.
Gonzalo Fernández nos habla del hilo de continuidad entre la mercantilización (la conversión de todo rincón de la vida en potencial nicho de negocio), la dominación (las dinámicas de pri­vilegio/opresión sobre las que se sostiene el negocio) y la expulsión (la exclusión y la aniquilación como modus operandi complemen­tario a la dominación). A diferencia de una mirada economicista, plantea leer este hilo de forma no «lineal y consecutiva», sino en clave «de relación multidireccional». Para poder pensarla así, incorpora herramientas que exceden a la economía en sí y que se abren a las dimensiones que en el libro se denominan política y cultural (además de introducir una lectura de la economía no encorsetada a lo mercantil, sino que avanza en la incorporación de las dimensiones económicas no monetizadas).
En otros términos, podríamos decir que busca entender la co-construcción permanente de las estructuras materiales (econó­micas y políticas, aquellas que organizan los recursos con los que sostenemos la vida y que establecen las decisiones sobre la vida en común) y las estructuras simbólico-discursivas (las culturales, que definen la idea misma de la vida, y de la vida que merece ser sostenida).[3] Si bien es cierto que en estas páginas comienza a ararse del hilo desde lo económico-material, no lo es menos que no se aplica una mirada de causalidad directa y unidireccional (lo económico como determinante de todo el resto) y, sobre todo, que no se hace de manera que queden cerradas otras entradas posibles, sino abriendo espacio para un diálogo con ellas.
Esta apertura es crucial para comprender el funcionamiento complejo de esta cosa escandalosa. Una cuestión clave es entender cómo la apuesta II [4] de «la ampliación de la frontera mercantil a escala global» va a transformar los sentidos comunes y, viceversa, cómo los sentidos comunes que demarcan la frontera de la mer­cancía van a condicionar esta ampliación.[5] Dicho de otra forma, cómo no puede haber apuestas económicas sin cambios culturales o cómo lo cultural condiciona lo económicamente posible.
Pero, especialmente, esta apertura es crucial en términos de lucha política. El mayor riesgo de una lectura lineal-riesgo en el que este libro no cae-es equiparar mercantilización con capitalismo y conflicto de clases; y dominación y expulsión con otros sistemas de jerarquización (básicamente, heteropatriarcado y colonialismo/racismo). Y entender que, o bien de la mercantilización y el capitalismo surgen las formas de dominación distintas a la de clase, o bien que estas se explican solamente por el rol que juegan en el capitalismo. De aquí se ha derivado una tendencia histórica a priorizar lo que se entendían como luchas por la redistribución (la lucha de clases) frente a las luchas por el reconocimiento (luchas identitarias, como la de género o por racialización), viendo estas segundas como derivadas o secundarias; o, peor aún, menospre­ciándolas al considerar que dividen a la clase obrera. En sentido opuesto, otra tendencia histórica ha sido desvincular las luchas por la redistribución del cuestionamiento del reparto de los recursos y, en sentido más amplio, del capitalismo. Creer, por ejemplo, que la no discriminación de personas LGTBI es posible sin cambiar las estructuras económicas profundas, y terminar de alguna forma defendiendo algún tipo de capitalismo rosa.
¿Cómo superar este impasse? En esta publicación se apuesta por recuperar la importancia crítica de la lucha anticapitalista de la clase trabajadora, y en concreto de la lucha contra la nueva oleada de tratados como «buque insignia» del capitalismo del siglo XXI. Pero lo plantea desde una comprensión renovada del capita­lismo, que lo entiende en su interacción con el heteropatriarcado y el colonialismo y que sitúa como conflicto angular el conflicto capital-vida (que incluye y desborda el conflicto capital-trabajo). La propia clase trabajadora es un sujeto político que se construye «vinculando agendas y sujetos en defensa de la vida, a la vez que excluyendo y señalando sin miramientos a los antagonistas que la ponen en peligro».
Podemos pensar el capitalismo como un conjunto de instituciones socioeconómicas (y, cada vez más, tal como este libro muestra, políticas) que permiten acumular poder y recursos en torno al BBVAh, la única vida que globalmente se impone como plenamente humana. Esta vida se garantiza a costa del ataque a la vida del planeta y del ataque a la vida común, materializado en ataques a las vidas concretas de virulencia radicalmente desigual según cuánto nos alejemos de ese BBVAh, llegando al extremo de la expulsión. Lo que se acumula en esta cosa escandalosa no es solo capital o renta, es también poder y prestigio; es todo aquello que dota de sentido pleno a la vida de ese sujeto erigido sobre el resto.
La mercantilización permite la dominación de una única vida (la vida del BBVAh, quien detenta el poder corporativo) sobre la vida del planeta y la vida común (lo que en este libro se denomina la vida de la «clase trabajadora»). Hay injusticia en la distribución de recursos con los que sostener la vida, pero también hay injusticia en el reconocimiento de cuáles son las vidas que merecen ser soste­nidas.[6] Esta disputa es lo que captamos con la noción, compartida por estas páginas, del conflicto capital-vida.
Desde aquí, podemos plantear que el esfuerzo ha de ser convertir toda lucha por el reconocimiento en una lucha por la redistribución y toda lucha por la redistribución en una lucha por el reconocimiento: por lo que peleamos es por reconocer que todas las vidas importan, y que importan igualmente en su diversidad; por tanto, todas han de acceder a recursos para sostenerlas y ninguna es sacrificable por otra superior. Esta com­prensión compleja del capitalismo tiene la potencia de articular luchas diversas sobre la base de problemas comunes, sin negar que nos afectan de forma desigual en función de nuestra posición en ese sistema de dominación múltiple y de nuestra lejanía al poder corporativo.
La espiral mercantilización-dominación-expulsión y la triple dimensión económica, política y cultural son los elementos que este libro aporta para comprender el funcionamiento complejo del sistema a partir del eje vertebrador del capitalismo y, sobre todo, para construir una «agenda emancipadora» que siga una «lógica inclusiva». Otros ángulos de entrada son posibles y necesarios, pero el que el autor nos da es imprescindible.
Huyendo de falsos debates: hay un proyecto
Este trabajo nos ayuda a esclarecer que el propio sistema quebrado está recomponiéndose, tiene lo que Gonzalo Fernández denomina «el proyecto del capitalismo del siglo XXI». Cierto es que este «no es homogéneo», sino que tiene agendas «en disputa». De esta forma, encontramos la versión seductora del «capitalismo más universalista y globalizador» y la abiertamente violenta del «capitalismo más unilateralista y reaccionario». Pero igualmente cierto es que ambas persiguen un objetivo común de mercantilización capitalista global y tienen, por tanto, las mismas funestas implicaciones en términos de asedio directo a la vida.
Estas páginas nos dan herramientas para comprender esa confluencia y desmontar los falsos debates que la nublan, siendo especialmente relevante en el marco de la oleada de tratados la aparente contradicción entre multilateralismo y unilateralismo, mal entendida como una oposición entre librecambismo y proteccionismo. Por un lado, se sitúa la propuesta, en gran parte liderada por la UE, de multilateralismo en la negociación de tratados. Por otro lado y abanderada por los Estados Unidos de Trump, hallamos otra apuesta de corte más unilateral, de defensa de capitales nacionales a la cabeza de esa expansión global. Como estas páginas explican, el capitalismo universalista y el capitalismo de guerra económica son dos agendas pro-sistema tras las cuales hay intereses geopolíticos en disputa: Estados Unidos, China, Reino Unido, Unión Europea… pero, por encima (o, más bien, por debajo) de sus diferencias está el proyecto común, que es el que nos importa desde una perspectiva de sostenibilidad de la vida: el proyecto «multidimensional e integral» de rearticulación económica, política y cultural para «mantener el patrón hegemónico de poder».
