domingo, 15 de mayo de 2016

EL 15M 5 AÑOS DESPUÉS


5 años después, el 15M como movimiento de desobediencia
 
LA DESOBEDIENCIA COMO ACTO FUNDACIONAL DEL 15M
 
 
(Crónica de Aragón/25.05.2011. Zaragoza.- Acampada Zaragoza inauguró ayer a mediodía la Universidad del Pueblo en la Calle con un taller sobre Economía Política a cargo del columnista y escritor sevillano afincado en Zaragoza, Manuel Sogas Cotano.
Con la ayuda de una pizarra y un sistema de megafonía, Sogas fue desgranando ante unas doscientas personas los entresijos del funcionamiento del modo de producción actual, con especial atención a todo lo relacionado con la crisis del sistema, el mercado del trabajo y la obtención de los beneficios empresariales)
10.05.2016
 
La gran manifestación de mayo de 2011 nos pilló en Sevilla, a un grupo más o menos numeroso de activistas, muchos con una trayectoria reconocible como activistas “radicales”, organizando una semana de lucha social. Esta entraba dentro de una lógica que buscaba abrirse a estratos más amplios de la población y romper el carácter habitualmente gregario del activismo radical de izquierdas, con una impronta ciudadanista e intervenciones que destacaban por su moderación discursiva. A pesar de esto, la falta de signos identificables de la izquierda en el 15M hizo dudar a algunos, al menos en un principio, incluso de su carácter progresista. Puede que fuese la toma de la Plaza Mayor de Sevilla lo que determinó la implicación en los acontecimientos del activismo sevillano, que inevitable y repentinamente había adquirido el adjetivo de viejo. Lógicamente las disputas entre los experimentados y los recién llegados no tardaron en surgir. El 15M no quería datar de nada más que de sí mismo y el viejo activista desconfiaba del discurso tibio y la falta de radicalidad del advenedizo. Ambos se equivocaban, obviamente. El 15M resultó un movimiento fundamentalmente desobediente y el propio acto de ocupación de la plaza mostraba este componente a la vista de todos. Pero, a diferencia de los movimientos anteriores, no era una desobediencia protagonizada por grupos identificables y acotables. El protagonismo había pasado a una masa, por mucho tiempo moderada, silenciosa y obediente, en la que el poder del Estado basaba parte de su legitimidad. Al mismo tiempo, el movimiento contenía códigos y prácticas que desarrollaban e incluso resultarían ser paradigmáticos de la línea que habían seguido en las últimas décadas los movimientos de protesta de carácter autónomo. La influencia del activismo tacticista, subversivo y libertario se haría incluso más patente conforme pasasen los primeros momentos de enamoramiento con la masa manifestante. No obstante, esta conexión con los movimientos anteriores implicó también cargar con algunas de sus limitaciones, la ubicación en una posición de pura negación, con escasa capacidad de plantear alternativas y un individualismo político radical que hacía difícil cualquier fórmula organizativa fuera de la escala local y el corto plazo.
 
La actual Plaza Mayor de Sevilla es hoy uno de los principales paradigmas de la producción del espacio en el capitalismo neoliberal. Un espacio simbólico de poder que concentraba muchos de los elementos que cuestionaría el 15M: La privatización no solo del edificio, sino también de la plaza misma, de un espacio en teoría público que regularmente se valla y se protege con seguridad privada para eventos particulares, el despilfarro en obras faraónicas propio de la burbuja inmobiliaria, con el concurso de la gran constructora favorecida por el poder político y todo ello bajo un gobierno de coalición entre PSOE e IU. Su inauguración estaba prevista para el verano de 2011 y, sin embargo, fueron los manifestantes de aquel mayo los que se adelantaron con la toma del espacio e instalación de un campamento que nadie sabía si ocupaba un espacio del Estado o del gran capital privado, cada vez más difícilmente distinguibles. Incluso si los objetivos de la toma nunca llegaron a estar claros del todo, lo que estaba claro era que suponía un desafío al orden imperante.
 
Caben pocas dudas respecto de que fue la ocupación el verdadero acto de fuerza que hizo tan relevante al movimiento. La gran manifestación fue un primer gran evento en el que, con un discurso a-partidista, la gente se descubrió a sí misma, descubrió que eran muchos en su afirmación de hastío frente a la clase política y su operancia ante crisis. Sin embargo, el gran detonante que condujo a que hablemos de un movimiento con unas dimensiones y una relevancia política indiscutible, fueron las ocupaciones de las plazas. Empezando por la acampada Sol, por supuesto, acción iniciada por tan solo un puñado de personas tras la manifestación. Este acto fue seguido por la represión y es esta, así como la respuesta masiva en un nuevo acto de desobediencia, la que genera un efecto multiplicador en la mayor parte del Estado. La radicalidad de este momento vino dada por la legitimidad que una masa de población asignó al acto de desobediencia y la deslegitimación de la represión, que implicaba la deslegitimación del orden político vigente. Los instrumentos del orden, a pesar de su amenaza constante, perdieron su eficacia frente a la masa en la calle.
 
Políticamente, aquel periodo puede significar cosas muy diferentes para diferentes observadores. Probablemente, la reevaluación del mismo a posteriori engrandece sus dimensiones y su radicalidad. Sin embargo, parece difícil discutir que se trató de un momento político excepcional, un momento de fractura, en la medida en que el orden social vigente estaba siendo cuestionado por la gente, por la masa. La ocupación de las plazas suponía un desafío al orden policial del espacio y a su gestión por poderes públicos y privados. Durante un periodo más bien breve, el nivel de ventas de los comerciantes de la plaza Sol contó tan poco como la propiedad privada de la Plaza Mayor de Sevilla. Los cordones policiales, las amenazas y los intentos de desalojo sirvieron principalmente para alimentar el afán desobediente de los concentrados y multiplicar su número. Al mismo tiempo, se trataba de un desafío al orden secuencial y temporal de la sociedad política. La indefinición del periodo de la ocupación, una vez asumida la imposibilidad de un desalojo rápido, era inadmisible tanto para los intereses privados como para la administración de lo público. Desde la restringida visión del fenómeno por parte de estos poderes, se pensó primero que la toma de la plaza consistiría en un acto puntual, luego que sería disuelta por la prohibición de la Junta Electoral y posteriormente que se disolvería tras las elecciones. La masa desobedeció descaradamente e impunemente la muy liberal prohibición de manifestarse en la jornada de reflexión electoral, desplazando la deliberación desde la elección entre un número de papeletas al cuestionamiento de la propia capacidad de los políticos profesionales para representar a la gente. La permanencia tras el 22 de mayo desbarató todos los pronósticos y expresó el alcance de la crítica del 15M, que no se limitaba a un partido ni a la labor de un gobierno concreto, lo que se solucionaría tras la alternancia electoral, sino que parecía entonces dirigirse a la raíz del sistema político, cuestionando la democracia parlamentaria en su conjunto. Se cuestionaba el carácter real de la democracia liberal, donde el antagonismo político había ido dejando paso progresivamente a una gestión post-política de la administración pública.
 
Este discurso rabiosamente contrario a los partidos y, en general, a cualquier institución, no fue totalmente innovador. Coincide en gran medida con las convocatorias y campañas anteriores de los movimientos sociales, pero alcanzando por primera vez, en el particular contexto de la crisis, un consenso masivo. Las disputas respecto de la presencia de banderas y signos partidarios era ya muy familiar para aquellos que habíamos participado en manifestaciones del movimiento anti-globalización o contra las reformas universitarias. Pero al mismo tiempo que rechazaba lo instituido, el movimiento buscaba de forma desesperada nueva fórmulas.
 
Ocupaciones y resistencias
La necesaria búsqueda de fórmulas que dieran salida al manifiesto político horizontalista y desobediente que fue en conjunto el primer periodo de manifestaciones y ocupación de plazas, condujo al ensayo de diversas tácticas. Si bien algunas tuvieron su fundamento en el rechazo de las injusticias más flagrantes del sistema y en el desafío al orden policial, incluso las más constructivas implicaron un afán de evadir el orden político, no solo de las instituciones del Estado sino de todas las formas que giran en torno a lo que es considerado el ámbito legítimo de la política.
 
Tras la disolución de las ocupaciones en las plazas, el pilar propositivo del movimiento, la asamblea, se desplazó a los barrios. Las asambleas de barrio se plantea ro n como la alternativa más factible dentro del afán prefigurativo de la política del movimiento, por oposición en lo micro-local tanto a la política de las instituciones del estado como a las fórmulas organizativas tradicionales de la izquierda (partidos y sindicatos). La búsqueda de lo local y lo comunitario como una actividad política realmente legítima, supuestamente menos contaminada por la burocratización y el capitalismo, es una tendencia que empieza a vislumbrarse en la década de los ochenta, pero que se vuelve realmente central con el movimiento anti-globalización y la influencia del zapatismo. La legitimidad de la acción política se deposita en la asamblea asociada a un ámbito geográfico local, que aspiran ofrecer una estructura radicalmente democrática a la organización social, basada en una presunta comunidad asociada a un territorio delimitado. Esta es la escala que genuinamente se crea y que refleja las tendencias del activismo autónomo post-obrerista. Si esta tendencia pone en valor la irreductible libertad del individuo, viene acompañada de otros problemas en el ámbito de la acción colectiva. Esto se haría patente en los intentos de establecer escalas de coordinación, donde el rechazo a la delegación y las suspicacias frente a cualquier tentación centralizadora o jerárquica las hizo por lo general difícilmente funcionales y de corta duración.
 
Por otro lado, partiendo de la primera ocupación de la plaza, la táctica de la toma de enclaves se convirtió casi en seña de identidad del activismo impulsado a partir del 15m. Son especialmente numerosas las tomas de edificios e instalaciones abandonadas, para su transformación en centros sociales o en vivienda. Los centros sociales okupados del “viejo” activismo habían asumido durante 2011 un papel subsidiario y con escaso protagonismo, apoyando al movimiento en algunos casos, aunque a un nivel logístico, mientras que en no pocos casos, los ocupas experimentados percibieron con desconfianza todo el proceso de 2011. A pesar de esto, es indudable que el activismo emergente adoptó rápidamente la táctica de la creación de centros sociales del movimiento okupa. Durante verano y otoño de 2011 las acciones de este tipo se multiplicaron por el territorio del Estado, no solo en Madrid y Barcelona, también en Cádiz, Sevilla o Zaragoza. En muchos casos el fondo y las formas de estas ocupaciones no variaban mucho con respecto a la etapa anterior y el principal cambio era el uso de la legitimidad otorgada por el apoyo masivo recabado por el movimiento. En otros casos se introdujeron innovaciones cualitativas acorde con el contexto, como la ocupación de edificios propiedad de bancos rescatados con dinero del Estado o el realojo de las víctimas de la crisis.
 
