miércoles, 20 de junio de 2018

DESHOJANDO LA MARGARITA: NO... NO... NO ... (¡Que no!)




¿Empieza el cambio en el Reino de España?


Rebelion
¡Por razones!
19.06.2018



Pedro Sánchez ya es Presidente del Gobierno del Reino de España. Aunque no sea en las mejores condiciones. No porque solo cuente con 85 diputados del PSOE, pues, si actúa bien, con diálogo y, sobre todo, voluntad política, podría contar hasta con los 180 votos parlamentarios de Unidos Podemos y los nacionalistas vascos y catalanes que lo han investido presidente. Las dificultades surgirán por gobernar con unos Presupuestos Generales del Estado (PGE) que no son los suyos sino los del Partido Popular y de Ciudadanos. Unos PGE que, como botón de muestra, destacan por no hacer nada contra la pobreza y la desigualdad a pesar de que aumentan en el país y llevan camino de devenir crónicas, de haber venido para quedarse.

Lo ha denunciado la Alianza contra la Pobreza y la Desigualdad, organización que agrupa 400 entidades ciudadanas, de solidaridad, cooperación y defensoras de los derechos humanos. Según esa ONG, los presupuestos del Estado elaborados por el gobierno de Mariano Rajoy para 2018 en modo alguno son suficientes para luchar en serio contra pobreza y desigualdad. No lo son por la negativa del gobierno del PP y también de Ciudadanos a aumentar las partidas presupuestarias de políticas sociales. Una situación agravada por no tomar medidas para aumentar la recaudación fiscal (especialmente de quienes más tienen), y porque no muestran voluntad política alguna de establecer una fiscalidad justa, progresiva y suficiente.

Son unos PGE socialmente cortos a pesar de saber que casi un 30% de la población española está en riesgo de pobreza, de que las prestaciones por desempleo se reducen cada año tras año desde que Rajoy empezó a gobernar y que por tercer año consecutivo se rebajarán la inversión y gasto en sanidad, educación, atención a dependientes, protección social, igualdad de género y cooperación. El recorte social de los PGE es evidente, aunque el PP pretendiera que la inversión en políticas sociales ha aumentado en cifras absolutas. No es verdad. Los datos muestran que el gasto total respecto al PIB, la riqueza nacional anual, es el más bajo desde 2011, último año de gobierno de Zapatero e inicio del gobierno de Rajoy.

Informes sobre la verdadera situación económica y social del España reiteran que, aunque cifras macroeconómicas digan que España ha salido de la crisis económica,no es verdad porque persisten pobreza y desigualdad. Ambas provocadas sobre todo por las contra-reformas sociales del PP desde 2012, en tanto que las políticas de austeridad impuestas desde 2010 han empobrecido a la ciudadanía y aumentado la brecha entre ricos y pobres. De 2008 a 2015, la quinta parte de la población más pobre (20%) ha visto reducidos sus ingresos un 15%. ¿Qué recuperación es ésa?

Se podrá decir con razón que se sale de la crisis cuando la inmensa mayoría pueda llevar un vida digna. Más allá de la macro-economía, los siete ministerios económicos del gobierno de Sánchez han de afrontar cuestiones que afectan a la vida cotidiana de la gente. ¿Se modificará la reforma laboral del PP (que sin duda ha aumentado la precariedad y la pobreza de los trabajadores) en beneficio de la clase trabajadora? ¿Se hará algo útil contra la precariedad? ¿Aumentarán los salarios rebajados? ¿Se tumbará la contra-reforma de las pensiones del PP de 2013 que empobrecerá a los pensionistas desde 2019? ¿Se estableceran nuevas medidas fiscales para obtener más ingresos y poder abonar pensiones dignas? ¿Se implantarán impuestos a las corporaciones tecnológicas que suelen pagar muy pocos impuestos? Habrá que verlo.

¿Y qué hara el gobierno de Sánchez con las autopistas en quiebra, las radiales de Madrid? ¿Qué pérdidas asumirá el Gobierno por su responsabilidad patrimonial? ¿2.000? ¿5.000 millones de euros? Socializar pérdidas y beneficios solo para pocos parece ser la regla.

Entre tanto, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, dice que cumplirá el objetivo de déficit del 2,2% prometido a Bruselas. Desde el anterior gobierno del PP se daba por seguro que se cumpliría el déficit, pero la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal española (AIReF) ha informado que podría haber una desviación de 5.000 millones de euros de lo calculado. Y el Banco de España y la AIReF han recordado que cumplir con el déficit supone obligaciones fiscales más exigentes. Lo malo es que esa exigencia fiscal se entiende siempre como reducción de gastos, no aumento de ingresos.