Bien sea desde la defensa del capital ya transnacionalizado o de la mayor transnacionalización de los capitales nacionales, en todo caso se trata del poder corporativo que se impone sobre el ataque a la vida común y del planeta.
Esas dos agendas tienen también relatos diferentes. El capi­talismo universalista retiene aún grandes dosis de la estrategia seductora del neoliberalismo de colores, prometiéndonos un juego todos ganan con la expansión global del capital. El capita­lismo de guerra económica parte de la constatación de que esa promesa era inviable y que, más bien, lo que se ha hecho evidente es que en este sistema no cabemos todos. Es un planteamiento de otro tipo: queden entonces dentro los míos.[7] Y este proyecto de expulsión requiere dosis de violencia mucho más explícitas para imponerse.
Vemos así un doble juego entre la seducción y la violencia (o el consentimiento y la coacción, en términos gramscianos más afines a la perspectiva de economía política de este libro), que, en el fondo, son dos caminos complementarios. Esta complementariedad la vemos en la doble apuesta cultural de rearticulación del sistema. La apuesta V por «el fascismo social y el fomento de la guerra entre pobres» nos lleva al relato de los míos, un plantea­miento de salvación colectiva sobre la expulsión del otro y, sobre todo, de la otra. Se trata de una salvación colectiva que pasa por situarse en el orden correcto en base a una estricta jerarquía colonial-racial, de género y de clase. Queda dentro quien pertenece, y pertenece quien acepta la norma jerárquica. Aceptar la norma es asumir una identidad que distingue entre quienes pueden aspirar al éxito propio y quienes han de aspirar al éxito derivado (por su pertenencia a una comunidad que les desborda-la patria, la familia-o por su relación servil con alguien de éxito: el marido, el patrón). Frente a ello, como en un espejo, aparece la apuesta VI de «la emulación del horizonte de Silicon Valley», que ofrece ese horizonte de éxito estrictamente individualizado: en una tierra de oportunidades, si quieres, puedes. El lema de Donald Trump, America first, frente al «eslogan neoliberal del American dream. Dos discursos que por momentos pueden parecer contradictorios, pero que sirven a un mismo proyecto de híper-segmentación social y negación de derechos colectivos.
Además de los falsos debates a desmontar entre muitilateralismo y unilateralismo, librecambismo y proteccionismo, American dream y America first, podemos señalar otro que tiene el género como núcleo de la disputa. Es un debate que estas páginas no abordan directamente, pero al que sí dan cabida. Entre las ama­bilidades que nos ofrece la agenda universalista está su aparente entusiasmo feminista condensado en la promesa de la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Frente a este discurso, encontramos la profunda animadversión del capitalismo de guerra económica ante lo que despectivamente denominan la ideología del género.
¿Significa eso que, ante un demonio con cuernos, hemos de quedarnos con el ángel igualitario?
En el juego seductor del proyecto universalista, es crucial de­fender que todas y todos hemos de tener las mismas posibilidades de ascenso y éxito (Silicon Valley). La igualdad de oportunidades, lejos de estar reñida con la desigualdad de resultados, la justifica: para un discurso meritocrático, si partimos del mismo punto no hay problema en que lleguemos a lugares distintos, son reflejo de nuestro esfuerzo diferente, lo que nos merecemos. Las críticas femi­nistas a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres son muchas: que dicha igualdad de facto no existe nunca, sino que es una ficción construida en base al espejo femenino del BBVAh. Que la igualdad relevante es la que abarca todo el proceso (principio, llegada y camino) y llega a todos-todas-todes. Y que eso es inviable en el marco de una cosa escandalosa inherentemente jerárquica.
Un ámbito en el que queda especialmente clara la inviabilidad de la igualdad (de todo tipo) en el marco de este sistema es la necesidad estructural de trabajos ocultos de cuidados, la cara B del trabajo asalariado: trabajos carentes de remuneración, derechos, regulaciones; trabajos que no constituyen ni ciudadanía económica y social ni identidad política; trabajos, por tanto, invisibilizados, cuya inexistencia política permite derivar en ellos la responsabilidad de sacar adelante la vida en un sistema que la ataca. Su invisibilidad garantiza que el conflicto capital-vida desaparezca: los trabajos que lo abordan en toda su crudeza no se ven. Garantiza por tanto cierta paz social. Así, como Gonzalo Fernández nos señala, la profundización en la explotación del trabajo asalariado que trae consigo la nueva oleada, va de la mano de la profundización del expolio de los trabajos de cuidados. Estos trabajos están privatizados (metidos en lo privado-doméstico) y feminizados (constituyen la identidad femenina y se dan en el marco de una división sexual del trabajo que es también una división racializada, internacional y por clase social). El discurso de la igualdad de oportunidades esconde esta desigualdad estructural. El ángel igualitario necesita cuidados ocultos.
Necesitamos desvelar cuestiones que el discurso de la igualdad de oportunidades esconde y que son pilares del sistema.[8] Además del papel angular de los cuidados en el sistema (y de los mecanis­mos que garantizan ese ejército de cuidadoras inmoladas, entre los que están el amor romántico, la maternidad como destino vital y el control del cuerpo de las mujeres), otro aspecto especialmente relevante, aunque aquí no lo profundicemos, es la violencia heteropatriarcal como núcleo duro de la violencia múltiple del sistema (Segato, 2016).
La demonización de la ideología del género (y por tanto la defensa de la domesticidad de las mujeres, de nuestra innata capacidad cuidadora y amorosa) es más bien un espejo que nos muestra con toda su crudeza lo que pretende ocultarse. Las dos agendas tienen un proyecto común de rearticulación del heteropatriarcado. En uno, el éxito de unas pocas (a costa de otras) se nos vende como el éxito de todas; en el otro, se nos insiste en que hemos de mantener el orden: mujeres en su sitio y hombres en el suyo, con pleno cumplimiento de una jerarquía racial y de clase. Para construir esa «agenda emancipadora» y esa «clase trabajadora» inclusiva que la pelee, hemos de dejar claro que nuestra apuesta no es ni la igualdad de oportunidades para insertarse en un sistema desigual ni la defensa expresa de la jerarquía de género. Necesitamos desvelar la dimensión heteropatriarcal del proyecto de recomposición del capitalismo, sacando a la luz elementos clave de lo que podríamos llamar su agenda oculta.
Una lectura (no) técnica de los tratados para la lucha política
Argumentábamos antes que esta cosa escandalosa se impone con un doble juego de seducción y violencia y que, a día de hoy, el componente seductor pierde peso frente a la imposición violenta de un modelo basado en la exclusión, la jerarquía y el despojo explícitos. Pero siempre es preciso un tercer elemento: la articulación de un entramado institucional que dé soporte a las relaciones socioeconómicas y políticas seductora o violentamente impuestas. Y aquí entra esta nueva oleada, que el autor nos propone leer como esa constitución económica global, que metapolitiza definitivamente la mercantilización del espectro completo de la vida.
Al denunciar esa metapolitización estamos denunciando que la mercantilización global se sitúa por encima del debate político, como algo colectivamente (y por tanto políticamente) indiscutible. En otro lugar, Gonzalo Fernández argumenta que la democracia de baja intensidad es constitutiva del sistema de dominación múltiple (Fernández, Piris y Ramiro, 2013). Y que también lo son algunos principios que están tras esos derechos hoy desregulados (la libertad, la igualdad, etc.), pero en calidad de valores débiles frente a los valores fuertes del mercado, aquellos que los tratados de nueva generación erigen en «los diez mandamientos corporativos». Esa metapolitización que trae consigo la nueva oleada no sería entonces sino un paso más en el debilitamiento de lo que podríamos denominar la cara amable de la Ilustración. Pero son el paso definitivo.
