lunes, 27 de julio de 2020

Sobre el revisionismo marxista


Sobre los orígenes del revisionismo en la tradición marxista

Fuentes: La Tizza
15/07/2020 

En la actualidad vemos como determinados intelectuales de «izquierda» apelan recurrentemente a una lectura «crítica» del marxismo donde, muchas veces, este acaba despojado de todo lo que tiene de valioso y revolucionario.
Por lo general los argumentos expuestos en estos artículos no tienen nada de nuevo, sino que son repeticiones o redescubrimientos de viejos argumentos anti-marxistas, que tienen su antecedente en los movimientos antagónicos del siglo XIX y, particularmente, en el revisionismo marxista.
El marxismo ortodoxo soviético, dogmatizador en su esencia, usó muchas veces el término «revisionismo» como ariete en contra de ideologías y movimientos que eran percibidos, por alguna razón, como hostiles o lejanos a la cosmovisión del mundo que desde la URSS se sostenía. Esta visión reduccionista contribuyó a confundir la esencia del revisionismo marxista y convirtió el propio término en un epíteto fácil contra todo aquello que no nos gusta o no entendemos.
Por eso, volver sobre los pasos del desarrollo histórico de un movimiento tan rico y diverso como el marxismo resulta siempre importante. En las circunstancias actuales, donde una pandemia pone una vez más en crisis las estructuras del capital y activa toda una serie de procesos ideológicos, conviene más que nunca remontarnos en esta tradición, como forma de evitar vernos arrastrados en procesos seudomarxistas o que falsean, de alguna forma, la esencia revolucionaria de la obra de Marx. Este artículo es un pequeño aporte a la necesaria y permanente sistematización de la historia y desarrollo del pensamiento marxista. Es un aporte también al necesario debate y adecuada comprensión de un fenómeno importante dentro de la evolución y desarrollo del marxismo: el revisionismo.
La II Internacional
La II Internacional surgió en 1889 como un órgano de concertación de los diversos partidos y movimientos socialistas que existían en la Europa de la época. A diferencia de la I Internacional, que disponía de un Consejo General que orientaba su política, la II Internacional fue un órgano más diverso ideológicamente y carecerá de una dirección central, lo cual será a la larga uno de los factores que determinará su fracaso.
En los años comprendidos entre 1889 y 1914 el marxismo como doctrina teórica y política va a alcanzar un auge sin precedentes, llegando a constituir la ideología dominante en el seno de la Internacional, desplazando a otras doctrinas socialistas. Sin embargo, muchas de estas doctrinas mantuvieron una relativa vitalidad e influyeron en las diversas posturas y alineamientos del socialismo en los diferentes países. Es el caso del proudhonismo y el blanquismo en Francia y del lassallismo en Alemania. También es el caso del anarquismo, cuya vitalidad planteó uno de los primeros retos significativos que hubo de enfrentar la II Internacional como movimiento.
Según Kolakowski, desde el punto de vista doctrinal las principales etapas del desarrollo teórico de la II Internacional pueden dividirse en tres:
«(…) la lucha contra el anarquismo y el revisionismo en la primera y segunda etapa, respectivamente, y el conflicto entre la ortodoxia y el ala izquierda tras la revolución rusa de 1905»[1].
En los años que van desde el surgimiento de la II Internacional en 1889 al inicio de la I Guerra Mundial se dan una serie de transformaciones en la situación europea. En primer lugar está el creciente desarrollo del militarismo asociado a los proyectos coloniales de finales del siglo XIX. Esto promoverá importantes debates al interior de las sociedades europeas de la época y planteará significativos dilemas teóricos y morales al movimiento socialista. La concresión de Italia y Alemania como Estados nación y el interés alemán, sobre todo, por hacerse con parte del botín colonial llevarán a la agudización de las contradicciones interimperialistas en las primeras décadas del siglo XX.
También convendría hablar de las transformaciones que se dan en el seno del capitalismo europeo. El proceso mismo de desarrollo de las estructuras coloniales y neocoloniales determinan un desplazamiento de los costos de sociales y ambientales del desarrollo hacia las regiones del mundo dominadas por el capital europeo. Este proceso de tercerización de los costos del desarrollo viene aparejado, en Europa, con el surgimiento de una política de inversión estatal que pretendía dar respuesta a la controvertida «cuestión social» [2], que había provocado numerosas explosiones revolucionarias (1830, 1848, 1871) y que sostenía un vigoroso movimiento huelguístico que periódicamente se revitalizaba. Con esta política el Estado contenía la oleada revolucionaria y frenaba el auge de la socialdemocracia [3]. Más adelante veremos la política social para el caso específico del Imperio Alemán.
Kolakowski resume los factores que incidieron sobre el desarrollo del pensamiento socialista en este período como «(…) abandono del liberalismo como ideología y como práctica económica: la democratización de las instituciones políticas, y en especial la introducción del sufragio igual y universal [4] en muchos estados europeos; la expansión económica de la Europa occidental y, por último, el desarrollo de las tendencias imperialistas» [5].
