martes, 26 de enero de 2016

TERRORISMO DEL BUENO, EL GUAY, EL DEL CAPITAL


 DE CÓMO OCCIDENTE CREA EL TERRORISMO
 
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Rebelión
CounterPunch
26.01.2016

Traducción para Rebelión de por S. Seguí

El terrorismo se presenta bajo muchas formas y muchas caras, pero la más terrible de todas es su fría crueldad.

Se nos pide que creamos que los terroristas son unos sucios lunáticos que corren por ahí con bombas, ametralladoras y cinturones explosivos. Es así como nos dicen que los imaginemos.
Muchos de ellos llevan barba, casi todos tienen “aspecto extranjero”, no son blancos, no son occidentales. En resumen son tipos que pegan a sus esposas, violan niños y destruyen estatuas griegas y romanas.
En realidad, durante la Guerra Fría, hubo algunos “terroristas” de aspecto occidental: los izquierdistas pertenecientes a células revolucionarias, en Italia y en otros lugares de Europa. Pero sólo ahora nos enteramos de que los actos terroristas que se les atribuyeron fueron cometidos realmente por el Imperio, por algunos gobiernos derechistas europeos y sus servicios de inteligencia. ¿Recuerdan, los países de la OTAN hacían saltar por los aires trenes dentro de túneles o bombardeaban estaciones de tren enteras…?
“Había que hacerlo”, con el fin de desacreditar a la izquierda y asegurarse de que la gente no llegara a ser tan irresponsable como para votar por los comunistas o los verdaderos socialistas.
También había algunos grupos “terroristas” en América Latina, movimientos revolucionarios que luchaban por la libertad y contra la opresión, principalmente contra el colonialismo occidental. Era preciso contenerlos, liquidarlos y, si estaban en el poder, derrocarlos.
Pero los terroristas solamente se hicieron realmente populares en Occidente después de que la Unión Soviética y el bloque comunista fueran destruidos a través de miles de acciones económicas, militares y propagandísticas, y después de que Occidente de repente se sintiera demasiado expuesto, solo sin nadie contra quien luchar. De alguna manera Occidente sentía que necesitaba justificar sus monstruosas acciones opresoras en África, Próximo Oriente, América Latina y Asia.
Era necesario un nuevo enemigo “poderoso”, realmente poderoso, que permitiera racionalizar los astronómicos presupuestos militares y de servicios secretos. No era suficientemente convincente hacer frente a unos pocos cientos de “bichos raros” en algún lugar de la selva colombiana, o en Irlanda del Norte o Córcega. Tenía que haber algo realmente enorme, algo que estuviese al nivel de la “maligna” amenaza soviética.
¡Por cierto, qué gran pérdida la de esa amenaza, de repente! Era sólo una amenaza, por supuesto, no un peligro de ideales igualitarios e internacionalistas ...
Así fue como Occidente vinculó el terrorismo con el Islam, que es una de las mayores culturas del mundo, con 1.600 millones de seguidores. ¡El Islam era lo suficientemente grande y poderoso como para asustar a muerte a las amas de casa de clase media de las zonas residenciales occidentales! Y encima, tenía que ser contenido de todos modos, ya que era esencialmente también demasiado socialista y demasiado pacífico.
En ese momento de la historia, todos los grandes líderes seculares y socialistas de los países musulmanes, (como en Irán, Indonesia y Egipto), fueron derrocados por Occidente, se maldijo su legado o simplemente estaban prohibidos.
¡Pero eso no era suficiente para Occidente!
Con el fin de hacer del Islam un enemigo de talla, el Imperio tenía primero que radicalizarlo y pervertir los innumerables movimientos y organizaciones musulmanes, y a continuación crear otros nuevos, entrenándolos, armándolos y financiándolos adecuadamente, para que tuvieran realmente un aspecto suficientemente aterrador.
Hay por supuesto una razón más importante por la cual el “terrorismo”, y en particular el musulmán, es tan esencial para la supervivencia de las doctrinas, el excepcionalismo y la dictadura global de Occidente, y es que el “terrorismo” justifica la idea de la superioridad cultural y moral absoluta de Occidente.
La cosa funciona del siguiente modo:
Durante siglos, Occidente se ha comportado como un monstruo loco sediento de sangre. A pesar de la propaganda glorificadora que transmiten los medios de comunicación occidentales en todo el mundo, se estaba haciendo evidente para todos que el Imperio violaba, asesinaba y saqueaba en prácticamente todos los rincones del globo. Unas décadas más y el mundo vería a Occidente exclusivamente como una enfermedad siniestra y tóxica. Un escenario así tenía que evitarse por todos los medios.
De modo que los ideólogos y propagandistas del Imperio dieron con una nueva y brillante fórmula: “¡vamos a crear algo que tenga un aspecto y se comporte aún peor que nosotros, y entonces podremos proclamar que seguimos siendo en realidad la cultura más razonable y tolerante de la tierra!”
“¡Y vamos a hacer una auténtica pirueta: vamos combatir contra nuestra propia creación, vamos combatirla en nombre de la libertad y la democracia!”
Así es como nació una nueva generación, una nueva hornada de “terroristas”. Y sigue viva y goza de buena salud. Vivita y coleando. Y se multiplica como las salamandras de Capek [1].

* * *
El terrorismo occidental no se discute en realidad, aunque sus formas más extremas y violentas siguen maltratando el mundo sin descanso como lo ha hecho desde hace mucho tiempo, con cientos de millones de víctimas acumuladas por doquier.
Pero ni siquiera los legionarios y gladiadores del Imperio, como los muyahidín, al-Qaida, o ISIS, pueden acercarse a la barbarie que han demostrado una y otra vez sus maestros británicos, franceses, belgas, alemanes o estadounidenses. Por supuesto que intentan sin descanso alcanzar el nivel de sus gurús y proveedores, pero simplemente no son capaces de alcanzar su violencia y brutalidad.
Es preciso contar con toda una “cultura occidental” para masacrar a cerca de diez millones de personas en una sola área geográfica, casi de una sola tacada.