Que estamos frente a una auténtica oleada queda claro al leer estas páginas. Así como quedan claros los elementos de continuidad con el proyecto globalizador previo y los elementos de ruptura. El hablar de nueva no debe llevamos a confusión. Esta oleada no es nueva en términos de su objetivo. Pero sí lo es en términos de su estrategia, que es más gradual y menos multilateral; y de la agresividad con que se impone. Esta viru­lencia se percibe en su contenido: más agresivo, por ejemplo, al vincular directamente comercio e inversión; y al revertir el criterio de inclusión (se incluye por defecto todo aquello que no está expresamente excluido). Se ve también en la forma de negociación: más opaca y más bilateral, con lo que la desigualdad relativa entre países a la hora de negociar cobra mayor relevancia que en la anterior oleada (donde países menos poderosos podían intentar reforzarse conjuntamente).
Leer esta oleada en continuidad con la previa nos permite entender que la economía global que enfrentamos hoy es la que se configuró merced a la anterior oleada. Así, por ejemplo, la destruc­ción de las economías campesinas, asediadas por el agronegocio, no se inicia ahora, sino que se apuntala. La desregulación de los mercados laborales y la precarización del empleo no surgen,[9] sino que se profundizan a escala global. Pero leer las oleadas en conti­nuidad nos posibilita algo si cabe más relevante: aprender de cómo se articuló la resistencia a la primera para enfrentar la actual. Y, en ese sentido, este libro está escrito en claro aprendizaje histórico, como muestran varios de sus puntos de partida.
Por un lado, Gonzalo Fernández nos alerta de que los tratados no han de leerse en clave de países enfrentados, sino de pueblos frente a poder corporativo. Esto, que siempre fue así, es hoy si cabe más obvio, dado que la renovada oleada se da en el marco de un proceso de periferización del Centro. La pregunta no es qué país va a salir más beneficiado o perjudicado por la firma de un tratado en el marco de una geopolítica neocolonialista, sino de entender quién domina el proceso de acumulación en cada país y a escala global. Con ello buscamos comprender el significado de los tratados en términos de sostenibilidad de la vida común (cuánto de la vida en común va a morir para garantizar la vida de quienes detentan el poder corporativo).
Abordar de esta forma la oleada nos abre nuevas posibilidades de alianzas políticas, pero no nos ahorra complejidades. En la lucha contra la anterior oleada, un aspecto que sorprendió a quienes se resistían desde el Sur Global (y que reforzó su lucha) fue ver la pobreza en el Norte Global, la falsedad por tanto de ese sueño del éxito. ¿Cómo compaginar esta constatación a la par que no olvidamos que los modos de vida instalados en el centro, aunque no son accesibles para todas quienes habitamos ese lugar, sí se basan en la desigualdad global? ¿Cómo abordar esta nueva oleada entendiendo que es una amenaza común, sin escamotear el problema de que la afrontamos desde posiciones radicalmente distintas en este complejo entramado global de sistemas de opre­sión/privilegio? ¿Cómo, en los términos de este libro, construir esa clase trabajadora a escala global?
Por otro lado, en estas páginas se nos invita a comprender los impactos de la nueva oleada, pero no desde la clave de que estos po­drían ser positivos o negativos; ni desde la perspectiva de que pueden introducirse cambios o cláusulas que aseguren que no nos dañan, sino que garanticen sus efectos beneficiosos. Los tratados son una herramienta de un sistema que, primero, es inherentemente insostenible e injusto, por lo que solo cabe una enmienda a la totalidad de los mismos. Por eso la «radicalidad» de la agenda emancipadora. Segundo, en tanto que herramienta, no son el problema en sí mismo: si se logra que un tratado no se firme, esta cosa escandalosa buscará otros modos. De hecho, la estrategia innovadora actual es una búsqueda de un nuevo modo cuando el anterior, basado en instituciones multilaterales como la OMC o el AMI, ha fallado. Esto significa que la lucha política no puede ceñirse a ir contra la nueva oleada, sino que la resistencia (¡fundamental!) a firmar un solo tratado más ha de ser parte de una lucha política mucho más amplia que actúe en una multiplicidad de frentes y niveles.
Por último, este libro logra un complejo equilibrio entre lo técnico y el accionar político. Como en otro lugar hemos alertado (Pérez Orozco, 2018), el trabajo experto de comprensión de los tratados es fundamental, pero hay riesgos en sobredimensionarlo. Lo relevante de conocer los tratados y sus posibles impactos no es saberse los tecnicismos, sino poder alimentar la lucha política. Gonzalo Fernández huye de esos tecnicismos. Su trabajo nos per­mite conocer detalles, vincular aspectos aparentemente inconexos y descifrar complicados enunciados para saber qué está en juego y cómo se está jugando la partida. Lo que tienes entre manos no es un texto rebuscado y cuasi incomprensible al que mirar, en el mejor de los casos, de forma tan reverencial como lejana (¡qué listo hay que ser para entender y contar cosas tan complejas!). Por el contrario, es un libro franco, que explica con relativa sencillez un proceso muy complejo, abriéndonos así el «marco de lo posible» al comprender cómo nos atraviesa la vida esa cosa distante llamada TTIP, CETA, TISA o TPP.
Es un libro en el que, volviendo al inicio de estas páginas, el conocimiento funciona como antídoto contra el miedo. ¡Que os aproveche la lectura!
Notas:
[1] Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate. Mercado o democracia. Los tratados comerciales en el capitalismo del siglo XXI. Icaria editorial, s. a., Barcelona, 2018.
[2] Silvia L. Gil se refiere aquí a las movilizaciones contra la violencia machista, pero consideramos que esta idea es igualmente aplicable en el caso que nos concierne, entre otras cosas, porque el proyecto de rearticulación del sistema sobre el que este libro nos habla es un proyecto heteropatriarcal que tiene en la violencia un pilar central.
[3] Lo que Butler (2009) denomina «marcos de intelegibilidad» de la vida.
[4] Para conocer estas apuestas, véase la página 53 de este libro [N. de la Ed.]
[5] Por poner un ejemplo, esta interacción mercantilización-dominación, material-discursivo la hemos visto claramente en el proceso de mercantilización de la vida íntima (Hochschild, 2003). Con este término nos referimos a la apertura de nuevos nichos de negocio en el ámbito del trabajo doméstico y de cuidados. El sector de los cuidados ha estado históricamente caracterizado por lo que se ha denominado la «enfermedad del coste», esto es, la imposibilidad, más allá de un umbral, de generar incrementos constantes de productividad a costa de sustituir trabajo por capital. Esta imposibilidad se ha compensado vía explotación de la ética del sacrificio de las trabajadoras, que se les impone en tanto que mujeres y en tanto que sirvientas. En otros términos, la generación de nuevas éticas reac­cionarias del cuidado neoserviles ha sido fundamental para permitir el proceso de mercantilización de la vida íntima.
[6] Gonzalo Fernández se suma al planteamiento de Fraser (2015) de que podemos distinguir las dimensiones de distribución (reparto de los recursos), reconocimiento (ejercicio de identidades diversas) y representación (política). Este triple marco de distribución, reconocimiento y representación está en total concordancia con la triple dimensión económica, política y cultural que utiliza este libro. De aquí se deriva una comprensión de la lucha por la subversión del sistema que ha de combinar todas ellas.
[7] De nuevo, el masculino es ex profeso, para señalar el carácter heteropatriarcal de estos relatos.
[8] Antes bien, es un discurso que ha servido para legitimar políticas cuyo impacto en términos de igualdad han sido nefastos, pero que han podido ser muy lucrativos para un grupo selecto de mujeres (por ejemplo, al introducir ciertos derechos de conciliación de la vida laboral y familiar en el marco de procesos de desregulación y precarización del mercado laboral).
[9] Una desregulación que, como se argumentó en la anterior oleada, fue de la mano de la «feminización de la mano de obra» (Standing, 1999).