El sufragio igual y universal, particularmente, abrió un frente de batalla para los partidos socialdemócratas que, en apariencia, ofrecía la posibilidad de construir progresivamente el socialismo mediante reformas aprobadas en el parlamento. Esta es una de las bases del revisionismo posterior. Desde luego, las actitudes de los diversos partidos y grupos de la II Internacional en torno al parlamentarismo fueron diversas y en algunos casos, la oposición fue total.
El SPD y la política social de Bismarck
Dentro de la II Internacional el partido más importante, tanto por sus dimensiones como por la significación de sus miembros era el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD por sus siglas en alemán). Este era también el partido socialdemócrata más antiguo, heredero del que fundara Lassalle en 1863 y del partido marxista que fundaran Bebel y Liebknecth en 1869. El SPD era hijo del Congreso de unidad de Gotha en 1875, cuyo programa criticara tan duramente Carlos Marx.
El auge del SPD entre los años 1875 y 1878, sumado a la crisis económica que golpeó a Prusia a partir de 1873, posibilitó a Bismarck construir las alianzas suficientes para aprobar en el Reichstag en 1878 un decreto ley que prohibía las reuniones y publicaciones socialistas y disolvía las organizaciones locales del partido. De hecho, lo único que quedó en pie del aparato partidista y donde se concentró la principal actividad y autoridad desde ese momento, fue la fracción parlamentaria [6].
Paralelamente a los decretos anti-socialistas, Bismarck llevó a cabo una política de inversión social que es el antecedente de los modernas políticas sociales europeas. Para entender este proceso conviene repasar rapidamente el desarrollo industrial de Alemania.
Entre los años 1859–1873 la industria alemana había vivido una etapa de auge, donde se sentaron las bases de la futura industria básica nacional: siderurgias, minería y maquinaria ferroviaria. A partir de 1873 y hasta 1896 se da un declive en el crecimiento económico, a causa de la crisis que estalla ese año 1873 y que muchos contemporáneos denominaron como Gran Depresión [7].
Como es de suponer, tanto el auge industrial como la crisis económica de 1873 descansaron sobre la clase trabajadora alemana. Como cualquier otro moderno país capitalista, el desarrollo alemán fue pagado con la sangre de la clase obrera.
A partir de 1871, resueltos con la fundación del Reich alemán los principales problemas políticos, la «cuestión social» pasó a ser el principal elemento de inestabilidad al interior del imperio. Según refiere Monserrat Galcerán, la «cuestión social» en sí misma «(…) es un problema general de la Europa industrializada del siglo XIX; lo que es peculiar de Alemania es el intento de resolverla desde el Estado, con medidas de política social, es decir con medidas legales para combatirla»[8].
En 1883 se da la sanción del seguro de enfermedad por la Dieta Imperial alemana, que contemplaba una retribución salarial de hasta el 50% para los trabajadores industriales. Posteriormente se incluyó en la cobertura del Seguro Social los accidentes de trabajo (1884) y jubilaciones por vejez e invalidez (1889).[9]
Bismarck también apostó por paliar la crisis y la recesión con medidas tales como la creación de empleo público, o la multiplicación de las oficinas de empleo, permisos de trabajo y toda una serie de medidas de intervención estatal que sirvieran como barrera de contención al descontento social.[10]
La socialdemocracia alemana se vio atrapada entonces en una política de tenaza. Por un lado las leyes antisocialistas redujeron la actividad del partido y le plantearon el dilema de afrontar una lucha revolucionaria e ilegal, para la cual no se sentía con fuerzas, o una lucha legal cuyo único frente, casi, era el parlamento. Por el otro lado la demagógica política social del estado bismarckiano atenuaba muchas de las contradicciones derivadas del desarrollo capitalista en Alemania.
En 1890 se derogan las leyes anti-socialistas y la socialdemocracia alemana vuelve por fin, plenamente, a la legalidad. En 1891 realizan el Congreso de Erfurt, donde se reafirma la fuerza del partido y su creciente apoyo popular. Sin embargo, los años de persecución habían dejado su huella. Por un lado el parlamentarismo había devenido acción política fundamental de la socialdemocracia, convirtiendo esta vía y los socialdemócratas electos al parlamento en figuras claves dentro de la vida del partido. Subsistía el temor a una reedición de las leyes anti-socialistas, lo que llevaba al partido a ser sumamente cauto. La acción revolucionaria práctica había sido sustituída por una política de consignas y pactos, que se sustentaba en la concepción determinista del marxismo kautskyano.
Peter Nettl en su biografía sobre Rosa Luxemburgo señala respecto al SPD:
«La confianza, y la posesión de la dialéctica histórica [marcada por el determinismo de Kautsky], venían a ser así un obstáculo para el pensamiento político claro. Cuando empezaron a manifestarse los problemas, el SPD estaba mal preparado para enfrentarse a ellos»[11].