Por su lado, el movimiento por la vivienda que se fue consolidando desde verano de 2011, alimentado indiscutiblemente por el 15M, se remonta a las asambleas por una vivienda digna de 2006, a V de vivienda y a la creación de la PAH. No obstante, es en el nuevo contexto en el que alcanza una visibilidad, capacidad de acción e influencia social notorias, al mismo tiempo que sirve como un frente claro donde volcar energías para el nuevo activismo. Las familias desempleadas y perdiendo su vivienda se convirtieron en el mejor símbolo de los efectos desastrosos de la crisis sobre la población. Su combinación con un contexto de constantes movilizaciones dio lugar a que desde verano de 2011 se mulitiplicaran las resistencias contra desahucios, organizadas desde la PAH, desde las plataformas locales contra los desahucios o desde las asambleas del 15m. En pueblos y ciudades la gente colapsaba la calle, se encadenaba a las puertas y se tiraba al suelo para evitar que la policía antidisturbios expulsase familias de sus casas. Estas son las acciones de desobediencia que alcanzarían sin duda mayor consenso, tanto entre los activistas como entre la sociedad en su conjunto, hasta el punto de resultar dañinas para instituciones muy valoradas en la mayor parte del territorio estatal, como la propia policía. La fuerza demostrada en estas acciones ha evitado múltiples desahucios y siguen ampliamente legitimadas a pesar de los esfuerzos en contra de las instituciones del estado y de la mayor parte de la prensa.
 
Si el 15m continúa con una serie de tendencias marcadas previamente, es indudable que existe un cambio cuantitativo y cualitativo. Cuantitativo en la medida en que rompe los guetos activistas poniendo en su lugar una masa de población indefinible en la calle (al menos inicialmente y a menudo para volver a crear pequeños guetos y sectas a medio-largo plazo). Así, las acciones de ocupación se ven respaldadas tanto por la cantidad de gente que se concentra en torno a la idea del 15m, como por la progresiva llegada al mismo de las víctimas materiales de la crisis. El carácter masivo hace posible la resistencia a desahucios, no solo por la pura fuerza de los números, sino por lo que implica de deslegitimación del orden constituido, orden legal que adopta la forma de la orden de desahucio y de policías antidisturbios, y legitimación de la resistencia frente a ellos. Cualitativamente en la medida que se rompe con gran parte de las fórmulas discursivas, estéticas y organizativas anteriores . Esto se evidencia por ejemplo en las ocupaciones, donde a pesar de las claras continuidades con el movimiento okupa, hay también un esfuerzo relevante por alejarse de esta identidad. A veces, este alejamiento se realizó de forma burda, mediante la simple modificación de la terminología, con el abandono del tradicional CSOA. Más relevante fue el salto de unas ocupaciones basadas en la política gregaria y prefigurativa a la instrumentalización de la toma de edificios como herramienta contra las injusticias provocadas por el sistema en crisis: desahucios, pobreza, etcétera.
 
Mención a parte merece el uso táctico de internet, de nuevo con claras continuidades con los movimientos anti-globalización pero también con importantes diferencias. Colectivos emergentes en este contexto, como Anonymous, suponen una peculiar traducción simbólica de ideales libertarios que resultan extraños para los propios militantes tradicionales del anarquismo. Caretas de Guy Fakes inspiradas en el cómic V de Vendetta o el propio símbolo del colectivo, la figura de un líder sin cabeza, expresan de forma novedosa algunos de los ideales clásicos de la tradición libertaria en su rechazo al liderazgo y al poder y en la defensa de la libertad. No se trata ni mucho menos de un movimiento anarquista o libertario, pero sí de cierta traducción postmoderna de algunas de sus ideas. Pero sobre todo internet dota al movimiento de un espacio de encuentro para percibirse a sí mismo, que cumple una función similar a la de la asamblea de barrio. La gente (joven), nativos digitales en el uso de las redes, perciben en el espacio virtual que no están solos y que sus problemas -encontrar trabajo, buscar un piso que poder pagar- no son problemas individuales sino políticos. Podríamos hablar de una toma de las redes sociales y otros instrumentos del espacio virtual, que pasan a ser foros de debate e instrumentos de convocatoria y organización indispensables. Los bloqueos a los desahucios pasaron a convocarse en Facebook, igual que las manifestaciones, mientras que el desarrollo de las acciones o las amenazas de intervención policial eran seguidas por internet y gracias a ello encontraban una respuesta masiva. En el 15M la toma del espacio virtual y la toma del espacio geográfico se refuerzan claramente y, de hecho, el éxito de las convocatorias hubieran sido impensables de otra manera. No obstante, de nuevo, el intento de generar espacios antagonistas masivos y duraderos, como la alternativa de N-1 a Facebook, fue por lo general poco realista y efímero.
 
La respuesta del Estado
Las protestas iniciales del 15M no impidieron la mayoría parlamentaria del Partido Popular en 2011, que siguió profundizando en su política de austeridad y recortes. La participación fue muy baja, pero esto está más bien entre las condiciones que generan el movimiento y no una consecuencia del mismo. En este sentido, el estado se reafirma a sí mismo y demuestra una escasa flexibilidad o imaginación a la hora de lidiar con el movimiento. A pesar de la gran resonancia y legitimidad que había adquirido, le confirió un tratamiento similar al que hubiera concedido al típico grupo minoritario de izquierda radical.
 
La respuesta del Estado fue la única respuesta posible a la desobediencia que lo niega: la represión. La resistencia a los desalojos fue contestada con una fuerte represión policial y penal en el medio plazo, a pesar de muchas pequeñas batallas que se ganaron. También fueron muy duros los castigos contra las huelgas generales que se convocaron en 2012 y que todavía hoy están trayendo consecuencias a muchos activistas. Al igual que las resistencias a los desahucios, las ocupaciones colectivas alcanzaron un nivel de respaldo social nunca visto con anterioridad y, no obstante, esto no impidió que acabasen, con contadas excepciones, en desalojos policiales y en la apertura de procesos judiciales contra los activistas responsables. Así, la respuesta fundamental del Estado a la ola de movilizaciones fue un parapetarse del gobierno detrás de la policía antidisturbios y de los jueces. En esta línea se encuentra la más reciente Ley de Seguridad Ciudadana y la restricción galopante de la libertad de expresión, con acciones judiciales a menudo disparatadas contra activistas y artistas. Por el contrario, los intentos de modificar la legislación hipotecaria a través de iniciativas legislativas populares fueron en vano. De igual manera, las medidas adoptadas contra la exclusión o en favor de las personas desahuciadas por los gobiernos regionales, de la ley anti-desahucios andaluza a la más reciente ley catalana de emergencia social, han sido sistemáticamente recurridas por el gobierno central ante el Tribunal Constitucional y suspendidas cautelarmente.
 
Las instituciones políticas españolas se han mostrado particularmente cerradas a las demandas de los movimientos de protesta surgidos a raíz de la crisis. Esto puede estar vinculado al propio marco del que emergen, la famosa Transición. Este es el periodo anterior al 15m en el que podemos encontrar una movilización social masiva al mismo nivel de relevancia política e histórica. Al mismo tiempo, este momento político excepcional, en el que el orden social constituido pudo estar suspendido y cuestionado, abierto a múltiples posibilidades, se solucionó precisamente con una ruptura radical entre la movilización, el activismo de base y la política de la vida cotidiana, por un lado, y la política profesional de las instituciones del Estado, por otro. La protesta y el descontento fueron canalizadas a través de iniciativas políticas progresivamente profesionalizadas y ubicadas en una esfera independiente de la sociedad a la que supuestamente representaban. En ese sentido, la fractura entre la política institucional y las masas que se vivió en 2011 se fraguó treinta años atrás.
 
El impasse al que llega la protesta y la movilización socio-política a partir de 2012 puede ser explicado por la acción de la represión, pero solo en combinación con las limitaciones internas del movimiento. La realidad es que, ante la falta de avances y logros consistentes, los niveles de movilización y militancia se hicieron poco sostenibles en el tiempo. La incapacidad para articular estructuras estables y consolidar una toma de decisiones regulada y coordinada a nivel supralocal, dadas la descentralización y dispersión de gran parte del activismo, favoreció un progresivo declive de la intensidad de la protesta, a excepción de algunas movilizaciones en determinados momentos y ámbitos. En términos generales, el afán de democracia radical y el rechazo a la delegación hizo las asambleas inoperantes fuera del ámbito local e incapaces de plantear una agenda política propia.
 
La radical demanda de autonomía del 15M implicó una enorme creatividad en la acción colectiva y una alegre rebeldía contra todo lo instituido. Sin embargo, siempre contuvo en su interior un individualismo también radical, que no casaba bien con el compromiso político y que suponía un elemento inevitablemente disgregador. En cierta medida, el 15m pudo ser tan post-político como el régimen político institucional al que se enfrentaba, y en parte esto puede ser también consecuencia de su conexión a los procesos políticos anteriores. La desobediencia y la autonomía son señas de identidad de los movimientos sociales que recorren la historia reciente del Estado español, desde los “nuevos” movimientos sociales que se fraguaron a partir de los ochenta al 15m, pasando por las expresiones locales del movimiento antiglobalización. Esta desobediencia y este rechazo a las instituciones del Estado es la otra cara de la fractura que se fragua en la Transición. En un contexto de cooptación de la política por la economía neoliberal, la autonomía fue una forma de mantener las aspiraciones de un cambio social radical, pero también contenía las huellas de la victoria del neoliberalismo en el Estado español y en el mundo. De este contexto se deriva la perdida de la capacidad de imaginar otro modelo universal para la sociedad, además de un individualismo radical que supone un serio límite a la capacidad de acción colectiva.
 