¿Acaso solo se puede cumplir con el déficit recortando? ¿Qué tal si aumentan los ingresos combatiendo el fraude fiscal? ¿O suprimiendo deducciones y subvenciones del impuesto de sociedades? Algo va mal cuando en 2008 se recaudaron por ese impuesto 44.800 millones de euros, pero en 2016 (teóricamente iniciada la recuperación) solo se recaudaron poco más de 21.000 millones. La crisis, se excusan, pero ¿no había recuperación? ¿Por qué el impuesto de sociedades se hunde? Sin olvidar que el hueco fiscal se da también porque las rentas del capital pagan bastante menos impuestos que las del trabajo.

Lo cierto es que los ingresos públicos flojean más cada año y la solución no es recortar, pues lo paga la gente con peor vida y más pobreza.No hay que reducir gasto sino aumentar los ingresos públicos. Según el informe “Shadow economy and tax evasion in the EU”, en 2009 el Estado español dejó de ingresar 72.700 millones de euros por evasión fiscal y por la economía sumergida; una ilícita economía que supone un 18 % del PIB. Una tendencia que ha ido a más.

Aunque tal vez la cuestión que más portadas acapare sobre lo que hace o deja de hacer el gobierno de Pedro Sánchez será la crisis con Catalunya. La nueva ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, considera que para superar esa crisis hay que reformar la Constitución como medida urgente, viable y deseable y así renovar el pacto territorial de España, en crisis pofunda. Batet no lo tiene fácil, visto el papel ultranacionalista español que asume Ciudadanos a sumar al rancio nacionalismo españolista del PP. A ambos partidos les preocupa más ‘la unidad de España’, que la gente esté bien y lleve una vida digna y libre. Por cierto, lo de la unidad de España era una expresión que el dictador Franco convirtió no solo en lema propio sino en presunto pretexto para justificar la criminal rebelión contra el legítimo gobierno de la II República. Pero no hay justificación ue valga para los crímenes de guerra y de lesa humanidad que Franco y la dictadura franquista perpetraron.

No está el horno para bollos para el gobierno de Sánchez, ciertamente, pero en pocas semanas (tras dos o tres consejos de ministras y ministros) veremos hasta donde está dispuesto el gobierno de Pedro Sáchez a presentar batalla y tener en cuenta los intereses de la gente y no los de los de siempre como ha hecho desde su fundación el Partido Popular. Y también el PSOE por cierto, desde hace cuarenta años. No olvidemos que durante décadas el PSOE ha sido un puntal del corrompido régimen bipartidista.

Fuente: https://xacata.wordpress.com/2018/06/12/empieza-el-cambio-en-el-reino-de-espana/