Es en este contexto que se da el surgimiento del revisionismo marxista.
El revisionismo
Sobre el revisionismo daré algunas consideraciones y caracterizaciones generales. Queda para otro artículo la tarea de exponer más detalladamente la concepción de Bernstein y la polémica que se conoció en la época como el Bernstein debatte y que involucró a los nombres más significativos del marxismo de la época, desde los consagrados Kautsky y Plejánov hasta los jóvenes y poco conocidos Rosa Luxemburgo y Lenin.
Como se ha expuesto hasta ahora, el revisionismo como actitud teórica no surge de la nada, sino que se nutre de los procesos que se había dado en la II Internacional y particularmente en el SPD como principal partido del movimiento. La política social de Bismarck y la presencia creciente de la socialdemocracia en el parlamento, no solo en Alemania, llevaron a amplios sectores socialistas de la época a considerar factible una política de reformas.
Ya desde principios de la década del 90 del siglo XIX algunas secciones del SPD del sur de Alemania habían comenzado a asumir, abiertamente, actitudes reformistas. Primero, habían aceptado votar en los parlamentos locales a favor de los presupuestos regionales, algo que iba en contra de la actitud histórica del SPD de votar contra todos los presupuestos del estado burgués. También en 1894 Vollmar, un alemán del sur, había cuestionado en el Congreso de Erfurt la idea de la creciente proletarización del campo y propuesto una política agraria conciliatoria para el partido.[12]
Eduard Bernstein, el padre teórico del revisionismo, había sido hasta ese momento, junto con Kaustky, uno de los grandes nombres del SPD y, por extensión, del marxismo europeo.
Peter Nettl caracteriza a Bernstein de la siguiente manera:
«Bernstein era una figura distinguida en el partido alemán: se le estimaba particularmente por su buen carácter y su temperamento simpático y poco afecto a los excesos. Durante algún tiempo había sido secretario de Engels y siempre había permanecido estrechamente vinculado a éste. Había compartido el exilio en Suiza con muchos dirigentes alemanes importantes, entre ellos Kautsky, del cual era amigo personal. A continuación se había trasladado de Suiza a Londres, donde permaneció (…). Durante su estancia en Inglaterra desarrolló una considerable simpatía por las actitudes inglesas. De hecho, Bemstein no regresó a Alemania hasta 1901. Sus opiniones, por consiguiente, eran consideradas fundamentalmente como el producto de una mente bien conocida y respetada. Sus pares aceptaban sin reservas el derecho de Bernstein a hablar sobre todos aquellos asuntos con autoridad»[13].
Sus años de residencia en Inglaterra acercaron a Bernstein al reformismo de los sindicatos ingleses. Esto, sumado a la relativa estabilidad y auge del capitalismo europeo en la segunda mitad de la década del 90 del siglo XIX, le permitieron iniciar en 1897 en una serie de artículos publicados en Die Neue Zeit, revista de dirigida por Kautsky y principal órgano teórico del marxismo europeo, la revisión de cuestiones claves de la teoría de Marx. Esta serie de artículos se tituló: Problemas del socialismo y fue la base de su libro de 1899: Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia.
En su libro Bernstein emprendía el cuestionamiento de premisas del marxismo aceptadas por el movimiento socialista de la época. Cuestionaba que en el capitalismo se diera la concentración de la riqueza en pocas manos, acompañando esta afirmación con una serie de gráficos donde, supuestamente, se demostraba el aumento de la clase capitalista; cuestionaba la crisis como elemento típico de la economía capitalista; cuestionaba la ley del valor de Marx; cuestionaba incluso la idea de una crisis terminal del capitalismo. Consideraba la dialéctica hegeliana como elemento negativo y fuente de muchos de los errores en la obra de Marx. Consideraba que a través de las reformas se podía construir el socialismo y que este ya no era un fin necesario, en el sentido que lo entendía Kautsky, sino algo deseable, moralmente justo. Hegel, entonces, era cambiado por Kant.[14]
Lenin añade:
«El complemento natural de las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud ante la meta final del movimiento socialista. “El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo”: esta frase proverbial de Bernstein expresa la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar el comportamiento de un caso para otro, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar estos intereses cardinales en aras de las ventajas reales o supuestas del momento: esa es la política revisionista. Y de la misma esencia de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema un poco “nuevo”, cada viraje un poco inesperado e imprevisto de los acontecimientos (…), provocará siempre, inevitablemente, esta o la otra variedad de revisionismo»[15].