¿Un movimiento contradictorio?
El balance del movimiento depende de las expectativas que se le otorguen. Por supuesto, el movimiento contenía una impugnación profunda al orden establecido, pero su radicalidad es también muy matizable. Lo que sí parece evidente con la perspectiva temporal que ahora tenemos, es que la pregunta repetida sobre si en la práctica el 15M había servido para algo tiene una respuesta compleja pero afirmativa. El 15m no cambió nada en la práctica, pero lo cambió todo en la teoría. Supuso ante todo un cambio profundo en la cultura política del país, introdujo temas y discursos antes imposibles y abrió grietas irreparables en el discurso hegemónico. Es por esas grietas culturales abiertas por el 15m por las que nuevos partidos surgidos desde entonces se colaron en las instituciones, a veces de forma tan evidente como la de la alcaldía de Barcelona en manos de la líder de la PAH Ada Colau. Es discutible que ello sea garantía de llevar a la práctica si quiera las demandas principales del 15M o que incluso llevándolas sea ese el cambio profundo que se reclamó en las plazas. Pero sin duda cualquier resultado electoral o política pública no será sino la materialización, para bien o para mal, del verdadero cambio que provocó el 15M.
 
Más allá de la actual coyuntura y del giro electoralista, una tesis plausible es que los movimientos del tipo 15m conllevan inevitablemente un componente contradictorio. Desarrollar sus proposiciones lleva a un impasse que solo parece dejar como vía política aquello que negaba en un principio: la participación institucional. El elemento más potente en el 15m fue su componente (como dicen algunos) des-instituyente, su negación del orden establecido, su orientación desobediente. Si bien superaba ampliamente la posición de resistencia y la marginalidad del activismo radical anterior, la vertiente más constructiva y propositiva del 15m se encontró con fuertes e inevitables limitaciones, conduciendo al movimiento a una ubicación en el campo político puramente oposicional. El 15m abre una brecha en el sentido común, supone un momento en el que se hace posible cuestionar lo incuestionable, sin embargo fracasa a la hora de llevar la política más allá de ese momento, lo que dejaba la puerta abierta a una vuelta al viejo orden o a la entrada de nuevos agentes que no tenían porque coincidir necesariamente con los planteamientos iniciales del movimiento. Así, llegamos al momento actual, en el que la fidelidad al acontecimiento invita a rechazar la participación en las instituciones y la virtual relegitimación de las mismas que conlleva, al mismo tiempo que en la práctica supone la única forma de transformar efectivamente una parte del orden que se cuestionó en 2011. Esto debe ser objeto inevitable de autocrítica, y puede llegar a verse como deseable o inevitable o como un problema que todavía está pendiente de superación.
 
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viernes, 13 de mayo de 2016

PP / PSOE / NARANJOS, EXPLIQUEN QUE ES Y QUE SIGNIFICARIA EL TTIP PARA EMPEORAR LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS ESPAÑOLES


EL TTIP ES INCLUSO PEOR DE LO QUE APARENTA
 
 
Rebelión
Nueva Tribuna
13.05.2016

El pensamiento neoliberal hoy es el dominante a ambos lados del Atlántico Norte. Tanto las ramas ejecutivas como las legislativas del Estado federal de EEUU, así como la rama ejecutiva (el Consejo Europeo), administrativa (la Comisión Europea) y legislativa (el Parlamento Europeo) del establishment europeo y también del Estado federal alemán (que domina en general el gobierno de la Eurozona) están controladas por partidos políticos, llámense conservadores, liberales, o incluso socialdemócratas (en realidad, socioliberales), que están todos ellos imbuidos de la ideología liberal. Y un elemento clave de tal ideología es que para salir de la crisis en la que todavía estamos (tanto en EEUU como en Europa) los países tienen que ser más competitivos, siguiendo la huella del modelo alemán, basado en las exportaciones, siendo estas el eje del estímulo de la economía alemana. Esta visión ha alcanzado los niveles de dogma, y como tal se reproduce a base de fe en lugar de evidencia científica.
 
Esta fe ha llevado a que se hayan firmado gran número de contratos bilaterales entre la UE y otros países, así como entre EEUU y otros tantos países. En este mensaje, el estímulo del comercio es la solución a la crisis económica que tenemos. Y ahora el reto mayor –según el pensamiento neoliberal- es aprobar la joya de la corona, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (el TTIP en sus siglas en inglés). Tal tratado se promueve como elemento clave de la recuperación económica, pues facilitaría la recuperación de las tasas de crecimiento económico que Europa solía tener, con la consiguiente creación de empleo. Según la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, “el TTIP podría impulsar la contribución de la industria al PIB europeo, pasando de un 15% a un 20% del PIB en el año 2020, al facilitar la entrada en el mercado estadounidense de pequeñas y medianas empresas, pudiendo tener acceso a un mercado potencial (entre la UE y EEUU) de 850 millones de consumidores”. Es así como se presenta tal tratado por parte del pensamiento hegemónico neoliberal que domina los establishments político-mediáticos a ambos lados del Atlántico Norte.
 
El elemento central del TTIP (como lo ha sido en tratados anteriores, como NAFTA –entre Canadá, EEUU y México-) es no solo la reducción de aranceles (ya de por sí muy bajos) entre los dos continentes, sino también la homogeneización a ambos lados del Atlántico Norte de las regulaciones en las áreas de actividad económica, que incluyen agricultura, seguridad alimentaria, productos manufacturados y técnicos, servicios (incluyendo servicios financieros), protección de la propiedad intelectual e intervenciones públicas (entre otras), que afectan a la actividad económica privada de cada país.
 
El secreto como característica del proceso de elaboración de tal tratado
 
Una característica de la preparación de este tratado es el secretismo que envuelve el proceso, secretismo que, paradójicamente, es defendido por el equipo que prepara tal tratado por la necesidad de proteger a ese equipo de la influencia de los lobbies de las empresas afectadas por dicho tratado. Utilizo la expresión “paradójicamente” porque la evidencia muestra claramente que es precisamente al revés. El secreto favorece a los lobbies, que sí que saben lo que se está tramando, habiendo redactado gran parte de los tratados. Los que no saben su contenido son los ciudadanos y sus representantes de cada uno de los países.
 
Ello ha quedado claro a partir del último 1º de mayo, cuando Greenpeace de Holanda publicó 248 páginas de los documentos secretos que muestran que la realidad sobre tal tratado es incluso peor que lo que los grupos escépticos habían señalado. Greenpeace Netherlands hizo un gran servicio a las poblaciones a los dos lados del Atlántico Norte al recibir y publicar tales papeles, que contienen los elementos más importantes de los borradores de tal tratado. Lo que esas páginas muestran es el ataque frontal a las medidas de protección del ciudadano que los gobiernos y los movimientos sociales (desde las asociaciones ecologistas a los sindicatos) habían ido consiguiendo a lo largo de estos años en los países de la UE. En breves palabras, lo que estos papeles muestran es que:
  1. Las reglas aprobadas para proteger el medioambiente han desaparecido en tal tratado. Reglas tan sencillas (y a la vez tan importantes) como el derecho de los países a proteger la vida humana, la vida animal y la vida vegetal, han desaparecido. El bien conocido Principio de Precaución vigente en la legislación europea permite a los Estados prohibir o limitar la distribución de productos o la introducción de sustancias que pudieran causar daño a la salud humana o a la vida animal y vegetal, incluso en el caso de que la comunidad científica no haya dictaminado de una manera definitiva su efecto nocivo. Este principio es distinto (en realidad, opuesto) al vigente en EEUU, donde el Estado no puede intervenir hasta que no se haya probado definitivamente la nocividad de la sustancia o de los productos. El TTIP adopta el principio vigente en EEUU, desprotegiendo al ciudadano consumidor, trabajador o residente en un territorio. Dejaría de ser práctica común en la UE, entre otras cosas, que se escribiera el etiquetado en los productos alimenticios, por ejemplo, notificando al consumidor que se trata de productos transgénicos. Y así, un largo etcétera.
  2. Las reglas aprobadas para proteger a la población frente al cambio climático (como la necesidad de mantener un incremento de la temperatura por debajo de 1,5 grados, tal como se aprobó en la Conferencia de París sobre el clima) no aparecen por ninguna parte en el TTIP. Y sí, en cambio, aparecen normas para eliminar las reglas que obstaculizan y/o frenan la importación de fuentes de energía altamente productoras de CO2.
El debilitamiento del poder público en su potestad de proteger al ciudadano
  1. El tratado debilita el papel de los Estados para regular nuevas sustancias que puedan tener consecuencias desconocidas pero preocupantes, como, por ejemplo, la introducción de productos químicos que puedan afectar la producción hormonal en seres vivos.
  2. Da gran protagonismo al mundo empresarial privado para que participe en la elaboración de cualquier nueva norma o regla que se establezca, señalando (en los papeles que no estaban destinados a conocerse) el rol que muchas empresas ya han tenido en la elaboración de tales normas. La persona que dirige el área de comercio de la Comisión Europea ha respondido, cínica y antidemocráticamente, a las protestas de asociaciones cívicas diciendo que “la Comisión no recibe su mandato de la población europea” (ver el artículo de Thomas Fazi “TTIP: We Were Right All Along”, Social Europe Journal, 06.05.16).

  3. Abre la puerta a un proceso constantemente litigioso, en el que cualquier empresa que considere que las regulaciones existentes en un país afectan negativamente sus intereses, puede llevar al Estado en el que existen tales regulaciones a los tribunales, controlados por agentes próximos al mundo empresarial, que paga a tales agentes. Frente a la enorme crítica sobre la composición y financiación de estos tribunales, estas han variado algo, pero no lo suficiente, porque el tribunal estará todavía sesgado a favor de que las empresas inicien el litigio, pues a mayores litigios, mayores los ingresos de tales tribunales. De ahí que el nuevo cambio en la composición de dichos tribunales, que estarán formados por jueces en lugar de árbitros legales, no resuelva el problema del sesgo de tales tribunales a favor de las empresas, estimulando que favorezcan la actitud litigiosa, en la cual el Estado puede perder muchos millones de euros.
La necesaria defensa de la democracia
 
En resumidas cuentas, este tratado es un intento descarado de las grandes transnacionales de controlar las economías y las sociedades. Ello explica la enorme oposición que está generando tal tratado. El porcentaje que se opone a él ha pasado de ser en Alemania del 25% en 2014 al 45% en 2015. Un tanto igual en otros países. En Francia, el 54% de la población vive en localidades que se han declarado “TTIP free”, es decir, que no quieren que el TTIP se aplique en su territorio. Y el gobierno francés ha señalado su oposición a tal tratado. Lo que es lamentable es que en el Parlamento Europeo, donde los conservadores y liberales tienen mayoría, la oposición al TTIP sea muy débil. Y lo que es todavía peor es que los socialdemócratas, como síntoma de su neoliberalización, apoyan también tal tratado.
 