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martes, 19 de junio de 2018

ENTRE EL G-7 Y LA OCS


Explicando el mismo final de dos cuentos




Otra vez el alfa y el omega, el principio y el fin. El otro día no tuve tiempo de explicarlo, así que lo hago ahora con un cierto detenimiento. La Organización de Cooperación de Shanghái no es que sea el futuro, es que es el presente. El G-7 no es que sea el presente, es que es el pasado. Así de sencillo.
La cumbre del G-7 fue un desastre, la de la OCS fue todo un éxito. Las dos no hicieron otra cosa que presentar la realidad, algo que también reconocen las propias estructuras en las que se asienta el G-7 como el Fondo Monetario Internacional. Este gráfico es de abril y es mucho más clarificador que cualquier palabra.
Cuando se vive de sueños coloniales cuesta asumir la realidad. Pero es la que es y al igual que no se pueden poner puertas al campo, tampoco se puede evitar la decadencia. Occidente sabe que la eterna juventud no existe, aunque lleva unos cuantos años intentando resistirse a la idea. La hegemonía occidental es humo y en geopolítica tiene fecha de caducidad: el 2025. Todo lo que se está haciendo, por una parte y por otra, va en esa dirección. Unos, para acelerarlo; otros, para evitarlo. En el 2025 estará operativa la práctica totalidad de la Nueva Ruta de la Seda, con todo lo que eso conlleva y, especialmente, la desdolarización de la economía mundial. Ese es el fin de Occidente.
Los documentos que se aprobaron en las cumbres son totalmente antagónicos.
El G-7 (G-6, puesto que no firmó EEUU) es la reiteración de más de lo mismo: Rusia amenaza la seguridad del mundo, tiene que dejar de apoyar al gobierno sirio, tiene que dejar de apoyar al Donbás ucraniano…”Si sus acciones lo hacen necesario, también estamos dispuestos a tomar nuevas medidas restrictivas para aumentar el costo de Rusia”, se dice textualmente. Es decir, sanciones pese a que son ilegales según el derecho internacional si no son impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Corea del Norte es mala, China “está impidiendo la libertad de navegación en el Mar de China” (sic), “el programa de misiles balísticos de Irán es una amenaza para la paz y la seguridad internacionales” (sic), “condenamos todo apoyo financiero para el terrorismo, incluidos los grupos terroristas financiados por Irán” (sic), y así casi hasta el infinito. Son los viejos tics coloniales que ya a nadie interesan ni asustan. No valen ni el papel en el que están impresos.
Por el contrario en la declaración de la OCS no hay ni una sola amenaza o condena a nadie, aunque sí hay un toque de atención: “la OCS se afirma como una autoridad única, influyente y autorizada de organización regional” cuyas tareas “se desarrollarán en la estrategia de desarrollo descrita hasta el año 2025”. Es decir, la fecha emblemática para el fin de la hegemonía occidental. Y, al contrario que el G-7, con o sin EEUU, hay una firme apuesta por el derecho internacional: “La OCS defiende sistemáticamente la solución de las crisis en Afganistán, Siria, Oriente Medio y la península de Corea, así como otros conflictos regionales, en el marco de las normas y principios generalmente aceptados del derecho internacional”. Nada de sanciones ni injerencias ni cosas parecidas.
Se firmaron 20 documentos conjuntos entre los asistentes. Para la gente profana diré que la OCS tiene 8 miembros de pleno derecho, 4 países observadores, 6 socios de diálogo, 5 invitados y 5 interesados (aquí merece la pena mencionar que, aunque sea el último escalón, pertenecen a esta categoría Siria, Egipto y Palestina, así como otro país problemático para India, como Bangladés, y Serbia). Entre esos documentos hay uno vital: el Plan de Acción para el 2018-2022 que implementará el Tratado de Vecindad a Largo Plazo, Amistad y Cooperación entre los Estados Miembros de la OCS. Esto va a ayudar a resolver el histórico enfrentamiento entre India y Pakistán, ahora los dos miembros de la OCS.
Es lo que los chinos llaman “las cuatro ces”: confianza, comunicación, coherencia y no coacción. Comparad eso con el G-7 o G-6.
Tal vez lo más importante es la certificación de que la OCS se ha convertido en la “capa protectora” (sic) del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), que está en plena expansión, y se da “prioridad” a la Nueva Ruta de la Seda (el nombre oficial es “Un cinturón, una carretera”). Ante las reticencias de India, como os dije, para los días 25 y 26 de este mes se ha previsto una reunión del BAII (del que India es el segundo país en aportación de capital, después de China) en la ciudad de Mumbai.
Es por eso que el documento final de la OCS “hace un llamamiento a todos los países para que abandonen la obsoleta mentalidad de buscar alianza o confrontación, actuar según la tendencia de los tiempos, tratarse mutuamente como iguales, valorar las consultas y el entendimiento mutuo y explotar alianzas incluyentes y constructivas en lugar de enfocarse en un imaginado enemigo”.
El G-7 sólo es otra prolongación de EEUU. Ninguno de los otros países que lo integran es soberano, son simples vasallos de EEUU. Si el patrón se enfada, nada de lo que allí se diga tiene relieve alguno. Ni siquiera aunque aparezca en documentos. Y si se quieren muestras, está el tema de los aranceles, y el de Irán, y el de… la OTAN.

No es posible convencer por las buenas a los colonizadores de que su tiempo ha terminado, y me temo que tampoco a los colonizados que se niegan a descolonizarse o tienen miedo a esa descolonización. Como es el caso de la práctica totalidad de los pueblos europeos. La UE está muerta. Su rusofobia (la de los políticos, que no la de los empresarios: ejemplo, los alemanes con el gasoducto Corriente del Norte 2 que ha obligado a Merkel a aceptarlo) casi supera a la de EEUU. Ahí está el caso de la absoluta estupidez española acusando a Rusia de alentar el fenómeno independentista en Catalunya.
Por el contrario, la OCS es una suma de intereses y lo más importante: de estados soberanos. Tal vez se pueda discutir esta apreciación con Tayikistán, Uzbekistán o Kirguistán, y relativamente, pero no con el resto. Sobre todo porque tienen armas nucleares y eso es una garantía de casi todo. Rusia es un problema para la UE y para EEUU porque insiste en su soberanía. China, no digamos.
Hay dos puntualizaciones que hacer sobre lo que dijo Trump de que Rusia tenía que estar dentro del G-7 otra vez y si Rusia quiere o no estar en él. Ahora mismo, a Rusia le da igual. Putin, en su discurso en la OCS no hizo mención alguna al G-7, algo que hay que hacer notar. Dijo que las principales áreas de trabajo de Rusia son la ONU, la OCS, los BRICS y el G-20 (sic). El orden es importante.
Los pro-occidentales del Kremlin claro que quieren volver al redil (palabra que utilizo conscientemente, lugar donde se acoge al rebaño), pero no los euroasiáticos. Aunque lo interesante será ver cómo, por una parte, Trump quiere romper la alianza ruso-china (y por eso dice que Rusia tiene que volver al G-7, lo que da alas a los pro-occidentales) y cómo, por otra, los euroasiáticos del Kremlin dan cuerda a los pro-occidentales para intentar romper la alianza de la UE con EEUU.
Esto da para otra entrega, sin duda. Porque el problema aquí reside en la fantasiosa idea yeltsiniana de que Rusia necesita a Occidente para sobrevivir. Y servirá para dar entrada a una explicación del neoliberalismo imperante en el Kremlin y apoyado por Putin.
El Lince

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