Como señala Kolakowski el debate sobre el revisionismo fue el más importante de todos los que sacudieron a la II Internacional.[16] El problema con las tesis de Bernstein es que reflejaban un espíritu que había ido ganando fuerza en el movimiento socialista. El reformismo y los pactos que implicaba ya era una actitud común para los sindicatos asociados a los partidos socialdemócratas y para muchos de los líderes de estos partidos. La teoría marxista en el seno de la II Internacional era patrimonio de unos pocos teóricos. La mayor parte de los líderes eran hombres prácticos que de inmediato se identificaron con Bernstein, ya que este decía lo que ellos hacían.
Nettl proporciona un ejemplo del pragmatismo que acompañó este proceso:
«Hombres como Auer, el secretario del partido, deploraban la ventilación en público de lo que en buena medida eran cuestiones de conciencia individual. Le escribió a Bernstein: “Mi querido Ede: Uno no toma formalmente la decisión de hacer las cosas que usted sugiere, uno no dice esas cosas, uno sencillamente las hace” Y Bernstein, que era esencialmente una persona práctica, supo entender; incluso consideró que podía votar en favor de futuras resoluciones que condenaban específicamente el revisionismo. Todo lo que hacía falta era añadir “un grano de sal a su voto”»[17].
A pesar de la formidable embestida de Rosa y aunque el revisionismo fue condenado en sucesivos congresos, los revisionistas no fueron expulsados del partido. Permanecieron dentro de él, como un cáncer.
El problema con el revisionismo, como apunta Hanz Heinz Holz, es que «(…) mina la praxis revolucionaria al cambiar la teoría revolucionaria; la praxis reformista degenera, en el mejor de los casos, en acciones puntuales, de manera oportunista, convirtiéndose en todo caso en estrategia auxiliar de la política del capitalismo. (…) Es que los revisionistas no llegaron al partido desde fuera sino que, al principio, eran buenos comunistas, y hasta líderes desde el punto de vista teórico, Bernstein y Kautsky son ejemplos de ello»[18].
El revisionismo evidenció las profundas desviaciones prácticas y teóricas que se venían gestando en el seno del SPD y la II Internacional y la incapacidad de la codificación kautskyana del marxismo para dar respuesta a esta desviación. Se verificaba entonces una fractura que las revoluciones rusas de 1905 y 1917 y la I Guerra Mundial habrían de profundizar. Luego de 1918, la socialdemocracia alemana, cada vez más despojada de la mistificación seudomarxista en que se había refugiado, derivó hacia una política claramente reformista de la cual surgió la moderna socialdemocracia europea. Se desentendió del marxismo revolucionario completamente. Baste solo un hecho: cuando Rosa Luxemburgo fue asesinada, el SPD era el partido que gobernaba en Alemania. Ellos contribuyeron activamente a tender un manto de silencio e impunidad sobre este y otros muchos asesinatos.
Notas:
[1] Leszek Kolakowski (1982) Capítulo 1 El marxismo y la Segunda Internacional. En Las principales corrientes del marxismo, Tomo 2, Alianza Editorial: Madrid p.14
[2] Por “cuestión social” se entendía en la época el problema de la miseria de los nuevos sectores sociales desfavorecidos. Cfr. Monserrat Galceran Huguet (s.f.) La invención del marxismo. Iepala Editorial: Madrid. p.10–11
[3] Todos los partidos socialistas del período previo a 1914 respondían al apelativo de socialdemócrata. Es solo luego del estallido de la guerra y el decidido apoyo del Partido Socialdemócrata Alemán a los créditos de guerra del Reich Alemán, que Lenin comienza a usar el término comunista para diferenciar el ala revolucionaria en el seno de la vieja socialdemocracia del ala oportunista.
[4] Acotar aquí a que el sufragio igual y universal a que se refiere Kolakowski es el masculino. Las mujeres no adquirirían el derecho al voto hasta mucho después.
[5] Kolakowski op. cit. p.14
[6] La ley de excepción contra los socialistas fue aprobada en el Parlamento el 19 de octubre de 1878, por 221 votos contra 148. Desde el gobierno la ley se amparaba en el argumento de que para transformar a Alemania en un país moderno, era necesario un período de tranquilidad social. Cfr Galcerán op. cit. p.109
[7] Cfr. Monserrat Galcerán op. cit. p.9–10
[8] Monserrat Galcerán op. cit. p.20
[9] Cfr. José Benjamín Gómez Paz (s.f.) El derecho de la seguridad social y el sistema de salud. Descargado de www.palermo.edu p.3–4
[10] Cfr. Galcerán op. cit. p.21–22
[11] J.P.Nettl (1974) Rosa Luxemburgo. Ediciones Era: México D.F. p.108
[12] Cfr. Nettl op. cit. p.111–112
[13] Nettl op. cit. p.128–129
[14] Para complementar este sucinto resumen de la obra de Bernstein, Cfr. Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia. Siglo XXI Editores: México D.F. 324 pp
[15] V. I. Lenin (1961) Marxismo y revisionismo. Obras Escogidas Tomo I, Editorial Progreso: Moscú p.69–70. Para Lenin el núcleo del revisionismo estaba en la mentalidad pequeñoburguesa que era traída al seno de la socialdemocracia por las capas de la pequeña burguesía arruinada que, continuamente, se ve arrojada a las filas del proletariado. A un análisis más profundo de las premisas revisionistas y las respuestas de Kautsky, Lenin y Rosa dedicaremos otro trabajo.
[16] Cfr. Kolakowski op. cit. p.30
[17] P. Nettl op. cit. p.136
[18] Hanz Heinz Holz (2014) Observaciones sobre el fenómeno del revisionismo. Revista Marx Ahora, nro 37 La Habana, Cuba. p.141.
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Ridículo de García Egea, responde con acusaciones a Pablo Iglesias, preg...