Que no me vengas mareando la perdiz que no estoy para tontadas. No me digas quien eres. Tú dime que haces que ya te diré yo quien eres, pájaro.


PCPE: El actual gobierno de coalición socialdemócrata sigue la misma política migratoria que el anterior gobierno del PP
DIARIO OCTUBRE / 11.08.2020

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El actual gobierno de coalición socialdemócrata formado por PSOE y Unidas Podemos no ha introducido ninguna modificación en relación a la forma en que el Estado Español trata la cuestión de la inmigración, en la práctica sigue con la misma actuación política que los gobiernos anteriores. Algunos hechos ocurridos en estas últimas semanas así lo ponen de manifiesto:
1.     Dos menores, de trece años de edad, fallecieron ahogados en el puerto de Valencia. Llegaron como polizones en un barco y saltaron al mar para tratar de llegar a tierra eludiendo los controles policiales.
2.     Un jornalero falleció en Murcia, abandonado por su patrón, o por su capataz, en la puerta del Centro de Salud. Ese día trabajaba con una temperatura abrasadora de cuarenta y cuatro grados, sin agua y en una jornada de once horas, recogiendo sandías.
3.     Igualmente que este fallecido, decenas de miles de jornaleras y jornaleros trabajan en estas semanas de verano en la recogida de frutas en el campo. Los salarios, en muchas ocasiones, apenas rondan los veinte euros en jornadas que a veces se alargan hasta las diez y las doce horas de trabajo. Contratación irregular, viviendo en chabolas, y un trato brutal por parte de patronos y capataces, son prácticas generalizadas con este colectivo de migrantes.
4.     Se estima en cincuenta los inmigrantes fallecidos en dos naufragios de embarcaciones que tenían como destino las Islas Canarias. Una de ellas salía desde las costas saharauis ocupadas por Marruecos, y la otra desde las costas mauritanas.
5.     El Gobierno español realiza devoluciones de inmigrantes, que carecen del más mínimo apoyo legal, y que constituyen vulneraciones graves de los Derechos Humanos, en vuelos desde Canarias a Mauritania. Deja allí a esos inmigrantes abandonados a su suerte, sin ningún tipo de protección.
6.     En fechas recientes los tribunales españoles ratificaron la absolución de dieciséis Guardias Civiles responsables de la muerte de quince inmigrantes en la playa del el Tarahal.
7.     Como parte de esta actuación política del Gobierno, y como consecuencia de la misma, recientemente en Tunte (Gran Canaria) se han producido protestas por la presencia de inmigrantes en un centro de acogida. En Canarias nunca antes se dieron semejantes protestas.
Estos hechos ponen de manifiesto una actuación del Gobierno de coalición socialdemócrata que se caracteriza por:
1.     El Gobierno presidido por Pedro Sánchez sigue la misma política del gobierno anterior con respecto al continente africano, marcada por la agenda del imperialismo. Aumenta la presencia militar en la guerra secreta que se desarrolla en Mali, así como en otros países del continente.
2.     Ese Gobierno no ha modificado en nada la posición de gobiernos anteriores con respecto a los derechos del pueblo saharaui, y al reconocimiento de la RASD. Así como tampoco realiza ninguna denuncia con respecto a la violencia marroquí en las zonas ocupadas.
3.     Los distintos cuerpos de policía actúan con la misma impunidad de siempre en sus intervenciones racistas con los inmigrantes, con violencia generalizada y violación de sus derechos.
4.     El Gobierno socialdemócrata no es capaz de ver cómo a decenas de miles de inmigrantes se les explota de la forma más miserable, con contrataciones ilegales, vulneración de derechos, brutales condiciones de trabajo y salarios de miseria. Solamente cuando se produce una muerte especialmente escandalosa el Gobierno se limita a enviar a la Inspección de Trabajo, que de ordinario tiene una complicidad generalizada con todas estas situaciones. La situación sigue igual y no hay ninguna intención por parte del Gobierno de cambiarla.
5.     El Gobierno socialdemócrata tampoco ha modificado, ni tiene la intención de hacerlo, la actual Ley de Extranjería que da la cobertura legal para todo tipo de vulneraciones de los derechos de las personas inmigrantes. No se le espera acometer el cierre de los CIEs, auténticos campos de concentración donde se violan todos los derechos.
6.     La colaboración del Gobierno español con Marruecos es parte fundamental de las responsabilidades con esta situación, pues ambos gobiernos hacen de los derechos de los inmigrantes moneda de cambio de sus intereses geopolíticos.
7.     Este gobierno, como el anterior y el resto, instrumentaliza la política de inmigración en la concepción de los intereses del estado monárquico-burgués, y de una brutal explotación para incrementar las ganancias de los capitalistas, incluso vulnerando derechos de este colectivo que han sido reconocidos por instituciones mundiales de Derechos Humanos.
El Secretariado Político del Comité Central del PCPE, al tiempo que denuncia estas actuaciones del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, EXIGE:
1.     El cese inmediato de todas las políticas de intervención en el continente africano del actual Gobierno, la retirada de las tropas españolas, así como el fin del apoyo a los gobiernos más reaccionarios de la zona. Cambiando a una política internacional marcada por el respeto a la soberanía de las naciones y la no intervención militar.
2.     El reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática como la legítima representante del pueblo saharaui. A partir de ello, establecer acuerdos para las políticas migratorias desde ese territorio, y la cuestión del trazado de la mediana con las Islas Canarias y las aguas territoriales, hoy invadidas por Marruecos.
3.     La intervención sistemática y rigurosa en el control de las condiciones de trabajo de los colectivos de inmigrantes, tanto en el campo como en otros sectores económicos, para garantizar el respeto y el cumplimiento de sus derechos laborales.
4.     La depuración de los cuerpos policiales, que tienen hoy una fuerte influencia del fascismo y el racismo en su interior, para acabar con las frecuentes actuaciones de violencia y abuso contra los inmigrantes.
5.     La derogación inmediata de la Ley de Extranjería.
6.     El inmediato cierre de los CIEs
El Secretariado Político del Comité Central del PCPE llama a la clase obrera a mantener la más comprometida posición de solidaridad de clase con los inmigrantes en nuestro país, combatiendo toda posición racista y xenófoba que se impulsa desde las estructuras de poder del capitalismo español, y desde sus medios de propaganda.
El Secretariado Político del Comité Central del PCPE manifiesta su más firme voluntad de luchar por estos objetivos políticos, contra este Gobierno y contra cualquier otro que mantenga las mismas líneas de actuación.
NATIVA O EXTRANJERA, LA MISMA CLASE OBRERA
FUERA EL IMPERIALISMO DEL CONTINENTE AFRICANO
VIVA LA SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA PROLETARIA
Secretariado Político del CC del PCPE
Agosto de 2020
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Hasta los ricos americanos, los que no son tontolines del todo, saben que este ritmo de desigualdades sociales no se puede mantener. ¿Que los ricos se hacen a costa de crear pobreza?, y a mi qué, que se jodan los pobres, yo soy trabajador, de esos que si los meses tuvieran tres semanas yo viviría como Dios, porque una semana al mes no pasaría hambre. Oye, yo a lo mío, que no quiero líos, aquí al amulague, a eso de estar amulagao sentado debajo del laurel esperando a que caigan las lastas de sardinas en aceite virgen puro de oliva que dan los laureles, que este año me han dicho que van a ser como bruños, como cojones tamaño puños, algo así me han dicho, y comiendo un huevo, porque eso de los dos huevos ya son palabras mayores, cosas de hombres, y eso no es para mí, que ya digo, soy trabajador, pero no pobre, que yo con pobres no me ajunto. Yo demuestro las cosas donde hay que demostrarlas, con el pecho por delante y frente alta votando cada cuatro años a los que me roban para su enriquecimiento.