* * *
Entonces, ¿qué es el terrorismo real, y como podrían ISIS y otros grupos parecidos seguir su liderazgo? Dicen que ISIS está decapitando a sus víctimas. Esto es algo muy malo, pero, ¿quién ha sido su maestro?
Desde hace siglos, los imperios de Europa han estado asesinando, torturando, violando y mutilando a personas en todos los continentes del mundo. Los que no lo estaban haciendo de manera tan directa “invertían” en expediciones colonialistas, o enviaban a su gente a unirse a batallones genocidas.
El rey Leopoldo II y sus cohortes lograron exterminar a unos diez millones de personas en África Occidental y Central, en lo que hoy se conoce como el Congo. Leopoldo cazaba a las personas como animales, obligándolos a trabajar en sus plantaciones de caucho. Si pensaba que no estaban llenando sus arcas con suficiente rapidez no dudaba en cortarles sus manos o quemar vivas poblaciones enteras dentro de sus chozas.
Diez millones de víctimas desaparecieron. ¡Diez millones! Y este hecho no tuvo lugar en un pasado lejano, en una “edad oscura”, sino en pleno siglo XX, bajo el imperio de una monarquía considerada constitucional y autoproclamada democrática. ¿Cómo compararlo con el terrorismo dominante en los territorios ocupados por ISIS? ¡Comparemos las cifras y el nivel de brutalidad!
Y desde 1995 la República Democrática del Congo ha vuelto a perder cerca de diez millones de personas más en una orgía de terror horrible, desatada por los delegados de Occidente, Ruanda y Uganda (véase el tráiler de mi película “Rwanda Gambit”).
**
Los alemanes perpetraron genocidios en África del Suroeste, en lo que hoy es Namibia. La tribu Herero fue exterminada, o al menos cerca del 90% de ella. Primero, la población fue expulsada de sus tierras y hogares, y conducida al desierto. Si sobrevivían, los alemanes la acosaban con expediciones prenazis, usando balas y otros medios de asesinato en masa. Se llevaron a cabo experimentos médicos en seres humanos, para demostrar la superioridad de la nación germánica y la raza blanca.
Eran sólo civiles inocentes, personas cuyo único delito era no ser blancos y vivir en tierras ocupadas y violadas por los europeos.
¡Los talibanes no han llegado a tanto, ni tampoco ISIS!
A día de hoy, el gobierno de Namibia sigue exigiendo el regreso de un gran número de cabezas de su población, cabezas que pertenecieron a cuerpos decapitados y luego fueron enviadas a la Universidad de Friburgo y a algunos hospitales en Berlín, para llevar a cabo experimentos médicos.
Imagínense si ISIS decapitase a miles de europeos para llevar a cabo experimentos médicos con el objetivo de demostrar la superioridad de la raza árabe. ¡Absolutamente impensable!
La población local fue aterrorizada en prácticamente todas las colonias ocupadas por Europa, algo que he descrito en detalle en mi último libro, de 840 páginas, “Exposing Lies of the Empire” .
¿Y qué decir de los británicos y sus hambrunas, que utilizaban como táctica de control e intimidación de la población en la India! En Bengala no menos de cinco millones de personas murieron sólo en 1943, cinco millones y medio en 1876-1878, cinco millones en 1896-1897, por nombrar sólo unos pocos actos terroristas cometidos por el Imperio Británico contra una población indefensa obligada a vivir bajo su horrible y opresivo régimen terrorista.
Lo que acabo de mencionar ocupa sólo tres cortos capítulos de la larga historia del terrorismo occidental. Podríamos compilar toda una enciclopedia sobre este tema.
Pero todo esto se encuentra lejos de la conciencia occidental. Las masas de europeos y norteamericanos prefieren no saber nada sobre el pasado y el presente. En lo que a ellas concierne, gobiernan el mundo porque son libres, brillantes y grandes trabajadores. No porque durante siglos sus países hayan saqueado y asesinado, y sobre todo aterrorizado al mundo, obligándolo a la sumisión.
Las élites conocen todo esto, por supuesto. Y cuanto más saben, más ponen en práctica este conocimiento.
El oficio del terrorismo y su experiencia se transmiten de los maestros occidentales a los nuevos reclutas musulmanes.
Si examinamos de cerca sus tácticas de intimidación y terror, los muyahidín, al-Qaida o ISIS no son originales en absoluto. Se basan en las prácticas imperialistas y colonialistas de Occidente. Las noticias al respecto, o incluso sobre el terror que ha infligido al planeta Occidente, son meticulosamente censuradas. Nunca podrá usted verlas en los programas transmitidos por la BBC o leer sobre ellas en los periódicos y revistas de los medios dominantes.
En cambio, la violencia y crueldad de las organizaciones terroristas clientelares se destacan constantemente. Nos las sirven en su más mínimo detalle, repetidas varias veces y “analizadas”.
Todo el mundo está furioso, horrorizado. La ONU está “profundamente preocupada”, los gobiernos occidentales están “indignados”, y el público occidental “dice basta y no quiere inmigrantes de esos terribles países cuna del terrorismo y la violencia.”
Occidente “simplemente tiene que hacer algo.” Y aquí entra en escena la Guerra contra el Terror.
Se trata de una guerra contra el propio Frankenstein de Occidente. Es una guerra que nunca se espera ganar, porque si se gana, Dios no lo quiera, tendría que haber paz y la paz significa reducir los presupuestos de defensa y también hacer frente a los problemas reales de nuestro Planeta.
La paz significaría que Occidente mira a su propio pasado. Significaría pensar en la justicia y la reordenación de la totalidad de las estructuras de poder del planeta. Y eso no se puede permitir.
De manera que Occidente está “jugando” a juegos de guerra; está “combatiendo” a sus propios reclutas (o simulando hacerlo), mientras personas inocentes siguen muriendo.
Ninguna parte del mundo, a excepción de Occidente, sería capaz de inventar y dar rienda suelta a algo tan vil y brutal como ISIS o al-Nusra.
Si miramos más de cerca la estrategia de estos grupos-implantes veremos que no tienen raíces en ninguna cultura musulmana pero en cambio están totalmente inspirados en la filosofía occidental del terrorismo colonialista: “Si no acatáis plenamente nuestros dogmas y nuestra religión entonces os vamos a cortar la cabeza, os vamos a degollar, violar a vuestras familias enteras o arrasar por el fuego vuestras poblaciones. Vamos a destruir vuestro grandioso patrimonio cultural como lo hicimos en América del Sur, hace 500 años, y en tantos otros lugares “.
Y así sucesivamente. Es necesaria realmente una gran disciplina para no percatarse de las conexiones.
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EL ESTADO ISLÁMICO


EL ESTADO ISLÁMICO: ORIGENES Y COMPOSICIÓN DE UN FRANKENSTEIN SECTARIO
 
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Nauman Sadiq
Rebelion
nformation Clearing House
25.01.2016