domingo, 26 de julio de 2020

Que lo siento, que nadie es perfecto. Yo pensaba que la riqueza la creaba el Presidente de la Conferencia Episcopal Española (Un agente del Estado extranjero de El Vaticano que vive en España); dos cabos de La Legión; el director de La Razón y los trotes sueltos que de en cuando en cuando se enjareta por los campos de mi Andalucía el caballo de Santiago Abascal, pero resulta que no, que la culpa, la gran culpa, la grandísima culpa de la creación de la riqueza son los trabajadores. ¡Hostias, Pedrín!, que despiste el mío.


La clase obrera forma el grueso de la fuerza de trabajo en todo el mundo
Diario Octubre / 25.07.202


Final del formulario

En los países donde el capitalismo alcanzó su madurez hace mucho tiempo (Europa, Estados Unidos, Japón), la clase obrera es cuantitativamente mayoritaria, y sigue creciendo. En la Unión Europea la parte de los asalariados en el conjunto de la población activa pasó del 81 por ciento en 1991 al 84 por ciento en 2017
En Estados Unidos los porcentajes han pasado del 86,7 por ciento al 90 por ciento.
Los porcentajes resultarían mucho más abrumadores si tuviéramos en cuenta a los parados, que forman parte del ejército industrial de reserva, es decir, que son parte integrante de la clase obrera. Algo parecido cabe decir de los asalariados que se han jubilado.
La novedad es que hoy la mayor parte de la fuerza de trabajo mundial está en los países del Tercer Mundo, también está en crecimiento y es joven, en comparación con los países donde el capitalismo maduró antes.
En 1991 el porcentaje de asalariados entre la población activa en todo el mundo alcanzó el 44 por ciento para una población activa de 2.400 millones de personas, es decir, más de 1.000 millones de asalariados. En 2017 el porcentaje aumentó al 54,3 por ciento de una población activa en rápida expansión de 3.450 millones de personas. Son 1.870 millones de obreros en todo el mundo.
Por lo tanto, en 26 años la fuerza de trabajo mundial ha crecido en más de 800 millones de trabajadores, un aumento superior al 76 por ciento.
Una parte muy significativa de este crecimiento proviene del aumento de trabajadores chinos, que han pasado del 31,8 por ciento de la población activa en 1991 al 63,65 por ciento en 2017, es decir, de algo más de 206 millones a unos 500 millones.
India es el otro gigante asiático que está haciendo una importante contribución al fenómeno, aunque en mucho menor medida que China. Del 13,8 por ciento de la fuerza de trabajo en 1991, el empleo en India aumentará al 21 por ciento en 2017, de aproximadamente 46 millones a 110 millones. Esta transformación social en Asia es verdaderamente monumental y debe ser considerada como el mayor acontecimiento de las últimas tres décadas.
En América Latina se ha registrado un menor aumento relativo de la fuerza de trabajo asalariado, que ha pasado del 58 por ciento en 1991 al 63 por ciento en 2017. Sin embargo, el crecimiento de la población del continente significa que el número de trabajadores aumentó durante el mismo período de 101 a 195 millones. Lo mismo ocurre, en general, en el África subsahariana, que ha pasado del 21,5 por ciento y 42,25 millones de trabajadores en 1991 al 26 por ciento y 107,6 millones en 2017.
Estas cifras reflejan estrictamente el peso demográfico de la fuerza de trabajo asalariada. No tienen en cuenta a las personas dependientes de los trabajadores (hijos y padres demasiado mayores para trabajar) y a los trabajadores jubilados, lo que duplicaría el tamaño de la fuerza de trabajo.
Tampoco tienen en cuenta la semiproletarización, es decir, las personas que trabajan por cuenta propia (a menudo agricultores pobres) y que son obreros paralelamente a su actividad principal, un fenómeno está muy difundido en China, donde afecta a decenas de millones de personas. Es un fenómeno que acompaña necesariamente la transición hacia la maduración capitalista de las sociedades: lo mismo ocurrió en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX.
La estabilidad demográfica de la fuerza de trabajo asalariada en los países del capitalismo avanzado ha ido de la mano de un cierto estancamiento de los salarios en los últimos decenios, el espectacular aumento del número de trabajadores en los países asiáticos coincide con un fuerte incremento de los salarios y una mejora de las condiciones de trabajo.
Este efecto de reducción de las diferencias salariales dentro de la estructura salarial mundial es una convergencia de la condición de la clase obrera internacional aunque, en términos absolutos, las lagunas todavía existen y están lejos de cerrarse. Los salarios chinos más altos, los de los trabajadores de las grandes metrópolis de la China costera están a la par de los salarios europeos más bajos, es decir, los salarios de los nuevos Estados miembros del Este.
El relativo estancamiento de los salarios en los países avanzados también va de la mano de la decadencia de las organizaciones de clase que florecieron durante las primeras décadas del siglo pasado, de la caída de los países socialistas y del movimiento comunista internacional en su conjunto.
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sábado, 25 de julio de 2020

Y, cuando me desperté, el trabajador ya no estaba allí, porque después de 40 años trabajando se había convertido en trabajador jubilado. Hay que manifestarse porque las pensiones no bajen más, y suban las que no dan ni para comer, porque hay que manifestarse. Pero hemos de saber que sólo con manifestaciones ni con la palabrería de no votar más a no se quien no se va a resolver el problema. Las pensiones son el préstamo que cada trabajador le hizo al Estado durante el tiempo que estuvo trabajando, de modo que se trata de que el Estado no sea un Chorizo ni el gobierno un colaborador de un chorizo, para que nos devuelva lo que es nuestro. Yo creo que este tiene que ser el eje central del planteamiento (Si lo que yo pido, señor Estado, es que me de lo que es mío) y del que no hay que desviarse ni dejarse engañar con palabras, promesas, pajaritos o tintoreras históricas. Te he prestado un dinero: devuélvemelo, que además tienes recursos para poderlo hacer.Y déjate ya, so pamplinas, de gastar el dinero que no es tuyo y persigue a los delincuentes que no pagan la proporción de impuestos que deben para llevárselo al extranjero y, además, los proteges con leyes, y deja ya de gastar más del 1,5% de toda la riqueza nacional (PIB) para comprarles escopetas, petardos, bicicletas voladoras, bombas y bombines a la OTAN. O sea, que dinero para sacar hay: Por lo menos administra bien. El artículo que sigue yo creo que es aleccionador y que nos debería hacer pensar.



La rebelión de los pensionistas

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El Viejo Topo
12 marzo, 2018 



Las pensiones públicas se han visto siempre amenazadas, pero no por las limitaciones económicas, sino por los intereses del sistema financiero y de las fuerzas económicas. La ofensiva ha sido constante. Ya en los años ochenta y noventa el sistema público sufrió varias reformas, todas ellas encaminadas al empeoramiento de las condiciones para los beneficiarios, pero ha sido en este siglo, con la llegada del euro y principalmente con la crisis económica, cuando el ataque ha sido férreo y ha afectado a los mismos cimientos del sistema.

Las pensiones públicas han estado en el centro de todas las políticas de austeridad y de los diversos ajustes impuestos a los países miembros por Bruselas. En España la agresión se inició en aquella fatídica noche de mayo de 2010 en la que, contra toda lógica, Zapatero y su ministra de Economía se entregaron sin resistencia alguna a las presiones de Alemania. Junto al tajo dado a las retribuciones de los empleados públicos, se congelaron las pensiones. La ofensiva continuó con la reforma acometida más tarde, en 2011, por el mismo Zapatero, en la que ya se perfilaba el factor de sostenibilidad; pero se consumó y perfeccionó con la emprendida por Rajoy en 2013, con efectos letales tanto por la eliminación de la actualización anual de la pensión por el incremento del IPC, como por la concreción del factor de sostenibilidad, que amenaza seriamente la cuantía de las futuras prestaciones.