La pandemia: un buen negocio para los multimillonarios en Estados Unidos


Entre el 18 de marzo y principios de agosto, la riqueza total de los multimillonarios estadunidenses (aquellos que poseen fortunas mayores a mil millones de dólares) se incrementó en 685 mil millones de dólares
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Diario de Octubre 11.08.2020
La doble crisis –salud pública y económica–, ha devastado la vida de millones, pero para unos cuantos multimillonarios, la pandemia ha resultado ser buen negocio en Estados Unidos.
Entre el 18 de marzo y principios de agosto, la riqueza total de los multimillonarios estadunidenses (aquellos que poseen fortunas mayores a mil millones de dólares) se incrementó en 685 mil millones de dólares.
Hoy día los multimillonarios estadunidenses gozan de una riqueza combinada de más de 3.65 billones de dólares, revelaron investigadores de inequality.org, un proyecto del Institute for Policy Studies (IPS).
Unos 467 multimillonarios vieron incrementar su riqueza desde mediados de marzo, cuando oficialmente se declaró una emergencia nacional por el coronavirus, con la riqueza total de este club incrementándose 30 por ciento desde inicios de la pandemia hasta la fecha.
Entre los que más se han beneficiado durante este periodo: Jeff Bezos (Amazon) con un incremento de su riqueza neta de 71 mil millones, Mark Zuckerberg (Facebook) con un incremento de 38 mil millones de su fortuna personal (de hecho, ya superó los 100 mil millones en su riqueza personal); Elon Musk (Tesla) con 46 mil millones, y Bill Gates con 14 mil millones.
Durante ese periodo, unas 160 mil personas han fallecido por COVID-19 de un total de más de 5 millones de contagiados en Estados Unidos. A la vez, unos 30 millones están recibiendo beneficios de desempleo, sin contar a los que no tienen derecho a esa asistencia, incluido todo migrante indocumentado y sus familias. Nuevos cálculos indican que un tercio de los inquilinos en Estados Unidos no podrán pagar sus rentas en agosto, reportó Bloomberg.
El senador Bernie Sanders está promoviendo un proyecto de ley para imponer un impuesto de 60 por ciento sobre el incremento de estas fortunas durante este periodo, lo cual podría generar más de 400 mil millones de dólares para dedicarlos a gastos médicos de los más necesitados.
«Un impuesto de emergencia sobre la riqueza de multimillonarios es justo lo que se requiere. Estos permanecerán miles de millones de dólares más ricos que el año pasado y una porción de su extrema riqueza sería desplegada para abordar la crisis del COVID-19», argumenta Chuck Collins, director del programa sobre desigualdad de IPS.
Los nuevos datos son una actualización del informe sobre los multimillonarios en tiempos de pandemia emitido este año (https://ips-dc.org/billionaire-bonanza-2020/). Para más detalles, lista completa de multimillonarios y más: https://inequality.org.
Por otro lado, aunque el gobierno de Donald Trump ha beneficiado a los más ricos a través de una reducción en impuestos, desmantelamiento de normas y regulaciones y menos controles sobre el manejo de capital, los guardianes de Wall Street están invirtiendo cada vez más en la campaña del contrincante demócrata, Joe Biden.
De hecho, durante los últimos meses, el sector financiero ha apoyado la candidatura de Biden cuatro veces más que a la de Trump, otorgándole hasta la fecha unos 44 millones de dólares para el demócrata por sólo 9 millones para el presidente, según datos calculados por el Center for Responsive Politics.
Entre las razones de la creciente desconfianza hacia Trump, según varias entrevistas con altos ejecutivos de Wall Street en los últimos meses, entre ellos Jamie Dimon, el poderoso ejecutivo en jefe del banco estadunidense más grande, JPMorgan Chase, es un reconocimiento explícito de que la creciente desigualdad económica extrema no es sostenible.
Asimismo, cada vez más ejecutivos y banqueros expresan alarma por lo que llaman «el caos» del gobierno de Trump, sobre todo en su inepto manejo de la crisis del coronavirus, reportó el New York Times.
(Fuente: La Vanguardia)
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martes, 11 de agosto de 2020