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Composición del Estado Islámico
La única diferencia entre la Yihad afgana allá por los años 80 -que había engendrado a los yihadistas islámicos como los talibanes y Al Qaeda por primera vez en la historia, y a los yihadistas libios y sirios en 2011 y hacia adelante- es que la yihad afgana era abierta -en aquel entonces los establecimientos occidentales políticos y su portavoz, los medios de comunicación, abiertamente utilizados para presumir que la CIA provee todos esos fusiles AK-47, los misiles antitanques RPGs y los misiles tierra aire al ISI paquistaní, que luego reenvía este tipo de armas a los muyaidines afganos (luchadores por la libertad) para combatir a la antigua Unión Soviética. Después de la tragedia del 11-S, sin embargo, la política occidental oficial y los medios corporativos se han vuelto mucho más prudentes, por lo tanto, en esta ocasión han librado guerras santas encubiertas contra el régimen de Gadafi en Libia y contra el régimen antisionista de Assad en Siria, en el que los yihadistas islámicos (los denominados terroristas) se han vendido a la audiencia occidental como "rebeldes moderados" con ambiciones seculares y nacionalistas.
Dado que el objetivo del cambio de régimen en esos países desventurados iba en contra de la narrativa convencional establecida de "la guerra contra el terror", los políticos occidentales y los principales medios de comunicación oficialista ahora tratan de confundir la realidad, implantando otros esquemas para identificar a millares de militantes y grupos terroristas que operan en esos países como la encarnación de los militantes del Estado Islámico que las potencias occidentales quieren eliminar, los cobardes militantes de Jaysh al-Fateh (Ejército de la Conquista) que incluye a al-Qaeda aliado al Frente al-Nusra y Ahrar al-Sham con quienes la OTAN puede colaborar en circunstancias desesperadas, y los novatos militantes del Ejército Libre de Siria (FSA) y un par de otras organizaciones intrascendentes que en conjunto conforman la llamada "oposición siria moderada".
Es un hecho incontrovertible que más del 90 % de los militantes que operan en Siria son o bien los yihadistas islámicos o las tribus armadas, y menos del 10 % son los que han desertado del ejército sirio o que tienen objetivos seculares y nacionalistas. En lo que respecta a la infinitesimalmente pequeña élite secular y liberal de los países en desarrollo, tales clases privilegiadas no pueden ni siquiera hacerse el desayuno si sus servidores están en un día de fiesta y los medios corporativos nos habían hecho creer que la mayoría de los militantes sirios son "rebeldes moderados" que constituyen la vanguardia de la oposición siria contra el régimen sirio en una brutal guerra civil y que creen en los principios de democracia, Estado de Derecho y los valores liberales como sus objetivos preciados.
Es un hecho que la moral y la ideología juegan un papel importante en la batalla; por otra parte también sabemos que el estigma takfirí de la mayoría de los yihadistas en estos días está inspirado directamente por la ideología wahabí-salafista de Arabia Saudita, pero la ideología por sí sola nunca es suficiente para tener éxito en la batalla. Mirando las espectaculares ganancias del Estado islámico en Siria e Iraq en el último año y medio, uno se pregunta dónde reciben los reclutados todo el entrenamiento y las armas sofisticadas imprescindibles no sólo para la guerra de guerrillas de golpear y correr, sino también para capturar y mantener vastas extensiones de territorio. Incluso el Ejército Nacional Afgano, que ha sido entrenado y armado por los instructores militares de la OTAN, se encuentra en problemas en estos días para mantener el territorio en Afganistán a la luz de la insurgencia talibán implacable.
Aparte de la formación y las armas que se proporcionan a los yihadistas islámicos en los campos de entrenamiento ubicados en las regiones fronterizas de Turquía y Jordania adyacentes a Siria por parte de la CIA, en colaboración con las agencias de inteligencia turcas, jordanas y saudíes, otro factor que ha contribuido al éxito espectacular del Estado Islámico es que sus principales cuadros se componen de los exoficiales militares y de inteligencia baazistas del régimen de Saddam. Según el informe hecho por Dawn de la agencia Associated Press [6], entre 100 y 160 exmiembros del partido Baath, que constituyen la estructura de mando superior y de nivel medio del Estado Islámico, son quienes planean todas las operaciones y dirigen su estrategia militar.
Por otra parte, en estos días, el departamento de Estado de Estados Unidos parece estar bastante preocupado de dónde los yihadistas del Estado Islámico obtienen todas las armas sofisticadas y especialmente los camiones de lujo, las blancas camionetas Toyota con ametralladoras montadas en la parte posterior, coloquialmente conocidas como "los técnicos" entre los yihadistas. Creo que he encontrado la respuesta a este enigma en esta noticia [7] de un sitio web afiliado con el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, que es altamente sesgada a favor de la oposición siria: se menciona claramente que junto a los AK-47, los misiles y otro equipo militar, el Gobierno saudí también proporciona camionetas Toyota con ametralladoras montadas a cada grupo de cinco yihadistas que han completado su formación, ya sea en las regiones fronterizas de Jordania o Arabia Saudita. Una vez que estos yihadistas cruzan a Daraa y Quneitra en Siria desde la frontera de Jordania y Siria, esas camionetas Toyota pueden fácilmente hacer todo el camino a Raqqa y Deir Ezzor y de allí a Mosul y Anbar, en Irak.
Lo único que diferencia al Estado Islámico de los otros grupos insurgentes es su estructura de mando, que se compone de profesionales exmiembros del partido Baath y la capacidad armamentística que se ha proporcionado a todos los equipos de yihadistas sunitas que luchan en Siria para la alianza de la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo. Sin embargo, un número de afiliados del Estado Islámico han ido recientemente surgiendo por toda la región de Oriente Medio y norte de África que no tienen ningún vínculo organizativo y operativo, en absoluto, con el Estado Islámico en Siria e Irak, tales como los afiliados del Estado Islámico de Afganistán, Sinaí, Libia e incluso el Boko Haram en Nigeria, que ahora cae bajo el paraguas del Estado Islámico. Es comprensible que los legos confundan tales trajes militante variopinto de ISIS, pero, ¿cómo es que los analistas de la política de los grupos de reflexión y spin doctores de los medios corporativos, que están totalmente en el saber, han caído en una trampa así? ¿Podemos clasificar cualquier equipo militante de gentuza como Estado Islámico simplemente sobre la base de la afinidad ideológica y "una carta de acreditación" de Abu Bakr al Baghdadi, sin estructura de mando del partido Baath del Estado islámico y armamento superior que ha sido financiado por los petrodólares del Golfo?
Notas:
[2] ¿Cómo la yihad siria generó el Estado islámico?
http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MID-01-220914.html

[3] el líder de Al-Nusra: Nuestra misión es derrotar a régimen sirio:
http://www.aljazeera.com/news/2015/05/nusra-front-golani-assad-syria-hezbollah-isil-150528044857528.html
[4] Miles de combatientes entran en Siria para unirse Estado Islámico pesar de los esfuerzos globales:
http://www.nytimes.com/2015/09/27/world/middleeast/thousands-enter-syria-to-join-isis-despite-global-efforts.html?_r=1
[5] Los kurdos sirios arrasan pueblos incautados al Estado Islámico, informe de Amnistía Internacional:
http://www.bbc.com/news/world-middle-east-34511134

[6] El mando supremo del Estado Islámico dominado por exoficiales del ejército de Saddam:
http://www.dawn.com/news/1199401/is-top-command-dominated-by-ex-officers-in-saddams-army

[7] rebeldes sirios reciben armas y asesoramiento a través de centro de mando secreto en Ammán:
http://www.thenational.ae/world/middle-east/syrian-rebels-get-arms-and-advice-through-secret-command-centre-in-amman
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lunes, 25 de enero de 2016

EL ESTADO ISLÁMICO


EL ESTADO ISLÁMICO: ORÍGENES Y COMPOSICIÓN DE UN FRANKENSTEIN SECTARIO
 
1/2

 
Nauman Sadiq
Rebelion
Information Clearing House
25.01.2016


 
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

 En los últimos cinco años de la guerra civil siria, el punto focal de la política occidental ha sido "¡Assad tiene que irse!". Pero, ¿qué diferencia habría en la vida de los sirios comunes, incluso si el régimen fuera sustituido ahora, cuando la guerra civil ha cobrado más de 250.000 vidas, desplazó a la mitad de la población y redujo la población del país de 22 millones de personas a escombros? Concedo que Libia y Siria no eran Estados democráticos bajo Gadafi y Assad respectivamente, sin embargo ambos países eran al menos dos estados funcionando.