Todas estas modificaciones en el sistema han tenido un mismo origen, la coacción, de una o de otra forma de Bruselas. Difícilmente se puede hablar por tanto de haber superado la crisis, si no se les restituyen a los pensionistas sus anteriores derechos. No puede extrañarnos, en consecuencia, el grado de virulencia que están mostrando las múltiples manifestaciones de pensionistas. Era evidente que cuando la inflación retornase a tasas normales, iba a hacerse presente uno de los efectos más negativos de la reforma, la depreciación progresiva de la cuantía en términos reales de las prestaciones.

Durante este tiempo, las distintas fuerzas políticas han estado mareando la perdiz sin enfrentarse seriamente con este problema. Tan solo cuando los pensionistas se han echado a la calle es cuando han intervenido, pero con una única finalidad: pescar votos en río revuelto. Junto a los muchos errores, el Pacto de Toledo tenía dos aspectos positivos. El primero, el compromiso de todos los partidos de no utilizar las pensiones como arma electoral; el segundo, garantizar a los jubilados que sus prestaciones mantendrían el poder adquisitivo. Ambos factores parecen haberse perdido en el momento presente.

En el tema de las pensiones -que afecta tanto a los jubilados actuales como a los futuros- se dan dos aspectos que, aunque conectados, conviene separar. Uno es el de la actualización anual de las pensiones, contemplado hasta en la Carta Magna; el otro es el de la solvencia del sistema en el futuro.

B

La actualización o no de las pensiones por el IPC es un falso problema que solo aparece como tal cuando se rodea de falacias. En la época en la que estaba vigente la actualización de las prestaciones por el IPC, si la inflación había crecido más de lo esperado y había que pagar la correspondiente diferencia a los jubilados, casi todos los medios de comunicación asumían la mentira de que representaba un coste adicional al erario público, lo que no es cierto, ya que con la inflación también se incrementan los ingresos del sector público en igual o mayor cuantía.

Antiguamente muchas familias de economía modesta cuando iban a tener un hijo afirmaban, con cierta ironía, esa especie de máxima de que los niños traían un pan debajo del brazo, lo cual en la mayoría de los casos no era cierto. Pero algo parecido, y en esta ocasión sí que con razón, se puede predicar del impacto de la inflación sobre el presupuesto del Estado. La inflación viene con su financiación debajo del brazo, porque si bien puede incrementar los gastos del Estado, también aumenta automáticamente todos los ingresos.

Hacienda afirma que este año la recaudación impositiva va viento en popa. La razón hay que buscarla ciertamente en que la economía en términos reales está creciendo un 3%, pero también en el incremento de los precios, que aumenta de forma automática los ingresos del Estado. No hay, por lo tanto, ninguna razón para negarse a la actualización. Rechazarla es tan solo aprovechar la inflación para hacer una transferencia de recursos del colectivo de los pensionistas a las otras aplicaciones presupuestarias o a la reducción del déficit.

La excusa que utiliza el Gobierno, y de alguna forma también Ciudadanos, la carencia de recursos presupuestarios, no es aceptable. Es un tema de elección, de decisión política. ¿Por qué el recorte tiene que ser en las pensiones y no en otras partidas de gasto? ¿Por qué no en defensa, en la financiación de las Comunidades Autónomas, en los gastos de los Ayuntamientos o en las inversiones públicas? ¿Por qué no prescindir de los compromisos adquiridos con Ciudadanos de bajada de impuestos, de establecer los complementos salariales que en el fondo suponen una subvención a los empresarios, o de reducir las cotizaciones sociales? ¿Por qué quitar a los pensionistas lo que les corresponde para dedicarlo a otras partidas quizás mucho más dudosas e inadecuadas?

La no actualización puede considerarse un robo, un verdadero expolio. Constituye sin justificación un impuesto específico a los pensionistas. Impuesto que tiene un carácter acumulativo, lo que produce a medio plazo efectos devastadores en las pensiones. Imaginemos una inflación promedio anual del 2%. El primer año la no actualización es equivalente a un impuesto del 2%, el segundo año sería de un 4% (1,02 x 1,02), del 6% el tercer año (1,02 x 1,02 x 1,02). Y así sucesivamente. El año diez, el impuesto acumulativo sería equivalente al 22%. El año veinte, el impuesto sería del 48%. Es decir, para una persona que llevase 20 años de jubilación, la pensión sin actualización anual sería la mitad de lo que le correspondería si se hubiese actualizado año a año.

La protesta de los pensionistas está obligando a todos los partidos a pronunciarse. El Gobierno se está viendo forzado a dar una alternativa, alternativa que no es fácil de entender. Se trata de conceder a algunos pensionistas una desgravación fiscal. Todos los gobiernos tienen la tentación, contra la lógica más elemental de la Hacienda Pública, de conceder las ayudas sociales como minoración de ingresos, en lugar de a través del correspondiente capítulo de gastos. Además de los muchos defectos que la teoría impositiva predica de los gastos fiscales, hay que señalar que la finalidad de la administración tributaria es la de cobrar los impuestos y perseguir el fraude, no la de gestionar las pensiones. Para este cometido, ya está el Ministerio de Trabajo.



Aun cuando no se conoce bien en qué va a consistir el alcance concreto de la medida, se puede afirmar que solo hay una explicación para huir de la actualización anual de las pensiones por el IPC y establecer en su lugar una prestación social a los pensionistas. La razón hay que buscarla en que el coste de esta ayuda será muy inferior al de la actualización, seguramente porque el número de beneficiarios será muy reducido, pero también y principalmente porque la prestación no será acumulativa y en el caso de la actualización, sí.

El Gobierno en su argumentación está utilizando cifras que pueden inducir a engaño. Afirma que la pensión media ha crecido en el último año el 14%. El dato puede ser cierto, pero la razón no es, tal como se asegura, porque ese haya sido el incremento de las pensiones individuales, sino porque las prestaciones de los jubilados que abandonan el sistema es sustancialmente inferior a la de los jubilados que se incorporan, lo que es más bien revelador de cómo la cuantía de las pensiones se deteriora a lo largo del tiempo, y eso que hasta ahora se han venido actualizando por el IPC.