En EEUU la oposición de las clases populares explica el gran éxito del candidato republicano Trump y del demócrata Sanders, y el cambio de actitud de la candidata demócrata Clinton que, de apoyarlo, ha pasado a oponerse al TTIP. En España, el PP, el PSOE, C’s y Convergència lo apoyan, mostrando una vez más que las fuerzas políticas que hacen gala de su nacionalismo y amor a la soberanía nacional son las primeras en apoyar tratados que eliminarían tal soberanía. Es necesario que se recuperen las soberanías populares que frenen una globalización que beneficia única y exclusivamente a las empresas transnacionales cuyos beneficios están basados en la pérdida de derechos laborales y sociales que la población había adquirido.
 
Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona
Fuente: http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/ttip-incluso-peor-aparenta/20160512113118128272.html

lunes, 9 de mayo de 2016

¡ GOL, GOL, GOL... ! GOOOOOOOLLLLL, GOOOOOOOOOLLLLL, GOL, GOL, GOL!


 

Francia, tribuna de intelectuales y artistas
"Nuit Debout puede ser portadora de una transformación social de gran magnitud"

Rebelión
Le Monde
07.05.2016

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Las crisis abren el campo de las posibilidades y la que empezó en 2007 con el desplome del mercado de las hipotecas de alto riesgo no es una excepción a esta regla. Se están descomponiendo las fuerzas políticas en las que se sustentaba el viejo mundo, empezando por la socialdemocracia, que desde 2012 ha superado una etapa más en su largo proceso de acomodarse al orden existente. Frente a ellas, el Frente Nacional canaliza en su propio beneficio una parte de la ira social adoptando una postura supuestamente antisistema a pesar de no cuestionar nada y, menos aún, la ley del mercado.
 
En este contexto es en el que nace Nuit debout, que en estos días celebra su primer mes de existencia. Desde la caída del Muro de Berlín la contestación al neoliberalismo ha adoptado diferentes formas: los gobiernos «bolivarianos» en América Latina en la década de 2000, las «primaveras árabes», Occupy Wall Street, los «indignados» españoles, Syriza en Grecia, las campañas de Jeremy Corbyn y Bernie Sanders en Gran Bretaña y Estados Unidos… Los futuros historiadores que estudien nuestra época sin duda se dirán que fue particularmente rica en movimientos políticos y sociales.
 
Francia no es una excepción. Desde las grandes huelgas de noviembre-diciembre de 1995 hasta las actuales movilizaciones contra la ley laboral, pasando por el movimiento altermundista (sobre todo, la creación de ATTAC en 1998), la oposición al CPE [siglas en francés de Contrato de Primer Empleo] en 2006 y la contrarreforma de las pensiones en 2010, han sido muchas las ocasiones de cuestionar esta «nueva razón del mundo». No fueron concluyentes puesto que la crisis no anunció el fin de las políticas neoliberales instaladas hoy a escala mundial de forma más agresiva que nunca.
 
Retos estratégicos
A pesar de las dificultades e incluso, a veces, de los fracasos las creaciones de organizaciones que ambicionaban encarnar esta izquierda antiliberal y anticapitalista ofrecieron cada vez ocasiones de coaligarse, de acumular experiencias y de inteligencia colectiva.
 
Nuit debout es un movimiento sui generis, dotado de características propias. Pero también es heredero de esta secuencia, de los balances, positivos o negativos, hechos por las redes militantes de estas experiencias anteriores. La historia avanza a base de conjeturas y refutaciones.
 
Un movimiento tan joven como Nuit debout provoca entusiasmo, aunque a veces sea necesariamente confuso. Sin embargo, lo que impresiona en su caso es la seriedad con la que se discuten en él los retos estratégicos a los que se enfrenta. Con uno de sus ejes, «contra la ley El Khomri y su mundo», consigue articular una exigencia esencial, la retirada de una ley portadora de una regresión social muy grave, con la crítica radical de todo un sistema. Una de las perspectivas que perdura en él y que está preparando, la huelga general, parece decisiva para operar la confluencia entre ocupación de las plazas y movilización en los centros de trabajo, y obtener una victoria que será fundamental.
 
Las críticas al movimiento no han dejado de reprocharle su composición social, la amplia representación en su seno (real o supuesta, nadie sabe nada en este momento) de personas que tienen un gran «capital cultural». Estas mismas críticas han señalado la ausencia de los habitantes de los barrios populares y, sobre todo, de los inmigrantes y de las minorías postcoloniales.
 
Cualquiera que haya pasado, aunque sea una hora, por la Plaza de la República o por los otros lugares ocupados sabe que una parte considerable de los debates que ahí se celebran trata precisamente de los límites del movimiento y de la manera de superarlos. ¿Cómo asociarse mejor con los sindicatos y la clase obrera? ¿De qué manera suscitar la movilización de las poblaciones expuestas a la segregación socioespacial y al racismo? ¿De qué «salida política» se debe dotar el movimiento, si es que se debe dotar de una? Estas cuestiones son omnipresentes tanto en la asamblea general como en las comisiones temáticas.
 
Transformación social
Sin duda las respuestas son dubitativas, a veces torpes, y en torno a ellas se cristalizan desacuerdos. Pero los desacuerdos se refieren a problemas reales. Nuit debout es un movimiento exigente consigo mismo, que no subestima la magnitud de los futuros retos. Si el potencial emancipador de una movilización depende de la conciencia que tiene de sus propios límites y de su voluntad de trascenderlos continuamente, entonces se puede esperar que Nuit debout provoque, en los próximos meses o años, una transformación social de gran magnitud.
 
Como decía Gramsci, todos somos intelectuales, pero no todos ejercemos la «función» del intelectual. El capitalismo ha creado para sus necesidades a una clase de individuos que ha hecho una profesión de leer y escribir. Como somos universitarios y escritores pertenecemos a esa clase, aunque también seamos personas militantes. Con la superación del capitalismo esta clase desaparecerá y la elaboración intelectual dejará entonces de ser un privilegio social.
 
Nuit debout no necesita en absoluto intelectuales para reflexionar. La producción de ideas es inmanente al movimiento, cada uno de cuyos miembros es un intelectual y juntos un intelectual «colectivo».
 
Nosotros y nosotras, que ejercemos profesionalmente la «función» de intelectuales, queremos expresar a este movimiento nuestra admiración. Nuestra admiración ante su valor (hace falta valor para resistir a las constantes intimidaciones de los defensores del orden existente). Nuestra admiración ante su entusiasmo que aleja la tentación de la morosidad liberando de nuevo, junto con la esperanza, la voluntad de actual sobre el mundo. Por último, nuestra admiración ante su capacidad para identificar los retos estratégicos del momento y para tratar de aportar respuestas innovadoras. Si logra articularse con sectores del movimiento obrero y las redes asociativas surgidas de los barrios, nada podrá detener a este movimiento.
 
Las crisis abren el campo de la posibilidades, pero también hay un fuerte riesgo de ver cómo se cierra inmediatamente bajo la presión de las fuerzas reaccionarias. Nuit debout contribuye a ampliar este campo, con lo que permite a las fuerzas revolucionarias converger hacia un proyecto positivo. ¡Apelamos a todas las personas y organizaciones que no se conforman con el mundo tal como está a acudir a las plazas y a participar, desde ahora mismo, en la construcción de otro mundo!
 
Firmantes: Tariq Ali, escritor; Ludivine Bantigny, historiadora; Patrick Chamoiseau, escritor; François Cusset, escritor e historiador; Christine Delphy, socióloga; Cédric Durand, economista; Elsa Dorlin, filósofa; Annie Ernaux, escritora; Eric Fassin, sociólogo; Bernard Friot, sociólogo; David Graeber, antropólogo ; Nacira Guénif, antropólogo; Razmig Keucheyan, sociólogo; Stathis Kouvelakis, filósofo; Frédéric Lordon, filósofo; Gérard Mordillat, escritor; Toni Negri, filósofo; Leo Panitch, sociólogo; Paul B. Preciado, filósofo; Wolfgang Streeck, sociólogo; Enzo Traverso, historiador.
 