Gadafi fue derrocado del poder en septiembre de 2011; cuatro años más tarde, Trípoli está gobernado por las milicias de Misrata, Bengasi está bajo el control del Jalifa Haftar, apoyado por la milicia de Zintan, y Sirte está bajo la soberanía efectiva de los afiliados del Estado islámico en Libia. Ahora llevará décadas, no años, restaurar siquiera una apariencia de estabilidad en Libia y Siria; recordemos que la guerra de poder en Afganistán se libró originalmente en los años 80 y hoy, 35 años después, Afganistán sigue estando en medio de la anarquía perpetua, el desorden y la inexorable insurgencia talibán.
Por otra parte, el informe desclasificado de Inteligencia de la Agencia de Defensa [1] de 2012, que presagiaba la subida inminente de un principado salafista en el noreste de Siria, no fue examinado y se pasó por alto, luego fue suprimido deliberadamente, no sólo el informe, sino que ese punto de vista -en general, que una guerra civil en Siria dará a luz a los islamistas radicales- fue sofocado con fuerza en los círculos de formulación de políticas occidentales bajo la presión de los lobbies sionistas. Las potencias occidentales eran plenamente conscientes de las consecuencias de sus acciones en Siria pero mantuvieron la política de financiamiento, capacitación, armamento y la legitimación internacional de la llamada "oposición siria" para debilitar el régimen sirio y neutralizar la amenaza que Hezbolá, en el cercano Líbano, había planteado a la seguridad regional de Israel; un hecho que la comunidad de defensa israelí se dio cuenta por primera vez durante la guerra del Líbano de 2006, durante el curso de la cual Hezbolá disparó cientos de cohetes contra el norte de Israel. Esos fueron sólo cohetes no guiados, pero fue una llamada de atención para los estrategas militares israelíes sobre lo que va a pasar si Irán le pasa a Hezbollah, cuya área de operaciones se encuentra muy cerca de la frontera norte de Israel, la tecnología de misiles guiados. El interés occidental en la guerra civil siria trata principalmente de garantizar la seguridad regional de Israel.

 El sectarismo y el surgimiento del Estado Islámico

A diferencia de Al Qaeda, que es una organización terrorista antioccidental, el Estado islámico es básicamente un equipo sectario antichiíta. Por lo general, la designación de "terrorismo" entiende que implica una organización que tiene las intenciones y la capacidad de cometer actos terroristas en suelo occidental. Aunque el Estado Islámico ha cometido actos de terrorismo contra Occidente, como los ataques de París, de alto perfil, si nos fijamos en el patrón de sus actividades de sabotaje, especialmente en el Medio Oriente, por lo general, se dirigen a los chiítas musulmanes en Siria e Irak. Unos pocos actos de terrorismo que han cometido en los estados árabes del Golfo también se dirigieron contra los chiíes en la provincia oriental de Arabia Saudita y mezquitas chiítas en Yemen y Kuwait. Por otra parte, Al Qaeda Central es sólo un pequeño grupo de individuos árabes cuya fuerza se basa en unos pocos cientos, mientras que el Estado Islámico es una masa insurgente cuya fuerza reposa en decenas de miles de personas, sobre todo en Siria e Irak.

Más aún, las milicias pro-Assad de Siria se componen de milicianos locales, así como los combatientes extranjeros chiíes de Líbano, Irak, Irán e incluso los chiítas hazara de Afganistán. Y yihadistas sunitas de toda la región también han acudido en masa al campo de batalla sirio de la yihad durante los últimos cinco años. Una guerra suní-chiíta a gran escala ha estado sucediendo en Siria, Irak y Yemen, que, obviamente, tiene sus repercusiones en toda la región de Oriente Medio, donde los musulmanes sunitas y chiítas han convivido en relativa paz durante siglos. Pero las potencias neocoloniales convenientemente negarán toda responsabilidad simplemente afirmando que: "No es culpa nuestra, los musulmanes se están matando entre sí", una afirmación absurda hecha por el Gobierno de Bush durante los años de ocupación en Irak. Sin embargo, ¿si acaso EE.UU. no hubiera invadido Irak en 2003 por sus 140.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, habrían llegado las cosas a un punto tal de crisis? Y los neoliberales culparán a las víctimas y señalarán con el dedo a la religión islámica y descontextualizarán algunos de sus versos yihadistas para justificar toda la violencia y el derramamiento de sangre sin entender nada sobre la política que subyace en la región detrás del conflicto entre sunitas y chiitas.
No obstante, después de la participación de Rusia en Siria, cuando Rusia afirma que luchará contra el Estado Islámico, la afirmación, al menos, tiene sentido. Pero, ¿cómo puede E.E. U.U. declarar que luchará contra una fuerza que es, en primer lugar, un obvio subproducto [2] de su propia política en la región? Vamos a resolver un tema primero: en un principio hubo dos partes en la guerra civil de Siria, el régimen sirio y la oposición siria; ¿qué parte luchó con el apoyo de Estados Unidos desde el comienzo de la guerra civil de Siria en el año 2011 hasta junio de 2014? Obviamente, apoyó a la oposición siria, ¿y cómo estaba compuesta la así llamada "oposición siria?" Una pequeña fracción de ella estaba compuesta por soldados sirios desertores con el nombre de Ejército Libre de Siria, pero la gran mayoría habían sido jihadistas islámicos que fueron generosamente financiados, entrenados, armados e internacionalmente legitimados por la alianza de la OTAN con el Consejo de Cooperación del Golfo ( CCG).
El Estado Islámico no es más que uno de los numerosos trajes yihadistas sirios, otros son: el Frente al Nusra, Ahrar al-Sham, la brigada al-Tawhid, Jaysh al Islam etc. La razón por la que EE.UU. se ha vuelto contra el Estado Islámico es que todos las demás organizaciones yihadistas sólo tienen ambiciones locales que se limitan a la lucha contra el régimen de Assad en Siria. Incluso el emir de al Nusra, Abu Muhammad al Julani, ha asumido un compromiso público [3] con Al Jazeera por pedido de sus clientes del Golfo que su organización no tiene la intención de atacar objetivos en los países occidentales, después de lo cual los medios de comunicación occidentales se han vuelto amistosos con él e incluyeron en su lista de los llamados "islamistas moderados" una franquicia oficial de al Qaeda central en Siria.

Todos los grupos yihadistas sunitas que están operando en Siria son tan brutales como ISIS, lo único que diferencia a ISIS del resto es que es más ideológico y de mentalidad independiente y también incluye cientos de ciudadanos occidentales en sus filas que más tarde pueden convertirse en un riesgo para la seguridad nacional de los países occidentales. Este hecho explica la política ambivalente de los EE.UU. hacia un monstruo que ha nutrido en Siria desde agosto 2011 hasta junio 2014, cuando se convirtió en una amenaza para los intereses estratégicos de los EE.UU. como el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), rico en petróleo, que controla el norte de Irak. Así, la "guerra contra el Estado Islámico" liderada por Estados Unidos desde agosto 2014 tiene menos que ver con la búsqueda de una pronta solución a la crisis siria o la amenaza que ISIS plantea a Irak y Siria y está más acerca de la amenaza que ISIS plantea a los países occidentales en el largo plazo, un hecho que ahora se ha hecho evidente después de los ataques de noviembre de 2015 en París.