Óyeme, Cardenal Cisneros, que dejes las candelas que estés haciendo ahora y que de momento dejes de quemar gente de poca monta, y que te dejes caer cuanto antes por aquí, por Sevilla, que tenemos trabajo. Nos ha salido un cliente que tenemos que achicharrar en el fuego purificador. Este cliente, que además tiene que arder muy bien, porque parece un poco gordito, un tal Manolo Fossati, ha pecado gravemente contra la monarquía (además de llevarle la contraria al Diario de Sevilla, pero este pecado, si lo quemamos bien quemado por un lado y otro, también quedará redimido, Dios mediante) diciendo que la palabra República es una palabra noble, ¡Jesús, María, José y San Quintín de Almodóvar! Que yo no sé si Almodóvar tiene algún Quintín, pero por si las moscas, más vale que sobre que no que falte) Así que, date prisa, no te entretengas ni pierdas tiempo buscando los trastes de quemar, que la botella de butano, el mechero, es de los baratos, pero funciona muy bien, el recoge cenizas, el soplillo para avivar el fuego, las tenazas para estrujarle las narices mientras se asa para que suelte bien los pecados, la bolsa de basura y todo eso lo tengo yo.. Date prisa, hombre, que como se nos escape este tal Manolo y cunda su ejemplo me podría trastocar los planes que tengo con el caballo de Santiago Abascal para darnos unos trotes ahora cuando llegue el otoño, que ya sabes tú, éstas cosas se saben como empiezan pero no como terminan. Cisneros, no me eches esto en saco roto. ¡Viva lo que sea! ¡Viva!


¿Campaña contra la Monarquía?
Al final va a resultar que Corinna era la amante de Iglesias y que los millones los puso Maduro de su bolsillo
Manolo Fossati
Diario de Sevilla
11 Agosto, 2020

Resulta más que curioso cómo una crisis en la más alta Magistratura del Estado, más grave o menos lo dirá la Historia pero en cualquier caso no menor, y provocada por las supuestas prácticas ilegales de su anterior inquilino, acaba siendo atribuida por algunos (bueno, por muchos) a otra persona política completamente ajena a la familia real. Al final va a resultar que en realidad Corinna era la amante de Pablo Iglesias y que esos millones de euros supuestamente no declarados los puso Nicolás Maduro de su bolsillo.
Ahora los mismos muchos se indignan porque Cádiz quiera quitar el nombre de Juan Carlos I a una avenida. Este gesto no deja de ser un golpe de chistera del cada vez menos mago Kichi, pero conviene recordar que el desprestigio del Rey emérito lo comenzó el mismo monarca con sus actuaciones, y que lo remachó considerablemente su propio hijo y heredero Felipe al repudiarlo y desheredarlo al revés. Así que no estaría de más reflexionar un poco y señalar de dónde vienen en realidad los disparos a la Familia Real y, como daño colateral, a la propia Institución.
Esta Monarquía española tiene muchas razones para ser defendida por su papel en la historia reciente de nuestro país. Pero no por eso hay que dejar de reflexionar. No nos engañemos a nosotros mismos: no hay momentos inoportunos para pensar. Se dice, con razón, que España no era monárquica tras la muerte del dictador Franco, y que tras el 23-F no se volvió partidaria de esa forma de Estado pero que, indudablemente y con motivo, se hizo juancarlista. No manejo encuestas, pero estoy convencido de que en estos momentos esta adscripción ha perdido gran parte de su fuerza en este país.
La pregunta es: los que nunca fueron monárquicos pero se volvieron juancarlistas¿en qué lugar se encuentran? ¿Son también monárquicos ahora? Es decir, ¿el país que se adscribió al juancarlismo, una vez pasado este a la Historia, sigue siendo monárquico?
No sé si tienen razón los muchos que proclaman que, en los tiempos que corren de crisis sanitaria y económica, lo último que conviene es añadirle al país una crisis política de alta envergadura. Pero es que a lo mejor esta última ya está aquí y ha venido también, como las otras, por sí misma. Otro día quizá convenga hablar de por qué una palabra tan noble como república sigue provocando sarpullidos y expresiones exorcistas en este país.
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Ayuntamientos, instrumentos vitales para el bienestar de la personas que no deben estar (porque poder pueden) en manos de quienes no sean de los pueblos. Otro ejemplo más para que los Circulos, Asambleas y Agrupaciones de Podemos, Izquierda Unida y PSOE, respectivamente, empiecen a funcionar. Citados estos partidos a título de ejemplo