 
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sábado, 7 de mayo de 2016

JOSÉ MARIA AZNAR: IRAK


SE ACRECIENTA LA CRISIS POLÍTICA EN IRAK
07.05.2016
 
En las últimas semanas, el país atravesó diversos acontecimientos políticos y militares que dejan ver la falta de estabilidad que se vive por estos días dentro del territorio. Ya sean atentados por parte del Estado Islámico (EI) o tensiones entre diversas facciones chiítas, tanto oficialistas como de la oposición, el clima político no logra encontrar calma, sino que sucede todo lo contrario.
Las jornadas que últimamente vienen transcurriendo en Irak, especialmente en su capital, Bagdad, presentaron un grado de violencia castrense y política que nutre el terreno para la posibilidad de más y mayores conflictos de estas índoles. Las comunidades chiítas del país sufrieron dos ataques con coches bombas, ambos fueron automáticamente adjudicados por la agrupación yihadista del EI. Esta vez, las ciudades golpeadas fueron Saidiya y Samawah, ubicadas en el sur de Bagdad, dejando como resultado decenas de fallecidos y heridos, entre ambos episodios. Es válido aclarar que la zona de Samawah es considerada como el corazón de la comunidad chiíta dentro de Irak.
La agrupación religiosa del Estado Islámico representa a la rama sunnita del islam, la cual es enemiga de la chiíta. Los fundamentalistas islámicos consideran a los chiítas como herejes o infieles. Por esta misma razón, los ataques tienen un destinatario bien definido y son dirigidos directamente contra las comunidades chiítas dentro del país.
Al mismo tiempo que sucedieron dichos atentados, en el norte de Irak, más precisamente en Mosul, un soldado de las tropas que luchan contra el EI fue asesinado. El hecho también, al igual que los ataques de los coches bombas, se lo adjudicó el Estado Islámico. Por otro lado, desde el Pentágono se confirmó que el fallecido era un combatiente con nacionalidad norteamericana.
Si bien oficialmente las tropas estadounidenses se retiraron de Irak luego del derrocamiento de Saddam Hussein, el conflicto con el Estado Islámico sirvió como una nueva excusa para el gobierno de los Estados Unidos, para de esta manera poder mandar tropas a la región de Oriente Medio en los últimos tiempos. El mes pasado confirmaron que ya fueron enviados cerca de 4 mil soldados. Ante los sucesos ocurridos en la inmediatez, se prevé que la semana entrante podrían llegar más tropas a suelo iraquí, para proseguir e intensificar el combate contra los yihadistas. La ofensiva, se estima, lograría alcanzar el número de 30 mil soldados entre el Ejército del gobierno iraquí y la ayuda proveniente desde occidente.
Recordemos que Irak, luego de la intervención por parte de Occidente en 2003, quedó partido en tres: los chiítas en el sur, en el centro la burguesía sunnita y en el norte la burguesía kurda. De igual manera, hoy conduce el gobierno la parte del chiísmo, quienes forman un frente de combate contra el Estado Islámico con la ayuda de tropas de países bajo la misma conducción religiosa, referimos a Siria, Irán y a la agrupación libanesa del Hezbolá. La situación es aún más complicada, ya que desde Washington se afirma pelear contra los yihadistas en toda la región de Medio Oriente y también el Magreb africano, pero en Siria tienen la mira puesta en el objetivo de poder derrocar, finalmente, al gobierno del Presidente Bashar al-Asad.
Por su parte, los kurdos del norte, también cooperan de forma militar con la alianza tejida entre oficialistas y occidente, con el único fin de detener el avance de los ejércitos de los fundamentalistas del EI.
Los enfrentamientos de las últimas horas han ido en aumento en el país iraquí. Desde el norte hasta el sur, las tropas que representan al Estado Islámico avanzan con sus ansias de conquistar nuevas tierras para anexarlas a su Califato, el mismo fue declarado en junio del 2014. Si bien los conflictos pertenecientes a los yihadistas tienen mayor foco en el país vecino de Siria, debemos de estar atentos a los sucesos que puedan seguir presentándose en Irak por estos tiempos.
Pero la crisis no sólo se aboca al conflicto con el Estado Islámico, sino que se están viviendo hechos dentro del escenario político interno, hacemos referencia a disputas entre las distintas facciones chiítas de Irak.
Esto mismo hace que las dificultades políticas se extiendan, el sábado pasado simpatizantes del clérigo chií Muqtada al-Sadr, quien dirige el Movimiento Sadrista, irrumpieron en el parlamento en reclamo de poner punto final a la corrupción llevada a cabo por el gobierno de turno. Muqtada al Sadr es el principal opositor del Primer Ministro al-Abadi que también es representante de la rama chií del islam, quien ostenta ese cargo desde 2014 cuando el Presidente, Fuad Masum, lo nombrara como tal. La irrupción en el parlamento iraquí ocurrió en la zona verde de Bagdad, la cual es considerada el perímetro más protegido del país luego de la intervención militar sufrida por parte de los Estados Unidos, hace ya más de 10 años.
Pero este no fue el primer acto político de importancia que encabeza Muqtada al-Sadr. En febrero pasado se convocó a una manifestación contra el gobierno en curso. La misma aglutinó a más de un millón de personas, siendo una de las más importantes que haya ocurrido dentro de la historia del país. El motivo, al igual que lo acaecido el pasado fin de semana, fue la corrupción y el pedido de la formación de un nuevo gabinete tecnócrata que consiguiera cortar de raíz con la corrupción.
La situación, ante estos hechos, nos presenta una imagen clara de cómo el país se encuentra en una puja interna entre las facciones chiítas más poderosas, pero a la vez, es esto mismo lo que agrega dificultad para poder avanzar en una estrategia clara y exitosa contra los fundamentalistas sunnitas del Estado Islámico.
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martes, 3 de mayo de 2016

LA TROPAS amigas AMERICANAS DE FORMA PERMANENTE EN SUELO ESPAÑOL (PARA QUE ESPAÑA SEA UN ESTADO SOBERANO) DONDE MEJOR ESTÁN ES EN SU CASA Y NO EN ESPAÑA


LOS CANDIDATOS PRSIDENCIALES PROMETEN ACTUAR FUERA DE LA LEY
EL LIDER DE AL-QAEDA QUE NO LO ERA
 
Rebelión
TomDispatch
03.05.2016
 
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García
 
El Documento Nº 1 en cualquier futuro juicio a Estados Unidos por crímenes de guerra
 
Introducción de Tom Engelhardt
 
Pensemos un momento en lo absolutamente chocante de nuestro mundo estadounidense. En los últimos meses, tanto Donald Trump como Ted Cruz han formulado un abanico de sugerencias como para poner los pelos de punta: en su condición de presidente, uno u otro podría ordenar a las fuerzas armadas de Estados Unidos y a la CIA que cometan acciones que incluirían someter a la tortura del “submarino”* a los sospechosas de terrorismo (o “cualquier otra endiablada cosa”), el asesinato de los familiares de los terroristas y el bombardeo “de saturación” de zonas de Siria. En términos legales, todos estos actos serían crímenes de guerra. Estas promesas han escandalizado a muchos estadounidenses de varios sectores importantes del país, que han condenado la posibilidad de tener un presidente así, sugiriendo que ambos están haciendo un llamamiento a cometer actos absolutamente ilegales, auténticos “crímenes de guerra”, y que las fuerzas armadas de Estados Unidos y otros organismos pueden justificar el rechazo de semejantes órdenes. En este contexto, por ejemplo, hace poco tiempo el director de la CIA John Brennan dejó claro que ninguna agencia operativa a sus órdenes sometería al “submarino” a un sospechoso en referencia a las posibles órdenes de esa naturaleza provenientes de un futuro presidente (no estaré de acuerdo con la aplicación de esas tácticas o técnicas de las que he oído hablar; esta institución necesita perdurar”).
 
Dicho de otro modo, desde luego es intolerable que Donald Trump sugiera estos actos, pero aquí lo más extraño de todo esto es que Donald Trump no hace más que expresar lo que un presidente estadounidense absolutamente real (y un vicepresidente, y un secretario de Estado, ect., etc.) ya vienen haciendo. Entre otras cosas, con la expresión eufemística de “técnicas mejoradas de interrogación”, ellos han ordenado a la CIA el uso de la tortura, entre ellas el “submarino” (lo que en tiempos en los que se hablaba llanamente, se conocía como “la tortura del agua”). También dan carta blanca para que las fuerzas armadas de Estados Unidos torturen o traten violentamente a los prisioneros que tienen en custodia. Han dado luz verde a la CIA para que secuestre a sospechosos de terrorismo (que a menudo resultan ser personas perfectamente inocentes) en cualquier ciudad del mundo o en remotas zonas desérticas de cualquier país y llevarlos a prisiones en países con los peores regímenes torturadores o a centros de detención clandestinos (“localizaciones negras”) que la CIA tiene permitido instalar en países obedientes. En otras palabras, Una administración totalmente real ha ordenado y supervisado crímenes totalmente reales (se ha informado de que sus principales funcionarios (Dick Cheney y Condoleezza Rice, entre otros) han discutido estas técnicas en la Casa Blanca).
 
A su vez, a la CIA esas sus órdenes le vinieron como anillo al dedo y las cumplió sin quejarse. Un solo funcionario de la CIA habló en público para oponerse a semejante programa; el resultado fue su encarcelamiento por revelar información clasificada a un periodista (fue el único funcionario de la CIA que pagaría con la cárcel por los actos de tortura de la Agencia). Del mismo modo, en lugares como Abu Ghraib, los militares obedecieron las órdenes sin quejas ni resistencia significativas. Normalmente, en sus notas los medios hegemónicos adoptan eufemismos como “técnicas mejoradas de interrogación” o “técnicas duras”; nada de decir “tortura” o “crímenes de guerra”. Regresando a los años posteriores a 2001, John Brennan, por entonces subdirector ejecutivo de la CIA, no dijo ni pío sobre lo que con toda seguridad sabía que ocurría en su propia Agencia. De hecho, en 2014, ya como director, en realidad defendió esas prácticas porque servían para obtener “información útil para abortar planes de ataque, capturar a terroristas y salvar vidas”. Además, ninguno de los que ordenaban o supervisaban la tortura y otros comportamientos criminales (algunos de ellos venderían sus “memorias” ganando millones de dólares) sufrieron el menor castigo por los hechos que habían presenciado y/o instigado.
 
Para resumir: cuando Donald Trump dice semejantes cosas, se trata de una futura pesadilla que debe ser llamada por su nombre y denunciada; también rechazada y resistida por los militares y los funcionarios de la inteligencia. Sin embargo, en qué momento un presidente de Estados Unidos y sus principales funcionarios han cometido realmente tales cosas, es una cuestión completamente diferente. Hoy, Rebecca Gordon, colaboradora habitual de Tom Dispatch hace suyo el carácter pesadillesco de aquellos años –mayormente tapado en este momento– evocando el nefasto caso de un ser humano maltratado. Este relato debería estremecer a los estadounidenses. También acaba de publicar un nuevo libro, American Nuremberg: The U.S. Officials Who Should Stand Trial for Post-9/11 War Crimes, que no podría ser más relevante. Para un país cuya memoria ha sido convenientemente borrada, la lectura de este libro es obligada.
 
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El vergonzoso suplicio de Abu Zubaydah
 
Ciertamente, los cargos contra el hombre eran serios.
* Donald Rumsfeld dijo que “si no era el número 2, estaba muy cerca de quien lo es” en al-Qaeda.
 
* La CIA informó al adjunto del secretario de Justicia Jay Bybee de que él “servía como oficial de alto rango de Osama Bin Laden. En carácter de tal, dirigió una red de campos de adiestramiento... También coordinaba los contactos exteriores y las comunicaciones de al-Qaeda con el extranjero”.
 
* El director de la CIA Michael Hayden le dijo a la prensa en 2008 que el 25 por ciento de la información que su Agencia había obtenido acerca de al-Qaeda en fuentes personales “tenía su origen” en otro detenido y él.
 