Según este informe del New York Times [4], hay más de 30.000 combatientes extranjeros en Siria de más de 100 países que luchan junto a los grupos yihadistas suníes para derrocar al régimen sirio; 4.500 de esos yihadistas extranjeros son de los países occidentales y Francia es el mayor contribuyente europeo de yihadistas extranjeros con 1.800 combatientes, Gran Bretaña, en un distante segundo lugar con 750, y el número de yihadistas estadounidenses luchando en Siria es relativamente pequeño, de aproximadamente 250. Aunque el informe afirma que la mayoría de los yihadistas extranjeros luchan por los medios de comunicación del Estado Islámico, pero las empresas, al ser un portavoz del oficialismo político occidental, tienen un interés personal en singularizar selectivamente el Estado Islámico y dar carta blanca a todos los otros grupos yihadistas suníes, declarados en línea con la política occidental y con el objetivo de derrocar al régimen de Assad en Siria.
La razón por la cual Siria e Irán han estado más dispuestos a formar una alianza con Rusia contra los yihadistas suníes es que la "guerra contra el Estado Islámico" liderada por Estados Unidos se limita sólo a ISIS, mientras que todos los otros grupos yihadistas suníes están disfrutando de total impunidad y la coalición contra ISIS también incluye los principales clientes de los jihadistas sunitas como Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Turquía y Jordania. Pero la ofensiva liderada por Rusia en coalición con los regímenes chiíes antes mencionados ha sido más amplia contra todas las organizaciones de yihadistas sunitas que son apenas una amenaza a los regímenes chiíes tanto como ISIS.
Por otra parte, los medios corporativos occidentales están pregonando en estos días que el régimen de Assad ha sido reacio a luchar contra ISIS. No sé a qué clase de directrices responden estas teorías absurdas y contractuales, pero es un hecho que los recursos militares del régimen de Assad eran escasos, por lo que su prioridad ha sido la de defenderse en todas las densamente pobladas zonas urbanas de Damasco y Homs hasta Hama, Idlib y Alepo y en toda la costa de Latakia. Sin embargo, ¿alguien recuerda la ofensiva de Hasakah, del mes de agosto de 2015, en la que el ejército sirio defendió con éxito Hasakah y luego derrotó a ISIS en alianza con los kurdos sirios? Los medios corporativos nunca te dirán sobre la alianza anterior que existía entre los kurdos sirios y el régimen sirio contra la oposición siria.
El factor kurdo en la guerra civil siria
Para entender el factor kurdo en la ecuación de Siria e Irak, debemos tener en cuenta que hay cuatro tipos distintos de kurdos: 1) los kurdos KDP de Irak dirigidos por Masud Barzani; 2) los kurdos PUK de Irak liderados por Jalal Talabani; 3) los kurdos del PKK de Turquía; y 4) los kurdos PYD / YPG de Siria. El primero de ellos, es decir, los kurdos KDP dirigidos por Barzani de Irak han sido tradicionalmente colaboradores imperialistas que han formado una alianza estratégica con los EE.UU. e Israel desde los años 90, es decir, desde la primera guerra del Golfo. El resto de los kurdos, sin embargo, han estado tradicionalmente en el campo socialista anticolonial y esa es la razón por la que el PKK ha sido designado como una organización terrorista por la OTAN. Entiéndase que Turquía tiene el segundo ejército más grande de la OTAN y los separatistas kurdos del PKK son los enemigos tradicionales del oficialismo turco.
A diferencia de los kurdos dirigidos por Barzani de Irak, sin embargo, los kurdos del PYD / YPG de Siria, ideológicamente afínes a los socialistas kurdos del PKK de Turquía, habían formado inicialmente una alianza con Rusia pro régimen de Assad contra los yihadistas suníes a cambio de limitada autonomía -la alianza antes mencionada-, sin embargo, no fue sólo contra el Estado Islámico, sino contra todos los grupos yihadistas sunitas que están operando en Siria, algunos de los cuales han sido apoyados por la OTAN y países árabes del Golfo. No fue hasta el año pasado, después de la declaración de guerra contra ISIS de EE.UU., que los kurdos sirios cambiaron de bando y ahora son la pieza central de la política de Estados Unidos para derrotar a ISIS en la región.
No se puede culpar a los kurdos de esta perfidia porque están luchando por su derecho a la libre determinación, pero una vez más las potencias occidentales han ejecutado su test y han aprobado la política de divide y vencerás a la perfección en Siria e Irak para ganar influencia y para cambiar el rumbo, a pesar del estrepitoso fracaso de su política declarada para los tres primeros años de la guerra civil siria, es decir, a partir de agosto de 2011 hasta agosto 2014.
Hasta agosto de 2014, la política declarada de Estados Unidos en Siria era de un cambio de régimen y los kurdos sirios formaron una alianza defensiva con el régimen de Assad contra los yihadistas suníes para defender las zonas semiutónomas de mayoría kurda en el Kurdistán sirio; esa ecuación cambió, sin embargo, cuando ISIS capturó Mosul, en junio de 2014 y también amenazó al aliado más firme de EE.UU en la región, Masoud Barzani y su capital de Erbil, en el Kurdistán iraquí, que es también el centro de operaciones de las grandes petroleras del norte de Irak.
A partir de esa situación, EE.UU. tomó un giro en U en su política en Siria y ahora el objetivo declarado era "la guerra contra el Estado Islámico". Ese cambio de política, a su vez, condujo a una reconfiguración de alianzas entre los actores regionales y los kurdos sirios rompieron su acuerdo previo con el régimen de Assad y formaron una nueva alianza con la OTAN contra el Estado Islámico. A diferencia de su alianza defensiva anterior con el régimen sirio, que tenía como objetivo proteger y defender las zonas de mayoría kurda en Siria del ataque de los yihadistas suníes, esta nueva alianza kurda con la OTAN es más agresiva y expansionista, y su consecuencia es obvia a partir de este informe de Amnistía Internacional [5] sobre el desplazamiento forzado de los árabes y el cambio demográfico de los kurdos sirios e iraquíes.
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domingo, 24 de enero de 2016

UNA IZQUIERDA PARA EL SIGLO XXI



Rebelión
La Jornada
23.01.2016

En los años 60 y 70 quien se incorporaba a la militancia escuchaba a menudo una frase: “Ser como el Che”. Con ella se sintetizaba una ética, una conducta, un modo de asumir la acción colectiva inspirada en el personaje que –con la entrega de su vida– se había convertido en brújula de una generación.
 