Municipios y Hacienda: la caja de los truenos


KAOS EN LARED
 Ago 10, 2020

El pasado lunes 3 de agosto, la Junta de Gobierno de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) aprobaba, gracias al voto de calidad de su presidente, el alcalde de Vigo y miembro del PSOE, Abel Caballero, un pacto con el Ministerio de Hacienda sobre el destino de los superávits municipales. Solo los 12 votos del PSOE apoyaron la propuesta. Unidas Podemos se abstuvo (1), mientras PP (10), C’s (1) y PdCat (1) votaron en contra.
El acuerdo, lejos de sentar unas bases que permitan resolver los El acuerdo, lejos de sentar unas bases que permitan resolver los serios problemas de financiación y competencias locales en un momento particularmente duro como el actual, ha reabierto la caja de los truenos. serios problemas de financiación y competencias locales en un momento particularmente duro como el actual, ha reabierto la caja de los truenos. Salvo que el gobierno invente nuevas fórmulas legales que faciliten puentes de diálogo, la aprobación en el Congreso de los Diputados del decreto que lo avala el próximo septiembre se halla amenazada.
El pacto comporta una nueva crisis entre el gobierno y la mayoría que invistió a Sánchez. ERC, EH Bildu, BNG, Compromis, PNV y Unidas Podemos -Comuns en Barcelona- lo rechazan abiertamente o bien solicitan serias mejoras para así posibilitar su apoyo en sede parlamentaria. Del mismo modo, otros posibles aliados, sin representación en las Cortes, pero con presencia municipal, caso de las Mareas municipalistas gallegas  o Adelante Andalucía, también se desmarcan del mismo. La guinda al pastel llegó el día 7 con la reunión de 10 alcaldes de 8 partidos diferentes (desde Cádiz, Valencia y Bilbao a Zaragoza) en la que, por razones diversas, se rechazó el acuerdo y se reclamó una nueva negociación.
El documento adoptado, que afloja algo de dinero para algunos ayuntamientos y la propia regla de gasto para este ejercicio, señala que, con carácter voluntario los Ayuntamientos, Diputaciones y Consejos insulares que posean y pongan a disposición de la Administración General del Estado (AGE) sus remanentes de caja realmente disponibles para la constitución de un préstamo a favor de la primera podrán: (1) recuperar íntegramente en un plazo de 10 años desde el año 2022 (o sea, en 12 años) y en 10 anualidades el importe de lo prestado; (2) el Estado, además de los intereses por el empréstito (0,3% precio del coste financiación del Tesoro público a 10 años), les entregará en el año 2020 una cifra igual al 40% del total de la cantidad transferida (hasta un máximo de 2.000 millones) y en el año 2021 otra igual al 60% también del total (hasta un máximo de 3.000 millones); (3) las cantidades que se libran a los ayuntamientos estos dos años (no las que éstos prestan al Estado) deberán emplearse forzosamente en proyectos relacionados con proyectos en el área de agenda urbana y movilidad sostenible, transición energética, cuidados de proximidad y cultura; (4) el gasto financiado con estos fondos, al ser finalista, no computará para la regla de gasto. Es decir, permitirá que los consistorios gasten más sin por ello incurrir en más déficit; (5) independientemente de ello, es decir, ponga o no ponga el ayuntamiento sus remanentes, si es que los tiene, a disposición de la AGE, el Estado de manera excepcional permitirá que este año a las corporaciones locales el no cumplimiento de la llamada “regla de gasto”.
Detrás del enrevesado debate sobre números, déficits, reglas de gasto y préstamos, se ocultan en realidad problemas democráticos muy profundos, asociados al papel de una institución política clave para cualquier democracia, como son los municipios. La tormenta desatada por el acuerdo no representa un problema administrativo más, sino la expresión de una de las incapacidades centrales dentro del marco del régimen del 78 para garantizar que sea la voluntad del pueblo quién mande y tenga la última palabra. Dicho de otra forma, es una prueba de encogimiento de la democracia y de la falta de libertades en la que vivimos.
Formalmente, las leyes reconocen plenas competencias a los municipios en aquellos aspectos que les son propios, pero a la hora de la verdad, faltos de recursos suficientes, intervenidos por “habilitados nacionales” como secretarios e interventores y sometidos a regulaciones que constantemente limitan sus capacidades de decisión, nuestros consistorios se ven obligados a diario a pelear para no verse reducidos a simples unidades administrativas. Una situación profundamente empeorada con el giro neoliberal austeritario que se fraguó aprovechando la crisis anterior y el cambio constitucional del artículo 135. Un entramado legal al que Zapatero abrió la puerta, pero que organizó el PP de la mano del tándem Rajoy- Montoro y que llegó a su cénit, para el caso que nos ocupa, con la Ley Orgánica 2 /2012 de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera y su límite de gasto.
Los remanentes que poseen cientos ayuntamientos y que suman miles de millones conforman dinero propio de esos municipios, fondos que tenían prohibido gastar debido al armazón normativo que aún a día de hoy garantiza el dominio de la política de austeridad y que constituye la base del legado del PP. Es esa autoridad legal de la anterior legislatura (todavía no derogada) la que usa la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, para forzar a la FEMP a un acuerdo por el que aquellos ayuntamientos que tengan remanente podrán gastarse parte del mismo siempre que, a cambio de ello, lo presten por más de dos lustros al Estado y acepten, además, condicionar el gasto de las cantidades que se les entregarán a cambio a determinados planes. Planes que nadie niega que puedan ser muy útiles, pero que llegan impuestos desde fuera y sin decidir comúnmente.
A estas alturas a nadie se le escapa que el acuerdo con la FEMP representa un mal paso que sería mucho mejor desandar por varios motivos:
En primer lugar, genera más rechazos que apoyos al sustentar su avance en el marco legal construido por el PP. Un marco que somete la voluntad popular, sus necesidades e instituciones básicas como son los ayuntamientos a la lógica de la austeridad neoliberal marcada por los recortes en derechos y servicios. Se trata de un camino muerto del que precisamente se suponía que el cambio de gobierno nos iba (al menos en sus peores aspectos) a liberar.
En segundo lugar, para fraguarlo se usa una ley orgánica, la 2 /2012 de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera y su límite de gasto que es imprescindible derogar para empezar a satisfacer las enormes necesidades sanitarias, sociales, económicas y democráticas que la pandemia ha puesto de manera brutal sobre la mesa. Una ley que se afloja de manera solo muy parcial, pero que se piensa mantener.
Por otro lado, la vía para modernizar y cambiar el modelo productivo (por el ejemplo, desarrollar el suelo de derechos establecidos en la agenda 2030) parte de revertir la austeridad. Es decir, cambiar la gobernanza significa dar voz y autoridad a la gente y a los ayuntamientos como unidades básicas de representación política y de planificación autónoma en el territorio. El municipio constituye el espacio primero en el que se desarrollan todas las relaciones y se accede a los servicios que garantizan la condición de ciudadanía y los derechos asociados a la misma. El pacto de ahora, que deja a unos fuera (los que más lo necesitan) y a otros dentro, y que somete su autonomía a filtros no acordados comúnmente, no resolverá ni una sola de las cuestiones que pretende.
Es imposible trabajar contra la despoblación, avanzar hacia los objetivos de desarrollo sostenible, hacia esa “modernización” de la que se habla sin liberar a la sociedad de las ataduras de austeridad que la someten en lo legal y la asfixian en lo social y económico.
El pacto entre la FEMP y Hacienda representa un ejemplo más de la crisis del régimen del 78. El empeño por mantener el marco legal e institucional actual no solo no genera consensos amplios, sino que, sobre todo, impide encarar con garantías las necesidades materiales de la mayoría de la población.  No reverdece, no hace más eficaces a las instituciones, no da más protagonismo a las personas. Al contrario, mantiene el peso de lo no libremente decidido, de lo que no debe responder ante el pueblo, por encima de éste.
El cinismo actual del PP, responsable directo de toda esta asfixia intentando capitalizar la oposición, puede todavía funcionar, no solo por el poder institucional y económico que tiene, sino porque su entramado legal sigue en vigor. Avanzar decididamente contra esas normas, denunciarlas y derogarlas es el medio más directo para restarle fuerza, para debilitarlo. Hasta para eso los parches de la ministra Montero y Abel Caballero son una mala receta.
Por ello, la queja y protesta municipal de la izquierda frente al acuerdo, dispar y diversa hoy, debe insistir en la necesidad de derogar las normas que el PP impuso, presionar en la participación del poder local en todos los marcos básicos de decisión y establecer espacios de coordinación transversal entre los propios ayuntamientos a partir de la realidad común compartida.  Por ese camino, la caja de los truenos abierta ahora encontrará en los valores republicanos asociados indisolublemente al municipalismo y a lo común una respuesta satisfactoria a lo que demanda.