* George W. Bush utilizo el caso de este hombre para justificar el “programa de interrogación mejorada” alegando que “que él había dirigido un campo de terroristas en Afganistán donde se había adestrado a algunos de los secuestradores del 11-S” y que “había ayudado a sacar de Afganistán a algunos jefes de al-Qaeda” para que no fueran capturados por unidades militares de Estados Unidos.
 
Nada de esto era verdad.
 
E incluso si hubiese sido verdad, lo que la CIA le hizo a Abu Zubaydah –con el conocimiento y beneplácito de los más altos funcionarios gubernamentales– es un ejemplo de primera del tipo de crímenes –aún impunes– cometidos por funcionarios como Dick Cheney, George Bush y Donald Rumsfeld en la llamada guerra total contra en terror.
 
Entonces, ¿quién era ese infame y dónde está ahora? Su nombre es Zayn al-Abidin Muhammad Husayn, pero se le conoce mejor por su apodo árabe, Abu Zubaydah. Por lo que sabemos hasta ahora, todavía está en confinamiento solitario en Guantánamo.
 
De nacionalidad saudí, en los ochenta Zubaydah ayudó a administrar el campo Khaldan, una instalación para adiestrar muyahidines montado en Afganistán con ayuda de la CIA durante la ocupación de ese país por parte de la Unión Soviética. En otras palabras, en aquellos tiempos, Abu Zubaydah era un aliado de Estados Unidos en su lucha contra los rusos, uno de los “luchadores por la libertad” del presidente Ronald Reagan (como, efectivamente, también lo era entonces Osama Bin Laden).
 
Más tarde, la vida de Zubaydah en manos de la CIA fue mucho más penosa. Tuvo la dudosa suerte de estar entre los “primeros” de la CIA: el primer prisionero sometido al “submarino” después del 11- S; el primero con quien experimentaron los sociólogos que trabajaban como contratistas de la CIA; uno de los primeros “prisioneros fantasmas” (detenidos ocultos al mundo, incluso a la Comisión Internacional de la Cruz Roja a la que, en el contexto de las Convenciones de Ginebra, debe permitírsele acceder a todos los prisioneros de guerra); y uno de los primero prisioneros nombrados en un memorándum escrito por Jay Bybee para la administración Bush sobre qué se podía hacer “legalmente” a un detenido sin que presuntamente, se violaran las leyes federales de Estados Unidos contra la tortura.
 
La historia de Zubaydah es –o al menos debería ser– el relato icónico de los extremos de ilegalidad a los que llegaron la administración Bush y la CIA en la estela de los ataques del 11-S. Aun así, algunos ex funcionarios, desde el director de la CIA Michael Hayden hasta el vicepresidente Dick Cheney y el propio George W. Bush, los han presentado como un brillante ejemplo del uso de las “técnicas mejoradas de interrogación” para extraer la información necesaria de los “malhechores” de ese momento.
 
Zubaydah fue un experimento pionero de las prácticas de la CIA en los tiempos que siguieron al 11-S; he aquí lo notable (pese a que todavía no habían empezado a formar parte de la versión que los medios dominantes dieron de este caso): todo fue una gran mentira. Zubaydah no estaba involucrado con al-Qaeda; él era cabecilla de algo inexistente; nunca intervino en la planificación de los ataques del 11-S. Fue brutalmente maltratado; en un mundo distinto, él sería el Documento Nº 1 en el juicio por crímenes de guerra contra los más altos jefes de Estados Unidos y su principal agencia de espionaje.
 
Aun así, tan conocido como fue una vez, Zubaydah ha sido olvidado por todos excepto sus abogados y unos pocos y tenaces periodistas. No debería haber sido olvidado. Él fue el cobayo de un tipo de tortura que ahora Donald Trump quiere que el gobierno de Estados Unidos restablezca porque presumiblemente “funcionó” tan bien en su comienzo. Con un candidato republicano prometiendo esperanzadamente futuros crímenes de guerra, vale la pena reconsiderar el caso Zubaydah y pensar en cómo impedir que aquello vuelva a suceder. Después de todo, es solo debido a que nadie ha tenido que rendir cuentas por la tortura utilizada durante la administración Bush que Trump y otros se sienten libres para prometer más crímenes de guerra –e incluso más feroces– en el futuro.
 
La experimentación en tortura
En agosto de 2002, un grupo de agentes del FBI y de la CIA y de soldados pakistaníes apresaron a Zubaydah (junto con unos 50 hombres más) en Faisalabad, Paquistán. En la acción, él fue gravemente herido de bala en un muslo, un testículo y el estómago. Si la CIA no hubiese llamado a un cirujano estadounidense para que lo recompusiera muy bien podría haber muerto. Sin embargo, el interés de la CIA en que Zubaydah sobreviviera era del todo menos humanitario. Sus funcionarios lo querían vivo para interrogarle; incluso después de que él se hubo recuperado lo suficiente como para ser interrogado, sus captores le retaceaban los medicamentos para paliar el dolor como una forma de tortura.
 
Cuando Zubaydah “perdió” el ojo izquierdo en misteriosas circunstancias mientras era custodiado por la CIA, una vez más la preocupación de la agencia no tuvo nada que ver con su salud. El informe sobre la tortura presentado en diciembre de 2014 por la Comisión de Inteligencia (a pesar de la oposición de la CIA, que incluyó el pirateo de los ordenadores de la comisión) describió así la situación: después de haber perdido el ojo, “... en octubre de 2002, en el LUGAR DE DETENCIÓN GREEN (ahora se sabe que estaba en Thailandia) recomendó que se comprobara la visión del ojo derecho, notándose que ‘tenemos la certeza de que puede ver, leer y escribir’. Le lugar de detención Green puso el énfasis en que “esta solicitud está motivada por nuestras necesidades de inteligencia [no] por preocupaciones humanitarias respecto de AZ”.
 
Después, la CIA se puso a trabajar en la interrogación de Zubaydah con la ayuda de dos contratistas, los psicólogos Bruce Jessen y James Mitchell, que habían sido instructores en el centro de adiestramiento SERE** de la Fuerza Aérea, pudieron probar sus teorías sobre el uso de la tortura para inducir lo que ellos llamaban “indefensión aprendida” con el objetivo de reducir la capacidad de resistir los interrogatorios de un sospechoso. ¿El costo de este contrato? Apenas 81 millones de dólares.
 
Los archivos de la CIA muestran que, a partir de un programa elaborado por Jessen y Mitchell, los interrogadores de Abu Zubaydah le habrían sometido al “submarino” unas 83 veces durante un solo mes; esto significa que lo amarraban a una tabla de madera, le cubrían todo el rostro con una tela y después derramaban agua poco a poco sobre la tela hasta que él empezaba a ahogarse. Según informó la comisión senatorial, en cierto momento del interminable y repetido suplicio, Zubaydah “dejó de responder a cualquier estímulo y de su boca, completamente abierta, solo salían burbujas”.
 
Cada una de esas 83 sesiones de lo que llamaba “el ciclo de riego” tenía cuatro pasos:
“1) exigencias de información intercaladas con la aplicación de agua hasta casi anegar sus vías respiratorias, 2) aumento de la cantidad de agua derramada hasta que las vías respiratorias se bloquearan y él empezara a tener espasmos involuntarios, 3) aumento del agua hasta anegar completamente la traque y los bronquios y 4) disminución de la cantidad de agua y regreso a la exigencia de información.”
 
La CIA grabó en vídeo cada una de las “etapas” a las que fue sometido Zubaydah, pero en 2005 destruyó las cintas cuando aparecieron noticias sobre su existencia y aumentó el apuro de la agencia por el descubrimiento (y la posibilidad de futuras acusaciones). Más tarde, el director de la CIA Michael Hayden aseguraría a la CNN que las cintas habían sido destruidas solo porque “ya no tenían ‘valor para la inteligencia’ y planteaban un riesgo para la seguridad”. ¿La “seguridad” de quién estaba en riesgo si las cintas se hacían públicas? Muy probablemente, la de los agentes operativos de la CIA y la de los contratistas que estaban violando muchas leyes nacionales e internacionales contra la tortura, junto con altos funcionarios de la CIA y de la administración Bush que había aprobado conscientemente esas acciones.
 
Además del “submarino”, el informe del Senado sobre la tortura señala que Zubaydah fue obligado a mantener insoportables posiciones (que provocan terrible dolor pero no dejan huellas); sufrió privación de sueño (durante periodos de hasta 180 horas, lo que normalmente ocasiona alucinaciones o psicosis); largas exposiciones a sonidos muy fuertes (otra forma de inducir psicosis); “walling” la palabra inventada por la CIA para nombrar una tortura que consiste en golpear la espalda del prisionero contra una pared “falsa y flexible”, aunque Zubaydah declaró ante la Cruz Roja que la primera vez que fue sometido a esta práctica, “fue arrojado contra un muro de hormigón”; y confinamiento durante horas en una celda tan pequeña que en ella era imposible ponerse de pie. Todos estos métodos de tortura habían recibido un explícito “visto bueno” en un memorándum escrito por Jay Bybee al abogado principal de la CIA John Rizzo –por entonces, Bybee trabajaba en la oficina de Asesoría Legal del departamento de Justicia–. En ese memorándum, Bybee aprobó el empleo en Zubaydah de 10 “técnicas” distintas.
 
Parece probable que, mientras la CIA estaba torturando a Zubaydah con la dirección de Jessen y Mitchell para sacarle cualquier información que pudiese tener, también se le estaba utilizando para comprobar la “eficacia” del submarino como técnica de tortura. De haber sido así, tanto la CIA como sus contratistas violaron no solo el derecho internacional sino también la ley sobre Crímenes de Guerra de Estados Unidos, que prohíbe expresamente experimentar con prisioneros.
 
¿Qué es lo que nos hace pensar que el tratamiento dado a Zubaydah haya sido, en parte, un experimento? El 30 de mayo de 2005, en un memorándum enviado a Rizzo, Steven Bradbury –jefe de la oficina de Asesoría Legal del departamento de Justicia– hablaba sobre si conservar o no los archivos de la CIA. Había, comentó Bradbury, cierto método en la brutalidad de la CIA. “Se conservan cuidadosamente registros de cada interrogatorio”, escribió. Este procedimiento, continuaba, “permite la evaluación continua de la eficacia de cada técnica y sus posibilidades para cualquier resultado no buscado o inadecuado”. En otras palabras, con el apoyo del departamento de Justicia de Bush, la CIA llevaba metódicos registros de un procedimiento experimental diseñado para evaluar las bondades del funcionamiento del “submarino”.
 