“Ser como el Che” era un lema que no pretendía que los militantes siguieran punto por punto el ejemplo de quien se había convertido en referencia ineludible. Era otra cosa. No un modelo a seguir, sino inspiración ética que implicaba una serie de renuncias, esas sí, a imagen y semejanza de la vida del Che.
Renunciar a las comodidades, a los beneficios materiales, incluso al poder conquistado en la revolución, estar dispuesto a arriesgar la vida, son valores centrales en esa herencia que hemos dado en llamar guevarismo. Esos fueron durante buen tiempo los ejes en torno a los que se organizó buena parte de la militancia de izquierda, por lo menos en América Latina.
Esa izquierda fue derrotada en un breve periodo que podemos situar entre los golpes de Estado de la década de 1970 y la caída del socialismo real, una década después. No se sale indemne de las grandes derrotas. Así como la caída de la comuna de París fue un parteaguas, según Georges Haupt, que llevó a las izquierdas de la época a introducir nuevos temas en sus agendas (la cuestión del partido pasó a ocupar un lugar central), las derrotas de los movimientos revolucionarios latinoamericanos parecen haber producido una hendidura en las izquierdas de comienzos del siglo XXI.
Aún es muy pronto para realizar una evaluación completa de ese viraje, ya que estamos encima del mismo, sin la suficiente distancia crítica y, sobre todo, autocrítica. Sin embargo, podemos adelantar algunas hipótesis que enhebren aquellas derrotas con la coyuntura actual que vivimos.
La primera es que no se trata de volver la historia atrás para repetir los viejos errores, que los hubo, y muchos. El vanguardismo fue el más evidente, acompañado de un serio voluntarismo que impidió comprender que la realidad que pretendimos transformar era bien diferente a lo que pensábamos, lo que llevó a subestimar el poder de las clases dominantes y, sobre todo, a creer que se vivía una situación revolucionaria.
Pero el vanguardismo no cede fácilmente. Está sólidamente arraigado en la cultura de las izquierdas y aunque fue derrotado en su versión guerrillera, parece haber mutado y sigue vivo tanto en los llamados movimientos sociales como en los partidos que pretenden saber qué es lo que quiere la población sin necesidad de escucharla. Gran parte de los gobiernos y los dirigentes progresistas son buen ejemplo de la pervivencia de un vanguardismo sin vanguardia proclamada.
La segunda tiene relación con el método, la lucha armada. Que la generación de los 60 y 70 hayamos cometido gruesos errores en el uso y abuso de la violencia no quiere decir que tengamos que tirarlo todo por la borda. Recordemos que por lo menos en Uruguay se pensaba que la acción genera conciencia, otorgando un poder casi mágico a la capacidad de la vanguardia armada para generar acción en las masas con su sola actividad, como si la gente pudiera actuar por reflejos mecánicos sin necesidad de organizarse y formarse.
Las organizaciones armadas cometieron, además, atrocidades indefendibles, utilizando la violencia no sólo contra los enemigos, sino a menudo contra el propio pueblo y también contra aquellos compañeros que presentaban diferencias políticas con su organización. Los asesinatos de Roque Dalton y la comandante Ana María, en El Salvador, son dos de los hechos más graves dentro del campo rebelde.
Sin embargo, eso no quiere decir que no haya que defenderse. No debemos pasar al extremo opuesto de confiar en las fuerzas armadas del sistema (como señala el vicepresidente de Bolivia), o despojar de su carácter de clase a las fuerzas represivas. Los ejemplos del EZLN, del pueblo mapuche de Chile, de la Guardia Indígena nasa en Colombia y de los indígenas amazónicos de Bagua en el Perú muestran que es necesario y posible organizar la defensa comunitaria colectiva.
La tercera cuestión es la más política y es la ética. En el legado del Che y en la práctica de aquella generación, el poder ocupaba un lugar central, algo que no podemos ni debemos negar. Pero la conquista del poder era para beneficio del pueblo, nunca jamás para beneficio propio, ni siquiera del grupo o partido que tomaba el poder estatal.
Sobre este tema hay una discusión abierta, en vista del balance negativo del ejercicio del poder por los partidos soviético y chino, entre otros. Pero más allá de los errores y horrores cometidos por los poderes revolucionarios en el siglo XX, incluso más allá de si es conveniente o no tomar el poder del Estado para cambiar el mundo, es necesario recordar que el poder era considerado un medio para transformar la sociedad, nunca un fin en sí mismo.
Sobre este asunto hay mucha tela donde cortar, en vista de la brutal corrupción enquistada en algunos gobiernos y partidos progresistas (en particular en Brasil y Venezuela), cuestiones que ya pocos se atreven a negar.
La izquierda que necesitamos para el siglo XXI no puede sino tener presente la historia de las luchas revolucionarias del pasado. Es necesario incorporar aquel lema “ser como el Che”, pero sin caer en vanguardismos. Una buena actualización de ese espíritu puede ser para todos todo, nada para nosotros. Lo mismo puede decirse del mandar obedeciendo, que parece un importante antídoto contra el vanguardismo.
Hay algo fundamental que no sería bueno dejar escapar. El tipo de militantes que necesita la izquierda del siglo XXI debe estar modelado por la voluntad de sacrificio (Benjamin). Es evidente que la frase suena fatal en periodos como el actual, pero nada podemos conseguir sin deshacernos de esa tremenda fantasía de que es posible cambiar el mundo votando cada cinco años y consumiendo el resto del tiempo.
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miércoles, 20 de enero de 2016

EUROPA Y ESPAÑA: CONVIENE LEER Y DE CUANDO EN CUANDO PENSAR ANTES DE VOTAR


 

En Europa y ahora en España
EL NACIONALISMO DESAFÍA A LA SOCIALDEMOCRACIA UNA VEZ MÁS

Rebelión
20.01.2016

Hace unos días Félix Ovejero en su espléndida tribuna La Inestable Apuesta de Podemos, en El País de 12-1-2016 venia a decir que “Un cambio radical de perspectiva que aborde el nacionalismo como lo que es, como un pensamiento reaccionario comparable al sexismo [machismo] o al racismo, no parece al alcance de la izquierda, de la menesterosa izquierda española.” Y a continuación le recomendaba a esa izquierda “repasar con lápiz de subrayar el magnífico artículo de Joschka Fischer, Furia nacionalista y xenófoba, aparecido en esta misma sección [de El País] hace pocos días.”