Desde el Ministerio de Trabajo, departamento del que han surgido las reformas más duras y reaccionarias (no sé por qué los pensionistas se fueron a manifestar ante el Ministerio de Hacienda en lugar de ir al de Trabajo, que es el que elaboró la ley), se ha filtrado un cuadro que ha recogido algún periódico de Madrid. Pretende mostrar cómo evolucionará en el futuro el porcentaje del gasto en pensiones sobre el PIB, si se actualizasen las prestaciones por el IPC. Distingue varios escenarios según el incremento real de la economía, pero curiosamente la hipótesis que escoge para la inflación siempre es la misma, 1,8%. La razón es evidente, los datos son idénticos sea cual sea la inflación; incluso si esta fuese cero y por lo tanto no hubiese ninguna actualización de las prestaciones. No sé si los datos son buenos o malos. Solo el ministerio tiene las tripas, y conoce las hipótesis sobre las que se han elaborado, pero cuadros como este se vienen confeccionando desde los años ochenta sin que jamás se haya acertado en las previsiones a tan largo plazo. En cualquier caso, lo que es seguro es que la evolución del porcentaje del gasto sobre el PIB no depende de la inflación ni de que se actualicen las pensiones. Otra cosa es que se quiera aprovechar la inflación para rebajar las prestaciones a los jubilados y conseguir así que el gasto total se reduzca. En ese caso es innegable que cuanto mayor sea el IPC, mayor será el recorte que se dé en términos reales a las pensiones y menor, el gasto total, lo que no tiene mucho sentido.

Ante el tema de la revalorización, el líder de Ciudadanos se pone trascendente y afirma que ese no es el problema, sino que hay que acudir al tema de la sostenibilidad a largo plazo, y habla de crear empleo, de subir los salarios, de arreglar el problema de la natalidad, de la conciliación. Todo eso está muy bien, pero, mientras se consigue, permítase a los jubilados actuales no perder al menos poder adquisitivo. Es la falsa parábola de la caña y el pez, que tanto emplean los que se oponen a las prestaciones sociales. Lo de enseñar a pescar puede ser muy bueno, pero mientras aprende, désele el pez al que lo necesita, porque mientras aprende o no se ha podido morir de hambre. Algo parecido ocurre con las pensiones. Mientras se crea empleo, se corrige la tasa de natalidad o se suben los salarios, manténgase el poder adquisitivo de los pensionistas.

La viabilidad del sistema público de pensiones no se puede cifrar en el mero hecho de rebajar poco a poco las prestaciones, que es lo que se lleva haciendo reforma tras reforma. Eso no es hacerlo viable, sino destruirlo paso a paso. Además, así soluciona el problema cualquiera. El remedio tampoco puede venir ni de la natalidad ni de la conciliación, ni siquiera del empleo y de los salarios en sí mismos. Para mostrar y asegurar la viabilidad del sistema hay que sacar las pensiones del estrecho margen de la Seguridad Social y de las cotizaciones y situarlo entre todas las obligaciones del Estado y de un Estado Social que es el que establece nuestra Constitución. Pero este aspecto merece un artículo completo, así que lo dejamos para la próxima semana.

Artículo publicado originalmente en el blog del autor Contrapunto

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¡Cáspita y los peces coloraos! Que no era el comunismo. ¿No nos habrán estado engañando también por esta punta?


La deuda externa en Rumania: de 0 a 95 mil millones de euros en 30 años
DIARIO OCTUBRE / 24.07.2020

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Después de tres décadas desde que Rumania pagará el total de su deuda externa con el Banco Mundial y el FMI, de 21 millones de dólares, el país dominado ahora por la oligarquía capitalista debe a la banca internacional casi 100 mil millones de euros. El endeudamiento ha crecido al ritmo de unos 3 mil millones por añ
Datoria.ro