Esta era también la impresión de Zubaydah. “Durante este periodo me dijeron que yo era uno de los primeros en recibir esas técnicas de interrogación”, habría de decir tiempo después Zubaydah a la comisión internacional de la Cruz Roja, “entonces, no había ninguna regla. Daba la impresión de que estaban experimentando y probando unas técnicas para usarlas más tarde con otras personas”.
 
Además de las filmaciones, la oficina de Servicios Médicos de la CIA exigía un meticuloso registro escrito de cada sesión de “submarino”. Los detalles que debían quedar registrados fueron explicados con toda claridad:
 
“Para disponer en el futuro de más información para hacer recomendaciones y diagnósticos médicos, es importante que cada aplicación del ciclo de riego sea rigurosamente documentada: la duración de cada aplicación (y la totalidad del procedimiento), cuánta agua se ha utilizado (teniendo en cuenta que mucha se pierde), cómo es aplicada exactamente el agua, si se consiguió un bloqueo, si se llenaron los conductos nasales o bronquiales, el volumen del material estomacal vomitado, la duración de las pausas entre aplicaciones y el aspecto que tenía el sujeto entre cada tratamiento”.
 
Una vez más, queda claro que se trata de registros de un procedimiento en experimentación y, tal como se realizaron, centrados en determinar la cantidad de agua adecuada, si acaso se había conseguido un “bloqueo” respiratorio (de modo que el aire no pudiese llagar a los pulmones); si acaso los conductos nasales o bronquiales (es decir, nariz y garganta) estaban tan llenos de agua que la víctima no podía respirar; y cuánto vomitaba el “sujeto”.
 
Fue con Zubaydah que la CIA también inició la práctica –generalizada después del 11-S– de esconder a los detenidos, para que no pudiesen ser entrevistados por la Cruz Roja, en sus “emplazamientos negros”, las prisiones secretas instaladas en países de todo el mundo cuyos regímenes eran confiables o cómplices. Esos prisioneros no registrados como tales pasaron a ser conocidos como “prisioneros fantasma”, ya que no tenían existencia oficial. Tal como señaló el informe senatorial sobre la tortura, “En parte para evitar que la comisión internacional de la Cruz Roja entrevistara a Zubaydah, que hubiese sido lo exigible si el detenido hubiese estado en una base militar de Estados Unidos, la CIA decidió conseguir autorización para detener clandestinamente a Aby Zubaydah en una instalación en otro país” (ahora se sabe que ese país fue Thailandia).
 
Tortura y lógica circular
 
Tal como informara el periodista de investigación inglés Andy Worthington en 2009, la administración Bush utilizó los resultados de los interrogatorios a Abu Zubaydah para justificar el mayor crimen de ese gobierno: la invasión ilegal de Iraq. Algunos funcionarios filtraron a los medios que Zubaydah había confesado que sabía del acuerdo secreto al que habían llegado Osama bin Laden, Abu Musab al-Zarqawi (quien después comandó al-Qaeda en Iraq) y el autócrata iraquí Saddam Hussein de trabajar mancomunadamente “para desestabilizar la región autónoma kurda en el norte de Iraq”. Por supuesto, esto era una mentira total. Zubaydah no podía conocer semejante acuerdo, primero porque, según palabras de Washington, era “absurdo”, y segundo porque Zubaydah no era miembro de al-Qaeda ni nada parecido.
 
De hecho, la prueba de que Zubaydah no tenía nada que ver con al-Qaeda iba más allá de lo circunstancial; era completamente falsa. El razonamiento de la administración era algo así: Zubaydah, un “jefe importante de al-Qaeda” mandaba el campo Khaldan en Afganistán, por lo tanto, Khaldan era un campo de al-Qaeda; si Khaldan era un campo de al-Qaeda, Zubaydah debe haber sido un jefe importante de al-Qaeda.
 
Entonces, la CIA utilizó sus “técnicas mejoradas” para arrancar aquello que quería oír de boca de un hombre cuya vida no tenía relación alguna con las mentiras que evidentemente, y como consecuencia de la tortura, les dijo finalmente a sus captores. Nada sorprendente; ningún componente de la fórmula de la administración demostró ser correcto. Era verdad que, durante varios años, la administración Bush habló rutinariamente de Khaldan como si fuera un campo de adiestramiento de al-Qaeda, aunque la CIA sabía muy bien que eso no era así.
 
Por ejemplo, el informe sobre tortura de la comisión de inteligencia del Senado de Estados Unidos dejó esto asentado con absoluta claridad; para hacerlo se remitió a la Evaluación de Inteligencia de la CIA, del 16 de agosto de 2006, titulada “Countering Misconceptions About Training Camps in Afghanistan, 1990-2001” (Respuesta al extendido error sobre los campos de adiestramiento en Afganistán, 1990-2001). Lo hizo así:
 
“Khaldan no está asociado con al-Qaeda. Un error generalizado en artículos del exterior es que el campo de Khaldan estaba dirigido por al-Qaeda. Un reporte anterior al 11 de septiembre de 2001 informaba erróneamente de que Abu Zudaybah era un ‘importante comandante de al-Qaeda’, lo que condujo a inferir que el campo Khaldan que él regenteaba estaba vinculado con Osama bin Laden.”
 
No solo que Zudaybah no era un jefe importante de al-Qaeda; según el informe, él había sido rechazado como miembro de al-Qaeda tan tempranamente como 1993, y la CIA lo sabía al menos desde 2006, si no antes. No obstante, un mes después de que se aclarara internamente la naturaleza del campo Khaldan y la falta de vinculación de Zudaybah con al-Qaeda, el presidente Bush utilizó la historia de la captura e interrogatorio de Zudaybah en un discurso a la nación para justificar el programa de “interrogatorio mejorado” de la CIA. En ese momento, dijo que Zudaybah había “ayudado a sacar a escondidas a algunos líderes de al-Qaeda fuera de Afganistán”.
 
En el mismo discurso, Bush le dijo a la nación: “Nuestra comunidad de la inteligencia cree que [Zubaydah] dirigió un campo de adiestramiento de terroristas en Afganistén donde se entrenaron algunos de los secuestradores del 11-S” (presuntamente, una referencia de Khaldan). En lugar de eso, es posible que la CIA estuviera tras algunas personas que realmente adiestraron a a los secuestradores: los operadores de escuelas de vuelo de Estados Unidos, en las que según una nota del Washington Post del 23 de septiembre de 2001, la FBI ya sabía que había “terroristas” que estaban aprendiendo a pilotar aviones 747.
 
En junio de 2007, la administración Bush insistió en sus dichos acerca de que Zudaybah había estado involucrado en los ataques del 11-S. En una presentación ante la comisión de Seguridad y Cooperación con Europa del Congreso de Estados Unidos, el asesor legal del departamento de Estado John Belinger, argumentando sobre la razón para que no se cerrara la prisión de Guantánamo, explicó que esa prisión “cumple un servicio muy importante: retener y custodiar a individuos extremadamente peligrosos... [como] Abu Zudaybah, unas personas que han planificado el 11-S”.
 
Cargos retirados
 
En septiembre de 2009, el gobierno de Estados Unidos levantó –sin hacer ruido– los muchos cargos contra Abu Zubaydah, Su abogado había presentado un pedido de habeas corpus en su beneficio; es decir, una solicitud para ejercitar el derecho constitucional que le cabe a todo aquel que esté detenido para saber cuáles son los cargos que pesan sobre esa persona. En ese contexto, se pedía al gobierno que proporcionara cierta documentación que ayudara a sustanciar su reclamo de que la continuación de la detención de su defendido en Guantánamo era ilegal. La recién comenzada administración Obama respondió con un documento de 109 páginas redactado por el Tribunal Distrital de Columbia, que es el designado por la ley para escuchar los casos de habeas corpus de los detenidos en Guantánamo.
 
La mayor parte del documento se reducía a un argumento gubernamental ciertamente bastante curioso, si se tiene en cuenta los años que el gobierno federal llevaba alardeando sobre el papel central de Zubaydah en las actividades de al-Qaeda. Argumentaba que no había razón para entregar unos documentos “exculpatorios” que demostraran que él no fuera integrante de al-Qaeda o no estuviese implicado en los ataques del 11-S o cualquier otra actividad terrorista dado que el gobierno ya no estaba sosteniendo que algo de eso fuese verdad.
 
Los abogados del gobierno continuaron argumentando –bastante extravagantemente– que la administración Bush nunca había “sostenido que [Zubaydah] tuviese alguna implicación personal en la planificación o la realización... de los ataques del 11 de septiembre de 2001”. Y agregaban que “el Gobierno tampoco había sostenido en esta demanda que, en el momento de su captura, [Zubaydah] tuviera conocimiento de alguna acción terrorista inminente”, un argumento especialmente curioso dado que la evitación de futuros ataques como los del 11-S era la primordial justificación de la CIA para torturar a Zubaydah. Lejos de creer que “si no era el número dos, él estaba muy cerca de quien sí lo era” en al-Qaeda, como había argüido una vez el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, “el Gobierno no había sostenido en esta demanda que [Zubaydah] fuera miembro de al-Qaeda o de alguna forma se lo relacionara formalmente con al-Qaeda”.
 
Entonces, el caso contra el hombre que había sido sometido 83 veces a la tortura del “submarino” y que gracias a ello había aportado –supuestamente– a la CIA información decisiva acerca de los planes de al-Qaeda era retirado calladamente, sin escándalo ni atención mediática alguna. El documento Nº 1 ya no lo era.
 
Siete años después del primer pedido de habeas corpus de Zubaydah, el Tribunal Distrital de Columbia todavía no se ha pronunciado acerca de él. Dado el promedio de demora en las resoluciones del Tribunal, que está en los 751 días para este tipo de peticiones, el del habeas corpus de Zubaydah lleva una demora exageradamente larga. En este caso, verdaderamente justicia demorada es justicia denegada.
 