Aunque llevo distanciado de esa menesterosa izquierda española mucho tiempo, siguiendo la reflexión y los consejos de Félix Ovejero he llegado a algunas conclusiones que quiero compartir con algún sufrido lector que, como yo, apenas haya alcanzado a entender de qué va realmente esa nueva transición que algunos se han propuesto hacer en estos días. Veamos.
¿Puede Pedro Sánchez salvar al PSOE?
Esta pregunta, aunque retórica, no se propone ningún acertijo político. Se trata del título de una entrada que el muy lúcido economista Michael Pettis, ligado familiarmente a España, publicó en su blog ‘China Financial Markets’ con ese título ‘Can Pedro Sanchez save the PSOE?’ el 18 de agosto de 2014, del que apenas se hizo eco la prensa en España (ABC recogió una traducción parcial en su edición del 9 de septiembre siguiente, por lo que recomiendo leer el original). En este artículo, el prestigioso profesor de la UPK (Universidad de Pekín), columnista del Wall Street Journal, y acreditado analista financiero dice de entrada que:
[Pedro Sánchez] debe reconocer que la crisis es, en lo fundamental, un conflicto entre los intereses de los banqueros europeos y de los trabajadores europeos, y tiene que rediseñar las políticas del PSOE. […] Si no, va a mirar con nostalgia cómo la extrema derecha de Europa finalmente se hace con el debate, ya sea directa o indirectamente.
Aclara después que:
A lo largo de las siglos XIX y XX (y de hecho mucho antes) las crisis de deuda y monetarias han enfrentado a los banqueros contra los trabajadores. A veces, los banqueros ganan, como lo hicieron durante la década perdida de América Latina de 1980, y en EEUU a finales de los 1970s, y, a veces, aunque nunca sin una lucha, los trabajadores finalmente ganan, como lo hicieron en la década de 1930, tanto en EEUU bajo Roosevelt como en Alemania bajo Hitler. [Porque] los precedentes históricos sugieren que los votos de los descontentos irán a aquel partido -de izquierda o de derecha-, que más vigorosamente lleve la causa de los trabajadores contra los banqueros. Si los partidos de centro no lo hacen, como hizo Roosevelt en los 1930s, los extremistas lo harán.
Y concluye que:
“si él [Pedro Sánchez] continúa con la pretensión de que la crisis se ha resuelto por la disposición del BCE a refinanciar la deuda de España -que es probable que sólo continúe mientras los bancos alemanes no estén suficientemente capitalizados para reconocer lo obvio-, puede encontrarse a sí mismo presidiendo un giro de España y de Europa hacia una derecha nacionalista. En la batalla entre los trabajadores y los banqueros, en última instancia, son los trabajadores los que decidirán quién determinará la política a seguir.
El nacionalismo es un pensamiento reaccionario comparable al sexismo o al racismo
La premonición que le hace Pettis al PSOE sobre que “se puede ver presidiendo un giro de España y de Europa hacia una derecha nacionalista”, coincide con las opiniones de Félix Ovejero y Joschka Fischer referidas anteriormente, para los que: “[Los nacionalismos catalán y vasco] son una fuerza antidemocrática en dos sentidos: en el plano económico, decidiendo unilateralmente sustraerse a compromisos redistributivos y, en el plano político, decidiendo la segregación respecto de aquellos a los que no juzgan iguales” (Félix Ovejero). Y, “[para los nacionalistas] la comunidad política no es producto del compromiso de sus ciudadanos con un orden constitucional y jurídico compartido, sino que, como en los años treinta, la pertenencia a la nación deriva de compartir una ascendencia. La política identitaria es un ámbito de fundamentalismo, no de debate racional.” (Joschka Fischer).
Podríamos extendernos más argumentando cómo el nacionalismo, en un momento de dificultad o un contexto de escasez es un pensamiento abiertamente reaccionario, por más base popular que consiga reunir en estos tiempos de crisis, pero la cuestión que interesa dilucidar aquí no es esa. La cuestión hoy en España (y en Europa) es, ¿cómo al crearse ese contexto de crisis el nacionalismo ha acabado defendiéndolo una fuerza como es Podemos que pretende ser la renovadora del planteamiento político de la izquierda?
La actual vuelta de las clases populares a la atracción por el nacionalismo.
En su esfuerzo de búsqueda de las claves del fenómeno nacionalista, Ernst Gellner, en Encuentros con el Nacionalismo, 1994, nos explicaba que:
Una persona no es meramente (como insiste el retruécano alemán) lo que come, sino también lo que habla, viste, baila… […] La «etnicidad» o «nacionalidad» es simplemente el nombre de la condición que prevalece cuando muchos de estos límites convergen y se solapan. […] La etnicidad se vuelve «política» y da lugar al «nacionalismo» cuando el grupo «étnico» definido por estos límites culturales solapados no se limita a ser intensamente consciente de su propia existencia sino que también está imbuido de la convicción de que el límite étnico debería ser también el límite político. El requisito es que las fronteras de la etnicidad deberían ser también las de la unidad política y sobre todo que los gobernantes de la unidad deberían ser de la misma etnicidad que los gobernados. Los extranjeros no son bienvenidos en la unidad política, al menos en un número considerable, y son, particularmente poco bienvenidos como gobernantes.
Cabe decir, por tanto, que el impulso nacionalista surge de los gobernantes cuando éstos quieren imbuir en los gobernados la convicción de que el límite étnico debería ser también el límite político, y que, por tanto, los gobernantes de la unidad deberían ser de la misma etnicidad que ellos, y no extranjeros que no son bienvenidos a hacerles la competencia en esa tarea.
Ahora bien, la cuestión de si los políticos autóctonos tienen que soportar más o menos competencia para acceder a los puestos de mando no es precisamente un especial motivo de preocupación para la gente. La razón del resurgimiento nacionalista en esta coyuntura de crisis, y sobre todo, la principal razón de que ese retrógrado sentimiento nacionalista se haya apoderado de amplios sectores populares, como ocurrió en la devastadora depresión de los años 1930, está de nuevo en que, como entonces, se está apoderando de los ciudadanos el miedo a que ese ambiente de aceptable nivel de riqueza, seguridad y progreso que ha constituido su vivencia cotidiana en los últimos tiempos, haya entrado en una fase de profunda decadencia.
La crisis financiera de 2008 y el boom de China, han producido un acusado deterioro de las perspectivas de las clases trabajadoras y medias europeas. Ese deterioro, aunque algunas voces interesadas insisten en que ha sido producto de la globalización, cada vez son mayores las evidencias de que ha estado y sigue estando provocado por la voracidad de los grandes banqueros y sus amigotes (en España algunos se refieren a este fenómeno como el abuso del IBEX-35, y en general se dice que es consecuencia de la “financiarización” de la economía). De cualquier forma, se trata de un conocido proceso por el que la gran mayoría de la población encuadrada en las clases medias (y las trabajadoras) –el 99%-, se ve forzada a ceder gran parte de su riqueza a una exigua oligarquía internacionalizada presidida por los grandes banqueros –el 1%- para lo que esta oligarquía cuenta con la colaboración de la clase política, hasta ahora.
Este fenómeno económico ha empezado a volver a ser analizado por algunos pensadores críticos de la izquierda como un caso rampante de «acumulación por desposesión» (tal vez el término suene un poco fuerte), que ha venido a reforzar la usual «acumulación por explotación» en un momento en que las ganancias que se pueden obtener por esta segunda vía, que ha sido la habitual, ya no son suficientes para rentabilizar la ingente masa de capital acumulada tras más de 60 años de crecimiento económico ininterrumpido -desde el anterior periodo de depresión y enfrentamientos 1914-1949- de un capitalismo que, tras reincorporar al bloque soviético y a China, ha llegado a completar la «explotación» de la práctica totalidad de los recursos materiales y humanos del planeta.
Esta ambición de acumular hasta el límite de no crear riqueza sino forzar la «desposesión», que es la que ha adoptado la descomunal masa de capital financiero que hoy va dando tumbos por el mundo, constituye sin duda la causa del gran malestar existente en la economía y la sociedad, aunque, como este ingente fenómeno está plagado de deslizamientos y cambios de un lugar a otro, eso permite que esa práctica de reforzar ahora de nuevo la explotación con desposesión, pueda ser camuflada bajo la apariencia de que se trata de un inevitable cúmulo de desequilibrios por los que Occidente cede gran parte de su riqueza a Oriente o, más en general, por los que los países ricos y sus ciudadanos, se ven forzados a compartir sus avances con los países pobres (ahora emergentes) y sus poblaciones poco previsoras en constante conflicto y movimiento.