Tras llegar Nicolae Ceausescu a la jefatura del estado y del partido comunista se produjo un periodo de distensión y acercamiento a Occidente, como producto de la llamada política de desestalinización aplicada en casi todo el mundo socialista desde los años 60. Ese acercamiento, celebrado por EEUU y Europa Occidental, tuvo como consecuencia la petición, en 1975, de 21 millones de dolares al Fondo Monetario Internacional y a la Banca Mundial por parte de Rumania, para incentivar su desarrollo industrial.
El dinero obtenido por Rumania se invirtió en un desarrollo enorme de la economía y del nivel de vida de los rumanos, la extensión de la industria en todos los sentidos y, en definitiva, la conversión del pais en una economía prácticamente autosuficiente, con capacidad de producir casi todo por sí misma o de conseguir lo que era escaso exportando sus productos. Por supuesto, esto tenía un inconveniente tremendo, que el Comité Central del PCR pronto observó: la soberanía rumana estaba resentida, pues el FMI y el Banco Mundial presionaban con la deuda para conseguir intervenir en la política rumana.
Así que, en los años 80 Nicolae Ceausescu y el gobierno rumano decidieron devolver hasta el último dolar para recuperar la soberanía nacional, a sabiendas de que el desarrollo económico fue tal que Rumania, como se ha dicho anteriormente, había alcanzado la práctica autosuficiencia productiva. El esfuerzo, no obstante, provocó que Occidente se sintiera agredido y que empezará un verdadero bombardeo propagandístico, tanto en el interior como en el exterior, contra Ceasescu y el comunismo rumano (¿cómo soportar que el pez se haya dado cuenta de que lo que había mordido era un anzuelo envenado y se haya conseguido soltar?).
Ceausescu, de ser el viento fresco del bloque comunista, aplaudido por todo Occidente, loado por las revistas y las televisiones, se transformó radicalmente en el Drácula comunista, en un tirano infernal y en un genocida inaceptable. Finalmente, cuando en abril de 1989 la deuda fue pagada hasta el último dolar, la suerte de Ceausescu y del comunismo rumano, que desde su total soberanía económica se negaría a imponer los cambios dictados por Gorbachov o Reagan, estaría echada, y su ejecución y la destrucción del país planificada.
Martin Armstrong, ex presidente de Princeton Economics International Ltd., hizo una declaración durante una conferencia celebrada en Filadelfia, EE. UU, en el año 2015 constatando el pago total de la deuda por parte de Rumania. Planteando el tema de la interminable política de préstamos promovida globalmente después de la Segunda Guerra Mundial afirmó que «El único país que pagó su deuda fue Rumania en los años ochenta fue Rumania. ¡Es la única excepción que se ha conocido!».
El hijo mayor de Nicolae Ceausescu, Nicu, afirmaría después de que su padre fuera asesinado y él encarcelado que ni en 30 años los golpistas capitalistas podrían siquiera limpiar todo lo que se había construído desde los años 70, una premonición que ha resultado cierta: después de 30 años el capitalismo rumano solo ha destruído la mitad de los puestos de trabajo existentes en 1989, ha cerrado escuelas y hospitales, ha obligado a más de 3 millones de ciudadanos a huir de su país y ha cargado sobre la clase trabajadora la gigantesca deuda externa utilizada, principalmente, para enriquecer a la oligarquía local y a las multinacionales extranjeras.
A continuación, traducimos una parte del discurso de Nicolae Ceausescu en abril de 1989:
«¡Los días 12 y 14 de abril, se puede decir, marcan el logro de la plena independencia económica y política de Rumania! Por primera vez en su larga historia, Rumania ya no tiene ninguna deuda externa, ya no rinde homenaje a nadie, ¡y es verdaderamente independiente, económica y políticamente!
A fines de marzo, liquidamos la deuda externa del país, que en 1980 superaba los 11 mil millones de dólares. En total, desde 1975 hasta marzo de 1989 pagamos alrededor de 21 mil millones de dólares, de los cuales el interés representa más de 7 mil millones de dólares. Aquí no se incluye, por supuesto, las deudas que hemos tenido en rublos, y que también se han pagado durante mucho tiempo.
En la actualidad, al contrario, es nuestro país tiene que sacar provecho de los préstamos que ha otorgado a diferentes estados por más de 2.500 millones de dólares.
Pagar la deuda externa sin duda ha requerido grandes esfuerzos. Tuvimos que actuar de tal manera que nos aseguráramos tanto el desarrollo general del país como la liquidación gradual de toda la deuda en este período, y tomar las medidas necesarias para fortalecer continuamente el orden y la disciplina. Como se sabe, desde 1980 hasta ahora la situación económica mundial ha sido muy compleja y grave. La situación de los países en desarrollo, cuyas deudas externas ahora superan los 1.300 mil millones de dólares, ha empeorado continuamente.
Al adoptar la decisión de pagar la totalidad de la deuda externa en esta década, procedimos de la base de que solo liquidándola podríamos garantizar la plena independencia económica y política, implementar el Programa del partido para la construcción de la sociedad socialista desarrollada multilateralmente y crear las condiciones necesarias para el avance firme de Rumania hacia el comunismo.
Al mismo tiempo, hemos decidido actuar de tal manera que aseguráramos el desarrollo económico y social de la patria y el aumento continuo del nivel material y espiritual de las personas.
En los años 1981-1989 asignamos más de 2,000 billones de leis para el desarrollo. Son, al cambio, más de 200 mil millones de dólares.
La producción industrial supera en un 50% este año en comparación con 1980. La producción agrícola será casi 1.5 veces mayor. El consumo de bienes de la población, a precios corrientes, es un 40% más alto. El fondo de remuneración total aumentó aproximadamente un 60% durante este período y la remuneración promedio (salarios) en aproximadamente un 50%. Como se sabe, en 1981-1989, los salarios y las pensiones se doblaron. Este año, antes del 1 de agosto, se producirá el segundo aumento de los sueldos.
Al mismo tiempo, las asignaciones por hijo aumentaron en un 70% y el gasto social per cápita aumentó en más del 44%.
En general, durante este período se han llevado a cabo extensas obras de interés industrial, agrícola y nacional, y se han construido más de 1 millón de apartamentos. En estos años, se pusieron en funcionamiento el Canal Danubio-Mar Negro y el Canal Poarta Albă-Midia Năvodari, con una longitud total de aproximadamente 100 km, se construyó el metro en Bucarest, que este año tendrá una longitud de 60 km. Se encauzó el río Dâmboviţa de Bucarest y se llevaron a cabo las grandes obras de modernización y sistematización de la capital, entre las que se encontraba el nuevo centro administrativo (Casa Poporului).
En general, todos las provincias, ciudades y comunas de nuestra patria socialista han experimentado un fuerte desarrollo. Todos los hombres de buena fe pueden ver las grandes transformaciones que han tenido lugar en Rumania y han elevado el nivel general de civilización y bienestar de todo nuestro pueblo.
Propongo al Comité Central del Partido que tomemos la decisión, que será aprobada como ley por la Gran Asamblea Nacional, de que en el futuro nadie pueda recurrir a préstamos extranjeros, para que todo el desarrollo del país se pueda lograr por nuestros propios medios. por supuesto, a través de una amplia colaboración internacional, !pero sin créditos!»

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