Sin embargo, tal vez no deberíamos sorprendernos. Según el informe de la Comisión de Inteligencia del Senado, la oficina central de la CIA aseguró a quienes interrogaban a Zubaydah que él “nunca sería puesto en situación de tener cualquier contacto significativo con otros detenidos y/o tener la posibilidad de ser liberado”. De hecho, “todos los actores principales coinciden”, estableció la agencia, “en que el detenido deberá continuar incomunicado el resto de su vida”. Hasta ahora, esto es justamente lo que ha sucedido.
 
La captura, la tortura y la utilización propagandística de Abu Zubaydah es el ejemplo perfecto de la combinación única de deliberada violación de la ley, escritura de memorándums autoprotectores, y lo que los salvadoreños con quienes he trabajado una vez llamaban “incompetencia estratégica”. El hecho de que nadie –ni George Bush ni Dick Cheney, ni Jessen ni Mitchell, ni los muchos directores de la CIA– haya tenido que rendir cuentas significa que, a menos que seamos muy afortunados, en el futuro seremos testigos de más de lo mismo.
 
* El “submarino” es un procedimiento de tortura que consiste en sumergir la cabeza del prisionero en una cuba llena de agua (limpia, en el mejor de los casos, o si no sucia) y mantenerla ahí hasta que el torturado esté a punto de ahogarse. En este artículo se describe otra forma de “waterboarding”; la que yo consigno en esta nota al pie es la que se utilizaba en los setenta del pasado siglo en Uruguay (a propósito, ver Confesión, una obra gráfica de Regina Galindo en http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-298213-2016-04-30.html. (N. del T.)
 
** SERE es el acrónimo en inglés de Survival, Evasion, Resistance, Escape, es decir, sobrevivir, engañar, resistir, escapar. (N. del T.)
Rebecca Gordon , colaboradora habitual de TomDispatch, enseña en el departamento de Filosofía de la Universidad de San Francisco. Su último libro es American Nuremberg: The U.S. Officials Who Should Stand Trial for Post-9/11 War Crimes (Hot Books, April 2016). Entre sus anteriores abras está Mainstreaming Torture: Ethical Approaches in the Post-9/11 United States and Letters from Nicaragua.
 
 
 
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CAMPAÑA ELECTORAL, EL CINISMO DEL CINISMO (HAGÁNSE A UN LADO LOS ESPÍRITUS VERACES, ENTEROS Y NOBLES, POR FAVOR)

 

CÍNICOS
28.04.2016

Hay palabras cuyo significado cuesta trabajo explicar. Los profesores lo sabemos muy bien. Las hay –las de elevado grado de abstracción, sobre todo– que se hallan preñadas de matices y esconden escotillones semánticos que únicamente cabe aprehender y abrir dotados del preciso conocimiento de su historia y sin perderle nunca la cara a la realidad a la que, en cualquier caso, las palabras refieren.
 
Tomemos, pongamos por caso, la palabra «cínico». Hagamos por rebuscar en los antecedentes que conforman su génesis. Quién sabe si en el proceso aprendamos algo acerca de la propia naturaleza del espíritu que anima nuestra cultura y, más profundamente, de las raíces de la condición humana.
 
El vocablo «cínico» proviene de kynikos, término griego parido por la antigüedad helena, reconocida hasta la saciedad como uno de los progenitores de la egregia civilización europea. kynikos deriva de kynos, que significa perro en castellano. Antístenes de Atenas (444-365 a.C.), que se reconocía seguidor del venerado Sócrates, fundó una de las variadas escuelas orientadas a ofrecer directrices sobre la vida buena en un momento de cierta desorientación social –el llamado período helenístico– en el que se puso de moda lo que hoy sería calificado como una especie de coaching existencial. La estableció en el Kynosarge (Mausoleo del Perro) de la polis del Ática. Básicamente proponía tomar ejemplo de la naturaleza y de los animales; exhortaba a un pensamiento individual y a llevar una vida sencilla, autosuficiente y alejada de los placeres materiales.
 
Matthew Stewart, en su popular libro La verdad sobre todo, y que según reza su propio subtítulo es Una historia irreverente de la filosofía, califica a los cínicos como «los hippies del mundo antiguo» (o los «perro flauta» de entonces, que diría más de uno). Igual que los jóvenes de la contracultura de los sesenta aquellos filósofos melenudos propugnaban la liberación respecto de las convenciones sociales. Éstas son, a fin de cuentas, el producto moral (mores) de la sociedad que en ellas plasma su carácter (ethos), el cual para los discípulos de Antístenes –como para, por cierto, los que creyeron siglos después en hacer el amor y no la guerra– se hallaba esencialmente corrompido y desnaturalizado. Eran espíritus libres que merecieron a criterio de sus conciudadanos el nombre de cínicos, de perros, principalmente porque los griegos antiguos concebían a los perros como criaturas desvergonzadas.
 
Así veían a Diógenes de Sínope (404-323 a. C.), el más célebre de los cínicos, ya saben, el que vivía en un tonel y del que se han servido para poner nombre al dichoso síndrome de la acumulación de trastos inservibles y basura, lo que él nunca hizo, y menos de forma patológicamente compulsiva, pues defendía la vida despegada de las cosas materiales. Tampoco era hombre afecto al poder, ya fuese político o económico, según se desprende de algunos episodios biográficos que de él se conservan. Véase la anécdota de las lentejas: Diógenes vivía de manera muy sencilla, y comía de lo que le daba la gente. Un día estaba almorzando un plato de lentejas. En ese momento llegó Aristipo, otro filósofo, quien trabajaba para el rey, y le dijo: «mira, si tú trabajaras para el rey, no tendrías que comer lentejas». A lo que el habitante del tonel le replicó: «mira, si tú comieras lentejas, no tendrías que trabajar para el rey».
 
El mentado Matthew Stewart ve en las historias de este filósofo el talento propio de los cómicos actuales que, con su afilado humor, denuncian el engaño y la hipocresía. En efecto es lo que nos dicen las historias que de su vida nos han llegado, y que nos muestran a un Diógenes que vagaba por las calles y usaba a la menor ocasión su mordaz ingenio para desvelar a la ciudadanía sus enfermedades morales. Así se veían los cínicos a sí mismos: como una especie de «médicos del alma». Como desempeño de este oficio cabe interpretar muchos de los episodios que de Diógenes recopila su homónimo de Laertes en Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. En esta obra se cuenta –entre otras sabrosas anécdotas– que el de Sínope fue visto en cierta ocasión caminando por las calles de Atenas con una lámpara encendida a plena luz del día. Cuando alguien le preguntaba por qué tenía la lámpara prendida Diógenes contestaba: «estoy buscando a un hombre honesto». He aquí la quintaesencia de la condición del cínico: la necesidad de ética unida –ay– a la carencia de fe en la humanidad.
 
Nada más lejos de lo que actualmente significa el cinismo. Si tratamos de acotar su sentido acudiendo a la definición que de él se da en el diccionario de la RAE, encontramos la siguiente acepción como la primordial: «Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables». Si uno repara en su uso habitual en nuestros días va asociado al reconocimiento de actitudes deshonestas que se justifican con el mayor descaro (casi siempre cabe echar mano de la legalidad como amparo). En cuanto a conductas concretas que cuadren con el diccionario, en los últimos días hemos sido bendecidos pródigamente con un excelso surtido de comportamientos muy útiles para el profesor que quiera ilustrar a sus alumnos de parco vocabulario sobre el preciso sentido de lo que quiere decir ser cínico. El destape (ríanse ustedes del de aquellas señoritas del cine de la rijosa España de la transición tardofranquista) de los papeles de Panamá muestra meridianamente los matices de impudicia y obscenidad que se hallan en la entraña del cinismo contemporáneo y que, desde su expresión abstracta, no se llega a apreciar nítidamente. Seguramente nadie como Mario Conde para ejemplificar la «desvergüenza en el mentir» que recoge la entrada del DRAE; pontificando en las tertulias de la caverna platónica mediática sobre la ética que ha de gobernar la vida pública, mientras él –tras su licenciatura carcelaria– se ha dedicado pertinaz y alevosamente a blanquear el fruto financiero de sus delitos durante años –presuntamente–. A su lado, casi parece un pobre aprendiz de cínico –según la noción actual– el ya dimisionario ministro José Manuel Soria, capaz de defender, a pesar de sus clamorosas contradicciones, que no había mentido respecto del culebrón derivado de los archifamosos documentos del bufete de abogados Mossack Fonseca. Igualmente es menester una buena dosis de cinismo versión siglo XXI para dedicarse presuntamente a la extorsión –de acuerdo con lo revelado por las recientes indagaciones judiciales– siendo el gerifalte de un supuesto sindicato que lleva por nombre nada menos que «Manos limpias». Y lo que ya es de aurora boreal es que el presunto culpable, el señor Miguel Bernard, secretario general del dicho sindicato en prisión incondicional ahora, en su declaración ante el juez justifique su conducta en su irrefrenable pasión por servir a España (desde el siglo XVIII sabemos por el Dr. Samuel Johnson que «el patriotismo es el último refugio de los canallas»). Cínica también la (des)Unión Europea en su pacto con el turco para deshacerse de los molestos peticionarios de refugio que se empeñan, de manera impertinente, en venir a ahogarse a sus costas.
 
Pobres cínicos de aquella Grecia de los filósofos. Si levantaran la cabeza Antístenes o Diógenes comprobarían entre perplejos y estupefactos la deriva degenerativa que ha sufrido a lo largo de los siglos el sentido de la palabra que ellos honraron con su pensamiento y su ejemplo. ¿Cómo ha ocurrido que una expresión nacida de una interpretación del ideal socrático haya caído tan bajo? Los cínicos de la antigua Grecia creían en la virtud (areté), es decir, en el ideal de la excelencia humana, no en las convenciones sociales que tenían por la huera mímica de una moral carente de espíritu. A su modo trataban de ser honestos, aun al precio de ser vituperados por quienes se arrogaban el papel de guardianes de las buenas costumbres. Los que ahora reciben ese nombre, como los presentados en apretado ramillete en el párrafo anterior, no son en puridad cínicos, sino destructores de la ética. Ellos son peritos en guardar las apariencias, convenientes estilistas del siempre lábil criterio moral que orienta al rebaño, en el que también hay que reconocer que se cultivan sus vicios.

lunes, 2 de mayo de 2016

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