Como la gran disponibilidad de medios incluido el avance de las comunicaciones y el transporte hacen que los problemas del mundo ya no se puedan suprimir o ignorar, la inmigración y demás consecuencias de la globalización, junto con otros cambios significativos como la emancipación jurídica y social de las mujeres y las minorías sexuales, están minando los cimientos económicos, y sacudiendo los roles y pautas de conducta de las poblaciones que se creían asentadas en las sociedades avanzadas y en especial en Europa.
Se da la circunstancia de que Europa, a diferencia de EEUU, no ha sabido responder a esos problemas dando paulatinamente cabida en su mercado a los productos (y entrada al flujo de personas) provenientes de las grandes áreas económicamente menos avanzadas que le quedaban próximas. Mientras EEUU ha prestado cierta atención a América del Sur y Asia del Sur y Este, Europa, bajo el dictado alemán, no ha sabido o querido responder a esos problemas, y se encuentra incapaz de atender adecuadamente las demandas de la cuenca Mediterránea -la propia y la ajena-, de políticas de crecimiento y apertura, de forma parecida a como lo ha hecho EEUU.
Y, en ausencia de un tratamiento acertado, estos cambios profundos no están encontrando más soluciones que las superficiales de levantar vallas y muros materiales (alambradas) y/o étnicos (nacionalismos), promovidas por conservadores y populistas, alternativa o simultáneamente. Tratar de levantar esos equivocados parapetos frente a la posible pérdida de bienestar a manos de otros que en realidad están siendo explotados como ellos y por los mismos que ellos, es la razón por la que las clases populares han vuelto a sentir atracción por el nacionalismo.
El desafío de la socialdemocracia europea.
Está claro que los progresistas de Europa, aunque siempre han creído que sus propuestas de social democracia iban más allá que las que las del liberalismo new-deal de los progresistas de EEUU, lo cierto es que los resultados conseguidos por los unos y los otros apenas si son comparables.
Analizando la anterior ocasión en que ambos planteamientos se confrontaron, Mark Blyth, en su magnífico libro Austeridad. Historia de una idea peligrosa, desmitifica la supuesta relación entre la hiperinflación de 1923 y las dificultades económicas de Alemania en los años 1930 que propiciaron el ascenso del nazismo. El fantasma de una hipotética inflación han vuelto a propagarlo los mandatarios de Alemania, de nuevo ahora ante las respuestas que son pertinentes a la crisis de 2008, como argumento en favor de su política de austeridad -centrada en defender los intereses de los banqueros empeñados en mantener el valor del dinero- y en contra de las políticas de estímulos típicas del New Deal y a veces de la socialdemocracia –cuya principal atención está en los intereses de los trabajadores centrados en el empleo.
Pero relatos como el de Mark Blyth (2014), el de Liaquat Ahamed (2010) o incluso el de Arthur Solmessen (2002) dejan claro que lo que allanó el camino a Adolf Hitler no fue la hiperinflación, que tras haber servido a los grandes banqueros e industriales para acumular verdaderas fortunas a costa de las clases medias, quedó controlada al establecerse el Rentenmark en 1923, sino los recortes del canciller Heinrich Brüning en 1930, y esos recortes contaron con el apoyo de todos los partidos políticos, incluido el socialdemócrata SPD, salvo el Nazi NSDAP que apostó por el estímulo (militar, claro, y de infraestructuras) sin apenas tocar a los intereses de los banqueros (salvo de algunos señalados como judíos).
Con mucha más claridad y acierto, en EEUU, la valiente actitud del Partido Demócrata y de su candidato a presidente Roosevelt tras ganar las elecciones de 1932, fue la que sacó adelante las políticas adecuadas a hacer frente a la Gran Depresión, con su New Deal centrado en sostener a las capas más pobres de la población y recortar los abusos de los banqueros.
Esta diferencia entre la política de uno y otro lado del Atlántico no fue producto de un excepcional liderazgo pasajero sino que se ha mantenido y se mantiene hasta hoy. De hecho, según comenta Giovanni Arrighi en su libro Adam Smith en Pekín, (2007), Mario Tronti, autor del artículo «Marx en Detroit» bajo la influencia de Mayo del 68, refiere que el verdadero centro de la lucha de clases no era Europa sino EEUU, donde la influencia del marxismo era y había sido mínima pero los trabajadores habían obligado al capital a reestructurarse para integrar sus demandas de mayores salarios.
Todavía conviene recordar que esa persistente diferencia en el trato que se da a ambas orillas del Atlántico a la confrontación (y al equilibrio) entre los intereses de los banqueros y sus amiguetes por un lado y los trabajadores y sus asimiladas clases medias por otro, tiene un fiel y escandaloso reflejo en la acusada diferencia que hay en las funciones que tienen encomendados los respectivos todopoderosos bancos centrales. Mientras la Reserva Federal de EEUU tiene por obligación conseguir un crecimiento económico sostenible con pleno empleo, estabilidad de precios y una moderada tasa de interés a largo plazo, la función principal del BCE es sólo mantener el poder adquisitivo de la moneda única y, de este modo, la estabilidad de precios en la zona euro.
Esto se traduce en que, mientras el BCE y en general las políticas económicas aplicadas en Europa se han centrado en el objetivo de que los banqueros pudieran cobrar los dudosos prestamos hechos en el fragor de las burbujas de deuda de los países de la periferia sin importarle que la política restrictiva aplicada condujera a una insostenible situación de recesión y paro, la Fed en EEUU, manteniendo en todo momento como objetivo principal el empleo, ha conseguido sacar adelante los intereses de ambos, bancos y trabajadores y, de esa forma ha logrado que la economía del país haya soportado, sin apenas deterioro de la situación de la gran mayoría de los hogares, la que de no ser por esa actitud de la Fed podría haber sido una nueva Gran Depresión.
Si la austeridad se propone lograr una solución al problema de la deuda soberana de los Estados europeos en que se aplica, mediante la reducción de sus niveles, hasta ahora es evidente su fracaso (sirva como ejemplo incluso España). Si lo que se propone es el más razonable objetivo de disminuir la importancia de la deuda respecto del PIB impulsando el crecimiento de éste, la austeridad, al n o ser equitativa en tanto que es a las clases medias y bajas a las que los recortes golpean con mayor dureza, influye negativamente sobre el consumo y frena por tanto el crecimiento. Si lo que se propone es aumentar el PIB a base de impulsar la productividad y la exportación reduciendo costes, carece de sentido macroeconómico: si cada miembro periférico de la zona euro intenta recuperar competitividad y exportar más a base de recortes, su esfuerzo se verá contrarrestado por el de sus vecinos en Europa, e incluso el esfuerzo de toda Europa chocará contra el mismo esfuerzo en el resto del mundo.
Desde 2008, la Unión Europea  continúa sin querer aceptar que se encuentra inmersa en una crisis que es financiera, no de deuda soberana. Como aclara Blyth en su Austeridad…, es la vulnerabilidad y tamaño de entidades como el Deutsche Bank (80% del PIB alemán) ING (211% del PIB holandés) o los tres grandes Crédit Agricole, Société Générale, y BNP Paribas (316% del PIB galo) lo que amenaza la supervivencia de la moneda única.
Mantenerse en no tocar los privilegios de los banqueros y sus amiguetes y hacer descargar la crisis, de la que ellos son también y fundamentales responsables, sobre las clases medias (y los trabajadores), es una propuesta que, vista con cierta perspectiva, hacia atrás y hacia adelante, no sé si merecerá la pena insistirle a sus promotores una vez más en que «lo que no es, no es, y además es imposible».
Aparte de eso, también conviene recordar que, como respuesta a esta crisis, como ya se vio y padeció en la similar anterior, el nacionalismo es, en el mejor de los casos, poco más que una ilusión que puede encubrir grandes y obscuros intereses, llegando a ser muy peligrosa. Esto es algo que tienen que tener muy claro, tanto la socialdemocracia española –que ya debería haber aprendido esta lección de su experiencia en Andalucía- como los que pretenden que «podemos» renovarla e incluso relevarla –como es predecible que van a tener ocasión de aprender de su experiencia en Cataluña.
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