Fuente: SinPermiso

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lunes, 10 de agosto de 2020

Esto sí. Esto ya es otra cosa que va tomando color. Color republicano, pero color al fin y al cabo. Por fin un monárquico, partidario de la corrupción como es José Joaquín León, del Diario de Sevilla, en cuatro palabras nos dice el por qué hay que echar a Felipe VI: por chichiribaila y mal hijo, porque ha bastado con que Pedro Sánchez le haya dicho que a su padre, a Juan Calor I, había que ponerlo en polvorosa, para que ni corto ni perezoso le quitara el sueldo y lo echara de casa, ¿alguien ha podido imaginar alguna vez peor hijo que un sujeto así? Afirma José Joaquín León que es una vergüenza nacional que a los 82 años haya tenido que salir por piernas Juan Carlos I. Hombre, don Joaquín, no empecemos a mear fuera del tiesto tan temprano. Será en todo caso una vergüenza para los monárquicos que tengan vergüenza que Juan Carlos I haya tenido que salir de España de la forma X, porque hasta este momento tampoco se sabe si lo han echado o se ha evaporizado rindiendo un postrero servicio heroico a España, porque otros nacionales, tal que es el escribe, no monárquico por cierto, tiene por vergüenza nacional el expolio a los bienes públicos y que millones de trabajadores, además de millones de jubilados, después de toda una vida de trabajo creando la riqueza no tengan ni para vivir dignamente, mientras que de esa riqueza, por ejemplo, ha disfrutado y está disfrutando la puta Corinna más que los creadores de la riqueza, los trabajadores. Que la puta Corinna lleve bragas de oro (supongo yo que la princesa que él menciona es Corinna, porque si no, a ver qué princesa o puta que no cobre al menos 65 millones más la cama por vuelta y vuelta puede comprarse bragas de oro) según manifiesta don Joaquín. Ello podría se buena prueba de que no es el trabajador quien más disfruta de la riqueza que crea con su trabajo. Advierte también que en España ya hemos tenido dos Repúblicas sin que llegaran a durar ni una sola década. La cosa queda clara, gracias a la información que nos da don Joaquín: hay que establecer la Tercera República para que dure décadas mil, efectivamente, pero no ahora. Ahora no estamos para sonajas. Ahora lo primero que hay que hacer es asegurar la comida y los medios sanitarios contra el coronavirus para todo aquel que lo necesite, y para comenzar a organizar de una puñetera vez a los Círculos de Podemos, a fin que las ideas republicanas, que no son creencias laicas para sustituir a otras creencia o al Rey Melchor por el Ciudadano Juan, ni tampoco una varita mágica resolutiva de este y aquél otro problema o del, mira, oye, que hoy no tengo ganas de trabajar, que no me levanto, hoy que trabaje Cristo. Hay que arraigar socialmente la idea de República (Que una República también puede ser más de derechas que el grifo del agua fría), única forma de que no aparezca un Franco cualquiera, por decir un nombre, que también puede ser Santiago Abascal con sus asesores iraníes (antiguos terroristas que ya han dejado de serlo nominalmente) y norteamericanos de ultra derecha. Yo estoy de acuerdo con usted, este Pablo Iglesias es un caso. Y mire que se lo advertí veces. En cuanto vi como le echó el primer pienso al toro que mató a Manolete se lo dije. Le dije, ves, cacho populista, por tu culpa, tu gran culpa, tu grandísima culpa y por este pienso que acabas de echar el que asesinó a Viriato se ha quedado sin cobrar su recompensa de Roma, que te vayas enterando, y, además, me vas a terminar cabreando al menda ese del José Joaquín León. Claro que Pablo Iglesias es un antisistema, igual que todos los que nos oponemos a la corrupción del sistema, y por esa razón, y por ninguna otra, nos oponemos a que la corrupción borbónica siga establecida como cosa hereditaria, haya o no haya sentencia (que no la va a haber, porque no se le va a juzgar) condenatoria por golferío a Juan Carlos I. Y, digo yo para terminar y quedar como buenos amigos, qué le parece si esperamos la sentencia condenatoria correspondiente, "xactamente" igual que usted propone para Juan Carlos I, antes de calificar a Pablo Iglesias, que menos de bonito es calificado de cualquier manera, de insultarlo, criminalizarlo, "mordele" y "escupile" gratuitamente, solo por verter las bilis y frustraciones personales propias sobre otros? En lo de que se compre un desinfectante anti vómitos para teclados antes de volver a vomitar un nuevo artículo no entro, porque eso ya es de su intimidad y tampoco me iba a hacer caso.


Contra la Monarquía
En ningún país de la Unión Europea el vicepresidente del Gobierno es un antisistema, ni se comporta como tal

José Joaquín León
Diario de Sevilla
09 Agosto, 2020

La polémica entre Monarquía o República, que han montado los de Unidas Podemos (con la complicidad del PSOE, que practica un doble juego) es artificial y engañosa, un señuelo burdo que lanzan en un momento de agobio para este pésimo Gobierno. Cuando España vuelve a ser el país europeo con más casos de coronavirus, cuando un grupo de 20 científicos piden en la revista The Lancet una investigación independiente de la gestión en España por su alta mortalidad, con la economía arruinada, el turismo hundido por el boicot europeo, y con los contagios multiplicándose. En ese contexto, Pablo Iglesias (para frenar su decadencia política) lanza el debate contra la Monarquía. Con una deslealtad canallesca. En ningún país de la Unión Europea el vicepresidente del Gobierno es un antisistema, ni se comporta como tal.
El rey emérito Juan Carlos I de Borbón (gracias al cual existe la democracia parlamentaria actual en España) abdicó en 2014. Quizás ha cometido irregularidades personales. Aunque hasta ahora no ha sido condenado por ningún tribunal, ni siquiera está imputado. El caso fue alentado por la princesa de las bragas de oro y el capitoste de las cloacas del Estado. A este último, Villarejo, cuando apunta el ventilador de la mierda hacia la izquierda, no se le presta la menor atención. Pero se le da credibilidad total si apunta en la otra dirección. Sea lo que sea, el rey emérito tiene inviolabilidad hasta que abdicó, y además la presunción de inocencia mientras no sea condenado.
Obligarlo al exilio, a sus 82 años, es una vergüenza nacional. No se ha fugado; lo ha echado Pedro Sánchez, que le impuso esa condición al rey Felipe VI para el apoyo del PSOE a la Monarquía. Ha sido un error ceder a esas presiones. El rey emérito debe volver a España. Pero, en cualquier caso, si un rey inactivo fuera condenado, eso no deslegitima a la institución. Serían responsabilidades personales.
La campaña contra la Monarquía está liderada por Pablo Iglesias y Quim Torra, lo que permite augurar mucho futuro al rey Felipe VI. Los españoles deben apoyarlo como se merece. En España, hubo dos intentos de crear repúblicas en el último siglo y medio, y ninguna duró ni siquiera una década. La Monarquía se reinstauró gracias a los republicanos. En Dinamarca y en Suecia, países frugales donde gobierna la izquierda, también hay monarquías. Ese debate no tiene sentido, es una trampa, y lo han abierto para ocultar los verdaderos desastres que están causando.
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